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Me llamo Justino Orejón Gallego y mi señora, Mariana Murillo Blanco, nacimos en Helechosa de los Montes en 1.920 y 1.922 respectivamente, por lo tanto tenemos 90 y 88.

justino y marianaHemos tenido dos  hijos: María Isabel de 63 y Justino de 59 años, tenemos cinco nietos de 38, 35, 34, 30 y 29 años y tres biznietos de 4, 2 y 1 año. Mi hija y mi hijo nacieron en Helechosa, cuatro nietos y todos los biznietos han nacido en Madrid; solo una nieta nació aquí.

Yo en Helechosa trabajaba en el campo “sirviendo a un amo” Me iba a trabajar de noche y volvía de noche, pasaban días y días sin ver a mis hijos despiertos.

Mariana en sus labores: tareas del hogar. En los ratos de vagar, espigando, cogiendo aceitunas, bellotas y a temporadas ayudando a su padre en las faenas del pastoreo de cabras y ovejas.


Yo no fui nunca a la escuela. Con siete años ya “andaba a las cabras” con mi abuelo Pascual, hasta los 13 – 14 años que me incorporé a las faenas del campo como ayudante, pinche, aguador y en ocasiones cogía la yunta de mulas de alguno que se ponía malo. Por lo tanto, no sé leer ni escribir.

Mariana tampoco fue a la escuela. Su madre la puso con una mujer que enseñaba particularmente (no era maestra), pero a la semana de estar con ella, dio a luz una  tía y tuvo que dejarlo para ayudarla a ella. Nunca más volvió. Eso sí: aprendió a leer y escribir con los libros de sus hermanos que, ellos sí, fueron tres o cuatro meses a la escuela del pueblo.


Helechosa era un pueblo con pocos recursos: Muchos obreros y pocos patrones. La economía era de subsistencia y la mayoría de las veces nos apañábamos con lo que el patrón nos daba: Dinero, ó especias: garbanzos, carillas, judías, etc. Pero gracias a Dios, nunca nos falto el trabajo. El jornal que nos pagaban era de 2,50 pesetas/día. Solo cuando nos casamos me subieron el sueldo a 3,- pesetas.
justino con su familia
Nos enteramos que veniamos a Guadiana a través del sindicato. Él nos informaba de los requisitos necesarios para venir. El papeleo fue muy fácil: Solo había que reunir las condiciones que exigían en el Sindicato: Ser labrador, tener una yunta de mulas, a ser posible, y recursos económicos para aguantar hasta la próxima cosecha.

Para venirnos a las tierras del Montijo como en principio se las llamaba nos juntamos ocho familias de las elegidas y contratamos un camión de Talavera de la Reina (en Helechosa no había camión de esas características).

Cargamos todos los enseres de las ocho familias y todos, a granel, en la caja del camión vinimos dando tumbos desde las ocho de la tarde de un día 22 de julio de 1.953 hasta las 10 de la mañana del día siguiente: 14 horas de viaje para 220,- Km.


Cuando llegamos a Guadiana nos encontramos el puente de la estación empezando a construirse. Tuvimos que dar la vuelta y entrar por el apeadero de la vía del tren. El pueblo estaba más de la mitad por construir.
El camión descargó los “avios” en el suelo y estuvimos esperando 3 ó 4 horas hasta que llego el capataz y nos asignó un barracón compartido con dos familias más, separados por unos tabiques. Así estuvimos 4 meses de verano hasta que nos dieron las casas definitivas.


justino con su padre e hijoLos colonos de otros pueblos que ya estaban aquí nos recibieron con cordialidad y sobretodo solidaridad. Como todos estábamos en las mismas circunstancias no teníamos reparos en echarnos una mano unos a otros, sobre todo con los vecinos; eran nuestra nueva familia.

Las autoridades que había en Guadiana, nos indicaron donde estaban nuestra casa y nuestra parcela, nos recibieron el Perito y los capataces. Sin mucho protocolo: “ahí tenéis los barracones y ahí la parcela. Y la casa cuando se termine de construir”.

Poco a poco nos fuimos haciendo con la situación.


Cuando vi la parcela se me vino a la cabeza que era un hueso duro de roer. Acostumbrados a trabajar el secano, el regadío se nos hacia un mundo. La necesidad y el coraje hicieron que nos pusiéramos pronto al “Loro”.

En cuanto a la vivienda la vimos espaciosas, adolecían de comodidades básicas; no tuvimos agua corriente hasta pasado un tiempo y los aseos los fuimos haciendo cada colono con el paso de los años. El, o los ingenieros que proyectaron los planos de las viviendas, pensarían que con la cuadra y la estercolera teníamos suficiente para hacer nuestras necesidades. Y si no, siempre quedaba el recurso del parque.

Las autoridades de Guadiana nos trataron adecuadamente. Ya dije anteriormente que el Perito y los capataces nos trataban con cordialidad y el Alcalde, D. José, se nos ofreció para lo que necesitáramos.

En cuanto a la convivencia entre unos y otros era muy buena. En algunos casos, entrañable. Como no se echaba la llave de las puertas nos movíamos con total libertad en las casas de los vecinos. Al tener muchas necesidades nos ayudábamos unos a otros; hoy por ti, mañana por mí.

Como teníamos poco dinero os contaré como pasamos los primeros tiempos.
mariana con los vecinos
Las dos mil pesetas que nos sobraron del viaje se nos acabaron pronto. Nos juntamos el vecino y yo para pedir otro préstamo de 2.000,- pesetas (dos mil pesetas), avalándonos uno al otro. Fuimos al Banco Español de Crédito de Montijo y era tan grande la cola de “necesitados” que había en la puerta que hasta la mañana siguiente no conseguimos el préstamo. Toda la noche en la cola. Con las 2.000,- pesetas que traíamos y un cuarto de Hectárea de patatas que sembramos, hicimos el invierno siguiente. Llenamos el granero de patatas y mi mujer, Mariana, se iba a venderlas con la “burrilla” y un serón, a Montijo, Puebla y aquí mismo en Guadiana. Siempre nos acordaremos de aquellas patatas salvadoras.

En cuanto a las escuelas en Guadiana aún no estaban terminadas cuando llegamos. A los pocos meses ya funcionaban algunas de la calle Las Escuelas. Las de la calle Santa Lucia se hicieron unos años más tarde, así como el Colegio nuevo.

Os cuento lo referente a la sanidad. Había un medico puesto por el Instituto; D. Antonio, que atendía las necesidades básicas del pueblo. Con el paso del tiempo, al ser colonos, nos obligaron a hacernos seguros particulares. Nosotros nos lo hicimos con el Seguro Español de Crédito, que si cubría nuestras necesidades de operaciones, hospitalización, etc.

mariana en el corpusLas primeras autoridades de nuestro pueblo fueron,  D. José el alcalde; D. Alfonso el maestro y Secretario del Ayuntamiento; Dª. Inés, su esposa, era también maestra; el cura D. Fermín; el comandante del puesto de la guardia Civil que estaba ubicada al comienzo de la calle Mayor, en una casa de colonos, hasta que se hizo el Cuartel. Había otras “autoridades” de menos enjundia que las anteriores pero no menos importantes para nosotros; el Sacristán, el Barbero, el Perito, los Capataces, etc.

Los primeros años fueron los más duros, aunque hambre nunca llegamos a pasar. Con la matanza y el huerto que todos podíamos tener, no creo que nadie pasara necesidad; eso sí: lujos nos podíamos dar poquitos; con unas albarcas pasábamos el verano y no teníamos que comprar zapatos.

Cuando pudimos quitarnos los prestamos del Instituto (Yunta de vacas, yegua, aperos, etc.) y ya no le teníamos que pagar con el 50,-% de las cosechas, empezamos a respirar poco a poco.


En cuanto a fiestas se empezaron hacer sobre el 1955 la representación de los Reyes Magos, este era un auto sacramental que se hacía en Helechosa, por lo que también se hizo en Guadiana siguiendo la tradición de nuestro pueblo, las demás fiestas (San Isidro y la Soledad) se crearon aquí.

Ya más adelante a finales de los 60 principios de los 70 se empiezan a marchar nuestros hijos a trabajar fuera, con dolor, pero, al mismo tiempo, con resignación. Teníamos asumido que el pan había que buscarlo donde estaba. Tal como habíamos hecho nosotros emigrando a estas tierras.

Los impuestos que se pagaban en aquellos tiempos y que yo recuerde, no se pagaban más impuestos que las matriculas del carro y la bicicleta.
mariana en la matanza
En cuanto a si alguna vez nos sentimosengañados, pues sobre este tema no recordamos nada digno de mención.Pero sabiendo que cada uno cuenta la feria según le va, nosotros estamos agradecidos a dos personas que, en momentos puntuales, nos echaron una mano: el cura D. Fermín y el Tío José, el Alcalde.

Nuestro pueblo a través de los años ha cambiado en general mucho y bien, aunque echamos de menos aquellos tiempos en los que la hermandad y la convivencia eran cercanos y gratificantes. Ahora nos parecemos más a las ciudades; “cada jodío va a su avio”. De Guadiana ahora destacaríamos el cambio tan radical en el sistema económico. Ya no es la agricultura la base de nuestra economía: El pladur, la albañilería y los servicios tienen más fuerza. Además, se está volviendo de nuevo a lo que fueron estas tierras: Latifundios. Un agricultor tiene que agrupar varias parcelas para defender su economía. Nosotros nos teníamos que arreglar con una parcela de cuatro hectáreas.

A nuestro pueblo lo vemos con mucha savia nueva y muchas ganas de vivir. Lo demuestran la cantidad de Asociaciones y actividades culturales que existen. A pesar de la crisis de trabajo, los ánimos y las ganas de diversión no decaen. Eso es bueno; “al mal tiempo buena cara”.

mari con sus amigasPero a Guadiana le falta sobre todo trabajo. Si hay trabajo hay dinero y los problemas son menos. El alcantarillado es otra asignatura pendiente, cuando llueve un poco fuerte, los sumideros escupen el agua en lugar de tragársela y, al menos en mi casa se inundan los graneros y cuadras.

Eso que he dicho es lo que le falta pero también le sobran los parados, sobran demasiadas casas y parcelas con el cartel de “se vende”.

Pero antes de terminar quiero decirles a mis paisanos que no se desanimen porque la cosa esté tan mal, que toda la vida ha habido épocas malas y buenas. No hay crisis que dure toda la vida. Antes o después saldremos de ella.

Y a nuestro alcalde le diría que siga trabajando por su pueblo con el mismo entusiasmo que lo ha hecho los años anteriores. Que no se emborrache con el éxito y que la humildad sea su mejor bandera.

                                                                              Justino Orejón Gallego

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