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EL NIÑO QUE JUGABA A  SER SOLDADO Y LA NIÑA QUE JUGABA A SER ENFERMERA

Novela por Juan José Hormigo Bautista

 

1

 Todas las tardes a determinada hora, que podían ser las cinco en invierno y  las ocho en verano, Marcial y Mercedes se citaban en un parque de la ciudad para jugar. Eran  dos niños vecinos, vivían en la misma calle, Marcial dos casas por bajo de la de Mercedes , asistían juntos al colegio, y siempre compartían la merendilla uno con el otro.

 Mercedes o Merceditas como le decían sus padres, era una  niña muy bonita, de ojos azules, carita redonda y cabello como los rayos del sol. Marcial era un niño algo tímido, muy aplicado en la escuela, moreno alto y delgado, y vestía  con pantalón corto en todo tiempo, blusa de diferentes colores, y zapatos negros.. Provenía de una familia pobre, su padre trabajaba a sueldo en una fábrica de harinas, y su madre era ama de casa, de una modesta casita que la mantenía siempre muy limpia; era hijo único y los muchachos a veces se burlaban de el, le llamaban mariquita porque  siempre estaba jugando con Mercedes, rehusando muchas veces la invitación de otros niños que  jugaban  a juegos   de la edad. El prefería jugar con Merceditas con la que se llevaba muy bien, igual que ella con el.

 La niña a veces llevaba alguna regañina de su mamá  por estar siempre con Marcial, y no querer compartir juego con otras niñas.Estas le llamaban marimacho, pero lo mismo que  Marcial  no hacia caso de las burlas de otros niños, tampoco Merceditas daba crédito a lo que de ella se decía. Ni Marcial era un mariquita, ni Merceditas era un marimacho, eran simplemente diferentes a los demás niños del parque.

  -Yo era un soldado, y cuanto ven tus ojos, no son árboles ni setos, eran despojos de una batalla en la que yo vencía/ lleno de gloria yo volvía después de la victoria y a ti que eras la reina te buscaba Le cantaba Marcial a su amiga  con un gorro de papel que simulaba el gorro de borla de un soldado. Y ella le respondía completando  el poema de Marquina No, no la reina es poca cosa/ yo era una enfermera y tu estabas herido y  te curaba.

 Contaban los niños a la sazón nueve años Marcial y uno menos Merceditas. Luego se sentaban en uno de los bancos del parque y cuando era la hora de que los soldados de la guarnición salían de paseo se los quedaban mirando. Ella decía.

_ Mira Marcial, mira que bien  va aquel soldado, que elegante y que bien lleva su uniforme Cuando tu seas mayor, yo iré a verte desfilar, y te llevará  tabaco y libros para que te entretengas en el cuartel. Yo seré enfermera y  estaré rezando a la virgen para que no te hieran los contrarios..

Y le sonreía con gracia, porque Merceditas la rubia de pelo como los rayos del sol y ojos azules como el cielo era muy graciosa y sonriente. Sus padres veían en ella una niña  con mucha fantasía, y además de cariñosa era bondadosa, le pedía  algunas monedas de vez en cuando a su madre.

_¿Para que las quieres niña mía?- la madre conocía su buen corazón y sabia que eran para dárselas a algún mendigo que en la puerta de la catedral pedía limosna

_Pues para los pobres, que piden para comer. Y si no te importa dame otro bollo de pan y chocolate, para la mujer que viene todos los días a decirme que soy muy guapa y muy simpática

 Y la madre abrazándola le entregaba lo que la niña le pedía. Su padre era empleado de banca, y ganaba lo suficiente para vivir desahogadamente, aunque sin demasiados lujos. Bastante mejor que Marcial, que el sueldo de su padre era mas precario.

_Cuando yo sea mayor, y sea soldado estudiaré mucho, y si hay guerra  iré a ella y al volver seré capitán y nos casaremos y tendremos dos niños. Uno será varón y como yo que seré su padre será capitán también y la niña seré como tu enfermera

Merceditas bajaba la cabeza y se  ponía colorada. Pero luego mirando a Marcial decía

_Bueno si, pero para eso tenemos que ser novios y casarnos, y ser como papá y mamá hombre y mujer y solo somos dos niños.

_ Bueno Merceditas, pero cuando seamos mayores ya seremos como papá y mamá y novios podemos ser ya ¿ que te parece? Mira, como Ramón y Lucía, que ya son novios y pronto se van a casar. ¿Por qué no podemos ser nosotros como ellos?

_ Bueno, si tu quieres ya somos novios. Y yo soy como una de esas muchachas que pasean con los soldados, ¡Como tu vas a ser soldado pues ya podemos  pasear como ellos!.

_ No Merceditas, esas muchachas son criadas y  tu me dices que quieres ser enfermera. Es diferente Las enfermeras tienen mas categoría.

_ Bueno, pero esas muchachas  también  son novias de los soldados..

Y así se pasaban la tarde. Otras veces se desviaban del parque y se acercaban hasta el cuartel que no distaba mucho  de allí, y esperaban al relevo de la guardia para ver  como el cabo y los soldados desfilaban hasta llegar a la garita donde  relevaban al centinela. Y el se sentía muy ufano, y ella al verlo le daba un beso en la cara.

_ Mañana Merceditas, vamos a ir al hospital y pediremos permiso para entrar y veremos a las enfermeras, que van diligentes a curar a los enfermos. También llevan un uniforme muy bonito. Así te veré yo cuan do caiga herido y tu estés en el hospital y me cures. Entonces seré el  soldado mas feliz del regimiento, mirándote a los ojos y tu con las vendas me vedaras los brazos o el pecho o la cabeza y me curarás muy bien, porque serás mi novia.

_ No, a ti no. Yo no quiero que tu  caigas herido, prefiero que vengas de permiso y vayas a visitarme al hospital,  y me esperarás a que termine el turno de guardia, y luego  iremos al parque a pasear. Yo con mi uniforme de enfermera, con la cruz roja en la cofia y mi capa azul, y tu con tu uniforme de gala y lleno de medallas como esos  soldados que vemos  en los días de fiesta y desfiles.

Cuando ella terminaba de hablar, Marcial le cogía la mano, y se la besaba. Eran dos chiquitines enamorados. En su inocencia, en su ingenuidad, ya sentían el corazón latir de amor. Merceditas, no era un marimacho, como  aseguraban otras niñas. Era una chiquitina dulce y apasionada, una pasión prematura, sin saber como se enamoró del futuro soldado. Era el uno para el otro. Así creían ellos, que a la temprana edad de 10 y 9 años, hacían promesas de futuros esposos. ¡Pobres chiquillos! La vida es dura y le tenia reservado  penas y tristezas, Pero ahora seguimos con su alegría y sus ilusiones. El con la  de ser soldado, ella con la de ser enfermera. Algunos romances se han escrito entre estos dos seres, igual que los romances del torero y la  tonadillera, que muchos han  sido reales, aunque este nuestro, haya nacido de mi mente. A Merceditas la he dado yo vida, lo mismo que a Marcial, y todo ha sido inspirado por dos adolescentes, que  quisieron ser  en la vida el uno para el otro.  El,  llegar a la cumbre y ella, acompañarlo en su empeño. Al final  el destino le jugó una mala pasada.  

2


Llegó el otoño, y el parque se  convirtió en una alfombra de hojas muertas, que los barrenderos   se veían impotentes para limpiar aquella alfombra amarillenta de los  plátano de India, los tamarindos , acacias y otros árboles que  daban vida al parque no muy extenso pero  bonito y perfumado por las rosas, tulipanes y margaritas entre otras flores que  como un arco iris terrestre, ponían la nota de colorido en sus arriates y parterres. Las castañeras instalaron sus puestos, en algunos lugares , ahuyentando a los carritos de los helados que habían hecho su agosto en verano. El barquillero  con su barquillera llena de barquillos y su recia voz de “ a perra gorda la tirada”, se instalaba en un paseo por donde llegaban los niños, con sus niñeras, los carricoches con el bebé y también algunas madres que  al calor del tibio sol otoñal, sentadas en un banco hacían punto o ganchillo . Y  también ¡como no! Aquella  lánguida y dorada tarde del mes de  octubre , Marcial esperaba a Merceditas, con un libro  de los que su padre  poseía y que cuando no llegaba demasiado cansado del trabajo, leía a la luz  mortecina de una bombilla eléctrica

 Era un libro de la guerra de Cuba y Filipinas. Pero escrito por un autor  desconocido, que exaltaba la valentía de los españoles, las batallas mas duras  en la manigua cubana y las pocas bajas que las tropas de  Martínez Campos sufrían. No era esa la realidad, pero no iba a escribir una novela derrotista, para que no se la publicaran. La realidad era muy diferente. Los soldados españoles, fueron derrotados por el ejercito  de los Estados Unidos, y Cuba y Filipinas se perdió para siempre.
 Entusiasmaba a los dos  pequeños tortolitos, aquellos uniformes de rayadillo que vestían los soldados, el sombrero con la escarapela  con los colores nacionales y la tropa formada, mandada por un veterano sargento  que sustituia al teniente que le era confiada aquel puñado de héroes. En otra página se veía una lámina donde unas enfermeras ataviadas con  uniforme blanco y en la cofia la cruz roja, atendía a los  que habían caído   heridos, valientes y arrojados, para dar muerte a un enemigo que luchaba por la independencia de su isla.

 Los dos se enaltecían con aquellos huecograbados,, que no sabían si eran tomados de la realidad o era un montaje, como muchos de las guerras. Donde el enemigo, siempre sufre mas bajas que los nuestros y  retrocede ante la valentía de los soldados de nuestra nación.

_ Mira Merceditas, mira que bonito, que bien formados están nuestros soldados , y mira el sargento  que alto, con su bigote y sus galones en las mangas, Algún día yo también seré sargento  o mas y mandaré a los soldados, y tu me aplaudirás cuando con mi recia voz los mande firmes.

 Y la niña lo miraba sonriente,  para preguntarle que como sabia él que aquel  hombre que estaba frente a la hilera de soldados era sargento. Entonces Marcial le respondía que lo ponía  debajo, y que el sabia  que era sargento por los galones que llevaba en las mangas.

_ ¿Quién te ha dado el libro? Es muy bonito, me gustan las enfermeras, como cuidan a los heridos. Algún día también yo seré enfermera y  te cuidaré aunque no estés herido, que yo no quiero que lo estés nunca. Pero te cuidaré porque serás mi marido y viviremos  en un cuartel  grande, como el de aquí  y el hospital  estará cerca del cuartel como aquí. O mejor  aquí en nuestra pequeña ciudad porque es muy bonita ¿verdad?

 Y Marcial no cabía en si de gozo, al oír las palabras de su  novia, porque sin saberlo nadie nada mas que ellos se prometieron amor, ser novios para siempre, y también ser  el soldado y ella enfermera.

 Estaban sentados ojeando el libro, porque  tenia muchas láminas de batallas y soldados de descanso, enfermeras en la brega y paseando con  los  soldados que estaban convalecientes para  marchar de nuevo al frente. Marcial  le miraba a sus ojos azules y le alisaba el pelo rubio, que lo llevaba suelto muy bien peinado.

_ Este libro es de mi papá, que le gusta leer y lo tenia  guardado en un cajón. Yo lo he visto muchas veces, y cuando mi padre lo leía, movía la cabeza como dudando  lo que  pone de los soldados españoles. Pero yo  se que es verdad, y quiero ser mayor para irme  voluntario al ejército. Ahora vamos a jugar otra vez como estos días atrás. Yo era el  que se ve por allí  y tu la que viene con el. A lo mejor ella es enfermera aunque no traiga puesto el uniforme.

 Marcial cerró el libro y ambos se levantaron del banco. El sol se escondía por el horizonte y pronto  tenían que regresar a sus casas, pues la madre de Merceditas le advertía que de noche no quería juegos con el niño que  tanta gracia le hacia.

 Un airecillo frío se levantó del norte, en otras regiones ya había nevado. Las mujeres recogieron sus agujas y lana y se marchaban a sus casas. Las criadas hacían lo mismo y los soldados, se juntaban para regresar al cuartel. La noche se echaba encima con su manto de estrellas, y no era recomendable  permanecer mas tiempo a la intemperie, mas con el aire  tan frío que azotaba y barría las hojas de los árboles

_ Hasta mañana Merceditas, mañana te voy a enseñar una cosa, es un gorro de mi abuelo de cuando estuvo en  Marruecos, creo que en Melilla peleando con los moros, mi mamá lo tiene muy bien guardado, pero yo se donde está y te lo traeré para que lo veas. Tiene un plumero y se llama ros, según mi papá. Ahora  quiero darte un beso en la cara.

 La niña no puso resistencia y le ofreció su carita sonrosada, donde Marcial le estampo un beso sonoro, que si no hubiesen estados solos  ocultos por un seto, hubiesen llamado la atención

 Se ruborizó Merceditas, pero  no dijo nada. Y  juntos se fueron a sus casas que como sabemos  estaban en la misma calle y no muy lejos una de la otra. Ya las luces del alumbrado público empezaron a encenderse, y al llegar a la puerta de la niña  se despidieron con un adiós hasta mañana..

3

La madre de Merceditas  que se llamaba  doña Manuela, notaba que a su hija le iba cambiando  su metamorfosi. Le faltaba muy pocos días para cumplir 10 años, pero estaba muy adelantada. Ya se le iban señalando bajo la blusa que llevaba y hasta bajo  la rebeca las prominencias femeniles. La niña se adelantaba mucho. En la escuela  según la maestra doña Luisa, era muy aplicada, y cuando le preguntaba que es lo que  quería ser de mayor, respondía que enfermera, para llevar alivio y consuelo y curar a los soldados. La maestra le decía que  a los soldados o a otros  y otras enfermas, a lo que respondía que no, que ella quería ser enfermera de un hospital militar. Doña Luisa se lo hizo saber a doña Manuela y esta le decía a su hija, que  era muy noble y humano  la carrera que quería  ejercer,  pero el porqué de  ser enfermera militar y no de otro hospital   cualquiera.

  A estas preguntas nunca respondía la niña, pero su madre le notaba que  se ponía colorada, y a veces escondía el rostro. Doña Manuela  sabia que la niña jugaba mucho con  el niño de su vecina Antonia, pero  siempre creyó que eran juegos de  todos los niños, la comba, la rayuela, el diávolo  etc. Aunque se extrañaba que no le pidiera uno de esos juguetes la niña

 Una tarde ya entrado el invierno, doña Manuela le prohibió a Merceditas ir a jugar al parque, alegando que hacia frío, y que se podía constipar. Notó como la niña se ponía triste, y aunque nada dijo porque era muy educada, se fue a su cuarto se echó de bruces sobre el lecho y  empezó a sollozar. Las  madres que son perpizcaces a lo que le puede suceder a sus hijos aunque estos sean niños, cuando vio a su hija de bruces sobre la cama y suspirando e hipando, se acercó a ella y levantándola del lecho le dijo con voz suave y llena de ternura. El instinto de una madre que nunca engaña le decía que su hija a tan corta edad se había enamorado del amigo.. El hijo de su vecina Antonia. No le desagradaba el  muchacho a doña Manuela, pero comprendía que a edad tan temprana  seria una ilusión pasajera. Se equivocó, pues el amor no tiene edad, y su hija su Merceditas, se había enamorado del hijo del obrero de la fabrica de harinas como una colegial de un cadete.

_¡Hija, que dolor tiene tu corazón para llorar sin haberte hecho daño? Dime porque lloras.  Si te he prohibido que salgas esta tarde, es por tu salud, va a nevar y no quiero que te costipes o cojas una pulmonía. Anda levántate y cuéntame lo que te  sucede, no te cortes en nada, no me ocultes nada y no me consideres una madre hazte la cuenta que estas hablando con una amiga.  Sabes que para tu padre y para mi eres nuestro tesoro, nuestra vida y nuestra ilusión. Tu padre trabaja mucho por ti, se queda muchas noches hasta altas horas en el banco, con sus cuentas y su papeleo por ti, para que no te falte de nada, para que cuando seas mayor puedas estudiar, en fin eres nuestro anhelo y aunque tu padre sea algo serio contigo, no por eso te quiere menos que yo. Así que levántate y cuéntame porque o por quien tienes esa pena.

 Merceditas,  se limpió las lágrimas que empañaban  el azul cielo de sus  dos hermosos ojos. Miró a su madre y se tapó la cara con las manos. No se atrevía a contarle  que se había enamorado de Marcial, que se habían prometido novios  porque esperaba un rechazo  de sus padres a tan descabellada promesa, iba a cumplir diez años, su edad era la de jugar con las muñecas, con sus amiguitas en  el recreo de la escuela, en el parque o en casa, leer cuentos infantiles, y otras cosas de niñas, pero  no de ser novia de un chico-

 Comprendía ella misma que se había adelantado  muy pronto, por eso se tapaba la cara con las manos delante de su madre, sin atreverse a contestarle a las preguntas que le hizo.

 Su madre como si los sentimientos de la niña se clavaran en su alma, lo iba comprendiendo todo, porque aunque algo sospechaba  no lo tenia tan claro como ahora de que su hija se había enamorado ciegamente del hijo de Antonia. Por fin  Merceditas, apartó sus  manos de la cara y con voz entrecortada le confesaba a su madre.

Mamá, me da mucha vergüenza decirte que  Marcial y yo nos queremos. Somos novios, y el me ha prometido que cuando sea soldado y yo enfermera nos casaremos y tendremos muchos hijos. No hacemos nada malo, solo jugamos en el parque  el a ser soldado y yo enfermera.  Muchas veces la mendiga que me pide unas monedas o un poco del bocadillo, nos bendice y nos augura que vamos a ser muy felices. Yo le digo que  mi novio quiere ser militar y yo enfermera, y entonces a la mendiga que se llama  María, nos da un beso en la frente, y nos anima a querernos mucho, y que seamos fieles uno al otro. Yo no sabia lo que era eso de ser fieles, pero ella me lo aclaró. Y hoy Marcial me espera para  ir al cuartel, a ver como desfilan los soldados porque están ensayando para  desfilar  el dia de la Pura que es su patrona. Marcial ha hablado con un capitán que también tiene un hijo de nuestra edad, y le ha pedido permiso para entrar en el patio del cuartel a ver a los soldados  con su hijo, y yo. El capitán le dijo que si le gustaba ser soldado y el le dijo que si, que mucho. Entonces ves con mi hijo, así el oficial de guardia no pondrá  pegas en daros paso. Yo le prometí no faltar, pero como no me dejas, por eso tengo pena, mas por el que por mi, porque el pobre se llevará una desilusión

 La buena de doña Manuela, escuchó a su hija con mucha atención, poniendo  el corazón en cada palabra. Quería ser fuerte, impedirle que siguiera ese absurdo amor de adolescente, de niños mas bien, pero no pudo, su alma se ablandó y recordó que también ella a los doce años se enamoró de su Alfonso, del padre de su hija, y también quisieron quitárselo de la cabeza, por joven, pero nada consiguieron. Amenazándole a su padre que si no dejaban que siguiera con su Alfonso se suicidaría. El padre aterrado ante la amenaza desistió de su propósito. Se casaron jóvenes y  eran muy felices. Ellos los padres de doña Manuela,  eran ricos, poseían  fincas en el campo y  almacenes en la ciudad, mientras que el padre de Alfonso era un simple obrero de una fábrica de  cerámica. La historia se repetía, ella su Merceditas no era rica, pero era la hija de un director de banco y tenia un sueldo muy elevado, una buena casa y   hasta  niñera cuando fue pequeñita. Además tenían  una asistenta que ayudaba mucho en las labores de la casa. Sin embargo Antonia, era pobre y venia de gente muy humilde según le había contado. Francisco un simple  molinero en una fábrica de harinas, con un sueldo muy bajo, que no daba para que Marcial  estrenara  ropa todos los inviernos, siempre llevaba el mismo  gabán, descolorido de tanto lavarlo. Pero su hija lo quería, estaba ilusionada, no solo con él también lo estaba con que el muchacho fuese soldado, y ella enfermera. Quizás algún dia llegase alto, a oficial o mas, y ella una buena enfermera. No tenia derecho  a romper aquellas ilusiones que tan arraigadas estaban en los dos niños.

 Beso a su hija en la frente, le limpió el rastro que dejaron las lágrimas en su mejilla, y con voz tan tierna y melosa que hasta ella misma se sorprendió le dijo.

 Anda, arréglate un poco. El parque está cerca, te estará esperando. Ves y que seáis muy felices con vuestra ilusión. Marcial aunque pobre es un buen chico, y según Antonia es muy estudioso. No seáis malos. Eres una niña y no sabes nada de la vida. Confío en tu novio, y ya me encargaré  de convencer a tu  a tu padre para que no se oponga a esta prematuro amor. ¡Anda vete, abrígate bien y antes de ser  de noche cerrada, quiero que estés de vuelta

 Si le hubiesen comprado la bicicleta mas bonita del mundo. Si le regalaran los mejores  vestidos, si le hubiese tocado la lotería, si todos los caprichos del mundo  se los regalaran en aquel momento, no  se sentiría mas feliz ni mas alegre que el consentimiento que le dio su madre para que fuera al parque a reunirse con Marcial para ir a presenciar el ensayo de los militares.

 Marcial la espera inquieto, se había retrasado mas de un cuarto de hora, y no era habitual en ella.

_ Por fin, llegas mi niña, ya estaba yo haciendo malos juicios. ¿ ¿Que te ha pasado que has tardado tanto?

_ Nada Marcial, Bueno si que por poco no me deja salir mi madre. Dice que soy muy pequeña para tener novio, y que hace frío, lo del frío es una excusa, pero yo le conté que éramos novios que yo te quería mucho y tu a mi también,, que me esperabas para  llevarme al cuartel, a ver a los soldados desfilar para el día de la Pura, y se enterneció y me ha dejado salir.

_  ¿Y de que seamos novios lo acepta tu madre?- Hizo el muchacho la pregunta, precipitadamente, como dudando de  la veracidad de Merceditas

_ Si, al principio parece que estaba indecisa, pero  como yo lloré se enterneció. Pues mi madre tiene el corazón muy blando y  me besó  diciéndome que seamos buenos.

_ ¿ Y tu padre?

 Eso no debe de preocuparnos, mi padre hace lo que mi madre quiere, y ella lo convencerá si pone alguna traba. Lo principal ya está hecho. Pero me preguntas  si los míos ponen  reticencia a nuestro amor ¿ Y Los tuyos Marcial me aceptaran a mi?

_ Pues claro tonta. Mi madre te quiere mucho, y lo mismo  que tu padre  se fía de tu madre, también el mío  acepta lo que le cuente mi madre. Además tu eres mas rica que yo, si los tuyos no se oponen los míos menos. Ya te digo; mi madre te quiere mucho. Mira lo que traigo.- y desenvolviendo  el papel que llevaba en las manos apareció un ros, viejo  . Era el que llevó su abuelo en la guerra de Melilla

_ ¡Que bonito! Con un plumero y de color azul ¿ Te lo vas a poner?

_ Aquí no, en el cuartel, veras como me miran los soldados, porque este gorro ya no se lleva. Y ahora vamos a casa del capitán que allí me espera su hijo, para que  no nos impidan la entrada, con el es fácil

 Se había vestido con el mejor pantalón,  que tenia, uno largo que le había comprado su madre, con  unos ahorrillos que  tenia en una hucha, También una blusa nueva, y aunque el gabán estaba algo ajado  lo llevaba inmaculado. Ufano, contento y  con un patriotismo  impropio en su edad caminaba al lado de la rubita, casi marcando el paso. Llegaron a casa del capitán, que aunque vivía en el cuartel su vivienda  daba a la calle, sin tener que pasar por el cuerpo de guardia para entrar en ella. Suave llamó y le abrió la doncella, una muchacha muy morena, de pueblo pero muy agradable.

_ Pasad, pasad ¡Que guapa es esta niña! Y que mozalbete mas elegante ¿ Venís  en busca del señorito Guillermo no? Ya me lo había dicho  su padre que vendrían dos chicos un niño y una niña par ver el ensayo. Sentaros un momento en ese sofá , ahora mismo lo llamo

_ Ya estoy aquí. Vamos  que  ya han empezado._ dijo Guillermo, . No llegaron a sentarse. El hijo del capitán iba impecable con un traje nuevo y  un abrigo largo de paño   color canela. Marcial se sintió un poco cohibido,. No paso inadvertida la  cortedad de su novio para Merceditas, que se atrevió a decir.

_ Mi novio, no  viene tan bien vestido como tu.¿ Pero a que es muy guapo?

 El hijo del capitán la miró con ojos  picaros, contaba doce años y  también  le gustaba la chica. Por lo que dijo,

_Bueno, pero tu si vienes muy guapa y será nuestra madrina de guerra, porque el día que haya guerra Marcial y yo iremos a ella, y tu  nos escribirás a los dos cartas para animarnos, y aquel que consiga llegar  a ser general es el que se casará contigo.

 Marcial lo miró a hurtadillas, era obvio  que no le gustó el comentario de Guillermo, Merceditas era ya su novia y  por muchos galones que el llegara a tener no lo abandonaría por el. La chica, no se dio por aludida y nada dijo. Entraron en el patio del cuartel. Nadie le puso obstáculo alguno, iban con el hijo de un capitán  y tenían libre acceso. Además Marcial ya era conocido por muchos oficiales y hasta por soldados, porque como sabemos  mas de una vez iba a la puerta del cuartel para mirar como  marchaban  los soldados en el relevo de la guardia.

 Era bonito ver a los soldados alineados todos en traje de paseo. Los sargentos delante, a continuación los cabos y después los soldados. La banda de cornetas y tambores inició el desfile, mientras que los oficiales marchaban a los costados de las columnas. Los gastadores, altos derechos  y ágiles  desfilaban en cabeza y hacían movimientos con el fusil. En el patio había muchas gentes, familias de los militares que  vivían en  el cuartel. Todos  aplaudían  la marcialidad con que aquellos hombres con el uniforme nuevo, desfilaban ante el coronel que  con el  gesto  grave iba  observando  las  compañías, que  con mucho celo querían superarse  a las otras, porque su capitán así se lo exigía. Pero  todas marchaban con decisión  bizarría y armonioso paso. El padre de Guillermo, al lado de su compañía marcaba el paso con mucha decisión y energía, enorgulleciendo a su hijo que junto a Marcial y a Mercedes, aplaudían  cuando pasaban  a su altura.

 Pero el mas  emocionado de todos era nuestro amigo, el niño que jugaba a ser soldado. Agarrado a  la mano de su novia la apretaba con fuerza, eufórico y envidioso  por no ser él uno de aquellos hombres que con tanto garbo y marcialidad desfilaban a lo largo del  patio que   longitudinalmente  contaría con cien metros. Pisaban fuerte, haciendo crujir la grava, pues  no estaba  ni empedrado ni asfaltado, pero si con una capa de grava que    levantaban del suelo las botas claveteadas al paso firme de  los   defensores de la patria

  Marcial  soltó la mano de Merceditas, y desenvolviendo el paquete de papel que  sostenía bajo el brazo izquierdo, sacó el ros de su abuelo y se lo puso, al tiempo que gritaba ¡Viva España! Y ¡Viva el ejercito español! Tan fuerte  dio los vivas que hasta el coronel los oyó, y fue cuando   mirando  de donde salieron los vivas, vio  el  ros en la cabeza del muchacho a la vez que  con la mano derecha saludaba  como lo había visto hacer a los veteranos.

 Ordenó al cornetín de ordenes  tocar alto, y cuando  todo el regimiento quedó como una tabla, mandó a un soldado cercano que  fuese a por el niño del ros y lo llevara a su presencia.

 Temblaba Marcial.

_ No habré hecho algo malo, porque lo que yo quiero es ser soldado, me gusta mucho vestir de uniforme y  servir a España y a su Bandera

 El soldado le decía, que no que si el coronel lo mandaba llamar no era para reñirle ni  abroncarlo, seguramente era para felicitarlo y darle las gracias por su  bonita acción. Así era. Cuando estuvo al lado del jefe del regimiento este le palmoteo cariñosamente las espaldas para decirle.

_¡Muy bien, pero que muy bien! ¿ quien es tu padre? ¿es militar? Y donde vive.

_ No señor, mi padre es un  trabajador de la fabrica de harinas y vivimos en la calle de la Rosa, la niña que está conmigo junto al hijo del capitán es mi novia, y quiere ser enfermera para  curar a los soldados heridos en la guerra.

 El coronel emitió una sonrisa de  gozo; hizo llamar a Merceditas, y cuando estuvieron los dos niños  en presencia del jefe principal, le dijo que  si tan pequeña ya tenia novio. Merceditas se ruborizó, pero dijo que si, que era el  soldado mas joven de aquel regimiento. Y que ella deseaba ser enfermera en un hospital militar, porque quería curar a su novio cuando cayese herido en la batalla.

_ Muy bien, los dos sois muy valientes. Quisiera hablar con vuestros papás, para felicitarlos. ¿ Y ese ros de donde lo has sacado?

_ Era de mi abuelo, de cuando estuvo en Melilla en la guerra; mi mamá lo tiene muy guardado, como recuerdo, pero yo se donde lo esconde, y lo he cogido sin saberlo ella para  jugar a los soldados en el parque  traerlo para  que yo sea como otro soldado

Entonces el coronel abrazándole le dijo que, tenia acceso libre  lo mismo el que su novia  a las estancias del cuartel, siempre que no fuesen  restringidas. Que cuando contase 15 años, si el seguía al frente del regimiento, y persistía  su noble  empeño en ser soldado, contase con ello porque  lo enrolaría de  corneta, y de ahí podía llegar muy alto; si se aplicaba hasta podía ser como el coronel, ya que el empezó de cadete en Toledo, pero si no coronel a capitán muy bien podía llegar.

 Pero una cosa son las promesas, los sueños y otra  la realidad de la vida, porque como el proverbio chino dice “ vale mas una cucharada de suerte que un barril de sabiduría”

  No soy capaz de describir la alegría que recorría  el cuerpo de los dos  precoces  tortolitos. Se paseó Marcial con su ros por toda la ciudad, sin importarle que a veces  las risas afloraban en los labios de sus  compañeros de clase, risas de conejo, de burla de ironía, pero para Marcial eran risas de  simpatía, de cariño y empatia.

   Merceditas cogida de la mano sonreía, ¿ Como puede ser tan grande y noble las ilusiones de los niños? Donde había burlas, ellos veían cariño, donde había desprecio ellos lo consideraban  amistad.

_ Que ganas tengo de tener quince años, para ser soldado y tu  mi amor estarás estudiando enfermería porque habrás llegado con buena nota  a inscribirte en la escuela de en fermeria, y nos podremos casar, y ser tu mi mujer, y yo tu marido., porque nos quedaremos en  nuestra ciudad, yo en el regimiento de Infantería de cazadores de Montaña número  8 y seré el corneta Marcial  Suárez Guerrero, y tu la enfermera doña Mercedes García Mejias.

 Y le apretaba la mano con efusión  casi  hasta llegar a hacerle daño. Pero ella se resistía, no cabía en si de gozo. Eran muy pequeños pero otra vez  repito que el amor no tiene edad, y en aquellos dos niños, pues aun eran niño la fuerza del querer se les había despertado a temprana edad, igual que  el patriotismo y el altruismo  que se transmitía de uno a otro, como se comunica el agua en los vasos comunicantes

 _ Bueno, con quince años no nos dejaran casarnos, pues  nuestros padres se opondrán, no tengas cuidado que yo sabré esperarte, todo el tiempo que sea, y si te llevan a alguna guerra, me apuntare como enfermera voluntaria  para ir allí donde estés  tu.

_ ¿por qué tiene que haber guerra? Ahora se dice que no habrá ya mas en España, porque ha habido  muchas, y ya España quiere vivir en paz- Le respondía Marcial, porque aunque el niño  le gustaba la milicia no quería  que hubiese guerra. Su maestro le decía que ser soldado era una cosa noble porque eran la salvaguardia de la patria, pero que las guerras eran malas, ya que solo causaban desolación y muerte. Los soldados   estaban no para provocar la guerra, estaban  para evitarla.

 _ Mi papá dice que la cosa esta revuelta, que con tantos partidos políticos  no se ponen de acuerdo. Que va a ver elecciones y  quizás que echen al rey y habrá otra forma de gobierno que se llamará republica y entonces no habrá pobres ni ricos, y el ejercito  no pintará nada, y no se cuantas cosas mas.

 Y la niña mirando a su novio que al escuchar  que ya no habrá nunca mas guerras la miró con ojos de alegría, y volvió a apretarle la mano con fuerza.

 Llegaron al parque, el seguía con su  ros encasquetado y se sentaron  en su banco que no sabemos porque circunstancias casi siempre se hallaba libre.  Y como si fuese un soldado de verdad, como aquellos que veía pasear con alguna muchacha, y sentarse en los bancos, también ellos los imitaban riéndose y hablando de las cosas de ellos, sin  saber lo que los  soldados de verdad le decían a la novia o amiga de turno.

 Luego se levantaban y se paseaban por las avenidas de setos y  las calles de árboles alineados, Hasta que  llegaba la hora de marcharse a casa, cogidos de la mano hasta la misma puerta de ella. Muy pronto cupido clavó las flechas en aquellos dos seres,  a lo que los padres no se opusieron, porque  veían en ellos un amor de verdad  no de juguete, de juguete  era ser soldado y enfermera, pero  no era de juguete el cariño que dos almas  tiernas aun sin  moldear, sin maldad , sin  lujuria y sin vanidad se prometieron ser uno para el otro. Pero el destino le tenia guardada una  mala pasada.

 

4

 Marcial y Merceditas, vivieron  años de intensa felicidad. Todas las tardes se juntaban en  el parque, emulando a los soldados y enfermeras. Hizo que su madre le comprara un  pantalón y una camisa que  imitara a un soldado, y con el ros  en la cabeza jugaban ante la mirada de chicos y mayores, y de los soldados  que paseaban por el parque. No faltaba a los desfiles, siempre en compañía de  su Merceditas, ya los conocían todos los sargentos, tenientes , capitanes y  mandos superiores. No precisaban a Guillermo, el hijo del capitán

  para penetrar en el cuartel, y  muchas veces  se sentaban en un banco del  patio próximo al cuerpo de guardia  como si fuese el un soldado mas del cuartel y ella una de aquellas mujeres esposas de los suboficiales que salían y entraban   como  su casa que era las viviendas que  estaban adosadas al cuartel.
 Pasaban los años y  mas aferrados estaban  en sus amores. Pasaba el tiempo y mas  le enardecían las marchas  himnos y  desfiles militares. Antonia la madre de Marcial,  a veces le decía que la vida del soldado no era tan bella y brillante como el se figuraba, porque siempre no iba a ser un remanso de paz  España, Aunque ya se  notaba que  las maniobras militares no eran pura rutina que llevaban un  fin. Se hacían muy a menudo, se tiraba con fuego real y hasta algún soldado cayó herido en la simulación de la guerra. Simulación que pronto se convertiría en realidad

Los soldados no iban tanto al parque, a pasear con las muchachas de servir, y oficiales y suboficiales apenas salían de sus domicilio. Algo olía a chamusquina, aunque  el personal civil lo ignoraba.

 En las grandes ciudades  día si y día no, se producía un atentado contra las fuerzas del orden, y el clero, quemaban iglesias y conventos, y no en pocas poblaciones rurales fueron  asaltadas las casas cuarteles de la Guardia Civil, teniendo que defenderse los ocupantes a tiro limpio, cayendo muchos asaltantes y también  bastantes guardias civiles.

 Fue el inicio de una nueva generación. Aquel 1º de abril de 1934, la euforia invadió España, habían  expulsado al rey Alfonso XIII y se proclamó la segunda Republica.

 Marcial, se daba cuenta de que  aquello no llevaba buen camino. La Republica quiso  que España viviera en paz y gozara de libertad y bienestar , pero el  temperamento de los españoles es difícil de   gobernar, y  los partidos políticos,  de derecha no  estaban conformes con la republica. Un nuevo partido  socio militar fundado por  el hijo del general Primo de Rivera, poblaba las calles con camisa azul, y no eran pocos los enfrentamientos entre grupos opuestos que se enfrentaban en las calles y plazas de toda España

 Poco  duraban los presidentes de la Republica,  desde Aniceto Alcalá Zamora, hasta Manuel Azaña hubo al menos cuatro en  los dos años que  permaneció España republicana.

 Aquel  18 de Julio de 1936, España  era un estado en guerra, guerra entre hermanos, guerra fraticida.

 No por eso Marcial dejó de jugar a ser soldado, y Merceditas a ser enfermera, pero ya contaban  trece y catorce años, eran mayorcitos , y a veces no sabían a que bando pertenecer.

 Los padres de Merceditas doña Manuela, y el  director de banca don Alfonso, se inclinaban por los partidos de derecha,  y aunque los padres de Marcial, Antonia y el molinero Francisco, se mostraban indiferentes  se inclinaban mas por los partidos de izquierdas, especialmente por el  partido socialista.

 Pero los dos  adolescentes, nada de esto sabían, y de haberlo sabido  nada les hubiese importado. La ideología de ellos era su amor y su s ilusiones  la milicia y la enfermería.

 No tenia edad Marcial para  ser alistado ni como corneta, solo contaba 14 años cuando estalló la contienda, y  al menos exigían 15 años. Su padre  no fue movilizado, ya  tenia una edad avanzada y lo dejaron  que siguiera moliendo trigo, que también era una forma de luchar por  la Republica.

 El parque que en tiempos fue alegre y bullanguero, se tornó triste y sombrío, ya no  iban criadas ni soldados, pocos niños y con miedo, pero Marcial y  Merceditas, no dejaron  de asistir y recordar como siempre que el era un soldado y ella una enfermera.  La madre de Marcial, le prohibió que sacara el ros de su padre, y también que  saliera lo menos posible de casa, los tiempos estaban malos. La gente tenia miedo, y un día llegaron soldados, legionarios cantando  el novio de la muerte, subieron al ayuntamiento y la bandera  que ondeaba con los colores  rojo, amarillo y morado, fue arrojada al suelo y sustituida por la roja y gualda. Nadie opuso resistencia era una pequeña ciudad tranquila y pacifica. Luego ocurrieron cosas que nadie se merecía, pero esto no  incumbe a esta apasionada historia, Nuestro relato es el de  Marcial y Merceditas.

5

Y ya restablecido el orden en la ciudad,, aunque  un orden mas relativo que real, cumplió  nuestro amigo Marcial los 15 años.  Ya era un hombre, en la escuela ya  no podía estar, o estudiaba  en una escuela de pago como los hijos de los ricos, o se iba de  aprendiz en algunos de los oficios que existían en la pequeña ciudad.

 Ya sabemos cual era su inclinación, cual su ilusión desde pequeño por lo que se personó  en el cuartel. Ya no era el mismo coronel, aquel que paró  la instrucción para atenderlo, para  ofrecerle que allí  podía  tener su  destino  como corneta  en cuanto cumpliera la edad, los 15 años no estaba.  Casi nadie de los antiguos militares, residían ya en el acuartelamiento. Todos marcharon a la guerra, con el coronel a la  cabeza, ignoramos a que bando se fueron, lo que si sabemos es que casi todos murieron en los diferentes  frentes de la guerra, y los que no  desaparecieron sin dejar rastro. Tampoco se sabia nada de Guillermo y su padre el capitán. Todos eran nuevos, jóvenes en su mayoría.  Se presentó al oficial de guardia, y le contó todo lo acaecido con el  anterior coronel. El oficial se lo comunicó al coronel, y este  escueto le dijo que si, que podía  ingresar como corneta, o mejor como recluta, sin que  gozara de ningún privilegio. Allí todos eran iguales, era un decir.

 Quedó alistado como  un recluta mas, pasó a ser el soldado Marcial Suárez Guerrero, Regimiento de Infantería, cazadores de montaña nº 88,

 Y empezó su vida de soldado. La vida que a el le gustaba, Una vida dura, empezó la instrucción, la gimnasia, las teóricas, y muchas veces no salía del cuartel, porque era arrestado por una simple tontería a no salir de paseo, o  por la fanfarronería de un cabo o sargento. Marcial se conformaba, y decía que el que algo quiere algo le cuesta. No le importaba permanecer en el cuartel, aunque no en calidad de arrestado. Lo que mas sentía era no poder ver a su Merceditas. ¿ Donde estará?, ¿por qué no viene a verme?-se decía  muchas veces. Pero el ignoraba que su Merceditas ya no estaba en aquella ciudad. Habían trasladado al padre lejos muy lejos, al otro extremo de España, y cuando fue a despedirse de el, le negaron la entrada al cuartel, y aun que suplicó y lloró que si no podía entrar ella que lo dejaran salir a el, que se iba  muy lejos y quería despedirse. no le hicieron caso , era una niña de  14 años y no tomaron en serio  aquellos fuertes amores que ella dijo sentir por su novio, Dijo que ella era muy  amante de los militares, que  habían jugado de niños muchas veces. Pero nada, el oficial era terco, o quizás que esas  eran las ordenes tajante que  recibió, la de no dejar pasar a  nadie, ni salir a ningún arrestado.

¡ Pobre Mercedes! ‘¡ Pobre Marcial! Ya, a tan corta edad iban a sufrir los reveses que da la vida. Ellos tan enamorados, tan ilusionados  en sus juegos, con  vestir los uniformes  para  estar junto uno al otro, ahora se les ponía difícil lograr sus anhelos. Hasta le prohibían  despedirse. ¡ Que desilusión  nos da la vida!.

Suplicó , lloró pataleo  todo para que  la dejaran ver a su Marcial todo fue inútil.  Aquel teniente era un muro de hormigón que no se rompía  fácilmente. ¡ Que cerca estaba su  amor de ella y que lejos a la vez!. Que poco le hubiese costado  llamarlo, aunque fuese en  presencia de un guardián, o en presencia del oficial, como ella  musitó. Solo quería despedirse de el, se marchaba muy lejos, a la otra punta de España y tal vez no se volvieran a encontrar. Nada no cedió  aquel  rígido militar a nada , ni a las promesas , ni a las lágrimas ni  al pataleo ni al razonamiento. El era el jefe de la guardia, del cuartel en aquellos instantes  y no  quería  asumir responsabilidades que  podían sobrevenir. En aquellos tiempos se desconfiaba de todo y de todos,

 Guillermo  con su familia habían desaparecido, y nadie daba información de donde podían estar. Nadia sabia nada, si hubiese estado  su amigo  en el cuartel,  por intercesión de su padre  el capitán  suponía que la hubiesen dejado pasar, Pero ya no conocía a nadie,  ni a un triste sargento. Todos estaban  nadie sabia donde, o no se lo querían decir. Tal vez muertos.

 Regresó a su casa  hecha un mar de lágrimas. Hacia frío y doña Manuela la esperaba impaciente. Al verla  en aquel  calamitoso estado pensó lo peor, y echándole los brazos al cuello la besó en  la cara.
_ ¡Hija mía! ¿cómo vienes así? ¿qué te ha pasado? ¿ Se ha cansado ya tu Marcial de ti? ¿ O es que al  marcharnos tan lejos   piensa que lo vas a traicionar?

 Y la pobre mujer, viendo llorar a su hija, también ella lloraba, mezclándose las lágrimas de una y otra en sus  rostros. La rubia cabellera de Merceditas, estaba en desorden, y sus 14 años  parecían 20, era una mujer  que tenia su alma roída por la pena.

 Su padre no estaba en la casa, había ido a solventar unos asuntos  para la marcha y el viaje. Al llegar a casa se encontró como su esposa y su hija estaban hechas un mar de lagrimas. El pobre hombre supuso una desgracia,  pero   cayó en la cuenta de  que los llantos se debía a la marcha de aquella  entrañable ciudad donde todos  habían nacido y se habían criado. Las  separó  ya que fuertemente estaban abrazadas una a la otra y tratando de consolarlas   le dijo que tomaran asiento.

_ Ya se que es duro separarse de nuestra ciudad. Se que  dejamos a  los amigos y conocidos, esas plazas y calles por donde hemos paseado muchas veces. El parque con sus flores y árboles, la fuente luminosa y sus farolas isabelinas. Pero vamos a otra ciudad mas importante, mas gran de y mas bonita. No nos vamos por capricho mío, me han destinado  allí, y me lo han dicho muy claro o el traslado o la cesantía. Como comprenderéis, no podemos quedarnos. Mi vida es el banco, nuestra vida, si me cesan quedaremos en la miseria ¿ De que vamos a comer? Yo no se hacer otra cosa, en esto me he criado, también  mi padre, tu abuelo Merceditas fue banquero.  No somos ricos, porque lo que aportó tu madre al matrimonio ya se ha ido entre unas cosas y otras. Solo poseemos la casa, que se hará cargo de ella   Rosalía, nuestra sirvienta, la que también he visto disimular las lágrimas por nuestra marcha, pero es lo que nos queda. Se Merceditas hija mía, que estas muy enamorada de ese muchacho, que no me parece m alo. Según tengo entendido ya a sentado plaza en el regimiento, pues como tenemos aquí la casa y Rosalía es muy buena, que confiamos en ella, cuando seas un poco mayor, te mandaremos para que  estés junto a tu novio, de momento podéis  cartearos y también de vez en cuando  ponerle una conferencia telefónica . Es todo lo que te puedo ofrecer, Se que te gustaría quedarte aquí, con Rosalía y seguramente es lo que estas pensando, pero no puede ser. Eres menor de edad  y yo y tu madre  no podríamos  vivir sin ti, porque tu eres nuestra ilusión y nuestro sentido en la vida

La niña nuestra Merceditas, era sumisa, amaba mucho a su papá, mas que a su madre, sin que por eso dejara de quererla. Cuando terminó su padre de hablar, ella dijo que  quería decir unas palabras. Y el padre tierno conmovido, al ver  a su tesoro, a su rubia muñeca, como muchas veces le nombraba, le dijo que hablase todo lo que quisiera, que el y su made lea escuchaban atentamente..

_ Yo papá y mamá tampoco quiero separarme de vosotros. Os iba a proponer  lo que tu papá me has adivinado, quedarme aquí con Rosalía. Ella es muy buena, y estaría encantada de que me quedara con  ella, pero seria una carga mas. Es muy pobre, y necesitaría mucho dinero, mas del que vosotros me podéis mandar. Quiero ser enfermera, y cuando tenga el titulo pedir aquí  a este hospital, y así estaríamos juntos Marcial y yo, nos casaríamos, y cuando vosotros seáis mayores y tu papá no trabajes veniros  a vivir con nosotros. Papá he ido a despedirme de Marcial al cuartel, y no me han dejado entrar. A el no lo han dejado salir, ni le han comunicado que yo estaba  allí para despedirme. Es un oficial muy malo. Me dijo que  estaba arrestado n o se porqué y que los arrestados no podían tener contacto con nadie hasta que no cumpliesen el arresto. Y por eso tengo pena papá, cuando se entere que no estoy en la ciudad se va a poner muy triste. Ahora que ya no  serian juegos de soldados sino  soldado de verdad...

 Don Alfonso abrazó a su hija y lloró con ella. Luego que se calmaron le dijo, que la vida del soldado es una vida dura.

_ Hija, el soldado se debe a su patria, a sus superiores no es dueño de su persona. Vosotros habéis jugado a soldados y enfermeras, según me ha contado tu madre, Yo no he querido  desilusionaros, pero sabia que algún día esto tenia que llegar. Vosotros habéis vistos desfiles  hermosos, soldados de gala y por las tardes, muchas tardes a los  cadetes de uniforme  presumiendo con la  colegiala,  la estudiante o modistilla. A los soldados rasos y cabos con las muchachas de servir, con niñeras; hasta Rosalía tuvo un novio soldado que la abandonó cuando lo licenciaron y se marchó a su pueblo, según me ha contado ella misma. Es todo muy  bonito, muy romántico muy poético, pero ignorabais la dureza de la vida. Todas las cosas en este mundo cuestan sudor y lágrimas. También el soldado llora muchas veces, suda y hasta derrama su sangre, es el todo por la patria que ves escrito en la puerta del cuartel. Tu novio es aun recluta, habrá sido arrestado por una tontería, por no saber saludar, por no llevar bien el paso, por  contestarle  mal a  un cabo, o por  cualquier tontería que encierra la vida militar. Eso no es nada, estará dos días o tres o una semana sin salir de paseo, pero lo duro lo gordo  es cuando  tenga que  montar guardias, la responsabilidad de  guardar un puesto, y si asciende porque de soldado raso no  se va a quedar, eso no interesa, al menos tendrá que ser sargento para   casarse contigo, entonces mandará,  será respetado pero también tendrá mucha responsabilidad, se deberá a sus regimiento, a sus soldados  y si  vuelve otra guerra Dios quiera que no, tendrá que ir a luchar y hasta puede caer herido o... bueno tampoco quiero ser agorero, pero piénsatelo. Se que el amor es ciego y mas a vuestra edad. Yo no quiero que rompas con el, ya te he dicho que  de vez en cuando puedes venir a visitarlo, pero ahora hija tienes que  venirte con nosotros al norte. Sécate esas lágrimas, eres muy joven, casi una niña y el tiempo lo cura todo.Anda vete a descansar que mañana partimos en el tren de las nueve.

 Merceditas, besó a su papá y a su mama y se internó en su habitación. No eran mas de las diez de la noche, pero se acostó. No podía conciliar el sueño. Tenia el alma herida. Ahora que  Marcial, su Marcial había conseguido su objetivo, ella tenia que marcharse lejos, muy lejos quizás para siempre. Y lloraba.  “Ya no lo volveré a ver”_ se decía acongojada A veces  pensaba fugarse de casa a media noche, cuando sus padres estuviesen profundamente dormidos. Solamente estaban ellos tres, porque Rosalía  ya no  estaba, la habían despedido. También ella lloraba, al despedirse de sus padres y de ella . No llevaba muchos años en su casa, pero todos la apreciaban. ¡Era tan buena y servicial! Sabia que  la criada la recogería en su casa, aunque no aportase nada, con lo que ella ganara en otra casa de servir, se podían  apañar muy bien. Rosalía no tenia familia, sus padres murieron, hacia años, solo  le vivía un hermano, pero se marchó de casa, y nadie  supo a donde se fue, se rumoreaba que estaba por Alemania o Francia. Nunca tuvo suerte, solo  estuvo de novia con un soldado, un gastador , guapo, fuerte  y buen mozo que le prometió mucho, se enamoró profundamente de el, pero cuando le llegó la hora de la licencia se marchó sin despedirse. Le dio unas señas y un pueblo, escribió reprochándole  porque  la había abandonado, al cabo de  quince días, recibió una carta en la que decía que  en aquel pueblo no conocían a Dionisio López, que así  se llamaba, o dijo que se llamaba el ingrato. Estuvo enferma de pena  unos meses, hasta que entró al servicio de los señores don Alfonso y doña Manuela, Mercedes la quería mucho, porque le  compraba con sus ahorros, tebeos y caramelos.  Tres años estuvo en casa de la familia, hasta que como sabemos fue despedida por traslado de sus señores. Contaba ya 32 años de edad.

Desechó la  joven la idea de fugarse, si lo hacia  le proporcionaría un gran disgusto a sus padres, y su padre no podría sobreponerse al dolor ¡ se querían tanto! Para don Alfonso era su tesoro, su vida sus sueños. Vivía para ella , Nunca le riñó por nada, y cuando supo que la niña se había enamorado a tan temprana edad solo le dijo.

_Hija, eres muy joven, pero te deseo toda la felicidad del mundo. Marcial  viene de buena familia aunque pobre. Apenas conozco a Francisco, pero tu madre es amiga de Antonia, y se que se llevan muy bien

 Cuando  ya estaba en la cama, sacó de su pecho una fotografía, que se hicieron en el parque,. Un retrato que nadie lo había visto. Se los hizo una mujer  con una rudimentaria cámara de las llamadas de minuto. El con  el traje de soldado que le compró su madre y el ros de su abuelo, ella con un vestido muy bonito, blanco, muy sonriente, y el muy gallardo, parecían mayores de lo que eran. Lo beso muchas veces, y hasta  lo mojó con sus lagrimas. Luego cuando sus padres dormían, se levantó se fue al escritorio, extrajo un  folio de papel del cajón y con la pluma  de su padre que  la tenia encima de la mesa  le escribió a Marcial  la siguiente misiva

“Querido mío. Amor mío. Puede que ya no nos volvamos a ver en mucho tiempo. No se si sabrás que  a mi padre lo han trasladado al norte, a una  ciudad mayor que esta nuestra.  ¡Que pena tengo por no poderte abrazar y que tu me beses como sabes hacerlo! Estuve en el cuartel a despedirme de ti, pero no me dejaron entrar. Supliqué y lloré. Pero el oficial de guardia era duro, muy duro decía que a los arrestados les estaba prohibida las visitas, a no ser que fuesen casos  muy graves, firmados por  un médico. Tampoco quisieron que tu salieras a despedirnos. Lloré mucho. Pero aquel hombre debía de tener el alma de piedra. Me volví a casa muy apenada y desconsolada.Mis padres  lloraron conmigo abrazados los tres. También Rosalía lloró, la pobre  se queda sin trabajo y sola. Ves  cuando puedas  a visitarla, allí te enviaré las cartas, yo confío en ella, Ya te mandare mi dirección, aun no la se.  Te estoy escribiendo a las dos de la noche, y tengo nuestro retrato enfrente. ¡Qué guapo que estas con tu uniforme! Bueno estoy llorando, soy una tonta, se que Dios nos unirá, yo le rezaré mucho a la Pura,  también rézale tu. Es nuestra patrona. ¿ Te acuerdas  cuando jugábamos a soldados y enfermeras? Veras como ella me oye, y cuando yo salga de enfermera iré a nuestro hospital, y si no puedo  tu puedes pedir  a la ciudad donde me marcho ¿ Porque te arrestaron? Mentira parece que  a ti con lo que sientes a la patria y al uniforme, te hayan arrestado  nada mas entrar en el cuartel.

 Bueno mi vida, me voy a dormir que tengo mucho sueño y mañana a las nueves  tomamos el tren de Madrid, luego hacemos trasbordo y hala al norte. Bueno  según tengo oído no es precisamente el norte, es a Barcelona, pero mi padre a todo lo que está de Madrid para arriba le llama el norte.

 Recibes muchos besos y abrazos de esta  tu enfermera, soldadito mío. En cuanto llegue a Barcelona te escribo. Adiós

 Metió la carta en un sobre blanco, lo cerró y le puso.  Para el recluta Marcial Suárez  Guerrero.  De su enfermera.

La guardó en su sujetador, y con ella se metió en la cama.

 A las siete  ya estaban levantados sus padres. Media hora después llegó Rosalía. Las maletas, estaban en  el pasillo esperando al taxi que los llevaría a la estación del tren. Cuando llegó la criada se levantó Merceditas, y delante de sus padres  se sacó la carta del pecho  entregándosela a la  doncella

_ Prométeme  Rosalía, que harás llegar esta carta a Marcial por el medio que estimes mas rápido y  seguro._ Le dijo entregándole la carta. Aun no se había lavado, pero  estaba radiante, su pelo rubio era una llamarada de sol que iluminaba  con su brillo la estancia  casi en penumbras.

 Rosalía tomó suavemente el sobre de las finas manos de la novia del soldado y le dijo.

_ Márchate tranquila mi niña, que esta carta se la entrego yo en persona. Me desplazaré hoy mismo  al cuartel, y si no me dejan verlo, lo esperaré a que salga de paseo y se la entregaré. No se la  confiare a nadie, porque la pueden leer o no entregársela. No tengas pena que verá como si Dios quiere y la Santísima Virgen, pronto volveréis a estar unidos.

 Llegó el taxi. Y la despedida  de Rosalía fue muy emotiva . La joven lloraba a lágrimas vivas. Se habían portado muy bien  con ella  aquella familia. Y ahora no sabia donde  caería. En todos sitios existen personas buenas y malas,, pero  las que  tenían que servir, nunca sabían hasta que no pasara un tiempo, como les iba a ir en su nuevo destino.

 Doña Manuela cerró la puerta y le entregó la llave a la criada.

_ Toma la llave Rosalía. Desde ahora la casa es tuya. Esperemos regresar algún día  a no tardar mucho. Tu la limpias y te sirves de ella. No quiero que la alquiles, si  tienes  suerte y te c asas, te puedes instalar en ella. Tu casa es pequeña, y esta amueblada. A nosotros nos proporciona otra  el banco allá donde vamos. Ahora danos un abrazo y seca esas lágrimas, que Dios aprieta pero no ahoga.

 Pero aunque hizo de tripas corazón no pudo evitar que el llanto  saliera a el exterior, aunque lo tenia contenido  desde que entró en su casa Rosalía. Don Alfonso  permanecía serio grave, y Merceditas  limpiándose las lágrimas le recordó que no se olvidara de  entregarle la carta a su Marcial.
 Llegaron a la estación  cuando el tren entraba en la vía primera.

6

 Marcial, no entró con muy bien pie el cuartel. Lo destinaron a una escuadra, cuyo cabo era un  déspota, un chulo y un abusón. Valido de sus galones, se hacia respetar mas de lo que le permitían el reglamento, y a veces se sacaba de la manga alguna falta para arrestar a sus  subordinados.

 No le cayó bien  el muchacho, y le tomó ojeriza. Porque no lo saludó  cuando entró en el dormitorio estando el, en la puerta lo arrestó 24 horas a no salir del dormitorio, ni a que recibiera visitas. Es verdad que en el local donde dormían mas de cuarenta hombres no le estaba permitida la entrada a ninguna mujer, salvo caso muy extremo. Le dio parte al teniente de la sección, alegando que el recluta Suárez le había faltado al respeto, y el oficial que no se enteraba de nada,  y hacia caso de lo que le decían  de el para abajo, le elevó el arresto a 48 horas. Y  e hay  los motivos por los que Merceditas no pudo despedirse de Marcial.

 Pero la verdad se impone a la mentira, y pronto  se dio cuenta el sargento, que era un hombre listo, bueno y compañero, que aquel cabo no obraba bien con los  soldados de su escuadra.  Observó que Marcial era un buen chico, voluntarioso en todo, amable disciplinado y que sentía amor por  ser soldado.

 Lo llamó  un día a su  despacho para preguntarle porque había sido arrestado  casi nada mas entrar en el  cuartel. Marcial no deseaba que le echara ninguna bronca a su cabo, pues  como era  noble  se  echó el las culpas, alegando que no lo había saludado cuando debía de hacerlo.

 El sargento, sonriendo le palmoteó la espalda  y con acento paternal le dijo.

_  Estoy enterado de quien eres. Aunque  todos somos nuevos en este cuartel, quedan resquicios de los anteriores  que lo ocuparon. Y me he enterado  quien eras y como te gustaba  ser soldado. También se que una muchacha muy joven, dos niños  era tu novia, estabais muy enamorados y te gustaba venir  a ver y disfrutar con la instrucción, los cambios de guardia y todo lo que conlleva la vida militar, Así como que el anterior coronel te autorizó a que entraras cuantas veces quisieras dentro con tu novia, que quería ser enfermera. Te dirás que quien me lo ha dicho,y  yo te digo que en las pequeñas ciudades todo se sabe. Me he enterado  de todo por un   viejo veterano, que ya está  jubilado pero que fue un hombre muy ligado a este cuartel.  No pertenecía al regimiento, pero si al estamento militar. Era guardia civil, y charlando en el casino se dio a conocer a la vez que me ha informado de tu  afán por ser soldado. Tu padre  trabaja en la fábrica de harinas, y también es muy apreciado en esta  pequeña ciudad y tu madre es una buena mujer ama de casa. Pues bien, desde  ahora mismo  confía en mi como si fuera tu padre. Me dan muchas quejas de ese cabo, y ya lo he puesto en conocimiento del capitán, quien a la vez se lo comunicará al  coronel. No creo que vuelva a extralimitarse en sus funciones, el no puede arrestar  directamente, tiene que comunicármelo a mi, y yo por conducto a los superiores, por tal caso lo he arrestado  lo mismo que el hizo con  tigo, por  sobrepasarse de las funciones que el reglamento le otorga. No tengas reparo en comunicarme lo que te haga  sin corresponderle. Eso si, es superior a ti, no te enfrentes a el, salúdalo y cuando observes algo anormal  comunícamelo a mi.

 Termino el abuso  del cabo. Lo llamarían al orden, después del castigo, y nunca mas  volvió a ser un abusón, engreído y déspota. A Marcial lo miraba por encima y a veces  rechinaba los dientes cuando lo veía sonreírse, creyendo como  creen todos los seres  cruentos y engreídos que  la sonrisa era  ofensiva a su persona y galones. Nada mas lejos. Marcial como sabemos era un joven, alegre y  amable, que pronto se granjeo, el aprecio de  todos sus compañeros y mandos del acuartelamiento.
 Pero  al muchacho le faltaba , la compañera. Su Mercedes , la muchacha que con tanta ilusión jugaban  de niños en el parque. Aquellos juegos que se convirtieron a muy temprana edad en amores.

 Y cuando Rosalía le entregó la carta de su Merceditas, la inundó con sus lágrimas.  No era feliz, y no lo era porque  cuando  salía de paseo y se iba al parque, echaba de menos aquella niña de cabellos rubios, que  fue  toda una ilusión de niños. Una  amiga que le animó a lo que el quería, que  soñaba con ser enfermera para curarlo si preciso fuera. Y estaba a mas de mil kilómetros de el, sin saber cuando volverían a verse. Todos los días  después de besar a sus madre y abrazar a su padre, se dirigía a casa de la criada, preguntando si había llegado carta de Merceditas para el. La respuesta era negativa. Y entonces se entristecía, marchaba al parque y evocaba las tardes en que jugaban en el banco a ser soldado y enfermera. El había llegado a su  meta. Pero ¿qué era de ella? ¿por qué no le escribía? Pronto lo sabremos.

 Se aburría, en el parque. Sus compañeros como  los anteriores soldados paseaban con muchachas, que lee invitaban a  tomar un refresco en los quioscos de bebidas, y luego la mujer fotógrafo, los invitaba a retratarse con su novia. ¡Su novia! ¿ Donde estaría? ¿Qué seria de ella? Y así  un día y otro día. A veces  se conformaba con que al siguiente día Rosalía le tenia una sorpresa. Una carta de su Merceditas, que era la ilusión mayor que le podía dar. Pero nada, y así días y días hasta que llegó al mes de la marcha de su  novia sin saber absolutamente nada de ella.

 También Rosalía estaba preocupada. Quedaron en escribirle y hasta la fecha, no sabían nada.

 Marcial, hacia la instrucción con desgana, era apático y se ganaba infinidad de broncas de los superiores. Solamente el sargento   Herrera, aquel que le  ofreció toda su confianza, se percató de que algo le sucedía al chaval y nada bueno por lo que lo llamó  otra vez a su despacho  no para abroncarlo , lo llamó para  aconsejarlo.

_ No se que será lo que te ocurre aunque me lo supongo_ ,empezó diciéndole el  suboficial, atusandose el bigote negro y con cara de preocupación_ Se que tu amor al ejercito no se ha desvanecido, como suele suceder con otros. Estabas muy  contento con ser soldado, y ahora parece que  todo se te hace cuesta arriba. La milicia nos exige sacrificios, y penalidades pero también nos da recompensas y alegría. Un muchacho que desde niño jugaba a ser soldado, no puede pasarle mas que una cosa. O tu novia te ha olvidado, o algo le ha pasado. No se cambia de la noche a la mañana por nada como has cambiado.

Se que puedes hacerlo mejor, tener mas ilusión, entrega y altruismo, y lo vas a demostrar. Dime¿ que te  sucede? No me trates como a un  superior que se come a los niños crudos, yo no me como a nadie, ni jamás me lo he comido, Así que cuéntame lo que te ocurre, y si yo puedo remediarlo cuenta con migo. Háblame con la misma confianza que se le habla a un padre,  o a una madre que  inspira mas confianza, olvídate de mis galones y empieza.

 A punto estuvo Marcial de que asomaran las lágrimas a sus ojos, lagrimas de agradecimiento. Era el único hombre que no lo miraba con in diferencia, el único que   le daba afecto y cariño, animo y confianza.  A instancia del sargento Herrera, tomó asiento en una silla frente a el y  le confesó lo que  nosotros ya sabemos y el militar se suponía. Hablaba  quedamente, tan quedamente que el  sargento le dijo que levantara la voz, sin gritar pero hablando mas fuerte.

Yo mi sargento siento que lo haya decepcionado, Mi intención no era esa. Estoy atravesando un bache muy malo, pero prometo  superarlo y  portarme como un buen soldado que ha sido desde pequeño mi ilusión. Le pido perdón y le agradezco  su buen hacer  con mi persona. Es que no se nada de mi novia y hace un mes que marchó , sin saber donde aunque  según me decía en la carta  que me entregó Rosalía era a Barcelona don de habían trasladado a su padre Pero le prometo, que desde ahora  voy a poner todo el interés que  en estos días  no he puesto. Quiero ser un buen soldado, y llegar  a lo que usted ha llegado.

_Muy bien, muchacho así lo espero, se que no me vas a defraudar. Yo llevo muchos años en esto y conozco al personal nada mas verlos entrar por la puesta del cuartel. Ya verás como tu novia te escribe y  también os casareis.  A mi me sucedía lo mismo, soy de Madrid, y allí dejé a mi  Almudena cuando me trasladaron aquí, al ascender a sargento, y mira ya llevamos juntos, muchos años.  

 El sargento lo invitó al hogar del soldado a unas copas, y dándole una palmadita en la espalda como era su costumbre  a los soldados de su confianza, le exijió a que saliera de paseo, y paseara  con sus compañeros, buscase otra chica y no pensara en malos augurios.

 A la hora del recreo salió con sus compañeros, que  le ofrecían su apoyo y confianza, pero  con pretexto de  hacer unas cosas en su  casa, se dirigió a la casa de Rosalía. Esta le tenia guardada una carta que el cartero le  llevó por la mañana. , No tenia remite y la letra no era la de su querida Merceditas.. Rasgó el sobre  y al leer la carta, casi se desmaya, Rosalía lo  sujetó con sus  fuertes brazos y lo sentó en la cama.

 7


El expreso arrancó de la estación  con marcha lenta, hasta que salió de las agujas, que  tomaba  velocidad de lo que era un expreso, Merceditas asomada a la ventanilla, sentía como su corazón se afligía. Miraba a su ciudad y veía como la torre de la catedral se alejaba cada  vez mas, los edificios se hacían diminutos  y  el cuartel, donde estaba su querido Marcial se divisaba como si fuese de  juguete, hasta que el tren  llegó a campo abierto. Entonces la velocidad aumentó, y los palos del telégrafo, los árboles y  los campos parecían que  marchaban a la velocidad de un rayo hacia atrás. Merceditas lloraba, mien- tras mas corría aquel  tren que lo alejaba de su pueblo, de su novio de su escuela de sus amigas y de Rosalía.

 En vano trataba doña Manuela y su marido, consolarla con palabras cariñosas y prometiéndole que pronto volvería  a estar con Marcial y Rosalía, pues en cuanto  fuese un poco mayor la  enviarían para pasar unos días en  la ciudad de donde partían. Pero ella  casi no oía las promesas de sus padres, La congoja era tal que  los autores de su vida llegaron a  asustarse, y hasta maldecir aquel traslado que le  dieron a la ciudad condal, con la promesa de que ganaría mas dinero y  se sentiría mejor. ¿ ¿Mejor? por lo pronto sin llegar ni a Madrid, su hija, su tesoro ya iba malita. El viaje a pesar de ir en un vagón de primera  clase fue   malísimo. Se hacia interminable. A Madrid estación de Delicias llegaron a las   nueve de la noche, Y de allí en un taxi  fueron a la de Atocha, donde salía el tren de Barcelona.

La niña no mejoraba, aunque la fiebre remitió las angustias persistían. A punto estuvieron de  posponer  el segundo viaje  y quedarse en Madrid, visitar un médico y buscar un hotel  para pasar la noche. Pero Merceditas mejoró , y ella misma  quiso que no suspendieran el viaje, porque serian muchos gastos , gastos que  supondrían unas perdidas económicas que la familia no tenia, porque aunque el salario era para vivir bien, no lo era para hacer gastos innecesarios. Así que subieron en el expreso de Barcelona a las once de la noche para continuar el viaje hasta su destino.

 Pero  Merceditas no iba bien. La fiebre le volvió con mas intensidad que en  el anterior tren.  Buscaron a un médico por todos los vagones y, Encontraron a un estudiante avanzado en medicina,  que aun no tenia la carrera terminada . La reconoció y no encontraba el porque de aquellas fiebres que  en el termómetro marcaban cerca de treinta y nueve. Le suministro un antipirético  aconsejándole a sus padres que nada mas llegaran a Barcelona la llevasen a un hospital, el creía que  la enfermedad  era mas bien psíquica  que  patológica.

 Se durmió en el asiento, y otra vez la fiebre  remitió, no del todo, pero si  para finalizar el viaje  algo mas relajados don Alfonso y doña Manuela.

 A las doce del siguiente día de haber salido de su pequeña ciudad, arribaron  a la estación barcelonesa de Francia, y sin perdida de tiempo, llevaron a la niña al hospital de San Pablo, Reconocida por los facultativos, le encontraron,  que el corazón no funcionaba  con la normalidad que debiera de funcionar, y que estaba en un estado de angustia y tristeza muy grande, debido a un profundo disgustos  por perdida de algún ser querido.

_Mi consejo, es que quede internada en el hospital, y que mañana la reconozca un medico de nervios y de emociones profundas. El corazón le funciona con  mucha debilidad, pero no es alarmante por el momento. Yo daré ordenes a las enfermeras para que la vigilen, y le suministren unos comprimidos. Ustedes pueden irse a descansar, que yo creo que esta noche no corre riegos  alarmantes.

Pero los padres de nuestra enamorada, no quedaron conformes con las palabras del galeno, y decidieron no apartarse de la cabecera de su cama, pese al enorme cansancio del largo viaje.

  Los dos infelices  se abrazaron, y miraban a su hija, que ardía de fiebre. Lloraban, y mas Don Alfonso, que como sabemos la niña era  su  tesoro, su amor por la vida, su ilusión y su  felicidad. Si su hija moría, poco le importaba marcharse con ella a la eternidad. Doña Manuela sufría por los dos, y su dolor era doble, primero por el estado en que se encontraba su hija, y luego por  lo que estaba sufriendo su marido. Este entre lágrimas decía.

_ Mejor Manuela hubiese sido no movernos de casa. Ya no quiero ganar mas, ni quiero  permanecer aquí. Tenemos que volver, en cuanto se cure la niña. Y si  se muere,  yo Manuela quiero morirme con ella. No lo podría resistir. ¡Porque habré aceptado este cargo!. Claro que si no lo acepto me despiden y como iba a encontrar otra cosa, si solo se hacer esto que es lo que me han enseñado. Dios mío, haz que mi hija se salve, y hincándose de rodillas ante un crucifijo que  adosado a la pared, miraba  con ojos vidriados a los enfermos, rezó  una plegaria. A su lado doña Manuela  arrodillada, le cogía las manos y...  también rezaba con el

 Y así pasaron la larga noche.  Sin importarle el agotamiento en que se hallaban por el  cansancio del largo viaje. Una enfermera joven, les dijo que  se acostaran en el sofá que  había en  la sala de espera, que ella cuidaría de la enferma y si empeoraba los llamaría. Pero se negaron en redondo a aceptar el consejo. Al  poco rato volvió la misma enfermera, y le  llevó dos mantas  para cada uno, para que descansaran en el  entarimado suelo,   en la habitación no existía mas cama que  la que ocupaba la enferma que la pusieron aparte de los demás enfermos. Cosa que también alarmó a los padres, creyéndose que  la habían aislado por padecer enfermedad contagiosa. ¡Los padres siempre  se ponen en lo peor, cuando ven enfermos a sus hijos!

 La enfermera era una caritativa mujer, con experiencia en casos  alarmantes, conocía  los sufrimientos de los padres cuando  llegaban al hospital a niños enfermitos o jóvenes como Mercedes. No entendía de medicina, pero si de   colocar vendas, poner inyecciones, suministrar medicamentos y hasta el repugnante acto de extirpar folículos y granos , y sobretodo dar ánimos a los familiares. Pero  don Alfonso y doña Manuela lo que necesitaban era descansar, porque sus cuerpos estaban tan rendidos que no podían mas. El viaje realizado había resultado ser de los mas penosos de toda su vida, y sus cuerpos no aguantaban mas. La enfermera les llevó unas tazas de  caldo  caliente, que  se bebieron  dándoles las gracias, caldo que los reconfortó muchísimo. Y abrazados  al lado de la  cama de su Merceditas, se durmieron  por el agotamiento físico que  tenían

 Con los primeros albores de la mañana se despertaron. Los dos tuvieron una pesadilla, y aun que estaban mas descansados por las cinco horas de sueño, se despertaron  con dolor de cabeza.

 Al mismo tiempo se acercaron a lecho  donde dormía  su hija, le pusieron la mano en la frente, y ya la fiebre había remitido casi toda. Respiraron mas tranquilo. La besaron en la frente, y aquellos dos ósculos de amor despertaron a la  joven que abriendo los ojos trato de sonreír.  Su madre le dijo que si tenia  sueño, se volviera a dormir, pero ella muy bajito le  susurro que quería hablarle.

Su color rosado le había vuelto a sus carrillos. Su rubio pelo desparramado por la almohada semejaba a una llamarada de luz en una noche de tinieblas. La blanca y limpia sabana, le cubría todo su cuerpo, menos sus  finas y marfileñas manos que las tenia  agarradas al embozo. Sus ojos  azules de cielo le brillaban como  dos  zafiros heridos por el sol . Ha pesar de esta belleza, la fiebre la  había  demacrado un poco  en sus ojeras. In tentó  incorporarse en el lecho pero le faltaron las fuerzas. El primero en hablar fue su padre, que  acogiéndole las manos le  dijo muy bajito, con voz casi imperceptible, pero como se hallaba muy cerca la niña la oía entre sueños.

¿-Que tienes que decirnos mi niña?. Somos nosotros los que deberíamos pedirte perdón. Tu mal lo hemos causado tu madre y yo, por sacarte de tu entorno. ¡Eres tan niña...! Y estas tan enamorada, que  de ahí te viene el mal. Pero no quiero fatigarte mucho. Ahora dime que es lo que quieres. Si lo deseas volvemos a casa. Ya  nos las arreglaremos para vivir

 La volvió a besar en la frente, le cubrió sus manos frías con las sabanas,  diciéndole que le dijera lo que  tenia o quería manifestarle. Que allí estaba el para escucharla para hacer su voluntad.

 Pero no le dijo lo que el esperaba oír de los labios de la enfermita. No le reprochó nada, no le pidió volver a su ciudad. Lo que le rogó que hiciera es  lo que   vamos a leer y dijo por su boca de labios  violáceos por la enfermedad.

_Papá, mamá, ya creo que estoy mejor. Y solo  quiero deciros que me perdonéis por haberos causado tantas ingratitudes. No podemos volver atrás, porque tu papá tiene aquí tu puesto, tu trabajo, y tu mamá es tu obligación  permanecer a su lado. Y el mío estar con vosotros, estudiar para hacerme enfermera. Ahora viendo la abnegación de las que me  cuidan y me curan siento mas lo que me dice y me ha dicho siempre el corazón, que  estudie para ser una buena enfermera. Se que aquí en esta ciudad hay mas posibilidades que en la nuestra porque es mucho mayor y existen  mas escuelas y hospitales. No se que me ha pasado, pero ya se me pasará.Cuando  el tren salía de nuestra estación, y vi como  se quedaba atrás la torre de la catedral, las casas y el cuartel, el corazón quería salirse de mi pecho. También porque mentiros, sentí mucho no poder ver a Marcial, pensaba que  se quedaba atrás para siempre, ¡Que tonta soy! ¿verdad?  Yo se que ahora lo veré de muy tarde en muy tarde, a lo mejor  se olvida de mi y se busca otra novia.

 Quiero que le escribáis, pues yo no me encuentro con fuerzas para  ello. No le pongáis que estoy enferma, porque entonces va a sufrir mucho, solo le  ponéis que se olvide de mi, que la distancia es mucha y no nos vamos a poder juntar  jamás. Que me perdone, y se busque otra chica de ahí.  Luisa la de Josefa, esta muy enamorada de el, podéis ponerle que se arregle con ella.  Al fin y al cabo solo ha sido un juego de niños, un enamoramiento precoz, que no tardaremos en olvidar.

 Ahora mis queridos padres, os ruego que me dejéis dormir. Estoy muy cansada, muy débil. A lo peor no salgo muy bien de aquí.  si salgo. Porque yo me siento muy malita, prometerme escribirle a Marcial.

 Las ultimas palabras las pronuncio con mucha dificultad, no se equivocaba, se hallaba muy decaída, muy enferma, y así se lo confirmó el médico  a don Alfonso y a doña Manuela. Cuando terminó  de hablar se durmió con un sueño pesado de fiebre que otra vez le volvía.

 Don Alfonso, tuvo que abandonar  con el corazón partido, el hospital dejando en el a su mujer  e hija. Su deber era presentarse al  director general del banco, pedirle las llaves del piso  que le tenían asignado, y deshacer el equipaje. Contó lo que le sucedía a su superior, y este le concedió cinco días mas para  organizar su domicilio y visitar a su hija.

 Doña Manuela, se quedó en el hospital  hasta que a la niña le dieron el alta. Durmiendo en el suelo, y comiendo de la misma comida que los enfermos, dijo que la pagaría, que no podía separarse de su hija, pues no se le veía mucha mejoría. Pero no se la quisieron cobrar, era un  acto de caridad, el personal del hospital se compadeció de aquella madre que se  estaba quedando  pálida, demacrada, con  los ojos hundidos. Pidió a una enfermera  que le llevara una carta y  útiles para escribir, se sentó en una silla, puso el papel  sobre la mesita de noche y escribió estos renglones.

 -“Querido Marcial. Ten valor, y no la juzgues mal. Mercedes no quiere escribirte. No se que le ha entrado, dice que tu no hicistes nada por salir a verla cuando estuvo  a  despedirse de ti al cuartel. No se que le ha entrado a esta hija mía.  A lo mejor cuando le pase te escribe, pero ahora dice que no quiere. Yo se que es un poco rara. Quizás te olvide, esto es tan grande! Y hay tantos chicos.Mira ¿porque no te arreglas con Luisa! Es ella la que me lo ha pedido y creo que lleva razón, lo vuestro no ha sido mas que un juego de niños, el amor es otra cosa. En fin no se que ponerte mas. Solo que lo siento muchísimo, Esto está lejisimo de ahí, y volveros a juntar va ase muy difícil. Trata de olvidarla. Además me duele decírtelo, pero  tu no te mereces  sufrir por una que de la noche a la mañana se le ha terminado el amor

 Recuerdos a tu madre, y  un beso para ti de Manuela.

 Metió el papel en el sobre, y escribió la dirección de Rosalía, con el propósito de  depositarle en un buzón de correos. Pero no puso el remite.  la dirección del hospital no quiso ponerla. La  metió en el bolso, y  miró a su hija que dormía  por el efecto de la  calentura. No lo pudo resistir y rompió en llanto, llanto silencioso. Su hija no estaba bien. Le rezaba a Dios, a la Virgen  de la Soledad, a la de la Merced. Y así de puro agotamiento también ella quedó dormida apoyada en la mesita. La despertó la enfermera que  conocía el estado de agotamiento y sufrimiento de  la madre de la enferma.

_Señora, es mejor que se marche usted a descansar a su casa. Lleva usted muchos días  aquí, y de seguir mas tiempo  presiento que voy que  atender a dos enfermas en esta misma sala. No se apure, su hija está en buenas manos. Los médicos que la atienden son muy buenos como médicos y como personas, y nosotras las enfermeras está feo que yo lo diga, pero  somos humanitarias y hacemos todo lo bueno que podemos y  esté de nuestra  parte.

 Doña Manuela, se puso en pie y le cogió las manos a la  de la bata blanca, luego  con voz entrecortada por la pena y la emoción que le causaron las  palabras de la  enfermera le  dijo.

_ Muchas gracias señorita, es usted muy buena. Yo se que mi hija  está en buenas manos, en manos de santos, pero no quiero dejarla sola como si fuese una encontrada en la calle. Espero a mi marido, pues tenemos  mucha historia. Aun no se donde vamos  a vivir, digo en la calle, ya que llegamos hace unos días del sur. Mi marido  ha tenido que marcharse para  hacerse presente ante su jefe, y que le  asignen el trabajo, y el domicilio, pues venimos   trasladados de mi ciudad a esta, por exigencia del servicio o el capricho de los superiores, aun no lo se- Por eso le ruego que me deje permanecer aquí junto al lecho de mi hija ¿ Esta muy malita verdad?.

_Yo señora no soy médico, solo una simple enfermera, pero no tiene porque desesperarse  En mis años en el hospital, he conocido casos en que  dábamos por fallecida a unas personas, y luego salieron adelante y están muy bien, curadas completamente de su enfermedad. No hacemos milagros , solo Dios los hace, y ¿por qué no se puede obrar un milagro con su hija? Además  no la vemos tan enferma como para eso. Ahora hágame caso, venga conmigo y tiendae en el sofá que tenemos  las enfermeras en  nuestra sala para las noches de guardia, le sentará muy bien. Duerma  sin preocuparse ya verá como todo  se soluciona.  Y cuando haya descansado se encontrará mejor.

 Aceptó  lo que la caritativa  enfermera le  propuso. Se acostó en el mullido sofá, se quitó los zapatos y se  desabotonó el vestido. Y durmió, durmió placidamente, lo necesitaba, eran muchas las horas en que no descansaba  en condiciones, Soñó con que su hija  estaba ya  en  casa, en su  ciudad junto a Marcial, que era un  sargento jovencísimo y su hija enfermera en el hospital militar, como era su deseo. La despertó don Alfonso, que  ya  había solucionado  todo lo que concernía a su destino y domicilio. Trabajaría como segundo en una sucursal de los extrarradios, si, era verdad que el sueldo era algo mas elevado, pero no merecía un traslado tan lejos para   las pocas pesetas que le aumentaron, si tenemos en cuenta que la  carestía de vida era mucho mayor. Lo primero que hizo fue   visitar a su hija, y la encontró mas pálida que cuando marchó. Le beso la frente como era su costumbre. Merceditas se despertó al  beso, la fiebre había reemitido casi por completo . Le sonreía y esta cándida sonrisa le llenó de esperanza. Su esposa una vez que se lavó  y se colocó  bien el vestido, se internó en la sala, y allí encontró a  don Alfonso. El pobre hombre la abrazó y con vos  apenada le dijo.

_ Manuela, mi vida; no hemos tenido mucha suerte. Ahora no soy director como  en  allá en nuestro banco. Soy el segundo de abordo. Si, es verdad que gano mas dinero, pero presumo que no compensa, la vida aquí es mas cara y hay que pagar por todo. Tendré que ir en el tranvía , allí  me desplazaba andando. El piso no está mal, un poco mas pequeño que nuestra casa, situado en una calle ancha por donde circulan tranvías y muchos coches, se llama calle de la Industria, está cerca de la Sagrada Familia y no muy lejos de aquí del hospital, es el número 134-3º izquierda. Ya está todo preparado, es mejor que tomes un taxi y  te acerque, duermas y te asees hay ducha y las  camas son buenas. En eso  hemos tenido suerte, y todo  lo paga el banco.  A la niña  la veo mejor, no tiene fiebre, yo me quedaré con ella hasta  mañana que empiezo a trabajar a las nueve, me iré de aquí sobre las  siete para lavarme y asearme, ya sabes que mi cargo me obliga a permanecer impoluto. Tu te vienes cuando puedas, ella esta  bien cuidada.  Si viene  el médico  esta tarde,  le preguntaré como evoluciona. No te  apures  cariño, que Dios nos ayudará, Toma las llaves, espérame  allí, mañana haremos un duplicado.

 La pobre doña Manuela, siempre obediente   su marido, no opuso resistencia, había descansado algo gracias a la enfermera como sabemos, después de besar a su hija y sonreírle, mostrándole una   fingida alegría le  susurro quedamente.

_ Mírame Merceditas, ya estas mucho mejor, lo noto en tu carita. Pronto  estarás buena del todo, y verás nuestra nueva casa, tu padre me dice que es muy bonita, tenemos ducha, y se halla en una calle muy ancha y larga por donde circulan tranvías y muchos coches, cuando ya  te encuentres restablecida de todo, iremos a ver Barcelona que es muy bonita, las Ramblas, la Sagrada Familia, la Catedral, La Barceloneta, La ciudadela todo, lo que de bello tiene, al Tibidabo, todo. Luego iras a nuestra ciudad  y permanecerás con Marcial algún tiempo, Rosalía es muy buena y  dormirás en su casa, ya verás como todo se soluciona.- Ahora me marcho, a descansar un rato, pero no te vas a quedar sola, tu padre  estará contigo. El te quiere mucho y sufre al verte malita, pero ya  está mas alegre porque te ve mucho mejor. Las enfermeras son todas muy agradables y buenas, y  mucho m as la que te cuida, así que un beso y hasta mañana.

 Merceditas, no dijo nada,  su mejoría era aparente, porque apenas escuchaba a su madre. Doña Manuela  no se daba cuenta de que  se dormía, con un sueño dominador, producido por  su enfermedad, pero la pobre no quería alarmarse, ni alarmar a su marido, que  se encontraba sentado en el sillón  que le servia aquella noche de lecho, y se tragaba las lágrimas.

 Cuando  salió a la calle  al darle el aire fresco, se sintió mas aliviada, pero la congoja  que llevaba en su alma volvió a hacerle mella y  sin  preocuparse de que la miraban , soltó las lagrimas mientras veía pasar los coches y los taxis a su lado.

 Una  señora al verla  en aquel estado se le acercó, y con  voz suave  y lastimosa le dijo que si podía hacer algo por ella, ya que la veía  que estaba pasando un mal  momento, Doña Manuela le dio las gracias, y solo le dijo que necesitaba un taxi. La  desconocida paró uno libre, y en el montó la madre  de la niña que jugaba a solados y enfermera. Le dio la dirección de su nueva casa , el taxi arrancó , sin preocuparse el taxista  el porque  llevaba tanta pena-. Pensaría-  .  A mi con que me pague  nada me importa Los problemas de esta mujer. Era su oficio.

8

 Dejemos a Merceditas en el hospital, con  su padre, y a doña Manuela en su piso de la calle la Industria, y vayamos a mas de mil kilómetros de distancia, a la pequeña ciudad donde Marcial, aquel  niño que jugaba a soldado,  se halla siendo soldado ya de verdad. Pues han transcurrido  tres años,. Es cabo. Y manda una escuadra. Pero nada sabe de  su querida Mercedes. Ni una carta, ni una  conferencia telefónica, nada como si se la hubiese tragado la tierra, a ella y a sus padres. Rosalía   abandonó la  ciudad y se marchó con un soldado a su pueblo, ese era su destino, lo llevaba escrito en  su ser. Marcial, al no saber  nada de Rosalía,  ya que lo mismo que su Merceditas, se marchó sin dejar rastro. Pero antes de seguir adelante, vamos a retroceder a la tarde aquella en que recibió la carta que  doña Manuela le escribió, anunciándole que  se olvidara de su hija, pues ella ni quería saber nada de el, que se buscara otra chica, porque  Barcelona  la había  cautivado y  no pensaba volver mas a la ciudad. La carta  estuvo  guardada en el bolso de  doña Manuela, casi un mes, no se decidía a depositarla en ningún buzón. Sabia que  traicionaba a su hija y al muchacho, pero  mejor era desengañarlo  ahora que cuando  no hubiese remedio, o  el remedio fuese mas doloroso. Al fin se decidió, y un día cuando  iba para el hospital a  visitar a su hija encontró un buzón, y en el deposito la carta que hizo desvanecerse al joven Marcial, el chiquillo que  a tan temprana edad como es la niñez se enamoró  de la niña.

  Rosalía, le suministró una tila, y Marcial se sintió mas aliviado, luego  como si estuviese ebrio marchó al cuartel. No quiso  ir a visitar a sus padres, no quería que le notasen la congoja que embargaba su alma, y estrechando la mano de Rosalía, le dijo.

 _ La he perdido Rosalía! La he perdido! Maldita sea la hora en que se marchó a Barcelona, aunque  presiento que esa carta es falsa. ¿ Que hago Rosalía Le contesto  o me conformo con mi suerte? ¿ Porque me ha abandonado tan pronto? No me lo creo.

 La humilde sirvienta, le  respondió a sus preguntas, que  era mejor que no lo hiciera. Ella también sospechaba que  había gato. Era imposible que una niña tan enamorada, tan dulce y tan ilusionada, de la noche a la mañana se olvidara de aquel amor que nació  de un juego, un juego  de ilusiones y promesas.  Marcial, creía estar soñando. ¡ Como puede que  aquella  que le prometió amor eterno, aquella niña que se atrevió a acompañarle al cuartel, aquella que  el parque era su  paraíso y el su Adán, se olvidara tan pronto llegar a Barcelona de todo lo anterior, de su dicha, de su juegos y de sus ilusiones.  Que había ocurrido.!

 Llegó al cuartel, antes de la hora acostumbrada  por los soldados, se fue al dormitorio, se tendió vestido  como estaba en la cama, y lloró, lloro en silencio. Solamente  se hallaba en la estancia el cuartelero, pero este estaba enfrascado leyendo una novela  del Coyote  y no se percató de la congoja de su compañero.

 Al día siguiente, se armó de valor se dijo, que era muy joven, que  a lo mejor  con el tiempo, la encontraría,, y entonces la repudiaría, por lo falsa y traidora que había sido. Pero  luego  recapacitaba, y otra vez volvía a  sospechar que  aquella  carta era  una excusa de su madre, porque  al estar tan lejos, pensaría que aquellos amores nunca se lograrían . En otra ocasión se le vino a la mente, que  pudiera encontrarse enferma, pero-se decía- ,si se halla enferma  me lo hubiese dicho su madre, o ella misma me habría escrito aunque fuesen cuatro letras. ¡Pobre Marcial! Ignoraba que su novia se encontraba en el hospital, enferma del mal de amores, enferma de nostalgia y añoranza de su ciudad y mas de el , y así se le pasaban los días.

 El sargento Camón que como sabemos  era como un padre para el, lo animaba, y hasta le dejaba pasar algunas faltas leves. Pero el tiempo todo lo cura, y aunque no lograba olvidarla,  cambió de actitud, empezó a sentirse  un gran entusiasta de ser soldado, había perdido a su novia, pero  allí estaba su  Patria, su hogar  representados por la Bandera que ondeaba en el  gran mástil  a las puertas del cuartel. Le contó a su madre, lo que  le sucedía, y esta como todas las madres, acariciaba a su hijo, a la vez que le daba  animo y  consejos, lo acariciaba y lo besaba.

_ No tengas pena hijo mío, que  pronto encontrarás otra chica que te quiera. Estas en una edad  en que las pasiones se olvidan pronto, tu eres guapo, y muy elegante,  ¡ Que guapo estas con el uniforme! Ya veras como en el parque, encuentras a otra chica que te quiera tanto  o mas que Merceditas, que al fin se ha portado como una mujerzuela.  _Al escuchar esta palabra, Marcial miró a su madre con ternura y le  dijo, que no era una mujerzuela, que algo presentía que  nada tenia ella que ver en el  en el asunto.

Marcial maduraba , su espíritu militar se reforzaba aun mas con el desengaño que recibió  con la carta de la madre de  la que hasta bien poco había sido el amor de su vida; se entregó en cuerpo y alma a la carrera de las armas y ya no quería conformarse con ser un simple sargento, aspiraba al menos a ser teniente, oficial y con el tiempo   casarse con una mujer de mas rango que aquella muchacha hija de un  director de un banco no muy acreditado.

 Los tiempos  que corrían no eran buenos, pero para hacer carrera militar si. Dos opciones  importantes se le presentaban. La primera era pasarse a la Guardia Civil, como guardia  de infantería, y luchar en el monte contra los maquis, que asolaban los  montes de la península, y la otra  irse voluntaria a Rusia, a la división azul. Le costaría un disgusto a su madre y a su padre, pero ya lo tenia decidido.

 Su padre  lo había dejado a su libre albedrío, el ya era un hombre mayor contaba cerca de veinte años, había ascendido a cabo 1º, y le encantaba ser militar, allá el. El no pudo pasar de simple molinero, explotado por los patronos, y de poco le valió sus ideas socialistas, a punto estuvo de perder la vida por ello, pero tampoco  era merecedor de tal  cosa, solo fue un simple afiliado que en nada se metió, ni en nada tomó parte.

 Su madre  lo llevaba con resignación, como suelen llevarlo las madres, llorando a escondida y sonriendo  en la escena como lo hacen los buenos payasos con serios problemas. En fin que ninguno de los dos se opusieron a sus deseos y optó por marcharse voluntario a la División Azul.

 El sargento Camón su asesor y maestro, quiso desasirle de que iba  cometer una locura, pero también le conminaba que si quería  lograr un ascenso rápido lo mejor era  marchar a Rusia, con la  División  que mandaba el general Muñoz Grande.

 Y cuando  pidieron voluntarios para la arriesgada y demente misión,  el cabo primero de Infantería Marcial Suárez Guerrero dio un paso al frente. Ya no había vuelta de hojas  iría a combatir contra el potente ejercito ruso en las frías estepas   que rodean al lago Ilmen en las inmediaciones de la ciudad  de Novgorod.

 

9

Doña Manuela, ya mas resignada  introdujo la llave en la cerradura y penetró en el piso de la calle de la Industria. No le desagradó. No era muy amplio pero si acogedor, con cocina económica, tres dormitorios, un comedor salón y un balcón que daba a la calle por el que veía pasar a la gente, los automóviles y los tranvías. En el piso contiguo vivía un matrimonio joven, recién casados que la muchacha de nombre  Genoveva se ofreció a ayudarle en lo que buenamente podía..

 En las grandes ciudades, hay vecinas que como en los pueblos  fomentan la amistad y son serviciales, aunque  haya personas en los pueblos que se empeñan en decir lo contrario. Genoveva  era una buena chica y cuando doña Manuela le contó su drama se deshacía en ofrecimientos. Quedaron al siguiente día en ir al hospital de San Pablo a visitar a Merceditas, y la buena de Genoveva  quiso llevarle no solo su amistad y comprensión, sino también una muñeca que compró en una tienda de juguetes que  se encontraba en el trayecto.

 Cuando llegaron al hospital don Alfonso ya se había marchado, y Merceditas  se encontraba dormida, pero ya bastante mejor.

_ ‘Hija, ya estoy aquí otra vez ¿te encuentras bien? Mira  en el bloque donde tenemos la vivienda, vive esta chica, es casada pero muy joven, quiere conocerte  y te ha traído un regalo

 Mercedita se incorporó y sonrió. Estaba muy recuperada, la fiebre  le había bajado hasta su temperatura normal. Los colores volvieron a su  rostro y su cabellera rubia desparramada por la almohada como era su costumbre  brillaba a la luz del día que  entraba por la amplia ventana.  Genoveva se le acerco y besan dola en la cara le  dijo.

_ ¡Hola Mercedita, yo soy la nueva vecina vuestra, vivo con mi marido  pared por  medio con vosotros. Tu madre  me ha hablado de ti, y como me ha dicho que te encuentras enferma he venido a visitarte y a conocerte. Mira te traigo este regalo, es una muñeca que he comprado por el camino, cuando salgas de aquí te enseñare la ciudad, pues  vamos a ser buenas amigas, vamos si tu quieres.

 La niña le dio las gracias, y  cogiendo la muñeca, la besó y a punto estuvieron las lágrimas de asomarse a sus ojos de cielo. Estaba tan emocionada que  no podía ni articular palabras, doña Manuela  rompió el  silencio que reinaba para  animar a su hija, y alabar a la vecina que  tan desinteresadamente les brindaba su amistad.

_ Hija, Genoveva es muy buena, sin apenas conocernos se ha interesado por tu salud y me ha ayudado en casa. Espero que seáis buenas amigas, aunque es casada es muy joven poco mayor que tu, y te dará buenos consejos. Pronto te  van a dar el alta, hoy hablaré con el médico  para que me diga lo que sea. No sufras que veras como todo se pasa, Cuando quieras vuelves a nuestra ciudad,  pero  no  sufras si Marcial  está  novio o casado con Luisa, tu misma dijiste que se  arreglara con ella, le escribí una carta y se me olvidó de echarla al correo, pero ya tenia tiempo de haber contestado y no lo ha hecho. Creo que lo mejor es que te olvides de el, porque como me dijiste solo fueron amores de niños, pasajeros.

 Su hija la miraba fija a los ojos, y sonreía pero no era una sonrisa alegre ni sarcástica, era la sonrisa de las personas que muestran indiferencia por una cosa que veía ya imposible lograr. La separaba de aquel muchacho que en el parque le recitó una poesía de Marquina, arreglada por el, hacia ya años , y desde entonces  aunque  no mucho había llovido algo. El, su Marcial, el que le juró amor eterno, no salió a despedirse de ella cuando  fue al cuartel a echarse en sus brazos y comunicarle que se iba muy lejos a una ciudad del norte como siempre decía su padre  a las que estaban de Madrid para arriba, y aquello le costó la enfermedad que padecía, porque su enfermedad no era patológica, era de pena, una pena que se arraigó en su corazón al verse tan lejos de su amor, y creyendo que el ya no le interesaba, ¿por qué aunque el teniente se empeñó en no dejarle salir , no  se inventó otros métodos  , o porque no usó su in- fluencia con el capitán. Ella ignoraba que aquel capitán que su hijo Guillermo era amigo de ellos ya no  pertenecía al regimiento, o quizás hubiese muerto, hubo una guerra cruel entremedio, que ellos  apenas se enteraron pues en aquella ciudad no ocurrieron muchas cosas, gracias a Dios.

 Merceditas, quiso levantarse, pero la enfermera que la cuidaba y  que en aquellos momentos llego a ponerle el termómetro por ver si la fiebre  le había subido se lo impidió hasta que llegara el médico.  Su cantarina voz había recobrado el tono, era evidente que ya el peligro había pasado, le sonrió a Genoveva  y con la mano le  señaló que se acercara hasta su lecho, y se sentara en la silla que se hallaba junto a la cabecera. Cuando la tuvo junto a ella le cogió las manos a Genoveva, unas manos finas y delicadas a pesar del trabajo de la casa, pues ella  fregaba y lavaba  y también cosía la ropa que llevaba puesta y la de su marido

_ Muchas gracias amiga. Por haber venido a verme, y por la muñeca que me has regalado, es muy bonita. También quiero. Darte las gracias por haber ayudado a mi madre en colocar la casa. Seremos buenas amigas y te contaré mi vida.  El destino es cruel y me ha arrancado de mi querida ciudad, de mis amigas y amigos y del que desde niño nos quisimos. Es un buen chico, pero presiento que ya no nos volveremos a ver. El es soldado, era su ilusión, jugábamos a eso en el parque del pueblo-Ell soldado y yo enfermera y lo curaba cuando regresaba herido de la guerra, aunque la guerra no nos gustaba nada. Así desde que teníamos  8 y 9 años, hasta que  el cumplió los 15 que se alistó voluntario en el único regimiento de infantería que hay en la ciudad. Estaba muy contento, luego  a mi padre lo trasladaron aquí, sin darle otra opción. Allí era director del banco, aquí me parece que es menos. En el viaje me sentí mal, fue un viaje  muy largo, en Madrid  creí morirme, doce horas de tren y  aun no llevábamos ni la mitad del camino.  El alma se me caía a los pies, pensaba en el en  el parque, en mi ciudad en mis amigos, No se me puse muy mala y me entraron fiebres altas muy altas, cuando llegué aquí, me ingresaron en este hospital  del que espero salir muy pronto, luego seremos muy amigas, yo necesito alguien con quien  distraerme, alguien que me oriente en la vida, y creo que Dios te ha puesto en mi camino, para que seas tu esa persona

 A la buena de Genoveva las palabras de Merceditas la emocionaron tanto que no pudo reprimir que las lagrimas asomaran a sus negros ojos, la besó de nuevo y la estrechó entre sus brazos.. Quiso permanecer mas tiempo a su lado pero la enfermera le dijo que tenían que salirse pues el médico estaba a punto de llegar, y  se enfadaba si encontraba gente  en la habitación cuando el  efectuaba las visitas.

 Doña Manuela y Genoveva salieron  a la sala de espera. Pero el médico le  instó a que después de la visita  hiciera por verle en  el pasillo pues quería hablar con ella acerca de la salud de su hija.

 Pocos minutos tardó el galeno en aparecer por el pasillo, pero a doña  Manuela se le hizo un siglo.
 Al verlo  fue corriendo hasta donde se encontraba y con ansiedad le dijo.

_ Doctor ¿ que tiene mi hija? No me engañe usted, y dígame toda la verdad por dura que sea

 El médico la invitó a pasar a su despacho, pues en el podían hablar con mas tranquilidad- Genoveva  permaneció en la sala de espera, ya que  e le médico solo deseaba por secreto profesional  informar a la madre del estado de la hija.  La pobre doña Manuela, estaba muy nerviosa, por lo que el médico le dijo que se sentara y tomara un vaso de agua, que el mismo le lleno de una jarra de cristal que había en la mesa. Una vez acomodado los dos el galeno empezó con estas palabras

_ Señora, la veo muy nerviosa y es preciso que se tranquilice usted. En primer lugar le comunico que la vida de su hija no corre peligro alguno, puede usted respirar tranquila. Ahora  eso si, su hija  no será nunca madre Ha sufrido una enfermedad sicológica tan profunda que le a afectado diferentes zonas del organismo, y entre ellas al aparato reproductor . No solo  es estéril también  rechazara todo contacto con hombre y mujer sexualmente. Hemos explorado todo su cuerpo, y los resultados que  hemos obtenidos son esos. Está muerta para el  placer sexual y también para  concebir. Sus órganos genitales se han  pardo como se para un reloj al que se le rompe la cuerda, y no hay posibilidad de  ponerle otra pues no la admite. Por lo demás, un poco  tiene afectada la cabeza, pero eso con el tiempo se le curará. Estas circunstancias son debidas a la fuerte impresión que ha sufrido por algún motivo de disgusto.  ¿Ha tenido novio? Y por alguna causa se han dejado?

_ Si, doctor. Desde niña ha estado enamorada de un chico de mi ciudad. Empezaron jugando a soldados y enfermeras, luego  ocurrieron cosas, que nunca creí que llegara a esto. El a los quince años se alistó al regimiento, era su ilusión y también la de mi hija que  optaba por ser enfermera. Pero  nos vino este traslado, mi marido no podía quedarse allí, el no sabe hacer otra cosa mas que  contar, trabaja en un banco, como creo que usted sabe. Luego al irse a despedirse mi hija de su novio al cuartel, el estaba arrestado, y no lo dejaron salir ni a ella entrar. Desde entonces empezó a padecer, y lo malo es que  al siguiente día  por la mañana temprano tuvimos que tomar el tren, sin otra opción para ella. Lo demás ya sabe usted, al llegar a Barcelona  vino tan malita que  hubo de internarla en este hospital.

 El médico le dijo que tuviese resignación, pues su hija  aunque no Coria peligro por el momento no estaba exenta de otra crisis y entonces si seria  lamentable. La madre de nuestra Merceditas,  salió del despacho no  muy conforme. Aunque dando gracias a Dios. Su hija no corría peligro de muerte por el momento, pero no seria mujer, nunca  tendría nietos, y estaba con la zozobra de que  le pudiese repetir  la fuerte depresión y entonces... no lo quiso pensar.

 Impaciente se encontró a Genoveva, que  sentada en un banco  se entretenía en leer una novela por entregas de Mario d. Ancona , a la que estaba suscripta. Al verla se levantó del asiento y guardando el cuadernillo en el bolso le preguntó

_ ¿Qué le ha dicho el médico doña Manuela? Parece que no viene usted muy alegre, hay malas noticias, porque si así es  yo lo sentiría mucho. La conozco solo de días pero  he observado que  usted e s buena vecina  y mi corazón  me dolería si  usted tuviese una pena.

_ Hija, la  vida de mi Merceditas, por el momento no corre peligro, pero las noticias no son todo lo buena que yo esperaba. Mi hija, nunca será mujer, no puede concebir ni siquiera sentir placer, su organismo está dañado y  sus genitales completamente paradas, o sea muerta. Quizás ella ya lo sintiera cuando me dijo que le escribiera a su novio  y le comunicara que se olvidase de ella, aconsejándole que se buscara  a otra  joven amiga suya, a la que apreciaba.

 Genoveva, no supo que contestar. Observó como su vecina se enjugaba una furtiva lágrima que se desprendía de sus cansados ojos , entonces le cogió la mano y  con ternura le dijo.

_ No llore usted doña Manuela, que me parte el corazón. Lo importante es que su hija no corre peligro, lo demás no importa, ya vera usted como conmigo se anima, y nos vamos a divertir mucho, en Barcelona existen cosas buenas para divertirse sin llegar a ser nocivas ni  aberrantes, usted deja que yo la lleve que siempre la guiaré por buen  camino. ¿ Cuando le dan el alta?

_ Mañana, si no hay nada nuevo. O sea ninguna novedad.

_ Pues me alegro. Mañana voy a tener una buena amiga, a la que  querré y nunca la olvidaré. No será una amiga, será una hermana. Y usted no tenga pena que ya verá que bien lo vamos a pasar  juntas las tres cuando nuestros maridos estén trabajando. Sabe usted el mío trabaja de maquinista en una fabrica textil, es el encargado de  tener puesta a punto las maquinas,  se levanta muy temprano y  regresa tarde, vamos a tener muchas horas para estar juntas.

Con   el cariño y la confianza que la buena de Genoveva le entregó a doña Manuela, llegaron a casa. Se despidieron en la puerta hasta el  mañana, que las dos irían al hospital a por  Marceditas. Don Alfonso, ya estaba listo para pasar la noche  junto a su hija., pero antes su mujer lo puso al corriente de lo que le había dicho el médico, y el pobre hombre se derrumbó. Su ojito derecho, su niña querida, la que  le daba su  ser de vivir,  el tesoro  de su vida, no seria nunca mujer, en el sentido literal y todo pos su culpa, por haber aceptado el cargo, si no se hubiesen movido de su pueblo no le hubiese  pasado nada a su Merceditas. Ya buscaría el trabajo aunque fuese de barrendero, cargando camiones o en el campo cogiendo tomates y aceitunas perol ya nada tenia remedio ni sentido. Había tenido mala suerte, nunca la tuvo buena porque  aunque fue director del banco, los superiores le exigían mas y al menor fallo lo abroncaban y le amenazaban con el traslado o el despido, como así fue. Otro  quizás con menos experiencia que el, pero con mejor recomendación ocupó el puesto que el dejó por causa de esta injusticia de haber  recomendado a otro.

 Con pena se marchó al hospital, para pasar junto a su hija la última noche que esta permanecería en el establecimiento sanitario.

10

  A Marcial ya lo tenemos en las heladas estepas  rusas, operando con una compañía  casi todas de españoles, aunque también hay algunos mandos alemanes, pero son pocos, y casi nadie les hace caso. Ellos tienen sus mandos naturales que son a los que obedecen.

 En su ciudad le dieron el pasaporte para viajar gratis en el tren hasta Madrid, donde era el centro de reunión. Allí en un cuartel de la capital de España, se juntaron hombres de todas las regiones y pueblos. Falangistas, requetés soldados de reemplazo   legionarios, y hasta algún comunista que se alistaba para llenar la barriga, ya que el hambre era atroz. Los había verdaderos patriotas, caballeros, sinvergüenzas , vagos y  sensatos. Intimó nuestro Marcial, con un  andaluz de la provincia de Huelva, llamado Manuel Fernández, y ya estuvieron  juntos toda la campaña hasta que...

 En Madrid los subieron a un tren largo, con dos máquinas de vapor y coches de tercera clase. En el anden de la estación del norte, fueron a despedirlos  una gran mayoría, que los aclamaban y le decían que no dejasen un ruso vivo  ¡ Que  aberración! No todos los rusos eran malos, ni comunistas, ni todos los  alemanes  adictos a Hitler, como ellos,  unos iban voluntarios, pero tamben los había  voluntarios forzosos como decia Manuel Fernández, que el era uno de  estos.

 Cuando en su regimiento pidieron voluntarios, para  combatir a los comunistas de  Stalin, nadie  dio un paso al frente. Ningún chaval  de los que estaban allí forzosos querían morir  en Rusia,  a ellos nada les importaba ni Rusia ni Alemania, ni comunismo ni fascismo, ni rojos ni azules. La mayoría o tal vez todos, solo querían  cumplir el tiempo en filas y regresar a sus hogares, para trabajar en las minas o en la tierra que era lo que sabían. Como nadie   se prestó voluntario, el capitán dijo, con  tono desabrido  e iracundo.

_ Muy bien  soldaditos de pacotilla. Así que ninguno queréis    luchar  ni combatir al enemigo número uno de Europa, pues alguno tendrá que ser. Este regimiento, esta compañía no va a ser tachada de cobarde. ¡Sargento! Cuente usted cinco.  El suboficial, cumpliendo la orden de su superior, empezó simulteando las filas.

_ Uno, dos tres cuatro y cinco. Tu para Rusia.

 Y así hasta completar el c upo que eran  unos cuarenta, entre ellos  le tocó a Manuel Fernández y allí estaba montado en aquel tren rumbo a lo desconocido.

 Les proveyeron de bocadillos y las muchachas de la Sección Femenina, ataviadas con falda azul y en  la delantera el yugo y las flechas en color rojo, le suministraban caramelos y bombones , y les tiraban besos con las manos llamándoles valientes.  Incitándolos a que acabaran con todos los rusos.

 Cuando el tren arrancó  prorrumpieron cantando el “adiós con el corazón que con el alma no puedo” los falangistas entonaban el cara al sol, y los legionarios  “El novio de la muerte”. El convoy marchaba lento, cruzando  en diagonal  media España hasta internarse  en Francia por Irún. En las estaciones intermedias,  donde tenia parada, los reciban en el anden, las jóvenes de la sección femenina, y lo mismo que en Madrid, los inducían a ser valiente y acabar con los rojos. Le daban bocadillos, y bombones, y alguna atrevida le daba una prenda intima llevada exprofeso. También hubo quien los besaba en la boca y le daba sus señas  ofreciéndose a ser su madrina de guerra.,

¡ Si todo fuese así...! Pero ya vendrían  las lamentaciones, el frío de  mas de treinta grado las congelaciones, los heridos y los muertos, en las nevadas estepas  junto al Ilmen  cerca de la ciudad de Novgorod.

 En Irun, cambiaron de tren, era mejor mas cómodo y sobretodo mas rápido, la locomotora también era de vapor pero mas grande y potente que las dos que habían llevado hasta la frontera.

 Francia era una gran nación, pero  los ignoraban completamente. En las estaciones de parada nadie los recibía, ni le daban bombones ni caramelos.  Soldados les  daban bocadillos, y en algunas estaciones bajaron  para comer rancho de los cuarteles. Francia odiaba  a Alemania, y aunque  no comulgaba con Stalin,  les caía mejor que Hitler y Franco.

 Por fin llegaron a Alemania. Llovía, y las estaciones grises  les  producía a Marcial una melancolía.

  No había olvidado a Mercedcitas, ¿ que será de ella? Y a punto estuvo de que se le saltaran las lagrimas recordándola.

 Lo mismo que en España, en Alemania los recibían mujeres  en  los andenes, que le  obsequiaban con sonrisas. Eran todas altas y rubias, muy diferentes a las españolas, que las había morenas, rubias y pelirrojas. Allí eran todas muy blancas y muy rubias. Vestían con capas y llevaban la cruz gamada en el pecho o en el brazo si no usaban la capa, eran muchas enfermeras. Le hablaban animándoles pero ellos no las entendían. Alguna chapurreaba el castellano, y por conjeturas y mímica las comprendían.  Al llegar al puesto de mando en una pequeña ciudad, como era la de Marcial, los recibieron los alemanes con satisfacción. Le dieron  jabón y toallas, para que se ducharan, y a continuación una  buena comida.  Durmieron en literas. Y al día siguiente, le cambiaron el uniforme español por el alemán. Había  guardias civiles, que lees informaban, y soldados  alemanes que le enseñaban la instrucción.  Los dormitorios no se diferenciaban mucho de los de los cuarteles españoles, pero como hacia mas frío, y mas por   ser invierno, la nieve se acumulaba en las  entradas de los dormitorios, Las mantas  y las sabanas eran de mas abrigos que las de España,  Tenían luz eléctrica, y  agua caliente para ducharse. Las mujeres desaparecieron, pero  si todo fuese así...  habían ganado en el cambio

 La instrucción se dividía como en  sus cuarteles de cerrada y abierta. Hacían muchos simulacros de guerra, caían prisioneros y capturaban a rusos, enseñándole los veteranos  que ya habían estado en los frentes, lo que  debían de hacer con los prisioneros. Y lo que en caso de caer en manos de los soldados rusos, les podía suceder. Todo era mentira, porque ni ellos  eran tan  buenos ni los  soviéticos tan malos como lo pintaban

 Marcial Suárez Guerrero y Manuel Fernández, eran muy queridos  por ser  disciplinados y no mostrar cobardía, aunque los dos  se consolaban de su suerte que no  era muy halagüeña en la vida. Manuel le decía a Marcial.

_ Tu Marcial  ¿por qué has venido voluntario? Al menos tienes esa conformidad, y eres un valiente. Pero yo  que mala suerte he tenido. El número cinco cayó en mi, si hubiese sido el cuatro como a Pedro, o  el seis como a Julián, me hubiese librado, pero no tuvo que ser el cinco, no lo siento mucho por mi, pero, mi madre estará llorando mucho, lo mismo que mi hermana, y mi padre y mi novia ¡ Que lejos estoy  de mi  Cortegana! De mi tierra,  . Mi padre irá a labrar la tierra solo, a lo mejor le ayuda m i hermana, pues hermano no tengo, somos dos  yo y ella  Rosa, . A lo mejor le ayuda mi novia Maria, pues las dos son muy buenas amigas y muy trabajadoras; mi padre ya es mayor y se cansa y mi madre  está enferma, y aunque pone mucha voluntad no puede. ¿ Que será de ellos? Ahora mismo le voy a escribir una carta, para que  se consuelen, una a mis padres y otra a mi novia. En la feria de Aracena, íbamos  los cuatro, mi hermana Rosa y su novio Andrés, mi novia Maria y yo

 Manuel Fernández, estuvo a punto de llorar. Marcial  lo animaba  asegurándole que  el tiempo pasa rápido, y que pronto volvería a  ver a sus padres a su hermana Rosa y a su novia Maria. Pero  el sabia que solo era una mentira, una mentira piadosa, para que aquel  ingenuo  e infeliz amigo no sufriera. También Marcial se  sinceró con el, y le contó su vida tal como nosotros la sabemos-

 Cinco días después  se hallaban  combatiendo a los soviéticos en  las llanuras rusas cubiertas de nieve y con temperaturas de  mas de 20 grados bajo cero.

11

 Dejemos a nuestro amigo Marcial, helándose  en  la campaña de Rusia, buscando una de las dos cruces, la de Hierro o la de madera y volvamos a Barcelona al hospital de San Pablo aunque sea por poco tiempo, ya que a Merceditas le daban el alta ese mismo día en que  su madre y Genoveva fueron a visitarla.

 Se hallaba bastante recuperada, aunque su dulce mirada, aquellos cabellos de oro que se esparcían por la almohada se volvieron algo mas claro y  su rostro de niña había envejecido pareciendo mujer de mas edad, casi de treinta años.  Su padre y su madre y hasta Genoveva, sabían ya que era estéril y que nunca debía de casarse, ella  por ese instinto que la mujer tiene para adivinar las cosas, se lo suponía. Se le fue el entusiasmo por su novio, y veía a un hombre como un objeto cualquiera, sin  sentir el  deseo de  compartir con el su vida.  La pena  que sintió al dejar su ciudad, al  volver la vista atrás y contemplar la torre de la catedral, el cuartel de infantería y  los puentes sobre el río, se le difumaron de tal manera que apenas sentía nostalgia de ellos. Tampoco  sentía nada por Rosalía, su confidente, y amiga desde que jugaba a enfermera y soldados.Pero cosa rara, el deseo de ser enfermera no se le  fue. Era como una fuerza interna que le  invitaba a  estudiar para  curar enfermos y  llevar  consuelo y esperanza a los que sufren  por causa de una enfermedad. Quizás fuese debido a que ella la había experimentado  , quizás su tierno corazón le dictase el camino que debía seguir.  Si, se acordaba de los juegos en el parque con Marcial,  pero era un recuerdo pasajero, difuminado como el humo que se eleva de una hoguera que con  la altura se va  volviendo aire o nada. Así eran los recuerdos  de Merceditas.

 Su padre  a pesar de la pena se sentía dichoso por tenerla a su lado. No hacia falta que le aconsejara nada acerca de los hombres,  su  cuerpo nada le  sugeriría al efecto. Doña Manuela, sentía mas  pena al no poder ser nunca abuela, y Genoveva la recién casada y amiga de poco tiempo, se compadecía de ella, pero  nunca  terciaba conversaciones de hombres, al contrario  declinaba hablar  nada sobre su marido y el acto sexual.

 Cuando  ya estaban  asentados en el piso de la calle Industria, y don Alfonso  trabajaba en su oficina bancaria,  se  normalizó todo. Aquellas vidas volvieron a su modo a ser felices, y encontraron en Genoveva  la compañera ideal,  buena vecina, y podemos decir sin temor a equivocarnos, que fue para Merceditas, convertida ya en mujer a la que desde ahora llamaremos Mercedes como la hermana que nunca tuvo.

  Juntas salían de paseo. Genoveva ya conocía la ciudad por llevar  varios meses en ella, y  la llevaba a pasear al parque de la Ciudadela, a la Rambla de las Flores, la Plaza de Cataluña, el Puerto   le enseñó la Sagrada Familia, la Catedral, el Tibidabo y hasta asistieron una vez al gran teatro del Liceo.
 Una tarde soleada, cuando la primavera hace su aparición y las primeras hojas apuntan en la rama de los árboles, paseaban mercedes y Genoveva por  el Paseo de Gracia.

 Dos monjas  pasaban por  la avenida, a juzgar por  las tocas que vestían pertenecían  a la Orden de las Adoratrices. Del cordón blanco que ceñían en la cintura colgaba un enorme crucifijo de madera . Mercedes se paró al llegar a la altura de ella. Y ante la sorpresa de Genoveva les preguntó.

_ Ave Maria Purísima. Hermana, me gustaría que me informaran lo que tengo que hacer para ingresar como novicia en vuestra orden. Y si pudiera ser  en algún hospital ejerciendo la caridad o estudiar para enfermera para ayudar a los enfermos y desvalidos, ayudada por la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, es lo que mas deseo en esta vida.

 Las religiosas se  miraron entre si. No comprendían que una joven tan bella quisieran  encerrarse por vida en la Orden  que ellas profesaban. La que debía de ser mayor o al menos mas tiempo  sirviendo a Dios le mostró  el crucifijo para que lo besara, lo mismo hizo  mostrándoselo a Genoveva, las dos mujeres lo besaron con   gran solemnidad. Luego retirado de los labios de Genoveva la monja  habló a Mercedes de esta manera.

_ Hermana, para  ser  religiosa es menester vocación, renunciar al los placeres del mundo y  la tentación de la carne. Ser por siempre servidora de Dios sin  debilidad, y estar siempre dispuesta a sacrificarse por Jesús y los semejantes. Nuestra Orden es sobretodo sacrificio y si, algunas  van a hospitales volountgarias, pero no  para  llevar mejor vida, sino para  cumplir con los mandamientos de la Ley de Dios y las obras de Misericordias. Piénsaselo bien, medítelo despacio, y sobretodo  encomiéndese a Nuestro Señor Jesucristo,  y cuando lo tenga bien claro el paso  tan sublime cristiano y humano que  quiere dar, venga a vernos a esta dirección.

 De las faltriqueras sacó un bloc de notas y un lápiz y  anotó una dirección. Entregándosela le  hizo la señal de la cruz y  con un Alabado sea Dios y su Santo Nombre emprendieron su camino.

 Genoveva quedó muda. No acertaba a decir palabras.  Conocía como nosotros  conocemos la vida y los sufrimientos de Mercedes, pero jamás se le pasó por la imaginación que aquella dulce muchachita de ojos de cielo y cabellos de orfo quisiera enterrase por vida en un convento, ser  sor lo que fuera aunque  su destino fuese un hospital si lograba con seguirlo.

 En silencio caminaron unos metros hasta que se encontraron con una amiga de Genoveva. Era una joven morena,  que vivía  en una finca próxima a  la de ellas. Se llamaba Elvira su estado era el de c asada, y trabajaba en una fábrica textil.

 Genoveva se la presentó a Mercedes, y nuestra  amiga se besaron y Elvira le dijo, que   en ella  encontraría a una amiga para lo bueno y lo malo, pues siendo amiga de Genoveva, a la que  conocía de hacia algún tiempo  también seria amiga suya.

  Elvira dijo que no podía seguir mas tiempo en el paseo, ya que su marido no tardaría mucho en  regresar del trabajo. Dijo a Mercedes que  era madre de una niña de doce años, que le llevaba muy bien la casa. Pero que  sentía lástima por ella, porque  era muy aplicada y muy lista, pero no podía  darle estudios ni siquiera  permanecer por mas tiempo en la escuela, por tener que atender a la casa, ya que  ella y su Joaquín trabajaban, y no podía dejar de hacerlo porque necesitaba el dinero para  pagar la renta del piso, que aunque no era muy  lujoso ni bueno le cobraba el dueño muy caro.
 Mercedes le  informo  algo de su vida y de su intención de meterse a monja. Elvira no dijo nada, pero hizo una mueca  de disconformidad, no le gustaba la iglesia ni los curas ni las monjas, los consideraba  parásitos de la sociedad, que  Vivian del cuento. Pero  era prudente y se guardo sus  pensamientos.

  Las tres se marcharon a sus casa con un adiós hasta mañana. Genoveva como siempre encontró a su marido enfrascado en una novela del oeste, el no se enfadaba porque su mujer a la que apodaba Genoveva de Brabante  por la famosa obra que  había leído  antes de  enviciarse con Marcial La fuente Estefanía.  Luego dijo que estaba muy cansado, quería cenar y acostarse  pues como siempre  tenia que madrugar.

 Mercedes, encontró a su padre y a doña Manuela  felices, pues a pesar de los pesares creían que su hija  ya había  pasado el bache que  la sumió en la enfermedad , tan nefasta que  le  inutilizó para siempre sus atributos maternales.

 Aquella noche Mercedes no lograba conciliar el sueño. Daba vueltas en la cama, otras veces se levantaba  y paseaba por la habitación. Pensaba  como decirle a sus padres la decisión que  quería tomar de encerrarse por vida en un convento, aunque el  monasterio no fuese de clausura, Oía las respiraciones de los autores de su vida y pensaba cuan felices eran, y no quería estropearle aquella felicidad; bastante disgusto le había dado ya con su enfermedad.

 Por un momento se le vino a la mente, Marcial. Que sería de su vida.  ¿Seria novio de Luisa? Habría ascendido a sargento, pero  luego estos pensamientos le causaban terror. Ella nada quería saber del que fue desde niño su amor, el amor de su  niñez y juventud, hasta que el destino los separó-

 Tal vez su supiese las fatigas que  estaba  sufriendo Marcial en los gélidos c ampos de batalla ruso, su alma se conmovería   de pena por el. Pero ella lo creía feliz, en su ciudad, paseando con Luisa entre arriates y árboles en el parque dónde tantas veces jugaron a soldados y enfermeras.  Si no hubiesen trasladado a su padre a Barcelona, nada hubiese sucedido, seguirían siendo novios, y se hubiesen casados como se prometieron. Pero el destino juega a veces, muchas veces malas pasadas, escoge a sus victimas para martirizarlas y  ella había sido  una de las victimas elegidas por el infortunio.

 Ya nada se podía hacer, Genoveva era buena amiga, pero  se debía a su marido, era casada y aunque  el esposo era un Juan Lanas, se debía a el. Además le comunicó un día  sin pensar que  podía herirla, un embarazo, dos meses llevaba  sin bajarle la regla, y era un signo evidente de que  estaba encinta.

 Lógicamente,  Genoveva dejaría de salir con ella de paseo. Le podía buscar otras amigas, Elvira no le convenía, no sabia porque encontraba en la mirada de aquella mujer  un enigma que le atemorizaba. 

Barcelona como bien decían en su pequeña ciudad, era muy grande y los peligros muchos, mas para una ingenua como ella. Donde mejor  se encontraría seria siendo esposa del Señor, y cuando   fuese sor María, pues este nombre quería adoptar si profesaba, intentaría por todos los medios, ser una hermana enfermera. Su vocación de niña no se le  fue, ella  lo soñaba muchas veces, enfermera  para llevar  consuelo y esperanza a los enfermos. Ya le daba igual  un hospital que otro, de niña  prefería  el hospital militar, para  curar soldados valientes, y hasta soñaba  con su Marcial  herido y ella lo curaba, pero ahora le era indiferente un hospital u otro.

 Se  volvió a meter en el lecho y el sueño pudo mas que sus pensamientos. Soñó con las tocas, que era  hermana portera, que se presentaron unos médicos solicitando, a monjas que  fuesen valientes para atender heridos de guerra en el hospital de campaña, y ella se presentó  sin mas. Se la llevaron a la retaguardia y allí en un hospital de campaña, asistía a miles de heridos sola, era la única enfermera que había. Una cantinera la ayudaba  y entonces  la explosión de una bomba la despertó.
Se levantó de la cama con dolor de cabeza, sin lavarse ni desayunar   saco del armario una tableta de okal y con  un vaso de agua se lo tomó.

 Le reconfortó el medicamento, y casi por completo le desapareció la jaqueca. Luego después de desayunar, hacer la cama, y barrer  dejando todo muy limpio, se vistió con la mejor ropa que tenia.
Su padre aun no se había marchado al banco, y su madre se encontraba en la cocina desayunando.

Papá, mamá un beso, que voy a salir y quizás tarde algo en regresar. Ya os  diré donde me dirijo, pero no os preocupéis que no voy a ningún sitio malo.

 El padre, no quería contradecir a su hija. Consciente de que  la enfermedad la dejo un poco ñoña  no  quiso prohibirle el paseo que dijo iba a dar. Su madre extrañada le  dijo.

_¿ Pero a estas horas Genoveva no estará dispuesta, para salir? Ella tiene obligaciones de casada , no es posible que  olvide los quehaceres para  salir de paseo  a horas tan precisas para la casa.

_ Esque yo al sitio que voy a  ir, no preciso a Genoveva, ser ir sola. Pero ya le he dicho no es a ningún sitio malo, al revés muy bueno.

 Doña Manuela y don Alfonso, no eran tontos,  sospechaban algo, Mercedes se pasaba muchas horas rezando delante del crucifijo que  colgaba en la cabecera de su cama, y  Genoveva un día en que Mercedes se encontraba ausente, les insinuó a los padres que la actitud de su hija era desconcertante y rara.

_ Mercedes es muy buena, pero le digo doña Manuela que encuentro en ella algo que no es de  permanecer mucho tiempo entre nosotros. Por favor doña Manuela no se asuste, que no digo que se vaya a morir, pero  presiento que  le gustaría ser monja. La otra tarde nos encontramos  en la calle con dos adoratrices, y estuvo hablando con ellas. Me pareció oírle que   le gustaría ser religiosa pero  no de clausura, sino de un hospital, monja enfermera. Y según me ha contado  muchas veces y usted lo sabe que desde niña tiene inclinación por la sanidad, para llevar a los enfermos, alegría y esperanza con sus manos angelicales y su sonrisa de cielo.

_ Genoveva_ Empezó respondiéndole la madre de nuestra Mercedes_, Mi hija no es la misma que era de niña, cuando jugaba a soldados y enfermeras en el parque del pueblo. La ausencia de su novio la ha transformado, por no decir trastornado. Se que  algo cuece en su cabecita; lo de enfermera no me cae de sorpresa, porque esa es su ilusión, lo lleva en la sangre, ha nacido para hacer el bien. ¡Ahora que ser monja...! no lo hubiese creído nunca y es mas hasta que no lo vea no lo creo. Se que reza mucho ¿ Pero como ha podido darse un cambio tan radical? En fin Genoveva, si ese es su deseo nosotros que tanto la queremos no se le vamos a poner trabas para que profese. No estoy contenta, porque entiendo que una vez  en el convento, no la podremos visitar cuando queramos, si logra un hospital, será mas fácil. Pero tampoco estoy disconforme del todo, porque por lo menos no se  quiere encerrar para toda la vida en un convento de clausura.

 A don Alfonso la noticia le cayó como un jarro de agua fría. No esperaba eso de su Merceditas. Ella tan enamoradiza, tan alegre y tan zalamera metida a monja, no lo podía creer.

_ Manuela, nuestra hija se nos ha muerto en vida. Ha salido de una grave enfermedad y se ha metido de lleno en otra. Ya no sentiré sus caricias, ya nunca mas la verá  como la niña tierna preferida  en que tenia todas mis ilusiones. Maldita sea la hora en que dejamos nuestra tierra. Maldita la hora en que acepte venirme aquí. Mejor hubiese sido  trabajar en una obra de peón de albañil, o en el campo recolectando aceitunas, mis manos se hubiesen encallado pero mi alma  seguiría alegre viendo a mi niña ya no la volveré a ver sonreír como ella lo hacia. Ya nunca volverá al hogar que tanto la gustaba, ni al parque donde jugaba con su novio a soldados y enfermeras. Solo la veremos a través de las  celosías de un convento, vestida de monja, ¡La hemos perdido Manuela! La hemos perdido.

 El pobre hombre lloraba como un niño. Manuela mas resignada que el, con mucha mas entereza como tienen las mujeres que saben sufrir y amar trataba por todos los medios de consolarla, pero para Alfonso no había consuelo posible. Era el hombre  bastante pesimista aunque en parte no le faltaba razón. Si su hija  entraba en un convento no la volvería a acariciar como cuando la tenia en casa. Seria una extraña, el no entendía mucho de la vida monástica, pero en lo que había leído y en lo que había escuchado, las monjas como los frailes solo se deben a Dios y a su mundo, un mundo muy diferente al  que  Mercedes quería dejar

_ Si ella es feliz--,le decía su mujer—No tenemos porque llorar por ella. Siendo ella feliz también lo seremos nosotros. ¿ Y quien te ha dicho que solo le  veremos  por una reja? Eso es si  ingresara en un convento de clausura, pero ella  es de las adoratrices, esas no son de clausura, además  como tiene su inclinación a ser enfermera, ya verás como  seguramente pide para un hospital. Ya sabes que en los hospitales hay monjas, muchas enfermeras y sobretodo en los hospitales militares eso que tanto le gusta. Así amor mío que no me hagas llorar diciéndome que la hemos perdido, nada de eso, quizás  encuentre la felicidad, no se si sabrás Alfonso mío, que ella  en esta vida no lograra ser feliz. Ya no es mujer, así que el camino que ha tomado  de ser esposa del señor es el mas recto que ha tomado.

Las palabras de  Manuela, consolaron al padre de nuestra  hermana, pues ya es hermana de la caridad, ha profesado  como novicia, pero sus ideas son fijas y  quiere ser sor Maria de la Paz, nombre con que ha tomado los hábitos monjiles.

 Genoveva, se apenó mucho, pues  Mercedes para ella era mas que una amiga. Ella le en seño la ciudad de Barcelona  para que se distrajera y olvidara sus penas. Penas que aunque  se iban diluyendo no se  borraban del todo. De cuando en cuando le daba la nostalgia de su   pequeña ciudad, y de Marcial. Aquel  Muchacho que tanto la quería y ella a el, pero presentía que jamás lo volvería a ver,  Y ya para que. Si no podía casarse con el, si  ella sabia que jamás lo haría feliz. La pobre que ajena era a la situación en donde se encontraba su exnovio. Ella pensaba que estaría en la guarnición de  su ciudad, de aquel pueblo grande con ribetes de ciudad donde nacieron y se  prometieron amor, ¡Pobre! Ignoraba que por  su causa se había alistado a la División 250, la División Azul que en aquellos momentos  luchaba en una trinchera nevada contra un gran enemigo, el potente ejercito ruso.  Y aunque  ignoraba estas circunstancia, rezaba por que fuese feliz junto a Luisa, a la que creía ser ya novia de su antiguo amor, amor que aun no se  había esfumado totalmente.

 Así de buena y abnegada era ella. No podía ser feliz su Marcial con ella, pero deseaba que lo fuese con  una de sus mejores amigas.

12

 Y mientras sor Maria de la Paz, rezaba, elaboraba dulces, trabajaba en la huerta y bordaba ajuares de novias por encargo Marcial en las heladas  tierras de Rusia, luchaba  junto a sus compañeros.

 Los primeros días y meses de su permanencia en aquel lejano  país, fueron casi de unas simples escaramuzas, en que los  rusos, no ofrecían ninguna resistencia, y el ejercito de Hitler avanzaba  a paso gigantesco hacia Moscú y Stalingrado, pero no todo iba a ser un paseo militar por los helados campos  de los  destronados zares. El ejercito de Stalin era un ejercito potente, y el general invierno  el mejor de los generales. Ya derrotó mas de cien años antes al poderoso Napoleón, ahora le tocaba vencer al iluminado de Hitler.

 No quisiera hacer política, no es esa mi intención. Solo  manifestar que  ellos, los rusos tenían que ganar, lo primero porque  tenían  como ya hemos  dicho antes al general invierno, un potente ejercito de hombres y material y también que  fueron a invadir sus campos, sus ciudades y sus costumbres. Lógicamente, Hitler tenia que sucumbir, mas  que  los aliados también le daban fuerte, al entrar los estados Unidos en la guerra. Poco podía hacer el ejercito alemán por muy bien  pertrechado que estuviese con lo0s ejércitos mas potentes de la tierra. Pero vayamos a lo nuestro.

 Nuestro amigo Marcial, no olvidaba tampoco a su Mercedes. Aunque recibió la carta que le decía que la olvidase, que no  se la merecía, que se casara con Luisa que ella lo haría muy feliz, no con seguía  olvidarla ni se creía que aquella carta  había salido del tintero de la muchacha. Los enamorados de verdad aunque vean que su amor  es inalcanzable no pierden de todo las esperanzas.

En la milicia y mas en los campos de batalla, son todos amigos y compañeros, que si preciso fuere daban la vida unos por otro. Muchos casos se han dado de soldados que han muerto en el campo de batalla al querer salvar a un amigo acorralado por el enemigo, o caído herido en el campo  de nadie e incluso  en campo enemigo y han ido a rescatarlo. Asi son los soldados de todos los ejércitos.

Marcial era buen compañero, no presumía de ser cabo, para el todos eran iguales compañeros de lucha y fatigas. Pero siempre existe un predilecto, y como sabemos  ese amigo predilecto era Manuel Fernández, el chico que fue voluntario forzoso a morir en la estepa rusa.

En las largas horas nocturnas, cuando en las trincheras los dejaba los rusos, se contaban su vida anterior. Marcial le dijo lo que ya sabemos. Manuel  le explicaba que también tenia su novia allá en su Cortegana natal.

A estas horas mi Maria, estará rezando por mi. Y puede que hasta le riegue sus  mejillas los regueros de unas lágrimas. Hace días que no recibo carta suya. Mira Marcial, ¡ Mira! Aquí la tengo en un retrato que me mandó cuando estaba en España en mi regimiento e Huelva. Mírala.

 Nuestro marcial, suavemente tomo el retrato de Maria, la novia de su amigo Manuel,. Era verdad no le mentía el de Huelva, Maria era una muchacha muy bonita . Sus ojos eran negros, su cabello largo le llegaba hasta los hombros, lo llevaba peinado con un tupé de los llamados “arriba España”, su nariz era  recta, hermosa sin ser exagerada, sus ojos muy  negros y sus bustos  regulares y turgentes,. Emitía una sonrisa y la fila de diente que mostraba eran iguales y chiquitos, solo los incisivos eran un poquitin  mas anchos. Hasta ahí es lo que podemos averiguar, ya que la fotografía en blanco y negro solo llegaba hasta la cintura que se adivinaba estrecha. No era  una beldad pero si una monería  para un  muchacho de pueblo. Un muchacho sencillo, y apasionado.  Mas de una vez Marcial lo sorprendía llorando, con la foto de su Maria en los labios.  Presentía que nunca mas la volvería a ver. Y así fue.

 Marcial, le enseñaba la de Mercedes. Porque aunque   como sabemos  que le  escribió la carta de que la olvidara, pues ya se le había terminado el amor; el no se lo creía , no llegaba a comprender que aquella carta la había escrito su novia, la letra no era la suya, el la conocía bien, y no perdía las esperanzas de volver a  unirse con ella, o al menos volverla a ver algún día.

 Poco tiempo iba a durar los coloquios de los dos amigos.

 Una noche que todo estaba en calma. Una noche fría pero que no nevaba, y el firmamento  se encontraba  estrellado y con una luna nueva que  gateaba de este a oeste en un cielo azulado. Se hallaban  en una posición avanzada. Era una isba abandonada por sus moradores. La guerra   los ahuyentó. Descansaban en un montón de heno, que improvisaron como lecho. Marcial y Manuel Fernández  eran como sabemos inseparables amigos, por lo que descansaban uno junto al otro.

  Rumores de que  los rusos atacarían las posiciones eran bien fundadas, en el ejercito y mas en tiempos de guerra, siempre surgen noticias que nadie sabe como han llegado pero que  suelen en la mayoría de los casos ser ciertas.

 Los dos amigos lo sabían como todos los hombres de la posición. Por eso  Manuel le susurraba a Marcial lo siguiente

_ Amigo Marcial. Hasta ahora hemos tenido suerte, parece ser que los rus9os no han atacado0, pero ahora todos sabemos que lo harán. Los alemanes  no van a ganar esta guerra. Ya la tienen casi perdida.

Cambiando de conversación, y mostrándose melancólico el de Huelva  decía mirando al satélite de la tierra que brillaba con intensidad en la noche despejada.

 Mira la luna ¡que hermosa y brillante se ve. Recuerdo que en las noches de creciente y llena, mi Maria y yo, la mirábamos y nos  transmitíamos nuestro amor, yo le decía palabras románticas. Como, vida mía pronto estaremos juntos en el lecho, pues en cuanto venga de la mili nos casamos. Y ella ruborosa por lo de la cama me respondía. Si no encuentras a otra por esos mundos y me dejas

 No digas eso Maria, yo jamás te dejaré por otra, porque tu eres mi vida , mi cielo y por ti  soy capaz de todo. Cuando  vista de soldado te enviare  un retrato, pera que lo lleves siempre contigo en tu billetera, y tu me tienes que mandar otro muy guapa que te  hará Rafael el fotógrafo. Mira Marcial, esa luna es la misma que  ahora también brillara en España, en mi pueblo y mi Maria y mi hermana  Rosa la contemplaran  pensando en mi, en como estaré en Rusia. Rusia  casi no la han oído nunca, Solo alguna vez en la escuela la nombraba el maestro en las lección es de geografía. Nunca pensé yo que  iba a  llegar a pisar el suelo de este frío y lejano país.

Marcial lo dejaba hablar, Manuel   en su nostalgia, parecía ser feliz. En cambio en  compañero también pensaba en mercedes. Que habrá sido de ella  se decía para sus adentros. Estará en Barcelona, o habrá retornado al pueblo. Tendrá un novio nuevo  o se habrá casado. Nada se de ella. Mi madre no me la mienta en sus cartas.

 En estos pensamientos estaba cuando de pronto le  manifestó Manuel lo siguiente.

_ Marcial, amigo se que ya no regresaré jamás a España. Presiento que voy a morir aquí. Tu me has confesado que con tu novia has roto para siempre, que ignoras donde se halla, que te escribió su madre una carta comunicándote que se había   cansado de  esperar, que  estaba muy lejos de  vuestra Extremadura, en fin para que te voy a decir mas. Esto te lo digo, por si muero en combate, que estoy seguro que si, por lo que  una cosa te pido. Una cosa muy rara y muy personal. Si sales con vida de este infierno, quiero que vayas a Cortegana, y le digas a mi novia que he muerto pensando en ella, que en mi ultimo suspiro su nombre estaba en mis labios y en mi corazón en ella, y que  tu eras mi mejor amigo. Y mira ¡porque no! Si se halla sin novio que  espero que así sea porque ella es muy fiel, tu puedes hacerla feliz, Ella es buen a y tu también. Ahora  mismo voy a escribir a lápiz una nota para ella. Guárdala bien  y entrégasela cuando la veas. Mira  ahora  en cuanto la escriba te la doy

 A la luz de una vela mientras los demás dormían o dormitaban. Manuel extrajo de su macuto un papel rayado  que eran cartas y un sobre azul y escribió lo siguiente.

 Maria, amor mío. Cuando recibas esta misiva si es que llegas a recibirla. Yo estaré en el cielo, o tal vez en el infierno , aunque no creo que sea peor que esto. Sepas amor mío que mi ultimo aliento ha sido para nombrarte, que, me he ido de este mundo pensando en ti. El que te entrega la misiva, es un compañero de fatiga, un buen muchacho que tampoco ha tenido mucha suerte en la vida pero0 al menos  ha logrado sobrevivir. Es muy bueno y creo que  tu no mereces  estar toda la vida soltera, mereces ser feliz. El tiempo todo lo cura y  desvanece las penas. Así que  no te exijo nada lo dejo a tu libre voluntad, pero Marcial te haría muy feliz, es duro lo que te voy a decir, pero allá va. Maria  cásate con el, y tenerme siempre en vuestro recuerdo. Un beso muy grande, como los que nos dábamos en la puerta, que  de eso no pasábamos. Se feliz, y tenme en tu recuerdo. Yo me llevo a la tierra nevada de Rusia  el tuyo para siempre. Manuel

 Al terminar la carta. Lloraba. Se la entregó a Marcial, rogándole que la leyera, pues Marcial se la iba a guardar en su cartera cuidadosamente sin leerla. Cuando la leyó., no supo que contestar. Su amigo le proponía a su novia que se casara con el , Pero...había contado con el.
 Se miraron y Marcial  dijo.

Amigo mío, muchas gracias por confiar tanto en mi. En tiempos de guerra todos somos muy buenos compañeros, amigos entrañables, eso es debido a los peligros constantes que nos acecha a cada momento.  Aquí no tenemos mas familia que nosotros,, por eso confiamos tanto uno del otro. Por eso todos somos buenos. Yo he congeniado contigo, pero  ¿ Sabes como soy yo? Solo me conoces de esta estúpida guerra, como son todas. Ahora  ¿Conoces mis sentimientos? Mis interiores. No te digo que sean malos, pero cuando estamos, si llegamos a regresar somos diferentes. Además, ¿Por qué tu tienes que morir  en esta tierra? Y si soy yo. Eso compañero Manuel no se piensa. Siempre hay que tener fe y esperanza. No obstante si eso ocurre,  cumpliré tu deseos. Yo quería mucho a una mujer, no se donde estará, ni si se ha casado con otro. No entiendo porque  me ha abandonado, cuando desde niños nos prometimos cariño. Puede que nunca mas vuelva a verla, pero si la veo, aunque se postre de rodillas no seré para ella. Si mueres que  no sabemos quien morirá o quien no, y yo regreso a España, allá a tu Cortegana iré, buscare a Maria y le entregare la carta que guardo en mi cartera. Si ella acepta el compromiso, me casare con ella. No es sacrificio, es solamente  la voluntad de un amigo bueno, que confía en mi y quiere  que su amor sea correspondido en mi persona. Pierde cuidado, que si de verdad  muertes ella quedará amparada por mi, como he dicho si es que me acepta.

Apenas pasaron dos segundos de esta conversación entre los dos soldados, cuando   alguien dio la voz de alarma. Los rusos estaban  a pocos metros de aquel destacamento, y se disponian a  aniquilarlos  amparado en la noche, La luna era creciente, pero ya se había ocultado en el horizonte y aprovecharon las tinieblas de la noche  y que estaban descansando para  sorprenderlo0s. Los centinelas que estaban  alerta  escucharon el tropel de las botas  claveteadas de los rusos y los puso en alerta. El oficial que mandaba  aquel destacamento, los distribuyó  en  redondo. Cada sargento mandaba un pelotón. Eran dios y los cabos  se hicieron  cargo de mandar una escuadra. A Marcial le tocó  el norte, por donde se  acercaba el enemigo. Con su amigo Manuel y tres soldados  mas, españoles todos  prepararon sus armas, para repeler la embestida. Eran  todos  muy valientes. Hombres dispuestos a vender cara sus vidas. Pero... Los  rusos eran muy superiores. Alli habían topado con el grueso del ejercito. La artillería  rusa, tan potente  con sus cañones de largo alcance, el organillo de Stalin y otras armas de reciente fabricación, se enfrentarían a viejos fusiles  de  una fracción de la División 250, o División azul como era conocida.

_ Ha llegado la hora_ dijo Marcial a sus compañeros_ Ha llegado el momento de demostrar nuestra valentía y coraje. Son mas que nosotros y mejor equipados, pero nosotros somos mas  osados mas  valiente. Así que a defendernos hasta que los rechacemos,

_ O nos aniquilen a todos _ musitó un soldado entre dientes.

 Enseguida empezaron a oírse las primeras explosiones. Y las balas  soviéticas  silbaban pasando por encima de sus cabezas.  El blocar, estaba guarnecido con sacos terreros que  los  ingenieros  alemanes y españoles habían  colocado  alrededor de la posición.  El teniente comunicó que no se desperdiciara munición, que hasta que no estuviesen al alcance  de las balas y se viera donde  se apuntaba no dispararan tiros.

 Era evidente, que ellos no podían  con aquel  ejercito potente, acostumbrado a las gélidas temperaturas del invierno. Alli iban a morir todos. De poco le  iba a valer la carta y recomendación de Manuel Fernández  para que su novia  se casara con Marcial Suárez. Todos quedarían en la nieve muertos por la metralla de los rusos o congelados por las bajísimas temperaturas de aquel clima.

  A la luz crepuscular vieron como se les echaba encima el enemigo. Disparaban  sin cesar. Querían  amedrentarlos. Ellos creían que lo que le interesaba era acogerlos prisioneros. A veces dudaban. Puede que  los comunistas no sean tan malos como los pintaban, y les perdonasen la vida si se entregaban. Pero eso  lo tenia que disponer el teniente. Y este no estaba dispuesto a caer prisionero , prefería  morir matando que entregarse para sufrir  el desprecio y quizás la tortura de sus enemigos o morir a manos de aquellos que consideraban mas que demonios, según les decían los mandos  superiores alemanes y españoles.

 El como todos sabían que de  allí  no saldrían victoriosos. Era  imposibles  que no fuesen arrollados por  los mas de mil hombres que se les echaban encima. Quiso pedir ayuda al puesto de mando, pero no tenían líneas telefónicas instaladas. Si algún hombre salía a pedir el socorro no llegaría  a lógralo, porque seria abatido por las balas de aquellos  cosacos, como decía el.

 Las explosiones de los obuses y las balas explosivas, eran  cada vez mas intensas. Ellos nada podían  hacer, a pesar de su coraje y valentía, mas que defenderse hasta morir. Una muerte anunciada, inminente.

   La metralle levantaba la nieve hasta  saltar por encima de los sacos terreros. Les mojaba la cara, era lo que le reconfortaba de aquel infierno. Los creyentes empezaron a rezar. Sabían que el infierno, la gloria o nada estaba muy próximo. Marcial se la sabia de memoria, su madre antes de dormirse  en su modesta cama  que le  compro en una modesta casa de muebles  se la enseñó.

Bendita sea tu pureza/ y eternamente lo sea/ pues todo un dios se recrea/ en tan graciosa belleza/ a ti celestial princesa, /Virgen sagrada Maria/ te ofrezco en esta agonía alma vida y corazón mírame con compasión/ no me dejes. Madre mía morir sin tu bendición

Manuel también rezaba. Su madre provean del campo, de una famili9a  humilde pero cristiana, también devotos de la Virgen. Otros se encomendaban al cristo, diferentes Cristos de sus localidades, aunque el Cristo y la Virgen solo  fuese una, ellos  potenciaban su fe en el patrón o patrona de sus pueblos

 Bisbeaban el Padre Nuestro.. y  el dios te salve Maria. Mientras  el fragor era mayor. Estaban aislados, nadie iría en su ayuda. No había tiempo, y los caminos a causa de la nieve y el barro eran intransitable

 Soldados. Vamos todos a morir, por España y por Alemania. Pero vamos a morir como unos valientes. Alguien nos vengará. Hemos tenido mala suerte. Nos hemos metido sin pensarlo en la boca del lobo. ¿ Viva España! Y sálvese quien pueda..

Estas fueron las ultimas palabras del teniente. Luego todos salieron a la desbandada. No era cobardía. Era imposible aguantar mas tiempo. Sabían que  iban a morir pero el instinto de conservación, les hizo que abandonaran el  destacamento y cada uno  tirase por un lado.  Si los cogían prisioneros era peor. Creían y así era que serian torturados, obligados a hablar hasta morir. Marcial recordaba que no muchos días atrás, socorría a pobres  campesinas e indigentes rusas, en las aldeas donde pernoctaban. La miseria era tal que muchas  y muchos niños  no tenían zapatos, andaban descalzos. No había hombres jóvenes, solo algunos viejos que no estaban capacitados para empuñar un fusil. Todos los jóvenes habían sido obligadlos a incorporarse al ejercito de Stalin. A defender Rusia del ataque alemán, Muchos alemanes  estaban en Rusia contra su voluntad, pero el  loco de Hitler, allí los  mandó a una muerte segura  por su afán de poder

 Todo el destacamento divisionario, salieron  rumbo a lo desconocido. Muchos fueron abatidos por las balas del enemigo, en cambio algunos lograron  ocultarse en los árboles y un bosque cercano de abedules.  Nuestro protagonista, corría con toda las fuerzas que sus piernas  le permitían. Perdió  a todos sus compañeros. Su amigo Manuel, aquel que le entregó la carta para Maria,. Carta que llevaba en su cartera, y que si algún día regresaba a la patria  se la llevaría. No le diría nada del matrimonio, ella  dispondría por su cuenta.

Así  corriendo y ocultándose de las balas rusas sintió como  si un perro le mordiese una pierna, era la derecha. También sintió como  un liquido caliente y viscoso le recorría desde  el muslo hasta la rodilla, era su sangre, Una bala lo alcanzó, quizás una bala perdida  que no iba dirigida exclusivamente a el.

 La sangre cada vez fluía mas, las fuerzas le iban abandonando. A lo lejos divisó una isba. ¿ Que hacer? ¿ Dirigirse a ella o virar en otra dirección? quizás allí estuviesen   apostados otros rusos, y al ver su uniforme alemán, lo aniquilase sin mas. O pudiera que fuese una familia de humildes campesinos. Una de aquellas mujeres que  a veces le había entregado su lata de sardinas para  que saciara el hambre que la martirizaba. Las fuerzas le abandonaban. Perdía velocidad. Sintió como se le nublaba la vista, como iba perdiendo  las facultades para pensar  hasta.... que cayó en la nieve.

13

 Olvidemos el nombre de Mercedes y démosle ahora el de sor Maria de la Paz, que como sabemos es el que se ha puesto  por su voluntad al entrar en el convento. Nunca había sido ella muy amiga de rezos ni iglesias, aunque eso si, cristiana y creyente, como  eran las muchachas de familias  humildes y trabajadoras en aquellos tiempos de pos guerra.

 Aunque Sor Maria de la Paz, era feliz en el convento, con sus labores, sus flores sus dulces y sus rezos, aun recordaba sus aspiraciones de niña. Ahora podía tener la oportunidad de ser enfermera o auxiliar de enfermera. En todos los hospitales y muy especialmente en los militares,  eran las monjas las que ejercían este humanitario cometido. Ella nada sabia de  heridas vendajes ni inyecciones, pero con otra a que la enseñara no tardaría en aprender. Recordaba  su niñez en el parque de su ciudad, cuando jugaba a soldados y enfermeras con aquel muchacho que mas tarde fue su novio, y que  por una ironía del destino, ella es una  religiosa de la orden de las adoratrices. Pero  no es de las de clausura,. Si lo es el convento, pero no ella. Sor Maria de la Paz no ha profesado como tal. Ella puede salir y entrar  para hacer ciertas cosas a la calle. Pedir para los  menesterosos, llevar encargos y hasta hacer varias compras.

 De su mente no se borraba la ilusión de pequeña. ¡Porque no podía ser destinada a un hospital a llevar con suelo a los enfermos?  Y así se lo planteo a la Superiora.

 La  Superiora , una monja con experiencia por los años de convento, supo  que  allí no  le gustaba estar. Que el claustro se le caía. Era buena monja pero para otros menesteres. Así que le dijo que en cuanto  le pidiesen hermanas para  algún hospital, ella seria la primera en ocupar el puesto.

 Solo transcurrieron quince días, cuando solicitaron del  Centro hospitalario militar de Gomes Ulla en Madrid, el servicio de una monja que quisiera ser auxiliar de enfermería.

 Cuando  la Superiora se lo comunicó. Sor Maria de la Paz, tuvo tanta alegría que no pasó desapercibida por las demás  monjas y especialmente por la Superiora.

- Te vas de aquí- a Madrid. En el hospital militar hacen falta auxiliares de enfermería, y no lo han solicitado. Te he propuesto hermana Maria, para ese cometido. Soy consciente de que  aquello te  va a gustar mas que esto. Conozco a las   hermanas que entran y salen en esta santa c asa, y  desde el principio me percaté de que  tu no eres para  estos hábitos. Yo me alegro de que tomes otros la de hermana de la caridad, que sepas cumplir con lo que Dios ha dispuesto. Que no te ciegue la vanidad. Cuida a todos por igual, sea hombre o mujer. Sea un general o un simple soldadito de reemplazo. No nos olvides. Me gustaría que te llevaras un buen recuerdo de este convento. Que  siempre nos recuerdes. Rezaremos por ti, como lo hacemos por otras que nos precedieron o nos dejaron. Y ahora despídete de todas, Y a mi dame un abrazo. Esta misma tarde sales para Madrid en el correo, Dos hermanas te acompañaran a la estación de Francia. Escribe cuando llegues. En la estación del norte de Madrid, te estarán esperando otras dos. Que te llevaran al hospital. Todo está arreglado allí te darán alojamiento y piensa siempre en dios y en nosotras. Adiós hermana.
-
. Con estas palabras despidió la Superiora a la exnovia de marcial. Y veinticuatro horas después, tomaba posesión como auxiliar de enfermera en el hospital que  ya hemos mencionado.

  Al principio, le fue  algo duro. No daba pies con bola como se suele decir, y también  recibió algunas broncas y desaires por parte de  sus compañeras, algunos médicos y enfermos. Pero con el tiempo  se aclimató, aprendió  a ser una excelente  monja enfermera.

 Sor Maria de la Paz, no tardo mucho en granjearse la simpatía y confianza de todas las monjas y enfermeras del hospital militar de Madrid. Los enfermos  casi todos militares aunque también los había  civiles y mujeres de los  militares, la querían al poco tiempo de  ingresar.  La destinaros primero a la sala de tropa, y allí con los soldados se pasaba las horas y horas. La llamaban a cada instante, y ella solicita acudía a la llamada con  simpatía y buen hacer. Los médicos la preferían por su buen comportamiento, su tesón y su  buen humor. Nunca daba muestras de cansancio, y aunque estuviese cansada, sacaba fuerzas de flaqueza hasta terminar, la intervención al lado del médico o la cura por difícil que fuese-

 El director del hospital, sabedor de sus cualidades quiso cambiarla de sala , a la de los oficiales, mas confortable y con menos enfermos, pero ella se negó aludiendo que no  estaba  a la altura de otras hermanas que  llevaban mas tiempo y poseían mas experiencia. También decía que los soldaditos  eran personas como los demás, y que ella estaba muy conforme con los chascarrillos y las cosas que  le contaban,, Sabia que muchas eran  mentiras, fantasías de  juventud pero  ellas fingía creérselas y así  los tenia mas contentos.

 Los soldados la querían y respetaban, pero no la dejaban parar.

Sor Maria, para acá, sor Maria para allá...Y ella a todos complacía con su sonrisa y su buen humor.

 Les regalaba a los pacientes, estampitas de la Virgen de la Soledad, medallas y algún crucifijo. No era muy dada a rezar como sabemos, pero si les  inculcaba el amor a Dios y a su santa Madre, y  para todos sus compañeros. Daba muy buenos consejos. Que amasen a sus madres y novias, que no las engañara porque las pobres allá en sus pueblos los esperaban con cariño y ternura.

 Otras veces les llevaba  naranjas y manzanas, que  compraba o “hurtaba” de la cocina. Caramelos y dulces.

 Algunos soldados querían algún libro para entretenerse  ya que  los que estaban  mejor, el tiempo se les hacia interminable allí dentro. Y ella le regalaba un libro con la vida de algún Santo o Santa. Pero a lo mejor   intuía que no le complacía esa literatura, y  le compraba alguna novelita moralista o rosa sin estar muy subida de tono. Aunque la censura  era férrea en aquellos tiempos y no había cuidado.  Otros pedían una novela del Oeste, y ella sabia que no eran muy  buenas consejeras, pero los complacía  y se las compraba en cualquier  quiosco o librería cuando salía a la calle. Ellos le daban el dinero, pero a veces era tan escaso que  Mercedes  ponía el resto de su bolsillo.

  En su aposento, rezaba por todos. Se acordaba de su madre y de su padre allá en Barcelona, y también del que fue el único amor de su vida Marcial.

 Ahora ya estaba consagrada, se debía a su Dios, a su regla y a sus hábitos, pero no se le iba del pensamiento  aquel muchacho que en el parque  jugaba con el a  soldados y enfermeras. ¿ Que habrá sido de el ¿ se preguntaba.

 Una tarde de  primavera, cuando las rosas perfumaban el jardín del hospital, cuando las mariposas blancas revoleteaban de flor en flor, cuando el tibio sol de mayo acariciaba los cristales de las ventanas,, llegó una ambulancia militar.  Los  sanitarios, se apresuraron a bajar a aquel hombre  herido que  estaba semiinconsciente. Ella  se asomó por la ventana, y vio como lo transportaban en camilla hacia una de las salas. Una pierna la llevaba muy vendada, y  parecía como si el vendaje estuviese manchado de sangre.

- ¡Pobre! Parece que viene mal herido. ¿ Que le ha pasado?,preguntó a uno de los que  llegaban  detrás del herido.

La guerra hermana. Viene de Rusia. Es de la División Azul. Allí  en las heladas estepas ha luchado  como un valiente, según  me dicen, pero  los rusos eran muchos y  plancharon el destacamento. Muchos murieron, Otros han desaparecido y a los heridos  han dado una tregua para recogerlos, Este es uno de los que pese a todo ha tenido suerte.  Lo hirieron en  la pierna derecha y también en la cabeza. Fue evacuado al hospital de campaña, donde le practicaron las primeras curas. De allí como  las heridas eran de gravedad, lo trasladaron a  Berlín al hospital militar, Y temiendo que allí muriera, y a petición suya lo han traído aquí, en un avión. Esta bastante mal, aunque según  el informe  medico puede salvarse, eso si  sin su pierna derecha

 A sor Maria se le cayó el alma a los pies, No sabia porque aquel muchacho le daba  presentimientos que no sabia explicarse. Un hombre tan joven  Casi un niño, se le iba a apuntar una pierna. ¡Pobres padres” Pobre madre y pobre novia, cuando se enteren si es que ya no lo saben.

 Dios mío, pensaba, no estará Marcial también en Rusia. El era muy arrojado, y le gustaba mucho la vida militar , el riesgo. Quizás que se haya alistado y esta también en las heladas tierras de los cosacos, o muerto en la nieve o  sabe Dios donde.

 Y con esa pesadilla se acostó esa noche. Rezo de rodillas ante el crucifijo que colgaba de su cabecera. Rezó como siempre, por sus padres, por el mundo por los enfermos pero sobretodo por el herido que había llegado y en especial por Marcial. Y soñó, soñó que no era, que era una enfermera monja, sino una enfermera en campaña. Una enfermera de la Cruz Roja, desplazada a Rusia, y que  cuidaba a un herido , que no conocía, uno de tantos como  se morían en aquel hospital  de campaña. Cuando llevaron a  otro herido, un herido grave, con la cabeza destrozada por un obús. No se conocía de desfigurado, que estaba. Pero en su chapa de identificación, había un numera un numero cualquiera. Lo consultó con la dirección. Le dio al  director el numero de la placa, lo  comprobaron en el libro y  ¡Ay Dios mío! Gritó. Aquel herido era Marcial Suárez Guerrero, su antiguo novio. Exhaló un grito que despertó a sor Juana y ella  asustada se tiró de la cama para ir al servicio. Se encontraba mal.

  Todo el día  estuvo sonámbula. Iba de un lado a otro como una autónoma. Se acercó al lecho de Manuel. Este se encontraba mejor. Iba a tener suerte. La pierna, conseguirían salvarla, aunque  quedaría cojo sin precisar ayuda ni muleta. Estaba dormido, quería despertarla para que le contara alguna cosa de Marcial, algo que supiera. Como lo perdió. Si tenia noticias de el.Pero desistía. Soy tan Ponta - se decía ¿Por qué Marcial tiene que  haberse alistado en la División Azul.  Y si así fuera, como lo iba a conocer este muchacho, con los miles de voluntarios que allí han ido a luchar contra la tiranía del comunismo. Así lo creía ella.

 Quiso no pensar mas en Marcial. Cometía un sacrilegio con estos pensamientos. Ella era la esposa del Señor, y una esposa fiel no piensa en otro hombre. Pero no,  Marcial lo llevaba en su pensamiento en su ser en su sangre.

   Aquel herido de la División Azul, le inspiraba simpatía admiración, y no sabia que. No descuidaba  el cuidado de los demás heridos y enfermos,  pero no acertaba a saber el por que Manuel  le atraía. Y cuando todo estaba en orden, cuando todos los heridos y enfermos a su cargo se hallaban  debidamente, curados. Se iba en busca de Manuel, deseando de verlo despierto, con ganas de hablar. Y un dia lo  encontró sentado en la cama, mirando la foto de Maria, su novia, y la de su hermana. El  muchacho al verla, se puso lívido. La miró a los ojos fijamente, y balbució

- Perdone hermana mi atrevimiento. Pero en  campaña tuve un compañero, mas que compañero hermano que me enseño la  foto de su novia, y era sus mismos ojos y su  misma cara.

_ ¿ Y sabes como se llamaba  esa novia?

_ Claro hermana, siempre la mentaba  y soñaba con ella  su nombre era Mercedes. Y mi amigo Marcial.

 Sor Maria de la Paz, se desplomó  a los pies de la cama de Manuel  balbuciendo.

_ Señor, no me equivocaba, el es el  en Rusia, quizás muerto. Y posiblemente yo sea la culpable de todo.¡ Perdón Marcial, Perdón!

-¿qué le pasa hermana?-le preguntó Manuel sorprendido. Al muchacho le dolía la pierna, pero ante la sorpresa el dolor se le aplacó

Nada hermano nada. Si me prestas atención te lo contaré, aunque cometa el mayor pecado de cuantos he cometido a lo largo de mi vida.

14

 Marcial se sentía morir. Hacia muchísimo frió, estaba medio congelado. La sangre afluía de sus heridas con  un goteo constante. Empezaba a oscurecer. Sabia  de que si no se producía un milagro, su cuerpo lo sepultarla la nieve. Muchos  avía así en aquellas llanuras esteparias. Se desmayaba. A lo lejos oía  como un campesino de la aldea mas próxima arreaba su caballo. ¿ O era una alucinación? Fuese sueño o realidad, sus horas o minutos estaban contados. Si era algún ruso el que se aproximaba, lo  remataría  allí mismo, quizás con una herramienta agrícola.

 De los suyos no podía ser. Los suyos  seguramente  todos estarían muertos o  mal heridos  en la nieve. Se le nublaba la vista. Cuando sintió que unos brazos potentes lo levantaban del suelo. No vio nada mas, se desmayó.

 No sabia el tiempo que estuvo desmayado. Cuando abrió los ojos era de noche. A la luz de una lámpara de petróleo vio que estaba tendido en una rustica cama. Estaba tapado con mantas, y por la suavidad que el roce le producía en sus carnes  debajo tenia que haber  sabanas de hilo.

 Le dolía un poco la cabeza. ¿ Estaré soñando o muerto en algún extraño lugar? Se palpó el cuerpo y  notó el vendaje. También en la cabeza lo habían vendado. No acertaba a coordina  que era aquello. Miró  en torno suyo, y vio a una joven y linda campesina que le sonreía. Era  de estilo a las mujeres cosacas. Morena con dos trenzas que le colgaban a cada lado de los hombros.  Vestía un corpiño rojo encima de una blusa azul. Falda hasta los pies  también de color azul con ramos de robles en los bajos, y ya no pudo precisar lo que c alzaba porque no llegaba a alcanzar los pies. Estaba sentada a  en una silla de anea a su cabecera, le hablaba palabras que el no entendía. Pero por la sonrisa abierta, por sus gestos quería decirle que no temiese que ellos no le iban a hacer nada malo. Al revés lo curarían y luego lo dejarían marchar si el quería

 Al otro lado de la c ama otra mujer en silencio lo contemplaba. Era mucho mayor que la joven que representaba unos dieciocho o diecinueve años. La vieja  debía de ser su madre, y por su aspecto, su cara surcada por alguna arruga y su pelo  plateado  debía de contar con mas de cincuenta años..

 Marcial dijo en correcto castellano  ¿ Donde estoy? ¿ quienes son ustedes? Pero ellas no entendían nada. Luego probó en alemán, ya que  había aprendido algunas palabras en el idioma teutón, pero nada las mujeres se encogían de hombros dando a entender que no sabían lo que decía.

 Un hombre alto, con  barba y bigote entró en la habitación. Un cuarto pequeño  al final de la isba que lo habilitaron para el. El hombre también le sonrió y le  dijo algunas palabras  que tampoco entendió.

 No parecían mala aquellas gentes. Preguntó por señas por su uniforme, pues no lo veía en la silla donde  le habían colocado un  ropaje extraño. Era unos pantalones anchos, que  no le llegaban a los pies. Un blusón  como los que usaban en España los vendedores de miel y turrón, y unos borceguíes todo usado  pero en buen estado de conservación.

 La joven  no dejaba de sonreírle, y se ausentó dejándolo con su padre y su madre. A los quince o veinte minutos  entró portando una taza humeante, y un dulce que el no  lograba saber de que estaba hecho. La duda le volvió  a temer la muerte. Quizás aquel brebaje que era te y aquel dulce, estarían envenenado y así se librarían de el. Pero , pensaba.  Para que me iban a curar, y dejarme la ropa para cuando tenga ganas de levantarme? No, esta gente no quieren matarme. Se ve por su indumentaria que son campesinos o cosacos o rusos blancos o yo que se. Pero de matarme nada.

 Y vencido el temor, tomó el bol de las manos de la muchacha y se lo bebió casi de un   sorbo. Luego se comió despacio el dulce. Estaba muy bueno. La  joven sin dejar de sonreír, le preguntó en ruso si le había gustado. El la entendió por la mímica y le dio las gracias en español. Ella no supo lo que dijo, pero  intuyo que le había gustado y se lo agradecía.

 Oyó  los cascos de un caballo, pisando la nieve. No supo si aquello era bueno o malo. Su cabeza era un torbellino de ideas y malos pensamientos. Quizás aquellas pisadas fuesen del caballo de algún soldado o soldados rusos, que iban a rematarlos. O llevarlo a algún campo de prisioneros. Los campos de Stalin eran malos muy malos. Casi como los de Hitler o  peor. El  ignoraba que en España también   existían campos de concentración de presos políticos malísimos. Todos los campos de conc en tracción de presos son  malos. Los hombres no tienen  caridad, son como bestias y  todos se vengan cruelmente de los vencidos. Se dispuso a rezar. Dios mío, si me ha llegado la hora, acuérdate de mi. Padre nuestro que estas en el cielo...

 Pero se equivocó otra vez mas. Aquel caballo lo  montaba un jinete que iba a curarlo. Era el medico de aquellas aldeas. El galeno, se apeó del solípedo y lo ató  en una argolla de la pared.  A la muchacha le brillaban los ojos de alegría.

 Saludó el médico en ruso. Y el y ellas le respondieron en su idioma. Luego  dirigiéndose a la cama le preguntó a Marcial en perfecto castellano como se encontraba. Nuestro divisionario, se quedó de piedra. Aquel hombre hablaba su idioma. Entonces  los ojos se  le iluminaron. Ya al menos podía hablar con  una persona que lo entendía.

 Bien dentro de lo malo. ¿ Quien es usted? Y porque me curan si soy enemigo suyos. He venido a su país a luchar contra su régimen aunque no en contra de nadie inofensivo

 Cálmate muchacho. Aquí no existen enemigos. He jurado curar a toda persona humana, lo mismo a un alemán, que a un español o chino. Como ves soy médico, y los buenos médicos nada quieren saber de política. Las heridas no  revisten   gravedad, mas bien   lo que te ocurría era que el frío y la falta de alimentos te habían debilitado mucho, también algo de la perdida de sangre, pero gracias a Natacha . Y al mirar a la muchacha esta  se puso  muy ufana y sonreía al galeno. Ya sabemos el nombre de la jov- en . Continuó el medico

 A Natacha y a Nicolás sin olvidar a Ana. Los tres  se han  sacrificado por tu salud . A ellos mas que a mi le debes la vida. Nicolás, con su fuerza extraordinaria te trajo en brazos hasta  su morada. Luego fue a avisarme. Natacha, te desnudo con su madre, te desinfectaron las heridas con alcohol. Natacha quemó tu uniforme por si venían soldados  a inspeccionar  y lo veían sospecharan  lo que había Y es mas Natacha te ha dado su sangre. La Perdida de sangre  por el tiempo que estuviste  derramándola era muy escasa. Necesitabas una transfusión. Yo la analice y  seria  obra de Dios los dos tenéis el mismo grupo y factor rh, B negativo. A ella mas que a nadie le debes la vida. Así que  agradécesela  como  mejor sepas. Los otros han colaborado a instancia de ella. Pudieron haberte entregado a la policía, o a cualquier grupo de soldados  cerca, y conscientes de que si lo hacían te mataban, o te enviarían a un campo de prisioneros donde es imposible salir vivo. Los campos de concentración son duros y los  Rusia no son excepciones.

 Marcial estaba estupefacto, aturdido. Aquella familia de campesinos le habían salvado la vida, incluso  a exponerse a serias represalias o a pagar como traidores a la madrecita Rusia. Pero no eran traidores, eran personas humanitarias. Eran  ángeles en la tierra de  “demonios” según le hicieron creer en las arengas que le  declamaban antes de partir de España. Había escuchado muchas veces, en bocas de sus superiores que  si caían prisioneros en Rusia, mejor era que  murieran.  Que de nadie esperaran misericordia. Ahora comprobaba que en Rusia como en España y todas las partes del mundo  existían personas  con el corazón de oro y otros malvados como pintaban a Satanás

  Sonriendo miraba a Natacha, dándole las gracias por su  bello y sublime comportamiento. La muchacha le sonreían , nunca perdía la ancha sonrisa en sus labios carnosos cuando miraba a Marcial. Nuestro soldado, no sabia que decir ni hacer. Estaba mas confiado y alegre. Pero....¿ como aquel hombre conocía a la perfección su idioma? Le dijo en tono humilde. Pues nunca Marcial se mostró altanero con nadie. Menos se  podía mostrar ahora que un solo gesto de rebeldía podía ser causa de su muerte. El era un soldado español, si no  era prisionero su obligación era evadirse de allí, buscar su unidad y luchar   con ella al enemigo. Era un dilema. ¿ Como salir de allí?.

 Les estoy muy agradecido a todos, y a usted. Como  usted conoce a la perfección  mi idioma, hágale saber a esta humilde y buena familia mi agradecimiento. Que jamás olvidaré que gracias a ellos conservo la vida. Me llenaría de orgullo y satisfacción, poder hacer algo bueno por todos pero especialmente por Natacha, a la que considero  desde hoy hermana de sangre. O mejor la segunda madre porqué ella me ha dado de nuevo la vida.

 Y Marcial no pudo continuar porque se le quebró la voz y sus ojos se llenaron de lágrimas. Pensó  que  allí con aquella familia, le separaría si aceptaba quedarse una vida tranquila. Un campesino mas de  Rusia, una vida pacifica. Saltaba a la vista que Natacha se había en enamorado de el, y el  de alguna forma también   estaba enamorado de ella. Pero era un militar español. Juró fidelidad a su bandera a su patria considerando traición no  buscar  a su División. ¿Pero donde encontrarla? ¡Rusia era tan grande! Y por todos lados encontraría enemigos, que no tardarían en  delatarlo.

 El galeno  adivinó sus pensamientos y le dijo en tono confidencial.

 Es muy noble para un soldado, lo que  creo que piensas. Yo también he sido soldado. Fui a tu patria a España a luchar  contra el fascismo cuando la guerra. Luchamos codo con codo muchos extranjeros con  españoles. Por eso  conozco vuestro idioma- Estuve en el frente de Extremadura, de Córdoba, de Madrid y finalmente en el del Ebro. Fui herido levemente, y en un hospital de Zaragoza, me curaron y me enamoré de una lindas enfermera. Luego al perder la Republica la guerra,  como pude  regresé a  Rusia.  Fuimos recibidos  sino como héroes como valientes soldados de Stalin, que  sin temor  voluntariamente  nos alistamos voluntarios para  combatir el fascismo. Como ves soy médico, un médico de pueblo, un medico rural. Estudie medicina en Moscú. Y en Moscú podía ejercer mi profesión. Pero al regreso de España, vi como el régimen comunista no era mejor que el fascista de Franco, y me encaré con  algunos políticos de altura. Les dije que en nada se diferencia el comunismo del fascismo, solo en los colores y los himnos ya que el sistema era iogual. Engordar  los tiburones a costa de los pececillos. Aquello lo tomaron muy mal. Me denunciaron a la policía como  derrotista y traidor. No me encarcelaron., pero en Moscú nada  tenia que hacer. Quisieron deportarme a Siberia, al fin lo hicieron aquí  cerca de Novgord. Y aquí me encuentro, muy a gusto por cierto. Me case con una ucraniana que me quiere y me adora me ha dado dos hijos  niño y niña, y soy muy feliz. A veces me acuerdo de  Pilar, aquella enfermera de Zaragoza que estaba dispuesta a venirse conmigo, pero por circunstancias adversa no pudo ser. Esta es mi vida. Yo no seré el que te sujete ni delate si te quieres marchar, pero piensa. Rusia es inmensa tu idioma no se habla en ningún pueblo, y eres un enemigo de la patria. Aquí estarías muy bien hasta que  esto se normalice, algún día llegará pues ni el régimen de Stalin ni el de Franco pueden persistir muchos años y puedes formar una familia.

 Y al decir esto miraba a Natacha. Aquel hombre nadie sabe porque, veia en Marcial un buen hombre, digno para aquella morenita  rusa que tanto  estaba haciendo por el. Llevaban  sangre  igual, eras el mismo grupo y ella se merecía lo mejor dentro de su categoría.  ¡ Vaya ya salieron aquí las categorías,  como si todas las personas no fuesen iguales ante Dios o la naturaleza.

 Natalia era una campesina honrada, trabajadora y sumisa. Amaba a sus padres con delirio. Sabia coser y bordar,  que lo hacia por encargo a las novias que se casaban. Sabia leer y escribir, y tocar la balalaica . Una buena mujer para un buen hombre y el médico   gran amigo de la familia, se lo hizo saber a sus padres. Estos  solo dijeron.

 Si ella lo quiere y el también a ella., nosotros no nos opondremos a que sean felices.

 El galeno, los  junto una tarde. Marcial ya estaba curado. Las heridas cicatrizaron al poco tiempo. Ya conocemos que su salud era buena. Les dijo el médico tomándole las manos.

 Por las miradas que  os cruzáis; por los gestos y sonrisas que os dirigís. Por la ternura que  desprenden vuestros ojos, no hace falta ser un lince para saber que os queréis., que los dos estáis enamorados. Sois por pura coincidencia hermanos de sangre, pero eso no importa para  que seáis marido y mujer. Cada uno de vosotros  sois de padres diferentes, de razas diferentes, aunque  tu seas del oeste de Europa,  y ella del este pero en el amor no es impedimento la distancia ni la geografía, ni las razas ni la edad. Se que os amáis, y lo mismo yo que  Nicolás y Ana, queremos lo mejor para Natacha. Creemos que tu buen español  serás  el que la haga feliz. Juntad las manos. Yo os  deseo que seáis muy felices. Y que  os améis  el uno al otro siempre. Que si  a el le llega la ocasión de regresar a su país, lo acompañes, y luego retornéis aquí. A los hombres nos gusta visitar  nuestra tierra, aunque a nadie vivo tengamos  en ella. Pero allí están, es tierra de la tierra por lo tanto es como si  los visitase a ellos. . Con esto os declaro  esposos. No lo puede hacer un  pope por razones obvias. El es un extranjero que ha venido a luchar contra un  régimen al que considera tirano, igual hice yo hace mas de  ocho años. Todos creemos que  llevábamos razón, pero si analizamos la cuestión nadie la lleva.

 Aquí en este pueblecito, se acabó la política para vosotros y para mi. Sois dos seres que  os amáis y  tenéis derecho a ser felices. La política fuera. Contad con migo para  lo que yo desinteresadamente pueda ofreceros. Besaros. Ya sois marido y mujer.

 Y asi con esta sencilla  ceremonia, con solo los padres de  Natacha presentes, aquel buen hombre los declaró marido y mujer. Para ser felices no hace falta mas. Y allí vivieron,  muchos años. Tuvieron dos hijos. Una niña que  a instancia de el le pusieron el nombre de su madre  Antonia y un niño al que le llamaban Nicolás.

Marcial aprendió  el idioma ruso, que se lo enseñó su mujer y ella  como no, el español de  boca de su marido. Lógicamente los niños sabían a la perfección los dos idiomas. Nicolás y Ana nunca lograron hablarlo.

 Marcial, soy muy feliz  contigo. Me has  dado la dicha anhelada. Algún día iremos con los niños a conocer tu tierra. No decaigas. Stalin morirá y Franco también y visitaremos a mi suegros y si ya no viven su tumba le llevaremos flores y aquella tumba será para mi  cuando la bese el beso que le debo a tus padres.

 Difícil es amor mío. Pero si algún día llegamos a viajar a mi país, no te arrepentirás. También allí  como aquí, dentro de la tiranía, existen personas buenas.

Ella cosiendo y bordando. El con el arado y la azada. Había  dejado el mortífero fusil, por el noble oficio de  labrador. Así transcurrieron los años, sien do muy felices. Marcial le contó a Natacha, sus amores con aquella niña que ignoraba que ahora era un sierva de Maria. Y Natacha, le sonreía y hasta le animaba a encontrarla algún día. Y  seremos buenas amigas, decía y si no se ha casado, yo volveré aquí, si tú aun la quieres. Entonces M Marcial la abrazaba y le decía.

 Eso nunca mi amor. Tu eres mi  esposa y mi hermana. Te has sacrificado, me has curado y nunca me has abandonado. Contigo estaré hasta que muera

 Y felices fueron, en los campos helados de Rusia. Leña no les faltaba para el  crudo invierno  de la estepa., porque Marcial la acarreaba del bosque con el caballo. Las cosechas eran casi todas para el comité, pero con lo que le daban Vivian Y ella cosiendo y bordando  iban juntando algunos rublos para  viajar a la tierra de su Marcial. Los niños se hacían mayores. Asistían a la escuela del poblado, y adelantaban mucho. Nadie se preocupó de Marcial, ni les importaba que los niños hablasen dos lenguas. Hizo amigos, y escuchaba la radio y leía los periódicos plagados de mentiras. Porque ni era un paraíso Rusia ni el infierno estaba en España como aseguraban. Y así   hasta que.....

15


Yo era una niña muy mona según decían- así empezó sor Maria de la Paz su relato, para contarle su vida a Manuel el  camarada de nuestro Marcial.   Nosotros  ya sabemos su historia, por lo tanto para no ser pesados no la vamos a repetir. Mercedes, estaba azorada y cuando llegaba a los párrafos mas dolosos  tal como cuando fue a despedirse de Marcial al cuartel porque se marchaba a Barcelona , se le quebraba la voz y tenia que parar para calmarse y tomar aliento. También  unas lagrimas que cejándolas correr caían en su habito  humedecían sus mejillas.

 Manuel la escuchaba en silencio, sin atreverse a confesarle que el aunque la quería   el día que volviera no se casaría con ella. Ignoraba que hubiese tomado los hábitos monjiles y pensaba en que lo había traicionado por otro hombre en la ciudad condal. Ella . Manuel  deseaba decirle que   su amigo a través de la cruz Roja le había mandado algunas cartas, y que ella no le contesto. Entonces sor Maria de la Paz, le dijo que ella jamás recibió carta alguna.

 Le dijo la monja, que ya sabia porque lo habia olvidado, o sea nunca lo olvidó, y que la carta del rompimiento no partió de ella sino de su madre. Pro que se alegraba, puees dada las circunstancias  y las secuelas que le dejó la enfermedad jamás haría feliz a aquel niño que con tanta ilusión deseaba ser soldado, cuando jugaban en el parque de su ciudad. Mercedes  se confió plenamente a Manuel. El hecho de que estuvieron juntos en el frente de Rusia, el hecho de que  fuese el mejor amigo del que ue su novio, la enalteció y le  mostraba toda su confianza. Manuel cuando ella finalizó su relato, la miró fijamente a sus ojos negros, atreviéndose a pedirle un beso de hermano. Ella  se lo concedió sin el menor reparo y desde entonces  fueron muy buenos amigos. Pero Manuel  pronto le darían el alta, y dejaría el hospital, Seria licenciado y  devuelto a su Cortegana, don de les esperaban  su novia Maria y su hermana Rosa. Los padres fallecieron con  unos meses de intervalo durante el tiempo que permaneció en los c ampos helados de la estepa rusa, a el nada le dijeron, y cuando lo evacuaron a el hospital militar de Berlín, le encargó a un amigo que le escribiera a sus padres y a su novia. No tuvo repuestas, o la carta se perdió en el camino, o simplemente no la depositaron en correos a la enfermera que  se lo encargó. Ya en Madrid, se encontraba  mucho mejor, y entonces le volvió  a escribir de su puño y letra a M aria, y esta le contestó, llena de gozo y pena a la vez,  anunciándole que se moría de ganas por ir a Madrid a verlo, pero que Cortegana estaba tan lejos que no tenia dinero para el billete para dos personas,  ella y Rosa, pero que no perdían las esperanzas de que si permanecía mucho tiempo en el hospital irían como fuese a verlo antes de que lo retornaran otra vez a luchar contra los rojos., Le omitió la noticia de la muerte de sus padres.

 Mercedes o sor Maria de la Paz, siempre que sus obligaciones se lo permitían volvía a estar con Manuel. Se con solaban mutuamente. Ella le informaba que  la guerra en Rusia  la habían  perdido los alemanes, y que  el seguramente  cuando saliera de allí, se marcharía a su casa tranquilamente, para casarse con su novia Maria, que era muy guapa según  el retrato que  le enseño varias veces de  ella.

 Y fue entonces cuando le confesó a Mercedes, que un día en que los rusos no atacaban, pero que viendo como  eran muy superiores a ellos, esperaban la muerte de un momento a otro. Y, le dijo a Marcial que  si el moría  en el frente, se casara con su novia. Pues ella era buena y estaba seguro que la haría feliz. Marcial- continuó-  se resistió al principio, pero  viendo  la insistencia que le suplicaba que lo hiciera aceptó. Para ello escribió una carta, para que se la entregara a Maria, si llegaba a España, en la que le  suplicaba que lo tomase por marido, ya que  el había muerto en  la lucha, comunicándole que era un gran amigo suyo y un buen muchacho que la haría muy feliz. .

 Sor Maria de la Paz, quedó estupefacta, de aquel hombre. Era un buen muchacho. Un  hombre de pies a cabeza, que quería dejar amparada a la mujer de sus sueños . Pro lo que mas sensación le  causó y también alegría era que  su antiguo novio también  se uniría si ella lo aceptaba una guapa y según  Manuel excelente y honrada mujer. Otra vez  se le llenaron los ojos de llanto y abrazando a su amigo le dijo.

 No solo has querido amparar a tu novia, también que el que fue mi amor  encontrara la felicidad en la que tu ya nunca hasta que Dios os uniera en el cielo volverías a ver. Me siento muy emocionada y a la vez muy  alegre al saber que no todo en el mundo es pecado. Esa acción te honra y te  ensalza, al menos para las personas buenas. Yo  quiero que todo el mudo sea feliz. Esa acción que brotó de lo mas noble de tu ser, no se producirá porque el Altísimo ha querido que vivas y te encuentres con tu novia, a la que llevaras al altar. El pobre de Marcial  nada sabemos de el. Quizás y Dios no lo quiera haya muerto en  alguna de las cruentas  batallas que  en la lejana Rusia se libraban y su cuerpo repose en los helados paramos de aquel país. Te vas a marchar  dentro de dos días, ya no vas al frente, te mandan a casa con licencia indefinida lo se de firme. Encontraras a tu Maria, porque según   veo te escribe y se lamenta no poder venir a verte. Tu si porque el viaje hasta tu pueblo te o paga el ejercito. Solo te pido que me escribas, que le de muchos besos a Maria, y que me informes si  te enteras de alguna cosa acerca de Marcial. Soy una pecadora, no merezco llevar estos hábitos, pero ya es tarde para quitármelos. Seré muy feliz si tu lo eres con Maria , y si encontramos a Marcial, venid a verme. Yo estaré esperando vuestro regreso. En las listas de baja no aparece el nombre de Marcial, lo dan por desaparecido, pero no por muerto.

  Ya me marcho, tengo  que atender a otros enfermos. Dale u beso a Jesucristo y otro a mi. Toma mi crucifijo, bésalo y ruega por  mi, reza alguna oración  para que nos podamos  ver algún día y si  es con  Marcial  seré la monja mas feliz de la cristiandad. Adiós

 Sor Maria de la Paz , se marchó  pasillo adelante sin volver la cabeza. Manuel la contemplaba y se decía. Buena mujer y buena monja. Lastima que no aparezca Marcial, si , Mercedes te escribiré contando toda mi nueva vida que espero sea feliz. Y también  investigaré lo que pueda para encontrar a  tu novio y traértelo. Lo juro.

 No se volvieron a ver. Dos días después Manuel  abrazaba a su hermana y novia, en su Cortegana natal, Y al siguiente  los tres llevaron  sendos ramos de flores para aquellos que tanto sufrieron  su  ausencia y que jamás volvieron a abrazarlos. Los tres ante  el nicho donde reposaban los restos de sus padres vertieron abundantes lagrimas

 Un día Maria y Manuel se casaron,. El le contó a ella todo lo que había pactado con Marcial, y que  si se presentara lo acogiera como a un hermano. Ya que  colmo un hermano fueron los dos. La carta  si algún día llega te la entregara estoy seguro.

 Así vivieron algunos años. Eran felices. Trabajaba en la huerta, a pesar de su cojera. Le asignaron una pequeña paga por sus heridas . Pero no tuvieron hijos. No era por culpa de el es que Maria  era estéril. Estaba de Dios que a Marcial, le perseguía el no tener hijos con las  mujeres españolas. Pero  Dios se los  compensó con  la rusa Natacha.

. Manuel y Sor Maria de la Paz se escribían periódicamente, se contaban su vida, y tanto el como ella cuando recibían  cartas  se les alegraba el alma. Ella no podía  faltar del hospital, eran los votos  perpetuos que hizo. Manuel le prometió  viajar a Madrid con su mujer para que se conocieran. Y...

EPILOGO


 Transcurrieron los años. Stalin murió,  también  Niñita Jruschov y muchos  locos  de aquellos  que  tomaron al mundo como suyo. Y en España el dictador también se fue para dar paso a la democracia.  Mijail  Gorbachov cambio el régimen con la Perestroica, y entre España y Rusia, se terminó el antagonismo de dos regímenes que cada uno en su estilo poco tenían que echarse en cara. Se establecieron la relaciones  normales entre dos países  recíprocos y ya  se podía viajar sin temor a Moscú y de Moscú a Madrid sin  que nadie fuese molestado por sus ideas políticas o simplemente geográficas.

 Muchos años antes, algunos  prisioneros de la División Azul que resistieron los campos de concentración  soviéticos, regresaron a España. Donde hubo desengaños y fracasos. Muchos  casados que se alistaron, se les dieron por muerto o desaparecidos  ,. Creyendo la “viuda” que jamás volvería a  su  lugar de origen, se casaron o se amancebaron con otros. Cuando llegó el  marido, no fueron pocos los que retornaron a Rusia o  se alistaron en la Legión francesa o española. Marcial a pesar de todo tuvo mas suerte, aquella herida   le  facilitó mejor vida que los que cayeron prisioneros. Natacha, Nicolás y Ana, fueron sus salvadores. Pero el  deseaba  volver a su patria, saber de los suyos especialmente de  los padres, que  al llegar a su  pequeña ciudad, lo único que  encontró de ellos fue una lapido en un nicho doble, con las inscripciones de ambos, dos floreros  en los que había  un ramo de  rosas amarillas.

 No tuvo muchas dificultades para proveeré se de los pasaportes para su mujer y sus hijos y el suyo. Y una vez  con ellos en el bolsillo, reunieron  el dinero que habían ahorrado, y algo  que les facilitó sus suegros, a los que no volverían a ver mas. Nicolás y Ana, enfermaron, quizás de tristezas a  no  estar cerca de su hija  tan lejos como estaba, sin  tener esperanzas de que volvieran a  las heladas tierras de Rusia. Y solo se llevaron  de diferencia  tres meses.

 En ferrocarril hicieron el viaje hasta Odesa, y en esa ciudad ucraniana embarcaron  en un  trasatlántico hasta  Costanza, y de la capital rumana, otra vez por  ferrocarril llegaron a Madrid, después de cuatro días con cuatro noche de viaje.

 En la capital de España permanecieron seis días. Descansando. Marcial se presentó a las autoridades militares, y contó lo que le sucedió  en el frente de Novgorod. No se lo creían, lo tomaban por desertor, pero  no tuvo problemas porque  el régimen español  ya no  era la Dictadura de Franco,  el jefe del gobierno era Adolfo Suárez. Eso si  estaba ya fuera del ejercito. Ya nada  querían saber de sus heridas ni del  cautiverio  ruso. Es mas al presentarse con una mujer rusa,  le tomaron por ciudadano de aquel lejano país. No le importó mucho, ya estaba integrado en  las costumbres y  ambiente del país de su esposa e hijos, y cuando  visitara a sus padres y amigos regresaría otra vez  al territorio de los zares.

 Una vez repuesto del viaje, quiso como le prometió a su amigo y compañero Manuel, visitar a Maria. Cavilaba si mostrarle la carta que guardaba en su cartera, la que  su novio le recomendaba que si moría  lo mejor era para sentirse amparada que se casara con  el.

¿ Pobre Marcial!  Que ajeno era de que su amigo y compañero ya estaba casado con su Maria. Luego se alegraría. El tampoco podía ya ampararle caso de permanecer soltera  y sin si querido Manuel, pues como sabemos se debía a  Natacha, y tampoco  sabia que cerca muy cerca de donde el se encontraba se hallaba la que tanto quiso y ella le correspondía, su mercedes , aquella niña de juegos en el parque de su pequeña ciudad¡ Cuanto tiempo había pasado!

 Llego con su esposa y sus hijos a Cortegana.  Se hospedaron en una pensión del pueblo, desde allí mismo  la mujer que la regentaba, le in formó de todo. En los pueblos pequeños todo el mundo se conoce. Le in folrmó que  se había casado con su novia de siempre, aquella sencilla muchacha que lo esperó años hasta su regreso de Rusia.  Que no tenían hijos  y vivía con ellos su hermana Rosa.  Marcial se alegró mucho, su amigo y compañero  vivia, y regreso del infierno ruso. Se lo merecía mas que el. El fue voluntario , Manuel se lo llevaron a la fuerza, eso si  como si fuese voluntario, así rezaba en todas partes. ¿ Voluntaria a Rusia el! Que solo pensaba en la paz de su pueblo, sus padres su Maria su hermana Rosa y sus huerta.

 Marcial con su mujer y sus hijos llamo a la puerta de Manuel, la que le había indicado  la mesonera. Y  le abrió la puerta Maria, guapa sencilla morena de ojos negros y pelo de azabache. Se limpiaba las manos con el delantal, ya que  estaba preparando la merienda en la cocina.

 Marcial tímidamente pregunto si vivía allí Manuel Fernández.  Ella miró a los niños,  luego a Natacha, que estaba muda y después a Marcial

Si, aquí vive pero no  está en la huerta. No tardara en venir¿ Quienes son ustedes?

- Soy un compañero de la División Azul, los dos  éramos muy buenos amigos y compañeros. Nos atacaron los rusos y creí que había muerto

 Maria, exclamó con un grito de sorpresa y  alegría a la vez.

¡ Ay , usted es Marcial. Si, el que  mi marido le recomendó  venir a verme y si yo aceptaba casarse conmigo, caso de fallecimiento de el.¡ Dios mío  es verdad, lo que se parece en la foto que se hicieron los dos en Alemania. Pasen, pasen. Ahora mismo voy a llamarlo. Póngase cómodos. ¡ Que niños tan guapos! Usted es su mujer?

Natacha asintió, y muy tímida dijo que si, y que aquellos eran sus hijos. Que conoció a Marcial, herido y lo curó, vivieron juntos muchos años en si isba, y no estaban casados. Se avergonzó  de estas palabras.

 Maria la beso sin darle importancia a las palabras finales de Natacha.

  Manuel se presentó sudoroso del trabajo. Al ver a su amigo, le dio un vuelco el corazón. Creía ver visiones Marcial, se le acercó y lo abrazó.

 ¡Manuel! Que alegría verte vivo, después de aquel infierno. ¿ Como sobreviviste?,  ¿ Como llegaste ha España.  Yo soy Marcial, ¿ No me reconoces?.

Y Manuel, abrazándolo lloraba como un niño. Huelgan las palabras, ¿ que puede mi pluma aportar a la gran emoción que a todos embargaba? Todos hasta los niños lloraban.Los dos compañeros se creían muertos, y los dos habían resucitado uno para el otro.  Después de las presentaciones, la buena de Maria, los sentó a la mesa. Entre ella y Rosa que aunque no la hemos mencionado, también lloraba, condimentaron una comida española, una caldereta  extremeña, que gustó mucho a Natacha. No digamos nada a Marcial. Le brindaron el lecho nupcial para pasar allí los días que quisieran. Pero Natacha  lo rechazó, alegando que ellos  dormirían en cualquier sitio. Que tenían una habitación alquilada en la pensión del pueblo. Manuel, no aceptaba que se fuesen a dormir a una pensión. Su casa era grande, y había camas para todos. En la habitación  que daba al patio, le prepararon  la cama. Una cama de matrimonio para las visitas, y ,los niños durmieron  con ellos en dos camitas. No querían separarse de los padres. Cosa bastante lógica, al extrañar, la casa y el país.
 Hablaron de muchas cosas. Natacha se abrió a Maria y a Rosa, y  con su mal castellano, pero que todos entendían, les contó  como encontró su padre en la helada estepa a Marcial, y todo lo que ya  queda  escrito en páginas anteriores . Maria lloraba emocionada. Rosa  miraba a Marcial y luego a su hermano, que de vez en cundo se llevaba el pañuelo a los ojos. En un gran impulso de  cariño sublime  Maria abrazó a Natacha, besó a los niños desviviéndose en  atenderlos y complacerlos.

 Los dos hombres, recordaron sus tiempos en Rusia. Marcial contó su  romance con Mercedes. Por cierto – dijo- ¿ Que habrá sido de ella?

 Y Manuel  con voz grave pero a la vez  agradable le dijo.

 Querido amigo, compañero de fatigas. He conocido a tu Mercedes. Bueno olvídate de ella, son muchas las  circunstancias que te impiden ya que la recuerdes. Primero tu mujer, Esta mujercita a la que le debes la vida. Esta  mujer que  tanto ha hecho por ti, que te  ha ocultado de los enemigos, que avisó al medico  para que te curara y hasta te dio su sangre. No solo es tu esposa también es tu hermana. Sin su ayuda y sacrificio estarías a estas horas enterrado  en la nieve de  Novgorod Nunca la abandones. Si quieres yo te ofrezco mi casa, hasta que os hagáis de una. Trabajaremos la huerta, y de ella viviremos todos Es grande, lo que sucede es que yo no puedo cultivarla toda. pero con tus brazos la ampliaremos. En cuanto a Mercedes no la culpes. No fue ella la que  te escribió la carta, fue su madre. No quería  que  la felicidad  se fuera de vuestro hogar. Estuvo muy enferma en  Barcelona, casi a las puertas de la muerte, ¿ Y sabes porqué? Porque se separaba de ti, porque  no pudo darte el beso de despedida cuando fue al cuartel . El viaje hasta Barcelona fue para ella un infierno. En Madrid ya estaba mala, luego la hospitalizaron nada mas  arribar a la estación del norte en Barcelona, allí estuvo hospitalizada mucho tiempo, salió muy mal. Los médicos le  diagnosticaron, inutilidad total para procrear, o sea estéril  completa. Y ella  ya desilusionada de la vida se metió a monja. Hoy esta de  monja enfermera en el Gómez Ulla, y allí por casualidad la conocí.  Se que le encantaría verte, y hasta la harías feliz si fueses a Madrid con tus familia.

 Las mujeres lloraban de emoción. Natacha miró a su marido, y este con los gestos y la mirada le  decía que  si aceptaba a marchar a Madrid a conocerla, iría. El si lo deseaba, pero si ella se oponía...

 Natacha sonrió y como era un alma buena dijo en su deficiente castellano.

_ Si quieres amor mío, si tu lo deseas, si tu visita a  esa monja que de niño te hizo tan feliz, cuando quieras vamos. No me importa perderte si  vas a ser mas feliz que conmigo. Así que cuando quieras  marchamos a la capital.

No pudo contenerse Marcial, y abrazando a su mujercita y “hermana” la besó fuerte mente en los labios. Todos estaban emocionados. Hasta Rosa.

 Maria  también dijo que se sumaba con Manuel a visitar a sor Maria de la Paz o  Mercedes. Pues no la conocía, y quería agradecerle los cuidados que hizo por su marido, durante el tiempo que estuvo en el hospital.

*     *     *

 Tres días después, de lo relatado. Marcial, Natacha, Maria Manuel, y los niños Nicolás y Antonia, esperaban a sor Maria de la Paz en una sala de espera del hospital militar madrileño.  Le anunciaron a la monja  que tenia visita, y ella aceptó  a la entrevista. No tenia ni el mas remoto conocimiento de quienes serian, bueno ella esperaba a Manuel y Maria, pero ,  sin mucha seguridad. Cuando  entró en la sala de espera y conoció a Marcial, a punto estuvo de llegar al desmayo, pero sacando fuerzas de flaqueza se  contuvo.  Reinaba un gran silencio, nadie  lo rompía, todos estaban  como si les hubiese  caído una jarra de agua fría. Los niños sin entender nada, permanecían con la boca abierta. De pronto la monta dirigiéndose a Marcial, abrió la boca y con la voz quebrada le dijo.

_ Perdóname si te he causado mucho mal. Yo no  he querido hacértelo, Dios  nos ha  puesto a prueba. Te desea que seas muy feliz  Te creíamos todos muerto en Rusia. Yo no escribí la carta de nuestra rotura, luego ocurrieron tantas cosas. Tu a la División Azul, yo  en Barcelona, no acababa de encontrar mi  felicidad. Mi amiga Elvira, me animaba pero cada día que pasaba mas incomoda  estaba de la vida. Por fin encontré reposo en el convento, pero quería ser  mas útil a la humanidad y solicité  este puesto. Mira  se puede decir que nuestros sueños de niños se han cumplido. Tu fuiste un gran soldado, y yo soy de algún modo en fermera, Bendito sea Dios

 Luego mirando a Natacha y a los niños con ternura, le brotaron dos lágrimas de sus ojos se las limpio y  se fue a los niños, los beso y le  dio a besar su crucifijo. A Natacha le dijo.

 Me imagino que tu eres la mujercita que se ha traído de Rusia. Cuídalo y quiérelo mucho. Siempre ha sido muy bueno Yo os doy mi bendición, y también a los niños ¡que  bonito son!.  Y tu Marcial, dame  un beso en la cara, como si fuera tu hermana, pues eso seré para todos, una hermana buen a, que os quiere con cariño.

 Marcial, lloraba en silencio. Se acercó a Mercedes y la besó, la besó en la cara, pero  cerró los ojos. Fue como el primer beso que  se dieron cuando eran niños. Natacha también la besó y dijo que no se preocupara que ella lo quería como esposa y hermana, ya que llevaba sangre de el, y a su manera le contó lo que nosotros, sabemos.

 Todos e abrazaron. Todos lloraban. Maria la mujer de Manuel, era la mas emocionada. Le dio las gracias por  lo bien que se portó con su marido en el hospital. Luego Marcial sacando la carta amarillenta que en  el frente ruso le dictó Manuel, la leyó a todos.
 Manuel se reía, y casi avergonzado  musitó

_ llegaste tarde Marcial, otro hombre se adelantó. No quisieron las balas soviéticas quitarle la vida. En todas partes existen gen te buena.  Me tiraron solo a herirme en la pierna, pudieron haberme matado, pero aquel soldado grandote no quiso se conformó con  herirme. Pensaría “ Ya lo he puesto fuera de combate” la herida de la cabeza n o revistió nunca importancia, me herí al caer en la tierra. Si, me ha dejado algo cojo, pero gracias al soldado  aquel bigotudo hoy estoy casado con la mujer que te  recomendé. Es una paradoja  mas en la vida.

 Todos reían. Del llanto emocionado pasaron a la risa alegre, de la felicidad.

 Sor Maria de la Paz, pidiendo permiso se ausentó, para regresar al cuarto de hora. En sus manos traía  unas bolsas de  badana. En ellas había dulces, que las monjas en  ratos libres fabricaban. Una para c ada uno. A los niños le trajo, un tren mecánico de cuerda para Nicolás y una preciosa muñeca para Antonia. Ella sabría como se hizo de aquellos juguetes.

 Se despidieron. Marcial  miraba emocionado a su antigua novia. Natacha comprendía todo, y todo lo daba por bueno. Los niños fueron besados  dos o tres veces par  Mercedes, que también se le preñaron los ojos de lágrimas. Quizás que pensara,  “estos niños pudieron ser mis hijos

 Todas las despedidas son tistes, también aquella lo fue.  Sor Maria de la Paz, no podía ser de otra manera. Era  una religiosa, era la esposa del Señor. Por lo tanto su recomendación final, fue  mística.

_ Rezad por mi. Yo rezaré por todos vosotros. Confiad siempre en  Dios,. El ha permitido que  nos veamos  otra vez, y también que todos estemos vivos. Amaos los  unos a los otros, sed buenas esposas y buenos esposos, cuidad y educad a vuestros hijos , sed fieles en el matrimonio, y si queréis venir a visitarme, aquí os espero con mis brazos abiertos. Yo  dentro  de este recinto me  encuentro feliz. Quiero llevar consuelo a los enfermos y heridos,  y hacer todo el bien que este a mi alcance, siempre con la ayuda de Dios.

 Tomad , una medalla de la Virgen de la Paz, es la patrona de un pueblo de Valencia, y a la vez de toda persona que odia la guerra. Adiós.. Hasta siempre.

 Marcial, salió de aquélla visita, aturdido. ¿ Como había cambiado aquella niña, que tanto le gustaba jugar con el, en el parque. Parecía otra, casi no  se creía que fuese su Merceditas, la enfermera la que  no quería ser reina sino una enfermera para cuando estuviese herido curarlo. Casi se cumplió sus deseos, no fue reina, si enfermera y monja; no curó a el pero si a su  leal compañero. Miró hacia atrás a la puerta del hospital, pero ella ya se  había entrado dentro. No la volvería a ver nunca mas. Le cogió la mano a Natacha, cariñosamente  le susurró al oído

 _ Eres la mujer mas buena que he conocido. Dentro de unos días,  nos vamos a Rusia Allí esta nuestra vida. De allí son nuestros hijos. Yo  ya en España no tengo a nadie. Bueno a mi  leal compañero Manuel, el es feliz con su Maria y ella con el. Están  contentos y dichosos en su pueblo nosotros con nuestros niños lo seremos allá. Lo mismo que Manuel , Maria y Rosa, cultivan la huerta, nosotros lo haremos allá. Algún día quizás vuelva a visitar a mi amigo, pero eso  será cuando seamos abuelos y nos traigan los nietos.

 Por la noche  llegaron al pueblo de Manuel. Permanecieron dos días mas. Manuel y Maria, no querían que se marcharan tan lejos. Pero Marcial no aceptó. Por su parte Natacha, decía que  lo que su hombre dispusiera.

 Pero no seria tan rápido el viaje como  Marcial había propuesto. El dinero se agotó. Manuel quiso prestarle lo suficiente para el retorno. No le parecía a Marcial el  noble acto de su amigo, aceptar. Tampoco Manuel era rico, con lo que producía la huerta  tenia que mantener a su esposa y a su hermana. Marcial buscó trabajo, y lo encontró. Trabajó de peón de albañil, luego en el campo, recolectando fresas, vendimiando y ayudando a la huerta a Manuel.

 Vivian todos en la misma casa y comían juntos. Los niños  asistieron a la escuela, y así  estuvieron dos años mas.Tiempo en que recibieron la nefasta noticia de que Ana y Nicolás habían fallecido.

 Natacha lloró, mucho por sus padres, pero  Maria la consolaba, dándole todo su apoyo.

_ No llores Natacha. Ha sido  la voluntad de Dios. Ellos están mejor que nosotros , porque  a estas horas   son unidos para siempre bajo la protección divina.

 Y Natacha tan sumisa y buena, abrazaba a Maria mezclándose sus lagrimas.

 Marcial,  junto lo suficiente para el retorno. Allí estaba su casa. El huerto y los frutales. En la llanura rusa, bajo el tibio sol trabajarían los dos para  Antonia y Nicolás.

 Antes de emprender viaje, que ahora lo realizarían en avión,  marcharon todos juntos a la pequeña ciudad del niño que jugaba a ser soldado, con la niña  que quería ser enfermera. Y allí les  mostraba, el parque de sus juegos. El cuartel donde  ingresó como corneta, y ya visto todo lo principal, incluida la catedral católica, fueron al cementerio, a despedirse para siempre de aquellas fotos que  colocadas magistralmente en la lapida, mostraba  a su querida madre y a su adorado padre. Muy contento estaba, porque en los floreros había  unas hermosas dalias rojas  ¿ Quien  seria el alma buena que las puso?  Estaban frescas y lozanas. Y al mirar  para atrás, se encontró que unos brazos  abiertos  iban a abrázalo. Era Rosalía, la antigua sirvienta, la que se c asó con un soldado. Le contó que murió muy joven, dejándole dos hijos, que estaban allí con ella. Pues quiso  que lo enterraran en aquel cementerio, para ella poder llevarle flores y rezarle.

 En pocos minutos se contaron sus vidas. Rosalía abrazó a N Natacha, y a los niños y todos salieron  con lagrimas en los ojos del camposanto.

 Marcial , con su amantísima  mujer, la rusa Natacha y sus dos hijos. Subieron a un avión de Iberia en  Barajas y  ocho horas después aterrizaba en  Moscú. De allí  en tren hasta Novgorod, y luego a su aldea, donde  creo vive feliz  cultivando el huerto de su suegro, que ya es suyo. Natacha cose y borda para las vecinas, y los niños asisten a los colegios de la  ciudad. Son felices, o al menos  así lo creo yo.

 Manuel y Maria, también  viven en su Cortegana, con rosa que  nunca se casó, cultivan fresas y manzanos  que venden en Aracena y pueblos limítrofes, desplazándose a veces hasta Fregenal de la Sierra, en la provincia de Badajoz. Y por intuición son dichosos.

 Rosalía, llevaba flores a la tumba de los padres de Marcial., porque así se lo juró. Se volvió a casar. Con  un viudo  sargento de la Policía, como aun era joven, le   premio con otro hijo. Eran tres  hermanos, que  se llevaron  mejor que Caín y Abel . No se  si alguna vez me encontraré con estas personas, que yo las he parido, a las que yo  en momentos de inspiración les he dado vida, y a las que no olvidaré por muchos años que  viva.

  Y hasta aquí esta historia de ficción, con finísimos ribetes de realidad, que es producto de un sueño y un cuento que una mujer me  relato.

 Si le ha servido de distracción, si la  ha emocionado o si simplemente  amigo lector, lectora no le ha aburrido con eso me siento  complacido.

F   I   N

 

 Dedicada a cuantas personas me aprecian
JHB