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ARRESTADO EN LA SIBERIA

Por Juan José Hormigo Bautista.

 

ARRESTADO EN LA SIBERIA

NOVELA DE JUAN HORMIGO BAUTISTA

ARRESTADO

       

                        Capitulo Primero

De correrías

Aquella  mañana como muchas, Esteban ensillaba su caballo. A su lado Pedro hacia lo mismo en la estrecha cuadra de la casa-cuartel. Iban a prestar el servicio de correrías.

 Nos encontramos en Helechos una pequeña población de la comarca extremeña conocida por la Siberia. El puesto de la Guardia civil estaba a la entrada del pueblo por la única carretera que tiene acceso a lo localidad. Este pueblo se halla ubicado en el norte de la provincia de Badajoz muy aislado de las grandes ciudades, limita con la provincia de ciudad Real y Toledo respectivamente. Es un puesto de arrestados y guardias de nuevo ingreso, ningún guardia veterano lo  solicita por su alejamiento con los centros de trabajo y enseñanzas. Los 6oo vecinos se dedican a la agricultura y a la elaboración de carbón vegetal, otros a la ganadería, a la caza y a la pesca, ya que por sus inmediaciones discurre el río Guadiana.
 La estaciones de ferrocarril mas cercanas distan más de  80 kilómetros, Almadén en Ciudad Real, cabeza del Buey en Badajoz y Talavera de la Reina en Toledo. El terreno es montañoso poblado de vegetación, así como encinas y alcornoques, charnecas y olivos.
 Las poblaciones mas notables de la comarca están también muy alejadas de Helechos. Siendo su cabeza del partido Herrera del Duque y Talarrubias donde se halla ubicada la compañía de la Guardia Civil.
 El calificativo de Siberia quizás le fuera impuesto por asemejarse a la gran Siberia rusa, por el aislamiento de sus poblaciones con la capital de la provincia.

 Esteban era el guardia primero del Puesto y a pesar de ser destinado allí por un arresto no perdió su galón de distinción que por su buen comportamiento se había ganado en el puesto anterior. Por ello cuando el cabo Comandante de Puesto caía enfermo o disfrutaba de alguna licencia o permiso era el en el que recaía la responsabilidad del Puesto, y sus hombres siendo querido y respetado por casi todos los vecinos del pueblo.
 En aquellos momentos era Esteban el encargado de dirigir y gobernar  la demarcación y sus hombres, ya que el cabo se hallaba internado en el Hospital Gómez Ulla de Madrid, por una enfermedad que el médico rural del pueblo consideró no muy benigna.
 Unos diez años  llevaba Esteban engrosando las filas del Benemérito Cuerpo, procedía del campo, de una familia de pequeños labradores en castilla la Mancha. Había prestado su servicio militar en Regulares 2 de Melilla, siendo cabo 1ª y de allí pasó a la Guardia Civil, mediante previo examen,  con  certificado de buena conducta y  reconocimiento médico sano como una pera.
 Esteban cuando caminaba con su caballo    Dado”, que así se llamaba el solípedo por su color blanco moteado de negro, entre riscos y jaras envuelto en su capa verde y embozado con el tapaboca reglamentario, le venían a su memoria los acontecimientos que no mucho tiempo atrás le habían sucedido.
 Con su compañero Pedro iban por la sierra de correrías a la distancia que mandan las ordenanzas, o sea de ocho a diez pasos uno del otro para evitar sorpresa en caso de ataque improvisado.
 Pedro era joven, casi imberbe de nuevo ingreso procedente del colegio de guardias jóvenes Duque de Ahumada en Valdemoro (Madrid).
 Eran las seis de la mañana, fría y obscura, de esas del mes de enero del año  mil novecientos  cuarenta y... Iban con mucha precaución por aquellas veredas de cabras que los sufridos caballos sabían caminar sin tropezar en ninguna piedra suelta y saliente de la senda. No llevaban miedo pero si desconfianza  recorriendo la vereda con mucha precaución y sentido común.
 Los caballeros del tricornio nunca tienen miedo, por eso arrostran todos los peligros que su dura y precisa profesión le impone.
 Los maquis, huidos o bandoleros como le llamaban infectaban todas las sierras de España, y como no... En las escarpadas montañas de Extremadura no faltaban tampoco.
 Eran los derrotados de la cruenta guerra civil que ensangrentó a España, llegando a luchar hermano contra hermano por sus ideales, o quizás por ironías del destino, ya que muchos que no lo fueron pelearon en contra de los suyos en ambos bandos; pero el meollo de esta historia no  nos incumbe en estos avatares. Esta historia se refiere exclusivamente a guardias civiles y en especial a uno; Esteban Mejias Suárez.
 Y lucharon contra los maquis, porque su profesión se lo imponía, no por odios ni venganzas, pues muchos de los guardias que murieron en esta lucha murieron por el deber sagrado que le imponía el Cuerpo y no por ideales que nada les afectaba.
 La Guardia Civil siempre estuvo y está al lado del Gobierno de España, sea cual sea su color político. Por eso  los guardias civiles no entienden de política.
Por lo tanto unas por  instinto, otros por subsistir y otros por ideales, aquello hombres llamados bandoleros o maquis, lo mismo asaltaban cortijos como robaban y secuestraban, y no pocas veces tiñeron de sangre majadas y casas de campo, con la sangre de los que se resistían a proporcionarles sus bienes que ellos exigían o simplemente por creer que eran chivatos de la Guardia Civil.
 Los montes donde estaba el pueblo y en el  destacamento o otros como Villaharta o la   Fuentelabrada, no se libraban de las fechorías de los maquis, especialmente de las partidas del Chaqueta Larga y el Francés, y otros de menor nombraría.

 Pedro el compañero de Esteban, era un muchacho valiente pero carecía de experiencia y de esa picardía que se adquiere con los años de servicio. Y aquella fría mañana de invierno realizaban un servicio rutinario, una correría  sin  causa justificada, pero en aquellos tiempos y aquellos parajes se envolvieron en un servicio que no dejaron desperdiciar aun exponiendo sus vidas.
 Pensaba Esteban en  como y porqué había ingresado en la Guardia Civil. Lo hizo por dos causas, la primera porque le gustaba el oficio y vestir el verde uniforme de los servidores del orden y la ley y, la segunda porque  el oficio que antecedía era el del campo con pocas tierras, y no encontraba otro trabajo que el de segar en verano y sembrar en otoño, o la rebusca de aceitunas o espigas de trigo.
 El poseía buena conducta ya que todo lo que realizaba era legal, hasta cuando iba de caza, donde había muchos furtivos, el jamás empuñó la escopeta ilegalmente.
Cuando le llegó la hora de marchar al servicio militar,  fue voluntario a  Regulares nº
 2 en Melilla, porque se decía en su pueblo que era mas fácil para ingresar en la policía armada o la guardia civil, y sin pensarlo dos veces aunque le daría un disgusto a su madre y a su hermana se alistó en la caja de reclutas de la zona marchando a los dos días al destino que había elegido.
 Era su madre viuda y trabajaba en las casas de limpiadora; su hermana aun pequeña asistía a la escuela del pueblo que era gratuita. Esteban  era consciente de que no las dejaba en buena situación. Pero como decía el que algo quiere algo le cuesta, estando convencido de que le sobraban aptitudes para ser guardia civil y con la corta paga poder dar algo de estudios a su hermana y quitar a su madre de fregar suelos.
 Por su aplicación, disciplina y valentía fue  ascendido a cabo y tres meses mas tarde a cabo primero, ya tenia mas posibilidad para ingresar en el cuerpo que tanto le gustaba. El Instituto de Ahumada.
 Salía poco de paseo, ya que ese tiempo de ocio que le concedían los mandos superiores los dedicaba al estudio, preparándose así a fondo para el ingreso, y desde el mismo regimiento cursó la solicitud siéndole admitida, después en el examen en la Comandancia de la Guardia Civil de Melilla, sacó el número dos y desde allí fue enviado a la academia de Úbeda.
 Salio de dicho centro con una buena  puntuación, porque Esteban era muy aplicado serio y formal y responsable en todos los actos de su vida.
 Por su buen comportamiento y aplicación en la academia, le concedieron la comandancia de Badajoz,, que aunque no era la mejor, estaba  cerca de su provincia que era limítrofe.
 Fue destinado a uno de los pueblos mas grande de la provincia su nombre Almendralejo, y le llamaban la capital de los Barros, hermosa ciudad donde no faltaba de nada, buenos establecimientos de comestibles, bares, cines y bares un pequeño hospital y varios médicos, era un sitio optimo para vivir.
 A Esteban estas cosas le daba igual, a el lo que le gustaba era el cine y cuando estaba franco de servicio asistía a todas las sesiones que en el Carolina Coronado daban. No paga nada porque le empresa cinematográfica tenia en consideración al Cuerpo una fila de butacas  gratis para  ellos y sus familiares. Gastaba poco en nada excepción hecha de libros, que era lector empedernido, leyendo todo lo que caía en sus manos-
El día que se incorporó al Puesto todos los guardias veteranos se extrañaron que un guardia de nuevo ingreso fuese destinado a aquella hermosa ciudad, por lo que  corrió el rumor de que era un recomendado.
_ ¡Vaya suerte la tuya ¡_ le decían con un poco de envidia.
_ Nosotros la mayoría para llegar hasta aquí hemos tenido que pasar por costas y fronteras o en un pueblo perdido de la sierra.
 También Esteban se extrañaba a si mismo del destino que le habían asignado, y que el supiera no intervino nadie nada mas que su suerte.
 Andrés por ejemplo un buen compañero  que se hicieron buenos amigos, siempre tan estudioso y que se sabia al dedillo todos los reglamentos y leyes, tan militar y disciplinado no tuvo la misma suerte y a la salida de la academia lo destinaron a las playas de Valencia donde apenas dormía, hasta que hizo carácter preferente para Badajoz.
 Y así en su caballo dado, iba desgranando lo que le había sucedido antes de llegar a Helechos.
_ Pedro el frío es intenso_ le decía a su compañero- a las claras del día el frío se acentúa mas. Mira los campos, blancos de la escarcha que esta noche ha caído  y montado en el caballo los pies se hielan. Como no podemos encender fuego para no ser descubiertos, lo mejor es que nos apeemos del caballo y vayamos andando así los pies entran en calor.
_ Como quieras. Si, creo que es lo mejor.
 Sin mediar más palabras los dos guardias echaron pie a tierra y agarrando las  bridas de sus animales caminaban con ellos detrás.
_ Cuando lleguemos al cortijo de la Muela_ le decía Esteban a su compañero_ , seguramente nos ofrecerán  café y nos invitaran a sentarnos a la lumbre, los cortijeros son muy madrugadores y ya tienen encendido el fuego y el puchero  en la lumbre. Pero no te fíes de la amabilidad, los tiempos son difíciles y la gente traidora, y en estos parajes tristes y desolados son mas peligrosos que otros, hasta podemos caer en una emboscada. La sierra esta infestada de maquis, y tienen muchos amigos y simpatizantes entre los cortijeros y pastores. Unos por ideología, hoyitos por temor, y otros porque a la guardia civil no la pueden ver y todos juegan con dos barajas, nosotros y ellos. Hay que comprender que es muy difícil vivir en estos montes entre bandoleros, alimañas y nosotros hostigándoles para que nos digan si han visto a los maquis.
 Se paró el guardia veterano y puso la mano en pantalla para protegerse de los rayos del sol que  con sus cabellos de oro iba inundando toda la tierra; lo hacia para otear los picachos de la sierra. Pedro  hizo lo mismo
 A pesar de la gran escarcha que la noche envió a la tierra, el día se presentaba bueno y templado. Iba a ser uno de esos días de enero que cuando el sol esta en  mediodía calienta.

 Esteban Mejías Suárez se encontraba en aquel lugar por haber sido corregido, como sabemos aunque aun no sabemos como  y porque del correctivo.
Eran tiempos difíciles, también para la Guardia Civil lo eran, y una pequeña falta que en los paisanos no  tiene importancia en los guardias era castigada con todo rigor.
 Esteban con aquel arresta aprendió  a ser desconfiado, no se fiaba de nadie. El que antes era todo  sinceridad, comprensivo y buena persona.
 No es que fuese malo ahora, su corazón no le dictaba maldad, pero había cambiado en cierto modo bastante
 Sentía cierto cariño hacia Pedro ¡Era tan joven! Quería ser como un padre para el muchacho, no le había. Aun crecido la barba, era casi un niño y ya estaba metido en  el avispero.
 Era Pedro moreno, bien parecido, ojos expresivos, alto garboso y también llevaba el uniforme con orgullo. Podía muy bien hacerse novio de una de aquellas aldeanas, que como suele ocurrir en las localidades pequeñas, se enamoran fácilmente del guardia que  llega soltero, pero tenia que conocer muy bien quien era la elegida, pues en aquellos tiempos la mujer de un guardia, debía observar buena conducta, moral publica y privada, ser hacendosa y hasta no tener familiares contrarios al régimen, ni que  estén en el exilio. , que sus familiares pertenezcan a partidos de derechas o en tal caso ser indiferentes al régimen pero nunca contrario a el.
 Esteban  deseaba de corazón que aquel muchacho, el último que llegó al pueblo fuese bien considerado por todos los vecinos, y sobretodo por los demás compañeros, todos veteranos, caimanes como se dice en el argot civilero, que habían sufrido  mucho y habían pasado por muchos puestos, y aunque todos eran buenos compañeros, a veces el  trato y la comprensión no era lo mismo en todos.
 Desde que se incorporó, todos sentían  cierto afecto y cariño que rayaba a la  lastima, lo consideraban como lo que era un niño  que aun no había cumplido los 20 años, mas por el sitio que fue a caer, zona de maquis, zona que no estaba exenta de peligro.
 No compendia Esteban que un joven polilla, hijo del cuerpo y bien preparado teóricamente, fuese enviado a un lugar como aquel. Claro que el guardia civil no solo debe acatar las decisiones del mando, sino  sentirse orgulloso de eso y mostrarse alegre  y valiente en todo momento. Pedro  así lo demostraba como se lo habían inculcado en el colegio.

 Dejaron de hablar, ahora caminaban silenciosos, cada uno con  sus pensamientos. Otra vez subieron en sus caballos, llevaban unas dos horas por aquellas veredas caminando y aun le quedaban más de media hora para llegar al cortijo y coger la primera presentación.
 Al subir un repecho divisaron el blanco cortijo, el sol ya iba calentando, con ese calor de invierno que tanto se agradece.
 El cortijo era de tapias (tierra prensada) muy característicos de la baja  Extremadura y  el norte de Andalucía. En el vértice del tejado existía  un canal de hojalata para recoger las aguas de lluvia que  llenaban un bidón que en tiempos  fue de aceite. En lo más elevado del tejado un pararrayos que no servia de nada, ya que el cable que conduce al rayo a la estrella que  se coloca bajo tierra estaba roto, podrido por los muchos años que lo pusieron y no lo repararon nunca.
 Cuando los solípedos empezaron a subir la loma apareció en la puerta principal del cortijo una mujer.Era la casera o cortijera. Vestía completamente de negro tal vez de luto por algún familiar o por costumbre, ya que las campesinas de estas tierras y aquella época tenían predilección por este color. No llevaba pañuelo en la cabeza  peinada al estilo de San Antonio.
El pelo muy negro igual que los ojos y de tez muy morena, más bien por la acción de los aires y del sol que por su color natural. No era muy alta su cara era redonda y de sus orejas pendían dos salcillos de oro con una perlita blanca y redonda en el centro. Era el único complemento que llevaba a su  ajada belleza, ni anillos ni pulseras.
 No dejaba de otear el horizonte por oriente, contrario a la marcha de la pareja,
_ Buenos días_, saludó Esteban que llegó unos segundos antes que Pedro al cortijo,
La cortijera respondió de mala gana, sin entusiasmo. Se le notaba a la legua que le estorbaba  que llegara la pareja a aquellas horas. Sus negros ojos miraban inquietos y muy brillante para todos los lados, algo raro en ella observo Esteban.
 Aunque  trató la mujer de mantenerse serena, no pudo ocultar que le producía la presencia de los dos guardias.
_ Esto me huele mal_ pensaba la guardia veterano. Esta mujer oculta algo. Otras veces se ha mostrado amable ¿que  pasará? Hoy no nos ofrece ni café ni que pasemos a calentarnos. Aquí hay algo encerrado.
 El veterano Esteban, algo se olía aquella mañana. Era un buen guardia y tenia experiencia en el oficio.
 Viendo  que la presencia de ellos no era aquella mañana del agrado de la guardesa, dispuso  emprender la marcha a otro lugar que también  tenían que recoger la firma de la presentación. Ya la guardesa había firmado la papeleta alegando que estaba sola en el cortijo, que su marido había salido a dar una vuelta por la finca y los  demás estaban ya en su trabajo. Los señores amos no iban hacia muchos meses, desde que se enteraron que por allí  andaban las partidas de los maquis.
 No anduvieron diez pasos cuando sintieron un tropel de caballerías por la puerta de atrás del cortijo. Eran los que se disponían a darse la fuga, los maquis que pasaron la noche en las cuadras y el pajar.
 Entonces   se percató de la hostilidad de la mujer aquella mañana. Ocultaba a los maquis en el cortijo.
 Volvió su caballo y ordenó a Pedro que  fuera por la parte de atrás, y mirara  que era aquel  tropel de caballerías, en segundo  rodearon el cortijo, uno por la derecha y el otro por la izquierda. Y observaron como a campo traviesa huían cuatro hombres a  todo correr de sus cabalgaduras, pero ya le llevaban una distancia considerable para darles alcance.
_ ¡Alto a la Guardia Civil!- gritó Esteban a la vez que efectuaba unos disparos al aire con su fusil máuser
Pero los  maquis en lugar de obedecer  fustigaron más a sus  caballos y se internaron en los vericuetos de la enmarañada serranía. Por aquellos lugares las jaras eran muy altas y el matorral muy denso, y unas veredas de cabras.
 Nuestros hombres rastrearon todo el contorno pero no lograron localizarlos, Los huidos quizás más conocedores del terreno se ocultaron o tomaron otra dirección distinta a la de sus perseguidores.
 La sierra se despertaba y el rugir de los animales salvajes, como gamos, ciervos jabalies y otros, amortiguaron  el galopar de los caballos.
 Otro factor que obraba en contra de los guardias y a favor de los maquis, era que los caballos estaban cansados, ya que llevaban caminando mas de tres leguas, mientras que los que emprendieron la marcha con los maquis, iban de refresco.
¡Los hemos perdido Pedro! Le comunicó  Esteban a su compañero disgustado.
_ ¿Habras más escondidos en el cortijo Esteban? Le  pregunto Pedro contrariado también
 Los hombres de Ahumada sabían, no suponían que  los que salieron  por la puerta de atrás del cortijo, era bandoleros o maquís llamado de las dos maneras  por la Guardia Civil.
_ Ahora mismo lo vamos a comprobar Pedro. Esto tenemos que  hacerlo saber a los mandos. Porque si la superioridad se entera por otras fuentes que se nos han escapado y no hemos dado cuenta podemos tener serias consecuencias. Los tiempos que atravesamos son duros de pelar para todos y  un correctivo está  presto a caer, y en mi caso seria el segundo sin invalidar el primero y la vida se me pondría difícil.
 Ya hemos dicho que Esteban era un valiente, amante del cuerpo, de la justicia y de la ley,
 Volviendo atrás diremos que desde  siempre ha habido  cuerpos y hombres para  perseguir los delitos y faltas que por cualquier razón o sin razón el genero humano comete. El había leído muchos libros y recordaba como en la edad media existía la Santa hermandad, antecesor de la Guardia Civil. En muchas  comarcas y regiones de España y del mundo, hubo  policías locales y rurales, velan do por la seguridad  de las personas y sus propiedades, Migueletes, Miñones, escopeteros. Mozos de escuadras  y otros. En la actualidad había en España la Guardia Civil, la Policía Armada, para las ciudades importantes, la guardia municipal, los guardas de campos y forestales, y otros menos conocidos. En cualquiera de esos  hubiese ingresado dado su tesón en el estudio, buena conducta y capacidad, pero a el le gustó  la Benemérita, y en ella ingresó.
 Sabia que era una profesión peligrosa, ya que todas las sierras españolas estaban infectadas por los maquis, pero esto no le importó, más bien lo estimuló para  tomar esta decisión.
  Cuando retornaron al cortijo ya no había nadie en la puerta, la cortijera estaba dentro: Solamente las gallinas picoteaban acá y allá la hierba.
 Reinaba un silencio sepulcral.
_ Cúbreme_ le dijo Esteban a Pedro.
_ ¿Que vas  hacer?
_ Voy a entrar saltando por la tapia del corral, veré si quedan más maquis en el interior.
_ Mejor que salte yo_ dijo Pedro_ soy mas joven y puedo trepar con mas agilidad por la pared.
_ llevas razón- le respondió Esteban_ , yo te cubriré desde el caballo pero ten mucho cuidado  que no te sorprendan.  Cuando estés dentro abres la puerta  falsa que está cerrada, y así puedo entrar yo también, para registrar entre los dos el cortijo, se tienen sospecha de un delito y no precisamos mandamiento judicial para el registro.
 Primero llamaron a la puerta y nadie respondió. Ellos habían que al menos la cortijera estaba dentro: pero la  mujer tomó miedo, había adivinado que los guardias tenían infundadas sospechas y que volverían  sobretodo al oír los cascos de los caballos golpear la dura tierra..
 Esteban subido en su caballo veía todo el interior del corral, desde su puesto de observación cubriría a Pedro  tenia movilidad y visión para disparar si  veía a su compañero en peligro. Pero no hizo falta la precaución, ya que la cortijera que vería desde alguna raja de la puerta la maniobra  abrió la puerta de par en par. Esteban  le apuntó con el fusil.
_ Que equivocados nos tenias mujer._ le inquirió Esteban que no a acostumbraba nunca a decir palabras  mal sonantes y menos a una mujer., pero aquella vez al verse  traicionado le insultó llamándola zorra.
 La mujer  temblaba de miedo.
_ Yo...yo, no he hecho nada malo. De verdad se lo digo a usted Esteban, si me dejan se lo diré todo.
_ Claro que lo va a decir todo, pero enseguida y sin omitir nada.
_ Si, si le diré todo.
_ Si, lo dirá pero no aquí en el cuartel.
 Esteban  estaba rojo de rabia  por ser engañado por aquella mujer que decía ser adicta al cuerpo, y amiga de los guardias. La verdad que otras veces lo demostró  con alegría.
 No quiso ponerle los grilletes, se le hacia violento amarrar a una mujer aunque fuese cómplice y encubridora de los maquis.
_ ¿Quien más hay en el cortijo?
_Nadie, se lo juro Esteban. Yo estoy sola
_ ¿Y su marido? También ha huido?

 

 Hacia Esteban la pregunta con brusquedad tal era la rabia que tenia.
_ Mi marido también ha huido si, al verlos a ustedes.

_ ¿Entonces los otros eran maquis, y su marido esta en contacto con ellos
_ Si me dejan explicarles se lo diré todo
_ Le temblaba un poco la voz, levantó la vista del suelo donde la tenia clavada, y miraba al veterano como pidiendo clemencia, estaba a punto de llorar.
_ Habla pronto, pero cuidadito con mentir. Empezó así.
_ A el, o sea a mi marido le obligaron bajo amenazas de muerte a que le diera los caballos que había en la cuadra, y poniéndole las escopetas en el pecho quisieron que los acompañara,  temían que si los dejaba aquí conmigo, se uniría a ustedes.

_ ¿Y usted porque no se marchó con ellos, oigo que en la cuadra existen al menos dos caballos.
_ Porque yo no se montar a caballo y aparte de eso ellos dijeron que la mujer en estos casos es un estorbo, por eso no me he ido con ellos.
_ ¿Y no pensaron que usted   los delataría?
 Soledad que así se llamaba la mujer no respondió a la pregunta de Esteban, limitándose a escogerse de hombros.
_ Vemos que no quiere decir mas, es igual ya cantará en el cuartel. Ahora vaya delante nosotros la seguiremos, y así los tres emprendieron el camino de Helechos.
Los guardias no quisieron subirse a sus caballos, era poco caballeroso  que ella fuese a pié y ellos montados.

 Aunque la helada fue muy grande al salir el  sol empezó a derretirse y ya sobre las doce del día el astro rey calentaba regularmente, y al estar el viento en calma, empezaron a sudar.La mujer traspiraba mucho y el sudor era fuerte olía.
 Eligieron  para el regreso otro camino que aunque daba algo de rodeo era mas practicable para ir a pié, pues era mas liso con menos piedras y abrojos, y así la mujer que iba en alpargatas podría caminar mejor.
 Esteban estuvo intentando subirla a la grupa de sus caballos, pero  no se lo permitía el reglamento a no ser causa de males mayores, y ella  quizás no lo aceptara.
 Pensaba Esteban que  a lo mejor aquella mujer era inocente, desechaba anteriores suposiciones. La vida en aquellos montes era complicada, donde los maquis eran hasta ahora los dueños y señores, y si no acataban sus exigencias podían pender de una cuerda en cualquier encina.
 Antes de la guerra los bandoleros eran escasos, aquellos románticos de sierra Morena habían sido  eliminados por  la Guardia civil, pero finalizada la contienda otra vez los montes se plagaron de bandoleros, desde luego era otra clase de bandidos si así se me permite calificarlos, pero la  Benemérita tenia la obligación y el deber de perseguirlos y capturarlos como a los  precedentes.
 Soledad nació entre aquellos riscos y  vegetación silvestre, su madre la trajo a este mundo ayudada por una pastora que poseía algunos conocimientos de parto; Era su madre fuerte y sana de anchas caderas que no le costó mucho esfuerzo  traerla a la luz del día. Le pusieron de nombre Soledad por haber nacido casi en soledad en aquellos  hostiles parajes, y hasta un mes después no la registraron en el juzgado de paz de Helechos, y la bautizaron otro mes después en la pequeña ermita del monte donde  iba el cura a decir misa una vez al mes o mas, según las gana que tuviera. Se hizo mayor  y asistía a las fiestas del pueblo una vez al año, y a veces  de vez en cuando su madre la llevaba a suministrar.
 Conoció a Miguel un pastorcillo de la misma finca y con el se casó a los 18 años. Tuvo una hija, pero se le murió y la enterraron  debajo de una encina, nadie lo sabía, murió al mes de haber nacido, y ya Dios no quiso darle mas hijos.
 La casa donde Vivian llamada cortijo por ellos era un casucho de una sola planta de techos de cañas. No muy lejos se encontraba el cortijo de los señores,. Estos desde que se enteraron que por aquellos andurriales andaban las partidas del francés y el Chaqueta Larga no  querían ir.
 Aquellos maquis, guerrilleros o bandoleros (llámelos usted como quiera) tenían fama de sanguinarios. El francés se presentó un día en el cortijo de Miguel y Soledad, exigiéndole comida para él y sus hombres, por lo que Miguel se veía precisado de matar una oveja si no quería ser ahorcado.
 Y les daba órdenes  a la vez que le decía.
_ Si los civiles se encuentran en el cortijo, en las alambres de tender la ropa que cuelgue tu mujer tus pantalones a secar con los perniles hacia abajo y la cintura hacia arriba cogidos con alfileres los pantalones están con la cintura hacia abajo, es que no esta la guardia civil. Si nos encontramos  dentro del cortijo y vienen los del tricornio, para lo que debe uno de los dos estar siempre mirando por la ventana todo el  camino, mientras nosotros descansamos la contraseña es tararear la canción del tatuaje.
 “El vino en un barco...” o mira mi brazo tatuado con este nombre de mujer... con eso sobra, pero que lo oigamos nosotros, así nos dará tiempo de huir por la puerta opuesta a la que vengan los civiles., para lo que la puerta de atrás debe siempre permaneces abierta, ya que normalmente ellos siempre suelen venir por  la puerta principal que da  frente al pueblo, que es por donde mientras nosotros estemos descansando debéis de vigilar.
 Si no cumplís estas normas o la lengua la tenéis demasiado larga delatándonos, otros vendrán que nos harán justicia, y seréis muertos sin contemplaciones. Esas eran las amenazas_ concluyó Soledad, contándole porque  habían facilitado la huida a los maquis, que era la partida del Francés.
El miedo es mal consejero y lo mismo Soledad como Miguel apenas dormían estando muy atentos a lo que el bandido les tenia encargado.
 El Francés era un tipo sanguinario mas que político; si, se echaron al monte huyendo de la terrible represión franquista y atendiendo a las ordenes del frente popular exiliado en el país vecino; pero la falta de alimentos en la sierra y otros enseres y ropas necesarios para la vida, los había  mas bandoleros que guerrilleros,. Eran tan feroces como aquellos de los siglos XVIII y XIX que asaltaban carruajes y diligencias por los caminos andaluces y otras sierras españolas-No se andaban con chiquitas por cualquier  cuestión  descargaban el arma a los que se oponían a sus exigencias, o lo colgaban de un árbol si sospechaban que estaban en contacto con la Guardia Civil, a la que temían encontrarse con ella. Porque sabia que entre sus filas existían buenos tiradores, valientes y aguerridos.
 Es verdad que los maquis tenían peor armamento, la mayoría eran escopetas de caza y algunos  naranjeros o rifles, aunque algunos poseían fusiles ametralladores de fabricación rusa o checa.
 Su radio de acción era toda España, pero cada partida tenía su distrito o comarca. El francés y el Chaqueta Larga, operaban en toda la Siberia, adentrándose  cuando las circunstancias lo requerían en los montes de Toledo y la sierra Alta. Por Helechos Villaharta y toda su zona era donde más tiempo permanecían y donde más fechorías cometían.
 La línea férrea de Ciudad Real a Badajoz y Almorchón  a Córdoba, eran los medios de transporte que para sembrar el terror querían sabotearla, descarrilando los trenes, usando explosivos y hasta el poco eficaz pero algunas veces daba su resultado el cuerno de una vaca haciendo de aguja. Pero ese propósito les era muy difícil por la vigilancia constante de los hombres del tricornio. Sin embargo a veces que las fuerzas del Cuerpo tenían que acudir a otros puntos que eran requeridos, para enfrentarse  con alguna partida la línea quedaba desprotegida. Aquella noche, como muchas otras el tren procedente de Córdoba circulaba hasta su destino q7ue era Almorchón, era un tren  mixto compuesto por varios vagones de mercancías y dos coches de viajeros de tercera clase. En el los viajeros eran escasos y  pobres en su mayoría, bueno no en su mayoría eran todos pobres, los asientos de madera y apenas una luz mortecina  alumbraba para  reconocer sus rostros. No obstante todos iban contentos,  aquellos viajeros que  eran segadores, mineros soldados de permiso y criadas que iban a su pueblo. Todos cantaban alegres y contentos; unos porque habían terminado  la siega en los campos de trigo y llevaban algún dinero a casa, para  pagar las deudas contraídas de alimentos y comprarle alguna ropa a su mujer e hijos. Otros  a trabajar a las minas de Peñarroya y Belmez, las criadas por  pasar un fin de semana con sus novios y familiares y los soldados por el permiso concedido y dejar  la disciplina militar por unos días.
 Aquel tren no llevaba escolta de la Guardia Civil, las autoridades  no lo creían necesario, era un tren de parias, de pobres, allá ellos si reñían o les ocurría algo.
 Eran sobre las dos de la mañana, el tren caminaba lento, con la locomotora de vapor que apenas podía  arrastrar los cuatro o cinco vagones que  lo componían. Como siempre llevaba mucho retraso y el maquinista  y fogonero querían  forzando la máquina sacar algunos minutos de restaros, intento  que a veces lo conseguían. ¡Que ajenos estaba a lo que le sucedería mas adelante!
 La noche era oscura como boca de lobo, la luz de la maquina alumbraba unos dos o tres metros de vía. Era tan pobre que apenas se distinguían los objetos y señales.
 La partida del Chaqueta Larga, tenía la misión de descarrilar aquella noche el tren. La vía como el tren estaba desprotegida de toda vigilancia.
 Eran cuatro los maquis que apostados  cerca de la vía y protegido por unos peñascos   no muy lejos de la estación de Espiel. Sabían que en aquel tren no viajaban  duques ni marqueses, sabían que los miembros del gobierno  viajaban en trenes de más calidad y categoría, todo lo sabían pero había que sembrar el terror, y poco les importaba al Chaqueta Larga que murieran unos cuantos obreros o criadas, a los que decían defender.
 La voladura del convoy  la iban a ejecutar. Ellos quisieron volar el expreso Madrid Badajoz, pero esa línea estaba muy vigilada por los guardias civiles de las dos  Comandancia, por lo tanto eligieron una vía y un tren que no ofrecía peligro para ellos ni dificultad.
 Prepararon con toda tranquilidad la carga explosiva, compuesta por cartuchos de dinamita, y la colocaron bajo un riel, con una mecha rápida, calculando  cuando el tren pasaría por  encima de ella. Llegó el tren casi al mismo tiempo en que  la macha se extinguía para  entrar en acción la carga, y una explosión que  el eco0 de la sierra transmitió varios kilómetros se oyó en la noche  obscura del mes  de julio, al mismo tiempo que la maquina   saltaba por los aires hecha pedazos. El maquinista y fogonero murieron en el acto, y los vagones se descarrilaron muriendo varias personas de aquellas que tan contentas iban a su hogar. Otras  gravemente heridas se quejaban con lamentos y ayes que traspasaba el alma como  una lanza, pero a los maquis no les importaba aquel dolor en medio de la noche oscura. Ellas habían cumplido con lo mandado y  contentos se fueron a refugiarse a su guarida de la Peña negra  cerca de Villaharta para lo que caminaron toda la noche y parte del día siguiente donde los esperaba el Chaqueta Larga.
 Con esta “hazaña” el Chaqueta Larga era temido en todo el contorno, no solo en la provincia de Badajoz, también era temido en los pueblos de  los montes de Toledo Ciudad Real y Córdoba.
 No dejaban de tener sus  adictos, muchos los consideraban héroes y valientes que terminarían con aquel régimen  de opresión  y  revancha, otros lo tachaban de canallas y criminales. Usted lector júzguelos como  crea, porque ni ellos fueron buenos y honrados, ni el gobierno  un dechado de virtudes.

 

                                                    *      *      *

El Chaqueta Larga y tres de los suyos, durmieron aquella fría noche en el  cortijo de miguel y Soledad, llamado de La Muela.
 Llegaron amenazando y exigiendo como siempre lo hacían. Miguel les encendió una buena  candela, o sea la avivó echándole leña pues la hoguera ya estaba encendida bajo la  ancha chimenea cortijera.
 Soledad les cocinó una buena cena, chorizo, huevos y jamón que  es lo que ellos pidieron, de postre un queso de cabra, lo que había en la morada de aquel matrimonio atemorizado.
 Una vez saciados y calientes  quisieron dormir en el pajar cerca de las caballerizas, advirtiendo  con malos modos al matrimonio que si  divisaban a los civiles al venir el día que los avisara inmediatamente, para lo que habían preparado los caballos que   el dueño de aquellas tierras  tenia en las cuadras del cortijo  que le tenían cedido al matrimonio.
 La partida la componían unos diez hombres, pero nunca  iban a cometer las fechorías todos juntos, se dividían en grupos de no mas de cuatro hombres, así  divididos eran conocidos por toda la serranía, ya que unas veces asaltaban un cortijo por el norte y otro por el sur y a veces en varios  cortijos a la vez, luego se juntaban todos a la hora convenida o el día según la distancia en la guarida de las  Peñas Negras..
 Antes del amanecer ya estaba Soledad asomada a la ventana oteando el camino, como le tenían encargado el Chaqueta Larga por si iban los guardias.
_  Aquí  hay que tener mil ojos y mirar por todas partes, y la traición se paga con la muerte. Si somos delatados a los civiles, ya vendrán mis compañeros y os darán  lo merecido_ les decía  acariciando su metralleta el Chaqueta Larga. Ni que decir tiene que los pobres cortijeros en aquellas soledades estaban atemorizados. Si la guardia Civil se enterase que habían  ocultado a los maquis, no lo iban tampoco a pasar muy bien. Era un riesgo  muy grande el que aquellos pobres  corrían en su  propia casa.
 Toda la noche estuvo vigilan do Miguel, y por la madrugada ya cansado  y con sueño l sacó de la cama a su mujer para que lo relevase, mientras los asaltantes, eso si con  un ojo abierto y otro cerrado.
 En el momento que Soledad divisó a Esteban y a Pedro en sus caballos, dio la voz de alarma, cantando  con su potente  y desentonada voz “EL Tatuaje”, y fue en ese momento cuando emprendieron la huida por la puerta del corral.
 Varias veces pararon en el camino, para que Soledad descansara, le dieron  de beber  agua de sus cantimploras, y  le ofrecieron  sus bocadillos que ella aceptó la mitad para  desayunar.
 Llegados al cuartel   le ofrecieron una silla para descansar. Esteban era el encargado del Puesto, el pudo haber  formulado el atestado y entregarla a juez, pero quiso llamar  a su jefe de línea, para que el tomase las decisiones. Este se personó en el Puesto desde la cabecera de la Línea dos horas después de haberle comunicado   que  habían retenido a una mujer por cómplice con los maquis.
 El oficial   se hizo cargo de Soledad, instruyó las diligencias pertinentes que con la detenida fueron puestas a disposición del Juez de Instrucción  del Partido.
 El servicio de correrías  finalizó con esta novedad. El Juez pasaría el caso al Juez militar de la región, no era el caso de su incumbencia.
 Era el principio del fin de la partida del Chaqueta Larga

 

     CAPITULO II

 

LA MAESTRA  DE  ESCUELA

 En aquel pueblecito perdido entre los montes, que en aquellos tiempos carecía de luz eléctrica y teléfono, solo una estrecha carretera  como cordón umbilical  enlazaba con otros pueblos de aquellas agrestes montañas.´El río Guadiana  discurría por la orilla del camino, y el correo era llevado en asnos hasta el pueblo del más cercano.
 Sus 600 vecinos Vivian a pesar de su pobreza bastante bien, eran felices en sus casas. Muy pocos conocían otro mundo.
 La agricultura, la ganadería y la pesca fluvial eran los principales medio de vida del pueblo, y como no llegaban productos de exportación, ellos mismos elaboraban el pan y el aceite  su miel y su vino.
 Mas tarde con la repoblación forestal cambió la vida y se instalaron  empresas madereras.
 Las personas visibles de la villa además del alcalde un labrador semianalfabetos, que poseía unas cuantas fanegas de olivos y tierra para cereal,  era el cura, el juez de paz y el comandante de puesto de la guardia civil, que ya sabemos que era un cabo.
 Le seguía el médico y un maestro de escuela próximo a jubilarse, que daba clase de primaria a los 20 muchachos que asistían a la escuela no más de dos o tres años que eran  sacados de ella para trabajar en el campo.
 Las niñas unas 15 0 16 las enseñaba a leer escribir y las cuatro reglas así como a cantar y bordar, rezar y recitar poesías una maestrita muy joven que no había cumplido aun los 23 años, guapa y soltera afable y bondadosa de cabellos castaños, ojos  negros y boca sensual, cuerpo fino y pechos  altos y turgentes.
 Los domingos y festivos las distracciones y diversiones era asistir a misa, pasear por la carretera y por la noche el baile que un aficionado del pueblo  a la música tocaba   con un acordeón, en verano en la plaza y en invierno en un local que  en tiempos de recolección servia para guardar grano, todo iluminado con luces de un candil de carburo o unas lámparas de petróleo.
 Algunos años se dejaba caer por el pueblo algún circo de mala muerte huyendo muchas veces del pueblo de al lado por una mala interpretación o  buscado algún miembro por la justicia.
 La maestra de escuela que ya sabemos que era morena joven y guapa había nacido en un pueblo fértil y grande de la comarca de Tierra de barros, que de sobrenombre le pusieron el piropo Blanco de Extremadura por la blancura de sus casas y calles distante a mas de 200 kilómetros de Helechos
 Si nombre Ana María, y el taxista que la llevó de su pueblo al que había sido destinada, cuando la dejó exclamó.
_  ¡Hija mía  donde te han mandado! Dios quieras y salgas pronto de aquí.
 A lo que ella respondió
_ Yo he estudiado para formas y educar niñas y me da igual que sea aquí o en la capital, todas son mis niñas y les enseñaré lo que buenamente se. Ya me acostumbrare a este pueblecito que de verdad  no tiene  mucho de confort..Esto es la Siberia extremeña, también a la gran Siberia rusa destinan a maestras de escuela y es mucho peor que esta.
 Ana  Maria llevaba la moral muy alta, era su orgullo e ilusión ser maestra de escuela enseñar a niñas fuesen de donde fuesen y no iba a renunciar su carrera por haberla destinado a aquel rincón perdido de la tierra.
 Nuestra maestra se  fue a vivir a  la casa de una señora viuda de un funcionario público. La dueña de la casa la recibió con amabilidad y simpatía, que le ayudó aun mas a levantar el animo, estaba plena de satisfacción.
 No era la casa de una marquesa, ni siquiera de un acomodado pero ella la encontró un palacio. Su habitación era la segunda de la casa que estaba a la izquierda del zaguán o pasillo, blanca de cal sus paredes y desnuda de cuadros y todo lujo.
 El techo de cañas y palos o maderos de pino y una ventana defendida por una pequeña reja en forma de cruz, que daba para las eras del pueblo. La cama era de matrimonio que en tiempos  se había acostado en ella los padres de Andrea que así se llamaba aquella buena mujer. Todo muy limpio y muy sencillo. Había una mesita de noche, cuatro sillas de anea y una mesa  que servia para leer comer y  jugar al parchis. En un rincón un lavabo con una jofaina de porcelana y un jarrón para agua del mismo material.  El ventanuco tenia una cortinilla que  tapaba la claridad que por entre los cristales podía entrar, manteniendo la alcoba en una penumbra relajante. Un quinqué de petróleo para alumbrarse de noche y en la cabecera de la cama un crucificado de escayola con las manos cabeza y pies ensangrentados con pintura roja.
 A los pies de la cama un baúl donde Ana Maria  colocaría su ropa y los libros que en el cupiesen.
 No existía inodoro en la casa ni cuarto de baño por lo que las necesidades fisiológicas las hacían en la cuadra que en tiempos sirvió para  un asno. No quiero ni pensar los olores que aquella cuadra despediría.
  Ana Maria era de una belleza singular, morena ni alta ni baja de cara ovalada, nariz  algo chatilla que la hacia muy actrativa, sus ojos negros como una noche sin luna y sin estrellas, su exuberante pelo le llegaba por debajo de los hombros llevándolo siempre muy bien peinado, brazos torneados, piernas finas y resistentes y  mamas turgentes  de puntas, labios rojos naturales no por la acción de la pintura, semejan a capullos de rosas y cuando sonreía que era muy a menudo dos hileras de diminutos y  blancos dientes alegraban la roja boca haciéndola apetecible y deliciosa.

 Cuando se quedó sola en cu  alcoba, se echo de bruces en la cama y a punto estuvo de llorar, pero se contuvo y sacando fuerzas de voluntad se dijo que  allí no iba a estar toda la vida, ella no lo había elegido así que no tenia porque sufrir; además la señora de la casa parecía buena y ya se acostumbraría a aquel pueblecito pedido.
 Se encomendó a su virgen de La Estrella pensando que había pueblos más cerca del suyo y mejores donde la pudieron destinar. Pero  no tuvo quien la  avalara, no tenía padrino, y como dice el refrán el que no tiene padrinos no se bautiza-
 La noche alumbrada por un quinqué la pasó casi toda sin dormir leyendo y meditando. Ya entrada la madrugada se quedó profundamente dormida.
 No quiso despertarla Andrea aun no había tomado posesión de su escuela y la dejó dormir hasta las 11 de la mañana en que se despertó.
 Se lavó en la jofaina de porcelana con agua fría que había en el jarrón y se  le despejaron los sentidos que los tenia dormido aun.
 En la mesa de la cocina había preparado para ella una taza de café con leche caliente y migas que  la viuda le había preparado.
 Se vistió no muy ricas pero con ellas iba elegantísima y fue a presentarse al alcalde y demás autoridades locales, deseándole Andrea  tener buena acogida y deseándole buena estancia entre ellos.
_Mira Ana Maria _ les advertía_ estos pueblos son muy aburridos ya ves que carecemos casi de todo cosa que no ocurre en los pueblos grandes y mas al centro de la provincia ¿De que pueblo me dijeses que eres?
_ De los Santos de Maimona, señora
 Y al pronunciar el nombre de su pueblo la tristeza de reflejó en su rostro.
_ ¿Es grande ese pueblo?- pregúntale Andrea con  efusión
_ Bueno, no esta mal cerca de la ciudad de Zafra y no demasiado lejos de Almendralejo y Mérida, algo mas alejado de Badajoz pero no mucho  unas doce leguas mas o menos.
 Pero no hace falta desplazarse porque tiene de casi todo y lo que  allí no se encuentra lo tenemos en Zafra, a  una legua escasa.
_¡ Claro!- exclamó la viuda yo no he salido jamás de por estos  lares a Herrera es adonde mas lejos he ido. Pero don Ricardo que es uno de los mas ricos del pueblo y que tiene mucho ganado conoce todas las ferias del mundo va a la de Talavera de la Reina, Mérida a Villanueva y a Zalamea y creo haberle oído que  alguna vez se ha desplazado a Zafra.
 En estos coloques estaban mientras Ana Maria desayunaba y llamaron a la puerta. Abrió Andrea y se encontró con el alcalde y el juez de paz.
_ buenos día_ saludaron quitándose el sombrero de fieltro que llevaba puesto.
_ Pasen ustedes. Es un honor para mi que las autoridades visiten mi humilde morada.
 Pasaron las dos autoridades al interior de la  casa.Andrea les ofreció una silla para que se sentasen.
 Se sentaron y el alcalde tomando la palabra dijo. Con voz grave
_ Venimos el señor Juez y yo como alcalde de esta villa a  darle la enhobuena a  la nueva maestra que es usted ¿no?_ y se levantó para saludar a Ana María.
_ Encantada, señor alcalde, mucho gusto señor juez, respondió al saludo con su gracia y su voz cantarina Ana María
_ Nos hacia mucha falta una maestra en el pueblo_ informó el juez, ya que desde que se jubiló doña Isabel hace ya un año solo nos mandan alguna interina, que  a los tres meses se marchó y desde entonces las niñas del pueblo no tiene quien las enseñe a leer y escribir.
 Estando en esto llamaron a la puerta y se presentó el médico y el cura.
 Los dos quedaron muy satisfechos con la llegada al pueblo de la nueva maestra.
 Tanto el médico como el cura se mostraron afables y cariñosos con Ana Maria.
_  Aquí nos tiene usted para lo que guste_ dijo el medico. Haciendo una inclinación de cabeza. En cuanto al cura dijo: Espero que enseñe a nuestras niñas los mandamientos de la santa madre iglesia, los de la ley de Dios y que asistan a misa todos los domingos, nuestra parroquia es pequeña pero acogedora, Jesús no quiso grandes templos sino almas sencillas que  se comprendan- Y le tendió la mano cerrada para que la besara.
 Ana Maria apenas rozó sus rojos labios por la  grasosa mano del sacerdote y respondió.
 _ Creo que no defraudaré al pueblo. Es la primera escuela que voy a tener y vengo con mucha ilusión a enseñarles. Ahora depende de muchos factores
 Todos les ofrecieron sus casas, quedando que al otro día les enseñarían la escuela
 Aquella noche Ana Maria durmió mejor. La cama era grande y  cabía muy bien en ella. Hasta que  el sueño la rindió estuvo pensando  como seria  la escuela y que encontraría en ella
 Se levantó temprano, se lavó y se aseo lo mejor que pudo, ya sabemos que no existía agua corriente en la casa por lo tanto no podía ducharse, pero Andrea le tenía siempre el jarrón de agua lleno y la jofaina limpia como la toalla.
 Desayuno, café con leche y una tostada con aceite, y   fue a la escuela, donde la esperaban las autoridades, Andrea la acompañaba.
 Si grande fue la desilusión que Ana Maria llevó al llegar al pueblo no lo fue menos al visitar la escuela.
 Cuando el alcalde se la presentó una sombra de  tristeza acudió a su semblante.
 La llamada escuela era como un barracón de paredes de tierra prensada, con los cristales de las ventanas rotos, algunos  suplía al cristal un cartón pegado con papel  de pegar. Olía mal. Los pupitres se hallaban manchados con regueros de tinta seca. La mesa que ocuparía ella cubierta  con una tapa negra de hule, también estaba manchada de tinta y despellejado el hule: el sillón de madera cojeaba al estar el piso desnivelado, siendo este de tierra  aplastada, nivelándolo la anterior maestra con un papel doblado y colocado en la pata coja. Tres mapas había colgado de la pared, mugrientos y rotos. Uno de la España política, Otro de la provincia y otro mundi. Había otro enrollado. Y atado con una cuerda tirado sobre un rincón, era de Europa pero tan deteriorado que apenas se distinguían los montes Urales ni los ríos mas importantes, solo trozos del Danubio a su paso por Rumania era lo que se distinguía Un armario viejo y desvencijado que guardaba en su interior libretas usadas de otros cursos y figuras geométricas desvencijadas. En la pared izquierda  de donde estaba sentada la maestra una gran pizarra y tiza en su cajón.
 El techo de cañas se notaba haber sido reparado no hacia mucho tiempo, para quitarle algunas goteras que no todas pues había un trozo de techo con una gran mancha de humedad.
 No paso desapercibido para las autoridades el gesto de contrariedad de la maestrita como empezaron a llamarla, poniendo todos caras de circunstancia especialmente el alcalde que  mirando el gesto de Ana María se atrevió a decir.
_ ¿Me ha parecido señorita que no está muy conforme con la escuela?
 Ana María no se anduvo con rodeos y respondió tajante.
_ Nunca pensé que las niñas se merecían una pocilga como esta
 Todo frunció el ceño. El cura le respondió con voz meliflua acostumbrado a mediar en desavenencias.
_ Señorita para Dios nada es malo siempre que sea para honrar su santo nombre, y para aprender a leer y escribir hay libros, mapas y encerado.
 Libros había un par de enciclopedias de Dalmaú Cardes   mugrientas y con algunas hojas rotas o que le faltaban.
 Ana Maria tragó saliva. Las palabras  del sacerdote fueron muy suaves, pero se le notaba que no le gustó la objeción de nuestra maestrita.
 El juez que aunque era un rustico labrador era un hombre sensato y comprendía que la joven llevaba razón  medio con palabras muy bajas.
_ Es cierto  ¿Como es su nombre?
_Ana Maria para lo que guste.
_ Gracias Ana Maria es verdad que la escuela no es muy apropiada para nuestras niñas, pero es igual la de los niños, y don Rafael el maestro no se queja. Este es un pueblo pobre y no tenemos grandes recursos para construir un edificio nuevo, ni la administración nos manda dinero. Lo tenemos solicitado si alguna vez no lo aprueban y nos ayudan  haremos uno moderno.
 Esto hija mía es la Siberia y  nos tienen mas olvidado que a  las Hurdes.
_ La Siberia; la Siberia- musitó Ana María pero también aquí las niñas son como las de toda España.
 En esto que llegó don Rafael el maestro- Era un hombre entrado en años, calvo alto y delgado, vestía con cierta elegancia aunque su traje se hallaba desgastado por los lavados,  llevándolo muy limpio y bien planchado.
 Se lo presentó a Ana Maria el cura.
_ Aquí Ana Maria esta nuestro maestro, un hombre sencillo y conciente que no se queja de nada.. En este pueblo ha enseñado a muchos niños, pues lleva más de veinte años en Helechos y de su escuela han salido maestros, sacerdotes, militares y médicos.
_ Encantada  dijo  nuestra amiga tendiéndole su diminuta mano
 Don Rafael se la estrechó con efusión.
 Mis mas sublimes respetos señorita, bienvenida a Helechos. Desde ahora  usted y yo nos encargaremos de enseñar a los niños y niñas de este sencillo pero  noble pueblo. Aquí me tiene a su disposición, y en lo que pueda ayudarle no tenga reparos en pedírmelo.
_ Gracias señor, igualmente le digo. El lunes me hago cargo de esta escuela
 Lo dijo con orgullo y comprometiéndose a mejorar no solo la educación de las niñas si no también el ruinoso barracón.
 Luego dirigiéndose al alcalde, le rogó que el pregonero publicara en bando la apertura de la escuela para que todas las madres supieran que ya  tenían maestra para sus niñas.
 El  primer edil le dijo que por eso no se preocupara, que el bando se echaría por todas las calles del pueblo,
_ También le digo señor alcalde, que envíe a alguna mujer con escoba cubo  de fregar para fregar si no el suelo que no se puede por ser de tierra, si los pupitres, la mesa el encerado y el armario.
 El alcalde sonrojado como los demás que le acompañaban por  la afrenta que les hizo la maestra, dijo que si, que  estaba a su entera deposición.
 Esta maestrita los tiene bien puesto  dijo el juez cuando regresaban solos a sus casas.

CAPITULO III

EL  CUARTEL 

 

 Como casi todos los edificios del pueblo, el cuartel era un viejo caserón destartalado y oscuro, adaptado para vivienda de las familias de la Guardia Civil. Lo  mandaba un cabo, pero ya conocemos que se hallaba enfermo y ahora el comandante de Puesto accidental era nuestro  guardia primero Esteban.
 Como es característico en los cuarteles, las mujeres de los guardias y ellos mismos se comunicaban poco con la gen te del pueblo, formando ellos un mundo aparte.   Lo mismo los hombres como las mujeres se llevaban muy bien, si pasamos por alto algunas rencillas sin importancia a causa de los niños especialmente. Pero eso carecía de importancia porque a la hora de unirse de favorecerse por cualquier  contratiempo , bien por enfermedad, accidente u otras causas todos eran como una piña..
¡Lo hacían con los vecinos del pueblo; como no lo iban a hacer entre compañeras.
 No permanecían muchos años los guardias en aquel cuartel aunque Juan  Sánchez y Luis Merino llevaban mas de diez años, por ser nativos de aquella c comarca y ellos conocían al dedillo toda la demarcación punto por punto veredas, barrancos cortijos y hasta los perros de las majadas. Conocían al amigo de verdad, al que era amigo por conveniencia al delincuente mayor y al simple raterillo.
 Esteban era muy justo y nombraba los servicios con equidad sin beneficiar a nadie ni recargar a ninguno, aunque a veces por necesidades del servicio  tenia sin quererlo que recargar a alguno, bien por escasez del personal o bien por exigencias del servicio
En los que mas confianza depositaba Esteban era en  Juan Sánchez y en Luis Merino, y no porqué los otros fuesen malos ni buenos cumplidores de su deber, eran porque al ser nativos de la comarca conocían mejor  como sabemos todos los accidentes del terreno y guaridas donde se podrían ocultar los malhechores.
 Por aquellos tiempos  se nombraban a las parejas servicio de hasta ocho días, y estos servicios  no solo eran penosos también eran peligrosos, por lo tanto había que repartidlos a todos por iguales, y Esteban lo hacia tan bien o mejor que el Comandante de Puesto titular, o sea el cabo.
 Esteban, a pesar de ejercer de Comandante de Puesto se nombraba los mismos servicios que a los demás y mientras el estaba en el monte otro guardia que ya había regresado ocupaba su puesto
 Le decía a sus compañeros que para ser un buen guardia civil, no era menester enemistarse con ningún paisano, se podían tener amigos pero cada uno en su sitio, y estos amigos estaban  como todos a cumplir con las leyes y disposiciones establecidas en los códigos y reglamentos.
 Pedro el novato como cariñosamente le decían, era un buen guardia y buena persona, jamás protestaba ni replicaba por nada, estoicamente todo lo aguantaba, por eso quizás Esteban le tenia un cierto afecto  como de protección,
 Nunca  debe de ser el cuartel un gueto, pero tampoco un lavandero donde se reciban y se fragüen chismes de comadres que tan poco edificantes son.
 Muchas advertencias hacia a sus subordinados, un simple guardia primero con un rojo y estrecho galón por divisa, era considerado como un buen comandante de puesto no solo por sus compañeros también por sus superiores.

                                      *      *      *

 La chiquillería alborotaba en el patio con sus juegos infantiles  alrededor del pozo donde en una pila abrevaban los caballos y las mujeres cogían el agua para la limpieza de  los pabellones y la ropa, así como aseo personal. Estaba prohibido  beberla, ya que no reunía las condiciones de salubridad suficiente para el consumo humano. A por ella iban las mujeres a la fuente pública del pueblo como una vecina más. A veces oían  frases e indirectas hirientes acerca de sus hombres y del Cuerpo, pero ellas prudentes c callaban y dándole la espalda a la murmuradora seguían con su tarea. No iba una solo  casi siempre iban tres o mas  y otras veces dos.
 Habían salido los  chavales de la escuela y como eran numerosos pues  aparte de Esteban y Pedro que eran solteros, los demás  tenían de cuatro a cinco hijos.
 Todos estaban escolarizados pues todos rebasaban los seis años, los niños iban a la escuela de don Rafael, las niñas estrenaron aquella semana maestra, doña Ana María como le decían.

 A pesar de la escarcha  que la noche anterior, los tibios rayos del sol al mediodía calentaban los entumecidos huesos de los viejos que en bancos de madera frente al cuartel tomaban el sol, y los niños jugaban como queda ducho, unas veces en el patio y otras en la explanada que  existía frente al cuartel.
 El guardia de puertas salió a la calle a estirar las piernas, llevaba  varias horas  copiando requisitorias y estudiando los  reglamentos y leyes y ya estaba cansado, cuando divisó a lo lejos a la pareja  y una mujer delante de ellos, cuando  estuvieron mas cerca conoció a Soledad y se extrañó que aquella cortijera viniese  detenida por la guardia civil, ya que siempre que  llegaban a aquel cortijo se desvivían en atenciones.
“Algo gordo habrá pasado, cuando la traen al cuartel y andando desde tan lejos.
 Llegaron sudando y con mucho cansancio. Lo demás ya lo sabemos, sabemos que una vez interrogada se entregó al juez de Instrucción, pero lo que no sabemos  como se desarrolló el interrogatorio.
 Amigo lector si tienes interés en ello en el próximo capitulo lo sabrás.

 

CAPITULO IV

EL INTERROGATORIO

Esteban  reunió a todos los guardias en su despacho. A Soledad no solo le llevaron un bocadillo, también. Le dieron de cometer a la hora de este menester.Todas las mujeres del cuartel se ofrecieron para que la detenida lo pasara lo mejor posible en el cuartel.
 Pudo El guardia Esteban instruir las diligencias, estaba de sobra capacitado para ello pero consideró mas  conveniente  dar cuenta de ello al Teniente de la Línea y este que  instruyera el atestado, de esta forma  participaría el oficial mas directamente y si posteriormente le daba parte después de haberla entregado  al juez de Instrucción del Partido.
 En la demarcación de Helechos, eran menos frecuentes estos casos que en la de Villaharta, pues el Chaqueta Larga tenía su cuartel general en la demarcación del segundo pueblo mencionado.
 Cuando todos los guardias estuvieron reunidos Esteban les dijo.
_ Os he reunido0 a todos aunque ya  conocéis la noticia pero no está mal que se recalque y se tenga mucho en cuenta. A los maquis los tenemos en la demarcación. Soledad que está aquí presente sabe de ellos y si no demuestra lo contrario esta complicada con ellos. Nos tenia engañado, o tal vez haya  actuado por temor eso el juez lo aclarara.
La mujer bajó la cabeza y nada dijo, no trató siquiera de defenderse de la acusación que se le imputaba.
 Todos la miraron  con indiferencia, no podían creerse que aquella mujer que también se portaba cuando  llegaban a su cortijo que fuese  como se le acusaba, cómplice de los bandoleros, traidora de la guardia civil
 Algunos guardias murmuraron _ como para fiarse de nadie, ¿Quien lo iba a decir?
 Como Soledad veía que todos la miraban con ojos acusadores se levantó de la silla gritando fuera de si.
_¡ Yo no soy una criminal! Esto me pasa por tener un corazón bueno. Jamás hubiese traicionado a nadie y menos a vosotros. Ellos, los maquis llegaron a los cortijos agotados, muertos de hambre.
 Entonces Soledad se levantó de la silla donde estaba sentada y fuera de si gritó.
¡Yo no soy una  criminal. Esto me sucede por tener el corazón demasiado blando. Nunca he vendido a nadie. Ellos se refería a los maquis_ llegaron aquella tarde, muertos de cansancio, hambrientos sedientos y con mucho frío, y lo mismo que a ustedes le ofrecemos cuando van al cortijo, café comida y asiento en la lumbre, igual hicimos con ellos, sin animo de nada, solo porque lo mismo a mi marido como a mi se nos  partía el corazón al verlos en aquel estado, macilentos sin afeitar y  como pordioseros armados.

 Todos callaron a las palabras de soledad. Juan rompiendo el silencio se atrevió a decir.
_ Puede que esta mujer  y su marido hayan sido amenazados de muerte y por eso hayan  cedido a darle comida y  esconderlos durante la noche en el cortijo.
_ Está bien dijo Esteban sea como fuere nosotros  tenemos que cumplir con nuestra obligación entregando a esta mujer al Juez, luego el ya se encargará de averiguar la verdad que  hay en todo esto.
 Nosotros podemos  instruir el atestado, pero dada las circunstancias  tan graves hay que avisar a teniente de la Línea para que se haga cargo del proceso y como sabéis que aquí no tenemos teléfono ni medios para darle la noticia, dos  tenéis que desplazaros a Herrera y darles cuenta del caso. Sortearlo entre todos. Mientras esta mujer se quedará en el cuarto de solteros  descansando en una cama.

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El sol declinaba. Los picachos de las montañas cubrían con sus largas sombras los valles y las laderas agilizando la noche; un vientecillo fino se levantó que calaba hasta los huesos de  Juan y pedro, los dos guardias que la suerte quiso que fueran ellos los que se desplazarán a Herrera a mas de veinte kilómetros del Puesto. El camino hasta  Herrera lo hicieron sin novedad, y una vez  que el teniente quedó debidamente enterado, subió a su caballo y con el ordenanza Pedro y Juan, salieron para Helechos.
 Para no despertar sospechas tomaron otro camino mas sinuoso, las tinieblas de la noche lo envolvió todo y los hombres deseaban llegar pronto al Puesto de Helechos para poder entrar en calor y descansar del camino.
 No quedaba mucho trayecto para  llegar a Helechos cuando...
 PUM.PUM. Se escucharon dos disparos. Pedro el bisoño Pedro cayó herido y se bajó con trabajo del caballo, se llevó la mano derecha al hombro izquierdo y la retiró llena de sangre. Había sido alcanzado por una bala disparada de detrás de una encina.
 ¡ A tierra! – ordenó el teniente- cubrios nos atacan parapetarse detrás de las encinas,
 Los cuatro hombres se pusieron  a cubierto mientras preparaban sus fusiles para hacer fuego.
 Los maquis disparaban al azar ya que sintieron los caballos y  el tricornio de Pedro brilló a la luz de las estrellas pero una vez ocultos tras de los árboles ya no los divisaban,
 Entonces los hombres de Ahumada disparaban a los fogonazos que  despedían las armas de sus  enemigos, con tanta puntería que a los maquis le silbaban los proyectiles por lo alto de las cabezas pero a muy pocos centímetros.
 Se escucharon gritos blasfemias y un ¡ ay...! me han matado en el bando de los maquis. Una bala disparada por uno de los guardias había hecho blanco.
 Entonces un tropel de caballos  indicaron a los guardias que los bandoleros se daban a la fuga, huían de los disparos de los hombres del tricornio. Los nutridos disparos de los guardias civiles causaron pánico entre los   maquis y pusieron pies en polvorosa.
 El Teniente ordenó alto el fuego para atender a los heridos, primero a Pedro al que entre el teniente y su ordenanza  le taponaron a Pedro el agujero del hombro empleando la camisa del teniente.
 Luego oyeron como alguien se quejaba con fuerte clamor. Tomando precauciones  se arrimaron al herido comprobando como uno de los maquis estaba en el suelo sangrando y  quejándose de dolor. El Teniente podía dejarlo morir allí, ellos habían empezado antes y le habían herido a un hombre, pero la honradez y la humanidad del oficial y sus hombres,  era tal que sus conciencias no se lo permitía.
 No eran sanguinarios ni asesinos, eran cumplidores  de su deber y por lo tanto  debían de actuar como tales, pero no  rematar a un herido. Tal vez los maquis  no hubiesen pensado lo mismo  y al herido de la Benemérita lo hubiesen  dado muerte en el acto.
_ ¡No os vayáis no me dejéis solo!...me muero ayudarme.
¿Habéis oído?_ dijo el teniente,
_ Si, mi teniente_ dijeron los hombres  al unísono. Hay al menos un hombre herido.
_ Tomad precauciones y vamos a ver si podemos hacer algo.
 Todos montaron sus armas y se dirigieron al lugar del que se  quejaba.
 _ _ Cobardes_ dijo el ordenanza. Lo han dejado solo  encontrándose gravemente herido.
_ Es verdad Eugenio_ son unos cobardes. Han preferido huir a enfrentarse con nuestras armas. A un compañero herido no hay que abandonarlo nunca, aunque estén lloviendo balas.
_ No debemos dejar morir aquí como un perro a este hombre. Somos cristianos y  aunque es enemigo nuestro  es una persona humana. El pueblo se encuentra a dos pasos y podemos llevarlo a que lo cure el médico si puede.
 Levantaron al herido que sangraba copiosamente, le vendaron la herida con otro trozo de camisa y con dos guerreras improvisaron una camilla, y así cargaron con él.
 Pedro dejó de sangrar, fue una herida  superficial un rasguño algo profundo pero que no había interesado ninguna arteria vital.
 El medico rural de Helechos   examino las dos heridas, diagnosticando que la herida de Pedro no revestía gravedad de ninguna clase, la bala no penetró en la carne nada mas que unos milímetros y se curaría enseguida. No obstante la desinfectó y la vendó apropiadamente; en dos días estaría  completamente curado.
 En cuanto al maquis, era mucho mas grave, tenia una bala incrustada en el pecho y era preciso extraerla, y el no tenia medios allí para ese menester ni tampoco era cirujano, a aquel hombre había que trasladarlo al hospital más cercano y este  distaba mas de 80 kilómetros, pues se encontraba en Talavera de la Reina,
 Al teniente se le presentó una difícil  papeleta. No podía dejar morir a aquel hombre y a la vez  dejarlo solo, estaba en calidad de detenetido había  cometido el delito de  rebelión ataque injustificado a las fuerzas del orden y buscado por la policía actual por ser un  rebelde  al régimen. El oficial  debía responder de el en todo momento, no podía dejarlo a la  buena de Dios.
 Asi que  decidió acompañarlo hasta Talavera, luego allí ya vería  si lo entregaba  al Juez de Instrucción y permanecía  con el hasta su restablecimiento o muerte, que  comunicaría del caso a las autoridades correspondientes.
 Buscaron un coche. El único que existía en el pueblo. Al herido lo acomodaron en el asiento de atrás, al que el médico había vendado todo el pecho para contener la hemorragia, lo consiguió pero el herido había perdido mucha sangre, se encontraba muy débil. El teniente y el ordenanza  uno a cada lado- le dieron instrucciones al chofer, que acelerara todo lo que buenamente podía el coche, y emprendieron la carretera hacia la ciudad toledana.
 El puesto quedó como estaba, al mando de Esteban y Soledad ya llevaba mas de 24 horas en el. Pedro  se recuperaba bien de la herida del hombro. Y la detenida no debía  permaneces mas de 72 horas  sin ser entregadas al Juez.
 Aquella noche durmió Soledad en una  cama sobrante y para que no estuviese  con el guardia Pedro,  este fue a dormir al cuarto de puertas.
 Cuando amaneció aquel día tan frío y desapacible que se helaban las palabras, llamó la mujer de Luis a Soledad, no quisieron entrar los guardias para no ser mal interpretado  por la cortijera  entrara donde ella estaba acostada.
 Una vez lavada y arreglada, le dieron el desayuno todo a costa de los guardias, que a pesar de ser el sueldo muy precario, aquellos hombres y mujeres compasivos se lo quitaron de la boca para dárselo a la infeliz detenida.

Estaba Esteban sentado en su sillón con la pluma en la mano y el folio de papel en la mesa. Soledad sentada en una silla frente a el y el guardia de puertas vigilante por si intentaba ago  extraño como fugarse o abalanzarse a Esteban.
 Entonces Esteban empezó diciendo.
_ Vamos aver, el día siete de enero de mil novecientos cuarenta y tantos, cuando la pareja compuesta por el que suscribe y el guardia segundo Pedro Z.H. prestaban servicios de correrías al llegar al punto conocido como La Muela de esta demarcación y termino municipal observaron como un tropel de caballos montados por varios individuos armados, salían a galope tendido por la puerta de atrás, llamada también puerta del corral o falsa. Aunque la pareja salió tras de ellos, por lo enmarañado del camino de arbustos y árboles y estar  nuestros caballos cansados por la caminata que  llevaban en el cuerpo no lograros darles alcance, estando la señora llamada Soledad Martínez García, según nos dice y acredita, de estado casada, profesión guardesa casada de cuarenta años de edad natural y vecina de esta villa y con domicilio en  el referido cortijo, mirando por el camino  en el que  subía la pareja y tatareando “ Tatuaje”, que según opinión de la pareja instructora fue la contraseña para que los bandoleros que estaban escondidos en las dependencias traseras del cortijo escaparan a antes de la llegada de la pareja.
 _ ¿Que tiene usted que alegar al respecto Soledad?
 Por toda respuesta  Esteban recibió el más profundo silencio de la mujer. Hasta tres veces se lo preguntó obteniendo siempre el mismo resultado.
_ Está bien como usted no quiere responder a las preguntas formuladas, el guardia 1º instructor y en la actualidad ejerciendo el cargo de comandante de puesto, le considera culpable del delito de rebelión y  complice de los guerrilleros, llamados por unos, maquis por otros y bandoleros por otros, traicionando a la Guardia Civil y con ello al Gobierno de la Nación, penado en el código de Justicia Militar a cuyo juez  será entregada.
_ ¡No!-  gritó la acusada_, yo no he facilitado la huida a aquellos hombres ni he colaborado con ellos en nada. Eso no es cierto.
_ Entonces ¿porque estaban en el cortijo aquellos hombres? ¿Como huyeron?, ¿y su marido donde está? ¿Porque se fue con ellos? ¿Porque no se quedó a dar cuenta a la pareja?
 A estas preguntas Soledad no sabia como defenderse, no encontraba el modo de  justificar su conducta, se sintió descubierta, ya se veía ante un  tribunal no  civil sino militar lo que  era igual a la pena de muerte o prisión para toda su vida o largos años.
  Llorando confesó:
_ Si, es cierto- Es verdad que yo cantaba el tatuaje de   Concha Piquer como contraseña  para que escaparan de los civiles. Pero... ¿que podía hacer? Mi marido y yo estábamos amenazados de muerte si nos negábamos a colaborar con ellos. Las amenazas eran firmes si no colaborásemos con ellos, si  le debamos cuenta a la Guardia civil, si  eran sorprendidos por  negligencia otros vendrían y nos colgarían de una encina. Otra de las contraseñas eran los pantalones en el alambre, si estaban tendidos por la cintura  no había peligro para ellos, si estaban colgados por las piernas existían el riesgo de encontrarse con las fuerzas de la Guardia Civil. También nos obligaron a eso y no tuvimos mas remedio que ejecutarlo, amenazándonos hasta de prenderle fuego al cortijo si los traicionábamos.
 ¿Y porque se marchó su marido con ellos?
_ porque le obligaron también gajo amenazas de muerte, se creían mas seguros llevándose a el, porque a mi marido se le notaba que no  quería   colaborar con ellos. Tal vez Dios mío ya me lo hayan matado, Que pena señor!
 A Esteban no le cupo la menor duda de que Soledad decia la verdad, pero no podía dejarla en libertad. Las pruebas no estaban claras y el teniente tenia conocimiento de aquel arresto. El cumplía con  su deber, los jueces  con  ponerla a disposición de la justicia con el atestado instruido. Ahora el tribunal  consideraría lo que buenamente  había de hacer con aquella mujer. Tal vez fuese condenada sin culpa, pero eso era cosa que  aunque lamentándolo Esteban no podía hacer absolutamente nada. Se limitó a hacer las cosas lo mejor posible siempre con su conciencia tranquila, pues  el atestado iba redactado de forma que a la  cortijera no la encontraran los jueces culpables.

                                   *     *     *

 Mientras esto sucedía en el cuartel de  Helechos, el teniente con su ordenanza llegaban al hospital de Talavera de la  Reina. El herido llegó muy débil, casi  moribundo. Había perdido   demasiada sangre y los niveles estaban muy bajos.
 El oficial se puso en contacto con el directos del centro sanitario, explicándole los motivos por lo aquel hombre iba custodiado en calidad de preso, y aunque iba medio muerto  no podía descuidarse la vigilancia policial, por alguien de los suyos  quisiera llevárselo cosa desde luego poco probable, ya que sus compañeros le abandonaron cuando cayó herido y lo mas seguro es que creerían que estuviera muerto.
  Pasado aviso al capitán de la Guardia Civil de Talavera, este se personó en el hospital con algunos hombres a su mando.
 El Teniente se  cuadró, y le puso al corriente de todo lo sucedido y como y porqué aquel hombre  había sido enviado allí.
 _ Usted Teniente, ha cumplido con su deber, yo me hago cargo del detenido, y pasaré a la Dirección el  c aso, usted ya sabe lo que tiene que hacer darle cuenta a su Jefe de Comandancia y Coronel del tercio.
_ Quisiera  capitán  que me informara el médico su evolución y si  resistirá una  intervención quirúrgica para sustraerla la bala.
 Pero no hizo falta, al instante se presentó el medico en la sala donde estaban los dos hombres  comunicando el fallecimiento del herido.

 _ Nos hemos quitado un peso de encima. Ahora  hay que  capturar a la partida para que no siga cometiendo fechorías.
 El cuerpo del difunto si nadie lo reclama, como creo que no lo reclamará nadie, puede usted disponer del doctor- concluyó el capitán.
_ Pues si, no le vendrá mal  al  hospital de San Carlos de Madrid, para practicar los estudiantes de medicina. Es un buen regalo.
 _ No es ocasión de risa_ dijo el teniente_ al fin y al cabo es un desgraciado, quizás embaucado por falsas promesas,  de lo que estoy orgulloso es de que he obrado como me ha dictado mi conciencia.
_Si usted capitán no ordena nada, me marchó en el autobús de línea a mi destino.
_ Nada teniente; mucha suerte y  que no cometan muchas fechorías los maquis.
- A sus órdenes.
_ Adiós señor director.
 Y se marchó  apenado por no poder hacer nada por salvar a aquel semejante, que si hubiese sido al contrario seguro que no haría lo mismo por  intentar salvar su vida.

 

 

CAPITULO   V

SECUESTRADA

Ana Maria la maestrita como en el pueblo la llamaban, tomó posesión de  la escuela el lunes como estaba previsto. Todas las niñas en edad de  escolarización fueron apuntadas por su madre en la escuela de la nueva maestra.
 Como en todos los pueblos pequeños y mas en los perdidos en la sierra existía mucho analfabetismo, pero es cosa digna de admirar e inexplicable que mientras mas analfabeto son sus padres mas quieren que sus hijos sean  letrados e instruidos.
 Ana Maria era simpática y afable, y así lo dejó gravado desde el primer momento con sus niñas. Y aunque el aula no era buena para el buen humor, su constancia y dulzura  fue tema de conversación entre las comadres del pueblo.
 Todas las niñas desde el primer día  empezaron a quererla.
 Ella sin darse importancia con  niñas mayores voluntarias que todas salían, barrían y fregaron y pintaron las paredes, sin  descuidar las horas de clase; las manchas de tinta seca  de que estaban llenos los pupitres fueron eliminadas con agua y sosa que ella misma se encargaba de fregar y, un aroma de limpieza y bienestar se respiraba en aquel barracón adaptado para escuela de niñas gracias a la labor y constancia de espíritu de trabajo de la joven maestra.
 Realizado todo este trabajo, ordenó los libros y cuadernos que se hallaban apilados polvorientos y olvidados en  viejo armario, puso derecho los mapas, y arregló el de la provincia: Hizo figuras geométricas con cartón que pedía en el único  estanco que había, y ya todo en marcha empezaron las clases propiamente dichas, esto es en serio. Enseñaba a leer y a escribir a las que nada sabían, otras niñas ya tenían algunos conocimientos de lectura y escritura aunque con alguna dificultad; a las mayores las enseñó a coser y bordar por las tardes así como las cuatro reglas.
 Era Ana Maria cristiana, pero no beata, no olía a cera ni sacristía y aunque era obligatorio en aquellos tiempos rezar un padre nuestro y tres avemarías a la salida de clase lo practicaba  con naturalidad sin aspavientos ni otras memeces. Consideraba mas importante que sus alumnas supieran coser y bordar y los conocimientos básicos que no el catecismo. Esto se propagó por el pueblo, tomándolo muy a mal el cura que la calificaba de atea, así  el alcalde y el juez decían que quizás fuera comunista. Nada más lejos. Ana Maria era completamente apolítica, carecía de ideales, lo que le ocurría era que la iglesia le aburría y además en ella encontraba muchas contradicciones. Ella enseñaba a rezar como estaba mandado, pero se abstenía de inculcar a sus alumnas las penas del infierno, porque no creía que un Dios misericordioso tuviese un infierno para hacer sufrir a los humanos aunque no fuesen buenos en la tierra ya que  lo  mejor era perdonar.
 Como el local era frío y húmedo solicitó del ayuntamiento que le hiciera una chimenea para que sus niñas no pasaran frío en invierno.
 No estaba muy convencida de que fuese atendida su petición y así fue, alegando el alcalde no haber fondos en el ayuntamiento, y que la escuela nunca tuvo chimenea y las niñas lo pasaban bien, su  hija  había asistido en otros tiempos a la misma escuela y nunca se quejó ni del frió  ni del calor.
_ Usted señorita pide mucho-le respondió el alcalde personalmente- otras que han pasado por aquí  no exigieron nada y bien que enseñaban. Tenga presente que este pueblo es pobre y su ayuntamiento no puede con todos los gastos que se originan.
_ ¡Claro! ¡Claro-le respondía  nuestra maestra, Usted señor alcalde no pasa frío en cambio las niñas ¡pobrecitas!, pero su nieta si y necesita  pluma y papel  que  sus padres me refiero a las niñas mas pobres no pueden cómprale sus padres. ¿A que le gustaría que su nieta aprendiera mucho y no pasara frío ni calor?
 No esperaba el primer  edil esta pregunta, que rascándose la cabeza quedó pensativo. Al cabo de un minuto le respondió.
_ Señorita, no se preocupe; haré todo lo que esté de mi parte para hacer la chimenea, ya convocaré un pleno para tratar este asunto, aunque no le garantizo nada. Esto señorita-continuó el alcalde es la Siberia y en Badajoz nos tienen olvidado a la mano de Dios, no tenemos teléfono, y solo un motor nos proporciona algo de luz, las cartas tardan mucho en recibirse y nadie pone nada de su parte, aquí todo no lo  guisamos con el poco dinero que sacamos de los impuestos que no todo el mundo puede pagar y al ser un pueblo pequeño no son muchos.
 Ana Maria se puso ahora pensativa murmurando entre dientes.
_ La Siberia... ¡donde me han destinado Dios mío! Luego animándose ella sola exclamaba para si
 Estas son personas como las de cualquier lugar. A estas niñas hay que educarlas y enseñarlas a caminar por la vida y soy yo nada más que yo la encargada y responsable de ello, y lo voy hacer lo mismo que lo haría en mi pueblo o en Madrid.
 Y a pesar de las dificultades y de los escasos medios con que contaba, las niñas aprendían mucho y  rápidas, porque ella la maestrita como la llamaban en el pueblo, se esforzaba, era tenaz y no se cansaba nunca, siendo tanto su empeño y la ilusión que hasta las mas  difíciles en el aprendizaje evolucionaban favorablemente, y otras anteriores no  lograron conseguirlo aburriéndose.
 Ana Maria se ilusionaba y se consolaba con sus niñas, y hasta le iba tomando cariño a aquella aldea perdida, encontrándose ya feliz.
 A veces la nostalgia la invadía y recordaba con pena en el alma a su pueblo blanco y alegre, donde no carecía de nada, como era joven le gustaba ir al baile al cine, a la pastelería con las amigas, a pasear por el parque sentase en un banco a la sombra de una hermosa acacia y leer un buen libro en las soleadas tardes de primavera y otoño, cuando las madres paseaban  sus retoños con el cochecito o en los brazos, se sentaban y amamantaban a sus crios sin pudor alguno ¿ que pudor iba a ver en aquel pecho henchido de  alimento para su hijo de su alma? Los hombres las miraban con ternura y ellas algo avergonzadas intentaban cubrirse la mama  con  la cabecita de su bebé., mientras las parejas de enamorados se prometían amor eterno cerca de la fuente luminosa.
 Cuando llegaba a casa de Andrea que también era su casa le contaba a la viuda sus  nostalgia y como añoraba su pueblo y Andrea comprendía su tristeza, aquel pueblecito era un destierro, y la consolaba  diciéndole que con el tiempo se marcharía como hacían todas  a otro lugar  mas confortable.
 Le hablaba Ana Maria de Zafra y su gran feria de Los Santos de Maimona, de Villafranca de Almendralejo, aquellos grandes pueblos de su entorno, y Andrea le cogía la mano  diciéndole.
_ No te  pases pena mi  niña, que con el tiempo todo se alcanza, aunque lo voy a sentir cuando te marches. Andrea y Ana María se hicieron muy amigas, la buena viuda la quería como a  una hija como aquella hija que no tenía.
 Nunca Ana María tuvo novio formal, aunque si conocía la ilusión y las delicias del enamoramiento, Allá en su pueblo estuvo enamorada casi siendo una niña de un muchacho estudiante, que todos los veranos y Semana Santa se desplazaba de vacaciones al pueblo, pero el nunca le dijo nada y aquello se desvaneció como el humo. Hubo otro chico que andaba loco por ella pero era un pobre  muchacho del campo, sin porvenir un muchacho con muchos remiendos en los pantalones y como ella vestía muy bien y estudiaba magisterio el pobre chico nunca se le declaró temiendo ser rechazado, si se hubiese declarado  ella no lo hubiese rechazado pues decía que  la nobleza se demuestra en el alma y no en la ropa, y el muchacho era noble, cuando por  una amiga  supo que aquel chico  la quiso este estaba muy lejos, tuvo que emigrar a Alemania  el hambre lo obligó, y Ana Maria lo lamentó, al fin y al cabo ella también era pobre con un poco mas de suerte que Diego que  así se llamaba el enamorado..
 Quizás que otros jóvenes del pueblo se hubiesen interesado por ella, porque como sabemos era guapa, honesta y simpática pero  tampoco ninguno se atrevió a decirle nada y finalizada la carrera  fue enviada lejos de su pueblo, muy lejos y sin medios de comunicación.
 Y Ana Maria ya sentía  que el amor llamaba a su puerta ¿A Que mujer de  veinte años no  le clava cupido una flecha en su corazón?
 Y Ana Maria era una mujer en todas las facetas de su cuerpo.

 Ella  aunque no era mucho de iglesia no faltaba los domingos a misa y cuando de ella salía marchaba a un arroyo claro y cristalino que  discurría cerca del pueblo y allí en la fría corriente lavaba sus ropas intimas y sus vestidos, mas bien alguna falda que se le había manchado de tiza o tinta en   la escuela. Y aspiraba el aire puro de la sierra, con su aroma de pino, tomillo y romero, este aire la reconfortaba y le daba alegría para seguir  viviendo en donde  estaba destinada por carecer de padrinos.

                                         *      *      *

 La primavera llegó con sus perfumes campestres, los árboles florecieron, los campos se tiñeron de colores y las rojas amapolas crecían por los ribazos y trigales juntas con las blancas margaritas poniendo una encantadora alfombra   bordado por la naturaleza.
 Era una tarde soleada y agradable, el céfiro del oeste impedían que los ardorosos rayos del astro Rey calentara demasiado. Era una tarde idónea para pasear por el campo y llenar los pulmones de aquel aire limpio y transparente como era el que bajaba de los montes al pueblo.
 Atrás quedó el invierno con sus lluvias y sus fríos aires. Aquella primaveral y sublime tarde Ana Maria   quiso  salir  al campo con sus niñas para que disfrutaran de la naturaleza. No fueron muy lejos solo un  kilómetro del pueblo a las eras que estaban cuajadas de margaritas y  amapolas.
 Todas iban contentas, cantando sus coplas infantiles que ella en el recreo les enseñó, y cogiendo con sus infantiles manos las flores  de corolas blancas las deshojaban con un si, no, si no, pensando quizás en un niño que  dijo en sus encantos inocentes y puros ser su novio. De la era pasaron al campo abierto un kilómetro escaso más lejos del pueblo por el camino de Villaharta. Jugaban a la comba con una cuerda que llevaban las mayores, otras contaban cuentos, al esconder y otros inocentes juegos de niñas.
 El sol se acercaba al horizonte estaba ya en el ocaso. Pronto se ocultaría detrás de un pico de la serranía para dar paso al manto negro de la noche, Ana Maria  creyó prudente emprender la marcha al pueblo antes que oscureciera, había  luz suficiente para llegar al poblado por el camino citado. El crepúsculo era  diáfano.
 Ana Maria caminaba al lado de la fila india que formaban las niñas, cantaban y reían. La veleta de la torre se divisaba  ya cerca no faltaban muchos metros para en filar la calle que las conduciría a la plaza y de  allí todas a sus casas.
 Cuando... Tres hombres barbudos con las caras cubiertas por  sendos pañuelos y armados con metralletas se plantaron delante de  la maestra, se quedo petrificada las sangre se le heló en las venas.
_ ¿Que quieren ustedes?- pregunto sacando no sabe nadie  entereza- dinero no llevamos, soy una pobre maestra de escuela y estas niñas mis alumnas nada les hemos hecho.
 El que  mandaba  dijo.
_ Las niñas que se vayan ya saben el camino, el pueblo está cerca
_ ¿Que quieren de mi?- Yo no les he hecho nada-
 _ Usted maestra da media vuelta y tira p”adelante si no quiere que esto se dispare- y apuntaba a la aterrada Ana Maria
 Y la pobre  por temor a que aquella arma se disparara obedeció siguiendo el camino que le indicaba que era a c ampo través en medio de jaras y  matorral.
 Los bandidos dejaron el camino por temor de encontrarse con la Guardia Civil, que eran a quien mas temían.
 Bajo una gigantesca encina tres hombres, los esperaban, los tres a caballo  Allí se juntó la partida entera del  Chaqueta Larga con los caballos robados en el cortijo de la  Muela, Miguel el  guarda ya no estaba con ellos, seguramente lo colgaron de alguna encina para que no hablara  mas de la cuenta a los hombres del tricornio.
 Subieron a la frágil maestra a la grupa del caballo del Chaqueta Larga, quiso defenderse, quiso tirarse del caballo pero ¡ay!  Aquellos forajidos se lo impidieron  amarrándole los brazos con una cuerda-
_ ¿ Auxilio!¡ Socorro- gritaba la infeliz pero en aquellos andurriales nadie la oía y menos en noche cerrada como era ya. Los pastores y porqueros  así como los cortijeros se hallaban dentro de sus moradas y  si alguno la oyó por miedo suponiéndose  lo que era no salió en su auxilio.”
 Mas de cuatro horas caminaron entre encinares y jaras alumbrados solo por las estrellas, por las que se orientaban los maquis, la luna estaba en fase de luna nueva y nada iluminaba la tierra. Conocían muy bien los parajes por donde caminaban, los animales acostumbrados a la oscuridad no tropezaban en ninguna piedra saliente de las veredas de cabras.
 Por fin llegaron a la guarida cerca del pico de Cantos Negros y acostaron a Ana Maria en un saco de paja sin miramiento alguno, le amarraron los pies para que no intentarse la fuga. ¿Pero donde iba a ir la pobre por aquellos andurriales y de noche? No existía peligro de que nuestra  amiga se fugara, además estaba rendida y con las piernas entumecidas por el viaje, y sin embargo  sin miramiento alguno le ataron los pies.

                                        *     *     *
 Las niñas despavoridas y aterradas corrieron a sus casas y todas con temblorosa voz relataron lo ocurrido, a sus padres, y como se llevaron aquellos hombres a la maestra.
 No habían transcurrido cinco minutos y ya todo el pueblo estaba enterado de que  a la maestrita la  habían secuestrado los del monte. La Guardia Civil tuvo conocimiento por algunos padres que fueron a dar cuenta del suceso. Media hora más tarde, cuatro guardias entre ellos Esteban ensillaron los caballos y partieron a la sierra para rescatar a Ana Maria y  detener a los secuestradores. Era una misión difícil y peligrosa, pero ahí estaban los hombres de Ahumada para  sin temor plantarle guerra a los forajidos.
 Solo dos guardias quedaron para proteger al puesto, que mediante un correo dieron cuenta de lo que había pasado y el servicio montado al Jefe de la Línea y al capitán de la  compañía.

CAPITULO VI

UNA MIRADA AL PASADO

 Ya sabemos que Esteban fue destinado a Helechos por sanción, estas sanciones en aquella época eran muy frecuentes, ciertas  infracciones sin importancia que en la vida civil  eran pasada por alto en la Guardia Civil constituía una falta grave.
 Nunca supo al salir de la Academia de Úbeda porque lo destinaron a aquel hermoso pueblo, muchas veces el destino juega con las personas para bien o para mal, en aquella ocasión el destino se mostró generoso. Esteban  no conocía a nadie nunca tuvo una mala recomendación y aunque en la academia estudió  mucho y era disciplinado y en todo correcto, aplicado y obediente; otros con las mismas características fueron destinados a peores Comandancias y Puestos. El tuvo mucha suerte, aunque luego se truncara.
 Procedía de una familia humilde como casi todos los guardias civiles y era su oficio jornalero del campo, y como sabemos desde el servicio militar  ingreso en el Benemérito Cuerpo.
 Su llegada a Almendralejo le causó sorpresa, lo destinaron lejos de su pueblo de su provincia de su región, pero a un gran pueblo.
 Frente a la casa cuartel de aquel hermoso pueblo existía por entonces un taller de costura donde unas con aguja y dedal y otras con la maquina cosían varias chicas. Estaba instalado dicho taller en una planta baja, en el primer piso vivía la maestra un matrimonio de edad avanzada.
 Las tardes de verano cuando el sol cae como plomo derretido sobre los campos y pueblos extremeños alcanzando temperaturas que  sobrepasan los cuarenta grados centígrados siendo insoportable el trabajo hasta que el sol declina bien tarde. Las jóvenes cosían planchaban y pegaban botones; la señora Piedad que así se llamaba la maestra era la que cortaba los trajes. Esta mujer contaba unos cincuenta años de edad, era viuda, rellenita en carnes y en su época  seria muy guapa, aun hoy se reflejaba en su rostros esa hermosura de la que debió hacer gala en sus mocedades, rubia con algunas hebras de plata en su cabellera de oro de cara ovalada, ni muy alta ni muy baja y muy graciosa en el andar. Su marido había sido militar, murió en la guerra  en la batalla del Ebro, ni que decir tiene que con el bando de los nacionales, por eso  la señá Piedad coMo todos le decían cobraba una paga por el Estado, la paga que un capitán le dejó  al ser alcanzado por una granada de mano enemiga. Con eso y su obrador la señá Piedad vivía bastante bien- Ella quería que todas sus aprendizas,  encontrasen un buen pretendiente, carecía de hijos e hijas y a sus niñas como ella decía las trataba como si  las hubiese dado a luz...por eso para ellas quería un pretendiente con un oficio  estable, para ella todos los oficios honrados eran buenos pero que fuesen estables no hoy si y mañana no, porque con el oficio de sus maridos y el de costurera podían vivir bastante desahogadas y bien  No despreciaba a los hombres del campo, para ella un oficio digno y preciso mas que ninguno, pero si era un simple obrero que  estaba mas tiempo parado que trabajando eso no quería para sus niñas.
 El tiempo que estuvo viviendo con su marido capitán de infantería se aficioné a las paradas militares y a los vistosos uniformes de gala, sin renunciar a la paga que  su marido le entregaba integra todos los meses, una paga que para los difíciles tiempos que le tocó vivir estaba pero que muy bien y mas para una modistilla como ella era cuando lo conoció en un baile del  pueblo donde habían ido de maniobras.
 Con el tiempo se hizo maestra y puso el obrador donde ahora trabajaban y aprendían muchas mozas del pueblo.
 Elvira era entre aquellas mozas casaderas, que cantaban reían y contaban chistes mientras le daban a la aguja el  pedal de la máquina o la plancha, la mas guapa, la mas casta y pura conservando intacta su virginidad.
 Esteban cuando prestaba servicios de puertas le gustaba salir afuera a respirar aire puro y escuchar aquellas cantarinas voces de las modistillas. Y cada vez que salía a la  niña Elvira se le iban los ojos negros mirando a través de la ventana al apuesto guardia civil con su traje verde impecable.
 Elvira era muy buena muchacha, contaba diecinueve años y era de familia muy pobre, su padre jornalero del campo y su hermano mayor que ella un año. Detrás de ellos había en el matrimonio otra hembra y otro varón.
 En los largos inviernos el trabajo escaseaba y el hambre apretaba, y a su padre y a su hermano mayor les dolía el alma que su esposa, su madre sus hijos y hermanos pasaran hambre, habiendo tantas cosas en el campo, aquel campo fértil y rico que solo era de unos pocos que nada le importaba el hambre y las calamidades que los pobres pasaban; por eso decidieron titarse al “monte” o sea salir al campo y coger todo lo que en el se criaba, como aceitunas, leña de los olivos y cazar furtivamente con cepos y lazos conejos, liebres y perdices. A esto de dedicaban cuando nadie los buscaba a trabajar a pesar de ser buenos y cumplidores trabajadores, pero el trabajo escaseaba, solo era para los mas arrimados al santo como vulgarmente se dice por aquellos lares.
Siempre los hurtos eran pequeños, pero por ellos y por cazar furtivamente, más de una vez fueron sancionados.  A veces el oficio de  guardia civil lleva impreso  altruismo, lealtad ser dichoso por un gran servicio humanitario prestado, como salvar a un semejante en avenidas, incendios u otra calamidad publica y privada, pero otra es desagradable como el caso de las denuncias al padre de Elvira y sus hermanos, porque los guardias sabían  que aquella familia carecía de lo mas elemental  como era el pan, pero los guardias  era su deber cumplir con su obligación. A veces hacían la vista gorda pero no podían hacerlo siempre por muchas circunstancias que se avecinaban. Ojos había que vigilaban y si ellos  no actuaban eran cómplices de hurtos o delitos mas importantes,. Además  el guardia civil no hace más que cumplir con su deber y su deber es  velar por las personas y propiedades de todos.
 Lo malo era que lo hurtado y furtivamente cazado lo vendían a precios muy inferiores de su valor real, si no lo malvendían nadie se lo compraba. Los aprovechados y los  logreros  son como buitres  que caen  sobre los desgraciados como los pajarracos en la carroña, aprovechándose de las desgracias ajenas, estos individuos debían de ser  mas castigados que el que hurta o roba o caza furtivamente, porque estos infelices exponen hasta su vida los carroñeros no exponen nada con  dinero pagan la multa y quedan tan pancho.

                                           *     *     *

Aquellas   miradas y encuentros de ojos sonrisas y piropos entre Elvira y Esteban acabaron en noviazgo. Algo puso de su parte la señora Piedad, ya que dejaba en plena libertad a Elvira con cualquier absurdo pretexto como era decirle a la muchacha cuando Esteban estaba en la Puerta del cuartel que fuese a preguntarle  por la hora. Esteban  sabia que  la muchacha había sido enviada por la maestra, le preguntaba  la hora pero se ponía encarnada como una amapola.
 Otras veces mandaba a la  muchacha  a que le dijera  al guardia si necesitaba algo de costura o algún uniforme para hacer que ellas lo sabían confeccionar igual o mejor que el  mas acreditado sastre de la capital. A esteban le gustaban estas preguntas y a veces  entablaba un coloquio con ella, mientras la maestra se regocijaba mirando por los cristales de la ventana. La señora Piedad veía  en Esteba al hombre ideal para Elvira, no estaría mal que esa criatura se casara con el guardia y así se amparaba  pues el porvenir  no lo tenía muy claro.
 Esteban y Elvira, deseaban que la señora Piedad  tuviese algún recado que darle, el que no era tonto ya se había percatado de la estratagema, y no le importaba porque Elvira lo merecía por simpática guapa y recatada.
 Estas anomalías, pues no era normal que  siempre que Esteban  se encontraba en la puerta del cuartel ,fuese Elvira a preguntarle alguna banalidad no paso inadvertida para el comandante de puesto y sus compañeros.
 Una tarde antes de que Esteban cerrara la puerta del cuartel hubo un apagón de luz. Aquella tarde además del brigada comandante de puesto estaban allí en la sala de armas cuatro guardias; Elvira fue a decirle de parte de la señora Piedad que si en el cuartel también se había ido la luz. Ella  esperaba cualquier  cosa por insignificante que fuera para mandar a Elvira al cuartel como sabemos cuando Esteban estaba en el, aquella  pregunta provocó sonrisas de burla a todos menos a Esteban que se azoró un poco. Todos los guardias incluido el comandante de puesto, sabían  porque era ella la que siempre iba a preguntar, nada hubiese tenido de  extrañeza que  hubiese ido cualquier muchacha a preguntar cualquier   simpleza de  la señá Piedad pero como siempre era Elvira, y las miradas y  las sonrisas  no podía pasar inadvertido a nadie que los dos estaban de acuerdo y enamorados
 Si la familia de Elvira no  tuviera antecedentes penales y fichados como delincuentes en el cuartel, no hubiese  tomado cartas en el asunto el brigada comandante de puesto, pero...
 Un día el  suboficial llamó a parte a Esteban y le dijo lo siguiente.
_ Mira muchacho todos sabemos todo el puesto incluido el Teniente sabemos que entre esa chica y usted existe algo mas que simple amistad, según todos observamos, y antes de que la cosa llegue mas adelante y haya que lamentarlo, quiero advertirte no como superior, sino como si fuera tu padre, pues edad tengo para ello.
 Esteban permanecía firmes con el tricornio  en la mano izquierda  y el brazo  en Angulo recto sin pronunciar palabra- el  Brigada continuó.
_ Todos sabemos Esteban que eres un excelente guardia civil y buena persona, por eso te sugiero no te obligo porque obligarte no puedo a tus sentimientos, que olvides a esa mujer, porque ella  será muy buena nada tenemos en contra de ella, pero no es digna por su familia de ser la esposa de un guardia civil, y tampoco está bien que la engañes con promesas de matrimonio si quieres seguir en el Cuerpo.
 Esteban entonces pidiendo permiso para hablar y concedido este dijo.
_ Mi Brigada esa chico es buena, todo el pueblo lo dice y ¿que culpa tiene ella de lo que sea su padre y hermano? Por otro lado también estoy informado que si son  cazadores furtivos y  se dedican al hurto de productos del campo es porque no tienen para comer, cuando están trabajando no lo hacen.
_ Ya le he dicho que a ella de nada podemos acusarla, pero su padre y hermano son delincuentes y eso te puede acarrear serios problemas, puede que si  pretendes  llevarla al altar que tengas que dejar el tricornio.
 El enamorado Esteban, al ver lo difícil que se lo ponía se limitó a responder.
_Quedo enterado mi Brigada, a sus ordenes. Y se retiró a su cuarto de solteros.
 No le hicieron desistiese los consejos del superior Esteban  estaba mas enamorado de Elvira que nunca, tanto quería a la modistilla que estaba dispuesto a entregar  el tricornio si no lo dejaban casarse con ella, y es que el amor dicen que es ciego pero en esta ocasión era razonable. Si Elvira era una joven honesta y virtuosa ¿ que culpa tenia ella de lo que fuesen sus familiares. En aquel tiempo si y mas para seguir perteneciendo a un cuerpo donde la conducta y el honor eran intachables  no solo para el guardia civil, sin o también para su compañera.
 Elvira y Esteban se amaban y ella que era dulce y melosa estaba loca por el.
 Aunque ya ganaba algunas pesetas no como aprendiza sino como oficiala, no lo era tanto para quitar el hambre a su familia. Ella necesitaba comer y vestidos como todas las chicas y lo que ganaba en el obrador apenas cubría los gastos de ella.
 Llegó el verano y había en Almandralejo trabajo  para todo el mundo, pues el pueblo era eminentemente rural. La siega del cereal, el cultivo de la vid y del olivo eran las principales fuentes de riqueza por eso en esta  época todo el mundo trabajaba, hasta los mas inútiles y hasta los que tenían otro oficio menos lucrativo.
 Entonces la familia de Elvira no carecía de nada, su padre y hermano eran buenos trabajadores agrícolas.
 Por eso la familia de Elvira en los veranos trabajaba mucho. A los patronos y manigeros no les importaba la conducta que estos tuvieran en el cuartel y juzgado, lo que le importaban era que  rindieran mas del doble de lo que le pagaban por su trabajo, y así era.
 Por eso con aquellos sueldos que ganaban en  la época de la recolección pagaban algún as deudas contraídas durante el invierno, no eran muchas porque los comerciantes, al carecer de trabajo y no tener con que responder nada mas que con  los trabajos del verano  le negaban muchos hasta  el pan nuestro de cada día, nuestro dice la oración, pero el pan no era de todos solo de los que llevaban el dinero por delante.
 Cuando el padre  de Elvira se enteró de los amores de su hija con el guardia civil, con poco la encierra y estuvo a punto de golpearla.
_ ¡Tu, zorra con un guardia civil _ le decía_ tu con un enemigo nuestro con un perseguidor que nos ha llevado a la cárcel por buscarnos el pan!
 Aquel hombre no comprendía o no quería comprender que también los guardias civiles son pobres, tienen mujeres e hijos y su misión como todo padre de familia era llevar el pan a casa, y ellos  su forma de vida era perseguir a los infractores.
 Esteban cuando disponía de tiempo libre que no era mucho, iba a la puerta de la casa de su novia o la esperaba cuando salía del taller para acompañarla a su hogar, y en el camino se  prometían amor, se decían palabras tiernas, eran dos seres felices, ninguno de los dos veía las dificultades que encerraba en sus destinos, en su vida por antagonismo  caprichoso.
 Aquel  color de rosa , aquel camino  llano , aquel amor eterno que se prometían, estaba lleno de abrojos, de dificultades de  hoyos por donde era imposible caminas  en línea recta.
 Elvira trataba de convencer a Esteban de que su padre y hermano eran buenas personas, que lo que hacían era para que ella y su familia tuviesen pan cuando  el tiempo  por falta  de trabajo, porque los ricos querían todo para ellos  carecían del principal alimento,
_ Ir al campo a por  leña, o a por algún conejo o liebre para comer no es delito: - decía  casi llorando Elvira.
_ No, no es delito, pero si lo es  coger aceitunas de los olivos sin permiso o robar gallinas de un corral, y eso  amor mío lo hace tu padre y hermano
_ Si, respondía ella_ pero esos  que tanto poseen  no les falta la comida, porque  mi padre y otros  le quiten unos kilos de aceituna no  se van a arruinar.
_ Cariño, amor mío tienes toda la razón del mundo, pero  en el mundo existe un Código Penal, hecho por jueces y magistrados, por hombres de ciencia que lo han escrito, y nosotros los guardias y los policías de todo tipo estamos para que se cumpla y respete.
_ Pues esos hombres tan listos y cultos- le  replicaba Elvira_ podían haber hecho otro código don de se especificara que todo aquel que posee muchos millones y es dueño de la tierra que ellos no han hecho, y tienen todo lo que quieren, podían tener la   obligación  de repartirlo con todos los necesitados, en lugar de guárdaselos ellos para lujos y codicia, ya que la tierra no la han hecho ellos sino Dios, y la hizo para que todo el mundo tuviese pan  en todo tiempo y no  y no pasara hambre, ni de pan ni de justicia si se cumplen los mandamientos de la Ley de Dios
 A estas razones Esteban no sabia con que argumentos responder,. En esto Elvira llevaba razón y el lo sabia pero eso eran music as celestiales que  nadie tenia en cuenta y menos los ricos y llenos de pan.
_ Ya ves si detienes a m i padre y a mi hermano seria para mi muy doloroso que el hombre al que mas quiero en este mundo haya llevado a  los seres queridos como son un padre y un hermano a presidio, solo por tener el coraje de cazar o hurtar una pocas aceitunas para  dar de comer a su mujer e hijas
 Esteban no le contestaba, Elvira que era buena pero defendía a su padre y hermano lo ponía entre la espada y la pared
 _ No hablemos de eso cariño_ le decía a Elvira_ nuestro amor n o lo puede enturbiar las circunstancias de la vida. Nosotros nos amamos con el alma y eso es lo que importa, cuando tu quieras nos casamos, y entonces nos trasladaremos a otro puesto, lejos de aquí y viviremos felices, tendremos hijos y se que tu serás una buena esposa y madre, porque estoy convencido de que eres una santa, y no tienes que preocuparte por nadie nada mas que por tus hijos, porque mi paga aunque no es elevada si es lo suficiente para poder comer y atender a las necesidades mas  necesarias, y tendremos una casa humilde en cualquier cuartel donde sea destinado, seguramente en un pueblo no tan grande que este tuyo, pero para que nos sirve a nosotros un gran pueblo, en uno pequeño también se vive bien, llevaremos una vida sosegada y seremos dichosos. Soy joven y quiero prepararme para ascender a cabo y entonces el sueldo será mayor, en fin que a ti la vida te puede cambiar, tu también  puedes coser donde estemos porque eres buena costurera.
_ Si, le interrumpió Elvira todo esta muy bien pero... ¿y mi madre?  ¿ y mi padre y hermanos? ¿ que será de ellos?, yo nunca seré feliz si a ellos les falta el pan, si por  ir a buscarlo encuentran la cárcel mientras yo duermo con uno de los que visten el mismo uniforme que los perdiguen y lo llevan a prisión. Esperemos un poco tiempo y mientras tú puedes hacer algo por ellos.
_ Mi amor me colocas al borde del precipicio, pero lo que este de mi parte que es poca cosa lo haré por ellos aunque me cueste un arresto.
 Estaban estaba convencido de que si hacia caso a su novia podía verse en un buen  lío, pero no podía negarle nada, estaba muy enamorado de ella y era imposible negarle cualquier favor.
 Y así pasaban los días, hablando de sus amores pero también de los problemas que se podían presentar. Sabemos que cuando tenían trabajo padre e hijo no eran amigos de hurtos ni de caza furtiva. La madre harta de pasar hambre se dedicó al estraperlo, desplazándose en trenes mixtos y de mercancías a los pueblos de la comarca a comprar enseres alimenticios, como garbanzos, arroz y aceite para venderlos en el pueblo mas caro y así hacerse de algunas pesetas para poder ir llevando una vida mejor.
 ¡Cuanto sufría aquella infeliz  ocultando los sacos y las talegas bajo los asientos de un vagón de tercera, disimulando ante la presencia de la  fiscalia de tasa o la pareja de escolta. Nunca le requisaron nada, tuvo suerte, quizás in fundiera lástima a los agentes y    miraban para otro lado, o la suerte siempre le acompañó.
 Ya dijimos que las pocas pesetas que ganaba Elvira como oficiala las guardaba en una hucha de barro para el ajuar de novia  para cuando decidiera casarse, y también para comprarse ropa  que le fuera haciendo falta.
 Llegó otra vez el invierno, y otra vez quedaron en paro  el padre y el hermano. El estraperlo se puso difícil y la madre tuvo que dejarlo, y  los que llevaban el pan a casa volvieron al campo a seguir hurtando aceitunas y cazando furtivamente.
 Cuando esto ocurría Elvira le suplicaba a Esteban que mirase para otro lado si se encontraba con su padre y hermano en plena faena o ya de regreso a casa, ya que lo hacían para que ella pudiese comer.
 Esteban sabemos que era un excelente guardia civil y también buena persona un caballero con todas las letras por eso tenia muy difícil la papeleta. El amaba demasiado a la muchacha y también al cuerpo al que pertenecía, se debía a su cuerpo había jurado fidelidad a la Bandera hasta derramar su ultima gota de sangre, por la patria y el honor principal divisa del guardia civil, y también amab a Elvira y no quería engañarla, el era hombre de verdad  por lo que su honor   lo tenia que guardar para  cumplir con la muchacha, eran los hombres de antes eran los guardias civiles de antaño, hoy todo es diferente, por lo tanto Esteban se encontraba en un gran dilema,  amaba a Elvira y quería a la Guardia Civil dos amores antagónicos.
 El joven guardia civil por su buena conducta su buen comportamiento con todos, por su aplicación y capacidad para desempeñar un cargo  le nombraron guardia civil de primera clase, por tal motivo siempre iba al mando de la pareja cuando se trataba  de guardias.
 Conocía todos los lugares donde se cometían los hurtos y robos que era por los parajes donde  se cultivaban los olivos-
 Más de una vez cuando iba de jefe de pareja hizo la vista gorda. Mas de una vez miró para el otro lado y como no cumplía con su deber le remordía la conciencien cía, pero si  detenía a aquellos desgraciados sin pan también le remordería, era lo duro del oficio, era lo comprometido del cargo..
 Pensó cerrar los ojos y no preocuparse del hambre ni otras necesidades de la familia de su novia, pero  cuando lo iba a realizar se le venia a la memoria las palabras de Elvira (lo hacen para que como yo y mi madre y mis hermanos) y tales  palabras les traspasaba el corazón como si fuese una flecha. Su gran corazón le sangraba cuando su novia le lloraba para que no detuviera a su padre.
_ Es que Elvira mía, yo me debo a mi profesión a mi Instituto y no es solo una vez la que he dejado pasar a tu padre han sido muchas y ya en el pueblo se sospecha_ le decia acariciándole sus lindos cabellos cuando la esperaba a la salida del taller.
Yo ya no te digo nada-le contestaba Elvira. Tu haz lo que creas conveniente, yo quizás que me ponga de criada en alguna casa rica o marche a Madrid a servir, la situación en mi casa es harta difícil y lo que yo gano apenas cubre mis necesidades. Ya he roto la hucha de mis ahorros para que mi madre pague las deudas y este invierno puedan seguir dándole pan.
 Cuando Elvira le dijo a Esteban que  marcharía a Madrid; este no pudo  reprimir un gesto de disgusto
_ ¿Como te vas a ir tan lejos? No comprendes que si te marchas a la capital de España nuestras relaciones quedarían rotas.  Yo allí no puedo ir a verte, y  la correspondencia al cabo de los tiempos es papel mojado se enfría. Yo a ti te quiero mucho, y más de una vez me he comprometido por causa de nuestro amor, desde luego ya no voy a poder hacer más la vista gorda, sino quiero que me expulsen del Cuerpo.
Además ¿tu sabes lo que es Madrid? Te perderías en aquella gran ciudad que tiene muchas cosas buenas pero también el vicio y la corrupción campean a sus anchas. Si quieres trabajar hazlo aquí Almendralejo es grande  y existen muchas c asas para servir. .
 Elvira no sabia que responder. Amaba con delirio a Esteban y por eso aunque con dolor de su corazón deseaba marcharse de Almendralejo, para no comprometerlo para  que no cayese en la vergüenza de ser separado del cuerpo por  su  culpa.
 Desaparecida ella del pueblo el guardia civil Esteban, su novio ya no se vería obligado a mirar para el otro lado ante los hurtos que su padre y hermano cometían con los burros cargados de aceitunas que de noche transportaban, u de liebres, conejos y perdices en caza furtiva, tan castigado por la Ley como los hurtos de aceitunas.

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Aquella mañana amaneció lluviosa, las nubes grises del otoño vaciaban su vientre acuoso sobre la tierra: los arroyos y riachuelos muertos en verano tomaron vida. Ya hacía tiempo que muchos obreros no trabajaban, había finalizado la vendimia y las negras alas del paro se extendían por todos los  hogares humildes.
 Entonces el padre de Elvira y su  hijo aparejaron los dos escuálidos jumentos y se fueron al campo, a la mancha de olivos para llevar a casa el pan. Las aceitunas aun estaban verdes, pero si el usurero de siempre no se las  recogía, entre su mujer y sus hijas las macharian y las endulzarían con agua para venderlas por las casas; en la calle no faltaban las compradoras bien a un precio u otro, y con esto  tenían pan casi todos los días.
 En los pueblos aunque sean grandes todo se comenta y todo se critica y lo que es como una aguja de coser lo agranda como enorme alcayata, así es que de boca en boca que el hijo de la Dolores gastaba mucho dinero en la taberna, ¿Y como puede ser eso?, se preguntaban los menos osados y pacatos, si queremos y así es también los mas honrados vecinos
 Y todos comentaban que aquello venia de los olivos del señor Conde, y de sus viñas, así como de los cotos de caza donde se prohíbe toda clase de entrada a los que no son socios ni tienen licencia. Y como tienen_comentaban_ a un guardia civil en la familia pues ¡viva la Pepa!
 Era verdad que Esteban cuando se los encontraba se hacia el desentendido y  miraba para otro lado pero nada mas.
 Por entonces existían los guardas de campo un cuerpo local que pagaban los labradores y los terratenientes. Eran estos guardas auxiliares de la Guardia Civil, pero muchos eran  chivatos de los señoritos y también confidentes de los guardias pero en particular de los mandos, por lo que enterados  bien por rumores bien por alguna  negligencia de Esteban, le dijeron al brigada unos al teniente otros que el guardia Esteban no cumplía con su deber y allanaba el camino a ciertos delincuentes para robar y cazar sin  temor a ser sorprendidos.
 Enseguida se fueron a por Esteban, pues todos sabían que  andaba en relaciones con la hija de  Pedro y Dolores, fichados desde hacia tiempo por sus andanzas de hurto y estraperlo.
 El suboficial apreciaba a Esteban y quiso quitarle importancia a lo que se comentaba diciéndole al teniente cuando le preguntaba  por el caso.
_ Mi teniente nada se le ha probado, ya sabe usted que en los pueblos hay personas que por una simple denuncia  o por causas de ojeriza  quieren perder a una persona y el guardia Esteban parece que es victima de estas suposiciones.
 Pero el teniente era desconfiado y quiso que se vigilara intensamente el comportamiento del guardia primero
_ Mi teniente_ _argumentaba el brigada_ como va ese muchacho a  cambiar tanto, si  no hace mucho se le concedió el galón de guardia  de primera clase por su buen comportamiento! Sabe usted que es uno de los mejores guardias del Puesto, eficaz y trabajador, amante del Cuerpo  en todos sus actos.
_ Si brigada_ le auguraba el teniente_ pero una mujer lo puede todo y según usted me ha dicho está enamorado de la hija de ese delincuente. Son  tiempos difíciles para todo el mundo y no hay que fiarse ni de la sombra de uno mismo.
 Si agua había en el cielo agua llovía sobre la tierra, los labradores y jornaleros fijos no salieron al campo ¿para que? Si nada se podía hacer en el, todo era un lodazal y hasta los caminos se convirtieron en arroyos. Solo la pareja de la Guardia Civil, y aquí iba Esteban, envueltos en sus capas montados a caballo transitaban aquellos  intransitables caminos,
 También ¡como no! El padre y el hermano de Elvira  se tiraron al campo a  coger  las aceitunas para la venta diaria. Es malo el robar, es delito el cazar furtivamente y en épocas de veda es malo apoderarse de lo ajeno, pero también es malo ver como sus hijos y su mujer lloran por un trozo de pan que no tienen para llevarse a la boca.
 Y esteban y su compañero sabía estos. Era una pareja ideal, no permitían que nadie  se burlara de ellos, pero  comprendían y les dolía que los pobres se murieran de hambre habiendo tantas cosas de comer en el campo  y que solo unos cuantos era los dueños y señores de aquello que la madre tierra criaba para todos sus hijos.
 Iban los dos hombres silenciosos, el agua que el cielo enviaba les entraba por el cuello y le llegaba a los pies. Las  capas estaban empapadas y los caballos  se acobardaban del diluvio que sobre hombres y solípedos caía
 La noche se echaba encima y mas aquel día, triste y oscuro; era un servicio de cuatro días así  rezaba la papeleta, tenían algunos lugares para pernoctar casi siempre en pajares o alguna  lóbrega habitación de un gran cortijo, para guardar la haciendo del señor  X
 Faltaba poco para  pernoctar en el pajar de la casa de campo  donde tenían pernocte  cuando por las claras de un olivar, esas calles que forman los centenarios olivos divisaron dos hombres y dos jumentos los hombres iban andando detrás de los burros, amasando el barro con los pies los animales iban cargados con dos sacos que a duras penas podían con ellos resbalándose por la estrecha vereda,
 Esteban los conoció por los burros y por los andares, no  existía duda eran ellos el padre y el hermano de su amada. Una vez mas habían ido a los olivares a por aceitunas, otra vez mas   habían ido a por el pan que les hacia falta, y Esteban también una vez mas estaba allí en medio del diluvio para ganarse el pan.
  Pero si los detenía su Elvira no se lo perdonaría, se enfadaría, y si no denunciaba a aquellos hombres se convertiría una vez mas en un mal guardia en un estafador al estado y un traidor  a su juramento.
 Quiso eludirlos, marcarse por otro lado, no ser visto por  nadie aunque la verdad que el creía que con aquella infernal tarde nadie los vería. Pero debido a la oscuridad de la tarde  el padre y el hermano de Elvira se  echaron encima de la pareja, no la había visto.
_ ¡Alto a la Guardia Civil... Gritó Esteban. Padre e hijo se pararon en  seco, bueno  al instante en seco no porque como todos iban chorreando.
_ ¿Que lleváis en esos sacos?- preguntaba Esteban a la vez que se apeaba del caballo.
 Padre e hijo se quedaron de piedra, no esperaban encontrarse con los civiles una tarde como aquella.

No lejos de ellos ocultos bajo un gigantesco olivo estaban otros dos uniformados, eran el Teniente y su ordenanza que salió a vigilar  la demarcación de la Línea pera más que a eso fueron a vigilar a Esteban, el oficial no perdía detalle de la actitud que tomaba la pareja compuesta por Esteban y otro guardia.
 El padre de Elvira se hincó de rodillas en el encharcado suelo y suplicante dijo.
_ Mire usted señor guardia llevamos dos días sin comer y tengo mujer e hija que me piden pan un hijo aun pequeño. Usted lo debe saber por mi hija, que  es su novia según me dicen. No me denuncie no me lleve a la cárcel ya no vuelvo mas, me iré a Barcelona a Alemania donde sea pero déjeme hoy marchar, tenga compasión de Elvira si es que tanto la quiere como ella dice.
 Aquel hombre no fingía, decía la verdad, ya que se le caían las lágrimas que se confundían con la lluvia, llevaba mas de un mes sin trabajo y en las tiendas no querían darle más pan fiado.
 Esteban miraba a su compañero interrogándole con la mirada que hacían. El compañero tampoco tenia mal corazón se encogió de hombros, dándole a entender que como el era el que mandaba en la pareja hiciese lo que mejor le pareciera.
 Dudaba Esteban, muchas veces había  hecho la vista gorda y ya no estaba dispuesto a dejar de cumplir con su obligación, aunque tuviese que reñir con Elvira, nunca se habían encontrados frente a frente como ahora
 Ahora si que estaba de verdad entre la espada y la pared, y  la lluvia que no cesaba, le tendió la mano para que se levantara y ya en pie le advirtió.
_Es la primera  y la última vez que le dejo pasar, mintió aunque como queda expuesto nunca fue cara a cara. Váyanse y no le digan a nadie que nos han visto, aunque se encuentren con otra pareja, con los guardas con quien sea, no nos habéis visto. Yo  comprometiéndome  voy a haceros un favor, lo hago por su mujer y sus hijos, pero se lo juro si los vuelvo a sorprender con algo robado o robándolo ya no tendré mas compasión, se que es doloroso no tener pan por eso lo hago no por otros motivos. Se que las aceitunas son de varios olivares y no afecta mucho a los dueños al ser de tantos, pero otra vez lo digo que sea la ultima vez que  los sorprendo.
 El padre de Elvira, quiso besarle las manos pero el las retiró. Fue entonces cuando se presento el teniente y el ordenanza.
_ Quedan ustedes detenidos, en cuanto a las aceitunas robadas las llevan al cuartel, nosotros iremos detrás.
 Tanto Esteban como su compañero como los  dos de las aceitunas se quedaron de piedra, no daban crédito a lo que veían
 El oficial  también iba calado como su ordenanza, había presenciado todo. Y hasta oído en palabras sueltas que  entendió por conjetura  lo que  allí se había desarrollado
_ No esperaba esto de usted guardia primero- le recriminó serio y grave. Por lo pronto quedan arrestados por incumplimiento de su deber, siete días que yo les impongo, luego la superioridad decidirá.
 Antes en la Guardia Civil cuando arrestaban a un inferior, el  superior  mandaba el parte, y el superior de mas alta graduación  casi siempre lo elevaba a mucho mas del doble; se han dado casos que por una simple falta han pasado guardias al calabozo  y separados el servicio.
 El Teniente en el parte que  redactó puso todo lo que había observado, sin omitir ni una sola silaba, tampoco dejó de mencionar en el parte que la hija del detenido y el guardia eran novios, lo que agravó mas el caso.
 El padre y hermano de Elvira en la cárcel, y esta le dijo a su madre.
_ Madre  con los ahorros que tengo en la hucha mañana mismo tomo el tren y me marcho a Madrid, mi amiga Natalia  me ha escrito  y me dice que ella se compromete a encontrarme casa para servir.
 Y así lo hizo, mientras su padre y hermano  permanecían  encarcelados y su novio arrestado ella iba camino de la capital de la nación.
 A esteban  por ser jefe de pareja le elevaron el arresto hasta de tres meses en el calabozo de la Comandancia y traslado a la Sillería extremeña, zona peligroso donde operaba la partida de  maquis del Chaqueta Larga.  A pesar de todo tuvo suerte porque a otros por esas faltas fueron separados del servicio, ya que no existía abandono de servicio, sino negligencia en su forma de actuar.
 Hizo un favor y no le salió bien. Elvira se fue con pena en su corazón, pero no podía seguir con el que había detenido a su padre y hermano, según creía ella. Aunque se avergonzaba de la conducta que tenían  no dejaban de ser su padre y hermano, que se expusieron por la noble causa de llevarles pan a ellos. No podía  soportar la muchacha ver al autor de su vida  entre rejas, por reincidentes le saldrían años.
 Natalia cumplió su promesa  y la entro a servir. Allí permaneció varios años hasta que contrajo matrimonio con un albañil.
 Ahora perdemos su rastro, puede que salga  otra vez en esta  historia o puede que ya desaparezca para siempre.
 En cuanto a Esteban ya sabemos donde lo destinaron, arrestado a la Siberia al pueblo de Helechos. Aunque por su  condición de haber sido buen guardia y buena persona no perdió el galón de guardia civil de primera clase, y allí ejercería de Comandante de Puesto Accidental…

CAPITULO VII

 EN LA  GUARIDA DEL CHAQUETA LARGA

 Volvamos  otra vez a saber de Ana Maria que como  se acordara el lector/ra fue raptada por la partida del Chaqueta Larga y conducida de noche a su guarida.
 La infeliz maestrita no podía dormir en el saco de paja donde fue tendida. El miedo el cansancio que tenía era muy grande. Y aunque cerraba los ojos el sueño no le venia para descansar su maltrecho cuerpo. Pensaba
_ ¿Que querrán de mí?
 No se mostraron los maquis demasiados interesados en los encantos de la muchacha, no era eso lo que perseguían sino el recate que podían obtener por su libertad, pero ella pensaba que  aunque no se habían manifestado en tal cosa aun no era tarde para ello. Ella era virgen y aquellos hombres podían hacerle un daño atroz, no fue así en esto se mostraron caballeros
 _ ¿me mataran?-se preguntaba, ¿ Si no me violan que van a sacar de una pobre maestra de escuela, ¿ A quien pedir el rescate? Si ella no tenía a ningún familiar en aquel pueblo y menos rico, ¿Entonces para que me han secuestrado?
 Las preguntas se le amontonaban en la cabeza y no hallaba respuesta  concreta a ninguna
¿ Pobres padres míos! Si supieran donde me hallo, que ni yo misma se don de estoy.
 Con estaos lúgubres pensamientos pasó  el tiempo que estuvo acostada en el saco de paja hasta que amaneció.
Un leve ruido un pájaro que se posara en las ramas de un árbol lo percibía creyendo que seria el ultimo  ruido  que oiría aparte de las amenazas de los maquis.
 El que estaba de centinela dormitaba y con la duerme vela se sobresaltaba, y cuando salía de su sopor miraba para el saco que servia de lecho a Ana Maria, y como estaba atada de pies no creyendo peligro de fuga volvía a  dormirse de nuevo, ya que el sueño lo rendía.. Los otros maquis dormían en la guarida a pierna suelta después de las horas que  llevaban en vela.
 Le parecía la respetasen siendo bella y joven. Hasta ahora en este aspecto se habían portado bien. Mentira que unos forajidos como aquellos, sedientos de sexo.
_ Mire usted señor_le dijo al centinela  la infeliz maestra_ déjeme salir  que yo no me fugo, tengo mucha necesidad de orinar. Lo le prometo que no  me escapo además ¿dónde voy a ir si no conozco  estos lugares? No se donde estoy.
_ Pues palomita_ le respondió el   maquis_ sus necesidades las tendrá que hacer en mi presencia, porque yo no le voy a quitar la vista encima por  nada. No me fío  ni de mi sombra Y si intentas  fugarte sabes lo que te espera.
 La pobre Ana Maria muerta de miedo y vergüenza tuvo que acceder a lo que el forajido le decía.
_ Mira guapa te voy a decir una cosa que tú no sabes con palabras finas.
_ ¿Qué es? que me queréis matar.
_ No si el plan nos sale bien, de lo contrario  ¡puff!_ hizo  la demostración de llevarse la mano a la garganta, como queriendo decir que  si no pagaban el rescate la matarían. Y eso mismo me puede pasara a mi si tu te me escapas, lo mismo lo mismo que si las autoridades de Helechos o tu familia no pagan el rescate que piden por ti.
 Desde luego era imposible salir de aquel laberinto sin conocer veredas ni trochas, era a especie de una selva de matorral salvaje  y en medio como una isla  la guarida  en el pico de   Cantos Negros.
 Ana Maria se orinaba, ya no podía más y el hombre no quitaba ojo de encima.
_ Anda paloma, vamos a orinar, yo también tengo ganas, y le desató los pies guardándose la cuerda en el bolsillo.
 Salieron al exterior. Una brisa fresca y confortable inundó de  ánimo a la muchacha.
_Por favor, mire usted para otro lado; no puedo mas.
_ No te preocupes guapa, a mi no me importa verte mear, mira yo también lo hago, nada nos va a pasar pero perderte de vista ni un segundo.
 Y la pobre  maestrita  roja de rubor por la vergüenza tuvo que bajarse sus bragas y orinar delante de aquel  que la miraba con insistencia.
 El Chaqueta Larga se despertó, y llamó a los otros para preparar el plan del rescate.
 Ana Maria sabia que mientras estuviese en poder hombres siempre uno la estaría vigilando.
 Una vez que respiró el aire puro de la sierra perfumado por las jaras, romeros y tomillos, le pidió al guardián  que la dejase lavar en el arroyo que  por el vallecillo discurría, pues estaba sucia y los ojos legañosos por  lo que había dormido aquella noche, que aunque fue poco el sueño la rindió casi de madrugada.
 No se lo negó, siempre a punta de escopeta la llevó al claro y cristalino arroyo, y en la corriente se lavó la cara y los brazos así como los pies, y esto le valió mucho para reconfortarse del cansancio y la angustia que padecía.
 Luego en la casucha que servia de guarida, siempre bajo la atenta mirada de aquel hombre que no era tan fiero como ella creía, aunque los malos pensamientos no se iban de su cabeza. Pensaba.
“Estos hombres están sedientos de sexo y no ven mujeres hace tiempo y no  se me va de la cabeza que me van a violar todos y si no le pagan el rescate me matan. ¿Pero dios mío quien pagara ese rescate y cuanto será? Seguro que si no pagan el rescate me matan y me tiran a un barranco para alimento de las alimañas. ¡Dios mío ampárame! _ y las lágrimas afloraban a sus hermosos ojos.
 Rezaba, a su  Virgen de la Estrella, que aunque no era mucho de iglesias ni santos, si era creyente y  confiaba en su virgencita.
 Pero la verdad era que aquellos hombres no pensaban  lo mas mínimo en hacerle ningún  mal, lo que querían era el rescate, y aunque  al principio estaba amarrada de pies y manos luego  le quitaron las ligaduras, y la dejaron  de vigilar constantemente. Sabían que  aquella palomita no emprendería el vuelo para marcharse, porque si lo intentaba no  iría muy lejos sin ser acometida por un lobo o caer en un barranco, ellos  ya se habían  percatado de que la humildad y el temor de la joven maestra no ofrecían peligro de fuga.
 También ellos  sabían  que una maestra de escuela es pobre que sus padres normalmente le han pagado la carrera con sacrificio y no podían hacer frente a la importante suma que pedían por ser liberada, pero las autoridades por no verse en la vergüenza de abandonar a su suerte a la  joven y recién   incorporada maestra pagarían  la cantidad exigida.
 Todos se equivocaron, los maquis los primeros, porque las autoridades locales no estaban  dispuestos a pagar el elevado precio que pedían por  la liberación de Ana Maria, el rescate que  el Chaqueta Larga pedía era de dos millones de pesetas, cantidad que el ayuntamiento no podía pagar por su precario estado en bienes.
 También se equivocó el alcalde el juez y el cura, pues todos afirmaban que si juntaban para el rescate  una vez en manos de los maquis,  la matarían. Y también se equivocaría nuestra amiga, pensando en que la violarían. Nada de esto sucedió y todo gracias a los hombres de la Benemérita, aquellos hombres de Ahumada que como siempre exponiendo sus vidas  con valentía por un exiguo sueldo, en cuanto tuvieron conocimiento del secuestro se lanzaron al monte para  batirlo y rescatar a la pobre Ana Maria.…
 Todo hombre por cruel que sea, tiene algo en su alma de compasivo. Fuese por la causa que fuese cuando Ana Maria llegó a la  casucha de los maquis, uno de ellos que entendería de cocina tenia preparada la cena, consistente en unas tostadas con  aceite y un vaso de leche de cabra.
 La guarida aunque no disponía de muchas cosas si  había en ella para comer de lo que robaban  por los cortijos y caminos. El pan estaba ya duro pues era de dos o tres días, pero tostado estaba tierno y mas con aceite y hambre.
 El Chaqueta Larga le desató las manos y la invitó a sentarse en un taburete de corcho que habían fabricado ellos mismos.
 Nuestra amiga le miró suplicante. Tenía mucho miedo, cosa que no paso inadvertida del Chaqueta Larga como es de suponer.
_ No tenga miedo _ le dijo mirándola a la cara  intentando sonreírse, aquí nosotros no somos tan crueles como se nos achaca. No somos bandoleros sino guerrilleros paro tenemos que actuar  como los antiguos bandoleros si queremos subsistir. Nuestra causa es derrocar al gobierno de Franco impuesto por las fuerzas de las armas, y por eso mismo estamos en el monte. Nosotros si nos ayudan y no nos delata a la Guardia Civil, o se niega a proporcionarnos alimentos y otros enseres, son de los nuestros, nuestros amigos y nada tienen que temer de nosotros, en cambio si nos traicionan se pueden considerar hombres muertos.
_ ¿ Y yo que he hecho para que me tengan aquí secuestrada?- preguntó afligida la  infeliz maestrita_ Tengan misericordia de mi; y no quiero mal ninguno para ustedes y no tengo familia rica, somos pobres  no podemos pagar lo que ustedes piden por dejarme en libertad.
El Chaqueta Larga la miró de abajo arriba, casi sintió lástima de ella
 Pata decirle.
_ Sabemos o al menos nos figuramos que  una maestra de escuela no posee mucho dinero, pero las autoridades si, y es a ella a quien v a dirigido el mensaje, y a ellos no les conviene que tu palomita desaparezcas, ten confianza en que   nos abonaran la cantidad que exigimos por ti linda muchachita.
 El Chaqueta Larga quería hablarle con dulzura con simpatía, y la verdad que a veces lo conseguía y esto tranquilizaba a nuestra amiga
_ No señor yo no soy importante, no soy nadie y nadie pagará por mi. Creo que están perdiendo el tiempo.
 Oídas estas palabras el maqui quedó pensativo. Levantándose del taburete donde estaba sentado miró en su entorno y dijo.
_ No le conviene a los fascistas un escándalo de los maquis como ellos nos llaman por eso pagaran para que la dejemos libre, aquí es difícil  que venga nadie a liberarla aunque manden a buscarla a un b batallón de civiles, no conocen las entradas ni esta guarida. Así que de tu puño y letra vas a escribir una nota y una vez firmada por ti será enviada por correos al señor alcalde.
 Recalcó la palabra señor para continuar.
_ Este lugar es de muy difícil acceso y ¡ay! Del que se atreva, las metralletas nuestras  están muy bien camufladas y tricornio que asome  por la  vereda tricornio que rodará al barranco-
 Estas palabras cayeron en el alma de Ana Maria como hierro candente, no iba a decir nada  y cumplir lo que le mandaban de escribir la nota, pero se atrevió a  preguntar.
_ Y si no logran el dinero ¿que harán conmigo?
_ Nada, no temas no te mataremos, aunque se oiga por ahí que somos unos bandidos no lo somos y menos unos asesinos. Somos soldados del ejército popular y permanecerás con nosotros. Si te portas bien, hasta que caiga el gobierno de Franco que está a punto de caer, pues los aliados avanzan ya sobre Alemania, y ni Hitler ni Musolini lo pueden  ayudar, en fin que  cuando  caiga el régimen dictatorial que tenemos serás maestra e no un pueblo grande en una ciudad y no en un rincón tan apartado del mundo  como donde te han mandado.
 El Chaqueta Larga se equivocaba Franco estuvo gobernando bien o mal hasta que murió, y los aliados no se preocuparon ni de los maquis ni de España.
 Ana Maria callo, pensaba que era mejor no indignar a  sus secuestradores, tal vez llevara razón pero lo veía difícil
 Ella escribió la nota y la firmó y ellos se encargarían de enviarla por correos o como fuese al alcalde de Helechos
 Lo que buenamente tenían, pan, queso chorizo, tocino y carne que asaban de conejos o cabras las repartían con Ana Maria a partes iguales, y ya hemos dicho que dormía en un saco de paja como todos y fue respetada.
 La nota que escribió decía así:
 Señor Alcalde de Helechos. Soy la maestra Ana Maria y una partida del maquis me tiene secuestrada. Me dicen que si desean mi libertad, depositen dos millones de pesetas el hueco de la encina que está en el paraje conocido como Rostrofrio, dicen que ustedes lo conocen muy bien. Ellos lo recogerán o sea  retiraran el dinero  una madrugada, dándole tiempo a que reciban la   carta. Pero ¿cuidado! Dicen que ponga; si va la Guardia Civil o le tienden una emboscada no viviré mucho tiempo, porque me mataran los que queden aquí a mi custodia. Aunque escribo yo me la dicta el jefe de la partida el Chaqueta Larga. Por eso os suplico que depositéis la cantidad. Si no lo hacen así me mataran y luego me tiraran a un barranco para que me coman las alimañas. Nada mas: firmado Ana María.
 El Chaqueta Larga emitió una sonrisa y con sorna dijo.
_Espero que los tuyos tengan seso y hagan caso a lo que has escrito. Seria una pena que tuvieras que estar con nosotros siempre en tensión y sucia con lo bonita que eres.
 Ana Maria se estremeció ya había puesto en la carta lo que le dijeron que harían  con ella, no parecía que estaban dispuestos a cumplir la amenaza, pero de aquellos hombres se podía esperar todo.
 El miedo volvió a sobrecogerla y  emitió en un susurro estas palabras.
_El pueblo es pobre y usted pide mucho dinero lo mas seguro es que no se lo den.
_ Entonces peor para ellos y para ti paloma. Nosotros no nos an- damos con chiquitas, y ya le he dicho lo que haremos contigo, permanecerás con nosotros, porque pronto nos hará falta una mujer..
 La carta fue depositada en el buzón de correos de una aldea próxima, y llegó al día siguiente al ayuntamiento de Helechos.
 Aunque llevaba poco tiempo en aquel pueblo de maestra, el alcalde, el cura y el juez  coincidían los tres en que aquella letra y aquella firma era efectivamente de  Ana María. Todos estaban muy preocupados por la suerte de la muchacha, y todos recriminaban a los maquis, a la vez que  ponían de inútiles a los guardias del puesto por no ser capaz de capturar a la partida del Chaqueta Larga.
 Aquella carta saldría en la prensa  local porque junto con la carta de Ana Maria el Chaqueta Larga por su puño y letra envió otra a la redacción del periódico local de la provincia, así serian mas temido que con este fin fue enviada a la prensa, para que todo el mundo supiera que no estaban acabados como el gobierno  decía.
 Otra cosa eran los dos millones de pesetas que exigían por la liberación de Ana María, ya sabemos la precariedad del ayuntamiento, que no disponía en aquellos momentos ni de un millón para atender las necesidades del pueblo. Era imposible llevar dic ha cantidad al hueco de la encina de Rostrofrio como  los secuestradores exigían al alcalde
 No tenían mas remedio que dar cuenta del caso a la Guardia Civil.
 Aunque la nota que escribió Ana Maria lo decía bien claro que si daban cuenta a los del tricornio seria  asesinada y tirada a un barranco, el alcalde, el juez y el cura, se acercaron al puesto y  expusieron lo que nosotros sabemos.
 El guardia de puertas lo puso en conocimiento de Esteban, y este los hizo pasar a su oficina que en aquellos momentos se encontraba despachando la correspondencia oficial.
 El alcalde con mucho aspaviento le  dio a leer la carta de Ana Maria a la vez que decía.
_ Lo sentimos por ella, pero en estos momentos no disponemos ni de una cuarta parte de lo que nos exige ese maldito bandolero.
 Si  ustedes no son capaces de rescatarla que Dios la proteja.
 Esta palabras las pronuncio con un poco de sorna, como  insinuando que la Guardia Civil no era capaz de liberarla.
 
Por el medio más rápido disponible Esteban comunicó al jefe de Línea las circunstancias  en que se hallaba.
 _ Pronto lo sabrá el teniente-le  dijo Esteban, y en el momento que lo sepa saldrán patrullas de la Línea para peinar todo el monte hasta encontrar a la muchacha, lo que no podemos garantizar es  encontrarla viva, pues ya sabemos la clase de  persona que es el Chaqueta Larga, que nada le importa  tener otra muerte en su conciencia
_Yo tengo pensado_ dijo el alcalde_ echar un bando para que todos los hombres jóvenes se armen de escopetas y rastreemos la sierra al fin de encontrarla viva.
_ No creo dijo Esteban  imponiendo su autoridad que el alcalde quería quitarle_ que eso sea una buena solución. Exponer vidas  que no  tienen el porque enfrentarse a forajidos, es una temeridad, y yo no lo autorizo, para eso estamos nosotros para solventar la cuestión, usted puede hacer lo que le plazca para eso es el alcalde pero bajo su responsabilidad, nunca con mi consentimiento.
 Las advertencias de Esteban hicieron  que el alcalde no llevase a efecto su descabellada idea.
 En cuanto el Teniente Jefe de la Línea tuvo conocimiento de los hechos, se lo comunicó al Capitán de la Compañía por teléfono ( el pueblo de la Línea y la Compañía lo tenían)
 Aquella misma tarde patrullas del Cuerpo, rastreaban palmo a palmo los montes y valles registrando casas de campos, chozas de pastores cuevas barrancos y todo lo que era sospechoso de ocultarse los maquis.
 A la encina de Rostrofrio no fue nadie a depositar el dinero exigido, por lo que el Chaqueta larga y los hombres que fueron, se llevaron la sorpresa de que nadie, nadie había  tenido en cuenta sus amenazas.
 Tampoco fueron los guardias, ya que podían ser victima de una emboscada (pensaban iguales).
 Ya caerían en enfrentamientos limpios. Sabiendo como era el Chaqueta Larga  si quería matar a la joven lo mismo lo aria llevando el  dinero que nadie quiso aportar que si no lo llevaban, así pensaban todos. Era la Guardia Civil la que tenia que capturarlos y liberar a la joven pero no mediante chantaje sino  por obligación y deber.
 Esteban salió  voluntario al monte, el podía haberse quedado en el puesto como  jefe que era de el y haber mandado a  sus hombres al monte; pero era un valiente y su deber  como buen guardia civil era participar en aquella arriesgada y peligrosa misión.
 Todos los hombres del Puesto quisieron ir voluntarios, para liberar a tan guapa y joven señorita, aunque igualmente hubiesen salido voluntarios.
 Pero no todos podían ir, algunos tenían que  permanecer en el acuartelamiento para  proteger a las mujeres y niños y el propio cuartel, así que Esteban dispuso que se quedaran los más viejos, dos de ellos.cualquier persona que los necesitase.
 Y la patrulla  al frente del Teniente en la que iba Esteban y sus guardias, salieron aquella misma tarde al ponerse el sol.
 Esteban hacia de cabo y  cuando el teniente mandaba  dividirse en grupos el tomaba el mando de los suyos. No mostraban cansancio, eran jóvenes y subían  cerros registraban chozas,  caseríos y  su lema era siempre adelante para poder salvar a una persona como era uno de los lemas de la guardia Civil. Protegerá y auxiliará a toda persona que  se encuentre en peligro o desgracia, y que mas peligro que el que tenia Ana Maria.
 El guardia bisoño; aquel que llegó a Helechos procedente del Colegio de Valdemoro, siempre iba al lado de esteban, Esteban le infundía seguridad, respeto y confianza. El veterano Esteban no solo era para el un buen superior también era como un segundo padre, ya que tampoco lo abandonaba en los momentos mas difíciles y de peligros con que se enfrenta la Guardia Civil a lo largo y ancho de su vida. Sabía que  en caso de una buena refriega entre los maquis y ellos, Esteban no se dejaría atrapar fácilmente, su astucia y audacia era palpable.
 No entro Esteban con muy bien en el Instituto armado, ni tampoco su vida anterior fue muy halagüeña. Jamás la vida le había sonreído. Era valiente como todos los hombres que vestían el honroso uniforme del Cuerpo al que pertenecía y sabía muy bien dominar el miedo.
 Aquella noche tenia un presentimiento, estaba casi convencido  de que el podía ser uno mas de los que cayeran bajo las balas de los hombres del Chaqueta Larga. Pero se sentía ufano de estar en la sierra, con sus hombres, pudo quedarse en el cuartel y eludir el compromiso, pero no, el debía y sus  subordinados, mas que subordinados compañeros dar ejemplo y por eso estaba allí.
 Barrían los cerros, los montes los valles. Dormían en el santo suelo teniendo a las estrellas por techo. Mientras un compañero hacia guardia para no ser sorprendido, el entraba en turno con aquellos guardias, nunca quiso presumir del galón que un día le concedieron y su cargo de Comandante de Puesto aunque fuese interino.
 Comían latas de sardinas y carne en frío y pan de dos días antes que llevaban el la mochila, así estuvieron tres días con tres noches.
 Llegado a este tiempo el Teniente ordenó retirada para descansar otros tres días en el cuartel. Pasado este tiempo volverían otra vez la búsqueda de Ana Maria y volverían a peinar el monte por otro lado hasta encontrarla viva o muerta y dar su merecido a los maquis.
 A veces  dudaban de encontrarla con vida, pero fuese como fuese tenían que encontrarla y  eliminar como fuese a la partida del Chaqueta Larga.
 Este como sabemos no tenia el propósito de eliminarla, pues se daba cuenta que aunque tenía sus dificultades, una mujer entre ellos era  muy eficiente. Cuando se acostumbrara a ellos, cuando el susto se le pasar podía servir para cocinar que apenas comían comidas calientes, también para lavarle la ropa y gasta una vez  acostumbrada presentar cara a los civiles. Así pensaba  este hombre aunque no le iban a salir las cosas  como  en su cabeza bullían.
 El Chaqueta Larga y su lugarteniente volvieron a la guarida malhumorados por el fracaso que habían sufrido al  haber ningún dinero en el tronco de la encina como ellos creían.
 El vigilante de Ana Maria estaba adormilado  y de cuando en cuando abría los ojos para cerciorarse de que su prisionera no intentaba darse a la fuga.
 A la llegada de los dos hombres cansados y muertos de sueño se acostaron a descansar en el saco de paja que le servia de lecho. El Chaqueta  Larga no dormía pensando en lo que iba a hacer con la infeliz maestrita : la verdad que no quería matarla, pero  si ella no se adaptaba a la vida  que ellos llevaban si desobedecía sus ordenes, lo mejor era soltarla en el monte, no llegaría muy lejos eso desde luego . Pero  soltarla en aquellos parajes solitarios y agrestes era igual a darle la muerte, quizás fuese mejor  matarla al menos sufriría menos que  atravesando aquellas montañas donde  por su fragilidad y sin medios no llegaría muy lejos.
 Ana Maria se despertó. Ya sabemos que dormía en un saco de paja  vestida y tapada con una manta para evitar el frío,
 El Chaqueta Larga le dijo para amedrentarla.
 _ Ellos los tuyos te han condenado a muerte. No han  accedido a desprenderse de los dos millones que pedimos por tu liberación, son peores que nosotros,  tu palomita les importa un pito, aman mas al dinero. Por lo pronto seguirás con nosotros, pediremos otro rescate mas bajo, digamos de un millón pero no menos si no  quieren entregar ese dinero, te mataremos, no te mataremos nosotros te mataran ellos los tuyos, que como te he dicho quieren mas al dinero que te quieren a ti.
 Ana Maria  callaba, sus ojos se inundaron de lágrimas le costaba creer que  un pueblo entero no   obtuviera dicha cantidad para que volviera otra vez a ser la buena maestra que decían  cuando   estaba en Helechos dando clase. Rezaba a su Virgen para que se apiadara de ella.
_ Si piensan matarme hágalo ya y no me hagan mas sufrir, aunque depositen el dinero me vais a quitar igualmente la vida.
  Nosotros no hacemos eso_ dijo el Chaqueta Larga enfurecido_  cuando damos una palabra la cumplimos los que no la cumplen son los vuestros los fascistas. Creerán que los civiles os van a salvar ¡que equivocados están! Tricornio que asome por esa vereda tricornio que rueda por el suelo con una bala en la cabeza.
 Anonadada la maestrita no sabia que responder, pensaba que de allí no saldría con vida, el bandido llevaba razón, donde estaban era muy difícil que llegara la Guardia Civil sin que fuesen abatidos y muertos  pues  el lugar ofrecía un parapeto muy grande, rodeado de altas rocas las balas de los guardias se estrellarían en ellas mientras que  la posición de los maquis para  causar bajas era excelente.
 Permanecer en aquel lugar con aquellos hombres que no la perdían de vista ni un momento que comía con ellos, y lo tenía que hacer si no quería morir de hambre, lavarse y hacer todo lo que el cuerpo exige delante de ellos era abominable. Ana Maria no quería morir y a veces le  entraba en su alma un rayo de esperanza ¡A lo mejor aquellos hombres no eran tan malos como los pintaban y se compadecían de ella llevándola  cerca del pueblo, pero  ¡claro1 si no depositaban el dinero en el tronco de la encina  ...!

                                  *     *     *
 Así transcurrieron mas de ocho días, viviendo  con aquellos  hombres, que no se afeitaban y se lavaban poco, en plena sierra en un lugar tan desconocido para ella como la luna.
 La comida se terminaba, era una boca más y hacia días que no asaltaban ninguna majada ni cortijo. Los maquis confiaban en que le pagarían el rescate y disfrazados comprar enseres en algún pueblo de la comarca, pero como esto fallo tuvieron que  i dedicarse una noche a asaltar un cortijo para comer.
 Llegaron a uno de los cortijos de la comarca. Era de un hacendado pero el no moraba en el cortijo por medio a los maquis.
 Un matrimonio anciano eran los caseros allí se criaron se casaron y permanecerían hasta su  muerte. El Chaqueta Larga y sus hombres conocían el cortijo, respetaron  siempre aquel cortijo no por su dueño un fuerte terrateniente si no por los dos ancianos que un susto podía causarle la muerte. Ya se ha dicho antes que todo hombre por malo que sea tiene un  relejo de bondad y el Chaqueta Larga lo tenia, por eso mientras  podía robar en otros cortijos donde estuvieran los dueños o fuese gente mas joven  respetaba  a aquellos dos ancianos casi en el ocaso de sus vidas, pero ahora no tuvo mas remedio que asaltar el cortijo del Cura que así se denominaba,
_ No hay mas remedio que ir al cortijo del Cura_le decia a sus hombres_  y traer de todo lo que allí encontremos, garbanzos, chorizos, jamones pan y aceite entre otras cosas, el hambre aprieta y  no nos vamos a morir de hambre, siempre  los viejos guardaran algo para ellos en algún lugar oculto y si no que se lo pidan al amo.
 Llevamos los caballos y los cargamos y también traer alguna cosa a nuestras espaldas. Si queremos  esperar a que vengan los aliados y derrotar a Franco tiene que ser así.
 Nos llevaremos a la muchacha y caso de encontrarnos con los civiles nos puede servir de escudo protector amenazando con m andarla al otro barrio. A los viejos los respetaremos, pues no creo que se resistan a darnos de todo lo que hay en las despensas del cortijo y si por casualidad ofrecen resistencia tomamos las cosas a las fuerzas, pero sin matarlos eso nunca.
 Al anochecer emprendieron la marcha hacia el mencionado cortijo, pero antes de llegar se llevarían una sorpresa.

 

                                 *     *     *

Llevaban caminando unas tres horas, faltaba muy poco para llegar al cortijo del  Cura, iban cansados. Ana María no podía mas, mal dormida y no muy bien alimentada, unido a la incertidumbre y el miedo le causaban mucha fatiga, mas siendo   frágil, aunque el ánimo no le faltaba y mas la esperanza de ser liberada. ¿ Que mujer por fuerte que sea no se deprime entre aquellos hombres y aquellos montes?
 Caminaban en silencio con las armas en posición de usarlas en el momento preciso. Ellos sabían que la Guardia Civil estaría peinando el monte para liberar a la maestrita.
 Y no se equivocaban. En la vuelta de un camino parapetados detrás de una pared de piedra allí estaban los hombres de la Benemérita.
 Daba la casualidad que el que mandaba a aquellos seis hombres era Esteban. El hacia de cabo, las otras patrullas no estaban muy lejos..
 Esteban y sus hombres los divisaron a través de la claridad de las estrellas. Cuando los ojos se acostumbran a la oscuridad de la noche es fácil a la tenue luz de las estrellas divisar los bultos y las personas. Esteban mando silencio y dejar que se acercaran más para en caso de combate afinar mejor la puntería,
_ ¡¡ Alto a la  guardia civil!!_ gritó Esteban con toda las fuerzas de su garganta. Todos tenían los fusiles presto a disparar.
_ ¡Maldita sea mi sombra!- escupió el Chaqueta Larga _ Los civiles están ahí.
 A por ellos gritaron todos y las armas  escupían fuego y plomo.
 Los disparos se cruzaban, las balas silbaban, y de las piedras saltaban lascas arrancadas por las balas de los maquis.
 No tardaron en oírse el lamento de los heridos. Los maquis  estaban en desventaja pues aunque algunos lograron parapetarse detrás del tronco de una encina ofician mejor blanco que los hombres de Ahumada parapetados detrás de las piedras.
 Ana Maria se encontraba en medio de dos fuegos, cuando divisó un gigante alcornoque y se ocultó tras su grueso tronco. La bala de un fusil se incrustó en la corteza del alcornoque saltando una lasca de corcho. Aquel árbol le salvó la vida.
 Entonces Esteban la divisó, la conoció aunque no la había visto muchas veces, pero  en su retina estaba presente la figura grácil
 y esbelta de la joven maestra.  Una tarde que paseaba por la plaza del pueblo con un libro en las manos la  conoció. Se saludaron y desde entonces no perdió la fisonomía de la maestra de escuela.
_¡ No disparéis al alcornoque que detrás de el se halla la muchacha que  queremos rescatar de las garras del Chaqueta Larga!
 Por parte del jefe de los maquis tampoco quería que le arrebataran a la muchacha y la quería viva, para seguir  exigiendo el rescate, así que a aquel alcornoque  no llegaban las balas de ningún bando  a pesar del fuego cruzado.
 El fuego no cesaba. Eran dos fuerzas igualadas, hay que decir en honor a la verdad que entonces  eran tan valientes unos como los otros, al fin y al cabo todos eran españoles, y quizás algunos emparentados.
 Ana Maria rezaba a su Virgen de la Estrella para que ganasen los guardias y se la llevaran  al pueblo, no deseaba  ninguna muerte, solo que los maquis entregaran las armas y se dieran por vencidos.
 El poco tiempo que estuvo ejerciendo en Helechos nunca tuvo contacto con los guardias civiles, pero sabía por otras fuentes que muchos eran casados, tenían mujeres e hijos, familia a la que con el mísero sueldo que ganaban tenían que hacer frente a la difícil vida de aquellos tiempos. Si por causa de ella alguno moría, le dejaría un remordimiento de conciencia para toda su vida. Encontrarse en la calle con la viuda y los huérfanos seria un  suplicio eterno . ¡Quizás aquella mujer viuda se lo reprocharía al tener que fregar suelos, porque la  mísera paga que le dejara su marido no alcanzara para subsistir ella y sus hijos.
 Y  en su mente calenturienta por la emoción el miedo y el sueño. Veía a las mujeres enlutadas, llorando por sus maridos muertos.
 La noche se hizo más oscura al  nublarse con densos nubarrones de tormenta, ocultando a las estrellas que aunque  tenue su luz algo se divisaba.
 Los disiparon amainaron, cuando alertado por los tiros llego el teniente con sus hombres. Enseguida se hizo  cargo del mando y se congratuló con Esteban porque fue el y su escuadra  los que encontraron a los maquis.
 Esteban le dio la novedad al oficial comunicándole que a la joven maestra estaba en campo de los maquis, y que  se hallaba oculta detrás del tronco del gigantesco alcornoque que algo por su  volumen se veía.
_ Son capaces de matarla si se ven acosados_ argumentó el teniente, y acto seguido  gritó al Chaqueta Larga.
_ Estáis copados, ya que os tenemos rodeados, somos muchos más que vosotros, así que si queréis conservar la vida tirad las armas y entregaos con los brazos en alto.
 La respuesta que dieron los maquis fue una descarga cerrada. Cayeron dos guardia y el sargento que llegó con el teniente herido.
 Entonces  lleno de rabia  el oficial gritó.
 _Ana Maria tirase al suelo y permanezca así hasta que podamos ir a por usted, que los vamos a aniquilar a todos.
 Dos guardias atendían a los heridos. Ya eran cuatro menos, pero  de los que disponía el teniente se emplearon con ardor y furia a eliminar a los maquis.
 El Chaqueta Larga maldecía y dispara a ciegas lo mismo que sus hombres y los guardias, pues la oscuridad era inmensa. Apuntaban a los fogonazos de las armas y así retrocedieron los maquis hasta emprender la huida
 Ana Maria boca abajo lloraba y rezaba. Esteban se acercó a ella y la tomo en sus brazos, se hallaba casi inconsciente.
 Entonces un maqui lleno de rabia porque se le escapaba la presa disparó  sobre ella, pero Esteban ya se había  interpuesto en  medio de ella y de la bala del maquis, atravesando el hombro del valiente guardia civil, salvándola de una muerte segura. Así fue liberada de las garras del Chaqueta Larga y los suyos.
 Algunos maquis muertos quedaron en tierra, y otros heridos. Ya vendrían a recogerlos. Nosotros ya hemos concluido  el relato  salvando a Ana Maria, o sea salvándola Esteban   que  sin miedo se lanzó a salvarla  a sabiendo que   podía ser muerto o herido colmo así fue.
 Esteban el guardia y el sargento herido, fueron evacuados  en caballos y posteriormente ingresaron en el hospital militar Gómez Ulla de Madrid, hasta su total recuperación. Esteban fue ascendido a cabo y todos recibieron la medalla colectiva militar  al valor.
 Los maquis heridos fueron  llevados a un hospital
 Civil bajo vigilancia militar y entregados a las autoridades militares, en cuanto a los muertos   sus cuerpos fueron enterrados en el cementerio civil de Helechos.
 Ana Maria  estuvo unos días en cama, en su casa, es decir en la casa de Andrea que como sabemos estaba hospedada. El médico del pueblo le dio ánimos para que se recuperara ya que no padecía de ningún mal ni herida, solo del susto de schop como ahora se dice por el miedo pasado durante el tiempo que permaneció con los maquis.

 La Guardia Civil escribió  una página más con sangre sudor y muerte de la historia de España.

 

 

CAPITULO  VIII

 

ENAMORADOS

 Todas las tardes a la hora de visita Ana Maria que se había trasladado a Madrid a dar las gracias a Esteban subía para  pasar una hora con el que era el tiempo que duraba la visita. No revestía  gravedad la herida, la  bala atravesó limpiamente el hombro asti- llando el hueso del mismo, pero la pericia de los doctores consiguieron   que apenas se le notara
 El guardia civil la recibía con tanto anhelo y cariño que estuvo a punto alguna vez de derramar lágrimas.
 La jovencita maestra de escuela permanecía en Madrid, para lo que le dieron permiso y alquilo una habitación negándose a dejar la capital  hasta que no le dieran el alta a Esteban.
 Ya muy recuperado, estaba a punto de dejar el hospital, por lo que  le autorizaron a pasear por los jardines que lo circundan. Era una tarde primaveral, las rosas  y los geranios engalanaban aquel bucólico a pesar de ser un centro de dolor, todo el entorno del paseo. Acá y  allá bancos de forjas existían para descanso de los enfermos  que estaban autorizados por los facultativos para  dejar la habitación y tomar el aire puro que  tilos y acacias purificaban.
 Esteban invitó a Ana Maria a sentarse en uno de los bancos  que había bajo una hermosa acacia de flores blancas.
La maestrita estaba radiante, mas guapa aun que  cuando el la vio en la plaza de Helechos con el libro bajo el brazo. Los rayos del sol   acariciaban sus negros y sedosos cabellos, mientras sus manos jugaban con una rosa roja que el le había cortado de uno de los rosales.
_ No tardaran mucho en  concederme el alta y entonces marchare de  nuevo a Helechos a prestar servicios por aquellas sierras y descampados, y tu como tienes un mes de  permiso  por lo que te a ocurrido marcharas a tu pueblo, pero los 17 días que te quedan me gustaría que los pasaremos juntos. Yo la verdad Ana María te he tomado cariño.
 Ella lo miró y una sonrisa se dibujó en sus labios color de la rosa.
 ¡Gracias por haberme salvado la vida! Nunca lo olvidare, y te digo que viva la Guardia Civil pero vivas tu, que  has sido todo un caballero al exponer tu vida por salvarme la mía.
_ Eso ahora no tiene importancia Ana Maria; yo no hice más que cumplir con mi deber,
_ ¡A no ; no tiene importancia verter tu sangre para que yo no muera. Si, Esteban si la tiene y mucho, y no se como te lo voy a pagar, no encuentro  formula para agradecértelo ni pagártelo.
_ Pues yo si Ana Maria. Yo si la encuentro.
 Entonces la muchacha se fijó que la miraba con una ternura y unos ojos de enamorado, y no hizo falta  que  ella dijera mas porque enlazándola por la cintura la besó en los labios  tan prolongado y dulce que a Ana Maria le llegó al alma.
 Ella  se le quedó mirando y le dijo.
_  Con este beso que me has dado, lo dices todos. Se que me  amas, yo también te quiero a ti, y confío en que pronto seremos marido y mujer si tu no me olvidas.
_ Yo Ana Maria, ¡olvidarte yo! Eso nunca, ahora comprendo que tu eres la mujer que me has cautivado la mujer de mis sueños la que será la madre de mis hijos.
 _ Que así sea mi amor._
 Y se fundieron en otro ardiente beso.

No era para menos, después de que Esteban  expuso su vida por ella, era natural que ella correspondiera a su  amor. Los dos se habían enamorado. Esteban ya sabia lo que era el amor de una mujer, recordemos a Elvira, pero Ana Maria era la primera vez que un hombre la besaba, era su primer amor.
 Se quedó el guardia mirando al horizonte, para decirle.
Tu te iras de Helechos Ana Maria, sin embargo yo permaneceré en ese pueblo muchos años, a no ser que.
 No termino la frase cuando un  compañero que fue a visitar a Esteban le entregó un ejemplar del Boletín Oficial del Cuerpo.
 Después de abrazarse y preguntar por su estado le dijo.
_ Mira Esteban lee el boletín del Cuerpo. En el vienes tu,
 Esteban creía que seria una felicitación de rutina, de esas que muchas  veces vienen  ensalzando cualquier servicio, el suyo  merecía que el Boletín hiciese mención de el.
 Con sorna preguntó
_ ¿Que me han subido la paga?
_ Mejor Esteban, para ti mejor, lee aquí.
 Y le mostró la página; decía así
Por su heroico comportamiento así como lo de todos los hombres  a su mando, se asciendo a capitán al teniente de la Línea de Herrera ( Badajoz). Al teniente MGF. Y a los sargentos, cabos y guardias que participaron en la operación  al rescatar de las garras del Chaqueta Larga a la joven maestra secuestrada Ana Maria Sánchez  García así como desarticular la partida, concediendo para todos la medalla colectiva  con distintivo blanco al merito policial y militar. Al guardia primero Esteban Mejias Suárez además del ascenso le queda anulado el arresto que se le impuso por falta grave  y negligencia en el servicio, estando facultado para solicitar el puesto que desee.
 Lo que traslado para conocimiento de los interesados.
 Madrid a.............................
 Nuestro hombre devolvió el Boletín al compañero para decirle.
_ Todos expusimos nuestras vidas, creo que el ascenso  esta bien merecido a todos.
 A los tres días le  dieron el alta del hospital con un mes de convalecencia en casa.
 Terminada la convalecencia marcharía a la Academia de cabos.
 Los padres de Ana Maria enterados de todo, lo invitaron a su casa en el pueblo blanco donde Vivian, y en casa de su novia  hizo la convalecencia y rehabilitación, ya que lo solicitó y se lo concedieron.
 Y allí se consumó el noviazgo, se amaron como dos  tortolitos, con un amor puro y bello.
_ ¿ Volveremos a Helechos?- le preguntó  Ana Maria.
 _ Si, mi amor volveré. Ya me  va gustando aquel pueblecito, no son mala sus gentes, y los maquis ya están eliminados.
_ Pues volvamos vida mía. También a mi  sus niñas me encantan
 Y una vez  con sus flamantes galones de cabo volvió a Helechos por  voluntad propia. Le había calado hondo el pueblo. También Ana Maria  quiso permanecer  junto a su marido  muchos años hasta que...

EPILOGO

 Han pasado los años. Ana Maria y Esteban se casaron el la iglesia de Helechos. A la boda asistieron todos los guardias del cuartel, excepto el de puerta. El  vestía un bonito traje azul de gala y su tricornio con  los ribetes amarillos reglamentario, un uniforme jamás visto en Helechos.  Su madrina Andrea que vestía un sencillo traje de lunares con peineta.
 Ana Maria, lucia un bonita traje blanco  con diadema y velo, en su mano derecha un precioso ramo de  rosas blancas, símbolo de la pureza. Su padrino el padre, que desde Los Santos de Maimona se desplazaron a Helechos para la boda de su hija.
 Quisieron  casarse en aquel pueblecito que tantos recuerdos malos y buenos le  sucedieron. Fue una boda sencilla, sin órgano pues la iglesia de Helechos carecía de el, pero fue una boda solemne llena de amor hasta rebosar. Las niñas de Ana Maria, es decir de la escuela le regalaron  una canastilla de flores y le escribieron una bonita poesía.
 Para la maestra, mas dulce de Helechos/ deseando que duerma bien esta noche en su lecho/ que se acuerde de sus niñas/ que la quieren con embeleso/ Te regalamos esta canastilla/ cuajadas de flores silvestres/ Recogida por nosotras/ el los albores del día/  para que seas muy feliz/ en este hermoso día/ Todas te queremos mucho/ todas somos tus amigas/ y tus hijas Ana Maria. Las niñas de la escuela / te deseamos felicidad/ con tu novio Esteban/ tu papá y tu mamá/ Todas tus alumnas,
 Esta sencillísima poesía la hicieron verter lágrimas de ternura y emoción.
 Y en el cuartel vivieron diez años, hasta que fue ascendido a sargento, y  ya no podía permanecer por más tiempo en Helechos
 Era puesto de cabo y el ya era suboficial, entonces quisieron marchar  del pueblo de Ana Maria, del pueblo blanco de Extremadura, y solicitó Esteban uno muy cerca y similar al de su mujer; aquel pueblo se llamaba  Fuente del Maestre, y era también blanco y pintoresco.
 De Helechos  llevaron dos hijos dos preciosos niños que siguieron el mismo camino que el padre, o sea guardia civiles. Y allí les nació una niña que seria el orgullo y consuelo de la maestra y el sargento.
 Se olvidaba decir que  a ella también le concedieron plaza de maestra en el mismo pueblo, por consorte, y allí vivieron hasta que se jubilaron que marcharon al pueblo de ella donde  compraron casa.

 Esteban como buen guardia civil, no dejaba de visitar a diario el cuartel de los Santos. Se dio a conocer con el Comandante de Puesto, y charlaban de tiempos pasados, de lo duro del oficio, pero también de la satisfacción del deber cumplido, más cuando se trataba de servicios humanitarios.
  El matrimonio era ya viejo. Los tiempos  cambiaron y llegó la democracia. Una nueva vida se instauró en España y  llegaron nuevos aires nuevas costumbres. La mujer  podía  tomar nuevos cargos y posiciones que antes le estuvieron vetados y  muchas ingresaron como guardias civiles, otras de soldados, bomberos y oficios que  antes  solo lo ejercían los varones.
 Un día en que Esteban y el Comandante de Puesto que era un brigada como el, aunque el estaba retirado y lógicamente el otro en activo, charlaban en el despacho, el comandante del puesto le dijo.
_ A lo que hemos llegado Esteban, hoy espero que se incorpore en el puesto una joven guardia civil.
_ ¿Una mujer?-le preguntó Esteban extrañado.
_ Si, Esteban una mujer. No se como  me voy a valer con tantos hombres y varios solteros y una mujer.
_ ¿Y donde va a dormir? Porque  no será en el cuarto de soltero con los hombres.
_ No hombre, no¡ hasta eso podíamos llegar!. Le han preparado un cuarto para ella sola  con servicios y ducha.
_El progreso amigo el progreso_decia Esteban. Que diferencia a  cuando yo estaba en Helechos.
_Aquellos tiempos ya pasaron Esteban, ahora todo ha cambiado. Las viejas Olivetti se han cambiado por ordenadores y hace tiempo que los caballos por coches.
 En esto que  pidieron permiso para entrar.
_ Adelante_ dijo el Comandante de Puesto- ya está aquí la  que esperaba.
 Efectivamente, una guapa moza vestida impecable con el uniforme de guardia civil, lo único que cambiaba es que en vez de pantalones llevaba falda hasta por debajo de las rodillas.
 A la joven le acompañaba una mujer  de la edad de Esteban, era su madre.
_A sus órdenes mi brigada se presenta la guardia Elvira Rodríguez Jiménez.
_ Esteban se quedó mirando a la madre que se había quedado en la puerta.
¡Tu! Exclamó el brigada retirado. ¡Eres tú o estoy soñando!
_ No, no sueñas soy yo, la modistilla de Almendralejo, tu novia.
_ Ya la que se fue a Madrid.
_ La misma, que se caso con un albañil y tuvo tres hijos esta es la pequeña, se ha empeñado en ser guardia civil y aquí la tienes de uniforme.
_ Quien lo iba a decir- respondió Esteban.
_ ¡Es verdad con las veces que perseguiste a su abuelo cuando iba al campo a robar aceitunas.
_ Si y las veces que hice la vista gorda. Me arrestaron y me enviaron a la Siberia, pero no me importó, gracias a eso  conocí a mi mujer una santa, y gracias a eso ascendí hasta brigada.
-¿Vives en Almendralejo?- pregunto Esteban.
_ Si en mi pueblo vivo
_ ¿Eres feliz?
_ Si, aunque soy viuda. Mi marido murió en accidente de trabajo.
_ Lo lamento Elvira
 Los dos seguramente hemos sufrido mucho.
_ Si, los dos Esteban.
 Elvira hija y el Comandante de Puesto atónitos los miraba.
 Luego dijo Elvira madre
 _El destino hija el destino, este hombre también ha sido guardia, fue mi novio, pudo ser tu padre, sin embargo el destino no lo quiso.
_ Adiós Esteban, no le guardes rencor a mi hija.
_ ¿Qué dices Elvira? Yo eso no lo conozco.

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Guadiana del Caudillo Septiembre de 1 - 9 - 2011  Juan J. Hormigo Bautista