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EL RACIMO DE UVAS

Por Juan José Hormigo Bautista.

 

 EL RACIMO DE UVAS

 

Novela por Juan José Hormigo Bautista

                             

PRIMERA PARTE

I

   

 

 Mi nombre es  María de las  Nieves, pero todo el mundo me conoce por Nieves la  Caracola. Esto es debido  a que mi madre  era  La Caracola de apodo.
 Nací un día de  verano, creo que fue en agosto y día mas día menos por San Lorenzo. Era la cuarta de una familia siete  hijos; mi padre  algo borrachín,  se conoce que cuando llegaba con alguna copa de mas, y caliente por  las caricias de alguna camarera se desahogaba con mi madre, y como no se conocían  ninguna clase de  productos anti-bebes, pues allá van hijos y mas hijos.
 Era barbero y aunque en la cuidad   ( se me había olvidado que la ciudad donde vine al mundo;  es la bella Málaga.) Bella para  como todas las ciudades, para los poderosos, que  para los  pobres no es tan bella como dicen. Pues como digo, en Málaga había muchísimas barberías, que no como hoy peluquerías, entonces se llamaban barberías  y en estos  establecimientos acudían los hombres  para afeitarse y cortarse el pelo.  Pues otra vez digo que  aunque  no era un gran barbero y menos peluquero, tenia una clientela, bastante numerosa, porque  la barbería de mi padre era la mas barata de toda la ciudad.
 Poseía un sillón , con su cabezal  , no era giratorio o americano,  como la de los otros fígaros , un espejo grande donde en Navidad escribía con tiza “ Felices Pascuas de Navidad y Prospero Año Nuevo”, para que le  echaran algunas perras gordas en una lata de  Colacao que colocaba encima de la repisa donde tenia las brochas dos navajas, por supuesto barberas, y una maquinilla de cortar el pelo. Una toalla no siempre  limpia, y varias barras de jabón del mas barato.

    Sus clientes eran cargadores del puerto, mozos de  la estación, o sea maleteros, limpiabotas,   peones de albañiles, y  guardias municipales, algún  maestro de escuela y  el cura del barrio.
Con tan portentosa clientela, ya se pueden figurar que los ingresos por los servicios prestados no eran muy elevados, y las propinas  pocas y paupérrimas. Una parte de lo que ganaba  lo derrochaba con amigotes borrachos y mujeriegos en los mas bajos tugurios del puerto, entre marineros , porteadores, prostitutas y algún policía soltero que   acudía a esos  benéficos establecimientos para aliviarse  de la falta de una mujer decente y  casera  que le diera calor, amor y lo otro tan necesario en todo ser viviente.
 Pero como las mujerzuelas le pedían  a veces cantidades que el no podía, después de  dejar en vino  buena parte de su capital, acudía a casa a altas horas de la noche, y mi madre  pagaba el pato que una de aquellas zorras no quiso por falta de dinero aliviarlo, después de  sacarle todo lo que pudo quería mas y mas.
Otras veces  regresaba  harto de todo y se echaba en la cama vestido al lado de mi madre que  tenia que soportar el hedor a vino y tabaco y algún perfume barato de la querida de turno
 Mi madre  Carlota la Caracola, lo llevaba con paciencia, y como  precisaba al hombre por dos motivos, uno para que le llevara el pan aunque  escaso y otro para  que le hiciera los hijos  que quisiera porque a ella  también le gustaban, no precisamente los hijos sino lo que  se antepone  al embarazo. Así que llegamos a ser siete hermanos, y algunos abortos  no provocados, sino fortuito que quizás por falta de  proteínas se producían. En resumen, que  pasábamos hambre en abundancia, y como los años en que  yo nací eran los de la posguerra, pues ya se pueden figurar, con el gran capital que mis padres poseían y  el oficio tan lucrativo que ejercia, el hambre entraba en casa por todos los rincones y se cebaba con los mas débiles que éramos los hijos. No es que ellos se comieran todo y a nosotros no nos dejaran nada, es que no había.
 Mi madre decían que era bastante guapa y muy cariñosa, comentarios de vecinas, y cuando ella salía arregladita  al ponerse el sol y regresaba pasada las once de la noche, cenábamos  con  lo que ella había pescado por esas esquinas. Las malas lenguas decían que si  se vestía de pantaruja, que si  tenia un amante, no lo se. Lo de pantaruja era mentira, porque  las sábanas  y la linterna nunca salieron con ella, bueno la sábanas remendadas y rotas porque  linterna no  teníamos, ni tuvimos nunca.
  Algo si que habría, porque venia cargada de chorizo, quesos  garbanzos  galletas y otros enseres, y gracias a  Dios, bueno a Carlota la Caracola  comíamos dos o tres días  bastante bien.
 Mi padre no se si se daba por enterado, o miraba para el otro lado, desde luego nada tenia que reprocharle a su mujer, porque peor  vida llevaba el. Ella  a su lado era una Santa, porque si hacia algo ilegal, si le era infiel lo hacia para que sus hijos no se murieran de hambre, cosa que a el parecía importarle poco,  prestando mas atención a sus amigotes y a las guarras que le sacaban  la mitad de lo que  ganaba dándole a la brocha  y rasurando barbas todo el día; porque en honor a la verdad las horas de apertura que eran de nueve de la mañana a dos de la tarde y de  cinco a ocho en todo tiempo, no faltaba de su  barbería.
 Y así unas veces comiendo, otras  ayunándo y otras  matando piojos, llegué a la edad de doce años, suficiente para ganarme  el pan que me comía, o mejor que  me podía comer porque en mi casa poco  entraba en mi estomago.
 Y por recomendación de alguna amiga o amigo de mi madre, entre a servir en casa de una maestra de escuela.

       
   

II

 

 

 Como si fuera una niña ( en realidad eso era) pero como si en lugar de llevarme a trabajar me llevara a la escuela, mi madre me    agarró de la mano y  encaminándonos  calle abajo me  llevó a casa de doña Anita, que así quería que le llamara a mi primera ama.
 Doña Anita, era  alta, delgada , de cara redonda, brazos largos al igual que las piernas, de pelo  lacio rubio , bustos diminutos y seria como un juez de instrucción en  un juicio. La edad oscilaba entre treinta y cinco y cuarenta años.
 Mi madre  me presentó.
_Esta es mi hija, doña Anita, la que le hable que si quería usted  tomarla como criada, está impuesta porque yo la he enseñado. Mire usted doña  Anita—lo de doña Anita se notaba que le gustaba a la maestra, porque cada vez que se lo decía mostraba una sonrisa apagada con sus labios finos sin pintar, mostrando una hilera de dientes irregulares y  una cariado..
 Me miró detenidamente de arriba abajo. Examinando  mi cara, mi cuerpo y mi falta limpia pero raida y ajada, también se fijó en mi zapatillas por donde asomaba la uña del dedo gordo por un agujero en la punta.

_Bueno, ya veremos. No parece mala chica. Pero ...¡Que mal vestida  la trae usted Carlota.!
_ Es que verá usted, somos muy pobres y por eso tiene que servir. Pero aunque usted doña Anita la ve así ella es muy trabajadora y limpia ...como los chorros del oro.
_ Eso ya lo veremos.

Aun no habían ajustado  mi compra venta, porque eso era aquello una venta y una compra  hasta en el regateo.
Doña Anita, volvió a mirarme y  dijo con voz  gutural que parecía que le salía  no de la lengua sino de las entrañas.
_ ¿Cuánto va a querer usted? la comida entra desde luego y ya es bastante, porque me parece que está muy enclenque para  el trabajo de una casa. A mi me gusta tratar antes y luego ya veremos.
 Yo baje los ojos al suelo, estaba cohibida, asustada. No sabia tanto como mi madre le  aseguraba a la seca maestra, ni era tan limpia como decía aunque guarra, guarra no lo era ni lo soy como se verá mas adelante.
_Bueno- mire usted, la vida está muy mala, yo creo que  con  veinte duros al mes esta bien para las dos.
_- ¿ veinte duros...! Ni hablar; por veinte duros y la comida  encuentro yo a mujeres  hechas y derechas. ¡ Que barbaridad...veinte duros!
Mi madre se puso inquieta, retorcía las manos una con otra. No sabia por donde salir. Veinte duros al mes salía  a menos de a duro por día, y aun le parecía caro. El trabajo  según preveía era todo para mi, porque allí no había otra mujer. Ella se marcharía a clase y yo quedaría hecha el ama de la casa. Esto se me vino a la memoria. Yo ama de la casa de una señorita por unas horas, que cosa.
 Mi madre no quería que regresara a casa otra vez y ajusto después de un  regateo mas propio de gitanos cuando venden una caballería que de   una niña, quedaron en quince duros al mes, pero tenia que quedarme interna.
 Y así se cerró el trato. Mi madre se marcho contentísima, y yo  estuve en un tris de que me echara a llorar.

                                     *    *    *
Doña Anita estaba casada con un practicante, o sea lo que hoy se llama ATS, era algo mayor que ella, calvo de complexión fuerte, no muy alto, ojos grises, boca ancha frente despejada y sonrisa fácil. A lo largo  del poco tiempo que estuve sirviendo en casa de Anita, pude comprobar que poseía mejores sentimientos que ella,  y que me tomo afecto, un afecto lastimero, una especie de querer ser protector mío, sin malicia  (creía yo) de ninguna clase. Pero ella no era muy buena y  estuve en aquella casa solo  seis meses.
 Luego...bueno luego mas adelante se sabrá.

 A las siete me levantaba. Tengo que decir que  donde  dormía era un cuarto sin apenas ventilación, la casa era  muy vieja, y las paredes rebosaban humedad, pues no estaba muy lejos del mar. La cama era un catre de tijeras,  estrecha, el colchón era de lana  vieja, dos sábanas remendadas, y una manta de tipo  militar y encima una colcha o cubrecama azul  Como el tiempo en que permanecí en aquella casa era en primavera  y en invierno un frío tremendo, tuvo que sufrir. porque la pobre chica
Que me sustituyó permaneció en la casa  mas de un año que yo sepa.
 Don Guillermo se marchaba al hospital a las nueve, y no regresaba hasta  por la noche. Otras veces tenia el turno de noche y no regresaba hasta por la mañana, ese día permanecía acostado hasta  las dos o tres de la tarde, y no  entraba yo en la habitación hasta que no se levantaba. Muchas veces me decía, si no estaba doña Anita. “ Anda Nieves, vete un rato por ahí a expansionarte, vete al parque que  es la hora de salir los soldados de paseo” y al pronuncias soldados, me guiñaba un ojo.
_Es q ue señoriíto...
_Nada  de  señorito , don Guillermo o Guillermo a secas, como quieras.
_Es que su mujer quiere que le llame doña Anita o señorita doña Anita.
_¡ Ay! Esta mujer con sus rangos, menos mal que es una simple maestra de escuela, si fuese  condesa cualquiera la aguantaba.
 Decía esto con  cara de circunstancia, me miraba y después rectificaba.
_Bueno delante, me dices señorito Guillermo, cuando no esté  me  llamas como..., Ahora vete, yo haré la cama. No tardará en venir, ya habrá salido de la escuela, pero como tiene tantas amigas  en la  ciudad habrá ido a casa de alguna a criticar, como hacéis todas las mujeres.
_ Es que don Guillermo, si no arreglo la habitación me riñe.
_ Anda, lárgate, yo me entenderé con ella.
 Y me abría la puerta para que me fuera a pasear, yo  iba a mi casa, y veía como mis hermanos me envidiaban, porque  iba  tornándome mas gorda, mas lustrosa y  con mejor color de cara.
 Es cierto que  doña Anita,  era exigente; no me dejaba parar todo el tiempo que estaba en casa, pero cuando se marchaba, yo hacia lo que me venia en gana. La casa no era  grande mas bien pequeña y la arreglaba en menos de una hora, luego hacia de comer lo que ella me dejaba dicho o escrito, yo sabia algo leer y escribir y ella hacia la letra muy clara para que la entendiera bien; su letra era muy bonita, muy femenina  de preciosa caligrafía.
 Una vez que hacia la comida, comida de pobre, potaje de garbanzos, judías, fideos o lentejas, todo con tocino o chorizo, de cena huevos fritos con patatas , de postre como era en primavera y verano, naranjas, melón sandia y las primeras uvas. Comidas de pobres, bueno no tan pobres pero no eran comidas finas, de marqueses ni  condes.
 En honor a la verdad  digo que yo comía la misma comida que ellos, y mas cantidad, eso si en la cocina, muchas veces antes que el matrimonio, ya que cuando  tardaban en regresar de alguna fiesta o tertulia, yo  me  apartaba de la olla o sartén y  cenaba, o merendaba según la hora del día o la noche, y jamás me reprocharon ni ella y menos don Guillermo.

  Creo que si por el hubiera sido, yo compartiría mesa con ellos, pero doña Anita, que se creía  muy superior  a mi, me dijo que  mi deber era comer en la cocina, porque si  algún día  invitaban a sus amigos a la mesa no era de recibo que la doncella  estuviera sentada con los señores, y  empezando  desde  el principio, no lo sentiría ni me consideraría ofendida al no poder comer con ellos. A mi esto me daba igual, lo que me interesaba era la comida, y en eso no me pusieron nunca ningún veto.
 Ella era seria exigente, siempre tenia mi nombre en la boca cuando estaba en casa, pero para mandarme. Si todo estaba arreglado y en orden, me mandaba a que le llevara un vaso de agua, cosa que ella podía hacerlo muy bien, o que le llevara las zapatillas le limpiara los zapatos, y otras  cosas  banales que podía hacerlo cuando ella no estuviera o simplemente  otro día, pero por mandar por decir que ella era el ama y yo la criada, me  mandaba constantemente. Su marido la miraba y movía la cabeza como diciendo “ ¡Ya está bien Ana...!  ya esta bien, déjala descansar! Entonces ella al percatarse de  el movimiento de cabeza se enojaba y decía casi chillando.
_ Pues parece que no es  la criada, ¿es tu hija acaso.?  ¿ No le pagamos para que nos asista...?
_ Si, mujer, si. Pero...¿ No ves que ya está cansada? ¡Déjala ya que descanse un poco!
  No le sentaban bien estas palabras y se retiraba a sus habitación refunfuñando, y dejándonos solos a los dos en el comedor donde   permanecían todo el tiempo que estaban en casa y no  dormían.

 Con los potajes de garbanzos y tocino, con las judías y las patatas, me puse mas gorda y rolliza. Decían que era muy guapa y que me parecía a mi madre, Esto me lo decían mis amigas cuando me daban licencia los jueves y domingos  para  expansionarme, y pasear por el parque, donde  abundaban los soldados que  andaban tras de nosotras.
 Me compraron ropa nueva, y  un uniforme, bueno un delantal blanco y una cofia, que quería la señora  hasta que saliera de paseo con  esta indumentaria, pero yo en esto no le hacia caso y me colocaba mi  falda piche, mi blusa amarilla y mis medias y zapatos. La verdad que todo me lo compró ella, o quizás el, porque   aquella tarde que llevaba ya quince días  prestando mis servicios, se presentaron los dos con  varias cajas de cartón y el me entrego dos diciéndome alegremente.
_ ¡ Nieves, esto para ti! Pruébate todo por si hay que descambiar algo.
 Yo no sabia si reír o llorar, si darle las gracias o besarle las manos, por fin reaccione y le dije.
_ ¡Gracias don Guillermo...! ¡Muchas gracias doña Anita...! , y con las cajas me  entre en mi cuarto. En el había un espejo; me desnudé por completo, y me miré en  la luna algo deteriorada del espejo, este me devolvió mi figura, me encontré hecha una mujer, aquel mismo mes  cumplí los trece años, y la metamorfosi que se realizó en mi cuerpo me asustó. Ya no era la niña escuálida y piojosa que vivía en  la humilde casa del barbero, mis pechos crecieron, eran firmes y turgentes, el  cerco que rodeaba a mis pezones  dormidos era rosáceo, mi vientre  bien formado con un ombligo diminuto y redondito  en el agujerito se podía entrar el dedo meñique hasta la mitad de la uña, mi piel  tersa y el monte de Venus de un vello negro brillante formando un triangulo  recto  muy bonito; mis muslos  torneados y mis piernas rectas   terminando en un pie  que  calzaba el 35 de zapatos. En cuanto a mi  cara era morena clara de ojos glaucos, nariz recta, labios gordezuelos y mis dientes iguales y muy blancos.
 Así me veía yo en aquel espejo que se mirarían otras muchachas, porque yo no era la primera que entraba a servir en la casa.
 Cuando salí para que me vieran, quedaron admirados, bien vestida y arregladita, ya que también me lave la cara en la jofaina que  existía en el tocador, y me peiné  al estilo  moderno con un peine que allí había dejado alguien, me supongo que la última que durmió en aquella cama estrecha e incomoda.
_¡Huy...! Ahora si que estas  guapa! _exclamo don Guillermo con su cara sonriente, observé que los ojos se le ponian brillantes, mientras que  en los labios de doña Anita, se dibujaba un rictus de desagrado.
_ Bueno, bueno_ decía_ esto te lo hemos comprado para que estés  mas decentes porque con lo que traías parecías una pordiosera. ¿ Y que era yo? Eso una pordiosera, y agregó la maestrita.
_ Pero te tenemos que  descontar de la paga cinco duros, hasta que se termine de pagar.
 Esto no me sentó muy bien. Los meses que cobré se los lleve íntegros a mi madre, para que pudieran comer  mis hermanos y ella misma. En mi casa cada vez estaban peor, mi padre  perdía clientela pues se  metió tanto en el vicio del  vino y otras cosas como sabemos que  casi nadie  iba ya a afeitarse. El cura harto de darle consejos fue el primero que se buscó otro barbero, el policía  seguramente por algún arresto o consejo de sus superiores dejó las tabernas del puerto y con ellas la barbería de mi padre. Solo algunos  cargadores  portuarios y  pocos peones de albañil, era la clientela que le  quedó; pero poco a poco se fueron retirando.
 Los quince duros le venían a mi madre como agua de mayo a los campos, y ahora por comprarme a mi los amos ropa que yo no exigí solo le llevaría diez, la merma era considerable precisamente en la época de mas apuros.
 Protesté, diciéndole a doña Anita, que no hiciera eso  porque mi familia estaba muy mal; que yo renunciaba a  las prendas y  los zapatos pero que me dejara la mensualidad completa.
_ No, hija, no__me respondió_, eso ya no se puede devolver ni tu puedes  estar en esta casa con la indumentaria que traías, es una vergüenza para mis amistades.
 A mi me importaba poco  sus amistades, lo que me importaba eran mi madre y mis hermanos, porque tampoco me interesaba lo que le pudiera suceder a mi padre, ya que por su mala cabeza por sus vicios acentuados nos veíamos  de la manera mas calamitosa que se pueda imaginar.
 Cuando  aquel jueves  entré  en mi casa un ¡OH..! de sorpresa escuché a  mi madre y mis hermanos, al verme tan guapa y con la ropa nueva., creo que  se alegraron, pero la alegría se trasformo en tristeza al contarle que la ropa me la habían comprado ellos, pero con el dinero mío, porque  en  vez de llevar los quince duros solo le llevaba diez, los otros cinco que faltaban era para descontar  lo que  les había costado   la ropa y los zapatos.
 Así y todo pasado  el estupor. Mi madre me besó y enjugándose una lágrima con el delantal  exclamó
_ ¡Ahora si que estas guapa hija...! Mira si pareces otra.  Sigue hija, no te canses ya sabes aquí cada vez estamos peor. Tu padre se ha puesto en un estado de pena, apenas tiene clientela ; y para que, si lo poco que gana se lo bebe en vino y otras cosas. Ahora dice que esta enfermo y que no puede trabajar.
 Efectivamente estaba en cama, y tenia fiebre. Lo besé preguntándole que le pasaba, me dijo que iba a vivir poco, y no se equivocó; diez días después me avisaron que había muerto. Asistí a su entierro, pero no llore demasiado. Mi madre  un poco y mis hermanos nada. La verdad que no se lo merecía.
 Le dije a doña Anita, que la ropa la tenia que teñir de negro, pues el luto era riguroso. Aceptó mi propuesta y con  tintes Iberia, muy famosos en aquellos tiempos, pusimos mi falda piche y mi blusa  de negro intenso. Quise ponerme  velo, pero  me lo impidió alegando que era muy joven para tanto luto.
 Aquella noche en mi  cama estrecha no pude dormir, daba vueltas y mas vueltas. Luego escuche jadeo en la habitación del matrimonio, la  muy guarra estaba haciendo el amor con su marido; bueno es cosa natural. Pero aquella  seca y desabrida maestra, era un  torbellino de fuego en la cama, No solo jadeaba, sino que pronunciaba palabras obscenas, palabras de una mujer de la vida. Yo me tapaba los oídos por no escuchar, a ella porque el apenas  suspiraba. Luego exhaló un gran grito y todo quedó en silencio
 “ Será puerca la tía” –me decía yo, eso es lo que llaman  una corrida. Ya iba yo comprendiendo lo que era eso. En mi casa nunca oí a mis padres nada, seguramente lo hacían cuando estábamos al menos yo completamente dormida.
 Por la mañana se levantó mas sonriente, hasta se atrevió a decirme.
_ Pronto tienes edad de tener novio. Ya eres una mujer, a que si.
 Se refería  a mi menstruación, porque puntualizó “ he visto tus sábanas manchadas de sangre. Quítalas para lavarlas, y pon las nuevas.  No es que no las mudara nunca, las cambiaba todas las semanas y ahora solo llevaban tres días  puestas. _Y ponte  paños higiénicos, coge de los míos.
 Era antipática, pero a veces demostraba no tener malos sentimientos. Seria que  el  coito la alegró, quizás el se desentendiera algo de ella y por eso estaba  tan amargada, No se que seria, pero a partir de aquella noche cambiaron los dos.
 El se puso demasiado pesado  conmigo. Dulcemente me llamaba, quería que  permaneciera junto a el mucho tiempo, me contaba historias   que decían le habían ocurrido, seguramente todo fuese mentira, lo hacia para retenerme.
 Un día que doña Anita estaba en clase y el en la cama, pues había estado de guardia en el hospital toda la noche me llamó. Yo estaba   en la cocina preparando la comida.
_ Nieves, ven que no me  viene el sueño y me gusta hablar contigo.
 Lo dijo con tono dulzón. Yo  veía que aquello no era muy normal, y empecé a sospechar que algo quería de mi-pensaba yo.
 “ No tendrá este bastante con su mujer... Pero fui a ver para que me quería. Entonces lo supe todo. Lo que quería era  hacer el amor conmigo.
 Estaba semidesnudo, destapado  diciendo que tenia mucho calor.
_ Yo, don Guillermo tengo que hacer la comida, para cuando  regrese su mujer.
_ Anda , déjalo, mira te lo voy a decir, ya no puedo mas.
 Enseguida supe lo que quería, sin darme tiempo a n ada, me agarró de la mano y me llevó a la cama. Me besó y  me llevó mi mano a su miembro  erecto. Yo di un grito.
_ Eso no está bien, no es propio de un señor como usted.. intentar de abusar de una pobre  criada.
  No supo que contestar. Al rato dijo.
_ Perdóname, es que me he enamorado de ti,  eres tan guapa...!  Si quieres nos largamos juntos a otra parte de España al extranjero donde nadie nos conozca.
 _ Si puedo ser su hija, o su nieta como se  atreve usted...!
 Estuve a punto de tirar el delantal y la cofia, y largarme para siempre, pero...  me acordé en lo mal que lo estaba  pasando mi familia. Quizás se haya arrepentido y no vuelva mas, pensé. Pero me equivocaba. Volvió a insistir, me prometía el oro y el moro, me decía que no fuera mala, con el, que no le gustaba ya su mujer, que  no era  buena,. Un si fin de cosas  para que  yo aceptara su propósito. Pero yo me mantenía firme en mi negativa. Es verdad que era una niña, pero ya se había despertado en mi la libido, pero no con aquel hombre ,estaba enamorada de un chico de mi barrio que era  aprendiz de carpintero, . El nunca lo supo,  entonces a las mujeres nos estaba vetado manifestar nuestros sentimientos amorosos hacia la persona que nos gustaba.
 _ No insista usted mas en eso. Cuando venga doña Anita, le cuento todo, porque eso no está bien, yo señor soy pobre pero honrada, y no vuelva a  decirme mas eso, si no quiere que lo cuente todo a su mujer..
 Estas palabras lo pusieron muy nervioso y preocupado.
_ No, por favor eso no.  Mejor es que nos fuguemos juntos, que cuando se  entere estemos lejos muy lejos.
_ ¿ Y con que me va a mantener...? ¿ Tiene acaso mucho dinero guardado?
 Sudaba, ya veía a su mujer echa un basilisco apuntando el dedo  índice hacia la puerta   echándonos a los dos fuera de  su casa. Se tiró de la cama, y se puso de rodillas, ante mi.
_¡ No, Nieves, por Dios, por lo que mas quiera no le vayas a decir nada a mi mujer, es capaz de matarnos a los dos!.
 Sentí lástima por aquel hombre. Yo que era digna de  lastima, era la que sentía  pena de el, que con solo mentir , diciendo que yo lo había comprometido, se salvaba y yo si que iría de patitas a la calle.
 Era ridícula la escena. Un hombre mayor,  pidiéndole perdón a una niña, y para mas escarnio para el, su criada.
 Lo tuve que consolar diciéndole, que no, que nada  diría a la señora, pero por favor que  no volviera a  proponerme una cosa tan absurda e indecente.
Que yo olvidaría todo.
 Casi se echó a llorar, me daba las gracias  una y otra vez. Le di mi mano para que se levantara del suelo. Y de verdad se había enamorado de mi, porque  me dijo.
 _ Te quiero, con toda mi alma, pero  se que estoy haciendo el ridículo. No lo tengas en cuenta, pero por favor no te vayas de esta casa. hasta que tu no has venido, no ha estado limpia y las cosas en orden, y la comida hecha. Mi mujer nunca  ha hecho nada mas que mandar a las otras, que cuando se cansaban de tanto despotismo y prepotencia se marchaban.  Yo  me conformo con verte, y si  me lo aceptas te daré de vez en cuando, algún dinero a escondida de  mi mujer, Se que no es buena, pero ,,, ¡que voy a hacer, si tu quisieras...!
 Te voy a contar un secreto. Como ves no tenemos hijos, pero la culpa no es de ella ,es mía que no sirvo. Cuando no lo sabíamos, ella se mostraba mas sumisa, aunque no se le iba su mal genio y su vanidad, pero cuando los médicos después de muchas pruebas, nos confirmó que era  yo el que no servia, se puso muy furiosa conmigo., quería un hijo y ya sabia que no se lo podía dar. Ya sabes que  el adulterio  no es  licito en ningún sitio pero  aquí en España esta penado. Me dijo si no fuera porque  destrozaría su carrera, se acostaba con el primero que encontrara en la calle, al menos  el me preñaría, lo que tu no eres capaz., me dijo gritando.
 Tuvimos muchos años malos, no éramos felices. Luego poco a poco se fue sosegando y resignándose. Se que se ha acostado con otro, pero tampoco la ha preñado,  trató de que yo consintiera, para tener un hijo y que yo le diera mis apellidos, o sea   engañando a la gente y  a ella misma de que  era hijo de los dos., pero me negué en redondo. Si  otro te embaraza vete con el, le dije, y seguramente se hubiese marchado de haberla embarazado, pero como no,  siguió  amargándome la vida.
 Yo lo escuchaba,  y no sabia que decirle. ¡ ¿ Como me contaba a mi eso... Si solo era una pobre criada.. Me pidió mas de cien veces que no lo dejara solo, que no me marchara de su casa, porque  yo  daba un poco de alegría a aquel hogar, sin  esperanzas de nada.
Doña Anita cada día que pasaba estaba mas insoportable. No se porqué me reñía por cualquier insignificancia, un paño de cocina olvidado,  la colcha un poco ladeada, cualquier simpleza era motivo para ella de despido; me llamaba inútil, que  no rendía ni la comida que me daba.
 El infeliz de don Guillermo,  se llevaba las manos a la cabeza. Sufría con la actitud improcedente de su mujer, el hombre no quería que me marchara, encontraba en mi   el alivio a sus  sufrimientos. Intentó  dos veces que nos fugáramos  juntos que el sabia trabajar y yo también. Nos marcharíamos a Sevilla, a Córdoba y encontraríamos enseguida colocación. El de practicante en cualquier clínica u hospital, y yo  de criada, pues  le constaba que  hacia muy bien las labores del hogar.
 Estuve a punto de aceptar su  proposición, pero  yo creía en Dios, y aquello era un pecado que tendría su castigo. Además  era un hombre muy mayor, y yo una niña, nos denunciaría su mujer, por abandono de hogar y  adulterio con una menor, el   iría a la cárcel sin contemplaciones y yo a un correccional  que marcaría mi vida para siempre. Aunque  solo contaba trece años, la dureza de la vida  me hizo mucho mas mayor  en experiencia de lo que era.
  Un día que nos encontrábamos solos, don Guillermo y yo en casa, pues ella se encontraba impartiendo educación a sus niños en la escuela, y él  había estado toda la noche en el hospital de guardia. Creía que dormía, y para adelantar me puse a arreglar mi cuarto. Acababa de hacer mi cama cuando se me presentó en pijama. No quiero mencionar lo que vi, entonces  se abalanzó a mi, me besó en los labios, estaba como loco.
_ Yo no quiero violarte_me decía_ lo que quiero es hacerte mi mujer, para siempre porque tu eres mi vida; contigo seria el hombre mas feliz del mundo, aunque tenga que trabajar mucho, aunque   me prive de todo.
 A decir verdad que no tenia vicios, ni fumaba ni bebía, solo agua en las comidas.
 Suavemente lo rechacé, y el se derrumbó, se sentó en mi cama y como un niño se echó a llorar.
 -No llore usted _ le dije tratando de consolarlo_ vamos a esperar a que yo sea mayor de edad, luego nos  vamos juntos.
 El sonrió, sabia que eso era imposible, entonces la mujer no alcanzaba la mayoría de edad hasta los  veintitrés años,  tenían que transcurrir diez años, con diez años mas el seria un anciano, un sexagenario y yo aunque ya mujer pero con    edades desproporcionadas para ser amantes, porque  casarnos nunca podríamos mientras viviera doña Anita
 A partir de entonces no me encontraba a gusto en aquella casa, quiero afirmar que  aunque no estaba enamorada plenamente de aquel hombre, si sentía hacia el un cariño inexplicable de describir. Éramos cómplices de un secreto, de un conjuro contra doña Anita.
 Una noche  cuando estábamos acostados, aguce el oído para ver si escuchaba algo. Y si, escuche reproches por parte de  la maestra de escuela a su marido como este.
“ No me vales para nada, ni aun en la cama, siempre la tienes flácida, para que me sirves, si yo gano mas que tu. Te voy a poner los cuernos, porque no me  satisfaces en nada. ¡Ah..! y otra cosa, estoy observando que  miras con mucha atención a la criada, poniendo cara de tonto y ella también te mira y sonríe, no me gusta, si me entero del mas mínimo roce entre los dos, os mato.
 Aquello  me puso muy nerviosa, ya no trabajaba  los dos días que estuve mas  como es debido; se me caían las cosas de la mano, rompí un plato precioso, con los ribetes dorado y una escena amorosa en azul en el fondo, era  de la alfarería italiana.
 No quiero decir ni como me puso, me dijo de todo lo feo y grosero que se le puede decir a una niña, cogió los trozos  rotos del plato y  restregándomelos por la cara  dijo.
_ Mira  puta, mira lo que me has hecho; esto te a costar dos meses sin cobrar,
 No aguante mas. Me quite el delantal y la cofia, se la tiré a la cara y le dije,
_ La puta es usted, asquerosa. Quédate con lo que me debes y búscate a otra que te robe hasta las enaguas y se acueste con tu marido, ya que tu no  sabes darle lo que necesita. Di un portazo y me marché. Mucho tiempo después  supe que ella se había fugado con un administrativo de comercio y el, se suicidó. Y lloré, llore por aquel hombre que  tanto me quería y que si  hubiese  aceptado a marcharme con el, quizá  fuéramos los dos felices, sin entenderlo yo también  me enamoré de el.

 

III

 Mi madre me acogió en su casa con mucho disgusto, aun quedaban tres conmigo a los que había que  mantener. Mi hermano el mayor cansado de pasar hambre y necesidades de todo tipo se alistó en la Legión, y fue a Melilla. El que le seguía, no quiso  sujetarse a la disciplina legionaria y se  enroló en una cuadrilla de contrabandistas. Mala cosa, pues siempre  estaba perseguido por la guardia civil y la policía, hasta que  sus huesos dieron  en la cárcel  por diez años. La otra de nombre Vicenta, tomo el camino mas fácil, ya me comprenden. Yo me salí de la casa y las que quedaban eran muy pequeñas para trabajar.
 Carlota la Caracola, tuvo que buscar ropa para coser y lavar, y de eso comíamos. Ya era vieja, y aunque me avergüenzo decirlo, no salía de noche y regresaba de madrugada cargada de chorizo, garbanzos aceite, tocino y pan. No estaba apetitosa ni para los mas necesitados
 Otra vez a dejar el estomago semivacío, otra vez volvieron a mi cabecita los piojos, porque el agua sola que acarreábamos de una fuente cercana no los quitaba, por mucho que nos laváramos la cabeza.
 La casita rezumaba humedad por todos lados, pero imposible llamar a un albañil, lo primero que no iría, pues sabia que no podíamos pagarle, y lo segundo que la  casa  nadie sabia de quien era, Mi padre la alquiló hacia muchos años, y murieron los dueños, los hijos en el extranjero se desentendieron de ella, y el ayuntamiento la tenia como una ruina mas de aquel humilde barrio próximo al puerto.
Así estuve tres o cuatro meses. Entre la vecindad estaba la señora o “señá” como decíamos nosotras Luisa, una mujer caritativa, casada con un buen hombre, un carpintero que trabajaba  por cuenta ajena pero que  nunca le faltaba el trabajo,, Era puntual, formal y muy trabajador, tenían una hija que  estaba casada con un sargento de infantería, en la guarnición de Málaga,
 Mi madre le debía  una cantidad considerable, pues le pedía para poder  subsistir, La señá Luisa, conocía bien a Carlota la Caracola, había oído cosas muy feas de ella, pero no hacia caso a los chismorreos,
 Se que en  los ultramarinos , en la fuente y otros lugares donde se  reunían las comadres, hablaban cosas de mi madre. En las ciudades también existe el chismorreo y mas en un barrio humilde como en el que nosotros vivíamos Entonces la mujer del carpintero sacaba cara por  Carlota la Caracola y decía a las  injurias mas o menos verídicas.
_  ¿ Tu la has visto.?
_¡ No , pero cuando el río suena ..!!
_ Si, hija si, el río también suena en tu casa. Porque...bastante se oye de tu hija, y nadie dice nada, claro como tiene hermanos y madre que la defienda. Sin embargo la Caracola, solita en el mundo con los hijos fuera, y los que tiene dentro de  casa son tan jóvenes que no  se percatan de nada.
_ Pues vaya, ni que tu fueras algo de ella.
 Si, soy amiga y vecina, y tengo sentimientos; si en lugar de criticarla  le ayudáramos cada una con lo que buena mente pudiéramos, seguro que nadie diría nada de ella.
 A veces terminaba la discusión en insultos. Mi madre cuando se enteraba , le daba las gracias a la seña Luisa y de paso le pedía algo prestado, unas pesetas para poder dar de comer a sus hijos.
_  Ya sabes Luisa, como estoy, y ahora mi Nieves ha dejado la casa donde servia, dice que ya no puede aguantar mas a la señora.
 Yo nunca le mencioné  nada de lo que  acaeció con don Guillermo, de eso mi madre  nada sabia ni lo supo jamás, De haberlo sabido ignoro su reacción, pero  intuyo que dada la situación tan calamitosa en que nos encontramos lo hubiese aprobado.
_ Toma, Carlota, hoy solo puedo darte cinco pesetas, ya cuando tu hijo te mande algo, o Nieves se ponga a servir me lo pagas.
 Mandar su hijo, el legionario solo  escribió dos o tres cartas, en una de ellas  envió una fotografía  de estudio  muy bien vestido con el gorro ladeado sobre el lado izquierdo, y la  guerrera  abierta hasta la mitad del pecho,. Una foto típica de legionarios.  Pero hasta   que yo no fui a Melilla nada supimos de el, se desentendió totalmente de nosotros. Algo ganaría porque en la Legión no es que sea mucho pero tienen su paga, nunca  se acordó  mandarle un giro postal con dinero a su madre.
 El de la cárcel, no sabemos como andaría, estaba preso en el Puerto de Santa María, y nunca   fuimos a visitarlo.
 Llevábamos varias días que apenas comíamos. Luisa no es que se negara a prestarnos mas dinero, bueno lo de prestarnos es un decir porque ni ella ni mi madre sabían que  nunca  le abonaríamos el dinero que nos daba, y no porque  mi madre no tuviese voluntad para pagarle es que humanamente podíamos..
 Estaba dispuesta a todo para llevarnos un trozo de pan a la boca. Luisa y otras vecinas le  daban una comida a mis  dos hermanos pequeño, Rafael de  9 años y Andrea de 6, gracias a ellas no se murieron de hambre.
Pedimos a la iglesia y todos fueron promesas y que rezáramos a Dios, que el no nos abandonaría. En resumen que nada de nada. 
 Una vez quise  acercarme a un cuartel que  después de comer el rancho la tropa, un soldado repartía la , bazofia que sobraba, Pero  sentí vergüenza y me aguanté el hambre.
 Mi madre lloraba, yo, ya tenia  casi catorce años, y se me  caía el alma a los pies con aquellas  lagrimas amargas de mi madre . Le sequé sus mejillas mojadas con mi pañuelo recosido y le dije.
_ Se acabó el pasar hambre, se  van a terminar los llantos. Ahora mismo voy a traer comida, como sea.
 Me miró mi madre  con cara de sorpresa. Lo comprendió enseguida. Ella lo había hecho antes, y la experiencia le dijo que aquello  era  un suplicio, hacerlo sin amor sin ganas,  entregar lo mas preciado de la mujer que es la honra por unas monedas, era un sacrificio que ella conocía bien.
_ No, Nieves, no. Eso nunca. Yo te aconsejo que vayas mejor a pedir limosna a la puerta de una iglesia, que entregarte por dinero. Siempre te remorderá la conciencia.
 Desistí de ello. Pero así no podíamos seguir mucho tiempo salvo que pereciéramos de inanición.
 Mi madre  le dijo a Luisa que por Dios hablara con su hija a ver si en el cuartel la  podían   meter de limpiadora.   Trabajaban tres mujeres para limpiar las dependencias oficiales y  la sala de bandera de los oficiales. La tropa  no necesitaba mujeres lo hacían ellos, los soldados, a la fuerza claro.
 Luisa  dijo que si, que hablaría con su yerno, ya dijimos que era sargento en el regimiento de infantería. 
 Nada, estaban cubiertas las plazas. No precisaban a nadie mas.  Luisa  repartía algo de comida  de la suya con nosotros, pero éramos cuatro bocas, mas dos de ella seis, no podía ser.
 Así cada vez estábamos mas decaídos y enclenques, los piojos no nos abandonaban a pesar de los productos  que ya empezaban a  venderse por el mercado.  Acudimos a toda clase de  artimañas para subsistir.
 Mi madre  pedía limosna en las puertas de las tiendas y yo. Si podía hurtaba algo  en esas tiendas que poco se apiadaban de nadie.
 Cuando mas desesperadas estábamos, se presentó una señorita  con un policía en mi casa, al verlos se me aflojaros las piernas y algo mas. Creía que venían a detenerme, por  unas latas  de sardinas que había hurtado en una tienda , mientras la dependienta  atendía a una cliente. Me equivoqué, gracias a Dios  suspiré hondo cuando la señorita dijo.
_ Mire usted Carlota, sabemos en la  situación tan angustiosa  en que se encuentran. Y queremos que sus hijos pequeños, tengan mejor vida, por lo tanto nos llevaremos a los mas pequeños, es decir a Andrea y a Rafael...
  Iba a decir algo mas pero mi madre la cortó en seco. Miraba  con rabia mal contenida a aquella mujer, vestida con un traje de la última moda, de color marrón hasta  media pierna, no se adivinaba  si era enterizo o  de dos piezas porque encima  llevaba puesto un abrigo largo de  astracán, . Era en invierno, en riguroso invierno, próximo a la  Navidad, quizás por eso de las fechas entrañables  y ese  slogan cristiano de “Siente un pobre en su mesa” se acordaron de  mis hermanos.  Claro que alguien les informaría de la calamitosa  situación en que estábamos atravesando.
 Mi madre puso los brazos en jarra y dijo.
 _ ¿Qué vos vais a llevar a mis dos hijos? ¿ Cuales son esas condiciones, para apartar a los hijos de su madre? ¿ Y que motivos hay?
_ Mire señora _ , dijo el policía  que hasta entonces no había despegado los labios._ A sus hijos nadie se los va a quitar, que es lo que adivino que  usted estad pensando,  solo quieren las  buenas personas de esta ciudad que no mueran de hambre. Irán a un  colegio  del estado, internos, allí las hermanas_  Y al decir hermanas, mi madre se puso en guardia, y no lo dejaba  terminar.
_ ¿ Con las monjas...? Ahora se acuerdan de que mis niños pasan hambre. No lo tuvieron en cuenta cuando fui a pedir a la iglesia  algo de  dinero y comida, solo me  obsequiaron  con rezos y que yo rezara mucho que Dios no nos  faltaría y ahora  que gracias a la caridad de las vecinas no se han muerto de hambre, vienen con el cuento de que las hermanitas...
_ Mire señora_ intervino la dama, que era de cara marfileña, ojos glaucos nariz aguileña y su pelo  rubio lacio  peinado a lo arriba España_   En esto nada tiene que ver la iglesia ni los curas, a los que parece que usted  odia. Esto es un colegio del Estado, regentado eso si por monjas, pero administrado por nosotras. Allí  comerán bien , lo suficiente para una vida  apacible, y sana, recibirán educación y formación; por supuesto que saldrán hechos unas personas instruidas, una mujer de su casa y un hombre  apto para vivir en una sociedad  justa y digna como la que estamos construyendo  con nuestro Caudillo al frente.
 Los razonamientos de la encopetada señora, suavizaron  mucho el furor que  brotó en mi madre cuando le dijeron que se llevarían a sus hijos menores.
 Intuyo que lo pensó  detenidamente, porque estuvo mas de  diez minutos con las manos en la cabeza  silenciosamente. Nadie hablaba, los niños miraban al policía y a la dama asustados, y yo  por dentro me alegraba de que se los llevaran. Pensaba.
 Mis hermanos  en el refugio, asilo o lo que sea, comerán eso es  indiscutible, porque  los niños que yo veía en estos centros cuando  iba a mendigar no tenían cara de hambre. Eso si muy disciplinados  si estaban, rapados los niños al cero, seria para  que los piojos no se escondieran en los remolinos de pelo. Las niñas no estaban peladas, pero si las cabecitas muy limpias, todas con lazos rojos o azules, y una bata de color azul los niños y rosa las niñas.
 Ni que decir tiene que estaban aparte. Aparte en  el patio, que los separaba una verja de hierro en forma de lanza, aparte en las aulas y dormitorios, pero en el comedor  comían todos jun tos.
 Los únicos hombres que entraban en aquel recinto  eran los recaderos de las monjas y los que iban a suministrar  enseres y alimentos.
 De todo esto me enteré cuando  iba a visitarlos los domingos único día que  los podía visitar, porque era cuando teníamos permiso para entrar en la sala de visita de aquel  lugar de pobres y huérfanas criaturas. No era un orfanato propiamente dicho, porque igual y mitad por mitad había niños huérfanos como  el caso de mis hermanos en una pobreza  extrema.
 Por otra parte, yo también estaba “presa”, presa porque  entre a servir no en una cárcel pero si en un cuartel, y como un soldado mas solo tenia libre los jueves por la tarde y los domingos,  si el sábado había  hecho todas las labores que correspondían al domingo. Pero esto ya lo veremos mas adelante.
 Mi madre  suspiró hecho unas lagrimitas, llamó a Andrea y Rafael, los niños que no habían cumplido los diez añitos, los besó y les dijo.
_ Mira hijos, sois muy pequeños y no comprendéis muchas cosas, pero  es preciso que nos separemos, vais a comer bien y tener ropa nueva, aquí cada día estamos peor y yo que os quiero mucho, no voy a dejaros morir de hambre. Esta señora os va a llevar a una casa muy grande donde hay muchos niños, jugareis con ellos, y  dormiréis en camitas  solos, bueno solos en la cama que  en la habitación grandota habrá muchas niñas y niños, aparte claro y veréis que bien  lo vais a pasar. Yo y tu hermana iremos a veros los domingos ( mi madre ya sabia las reglas del asilo), y os llevaremos alguna cosita, que podamos.
 Carlota la Caracola, siempre había sido una mujer fuerte, acostumbrada a las  atrocidades del marido, no se inmutaba fácilmente, pero...cuando se  desprendió de sus hijos, porque después de pensarlo  como dije diez minutos o mas asintió con la cabeza a la dama protectora, no pudo  evitar un derramamiento de lágrimas cuando Andrea y Rafael,   los montaron en  el furgón que estaba esperando en la puerta de casa con el chofer al volante, exclamando.
_ ¡Mama, mama! No queremos irnos con esta  mujer, ni el policía!
 Se entró en su cuarto se echó de bruces en la cama y  mojó y bien mojada las sabanas  que ya había que cambiar, pues la limpieza era dudosa.
 Yo también llore un poco, pero como dije en el alma me alegraba. Uno porque ellos iban a comer y otro porque nos quitábamos dos bocas de casa, ya  al menos el pan no nos faltaría
 Llegó la noche, y mi madre no  cesaba en su llanto. Los niños dormían con ella, en la cama grande, yo en una estrecha en el cuarto contiguo. La otra habitación estaba vacía, pues como  sabemos un hermano lo tenia en el Tercio y el otro en la cárcel. Yo escuchaba los gemidos de mi madre y me fui a consolarla,  estaba acostada vestida, no tuvo fuerzas ni para desnudarse, solo las alpargatas se quitó. Me parecía mentira que una mujer acostumbrada a sufrir  se derrumbaría tanto con la “perdida” de sus hijos, y precisamente los pequeños, porque los mayores  cuando uno se alistó en el Tercio y  al otro lo metieron en la cárcel apenas de  inmutó.
  Dios o quien fuera  nos protegió, o la suerte si a aquello se le podía llamar suerte. Porque mi vecina Luisa ¡ Que buen corazón tenia...!  removió todo lo que pudo para que yo entrara a servir  con un capitán  del cuartel donde vivía su hija.
 Su yerno el sargento Camón, así era su apellido de nombre me parece que era Francisco, pues este hombre por  instancia de su suegra  y de su mujer, la hija de Luisa una muchacha muy simpática y guapa aunque no la voy a describir porque no  me acuerdo de sus facciones y no es personaje principal de esta  triste historia mía, se llamaba Milagros, y en verdad que fue un milagro para nosotros.
 Era Milagros amiga de la mujer del capitán López, doña Eloisa García  Sánchez, los apellidos no pueden ser mas españoles y corrientes, pues  doña Eloisa, a la que Milagros tuteaba, cosa que no ocurría lo mismo con los maridos, en la disciplina militar ya se sabe, la diferencia era enorme de un sargento a un capitán.  Vivian las dos en el mismo cuartel, un edificio enorme, el cuartel mas grande que yo he visto, pero en diferentes pabellones, el sargento que  mucho después supe que era suboficial, y el  marido de doña Eloisa oficial de rango superior, moraban en pabellones muy distintos. El de Milagros era pequeñito en un ala  del cuartel  muy cerca de los  pabellones de los soldados, de puede decir que pared por medio, no solo vivía allí Milagros  , también lo hacían  mujeres de otros sargentos, brigadas y subtenientes. Pero  por lo que  yo oía y entendía, la vivienda de Milagros era la mas pequeña   y fea de todas, esto  se debe a que  Cantero era el mas nuevo en el escalafón, y hasta para eso es estricto el ejercito.
 Sin embargo el pabellón de doña Eloisa, era cómodo, amplio alegre con ventanales a la calle, de doble cristales, dos cuartos de baño y cuatro dormitorios, un salón comedor amplísimo muy bien amueblado  con aparato de radio y estufa de leña.  La cocina era también muy amplia, con  fogones de  carbón, pila para fregar los platos y las ollas y un grifo  de agua corriente. Esto  en la vivienda de Mercedes lo tenia que hacer en un barreño y acarrear el agua de la fuente, o de un pozo que había en el patio del cuartel.
 En fin que por mediación de Luisa, Milagros y el sargento Cantero,  me admitió doña Eloisa como criada para todo. Por eso conocí tan bien su casa.

 Milagros y Eloisa eran buenas amigas, y yo me llevaba muy bien con la mujer del sargento, que era  buena como su madre, pero doña Eloisa ya  era otra cosa.
 Pero antes de seguir adelante,  quiero hacer saber que se acabaron las penas en mi casa, porque a mi madre la  metió el capitán López en el cuartel para hacer los oficios mas  innobles  de aquel recinto tal como fregar los  retretes, barrer y fregar  las dependencias de  los suboficiales y cabos primeros, lavar las sábanas y un sin fin de cosas de las que por sus graduación les estaba  prohibida a los militares… Los soldados no entraban en estos beneficios, ellos se las tenían que  valer por sus propios medios bajo la amenaza de los superiores. Pero esa es otra historia que a mi no me incumbe.

 

IV

 

El día 23 de diciembre  de 1948, ingresé en aquella casa, que a la vez era parte de un cuartel de infantería donde prestaban servicio militar mas de 1.000 hombres.
 Ajusté mis servicios  en  40 duros mensuales, la comida la misma que  los señores, o sea el capitán y su mujer, con la condición de  comer en la  cocina, vamos como todas.
 No estaba sola, y no porque tuviese cocinera, ni otra doncella, como me llamaba doña Eloisa, tenia un doncel, o sea un muchacho que limpiaba todo lo que le mandaban con tal de no  ir al cuartel a  pelar patatas, guardias ni imaginarias. Era el asistente del capitán López, pero mas que asistente era criado de doña Eloisa.
  No hicimos amigos, y la verdad que  me quitaba mucho trabajo, golpes decíamos nosotros, porque doña Eloisa no sabia hacer nada, ni sabia ni quería aprender. Ella con arreglarse , ponerse guapa, aunque  la verdad sea dicha no era fea. Rubia, de ojos azules mas bien alta, delgada piernas y brazos largos, dientes marfileños los incisivos  muy anchos y largos, pero  le hacían a su cara ovalada de nariz recta y  generosa una belleza,  de tipo nórdico que meridional. Supe con el paso del tiempo que sus antepasados eran alemanes.
 Todo el  tiempo que permanecía en casa, estaba dando órdenes, no solo a mi sino también al pobre soldado. No se hasta que punto tienen  jurisdicción  sobre los soldados las mujeres de los oficiales. Creo que si el   coronel del regimiento al que llamaba el abuelo, lo mismo los  oficiales como la tropa, se enterase de que no era un militar que servia a la patria sino a los intereses y caprichos de la mujer del capitán López, este hubiese tenido graves  consecuencias. Pero o el coronel nada sabia ni sospechaba o cerraba los ojos, puede que fuera esto último ya que el también  y sobretodo su mujer  disponían de todos los soldados que se le antojaban para fines particulares. ¡ Cosas de la España de entonces de ahora y de todos los tiempos...!
 _ Nieves, has terminado  de hacer de comer.
-¡Si, doña Eloisa...!
_Muy bien, pues vete a limpiar el polvo de la vitrina. Luego cuando termines, riegas las macetas del balcón, friegas, el despacho del señor. Después vas al comercio a hacer la compra, bueno mas bien al economato, le dices al sargento que te lo apunte, que ya se lo pagaré.
 No se lo pagaba, pero los gastos supe que se lo desquitaban en la paga del marido, cosa que la enfurecía.
 _ Si  no puedes con la carga, que te ayude el asistente.
 Nunca lo nombraba por su nombre de pila, siempre  por el asistente, ni siquiera por el soldado. Ella se  creía y así era que  al ser asistente de su marido también lo era de ella.
 Lo mandaba a pelar patatas, picar cebollas, y lustrar no solo las botas , correajes y zapatos de su marido, también  los suyos que me ayudara a tender la ropa y recogerla, acarrear agua del grifo para las maceras, llenarle la bañera para  bañarse ella, y un sin fin de cosas impropias de un soldado que   ha sido llamado a filas para salvaguardia de la patria y aprender el arte de la guerra.
 El muchacho era un campesino extremeño, acostumbrado a trabajos rudos del campo, segar, trillar vendimiar, todo bajo  encargados, el decia manigeros despiadados que lo que buscaban eran congraciarse con el amo. Para que no los despidiera, o los mandase a  trabajar con las cuadrillas. Todo esto lo hacia de sol a sol, por lo que el trabajo que  doña Eloisa le mandaba era un refresco para el. Luego a veces lo convidaba con algunas monedas, o le pagaba la entrada del cine mas barato y al gallinero, y el se deshacía para complacer a la mujer del capitán mas que al  propio mando que para el estaba  rebajado de servicio. Vestía casi siempre de paisano, pero a veces le gustaba  lucir el uniforme que cosa  rara le venia a  su justa medida, y salía   al paseo vestido de soldado, presumiendo como un general.
 Los jueves cuando  nos daban licencia para salir de paseo, lo quería hacer  conmigo, y como sabia porque yo se lo dije que me gustaba mas  de soldado que de paisano, se  colocaba su uniforme de paseo y ¡Hala! A presumir entre sus compañeros de Nieves, con  la consiguiente envidia de ellos.
 Se enamoró de mi, y me prometía que  cuando se licenciara me llevaría a su pueblo. Quiero recordar que se llamaba el pueblo  Aceuchal, porque su nombre el del muchacho no lo he dicho. Cuando se lo pregunte me  respondió.
 _ Me llamo Antolín Guerrero Báez, soy de Aceuchal, y estoy  enamorado de una muchachita muy guapa que se llama Nieves.
-¿ Nieves...?  ¡ No  seré yo...?
_ La mesma que viste y calza.
 Estuve a punto e echarme a reír, pero me contuve. Lo miré  como quien mira a un desconocido  que te ha insultado, con cara seria . Me quedé de piedra. Nunca creí que se enamorara de mi. Si noté cierta inquietud, me miraba con ternura, pero yo creía que era por mi  condición  de  muchacha  pobre, que a los quince años presto a cumplir,  estaba sirviendo en casa de una señora exigente hasta el máximo , porque muchas noche terminaba la faena, cansadísima  solo tenia ganas de irme a la cama y estirarme, Deseaba que la noche fuese  larga muy larga, para descansar mucho.
 A lo primero me dejaba dormir, pero   llegó un tiempo en que gozaba haciéndome levantar por cualquier cosa., para que le llevara a la cama un vaso de agua, o le pusiera bien las mantas o el cubrecama que se había caído, o lo había caído ella  intencionadamente para que me levantara.
 Estas innobles molestias me las hacia cuando el marido se encontraba de servicio, o arrestado en el cuartel que de todo hubo. Y no es que su marido  le prohibiera estos desmanes, es que cuando  el estaba acostado con ella le daría reparo de llamarme con  el en la cama.
 Quedó encinta, y esto  fue la gota que rebosó el vaso. Se sentaba en una mecedora que  tenia en el comedor, leyendo novelas rosa unas veces y escuchando la radio otras, no se movía nada mas que cuando el cuerpo le pedía una necesidad fisiológica; estas palabras las aprendí de ella, que mi educación era mas grosera y  vasta, le llamábamos a  estas cosas con una vulgaridad de taberna, en fin ya me entienden. Hasta para levantarse de la mecedora  me llamaba aunque  estuviera  ocupada en otra cosa, y solo  estaba de tres meses.
 Aunque  postrada por su voluntad en la mecedora, no dejaba de mandarme.
_ Nieves ¿ has puesto  la olla a hervir? Ya te dije  que hoy tengo ganas de  lentejas, porque tiene mucho hierro. A ver si las haces bien, como yo te he enseñado.
 Mentira, no me enseñó nada, solo me leía algunas recetas de cocina, que ella sacaba de algunas revistas, que el asistente le traía por encargo de ella de algún quiosco de prensa. Yo entendía baste bien la cocina, porque a pesar del hambre que pase en mi casa, cuando  teníamos algo que cocinar era yo la encargada, pocas veces desde luego, pero alguna vez gracias a Luisa comíamos caliente, También aprendí en casa de doña Anita, que dicho sea de paso no era peor que la señora del capitán López.
 No quería decirle nada a mi madre para que no sufriera, ahora tirábamos bien, y pensaba sacar a mis hermanos del  asilo. Pues ella creía que no se los podían negar porque  ganábamos las dos algún dinero. Yo comía  en casa de doña Eloisa, mi madre rancho del cuartel, así que  los sueldos casi los ahorrábamos, solo en alguna prenda en vestir de lo mas barato   gastábamos algún dinero.
 Como tenia que desahogarme de tanta injusticia como  se cometía conmigo, me confié a Antolín, y le contaba a veces llorando mis penas y lo que había sido mi vida. Creo que se enamoró de mi mas por lástima que por cariño.
 , en esto me equivoque porque  demostró quererme de verdad.
 El me consolaba, y a veces llorábamos juntos en la cocina. Comíamos los dos juntos: cuando los señores se saciaban y se tendían en sus mecedoras, a dormitar  la digestión. Luego el llamaba a Antolin y le daba una orden, a la vez que le decía que le llevara el periódico del revistero o lo mandaba a por el a la calle , y ella me mandaba a que después de comer le dejara la cocina como los chorros del oro, que aquella tarde esperaba la visita de la señora del comandante. Este  era el reposo que nos daban a la comida. Es verdad que  los dos, comíamos de la olla de ellos, pero siempre después de  que  ellos hubiesen  comido, y lo que quedaba, se puede llamar las sobras, eran para nosotros. Antolín  podía comer en el cuartel, pero el capitán  lo quería tener a su disposición como  su mujer a mi, por eso lo  rebajó de rancho.
 Cuando Antolin me veía agobiada, por el exceso de trabajo, me echaba una mano, y muchas tardes fregábamos los platos juntos, porque el ya había terminado los encargos de su capitán.
 El capitán López no era de los peores, pero  como todo militar de graduación superior tenia la disciplina metida en la cabeza, y todo decía que  había que realizarlo con prontitud y orden. Esto  para mi asistente, tu Nieves_ me decía, te debes a  las ordenes de doña Eloisa.
_ Mi capitán_ le suplicaba Antolín, Nieves tiene mucho trabajo, es sola para toda la casa y como la señora ahora precisa mas por su embarazo, le pido permiso para cuando yo haya terminado con  mis obligaciones, echarle una mano, la pobre ;a veces  termina muy cansada.
 Se sonreía el militar, y le respondía.
_ Bueno, eso no es cosa de hombres, pero no está mal ayudar a una dama, es de caballeros. Yo creo que se burlaba de los dos. Luego agregaba.
_ No se, pero tampoco está mal que de esta casa salga una boda entre el  soldado  y la criada, es  muy típico, como el suboficial y la modistilla y el oficial y la  aristócrata Se miraban y los dos se reían, por congraciarnos  con ellos también nosotros nos reíamos, pero con risa forzada e hipócrita, que no pasaba inadvertida para  el matrimonio.
 Gracias a Antolín el trabajo me era mas leve, pues el me aliviaba muchísimo.
 Cuando me dijo que me quería,  ya dije que me quedé pasmada, pero  comprendí al  poco tiempo que aquélla alma cándida, no me engañaba .
 El tenia permiso para salir todas las tardes de paseo a la hora de la tropa. Eran dos horas, y a veces mas, pero si yo no salía, porque  doña Eloisa se le antojaba que  me quedara para levantarla de la mecedora cundo  precisaba  el retrete , el renunciaba al paseo para estar junto a mi.
 Le pedía permiso a la señora para  estar en la terraza. No lo concedía pero con la condición  que  cuando tocara una campanita que tenia en sus manos, acudiera el instante  para  socorrerla_  , así lo decía la  exigente y déspota señora. Para ella tener que  ir a una necesidad fisiológica como ella decía, era un peligro y yo era la socorrista
 No comprendo como Milagros, una mujer mucho mas “baja” que ella la tomó por amiga y se tuteaban. A veces la vida da esas sorpresas. Milagros , tan sencilla, tan humilde recatada y transigente, eras intima de una señora, creída, petulante, exigente, vanidosa y orgullosa. En fin cosas de la vida, no se  si Milagros le aguantaba por miedo. Si, miedo a que  tomara entre ojos a su marido un simple sargento y le hiciera la vida imposible, tal vez por eso era amiga aguantando todos las impertinencias de doña Eloisa. O quizás solo conmigo  por considerarme esclava se portaba así.
 En la terracita del pabellón del capitán López, había dos  o tres sillas metálicas de jardín y una mesa redonda del mismo material, adornadas con arabescos  que algún artista en  metalurgia  hizo por encargo. Yo las había pintado dos o tres días antes de blanco, como me ordenó la  señora del capitán.. Estas frases le llenaban de un orgullo tal, que yo creo que cuando se las decía  engordaba como un neumático cuando lo inflan.
 Yo a veces se lo decía por chufla, pero tan obsesionaba  estaba con este tratamiento que hasta me  respondía  en tono mas dulcificado que no dulce.
_ Mi señora del capitán López, podemos sentarnos  Antolín y yo en la terraza en las sillas que le he pintado antes de ayer.
_¿ Tampoco va hoy al paseo ese muchacho? ¡ Pues vaya mili que se va a pasar aquí metido, no va a conocer bien   Málaga, con las chicas tan guapas que hay por el parque...!
_ Es que no me apetece doña Eloisa. Me entretengo mas hablando con Nieves.
_ ¡Huí...! ¡huí...! que el capitán López va a salirse con las suyas...
_ No, señora es que  para que  quiero salir todas las tardes. Si cuando usted me manda a por los recados y su marido veo toda la capital.
 Mentía, el pobre Antolin, no podía ver la ciudad porque le exigían que estuviese allí  a una hora calculada, y si se retrasaba por algo  le pedían justificación.
 En fin nos concedía como dije  el permiso para  permanecer en el jardín, y cuando las tardes eran  soleadas de aquel otoño seco y dulce , nos  sentábamos entre macetas de geranios, azucenas, petunias y claveles y pensamientos, regadas y  arregladas por la mano campesina del extremeño soldado.
 A veces permanecíamos  en silencio muchos minutos, sin saber que decirnos, mirando al cielo azul y al mar lejano. Pero  el sonriente me cogía las manos, que yo falsamente rechazaba y  con mucha pasión y voz dulce me  decía
_ Nieves, me gustaría que te vinieras conmigo a mi tierra, es muy bonita. Todo el campo es de viñedos y olivares, trigos y ajos. Sus gentes son sencillas, agradables y hospitalarias.
 Luego se quedaba callado un instante, miraba para el horizonte y continuaba. Yo atenta y callada lo escuchaba como la que escucha música celestial, sus palabras me resultaban tan  bonitas, tan  elegantes. No hablaba bien, ¿ como lo iba a hacer un simple  campesino de tan lejos? Pero yo  lo hacia peor que el, y eso que ya  estaba refinada, la maestra de escuela y la capitana, me refinaron a su modo. Eso si  las palabras groseras ya no las pronunciaba. No me gustaron nunca, pero el ambiente del barrio  a veces las exigía.
 Cuando llevábamos un rato en silencio, me echaba el brazo por los hombros y me atraía hacia el, intentaba besarme, pero yo lo rechazaba por miedo a que nos viera la señora, porque  a veces se levantaba  para espiar lo que hacíamos, el cuento de que precisaba de mi para que le diera la mano, solo era eso un cuento, un pretexto para  hacer valer su autoridad aunque  en esas banalidades y mentiras, yo lo sabia pero me lo tenia que tragar. No me interesaba que me despidieran, porque aunque yo encontrara otra casa para servir, mi madre no, y si me despedían a mi por  incumplir las ordenes de la  mujer del capitán, este  despediría a mi madre, ya que era el que llevaba  este menester en el regimiento, o sea el que  contrataba a obreros y obreras , cuando los soldados no eran aptos para  alguna clase de trabajo.
 Como decía Antolín se quedaba mirando al horizonte con los ojos cerrado, y lego melancólicamente me decía.
_ Allá detrás de esos montes está Ronda, y mas allá Sevilla y después Badajoz, muy lejos, pero el tren en  dos días o menos  nos llevaría. Conocerlas a mi madre, se llama Soledad como la Virgen del pueblo, luego mi padre que estaría  en la viña, o tal vez arrancando los ajos. Al lado  hay un pueblo muy grande, es una ciudad, donde nos apearíamos del tren, ¿ no has oído  nunca nombrar Almendralejo?
_ No, nunca.
_ Pues es muy grande, casi como Málaga, hay teatros, plaza de toros y cines. Podíamos  ir allí a divertirnos, solo  dista 8 kilómetros, andando se llega en poco mas de una hora. Mis dos hermanas, Soledad y Candela, te recibirían con los brazos abiertos, y serian muy amigas tuyas, y yo te querré con todas mis fuerzas. Tendremos hijos, y vendremos a Málaga para que los conozca tu madre y hermanos.
 Estas palabras, me adormecían, me llenaban de felicidad. No conocía Extremadura, solo la oía de vez en cuando, nunca esos pueblos, pero en la boca de Antolín , me  figuraba un paraíso, lleno de  plantas exótica,- ¡ Entre viñas y olivares, muy bonito!- me decía el  feliz campesino.  Yo no le quitaba su ilusión, y ni le prometía ni le  negaba que  cuando se licenciara, fríanos a su pueblo, nos casaríamos  aquí en la catedral de mi ciudad y  nos marcharíamos siendo marido y mujer ante Dios y ante los hombres.
 Se lo creía , era un niño grande y el pobre ya  se veía entrar por las calles de su pueblo conmigo  acarrados del brazo.
 ¡ Cuantas ilusiones vanas...! Yo también me enamore de el, pero  era mas consciente a pesar de  ser cinco años menor que el que eso seria un imposible. ¿ De donde íbamos a sacar el dinero para la boda? Yo no tenia ni para un vestido decente, ni para ropa interior, porque las únicas bragas  que tenia muchas veces iba sin ella porque estaban tendidas en el alambre a secar. Luego  el viaje, ¿ nos iba a llevar el tren gratis? A el si, le darían pasaporte militar hasta su pueblo, pero  en un tren de soldados licenciados donde no pueden viajar mujeres. Eso el no lo pensaba, yo si. Y lo  mas incierto.
 Su familia no me conocía de nada, ¿ como le sentaría a sus padres m i llegada? Una mujer de muy lejos, enrolada con un soldado, yo por otras sabia que las criadas  en las ciudades no gozamos de buena fama. Es una patraña pero es así. Seria la comidilla del pueblo, la vergüenza de la familia, me tacharían de mujer mala, como dicen en los pueblecito, sin dinero, sin oficio nada mas que de criada. Me decía que su padre trabajaba a jornal con un rico, que poseía una casita casi en un puntal, un burro y un as dos fanegas de viñas. Eso no es para mantener a dos familias
 Yo le  sin desuliosonarlo, le hacia ver que allí no lo pasaríamos mejor que aquí, que yo también lo quería y  deseaba casarme  con el, pero que era aun una niña, había que esperar unos años. Si quería, podía entrar a trabajar en el puerto, o en la fabrica de conservas o en alguna obra de peón, porque allí no había trabajo del campo. En fin que era muy arriesgado presentarse conmigo en su pueblo sin conocerme nadie, y menos su familia.
 Se mostraba dubitativo, lo comprendía. Un día me dijo.
_ Mira Nieves, yo no puedo vivir sin ti. Ya le he escrito a mi padre diciéndole que me he echado novia aquí, una muchacha muy buena, que está sirviendo en casa del capitán  que estoy de asistente, y que le mandaré un retrato, para que te conozca.
 El retrato quiso hacérselo de uniforme, de uniforme los dos. El con  su traje de paseo y su gorro de borla, que le cosí un galón rojo, pues el capitán lo hizo soldado de primera, para que le dieran una peseta todos los meses, aparte de  los cincuenta céntimos diarios. Y yo  con el vestido negro, el delantal blanco muy limpio y la cofia. Obligatorio  en aquella casa, como si fuese una marquesa. Ellos me lo compraron, perecer que en la época las criadas que no llevaban uniformes deshonraban a las señoras.
 Así que  se lo dijimos al capitán. Siempre sonriente ante el amor, aunque mas recto que  un juez en los actos de servicio, aprobó la idea.
_ Bueno, ya no cabe duda de que estáis enamorados. Me gusta. Yo soy duro , pero tierno, duro como una roca y tierno como un flan ¿ Donde os vais a fotografiar?
_ Mi capitán, en el parque hay un hombre con una maquina de al minuto que saca muy bien. Y el jueves  ( aquel día era martes), queremos ir de uniforme los dos a hacérnosla.
 Doña Eloisa, sentada en la mecedora leía una novela por entregas. Y sin moverse  nos  llamó para que nos acercásemos.
_ Mira_ dijo mostrándonos el cuadernillo,_ Esta novela es muy romántica, quiero que  así seáis vosotros. Yo soy capaz de escribir vuestro idilio. Porque no  soy mala. Aunque se que por detrás me criticáis
  No supe que contestar a  sus palabras,¿ como lo sabia? Era verdad que la criticábamos por detrás, pero nunca nos oyó, ni  nadie podía habérselo dicho, porque nunca nadie estuvo presente en nuestras conversaciones.
 Intuyo que  lo pensaba, y como sabia que era muy  exigente y sin   conciencia para mandar, se lo figuraba, y así era..
 El pobre Antolín se puso nervioso, quiso decir algo pero tartamudeó y no le salió la voz de la garganta.
 Si embargo yo, sacando entereza le  reproché.
_ Señora del capitán López. Ni este muchacho, ni yo jamás le hemos calumniado, ofendido ni criticado,  aunque usted no nos deja parar. Termino reventada todas las tardes, y encima por nada me hace levantarme, porque para mear, usted puede hacerlo sola.
 Esta grosería mía, la derramó, y al mismo tiempo la puso furiosa, soy capaz de apostar cualquier cosa que si no me despidió al instante  era porque su marido no lo hubiese consentido. El capitán López, la conocía muy bien, y aunque el era disciplinario y disciplinado, sabia cuando  y como  debía de mandar.
Hecha un Basilisco, soltó el cuadernillo en el suelo, como  impulsada por un resorte se levantó de la mecedora, y con voz chillona me recriminó.
_ ¡ No te consiento esas palabras groseras! Esta casa es de educación y a mi se me debe un respeto. Por esta vez va a pasar pero  en lo mas mínimo que me insultes te pongo de patitas en la calle ¡ Pues vaya...!
_ Yo señora no la he insultado, solo le digo que no está bien que me moleste a   altas horas de la noche, para que le ponga bien las sábanas, eso puede hacerlo usted, o que le de la mano para incorporarse  para ir al  retrete, o servicio como usted dice. Yo he sido  contratada para barrer, fregar , hacer las camas y cocinar, nada mas, sin embargo usted no me deja parar ni un momento, tengo que regar las macetas,  peinarla cuando se le antoja, llevarle las novelas y hasta  llevarla a  hacer sus necesidades, y otras cosas. Gracias a Antolín que me hecha una mano sino  es imposible resistir.
 El marido viendo que la cosa se iba caldeando demasiado intervino.
_ Haya paz. La paz  es lo mas hermoso que existe en la tierra. Vamos a ver Nieves. A ti se te   contrató, a instancia de Milagros que    como sabes es intima amiga de doña Eloisa. Ella nos aseguró que  eras buena, sumisa y educada, no  vayas a defraudarnos y quedar a la pobre  Milagros en ridículo, o sea  que se avergüence ante  nosotros por haberse equivocado contigo.
 No supe si pedir perdón o echarme a llorar. La pobre Luisa, la  pobre Milagros no tenia culpa de nada, bastante hicieron por nosotras en particular su madre para quedarlas en  ridículo. Claro que ellas tampoco conocían a  la señora capitana a fondo, porque de visitas  todos somos muy buenos y agradables.
_ ¡Perdón señora...! ¡ Perdón señor...! Soy tan torpe... Los nervios me han traicionado, ya no sucederá mas.
 Así tuve que bajarme, aun sabiendo que la  razón era mía. Aquella  engreída de doña Eloisa, parece que se calmó. Quería aparentar ser buena.
_ Menos mal; porque hay que ver con lo que  hemos hecho por vosotras que  os hemos quitado el hambre a ti y a tu madre, y porque he dicho que me criticáis, te has puesto hecha una fiera. ¡No Nieves, eso no es así...! Iba a escribir tu historia y la de Antolín, dos enamorados en mi casa, perol ya no lo mereces. No te despido, y no es porque no encuentre otra, quizás mejor, pero me das pena. Anda vestiros y marcharos al paseo y a haceros la fotografía, cuando regreséis  ya habrá pasado todo.
 Estaba aturdida, aquella mujer sabia fingir muy bien. Con su palabrería y  aquella cara que sabia poner en cada ocasión, cualquiera que no la conozca, diría que era la mujer mas buena del mundo. ¡ Cuanta hipocresía Dios mío!
 Antolín nada decía, era un soldado y  si replicaba no solo lo devolverían al cuartel a las guardias, las cocinas las imaginarias y el rancho, sino que por insubordinación  a su jefe  lo podían meter en el calabozo. El lo sabia  por eso se mordía la lengua, se le hinchaban las venas y se le ponían los ojos como plato. Me dijo cuando  nos encontrábamos solos, que  quiso  defenderme pero no podía, porque  había conocido casos de  asistentes que por desobedecer alguna , impertinencia de la mujer, esta se vengó contándole  a su marido que se había metido con ella, que la quiso violar, todo era una patraña, pero el marido creía mas a la mujer que al asistente, y este fue al calabozo por muchos meses.
 Nos vestimos como le gustaba a Antolín. Y con  sabor agridulce, le  pedimos permiso para  irnos a fotografiar y   un rato al paseo.
 El capitán, tuvo un buen gesto. Ya he dicho que era  recto  en sus cometidos, pero luego era afable y mucho mejor que su mujer,
 Tiró de cartera y le entregó a su asistente  cinco pesetas, suficiente para un retrato de estudio, ala vez  exclamó.
_ Esto es para que vayáis a un laboratorio fotográfico y  los hagáis de estudio, porque si es para mandárselo a tu familia es mejor  una buena foto que no esos de minutos  de los ambulantes que apenas se conocen.
 De uniforme Antolín se cuadro, dio un taconazo saludo y dijo.
_ A sus órdenes mi capitán ¿ puedo darles las gracias?
 El capitán López se rascó la nariz para  asentir con la cabeza, luego le bajó el brazo que lo tenia en el primer tiempo de saludo y le espetó.
_ El primero que tiene que ver la foto, soy yo. Así que en cuanto la tengas en tu poder me la traes  directamente, y si no estoy en casa vas al cuartel preguntas por mi que  quiero dad el visto bueno.
 Yo ya conocía todas estas  simplezas y tonterías de los señores. Ellos se creen dueños de los criados, antes que la familia, antes que nadie  quieren ellos saber    los sentimientos de los que tienen  debajo, en que se gastan el dinero y que  vida  privada llevan. Mas  en aquella ocasión que  el nos regaló la foto con aquellas cinco pesetas , porque sabia de sobra que  con el dinero aportado hacían un buen retrato cualquier fotógrafo de la ciudad.
 Cuando  con nuestros uniformes salimos por la puerta del cuartel, el centinela se nos quedó mirando, yo intuí que con envidia, porque  Antolín  se iba de paseo acompañado por una guapa muchacha como  se rumoreaba entre la tropa que era yo.
 Estaba prohibido a los soldados dar el brazo a una mujer, por lo tanto íbamos sueltos,. Yo  deseaba que me  diera siquiera la mano. Se lo insinué. El me dijo que  mejor en el parque, que buscaría un lugar oculto, un banco tapado por las flores y los árboles, donde nadie nos  viera, y si alguien nos observaba que fuesen, enamorados , porque los enamorados no  hay riesgo de que  se chiven a la vigilancia. Sin embargo las cacatúas, se escandalizan y pueden dar aviso a la policía. En aquellos años todo era inmoral, escandaloso , un simple beso en los labios era motivo de multa para los paisanos y arresto serio para los soldados.
_¡ Veras Nieves, que retrato mas bonitos nos vamos  hacer...! Pero  yo quiero dos, uno para  mandarlo a mi pueblo, y otro para  tenerlo  en mi cartera . Cuando mis padres  me vean con una muchacha tan guapa, se sentirán orgullosos, y   se lo enseñaran a todo el pueblo. Las mozas se morirán de envidia, al ver que Antolin Guerrero, se ha echado novia en la mili, y ha despreciado a las brujas.
_ ¿ A las brujas! .¿ Allí existe eso de brujas todavía?
 Entonces me aclaró, que el no creía en esas tonterías,: Los pueblos  colindantes, especialmente Villalba e los Barros y Fuente del Maestre,  le decían Aceuchal el pueblo de las brujas, pero era mentira, allí las mujeres eran como en todos los sitios.
_  No volaran en una escoba, porque mira que  si  vuelan...¡Que miedo!
 Lo dije en tono jocoso, pero el se puso serio para explicarme.
_Dicen, que  hechizan a las muchachas que no quieren que  se case con   el novio si no le gusta a sus padres, o que se lo ha quitado a otra, por hacerle mal. Que también hacen  mal de ojo, y no se cuantas cosas mas, pero es mentira. Cuando   vayamos    veras como las gentes son amables y te  acogen con cariño.
 Aunque  mucho mayor que yo era como un niño grande. En el no hubo nunca maldad. Me daba  pena, estaba tan ilusionado de que me fuera con el a su pueblo, que ya se veía paseando por sus calles conmigo del brazo, para envidia de las  “brujas” como decían en los pueblos vecinos.
 Nunca llegó ese día, ni vi su pueblo ni conocí a su familia ni el se casó con nadie, porque el destino quiso que  marchara a su pueblo pero dentro de un ataúd. Lo lloré  , mucho lo llore. Fue así.

 

V

 

Aquella  tarde  me sentí la mujer mas dichosa de la tierra.  A mi lado muy juntitos  paseábamos por la calle Larios, mirábamos los escaparates, y nos parábamos en los de ropa femenina me  susurraba al oído.
 _ Cuando tenga dinero, te voy a comprar el vestido mas bonito que hay en el comercio. ¿ A que te gusta ese...?
 Y me señalaba uno de l color verde, precioso, yo le dije en una ocasión que el color verde me fascinaba, porque era el  color de la esperanza, y porque si, como todos tenemos un gusto un capricho el mío era el color verde. Como no le contestaba, se  puso meloso, mas tierno aun de lo que estaba y ya lo estaba bastante.
_¿ Es que no te gusta ese...? Pues entonces otro. Mira ese rojo con  volantes, y esas lentejuelas brillantes. ¿ Lo quieres...?
 Claro que lo quería, ¿A que mujer no le agrada un vestido bonito? Yo era muy pobre, nunca había tenido  nada mas que harapos, hasta que don Guillermo me compré la falda piche y la  blusa amarilla; eso si uniforme de criada todas me lo hacían a la medida y nuevos.
_ Yo, Antolin, he nacido pobre, pobre he vivido y pobre seré. Me conformo con ropa mas modesta, esos trajes  cuestan  casi la paga del capitán, ¿ De donde vas a sacar el dinero...? No te aflijas, yo te quiero  con vestido o sin el, ¿ A que estoy guapa vestida así? A ti te gusta, me dices que  con mi delantal blanco y la cofia, soy la Madelón de todo el cuartel, No se que  quiere decir eso , pero si tu lo dices nada malo será,
 Se puso un poco colorado. Yo no sabia lo que era la Madelón, pero el si, y pidiéndome perdón me lo explicó.
  Tu no eres la Madelón, cariño, porque  eso es una canción de guerra alemana, y  según dice la canción, que la Madelón que era una mujer, le entregó su amor  a todo el cuartel del soldado al general.
_ ¡Que horror ¡ ¿ Eso me consideras,? Una  puta
 Me dijo que lo perdonara, que el tampoco sabia lo que era la Madelón hasta que un cabo instruido se lo explicó, la Madelón  me puso la tropa  porque al ver pocas muchachas guapas  en el cuartel, a todos enamoraba, y de ahí que me   compararan con la teutona..
 Recorrimos la  populosa valle de Larios de o tres veces, me invitó a un pastel en una de las pastelerías, por cierto exquisito, el se comió otro y de allí nos dirigimos a un  estudio fotográfico, que estaba en otra calle  adyacente. Era un buen estudio, en el escaparate   se exhibían fotografías de novios , niños de primera comunión y sobretodo militares de toda graduación. Todos en sepia o blanco y negro, el color  en la fotografía aunque en 1861 se tomaron las primeras muestras no fue has la decada de los sesenta , no se generalizó. Por lo tanto nuestra foto seria en blanco y negro.
 Amablemente nos recibió una mujer, que  seria la esposa del fotografo, ya entrada en años.
_ Venís hijos a  haceros una foto ¿ Verdad?
_ Si, señora; ha eso venimos.
 _ Muy bien muy guapa  que eres hija, y muy bien con tu uniforme de doncella,  ya veréis cuando  salgan que guapo  vais a estar, será una joya  para toda la vida, además   le  diré a mi marido ( El hombre se encontraba en el laboratorio revelando  otras  fotos creemos) que  lo saque en la mejor cartulina, de esa que dura siglos, para que pase a vuestros hijos y nietos. Esperad un poco que ya  viene.
 Labia no le faltaba a la mujer. Se notaba que  valía para el negocio, era aduladora y charlatana, pero  no mentía, la foto fue  muy buena, trabajada por un buen profesional, lástima que  el pobre Antolín no la pudiera ver.
 Transcurridos unos diez minutos, se presentó el maestro, era bajito con bigote lacio, de edad  que frisaba entre los 60 y 65 años, con una chambra larga  y una gorra de visera, de color gris.
 Nos hizo pasar a una sala donde tenia trajes de toreros, uniformes de oficiales, galones y estrellas, vestidas de mujeres, de gitana de bandoleros y un sin fin de disfraces o fantasías para los que quisieran presumir de lo que no eran.
 Nos preguntó, dirigiéndose a Antolín si quería  una guerrera de  oficial, con las estrellas o galones que mas deseaba,. El le respondió que no, que con su uniforme  estaba muy bien, además no  era coherente ni estético un oficial con una doncella,  o criada, t a el le gustaba  que  yo, su novia se luciera con el blanquísimo delantal y la cofia. Me podía haber vestido  de dama de la alta sociedad, pero ¿ Que diría la señora?  ¿ Y mi madre? Y la familia e Antolín?
Nada, como estábamos íbamos muy bien.
 Nos puso delante de un lienzo blanco. Yo sentada en una silla de tijeras y el de pie, con . Le dijo que se quitara el gorro, pues es verdad que descubierto  era mas guapa, su pelo negro brillante peinado con gracia  . Era guapísimo o al menos  eso me  parecía a mi. 
 Con el  experimente la dulzura del placer, la emoción infinita del amos de la ternura y de la esperanza mas sublime. ¡ Que poco tiempo fui feliz con el...!
 Cuando nos colocó, el fotógrafo, nos tuvo unos segundo, mirándonos por el  objetivo de la máquina, una máquina grande de trípode,  similar a la de los parques, pero de mucha mejor calidad. Yo me cansaba, estaba deseando de que le diera al botón disparador como el decía. Por fin, apretó el botón para  exclamar. “ Ya esta”
_ Vais a salir muy bien. ¿ queréis que lo exponga en el escaparate?
 _ Bueno, lo que usted quiera- le objetó mi novio.
_ Dentro de  unos cuatro días, venís a recogerlo.
_ Queremos dos- dije yo.
_ Pues dos o cincuenta os hace este artista, que soy yo.
 Era buen fotógrafo no hay que dudarlo pero también era un pedante.
 Cuando salimos a la sala de recibir a los clientes, ya había esperando dos  parejas mas, uno militar, creo que era  alférez de complemento, llevaba cordones de la hombrera hasta  el botón del pecho, u una estrella en la  gorra, ella muy mona debía de ser niña rica, o de algún empleado publico con buen sueldo, casi hizo una mueca de desagrado al ver a una  pobre criada y un   soldadito  con un galoncito rijo, que no ofrecía ningún  futuro brillante.
Y...
De ahí al parque. Otro fotógrafo de esos que no faltaban en los lugares  concurridos, por enamorados, mas por soldaditos y niñeras, estaba con su trípode y su cubo esperando que alguien quisiera hacerse un retrato.
 Antolin, me  ofreció otro, este  seria de peor calidad, pero sacaban tres o cuatro por una peseta, y lo podíamos llevar siempre, el en su cartera, vacía de dinero, con la fotos de sus padres, y yo en mi bolso  regalo de doña Anita, que por  viejo, pasado de moda y rozado me regaló antes que tirarlo a la basura.
 No le puse resistencia, yo también deseaba una foto  que estuviésemos  los dos, para nosotros, porque el de estudio habíamos acordado, que fuese uno para sus padres, especialmente para su madre, la que rezaba y lloraba todas las noches por el, según supe después, y el otro para mi madre, que lo enmarcaría y lo  colgaría en su cuarto de una punta en la pared.
 No lo hicimos, y salimos mejor de lo que esperábamos. El hombre muy solicito nos deseo felicidad y según el , nos regaló dos, cuatro nos hizo, dos para  Antolín y dos para mi
 Felices y contentos  paseábamos entre evónimos y  palmeras. Antolín me  enlazó con su brazo  derecho por mi cintura, no había apenas paseantes por aquel lugar. Era uno de los  sitios mas enmarañados del parque. Solo las parejas  enamoradísimas que buscaban, amarse hasta el éxtasis  andaban por aquellos lugares. Me besó repetidamente en los labios. Estaba  emocionado de tal manera que, nada le importaba si nos  sorprendía la vigilancia.
 El sol declinaba, se hacia de noche y un vientecillo del lado del mar nos envolvía, produciendo en nuestros cuerpos mas ardor  aun.
 Perdimos la noción del tiempo, el miedo a todo, solo deseábamos amarnos, se  el uno para el otro.
 Sin saberlo me hice su amante, perdí el pudor, el recato, solo deseaba que me poseyera, estaba  en otro mundo, aquella niña que  se tapaba los oídos en casa de doña Anita, cuando sentía el   jadeo de  ella en la cama, se transformo en  una  mujer  distinta. Luego después me di cuenta que yo era peor aun que la mujer del practicante, porque ella  era mujer casada, y estaban en su cama. Yo era una  casi niña soltera y en un parque, en lo mas  escondido y recóndito,  los arriates y parterres, eran nuestros cómplices, nos  tapaban de la vista de las personas “decentes”. Algunas mujeres de la vida,  ejercían por aquellos parajes su oficio. Nos encontramos con  viudos, solterones, algún soldado   moroso en entrar pero que ya se marchaba a toda prisa después de  que alguna lo había dejado limpio, y nosotros.
 Yo en aquel lugar, no era mas que una de tantas, una cualquiera a la vista de las mujerzuelas y los hombres, pero nadie  se osó meterse con nosotros, yo iba con  mi hombre, como pensarían todas y todos,.Ya habrá pagado, derecho tiene a poseerla, y andando nos encontramos  con un  calvero, sin luz casi a las afueras de la ciudad.
 No había peligro  de que nos sorprendieran, nadie se aventuraba a ir por allí, a no ser que fuese huyendo de la policía por algún delito cometido.
 Antolín juntó algunas hojas muertas y con ella  hizo una cama, y allí  en aquel montón de hojas secas, perdí mi virginidad. Porque  a pesar de los avatares de mi vida desgraciada, a pesar de la insistencias de don Guillermo, a pesar del hambre, y a pesar de que quise lanzarme al arroyo para que mis hermanos y mi madre  pudieran llevarse un trozo de pan a la boca, conservé la virginidad hasta esa tarde noche.
 Fui de Antolín y Antolin fue mío.  El también me  declaró ser virgen, y por su torpeza  en la practica  no dude que  era verdad. Fue maravilloso, y no lo hicimos por exigencia de la carne, aquello no fue como  el que practicaban unos metros mas allá, allí se  cometía un pecado, era vicio, exigencias de la carne. Lo nuestro fue amor, amor de verdad. Un amor  con el que nos  sentimos felices, un amor de pasión de dulzura, de terneza y de esperanza.
 Fue la primera vez, para los dos. Yo lo volvería a hacer, pero ya  no seria tan sublime como aquella tarde, ni tan apasionado ni tan dulce. Lo hice muchas veces, pero ninguna vez  me sentí mas amada, mas tierna ni mas  apasionada como  en aquel montón de hojas muertas .
 El pobre Antolín, estoy convencida que fue la primera vez y la última. Porque  quince días mas tarde  abandonaría este mundo cruel dejándome tan triste y desconsolada que no acertaba a concentrarme en  nada.
                       
                                        *    *    *
 El  recibió un arresto, por llegar  después del toque de silencio al cuartel,  de ahí  vino lo demás.
 Yo una gran bronca con amenazas de despido.  El capitán López estaba furioso, cuando  supo que  estuvimos  hasta mas de las doce por ahí solos. Y doña Eloisa  me dijo de todo menos bonita. Hasta en un arrebato de rabia me dujo que era una mujerzuela, sin recato ni pudor, como esas que andan a deshora de la noche buscando  el plan. Con mucho rodeo me llamó puta. ¿Cómo sabia ella que  por ahí había mujeres que buscaban  plan? presumiendo como lo hacia de no  salir de su casa después de la  primera sesión de cine o teatro, ¿ Se lo diría su marido, en fin aquello no me gustó, y chocamos las dos.
 Ella tuvo mas fuerza, yo débil criada le contestaba con rabia y hasta con ironía hasta que me puso de patitas en la calle, sin pagarme  lo ajustado, porque le rompí unas veces distraída y otras con rabia, varios platos de  su vajilla preferida.
 También la pobre Milagros sufrió, mi desmán, porque  le increpó tanto con mi conducta, que  la  hija de Luisa,  fue retirando poco a poco la amistad que las unía.
 Otra vez  Nieves a buscar casa, otra vez a deambular por Málaga y si, encontré, encontré en casa de un médico que se trasladaba a Sevilla, y la muchacha que tenia sirviendo no quiso irse tan lejos de sus padres, seguramente era una  niña mejor que yo, porque yo   nada quise saber ni de mi madre ni mis hermanos, me robaron el amor de mi vida  ya carecía de valor todo para mi.
  Me enteré por los periódicos de Sevilla, y por los soldados de aquella guarnición lo que le sucedió a mi Antolín de mi alma.
 Dejo por  ahora como me fue con don Daniel Zambrano, que así se llamaba mi nuevo amo, medico de cabecera , como se le llamaba entonces a los de medicina general y su esposa doña Inés Muñoz, para  contar lo que  me dijeron y luego posteriormente  me enteré por el Correo de Andalucía.
 También quiero  reflejar que las fotos de estudios, fui a por ellas, y el  fotógrafo, me quiso cobrar mas de lo  que  cobraba a otros, alegando que  hacia tiempo que tenia que haberlas retirado, que estuvieron mucho tiempo en el escaparate, por lo que  tenia que pagar algo mas por ser exhibida. Fue un verdadero granuja. No puedo decir que estuvieran mal hechas, porque si digo eso miento.
 Antolin con su uniforme planchado que le planché yo, su galón de soldado distinguido en el gorro, con  una mano en mi hombro  y la otra en la hebilla de su cinturón. Cerca una mesa estilo Luis XVI con una maceta de azucenas encima. Yo sentada en la silla del mismo estilo que la mesa, con mi uniforme de doncella, aunque la verdad los muebles no eran coherentes con un  simple soldado raso y una muchacha de servicio domestico, pero  en la foto  estábamos  muy  pero que muy requeteguapo como me dijo una amiga.
 Le pagué al  “artista” lo que me  pidió 3 pesetas, que saqué de una hucha de barro donde guardaba algunos ahorros. De nada me  sirvió el regateo.
_ O tres pesetas o no te llevas las fotos_ me dijo serio sin compasión  , aunque le supliqué que  no disponía de ese dinero, que  mi novio no estaba y ajustamos solo dos cincuenta,  no cedió a mis  ruegos Solo llevaba el dinero  estipulado y tuve que volver a casa a por los cincuenta céntimos.
 Tomé las dos fotos y las miré largo rato, luego me las guarde en el pecho, no se porque  me invadió una tristeza infinita. Mi Antolín  se hallaba arrestado, y había perdido su destino. Lo supe por otros compañeros y también por la muchacha que entro en mi puesto.
 La abordé, en el parque, iba sola y le dije que nada me importaba aquella casa , que le aprovechara.
 La pobre no tenia culpa de mi despido, ella nada sabia hasta que  se lo dije yo por lo que me habían echado a la calle.
 Le dije que lo que me interesaba era el asistente del capitán López, Antolín Guerrero. Me miró como sintiendo lástima , bajo los ojos al suelo y  con palabras muy suaves casi un susurro me  informó, que ya no era el tal Antolín asistente del capitán, que  ahora se llamaba Isidro. Que había  escuchado discutir a doña Eloisa y a su marido. Este le decía que aquello que habían hecho era un abuso de autoridad por su parte con el pobre soldado, que  por una falta   no debía de haberlo  echado, ya que siempre se portó bien.
Ella le decía, que por poco se empieza y se termina  por mucho, que a las criadas y asistentes nada de confianzas ni tolerancia, que estaba muy bien la decisión que ella había tomado.
_ No se puede ser tan blando Luís. Parece mentira que un capitán duro como tu y tan militar sientas pena por un pobre diablo con los que hay en el cuartel que puedes  traerte, ¿No dices que la disciplina militar es precisa en todo momento? Entonces porque ese pesar.
_ Si,_le respondía El_ pero todos cometemos faltas, y no nos dan ese castigo. Además Nieves, no es militar, ¿ Porque la has despedido?
_ Porque es una golfa, y no atendía a nada, cuando  arrestaste al novio, me rompió tres platos de la vajilla que me regalaron, de novios, la que mas estima le tenia yo, ¡con los  bordes que los tenían de oro..!.
 Mira Eloisa, la cosa está mala, no se que sucede en Melilla, creo que son pijadas del mando superior o de Franco, pero quieren reforzar aquella plaza, y le ha tocado a mi regimiento. No vamos todos, yo me libro de ir por mis años de servicios, pero  el capitán Sánchez, y los tenientes Gómez y Rodríguez, están en lista, además de sargentos  cabos primeros , cabos y soldados, todos los que no son voluntarios, ni elegidores de cuerpo, tienen que marchar, entre ellos Antolín. ¡Ah,! también el marido de Milagros, tu amiga.
_ ¿Mi amiga...! ya no lo es. Me he dado cuenta que  la mujer de un sargento, una pobre   modistilla, no pega con la señora de un capitán, así que me da igual.
 Todo esto me lo contó Mercedes, la nueva  criada de doña Eloisa, la pobre quiso  resarcirse con esto del daño que creía haberme hecho
 Lo sentí por Milagros y por Luisa su madre, quizás yo era la culpable de que  la alta señora, se divorciase de  su amiga Milagros, pero mentiría si no dijera que lo sentí mucho mas, por Antolín. El había sido el primero en mi vida, el me hizo sentir el placer, ser mujer y  el fue el padre de mi hija.
  Casi dejé a la pobre  Mercedes con la palabra en los labios, y corrí al cuartel. Como todos los soldados conocían a la Madelón, que era yo , el centinela creía que  iba a casa del capitán , llamó como es de ordenanza al cabo guardia, y este  me dijo que quería, y si iba a casa del capitán López.
 Le dije que si no sabia que ya no era su criada, por lo que  no me interesaba nada, que lo que me interesaba era saber  donde  se encontraba  Antolín Guerrero Báez, soldado de primera.
 Era soldado de primera, lo han arrestado y ha perdido el galón. Se encuentra en el calabozo, no es posible  tiene prohibidas las visitas, a no ser una cosa urgente con certificado médico  y de un familiar. Lo siento , no puede verlo.
 Cuando desconsolada salí por la puerta me llamó.
_ Venga, y no llore, la vida es dura y hay que afrontar las cosas como vengan. Esto no va a durar toda la vida, llegará el día de la licencia y luego, cuando seamos completamente libres, no solo lo podrá ver, sino si le apetece acostarse con el.
 No le di importancia a la grosería. Le dije que si para eso me había hecho volver  eras mejor , que se hubiese callado.
_No, la he llamado para decirle, que  mañana sale  mas de la mitad del regimiento para Melilla, y a el le ha tocado, le levantan el arresto, pero  como salen de madrugada, no podrá verlo. No creo que a las cinco de la mañana que embarcan vaya a venir a despedirse de el.
 Nada dije, ni adiós siquiera, salí  como alma que lleva el demonio, lloraba. Yo que pocas veces había llorado, ni siquiera  por la muerte de mi padre lloraba por  un muchacho que solo lo conocía  desde hacia unos siete meses. Antolín fue como una antorcha que  iluminó las tinieblas  en que me hallaba sumergida. El fue el hombre que de verdad me amó, sus caricias fueron bálsamos para mis  dolencias, pañuelo para mis lágrimas, ilusión para mi vida y agua que quitó mi sed, la sed de una muchacha  enamorada, enamorada de verdad, con un amor que me salía del alma, sin fingir en nada. El me ayudó en las duras tareas que doña Eloisa me ordenaba, y lo hacia  con verdadero placer, se le alegraba el  alma cundo  cantaba en la cocina, coplas de los tiempos, una de mis favoritas era “Tatuaje”, ¡ Cuantas veces la tatareamos juntos!. Se entristecía cuando me veía  preocupada, por mis hermanos o mi madre  .
 Cuando me licencie, te vienes conmigo a Extremadura, ya verás como mis padres y hermanas  se alegran cuando te  vean  bajas del tren en Almendralejo  apoyada en mi brazo. Cuantas veces me lo dijo. Y si no quieres  dejar tu tierra, yo me busco un trabajo aquí y  me quedo  , pero nunca te  dejare sola.
 Yo sabia que  no mentía, que  me lo decía con franqueza, y era feliz, muy feliz. A pesar del trabajo agotador, que me  exigía doña Eloisa, a pesar de  que  no asistíamos a ningún espectáculos, si, bueno algunas veces al cine mas cochambroso de Málaga, donde  asistían las viudas pobres en busca de plan y dinero, las prostitutas, los soldados y los homosexuales, entre criadas y  solterones buscando  sexo, mas que ver la película , que mas de la mitad no se enteraban  del argumento.
 Pero no era muchas veces, alguna de vez en cuando. Lo que mas nos  divertía era el parque, sentarnos en un banco, escuchar el murmullo de una fuente, el trino de los pajarillo y el parloteo de los niños. El cortaba una flor de cualquier planta y me la  prendía en el pecho, y yo le sonreía , entonces me besaba y así hasta la tarde de la fotografía y mi desfloramiento en el lecho de hojas secas.
 Y ahora el destino, nos separaría para siempre. Si no lo hubiesen arrestado ni a mi  me hubiesen despedido,  solo  hubiésemos  tenido unos días mas de felicidad, porque estaba  predestinado que se lo llevaran a Melilla. No era elegidos de cuerpo, ni voluntario ni  nadie  que se preocupara de  que no lo llevasen al protectorado, como otros muchos  como el.
 Tenia la esperanza de  cuando regresara de Melilla, pedir permiso a  la nueva señora para  desplazarme de Sevilla a Málaga, si es que no me olvidaba, o le hacían que me olvidase y  marchara sin decir nada a su pueblo. Mejor esto que lo que le  deparó la suerte.
 Aunque me hubiese abandonado, aunque  nunca mas se  hubiese acordado de mi, yo no lo podía olvidar. Sabia  del pueblo que era y Nieves la hija de la Caracola tenia redaños para  viajar a su pueblo y entregarme en sus brazos aun  que tuviese otra novia, otra aman te o su legitima mujer. Asi de enamorada estaba yo de Antolín.

                                                   *    *    *

 Con mis nuevos amos, viajé a Sevilla, Era don Daniel Zambrano muy buena persona, médico no se si bueno o malo, porque nunca tuve  necesidad de sus servicios, aunque se oía que  aunque no  era especialista  si un buen médico.  Doña Inés Muñoz, era una malva. Tuve suerte,. Mi trabajo era  el  de tener la casa el piso de la calle  Queipo de  Llano, limpio y ordenado. La comida la hacia ella misma, A veces contrataba a una cocinera cuando se veía agobiada, pero a mi nunca me encargó   que cocinara ni un huevo frito. La loza la fregábamos a medias, y a media tarde cuando  ya habíamos terminado, me  podía marchar donde quisiera. Me dijo que podía aprender algún oficio, por la tarde, tal como  coser, bordar.
 O aprender bien a leer y escribir.  Sabia  algo, muy poco, porque apenas asistí a la escuela,  pero leía con dificultad los periódicos y revistas que  estaban en la sala de la consulta, y así fui perfeccionándome en la lectura
 Le dije que me gustaría  aprender a bordar, pero que  costaría dinero y yo no lo poesía porque  del sueldo  mensual   tenia que  mandarle mas de la mitad a mi madre, para que mis hermanos pequeños no pasaran hambre en  demasía.
 Doña Inés Muñoz, lo comprendía, pero ella  tenia un hijo estudiando medicina, el único que tenían y estaba en Madrid, siendo muy elevado los gastos de estudios, pensión libros y gastos de el por lo que no podía subirme mas de 30 duros, como ajustamos, pero que se interesaría  para que en algún taller de bordado  acudiera por las tardes  para aprender el bonito “arte” , del que en Sevilla existían muchos.  Me dijo que no me preocupara por el dinero, que ella lo arreglaría para que no me costase nada. Además las aprendizas no pagan aunque tampoco cobran hasta que no  saben hacerlo muy bien.
  Pero la verdad sea dicha, yo no mostraba mucho interés por  nada.  El recuerdo de mi Antolin  me absorbía  toda las ideas. Solo pensaba en el, mas que en mi madre y mis hermanos. Parece mentira que el amor tenga tanta fuerza, que  logre olvidar de  los seres que te han dado la vida, de los niños con los que te has criado, con tus hermanos mayores y con todo.
 Apenas recordaba a m i hermano  legionario, al que purgaba pena en la cárcel, si algo de los  pequeños y también de mi madre, pero mi cabeza se ocupaba en  pensar  que estaría haciendo Antolín en Melilla. No conocía la ciudad   africana, pero  escuchaba en Málaga que   en ella Vivian moras muy guapas, que se enamoraban de los soldados y con ellos se casaban.
 Luego deshacía  este pensamiento para  recordar, los ratos felices con Antolín, y me decía que era una tonta, que él nunca se iría con ninguna mujer, nada mas que conmigo.
  La señora, me dijo una tarde, que  tenia pensado con lo del bordado, Le conteste  amablemente, que no  , que  me perdonara y no se enojara conmigo, pero no me apetecía  nada mas que pasear y expansionarme  después del trabajo.
_ Bueno, tu eres dueña de tu vida. Haz lo que quieras; yo lo digo por tu bien. Si te portas bien y las cosas nos van como hasta ahora  puedes  quedarle con nosotros hasta que te cases, porque me figuro que ya tendrás novio ¿no?.
_Si, señora. Le dije  con la voz  triste, apenada. Ella que era lista, me notó mi congoja aunque traté de disimular todo lo que pude mi amargura. Me miró a los ojos, para  inquirir.
 _ Me parece que algo  no va bien en tu vida. Puedes confiar en mi y si quieres   abrirme el corazón estoy dispuesta a ayudarte en lo que pueda. Anda alegra esa cara, hoy vamos a salir juntas. No tengo todavía muchas amigas en Sevilla, y aunque las tuviera. tu eres mas que una criada, una amiga. Mira hija, yo vengo de una familia pobre, mi padre fue un simple  maestro de escuela, mi madre  comadrona, de pueblo vivíamos  con estrecheces porque éramos nueve hermanos, yo soy la tercera, y  ya comprenderás que   en los tiempos que corren  aunque  tuvieran dos pagas, no era para tirar cohetes. Daniel se enamoró de mi, siendo estudiante.
 Vivíamos en un pueblo de Jaén, yo  asistía a las escuelas privadas de monjas, porque aunque mi padre era maestro no estaba permitido asistir niñas a las clases de los niños y mi padre  como era costumbre los alumnos de su escuela eran niños.
 Mi marido llegó al pueblo de vacaciones . Allí vivía una tía y pasaba algunas temporadas en su casa. Se fijó en mi y nos enamoramos. En el pueblo no  había de nada, ni parques , ni cine, solo un baile en una barraca que un aficionado tocaba , algunos pasodobles y tangos muy mal con una vieja acordeón.
 Yo según decían era muy guapa y simpática pero  no tenia ni oficio ni beneficio. Las monjas me enseñaron a leer y escribir, las cuatro reglas y bordar y mucha letanía, pero eso en un pueblo  pequeño no servia para nada. En el lugar las mujeres trabajaban en el campo, recolectando aceitunas, podando y desmamonando olivos, pero mis manos no estaban acostumbradas, Aparte de que nunca  pedí trabajo  no me lo hubiesen dado caso de solicitarlo. Era la hija de un maestro y la partera, y estaba mal visto que una señorita  que asistía a la escuela de monjas fuese al campo. Eso era para las pobres hijas y mujeres de campesinos,. Creían que  por ser  hija de  quien era estaba rica, cuando escaseábamos a  veces los alimentos mas que  ellas.
 Te extrañaras que un pueblo tan mísero y pequeño tuviera una escuela de monjas, pero así era.  Eran las monjas de la orden de las Adoratrices, y el convento llevaba muchísimos años en el pueblo, siglos, quizás que cuando las primeras monjas se instalaron el pueblo fuese  grande, no lo se.
 Bueno, se nos ha  hecho tarde y ya no tengo ganas de salir. Tu vete si quieres, regresas cuando  quieras, pero hija no lo hagas muy tarde y ten cuidado Sevilla no es un pueblo. ¡ Ah! ya se que tu eres de Málaga una ciudad  también grande, bueno tu sabrás. Toma una lleve del piso, esta mientras estés con n nosotros,  la tienes contigo, pero no la pierdas.
 La franqueza de doña Inés me enterneció, me conmovió aquella mujer, que siendo mil veces mas guapa  y señora que doña Eloisa y la maestra de escuela, se mostrara tan natural y  con tanta sencillez con una  pobre criada como yo. No quise dejar su grata compañía y marcharme a pasear por el parque de Maria Luisa, lugar de encuentro de soldados y niñeras.
 Si usted me lo permite, me quedo con usted dándole compañía. Ya es tarde y tampoco a mi me apetece salir.
 _  Claro hija, claro. Como no te lo voy a permitir, Así nos contamos nuestras penas. Porque  yo las tuve y muy grande, Mi suegra me detestaba. Para ella no era  nada. Su hijo seria dentro de poco médico, y quería para el una  con dinero, o al menos con fuerte carrera.  Yo nada era, solo una niña cursi  muy guapa de un pueblo, pero que al fin y al cabo una pueblerina sin educación ni formación, aunque  fuese hija de un pobre maestro y una  partera de pueblo-
 Se quedo callada un momento. Luego  levantándose de la silla, me  propuso  hacer café para las dos, café y pastas, unos dulces que había yo comprado por encargo suyo en una pastelería de la calle.
 Me ayudó como siempre a preparar el café. Su marido  estaba  con unos colegas en una  reunión  en  el Casino  Universal. La  buena de doña Inés , muchas tardes solo  tenia la  compañía  de una  vecina mujer de un  abogado que vivía en  el piso colindante y yo. Don Daniel  permanecía muchas tardes fuera, quería  darse a conocer en Sevilla,   hacer amigos, colegas y  gente de carreras,. Gente importante, que le recomendara pacientes,   notables. No estaban muy sobrados de dinero, me lo confesó doña Inés.
 Entre sorbo y sorbo de una taza de café algo cargado con unas galletas de coco me decía, que  a su amor lo apartaron de ella. Cuando terminó las vacaciones _ me decía_, , no quisieron que volviera mas a casa de su tía para no encontrarse conmigo. Se enteró mi madre que era una mujer de carácter fuerte como buena  andaluza y comadrona y sin encomendase ni a Dios ni al diablo se plantó en la casa de la tía de Daniel, Formó la del  dos de mayo. Creo que le dijo que ella y su hija por mi, valían mas que toda su familia entera, mas que la zorra de  tu hermana. La tía al sentirse ofendida, agarró a mi madre por los pelos y se libro una lucha entre las dos que si no es por una vecina que avisa a la guardia civil hubiese  tenido graves consecuencias, bueno ya los tuvo, pero podían haber sido mas gorda. La Benemérita cursó la denuncia y  se libró el juicio; perdió mi madre porque  la agresión fue en casa  que no era suya, penetró en ella sin permiso y  le causó lesiones a la tía de Daniel.
 Hizo una pequeña pausa y suspiró hondo.
Continuó  con su  historia. Yo la escuchaba atenta pero a veces me distraía perdiendo el hilo del relato porque pensaba en mi Antolín.  ¿Te enteras Nieves como se pusieron?
_ Si, doña Inés, perdone usted pero estoy pensando en mi Antolín. Se lo han llevado a Melilla, como ha muchos ¿cree usted que allí hay guerra?
 Le corte su relato, y era tan noble que no se sintió ofendida. ¡ Ay...! Si hubiera sido doña Eloisa o Anita... me hubieran  echado a la calle. Bueno no, porque esas nunca se hubiesen abierto a una pobre criada.
 Viendo mi preocupación trató de animarme con calurosas palabras.
 Mira hija_ la palabra hija siempre la tenia a flor de labios, seguramente por  no haber parido ninguna niña y  se hacia la ilusión con las criadas de que  ella suplantaban la falta de una hija a quien confiar sus secretos. Creo  sin temor a equivocarme que a la  que se quedó en Málaga con sus padres, la sintió  como si hubiese perdido a  su propia hija, y hallo  consuelo en mi persona. Yo no me tengo por mala, pero la vida me ha hecho  ser desconfiada. A veces pensaba que todo aquello solo eran cuentos que se inventaba para  que yo no me fuera de su casa, ya que otra  le costaría mas dinero que yo. Pero fui  desleal al pensar esto, porque doña Inés es la única  ama  que he tenido buena.
_ No hija, no pases pena, por lo de ahora gozamos de mucha paz en España.
 Imprudentemente le volví a cortar. Si doña Inés pero  Melilla no es España, y siempre he oído que los moros no nos quieren ¿ Verdad doña Inés?
 Mira niña. Ahora  cambió la  dulce palabra de hija por niña.  Creo según he oído y leído en algún libro de historia que  El Rif, que es esa parte de Marruecos donde van nuestros soldados y viven muchos españoles, que en el reparto que hicieron allá en no se que  conferencia o algo así de Algeciras  allá por el año 1912 , entre Francia y nosotros o sea España,  nos tocó  eso que le llaman el protectorado, que será por protección o yo que se, donde  entraban las ciudades de Tetuán, Larache Alcazaquivir , Nador y no se que mas, pero que Ceuta y Melilla ya eran desde no se cuantos siglos atrás territorio de España, por lo tanto Melilla es España aunque esté en territorio de Marruecos.
 Muy bien la explicación de mi ama, pero no me aclaro lo que a mi me in- teresaba. A mi lo que me preocupa era si  existía guerra en Melilla, y podia morir en ella mi Antolin. Ella se percató de  ello y  acogiéndome las manos  trató de consolarme , con palabras  donde ponía un acento de duda, pero  al mismo tiempo de esperanza.
 Guerra hija, no es que haya, aunque no se si habrá terminado de todo la  que hemos pasado que ha  vestido de negro a casi todas las mujeres, porque sin estar en Melilla, ni en Ceuta ni en Tetuán ni en aquellos territorios, no hay mas que coger el periódico y  leer las páginas nacionales, siempre viene algún enfrentamiento con  maquis en todas las sierras de nuestra patria, donde mueren hombres, una veces los maquis que también son personas humanas, otras soldados que se han llevado a la fuerza y otras veces guardias civiles. Así hija no te preocupes, que si está de morir lo mismo   da que se encuentre allí como aquí.
 Pero doña Inés  es que no me ha escrito ninguna carta y ya lleva  mas de un mes  allí. Mire esta foto que nos hicimos en Málaga, tengo que mandársela porque  quiere  que la vea sus padres y hermanas que viven en un pueblo de Extremadura que se llama Aceuchal, y estoy muy preocupada.Pienso que si n o me  ha escrito es porque le ha pasado algo-
 _¿ Y conoce las señas de esta c asa?
 _ Si, doña Inés porque  yo le escribo a mi madre, como usted sabe recibo carta  de ella y me dice que no ha escrito Antolín. Además mi madre sigue trabajando en el cuartel, conoce a compañeros que no han ido a Melilla, amigos que le prometió escribirle, m i madre se ha puesto en contacto con ellos y tampoco  han recibido carta. Según me dice ha hablado con  el capitán, y este amablemente le ha dicho que no se preocupe que si algo le pasa lo comunicarían al regimiento, porque aun sigue perteneciendo a el. La verdad doña Inés que me encuentro  muy apenada sin saber nada de m i Antolín. Mire usted mire la foto ¿ A que es guapo?
 Miró la foto y sonreía  complacida al vernos tan juntitos.
_ Si que estáis bien. Y a ti lo bien que te sienta el uniforme. Ya te compraré uno.
 Es igual doña Inés, yo estoy bien así.
 Con esta tertulia pasamos aquella tarde. Se hizo de noche y  don Daniel llegó sonriente. Seguramente encontraría  a personas de su agrado y que le proporcionarían clientela rica. Dijo que  estaba muy cansado que se retiraba a su habitación a descansar, que le llevara la cena cuando estuviera lista.
 Doña Inés y yo nos colocamos el delantal e hicimos la cena para los tres. Un filete de cerdo para cada uno, y un huevo frito de postre  un pastel para cada uno que por  encargo de ella compre en  una pastelería cercana.
 Me dijo que ella cenaría con su esposo en la habitación, encargándose  por si de llevar la comida, que si yo quería  podia  dar un paseo pues solo eran las nueve y hasta las once  había  gente por el parque y las calles de Sevilla. Pero n o quise ;cene en la cocina, pedí permiso para retirar de la habitación
La bandeja y los platos con los restos de comida. Me dijo que ella misma lo haría que  si iba a salir, le con testé que no, que me iba a la cama. Y aquella noche dormí bien, pero soñé que mi Antolín  estaba herido en el hospital de una bala mora en la pierna, y que enfermeras muy guapas lo curaban, una se había enamorado de el y el de ella,  de ahí  que no recibiera correo. Desperté  de mal humor.
¡ Ojala! hubiera sido el sueño realidad, la realidad fue otra mas dolorosa.

 

VI

 

  

 Temprano, ya estaba levantada. Después del sueño con mi novio, no pude conciliar otro; así que me vestí y me puse a fregar los platos de la noche anterior. Serian las siete de la mañana. El  bullicio de la ciudad iba en aumento. Los coches empezaron  a circular, también los tranvías. Nosotros vivíamos en una calle cerca de la Avenida de Isabel II, no muy lejos del parque de Maria Luisa y del río.
  Doña Inés y su marido, estaban dormidos. No quise hacer mucho ruido, pero sentí un poco de calor y abrí la ventana de la cocina. Aunque daba a un deslanado  entraba las voces y ruidos  que  una ciudad bullanguera como Sevilla  tiene al despertarse.  Las vendedoras de churros, los lecheros, la del pan y los  golfillos  vendedores de periódicos vociferaban ofreciendo sus artículos.
 Me dio un vuelco el corazón cuando  entró por la ventana la voz potente de un muchacho que decía.
“ El Correo de Andalucía, con los últimos sucesos de Melilla. Ha salido el correo de Andalucía”
¡ Hay Dios mío!. Exclamé . Y tirando el delantal abrí la puerta, corrí las escaleras a bajo saltando los peldaños de dos en dos. Abrí el portal y una  corriente de aire fresco que venia del  Guadalquivir, me refrescó la cara, sintiéndome mucho mejor. El muchacho  se alejaba calle abajo, corrí llamándolo. Oiga chico, el de los periódicos, espera que te voy a comprar uno. Fue el primer periódico que compre en mi vida. Me notó el chico la cara arrebolada  por la carrera y la  preocupación .
 -Le pasa algo señorita.
No,  ¿qué dice el periódico?
_ Bueno, lo de siempre. Yo sabe usted no lo leo. Solo  me dicen que diga  lo que digo; pero algo gordo  traerá por dentro.
 No estaba por dentro estaba en primera página.
  Sucesos en Melilla. Una patrulla de soldados mandados por un cabo que  montaban servicio en un puesto avanzado cerca del Gurugú han sido atacados por los rifeños. Hay muertos y heridos. Mas información en páginas interiores.
  Abrí precipitada el diario por cualquier sitio- Apareció la sección taurina.El nerviosismo aumentaba.  Las piernas me temblaban, el corazón latía  anormal. No encontraba  la página de los sucesos de Melilla. Por un momento pensé que a lo mejor era un bulo, los periódicos  dicen que mienten mucho. El periódico  no es que tuviera muchas páginas  es que con mi nerviosismo no la encontraba. Se me cayó al suelo, una mujer que pasaba  notó  mi excesivo nerviosismo. “ Que le ocurre señorita” me dijo mientras  ya con el periódico en las manos hojeaba, Y... Llegué a la plana fatídica.
 En ella estaba  mi Antolín. Fotografiado. Era la foto de su carné de soldado, mirando de frente, descubierto con su pelo negro, sus ojos profundos y negros, su boca sensual y  su nariz recta.  Del uniforme solo se veían  de medio pecho arriba, dos botones dorados, las hombreras dobles y el cuello con tirilla blanca, rombos porta emblemas  y la insignia de infantería. Debajo decía.  Soldado Antolin Guerrero Báez uno de los valientes muerto en la escaramuza de Melilla al reprimir un ataque de los rifeños
  De esto me di cuenta cuando doña Inés me llevó el periódico a la sala del hospital provincial. Porque yo solo leí hasta muerto,. Solo recuerdo que dijeron se ha desmayado, y mucho después en la sala del hospital vendada la cabeza. Caí redonda al leer la nefasta noticia y  me golpee la cabeza contra el bordillo de la acera. Unos hombres  pararon a un automóvil que pasaba y me montaron en el, . Había perdido el conocimiento en la caída, todo fue   muy rápido.
 Desperté, preguntando  donde estaba; una monja   a mi cabecera me  dijo.
_ Estás hija en el hospital provincial de Sevilla. Has sufrido un desmayo y al caerte te has golpeado la cabeza con el bordillo de la acera. Ya hemos localizado a tu protectora, o señorita y no tardará en venir a verte.
 Eres muy joven.  ¿ Fue la noticia del periódico la que te hizo perder el conocimiento? No te apures hija, la herida  no es muy profunda aunque si  extensa. Te han dado diez puntos de sutura, y  aparte el corazón  latía  mucho, con fuerza según los doctores es arritmia emocional. Dentro de unos días te darán el alta. Mientras reza por ti y por ese muchacho que como un valiente ha muerto en Melilla ¿ Era tu novio Verdad?
 Asentí con la cabeza. No tenia ganas de hablar solo de llorar, y  aunque me resistía  no pude mas y prorrumpí en un llanto amargo.
 Sor Asunción, quería consolarme, como lo hacen ellas, con palabras dulces, me tomó las manos y decía. No llores hija, tu novio esta en el cielo, porque los valientes que mueren por la patria  Dios no los olvida.
 Yo nunca he sido de curas ni monjas, pero  las palabras de sor Asunción me  consolaron en parte,
 Me seque los ojos con el embozo de las impolutas y blancas sabanas y  con voz entrecortada le  agradecí el consuelo a la vez le preguntaba Hermana ¿ como sabe usted que  es mi  novio?.., mi Antolín de mi alma el único hombre de mi vida me lo han matado, y todo por culpa de esa  puta de doña Anita
 ¡ Jesús Maria y José! Exclamó santiguándose ¿ Cuantos años tienes?  Quince hermana. Y ya tan enamorada. Mira hija nadie tiene la culpa de  nada. Tu novio ha muerto, porque  ha sido la voluntad de Dios, el tendrá sus razones. Pero reza o llora si eso te  alivia, pero  no blasfemes ni injuries a nadie, eso  aquí está prohibido, además Dios no te puede perdonar esas ofensas..
 Me puso  un crucifijo grande que llevaba colgado  a la cintura con un cordón marrón en los labios.  ¡Bésalo! Lo hice sin excitar. Ya el te ha perdonado, no vuelvas a pecar.
 Ahora te traigo una taza de caldo, has perdido sangre y estas débil. No tardara el médico en venir a  verte, mientras reza o duerme. Y se marchó de aquella sala donde   nos curábamos  o moriríamos  quince o veinte enfermas pobres.
 Antes que el medico llegó doña Inés y su marido. Me abrazó  llorando. Hija, por Dios que susto, creí que  te  había atropellado un coche. ¿ Como no me avisares que ibas a salir?
 Perdóneme doña Inés es que  ya tenia en mi  alma un presentimiento , y al oí al muchacho se  acentuó mas, no me ha engañado el corazón.  Mi pobre Antolin  muerto. ¡ Que pena mas grande doña Inés! Y pobre madre, y hermanas cuando se enteren.
 _ No llores mas.  Ahora descansa.
 Quiero el periódico doña Inés, lo quiero  para guardarlo  para siempre. Le haré un cuadro y lo pondré en el  cabecero de mi cama.
 La pobre doña Inés lloraba a la par mía. “ Por eso no tienes que preocuparte- Yo tengo el nuestro  nuevo, y si quieres mas voy a la redacción y compro todos los que quieras, siempre sobran muchos y se los devuelven.
 Muchas gracias doña Inés,  son ustedes muy buenos. Don Daniel  permanecía serio, no había abierto la boca. Esperó al colega, se identificó y salieron al pasillo. No se lo que hablarían,  los dos médicos, se  que fue sobre mi.  Algo escuche en la puerta cuando  regresaban a la habitación. La herida de la cabeza, es lo de menos. Decía el médico del hospital. No escuché mas. No debió de ser muy grave, porque  a los dos días después de lo narrado m e dieron el alta. Nada le comuniqué a mi madre. Para que, si nada me  podía solucionar. Lloré,  mucho, besaba la foto   que nos hicimos de estudio, y la regué  muchas veces con mi llanto. Era una niña enamorada hasta tal punto, que le pedí permiso a doña Inés para teñirme toda la ropa exterior de negro, q  llevaría riguroso luto por mi amor malogrado.
  Doña Inés. Me  lo quería quitar de la cabeza. por DIOS NIÑA, COMO PIENSAS ESO. Solo ha sido un amor pasajero. Tu eres muy joven casi una niña, debes divertirte y no  encerrarte en  luto de viuda. Otro chico  te cortejara,. Aquí en Sevilla los hay muy buenos. Mira sales al parque y los hay que beben los vientos por una chica, .Tu eres guapa y no ha de faltarte un hombre joven y guapo y con porvenir.
 Llevaba mas razón que un santo, pero a mi se me vino el mundo encima. Ya  había sido de otro hombre de mi Antolín, al que nunca olvidé. El fue el que me hizo mujer; no podía ser de otro hombre. No debía.
 Luego el tiempo  y las circunstancias se encargaron de que desistiera de mi cabezonada.
 Don Daniel me reconoció varias veces. Dijo que la herida estaba  curada, que no tenia importancia. También me hizo un reconocimiento total. “ Tu Nieves no tienes nada malo en el cuerpo.¿ Pero...No te sientes rara, no tienes nauseas,? Dime ¿ Que tiempo hace que no te baja la regla? Me quedé de piedra.  No quise decir nada, esperando que fuese un retraso pasajero, ya hacia mas de un mes, cerca de mes y medio  cuando en el parque, fui de Antolín en un montón de hojas secas, y  desde el mes anterior no  me había bajado la regla.  Le dije a don Daniel resuelta, sin miedo  pues casi lo deseaba. ¿ Cree usted  que estoy encinta?. Me miró  y se sonrió. Fue una mirada de  ternura, de conmiseración  para aclararme.
 “No lo se de cierto, pero me temo que si. No quiero que  sufras. Tanto Inés como yo te hemos tomado simpatía. Si lo estas que lo mas cierto sea que si.  No te vamos a echar, seguirás hasta que puedas trabajar. Luego ya veremos lo que hacemos.
 No me canso de repetir que fue la casa mejor que tuve,  y vendrán mas. Tanto el como ella, no se merecieron que los abandonara, pero...debia de cumplir la voluntad de un muerto.
 Me vestí de luto. Enmarqué el recorte de periódico donde  estaba la foto de mi novio muerto y lo colgué en el cabecero de la cama.
 Recibí carta de mi madre, comunicándome que la habían despedido del cuartel. No me dijo porqué, pero me enteré que  fue por manos largas y poner algo en el sitio que no le correspondía. Algo que hurtó  pero que ella le quitaba importancia. Luego  con el tiempo supe que cuando los soldados estaban en instrucción, penetraba en los dormitorios que estaban solos y registraba las taquillas llevándose lo de valor, sobretodo dinero y  relojes. No la quisieron meter en la cárcel, y la pobre de Milagros la  hija de Luisa sufrió otro bochorno, ya que por mediación de ella  que habló con el capitán  fue admitida a barrer y fregar las dependencias oficiales,  ganando un sueldo no muy alto, pero le daban comida en abundancia, que en aquellos años de hambre se agradecía mas que  cualquier regalo.
 Otra vez mis hermanos pequeños  a carecer de un trozo de pan y comida. Los pocos ahorros que poseía en una hucha de lata, se los envié por correos, quedándome sin blanca.
 Se lo dije a doña Inés, omitiendo el robo y mintiendo que  como era mayor no podía rendir lo que  los oficiales querían, y la despidieron para  meter a otra mas joven Le dije que si me podía adelantarme dos meses. Uno para mandárselo y el otro  por si  era verdad que estaba embarazada ir comprando ropitas para el bebé.
 Como  los pacientes, eran ya muchos, pues  curó a  varias personas con su ciencia, y  la clientela no le faltaba. Compraron el piso que era alquilado, y en los bajos puso el consultorio. Le  mandaba mas dinero a su hijo que como sabemos estudiaba en Madrid, y me adelantó no solo dos meses sino cuatro.
  Mi pena aunque  seguía, estaba mas debilitada. Salía  de paseo, y algunas veces, con otras muchachas de servir iba al cine. El luto  lo llevaba pero mas liviano, ni velo ni  mantón solo la falda y la rebeca negra, que poco a poco fui  desechando.
 La foto que tenia Antolin dedicada a mandársela a sus padres  como sabemos la tenia yo, y  quise  mandársela. Ese  era su  ilusión y yo tenia el deber de complacerlo. Eso fue lo  convenido,  un retrato de estudio para nosotros, el otro para que me conocieran sus padres y hermanas. Tenia una gran ilusión de que su familia me conociera aunque fuese en fotografía.
 Así que compre un sobre apropiado con ribetes negro, escribí  unas líneas dándole el pésame, y comunicándole que había sido para mi una gran pena su muerte. Ya me confirmó don Daniel  el embarazo, pues me hizo las pruebas correspondientes. Y también se lo  hice saber a sus padres en el papel.  Estoy embarazada de su hijo, le puse así que  dentro de unos meses serán abuelos.
 Lleve el sobre cerrado a correos. Pero no sabia las señas. Si, el nombre de su madre, que me dijo que  se llamaba Maria, y como era Báez de segundo apellido, puse la dirección  a nombre de Maria Báez, sin calle ni número, En una ocasión me  hizo  saber que Aceuchal no era muy grande que se conocían todos, así que para mas seguridad puse La madre del soldado muerto en Melilla, sin mas. El remite el de la casa de don Daniel.
 Al cabo de un mes recibí contestación Me escribía la hermana, se comprende que ni el padre ni la madres sabían hacerlo me decía

 Señorita Maria de las Nieves: Hemos recibido la foto donde esta usted  con mi hermano Q.E.D. La verdad no nos ha servido de alegría, sino de pena mucha pena. Podía usted habérselo guardado ya que tanto lo quería- Mi madre esta m ala desde que supo la noticia y esa carta ha servido para empeorarla. Olvídese de nosotros.  La foto la guardamos, usted permanecerá en ella, pero como una simple aventura de mi hermano, como un pasatiempo de soldados y criadas, que es lo que  veo que es.. Dice que va a ser madre y que  el hijo que espera es de mi hermano. Será o no, porque una  muchacha tan joven que se entrega a un soldado  de reemplazo es de dudar. Puede que sea verdad, o no, de toda forma si cuando nazca el niño tengo  ocasión iré a conocerlo. No podemos ayudarla con nada, somos pobres y mas aun con  la perdida de mi hermano.
 Le ruego que no nos moleste mas. Bastante pena tenemos ya.
 Le deseo que tenga suerte, y encuentre pronto otro  soldado  que le haga otro niño Adiós.
 A punto estuve de romper la carta en mil pedazos y tirarla a la papelera, pero me la guarde algún día quizás la pueda  mostrar  y resarcirme de los insultos.
  No me quitó la pena  por Antolin, pero me  fortaleció para demostrar algún día que el hijo que esperaba era de el.
 Mi madre encontró colocación en una tasca de dudosa conducta, pero ya no me pedía mas dinero. Supe que mi hermano el contrabandista había  salido de la cárcel, y otra vez  estaba metido en el contrabando, pero que mi madre no veía ni un duro. Lo mismo que el legionario que marchó al Sahara, y ganaba mas, además ascendió a cabo, pero ni uno ni otro se acordaba de nosotros. Yo para mi nada quería de ellos, pero me causaba rabia y pena que no se acordara de  su madre ni  sus hermanos pequeños.
 Como  es de suponer seguí  en la casa del médico. Doña Inés me sonreía  y hasta me mimaba tocándome la barriga. 
¡Hay! Suspiraba. Que cosa mas sublime es la maternidad y que haya madres  que  los abandonen o lo lleven a la inclusa. Es verdad que no esta bien que una madre  se desentienda de su hijo recién nacido, pero nadie sabe las causas. Yo jamás lo haría  siendo de mi Antolin, Pero doña Inés siendo muy buena, desconocía  ciertas circunstancias de la vida.  Desprecio de la sociedad por se madre soltera, amigas y familiares que te volvieron la espalda para siempre y la falta de recursos para  criarlos. Estas cosas las ignoraba.   Educada  con  las monjas, todo era color de rosa, y eso que sufrió el desprecio de su suegra, pero fue cosa pasajera
 Don Daniel me reconocía sin cobrarme nada y me alegraba  al saber por su boca que todo iba normal.
 Cuando llegue la hora, me decía, te llevaremos a maternidad, allí estarás mejor asistida que en casa. Yo aunque soy medico, no tengo mucha experiencia en partos
 Ella me compraba pañales, patines y  otras ropitas necesarias para el niño. Me ayudaba en  muchas cosas, y cuando  estuve muy avanzada que  no podía agacharme buscó a una señora mayor para  ayudarme  en todo, sin que ella se estuviese cruzada de brazos..
 Era muy feliz, a pesar de mi desgracia. Mi madre apenas me escribía. La distancia  y la desidia, iba desmoronando el poco cariño que  nos quedaba.
 Murió un día de viento y frió, recibí un telegrama de una vecina, que se  hizo cargo de los niños.
 Don Daniel me dijo que  era una temeridad ponerme en camino  como ya estaba. Pero  yo le dije que al entierro de mi madre y darle el ultimo adiós no podía faltar.
 Como el tren  de Málaga ya había salido, porque la hora  que recibí la noticia  fue después de la salida del tren. , me buscaron un taxi. “Ya te lo iremos desquitando del sueldo”  dijo don Daniel, pero nada me quitaron. Claro que tampoco tuvieron tiempo me despedí injustamente antes.
 Llegue  cuando  ya estaba en el ataúd, lo habían cerrado ya y no  quisieron abrirlo para verla. Allí estaban mis  hermanos. Desde la muerte de mi padre no nos veíamos. El cabo legionario, que era el mayor vestido de uniforme. La Vicenta, deshora de la familia, ya se le notaba las huellas del oficio que ejercía. El contrabandista , la criada embarazada, o sea yo y los tres pequeños. Apenas lloramos. El entierro fue de lo mas triste que se pueda imaginar, sin coche a mano en  un  ataúd muy barato que lo pagó el legionario. Los demás gastos lo pagaron entre la  Vicenta y el contrabandista. A mi nada me exigieron. Los pequeños lloraban. Llovía, y  nos mojamos camino del cementerio. La enterraron en una fosa en  el suelo pelado, la tierra  fue su ultima morada. Y  allí quedo el cuerpo de  Carlota la Caracola. La tierra  la convertiría en tierra y seria su eterno descanso por los siglos de los siglos.
 De los tres niños se hizo cargo  el ayuntamiento. Los envió a un  reformatorio, los pobres otra vez volvieron  al sitio donde mi madre los sacó, Los demás cada uno marchó a su destino. El legionario me lo econ- traria m as tarde en Melilla. Vicenta murió  de una enfermedad venérea. No asistí a su entierro. Las  compañeras de oficio se encargaron de la obra de misericordia. El contrabandista  como era de esperar fue carne de presidio. Y  de los tres pequeños, nunca mas supe de ellos. Yo volví a casa de don Daniel y doña Inés  pero por poco tiempo.

VII

 

  No cambio nada cuando regresé de nuevo a  la casa del benévolo matrimonio. Agustina,  se quedaría hasta que yo diera a luz y me recuperara del parto. El niño  seria  de las dos, es decir de doña Inés y mío. Eso decía ella que la pobre señora  mostraba mas ilusión de que  viniera la criatura al mundo que yo que  iba a ser su verdadera madre.¡Como cambiaron las cosas!
Como no tuvo nada mas que un hijo y ya era un hombre, al que veíamos poco, seguramente alguna madrileña le absorbió los sesos y  cuando disponía de  algunos días de ocio en lugar de  viajar a Sevilla, para  abrazar a la autora de su vida, se quedaba con la  señorita  de la capital de España. Eso suponíamos todos, porque el no decía ni palabra. Dos veces lo vi durante los casi nueve  meses que  estuve sirviendo en casa de sus padres.- Era alto y guapo, mal estudiante y  engreído. Para el yo era la criada  que no había porque  darle confianza, Es mas no debía de  estar en su casa  con la barriga.
 Cuando  me presento mi madre solo dijo. “ Hola, espero que no le des disgusto a mamá , y cumplas bien tu cometido”con palabras frías, sin entusiasmo,
 Ni me tendió la mana, ni me ofreció asiento (estábamos en el recibidor)  y
Se marcho a su habitación con  un buenas noches. Cuatro días estuvo en su casa, y de los cuatro solo me dirigía la palabra para  mandarme. Nieves hágame la cama. Nieves colócame la ropa en el ropero. Nieves para acá , Nieves para allá, su  lema era que yo no podía estar parada.no tuvo compasión ninguna de mi.
 Doña Inés sufría con esta actitud tan desconsiderada de su hijo hacia la muchacha embarazada, que ya apenas podía  con la barriga, pero no se atrevía a reprenderle  para que no se enojara.
  El día antes de marcharse a Madrid, llamó a su madre a su habitación. Don Daniel se hallaba en la consulta y Agustina en la cocina. Como la habitación  estaba situada   al lado del recibidor sonde yo me hallaba  limpiando el polvo de un paragüero y  un espejo, oí que discutían la madre y el hijo. Ella apenas  se escuchaba, porque hablaba muy  despacio, pero el hijo alzaba la voz cada vez mas. Pegué la oreja a la puerta  para ver de que se trataba, aunque  auguraba que era sobre mi. Efectivamente así eras, no me equivoqué. ;decía el niñato
 Eres tonta, de buena eres tonta. ¿ que hace esa muchacha en casa, en el estado en que se encuentra? No rinde nada y además seguro que es soltera y sin novio. Sabe Dios de quien será lo que lleva en las entrañas. También papá está conforme. Vaya dos incautos. No hace nada, la prueba es que tu le ayudas en todo, bueno le ayudas...le haces  lo que  ella debe de hacer, y encima buscáis a otra mujer para aliviarla del trabajo. En cuanto supisteis que estaba embarazada, tenias que haberla despedido, Ese crío nada mas que te va a traer problemas.
¡ Que diferencia tan grande de los padres al hijo! Heredaría los genes de su abuela paterna ,que según me contaba  doña Inés, era orgullosa, déspota y  seca con las personas  que ella creía estaban en un nivel social mas bajo que ella.
 Aunque  su madre hablaba muy bajito, hice un esfuerzo; arrime todo lo que pude el oído a la madera de la puerta y a confusamente le oía  reprender a su hijo  con estas palabras que eran un susurro.
  No seas cruel Antoñito. Nieves es muy buena, es una pobre muchacha que le han matado al novio en Melilla, yo no sabia que estaba encinta, ni ella siquiera lo sabia hasta que tu padre la reconoció por un accidente que sufrió al enterarse de la muerte de su novio.  Hijo si supieras la ilusión que  tengo en el alma con ese niño que va a nacer. Quisiera que fuera niña, y...
 No pudo seguir porque el hijo la interrumpió con esto-
 Si, mucha ilusión quieres que sea niña para hacerte la cuenta que es la hija que no has tenido, veo que eres una madre frustrada por no tener  una hija. Ya se que yo soy el culpable.  os he oído algunas veces  a mi padre y a ti  que  te destrocé las  entrañas cuando me pariste, que ya jamás podrías tener mas hijos, y gracias a que el doctor que te asistió era un buen ginecólogo, que sino  hubieses muerto. Por eso parece que quieres a cualquiera  mas que a mi, hasta una simple criada, que se  echó en brazos del  primer soldado que encontró en algún parque.
 La pobre doña Inés no le  replicó, Nada dijo, solo se limitó a llorar, luego hipando  susurro.
 Hijo cuanto daño me haces. Todavía no has traído a tu novia. Tengo ganas de conocerla para abrazarla.
 Sin miramiento, ninguno, sin  compadecerse de su madre que lloraba amargamente le espetó
¡” Y  como le vas a presentar a una puta que tienes sirviendo?.
 No pude aguantarme. Yo  eras paciente, sumisa, aguantaba bastante pero aquel insulto  colmó  el desprecio y el odio que acumulaba mi corazón  contra aquel niñato engreído, postinoso y mas que déspota.
 Le di un empujón a la puerta. Como estaba con llave no se abrió, pero  a voces le  recriminé.
 La puta será tu madre. ¡ Dios mío cuanto me pesó el improperio! Ella no se merecía  ese insulto. Insulto que le dirigí  con la sangre subida a la cabeza, No supe  reprimirme. Aquella santa mujer que me trataba  no como criada sino  como    una hija, la puse de puta, y todo por culpa de un niñato  que de Madrid vino mas que a abrazar a sus padres a  dictarle sus teorías y leyes.
 Se abrió de golpe la puerta, y furioso  el tal Antoñito creía que me iba a golpear. Pero se contuvo con el puño cerrado. Pensaría que en el estado en que me hallaba si me pegaba podría  tener graves con secuencias si lo denunciaba. ¡ Verte, zorra! Vete de esta casa antes que me arrepienta y te  mate.¡ Lárgate!
 Agustina al escuchar  la zapatiesta acudió, y entro en la habitación a socorrer a doña Inés que lloraba  desplomada  de bruces en la cama. El hijo llamó a su padre. Dejó al paciente que estaba asistiendo creyendo que algo grave le sucedía a su mujer.
 Entonces el hijo le contó   a medida de su deseo la conversación que tuvo con su madre. Que yo escuchaba  detrás de las puertas, sin pudor alguno las intimidades de la familia, que puse de puta a su madre, y que el me había despedido.
 Don Daniel, conocía a su hijo, por lo que no le hizo mucho caso. Sabia lo  sin vergüenza que era. mal estudiante, y desconsiderado con los de abajo . No aprobaba nuca  con notable o sobresaliente, solo con un simple suficiente, pero esto después de repetir  dos años y  gastarse  mucho dinero que le mandaba su abuela, ya que  don Daniel  no podía   sostener aquel costo de su hijo estudiante en Madrid.
 Auscultó a su mujer, y no le sacó nadamas que una crisis de ansiedad . Le suministro un ansiolítico y se calmó.
 Yo en mi cuarto preparaba la maleta. Metí la poca ropa  que poseía sin ordenarla. Me presente ante doña Inés y con lagrimas de  dolor le dije que me perdonara que  fue un arrebato, Que yo sabia que era muy buena, y su marido también pero su hijo no.  Le pedí  solo para el viaje a Málaga.
 Se levantó de la cama. Me miró de frente con los ojos preñados de lágrimas, me abrazó. Yo sabia que era buena pero no tanto.
 Se que ha sido un arrebato, ¡No te vayas hija! Yo te perdono, perdona  tu  también a mi hijo.
 Este al oír  que su madre en vez de  despreciarme me perdonaba abrazándome., salió  a la calle dando un fuerte portazo
 Don Daniel fue a terminar de reconocer al paciente.  Agustina parecía alelada, nada decía ni nada hacia. Besé a doña Inés y le dije.
 No señora. Ya no puedo  permanecer en  esta casa. Hemos llegado a una situación muy   grave. Si me quedo  su hijo se marchara para siempre, yo no puedo consentir que  usted pierda a su hijo. Se que nunca va a olvidar la injuria que lance contra usted.  Su marido tampoco. Siempre me acordare de usted, y hasta le escribiré alguna carta.
 Pero desgraciada ¿dónde vas a ir en el estado en que estas? Se refería a mi embarazo.
 A Málaga, a casa de Luisa. Se que ella me acogerá, y cuando me llegue la hora allí también existe  maternidad me llevará ella. Cuando nazca mi hijo se lo comunicaré.
 No dijo nada mas. Se echo otra vez de bruces en la cama diciéndole a Agustina con voz hiposa por el llanto.
 En la com..mo...da. ha,,,y   di...ne...ro...Dale...la  caja  y  que   tome  el que,,,quiera.. No se para que  le toma una cariño  a las  muchachas, cuando  mas las conoces  surge algo y te abandonan.
 Solo cogí  la mensualidad y para el viaje,
 Salí sin despedirme ni de Agustina ni de don Daniel.Por la calle pasaba   un taxi lo  pare levantando la mano. A la estación de Santa Justa. Saqué billete  en segunda clase y subí al expreso de Málaga.

 

VIII

 

  Puse la maleta en la red y me acomodé en mi asiento. No iban muchos viajeros, y  cerrando los ojos me puse a  pensar.
 El cha cacha me adormecía,  y somnolienta  me decía  que como reaccionaria Luisa cuando me viera llamar a su puerta, porque yo ya no tenia casa. Al morir mi madre y  hacerse cargo de mis hermanos pequeños  las monjas el dueña de la casucha, se la arrendó a otra familia, tan pobre como la mía
 Pensaba que iba a ser de mi vida, y la de mi hijo sin fortuna no trabajo. Luisa era  pobre y yo no iba a consentir que  nos mantuviera de su paga. Milagros  tampoco estaba casada con un  jefe  u oficial superior que ganase una buena paga. Su marido solo era un   simple sargento, el  grado mas bajo del ejercito. Bueno el mas bajo era el cabo, pero esos no entraban porque no eran  fijos y se licenciaban cuando cumplían el tiempo estipulado.
 Otras veces se me iba el pensamiento a la pobre  doña Inés, mi orgullo y soberbia vana, me había dominado sin pensar en las consecuencias. Ella lo hubiese olvidado  porque no se  l porqué me tomo muchísimo afecto, cariño, me quería No fui justa con ella., una mujer que me protegió y me  quería como  si hija suya fuese.. Se me vino a la imaginación que si las cosas no me  fuesen  como yo pensaba retornaría a Sevilla, me echaría a sus pies y se los besaría,  suplicándome que me perdonase  que no volvería jamás a  insultarla ni con el pensamiento.
 El tren corria. Era de noche y por fin quede dormida. Mi hijo  se revolvía en mi vientre . y sus pataditas me despertaban. No me  enteré en alguna parada  subió un caballero y se sentó en el asiento de al lado.
 A la mortecina luz del vagón leía un libro.  Me revolví para colocarme de otra postura, pues en la que iba  me encontraba incomoda. El hombre se levantó y muy amablemente  me dijo, que me tendiera entre mi asiento y el suyo, así descansaba mas. A algunos hombres  el embarazo de una mujer  y mas joven como yo les conmueve y los pone tiernos, se emocionan, no era joven pero tampoco viejo a la  pobre luz y  a mis ojos soñolientos lo miré calculándole unos cuarenta años.
“Muchas gracias caballero, es verdad estoy  cansada, anoche apenas dormí- mentí-pues la noche anterior  dormí como un lirón_ pero no puedo consentir que usted vaya de pie, siendo suyo el asiento para que yo duerma.
 Me miró como lo hacen los hombres buenos, con conmiseración, fijo sus ojos en mi barriga para decirme.
 No se preocupe, yo buscaré otro asiento el tren  lleva muchos libres. Está usted muy avanzada ¿ Como viaja sola  en ese estado?
  Es que mi marido se ha quedado en Sevilla, a solventar unos asuntos. Voy a Málaga donde está mi madre que me espera en la estación, con un coche, no puede ser de otra manera.
 Creo que ha sido la bola mas grande que he echado en mi vida, pero el  hombre que no  tenia un pelo de tonto, sonriéndose, movió la cabeza como dudando y me espetó-
 No parece que va muy bien vestida, ni lleva manta para abrigarse, ya hace frío estos trenes llevan una calefacción muy pobre, España esta atrasadísima.  ¿ Porque no me dice la verdad?
 Me puse colorada como la grana. Estuve a punto de mandarle a paseo y que me dejara dormí, pero pensé  de pronto que podía ser un policía secreto, o alguien importante, porque los pobres no viajan en segunda.
 Me encogí de hombros. Si no me cree haga usted lo que quiera.  No dijo nada mas, bajó del portaequipaje una manta nueva y  sin decir nada me  cubrió con ella. Luego la recogeré yo también voy a Málaga.
 Entre los dos asientos me tendí me tape con la manta del caballero y quedé profundamente dormida. A  los albores del nuevo día llegamos a la estación de Málaga- Las ruedas del tren rechinaron al ser  oprimida por los frenos  deteniéndose en el anden tercero, bajo el techo acristalado de la estación.
 El  efímero benefactor no se presentó. Esperé un rato antes de bajarme por si venia a por la manta, estaba dispuesta a decirle la verdad, de mi situación, pidiéndole disculpas por la mentira, y también ofrecerme como criada de su casa, pero el  buen señor no aparecía , transcurrió un cuarto de hora, el tren se vació y yo baje la maleta  de la red, metí la manta como pude y  bajé.   En la estación había mucha gente, miré a todos lados por si veía al de la manta, pero nada. No se veía por  ninguna parte. Habrá bajado en Alora, me dije y  con mi barriga pesada y la maleta  que algo también pesaba me dirigí a pie al barrio mas pobre de la ciudad, donde vivía Luisa entre pescadores, albañiles, limpiabotas, contrabandistas, peristas y  busconas, entre medio algún suboficial, guardia civil y policía

                                         *    *    *

 Bien porque no me esperaba, o por mi abultada barriga, o por la decepción que   llevó su hija Milagros al recomendarme  al Capitán López, o porque creía que se le avecinaba dos cargas mas, Luisa no me recibió como yo esperaba. Esperaba  un  recibimiento alegre, un fuerte abrazo y muchos besos.. Su marido  aun no se había marchado a la carpintería, Había envejecido mucho y aunque  iba  todos los días  a su taller ya no trabajaba, lo había traspasado a otro carpintero joven. El , se mostró mas  cariñoso conmigo, aunque dejó entrever con sus palabras que no podía quedarme en su casa, que era pequeña, y que  ya no trabajaba, porque era viejo siendo  poco lo que le daban por  el arriendo.
 Me invitaron eso si, a desayunar y que descansara del viaje en  la cama de ellos, ya que no tenían colocada otra. Me besaron pero sin  ardor fríamente, Estuve a punto de  marcharme donde me llevara el  destino.  Pero estaba muy cansada, agotada, apenas comí deseaba acostarme. Yo comprendía que no estarían muy sobrados de dinero para dos bocas mas, y le dije que no se preocuparan que en cuanto descansara me marcharía en busca de lo que fuera.
 No hija no, me dijo Luisa mas amable. Perdona que te haya recibido tan fríamente, pero comprenderás que no te has portado bien. Vienes de Sevilla con una barriga enorme, sin marido ni novio. Ya sabe usted que a mi novio me lo mataron _ le corté.
 Si hija si, pero  ponte en nuestro lugar. Mi Milagros quedo a mal  por tu culpa con la señora Eloisa, no supiste aguantar después que hicimos lo indecible por colocarte...
 Empezaron las excusas y los reproches. Aquella no era la Luisa de antes, la que socorrió tantas veces a mi madre y a nosotros, Es verdad que ya era mayor, que su amiga la Caracola había muerto y los hijos estábamos desparramados por el mundo. Cuando ya   quedamos en que daría a luz en la maternidad provincial, y en cuanto me dieran de alta marcharía otra vez a Sevilla- así se lo dije-. a la casa de donde me  he despedido porque señora mas buena no he conocido y se que ella otra vez me admite en su casa. Se alegró  mucho, con mis promesas.  Pasó  cariñosamente   la mano por la cabeza  diciéndome.
¡Ay cabecita loca, cuando   asentarás! Anda vete a descansar, luego pondremos  otra cama hasta que vayas a maternidad. Seguro que no tienes papeles ninguno. Bueno  en tu estado no hacen falta.

 La maternidad era  para todas las mujeres pobres que no teníamos medios para  parir en otros hospitales o pagar a una comadrona  en casa. Allí  recogían a todas solamente con decir que no  tenían ni un céntimo.
 Eran dos  salas corridas, similares a los dormitorios de un cuartel, con camas a ambos lados y un pasillo estrecho en medio. Las casadas estaban en un pabellón las solteras en otro, el peor. Estaba asistido por monjas, y  médicos  que los pagaba la diputación provincial. Algunas mujeres de  suboficiales  del ejercito, guardias civiles y policías, iban allí a dar a luz, porque  tampoco  tenían dinero ni seguro para otro  sitio con mas prestigio y comodidad.  Estas mujeres estaban   en la sala de las casadas, porque todas eran casadas, pero separadas por un biombo, a veces había hasta diez y otras ninguna.
 Solo cinco días estuve en casa de Luisa. Y sin    echarme a la calle fueron los días mas amargos de mi vida. Si, me sentaba a la mesa con ellos y me   ponían en mi plato la misma  cantidad de comida que  ellos, pero  eran  comidas de lo mas triste que se pueda  figurar, y digo triste n o porque la vianda fuese ni mala ni buena, era  comida de pobre en años de escasez, pero eso a mi no me importaba. De lo que me echaban en el plato a veces no  me llevaba a la boca nada mas que tres o cuatro cucharadas se me quitaba el hambre oyendo al carpintero y  a Luisa.
 Que si  ahora con la  guerra  que Europa y el mundo han sufrido los alimento se escasean tanto que  el hambre  es una pandemia. Si no ahorramos lo vamos a pasar muy mal   ¡Ay hija que locura, traer en estos tiempos un niño, y tan joven, has destrozado tu vida.
 Otras veces decían que su Milagros no lo pasaba muy bien, que su marido quiere  pedir voluntario a  África porque allí ganan mas los militares, y claro ya tenia dos hijos pequeños y necesitaba ayuda, y ellos eran los que tenían que dársela. Que ciando yo trabajaba en la  carpintería  de nada faltaba en aquella casa, pero que ahora  la renta era poca y el subsidio que le pagaba el gobierno una miseria.
 No me dijeron  directamente que me fuera, pero con estos comentarios me estaban echando; y creo que si  no fuera porque estaba a punto de dar a luz y  pronto me  tendría que  marchar a la maternidad me hubiesen echado directamente sin rodeos.
_Cuando tenga trabajo Luisa, le pagaré todo lo que están haciendo por mi. Les decía yo a lo que ella con  risa fingida me respondía, que bueno, pero no creyera que lo decían por mi, porque en la mesa de San Francisco donde comen cuatro comen cinco. Mentira, estaban deseando que me marchara. Yo comprendía que era una carga pesada, era verdad que   los ingresos  eran menos,  o eso me daban a entender, pero  Luisa no era la misma que dos años atrás, o los desengaños la habían cambiado o Milagros su hija, estaba  azuzando para que me fuera pronto de  aquella casa. Porque   y era verdad que  los gastos  que yo les originaba, los pocos  gastos los precisaba  para ella.. No lo se, pero gracias que  a los cinco días me vinieron los dolores del parto, y Luisa me acompañó en el tranvía a la maternidad.
 Iba que  no podía mas con los dolores, tenia que  pariese allí en aquel viejo y destartalado  tranvía. Portaba mi vieja maleta con mi ropa pero para lo que  iba a venir solo llevaba unos pañales y unos patucos que me compró doña Inés.
 Me recibió un enfermero con aire burlón. Algo  pensaría de mi  y no precisamente  un elogio , porque iba murmurando  a avisar a la monja  que se encargaba de  tomar la filiación y los papeles si llevábamos. Yo no llevaba ninguno, ni de recomendación ni de identificación.
_ Vamos a ver, ¿traes algún papel? _ me preguntó  mirándome por encima de las gafas de cristales redondos y montura de alambre. Estaba sentada en un sillón detrás de una mesa  de oficina, no demasiado grande. Abrió un cajón y  de el extrajo un libro de registro con tapas duras y rojas, que ponía “Registro de Entrada”
 Los dolores eran cada vez mas acentuados.
_ No hermana no traigo nada. Solo esa maleta que está en el suelo.
_ ¡ Otra oveja descarriada, creo. ¿ Soltera?
_ Si.
_ Nombre y apellidos.
_ Maria de las Nieves Sánchez Jiménez, pero  me llaman Nieves.
  Sin mirarme ni hacer caso a mis quejidos, anotó el nombre en el libro con una pluma de las llamadas de corona, mojando en un tintero  de mesa varias veces la pluma.
_ ¿ Tienes padres?
_ No, han muerto los dos
_ ¿Novio?
_Tampoco, me lo mataron en Melilla-
 Por nada se estremecía. Era un témpano de hielo. Intuyo a que estaría muy acostumbrada a oír  dramas mas o menos como el mío.
 Hablaban mucho de la misericordia del Señor, pero  poco lo practicaban ellas  con las  desdichadas que allí estábamos, .Quizás que con las casadas, tuviesen mas consideración. Nosotras éramos  pecadoras. Ovejas descarriadas del rebaño del Señor.
 No me pregunto mas.  A Luisa que me acompañaba le  ordenó mas que le  rogó que se marchara que  quedaba en buenas manos. En manos de Dios
 Hizo sonar una campanita que  estaba  en el tablero de la mesa. Acudió otra monja mucho mas joven. Aunque  con los hábitos no  se distinguía  si era  guapa o no, intuí que si, que era una  muchacha  bastante agraciada y joven
 Me dijo que la siguiera. Ella  cogió  mi maleta, yo llevaba las manos en la barriga, creía que se me iba a salir la criatura y me la sujetaba con ellas. Caminaba de prisa, yo no podía seguirla. Miró y al verme distanciada unos metros se paró. Nada dijo. Subimos unos seis peldaños, y  empujó una puerta no muy limpia ni muy  nueva. Aquello era  la estancia de las  descarriadas. Era verdad. Las había que ejercían la prostitución. Muchachas alocadas a las que sus padres nada quisieron saber de ellas. Otras que  fueron abandonadas por sus novios después de dejarlas encintas y así una infinidad de casos.
 Hacia la mitad de  la sala  me asignó una cama. Era estrecha, con dos sabanas limpias aunque  muy viejas. ¡ Cuantas  descarriadas se acostarían en ella! Muchas. Una manta y una colcha  azul  con unas letras grandes en medio MP ( Maternidad Provincial) cubrían la cama de  acero pintada de blanco. Colchón de  borra y somier de muelles-
 Hasta  que no estuve al pie de la cama no me dirigió la palabra Sor Micaela. Que así  era el nombre de la monjita. O  ese es el que se puso al tomar los hábitos monjiles.
_ Desnúdese, y ponga la ropa encima de la cama. Ahora vendrán a recogerla. La maleta me la llevo, cuando salga de aquí se la devolverán. El doctor no tardara en llegar para reconocerla.- y se marchó dejándome con los dolores.
 Fue verdad que el médico no tardó en acudir. Era un hombre moreno, simpático  y mas humano que ellas, al menos  no  nos trataba de ovejas descarriadas sino de futuras mamas.
 Trate de incorporarme, pero no podía, el cansancio y la falta de proteínas me lo impidieron.
_ No, estate quiete_ dijo el médico_ así mismo te reconozco.  No estas muy fuerte..
 Nada dije, el me reconoció todo el cuerpo. Solo  tenia puesto una bata azul. La monja me dijo que toda la ropa fuera, incluidas las bragas y el sujetador. Así estábamos todas, no se porqué.  Me figuro que será para facilitar mejor la labor del médico
_ Bueno, esto va bien. En esta noche o mañana  será madre. Pero debes de estar mas fuerte. Llamo a Sor Micaela  cuando estuvo  a su lado le dijo.
_ Esto que se cumpla a rajatabla._ y le entregó un papel que con su estilográfica  redacto allí mismo apoyado en la  pequeña mesita que entre cama y cama había
 No pregunte nada. No dije nada, estaba como una sonámbula. Mi cerebro trabajaba perezoso, como  entre tinieblas  veía y entendía las cosas
_ En seguida don Carlos_ dijo sor Micaela, y se marcho. El médico siguió su consulta.
 Un cuarto de hora después  la misma sor Micaela, me  llevó una sopa y un trozo de carne, un plátano y un vaso de leche. Era mucha comida, yo no podía con tanta, debido a la  desnutrido que estaba mi estomago.
_ Todo tienes que comértelo. Es una orden del médico. Por lo que observé las monjas actuaban como en el ejercito por ordenes. Nada hacían por voluntad propia .ni siquiera por misericordia o lástima. Comí algo pero dejé  casi la mitad,. La sopa  toda, pero la carne  que no se de que animal era, apenas la probé, el plátano la mitad, y el vaso de leche medio
 Los dolores que llevaba cuando ingresé se me pararon. Creía que iba a parir en el tranvía y cuando me tendieron en la cama, se me fueron y un relajamiento y un sueño profundo invadió mi cuerpo.
 Se enfadó sor Micaela porque no me había comido todo,. Era una desobediencia al médico.
 _ Esto ya es para  tirarlo a la basura, y los tiempos no están para tirar n ada, niña. Y menos aquí que todo os lo dan de balde.
 Nada respondí , me dormí al instante profundamente. Y soñé... Soñé con mi Antolín, que  luchaba contra los moros de Melilla. . y una mora  por la espalda le clavó un cuchillo. Desperté con un  gran grito . Se asustaron las  colindantes. “ Esta pronto pare”_ dijeron._ Ese grito es que ya está en puerta.
 Al instante llegaron dos monjas Sor Micaela y otra que nunca había visto, le acompañaban dos enfermeros . Eran estos hombres fuertes, robustos, serios y con bigote grande y negro, su piel era morena.
_ Cogerla con cuidado y llevarla al  paritorio, ya está a punto de tenerlo.
 Los hombres  eran como he dicho, fuertes, rudos  pero bien por la costumbre o bien porque así se lo tenían ordenado, me levantaron con sumo cuidado. El mas recio me tomó entre sus brazos y me dijo que me  agarrara al pescuezo suyo para no caerme. Las camas no eran como hoy, de ruedas para moverlas de acá para allá. Eran fijas, y si disponían de c amilla estaría ocupada.  Muy suavemente me trasladaron al lugar  en que vino al mundo mi hija, porque fue una niña, una preciosa niña que  era el vivo retrato de Antolín.
 Apenas me enteré del parto. Aunque primeriza dilaté bien, y el médico que me asistió, fue don Carlos. No se si conmigo fue mejor, creo que con todas  se portaba igual. Para el no había ni solteras, ni casadas, ni putas ni honradas, solo futuras madres o  madres  de nuevo.
 Lástima que allí terminara su misión, porque  de haber podido se queda con todos los niños que trajo al mundo.

 Terminada todas las operaciones,  precisas en estos casos, me retornaron a mi cama. Pero sola la niña no me la llevaron. Volví a dormirme, estaba muy débil. Me llevó sor Micaela  un caldo, que me reconfortó. Pedí a mi hija.
_ No te apures que aquí no no la comemos_ me respondió  de muy mal talante.. Me calle pero  estaba preocupada. Había escuchado en no se donde, que algunos crios los cambiaban y otros  no los veían mas las madres, porque le decían que había nacido muerto. Aseguraban que era mentira, que lo que hacían era  venderlo a las que no podían tenerlos. Se me vino a la imaginación doña Anita, mi primer ama. ¿ Como sabiendo ella eso no tenia un niño?. ¡ Ay Dios mío! Y si  es ella la que se lo ha llevado. No, mejor muerta . Luego pensé en doña  Inés, elle quería una niña, y me dijo que lo que viniera  seria hijo o hija de las dos. Yo la biológica y ella la segunda madre, pero con el mismo cariño.
 No fui buena con ella, eso me remordía la conciencia. ¿ Se la llevara ella? Pero no doña Inés vivía en Sevilla. Bueno si  era don Daniel y doña Inés los  padres adoptivos viviría tranquila, porque entonces  mi hija estaría como una reina, y aunque  me prohibieran decirle la verdad no me prohibirían verla. Además volvería  aunque fuese arrastrándome a pedirle perdón y estoy segurísima que me  acogería en su casa. Me dolía un poco la cabeza. Cerré los ojos y otra vez me dormí
 Transcurrida como una hora, sor Micaela me llevó a mi niña. La miré y la bese. No me la cambiaron era la misma. Era mi Antolin reencarnado en su hija. La tomé en mis brazos. Abrí la ropa de mi estrecha cama y la acosté conmigo. Estaba muy limpia.
. _ Prueba a darle el pecho_ me dijo la monja. Y sacándome la teta izquierda le arrimé el pezón a su boquita. Se conoce que tenia hambre, porque me  zugaba con fuerza. Me dolía, mucho me dolía la teta, pero yo aguantaba era feliz. Mamá hasta  quedar satisfecha. Luego eructo y se tiró una pequeñita ventosidad. , que nos hizo reír a todas, incluida la  monja.
_ Muy bien. Se lo diré a don Carlos, que  tienes buena leche. Tome la palabra en dos sentidos. Iba a decir que yo nunca tuve mala leche, pero creí prudente callarme. Luego sor Micaela me dijo que tenia que hablar a solas conmigo.
_ Ya cuando te repongas hablaremos antes de  que don Carlos te de el alta.
 Don Carlos  seria el único médico de aquel mísero hospital. Habría monjas enfermeras, practicantas y hasta comadronas, pero por aquellos pasillos yo solo vi a don Carlos y las monjas.
 Mi niña  se criaba muy bien con mi leche. Aumentaron mi dieta, y me repuse bastante. Creí que  me darían el alta  pronto, pero  don Carlos ordenó que permaneciera tres o cuatros días mas, hasta  mi completa recuperación.
  Me levantaba ya hacia  dos días y paseaba por los pasillos. A m i niña se la llevaban  y me la traían al cabo de una hora y a veces dos limpia.  Le pusieron  pañales y la vistieron, con un trajecito, los patucos se los di yo, los que me regaló doña Inés que como su afán era que fuese niña me los compro rosas, y tuvo suerte en la compra, en lo demás ya sabemos que no.
 Como me vieron que ya podía moverme sin dificultad, antes de darme de alta me llamaron al despacho de la superiora. Pedí permiso para entrar. La puerta estaba medio abierta.
_ Pasa, hija pasa_ Me  invitó con mucha dulzura.  Era otra distinta al dia que me llevó Luisa.
_ Siéntate.- me indicó una silla frente a ella, yo cohibida tomé asiento. M il preguntas surcaban mi cerebro.
Algo quiere esta tia_me dije- Y no me equivocaba.
_ Mira hija. Dios es misericordioso y jamás  abandona a sus criaturas. Es muy bonita  tu niña, preciosa pero... ¿ Como la vas a criar? Yo creo que no tienes recursos, en cambio...
 Aquí se paró, hizo una pausa para con tinuar.
 _ Mira  hay cosas en la vida, que solo Dios  nos tiene reservado. Tu hija, puede ser una gran señora. , incluso una marquesa, tener educación, vivir en palacio, y que mas satisfacción para una madre descarriada como tu, saber que su hija  es  de la alta sociedad. Te llenaría de orgullo...
 No la dejé terminar. Ya sabia por donde iba, me estaba preparando para  vender a mi hija a alguna señora de alto copete, Una de esas que  explotan a las criadas hasta la extenuación,
_ Ah hermana. Muy bien. Usted quiere que yo venda a mi hija. ¿Verdad? Y cuanta comisión le dan a usted por el trato.
 Se levantó del sillón como impulsada por un resorte.
_¿ Que dices desgraciada?
_ Eso que cuanto dinero  le  dará la gran señora que  me compre a mi hija.
 Se sentó de nuevo. Tomó  la pluma la mojó en el tintero y empezó a escribir. En un papel blanco no se lo que pondría. Porque  yo estaba tan furiosa que ni lo leí cuando me lo entregó para firmarlo.
_ Firme, ese documento . léelo antes si quieres.
 Tome el papel y sin mirarlo siquiera lo rasgue en cuatro trozos y se lo tiré a la cara.
_ Ustedes son las que  predican el amor de Dios. Ustedes son las que rezan tanto. Y quieren quitarme a mi hija. ¡ Cuantas desgraciadas abran caído en esa trama que ustedes tienen montada.! Quiero a mi hija ahora mismo sino quieren que sepa toda Málaga  lo que se cuece en esta maternidad.
 Estas ultimas palabras  le debieron  afectar mucho. Se daba cuenta de que yo estaba dispuesta a todo y no quería que el escándalo saliera  de dentro de aquellas paredes.
_ Cállate, pecadora. Tu y otras como tu, son las culpables de que haya tantos niños abandonados por las calles, viviendo  como buenamente pueden hasta que delinque y son carne de presidio.
_ Yo si soy una pecadora. Peque por amor, si es a eso  a lo que se refiere, pero jamás he cometido un pecado tan bajo y repugnante como  traficar con niños, como hace usted. Debía de ir a la cárcel.
 Estaba fuera de si. No sabia lo que me podía suceder. Como otras veces la sangre se me subió a la cabeza y no paraba  en soliloquio de  defender lo que era mío El mejor tesoro de una madre, su hija
 Se volvió a levantar toco la campanita y apareció una  monja.
_ Dale la niña a esta  desvergonzada, pero antes haz que venga  don Carlos.
 Me quede fría. También el médico, tan buena persona que parecía estaba  metido en esta trama tan  asquerosa. No me lo  quería creer. ¿ Estaré soñando?
 Pasado unos minutos se presentó el médico. Aun no me habían llevado a mi hija.
_ ¿Qué ocurre madre?_ preguntó. Como era habitual en el  hizo la pregunta con tranquilidad.
_ Esta  muchacha—me llamó delante de el muchacha_ ya no era oveja descarriada ni pecadora_ que porque le he dicho que si  es una carga gravosa para ella  debido a su pobreza la niña, puede dejarla aquí, y nosotros le buscaremos una  madre, sin que ella renuncia a s ser la primera. Solo hasta que  ella encuentre sitio  donde  poder darle educación y  todo lo necesario.
Mi miró el  galeno, dudando de las palabras de la monja.
_ ¿Qué opinas tu?
_ Eso es mentira don Carlos. Por lo que intuyo me quiere quitar a mi hija para vendérsela  a una marquesa o cosa así.
 _Vamos hermana. Tráigale la niña, que yo ya le he dado el alta y que se marche con ella. Ya he dicho muchas veces, que eso  es cuando la madre renuncia del hijo, y claramente  dice o insinúa que no lo quiere. En los demás casos, no se puede ni se debe, porque primero lo manda  Dios y luego la justicia tirrena, quitarle un hijo a su madre. Ya he tenido algunas quejas de estas, y le digo que  algún día voy a dar cuenta de usted a todos los sitios  de mi competencia.
 Se puso amarilla, verde , azul de todos los colores. Al momento  llegó la monja con mi hija. Estaba escuchado todo detrás de una puerta contigua.
 Me la depositó en mis brazos. Y sin mediar palabras se fue por donde había venido
Gracias don Carlos acerté a decir. El movió la cabeza y  nada dijo. Cuando iba saliendo por la puerta me paró una mujer de unos treinta años.
_ ¿Sabe usted si se encuentra  todavía  ahí dentro una muchacha llamada Maria de las Nieves Sánchez Jiménez.
 ¿Quién será esta que pregunta por mi?-me dije-No será la que quiere a mi niña.
Efectivamente  iba a por mi niña, pero no era marquesa, ni condesa, ni princesa ni nada.
 Esa soy yo-le respondí  con mal talante ¿ Y usted quien es? y que es lo que quiere?. Le conteste desabrida, sin modales. Ya estaba bastante dolida con la monja, para que ahora  otra viniera a importunarme. Podía  ser  la que  estaba interesada  con  llevarse a la niña. Pero su aspecto no era de princesa. Era de  una simple mujer de pueblo. Era una mujer que desde Extremadura se desplazó a Málaga, después de  pasar por Sevilla y  averiguar mi paradero. Gracias a doña Inés y a Luisa me encontró y también a la casualidad, porque si  tarda dos minutos mas se marcha de vacío  a Aceuchal, ya que yo  me iba a embarcar con el dinero que me pagó  la mujer de don Daniel  aquel mismo día para Melilla, quería saber donde  reposaban los restos del padre de mi hija, y al mismo tiempo, buscar trabajo donde fuera..
 Como ya habrás intuido amigo lector/ra. aquella mujer  era la hermana de Antolín. Soledad Guerrero Báez

 

 

IX

 

_Soledad Guerrero Báez, es mi nombre y he ven ido desde Extremadura, de la provincia de Badajoz del pueblo de Aceuchal para conocer al hijo de mi hermano, mi sobrino según  en la carta que  nos envió cuando lo mataron en Melilla.
 Estaba muy tranquila. Se le notaba cansada. Sin esperarlo me arrebato a mi hija y la miró  fijamente.
_¡ Como se atreve! Es mi hija.
_ Ya lo se y mi sobrina. Esa cara es la de mi hermano, cuando era pequeño.
¿ Usted recuerda cuando era su hermano un niño?
_ Si yo le llevaba  mas de diez años y lo recuerdo perfectamente. Aquí tengo su retrato.
  Portaba un bolso de tela, muy bonito lo abrió y me mostró  dos fotografías.
_ Mira, esta es  la de estudio. Esa que tanto nos anuncio mi hermano. La verdad no puedo decir que no  estéis guapos los dos. Me gustaría mas que tu tuvieras otro vestido, pero así y todo  te favorece mucho porque eres guapa.
¿ Como ha cambiado tanto esta mujer? Si no parece la que me escribió la carta, reprochándome  que las dejara en paz.. Me gustó que me tuteara. Desde luego 15 años  no es edad para que te hablen de usted, pero  como de nada o poco me conocía, me  empezó a caerme simpática. Yo también  por el modo de hablarme creo que le era simpática.
 El otro retrato era  el que nos hicimos en el parque. El de minuto o al minuto como  decíamos. Al reverso estaban  su nombre y el mío, es decir Antolin y Nieves, entrelazados por una rubrica que  Antolín  con su  romanticismo nos unió. “ Así hasta que la muerte nos separe”
  Estaría escrito, que  íbamos a estar poco tiempo juntos.  Soledad me lo  dio, y yo lo leí. Unas lágrimas resbalaron por mis mejillas, y eso que  yo tenia otro igual y escrito y rubricado lo mismo, pero  aquella  fotografía de poca calidad, me  causó tanto dolor que no pude reprimir las lagrimas a pesar del esfuerzo que hice.
 También Soledad se contagió y las lagrimas surcaron sus mejillas. Como  permanecía con mi niña en sus brazos no pudo  como yo limpiarse los ojos con  el pañuelo, y lo hice yo por ella.
 Mi niña  también lloraba, quizás de hambre o porque necesitaba limpiarla. Soledad  la besó , musitando.
_ Todos, lloramos por él hasta tu pequeña. ¡Era tan noble y tan bueno...!
 Yo me repuse de aquella congoja  , antes que la tía de mi niña, y sacando  entereza  le dije.
_ ¿ Donde tienes pensado  quedarte a dormir? Porque yo no puedo ofrecerte nada, carezco  absolutamente de todo,  Con el poco dinero  del que dispongo, tenia pensado  ir a Melilla, visitar la tumba de mi Antolín, y luego buscar trabajo don de sea , No conozco a nadie en  la ciudad de Melilla, pero  se por oídas y por algunas amigas que es fácil encontrar trabajo de sirvienta, Es una guarnición muy grande viven muchos militares y las mujeres  de los oficiales, son muy orgullosas y presumidas y a todas les gusta  tener criada, aunque  a algunas le paran una semana. Yo encontraría alguna casa aunque fuera de poco rango pero que  pudiera  estar con mi niña, luego si ganaba menos me daba igual.
_ Bien. Hablas mucho y no me has dejado meter baza _ me dijo sonriente.
 Mira, es necesario que hablemos  en otro sitio mas cómodo porque aquí en la puerta de un hospital  nada podemos solucionar, y llamaremos la atención.
_ Pero yo, no puedo...
_ Calle . No me interrumpas y escucha.
 Enseguida noté que  algo de mi quería, y ese algo era mi hija
. Si, observé como la mecía como le sonreía y hasta  se resistía a soltarla para dármela a mi cuando  se la pedí
 “ Yo dispongo de unos ahorros_ continuó cundo de nuevo tomó la palabra_,Soy soltera tengo mas de treinta años, he trabajado  en el campo y en un taller de costura, se coser y arrancar ajos, pero eso no importa. Lo que  te importa es que esta niña, sea el día de mañana una mujer de provecho, que se eduque que aprenda a leer y escribir un buen oficio y...
Le corté.¿ Eso se lo puedes dar tu.?
_ Vamos a buscar una fonda decente. Tu conoces la ciudad mejor que yo, Un sitio no muy caro, pero  tampoco un tugurio de mala muerte. Allí nos entenderemos mejor, Aun tengo algo que averiguar. Me he dejado llevar por el sentimentalismo, porque  ¿sabes? Soy una sentimental, pero ya repuesta  tenemos que confirmar si es hija de mi hermano o no..
 Yo estaba cansada y descansar en una fonda era como  traspasar del infierno a la gloria. Conocía por referencias una fonda limpia, y confortable, donde dormían gente honrada , mas o menos  transeúntes que  iban a la capital a solucionas  asuntos de herencias o familiares y  al tener que  permanecer varios días, buscaban  dormir en la referida fonda. La Fonda del Farol, rezaba un letrero en la puerta y encima del letrero un farol que en tiempos fue de aceite, luego de gas y ahora eléctrico
 No caía muy lejos de la maternidad y fuimos a pie. La niña dejó de llorar y se durmió, pero ya era hora de que le diera teta y limpiarla.
 Llegamos a la fonda, y Soledad pidió una habitación de dos camas. También dijo si servían comidas. La muchacha que nos recibió nos dijo que si, pero que  era costumbre pagar por adelantado. Yo le pago hasta cuatro días por las dos,( la niña no contaba en el precio) , si  estamos mas tiempo volveré a pagar por adelanta
 Cuanto dinero tiene esta mujer-me dije-cuando  vi que sacaba del bolso una cartera con un  buen fajo de billetes.
 Pagó lo que le pidió la recepcionista. Nos entregó la llave del dormitorio con un número. Subimos una escalera de unos 12 peldaños; abrimos la puerta y  encontramos una habitación sencilla pero limpia, con dos camas de hierro pintada de negro  con aros amarillos, de cuerpo y medio cada una. Un ropero estrechito semejante a la taquilla de los soldados, una mesa con cuatro sillas , un palanganero con palangana y toallas limpias, un jarrón  para el agua y dos orinales. Otras necesidades había que hacerlas  abajo  en un retrete  que siempre  tenia un cubo de agua lleno, eran las normas, la que lo vaciaba debía dejarlo lleno  con agua del pozo que  estaba en el patio, para la siguiente. Otro cerquita era para los hombres con las mismas normas y características. En aquel “Hotel de cuatro estrellas”  estuvimos cuatro días.
 Lo primero que hicimos fue limpiar a mi niña. Soledad me ayudó sonriéndole a su sobrina. Luego que la cambiamos, mejor dicho ella la cambió, porque yo salí a comprar pañales y ropitas  que  le hacían falta.
 Regresé a los diez minutos. Cerca había una tienda para bebes y  en ella compre lo necesario. El dinero me lo dio ella, pues yo  quería a toda costa  desplazarme a Melilla y no  quería tocarle al que reservaba ni un céntimo.
 Cuando llegue, aunque  limpia y  acomodada en su cama, lloraba. Tenia hambre, ya era hora de la teta.
_ Si, yo tuviera leche_ me dijo  al entrar_, ya le hubiese dado de mamar a tu niña, pero mis tetas están secas.
_ No te preocupes, que ahora mismo le doy yo. Las tengo llenas.
 Me abrí la blusa y le di de mamar. Ella, Soledad me miraba gozosa y envidiosa. Se le notaba su instinto maternal, quizás  frustrado por la traición de algún hombre.
_ No cabe duda, es hija de mi hermano_ susurro bajito, pero lo suficiente alto para que yo la oyera.
 La miré y  ofendida por la duda le  espeté.
_ Claro, que es hija de tu hermano, yo no soy una mujerzuela, soy muy pobre, una simple criada pero honrada como  mi madre Carlota la Caracola Aquí no fui clara, porque mi madre no estaba limpia del todo. Es verdad que lo hizo para que sus hijos no perecieran de inanición, pero  no era tan honrada como yo quería hacer ver a Soledad.
_ ¿ Porque me dices que no cabe duda en la paternidad de mi hija.?
 Antes de responderme, se quedó un rato pensativa. Lugo   en vez de responderme a la pregunta suspiró hondo y me dijo.
_ Mira cuñada_ cuñada, me había dicho cuñada, no me lo creía, estaría soñando! Pero no era realidad, continuó_ He hecho un viaje de muchos kilómetros, costoso y penoso y no quiero irme de vacío, quiero  llevarme a  la niña. Es mi sobrina, y nieta de mis padres. Ellos  han perdido a su hijo pero en recompensa queden tener  una nieta, que sea sangre  y carne de su hijo.
 ¿ Y como lo sabes que es de el?  Aunque según tu es el vivo retrato de tu hermano, la duda existía  hasta hace poco.
 _ Si, Nieves , es verdad hasta que no la he visto desnuda. Ya no me cabe la menor duda  de que es  sangre de los Guerreros Báez
 Cada vez  estaba mas confusa.¿ Solo por verla desnuda lo sabia?. Si fuera niño, me preguntaba yo para mis adentros, podía tener algo especial en   eso sus genitales. Hay hombres  con una cosa anormal en el pene que  llaman hipospadia, aunque no impide la procreación. ¿ Pero siendo niña? Lo  tendría ella la señal o la deformación y lo descubrió en mi  niña.
 _  ¿ No te has fijado _ me aclaro_ en esa señal que tiene  la criatura en  la barriguita del ombligo para abajo que es como un racimito de uvas?
 Me desarmó: Yo la verdad no me había fijado. En el hospital nunca la limpié, siempre me la daban las monjas limpita, y ahora en la fonda, mientras yo  me acerqué a por los pañales ella  al lavarla lo descubrió.
 Sentí vergüenza por no haber visto a mi niña  completamente desnuda. Es entendible que en las circunstancias y mi estado eso se me pasara por alto.
_ Bien ¿ Y que tenemos con eso?- le pregunté  con indiferencia.
_ Pues esa es la marca de la casa.
_¡ Oye, tu! Mi hija no es un producto con marca,
Como me  sintió enojada  sonriendo me  informó.
_ No te enfades. Ese racimito de uvas, lo tenia mi hermano en el mismo lugar y también lo llevo yo. Mi madre  también lo tiene, y todos  mi otra hermana  también.  Es  nuestra seña de identidad. Es una marca divina. Quizás Dios  nos  otorgó este racimo de uvas, para que no dudásemos de la continuidad de la familia en esta  niña, pues de los tres hermanos   Antolin fue el único varón y que hasta la presente ha tenido  descendencia, porque yo no creo que ya pueda tener hijos, mi hermana Ana es mas joven y tal vez algún día se case pero  en tu hija, está la  continuación de los guerreros, aunque  con  el transcurrir del tiempo si se casa sea en segundo termino.
 Quede  un poco confusa. ¿qué rearo? Que toda la familia llevasen el racimo de uvas en el bajo vientre. Bueno de su padre nada me dijo, pero  por su explicación, era  la herencia de una familia que no cabía duda era lo que los identificaba. En aquel tiempo  aun no se si estaba descubierto el ADN. , esa ciencia de cromosomas ácidos y no se cuantas cosas mas que mi pobre inteligencia no alcanza a comprender, pero no hacia falta tanto estudio, ni tantas pruebas, la mas fehaciente estaba allí en la que Dios o la naturaleza había colocado en el cuerpo de mi hijita para que su tia y su abuela no tuviesen ni la mas mínima desconfianza de que era hija de su Antolín
 No supe que responder. El silencio nos envolvía, hasta que la niña rompió el llanto.
_ ¿Se habrá ensuciado otra vez?.- dije  levantándola de la cama que Soledad había  elegido para ella y la había acostado en esa cama.
_ Deja Nieves, yo la limpiaré. Soy mayor que tu y  aunque no soy madre, he vestido a  su padre muchas veces cuando niño. Yo  tenia cerca de once años mas y como mi madre se iba a trabajar al campo, a rebusco de aceitunas o de uvas, me encargaba a mi la custodia y el cuidado de su padre. Así  que por poca experiencia que tenga tengo mas que tu. Mira detenidamente  ahora puedes ver la señal que te digo. Alguien dice que son antojos, pero  no puede ser antojos en toda la familia. ¿ Has tenido tu deseos de uvas durante el embarazo y no la has podido comer?
_ ¿Yo? Pues creo que no. Además durante casi todo mi embarazo estuve en una buena casa, la que tu conoces de Sevilla, y allí de nada me faltaba, porque doña Inés es la mujer mas buena que he conocido. Siento haberla defraudado y ofendido por culpa del mal nacido de su hijo, porque aunque parezca mentira de padres buenos nacen hijos malos. No yo no tuve ningún antojo, ni creo en ellos.
 Con mucho tino y cuidado desnudó a su sobrina y  cuando estuvo completamente desnuda no hizo falta que me enseñara nada, yo lo vi   al momento. Era verdad, era como un racimito de uvas con sus granos y su  pezón , de color grana.
_ Mira lo ves. Es igualito que el mío, lo mismo que el de su padre, cuando pequeño, el de mi madre esta ya mas  confuso por la edad pero  también se puede apreciar lógicamente  mas grande, porque  a medida que la piel  se estira y crece también lo hace el racimito.
 Estuve a punto de reprocharle lo que me escribió en la carta, pero  no quise disgustarla ¡ Era tan feliz con mi hija...! Creo que si ella hubiese parido un niño  no lo hubiese querido mas que a la hija de su hermano. Se le notaba  tan feliz que por un momento pensé que  aquella niña, que tan feliz nos estaba  haciendo a las dos, tenia tanto derecho como yo a  llevársela.
 Y.. eso fue lo que me dijo  cuando terminó  levarla y vestirla con los pañales que ella le compró.
 Me la devolvió para que le diera teta, pues ya era la hora. Gracias a Dios  en mi familia las hembras todas  hemos sido buenas amas de cria, vacas lecheras como decía mi madre que  a todos nos crio con sus pechos y aun le sobraba leche para otro niño, hermano de leche que no conocí, porque  mi madre fue nodriza del niño de un abogado, que se marchó de Málaga a Madrid y del que jamás tuvo noticias. Y lo mismo que ella su madre, o sea mi abuela también buena  productora de hijos y leche, ¡como no iba yo a seguir la saga de lecheras?
 _ Mira Nieves. Yo no solo he venido a conocer a la hija de mi hermano y a ti. Soy consciente de que tu posición no es que sea mala es que es pésima, sin hogar, sin familia, sin dinero. ¿Cómo vas a criar a esta preciosidad de niña?
_ Si, ya se por donde vas. No creas que  no lo he sospechado-le dije , sin rencor ni alegría_ , has venido a llevarte mi hija.
_ Bueno, nieves compréndelo. Tu siempre serás su madre. Puedes  ir a Extremadura y verla cuando quieras, y cuando la vida te sonría mejor, llevártela contigo, nadie te lo va a impedir.
 Sabia que era buena. Lo pude comprobar en las pocas horas que estábamos juntas. Lo demostró comprándole  ropas a mi hija, chupetes, sonajeros, la pulserita de corales para que no le  echaran mal de ojo, que aunque decía no creer en eso, y ser de un pueblo de brujas, según ella, aun quería prevenir esos maleficios que en las zonas rurales creen  sin dudarlo. Estoy segura que  si hubiese sido rica, me hubiese llevado a mi a su tierra  para estar junto a mi hija, que como quería doña Inés, compartiríamos las dos como madre. Pero no era rica, sus ahorros de solterona los gastaba en  una niña que  hasta que no la vio  y comprobó la “marca” no estaba segura de  que fuese su sobrina.
 Yo aunque  dispuesta a su  propósito de dejarle la niña, pues comprendía que llevaba toda la razón. Mi hija en casa de sus abuelos, con dos titas solteronas se criaría como una reina, asistiría a colegios, porque me aseguraba que  ella se preocuparía de su enseñanza. Que aunque en su pueblo era solo enseñanza primaria no muy lejos  había un pueblo grande llamado Almendralejo, donde podía estudiar en colegios de monjas que siempre eran mejores que las escuelas publicas. Todo eso me lo decía  sin saber que yo  ya estaba  convencida de que se la llevasen.
 No me juzguen ser mala madre. Pero piensen ¿ Que seria  mi  hija conmigo?  Tendría que cederla a una desconocida, o a un orfanato. Yo  tenia que buscarme la vida de lo que fuera, quizás cayera en una red de prostitución si no encontraba un trabajo decente. No tenia estudios, apenas sabia leer y escribir y  madre soltera. Entonces las madres solteras eran repudiadas, no querían saber nada de ellas eran consideradas poco menos que rameras.  Y muchas mas dificultades que se me amontonaban en la cabeza. No obstante trate de resistirme  y falsamente le dije,
_ ¿ Tu si fueras madre darías a tu hijo?
No supo que contestarme, la vi nerviosa, retorcerse las manos, al fin articuló.
_ Según. En tu circunstancia si, nada mas que en tu circunstancia. Piensa que  serás peor madre si te la quedas en un mundo de miseria  y desprecio, que conmigo que aunque no rica, si poseo algo de dinero y trabajo como modista  en un taller donde no me falta costura.
_ Si, ¿pero como la vas a criar si no tienes leche?
 _ Eso no es problema. Hay leche  de vaca, de cabra y otras leches que venden en las farmacias para bebes y niños que sustituyen a la materna.
  Iba a replicar que como la de  su madre ninguna, pero no me dejó hablar.
_ Además en mi pueblo y también hay mujeres que se dedican a criar niños ajenos, nodrizas, yo la buscaría.
 Ya no tuve mas argumentos. En todo llevaba razón. Me eche a llorar abrazando a mi hija. Y no era fingido el llanto me salía del alma.
_ ¡ Hija, no creas que soy mala madre! Algún día iré a por ti. La vida es cruel, y hoy aunque se me cae el alma a los pies tengo que ....
Hipaba  la voz se me quebró y caí de bruces en la cama. Junto a mi niña.
 Entonces Soledad, llorando también me besaba la cabeza.
_ No llores Nieves, quizás estés muy poco tiempo apartada de ella. Haré todas las gestiones por encontrarte un empleo en mi tierra.
 Otra vez menciono Almendralejo. Decía que en esa ciudad  se podía encontrar  una buena casa para servir, y estaba muy cerca  para ver y abrazar a mi hija  todos los  jueves y mas. Que un poco mas largo se hallaba Mérida, que también  allí  se encontraba trabajo e criada, o a lo mejor en otro sitio. En fin trataba de con solarme por todos los medios persuasivos a su alcance.
 Yo vencida, me encogía de hombros- Haz lo que mejor creas  mejor no para mi sino para ella. Pero antes de que te vayas y te lleves a mi hija, quiero pedirte dos cosas.
Sin saber que le iba a proponer  , sin pensar  en las consecuencias que mis peticiones le podian acarrear me dijo.
_ Pídeme lo que quieras. Estoy a disposición tuya y de nuestra hija. Todo lo que tengo que no es mucho, es de ella y de su madre, porque si mi hermano nos ve desde el cielo, estará orgulloso de su hija, de su...
Se cortó, seguramente  iba a decir  de su  mujer o su novia, pero dijo de  la madre de su hija y de su hermana.
_ Pues lo que te pido es que, antes de llevártela la bauticemos donde me bautice yo. Le pongamos el nombre de Carlota, como mi madre y  que el viaje de regreso lo hagas en primera, para que vaya mas cómoda.
_ Concedido, solo con una pega,
¿Cuál?-respondí creyendo que  la pega seria algo denegado.
_ Que el nombre sea compuesto.
¿Cómo?
_ Si, Carlota se llamará pero también   quiero que lleve el nombre de mi  hermano. Se le puede poner Carlota Antolina Guerrero Sánchez.
_ Vale, así se llamará.  No es bonito el nombre, pero lleva el de su padre  y el de su abuela.
_ Los nombres son todos bonitos, si bonita es el alma.-dijo_ ¿y el otro?
_Que vayamos las tres a Melilla. Yo tengo  para el pasaje, la niña no paga. Y busquemos la tumba de su padre, le depositemos un ramo de flores y  ...no pude continuar, otra vez las lágrimas  arrasaron mis mejillas.
_No llores. Yo también pensaba  ir a visitar la tumba de mi hermano. Si alguna vez pudo  trasladare sus restos al pueblo, y si las autoridades lo permiten. Reposaran en el pequeño cementerio de Aceuchal

    •  

     

    X

     

    • Soledad, buscó al cura de la iglesia de mi barrio donde  me bautizaron con el nombre de Maria de las Nieves en recuerdo de mi abuela paterna que llevaba este bonito nombre según decían todas las vecinas, hasta Luisa que la conoció. Decía de ella que era de carácter fuerte, pero  emprendedora y muy  hacendosa y trabajadora.
    •  También decían que  yo me parecía mucho a ella, pues desde pequeña se me veía  la punta., porque ayudaba mucho a mi madre en las faenas del hogar, siendo tan guapa como lo era ella,
    •  En fin, que Soledad se encargó de hablar con el párroco, para que bautizaran a mi hija antes como era mi deseo antes de emprender el viaje de regreso a Extremadura.
    •  El párroco, era un hombre joven,  con otras teorías que los curas viejos No creía en el infierno ni la gloria, porque según los pocos comentarios que  escuchamos  sobre el, jamás  nombro estos dos   elementos  uno de eterna felicidad y el otro de  eternos suplicios y sufrimientos. El se basaba mas en lo tirreno, que todos nos llevemos bien, que los que mas tienen compartan  con los pobres no lo que b tiran, sino lo que tienen a partes iguales. Teorías muy  santas y buenas, pero que saliendo de misa nadie se acordaba de sus sermones y si se acordaban , no lo  ejercían. Eso de que lo que yo tengo lo tengo que compartir con el que  no tiene, es una utopía, o mejor una simpleza. Lo mío es mío y si el de al lado no come peor para el. Yo estoy harto que me importa  el que ayuna..
    •  Pues este buen sacerdote, no la bautizó, sin preguntar n ada mas, que lo que le  manda la  santa Madre Iglesia. Es decir, el nombre que  le  queríamos poner, hija de  tal y tal. Cuando le dijimos que era hija  natural de Antolin y María de las Nieves, preguntó porque ni  estaba allí su padre. Entonces Soledad le  explicó lo que ya sabemos.
    • _ Así que es hija de madre soltera.
    • Si, señor. Pero eso no  será un obstáculo para cristianarla.
    • _ De ninguna manera.  Aunque los padres no fuesen cristianos, si  la madrina lo desea b asta con eso.
    • _ Pues cristiano su padre si lo era.
    •  Y su madre- atajé yo.
    •  Siendo así no se hable mas.
    •  Carlota Antolina yo te bautizo en el nombre del padre, del hijo y del espiritusanto.
    •  Lloró al echarle el agua bendita sobre su cabecita, anotó su nombre en un trozo de papel y dijo. Yo, he terminado. Pero ustedes pueden permanecer  en la casa del Señor todo el tiempo que lo deseen.
       Frente  a la pila bautismal, se hallaba la Virgen de la Victoria, patrona de Málaga; nos arrodillamos las dos. Ella con mi hija, no la soltaba, aunque yo se la arrebaté.
      _ Tu la tendrás mas tiempo que yo. Déjame que disfrute de ella, que va a ser por poco tiempo.
       Rezamos  lo que buenamente sabíamos. Yo le pedí que no abandonara a  mi hija, que la amparara y protegiera,  para lo que le encendí dos velas. Soledad bisbeaba una oración, ella sabría por quien y para quien porque no me lo dijo.
       Ella, la hermana de Antolín, le preguntó al cura que  tenia que abonarle por su trabajo. Nada le respondió. Yo a los pobres no le cobro, ya lo pagara algún rico, si se acerca por esta humilde iglesia. Difícil lo  iba a tener, porque pocos ricos o seguramente ninguno iba a ir a rezar a una pobre y destartalada iglesia de barrio marginal
       Nos  regaló dos estampitas de la Virgen Maria, y una cadena para la niña con la Virgen  Niña de plata.
      _ Quisiera regalaros. Alguna cosa mas, pero..¡Es tan pobre esta parroquia y este barrio, que con las limosnas no cubrimos los gastos! Rezaré por ella y por vosotras,
       Se lo agradecimos y salimos del lugar sagrado  a la fonda. Solas las tres, lo celebramos. Soledad  compró unos dulces y una botella de anís, y casi nos embriagamos  con la alegría de  ver a nuestra hija  sana y cristiana Hasta la niña parecía comprender nuestro gozo, porque  sonreía y nos miraba.
       Para ser feliz, no se necesita nada mas que queredlo ser.
        Dos días   llevábamos en la fonda, y otros dos después, la abandonamos.. Ya  Soledad como sabemos  adelanto los gastos, con antelación, porque   así se lo exigieron.
       Por la mañana, una soleada mañana del mes de Octubre, de un otoño apacible y  luminoso,  nos dirigimos al puerto. No salía el barco hasta  por la tarde, casi anochecido. Sacó los pasajes en segunda, dormiríamos en un camarote las dos con la niña, al menos  no  pasaríamos la noche en cubierta, sentadas en  hamacas al raso.  Teñíamos casi  mas de diez horas  para pasear.  Dimos varias vueltas por el centro de Málaga, la calle Larios, la Malagueta, la Avenida del Generalísimo,  con la niña en brazos. Quise despedirme de Luisa, al fin y al cabo ella hizo mucho por nosotros, aunque  por las causas que fueran, cuando  llegué   de Sevilla y le pedí asilo en su c asa, no me recibió con  el entusiasmo y cariño que  yo esperaba. Me besó, besó a la niña. El carpintero también lo hizo,. Me regaló un paquete de comida para m i, y un trajecito barato para la niña. Lloró de corazón, y me deseo mucha suerte. Creo que si hubiese sido mas joven, me hubiese  acogido como a su hija.
       Al anunciarle que íbamos a Melilla, para visitar la tumba de mi novio y hermano de Soledad, me encargó que  visitara a Milagros, que ahora vivía allí, en  una casa por cabrerizas Altas, cerca del cuartel de infantería, Le prometí  hacerlo. Y ya como nos quedaba poco tiempo nos dirigimos al puerto.
       En la sala de espera, comimos, y le di el pecho a  la pequeña Carlota. Cuando fue el tiempo para embarcar, subimos a bordo en  aquel  enorme  navío  nombre la Virgen de África,
       Dormimos, turnándonos, pues era el camarote de una sola cama, y con algo de sueño arribamos a Melilla a las  ocho de un nuevo día del mes de octubre del año  1948

    SEGUNDA PARTE

    I

     

    Al desembarcar,  se llenaron  mis pulmones de aire puro, procedente del mar y de la montaña del Gurugú, que  como corona de Melilla se divisaba por la lado  sur.
     No era gran ciudad en aquellos años. Bastante menos que Málaga, yo la asemejaba a Ronda, pueblo  que estuve una vez.
     Soledad se sentía mas extraña, era  comprensible, su tierra según me dijo que yo jamás la pisé era muy diferente a  aquella  tierra mora. No tardamos en ver pasear a los árabes con sus chilabas , sus turbantes y su  gorro cónico de color rojo con un borlón casi has el hombreo
     Apretaba a la niña, como si se la fuesen a quitar. Miraba con ojos asustados, toda aquella barahúnda de mujeres con velo, caras casi tapadas, chilabas y pregones, pues cerca del puerto  había un mercadillo  de vendedores  moros.
    _ Esto no parece España_ me dijo muy bajito-, como si tuviera miedo de que la oyeran.
    _ Y no lo es Soledad. Pertenece a España, pero no hay que dejar de comprender que es tierra  africana, de Marruecos.
    _ Dios mío, en que lugar tan extraño ha  muerto mi hermano.
     Recordando a Antolín, se nos saltaron las lágrimas a las dos.
     Luego  no se nos hizo tan extraña la ciudad, porque a medida que íbamos entrándonos en ella, escuchábamos  un castellano  mas puro que el que se hablaba en Andalucía y Extremadura baja, según  ella.
      Buscamos una fonda y encontramos un hotelito no muy caro, de una sola estrella, pero  la habitación que ocupamos era confortable, dos camas muy limpias, una ducha y cuarto de baño con su inodoro incorporado y hasta nos subieron una cunita para  Carlota Antolina.
     Soledad tuvo que pagar algo mas por el, ya se le notaba que el bolso iba bajando, y decidió  marcharse a su casa en cuanto visitáramos la tumba de Antolín. Pero estuvimos  cinco días, porque  llegaba el  día de los difuntos  y queríamos  adecentar la tumba y llevarle flores. Pero antes  debíamos saber en que lugar se encontraba.
      Después de desayunar en un restaurante cercano, nos acostamos a descansar, porque llegamos  mas que cansadas con sueño del viaje. Permanecimos unas tres horas durmiendo, ya  con ese tiempo el cuerpo se relajó y confortó para seguir, visitando la ciudad y sobretodo saber donde se encontraba el cementerio.
     Con la niña siempre en los brazos de la una o de la otra  nos adentramos por  el centro de la ciudad. Era jueves, y yo recordé que  ese día era cuando por la tarde  me  daban licencia para salir de paseo. No se porque será pero era costumbre en todos los sitios que  en este día, salgan las criadas a expansionarse de las tareas domesticas, y como si  de un conjuro se tratara, hasta  había mas soldados por los parques y calles de las ciudades donde existía guarnición..
     ¡ Cuanto soldado por el parque aquella tarde. Melilla  era un puro cuartel. En el bonito parque Hernández, se daban cita todos los soldados  criadas y niñeras de Melilla. Los legionarios con su gorrillo ladeado hacia la izquierda, despechugados y con su aire peculiar eran los que mas  se destacaban. Luego los regulares, con  su traje garbanzo, sus fajines rojos  unos, azules otros y su  gorro  colorado  como los moros colgándole la borla hasta la oreja. Los de caballería con sus  botas altas o leguis, haciendo sonar las espuelas, los artilleros con traje azul y ros, los de infantería, y muchísimos mas ,  con el verdor de las plantas el rojo de las rosas y  el delantal blanco y cofia de las niñeras ponían una nota de colorido y vida joven a pesar de las  fatigas y necesidades a que estaban sometidos por su condición de desheredados.
     Reían las muchachas, ante  las palabras  picaras de los soldados, y estos  se arrimaban  a ellas, hasta que las manos femeninas suavemente los separaban. Unos paseaban, otros  sentados en los bancos y  otros  en  los bares  que circundan el parque  bebiendo  en grupos o solos.
     Entre tanto soldado, no podia ser menos que  dos se nos acercaran.
    _ Guapas, ¿queréis pasear con nosotros? Que niño mas bonito de tu señora ¿no?
     Era Soledad quien  en sus brazos  llevaba a mi hija. No contestaba, se puso azorada. No estaba acostumbrada a esto, pero  le daría una corazonada, al ver a aquel militar que era  alto y guapo, y  como mujer  sintió que algo se removía en su corazón.
    _ Pues se equivoca, soldado _ dijo resuelta como yo no esperaba en ella_ no es de nadie nada mas que mía.
     La mentira no me hizo  sentir celos, ya  estaba  predispuesto que  se la llevaría ella,  y la dejé que presumiera  de madre.
     El muchacho, la miró con ojos  de complicidad.
    _ Vaya otra mamá soltera.
    _ Bueno y que. Mejor es ser madre soltera que no una criminal que mata a su hijo.
    _ Desde luego que si. Me  gustas mucho, porque veo que  no solo eres guapa sino también buena. Le invito a  sentarnos en el cafetín  de Fátima. Hace calor y podemos sentarnos al fresco.
     _ ¿quieres?-me dijo haciéndome señas con los ojos para que aceptara.
    _ Si, claro. Vamos-dije.
     El que iba a mi lado, era bastante tímido apenas hablaba. Solo me dijo, que era muy guapa, y que le  gustaría ser mi novio. No le conteste, y ya no volvió a abrir la boca hasta  que no estuvimos sentados.
    Frente al mas nos sentamos en la terraza del cafetín de Fátima. Supongo  que Fátima seria la dueña del establecimiento y Fátima  mora por el nombre. Nos sirvió una moza  vestida a la europea, además por su  acento andaluz no debía de ser de aquella ciudad sino de alguna andaluza, quizás hasta paisana mía.
     El soldado que acompañaba a Soledad, nos preguntó lo que queríamos tomar. Estuvimos pensándolo pera la  andaluza camarera, supongo, que  nos dijo que en la casa  servían un te exquisito, preparado por  Aixa, una morita que entendía mucho de té.
    _ Pues para mi –dije yo, eso, té, y para mi , y yo menos el  soldado  tímido que prefirió un buen café, y si podía ser del camello
     Soledad al escuchar la marca de café, lo  interrogó.
    _¿ Eres extremeño?
    _  Claro, del mismo Badajoz. ¿ Y tu?
    _ También soy de Extremadura,
    ¿_ De donde?
    _ De Aceuchal ¿ lo conoces?
    ¿El pueblo de los ajos?
    El mismo.
    _ No, pero he oído hablar de el ¿ Y que haces aquí en Melilla? Servir ¿no?
    _ No, es una historia larga, que no prefiero contar.
    _ Claro.  Ya..ya. se ve.
     Se quería referir a  mi niña. Ese ya se ve no le gustó al compañero que le  recriminó
    _ Mira Álvarez, nosotros no sabemos la vida de estas señoritas. No se debe juzgar a nadie sin saber su historia.
    _ Hombre  Carretero, yo no juzgo, pero...por lo que se ve.
     Pidió perdón, excusándose que se  no lo decía con mala intención. Que el también tenia una prima hermana madre soltera, y era mas buena que el pan. Y la culpa  era de un mal nacido que la abandonó  sin motivo alguno después de embarazarla, a lo que ella se entregó por amor.
     Con esto  volvió la  paz a los cuatro.
     Llegó la camarera con tres tazas  de té y un café. Humeaban  las cuatro tazas, en un plato  llevaba hierbabuena, que  dejó encima de la mesa.
     Yo tomé la taza la primera, y le eché unas hojitas de la aromática  hierba. A continuación el soldado  que  se le caía la baba junto a Soledad. Se le notaba a la legua, que quería relaciones con la  extremeña. Para mi que se había enamorado de ella. ¿ Un flechazo? Puede. O tal vez  la falta de  amor en aquella   desconocida tierra y no muy  hospitalaria para el.
     La tarde era magnifica, otoñal, pero parecía primaveral. El sol en decadencia  reflejaba sus rayos de oro en los cristales de las ventanas y minaretes de la ciudad, dándole un colorido  ocre  que relajaba  los sentidos.
    Soledad, tomando la palabra le dijo  a su galán, que de donde era.
    _ De Madrid, rica. Del barrio de Lavapies. ¿ No se me nota?
    _ No he estado nunca en Madrid. Soy de un pueblo pequeño, y solo conozco  el mío, Almendralejo Mérida y Badajoz, y ahora que por razones personales he visitado Sevilla, Málaga y esta ciudad, pero  me marcho dentro de dos días a mas tardar, bueno cuando pase el día de difuntos.
     _ Lástima- dijo apenado el madrileño- Podíamos ser buenos amigos, y quien sabe...
     Suspiró Soledad, y agregó.
    _ La vida, es así. Además no nos conocemos de nada.
    _ Si, de esta tarde y ya me  basta, para  ... Se rascó la oreja derecha, como  que le picaba, pero en realidad fue un disimulo, se dio cuenta que había llegado muy lejos en  menos de una hora.
    _ Lo siento ¿cómo es tu nombre?
     También Soledad estaba lanzada. ¿ se había ella enamorado de aquel muchacho mas de diez años mas joven que ella? Creo que si.
     _ Juan Carretero, de profesión  mecánico de automóviles para servirte.
    _ Gracias Juan. También a mi me has caído simpático. Podemos escribirnos, y así recordar la maravillosa tarde  que estamos pasando.
     Vaya ,vaya con Soledad. A la pobre se le despertó el amor dormido, desde hacia  mas de nueve años que la  dejó el novio  plantada a punto de casarse. Confesión que me hizo ella.
     El  de Badajoz, hablaba poco, pero  era atrevido con la mano. Dos veces se la retiré  de debajo de mi falda. A la tercera lo dejé  disfrutar. Lo primero que  a mi  me iba gustando y lo segundo por no dar un  escándalo que le pudo  costar el calabozo.
     En fin que así  transcurrió la tarde de aquel 31 de octubre del año del señor 1948.
     Quedamos en volvernos a ver  la tarde siguiente, en el mismo lugar.
    _ Si no tenemos servicios, o guardia  o nos arrestan por cualquier tontería, aquí  os esperamos- afirmó el madrileño
     Regresamos al hotel cuando las luces  publicas ya  habían tomado vida. Y ellos regresaron a sus cuarteles..
     Y.. Al día siguiente festividad de Todos los Santos. Allí  sentados  en la mesa de la tarde anterior, con  las dos sillas  reservadas para nosotros estaban el madrileño y el extremeño. Lucían poco pelo, la vida cuartelera  se los quitó pelándolos casi al cero. El extremeño era un poco m as bajo, pero  llevaba mas  pelo, y era negro como el carbón,, estaba sonriente, y  con mucha cortesía  al llegar nosotras se levantó de la silla para   desviar las  reservadas de la mesa y  ofrecernos asiento.
     El madrileño  estaba de pie, y nos hizo el saludo militar, luego inclinando la cabeza se quitó el ros y nos hizo  un gesto con la mano derecha  invitándonos a tomar asiento
     Al instante se presentó la misma camarera de la tarde anterior, sonriente nos preguntó que si lo mismo  de ayer. Todos le dijimos que si, y al los pocos minutos  regresó con el humeante te y café, preparado según ella por las expertas manos  de Aixa
     Colocados en  nuestros correspondientes  asientos  fui yo la que inició la conversación  con diferente argumento que la tarde anterior.con lo que mas me interesaba, o nos interesaba a las dos.
    _ ¿ Lleváis mucho tiempo en Melilla?.-le pregunté a los dos con muestras de interés
    _ Yo cerca de tres años. Ya solo me quedan meses para  que me Licencien. Y ahora me han hecho cabo, y nos mostró los galones que llevaba en la manga de su guerrera. También los llevaba la tarde anterior, pero no lo echamos en cuenta..
     El hombre quería hacerse el importante ante Soledad, que se mostraba  cada minuto mas  enamorada, pues  se  sonreía a las  vanas palabras del madrileño, mirándolos con ojos dulces,
     Aquella tarde  a mi hija la llevaba yo en los brazos, quería aprovechar el poco tiempo que me  quedaba para  perderla, aunque nunca pensé que al cabo de muchísimos años me la encontraría por casualidad, pero esto mas adelante.
    _ ¿ Porque no llevas a tu hija?-interrogó  Juan, el enamorado de Soledad.
    _ Bueno , es que  a mi amiga le gusta también la niña, y a veces la lleva ella.
     La pobre Soledad sin pensarlo metió la pata, se descubrió el engaño-
     Y como ella es la que le da el pecho... No pudo rectificar aunque quiso.
     Juan no era tonto, y  con seriedad le  dijo
    _ ¡Pues no comprendo como siendo hija tuya le de mamar otra, que  no tiene edad para ser madre!
     No supimos  por donde salir. Las dos nos pusimos coloradas. El   intuía que algo raro o  ilegal  existía entre las dos, o algo tenebroso por eso  de atrevió a  investigar.
    _ No me importa vuestra vida, pero de verdad Soledad, que me he enamorado de ti, y no me importa que seas madre soltera, yo seré un padre para tu hija, si es que lo es
     Por su acento compasivo, su  franca mirada. Y su interés en Soledad, no existía duda que  decía la verdad.  Puede que falto de cariño, lo vio fácil en Soledad y quiso ampararse  en ella y a la vez amparar a las dos.
     _ Yo-agregó_ te llevaría a ti y a esa preciosidad de hija a Madrid, ya casados. Tengo un oficio que promete, cada vez existen mas automóviles y camiones y yo tengo bien aprendido el oficio, no os faltará  un trozo de pan diario. En mi casa seréis bien recibidas, no tengo padre ni madre, solo hermanas, y ellas   son para mi  como mi madre, nada  objetarían  a nuestra unión
      Soledad, no pudo mas, estuvo a punto de llorar ante tanta terneza, tanta franqueza y tanta humildad , y le dijo que la perdonara que  lo había engañado. Entonces le contamos toda la verdad.
     Lloraba el cabo  sin avergonzarse de  sus lagrimas ante nosotros y  entonces, mirándome  a mi unas veces y  otras a Soledad, empezó narrándonos  el siguiente episodio.
    _ Conocí a tu hermano Soledad, y  a tu novio Nieves. Vino desde España, desde Málaga, destinado a mi misma compañía. Al principio los recibimos con esas reclutadas que caracteriza al veterano, aunque  ellos también lo eran , no tanto como nosotros, Antolín Guerrero Báez llevaba año y algo de mili, nosotros  casi tres años.  Pero aunque sufrieron algunas novatadas, al poco tiempo fuimos todos amigos. Si algo bueno tiene la mili es que   la amistad  y el compañerismo, es una de las b ases principales.
     No se estaba mal en este regimiento de Infantería, cuando salíamos de paseo teníamos nuestros pique con  los demás cuerpos, tonterías que no conducían a nada. Que si los artilleros, que si los legionarios, que si los regulares, que esto que lo otro, nada. Bobadas.  Pocas tardes disfrutamos de paseo ni nada, Antolín con otros valientes cayeron en una emboscada de lo mas tonto que  pueda existir.
     Existe allá el lo alto del monte Gurugú una posición, que nosotros llamamos avanzada. Son dos meses los que  10 hombres tienen que permanecer, oteando al otro lado, por si  partidas de rifeños incontroladas,  se filtran para atacar por sorpresa algún cuartel, y sembrar el desconcierto entre la tropa y la población civil.
      Le tocaba a nuestro Regimiento relevar a los Regulares, y dentro del regimiento a  la tercera compañía, donde habían sido  adscritos,  los que llegaron de España.
     Luis, Pantoja, Gregorio Gómez, Diego Martínez, Vicente Llopis Pons, Manuel Rico, Antolín Guerrero Báez.
    _ ¡Mi hermano!_ gritó Soledad.
    Si, tu hermano, el cabo primero Bautista, los cabos Rabanal y García  y el sargento Cantero, jefe del grupo.
     Se dormía por turnos.  Media noche  tres, soldados y un cabo, y otra media noche, los otros que habían  estado de vigilancia.  El cabo 1º y el sargento, se partían ellos el turno. A veces estaba toda la noche uno y otra el otro. Ellos  no hacían puesto, permanecían en su tienda que compartían a medias. Los cabos tampoco  estaban en los puestos, tres en total que circundaban,  el pequeño campamento, pero  eran los encargados de hacer  los relevos correspondientes y darles novedades al cabo 1º o sargento que estuviera de guardia.
     Aquella noche la luna, estaba en novilunio, o sea  luna nueva, la noche a pesar de que  el  satélite de la tierra no lucia, estaba clara por el resplandor de las estrellas y luceros.  Muy agradable , ni frío ni calor . Estaban  muy confiados, pues hacia mucho tiempo que no aparecían por allí  ninguna partida rebelde.
     Hizo una pausa y   me miró. Soledad atenta  a lo que decía se le enfrió el te en la taza. A veces la mantenía en el aire hasta dos minutos ante de llevársela a los labios.
    “ Pues si, Nieves, tu novio fue un valiente. Estaba en el puesto menos peligroso, el que le tocó por suerte, ya que se sorteaban cada  relevo.
      Pudo, haber  avisado al sargento para que  los que descansaban, fueran a  reprimir a los rebeldes que eran lo menos cincuenta. Pero al ver como  su compañero Pantoja, que estaba en el puesto mas avanzado caía,  segado por las balas del enemigo, lleno de coraje  sin pensarlo,  le quitó el seguro a la granada de mano que llevaba en la cintura, y  corriendo al encuentro de los  insurrectos, se la lanzó, murieron al menos cuatro que iban apelotonados, pero una ráfaga de metralleta terminó con su vida.
    Cuando llegó aquí, todos teníamos los ojos empañados.  Mi niña  rompió a llorar. En aquel momento  sonó  el  Himno Nacional, bajaban Bandera en la Capitanía General, al otro lado del parque. Se pusieron  los dos  en Posición.  de firmes, y saludaban, hasta que finalizó el toque de oración.
     Era hora de marcharse. Se les terminaba el paseo.
     _ Ya nos tenemos que marchar es el reglamento.  Mañana, uno tendra  servicio en el cementerio, es día de difuntos y  tenemos que honrar a nuestros muertos del regimiento.
    -¿ Estarás tu?_le preguntó impaciente la enamorada Soledad.
    _ ¿ Y tu vas a ir?
    _Claro hombre, para eso estamos aquí, una vez conozca donde está mi hermano ,le coloquemos las flores,  y le recemos una oración, nos volvemos al hotel, que el día tres, emprendo el viaje para España, con  la hija de mi hermano.
    _ Pues allí estaré yo, porque voy a pedir voluntario ese servicio, que poco desean. Así  nos despedimos., quizás para siempre.
    _ Hemos  corrido demasiado. Solo dos días y ya nos cuesta  disgusto separarnos- musitó mi cuñada con tristeza. Era obvio que  fue un gran flechazo quizás un nuevo amor había brotado en ella, pero  no podía negar que  se había enamorado profundamente del madrileño Juan Carretero.
     Mas tarde supe que  su primer amor  fue tan imposible que casarse con el hubiese sido un sacrilegio.
     Aunque  ya era hora de marchar al cuartel, Juan le pidió las señas donde le podía escribir. Soledad se las dio, y las apuntó en un bloc de notas que sacó del bolsillo y un lápiz negro.  Luego escribió las suyas ;las del  Regimiento y las de Madrid, arrancó la hoja del bloc y se la entregó a Soledad.
     Al despedirse, delante de mi y del extremeño se dieron un besito, apenas  se rozaron los labios, pero con eso quedó sellado un amor efímero, que tampoco se  consumaría,  para dolor de Soledad-
     Sin embargo yo encontré allí un nuevo amor, como se verá, un amor inesperado. Pero Antolín nunca se me borró de la mente.

     

    II

     

    Cuando Juan Carretero y su compañero se marcharon al cuartel, nosotras  fuimos a comprar algo de ropa, pues  se levanto un poco de brisa al ponerse el sol, y hacia frio. El otoño , era apacible durante el día, pero llegada la noche  prologaba ya la entrada del invierno.
     Como mi ropa era escasa y desgastada,  sentía bastante frio, y Soledad se  percató de ello.
    _ Chiquilla, ¿Tiemblas?
    _ Si, Soledad hace frio;vamonos para el hotel _ le respondí  sin dejar de  tiritar.
    _  si apenas llevas ropa de abrigo, y ya  el frio  está entrando. Aguanta un poco vamos a ver que compramos  por aquí.
      Carlota Antolina, dormía en sus brazos. No se cansaba de tenerla. Iba muy arropadita con   la toca  blanca de flecos que  ella le compro envuelta en pañales limpios y nuevos y un gorrito de lana en la cabeza. De pronto interrumpió el paseo.
    _ Se nos ha olvidado  una cosa antes de salir de la maternidad._ ojectó la hermana de Antolin.
    Yo  no  me percataba de lo que era ¿ Que se me iba a olvidar? Si nada  llevé nada mas que lo puesto, y a mi hija en el vientre, y  aunque quisieron arrebatármela, no lo consiguieron, porque  aunque débil de cuerpo, allí estaba su madre fuerte de animo para defender lo que era suyo.
    _ Pues no se. Allí no he dejado nada. Porque  todo lo que lleve me lo he traído, y algo mas. Ese algo mas, era unos pañales de baja calidad que  le  ponen a todos los niños que no llevan sus madres nada.
    _ Mira acercarte mas a la niña.
     Cuando tuve mi cabeza casi rozando con la suya y la de mi hija, le echó el gorrito para atrás de  forma que su cabecita  quedó al descubierto.
    _ ¿ No le echas en falta algo?
    Entonces me di cuenta, que  no llevaba los pendientes de oro que todas las niñas  ricas, llevan a los pocos días de nacer,
    _ ¿ Te refieres a los pendientes Soledad?
    _ Eso mismo. Pero  hay otra cosa, los pendientes se los compro yo ahora mismo en cualquier  joyería, lo malo es que no tiene hecho los agujeritos en las orejas.
     Cada minuto que transcurría mas frio sentía yo, y así lo demostraba con mis temblores y retorciéndome las manos.
    _ Bueno eso ya lo solucionaremos. Ahora vamos a entrar en esta tienda de ropas de mujer y compraremos alguna cosa que nos quite el frio, y estemos decenitas para ir mañana al cementerio.
     Soledad, quería comprar ropa por dos motivos. Uno era el frio que yo sentía, era lo principal para gastarse el dinero, pero también  quiso que  nos presentáramos guapas, delante del  soldado enamorado, aquel muchacho madrileño, que  en una tarde  la hizo sentirse mujer feliz
    ¡Pobre Soledad! Que poco tiempo disfrutaría de aquel placer  que le inundaba su alma de mujer enamorada.
     Me llegó a decir por el camino al hotel.
    _ Mira Nieves, sino fuera porque mi madre se moriría de pena, no regresaba mas a Aceuchal, me buscaba contigo un sitio donde trabajar aquí en Melilla aunque fuese de criada como tu y  aquí me quedaba.
     Yo, casi una niña. Una niña madre, la miré con ternura y moviendo la cabeza le respondí.
     _Soledad, no me puedes negar que ese Juan Carretero te ha   trastornado de amor. ¿ Como vas a trabajar de criada? Tu no sabes las impertinencias que hay que  aguantar a  esas señoritas del pan pringado. Tu no sabes  lo que  hay que saber fingir para no reventar y tirarle con lo que tienes  en la mano a la cabeza.
    _ He trabajado en el campo, y en la costura, además se llevar una casa. No me asusta el trabajo Nieves.
    _Si, pero una cosa es eso, y otra servir.
     Me compró un abrigo muy elegante, no era de los mas caros  pero tampoco de los mas baratos. Era de color marrón y me llegaba hasta media pierna. También  se compro otro para ella, color gris, unas medias de cristal y unos zapatos de  charol negros. Luego entramos en una joyería, y compro unos pendientes  para la niña. Era una pequeña joya, de oro  en forma de  margarita.
    _ El problema es como se lo colocamos sin agujeros. Se los guardas y  allá en tu pueblo  que se los abra un practicante o una comadrona.
    _ No, mañana ella también tiene que presentarse guapa ante la tumba de su padre.
     No se si  era ante la tumba de Antolín por lo que quería que la niña estuviese guapa, o para que la viera su enamorado.
     Siendo de pueblo chico, estaba mas  lista de lo que parecía.
      Buscamos una farmacia, y no muy lejos encontramos una. Entramos. No había  clientes. Nos recibió una muchacha de unos  18 o 20 años, con bata blanca. Salía de la rebotica o trastienda cuando entramos, porque sonó un timbre chino que  había colgado de la puerta.
    _¿ Que desean? Nos preguntó amablemente.
    _ Queremos abrirle los agujeros a la niña para los pendientes ¿ Te atreves?
     La dependienta, miró a Soledad  que  era la que hablaba y ajustaba y pagaba todo y le dijo.
    _ Esperen unos minutos. Se pueden sentar en  las sillas.
    Tres o cuatro sillas  con  el asiento de cuero  estaban  a disposición de los clientes.
     Mire a Soledad. No me  dio buena espina aquello, no se porqué  el corazón me dictaba que aquella joven, tramaba algo.
    _ Nos podemos marchar a otra farmacia, o dejarlo para otro día. No me gusta esto Soledad.
    Pero cuando nos disponíamos a marcharnos. Se presentaron , entraban por la puerta dos hombres, con gabardina y sombrero. Altos delgados y con bigotes. No me equivoqué, eran policías,
    _ Quietas. No corran tanto _ dijo el mas bajo que solo era un par de centímetros menos del metro ochenta que mediría su compañero
    Sacó una placa del bolsillo de la gabardina y mostrándola  nos hizo saber que eran policías.
    _ Nosotras nada hemos hecho, señor. Solo queremos  abrirle los agujeritos a la niña para colocarle los pendientes.
    _ Si, claro. De eso se trata de la niña. Vamos a ver, de quien es la  criatura.
    _Mía
    _Mía. Las dos  al unísono nos atribuimos ser la madre. Aquello  llenó mas de sospechas  sin lógicas al inspector.
    _¿ De las dos? O de ninguna.
    _ Como de ninguna-Hable yo_ Es mía. La he parido en Málaga..... No me dejó terminar lo que le iba a decir.
    _ En Málaga. Y como están aquí.
    Hemos venido a ver a un soldado muerto.
    ¿-_¿Cómo?
    Estábamos aturrulladas, temerosas. Porque  sospechaban de nosotras. Algo había pasado y nos echaban a nosotras la culpa. Seguramente algún rapto de niño en  el hospital o sabe dios que.
     Nos  vio el nerviosismo que las dos  teníamos. Nunca nos  había   pasado nada semejante
    Soledad, se serenó antes que yo y  tomo la palabra.
     _ Mire usted  policía.
    _ Inspector _ le corrigió.
    _ Bueno señor inspector. Nosotras somos dos pobres chicas. Esta es Nieves Sánchez Jiménez, yo  Soledad Guerrero Báez. Ella era la novia de mi hermano, que hacia la mili en Málaga., pero en uno de esos traslados tan frecuentes que hacen los soldados aquí, se trajeron a el. Nieves que es esta salió embarazada de el, pero  no se pudo casar porque a los pocos días en una emboscada o escaramuza con  rifeños en el monte lo mataron. La pobre sin padres  ni hermanos, día a luz a esta niña en  la maternidad de pobres de su ciudad que  es Málaga. Me escribió una carta a un pueblo de Extremadura, de donde   somos mi hermano y yo. Entonces   viajé a Málaga a conocer a mi sobrina, y  hemos pactado llevármela conmigo a mi pueblo. Puede informarse en Aceuchal, quines somos nosotros, gen te pobre pero honradas. Allí  la Guardia Civil se lo puede decir.
     El inspector movía la cabeza, no se si dudando de Soledad o  convencido de que habían fracasado.
    _ Bien. A ver papeles.
    Mire mi certificado de haber parido una niña en Málaga._ y le mostré  un papel que me extendieron  al salir de aquel centro de miseria y engaños.
     Leyó lo que había escrito, que era mi nombre, el nombre del medico y el  apartado de la niña estaba en blanco, No lo pusieron, ni siquiera me lo preguntaron. No se que nombre tendrían pensado ponerle  la familia que  quiso  mediante la monja  legitimarla  como suya.  Comprármela, robármela.
    _ ¿Por qué no  figura aquí el nombre de la niña?
    _ No lo se. Así me entregaron el papel cuando salí de la maternidad.
    ¿ Como se llama?_ preguntó el inspector, queriendo  quedar bien del ridículo que estaban haciendo.
    _ Carlota Antolina, señor inspector-le dijo con mas   alegría Soledad al notar que el inspector hablaba mucho menos autoritario que cuando llegó.
    _Tiene usted algún conocido solvente que me pueda acreditar, que  todo lo que usted me ha dicho es verdad.
     Otra vez Soledad se puso nerviosa. A nadie conocíamos en Melilla, solo en el hotel  lo podían informar, pero  el conserje solo sabia que procedíamos de Málaga , que nos llamábamos Soledad y Nieves y que  llegamos con una maleta y una niña.
    _ No señor. Yo no conozco a nadie en esta ciudad. Ya le he dicho  a lo que hemos venido. Mañana lo puede usted comprobar en el cementerio.
    _ ¿Mañana? Si las dejo marchar, mañana  estarán ustedes fuera de Melilla.
    ¿Cómo señor intervine yo_ Como vamos a estar fuera de Melilla, si  de aquí solo podemos salir por mar, y hasta por la noche no hay barco de pasajero a la península.
     El inspector   miró fijamente a los ojos para  precisar.
    _ Eres lista chiquilla. Bueno Martínez_ se dirigió a su compañero_ me parece que hemos pinchado en hueso. Estas no son las que han sustraído al niño. De toda forma, hagan el favor de  desnudar al bebé un momento. Del todo.
    _ Esque hace frio, y se puede constipar-agregué yo.
    _ Si, no hay duda eres su madre.
    Aquello fue como el juicio de Salomón. No obstante  dijo que entráramos en la farmacia, que allí no hacia frio. Toda estas  ridículas  investigaciones  tuvieron lugar en la  entrada a la farmacia. Pero en plena calle.
     Entramos, desnudamos a mi hija que empezó a llorar. Le miraron su cuerpecito rosado y oloroso por los polvos de talco perfumado. Se rascaron la cabeza, para gruñir.
    _Otro fracaso Martínez. Buscamos  a un niño y esta es niña.
    _ Suerte, señoritas. Y perdonen las molestias, cumplimos con nuestro deber.
      Sin pensarlo mas nos dirigimos al hotel. Cenamos un bocadillo de jamón y queso que compró  mi cuñada en un bar cercano. Le di teta a mi niña, y nos acostamos.
     Apenas pude conciliar el sueño, pensando en el contratiempo de la policía. Lo mismo le sucedió a  Soledad. Casi de madrugada  nos dormimos, pero  no tardamos en levantarnos. Mientras nos lavábamos, arreglábamos a la niña, y nos vestíamos con la ropa nueva, llegaba la hora de  visitar  la tumba de Antolín. También teníamos que buscar una floristería para comprar las flores, decía Soledad.
    _ No, Soledad aquí las venden en la puerta del cementerio.  Por eso no hay que preocuparse,
    _¿ Como lo sabes?
    _ Porque en las ciudades es así. Al menos en Málaga si, creo que por eso no hay problemas.
     Que desagradable lo de anoche Nieves.
    _ Ellos, Soledad tienen que cumplir con su misión. Seguramente a alguna madre le han robado el hijo, recién nacido, quizás en el mismo hospital, yo ya he  visto algo.
    _ ¡Que horror Nieves; quitarle un hijo a su madre!.
    _ En los pueblos Soledad no pasa eso, pero en las ciudades si, hasta trafican con ellos .Nos acicalamos y pintamos los labios.Yo peiné a Soledad y ella me peinó a mi. Nos miramos al espejo, del tocador. , estábamos muy guapas, mas con nuestros abrigos.
    _ Lastima que Carlota Antolina, no pueda lucir los pendientes.- dijo Soledad.
    _ Buah. Ya se los colocaremos
    _ Si no es hoy, tu no la verás porque mañana por la noche me marcho.
    _ Durante el día, le podemos abrir los agujeros. Iremos al hospital, a lo mejor allí    encontramos alguna comadrona,  que quiera hacerlo, por dinero.
    _ Claro, Nieves, sin dinero no hay nada que hacer. Lo voy a sentir por ti, pero ya no tengo mas remedio que  marcharme, el dinero que traía a mermado muchísimo.
     Le cogí la mano.- ¡Que buena eres! Te has gastado mucho dinero en mi y mi hija, por eso te la confió hasta que yo pueda  ir a por ella.
     No supo que responderme. Creería que  le sugería que me fuera con ella si me pagaba el viaje. Quizás lo hubiese hecho, pero  muchas trabas debía de haber en ello y no solo   de dinero, otra cosa  tenia que haber por medio. Después de todo confiaba  plenamente en Soledad ; ella seria la madre de  la hija que yo parí, porque lo leí en sus ojos, y lo comprobé  los pocos días que estuvimos juntas.
     Quise llevar  en mis brazos a  mi hija. Ella dijo que a ratos, pues  para mi que no estaba muy fuerte aun, seria mucha carga, pero  yo quería  tenerla  las horas que  quedaban del día, que eran muchas,
     Nos encaminamos al cementerio, al pasar por un quiosco de prensa vimos  colgado un periódico local  con unas pinzas de tender ropa, creo que era el Telegrama del Rif, o el Correo de Melilla, no recuerdo bien.  En primera plana, y letras grandes estaba impreso lo siguiente.
    “ La policía busca a una o unas mujeres que han robado un niño de los brazos de su madre ayer tarde, en el parque Hernández. Toda la ciudad esta alertada.
      Entonces comprendimos, porque  la empleada de la farmacia, nos hizo esperar. Ya le habían comunicado la noticia, y sospechó de nosotras. Llamó a la policía, y  lo demás ya  lo sabemos
     Efectivamente no me equivoqué, en la puerta del cementerio voceaban las vendedoras de flores. Rosas de todos los colores, pensamientos, claveles, lilas crisantemos, y muchas mas.
     Como siempre Soledad abrió su monedero y  extrajo algunas pesetas. Compró un ramo de violetas. Me  dijo que flores quería yo ponerle a  su hermano.
    _ Me gustan las margaritas, -pero...
    _ Nada, compra lo que  quieras; ya me lo pagarás algún día.
    _ Bueno Soledad, esto quiero  que sea con mi dinero, tengo poco pero para un ramo de flores si.
    _ Guárdatelo, te vas a quedar sola, y no sabes cuando encontrarás  trabajo.
    _ pronto. En cuanto ,lo busque. A lo mejor... Juan Carretero sabe alguna casa de Oficiales que precise criada.
     _ Ojalá, sea el quien te solucione la vida.
    ¡ Pobre Soledad!. Sin  siquiera sospecharlo, era  el su efímero amor el que me haria feliz al menos algunos años  de mi vida.
     El cementerio era regular de grande. Estaba en un lado la parte civil, o mejor dicho la no militar, en otra  la netamente militar.
     Tumbas  abandonadas, que  tenían algún  escuálido ramo de flores, colocado por algún soldado generoso o alguna  mujer compasiva, tal vez alguna antigua  novia, casada con otro, en fin. Estaban  las tumbas  alineadas y en la cruz el emblema del regimiento y el nombre del fallecido
     Todos enterrados en  la tierra, algunas tumbas lucían  una losa de mármol, seguramente costeada por el regimiento, o familiares, no lo se..
     ¿Cómo encontrar la tumba de Antolín, en aquel laberinto de cruces. Miramos a los soldados que firmes, hacían la vele. Gente de toda clase con  flores, permanecían junto al ser querido. No veíamos ni a Juan Carretero, ni al soldado extremeño, que siempre iba junto con el.
     Soledad se entristeció, mas por no ver a Juan, que porque tardábamos en localizar  la tumba de Antolín, y el nos podía orientar  o llevarnos personalmente  al lugar donde descansaba  el cuerpo de mi novio. Aunque también  estaba inquieta porque su amado Juan, no  había  salido a recibirnos.
     Buscábamos el nombre de Antolin Guerrero en aquel laberinto de cruces, pero no lo localizábamos. Soldados  firmes aquí y allá. Mujeres jóvenes y  no tan jóvenes portaban ramos de flores que como nosotras buscaban  a sus seres queridos leyendo cruces.  Muchas  ya sabían donde se hallaban, porque  intuí que  llevaban  años enterrados  en aquel  camposanto y no  encontraban dificultad para  localizar las tumbas.
     Ángel Jiménez, Manuel Rodríguez, Fernando García, y muchos nombres mas,  que leímos y dábamos vueltas   por acá y por allá sin encontrar a el lugar que ocupaba Antolin.
     Un legionario viejo, que nos veía  desorientadas y preocupadas, nos dijo que  a quien buscábamos. Se lo dijimos, y como desconocedoras que erramos de toda aquella  maraña de emblemas y distintivos, nos dijo que a que arma pertenecía.
     Yo sabia que era de infantería, pero nada mas.
    _ Busquen primero el emblema¿ Lo conocen? Es este, y nos mostró una tumba  que en su chapa negra  además de figurar el nombre del que  alli reposaba, estaba  la corneta el fusil y la espada.
    _ Así es  el emblema de infantería, casi todos están  cerca de la pared que da  al mar. No tendrán dificultad de encantarlo. Aquí  ahí muchos, muchísimos, y no es fácil  localizarlos.
    _ ¿ Ha visto usted por  aquí a un  cabo  que se llama Juan Carretero?- ingenua le preguntó Soledad, como si  fuera  pan comido  saber todo los nombres de los miles y miles de soldados que  prestaban sus servicios en Melilla.
     Sonrió el legionario y   sonriéndole le  respondió.
    _ No señora. Es difícil  saber los nombres de todos los cabos, ni aun los de mi unidad los se. ¿ Que es el padre de ese niño?
     Se ruborizó Soledad, ante  la impertinencia del  legionario y le respondió amablemente.
    _ No, no es mi hija. Es de esta, y no es su padre, a el es a quien buscamos. A muerto en el Gurugú. Era mi hermano
     Fue entonces cuando el veterano soldado, rascándose la cabeza  le dijo  si su hermano  era de apellido Pantoja.
    _ No . Mi hermano se llamaba Antolín Guerrero , y queremos  rezar ante su tumba y colocarle estas flores,
    _ Se donde esta, el y los otros dos. Venid conmigo.
     Nos llevó justamente  a donde  estaba. No tenia  piedra de mármol , la tierra elevaba y la cruz  obligatoria, con el nombre y  el emblema de infantería, era la señal de que bajo aquel  cúmulo  alargado de tierra, reposaba  el hombre que me hizo sentirme mujer, el padre de mi hija y el hermano de Soledad. Rompimos a llorar con amargura. El legionario nos consolaba, hasta nos ofreció su pañuelo para que nos limpiáramos las lagrimas.
    _  No lloréis, porque fueron unos valientes, y los valientes como ellos, Dios los premia en  el cielo.
     Aquel hombre seria un creyente, y además un patriota.
      Cuando se marchaba deseándonos  felicidad y resignación lo paré.
    _ ¿ Cual es su nombre?
    Se  encogió de hombros y me respondió. El que quieras ponerme guapa. Son tantos los que tengo. Aquí en la Legión soy  Viriato a secas, pero mi nombre de pila es Luis, no le puedo decir mas
    _ Yo también tengo un hermano en la legión es cabo, se llama Rafael  Sánchez Jiménez ¿ Lo conoce?
    _ No, ese  será su nombre  de pila, pero  a lo mejor aquí se llama Napoleón o Don Juan de Austria,  vete a saber.
     No insistí. Había oído que se cambiaban el nombre, para  que no  supieran sus andanzas delictivas en la vida civil, y el porque se habían alistado a le legión
     Nos tendió la mano, que se la apretamos dándole las gracias, besó a la niña en la carita  de refilón, y se largó buscando  a compañeros que  habrían compartido con el luchas y juergas, quien sabe.
      Le quite a Soledad  mi niña de sus brazos, y la acosté en la fría tierra encima  de su padre. Pusimos las flores junto a la cruz; nos arrodillamos y rezamos. Yo un padrenuestro y tres avemarías; Soledad bisbeó mas tiempo pero no se que rezaría ni le pediría a Dios.
     La niña rompió en llanto, la levanté del suelo. Seguramente  tenia hambre, porque frío , aunque no hacia calor no creo, ya que  estaba muy bien abrigada con la toca que le compro su tía, que por cierto  se mancho de tierra , la tierra que arropaba a la sangre de su sangre y la carne de su carne.
      Cuando nos levantamos del suelo, miraba  por todas partes, inquieta, nerviosa preocupada. Yo sabia porqué. Esperaba  que nos recibiera Juan Carretero. Quería  despedirse de el, contarle lo que nos  sucedió con la policía, darle sus señas para que le escribiera, y algo mas.
     ¡ Pobre Soledad! No tenia suerte con los novios. Aquel  de que ella se enamoró, sin decirle el nada. Aunque  también Juan  demostraba  estar colado por Soledad.  Y cosa extraña, se decepcionó un poco cuando le dijo que la niña era mía. El quería  a Soledad madre soltera. Quería  darle el cariño a ella y a  la que supuso  su hija, que a el le faltaba. Se compadecía de  ella, y la deseaba  con un  hijo, para  darle  el calor y el amor paternal que  el  otro le negó. Si, parecía un  hombre bueno ¿ Pero porque no se presentó  a nosotras  en el cementerio como  acordamos. No lo sabemos.
     La pobre Soledad, meció a mi niña. Y las lágrimas afloraron a sus  negros ojos. Lagrimas de  desengaño. De desilusión. Creía que Juan, iba a seguir con ella por carta, y luego licenciado en España, en Madrid ya era mas fácil viajar hasta Aceuchal, o ella a Madrid, con mi hija, porque  como  creía  y así  fue, yo tardaría en ir a por ella, tanto que nunca fui a Extremadura. Si, me la encontré  cuando yo  enferma, próxima mi muerte, me descubrió , o mejor dicho la descubrí yo en un hospital de  Sevilla.
     Tal vez se desilusionó cuando supo que Soledad no era la madre e la niña que portaba en sus brazos, quizás se arrepintió  de  enamorarse de ella, o quizás  no quiso hacerla  sufrir con un amor que  sabia o  sospechaba que  no se consumaría por la distancia  que mediaba entre Madrid y Badajoz, concretamente Aceuchal, o quizás mas  lejos como  Melilla,  donde  si le salían bien las cosas que tenia previstas se quedara a vivir por muchos años. No sabemos  porque no acudió aquel día 2 de noviembre a  con- solarnos al cementerio como prometió.
      Yo estaba  molesta, un hombre cuando empeña su palabra debe cumplirla, aunque sea con unas pobres mujeres, sin  prestigio como nosotras. Éramos dos  mujeres sin carrera, sin  oficios  brillantes, con un futuro incierto, pero el no era tampoco nadie, un simple cabo de  reemplazo, u en lo mejor de los casos  un mecánico de coches, un remendón de viejos automóviles que  no llegaría  nunca a ser un  perito y mucho menos ingeniero,  ¡ que digo! Ni seguramente un gran mecánico. Pero  yo lo que sentía era rabia por haber sido despreciada tan vilmente.
     Me dolía  Soledad, porque ella si se enamoró en dos tardes perdidamente de Juan Carretero. ¿ Quien lo iba a decir...! que aquel muchacho casi  hijo , que  con aquellos ojos  de mirada dulce, observaba a la hermana de Antolín, aquellas tiernas miradas que lo decían todo, que no precisaban  palabras para declararle su amor, le haya dejado en la estacada.
     Ella, la  dulce Soledad, esperaba  hacerse una foto con el en el parque,  una vez  dejaran  a Antolin reposando por los siglos de los siglos  en su tumba con  los ramos de flores, Una foto sencilla, barata, de las llamada de minuto, esas que tanto ilusionan a las chachas como yo y a los reclutas. Pero que  para recuerdo de un  fugaz amor, un flechazo en los corazones tiernos  valían. Sin embargo, el la olvidó  pasada una noche. Todos los hombres son iguales. Solo van a por el sexo fácil, y se dio cuenta que allí no lo encontraría. Esas eran suposiciones mías. Luego  fue otra cosas bien distinta.
     No tuvimos ganas de pasear,  entre la pena  que  teníamos por mi novio y hermano de Soledad, y la desilusión   que llevamos, es especial  Soledad por   el incumplimiento de Juan Carretero , nos marchamos  derechas al hotel.
     Sentadas en  las dos sillas  que existían, nos contamos nuestras penas. Yo apenas hablaba, Soledad ya sabia toda mi vida, mi triste vida, pues  en pocas palabras se la conté, Nada había oculto, todo se lo dije, hasta que Carlota la Caracola, como le decían a mi  madre, Carlota Jiménez salía  al anochecer cuando no  teníamos ni agua para llevarnos a la boda, y regresaba cargada con  garbanzos, chorizos aceite y otros alimentos y hasta algún dinero.
     Que mi hermana Vicenta  estuvo en un burdel de Málaga hasta que falleció podrida de sífilis y gorronea, que mi hermano Diego  estaba seguramente en alguna cárcel, que el mayor Rafael, no sabia si estaba en Melilla, o en el Aaiun donde marchó voluntario para ganar mas dinero, o a lo mejor  estaba enterrado  en algún lugar del  desierto del Sahara, y que Luisa, de nueve años , Antoñito de seis y María de cuatro, cuando ella  los vio por ultima vez ignoraba su paradero, porque al morir su madre los recogieron en  diferentes orfanatos y los llevarían a Sevilla, Granada o Córdoba, según h rumores de  las  antiguas vecinas y de Luisa, pero que nada con firmaron.
     Lo demás ya lo como nos conocimos Antolín y yo, las casas donde  había servido, y hasta  la tarde que hicimos el amor en el sitio mas  oculto y  olvidado por la gente decente que frecuentaba el parque de la Malagueta.
      Soledad me escuchaba, sin mucha atención. Intuía que sus pensamientos  estaban en Juan Carretero , aquel segundo amor.
     _ No pienses mas mujer! Si solo lo conoces de tres días, pero es verdad  las mujeres somos muy tontas, A mi me pasó lo mismo con  tu hermano, me enamoré nada mas verlo en casa del Capitán López, en casa de la engreída doña Eloisa, que  se la coman los buitres.
      Me arrepentí de  decir la ultima  frase, pero ya no pude volverme atrás. Eran palabras de  gente del hampa, y yo  aunque pobre criada, hija de un mal barbero y e Carlota la Caracola, no era del hampa, me esforzaba por ser honrada, y si  a doña Eloisa y a la buena de doña Inés las  insulté calificándolas de lo que n o eran, lo hice porque  primero  doña Eloisa y después el hijo de doña Inés  así me trataron.
     Soledad,  apenada me contó su vida, esa vida  de la que yo sabia algo por algunas palabras suelta que ella me decía, pero que no la conocía a fondo.
    _  Nieves, eres muy llana, muy   sana e ingenua, no te reservas para contar tu vida, por eso creo que tienes derecho a saber la mía, la de tu hermana, porque aunque  no  hayáis haber estado unidos  cristianamente  por  el fallecimiento de mi hermano, si  lo habéis estado en cuerpo y alma, por lo tanto somos hermanas.
     Mira  mi vida no es tan triste como la tuya pero si  mas desgraciada. Escucha. Hasta mañana que salgamos a comprar   leche para la niña, y algo para ti, hacerle los agujeros para los pendientes y sacar el pasaje para el barco de la noche tenemos tiempo. Ya he encargado al botones que n os traigan comida del restaurante, me queda poco dinero pero si el suficiente para dejarte alguno, poco y para llegar yo desahogada a la estación de Almendralejo, quiero  que  hagamos el  viaje lo mas cómodo posible, no
    Por mi sino por esta preciosidad que algún día te entregaré hecha una señorita, por lo que jamás el contacto debemos de perder-
     Y ahora ponte a oír mi historia.
     Yo soy hija de un  potentado y una costurera., mi  asqueroso padre , el que no quiso  reconocerme como hija, poseía muchas  fanegas de tierra de sembradura, olivos y viñas,  rebaños de ovejas, dehesas de encinas  tres o cuatro casas de las mejores Almendralejo , otra en Fuente del Maestre, y otra en Villa franca de los Barros. Yo no supe esto hasta que   mi novio, otro baboso sinvergüenza no me dejó plantada después de  ocho años de  noviazgo y una barriga. Pero vamos por el principio.
     Mi madre era costurera, muy guapa, tenia enamorado a todo  los mozos del pueblo, pero era algo orgullosa, no le gustaban los  patanes del campo  a pesar que  mi abuelo, su padre era un autentico campesino.
     Un día por las fiestas de la Soledad, se presentó aquel hombre en el pueblo, Llegó con dos o tres amigotes de esos amigotes de taberna y  pitillo.
    Llegaron  de la vecina ciudad  montados en caballos briosos, vestían  con trajes camperos, sombreros de ala ancha y  la fusta,  la típica estampa de los  señoritos de la comarca de los años  veinte.
    Mi madre no poseía taller propio, pero era muy apreciada por la dueña y maestra del obrador. Su nombre , el de mi madre era  Natividad, pero  era conocida en todo el pueblo por el diminutivo de su nombre, así que  para todos era Nati
     Cuando doña Antonia, que así se llamaba la maestra,  se desplazaba a los pueblos próximos o a Mérida, unas veces en busca de costura y otras a por telas e hilos  que en el pueblo no se encontraba, Nati quedaba al cargo de  taller,  ajustaba los trajes hacia probaciones y  cortaba y media.
     Contaba  por entonces, o sea cuando llegó el señoriíto, la no despreciable edad de 24 años., pero como era  como era, no tenia novio, esperaba que llegara lo que para su m al llegó.
     Morena, de pelo como el carbón, que le llegaba a la cintura, y se lo  recogía con una cinta  a modo de diadema,  ojos profundos  alta, rellenita de carnes, como gustaba a los hombres por entonces, sin llegar a ser gorda ni mucho menos. Era alegre y graciosa, pero ella sola se puso mala fama por no cuadrarle ningún muchacho del pueblo.
     Estuvo a punto de arreglarse  con un estudiante de medicina,  pero después de unos meses, el futuro médico  pensó que una modistilla de pueblo era poca cosa para un doctor y la dejó plantada. En eso todas hemos llevado el mismo camino.
     Luego otro muchacho  que también le pidió relaciones y estudiaba para  maestro de escuela  tuvo la mala suerte que enfermó de tuberculosis y como la ciencia médica aun no estaba desarrollada como hoy murió, creo que con su nombre en los labios.
     Lo ultimo que  dicen que pronunciaron sus labios fue “ Nati que seas muy feliz” pero no se cumplieron sus deseos porque Nati nunca lo fue.
      Esto ocurría cuando ella contaba  de los 18 a los 22 años
     Creo que fue del malogrado maestro de escuela, del que estuvo profúndame te enamorada, ya que se encerró en casa y solo  salía para ir  a la costura, y vestida de negro. Sus padres, viendo  la pena que le afligía,  la mimaban y le daban animo.
     Como el tiempo lo cura todo aquella pena también se curó, sino del todo  bastante, y volvió a salir con sus amigas al paseo y al baile, que era lo único que  existía en el pueblo para divertirse
     Ya dije que era orgullosa y vanidosa, y cuantos mozos  le  proponían   ser sus novios, eran  despreciados por ser unos patanes del campo. Ella sabia algo, poco pero antes de  entrar de aprendiza en el taller de doña Antonia, asistió a la escuela publica y  aprendió a leer y escribir y   a expresarse con soltura. Aquellos muchachos, eran pobres como eran mis abuelos, por lo que ella no podía presumir de riquezas, pero si de que era guapa, sabia muy bien coser y no se iba a casar con destripaterrones que no sabían ni hablar ni hacer la o con un canuto de caña.
     Ya se iba haciendo mayor, y como había despreciado a los mozos  del campo que eran la mayoría por no decir todos, ninguno mas le dijo por ahí ye pudras.
     Cuando la veían pasar altanera y  moviéndose al compás del paso, sin mirar para nadie, escuchaba  frases como. “ Anda orgullosa que te vas a quedar para vestir santos” o Quien se cree que es, esa muerta de hambre”.
     Pero ella  seguía esperando al príncipe azul, que desde luego tenia que llegar de fuera porque ya en Aceuchal no quedaban.
     Y para su mal, llegó el señorito Felipe, montado en aquel caballo tordo, con espuelas, traje  campero  sombrero  de ala ancha y fusta.
     Era la tarde el día 8 de septiembre de 1915
     No se don de dejaron los caballos, si en la posada o en casa de un amigo, o maneados en algún rastrojo a las afueras del pueblo. Ellos se presentaron en el baile, aquel  pobre baile en un  mísero salón, llamado Salón Ideal, donde dos  tres aficionados, tocaban  como buenamente podían. Uno con el bombo, otro con un viejo saxofón y otro con la trompeta.
    Todas las miradas fueron dirigidas a los tres  forasteros, que tan gallardamente iban vestidos.
     Mi madre,  con un traje azul que ella se confeccionó muy bien hecho  era la mas elegante y vistosa y no solo por su traje y sus zapatos de cuero abotonados  a un lado con una tira de cuero  y un botón negro como eran los zapatos, sino por su belleza que no tenia  línea paralela, es decir no había otra igual.
     No bailaba,  porque ningún mozo la sacaba, quizás si la hubiesen sacado cualquier mozo lo hubiera complacido, pero estos temerosos  por la negativa se abstenían de  solicitarle  el baile
     Ante ella  llegó don Felipe con  su arrogancia y  la prepotencia que da el dinero. Los mozos  cobardemente,  no quisieron  oponerse a aquellos señoritos de Almendralejo, como se oponían a  que  los pobres que llegaban de la vecina Villalba o Santa Marta, bailaran con las mozas, porque para eso estaban ellos, y a veces se  formaban trifulcas que terminaban con alguno descalabrados, casi siempre los forasteros,
    _¿ Como una belleza como usted, una  rosa de la primavera,  nacida en un frondoso jardín está aparcada como un coche?
     Se referiría a un coche de caballos, porque coches automóviles no existían en el pueblo.
     Mi madre que  lo deseaba, por dos cosas,: La primera por burlarse de aquellos patanes que le habían cogido miedo, y la segunda y principal porque al ser un señorito con dinero, que no como algunos del pueblo que lo eran del pan pringado  vió  que  su belleza y saber estar podía sacar algo en su bien. Dicho de otra manera mas sencilla, veía  su vida solucionada, creyendo seducir al calavera  que luego resultó ser el tal don Felipe. Bueno no resultó ser, mucha gente  sabían que lo era , porque los pueblos están muy próximos y no eran pocos los que se desplazaban a Almendralejo y conocían sus andanzas. Pero la Nati como se le conocía a mi madre o no lo  vió o no lo quiso ver, que  todo el mundo creía que era lo segundo mas que lo primero. Porque tonta no era, y solo con  fijarse en la chulería que  manaba por todos sus poros aunque  fuese muy galán a primera vista con  las mujeres.
     Alguien le aconsejó, que aquel señorito lo único que  pretendía era divertirse con ella como lo había hecho con  las mujeres mas incautas y guapas de Fuente del Maestre y Santa Marta o Villalba, pero ella hizo oídos sordos a estas advertencias, alegando que eran habladurías.
      Sus padres, , no quisieron  contrariarla ni que  se marchara de casa como les amenazó si se oponían al noviazgo con Felipe, como ella decía  apeándole el don que todo el mundo le  decía, y no precisamente porque  poseyera una brillante carrera, sino por los millones de su padre que como hijo único serian   pocos años suyo.
       Yo la escuchaba sin pestañear,  aunque no me interesaba en absoluto la vida de  la madre de mi difunto Antolin, me  entretenía y  quien sabe si algún día podía  serle de provecho a mi Carlota Antolina, porque  su tía , la que  se la llevaría para criarla y educarla, podía  ser reconocida por el tal don Felipe como su hija natural y  heredar mucho de el que  por lógica pasaría a mi hija y esta  averiguaría  quien era su madre  biológica, o saberlo ya y beneficiarme en aquello  que como madre de  una millonaria me pertenecía, Estas tonterías, que pensaba  me hacían reír. Yo  una piojosa muerta de hambre  millonaria...
    _ ¿ Te canso con mi relato?_ dijo la buena de Soledad, cundo  observó que mis labios emitían una  sonrisa  sarcástica, no por su relato sino por mis pretensiones egoístas.
    _ No, Soledad, es que  pensaba en una cosa absurda, y me ha salido esa sonrisa , pero sigue con la historia de tu madre, la verdad que es interesante—no se si lo dije convencida, o mentí para no disgustadla mas de lo que estaba por la  ausencia de su Juan Carretero al cementerio.
     Se humedeció los labios con saliva y  continuó.
    _ Ya queda poco Nieves. Lo voy a resumir, porque  pronto nos traerán la cena y luego nos acostaremos pronto, que mañana vamos a tener un día muy ajetreado y emocional con  mi despedida.
     Se hicieron novios, no sabemos si los padres de don Felipe aprobaban aquel noviazgo de su hijo, seguramente no, pero no le quitaron el capricho. ¡ A tantas pobres muchachas de su pueblo y alrededores había engañado que por una mas nada ocurriría!. A pesar de eso todas tuvieron mas suerte que mi madre, porque  la Nati, que casi no atendía a la costura, se iba con el  a muchas fiestas, se la llevaba en su tartana nueva y lujosa de la que tiraba un bonito y robusto caballo blanco.
     Y así  varios meses.. Recorrieron las ferias de Zafra, Villafranca, Almendralejo , Fuente del Maestre, Mérida y llegaron hasta Badajoz, a mas de  12 leguas del pueblo.
     La paseó por todos los sitios que quiso, le compró vestidos y hasta joyas. Su madre cambió y ya no veía en don Felipe el calavera que decían la gente, sino a un caballero. ¡Pobre madre, ¡ que equivocada estaba. De su padre nada supe, no se si   era un calzonazos que  no mandaba nada en casa, o era que se tapaba los oídos y nada quería saber, o tal vez el dinero que veía  ya en manos  de su hija  le tapó los sentidos y los ojos.
     Mi madre estaba que no cabía en si. Con el cabriole se creía ser la reina del mundo entero. Si los hombres son  unos  engreídos y prepotentes con mucho dinero, las mujeres somos  orgullosas, vanidosas y tontas
     Hasta que un día  dejó de ir a por ella a casa.
     Los primeros días  su madre lo justificaba  diciéndole a las vecinas que porque ya no se veía a don Felipe ir a por la Nati.que seria porque se hallaría enfermo, o el trabajo de llevar las fincas le restaba tiempo.
    ¡ llevar las fincas, si nunca había dado un palo al agua ¡ Para eso tenia administradores y  lambuzos alrededor que se encargaban  de eso, porque su padre se hacia mayor y no podía atender a todo. En fin que dejó de ir
     Y mi madre, dejó de salir a la calle, se le apagaron las rosas de las mejillas, se le  terminó el orgullo, la alegría y entró en profunda depresión.
     Y como eso no se podía ocultar por muchos meses, le confesó a mi abuela que iba a ser madre. Que estaba encinta de cuatro meses. Su abuela  creía que la pena era por don Felipe, y lo seria pero era mas la pena por lo que  le tenia encima.
     No le pegaron, ni la echaron de casa, ni siquiera le reprendieron como era habitual  en aquellos tiempos, a la que tenia la mala suerte de salir así
     Dolores, que este era el nombre de mi abuela, ni corta ni perezosa se desplazó sola y en burro hasta la casa del señorito, preguntó por el a la criada que salió a recibirle, esta le dijo que esperara que  no tardaría en salir. Esperó  mas de media hora sentada en el umbral del palacio, pues mas que casa señorial era un palacio. Llegó el  seductor de mi madre, que podía llamarlo padre, pero lo odio  a muerte, porque no solo no quiso casarse con Nati, si no que le  acusó de adultera, alegando que yo no era su hija  que era de un amigo suyo, el que nunca quiso dar su nombre  porque no existía tal adulterio. En fin para que no se alargue mas  el relato, y viendo que casi te aburro...
    _ No Soledad, por Dios no me aburro. – le decía yo, y ahora si era verdad no me aburría me gustaba la tiste historia de la que pudo ser mi suegra si una bala no se hubiese puesto en el camino de Antolín.
      La tarde declinaba, desde la ventana del hotel se divisaba el monte del Gurugú, y mas lejos  muy confuso otras montañas que yo en mi  ignorancia atribuía a el Atlas.
     Se ponía el sol.  Y el crepúsculo cada vez se hacia mas opaco,. El cielo estaba completamente raso, había sido una tarde de esas de octubre y principio de noviembre en que  en el sur de España y norte de Marruecos  el sol  calienta como en primavera, al ponerse el sol se levanto un vientrecillo   algo fresco, pero que  hacia que la noche fuese mas agradable.
     En contra de lo que teníamos pensado de no salir en toda la tarde, al llegar  la noche nos  apetecía respirar el aire puro que olía a sal y esencia de pinos de los pinares de Rostro gordo-
    _ Si quiere vamos a dar una vuelta por Melilla. Llevamos aquí toda la tarde y  me apetece  un paseo, conocer una vez mas el maravilloso parque Hernández, la Avenida del Generalísimo, y los edificios del ayuntamiento y capitanía general, - dijo Soledad mas  optimista y alegre que  cuando llegamos el cementerio.
    _ Bueno me parece bien Soledad. La niña  está  bien alimentada y ha dormido durante toda la tarde. Pero quiero llevarla yo en mis brazos, porque  ya  quedan pocas horas para que  no la bese hasta sabe Dios cuando.
     ¡Ah!  ¿ No le encargamos la cena al conserje, para que no la subieran a la habitación?
    _ Si, Nieves. Pero no  pases apuros, ahora la elimino y cenamos en cualquier restaurante del centro
    _ Pero, si ya la tienen pedida.
    _ Es verdad. Bueno que la dejen  en la mesita. Mañana no la comeremos.
      No comprendo como aquella criatura, que hacia  poco mas de  cinco o diez minutos estuvo a punto de llorar contándome la historia de su madre, que era la suya, cambio tanto. Era otra Soledad, se le alegró el alma y hasta la cara se le tornó de otro color mas sano y brillante.
     Yo pensaba si se  habría olvidado de Juan Carretero, desde luego  tres días son pocos para morirse de amor por un hombre, aunque este hombre fuese tierno y  le mostrara  cariño y compasión, la segundo m as que lo primero, porque ya  conocemos  que se enamoró de ella, creyéndola madre soltera, madre de la niña que portaba en sus brazos cuando   nos invitaron  los dos amigos a tomar un té en el cafetín de Fátima.
     Los hombres  a veces son muy raros, y  se enamoran por compasión, por lástima, y quieren ser  Ángeles protectores de aquellas desgraciadas, y sus hijos, que un canalla  sin entrañas las abandonó a su suerte. Juan Carretero, cabo de infantería y mecánico en Madrid, sin dudarlo era uno e estos buenazos que andan  por el mundo, y que  a veces llevan fracasos creyendo que la victima  es una santa. Muchos se equivocan, pero no todos. Juan Carretero, se equivocó no en que Soledad fuese mala, no porque ya conocemos que  la hermana de mi Antolín tenia un buen corazón. Pero se equivocó e puerta, y la que creyó engañada y ultrajada  con el fruto de  la traición en sus brazos, no lo era tal, sino una mujer  llegada de  lejos a hacerse cargo de la hija de su hermano muerto en combate.
     Quizás esto lo desilusionó. El quería  a Soledad, no por su belleza que era guapa, ni por su  simpatía, ni por otra   cosa física que  poseía a la vista como era sus hermosos y  turgentes seños, sus ojos  negros y su pelo exuberante, No, Juan se   enamoró por compasión al creerla madre soltera a pesar de ser mas de diez año ella mayor.
     Soledad, quizás se enamoró por el candor que se adivinaba en el madrileño, por sus palabras de  ternura. “ Yo estoy dispuesto a casarme con usted y darle mis apellidos a su hija”- le dijo  mirando al mar en el cafetín e Fátima.. Y ella, Soledad   sintió tanta ternura que a pesar de  desilusionarlo  al decirle que no era de ella la niña, sintió  en las palabras dulces y tierna de Juan el instinto maternal, quería ser  madre de mi hija, y lo quería ser por dos motivos, el primero por sentir  esa  alegría , esa sublimidad de ser madre, y la otra por darle a aquel hombre bueno el amor que le pedía para ella y su hija.
     El repentino deseo que le entró por salir a la calle, lo supe muy bien, no era por tomar el aire  limpio y puro del mar y los pinares, ni por ver de nuevo el parque Hernández , ni la Avenida principal e la ciudad, ni su ayuntamiento, ni su capitanía general, a ella  todo esto le tenia sin cuidado. Su salida se debía a que el corazón le anunciaba que su amor, podía  encontrarlo en el parque, o en el cafetín de Fátima por ser lugar habitual de los soldados y niñeras, o por el parque  que   era donde  estaba  propina la capitanía general, o por  la Avenida, todos ,los sitios donde  ella creía y así era  que transitaban los soldados de recogida para el cuartel. Eran las ocho y a las diez  no  quedarían ni los mas retrasados  por las calles
    _ Mira Nieves__se sinceró a mi_  Te  mentí, a mi me da igual Melilla  , porque estoy deseando  marcharme a mi pueblo, ya mi madre debe de estar preocupada, le dije que  tardaría unos tres días y ya van seis, le he escrito una carta pero no se si la habrá recibido....
    _ Bueno  ¿/ porque no le telefoneas?_ le corté, pues iba a decirme algo mas.
    _  Lo he pensado, pero  no tenemos teléfono en casa, hay que pedir la conferencia  a la central, y tardan muchas horas en dártela. Los pueblos pequeños solo disponen de una  sola línea y se  recargan  las líneas, le tiene que dar paso Almendralejo, y  loo hacen las telefonistas cuando pueden o quieren.
    _ Siempre  mientas Almendralejo para todo, debe de ser la capital de tu provincia.
    _ No, Nieves, la capital es Badajoz, como bien sabrás, pero  mi pueblo en parte depende de Almendralejo en todo, transportes, correos, médicos juzgado en fin todo lo esencial, es digamos una pequeña capital de aquella comarca.
    Bueno, que no  llamas a tu madre ni para  decirle que llegas   pasado mañana a mas tardar.
    _ No lo dejamos así.
      Íbamos paseando por el parque. Yo llevaba a mi niña en mis brazos; el chupete que le compró Soledad en su boquita intentando  inútilmente sacar de el lo que sacaba de mis pezones, Yo la miraba con ternura, cada día me recordaba mas a su padre,  era como he dicho el vivo retrato, no hacia falta verle el racimito de uvas en su barriguita para adivinar que era hija de el, era mas , mucho mas Guerrero que Sánchez.
      Aun quedaban muchos soldados y niñeras paseando por  entre los arriates y parterres. El fotógrafo del minuto recogía sus  aparatos y se marchaba con la  máquina de retratar como decíamos, al hombro. Ya no había suficiente claridad para   las tomas. Las luces   se encendían poco a poco, enfrente  del parque vimos una farmacia. Todas las miradas  que Soledad y yo  dirigíamos a los  uniformados soldados resultaban estériles, ninguno era Juan, parecía que se había tragado la tierra.
    _ Mira Soledad, otra farmacia. Vamos a ver si quieren hacerle los agujeros a mi niña para los pendientes.
    _ Si, Nieves; vamos,
     Entramos temerosas, pero decididas, temerosa por lo que nos ocurrió la noche anterior, pero decididas porque  ya aclarado  la  equivocación no nos molestarían mas.
     La dependienta era una chica joven. No  rebasaría los dieciocho amos.
    _ ¿ Que desean? Ya iba a cerrar, hay dos de guardia, Pero en fin las atenderé.
    _ Mira  señorita- Soledad fue la que tomo la palabra,_ Nosotras lo que queremos es abrirle los agujeros a la niña para los pendientes. Y  creemos que  usted lo  sabrá hacer, tienen experiencias y alcohol para desinfectarlos.
     Nos miró extrañada la joven. No confiaba mucho en nosotras, pensaría que le íbamos a robar o a dejarle a la niña. Eran tiempos malos para todos y, no era  solo un niño el que  robaron o dejaron abandonado en algún sitio. Unos para cómpralos y otros para venderlos, existía  un mercado negro de Ángeles blancos, y me refiero en lo de blanco no solo al color de la piel, sino del  alma, porque todos los niños sean de la raza que sea su alma es blanca.
     La joven empleado llamó a alguien y se personó un caballero de aspecto respetable, serio,  con bigote peinando canas,  hacia atrás, y gafas de miopía   que se las quitó para limpiarlas con un pañuelo blanquísimo que extrajo del bolsilla de la bata blanca que llevaba puesta.
    - ¿ Que ye ocurre Merceditas?
     A la  mancebita, se le alegró el rostro. Suspiró echando fuera el miedo que  le causábamos y  dijo.
    _ Estas dos señoras, que traen a una niña para que le  taladremos las orejitas para los pendientes. Y yo no  me atrevo, me da mucha pena  verla llorar,
    _ Bien.. No te preocupes.
     Se colocó las gafas. Nos miró  con cara de  circunstancia y  con voz  perceptible pero muy baja preguntó
    _ ¿ De quien es la niña?
    Mía_ respondí yo adelantándome a Soledad que iba a decir lo mismo.
    _ Partida de nacimiento, y fe de bautismo.
     Me quedé un poco  anonadada. Parida de nacimiento. Es verdad, la habíamos bautizado sin estar registrada en el registro civil de Málaga.
     No caímos ninguna de las dos en la cuenta de que había que registrarla con el documento que me dieron en la maternidad firmado por el médico, y eso que me lo dijeron, pero se me olvidó.
    Tengo esto señor, y le mostré el papel del médico.
    _ Si pero han pasado varios días, y ha nacido en Málaga, porque n o la han registrado allí.
    _ Es que estábamos de paso cuando me vino el parto, y  con las prisas no me he acordado.
    _ ¡Prisas para venir a Melilla! ¿ Es usted de aquí y aquí vive?
    _ No señor._ le respondí con la voz lastimera,  ya me  arrepentía de  haber entrado  en aquella farmacia. No teníamos suerte, en todas sospechaban e nosotras.
    _ Mire señor-Ahora era Soledad la que se encaró con el farmacéutico, altanera sin miedo o al menos lo vencía._  Solo hemos venido a  que le abran los agujeritos en las orejas a esta  criaturita. Si no quiere nos marchamos y en paz. Nada de mas averiguaciones, Además se lo íbamos a pagar  bien. lo que nos pidiera.
     Estaba muy cerca  la Capitanía General . A través de los cristales se divisaban los soldados de la guardia, que jugaban  a las cartas  unos y leían otros. El centinela permanecía, en la ancha puerta, con el fusil   en el hombro paseando de una esquina a otra ,
      El boticario le dijo algo al oído a Merceditas y esta salió disparada.
     Otra vez  éramos  sospechosas de robar niños, o de querer comerciar con  ellos.
     ¿ Es que teníamos nosotras cara de  criminales, o de traficadoras de niños,? Nosotras que fuéramos como fuéramos, nos desvivíamos por  Carlota Antolina, que la llevábamos limpia y bien alimentada por mis pechos, que casi n os peleábamos por llevarla en nuestros brazos. ¿ Porque esa sospechas?
     La noche anterior patinó la policía. Es que aun no habían retirado  la orden de  detener a las mujeres que fuesen con niños de los brazos por la calle? ¿ Es que  aun no habían  descubierto al ladrón  que le quitó de los brazos a su made su idolatrado hijo?
     Me arrepentí de haber viajado a Melilla y arrastrado a Soledad  a que me acompañara
     Al los dos minutos se presento Merceditas, pero como sospeche, no llegó sola, que llegó acompañada  de un cabo de la guardia, con orden de retenernos en el cuerpo de guardia hasta que llegara la policía, o la Guardia Civil , que al ser militares los que nos retenían  confiaban mas en el Benemérito Instituto.
    _ Señoras_ dijo muy cortés el bigotudo cabo_ Tengo orden del teniente de guardia  de que me acompañen a capitanía, solo para  unos interrogatorios que le formulará la Guardia Civil, que seguramente ya vienen de camino  desde la Comandancia.
      No se porqué al decirnos que nos interrogarían en capitanía la guardia civil, me sentí aliviada. Prefería los interrogatorios de los hombres del  tricornio a las frías  palabras de los  de la gabardina y sombreros. Seria  una tontería, pero  quizás el uniforme me  causaba mas  seguridad y confianza que aquellos  serios hombres de paisano.
     Soledad, no dijo nada, pero le noté una sonrisa de  satisfacción que nos llevaran a Capitanía. Ella conocía a Juan Carretero, cabo de infantería , que aunque  no acudió a la cita del cementerio, en caso de complicarse  el asunto, podía  ser testigo y  contar la verdad, o lo que el  sabia de nosotras.
     
     Yo también pensé por un instante, que  en la Legión tenia un hermano cabo, aunque  creía que estaba en el Aaiun, pero podían pedir informes, el sabia de mi embarazo pues ya me  vio en la muerte de mi madre con la tripita, no creo que se negara a reconocerme, pero  eso si  la cosa se complicaba demasiado, si no  nada, no lo molestaría.
     Los escasos cincuenta metros que  separaban la farmacia del vasto edificio de capitanía, lo anduvimos sin mediar palabra. El cabo   marchaba detrás de   nosotras, y yo con mi hija  que rompió a llorar le mecía al compás de la marcha..
       Un joven teniente n os esperaba, en la puerta. Amablemente nos invitó a entrar en   el cuerpo de guardia.
    _ Señoras_ empezó diciendo_ Tengan la bondad de tomar asiento, y si tienen que limpiar o darle de mamar a la niña, hágalo la madre sin reparo.
     Mire señoras esto  seguramente es una bobada de las muchas que a veces circulan por Melilla que como ciudad  casi fronteriza con Marruecos, o sea es  en definitiva Marruecos, pero española, en fin esto a ustedes no les interesa lo mas mínimo. Lo que  ocurre es que  a veces suelen robar  niños que los    venden a ricas señoras en  Rabat , Tánger o Casablanca, esas que con dinero todo lo compra, y cuando alguien v e a mujeres solas, con algún niño que no es conocida, siempre es sospechosa, de robo o de querer venderlo  aunque sea suyo. Pero si ustedes  acreditan que es suyo, nada les ocurrirá, y podrán marcharse  a sus casas.
     Yo no tengo autoridad civil ni judicial para  formularle el interrogatorio, para eso  está la policía , la Guardia Civil y los jueces, pero si   tengo autoridad  para declarar a favor  si me  acreditáis, o me presentáis a alguna persona si es militar mejor, que os avale y de la cara por ustedes.
     Soledad se levantó de la silla tapizada  en cuero  y dijo,
     _ Capitán.
    _ No señora, solo teniente, aun no he ascendido, pero siéntese y dígame lo que  quiere.
    _ Pues teniente, yo conozco a un soldado que  me parece que es cabo que nos puede avalar. Es de infantería como usted, y nos conoce mucho. Además para su conocimiento, le digo que  el padre de esta preciosidad, murió en el  monte  que llaman  el Gurugu, por una bala de un moro cuando  defendía una posición, su nombre  Antolin Guerrero Báez, y era hermano mío. En cuanto al cabo que conozco se llama Juan Cartero, el lo sabe todo, Quedó en  esperarnos en el cementerio, porque  dijo que pediría voluntario  hacer allí la guardia, pero no  estaba.
     Sin mediar palabra  descolgó el  auricular del teléfono y marcó un numero
    _  Es la Comandancia de la Guardia Civil,  ¿Han salido ya?  Pues que no salgan, ya está aclarado, a estas mujeres las conozco yo y son personas de confianzas y honradas, la madre de la niña fue novia de un soldado que  heroicamente murió defendiendo la posición y  la cría es hija suya. Así que tu asumo la responsabilidad. Nada mas  muchas gracias.
     Luego marcó otro numero,
    _ Pronto estará aquí el cabo Juan Carretero, el nos aclarará la verdad según ustedes. En cuanto todo se aclare, se pueden marchar.
    _ ¿Puedo darle teta a m i niña?
    _ ¡Mujer por Dios! Claro, y si algo precisan, pidanlo, en lo que podamos  le serviremos.
     Buen hombre aquel joven oficial, militar al cien por cien.
      Solo mencionarle a un cabo de su regimiento confió en nuestra palabra, solo decirle que era hermana de un legionario, no dudó en que decíamos la verdad.
     Diez minutos después  se presentó Juan Carretero. Llegó acompañado de un soldado, y con una autorización del oficial de guardia para  transitar a deshora por la calle.
    _ A sus orde..._ no terminó la frase-
     Se quedó frío al vernos, no acertó a decir a sus ordenes mi teniente. En su lugar  dijo.
    _ Aquí vosotras ¿ Que ha pasado
     _ No se alarme cabo_ dijo  el teniente pasando por alto la indisciplina que cometió Juan al no saludarlo como manda el reglamento del soldado.- No pasa nada- ¿ Usted conoce a estas dos mujeres.?
    _ Si mi teniente,  y al padre de la niña, que murió en la escaramuza del Gurugu defendiendo la posición avanzada, por el ataque de los rebeldes t rifeños.
    _ Muy  bien. Han sospechado que la  niña  quizás fuese robada, o intentaban venderla, Ya sabe Melilla   es así, y mas ahora que han desaparecido algunos  crios y a otros los han  encontrado  en varios lugares. Pero  ya está todo aclarado. Ellas se pueden marchar a su  ... bueno donde  pernoten, será en un hotel porque me han dicho que están, por poco tiempo  silo para visitar la tumba de su novio  y hermano-
    _ Gracias mi teniente, y perdón, siempre a sus ordenes. Me han autorizado  por escrito a  estar toda la noche fuera del cuartel y quisiera, si meted me lo permite, y ellas  lo aceptan acompañarlas hasta el hotel done  duermen. Ya es tarde y   como usted
     sabe Melilla no es muy segura, y menos para dos mujeres indefensas con una niña, presa codiciada por los ladrones y traficantes de niños.
     _ Claro hombre, váyase donde quiera, pero ojo, Ya sabes los moros  no son  muy amigos nuestros.  No ande tampoco solo por ahí, llévese a su compañero.
    _ Es que mi teniente...
    _ Ya, bueno  mejor es que se quede en el hotel, si encuentras sitio, si nada ocurre  has dormido esta noche aquí en el cuerpo de guardia.
     Señoritas, mucho gusto, Y que la suerte  os acompañe y el Ángel de la guarda  cuide  a su hija.
     Anda cabo, solo te pido que seas un caballero, y no tengas que lamentar alguna falta grave. Ves con ellas. Irán mejor  que solas , adiós.
    _ A sus ordenes mi teniente y gracias.
     Salimos de la Capitanía, muy contentos todos, ya no era hora de acudir a ninguna farmacia a abrirle los orificios a mi niña, pensamos  ir al día siguiente antes que llegara la hora de embarcarse para  la Península a una clínica, a lo mejor Juan nos odia acompañar, porque  pidió permiso al cuartel para  permanecer  aquel día con  sus primas-mintió- pero no averiguaron nada.
      Cuando nos adentramos en el parque Hernández ya casi vacío de  gente, Soledad  suavemente pero con  inequívocas muestras de enfado le  sugirió  porque había faltado a su palabra, que  confiaban en el y les falló. Yo permanecía en silencia, meciendo a mi hija.
     Juan, le cogió la mano que ella no rechazó y le dijo.
    _ No me juzgues mal Soledad. Hice todo lo que pude por  cambiar la guardia  con el cabo que le tocó al cementerio, pero el no  quiso, tenia  también interés en hacer aquella guardia a los muertos del regimiento. A mi me nombraron la de prevención, y he estado hasta las nueve de la noche que  es el relevo. Luego  lo demás ya lo sabéis, estaba a punto de acostarme cuando me dijo el sargento de semana que me requerían a la Capitanía General, la verdad que  llegué asustado, creyendo que algo grave se me achacaba, porque no es normal que a esas horas te  manden a un sitio como este.  Intenté mandaros una nota con algún soldado que fuese a visitar el cementerio, pero ninguno  iba, o al menos eso me dijeron. Así amiga Soledad no me juzgues mal ni tu tampoco  Nieves, que yo también  he sentido mucho no poder acompañaros en ese trance  triste pero sublime de llevar flores a un  valiente compañero.
     Soledad, lo miró con tanta ternura, que  Juan a punto estuvo de abrazarla, quizás si hubiesen ido solos lo hubiera hecho, pero allí estaba yo que aunque nada me importaba que se besaran delante de mi, el  que era recatado  se contuvo.
     La noche era mas bien fría, y aligeramos el paso, para  llegar pronto al hotel. No por  nosotros que n os  reconfortaba el frescor de la noche melillense, sino por la niña. Mis brazos no se cansaban de  llevarla, y aunque Soledad me la reclamó no lo acepté. También Juan quiso llevarla, no hay peligro-decía_ la vigilancia militar ya  está en el cuartel, y si me ven con la niña  en brazos no creo que  me denuncien, pues  se trata de un  acto  de humanidad, y aunque  a veces los militares tenemos fama de  brutos y  corazón duro, nada menos cierto que eso..
    _ Gracias Juan, pero  como sabes  en menos de veinticuatro horas parte Soledad con mi hija para Extremadura, no se ni siquiera donde  está eso, y tampoco si volverá a verla mas. Yo no quiero separarme de ella.¡ Que madre  quiere apartarse de su hija! , pero no tengo mas remedio. En cuanto se vaya Soledad soy una mendiga, una pobre muchacha, que busca trabajo  donde sea, para poder comer. No me avergüenzo decir que  si no encuentro colocación puedo verme abocada hasta ejercer la prostitución, porque quiero ahorrar para  ir a ver pronto a mi Carlota Antolina de mi vida. No me creas una cualquiera Juan, antes de eso  buscaré por todos sitios, me arrastraré a quien sea, y hasta  me iré a  pedir en una esquina, pero ya ves  si  no encuentro pronto trabajo ¡ Que remedio me queda!
     _ No Nieves_ me dijo Juan con brío_ , no llegarás a eso. Ya te buscaré yo trabajo. Conozco a un sargento que  está cargado de hijos, la mujer enferma y el pobre desesperado. Poco te puede dar, pero hasta que  tengas otra colocación la comida con el no te faltará.
    _ Gracias Juan, eres el hombre mas bueno que he conocido en mi vida.
     Era verdad a medias, porque don Daniel también fue un hombre   buenísimo para mi, y no digamos doña Inés; sin embargo no se cumple aquí el refrán que dice de tal palo tal astilla, porque todo lo que el matrimonio tenia de  nobles y sencillos, lo tenia el hijo de  déspota y malvado,
     Recordé al marido de Milagros, la hija de Luisa, pero no, ellos no estaban cargados de niños. Incumplí la palabra de visitar a  Milagros como le prometí a Luisa, pero no tuve  mucho tiempo, llevaba  cuatro días solo en Melilla cuatro ajetreados días . Ya los visitaría con mas tiempo. T si, que los visitaría estuve pared por medio con ellos.
     Llegamos al hotel, y Juan no quería dejarnos solas, pero  no lo dejarían  quedarse  con nosotras en la misma habitación,. Existían  habitaciones libres, pero  no disponía de  dinero para pagársela.
    _ Bueno, como tengo permiso esta noche y mañana, para no  presentarme por el cuartel, me  encantaría   pasar todo el tiempo con tan grata compañía, pero es imposible, En el hotel no me  dan asilo sino pago, y la verdad no dispongo de mucho dinero para una habitación.
     La espléndida Soledad .le dijo que no se preocupara que ella le pagaba la cama y habitación si ese era su deseo.
    _ ¡Muchas gracias Soledad! Pero no puedo con sentir que te  desprendas de mas dinero por mi. Se que  todos los gastos originados han corrido de tu  generosidad, seria  abusar de tu buen corazón, me vuelvo al cuartel, allí tengo entrada hasta mañana, si no ocurre nada y me retiran la licencia.
    _ No, esta noche duermes en el hotel. No puedes quedarte con nosotras porque  la censura y las normas lo prohíben, pero si no fuera por eso  pasábamos los tres  la noche juntos, bueno los tres  y la niña. Porque se que eres un caballero y nos respetarás y otra cosa me sentiría mucho m as segura, porque Melilla me va dando miedo, con las cosas que en poco tiempo nos han sucedido.
    _ Siendo así lo acepto orgulloso, de conocer a una mujer tan maravillosa y buena como tu.

     

    III

     

     El conserje le entregó a Juan Carretero una llave con un numero en la chapita que  colgaba de una cadena. No supe nunca   que número  era, si el de la habitación nuestra que era el 125.
     Cenamos en la habitación, la comida que Soledad le en cargó al conserje que nos subieran del restaurante el hotel,  Juan ya había cenado en el cuartel, pero por  complacernos  a las dos que lo invitamos a cenar con nosotras, compartió mesa y mantel.
     Yo bajé y le pedí al encargado del restaurante otro cubierto, que le subí al enamorado de la hermana del que fue mi novio. Se puso muy contento, aunque la que mas alegría  sintió fue ella, Soledad.
     Juan hizo como que comía, pero en realidad lo que hacia era acompañarnos. En su plato  apenas  había un poco de aquel exquisito pescado en salsa que  nos llevaron en una cacerola de porcelana, algo frío porque  lo subieron cuando llegamos, ya que  en  la cocina no lo tenían reservado, y  en esta solo quedaba el encargado, que  ya cuando yo fui a por el cubierto para Juan se marchaba.
     A mi niña la amamanté  antes de cenar, mis pechos estaban llenos y me dolían, necesitaban ser vaciados. No se si he dicho que  todas las mujeres de mi familia fueron muy  generosas en   producir ese alimento tan rico y saludable para los bebes como es la leche materna.
     Me desabroché  la blusa y sin recato ni pudor me l saqué una teta delante de Juan y  se la  di a mi hija, que  ávida de leche materna  mamaba con frenesí.
    _ Perdón Juan, no creas que  no tengo reparo ni vergüenza, es que mi niña tiene hambre, y ya tu para mi eres como un hermano._ le dije.
     Es verdad que pude  ponerme de espaldas a el, pero no lo hice.
     Juan  sonriendo dijo.
    _  No te preocupes Nieves, lo mas bello y sublime de una mujer es  poder dar el pecho a su retoño, porque es señal de que  Dios la ha dotado ,de esos senos no solo para  deleite y gozo de los hombres, sino para  continuación de la vida, esa vida que  El ha creado y le confía a la mujer para que la humanidad siga su curso y jamás se pierda.
     Soledad,  aplaudió la perorata, y dijo.
    _ Anda si también es poeta.
    _ No, amiga Soledad, solo soy un hombre que  tiene predilección por las mujeres  a las que respeta y admira por encima de todas las cosas.
     Al unísono le dimos las gracias. Y el muy ufano, nos  hizo saber que en toda su vida, no solo en el tiempo que llevaba  de servicio militar que era largo, casi tres años sino  nunca   había sentido mas feliz y dichoso que aquella noche.
     Tengo que aclarar que Juan era un perfecto caballero, mucho mas educado que nosotras, y  un apasionado romántico.
     A Soledad se le iban los ojos tras de el, se reía con sus  anécdotas y con algunos retazos de su vida   no muy halagüeños, ni dichosos que nos contaba. Se mostraba apenada.
    _ ¡Pobre mío! _,  le decía suspirando cuando  contaba que se quedó  desde muy niño huérfano de madre, y que su padre se unió a una mujer no muy buena, que le pegaba por nada y  lo vestía con harapos, hasta que  entró  de aprendiz de mecánico en un taller del Lavapies, barrio donde residían. Que  su padre murió cuando el  contaba 14 años y el dueño del taller, le puso una cama  en un cuarto anejo ,. La mujer del maestro le lavaba la ropa y le  ponía la mesa con la misma comida que ellos, pero en la cocina igual que  a las criadas, lo mismo que me la ponían a mí en todas las casas que estuve  sirviendo. Pero que el no veía ni un céntimo después de  permanecer todo el día trabajando. Le decían que  con la comida que le daban y la cama  , el lavado de ropa y  algún domingo al cine,  que  su patrón lo invitaba sacándole el la entrada en el ¡gallinero! Ya  era bastante  por lo que trabajaba.
     Aprendió a leer y escribir prácticamente solo.  El maestro del taller, le enseño a leer y firmar, y solo después del trabajo encerrado en su cuarto, dedicaba  casi una hora todas las noches en perfeccionarse .
     Leía  poesías de Espronceda, Quevedo, novelas que le prestaban los mecánicos del oeste, y alguna obra de Benito Pérez Galdós, como Misericordia y la Prodiga. Con estas y oreas lecturas mas o menos  constructivas  y amenas, supo  abrirse camino en  el mundo de la lectura y escritura. Que aunque por lógica no fuere un  gran  erudito, para su apaño sabia como decía el y así era.
     Soledad, no pudo mas, el amor que se le despertó , por aquel hombre. Amor dormido por  un desengaño que mas tarde  sabremos, no pudiendo resistirse mas, sin importarle que yo estaba  presente, y para sorpresa de el  se levantó de la silla, lo abrazó y le estampo un beso en los labios.
     El, la  apretó contra su pecho,  estampándole un beso tan profundo que  quedaron extasiados. Aquello fue una declaración de amor sin palabras, es decir sin el clásico  te quiero. No hacia falta ya se estaban declarando  desde el  día que  tomamos té en el cafetín del puerto.
     Se hizo tarde, era hora de dormir. Mi niña dormía en su cunita placida feliz, como un angelito, emitiendo una sonrisita de felicidad, no se si  en los pocos días  de vida que tenia soñaría, pero si soñaba era con el Cielo. Sentí envidia y placer de que fuese tan feliz, mientras su madre aun tendría que sufrir mucho, muchísimo..
      Juan se fue a su habitación, y Soledad fue a despedirlo a la puerta de la nuestra, hablaron en  susurro que yo no entendí.
     Nos acostamos  en nuestras camas, apagamos la luz y yo al poco tiempo quedé profundamente dormida.
     Y soñé, soñé con mi madre, con mi hermano Rafael el legionario, que no sabia si  estaba cerca  o lejos, ya que  cuando la muerte de mi madre nos dijo que se marchaba al Sahara, al Aiun porque ganaba mas y los ascensos eran mas rápidos. Soñé que Soledad  se quedaba con nosotros en Melilla, que nos peleamos porque quiso quitarme a mi hija, y soñé muchas cosas. Cuando desperté la luz del crepúsculo penetraba por la ventana, miré para la cama de mi cuñada, y estaba vacía, con la ropa en el suelo. Creía que  había ido al  retrete a orinar, la llame, pero nadie me contestó.
     Ya vendrá, me dije. Y entonces un presentimiento se me vino a la mente. Un presentimiento que  fue realidad. Soledad  había pasado la noche con Juan.
     Media hora después, cuando yo ya lavada la cara y vestida, le estaba dando de mamar a Carlota Antolina,  abrió la puerta. Llegó despeinada con la falda ladeada, l las medias mal colocadas, se tapó la cara.
    _ Perdón Nieves, no he sido capaz de guardar por mas tiempo mi honra. Soy una fulana, una loca.
    Le sonreí- ¿Has sido feliz Soledad,? te ha tratado bien.
    _ Si Nieves; muy bien Juan es un perfecto caballero. Pronto vendrá a por nosotras, quiere pasar el día  junto con las dos. No he sentido  nunca tanta dicha ni goce  como anoche, ni aun con el que me engañó. Se lo he contado todo. Dice que no me vaya, pero con pena y con lágrimas en los ojos le dije que eso no podía ser; lo primero que me espera mi madre  para conocer a su  nieta, y permanecer junto a ella , es vieja y no puedo  darle  ese disgusto de no volver. Lo segundo que  esta noche he perdido los estribos, he caído en sus brazos, pero no es el primero, hubo otro que me engaño. Y es tan hombre que  pasa eso por alto, porque  sabe que soy buena, que lo que yo hago por ti y tu hija hay pocas personas que lo haga,
     Me ha prometido  casarse conmigo, que cuando lo licencien se desplaza a Aceuchal para llevarme al altar.
    ¡Pobre! No he querido defraudarlo, y le he dicho que o espero. Puede que cumpla su promesa, pero.. es difícil, no tiene dinero, y   la diferencia de edad es considerable, alguien se lo quitará de la cabeza, igual que estoy segura que me lo intentaran quitar a mi. En nuestro camino aunque el no lo crea, existen mas abrojos que rosas, y hay barrancos profundos  que atravesar.
    _¿ Entonces Soledad?
     No me juzgues mal Nieves, está noche me he entregado por amor, no por vicio, pero un amor imposible, como muchos en la vida, un amor de novelas, un amor profundo que va a durar unas horas. El  no sabe si licenciarse o  permanecer en el ejercito, le han prometido los galones de sargento, y  si se licencia es por mi, de ahí que me quedara aquí en Melilla, pero  ya te lo he dicho es un imposible. Ni el es rico ni yo tengo nada , solo la maquina de coser y alguna clientela. En mi  pueblo existen pocos coches, en el campo que es lo que  predomina no sabe trabajar, seria un suicidio que dejase el futuro que le prometen, Si Nieves se que los militares están en constante peligro, pero es el único medio de vida que  tiene.
     Llamó a la puerta suavemente.
    _ Pasa, no tienes porque llamar_ le  atajó mi amiga Soledad, bueno mas que amiga. Cuando lo pienso  se me hace mentira, que  una mujer  venida a mi casi en son de guerra,  en tan poco tiempo nos convierta ramos en  mas que amigas, hermanas, pues eso fue para mi,
     Juan Carretero, estaba hecho un paquete,  bien dormido después del amor con Soledad, bien lavado y afeitado, porque en el lavabo del hotel encontró jabón, brocha y maquinilla nueva para rasurarse la poblada  barba negra que   sombreaba su cara  la noche   que  nos salvó de un interrogatorio tedioso y quizás hasta de la detención  por una noche.
    _ ¿ Estáis listas? Si, pues  vamos que el día es coto y hay que aprovecharlo.
      Nos dimos un ligero toque, nos pintamos los labios con la barra de Soledad, la misma para las dos bocas, nos  peinamos con el mismo peine, ella a mi y yo a ella, Juan también nos ayudó, unas veces a sostenernos el espejo de mano y otras a alcanzarnos la toalla.
      Huelga decir lo  contentos que estábamos todos, usted lector o lectora, se puede poner por  unos instantes en nuestras vidas, y  estoy segura  que  comprenderá lo dichosos que éramos en aquellos momentos los tres, hasta mi niña se sentía feliz., como si yo le transmitiera el gozo y la dicha que sentía en aquellos momentos. Me sentía dichosa por Soledad y por Juan. ¡ Que pareja mas ideal hacían los dos!
    ¡ Ay! Que cambios da  la vida, y que ironías tiene el destino, siga leyendo amigo / amiga, y ya  lo verá.
       A la fría  y azarosa noche, le sucedió un maravilloso día  otoñal, aunque por las tardes ya  el invierno anunciaba su entrada, el tibio sol   hizo un día  mas que de otoño de primavera.
     Atravesamos el parque Hernández. ¡ Lo que nos gustaba el parque! Que tendrán que a las personas, errantes, sin  norte seguro les atrae tanto? No lo se pero  parece que entre los árboles que ya empezaban a desnudarse y las flores   algunas marchitas, nos  sentíamos mas alegres y seguras.
    _ Vamos a abrirle los agujeros a la niña. Yo me encargo de eso._ nos  dijo Juan con tono seguro.
    _ ¿ En que farmacia?- Pregunté yo
    _ En ninguna, en un hospital.
    ¿- Un hospital-corroboró Soledad.
    _ Si, en el militar. Conozco a Sor  Maria del  Amor Hermoso, que es  muy buena. La conozco de cuando  hago  la guardia de hospital, o visita de enfermos. Es una gran  enfermera, no le tiene envidia a las del hospital civil y no me pondrá ninguna traba.
    _ ¿ Y a nosotras nos van a dejar entrar la guardia.
     _ Si, claro. La guardia de hospital  la componen un cabo y cuatro soldados, y como yo soy de la misma graduación que el jefe de la guardia no hay  miedo de que nos rechacen.
     Yo caminaba con mi niña en brazos. Ya hasta que Soledad embarcara no quería desprenderme de ella.
     El hospital militar  estaba algo lejos de donde nos encontrábamos, pero  cubrimos la distancia en poco mas de un cuarto de hora.
    ¡ Que sorpresa me esperaba  a la puerta del  sanatorio.  Nunca pensé que eso pudiera ocurrir. No me acordaba en aquel momento de nadie, solo de  mi hija de Soledad y de Juan. Teníamos pensado después de  abandonar el hospital ir a las oficinas de la compañía naviera, en el puerto y  sacar el pasaje para Málaga, en el barco de la noche.
    “ Cabo guardia, cabo guardia- gritó el centinela, que  junto a la garita  existente en la puerta permanecía  en posición de descanso con su fusil. Todo estas posturas militares las sabia por Antolín, que me lo contaba, y algo también por Juan Carretero.
     Era un  soldado viejo, con barba  rubia y poblada. Arremangado hasta el codo, abierta la camisa hasta el  segundo botón, gorro de borla ladeado ligeramente hacia la izquierda y mirada de acero. Según Juan era un legionario.
    _ No esperaba que estuviera la legión de guardia_ dijo  en tono preocupado_ pero en fin espero no tener problemas, estos se creen superiores y a veces hay que  luchar con ellos para que te hagan un favor. De todos modos  si no nos deja llamo a sor Maria del Amor Hermoso.
     Cuando  acabó de decir esto  cerca de nuestros oídos, y muy bajito, vimos salir al cabo de guardia  por la puerta.
    _ ¿ Que sucede García?
    _ A sus ordenes mi cabo, tenemos visita.
    ¿ Estos.....
    Se le cortó el resuello. Se le atragantaron las palabreas. , y era lógico que así fuera. Desde que  enterramos a m i madre,   siete meses atrás nada sabia de mi. Ni tampoco  lo intentó. En definitiva los dos estábamos en las misma línea, ninguno de los dos nos preocupamos de  averiguar el paradero  del otro, ni de los otros.
      Yo  no me sorprendí tanto como mi hermano, pero temí que me reprochara  muchas cosas, que nos negara la entrada, que me despidiera con cajas destempladas, y hasta que tuviese un  serio  encontronazo con Juan,  No fue así para bien de todos.
    _  Hermana ¿ como has llegado hasta aquí? ¿ Me buscas acaso?  /0 mira no es que os haya olvidado pero no   tengo apenas tiempo.
     Quise hablar y no me dejaba. Soledad y Juan  estaban con la boca abierta. Nunca creerían encontrarse en el trance  que nos encontrábamos. Dudaban d que terminara aquello bien. Soledad  sabia que yo tenia un hermano en la Legión, pero  como le dije que no sabia si  estaba  en Melilla o el Aiun, no se le pasó ni por la imaginación el encuentro, tampoco a mi y menos a Juan
    _ ¿Es tuyo el niño?  Creo que estabas embarazada de un soldado, cuando murió madre
    _ Niña_ le  aclaré-. Si Rafael es mía. Se llama Carlota Antolina.
    _ Ya Carlota por nuestra madre....
    _  Si, y Antolina por su padre que se llamaba Antolín-
    _ ¿Puedo darle un beso?
    _ Si, hermano,. Y a mi también. La vida ha sido cruel con nosotros, nos ha separado, pero  somos hermanos y la sangre tira.
     Me arrancó a la niña de mis brazos y  con sus labios resecos por tantas marchas y guardias la besó suavemente en su carita, a pesar de la  rudeza legionaria. Luego devolviéndomela me abrazó  con suavidad  por causa de no hacer daño a la niña.
     Soledad  me la quitó de mis brazos y entonces nos abrazamos los dos. Su barba no espinaba era suave como plumas de  cisnes. Así permanecimos un buen rato, ante el estupor de los legionarios que nada dijeron.. Cuando nos separamos los dos teníamos las mejillas húmedas, por  las lágrimas vertidas.
    ¿ Has que has venido a Melilla?
     _Es una historia muy larga de contar hermano, cuando  enterramos a madre, al regresar a la casa donde servia surgieron cosas, . Luego regrese a Málaga porque me despidieron, o me despedí yo que no lo se  aun. La señora era muy buena, el marido médico también, pero  el hijo que  estudiaba en Madrid y venia de vacación es era un sin vergüenza...
    ¿ Quiso abusar de ti?
    _ No, eso  no, pero como estaba embarazada me trató de puta, y yo le dije que mas puta era su madre. Y tiré el delantal y  retorné a casa de Luisa. Por lo que fuera tampoco me recibieron con mucho agrado. Que si la carpintería la habían arrendado que la pensión era poca. En fin, que me llegó la hora y me llevaron a la maternidad provincial por lo pobre. Nació mi hija, y quisieron quitármela,  le escribí a la  familia de mi novio y le mandé  esta fotografía- le mostré la foto,   que saqué del pecho_ vino a por la niña y a conocerme, es muy buena, ella ha pagado todos los gastos, .le dije que  quería venir a Melilla para saber donde estaba enterrado su hermano, y ella  me ha acompañado. Conocimos a Juan, que es un caballero y esto a  grandes rasgos ha sido mi vida desde que no nos vemos.
     Soledad, se llevará esta noche a  mi hija a Extremadura, hasta que yo pueda  viajar a por ella y traérmela o quedarme allí. Ahora lo que necesito es un trabajo, porque no se donde ir. Soledad me queda pagado dos días el hotel, pero y ¿luego?...
    _Hermana, yo no puedo darte alojamiento. Estuve casado con una  marroquí, pero  me salió lo que yo no esperaba.
    _ ¿ Te  fue infiel?
    _ No en el sentido que tu crees. En eso no, pero si me traicionaba en  asunto de estado que era peor. Me sacaba  los servicios que me nombraban, a la hora y  los soldaos que  formaban la guardia. Yo..._ Pero  vamos pasad y sentaros, las sillas son  incomodas pero mejor que de pié se está. Ya se figurará el lector/ra, la prisa  que teníamos. Aun no había Soledad sacado el  pasaje, y había que comprar alimentos para la niña. Pañales y comida para ella. Pero en fin  no podía  dejar a mi hermano  sin saber  su vida.
     Continuó  con su historia_ Como decía yo  le confiaba  lo que sabia. ¡ Como iba a esperar que aquella dulce morita, guapa y  cariñosa, me vendiera  a los suyos? Que tonto no darme cuenta antes-
    Hablaba con voz pausada, rota  y hasta le noté remordimiento.
    “ En una guardia perdí a un hombre. Estaba en el puesto numero siete, el mas alejado del cuerpo de guardia. La noche era oscura nublada y con viento. Y hasta el llegaron  los moros, “ Alto quien vive”-Gritó- Yo lo escuché y desperté a la guardia. Vamos dije, no me gusta he oído  gritar al centinela de la siete. A continuación  un tiro. Corrimos a  al puesto. Ya sabes que de guardia  dormimos vestidos y con las botas puestas. Vimos como  unas sombras  confusas que huían adentrándose en los pinares, ¡ Fuego ¡- Grité, mis hombre hicieron fuego, pero  no se podían afinar la puntería. En el puesto  estaba un moro muerto, por el tiro de  m i compañero., pero el estaba mal herido de un tajo con la gumia en el cuello. Falleció  en el cuerpo de guardia, antes de que llegara el médico y los enfermeros. Se desangró.
     Dimos batidas por todo  Rostrogordo, has el cabo Tres Forcas rastreamos, pero ni rastro de los asaltantes. Noté a mi mujer, nerviosa dos o tres días, pero yo no le daba importancia. ¡ Como iba yo a sospechar de  una morita tan simpática, que me  acariciaba y se entregaba a mi sin condiciones? Total que otra noche, en Horcas Coloradas, que es un polvorín. Reforzamos la guardia y  nos camuflamos entre las chumberas y arbustos, aparte de la guardia  constituida.  Y llegaron seis moros, sin armas de fuego pero con sus temidas  gubias.. Andaban sigilosos, y entre ellos iba una mora, ella le guiaba el camino. No se si  también llevaba intención de seducir a algún centinela y cuando estuviera en sus brazos  los otros asesinarlos. Lo ignoro, lo que si se es que los rodeamos, no pudieron escapar ni uno. Los  cacheamos y  les quitamos  las  armas  blancas, La morita  que se notaba que era mujer por la estatura, las tiró antes de ser cacheada. Le dije que se  descubriera pues iba con el rostro cubierto por un pañuelo. Se resistía. A los que  ella guiaba los atamos con cuerdas  y con los cinturones, pues carecíamos de grilletes. No pudieron moverse, además  ordené que  mis compañeros  los apuntaran  constantemente con el fusil, por si intentaban cualquier cosa  abrir fuego inmediato. Como no quiso descubrirse, le arranque el pañuelo a la vez que le enfoqué con la linterna eléctrica que llevaba al cinto. Creí que soñaba, me sentí enfermo,  ¡Tu! Mala pécora, tu gran zorra. Tu traicionándome. Te voy a matar, gran puta, se me desató la lengua, ya sabes que la educación recibida no  ha sido muy  grande y en la legión me perfeccioné en tacos , No se cuantas cosas le dije, pero no le toqué, ni la até. Ella no decia nada.
    Habla, porque has hecho esto, traidora. Por fin musitó algunas palabras.
    _ Yo no soy traidora. Vosotros estar en territorio nuestro, ocupado, habéis matado a muchos  hermanos. Yo soy de aquí y vosotros  no lo habéis quitado.
    _ ¡Entonces porque te has casado conmigo di!
     Ya no contestó a mi pregunta.
      Llame al cuartel, y llegó una compañía al mando de un capitán. Le di la novedad y le entregué a los prisioneros.
    _ Mi capitán-dije- Entre estos  hay una mujer, la mía. Merezco un castigo por haberme fiado de ella.
    _ Bien cabo. El coronel  dispondrá lo que sea. Entonces me arrestaron seis meses al Aaiun, Y ya hace dos que he vuelto. Nada se de  Jamila ni de los suyos, seguro que fueron fusilados en algún sitio ignorado y allí mismo enterrados.
     No me han degradado y aquí sigo, en el cuartel. Como hice un gran servicio, confían en mi, pero me prohíben que me vuelva a casar  con un a mora. Y esta es mi vida.
     Todos quedamos  mudos sin saber que decir. Juan le tendió la mano y le dijo.
    _ Así son los hombres, y los buenos soldados.  Compañeros hasta  morir por ellos aun  a costa de su familia, y todo por la patria.
     Mi hermano se la estrechó con fuerza y le preguntó que que deseaban.
    _ Hemos venido para  que le habrán los agujeros en las orejas a la niña a tu sobrina.
    _ Muy bien , adelanta, preguntad por sor Maria del Amor Hermoso, ella se los abrirá es experta en  inyecciones y esas cosas.
    _ La conozco cabo.
    _Cabo legionario Aníbal.
    _ ¿ Como hermano?
     _Ya has oído Nieves. Cabo legionario Aníbal.  Adelante.
     Pasamos, localizamos a la monja. Le abrió los agujeros muy bien, pero mi niña lloró, sangró un poco, Sor Maria del Amor Hermoso  se los limpió con algodón y alcohol- Nos deseó suerte y nos  entregó a cada uno una  medalla de la  Milagrosa.
    ¿ Cuanto es?preguntó Juan
    _ Nada, hermano. Si quieren dar algo para  los pobres...
     Soledad como siempre. Sacó su monedero y le entregó un billete, creo que de cinco pesetas.
    _ Dios se lo pague. Y cuiden mucho de la niña, es un cielo, y que el cielo la proteja.
     Salimos de la sala de curas del hospital.  No vimos a nadie, bueno a las monjas, y a algún enfermero por el largo pasillo  a donde nos condujo  Sor María del Amor Hermoso
     Muy contentas nos despedimos de mi hermano, que se lamentó de no podernos acompañar, el día por la guardia. Me dijo que  si esperáramos a mañana  , pasaríamos todos el día juntos, pues al estar saliente de  servicio no le nombrarían otro, y  solicitando permiso se lo concedía el capitán de seguro, ya que lo apreciaba mucho, considerándolo uno de los mejores cabos de la compañía.
    _No, puede ser hermano. Soledad tiene que marcharse ya, lleva  muchos días entre Málaga y Melilla y su familia estará inquieta. Además Juan Carretero no  podía estar entre nosotros el permiso le cumplía a las doce de la noche,  hora en que  tenia que pasar lista.
     Esto de la lista, lo sabia por boca del propio Juan carretero, que no lo explicó en  las charlas que  teníamos durante el paseo.
     _ Bueno déjame cinco minutos a la niña.  Puede que nunca conozca a su tío, ni su tío a ella. Nuestra vida  depende de un hilo, tenemos la espada de Damocles encima, si ese hilo se rompe adiós.
     Le entregue a la hija de Antolin y mía, y la estuvo meciendo sentado en una silla. Se me hacia  mentira, que un valiente legionario que un hombre feroz como algunos decían,  se le despertase tanta ternura al tener una niña en sus brazos. Con el cuneo de sus  fuertes y tatuados brazos el ángel mío quedó profundamente dormida, luego la besó y su barba negra sedosa cubrió toda la sonrosada carita de su sobrina. Dos lagrimas que intentó disimular rodaron por sus mejillas.
    _ Se me ha entrado  un pelo en los ojos_ dijo haciéndose el fuerte.
     Todos sonreímos, y los demás legionarios empezaron a corear.
    ª Es un cabo excelente, es un cabo excelente, es un cabo excelente y siempre lo será”
     _ No puedo invitaros a nada, el reglamento es sagrado. Así que buena suerte, y que nos veamos pronto. Tu Nieves si te vas a quedar  aquí, porque según me  dices quieres encontrar trabajo, nos veremos cuando  yo esté franco de servicio. Acostumbro a  ir al bar El Caballo Blanco, o al cafetín de Aixa en el puerto, cerca del de Fátima, bueno allí están todos muy cerca, vas a uno de esos sitios y  alguna vez me encantaras,. Te invitare a comer y al cine, pues con lo que gano  tengo  suficiente para  mis vicios, que no son mas que esos.
    Luego como  observo nuestra impacientes por marcharnos terminó dirigiéndose al cabo Juan carretero.
    _ Colega, si  quieres a una de las dos no las hagas sufrir y cásate con ella, y que seas mas feliz en el matrimonio que yo he sido.
     Me abrazó y me beso en  la frente_ hermana, si sabes donde están los  chicos comunícamelo,  quiero escribirme con ellos. Yo de aquí no saldré hasta que  me  no me quieran por inútil o viejo, ¿Dónde voy a ir? Aparte que no se hacer otra cosa, esto me gusta. 
    _ Sabes que Vicenta murió ¿-le dije  aun sabiendo que  el conocía  su muerte.
    _ Si, lo se. Y también que el que me sigue , sigue preso.
    _ Si Rafael, sigue preso y sabe Dios cuando saldrá del penal.
    _ Pues adiós, quedamos en eso.
     Nos marchamos, yo con mal sabor de boca por no poder estar mas tiempo con  mi hermano, y a el le sucedería lo mismo. Pero no solo  es que tenia que  marcharse Soledad, sino que tampoco  podíamos permanecer mas tiempo en el cuerpo de guardia, podía llegar un superior y  pedirle cuentas.
      Muy contentas con la niña en mis brazos caminamos  al puerto, en las oficinas de la compañía  Trasmediterránea, sacó Soledad el pasaje hasta Almería. Ella quiso   que se lo dieran  a Málaga, pero no  había camarotes libres, así que en el Virgen de África, embarcaría en un camarote de segunda clase  donde llegaría a las nueve del día siguiente 4 de Noviembre.
     En la ciudad andaluza tomaría un tren  que llevara literas, hasta  Sevilla, y en Sevilla el Ruta de la Plata hasta Almendralejo, donde la esperarían su madre y su  hermana. Y el que la crió y le dio el apellido Guerrero, un buen hombre que se caso con  Nati la costurera; un bien hombre que se compadeció de ella y  sin importarle las criticas y otras chanzas de mal gusto  llevó a su madre al altar, cuando ella  contaba tres añitos.
     Aquel hombre de nombre Aniceto, la quiso igual que a la otra, a su media hermana Antonia,  aunque era  la hija autentica de Aniceto, nunca demostró predilección por ella, ni por Soledad, para el las dos fueron iguales.
     El hombre era del campo, poseía algunas  fincas muy pequeñas, plantaciones de viñas y olivos y sembraba ajos en tierras que arrendaba por la temporada, y así  Vivian bastante desahogados.
     Soledad, aprendió a coser y cortar, y ayudaba a su madre  hasta que  se hizo tan buena costurera como ella. En tiempos de recolección cuando  los trabajos precisaban mas brazos, ella  marchaba con  Aniceto, que  lo llamaba padre, porque no sabia su origen, Para ella su padre no era otro que Aniceto, porque a los tres años no se tiene  noción del tiempo,  ni se acuerda de casi nada. Ella asistió a la boda de su madre, que por evitar  risas y criticas de mal gusto en su cara se casó  un día de verano al anochecer.
     Le ayudaba a su padre a vendimiar, recolectar aceitunas y  hasta arrancar ajos. Era la mujer ideal para un hombre rural, un hombre el campo, y también sabemos que era guapa.
     Así que un mozo de los  que Vivian cerca de su calle, se enamoró de ella cuando contaban los dos 16 años.  Soledad  muy enamorada, le correspondió y así estuvieron hasta que ella cumplió los 23 que dispusieron de casarse. Se hizo el traje de novia, y en su casa  pusieron el dormitorio en una de las alcobas mejores. Compro la cama y los muebles mas precisos, en fin todo dispuesto para la boda.
     Cuando ya iban a celebrar las amonestaciones, se presentó don Felipe ante el cura, porque el sin vergüenza no fue capaz de dar la cara.
    Tampoco Ricardo, que este era el nombre de su novio, sabia  absolutamente nada. Su madre murió muy joven siendo también madre soltera. Se hizo cargo de el una tía, nunca supo de quien era hijo su sobrino el hijo de su hermana,  porque esta se llevó a la tumba el secreto.
     Soledad, que lo quería, no hizo caso a nadie  por ser un hijo sin padre,  A ella esto no le importaba, veía en el muchacho buenos sentimientos, como  los tenia su madre, una pobre muchacha del pueblo seducida por un  granuja.
     Ya se habrá dado cuenta el que esté leyendo esta interesante novela con ribetes de realidad, que  Soledad y Ricardo eran hermanos de padre. Así  que el escándalo en un pueblo de poca mas de cuatro mil habitantes fue mayúsculo. Hubo  comentario y opiniones para todos los gustos. Soledad, quiso marcharse lejos, a Madrid   a Sevilla e incluso forjó la idea de Barcelona, pero su madre la Nati con muchas lagrimas y lamentos se lo quitó de la cabeza, y la buena de Soledad  se quedó en su pueblo con el traje de novia que ella y su madre con seccionaron  el al armario.
     Del matrimonio de Natividad y Aniceto, nació primero Antonia y año y medio mas tarde Antolín.
     Todo esto no lo contó antes de embarcarse para Almería, en un banco del puerto melillense, cuando ya  estábamos cansados de  pasear por las principales calles de la ciudad.
     Terminó diciendo que Antolin  fue un muchacho tímido, amante de su trabajo que no era otro que el del campo en las pequeñas propiedades que pose8ia Aniceto, amante de los libros y del cine, a los que asistía todos los jueves y domingos  que aparte de los festivos era cuando había función en el cine de su pueblo. Una  vecina muy guapa estaba que bebía los vientos por el, pero  nunca el se atrevió  ni a decirle Estrella te quiero. No es que no le gustasen las mujeres, .
     Aquí hago un inciso, y tengo que decir, que si le gustaban y sabia tratarlas y hacer  que se sintieran feliz.  Yo lo podía afirmar.
     No había ojos derechos_ continuó Soledad_ para Aniceto y Natividad. Los tres éramos sus hijos, y  a los tres nos querían por igual, inclida yo para Aniceto sabiendo que era hija del  degenerado don Felipe, pero cuando a mi hermano  se lo llevaron a Málaga a cumplir el servicio militar, les entró una congoja y una pena que  parecía que  era el único hijo que  habían criado, quedamos mi hermana Antonia y yo algo relegada de ellos.
     Y para colmo de ansiedad y tristeza  se lo trajeron a Melilla. Mi madre no paraba de llorar. Le llevaba velas a La Virgen de la Soledad que es la patrona del pueblo. Asistía casi todos los días a misa, le ponía velas a la  Virgen y al Señor, y rezaba y rezaba por su Antolín que llevaba el nombre de su padre.
     Mi hermana y yo   le animábamos con mentiras, diciéndole que en África se comía mejor que en España, pues  allí existía un hambre atroz. Nosotros no la sentimos mucho por las pequeñas propiedades del que me crió como padre, pero mucha gente pasaban hambre lo pasaban mal, sobretodo en pueblos  mayores como Villafranca y Almendralejo. Otro pueblo que por ser menos ricos que los nuestros  por poseer  peores tierras fue Fuente del Maestre, donde el hambre fue mucho mayor,
     Pero no la convencíamos _ Es igual allí se comerá mejor, pero están expuesto a morir  a manos de los moros ¿ Creéis que no se que allí han muerto muchos soldados?
    Si madre, le  respondíamos  Antonia y yo, pero era en otra época. Hoy gracias a Franco- otra mentira_ existe mucha paz en  todos sitios. Aniceto nada decía, se limitaba a  ponerse las manos en la cabeza y terminar llorando.
     La bomba fue cuando recibimos   la visita de una pareja de la Guardia Civil. – No os asustéis, pero  Antolin ha sufrido un accidente, sabemos que  se encuentra en el hospital de Melilla. No se si aquellos hombres mintieron por compasión o es que así se lo comunicaron para prevenirnos. Dos días mas tarde n o fue la Guardia Civil quien n os llevó la noticia, fue el cartero
     Cogí yo la carta y rasgue el sobre.  Y leí  , leí quería llorar pero no podía, caí desmayada. Antonia  le leyó el comunicado a mi madre  decía así mas o menos.
    “ Melilla y una fecha que ya no recuerdo, con gran pesar por parte de todo el Ejercito del Norte de África, le comunicamos que su hijo Antolin ha muerto como un valiente, defendiendo a la patria y a sus compañeros. El regimiento  se hace cargo del entierro en el cementerio de  los militares valientes  en Melilla, ante la imposibilidad de  trasladar su cuerpo a  la península. Si quieren  visitar su tumba soliciten el  viaje en el cuartel de la Guardia Civil mas próximo, allí recibirán impresos e instrucciones. Yo, personalmente me uno a su dolor
    ¿ Viva España! Viva Franco!
     Mi madre no terminó de escuchar todo el escrito, cayó con un desmayo mucho mayor que el mío. Aniceto rompió a llorar como un niño, la que demostró mas entereza fue Antonia, que corriendo con el comunicado en la mano fue a buscar al médico y al cura. Al primero para  que asistiera a m i madre, que la reanimo. Al cura por si podía intervenir para que el cuerpo de mi hermano   retornara a Aceuchal. No pudo ser,
     Yo hija _ le dijo el sacerdote_ soy un pobre cura de aldea, y  no tengo poderes, y para  hablar con el  Señor Obispo. Tengo que pedir audiencia, y sabe Dios cuando me la concederá , lo que puedo hacer es rezar y  oficiar una misa por su alma, que cuando podáis me la pagareis. Esa fue la solución.
     Luego recibimos  el retrato donde estáis los dos tan guapo _ dijo dirigiéndose a mi_ que siempre lo llevaré consigo.
    _ Y yo Soledad.  Siempre Antolin estar junto a mi pecho._ Pero no seria así el tiempo lo cura todo, y olvida lo prometido.
    _Y ahora. Lo que quisiera era hacernos  todos una fotografía para tener a mi hija conmigo hasta  vaya a tu casa a por ella Soledad.
    Lo mismo a Soledad como a Juan, la idea le pareció maravillosa. Sobretodo al soldado, que anhelaba con toda la fuerza de su corazón tener un retrato junto a Soledad. Porque  a la par que iban  transcurriendo lo minutos, mas  enamorados  se mostraban. Era natural, ya le quedaban solo unas tres horas para zarpar el Virgen de África y allí en tierra quedaríamos Juan y yo, el soldado Juan Carretero, madrileño y mecánico y la criada sin trabajo Nieves Sánchez Jiménez.
      Fue Juan el que se empeñó en pagar las  tres copia que nos hizo un fotógrafo de laboratorio que estaba cerca del puerto. Las cartulinas con  los rostros sonrientes, no estarían listas hasta  dentro de dos o tres días, por lo que Soledad no podía llevarse la suya. Quedó Juan en enviársela a la dirección que ya tenia, pero  nos hubiese gustado que  las tuviera para  dentro de dos horas. Así se lo hizo saber Juan al fotógrafo. Este  dijo que  haciendo un esfuerzo si, las podía tener reveladas y listas para  ese tiempo pero les costaría el doble, ya que tenia que trabajar a marcha forzada y  dejar otras  para después con mas preferencia.
     Juan  tenia algún dinero, no mucho porque nada recibía de Madrid, ¿ quien se lo iba a mandar? Pero como tenia el empleo de cabo ganaba algo mas que los soldados, y  también sabemos que no era gastoso. Soledad dijo que ella pagaría la suya y la mía, pero  el enamorado se opuso con  fuerza a que eso le correspondía a el.
      Otra vez ha pasear mientras salían las fotos.  Aun faltaban dos horas y media para la salida del vapor, y como  el pasaje ya  estaba en el bolso de Soledad,  quiso  darle el adiós a Melilla, sobretodo a la vieja, donde desde la muralla se divisaban los cipreses del cementerio. Subimos a la fortificación. Yo siempre con mi hija, que un momento antes en un cafetín la limpiamos y lavamos, y yo le di mi leche,  seria la última. Luego, Soledad se las tenia que arreglar para alimentarla. Ya llevaba en una bolsa de tela que compró, pelargón, leche condensada y papillas de bebés, ahora lo que  era menester que mi hija querida no lo rechazara. Deseaba que los minutos se alargaran, que fuesen horas, pero  a medida que avanzaba la tarde se hacían mas cortos.
     Soledad miraba para el cementerio y agitaba la mano derecha, despidiéndose de su hermano, dos lágrimas rodaron por sus mejillas. Juan siempre tan solicito para todo y pendiente de ella se las limpio con el  basto pañuelo militara, mientras la acariciaba le iba diciendo muy bajito al oído palabras de amor y consuelo. Yo solo escuche esto
    “ No sufras amor  mío,  que no tardaremos en estar juntos para siempre. He pensado dejar el ejercito y marchar a Extremadura, porque  es allí   donde  estará tu que eres mi dicha y mi vida. Yo trabajaré en todo, en el campo en el taller que alguno habrá o  de peón de albañil, cualquier cosa, algo tiene que haber, porque estando a tu lado  me sentiré muy feliz, y tu también lo serás te lo prometo.
    ¡ ¡Pobre Juan!! Si en ese momento  hubiese sabido que ya no la volvería mas a ver, no se lo que  hubiese hecho pues tan enamorados estaban los dos que no se daban cuenta que la vida tiene muchos avatares y que el destino nos  tiene guardadas  sorpresas  que no esperamos.
     Pasaron las dos horas y  fuimos a por los retratos. El fotógrafo era un buen profesional y  como nos prometió las tenia listas. Era una buena obra. Todos estábamos muy bien, perfectos, mi niña en  mis brazos mostraba su carita descubierta en medio de los pañales y hasta sonreía, sus pendientes  la declaraban  que era una niña, una preciosa niña. Al lado mío  estaba Soledad, que caía en el medio y Juan al lado de  su   reciente novia, arrimado su cuerpo todo lo que podía. El  fotógrafo  nos colocó así.
      Le pagó Juan al  bigotudo retratista, que el hombre  no sabemos porqué , quizás enternecido por la escena. O  por simpatía a los soldados, no le cobré el doble como ajustaron, solo le cobré  el importe   ordinario. Le hizo una carantoña a Carlota Antolina. Y le guiñó el ojo  a Juan  como  si estuviera complicado en el asunto amoroso de ellos, o quien sabe lo que forjaría su mente al ver a una madre con su hija y dos enamorados al lado. Nada preguntó. Cuando salíamos por la puerta del laboratorio, nos deseo suerte y que si precisábamos de sus servicios, allí estaba el a nuestra disposición. 
     Se notaba que tenia mucha clientela, en Melilla  por aquellos tiempos había tres o cuatro  estudios fotográficos, aparte de los a ambulantes del parque, pero seria este el mas barato, porque el escaparate estaba lleno de fotografías de  soldados de todos los cuerpos t armas existentes en Melilla y había muchas,. También de otras épocas, que estarían de  recuerdo o muestras o seguramente de soldados que se marcharon licenciados o al cementerio y no fueron a recoger  el daguerrotipo.
     Muy contentos con nuestras fotos. Soledad y Juan se  lo dedicaron´Para la mujer que me ha hecho los días mas felices de mi vida, esperando  unirnos pronto  en su pueblo. Besos tu   novio Juan Carretero
     Luego  Soledad tomó el de Juan y le  escribió al reverso esta poesía
     Que feliz me siento/ Cuando estoy contigo/ y llega el momento ya de despedirnos/ te espero  mi dicha/ te espero mi amor/ en mi pueblecito/  con mi corazón. Besos de tu Soledad
      Al mío le pusieron. Para nuestra querida  Nieves  que no sufra por su hija, y que tenga presente que pronto volverá a sus brazos. Soledad y Juan.
     Cada vez que lo pienso siento que todo mi ser se estremece. Que poco íbamos  todos a disfrutar de mi  niña, con lo que la queríamos.
     Por fin llegó la hora.  Tuvo Soledad que arrancármela  de los brazos, no y no, le decía. No Soledad no te la lleves. Ya  nos arreglaremos como podamos, esta aquí Juan que el me ayudará a buscar trabajo,
    _ ¿ Y donde la dejas? ¿ Quien va a cuidar de ella? No, por favor Nieves, si regreso a Aceuchal  su nieta mi madre  no lo podrá soportar y será su muerte. Vive solo para  el recuerdo de su hijo, y a parte de las fotos desgastadas por los besos y las lágrimas, quieren tener algo vivo de el, y esta niña será  como si el viviera junto a ella. Por favor Nieves, ya  sabes que puedes ir cuando quieras o puedas a por ella, o a  abrazarla y darle  todo el cariño y la ternura que sientes por ella..
     Juan también intervino, aconsejándome que  Melilla no era buen sitio para una  hija e madre soltera, porque  con ella no encontraría trabajo en ninguna parte, que el tiempo pasaba volando y que el la ayudaría para cuando dentro de algunos meses le dieran la licencia  marchar los dos a España ( así decían los soldados a la península ;para ellos Melilla y todo el protectorado no era España  y en parte  no les faltaban  razón), me convencieron  estrujé a mi niña contra mi pecho tan fuerte que  rompió a llorar,.  Aquellas inocentes lagrimitas eran la despedida que le  daba a su madre. ¡Pobre hijita mía! Si hubiera tenido facultad para razonar,  quizás me maldice ría por  dejarla en manos de su tía. Pero  como no tenia aun  conocimiento al poco tiempo   le vino una risa  de ángel, porque estos desde el cielo se la transmitirían.
     Cuando  los marineros tendieron la pasarela, el barco emitió un bronco silbido, era la señal de que pronto  zarparía, cruzaría el  Mediterráneo   su lado  mas al sur y en 12 horas  atracaría en el puerto de Almería.
      Ya tenia que embarcar. Bese repetidamente a mi hija, ya en brazos de Soledad. Luego la besé a ella, y me aparté para el turno de Juan. Este sin  impórtale las miradas indiscretas y los  hurras de los soldados que partían de permiso o licenciados  selló con sus labios los de su  novia. Novia de cuatro o cinco días, yo no lo recuerdo, pero el amor que no entiende de edad, razas ni colores tampoco entiende de tiempo, y en pocos días  puede nacer un  amor tan intenso y sublime como en aquellos dos desdichados seres. Porque como  verá el que leyere, allí en aquel muelle  abarrotado de publico finalizarían el  amor  mas grande y hermoso que  tuvieron Juan y Soledad.
     Tre silbidos. Los marineros soltaron amarras.  El barco se puso en movimiento lento muy lento, hasta que tomo posición y dirección. Ya era de noche, pero a la luz de los faroles pude ver como Soledad con mi hija en brazos agitaba un pañuelo blanco. Juan con su gorra en la mano le decía adiós, mientras que las lágrimas nos resbalaban por las mejillas  cayendo en  el cuello de la camisa. Hasta que se perdió la mole de acero  y madera donde  para  ¿siempre? Se llevaba a mi hija, para Juan si, se llevó su  Soledad por los siglos de los siglos. Si existe otro mundo, estarán junto los dos.
     Apenados nos  cogimos de la mano.
    _ Yo Nieves tengo que volver al cuartel  y tú ¿dónde vas a dormir?
    _Esta noche y mañana noche, en el hotel. Está pagado, ya sabes como es Soledad. Luego Dios dirá.
      Iré a buscarte al parque Hernández. Espérame junto a la fuente. Yo intentaré buscarte algo.
     _Adiós Juan
    _ Adiós Nieves. Dame un beso de hermano.
     Lo bese en la cara, el me besó en la frente.. Otra vez  llorábamos.

     

    TERCERA PARTE

    I

     

    Aquella noche dormí en el hotel, pues como sabemos Soledad adelantó dos noches para mi.
     He dicho que dormí aquella noche pero esto no es verdad, porque si, me acosté en la  cama de la habitación  sin poder conciliar el sueño. Junto a mi cama se  hallaba la de Soledad, vacía, hecha como si  la esperara para dormir en ella  algunos minutos mas tarde. La miré y una  congoja enorme se apoderó de mi alma; pero no era esto lo  peor, lo peor era que, la cunita donde durmió mi niña aquellas cuatro noches pasadas,  también estaba allí, hecha ordenada con su colchita rosa, pues los empleados del hotel no la habían retirado, quizás por el excesivo trabajo , o por no  tener espacio libre para colocarla en otro sitio, y cuando  aun sin apagar la luz la veía pensaba en donde estaría dormida a aquellas horas, si en los brazos de su tía o  en alguna cama  del camarote o  hamaca, esto me hacia que diera vueltas y mas vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño
     Otras veces mis pensamientos volaban a Extremadura, una tierra que nunca  había pisado. ¿ como seria? ¿ como se encontraría  allí mi Carlota Antolina? Soledad ya sabia que era buena, pero y Antonia y  la abuela? Tendrían el mismo amor al prójimo que  la hija  bastarda de Aniceto. Otra vuelta, y a cavilar en como me las agenciaría para encontrar un sitio para trabajar. Juan Carretero me prometió hablar con el sargento amigo, pero ¿ Que me podía  dar esta familia cargada de hijos y con la mujer enferma y la triste paga de un sargento de infantería? Recordé a Milagros  la hija de Luisa, que su marido sargento pidió el traslado a África porque ganaba mas, y prometí  hacerle una visita, n o lo había cumplido, me porté mal  porque a pesar de los pesares ella, su madre Luisa me recogió en su casa cuando salí de Sevilla con casi una mano atrás y otra adelante y con el bombo como dicen en  Málaga a las embarazadas de tropezón como  fui yo.
     Luego mi mente se centró en mi hermano Rafael. Ahora se llamaba Aníbal, ¿ Porque los legionarios se cambian el nombre como los artistas? Me preguntaba a dos que conocí  un Viriato y mi hermano Aníbal, no sabia quien eran esos personajes pero atendiendo al espíritu aventurero de la Legión debieron ser dos hombres de  aventuras y luchas, No se quien me  aclaró que si, que uno fue un pastor lusitano y el otro un general cartaginés o algo así. Yo pobre criada nada entendía de esas c osas y al fin y al cabo de nada me servia.
     Iria al dia siguiente al cafetín de Aixa, a buscarlo  o al Caballo Blanco, eran los lugares  de el. No tenia miedo de los moros  y era para tenerlo. Habian  desaparecido unos cuantos y su mujer, tal vez enterrados en algun hoyo de Rostrogordo o el cabo Tres Forcas o arrojados al mar, siendo el el principal implicado en esto.  No tuvo en cuenta que Jamila era su esposa, en el credo legionario no existen  parentescos cuando se trata de salvar a los compañeros y dejar bien alto el pabellón de España. Así eran aquellos legionarios, y así fue mi hermano.
     Cuando amanecía  el sueño me rindió y quedé profundamente dormida.
     Y soñé, soñé con mi Carlota Antolina, Soñé que   la trataban mal en casa de la madre de Antolin, que Soledad no era la que  yo conocí que era mala muy mala y  le daba castigos terribles a la niña,  le decía bastarda asquerosa, y otras palabras mas ofensivas dirigidas a mi, que por pudor no transcribo aunque en capítulos anteriores ya torpemente lo he dicho.
     Desperté sobresaltada y con un  terrible dolor de cabeza. Me lavé  y me peiné hice la cama y  me fui a desayunar al restaurante. Solo pedí un café y unas galletas, no podía gastar mucho, porque sabe Dios cuando encontraría trabajo, y  el poco dinero que poseía debía de administrarlo bien.
     Era cerca de la una de la tarde cuando abandoné el restaurante, con una taza de café con leche y dos galletas “Maria” en el estomago. La cabeza me seguía doliendo. Al pasar cerca de una farmacia  entré en ella y  compre una tableta de okal, le pedí un vaso de agua a la dependienta y me la tomé. Media hora después  la jaqueca remitió, me sentí  mejor, y  mas optimista.
     Como era de esperar por la hora, no  encontré a ningún militar por la calle, era la hora de instrucción y  , luego la comida, hasta las seis de la tarde  no saldrían de paseo, a no ser alguna emergencia o servicio especial.
     Sin saber donde encaminarme deambulé por las calles de Melilla sin rumbo fijo. Miraba a los escaparates por si había algún anuncio solicitando criadas o niñeras, pero no encontraba ninguno. Quise comprar el periódico local, mas por buscar la sección de trabajos que otras noticias, pero  no quise gastarme los quince céntimos que  costaba  el Telegrama del Riff.
     Cansada me senté en un banco del parque Hernández. No se porqué a todas las personas sin futuro , a la vista, sin orientación firmes, le atraen  tanto los parques, a lo mejor  encuentran cariño en las flores, en los árboles que  dan sombra y frescor, o te arropan del frío en las tardes otoñales como aquella en la que ya el tiempo empezaba a cambiar, dejando atrás  los apacibles días primaverales para adentrarse en el verdadero otoño.
     Una hoja muerta , amarilla desprendida del árbol que me cobijaba vino a caer a mi falda, y entonces  sentí una mezcolanza triste, unas ganas de llorar inmensas, sentía pena por mi misma. . Si, no estaba solo, eso creía yo. Allí estaba el cabo legionario Aníbal  para protegerme. Juan Carretero, también cabo, poca graduación  ostentaban los dos para recomendarme un sitio bueno de trabajo, pero  menos era nada. ¡ Pobre de mi! Y gracias a Juan, que  .... bueno ya llegaremos.
     Llegaron las  seis de la tarde, me compré un bocadillo de anchoas en aceite y un vaso de vino tinto, en el Caballo Blanco; esa fue toda mi comida aquel día. Había puesto la esperanza en este bar, porque allí  me dijo mi hermano que me esperaba, que  en aquel bar  estaría, pero aquel día no apareció ni al otro ni nunca mas. Tampoco por los cafetines del puerto. Pregunté en el cafetín de Aixa, y me respondió que hacia  varios días que no aparecía por allí.  A un legionario que con una mujer  que yo adiviné era de raza judía tomaban  té muy acaramelados lo interrumpí en sus  idílicos  momentos para preguntarle por mi hermano. No debí de hacerlo, porque aunque no me contestó  mal ni de mal talante se le notó la contrariedad.
    _Perdone_ le dije dirigiéndome a ella_ ¿ Sabe usted algo de un cabo que se hace llamar Aníbal?._ sonrió  desdeñoso y me dijo que ese cabo ya no estaba en Melilla, y seguramente no regresaría mas. Lo habían mandado a  Cabrerizas.
     _¿ Y que es eso?- Pregunté ingenua.
     _ Ah ¿ No sabe lo que es Cabrerizas?
     _¡ No-¡Porque lo voy a saber ¡- pero me daba el corazón que nada bueno seria. Cabrerizas era un barrio de Melilla, pero ese cabrerizas  era otro que nada  tenia en común con el de Melilla.
    _ Pues cabrerizas señora es un batallón disciplinario. Está en el Sahara, y  cosas de faldas. Allí va a estar muchos años, puede que no regrese nunca mas. A veces las mujeres es nuestra perdición, Con lo buenas que estáis,
    _ Pero que a hecho.
    _ Algo que yo no se, pero no puede ser cosa muy buena. Ya no es cabo.Vi como en el patio le arrancaba el coronel los galones, es un arrestado, ni siquiera caballero legionario.
    _ ¿ Pero por Dios que ha hecho? Es mi hermano. El era muy militar muy patriota, muy legionario, muy español.
    _ Si es verdad, todo es verdad. Pero también muy mujeriego, y no se puede desertar por una mujer.
    _ Mi hermano desertor. No me lo creo._ La judía nos miraba sin pestañear ni abrir la boca. No se si entendía algo o se quedaba tal como  cuando llegué es decir im-albis.
    _ Pues siento decirle, señorita, y lo siento de verdad porque es usted muy guapa, y es verdad que se parece a su hermano.
    _¡Venga por favor! Dígame de una vez que ha hecho mi hermano.
    _ En la vida civil, nada. Aquí en la Legión un grave delito. Se enroló con una mujer de dudosa conducta en un cabaret y se fue con ella a Oran. De uniforme y con la pistola que le tenían confiada por ser cabo. Alli en territorio francés, que usted sabrá, y si no se lo digo yo, que Oran aunque está en Argelia, eso es de Francia como esto de España; pues allí se emborrachó, o mejor dicho se emborrachó hasta perder el sentido; alguien le arrebató el arma, la  fulana lo abandonó cuando se le terminaron los  cuartos, o ella se los robó. Total que  cuando se le pasó la embriaguez, se entregó no a la policía, no se entregó a la legión francesa, pero el oficial  al que se presentó le dijo que  de que tercio  de la legión española era, y el le respondió que del mejor del de Malilla, el Gran Capitán, el primero.
     Pues ahora mismo  se va a ir allí. Espere aquí en el  cuartel. Entonces se dio cuenta del gran error cometido, y  le rogó al oficial que lo admitieran en la Legión francesa. El oficial le dijo, si hubiese tenido cuentas pendientes con la justicia ordinaria, o  fuese  un desencantado de la vida, un desesperado  no lo dudaría  ni un momento, y  al  instante seria un legionario mas de la legión extranjera francesa. Pero que tratándose de un desertor no era posible, los desertores no tienen cabida en la legión  extranjera francesa,
     Total que  lo comunicaron al Tercio, y fueron a por el. Y  permaneció dos días en el cuartel. Luego en consejo de guerra, le salió la perdida de todos los derechos adquiridos así como la  graduación, y  ser condenado por cinco años a trabajos forzados en el Batallón disciplinario de Cabrerizas, cuando cumpla la condena si no hace otra, lo m andarán a casa como ingresó, con una mano atrás y otra adelante, y mas de cinco años  de vida  perdida. ¿ Y sabe de quien es la culpa? De vosotras las mujeres.
     No quise saber mas no contesté, lloraba. ¡Dios mío cuanto sufrimiento, en mi  corta vida.! Ya si que no me quedaba  a nadie, en el mundo. Me acordé de Juan Carretero. A el le confiaría mis penas, el me consolaría, y me ayudaría a sobrevivir. Si el me fallaba,  no me quedaba otra alternativa, que  el burdel, o en el peor de los casos  tararme al mar desde la muralla de Melilla la Vieja.
      Caminaba  despacio, tambaleándome, la noticia me restaba fuerzas, esto y debido a lo poco que había comido, me encontraba al borde del desfallecimiento. Me  refugie, en un asiento del parque, y alli  quedé dormida, mas por la debilidad que por el sueño.
     Cuando desperté  estaban  varias jóvenes y soldados a mi alrededor. Una morena, que aun llevaba la cofia  y el delantal blanco de  criada me  preguntó que me sucedía, y si tenia hambre. Le respondí que estaba muy cansada, que no había comido en todo el día casi nada. Entonces  mandó a una de las muchachas a que  comprar un bocadillo, se sacó un billete de cinco pesetas y se lo entregó. A los pocos minutos se presentó la chacha, con un buen bocadillo de chorizo y una botellita de vino tinto.
    _ Toma come, y  cuando estés  ya restablecida, hablamos.
     Me lo comí casi sin ganas, pero  era necesario para  desterrar la debilidad que tenia.
     El vino  que solo bebí un trago de la botella de  un cuarto de litro, me reconfortó mas que el bocadillo de chorizo. Ya me encontraba para  responder a cuantas preguntas me hicieran. No fueron muchas. Solo que como me encontraba. Que me había pasado.
     A grande rasgos le conté no todo, solo lo que me interesaba con bastantes mentiras, pero aun así se  compadeció tanto de mi que me abrazó y ayudándome a levantarme me condujo a la avenida del Generalísimo. Me entró en una casa lujosa de cuadros en las paredes,  con batallas y personajes militares. No salió nadie, íbamos pisando alfombras,. Ninguna de las casas donde  estuve sirviendo se asemejaba a esta en lujo y confort. Mas que casa era un palacio. Cuando recorrimos un buen  espacio  de suntuoso lujo, entramos en otro tramo mas sencillo, con habitaciones a ambos lados,  de puertas altas y labradas con arabescos y rombos pintadas de gris.
    _No te asustes, ¿ Como es tu nombre?_ me miraba y  al verme tan  extraña y desconfiada, me dijo que aquella casa era donde estaba ella sirviendo que era de un marques, que también era militar, mas por  afición y representación que por  el sueldo, aunque este no lo  perdonaba. Que  ella aunque la viera vestida como una humilde criada, era la  que  hacia y deshacía en aquella casa; que el marqués y coronel era viudo, ya  bastante mayor, que  los dos hijos que tuvo en su matrimonio con la marquesa de la  Ribera Blanca, estaban en Europa,  la hija Victoria que era la mayor en Paris, casada con un bohemio, un pintor mediocre. . su padre no aprobó el casamiento, pero ella se caso sin el consentimiento paterno, y este nada quiso saber mas de ella.
    _ Yo no daba crédito a lo que me ocurría y me preguntaba que porque aquella morena uniformada  tenia tanto poder en la casa de un marqués, entonces paso por mi mente un pensamiento no muy  decente hacia la morena, que no sabia porque había hecho aquella obra de caridad conmigo sin conocerme y no saber mi nombre siquiera, y el pensamiento fue si no estaría liada con el marqués y por eso tanta confianza hasta para llevar a una desvalida muchacha a su casa.
     Como estaba absorta en mis pensamientos y no le contesté a su pregunta, la repitió.
    _ ¿ Como te llamas?
     Entonces salí de mi ensimismamiento y le  dije: Nieves, mi nombre es Nieves Sánchez Jiménez y soy de Málaga.
    _ ¿ Y que haces en Melilla en este estado?
    _ Es muy largo de contar señorita...
    _ No, señorita no, llámame  Rosa Maria a secas, ese es mi nombre, yo no soy mas que una simple criada con poderes que me ha  confiado el Marqués don Leopoldo Ovando, hasta que se aburra, pues así se las gasta.
      Mira Nieves que te haya traído a esta casa esta motivado por dos cosas. Una y principal es que estoy sola en este caserón y  como el señor marqués es muy  complaciente conmigo, le he pedido que voy a buscar otra doncella, porque  ¿ sabes? Teníamos a otra chica, muy buena y cariñosa, pero...
    Dejó la  palabra  en suspense. Yo me atreví a preguntar.
    _ ¿ Pero que?
    _ Que se fue a casarse, salió embarazada de su novio y nos dejó. Y eso que le dije que  aunque casada podía  permanecer con nosotros todo el tiempo que quisiera, pero el novio era un teniente. Aquí Nieves lo que predominan son los militares, por un paisano que te encuentres en la calle hay cien militares de todos los cuerpos . Como  la paga de teniente aunque no sea una gran cosa da para alimentarla y tomarse algunos caprichos, pues nos dejó. La verdad que no fue por ella sino por el que  tocado de un poco de orgullo por ser oficial, dijo que su mujer no servia a nadie nada mas que a el y a su hijo cuando naciera.
     Bueno, ya está bien de cháchara. Yo es que soy muy habladora  ¡sabes!
    Pues el motivo es que  te he traído para que si quieres, porque  creo que estas desamparada, ya me lo iras contando poco a poco, ahora  lo que quiero saber es si te interesa ponerte a servir aquí. Yo seré una compañera mas, no  te trataré  como inferior somos iguales. El Marqués  en nada se mete, el a su regimiento, bueno al casino mas que otra cosa, a sus tertulias y  juegos. Luego me dice que está escribiendo una novela, y se mete en su despacho horas y horas, hasta tengo que avisarle para comer. No es tampoco exigente en las comidas, como lo que le pongo y nunca  te rechaza nada. Cuando le digo si está  buena la comida me responde. “ Mucho mejor que la del cuartel y ellos se merecen  que la suya sea mejor”.
     Como todos los altos militares está un poco chiflado, pero es  bueno, y nunca se propasa ni a dar una broma  de mal gusto. Cuando te llama al menos conmigo y con todas las  que han pasado por aquí. No han sido muchas, desde que yo estoy dos o tres, y todas se han marchado por lo mismo.
    _ ¿ Todas embarazadas?_ le pregunte con un poco de  ironía.
    _ No, no mujer. Para casarse. Y no  seas mal pensada, el  Marqués no se mete con  ninguna. Aunque todavía no es muy mayor, el sabrá si se abstiene o por el contrario  tiene alguna amante  de alta alcurnia, yo no se nada de eso ni nos importa.- me mentía
     Si aceptas, aquí vas a estar muy bien. Paseo todas las tardes, comida en abundancia; buena cama. Esta._ y me señaló una junto a la de ella,.-_ Es igual que la mía, si quieres seremos  muy buenas amigas.
    _ ¿ Y de sueldo?.
    ¿ Cuanto quieres ganar?
    _  Según el trabajo. Si tu me ayudas,  bueno tu eres la que mandas.
    _ Mira yo gano  300 pesetas  mensuales. Pero llevo muchos años aquí, te digo que este puesto lo heredé de mi madre, que fue doncella de la madre del Marqués. Ella , mi madre estuvo en esta casa hasta que murió. Estuvo casada, pero  el marido que la verdad no se si seria mi padre, pues parece que algo turbio hubo en su vida, la abandonó dejándome con ella  de dos años, y aquí me crié  asistí a la escuela, y cuando  mi madre murió contaba yo solo doce años, y me quedé de  doncella, al cuidado de sus dos hijos. La Marquesa murió, los hijos se fueron. El a   Madrid: ella  Rosalinda  se casó muy joven , está en Paris su marido es  un bohemio, un medio pintor. Viene a visitarlo  una vez o dos al año, siempre por navidad y  el mes de Agosto. Permanecen un mes, y es cuando hay algo de mas trabajo.
     No era necesario que me dijera que era muy charlatana, se comprobaba  al momento
    _ Bueno le insistí: cuanto puedo yo ganar, porque  ahora  con las dos  a lo mejor el Marqués quiere desembolsarse menos dinero.
    _ Ya te he dicho que aquí la que mando soy yo. ¿ Te parece bien 250 pesetas, 50 menos que yo, pero  es que  yo tengo que llevar mas cargo.
    _ Bueno, acepto.
    _ Pues no se hable mas. Ahora come y duerme, ya es tarde. El no tiene hora, además que venga cuando quiera, no le pasará nada trae su coche y su chofer y siempre un soldado o dos escoltándolo
    _ Está bien. Pero ¿ Cual es el otro motivo por el que me has traído?
    _ Ah. Es verdad. Se me olvidaba. Pues porque  aunque este feo decirlo, tengo buen corazón y al verte tan desfallecida, me dije. Esta pobre muchacha  necesita de mi y yo de ella.
    ¿ Solo eso?
    _ Si, Nieves solo eso.
    _ Ya veo Rosa Maria que eres. buena. Seremos buenas amigas.
     Fuimos a la cocina, y cenamos. Había  pollo frito, patatas rebozadas y espinacas revueltas con huevo.
    _ Come todo lo que quieras.
    _ Gracias Rosa Maria. ¿ Tu sola lo has hecho todo?
    _  No, hoy ha venido Catalina  a ayudarme. Aunque el marido se lo prohíbe, cuando le parece  viene y lo deja refunfuñando, por cierto ya se le nota mucho el embarazo, no quiero que venga  a trabajar mas, solo a verme..
     Como si hubiéramos estado toda la vida juntas, como si  nos conociéramos de siempre, como dos buenas hermanas, así comimos y recogimos los platos.
     _ Ahora Nieves dime ¿ Que edad tienes?
    _ Quince años recién cumplidos y soy madre soltera, ya conocerás mi vida,
    _ Bueno yo tengo veinticinco, y soy virgen, ya conocerás  mi vida.
    Nos echamos a reír. Luego ya acostadas oí el  ruido metálico de una llave en la cerradura. Se encendió la luz del  pasillo.
    _ Ordena algo mas mi coronel..escuché una voz  melosa y servil
    _ Nada muchacho. Tened cuidado. Le dices al  oficial de guardia que yo te he dado permiso hasta las doce de la noche. Eran las once y media.

    No preguntó si Rosa Maria estaba en casa o no. Se iría a su habitación y hasta el día siguiente no vi a aquel hombre de cabellos blancos, bigote  lacio , alto delgado  con los dientes amarillos y mirada dulce.

     

    II

    Como me encontraba muy cansada cuando me acosté y bien comida, dormí  muy bien y soñé  con algo agradable pero que no  puedo precisar.
     Rosa Maria  estaba ya levantada y aseada cuando me desperté. Era muy buena, se veía en su placida sonrisa, no quiso molestarme y al verme tan feliz dormida salió de puntillas para no despertarme.
     Cuando me di cuenta que  estaba sola en la habitación,  me tiré apresuradamente de la cama, No es que tuviera miedo de nada es que  sentía vergüenza de estar  aun dormida mientras mi “ama” porque eso  consideré yo que era la  morena  criada para mi, ya  estaba danzando por la cocina.
     Sintió como me levantaba, y fue a nuestro cuarto.
    _ Tranquila Nieves ¿ Has dormido bien?.
     Me preguntaba siempre sonriente, con humildad y  benevolencia.
    _ Perdón Rosa  María. He debido  de levantarme antes que tu.
    _ Bueno. Te puedes levantar cuando quieras. Yo no duermo mucho, sabes. Además me acuesto temprano. Mañana  voy a comprar una radio para escuchar las dos música. A  mi lo que mas me gusta es leer sabes.
     Efectivamente, en un pequeño estante  había dos novelones enormes. Uno se titulaba como su nombre “ Rosa Maria” y el otro Gorriones sin Nido. Los dos de Mario D´Ancona.
     _ Por mi no lo hagas Rosa Maria, a mi también me gusta  leer, y me puedes prestar una de esas novelas.
    _ Ah, Nieves, si supieras lo bonitas que son, a mi me hacen llorar. Pero es que soy una tonta romántica, y sabes, bueno ya te lo he dicho soy virgen.
    _ ¿ Tienes novio?- Le pregunté incrédula lo de la virginidad
    _ Si, un cabo primero de Regulares. Pero ahora está con permiso en España. Dice que me llevara cuando lo licencien a su pueblo, pero yo se que es mentira. Eso dicen todos pero luego se olvidan, pero no me importa. Yo soy romántica pero olvido. A querido sabes_ y me guiño el ojo  con picardía_ pero yo le digo que hasta que no  nos eche el cura las bendiciones, no hay nada que  hacer.
     Sin dejar de hablar me indicó el lavabo. Había agua fría y caliente, una toalla blanca muy limpia y un gran espejo  de marco dorado. Era el de las criadas. El del señor no era mucho mejor, aunque poseía otros  accesorios  como un   sillón, una pequeña biblioteca y  un revistero. Por lo demás era muy similar.
     Me lavé y me vestí con el uniforme  seminuevo y limpio de Catalina, la anterior criada, fuimos a la cocina, preparamos el café y unas tostadas con aceite de oliva. Colocó en una bandeja de plata la taza de porcelana humeante y la tostada en un plato pequeño y una servilleta blanca con el escudo del marqués.
     _ Te toca llevarle el desayuno Nieves.
    _ Pero... quise protestar.
    _ Nada al Marques no le importa quien le lleva  el desayuno. El confía en mi plenamente.
    _Es que a mi no me ha visto nunca, y puede pensar otra cosa.
    _ ¡ Por Dios Nieves!”, ya te he dicho como es el Marqués.
     No quise  contrariarla mas y  tomé la bandeja de plata en mis manos , me adentré por el largo pasillo hasta la habitación del noble. Noble por el titulo, luego ... bueno la verdad es que no era mala persona. Lo que decía Rosa María era cierto, el no se inmiscuía en nada de mi vida, ni quiso saber nunca si era buena o mala chica.
     Sin soltar la bandeja, porque de hacerlo  tenia que ser en el suelo llamé suavemente con la punta de la zapatillas que también fueron de Catalina
    Pasa , no tienes que llamar solo empujad, la puerta  está entornada. Escuché al Marques con voz aguardentosa.
    _ Es que soy la nueva_ dije cohibida.
    _ Ya me lo figuro. La pobre Rosa, estaba muy sola,. Por fin tiene una ayudanta. Pero pasa, muchacha. No te quedes ahí pasmada.
     Entre, casi temblando. Las piernas  se resistan a seguir adelanta. Por fin llegué  a donde estaba el  Marqués. Yo creía que estaría acostado, pero no; se hallaba sentado en el sillón con la bata  y unas zapatillas de paño sin calcetines en los pies.
    _Aquí le traigo a su señoría el desayuno que me ha dado Rosa Maria, perdone si  le hago esperar es que soy nueva y...
    _ Si, hija  muy nueva, no solo en esta casa sino de edad. ¿ Cuantos años tienes?
    _Quince voy a hacer para servir a Dios y a usted.
    ¡ Quince y ya trabajando!
    _ Si señor. Ya he trabajado en varias casas. En Málaga y en Sevilla
    _ No te quedes con la bandeja en la mano, ponla en la mesita. Te puedes marchar,. Yo no te voy a mandar nada, Rosa Maria se encargará de ello. Es buena muy buena,  por eso no me gusta que abuses de ella.
    _ No excelencia.
    _ Mira niña, deja esos ridículos tratamientos. Solo  con decirme señor Marqués, o mejor Marqués  a seca ; bueno o Don Leopoldo así nos entendemos mejor.
    _ Ahora vete que tendrás que desayunar.
     Me fui sin decir nada. Rosa Maria me esperaba con el desayuno en la mesa. Una sencilla mesa rectangular con un tapete de hule, como el de una casa pobre. Aquello no  guardaba la estética con las  habitaciones y menos con el lujoso salón y pasillo
     Desayunamos hablando trivialidades. Luego de pronto me dijo que le contara mi vida. Yo le conté  una parte de lo que sabemos, porque no daba tiempo a mas.
     Mañana o pasado te la terminaré de contar. Ahora tengo que hacer lo que me digas, porque luego quiero  si me dejas salir de paseo, necesito ver a Juan.
    _ ¿ Quienes Juan?_ preguntó con  interés.
    _ Un amigo. Un soldado, bueno cabo de infantería, el novio de Soledad. Ya sabes la que tiene a mi hija.
    _ Bueno, no te apures, que  esté terminada la casa o no, te marchas de paseo. Esto es muy grande, y lo que no se termine hoy se hace mañana.
     La verdad que yo  no creía que Rosa Maria fuese así. Que era buena ya lo demostró en el parque, pero que  no le importara lo que yo trabajara, me quedó algo confusa. Luego no salí hasta la semana como se verá.
    _ Ahora _ dijo levantándose de la   silla de cuero donde estaba sentada. Yo estaba sentada en otra igual_ Vamos a ver el jardín es maravilloso.
    _ Pero Rosa María...
    _ Nada. Aquí quien manda soy yo.
    _ Me calle y la seguí.  Entramos por una puerta  amplia  y acristalada en el jardín. Verdad que era un paraíso.  En medio de jazmines rosas y azucenas un surtidor  representando a los enamorados mas  grandes de la historia , o sea a Romeo y Julieta, abrazados contemplaban como un gran cisne blanco  echaba agua por el pico.  . Luego como la fuente era circular  había   al otro lado unos niños  bebiendo en  el pico de una oca y otros desnudos orinando hacia dentro.
     En el centro de la fuente.  El nacimiento de Venus, con la concha  llena de agua y  tapándose el monte con el largo cabello. Una obra  inspirada en Boticelli
     Los narcisos y los jacintos crecían por doquier. Árboles frondosos daban sombra a  un columpio donde en otros tiempos  se columpiaron la hija que vivía con un bohemio en Paris y la señora Marquesa de la Ribera Blanca.
    ¿ Quien cuida este encanto? Pregunté extrañada de que estuviese tan frondoso si no había hombres  en aquella casa nada mas que el señor marqués.
    _ Lo cuidan soldados. Cuando el jardín lo precisa, vienen tres o cuatro muchachos jardineros de profesión o labradores y lo cavan lo limpian y  lo dejan como lo ves. Hace dos días que estuvieron aquí cinco. En Melilla no hace  frío excesivo, apenas hiela y  hay flores casi todo el año. Esto es en lo que mas se fija don Leopoldo. A su jardín lo quiere como a su propia vida. Los días soleados  se sienta  ahí_ y me señaló  un banco de mármol donde  había grabada la corona de marquesado y  un escudo de armas que  era de los  Ovandos, según me dijo la morena Rosa Maria, mirando  con ojos relucientes aquel  banco.
     Me encantó el jardín. No era muy grande pero muy  frondoso fresco y apetecible.

    Nosotras también podemos disfrutar de el, Mira ves aquel banco, pues ese es el de las doncellas_ y señaló uno de ladrillos forrado con azulejos alegóricos al servicio, donde se  podía apreciar a una  doncella con una bandeja en las manos, llevando el café. Otra era una niñera  con el niño en brazos, y otro una nodriza donde el pecho a un crío

     _ Pero si quieres nos podemos sentar con el. Le agrada que le demos compañía.  Coge un libro y se pasa muchas horas leyendo, dramas que es lo que le gusta. ¿ Has visto las novelas que tengo en nuestro cuarto? Pues eran de el, ahora son mías me las ha regalado. Esta se llama como tu!  Haciendo  alusión a Rosa Maria. Léela me dijo que te va a hacer llorar. _No se como nada quiere saber de su hija, si el es casi otro bohemio como su yerno.

     _ Muy bonito, pero vamos Rosa Maria tengo que trabajar,

    _ Es verdad. Ahora mismo entre las dos hacemos todo en un momento y luego nos ponemos a leer.

    _ Si, ¿ Y la compra?.

     Esa no la trae  un moro contratado. Tu no te apures.

     Pasamos al interior. El Marqués  ya se había embutido en su uniforme militar. _ Me voy a arrestar desde el Teniente coronel hasta el ultimo recluta dijo en tono  jocoso.

    Yo me lo  creí y dije ingenua. ¡ Pobres soldados!

    _ No le hagas caso Nieves que el es así, pero no arresta ni a un mosquito.

    _ Adiós chicas. Cuando venga Ali. Que deje  las cosas bien colocadas y le pagas como es costumbre. Y  salió con aire marcial a pesar de sus mas de setenta y cinco años.

    _ ¿ Pero este hombre no está retirado ya?

    _ Si, claro. Pero va todavía al cuartel.  Hay otro coronel  pero el se ilusiona con su uniforme y creyéndose que es el que manda.

    _¿ Pero y los soldados? Como vienen a  cuidar el jardín si no tiene mando.

    _ Eso yo no lo se, será que el  nuevo Jefe se los cede. No se Nieves, pero el aun manda.

     Hicimos la cama, barrimos y fregamos entre las dos. Luego  preparamos la comida. Cortamos unas flores y las colocamos en un jarrón de  porcelana fina, creo que era de Sevres. Y cuando ya estaba todo arreglado llegó el moro Alí, un hombre moreno y delgado.

     Llegó en un motocarro cargado de patatas, garbanzos, lentejas  judías y carne de buey entre otros comestibles. El pan era muy blanco y dejó dos de a  kilo, los fue colocando en su sitio, ya no preguntaba de llevarlo tantas veces se lo sabia de memoria.

     Luego Rosa Maria,  se  metió las manos en  el bolsillo del delantal, sacó un fajo de billetes de a cien pesetas y se lo entregó. Ali se los guardó sin contarlos.

     Y una vez  que se marchó, nos sentamos en el banco del Marques entre  las flores y los frondosos  álamos y nos pusimos a leer. Yo Rosa Maria, y Rosa Maria una nueva novela titulada. La mujer Adultera.  Le gustaba esta clase de literatura y eso que era  virgen, como me decía.

      Todo  el trabajo lo  repartíamos a partes iguales. No salíamos nada, porque Rosa Maria nunca tenia ganas. Yo  me moría de impacienta, pero se me  hacia violento, y desconsiderado dejarla sola. Aunque ella a veces lo  deseaba.  Siempre a la hora de la llegada del marques me decía , vete a leer a lo que quieras a  la habitación, yo lo entiendo bien, y si viene de mal humor porque ha perdido dinero o algún contratiempo surgido, se como  alegrarlo. Así estuve siete días ¡ Como me iba a figurar yo que Rosa Maria,  era virgen....

     Era verdad que  a la moza no le gustaba mucho la calle, todo lo contrario  que a mi, se me caía el techo encima si no  daba mis paseitos diarios pero por disección estuve sin salir una semana. Siete días , que largos se me hicieron, y ojalá no hubiese salido en muchos mas.. Aquel día...

     Sobre las dos llegó don Leopoldo, ya  aunque  solo llevaba una semana no le llamaba excelencia ni señor marqués, le llamaba como el quería don Leopoldo.

      Rosa Maria  dejó el libro que estaba leyendo sobre el banco y fue a recibirle. Entró por la puerta del jardín, así lo hacia durante el día ,luego por la noche  siempre  su entrada al palacio era por la puerta principal, la puerta que daba a la avenida del Generalísimo-

     Yo me apresuré a levantarme y seguirla, pero ella me hizo un gesto que me quedara que no hacia falta.

     Al cabo de unos diez minutos me llamó asomándose a la puerta de cristales que daba a la casa.

    _ Nieves, ya puedes venir, vamos a poner la mesa al marqués.

     Aquella actitud me hizo sospechar algo. Mi imaginación quizás calenturienta me decía que algo había entre el dueño de todo aquello y la  simple criada  que nació en aquella casa, según los dos. La verdad que si, había algo bastante, pero sabían disimularlo muy bien.

    Pero aquellos “amores” no eran una barrera que impidiera  actuar el corazón de Rosa Maria, como una verdadera santa

     Esto se repetía a diario. Cuando iba a llegar  el coronel, Rosa Maria se las ingeniaba para  mandarme a otro sitio de la casa donde no pudiera ver el recibimiento que le hacia.

     ¡ Quien iba a sospechar que una muchacha de  veinticinco años, una  mujer que casi podía ser su nieta, estuviese liada con aquel viejo achacoso!. Pero lo mas  chocante era que si no aguzabas bien el ingenio, nada sospechabas. Porque Rosa Maria se acostaba en la sala mas humilde de la casa, junto con la última criada que llegó como  era yo.

     Cuando llegó la hora de salir  al paseo me dijo Rosa Maria.

    _ Nieves, te puedes marchar, y regresas cuando quieras. Toma mi llave por si vienes tarde y yo estoy ya acostada. El marqués viene temprano- Y ni tan temprano_ yo me encargo de ponerle la cena.

      No se necesitaba ser muy lince  ya para sospechar  lo que había.  Ella se quedaba sola con don Leopoldo, y para  quitar testigos de vista como era yo me mandaba a la calle.

     Por mi encantada. Era lo que deseaba.

     Me vestí con ropa que ella me prestó. Éramos  de la misma estatura y  grosor. Me sentaban muy bien. Ella poseía muchos, todos los que quería, y todos eran también míos, porque me los brindó._ coge el que mas te guste y quédate con el._ me decía sonriente.

     La tarde era algo fría estábamos llegando a Diciembre, y un vientecillo  barría la ciudad de norte a sur. Me encaminé  al parque Hernández. El mas  concurrido y bello de la Melilla. Lugar de reunión de todas las chachas y soldados. Quería ver a Juan Carretero, estaba impaciente por  saber de Soledad y sobretodo de mi hija. Ya estaría en Aceuchal. ¡ Pobre ilusa nunca llegaron al punto de destino. Sus destinos  fueron otros muy diferentes.

     Como iba vestida  con ropas elegantes, las criadas no me saludaban, es mas algunas me miraban con desdén. Se extrañara el lector que Rosa Maria tuviese tantos vestidos elegantes y fuese vestida cuando me encontró desfallecida en  el banco con atuendo de criada. No es  un gazapo ni un fallo de imprenta, es que  así con aquel  uniforme de chacha era como le gustaba al señor marqués. A veces se vestía  como una señora, pero pocas veces, el señor se excitaba mas  viéndola  con el humilde delantal blanco y la cofia, por eso aquella tarde  iba así vestida.

     Pregunté a algunos soldados  de infantería si conocían al cabo Juan Carretero . uno muy  simpático me confirmó que  lo había visto  solo y pensativo en el cafetín de Fátima. También me dijo que  hacia algunos días que   se le veía triste y como distraído. Estaba realizando el curso de cabo primero y no iba muy bien en los estudios, tal vez  nunca  llegaría a colocarse el galón dorado..

     Con  paso ligero y firme me encaminé al  lugar indicado, quería encontrarlo, hablar, preguntar por mi hija, por Soledad si sabia algo. Habían transcurrido desde su marcha, siete días. Los sietes días que permanecí en casa del marqués sin salir por prudencia, aunque Rosa Maria  lo deseaba igual  o mas que yo. Pero las dos por prudencia no lo exteriorizamos.

     Llegué jadeante por el paso ligero al cafetín de Fátima. Había varios soldados con niñeras bebiendo el te. Era este un cafetín de los mas baratos del puerto, por eso siempre estaba atestado de  publico, predominando los militares de graduación  baja o sin ella, lo  mas altos eran sargentos y a veces algún teniente o alférez escaso de dinero o con ªamoresª que no querían presentarlos en otros centros mas  categóricos.

     Juan Carretero, estaba sentado ante una  vaso vacío de té, en una de las mesas mas alejadas del publico, casi  pegando al mar.  Lo encontré como alelado, parecía tonto, y tonto no era. Juan Carretero, natural de Madrid, mecánico y cabo del Regimiento Infantería 52, al verme se levantó, me abrazó sin miedo a un arresto y como un niño rompió en llanto.

    _¿Qué te ocurre Juan?

    Le pregunté desconcertada. Algo  auguraba  yo que había sucedido y no bueno. ¿ Porque lloras amigo? ¡ Que te pasa!

    _ No sabes nada  ¿verdad Nieves?

    ¿ De que Juan?  ¡Que voy a saber!.

     Sacó el  vasto pañuelo militar y se secó los ojos. Como estábamos apartados, nadie nos veía, por lo que  se sintió mas tranquilo. Para un militar y mas con algo de graduación seria como una cobardía, una vergüenza un descrédito llorar ante una mujer, una criada aunque por mi atuendo pareciera una señorita.

    _ Primero  es mejor que tomemos una tila, nos hará bien.

     Hizo palma con las manos, y al momento acudió una camarera  musulmana.

    _ Que querer los novios-dijo sonriente, aunque al vernos que no  disponíamos de  muy buen humor  tornó la sonrisa por  un gesto serio.

    _ Tráenos dos tazas de tila- le dijo Juan  con la voz casi rota.

     La morita, se interesó y nos dijo  que si ella podía  hacer algo por nosotros, pues se veía que algo  nos ocurría.

     _ Nada Fátima. Muchas gracias-le respondió Juan

     Yo ya no podía mas. Estaba al borde de un ataque de ansiedad, y Juan no  se atrevía a decirme el motivo de su congoja. Por fin  sacó del bolsillo de su guerrera un  trozo de periódico. Era la página de sucesos del ABC— Toma lee.

    Descarrilamiento en Almería. El tren que cubre la línea Almería- Córdoba ha sufrido un descarrilamiento  al entrar en un túnel de la sierra . Tres unidades dos de terceras y una de segunda se han despeñado por un barranco. Hay  varios muertos y heridos. El que mas victimas  ha sufrido ha sido el de  segunda, se sabe que una mujer llamada Soledad Guerrero que llevaba a su hija  de pocos días en sus brazos ha muerto. La niña milagrosamente se ha salvado, y la ha recogido una familia- Una mujer que también milagrosamente se ha salvado. No sabemos el nombre de la familia ni de la  mujer que le ha arrancado a la cría de los brazos de su madre muerta. No llevaba el tren coche de primera clase.

    Hasta ahí  pude leer y ya fue mucho mas de lo que mis fuerzas podían, ya que cada línea que pasaban por mis ojos era un puñal que se me clavaba en el corazón.

     No caí en tierra porque Juan me sostuvo con sus potentes  brazos.

    _ ¡ Auxilio Socorro!- gritaba despavorido. Me  cogió entre sus brazos y me tendió en el suelo, mientras se quitaba su guerrera para colocarla debajo de mi cuerpo maltrecho por la nefasta noticia

     Al instante acudieron los soldados entre ellos varios legionarios que se  ofrecieron a  buscar un taxi para llevarme al hospital mas cercano, en este caso era el militar.

     Juan  no sabia que  determinación tomar. Sabia que yo no tenia ningún sitio donde ir, pues aun creía que  me hospedaba en el hotel.

     No me explico como se le vino a la mente ese  lugar. Porque siete días son muchos para que  fiaran a una pobre  sirvienta sin trabajo, y Soledad solo me dejó pagada dos noches. No podía mas, el dinero casi se le terminó en aquella incursión, y total¡ para lo que le sirvió ¡

     Aixa, Fátima y otras  mujeres mas de los cafetines, se apresuraron a darme tila. Alguien llamó a un médico. Llegó una ambulancia militar y me evacuaron al hospital civil.

     Me reconoció el médico de guardia, y diagnosticó ataque de ansiedad de carácter menos grave sin necesitar hospitalización.

      Le dije a Juan que ya estaba sirviendo en casa de un coronel, en la Avenida del  Generalísimo , que me llevara allí, pero que no hiciesen gastos en taxis, que ya estaba para caminar despacio.

     Los legionarios, se  ofrecieron a acompañarnos por  otro ataque de nervios se me presentara. Pero yo amablemente y dándole las gracias los rechacé.

    _ ¡ Muchas gracias a todos, desde luego son ustedes unos caballeros, ya estoy mucho mejor muchas gracias!

     Y no mentía. En el hospital civil me suministraron un ansiolítico que me volvió el animo.

     Caminábamos despacio Juan y Yo. La avenida estaba cerca, pero en el trayecto  me sobró tiempo para contarle todo lo que me había ocurrido cuando  despedimos a Soledad y a mi hija en el muelle.

     De vez en cuando lanzaba un suspiro y le daba rienda suelta a mis lágrimas.

    _¡ Mi niña...Mi pobre Carlota Antolina!. Decía con la voz  rota por la pena.

     Juan me consolaba de la mejor forma que sabia, pero el estaba tan roto o mas que yo. Había perdido a su amor, amor de pocos días  que como llegó se marchó, sin haber carado el néctar dulce del  cuerpo  moreno de Soledad. Solo una noche, unos fugaces besos  eso fue todo. Ella se la llevó Dios para siempre. Juan era católico y pensaba si no había sido castigo del Señor, por haber  adelantado el “matrimonio” antes de ser  bendecido en el altar.

     Llegamos a casa del marques, abrí la puerta con la llave que me dejó Rosa Maria, entré, mejor entramos Juan y yo, y otro espectáculo  observaron nuestros ojos.

     Rosa Maria estaba en brazos del marques, que con los pechos al aire  se los acariciaba con sus sarmentosas manos, mientras la baba se le caía encima de la   “virgen”

    Quise huir,  salir corriendo y no volver jamás a aquella casa, pero Rosa Maria me contuvo.

    _ No, Nieves. No te vayas, ya te explicaré. Ahora nos hacemos las dos mucha falta. ¿ Donde vas a ir desdichada?

     No es lo que tu te crees. Nieves. Sigo siendo virgen. ¡ No te lo crees! Es lógico pero así es.

     Se dirigió a Juan., sin taparse sus hermosos senos.

    _ Usted perdone. Es su novio ¿ verdad? Bueno otro porque según tengo en tendido el padre de su hija murió.

     Empecé  a llorar con un llanto amargo y dolorosos. El marqués  se levantó nada de ropa tenia  quitada,  se encontraba  completamente vestido.

    _ Mira chica, ¿ Porque lloras? Por esto. Es una tontería es un capricho de viejo, pero entre Rosa Maria y yo no hay mas de lo que has visto.

    _ No, no lloro por eso. Eso a mi no me importa nada. Mi drama es otro mucho mas doloroso y peor., mucho peor que si me despiden de esta casa y tengo que mendigar, que pedir que comer sobra de los cuarteles, incluso que robar.

    _ ¿ Que te ha sucedido Nieves? ¿ Que te pasa? ¿No has sufrido ya bastante con lo que me has contado.

    _ ¡ Mi hija Rosa Maria, mi niña Carlota Antolina! Donde estará. Quizás muerta. Mira lee . Y le entregué la pagina del  ABC que me mostró Juan.

     Rosa Maria la tomó con manos temblorosas, se había echado un chal por encima cubriéndose el busto, y a la vez que se adentraba en la lectura su  ojos de azabache se humedecían. Cuando terminó de  le entregó el papel al coronel.

     Este lo leyó sin inmutarse; al terminar su lectura me lo entregó y con palabras graves me dijo-

    _ Chico estoy a su entera disposición. Si necesitas dinero para saber el paradero de tu hija aquí esta Leopoldo Ovando, para ayudarte en todo lo que este de mi mano_¿ Muchas gracias señor!_ le respondí con el tono lastimero_ Pero  no se donde pueda  haber ido a parar mi hija. No se  que brazos la mecerán  en estos momentos si es que no está muerta. Si al menos viviera Soledad, ella podía saber que matrimonio  viajaba a su lado. Pero Soledad está muerta, lo dice bien claro el periódico ¿ Que puedo hacer?

     Rosa Maria se  llevo el dedo  índice a la sien derecha y exclamó.

    _ ¡ Ya está! Tengo una idea.

    ¿ Cual Es esa idea. Dígala ya mujer.- le  dijo Juan Carretero, impaciente. Se le iba el tiempo y antes de regresar al cuartel quería  saber la ingeniosa idea de la  primera “doncella”  del marqués,

     Rosa Maria se expresaba con palabras muy coherentes, sabia lo que decía  iba muy bien encaminada, Ya veremos los resultados.

    _ Pues lo que yo propongo es poner anuncios en todos los periódicos de Andalucía y en los principales de la Nación, como ABC, Madrid, / fechas y  como no en el Caso, que este lo leen mucha gente,

    _ ¿ Y que vamos a pones?_ dije yo, mas sosegada y viendo una luz de esperanza entre tanta oscuridad.

    _ Pues ni mas ni menos que esto.

      Enterada del terrible accidente del tren que cubre la línea de Almería- Córdoba, el día 5 de noviembre, en el que hubo varios muertos y heridos. Tengo conocimiento de que de los brazos de una mujer, fue recogida una niña. Aquella mujer que  estaba muerta no era su madre, era su tía carnal que la llevaba a Extremadura, concretamente a Aceuchal, llevando billete hasta la estación de Almendralejo. En Córdoba tenían que realizar trasbordo hasta   Los Rosales y  de ahí hasta Almendralejo, Por desgracia no llegaron, pero la niña se sabe que fue  arrancada de los brazos de aquella mujer. Su nombre es Carlota Antolina. Así debe de figurar en la partida de bautismo que la acompañaba.

     Hago un llamamiento  al corazón de esa mujer, que lo debe de tener de oro, para que se ponga en contacto con su verdadera madre, que soy yo Nieves Sánchez Jiménez, Avenida del Generalísimo numero  ___ Melilla. Se lo suplica de rodilla una madre afligida.

     Cuando termino de escribir, en una libreta de notas con un lápiz no lo leyó en voz alta. Rusa Maria  era una buena chica, no me canso de decirlo, la escena del marqués acariciándole sus seños  desnudos se me olvidó al momento;  nada me importaba sus vidas, lo que yo veía en ella era un deseo de ayudarme, de que fuera feliz. Se puede  considerar a esta chica el prototipo de la caridad, de la humildad y el  amor al prójimo, lo demás queda en segundo plano.

    _ Pero eso en tantos periódicos, costará muchísimo dinero, es muy grande el anuncio, con menos palabras  también se enteraran.

    _ Tu Nieves, nada tienes que preocuparte. Aquí hay dinero, yo tengo mis ahorros.

     Entonces saltó el coronel.

    _ No hables mas majaderías Rosa. El casi nunca la nombraba por su nombre compuesto lo de Maria lo  suprimía. Aquí no tiene dinero nadie  nada mas que yo, y ese anuncio mañana mismo está en la calle. Llama desde aquí, a  la agencia EFE, le lees el anuncio y que ellos se encarguen de  enviarlos a los diarios. Le dices que lo pagara el señor Marqués de la Ribera Blanca y coronel de Infantería, que  el numero de cuenta está en el Banco Hispano Americano, Con eso basta para que salga mañana publicado en toda España, incluida Ceuta y Melilla. Y las islas Baleares y Canarias.

     Rosa Maria consultó la guía de teléfono y marcó un número . A los cinco minutos  nos informó que ya estaba listo, le aseguraron que lo pondrían en primera plana. ¿ Que poder tiene el dinero...! Es una desgracia pero para mi fue el bálsamo que  curó momentáneamente mi dolor. Era tan ingenua que ya creía que  encontraría a mi hija  al día siguiente. ¡ Pobre de mi! Cuantos años tuvieron que pasar, cuantas lágrimas derramar y cuantas noches sin dormir.

     Don Leopoldo se interesó también en dar parte a la policía y a la Guardia Civil, para que investigaran el caso, Con todo esto pude dormir  sin sobresaltos algunas noches.

     

        III

    Yo seguía mi marcha y Rosa Maria la suya. Es decir ella quedándose en casa con sus novelas y yo saliendo todas las tardes al paseo.
     Es verdad que cuando sonaba el timbre del teléfono me inquietaba, casi siempre lo descolgaba Rosa Maria, y yo impaciente esperaba a que me dijera que  habían llamado  una señora que  tenia a mi hija, que fuera cuando quisiera a por ella. Pero Rosa, negaba cuando colgaba el auricular.
    _ Nada Nieves, es un amigo del marqués, o  Ali que trae en su moto carro los enseres para  el día. U otra llamada que a mi  me daba igual. Casi mejor que no sonara el teléfono, así  permanecía mas tranquila.
     Todas las tardes, mejor dicho casi todas, porque a veces Juan faltaba por guardia u otra función del servicio. Pues como digo casi todas las tardes, nos entrevistábamos en el parque  Hernández. ¡ Que felicidad  dentro de mi desdicha, de nuestras penas, encontrábamos en aquel frondoso jardín!
     Paseábamos, y llorábamos la perdida de Soledad, sobretodo el. También la desaparición de mi niña, pero  mi corazón me decía que algún día la encontraría, que tuviese paciencia.
    ¡ Paciencia!  Que  fácil es decirlo cuando no se tiene  la seguridad plena de encontrarla. La paciencia se agota y las lágrimas  caían a raudales.
     Juan, el  bueno de Juan, me consolaba me limpiaba las lágrimas con su pañuelo militar a veces no muy  aseado y luego  el mismo pañuelo se lo llevaba a sus ojos para limpiarse las lagrimas que quería disimular sin conseguirlo.
     A veces íbamos a tomar un te o una tila al cafetín de Fátima. Ya nos conocían las camareras, Aixa morena agarena con el pelo hasta la cintura nos sonreía y hasta se permitía de  susurrarnos algunas palabras de complicidad. Nos creían novios, y  acertaron, porque tres o cuatro tardes mas Juan se me declaró.
    _ Nieves, somos los dos muy desgraciados, yo a nadie tengo en Madrid ni en ninguna parte. Muerta Soledad quien mejor que tu para compartir mi vida. Yo te quiero y prometo hacerte todo lo feliz que  mis fuerzas alcancen. Juntos buscaremos a nuestra hija. Si, Nieves nuestra, porque para mi desde el momento que la vi en brazos de Soledad, la consideré tan hija mía como de ella. Perdóname Nieves si al principio creí que   Carlota Antolina, era hija de Soledad.
     Yo lo dejaba hablar  y sus  palabras   tocaban la sensibilidad de mi alma. Me gustaba oírlo , me sentía muy dichosa con sus palabras.
     Aquella tarde, se me presentó muy sonriente. Llevaba otro uniforme, mas  nuevo y en lugar de  lucir los galones rojos de cabo, lucia un galón dorado.
    _ Mírame dijo sonriente. Ya soy cabo primero, y dentro de poco quiero  hacer el curso de sargento. Nieves aquí en el ejercito está mi vida. Yo soy mecánico de automóviles, pero  la competencia es mucha. Necesito  un taller y herramientas, y eso no puedo alcanzarlo, soy tan pobre como tu, licenciarme ahora seria tirar por la borda mi futuro y el tuyo porque...
     Se quedaba atascado. No se atrevía a decirme que me casara con el ¿ Temería el rechazo? Que tonto, si yo lo deseaba mas que el. Donde iba yo a encontrar otro hombre. Nieves la hija de Carlota la Caracola, que iba a  esperar. Si el supiera quien fue mi madre, pero no, tampoco ella fue mala. Una madre nunca lo es, las circunstancias de la vida le hicieron  buscar dinero para mantener a sus hijos a costa de lo que fuera.
     Yo le ayudé a declararse.
    _ Que bien. Buscaremos junto a mi niña, y tendremos mas, seremos felices, porque tu con tu paga y yo trabajando en algo, seremos  dichosos y compraremos un pisito. Rosa Maria se interesa mucho por mi y también el marqués al que le debo quizás la vida, pero siempre no  voy a estar siendo una sirvienta. Buscaré trabajo en la fabrica de conservas de pescado, hay  temporadas que  no encuentran mujeres  porque en Melilla como sabemos predomina n los militares y son tan orgullosos que en cuanto son tenientes  ya no quieren que sus mujeres trabajen para nadie.
     Bueno  eso  mas adelante. Ahora ya me lo has dicho todo. La verdad que me costaba trabajo decirte que si querías casarte conmigo, porque la sombra de Soledad se anteponía entre los dos, pero ya   que ella no está entre nosotros, debemos  rehacer nuestras  vidas. Ella desde el cielo se alegrará,
     Lo vi mucho mas alegre. Era un niño con zapatos nuevos, poco a poco me llevó  debajo un gran sauce llorón que nos ocultó de indiscretas miradas y allí  bajo sus flexibles ramas me besó con fuerzas, yo sentí como si los ángeles me llevaran al paraíso.  Cuando  retiró su boca de la mía, lo abrace y  ahora fui yo la que le  sello la suya con la mía. Bebimos nuestro  néctar, y salimos de debajo del árbol mas dichosos que  una niña cuando le regalan una muñeca que ríe y llora.
     De regreso a casa Rosa Maria, me esperaba en la cocina. Don Leopoldo estaba en el casino. Ella la  virgen, tenia casi terminada la cena. ¡ Que mujer mas  rara!  Quizás introvertida, pero no porque aquella noche me contó todo con respeto al marques.
     Cenamos, y dejamos la cena en el comedor para el Coronel. Luego nos fuimos a la cama.
    _ Hoy no tengo ganas de leer. Te voy a contar toda mi vida, porque se que  no tienes buenos juicios míos.
    _ ¡ Por Dios Rosa Maria! Yo...yo no quise  sorprenderte en brazos del marqués. Allá tu con tu vida,
    _ No creas que te mentí al decirte que era virgen. Si por virgen se entiende no haber sido penetrada nunca. Pues si Nieves  soy virgen, nunca un hombre ha pasado mas allá de las caricias que vistes. Y ese hombre ha sido el marqués.
     Mi madre estuvo  siempre en esta casa de  doncella. Se caso con  el hombre que fue mi padre. Pero por  causa del Marqués la abandonó. Los celos se lo comían, quizás que llevara razón, porque  Don Leopoldo  a pesar de ser casado con la Marquesa de la Ribera Blanca, le gustaban las criadas. Le absorbía el seso el delantal blanco y la cofia, cosa  rara pero asi son los hombres. Prefería mas a una  criada que a una  señorita con sedad y crespones. El atuendo de  criada lo excita  y es capaz de todo por  tenerte en sus brazos.
     Con su mujer tuvo dos hijos, varón y hembra. El varón estudió y vive en Madrid. Creo que es ingeniero de caminos. Viene poco a veces por navidad y en agosto, para sacarle dinero al padre. Tiene un hijo  que le han puesto como  el abuelo Leopoldo. En cuanto a la hija  Rosalinda creo que te lo he dicho, se casó con un pintor en Paris, donde fue a pasar una temporada y allí se quedó. A veces  viene también a  visitar al padre y llevarse dinero, poco, porque el padre no la mira, por desobedecerlo al casarse con un bohemio y otra es que no le ha dado ningún nieto
      Murió la Marquesa cuando yo contaba  unos cuatro años., sus hijos son mayores que yo. Al morir la madre se fueron  cada uno por su lado Enrique, a Madrid a estudiar ingeniería, aprovechó el tiempo. Ella la niña, como he dicho se  engolfó con un parisino que pintaba en las orillas del Sena, y sin avisar a su padre ni pedirle consentimiento se casó. Mi madre quedó al cuidado del marqués. Ella hacia y deshacía, buscaba a criadas y las despedía si  robaban nunca porque  rindieran poco.
     Cuando yo contaba doce años murió mi madre de una grave enfermedad. El Marqués lloró por ella mas que por su mujer, y le hizo un entierro de primera.  Llamó a su hija, pero  no sabemos porque no vino. Alegó que Paris esta muy lejos de Melilla y no había  ni trenes ni aviones. Entonces la aviación empezaba a ser transporte publico, Todos fueron trabas. El hijo vino, pero la mujer una madrileña de no sabemos que barrio, no se adaptaba a Melilla la consideraba  como un pueblo chico poco mas que un villorrio y también se marchó. Entonces me llamó.
     _ Rosa Maria_ me decía con  pena, su vos  se quebraba en su garganta. , mentira parecía que fuese un militar curtido en  las batallas del Riff. En el barranco del Lobo en el Gurugú. Era  como un niño al que ha perdido su madre,
    _ Estoy solo. Si tu me abandonas, me pego un tiro y me levanto la tapa delos sesos. Yo con tan solo doce años me asusté. Y me eche a llorar.
    _ No llores _dijo sobreponiéndose. Eso que he dicho es mentira, si te vas adiós, buen viaje.
     Creía que desvariaba.
     Le dije que no me iría nunca de su casa, Que era como  la hija que le faltaba y el como el padre que me abandonó.
    _ Muy buen.  Buscaremos a  criadas. Tu solo serás el ama, no tienes que trabajar nada.
    _ Eso no_le respondí. Yo sin hacer nada no puedo estar, me aburriría mucho- - Entonces_ me dijo_ trabajas lo que quieras pero ya sabes tu serás el ama, y, cuando yo muera todo será tuyo, porque Leopoldo Ovando, Marqués de la Ribera Blanca, y coronel del ejercito español te da su palabra  de honor de que  voy mañana mismo al notario y hago testamento a favor tuyo.
     Yo le respondí muy seria, que todo no porque el aun  tenia a dos hijos, y  esos hijos le darían nietos que tendrán mucho mas derecho que yo, porque  serán carne de su carne y sangre de su sangre.
    ¡ Buah! Me respondió._ carne de mi carne pero que me tienen abandonados, sobretodo esa mala hija de Rosalinda, que no se si estará casada por la iglesia o liada con ese pintor de brocha gorda, que no sirve ni para darme un nieto. Y el otro Enrique, bueno al menos ha aprovechado el tiempo, es un pedante pero ha sabido sacar provecho al dinero que le mandaba. Bueno  ya que te empeñas  le  dejaré algo a los dos, aunque no se lo merecen.
     Una cosa te pido.-y al pronunciar estas palabras se me quedó mirándome fijamente.
    _  Pídame lo que quiera_ le respondí yo con la ingenuidad de mis doce años y medio.
     _ Si quieres puedes  continuar  asistiendo a la escuela. Por eso necesitas a una mujer que sepa llevar la casa. Tu solo serás el ama.
    _ Pues no no pienso ir mas a la escuela. Se leer y escribir y las cuatro reglas, como no voy a estudiar, para que quiero saber mas. Yo lo que quiero es saber llevar bien la casa.
     Se quedó callado y  tras larga pausa   dijo lo que tenia pensado.
    _ Yo, solo quiero que  estés siempre vestida con el uniforme de doncella. Es decir con el que ha permanecido tu madre durante toda su vida hasta que Dios se la llevó. Me encantan los uniformes y mas las mujeres con el de  doncella.
     Estas palabras me  causaron  sospechas ¿ No seré yo tu hija?- pensaba.
    ¿ Porque abandonaría mi padre, si es que el marido de mi madre era mi padre el hogar y a ella y a mi. ¿  Habría sospechado algo? ¿ La  sorprendería con don Leopoldo haciendo el amor?
     Todas estas preguntas se me amontonaban en la cabeza. Pero no encontraba la respuesta adecuada. Mi madre siempre fue buena, nunca demostró liviandad ninguna, ni acto  sospechosos hacia este hombre ; Pero...
     Por fin le pregunté. ¿ Que porque  ese gusto por que estuviera siempre con el traje de criada. ¿ No era mejor un vestido de señora?
    _ Puedes comprarte todos los que quieras. Quedarte con los de la marquesa, pero si me quieres ver alegre y  feliz, durante el tiempo que yo este en casa y a tu lado , hazme ese favor , es lo único que te pido. Y ahora te lo explicaré.
     Yo estuve enamorado de tu madre. Fue para mi la musa que me inspiraba, la que  me alegraba la vida. Con su simpatía y su cariño, con toda su gracia, y vestida así la conocí. Me ilusionaba con verla, luego paso lo que pasó.
    _ ¿ Que pasó? ¿ Yo soy hija de usted verdad?
    _ No, niña, no. Ya me hubiese gustado. Tu madre no fue de  otro hombre que su marido, y tu eres hija de aquel  mal nacido que os abandonó, sin motivos
    ¿_ Entonces que ocurrió?
     _ Es una historia rocambolesca y algo larga, pero quiero  contártela aunque me duela. Porque hija, también en mi  hubo cuernos. Escucha, escucha.
     Mi mujer, sospechaba de tu madre, y empezó a tomarle odio. De noche  en la cama reñíamos mucho hasta llegamos a las manos. Luego de día  con engañosas caricias  cubríamos las apariencias. Hasta que  mi mujer se fue, por ahí  dos o tres  días.  Salí a buscarla, pregunté  a los amigos, a sus amistades y a las mías. Nadie sabia donde estaba nadie la había visto por parte alguna. Decidí  denunciar el caso a la policía. La policía tampoco la encontraba. Contraté a un dectetive privado, por ver si  a través de sus amistades, de las de mi mujer, averiguaban algo  También el detective fracasó. ¡ Quien iba a sospechar que estuviese en el mismo  cuartel donde yo  ejercía el mando superior!.
     En aquel acuartelamiento, había un joven y guapo teniente. Era moreno, con un bigatillo  estilo alemán. Alto delgado, el uniforme le sentaba  como a un maniquí.  , pero nunca  se relacionaba con nosotros. Es lógico, aunque si se supieran las cosas, quizás otro gallo  cantaría.
     El muchacho, se consideraba poca cosa para relacionarse con señores de alta graduación. Yo tengo tres estrellas de las grandes: el de las chicas y eso  causa mucho respeto.
     Como mi “ querida” entre comillas Señora  sospechaba que  le era infiel con tu madre, quiso  vengarse y creyéndolo así me pagó con la misma moneda.
     Salió como dije  de casa, una tarde y  cuando volvió ya había perdido toda la dignidad y vergüenza.
     Con un soldado  que venia mucho a casa, a traernos algunos encargos y a cuidar del jardín  le  hizo llegar en sobre cerrado una  nota al teniente, invitándolo a una velada en el  casino de los Señores, a bailar y pasar una noche agradable. El soldado cumplió con lo mandado. ¡ Como no!, no iba el muchacho a ganarse unos días de arresto. ¡Ay! Cuantas cosas injustas tiene la vida.
     El teniente acudió al reclamo. Claro que el  oficial no creía que una señora marquesa esposa del Ilustrísimo señor coronel de su regimiento, lo quería para  seducirlo y consumar un adulterio por venganza.
     Llegó al baile del casino echo un paquete, como el siempre acostumbraba. El pelo encomiando, el uniforme planchado y el sable reluciente.
     En cuanto la “Ilustrísima y muy noble señora marquesa de la Ribera blanca” titulo que yo le di al casarnos, lo localizó, dejó a sus amigas ella sabría con que pretexto y se fue  hacia el oficial.
     Testigos presénciales me  informaron, que el muchacho negaba con la cabeza. A lo que ella le decía, que a veces se le veía sudar e intentaba escapar de aquella  mujer que lo estaba poniendo en un peligroso compromiso. El pobre  no sabemos que pensaría; tal vez en un duelo con migo, esposo ultrajado, quizás que en un castillo  con perdida del escalafón y quien sabe si de sus  estrellas que tanto le costaron.
     Hoy lo pienso y la verdad nunca hubiese querido estar en su pellejo.
     El caso hija mía, es que el pobre oficialillo  no tuvo mas remedio que  acceder a los deseos de mi señora esposa, porque si no lo hacia  lo denunciaría por propasarse con la señora de un superior, y la justicia militar es  muy seria. Quizás en el juicio, saliera  indemne, pero nunca se sabe. Por  otro lado la marquesa aun estaba de buen ver. Ya sabes sin haber dado un golpe en su vida, solo arreglándose asistiendo a sus tertulias, a teatros con amigas y amigos porque yo  solo me  divertía en el casino, hablando de política y de las estrategias militares, luego... tu madre, era mi ilusión, mi ansias de vida.  Cuando  quedó viuda  quise llevármela  conmigo lejos, abandonar a mi esposa, pero ella nunca lo consintió. Me decía que si alguna vez  el también quedaba viudo luego lo pensaría, pero  que  con la Marquesa vivita y coleando era un adulterio a toda regla, y ella jamás seria una adultera.
     La verdad es que yo me lo merecía. No quiero hacerme el bueno, tuve mucha culpa porque   no me hacia falta  otra mujer, ya que la marquesa me daba todo lo que un hombre precisa. No se si me entiendes.
    _ Si, claro que lo entiendo. Si mi madre hubiese aceptado, usted se hubiese marchado con ella, lejos, y  aquí se hubiese quedado ella con sus dos hijos. Bueno si, es verdad pero yo me hubiese llevado una hija, que eres tu.
      La verdad Nieves que me hallaba tan confusa que no   acertada a enjuiciar si la actitud del Marqués era buena o mala.  Me quería hacer comprender y quizás fuese así que  el corazón está por encima de títulos y blasones. El se enamoró de mi madre. Mi madre no le correspondió, pero levantó los celos de mi padre y  nos abandonó.
     La marquesa con sus dos hijos, quiso  desairarlo con el adulterio y lo consiguió,
      Ya metida en faena, le pregunté que como se enteró de que su mujer  le era infiel.
     Espera dijo. En las ciudades pequeñas como Melilla, todo se sabe y mas en los cuarteles. Tampoco ella demostró mucho recato, es mas quería que todo el mundo lo supiese para que llegara a mis oídos, y así ponerme en ridículo delante  no solo de mis  hombres sino también de mis amistades y todas las autoridades locales., y personas de la alta alcurnia de Melilla.
     Cuando yo iba al cuartel por las mañanas, cierta sonrisilla se dibujaba en  los labios de los oficiales y hasta de la tripa. Todo el cuartel conocía la aventura de mi mujer. El teniente amante,  demostraba un miedo cerval, y eso que  los compañeros , superiores y hasta suboficiales y sargentos le  ofrecieron su apoyo en caso de ser  denunciado por ella, o retado por mi.
    Dos días con dos noches  estuvo en el pabellón del teniente. Este por su categoría de oficial, ocupaba un pabellón para el solo, un pabellón de soltero pero con las mismas comodidades que de casado. Aquel fue su  nido de amor, un nido  que apestaba. Se mantuvo dos días y dos noches, con el propósito de saciarse , de gozar a tope con aquel  elegante y apuesto oficial.
     La llevó de noche, y cuando el centinela le echó el alto  dijo, “ Soy el teniente  del Valle , y traigo a esta mujer  para protegerla de un posible ataque moro”. El centinela le pidió el santo y seña, y como lo sabia se lo dijo. Los dejó pasar, y se fueron directo al pabellón bajo la mirada del centinela, que nada comprendía. Aquella noche, no había oficial de guardia, las licencias por  las fiestas de la Virgen de la Victoria, o sea la patrona fueron muchas, y lo que suele suceder, solo quedaron a cargo del cuartel los sargentos, cabos y soldados. Son cosas increíbles pero en la milicia ocurren a veces.
     Bueno estaba de servicio el oficial de  noche, un Comandante para toda la guarnición, pero como confiaba en los hombres y todas las guardias estaban cubiertas, se echó a dormir. Hacia mucho tiempo que Melilla ofrecía una paz relativa, pero al fin y al cabo paz.
    ¿ Como la iba a encontrar la policía? Nunca sospecharon y si lo hicieron, no se iban a atrever a ir a registrar el pabellón de un oficial, un caballero que da su palabra de honor. Menos aun el detective privado, que investigó y preguntó a sus  amistades mas cercanas. Damas que se escandalizaban hipócritamente con  esas investigaciones. Total quien la descubrió  fue un  sargento, pero el hombre por miedo y  no querer complicaciones nada dijo.. nada dijo directamente que  por bajo cuerda se enteró hasta el  recluta mas tonto.
     Te dije niña que a ella no le importaba que lo supiera  la gente, es mas lo deseba y aquella noche que lo era muy calurosa por ser el mes de septiembre, cuando aun el otoño no ha cubierto con sus fríos  la cima del Gurugú. Así que entre el sofoco que  debían de tener los dos amantes y el calor de la noche, acordaron abrir la ventana que da al patio. Seguramente que el oficial se opuso al peligro que aquello  suponía, pero ella despechada  acalorada y deseosa de guerra, la abrió de par en par, sin apagar la luz. Creo y así me lo hicieron saber que estaba semidesnuda, solo con el camisón transparente que se llevó de casa. El en paños menores, y el bigotudo sargento de la guardia oteando escondido detrás de una palmera de las que  aun existen en el patio.
     Eran mas de las tres de la mañana, cuando regresaron los dos. Llegaron en un taxi, ella con la cara descubierta, sin pudor ni vergüenza, aunque llevaba la cara tapada por un sutil velo, el de paisano, por eso el centinela le echó el alto y le pidió el santo y seña.
     Todo el cuartel dormía, a excepción de los tres centinelas, el cabo  para hacer el relevo y el sargento jefe de la guardia.
     El sargento, se retorcía el bigote, viendo la escena. Se abrazaban se besaban se acariciaban y jadeaban. Este suboficial  era muy amigo del cabo. Un cabo reenganchado, esperando por antigüedad ascender a cabo primero y después a sargento, y quiso compartir con el espectáculo que  como si fuese una pantalla cinematográfica  ofrecía la ventana  del pabellón del teniente.
     Los dos se prometieron que aquello no saldría de allí, que no se enteraría ningún soldado de la guardia, pero ya era imposible ocultar el adulterio. La ventana no se cerró, ni  la luz se apagó, y era el relevo de los centinelas. El cabo pidió permiso al suboficial para realizar el relevo, no era  plan  dilatar a los centinelas hasta que se apagara la luz, iba en contra del reglamento, y el suboficial echándose las manos a la cabeza, pues había reconocido a la señora “Coronela”, le dijo que precediera al relevo y que fuese lo que Dios quisiese.
     Así que los seis soldados, los tres salientes y los tres entrante  y el sargento y el cabo, se empaparon de que al Coronel  el teniente Del Valle le estaba colocando los cuernos, Radio macuto se extendió por todo el cuartel, y así  supe  lo que  había ocurrido
     Llegando a esto Nieves, rompió en silencioso llanto. Yo lo consolaba diciendo que ella ya  habría purgado sus culpas en el purgatorio, que no se preocupara, pues ya de eso hacia  bastantes años, ya que yo apenas conocí ni a la Marquesa ni a mi madre.
    _¿ Pobre de tu madre! Ella que fue pobre, nunca traicionó a tu padre, aquel borrachín sin vergüenza y celoso empedernido; y perdona Rosa que hable tan mal de tu padre, pero mi mujer no fue mejor que el.
     Bueno, dejémoslo para otro dia, porque usted ya está cansado. Además no quiero saber mas.
    _ Si Rosa, es verdad dejémoslo para otro día. Pero mañana me buscas una mujer que  limpie esta casa y la perfume y borre todas las huellas de aquella ingrata.
     Su mujer  era verdad, fue una ingrata para el. Pero lo mismo quiso  el hacer con ella, siendo mi madre la elegida, una mujer honesta y  buena hasta el fin de sus días, pero  que  su nombre injustamente se vio de boca en boca. Pues entonces  la servidumbre era mayor, y  las lenguas viperinas muchas.
     Rosa María, hizo tanta confianza en mi, que  a nadie le contó esta historia. Y para terminarla me dijo, que al  teniente del Valle, lo trasladó a otro regimiento en  calidad de arrestado. No quiso batirse en duelo con el, y no por miedo sino porque no encontró culpa en el joven oficial. Fue un hombre_ decía_. Yo hubiese hecho lo mismo. No lo dejé en el regimiento por  que se iban a burlar de el y de mi todos los soldados y mandos, así que  salió ganando si no en dinero en situación, en  Granada se ganaba menos, pero  los servicios eran mejores y mas tranquilos.
     En cuanto a su mujer, la despreció tanto que  no la volvió a mirar nunca mas a la cara, a pesar de  dormir bajo el mismo techo, por descontado en  diferentes habitaciones. Y aunque ella  tuvo la mejor, y mas comodidades, bien por remordimiento, bien por pena de haber perdido a  su amor. Un amor joven y  placentero,  cayó enferma con un mal que no tenia cura. No la abandonó a su suerte. La visitaron médicos de  muchos  sitios que  los mandó llamar y vinieron. Pero el mal estaba muy extendido, y una mañana en presencia de sus dos hijos, falleció. Cuando le dieron la fatídica noticia solo dijo
     “ Que en paz descanse” la perdone Dios y conmigo haga lo mismo.”

    IV

      Por la casa pasaron muchas jóvenes, doncellas. Unas se iban porque era mucho el trabajo-Otras porque no querían permanecer internas, y otras porque  vinieron de España y esto no le gustaba, o añoraban su tierra.
     También tuvimos dos  moritas, que no se portaban mal, pero  el Coronel no estaba a gusto con ellas, manías de viejos, pues ya  lo iba siendo, alegaba que eran enemigas de España, y no quería en su casa  traidores a su patria.
     Yo ya  como  era algo mayor, con doce años  ayudaba mucho, siempre vestida de  chacha, como el quería. Pues su tema era que así conoció a mi madre.
     Tomó a un asistente, un soldado del cuartel, mas que asistente para que me ayudara a mi. – No me explico como tan hombre y militar como  decia ser, consentía que un hombre hiciera oficios de mujer.  En aquellos tiempos eran cosas de mujeres, hoy a eso se le llama machismo.
     Pero los muchachos duraban poco, No se porque  preferian el cuartel a ser damiselas. Uno me miraba con ojos  enamorados, en cuanto  lo supo, lo largó al regimiento a que hiciera guardias.
     Un día estábamos solos. Yo había terminado  de hacer los oficios. Pocos porque  casi todo lo hacia Catalina.
     Bueno en otra ocasión hablaré de esta muchacha. Excelente  mujer , muy limpia y trabajadota. Pero ahora la dejaremos  con su marido, gozar las mieles del amor.
    _ Ven siéntate aquí. Me dijo  muy zalamero y me indicó sus rodillas. Yo me puse en guardia. ¿ Que querrá ahora? Me preguntaba.
     Como me  resistía insistió. ¿ Porque no le das un poco de cariño a este pobre hombre?
    ¿Qué quiere usted?
    _ Nada hija. Solo acariciarte. Porque  eres igual que tu madre. Tu me das vida, por ti estoy en este mundo. Se que es un absurdo pedir que me case contigo. No puede ser. ¡ Eres tan niña...! Pero  ven acércate.
     Me senté donde me indicaba, o sea en sus rodillas, y empezó a  alisarme el pelo. Yo quedé como hipnotizada. No tenia voluntad propia hacia lo que el me decía, que no fue nada mas que que le diera un beso en la cara. Se lo di.
     Luego el empezó a meter la mano en mis pechos.
     Me puse pálida y el lo notó
    -
    _ Mira niña, yo no quiero mas que  recordar a tu madre, y tu eres ella en estos momentos. Bada hice con ella, y nada pienso obligarte a hacer con migo, solo que me concedas tocarte tus bonitos pechos y  que siempre estés vestida así en mi presencia.
     Y eso es todo Nieves. Es lo único que hacemos. No quiero decepciónalo. Porque el es muy bueno conmigo, es lo único que lo hace feliz. Se marcha al regimiento, a que se rían de el. Lo se, aunque el nuevo jefe le ceda tres o cuatros soldados para cultivar el jardín. En el casino hasta lo han pintado con cuernos. A veces así como lo ve s viene llorando, y se consuela con mis pechos y verme vestida como a mi madre. No ha llegado nunca a mas, ni si quiera me ha propuesto.
     Un día le dije, que si hacia lo mismo con mi madre y me respondió que solo una vez. Luego ella  ya no quiso mas. Pero que lo complacía con una sonrisa diaria y vestir de criada.
    ¿ Que raro y tonto son los hombres! Y esto es todo nieves. Espero que seamos buenas amigas, siempre y quiero que estés en esta casa hasta que te cases.
    _¿ Verdad que ese cabo  el que viene a verte es tu novio?
    _ Si Rosa Maria. Nos hemos enamorado. El perdió a Soledad, yo a mi hija. Y  de esta pena  ha nacido el amor. Es muy bueno sabes, un poco simple, pero una gran persona. Ha ascendido a cabo primero, y quiere  continuar en el ejercito-
    _Muy bien, así tu  estarás conmigo hasta que te cases como Catalina
    Ahora que sabes todo sobre mi vida, te diré que, quiero no ser amiga tutya, algo mas hermana, eso hermana para siempre. Cuando muera el marqués y  recoja la parte que me ha asignado, viviremos juntas. Bueno juntas no porque tu  te casarás con Juan, en cambio yo permaneceré soltera toda mi vida. Y ¿sabes porque?
    _No, Rosa Maria  ¿ Como lo voy a saber?
     _Pues me quedaré soltera, porque  no me fío de ningún hombre. Todos van a lo mismo, luego si se cansan de ti se buscan otra,  ya tengo experiencia, eso hizo el marqués, eso hizo mi padre, y eso hizo la marquesa. Yo  no soy así. Dirás que me dejo Sobar  por el marques, cierto. Pero no se como explicarte. Lo que siento por el marques es  un sentimiento  paternal, como si recibiera las caricias de mi padre. Nada siento  erótico en sus caricias, aunque sean en los pechos. El no se que sentirá, pero  me figuro, que es poco mas o menos, o sea amor de hija, amor de padre frustrado. Quizás que en mi vea no solo a su hija, sino también a mi madre, las dos cosas a la vez, no se es imposible de explicar, pero  el se siente  feliz con estas caricias que para mi no son impuras, y yo también soy feliz viéndolo e el feliz .
    Y así llevamos ya muchos años. El me dice siempre hija mía, y yo señor marqués, ya vez que la confianza no es sensual, al menos por mi parte.
    _ Bueno, ya me has contado bastante de tu vida. Yo también de la mía-le dije acariciándole su mano derecha._ No podemos ser mas  confidentes una de la otra. Si, Rosa Maria, en ti ha nacido una hermana. Eres mi hermana. Tuve una ¡sabes! Se llamaba Vicenta, no era mala, pero se  metió a mujer de la vida. Esto no se si te lo he dicho. Bueno murió. Y tampoco se nada de mis hermanos, uno  lo dejé en la cárcel, tal vez haya muerto en prisión. El otro si vive  se encuentra en el Sahara, en un batallón disciplinario, era legionario, llegó a cabo, pero  ... en fin la vida que no sabemos lo que nos depara. Luego los pequeños, tampoco se nada de ellos. A la muerte de mi madre  se los llevaron a un orfanato y ahí he perdido el rastro  Mi hija desapareció , como sabes Soledad que también fue muy buena conmigo murió. Soplo te tengo a ti y a Juan, con el que pienso casarme. Porque Rosa Maria, te digo en confianza que a m i me gustan los hombres, y Juan es un hombre bueno. Si me va bien con el no necesito mas, pero si me falla  como amiga y como hermana te  hago saber que me busco a otro. Es  mi naturaleza, soy así. Quizás desde muy joven se me despertó  el deseo sexual, hasta ahora sigo manteniéndolo.
     Se sonrió, me guiño un ojo y  se aventuró a decirme.
    _ Bueno, eso aquí en Melilla lo hay de sobra. Solo tienes que salir una tarde, y los veras  uniformados de todas clases, y también aunque menos  a paisanos.
     Reímos las dos, y nos dormimos. Hasta el día siguiente..

     

    CUARTA PARTE

    I

     A partir de ahora Nieves deja su relato, y tomo yo su puesto para redactar lo que acaeció a  Carlota Antolina  en su vida.
     Vamos a dejar a Nieves y a Rosa Maria. Nieves  se  caso con Juan Carretero, y Rosa Maria, continuó complaciendo al señor Marqués de la Ribera Blanca, ofreciéndole sus  blancos y redondos pechos. Un poco flácidos por la acción de los  dedos descarnados del Coronel.
     Nos vamos en busca de Carlota Antolina.
     Cuando se despidieron en el muelle de Melilla, Soledad iba preocupada en el barco, por la alimentación de la niña. Hasta ese tiempo como sabemos había sido alimentada por la leche materna. Pero ahora esa leche le faltaría, seria sustituida por leches  de farmacias, compuestas y  frías, aunque las calentase. Soledad era algo ingenua, y  se encerró con la niña en  el  cuarto de aseo,  se sacó la teta y le arrimó el pezón a la criatura.
    ¡ Pobre ignorante! O  creía que  a lo mejor Juan Carretero la dejó la noche del hotel encinta, y creía ya  tener leche para la hija de su hermano. Fuese como fuese no dejó de ser una incauta total´La niña   chupó el pezón enhiesto pero al no sacar nada rompió a llorar, entonces se dio cuenta de la tontería que había cometido, y aunque nadie la vio se puso encarnada de vergüenza .
     Salió azorada, con la niña meciéndola a cubierta. La noche era muy apacible y una luna llena teñía de plata el ancho mar Mediterráneo.
     La criatura  lloraba mucho. Tenia hambre. Soledad se desesperaba, porque tampoco quería la leche en polvo que le ofrecía en  un biberón.
     Al llanto de la hija de nieves, se unió el de Soledad, que creía que  se le moriría antes de llegar, y   pudo ser así si no fuese por una nodriza que providencialmente encontró.
    _ ¿ Porque llora tanto la criatura?  ¿ Está malita?_ preguntó l una mujer  fuerte , robusta, alta y con los seños muy generosos. De pelo negro como el carbón y tez aceitunada.
    _ No, señora. Es que creo que tiene hambre.
    _ ¿ Y porque no le da de   mamar?
    _ No tengo leche. Y los biberones que le hago no los quiere,
    ¿ Como? Es que ha mamado de usted antes?.
    _ No señora, de mi no yo no tengo leche. Pero a mamado de su madre, y ahora la echa  de menos, no le gusta la leche de botica¿_ ¿ No es usted su madre?
    _ No, su madre se ha tenido que quedar en tierra. Es una historia muy triste.
    _ Debe de serlo cuando una medre, confía a otra mujer su hija de pecho.. Bueno no me interesan las historias de nadie, pero si me apenan que los crios no se alimenten debidamente. Vamos a probar. Dame la niña.
     Y aquella mujer. Se  desabotonó la blusa y de su interior extrajo  una morena y enorme mama. Con su mano izquierda se la arrimó a los labios de la niña, y esta se agarró  succionando con fuerzas. Dejó de llorar. La  providencial mujer  era una buena nodriza, poseedora de abundante y nutritiva leche para bien de muchos   bebés
     Soledad,  se deshacía en gracias. Lloraba pero  no de pena, lloraba de alegría al ver a la sobrina como   tomaba el alimento del cuerpo de aquella buena mujer.
     _¿ Que le debo Señora?- le dijo cohibida, tomando otra vez a la niña en sus brazos.
    _ Dame un millón de pesetas.
    _ Señora, yo....
     Iba a decirle que ella no disponía de esa cantidad, pero si todo lo que llevaba se lo daría.
    -_¡ Hija que boba eres!- Le  respondió la nodriza acariciando a la niña.
    _ Yo, cobro a los ricos, pero usted se nota a la legua que no es rica.
    _ No, no lo soy, pero  ¿ Como tiene usted alimento para la niña y yo no?
    _ Ese es mi oficio, niña. Yo me dedico a cuidar  hijos de otras. Vengo de una casa de ricos, de criar un niño, ya lo he dejado porque come papillas y otras cosas . Ya no me precisa.
    _ ¿ Es que no se como tiene usted tanta leche, y yo ninguna.
    _ Será que Dios me ha  premiado  con este don. ¿ Sabes en mi pueblo me llaman la “Vaca lechera” por eso.
    _ Y no tiene crios?
    _ Si hija. ¿ Como entonces iba a tener leche?
    _ ¿ Y donde está?
     _Tengo ocho, algunos mayores. Hasta de 17 años. Otros mas pequeños, todos están en el pueblo con mi madre y mi marido. Yo he venido contratada como te he dicho por un mes, hasta que el crío ha soltado la leche de esta nodriza por los potingues de botica,
    _¿ Y...?
    _ Si, mi niño está en mi casa. Tiene ocho meses y come ya hace tiempo, pero aunque parezca extraño no se me retira la leche. Hasta los médicos se extrañan. Ya te he dicho que  es un don que me ha dado Dios.
     El barco llevaba una marcha  regular. Surcaba aquel mar de plata sin contratiempo, era una balsa de aceite  argentada solo alterada por la espuma que  la hélice  dejaba en estela al remover las aguas.
       Se levantó un poco de viento, y ya en cubierta hacia frío.
    _ Voy a entrarme con mi niña. ¿ Viene usted? Aquí ya hace frío.
    _ Si, vamos. Solo quiero saber como se llama la niña, para  hacerlo constar en mi  libreta a cuantos niños he amamantado.
    _ Se llama  Carlota  Antolina, es hija de madre soltera, que no soy yo, su padre murió en lucha con los moros, no crea usted se iban a casar, pero   Dios no lo quiso. Es hija de mi hermano, y su madre se ha quedado en Melilla hasta que tenga dinero para ir a Extremadura, que es a donde la llevo. Yo  sabe usted me llamo Soledad, y he venido a por ella, para que la vean sus abuelos y su tía Antonia. La tendremos hasta que  ella pueda llevársela o quedarse con nosotros si lo prefiere.
    _ Bueno hija, ya no necesito saber mas. Yo conozco tantas historias. Yo Mónica la Vaca Lechera, ya está curada de espanto y de nada se asombra.
     Vamos a dormir, y si la niña necesita mas leche, no te cortes en pedírmela
     Carlota  Antolina durmió aquella noche como los propios ángeles La leche que   mamó de Mónica, era muy buena,  ten buena o mejor que la de su madre. Soledad se sentía muy feliz, la acostó con ella y durmieron de  un tirón. Ç Soñó Soledad con Juan Carretero. Se vio vestida de blanco dando el brazo a Aniceto, su padrino. No era su padre pero lo quería como si lo fuese, no en balde el la crió la educó y le dio el cariño que su verdadero padre no supo o quiso darle.
     Juan Carretero estaba ya en la puerta de la iglesia, la iglesia de su pueblo, o mejor en la ermita de   Nuestra Señora de la Soledad, la patrona de Aceuchal . Aquella ermita blanca  junto al paseo que ella eligió para casarse.
     Juan estaba de uniforme un uniforme nuevo, ella no entendía de grados ni galones, pero lo vio con sus  galones colorados en las mangas, daba el brazo a su madrina, ¿ Quien seria? Ella no la conocía nunca la había visto. Luego  que salieron de la iglesia ya casados, en la puerta   en el suelo yacía una niña, una niña de pecho. Su hija, hija de los dos de Juan y de ella. , que la dio a luz pocos días antes de casarse y se la robaron, pero quiso Dios que la policía atrapara al ladrón de niños y  se la colocaron  allí como regalo de bodas.
      Una sacudida del barco la despertó, estaban atracando en el muelle de Almería., cuando la lechosa luz del amanecer  se abría  camino en la oscuridad de la noche. La luna ya en decadencia dejó de iluminar y entonces tomó el relevo aquella dulce mañana otoñal.
     Cuando el barco  estuvo completamente anclado , los marineros colocaron la pasarela, y empezaron  los  pasajeros a  bajar a  tierra.  Entonces Mónica la Vaca Lechera, se acercó y le ofreció  su dulce y  vital  jugo, la niña ya  daba muestras de hambre, y otra vez la   providencial mujer, la sació con una de sus exuberantes  mamas.
      No la abandonaba la divina providencia porque también Mónica tomaría  el mismo tren. Un tren que  partió de la estación, a las dos en punto y tenia prevista su llegada a Córdoba a  nueve de la noche. Pero que nunca llegó.

     Sacó Soledad su billete ( la niña no lo precisaba) en segunda, para que la niña fuese mas  cómoda y no sintiera tanto las fatigas del viaje. No hacia  calor, aunque tampoco excesivo frío, la temperatura era buena. No se despegaba ni un momento de la niña. No quería dejarla  ni un momento sola, ni confiarla a nadie. A nadie conocía, y la única que se podía hacer cargo de ella  en confianza era Mónica la Vaca Lechera, pero esta mujer viajaba en  el vagón delantero que era de tercera clase.
     Tuvo necesidad de ir al retrete, y se la llevó con ella. Apestaba aquel servicio, pero no la soltó  ni para bajarse la prenda intima. Ella  con  un brazo  tenia a la criatura y con la otra mano  hizo la función que estos casos requiere,, Luego que salió, atravesó el fuelle de unión y buscó a Mónica. La encontró sentada en un asiento de madera viejo y recalentado por la humanidad que allí viajaba.
    _  ¿ Quiere usted venirse a mi vagón? Yo le pago la demasía, aquí no se viaja muy cómodamente.
    _ Gracias niña_ le respondió la Vaca Lechera, mitrando a la niña a la que le dedicó una sonrisa mientras su  potente y gordezuela mano dacha acariciaba la tierna carita de la niña._ Pero yo me encuentro mas  a gusto aquí, porque  voy con los míos, con mi gente. Con los obreros y los soldaditos rasos. Pero si  quieres que le de otra vez el pecho a tu niña, me voy luego regreso.
     Soledad lo deseaba, la niña dormía muy feliz cada  vez que Mónica la saciaba, pero  no quiso   que se molestara.
    _ Bueno, si  la he limpiado y cambiado los pañales. ( Los llevaba en una pequeña maleta, donde guardaba  algunos botes de  leche condensada, pelargón y otros alimentos que hasta ahora no precisó)
     Allí mismo la amamantó la improvisada nodriza, y la niña  echó el aire por su boquita en un eructo y otra vez quedó profundamente dormida.
     El tren marchaba pausado despacio, la vía se encontraba en no muy buenas condiciones. En algunos tramos hasta faltaban traviesas. El terreno era escarpado, sierras a un lado y otro, se metía en un túnel y cuando salía de el  todos los vagones iban llenos de humo a pesar de que los viajeros cerraban las ventanillas.
     Otro túnel, otro barranco. La locomotora resoplaba, no podía con la carga, hasta que llegó a una pendiente. Entonces emprendió veloz carrera. No podía el guardafrenos sujetar aquella marcha. El maquinista y fogonero cerraron los grifos del vapor, pero  la maquina no cesaba en su veloz carrera.  Hasta que llegó a una curva, y al lado un barranco de mas de diez metros,, No tomó bien la locomotora aquella curva y se salió fuera del rail, yendo a caer al barranco, arrastrando con ella a los  cuatro vagones que  llevaba detrás.
     Gritos, ayes de dolor. Los que  estaban menos heridos rompieron los cristales de las ventanillas, y por ella salían. Luego rompieron las puertas, sacando a las gentes como podían.
     Aquello era el infierno, la locomotora empezó a arder, prendiéndole el fuego a los campos secos de espartos. Se transmitió el fuego a los vagones. Era  un espectáculo dantesco. Nadie acudía al socorro. ¡Como avisar! Se carecía de  toda clase de transmisiones. Un guardia civil de la escolta había muerto, el otro herido gravemente  daba alaridos que  ponían los pelos de  punta.
     Oscurecía, cuando llegaron lo  primeros auxilios de la Cruz  Roja. Alguien que presenció el descarrilamiento,  avisó al pueblo mas cercano, aquel pueblo disponía de teléfono, y comunicaron a la capital. Organizaron   la marcha en socorro de los heridos lo mas rápidamente que pudieron, pero eran caminos escarpados, veredas de cabras y tardaron mucho en llegar.
     Cuando llegaron los médicos con los escasos y rudimentarios medios de cura, muchos habían muerto. Otros agonizaban y otros permanecían alelados. El tren iba abarrotado de  viajeros.
     Era un caos, muchos papeles ardieron, ropas y maletas y hasta algún cuerpo que no pudieron sacar a tiempo del amasijo de hierro y madera  quedo hecho carbón
     Y... Entre los muertos,  varias mujeres, una era nuestra  querida Soledad, otra Mónica. Ninguna presentaba signos de haber sufrido seguramente murieron  al instante.
      Por algunos objetos personales identificaron a las victimas,  Una mujer piadosa y ensangrentada recogió a Carlota Antolina de los brazos de Soledad, quizás su cuerpo  salvó la vida de su sobrina, porque ella sufrió el impacto brutal del choque contra su cuerpo.
     Enterraron a las victimas en el mísero y pequeño cementerio del pueblo donde se produjo el descarrilamiento. Aniceto   Natividad y   Antonia, se enteraron de la desgracia por el periódico  Regional.
     No pudieron  asistir ni al entierro. Las comunicaciones eran malas, el dinero escaseaba así, que la pobre Soledad fue enterrada  con el solo acompañamiento de algunos vecinos piadosos y algunas mujeres misericordiosas a su ultima morada. Un nicho de lo mas pobre que existía en aquel camposanto , tan mísero como el pueblo.
     Ni siquiera una corona de flores pudieron llevarle sus seres mas queridos como fueron  los ya mencionados, Juan Carretero y Nieves Sánchez , la Caracola.
     Días después, los padres de Soledad, recibieron  el maletín con la ropa de su nieta, alguna interior de su hija, y la fotografía que se hicieron en Melilla  los cuatro. Soledad, Juan,  Nieves y su hija en brazos de esta.
     Nati la costurera, no pudo resistir el dolor. Dos hijos, los dos   su Antolín y su Soledad, habían muerto sin saber como había sido, porque los periódicos mentían, y la nota que le llegó del gobierno civil de Almería solo decía que  después de muchas pesquisas y averiguaciones, llegaron a la conclusión que Soledad Guerrero Báez, muerta en el descarrilamiento del tren Almería Córdoba  era natural y vecina de esa localidad, con domicilio en la calle    Hinojal, numero  134.
     Por eso perdió la razón y fue internada en el manicomio de Mérida, donde perdemos el hilo de esta familia.
     Suponemos que no  viviría muchos años y que Aniceto   no tardaría en acompañarla.

     

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    Y volvemos a Melilla, donde nos espera Nieves, Juan y Rosa Maria, para que  sigamos esta historia.
     Toma otra vez la palabra la protagonista principal, que como sabemos es Nieves Sánchez Jiménez.
     Yo vivía bastante bien en casa del Marques de La Ribera Blanca, gracias a mi buena amigo Rosa Maria ¡ Cuanto le debo a esta mujer! ¿ Que buena buena conmigo! Ella  me ayudó a descubrir a mi hija, pero no adelantemos acontecimientos.
      A Juan se le pasó la pena de Soledad, porque aunque nos hicimos novios yo le notaba que seguía enamorado e la muerta.
     Pero el tiempo lo sana todo, y lo mismo que a Juan le curó la pena por Soledad, a mi también me curó aunque no del todo si en parte la perdida de mi hija, aunque mi afán de encontrarla no se me fue. La llama ardía en mi pecho, y cada vez que me cruzaba en el parque con un niño de pecho , con un bebé en su cochecito que empujaba la niñera o alguna madre dándole el pecho en un banco, se me despertaba el  instinto materno y quería gritar a los cuatro vientos el nombre de mi hija, como si este  me fuese a oír.
     Así pasa ron diez años. El Marqués murió, y los hijos como  fieras hambrientas  fueron a recoger la herencia.
     La ley los amparaba, el testamento a favor de Rosa Maria no sirvió de nada. ¡ Que injusta es la vida! Ella que  fue la que estuvo al cuidado el coronel, ella Rosa Maria que le  entregó todo lo que le pidió, aunque  como sabemos no se propasó en lo principal, fue  a la calle sin apenas nada.
    Rosa Maria fue una chica honrada, pudo haber salido rica de aquella casa, sin embargo nada le robó al Marqués, solo  con su paga se conformó, y con estar casi siempre vestida como una doncella, como la criada que le gustaba a su señor.
     Los hijos eran  herederos forzosos. El bohemio parisino que  se conformaba con el amor de Rosalinda, no fue lo idealista y romántico  como se hacia pasar. Cuando se enteró de que heredaría millones, no dudó ni un segundo en ponerse en camino hacia el norte de África para hacerse cargo, mejor para llevarse lo que le correspondía.
     También la madrileña, mujer el hijo ingeniero hizo lo mismo. Total que salvo algunos pequeños ahorros  de que disponía la  buena de Rosa Maria , lo demás todo se lo llevaron.
     Vendieron el palacio, y ella la criada de toda la vida, la que nació en aquella casa, que al menos parte de ella le correspondía, porque gracias a ella y a su madre se mantenía en pie, fue echada a la calle como una rata muerta.
     Y la pobre Rosa Maria, firme sin derramar ni una lágrima  me besó diciendo.
    _ Ya somos las dos iguales. Bueno siempre lo hemos sido, pero ahora soy mas amiga tuya que  nunca. Las dos buscaremos trabajo y las dos entraremos a servir en cualquier lugar.
    _ Si Rosa, así será. Pero antes quiero casarme. Juan mi novio me  espera con los brazos abiertos. Por mi  se ha reenganchado en el ejercito,  y por mi a ascendido a sargento. Comprenderás que no lo voy a dejar solo, ahora que estoy en la calle, y ahora que tanto necesitamos de el.
    _ Bueno Nieves. Entonces que seas muy feliz. Yo seguiré mi camino, estoy acostumbrada a todo y seguiré adelante como sea, aunque no haya trabajado nada mas que en casa de don Leopoldo,
    _¡ No! Eso no Rosa Maria. Yo Nieves la Caracola, estaré contigo. Si, me casaré pero tu vendrás a vivir con nosotros.
     Cuando nos casemos, a Juan le darán una vivienda en el cuartel. Será pequeñita y humilde como son la de los sargentos casados,  en ella viviremos los tres, y te prometo que no serás mi criada serás mi  hermana. Has hecho mucho por mi, me recogiste desfallecida en el parque, y eso Nieves Sánchez no ,lo olvida.
     Pues yo. Rosa Maria, buscare trabajo, y lo encontraré y con la paga que me de  podemos  empezar las pesquisas para localizar a tu hija, porque aunque   tu no lo sabes, te he contemplado muchas noches  soñando y te he sentido nombrar a tu hija. ¡Hija mía!_ decías_ si algún día te encuentro todo mi amor será para ti. No pienses que tu madre te ha abandonado, el destino me ha  separado de ti. ¡ Dios mío dame fuerza para encontrarla y vida para disfrutar de ella.
     Asi´Nieves que tu y yo nos vamos a dedicar a esa empresa.
    _ ¡ Gracias Rosa! Eres muy buena. Sabes que lo  deseo con toda i alma, pero es muy difícil. Soledad ha muerto, y nadie  sabe quien se llevó a  la niña, solo tengo referencia de una señora caritativa ¿ Pero quien?
     Han transcurrido mas de diez años, ya será si vive una mocita, le llamará mama a la que la recogió, y nunca le diría la nueva madre como fue  lo que acaeció, en el tren y porque ella la recogió.
     No hay papeles, no hay nada. Solo esta foto que nos hicimos, Soledad Juan, y yo con mi hija en  brazos. ¿ Como va a reconocer nadie a esta n niña si ya es mayor...¡
    _Y ella no tiene ninguna señal física, nada de nacimiento? Un antojo como dicen las antiguas.
     Que idea la de Rosa Maria. No se me paso ni siquiera por la imaginación, el racimo de uvas que tenia en el bajo vientre desde el ombligo hasta el monte de Venus. Herencia de su familia paterna. Me lo confesó Soledad, ella lo tenia, su hermana y su hermano también y  la hija de su hermano, mi hija . Me di una palmada en la frente.
    _ Que idea mas genial has tenido Rosa Maria. Si, mi niña  tiene un racimo de uvas como lo tenia su padre, y sus tías y creo que hasta su abuela. Es como una seña de identidad, es una herencia in confundible de la familia. Lo tiene en un lugar muy intimo, imposible verlo si ella no lo enseña.
    _ Eso es lo de menos, el caso es que ya tenemos  la punta del hilo que nos llevará al ovillo.
     Como  no teníamos casa, nos trasladamos al mismo hotel que conviví con  Soledad, pero muy poco tiempo porque quien busca encuentra, y Rosa Maria, conocida por  las amistades el marqués, se empleó con una señorona de la alta sociedad melillense. Una mujer exigente, autoritaria y orgullosa, pro tenia la virtud de  no abusar  en el sueldo ni en la comida de las criadas. Rosa Maria, entró como ayudanta de cocina, y  era de la cocinera de la que dependía mas que de la señora.
      Yo antes de contraer matrimonio con Juan, entré a trabajar con el sargento amigo de mi novio. Era una pobre mujer la de aquel sargento. Cargada de hijos y medio enferma, no podía llevar la casa como quería. El sueldo a convenir, fue irrisorio, se puede decir que entré por comer, porque no podía pagarme casi nada, y yo lo decliné a favor de los siete hijos que parió.
     Comíamos porque le daban fiado en el economato militar, y los enseres le valían a mitad de precio que en la calle, que eran de peor calidad, pero bueno comíamos.
     Y así estuve solo seis meses.
     Rosa Maria y yo nos visitábamos  casi todos los jueves y domingos, que eran las tardes que teníamos licencia para salir, igual que los soldados.
     Ella me contaba, que n o estaba  contenta con su trabajo. Era verdad que el ama no se metía en nada, y la comida tampoco era mala, pero la cocinera revestida de autoridad, era peor que un sargento de semana. Y aunque sin muchas ganas no reímos de la comparación.
     Me dijo que cuando ahorrara algún dinero quería irse a la península. No conocía España, pero había oído hablar de Sevilla y visto algunas películas rodadas en la capital andaluza, y esta ciudad le encantaba.
     Me ponía triste, cuando  me decía que pronto se marcharía de Melilla, que aunque había nacido  allí estaba cansada de la vida que había llevado, y quería conocer otro horizontes.
    Cuando me veía alicaída, me animaba._ Mira yo aunque me  vaya, no dejaré de tener noticias tuyas, y es mas. Tu hija debe  de  vivir en Andalucía, pues ese tren los viajeros que transportan suelen ser todos de Almería, Granada Jaén y Córdoba, no está eso muy retirado de Sevilla según  el mapa, y puedo investigar  el paradero de Carlota Antolina.
    _ Eres muy buena Rosa, y la verdad si te vas sin mi, te voy a echar mucho de menos.
    _ Pues entonces vente conmigo.
    _ Ahora Rosa, no, seria una puñalada a Juan,  y yo también lo quiero  como  el a mi.
    _Entonces casaos, y que seáis muy felices. Yo Nieves me ofrezco  para ser madrina.
    _¡ Gracias Rosa, el padrino ya lo tengo. Será el sargento, Fernando, con el que trabajo, podía ser su mujer Ana, pero ya que tu te has ofrecido, tu serás.

    1.  

    _ Pues así lo haremos, y en cuanto os caséis parto para Sevilla. Ya tengo algunas pesetas ahorradas.
    _ Pero ¿conoces alguna persona en Sevilla? O te vas a ciega.
    _ Bueno m i madre tenia en esa ciudad una prima segunda que se llama, Consuelo, la buscaré.
     Rosa Maria era valiente. No se asustaba tan fácil, le prometieron una fortuna y se le  difumino si ni siquiera  oler el  perfume de la dicha que ello suponía, pero no por eso de arrugó ni se  acobardó. Sabia que encontraría trabajo y así fue. Era un tiempo en que el trabajo para las criadas, hoy empleadas de hogar escaseaba, pues la mujer aun no había sido liberada ni impuesta en otros menesteres nada mas que los trabajos caseros o las enfermizas fabricas. La mujer rural  en el campo, pero nada de cargos importantes ni estudios. Si, afloraron algunas secretarias, y las enfermeras de toda la vida pero de ahí no se pasaba.
     Como los tiempos que corrían debido a la guerra de España y
     a la segunda mundial, mas  el bloqueo que sufrió España por parte de las democracias europeas y americanas, el hambre  no estaba totalmente desterrado, aunque Argentina y los Estados Unidos, empezaron a abrirnos las puestas de un mundo algo mejor, con sus cuentas y sus razones, pero esto  no  nos incumbe en esta novela, alejada totalmente de toda cuestiones políticas.
     Rosa Maria, sabría buscarse un futuro dentro de la adversidad, por eso quería viajar a la Península, conocer otros horizontes, Melilla la ahogaba, y mas con el desengaño que sufrió. Sevilla le encantaba, como dijo y a esa ciudad se encaminó dos días después de mi boda con Juan Carretero mecánico de Madrid ya Sargento de Infantería,

     Unos meses después, nos casamos Juan y yo. Para la ceremonia me compré un vestido de color marrón, con un poco de dinero que tenia ahorrado, algo que me dejó Rosa Maria y otro poco mi novio,
     Aunque Juan, se comportó en todo nuestro noviazgo como un verdadero caballero, yo no quise ir de blanco. Los tiempos no estaban para despilfarro y el traje blanco costaba el doble que el sencillo marrón que  entre todos compramos para mi.
     Aunque ellos quisieron,( Juan y Rosa Maria) que fuese de blanco, que  poseían ya algún dinero, porque Juan  la paga era de sargento, y como no era gastoso tenia ahorradas unas pesetillas que no le escocían gastárselas en mi.
    Pero no estaba bien que fuese vestida de pureza. Era madre soltera,. Otro hombre  se llevó lo que  debí guardar hasta  la llegada al altar, no fue así y mi conciencia me dictaba que hacia mal presentándome  con ramo de azahar y vestido de  pureza ante el  Señor.
     Así se lo hice saber a mi novio, y el  era tan complaciente y bueno, que  solo me dijo,
    _ Como tu quieras mi amor. Ya sabes que a mi no me  importa que hayas sido madre, lo que me importa ahora es tu felicidad, y para eso tenemos que encontrar a tu hija. Lo leo en tus ojos.
     Se me saltaron las lágrimas, en la casa del Sargento, donde  en una pequeña habitación me vestí para la ceremonia.
     Una vez casados, ocuparíamos  el pabellón militar. Juan compró  el tálamo nupcial. Un armario, para la ropa, la cocina y algunas cacerolas , una mesa y seis sillas, un perchero u un tocador. Era todo el mobiliario. La ropa de la cama, me la compraron entre Rosa Maria y Ana. Que este era el nombre de la  mujer del amigo de mi novio La pobre Ana cargada de hijos, tuvo  la noble acción de empeñarse  en un comercio para comprarme el ajuar de cama, que iría pagando poco a poco.
      A las seis de la tarde de aquel mes de mayo , cuando las mariposas revolotean de flor en flor. Cuando las rosas del parque Hernández perfumaban el ambiente, Cuando los niños jugaba a la comba en las plazuelas, y los soldados  paseaban con la niñera de turno, el cafetín de Fátima, estaba abarrotado de militares, y la  Bandera española ondeaba en lo alto del mástil de Capitanía General, y una banda de música militar entonaba el pasodoble  Soldadito español, bajo el azul del cielo melillense, donde el sol acariciaba las palmeras,  atravesamos aquellos parajes, yo con mi vestido marrón y un ramo de violetas, velo negro cubriéndome la cara,  dando el brazo a Fernando, sargento de infantería, que como mi novio que daba el brazo a Rosa Maria, iba vestido con su traje de gala.
     Al paso las muchachas nos deseaban suerte y decían ¡ Vivan los novios! Que guapa que va, y que bonito vestido lleva. Siempre las novias son guapas y van bien vestidas , Muchas me conocían, y me querían besar, yo las dejaba y mas de una me mojó la cara con sus lágrimas.
     En cuanto a los soldados se cuadraban y saludaban militarmente, algunos se atrevían a decir, Muchas felicidades  mi sargento; y Juan los miraba sonriente para darle las gracias.
     “Muchas gracias amigo”_ decía,
     No asistieron mucha gente a la boda. Aparte de Rosa Maria, y Ana, fueron algunas mujeres del cuartel, dos amigas de Rosa, y tres cabos compañeros de mi novio. También se dignó asistir el capitán de la  compañía, aunque su presumida mujer no quiso rebajarse a acompañar a una sirvienta sin cultura ni estudios.
     Pero yo, me sentía muy feliz, con Rosa, Ana y  las que Rosa y Ana invitaron. Mi novio y sus  soldados.
     Cuando el cura; un sacerdote joven y alegre nos  echó la bendición después del ritual cristiano, de  “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre” Nos dijo
    “Podéis besaros” Una sombra  recorrió toda mi vista, era la sombra de mi hija. Ya habían pasado diez años y seria una moza como aquellas pobres niñas que veía  empujar el cochecito de la niña rica por las avenida del parque. Pero cuando Juan selló mis labios con los suyo un escalofrió de emoción y ternura recorrió mi cuerpo desde el cerebro hasta  desaparecer por lo bajo de la espina dorsal.
     No hubo música, no sonó el órgano, entre otras cosas porque la pequeña iglesia de barrio  no lo tenia, ni hubo alfombra, ni flores en el altar, pero si, amor , ternura y  emoción, todo espiritual mucho mas emocionante que lo material.
     El pobre convite, fue en  un pequeño salón del Caballo Blanco, que también me trajo recuerdos de mi hermano, aquel cabo legionario que  como dice el cantar, mil tragedias de diversos modos que al correr de mi vida formó. ¿ Viviría, ¿ Y los otros, nunca sabré mas de ellos, me decía y así fue.
     Dulces, anís, refrescos  vino y cervezas. Fue todo, la cena  en casa de Frenado y Ana. Cena que participamos, Rosa Maria, Ana sus siete niños que también  me acompañaron en la ceremonia y dos cabos íntimos de Juan.
     Un cabrito, comprado a un moro, y aderezado y guisado antes de la boda, por mi, Rosa y Ana.
     Y aquí finaliza mi boda.
      La noche la pasamos en el pabellón que le asignaron a mi marido. Solos, en aquella habitación , no muy vestida, pero no hizo falta. Estrenamos cama y ropas, . Mi marido lloró de emoción, y yo ¡Como no! Lo abrace y lo bese.
    Eres el hombre  mas bueno que he conocido- le dije- Tómame soy toda tuya.
     Lo demás ya se lo puede imaginar el lector/ra

     Rosa Maria, se despidió de mi con lagrimas en los ojos. Eran diez años las que compartimos secretos, en aquel cuarto de criadas, comidas en la cocina y algunos paseos, de esto poco por el parque de Melilla.
     Quedamos en que me escribiría todas las semanas, y yo también se lo prometí.
    _ Nieves voy a ciegas, pero como  poseo algún dinero  de mis ahorros, no se me hará difícil encontrar algún sitio barato donde comer y dormir hasta que encuentre un trabajo.
     Yo le dije que no se marchara, que  en mi casa_ que bien suena eso, mi casa_ había una habitación para ella y un plato de comida, aunque no tuviese trabajo. Pero ella estaba ilusionada con Sevilla,
     _ No, Nieves, se que  me lo ofreces de corazón y que  me quieres como a una hermana, pero ya tengo metida entre ceja y ceja marcharme a Sevilla y nadie me lo va a quitar. Así estate tranquila, que ya tengo treinta y cinco años y se  por donde me ando. Que seas muy feliz con Juan, y date prisa en tener otro hijo que ya  has rebasado los veintitrés.
     A pesar de la tristeza las dos nos echamos a reír.
     Fui a despedirla al puerto; Juan tenia   guardia y no pudo acompañarme. Al despedirme de ella le entregue, una cadena de plata que me regaló  Antolin, y la llevaba  siempre colgada del cuello. Era la Virgen de la Soledad, la patrona de su pueblo, de Aceuchal, allá en lo desconocido para mi.
     Cuando el barco levó anclas y se puso en movimiento, las dos agitamos los pañuelos blancos y luego cuando se perdió en el horizonte azul, estoy segura que  irían a los ojos para limpiar las furtivas lágrimas que resbalarían por sus mejillas como resbalaban por las mías.
     Llegué a casa apenada. Juan estaba en el comedor, haciendo la cena. Unas espinacas revueltas con huevo. Había regresado de la guardia,
     Me eche sobre la cama y  solté las riendas de mi llanto. De bruces estaba  cuando sus manos fuertes y grandes me volvieron, sin decir nada me besó fuertemente en los labios, para decirme cuando los retiró.
    _ ¡Pobre niña mía! Cuanto querías a tu amiga. No sufras que cuando  tenga el mes de permiso iremos donde esté, y  le daremos alguna sorpresa, ya lo verás. Se refería a que quedaría encinta de el, y esa sorpresa le agradaría enormemente.
     Yo quería a Juan, pero si digo la verdad, no  goce con sus caricias  como  gocé aquella tarde noche en el parque de Málaga encima de unas hojas muertas. Y eso que Juan era< tan dulce y cariñoso, como Antolin o mas. Esto nunca se lo di a entender, el se que me lo perdonaría, pero al mismo tiempo sufriría  mi desencanto.
     No recibí carta de Rosa Maria, a la semana como me prometió. Pero a los quince días  el cartero me llevó una suya. Impaciente abrí el sobre, lo rompí del nerviosismo me decía así
     Mi querida amiga Nieves.  Perdóname por no haberte escrito antes, me fue imposible, pero ya estoy situada y tengo trabajo.
     El viaje lo  hice muy bien; el mar estuvo en calma y en Málaga esperé poco tiempo al expreso de Sevilla. Esto es maravilloso. Bueno tu lo sabes mejor que yo.
     Te digo que  encontré enseguida trabajo por mediación de la parienta de mi madre, que aunque me recibió  con escepticismo luego se volcó  conmigo. Ella es enfermera en el hospital provincial, y me ha colocado  de momento para fregar y limpiar las  salas de los enfermos, pero  que  con el tiempo si me porto bien puedo aspirar a mas.
     Besos para Juan, que espero que te hará muy feliz, y un millón de abrazos para ti.
     Puedes escribirme a esta dirección
    Rosa Maria , Hospital Provincial, sección de limpieza Sevilla,  con eso basta. Espero la tuya pronto
     Rosa Maria.
     Me alegre infinitamente de que se colocara, no era muy buena la colocación pero  ya tenia un sitio donde  ganar dinero. No me decía donde  dormía aunque yo supuse que seria en casa de la prima de su madre. Me equivoqué, porque en las cartas  siguiente me decía que dormía en el propio hospital en un cuarto estrecho junto al de las monjas que allí prestaban sus servicios.
     Quede encinta, era lógico pues Juan estaba loco de amor conmigo. Mejor se portaba el conmigo que yo con el.
     A mi no se me quitaba del pensamiento Antolin, y hasta hice el amor con el bueno de Juan, pensando muchas veces en el muerto.
     No se si el recordaba a Soledad, a mí desde luego nunca me  demostró ningún indicicio de que  fuera  las caricias que me hacia pensando en ella.
      De Rosa María recibía carta cada diez o doce días, en una me decía que  en el hospital había ingresada una niña muy bonita, que se parecía mucho a mi hija, en la fotografía que ella tenia, pues le di una copia que nos sacó un retratista barato. Que la pobrecita sufría dolores  de vientre  que su edad era e doce o trece años aproximadamente.
    Me dio un vuelco el corazón. Presagiaba que aquella niña era mi hija. Le escribí diciéndole que como era su madre, si era rica o pobre. Rica no podía ser  porque si lo fuera  no estaría ingresada en un hospital provincial, estaría en una clínica de ricos.
     También le decía que  a ver si por su parienta se podía enterar  si en el bajo vientre tenia señalado un hermoso racimo de uvas, como si fuese un antojo, esa herencia de familia que todos habían heredado.
     Quise ponerme en camino, pero  Juan no tenia licencia a no ser cosa urgente, y aquello no lo era. Yo pude ir sola, pero no quise  abandonarlo, podía ser una desilusión, y sufrir aun mas.
      Esperaba carta de Rosa Maria con impaciencia, cuando llegaba el cartero con la correspondencia del cuartel, bajaba al patio y  le hacia al muchacho que era un cabo de reemplazo  revolver todas las cartas por si llegaba la mía.
     ¡ Que tristeza y desilusión!
     -No señora Nieves, hoy no traigo carta para usted.
     Como si el pobre muchacho fuese  el culpable lo miraba con desprecio. El se daba cuenta y murmuraba por lo bajo, pero yo no tenia derecho a reprocharle nada .
     Un día se lo dijo a mi marido. Le dijo que yo lo miraba con malos ojos cuando no le  llevaba  correspondencia, y mi marido le dijo que no se preocupara, que es que estaba algo nerviosa, pero que yo no era mala.
     Aquel día me   dijo con ternura que no fuese mala con el pobre chico, que  el  no tenia culpa de que Rosa Maria no me escribiese, y que si  aparte de  mi y de el alguien se ponía alegre  por la carta recibida era el cabo cartero, un buen chico apreciado por superiores  y soldados.
     Al fin llegó la ansiada carta. El muchacho antes de repartirlas a los soldados, las  miró todas y cuando encontró la mía, la puso encima. Aquella mañana  no bajé, pues  no quería mirarlo con malos ojos. Me arrepentí : fui injusta con el.
     Aquel día desde el patio del cuartel vociferaba
    _ ¡ Señora Nieves! ..¡ Señora Nieves, hoy le traigo carta de Sevilla. El pobre muchacho no sabia como  congraciarse conmigo.
    Baje las escalera de dos en dos los peldaños, y casi se la arrebaté de las manos.
    _ ¡ Muchas grac ias! Ya era hora. Casi  lo abrazó me contuve por  estar en el lugar que estábamos, de haber  sido otro sitio mas solitario lo abrazo y lo beso.
     El sonriendo me decia.
    _ No ve usted señora Nieves, como yo le traía carta, lo que  pasa es que si no la escriben no pueden llegar.
    _ Perdóname hombre. Es que estos días  me  hallaba muy nerviosa. Si supieras el valor que tiene esa carta. Quizás   me haga mas dichosa de lo que soy, o me lleve una gran desilusión.
     Se  fue el cabo cartero a repartir las cartas  a las compañías, y yo subí al pabellón  con toda la velocidad que  medaban mis piernas jóvenes.
     Que desilusión lleve decia así
     Querida Nieves: En contestación a tu carta te digo, que la niña que  en la anterior  te mencioné no creo que sea  la que buscamos, es decir tu hija. Su nombre es el de Adoración y es verdad que se parece mucho a la que la niña que le dejaste a Soledad: Mi prima la enfermera, ha investigado por instancia mía, Ha observado a la niña en cueros, y no tiene ese racimo de uvas que tu me dices. Podía haberse borrado con el tiempo, o  estar oculto bajo el vello pubis que ya tiene la niña, pero no. Ella  Consuelo, la enfermera ha explorado bien y no hay ni rastro. En cuanto a la madre es de familia humilde, su marido es  secretario del ayuntamiento de un pueblo importante, y ella es maestra de escuela, No tienen mas hijos y  están muy apenados, temen por la vida de su hija, que se halla muy enfermita.
     Lo siento Nieves, pero eso es lo que te puedo decir. No obstante seguiré  investigando, de la manera que pueda.
     Besos de tu inolvidable amiga Rosa María.
     Si se hubiese hundido el cuartel; si una bomba hubiese caído en mi casa, si un terremoto hubiese destruido Melilla no me hubiese causado tanta pena y amargura como la carta de Rosa.
     Yo siempre he sido una ilusa, una mujer que confiaba en las corazonadas, algunas de las que me  dio fueron realidad, pero esta había fallado. Creía haber hallado a mi hija, en esa niña y  solo fue un sueño. Luego recapacité y me alegré de que no fuese, porque si lo que Rosa Maria me contaba era verdad, poco  iba a disfrutar de ella, lo que  me daría mucho mas dolor y sufrimiento. “ Sus padres temen por su vida” Eso quería decir que la enfermedad era grave.
     Sin poder resistir mas me eche de bruces en la cama y  rompí en llanto. Así me encontró Juan.
     El conocía mis congojas, y  se acostó a mi lado, vestido y sudado como venia, ni el correaje se  quitó.
    _  Nada ¿verdad mi Vida?
    _ ¡Déjame! No, no hay nada, todo ha sido una  ilusión fallida, no es esa y si lo es mejor es que nunca lo sepa.
    _ ¿ Que dices mujer?
    _ Toma lee. Y le di la carta que  la tenia en el bolsillo del delantal
     Juan le leyó despacio, enterándose muy bien de lo que decia. Luego suspiro y me la devolvió.
    _ Paciencia mujer, otra vez será. Mira yo confío en tu amiga. Se que ha puesto anuncio en los periódicos andaluces, puede que  alguien sepa algo y lo  divulgue. Quizás la misma que hace de madre le remuerda la conciencia y te la devuelva.
    _ Si, la otra vez también se puso en muchos periódicos, hasta en el ABC, investigó un detective privado, la policía y la guardia civil, y que; nada de nada.
     Aun es pronto mi vida. Ten paciencia.
    - ¿Poco? Hace mas de   doce años que la busco ¡Ho! dices que poco.
     _Mira Nieves, yo la quiero tanto como tu, y deseo fervientemente que la encontremos. Cuando la vi en brazos de Soledad, creía que era hija de ella y esa niña me ayudó  sin hablar, sin tener noción ni que vivía a enamorarme de Soledad, porque yo soy un pobre hombre un sentimental, y creía que había sido abandonada por algún canalla, como se dan muchos casos,  quise protegerla a ella y a la que creía su madre, luego me desilusioné al saber que no era suya, pero ya la llama  del amor prendió en mi alma. Y no pude olvidarla hasta que la muerte se la llevó.Aquel maldito tren que nos hizo desgraciado a los dos.
    _ Luego  quise ampárate a ti, pero siempre con la niña  en mi pensamiento. La verdad que al principio   tu eras Soledad, eso pensaba yo, pero ya  eres tu mi amor mi vida mi ilusión de vivir. Juntos  la buscaremos y la encontraremos, ya verás como  la Providencia no nos olvida.
    _ ¿ Y la vas a querer igual que al que llevo en la barriga?- le dije con la educación que heredé de C arlota la Caracola.
    _ Si, igual lo mismo, porque  los dos son hijos míos.
    ¡ Pobre Juan! Que bueno que era. Pero no lo oyó la providencia porque murió antes de encontrar a “su” hija.
      Llegó la hora del parto, y di a luz a un precioso niño, era  el vivo retrato de Juan.
     Durante  mi embarazo, me llenó de caricias, me besaba la barriga, hasta mas abajo... ¡Era tan feliz...!

    No por eso dejamos de  averiguar como  podíamos   el paradero de Carlota Antolina.
     Nunca fuimos a Sevilla. Bueno  nunca con mi marido, que yo mas tarde m e tuve que instalar en esa bella ciudad.
     

     Pasaron otros diez años. Ya mi niña seria una mujer, una linda mujer si no había muerto. Así pensaba yo
     A mi hijo le pusimos Juan, por su padre. El lo quiso así.
     Íbamos a ir en un permiso a Sevilla, pero no se que pasó que a mi marido le quitaron el permiso tuvo que incorporarse después de todo preparado para el viaje. Algo  andaba revuelto.
     Antes unas veces por el embarazo, otras por falta de dinero , que todo hay que decirlo  solo fueron proyectos pero el viaje nunca se realizó.

     Y Así llegamos a la edad casi del retiro de mi hombre. Ya era  brigada, vivíamos mejor, mi niño ingresó en un colegio militar en España por  ser hijo de militar sin  tacha.
     Nos decían  los mandos supriores del cuartel, que tenían noticias de que prometía. Éramos muy felices con el.
      La correspondencia con Rosa Maria,  no era tan fluida, era muy de tarde en tarde. Me decia que  lo sentía pero que ya  se había hecho mayor y se  cansaba de  averiguar cosa que no daba resultado. La habían  ascendido a auxiliar de clínica, conocía a médicos del hospital y a enfermeras, algunos  quisieron interesarse  por devolverme a mi hija, pero  era tal difícil y complicado que desistieron.
      Yo, y Juan estábamos resignados a  vivir sin nuestros hijos. Solos, ya casi viejos en el cuartel, a el lo colocaron en vestuario,  ya no hacia  otro servicio mas que  el de llevar la contabilidad  y repartir la ropa, siempre  con la ayuda de un cabo de reemplazo.
     Juan, empezó a enfermar. Los médicos militares no le dieron al principio mucha importancia,  un quiste sin importancia decían, no precisa ni operación, con estas pastillas se le curará en poco tiempo.
     Creo que ellos  sabían que no era un simple quiste, de grasa  como aseguraban, fue algo peor , era un tumor maligno en  el colon,
     No duró mucho tiempo. Trabajó hasta que no pudo mas que lo ingresaron en el hospital militar.
     El sabia que iba a morir.
    _  llama a nuestro hijo Nieves. Mi vida se termina y quiero verlo. Lástima no hayamos encontrado a Carlota Antolina, ¡ Nos hubiera hecho tan feliz...!
     Con el pretexto de ir a orinar abandoné la habitación  donde se hallaba postrado en la cama del hospital para dar suelta a mi llanto.
     La vida no se portó  muy bien conmigo. Ahora que  vivíamos mejor, cuando ya lo de Carlota Antolina lo teníamos medio olvidado, resignándonos a no verla mas , surgió la enfermedad de mi marido.
     Puse un telegrama a  nuestro hijo Juan que se hallaba en León. Pidió permiso  urgente y tres días después de presentó en mi casa.
    ¿Dónde está padre? Me preguntó inquieto. Casi llorando. Llegó cansado vestido de uniforme, un uniforme a su medida de colegial, con sus  cordones verses y el gorrito  de borla. A pesar del viaje  estaba hecho un paquete.
    _ Quiero ir a verlo, me dijo al decirle que  se hallaba hospitalizado.
    _ Dúchate y como algo, duerme un poco, descansa luego iremos.
    _ No, ahora mismo.
     Y como llegó nos encaminamos al hospital de Melilla.  El trayecto lo hicimos en  la C:O:A. ( autobús urbano), y me fue preguntando si había esperanzas.
    _ No, hijo. Tu padre se muere. Ya lo han afirmado los médicos.
     Inquieto, en cada parada que hacia el autobús, se le hacia un siglo miraba el reloj cada minuto, por fin llegamos. El cabo de guardia  nos dijo que no podíamos pasar que no era  hora de visita. Le explicamos lo que sucedía y llamó por teléfono a la dirección.
    _ Pueden ustedes pasar dijo saludando militarmente mi hijo le devolvió el saludo y  precipitadamente entramos.
     Aun  conservaba todas sus facultades mentales. Su hijo, nuestro hijo se abrazó a el llorando.
    _ Papá ¿ que te pasa?
    _ Hijo esto se acaba. Pero hay que ser fuerte, un militar no llora. Mentía porque a el lo vi llorar muchas veces. Ahora escúchame.
    Hablaba muy despacio, se fatigaba y tenia que  pararse a cada instante.
    _ Cuida de tu madre, que es muy buena. Estudia  mucho, a ver si llegas a lo que tu padre no ha  sido capaz, a oficial. El ejercito es bonito; el   nos ha dado el pan  desde que ingresé  a los veinte años.  Tengo la seguridad que  serás un buen militar, no abuses del cargo y  trata  siempre bien a tus inferiores.
     Ahora otra cosa. Tienes una hermana de madre, no sabemos donde está, si vive o no. A sido la esperanza  de tu madre encontrarla. No lo hemos conseguido, sigue tu buscándola a ver si antes de que tu madre se vaya conmigo la puede  besar. Ella te explicará todo.
     Exhaló un ronquido, luego un profundo suspiro y expiró.


    II

    Al día siguiente se verificó su entierro. Como militar fue al cementerio de  los militares, al departamento de los suboficiales. No muy lejos se hallaba la tumba de Antolín. No pude  reprimirme y una vez que le dimos   tierra, me  acerque a la del padre de mi hija, y recé una oración.
     Toda mi vida, desde que  Carlota la Caracola, hasta ese día se la conté a mi hijo. El tenia conocimiento, vago conocimiento de  ella, pero hasta  ese día no supo la verdad toda la verdad.
     Me abrazó llorando.
    _ Madre siempre te he querido mucho, pero ahora te quiero mas. Buscaré a mi hermana, porque me da el corazón que vive, y la voy a encontrar.
      Cuarenta y ocho horas después emprendió la marcha para León.
    _ Si me necesitas avísame, pediré otra vez permiso aunque sea del crédito anual.
     Fui a despedirlo al barco. De riguroso luto, vestido negro, zapatos del mismo color y velo  tapándome la cara.
     Mi hijo  con su uniforme  limpio y planchado ¡ Que guapo que estaba! Era el vivo retrato de su padre. Me eché a llorar y el se contagió de mi llanto, pero lo disimuló como pudo-
     Permanecí en el muelle hasta que el barco se perdió en alta mar, luego regresé a c asa, y la encontré fría, desolada, era como la ante tumba de mi vida. Pero allí permanecería muy poco tiempo.
     Aquel pabellón   no lo concedieron por mi marido, pero el ya no estaba, yo debía de  abandonarlo , otro sargento lo esperaba.
     Dos meses me concedieron de plazo para dejarlo limpio como lo cogí.
     Me arreglaron la mísera paga de viuda. Las mujeres de los sargentos, y otra de un cabo primero me ayudaron a  limpiarlo, y cuado todo estaba en perfecto  estado de revista, le escribí una carta a Rosa Maria.
     Hacia mucho tiempo que no  tenia noticias suya, ya seria vieja, estaría  jubilada y  en el peor de los caso no recibiría la carta. Si esto ocurría le escribiría a mi hijo, para que me buscara un pisito en León irme con el mientras durara los tres años de colegio y luego a donde fuese destinado.
     Me veía  rodando por esos mundos de Dios. Así era la vida, dura muy dura, y mas para  una pobre viuda sin casa. No pudimos cómprala, eran tiempos malísimos y ni Juan ni yo heredamos absolutamente nada de nuestros padre Querida

    Querida Rosa Maria. Tengo que darte una mala noticia. No se si te acordarás de mi, ¡ hace tanto tiempo que dejamos de escribirnos...! Mi marido ha muerto, mi hijo se encuentra en León en el colegio. Estoy sola, no tengo donde ir. El pabellón donde hemos vivido desde que nos casamos me obligan a dejarlo, te pido que si aun me quieres si  aun recuerda a esta desdichada amiga, tu sirvienta Nieves la Caracola,  me busques un pisito de los mas baratos en alquiler, mi paga es muy pobre y mi hijo aun no gana nada.
     No se si te  habrás jubilado y permaneces en el hospital. Tampoco estoy  segura de que esta carta llegue a tus manos.
     El pobre murió con todo su conocimiento. No te canso mas, escríbeme lo antes posible con lo que sea.
     Tu  inolvidable amiga
     Nieves.
     Puse las señas que guardaba en una pequeña agenda y la deposité en el buzón del cuartel, esperando con ansia su respuesta.
     Aquella tarde me hallaba sola en el pabellón. Deprimida sin saber que hacer. Andaba de acá par allá, nerviosa, NO TENIA GANAS DE NADA. Pensaba que quizás Rosa Maria, no recibiera la carta ; hacia años que no sabia nada de ella. Y seguramente ya me habría olvidado. Yo jamás la olvidé. No se Rosa Maria había sido muy buena conmigo no acertaba a  conciliar el porque  me retiró la correspondencia. Ella fue la que me dejó de escribir-
     En esto que llamaron a la puerta. Me arregle un poco y fui a abrir. ¡ Sorpresa era doña Catalina la mujer del Comandante,
    _ Pase  usted señora ¿ en que puedo servirle?
     Me miró con lástima y me cogió  la mano derecha.
    _ Nada de doña soy Catalina a secas, y fui criado con Rosa maria en casa del Marques de la Ribera Blanca, igual que lo has sido tu.
    Mira Nieves, la vida tiene muchos desengaños y avatares. Se que me has visto de brazos de mi marido con abrigos de pieles y abras comentado con otras o para tus adentros. “ Mira la guarra esa, criada como yo y ahora no me mira!
    __ Yo...
    _ ¡ Calla! Déjame hablar. Es verdad que no me he portado como mi  conciencia me dictaba. Yo tuve suerte me case con un hombre que de teniente llegó hasta donde hoy esta- Nuestras amistades eran de comandante para arriba, mujeres de alto copete, que no por eso son mas honradas que una simple criada, pero yo tenia que cubrir las apariencias, mas por mi marido que por mi.
    En las tertulias se reina de mi, porque no tengo la cultura que ellas, o quieren y saben aparentarlo, Mas de una vez estuve a punto de saltar, y venirme  a casa, pero la mirada fría y autoritaria de mi marido me contenía. Tu-si no sabes de lo que se habla,  permaneces callada pero no metas la pata, Me decía Y yo sufría mas por el que por mi, porque creía ponerlo en ridículo.
     Así he vivido estos años. Tengo dos hijos la hembra se encuentra de  telefonista en el hospital provincial en Sevilla, y una vez me habló de una tal Rosa Maria que fregaba los suelos, pero  como era como su padre orgullosa, no  quiso nada con ella En cambio mi Florentino es diferente, también es militar pero  le gustaba la Guardia Civil y es alférez.
     Yo nunca  quise ser mas de lo que había sido siempre una sencilla ama de casa, una criada, pero  las circunstancias  a veces nos caminan.
      Te acompaño en el sentimiento por la muerte de tu esposo. Se que tienes que dejar el pabellón ¿ Tienes donde ir?
    _Le he escrito a Rosa Maria, para que me  busque un pisito modesto. Y si no me marcharé a León con mi hijo.
    _ Mira Nieves. Yo quiero ampararte, en mi casa puedes vivir, cuando estemos solas hablarnos de tu, pero delante de mi marido y de  esas falsas amistades tienes que decirme doña Catalina. Yo doña Catalina, me rio. Una criada con don, pero así Nieves es la vida.
    _ O sea_le respondí_ que yo seré la chacha. ¿ No tienes ya una?
    _ Si, una muchacha nueva pero la despido y entra tu., bueno para ayudarme no como criada
     Gracias Catalina pero no veo bien que despidas a la muchacha para entrarme a mi ¡Pobre chiquilla!
    _ Como quieras Nieves, pero es lo que te puedo ofrecer. Vivirás en mi casa y tendrás un sueldo y la comida, que con la paga que te ha dejado tu marido, vivirías muy bien. Y hasta  con el tiempo hasta serias amiga mía delante de todos. Quien sabe..
     Otra vez le di las gracias pero no acepte su ofrecimiento.
     Es verdad que  allí en su casa estaría bien, pero no  tendría mi conciencia tranquila  cuando viese a la muchacha que como todas, esta sirviendo para casarse, porque también tenia novio.
     Catalina no era mala, pero su marido la traía por otros derroteros que no  eran de ellas ni para ella, por eso a pesar de sus lujos, de sus amistades, de las tertulias y teatros no era feliz, porque así me lo dio a entender,
     Se despidió con un beso, y ya en la escalera me insistió
    : Piénsalo bien Nieves, no seas tonta que nadie tiene que ver con nadie,
     A día siguiente recibí carta de Rosa Maria. Decía así.
    Sevilla. 18 de Abril de 1990
     Mi querida hermana Nieves. No sabes la alegría que he recibido al coger tu carta, y a la vez  mucha pena por la muerte de Juan, ¡que buena persona fue siempre!
     Ya estoy jubilada y sigo soltera, y virgen, solo lo que tu sabes del marqués,  de otra cosa nada. Me he comprado un piso en la calle  Hermanos Álvarez Quintero, y vivo sola. No sabes la alegría que  tengo de que te vengas a vivir conmigo. Pasearemos por el parque Maria Luisa y viviremos las dos muy bien.
     No se porque se nos perdió la correspondencia, yo te escribí y no recibí respuestas, quizás se perdiera alguna carta, pero lo importante es que  vas a venirte a vivir conmigo ¡Que alegría! No necesitamos ya trabajar en nada, además yo soy vieja y tengo buena pensión tu con la de tu marido ya podemos vivir como marquesas.
     De lo de tu hija, lo siento Nieves pero no he podido averiguar nada , y no creas que  ha sido por falta de ganas. Conozco a médicos y algunos se han interesado mucho, pero es tal difícil...
     Seguiremos investigando juntas ahora con mas fuerzas, pero me temo que  no vamos a tener suerte, son muchos años, en fin mientras hay vida hay esperanzas
     Te  envío un giro telegráfico con 500 pesetas para el viaje. No me tienes que pagar nada, ven pronto
     Tu inolvidable amiga digo hermana Rosa Maria
    PD: Dime cuando llegas para ir a esperarte a la estación. Adiós
     La carta de Rosa me puso aun mas nerviosa de lo que estaba. Ella me esperaba, sabia que no me defraudaría,, Siempre fue una buena chica ahora mujer. Pensaba y me reía ¿ Tendrá todavía el uniforme de sirvienta? Ya no, mujer_ hablaba conmigo sola_ ya no tiene que  agradar al Marqués en tal caso lel de enfermera, a lo mejor tiene que agradar a algún medico.
     Me arrepentí de estos pensamientos, ya me lo decía  permanezco soltera y virgen.
     Bueno eso a mi nada me interesaba, ella con su vida y su cuerpo podía hacer lo que le viniera en gana. Lo que me interesaba era que  gracias a ella  había encontrado un hogar, ya no tendría que  servir en casa e Catalina, aunque la verdad  intuyo que  esta mujer no se iba a portar mal conmigo. Catalina también era buena , pero era una victima de las estrellas Ya lo dice el refrán el dinero no hace la felicidad.
     Al dic siguiente recibí carta de mi hijo.
     León 20 de Abril de 1900
     Mi querida mamá, te he encontrado un piso baratito, no está muy lejos del colegio, desde el balcón   se ve el patio y alguna vez haciendo la instrucción puedes observar lo bien que la hace tu hijo.
     Luego cuando tenga paseo los sábados y domingos, estaremos  juntos y nos iremos a comer por ahí. Tu vestirás  con un traje muy bonito, pues yo te lo compraré, ya soy cabo y gano algo, juntaré para el vestido. Yo iré de uniforme, seremos como dos novios, como  algunos  muchachos que se han echado aquí novia. Yo  te espero a ti, mamá  que eres mas guapa que ninguna.
     Muchos besos y dime cuando vas a venir
     Tu hijo Juan
     Ahora era un dilema  lo que se me presentó . ¡
     Mi hijo era mi hijo, no podía defraudarlo el amor de madre está por encima de todo, pero  como despreciaba a Rosa Maria después de haberle pedido que me buscara piso en Sevilla, y la  sublime mujer me tenia  una habitación o el piso suyo a mi disposición ¿ Que hacer?
     Salí a la calle y me dirigí a una iglesia. Ante el gran Crucifijo que presidía el altar mayor Como salir de esta Dios mío¡.
     Le pedía al Crucificado que El me diera la solución. No quería quedar mal con Rosa, ¡había sido tan buena siempre conmigo! Pero... Mi hijo me esperaba, si no  iba a vivir a León seria para el un desprecio e su madre y sufriría , lloraría pensaría que  yo la que tanto decía quererle  me había inclinado por una extraña.
     Suplicaba el voz alta. La iglesia estaba vacía, cuando siento una mano en mi hombro.
    _ Ave Maria Purísima.
    _ Sin pecado concebida_ respondí.
     La mano suave era la del sacerdote de aquella parroquia.
    _ ¿ Puedo ayudarla en algo?_me dijo suavemente, fijando sus ojos en mi  rostro cubierto por el velo negro.
     Padre tengo un problema muy grande, y he venido a ver si Jesús me ilumina.
    _ Vamos hija, vamos al confesionario y allí  confiesas tus problemas.
    _ No es pecado padre, es asunto familiar.
    _ Bueno  hija, si no quieres que yo te ayude, sigue  pidiéndoselo a Jesús, desde luego el   es mas justo y poderoso espiritualmente que yo.
    _ _Vamos padre aunque lo que tengo que decirle se lo puedo decir aquí y ahora misma.
     _ Entonces adelante.
     Le conté lo que me ocurría,. El cura se  mesaba la barbilla, y  no sabia que aconsejarme.
    _ Hija, si que es un dilema. Pero tu hijo está por encima de todo. A no se que  el acepte  que te vayas con tu amiga.
     Escríbele y cuéntale toda la verdad, desde que os conocisteis. El  tarde o temprano se casará y dejará a su madre por su mujer, es ley de vida hija.
     Además me dices que  estudia en un colegio militar.
    _ Si, padre y  cuando termine los estudios será destinado a algún regimiento. Es de aviación y  salen sargentos.
    _Pues entonces hija, vete con tu amiga, y le dices que  a ver si lo pueden mandar a Sevilla, cuando  salga de la academia o colegio, y  de esta forma  estáis todos unidos. Es lo que se me ocurre. Jesús  si te dice otra cosa  hazle caso  a El
    _ ¿ Como?
    _ Si, hija; se lo que me digo. Jesús te lo dirá en la conciencia.
    _ Es verdad padre. La conciencia me dicta que me vaya con Rosa Maria-
    _ Lo has visto hija. El te lo ha dicho, yo no.
    Le di las gracias, me dijo que rezara un padre nuestro y tres ave marías y si tenia voluntad y podía  echara en el cepillo unas moneditas para ayuda a los pobres. Me rebusqué los bolsillos y pude depositar en uno de los cepillos cincuenta céntimos. Ya con mi conciencia tranquila regresé a casa.
     Aun podía permanecer en el pabellón  mas de veinte días, pero ya no quise estar mas tiempo en el. Otra mujer  esperaba ansiosa que me marchara.
     Malvendí los muebles que habíamos juntado Juan y yo, durante nuestra vida de casado, y lo que el aportó al matrimonio,.  Cuando me  disponía a salir a la calla para sacar el  pasaje para Málaga, llegó Catalina. No llegó muy lujosa se puede decir que como estaba yo.
    _ Vengo a despedirme-me comunicó con el semblante  serio preocupado.
    _ Gracias Catalina ¿ Como sabes que me marcho?
    _ Lo sabemos todas y todos los hombres, pero aunque sentimos lástima la vida  militar es así de dura. Yo vengo en representación de la mujer del Coronel y en nombre de el mismo. Me dice que puedes optar por un puesto en el cuartel, de limpiadora o en la cocina, lo único que hay disponible, para  ti.
    _ No ya me marcho, he encontrado un alma buena que me recoge.
    _ Lo se Nieves, Rosa Maria-
    Si,  ella es, no esperaba menos de su corazón
    _ Dale recuerdos míos. Algún día iré a haceros una visita a Sevilla, Y ahora de parte de todo el regimiento acepta este dinero.
     Abrió el monedero de plata que llevaba en el bolsillo de la falda y me entregó dos mil pesetas. ¡ Dos mil pesetas! Mucho dinero.
     Me resistía a cogerlo. Pero Catalina  abriéndome las manos  dijo
    _Esto no es una limosna, es agradecimiento de todo el cuartel por los favores que has hecho a todos, especialmente a los soldados, pegando botones, lavándole algunas camisas y otras cosas que te llevaba tu marido.
    _- Muchas gracias Catalina. Dale las gracias a todos y  al cabo cartero, por la alegría que demostraba cuando me traía carta de mi hijo y de Rosa.
    _ Las gracias Nieves te la damos a ti. Y ahora un beso.
     Nos abrazamos y besamos, salió llorando y yo enjugándome una lágrima salí  a la calle fui al puerto y saqué billete para la Península. Aquella noche abandonaría Melilla para siempre. La  ciudad española en el norte de África, la que tanto sudor sangre y lagrimas habían derramado las madres españolas, los hijos y sus maridos para conservarla bajo la soberanía española.  Aunque no nací en Melilla, fue en esa ciudad donde conocí la dicha, con Juan.  Me causaba pena dejar su parque Hernández, donde tantas veces pasee con mi marido siendo novios y casados, la Avenida del Generalísimo, tan bonita con sus banderas españolas y sus palmeras, el cafetín de Fátima, lugar de expansión soldadesca y  de  criadas, el Caballo Blanco siempre atestada  de legionarios por las tardes,  El Mantelete, el Tesorillo , y el cine Victoria el mas barato de la ciudad.
     Nadie fue a despedirme. A nadie agité el pañuelo como hacían todos los pasajeros.  Subí al barco con una maleta de ropas y un hatillo. Y cuando el barco despegó del  muelle miré las luces de Melilla la Vieja,  aun se divisaban las puntas de los cipreses donde  dejaba para siempre un trozo de  mi corazón.
     Adiós Melilla, Adiós mi amor. Adiós. Adiós. Tuve que limpiarme los ojos.

     

    III

    Desembarque a las nueve de la mañana en el puerto de Málaga. Otra vez en mi pueblo, otra vez  los recuerdos afloraron en mi mente.
     Quise permanecer dos días, para visitar la tumba de mi madre, La verdad que la de mi padre me daba igual. Quise visitar a Luisa, quizás me ofreciera su casa pero no lo hice. Lo primero que no cumplí con ella, pues nunca fui a visitar a su hija, y lo segundo que había pasado machismos tiempo y  lo mas probable es que  los dos estuviesen enterrados.
    Me busqué una fonda por dos días con sus noches, llevaba dinero con mi paga recién cobrada las 500 pesetas que me envió Rosa Maria y las dos mil que me regaló el cuartel por  intercesión de Catalina, era mucho dinero para una pobre viuda.
     Comí poco en un bar de los mas baratos  del puerto lleno de contrabandistas, pescadores y mujerzuelas, pero  eso a mi no me importaba, si alguno se metía conmigo yo sabría defenderme, pero a veces esta clase de persona saben respetar el dolor ajeno mejor que las que se tienen por caballeros y damas. Iba vestida de luto, con el velo, ya pude habérmelo quitado pero  lo tomé como habito. La verdad que a lo mejor ya en la época que nos encontrábamos  hacia con esta indumentaria el ridículo, porque  ni de negro se veían a las mujeres que habían perdido un ser querido y menos en las ciudades, pero otra vez lo mismo me daba igual .Creo que por esa causa me respetaron y se compadecieron de m i aquellos rudos hombres de mar acostumbrados a toda clase de peligros y tiroteados mas de una vez, unas veces por  los guardacostas extranjeros y otras por la  policía española.
     Cuando terminé de pagar la comida, se me acercó un hombre  de mi edad aproximadamente, y me dijo que  de  verdad si en algo me podía servir que  si estaba de su parte  lo haría con toda su voluntad, y que no creyera que buscaba algo lujurioso en ella, es que me recordaba como a su madre cuando el mar se tragó a su padre y el contaba diez años. “ Esa imagen   señora se me ha representado al verla y por eso es por lo que me brindo a ayudarla en lo que yo humildemente pueda”
    Le di las gracias y le respondí que nada precisaba de nadie, que no se enfadara que no era orgullo ni vanidad sino que  yo  me podía valer por mis propios medios.
    _ Entonces, acéptame un café. Seria un placer bebérmelo con usted, es como si me lo bebiese con mi madre.
    ¿ Será verdad lo que este hombre dice? _ Me preguntaba_ ¿ O será otros los motivos que le impulsan a su generosidad…?
    Dude un momento , y viendo que no me decidía dijo.
    _ Perdone señora si la he molestado, esa no era mi intención. De verdad que  mi alma quedará muy apenada, porque si usted no me lo rechaza, es como si me lo despreciara mi madre.
     Lo miré a los ojos. El los bajó y entonces le son reí
    _ Si, hijo_ le dije con voz maternal como  si se tratara de mi hijo Juan y de mi hija la que  ya no tenia esperanzas de ver- acepto el café, y  siento mucho que no pueda ser tu madre.
     Casi se echa a llorar. Me miró con mucha ternura y  casi gimiendo me pidió permiso para darme un beso de hijo.
    Acepté y  le puse la mejilla derecha, la besó un instante y al retirar su cara de la mía, la mía estaba húmeda.
    Le cogí las manos y me dijo.  Soy soltero y usted parece viuda, si quiere  nos casamos como Dios manda, me hace mucha falta una madre.
    Pensé que si  estaba loco. Quizás el no haber conocido el cariño de una mujer, le alelara el cerebro. ¡ Una madre! ¡ Casado con una madre.!
    _Adiós muchacho. Eso no puede ser y de verdad lo siento.
    _Si usted señora lo piensa bien vuelva a esta taberna aquí me encontrará si no me ha tragado alguna noche el mar
     Salí y no volví mas a aquella taberna pero el recuerdo de aquel hombre me estuvo martilleado el cerebro durante varios días.

     Estuve en el cementerio, y ya n o se conocía la tumba de mi madre, había desaparecido la cruz y otros cadáveres habían  sido enterrados cerca. El ramo  de flores que llevaba para ella las coloqué en uno de aquellos cúmulos de tierra donde reposaba algún desheredado de la vida. No me fijé si tenia chapa de identificación. Salí del recinto sagrado con  mal cuerpo y mucha pena. Jamas volví al cementerio de Málaga.
     Hice investigación en los orfanatos si  sabían algo de mis hermanos Andrea y Rafael Sánchez Jiménez, ¡Que tonta! Con tantos años aquello estaba reformado ya no era orfanato  corregional, eso me dijo una encargada y que los nombres y apellidos que le di ni idea, me dijo. No quise cansarme mas, pues ya lo tenia bien claro que nada  con- seguiria.
     Tampoco me dieron norte del paradero de mi hermano el contrabandista, solo me informaros que por la sierra de Roda hacia muchos años la Guardia Civil  entablo un tiroteo con contrabandista que se le  resistieron y murieron varios. Aquello me bastó para creer que mi hermano era muerto.
     Tal vez se me tache de mala hermana, pero quise desentenderme de todo lo relacionado con mis hermanos y dedicarme por entero a mi vida y a la de mi hijo. Estaba cansada de la vida, y solo contaba   53 años. Y ahora en casa de mi amiga quería vivir en paz y sosiego el resto de vida que Dios me tuviese asignada.
     Por mi pensamiento pasaron los fotogramas de mi vida como pasa la cinta cinematográfica por el objetivo que mediante la linterna la lleva a la pantalla dándole vida.  Mi padre , aquel barbero de  portuarios y obreros, borrachín y mujeriego pero que fue mi padre, y aunque no   fue buen padre, gracias a el  estoy en este mundo. A mi madre Carlota la Caracola, mujer decidida y fuerte que  alguna vez vendió su cuerpo pero no fue para lujos ni placeres que fue para lo mas  sublime y hermoso  dar de comer a sus hijos, y mis hermanos, Vicenta,¡ay! La Vicenta  nos salió descarriada y murió victima de su  propio libertinaje, aunque  si no quizás hubiese muerto de otra cosa, y mis hermanos Rafael y Andrea ¿ Donde  estarán? Y El legionario con pocas posibilidades de vida, y el muerto en la serranía de Ronda porque si, no podía ser otro. Cumpliría la condena pero otra vez volvería a las andadas, y tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe.
     No me causaba ya nada sensación, no lloraba por nadie, mis ojos se habían secado.
     Cuando cumplí los dos días  de estancia en la fonda, saque billete para Sevilla, en telégrafos le puse un telegrama a Rosa Maria.
     Llego mañana correo de Málaga Nieves
     A las doce de la noche monte en el correo y a las seis de la mañana. Una mañana abrileña como  suelen ser las abrileñas en Sevilla llegó el tren a la estación Sevillana de Córdoba. Allí estaba Rosa Maria sentada en un banco de la estación con un ramo de claveles esperándome.
     La divise entre el escaso gentío que a aquella temprana hora  bajamos del tren, por eso no nos fue difícil encontrarnos.
    _¡ ¡Nieves!!
    _¡¡Rosa!!
    Y las dos nos fundimos en un prolongado abrazo, besándonos como dos comadres de pueblo.
     _ Mira te he traído este ramo de claveles-me dijo limpiándose las lagrimas con el pañuelo. Por cierto con  la euforia del abrazo cayeron al suelo y un buen hombre esperó a que termináramos para entregárselo.
    _¡ Gracias Rosa, gracias! ¿ Como estas?
    _-Muy bien Nieves. Pero ya muy vieja ya cuento 67 añitos.
    _ Yo te veo muy bien Rosa, mas vieja estoy yo y soy mas nueva que tu .
    _ Pero vamos. Cogeremos un taxi, porque en el tranvía se va muy lento y la maleta y ese lío de ropas  a lo mejor no lo dejan subir al tranvía, así que en la puerta hay muchos taxis esperando cogemos uno y a casa.
     Y aquel  taxi nos trasladó en pocos minutos a la calle de los hermanos Álvarez Quintero, donde el número  342 –3º  tenia su morada la amante entre comillas del Marqués de la Ribera Blanca don Leopoldo Ovando Coronel de infantería.
     Era un piso muy lindo, pequeñito pero muy romántica. El balcón  que daba a la calle estaba poblado de macetas de claveles geranios y  pensamientos. La sala era recogidita pero muy acogedora, una mesa con un centro la adornaba, un estante de caoba con varios libros muy bien encuadernados, un sofá y dos sillones, la radio y un pequeño televisor en blanco y negro.
     _ Aquí nos contaremos nuestras vidas como lo hacíamos en Melilla en el palacio_ me repetía muy alegre.
     Luego me enseñó la cocina, también pequeñita pero limpisima, funcionaba con gas ciudad. Y las habitaciones. También pequeñitas pero decoradas con gusto y sencillez. En la cabecera de su cama, grande como si fuese de un anterior matrimonio,  a Rosa le encantaban las camas anchas, era de acero y níquel la cabecera haciendo arabescos, una mesita de noche y encima  una  lámpara eléctrica con tulipa rosa, encima una de sus novelas,  de otra línea literaria que las que leía en casa del Marqués, una mecedora, un ropero y dos sillas.
     Existía un palanganero con un espejo ovalado, y dos toallas de adorno, porque aquel mueble nunca se utilizaba, para estos servicios de lavatorio estaba el cuarto de baño con su ducha y su espejo. Encima del cabecero  un cuadro pintado por un pintor desconocido donde figuraba la Virgen de la Victoria patrona de Melilla.
     Mi cuarto era un poquitin mas reducido, pero también muy confortable. Amueblado con una cama de cuerpo y medio, de hierro negro, un baúl donde guardaba ropas y recuerdos,dos sillas nuevas de anea, una peinadora con espejo rectangular en forma vertical,  y una percha de árbol para la ropa de quita y pon. La cama estaba hecha y vestida con dos sabanas de lino, almohada y su funda, y como  el frío estaba remitiendo un cobertor con  su cubrecama de color azul celeste con flecos. En la pared encima de la cabecera   una estampa grande sin enmarcar con el Cristo de la Buena Muerte izado por legionarios. Aquella seria mi  habitación hasta que  ella murió y me marche con... Se verá.
     _ Mira Nieves, este va a ser tu cuarto, si no te gusta me lo dices y te vas al mío  y yo duermo aquí. Si te da miedo de algo lo quito, se referiría al Cristo, a una foto enmarcada de su madre.
    _ No por Dios Rosa. ¡ Como no me va a gustar! Si mujer, faltaría mas.  Fíjate que me das una habitación para mi sola, creía que  dormiríamos juntas.
    _ Si tu lo quieres lo podemos hacer, pero es mas higiénico y limpio cada una en una habitación así.,,  Y perdona por la grosería, es que soy muy directa.
     Supe a lo que se refería, era cosa natural la naturaleza así lo demanda y el cuerpo humano  tiene sus debilidades. No se pueden evitar ciertas exigencias del cuerpo.
     Seriamos las dos muy felices. Ella lo era total. No echaba en falta un hombre, ya que nunca se acostó con ninguno. Era una solterona feliz con sus libros, sus muñecas y su ganchillo.
     Yo también lo era pues me adapte a Sevilla enseguida, era mas ciudad que Melilla, y tenia mas ligares para  recrearse en ella, aunque nosotros donde nos recreábamos era en el parque de Maria Luisa, donde acudíamos todas las tardes, o a la plaza de España a echarle de comer a las palomitas.
     A veces asistíamos al cine en el  mas cercano al barrio, cuando proyectaban alguna película de Marifé de Triana, o Carmen Sevilla. También algún drama de los que tanto a Rosa le encantaban.
     Las del oeste, no nos gustaban, y ya empezaron a surgir las X, pornografía pura que detestábamos.
     Como en Sevilla en primavera hace tan buen tiempo, después de comer, y dejar limpia la casa, los platos lavados y las camas hechas,  dábamos nuestros paseos al parque.
     Rosa Maria  estaba leyendo una novela de  Carmen Martín Gaite, titulada Entre Visillos. Y mientas ella se enfrascaba en la lectura, yo charlaba con otras mujeres viudas que tomaban el sol y como yo hacían ganchillo o algún jersey con las agujas de punto y la pelota de lana-
     Me sentía muy feliz. Aunque la sombra de mi hija, mi Carlota Antolina no se me difuminaba del todo. Ya no  investigábamos mas, estaba  resignada a vivir los años que me  concediera el Creador, con Rosa Maria, o en tal caso con mi nuera si mi hijo se casaba con una mujer buena.
     Aquel día de Junio, dos antes de San Juan  recibí una carta de mi hijo, que  era obligatorio para mi viajar a León, pues  quería que estuviera presente en el despacho que le daban de sargento de aviación, y otra noticia era que  debía de conocer a Jacinta. Jacinta era la novia. Me alegré mucho por las dos noticias, pero sobretodo por la del despacho de sargento. Al fin ya era suboficial como su padre. Y de academia no del chusco , como lo fue mi marido.
     Así que se lo comunique a Rosa Maria,
    _ Tenemos que hacer un viaje a León. A mi hijo le dan el despacho de sargento de aviación y como   buena madre debo de ir, no puedo negarme. Quiere también que conozca a su novia, se llama Jacinta y dice que es muy guapa, aunque no me ha enviado ninguna foto.
     Rosa Maria estaba mas contenta que yo con el viaje.
    _ Claro que vamos , yo te acompaño, ya buscaremos un hotel para  quedarnos a dormir dos noches. ¿ Eso está muy lejos verdad?
    _ Si Rosa, según me dice mi hijo si esta muy lejos y hace mucho frío.
    ¿ Y por donde se va por Madrid?
    _ Dice que no, que en la estación nos dirán el tren que tenemos que tomar. Me dice que sale de Sevilla  y atraviesa Extremadura, luego por Salamanca Zamora  hasta León. No se. ¡Mira que si mi hija estuviese en Aceuchal! Pero no podemos  ese pueblo no posee estación, aunque me decía Antolín y Soledad que la estación era Almendralejo y no  caía muy lejos.
    _ Mira Nieves, no te tortures. Tu hija si vive Ya será una mujer casada con hijos y quien sabe si hasta con nietos. Son muchos años, y ella no te  va a tener el cariño que tu crees. Si no te conoce! Si  seguramente le han hecho creer que su madre es la que la recogió  en el tren siniestrado. No pienses en eso. El tren pasara por Almendralejo ¿ Y que? Va a estar ella esperándote a ti?. Por Dios  Nieves olvida ya eso. La vida tiene estas  cosas, por eso la tierra es un valle de lágrimas. Lo que tienes que hacer es  divertirte animar a tu hijo, y sobretodo  que tenga mucha suerte en la vida, y que esa Jacinta sea una buena novia y una buena esposa.
     Mas que  me animaba  no podía hacerlo. Pero en el fondo yo sabia que a ella también le gustaría mucho que encontráramos a Carlota Antolina
     Salimos a por los billetes, pues según nos decía mi hijo era mejor  adquirirlos por adelantado porque el Ruta de la Plata, que así se llamaba el tren era de plazas limitadas-
      Los billetes hasta León no lo dieron directo aunque en no se que estación  había que hacer trasbordo, porque el Ruta de la Plata no pasaba por León, no recuerdo si fue en Astorga o Ponferrada, en uno de esos pueblos  nos mudamos a otro tren.
     Y, Una fría mañana del mes de Junio, llegamos las dos con un vestido  de chaqueta, un maletín cada una y un clavel en el pelo, con el acento andaluz que  siempre mantuve y ahora mas acentuado  por vivir en Sevilla. A Rosa Maria se le notaba su andalucismo hasta en los andares.
     Allí Vestido de uniforme, con un impecable traje azul y los cordones de colegial estaba mi Juan, a su lado una moza leonesa, algo tímida y reservada pero dulce y honesta como mujer del norte. No era una criada, estaba  trabajando en un hospital de enfermera.
     Me abrazó mi hijo, tan fuertemente que se le cayó el gorro al suelo. Jacinta lo recogió, y se lo estrechaba, a la vez que me decía
    _ Mamá  yo también quiero besarte.
    _ ¡Ven hija! Abrázame. Eres muy guapa, y creo que harás muy feliz a mi hijo-
     Mientras Rosa  abrazaba a mi hijo.
    _¡Ole los mozos guapos y bien plantaos. Que bien estas con ese uniforme.
     Con su gracejo sevillano hacia reír a Jacinta, que a pesar de ser norteña se iba contagiando con las palabras del sur.
     _ Ya os tengo reservada una habitación en el hotel.
    _ Que no sea muy caro hijo, ya sabes que somos pobres
    _ No se apure madre- Está todo concertado.  Vosotras solo tenéis que preocuparos de dormir bien, lo demás queda de cuenta mía
     Llegamos al hotel en un taxi. Era  de tres estrellas, muy confortable. Yo acostumbrada a hoteles baratos y fondas aquello me parecía un sueño.
     Rosa Maria, estaba mas acostumbrada a los lujos que yo. Ya sabemos que nació y se crió en  casa de un marqués, por eso no le causó tanta sensación como a mi.
     Mi hijo se hizo cargo de todo. El tenia algún dinero y quiso gastárselo con su madre, y la amiga que tanto hizo y seguía haciendo por ella.-
     El se marchó a dormir al cuartel, y Jacinta a su casa. Aunque  pasaba muchas noches de guardia en el hospital.
     Rosa Maria y ella se entendían muy bien. No en vano  eran  del mismo oficio.
     Hablaban aparte de mi. No se que tramaban. Yo no quise  intervenir en aquellas charlas  en que se pasaban horas. Pero  al fin lo supe.
     ¡ Que buenas eran las dos! Rosa le contó a Jacinta, el drama de mi vida. La hija que se me perdió. El novio que tuve antes de casarme con el  padre de su novio, y la forma tan  tremenda de la perdida de Carlota Antolina.
     También sabia  la señal de la familia del padre. El racimo de uvas que la familia Guerrero  la hacia  identificable en un sitio tal oculto como era  desde el ombligo al pubis, así como lo que había luchado por encontrarla sin resultado hacia mas de  treinta años. Pero que aun no tenia perdida las esperanzas de encontrarla. Porque se perdió en Andalucía y en Andalucía debía de estar porque se lo decía su corazón y nunca le falló
     Era muy difícil encontrarla, suponiendo que no hubiese salido del sur, eran ocho las provincias con ochos grandes capitales además de innumerables pueblos grandes y pequeños.
      Al fin Jacinta se me acercó y me dijo que porque no le había dicho que  tenia una cuñada perdida en el ancho mundo.
     Yo con lágrimas en los ojos  le dije que porque era un caso imposible. Que era mejor que no supiera nada.
    _ Pues desde  ahora mismo empiezo la búsqueda.me dijo ufana sonriente. Era tímida pero la noticia la transformó en una chica abierta.
     Se le notaba  muy enamorada de Juan, y deseaba ayudarnos en todo lo que  estuviera a su alcance.
     Su hijo _ me dijo_ sale destinado a Sevilla, a Tablada, porque el lo ha pedido, y como ha sacado buenas notas se lo han concedido. Y yo que ya no puedo vivir sin el también he pedido el hospital Virgen del Rocío, porque me ha llegado la noticia de que escasean las enfermeras
    _ ¿ Y tu madre?- me atreví a preguntarle.
     _ No la tengo. Murió siendo yo muy joven. Me he costeado la carrera sola, como he podido pero honradamente. He trabajado en casas fregando suelos, lavando ropa y hasta recogiendo patatas en el campo, hasta que saqué el titulo de enfermera. Como ve no soy una señorita de pan pringado soy una trabajadora  como usted y su amiga.
    _ Pero tendrás padre, hermanos.
    _ No. Bueno si, pero como si no lo tuviera. Mi padre se  amancebó con una mujer casada y se fueron a la Argentina, desde  entonces hace  no se cuantos años no se nada de el, y   tampoco se ha preocupado de mi. El cuanto a hermanos tengo  uno en La Coruña, pero  no tenemos relaciones. Puedo decir que la única familia que tengo es Juan, su hijo y ahora usted si quiere ser mi madre.
     La abrace con fuerza y le dije que si, que  había encontrado a una madre, y yo a una hija.  Dios me  arrebató a una pero he encontrado a otra. Seremos todos muy felices.
    _ Si, madre. Lo seremos allá en Sevilla, porque  en cuanto lleguemos nos casamos. Con los ahorros de Juan y los míos podemos comprar un pisito modesto y amueblarlo con lo mas  necesario, luego ya vendrán si Dios quiere mas lujos, aunque no soy partidaria de ellos.
     Era ya de noche. Teníamos que cenar y dormir, al otro día domingo mi hijo  tomaba el grado de sargento. Ya con solo  22  años había llegado a lo que su padre con treinta.
     Cenamos las tres juntas en un restaurante. Rosa Maria, nos contó  alguna historia que conocía de sus amigas, y algunos chistes verdes que nos hizo ruborizar a Jacinta y a mi, por ser ya madre e hija.
    _ Anda con Rosa_ dije  mirando para mi  recién estrenada hija_, y dice que es virgen.
    _ Eso Nieves no importa. Una ha sido enfermera y en los hospitales se aprenden muchas cosas.
      Terminada la cena, nos retiramos a dormir. Yo apenas concilie el sueño. Pensaba en mi hijo, en lo  feliz que seria su padre  cuando le entregaran el despacho de suboficial. Quizás desde el  cielo lo vea, me decía, pero  otras veces acudía la duda y no creía en  cielo ni infierno ni siquiera en Dios.
     Pensaba en Jacinta. Parecía una buena chica, mi hijo no se merecía menos. También tuve pensamiento para Soledad, ¡ Pobre Soledad! Y para mi Carlota Antolina ¿ Vivirá? Y si vive donde estará. Será feliz se casaría.?  Así logré dormir un poco, pero ya  la luz del crepúsculo entraba por la ventana y el despertador empezó a repicar, era la hora de despertarse.
     Rosa ya estaba vestida.
    _ Vamos chiquiya , arriba que nos coge el toro_ decía muy alegre.
     Mi amiga, mi mejor amiga. Tan buena o mas que Soledad, se hallaba  casi mas contenta que yo, con el despacho  que mi hijo iba a recibir.

    IV

     El patio del colegio se hallaba adornados con banderas nacionales y los escudos de la aviación militar.
     Una gran tribuna levantada al efecto estaba casi llena cuando llegamos nosotros. Había mucha gente para presenciar el despacho de los suboficiales-  padres, madres , hermanos y novias  desplazado desde todos los puntos de España para acompañar a su hijo, hermano o novio en un acta tan sublime para toda la familia militar.
     Rosa y yo teníamos asientos de preferencia. Los padres de los futuros sargentos nos concedieron el privilegio de estar lo mas juntos posible a ellos.
     ¡ Si viviese su padre! Que feliz se encontraría aquel día, pero  no era   de tristeza, sino de alegría.
     Rosa Maria estrenó vestido. ¡ Que buena compañera y amiga era!  Estoy por decir y lo digo que era mejor que yo. Creo que ya no existen en España ni fuera de ella mujeres como Rosa Maria. Se compró un abanico con los colores de la Enseña Nacional y aunque no hacia excesivo calor no dejaba de abanicarse para que todos contemplaran el abanico. Yo me compre uno pero en color negro.
      Cuando llegó la hora, todos los alumnos estaban formado en columna de a tres. Allí estaba mi hijo. Alto delgado fibroso igualito que su padre. ¡ Que guapo y elegante: claro que era el mas guapo, para mi claro; que madre no cree que su hijo es el mejor...¡
     Su traje azul, su botonadura dorada con las alas de la aviación, su gorro con los galones de sargento, al igual que las mangas de su guerrera era emocionante para todas las madres.
    _ ¿ Lo ves Rosa? Mira a la fila del medio, allí está ¿ no ves lo guapo que está?
     Y Rosa miraba a mi hijo con los ojos tan tiernos que  cualquiera creería que en vez de hijo mío era de ella.
    ¡ Guapísimo  Nieves! El mejor mozo-
     Y a la pobre Rosa Maria se le escaparon lágrimas de emoción y ternura.
     La banda   militar, empezó con las notas del himno Nacional y a continuación la marcha de infante. Llegaba el general que  otorgaría los despachos.
     Luego  el ritual de siempre. El homenaje a los caídos, con la conmovedora canción de la muerte no es el final-
     Y a continuación la arenga protocolaria del General. Exhortándolos a que fuesen  buenos suboficiales, que la patria no tuviese que avergonzarse de ninguno. Que fuesen firmes en el mando, disciplinados en todo momento inflexible con los  díscolos e indisciplinados y benévolos y patriarcales con los  disciplinados y humildes soldados.
     Luego uno a uno fue recibiendo el despacho de manos de Jefes y oficiales. A mi  por mediación del capitán  me concedieron que fuese yo en persona quien le entregase su credencial como madre y  viuda de suboficiales. Casi me desmayo de emoción. Mi hijo me abrazo y me besó. Cuando le entregué el pergamino de su  cargo. Y el alzándolo dijo.
     A ti madre mía, te dedico mi cargo y juro que por ti y pensando en ti luchare por mi patria y por tu bienestar.
     Jacinta que estaba no muy lejos de nosotros, acompañada de sus amigas. Lloró de emoción  con el brindis que  me dedico mi hijo. Rosa no dejaba de aplaudir y cuando dejó de tocar palmas, abría y cerraba su abanico bicolor diciendo ¡ Viva España! ¡ Viva la Aviación! Y Vivan los valientes sargentos!
     Luego la banda entonó la marcha militar Soldadito Español que  con ella desfilaron  los nuevos suboficiales.
     Cuando rompieron filas, mi hijo  nos abrazó a las tres. A Mi a Jacinta y a Rosa, diciendo. A las tres os dedico mis galones. Y a las tres os defenderé contra viento y marea si el caso llegara.
     _Hijo ¡ Que feliz  hubiese estado tu padre!
     _- Lo se madre. Tenemos que ir a Melilla algún día, y ofrecerle estos galones que el antes que yo  lució en  las mangas y gorra de su uniforme de infantería.
     Aquel día los cuatro lo pasamos juntos. Comimos en un restaurante, asistimos al baile que  dieron los recién ascendidos  sargentos en el casino militar. Rosa se atrevió a bailar un vals con mi hijo, para lo que le pidió permiso a Jacinta. La muchacha muy recatada le dijo que todos los que quisiera que no iba a sentir celos de una señora que  lo quería como su madre.
     _¡ Gracias guapa!- le respondió Rosa,_ y al termino del baile con su gracejo  andaluz que adquirió en Sevilla, se lo entregó  diciéndole.
    _ Aquí lo tienes preciosidad; no le quitado ni un pelo de la cabeza. Todo te lo dejo para ti.
     Jacinta rió la gracia, y estuvo casi toda la noche bailando con  su novio.
     Al día siguiente.  Le concedieron el traslado al hospital Virgen del Rocío de Sevilla, como había pedido. Y a mi hijo  lo destinaron como ya sabemos a Tablada. La cosa venia como anillo al dedo. Y es que Dios no olvida a las almas que se quieren con amor verdadero. Ellos se conocieron para estar juntos hasta  que la muerte los separe, y así creo que seguirán cuando yo ya haya traspasado la frontera de la tierra a la eternidad.
     En el vía de la Plata, un tren de lujo con locomotora de gasoil regresamos todos tres días después a la alegre y bella ciudad del Betis. A la encantadora Sevilla.

    QUINTA PARTE

    I

    Dejemos a Nieves y su hijo , a Rosa Maria y Jacinta en Sevilla, disfrutando de paz y bienestar y retrocedamos unos  cuantos años atrás, para ocuparnos de Carlota Antolina, la niña que milagrosamente se salvó del descarrilamiento del tren Almería –Córdoba
     Cuando descarriló en tren, los muertos se contaban por decenas, ya que iba abarrotado de gente. Gente la mayoría humildes, pero en el vagón de los ricos también  viajaban  algunas familias, entre ellas el matrimonio compuesto por don Ricardo y doña Elvira
     Don Ricardo era un notario de la capital  sevillana,  bien acomodado y con varias fincas en su haber. Era hombre caritativo pero no vivía feliz porque su mujer  doña Elvira, dama de alto copete en la sociedad  hispalense no le dio ningún heredero, mejor dicho ningún hijo.
     El matrimonio se llevaba bien, pero a causa de esta desgracia, pues desgracia podemos llamar a quienes desean con ferviente  anhelo tener hijos y Dios no se los otorga, como decía a causa de esta desgracia a veces  los humores no eran muy agradables, dando lugar a altercados y pagándolos la pobre  Natalia que era la criada, aunque esta humilde muchachita de no mas de 18 abriles  con mucho tacto y conocimiento mediaba y aconsejaba al matrimonio en sus  altercados, exhortándolos a que adoptasen algún niño o niña que pusiera paz en las desavenencia del matrimonio.
     Estos consejos de la  humilde muchachita  hacían recapacitar a don Ricardo, pero no a doña Elvira que le echaba las culpas a el de la falta de no poder engendrar.
     Fuese como fuese, pensaban adoptar a un niño pero tampoco se ponían en esto de acuerdo porque mientras el deseaba un varón ella deseaba una niña.
     Así andaba el matrimonio, y así la criada que  a pesar de ser pobre y semianalfabeta y joven poseía mejores sentimientos y recapacitaba mejor que la señora de la casa.
     Aquel aciago día  viajaban desde Almería a Sevilla, habían ido a la ciudad  almeriense en busca de una niña, pero  el destino se la negó. La madre  una joven soltera y sin muchos recursos se aferró   en no entregar a su hija a nadie, y después del “trato” hecho, esta le devolvió todo el dinero y se quedó con su hija.
     Causa vergüenza decir el trato  refiriéndose a una criatura, como si fuese un animal pero así era; un trato porque se trató la venta de la niña en unos  cuantos miles de duros. No era la madre partidaria de desprenderse de su hija, pero la convencieron de que no podía criarla ella sola, los padres le volvieron la espalda por la mancha que había echado en la familia y la pobre niña se las tenia que ver sola para la crianza de la hija del pecado. Total que después del trato clandestino, ella se negó después de tener el dinero en el bolsillo y sacándoselo, se los arrojó a la cara, y abrazando fuertemente a su hija no se la fueran a quitar emprendió la huida.
     No pudieron denunciarla porque era un acto  tan ilegal y repugnante que rozaba la criminalidad, así que regresaron el mismo tren donde iba Soledad y  Carlota Antolina.
     Elvira y Ricardo viajaban en primera, y este coche sufrió mucho menos desperfectos que lo de tercera, hasta la naturaleza o Dios se ponía en contra de los desgraciados, y Elvira que  deseaba  ardientemente tener una hija, a pesar de que también lo hubiera hecho  sin animo de ser madre porque su corazón a pesar de las disputas con su marido y las broncas que por esa causa le alargaba a la  pobre Natalia, buscando como  ayudar a los heridos se tropezó con Soledad muerta y sangrante y a Mónica la nodriza a su lado expirando. Quiso hacer algo por ella pero nada pudo solo cerrarle los ojos y hacer la señal de la cruz.
     Su marido, es decir don Ricardo  vio el cielo abierto al ver como su mujer arrancaba de los brazos a aquella niña que lloraba.
    _ ¡ Esta viva!  ¡Viva!_ le susurraba a su mujer al oído_ tápala bien que nadie la vea, pronto vendrán los socorros, y otro tren o autobús que nos llevará a Sevilla, si alguien te pregunta, la policía o la Guardia Civil  que son los que pueden preguntar por la procedencia de la niña, le dices que es tuya, que vienes de  Almería   para que la conozcan tus familiares cualquier mentira. Si te preguntan por la partida de nacimiento, le dices que la tienes en Sevilla, que no creía que hacia falta, en fin  invéntate lo que sea pero que no te la quiten
     Pero los agentes estaban demasiado ocupados en  socorrer a las victimas y juntar los cadáveres, nadie le preguntó nada.  Cuatro horas después llegaron las ambulancias y  coches particulares y un viejo autobús fletado por RENFE, llevándose a los heridos y  los que  salieron indemnes del fatal accidente., y así Elvira y Ricardo llegaron a  su casa de Sevilla, sin ningún contratiempo.
     El medico de familia, intimo amigo de Ricardo le firmó  un nacimiento ficticio con tres fechas atrás y así la  inscribieron en el juzgado con el nombre de Micaela A la criada le pagaron una buena suma para que callara, o mejor  dijera que su ama había parido una hermosa niña y  punto en boca. El dinero es por desgracia  la  tapadera que oculta todas las barbaridades y canalladas  que existen. Aquella niña  tuvo otros padres, muy ricos para como era Nieves, Ya solo quedaba un rastro de que fuese hija de la Caracola y el soldado  Antolin Guerrero Báez, el racimo de uvas que desde el sitio que sabemos se extendía hasta el bello pubico. Poca señal era esa para que Nieves  encontrara a su hija, por el lugar donde se ubicaba pero tampoco era imposible.
      Micaela fue la alegría de aquella casa. Doña Elvira y don Ricardo del Rosal se reconciliaron . Las  desavenencia cesaron y también Natalia recibió mejor trato, claro que a doña Elvira le convenía porque aunque habían pagado a la muchacha con generosidad esta se podía ir de la lengua y descubrir todo el secreto.
     Fue bautizada la hija de Nieves con el nombre  que ya hemos dicho, aunque  don Ricardo quería que  le pusieran por nombre Maria como de llamó su madre, pero doña Elvira que era algo terca se empeñó en que se llamara como su madre, la de ella y le pusieron Micaela.
     Fue bautizada en la catedral y al bautizo asistieron muchas familias conocidas del matrimonio.
     Como  es natural y comprensible doña Elvira no tenia leche, para amamantarla y buscaron a una nodriza. Una mujer  de un pueblo próximo que iba todo los días dos veces a amamantar a la niña. También empezaron a suministrarle el  por entonces conocido amfimón o perlergón que en esto no estoy muy seguro.
     Pasaron los años y creció la niña Micaela al cuidado de su  niñera Natalia, que fue la encargada de lavarla,  y asistirla en todas las necesidades que la niña precisaba.
     Y esta  muchachita ya mujer, enamorada de un soldado que  conoció en el parque Maria Luisa donde  acostumbraba a llevar a Micaela de paseo, descubrió el  dichoso racimo de uvas tan clarito en el cuerpecito de la niña , pero nada dijo a doña Elvira. Esta si vio alguna vez desnuda a la niña  fue por casualidad o como se suele decir de refilón y  no lo tuvo en cuenta para nada. Doña Elvira era una madre, superficial, de esas que si aman a sus hijos pero que no se sacrifican nada por ellos., para eso están las niñeras y las criadas, por lo que  se  limitaba a tenerla unos minutos en los brazos, darle un par de besos y  poco mas, si se ensuciaba  estaba Natalia para limpiarla y la nodriza para amamantarla, y cuando dejó de mamar Natalia era la encargada de darle la comida que necesitaba.
     Se criaba muy sana y apenas el médico la visitó, y cuando lo hacia  y le preguntaba que  como la había concebido, ella y el le decían por obra y gracia del Espíritu Santo, como Jesús, y como era amigo y  le sacaba buenos cuartos pues punto en boca y a seguir la bola..
     Pasaron  tres años,  Dispusieron que la niña fuese a una escuela de párvulos, una que era regida por monjas y  no hubo ninguna pega para  que la admitieran, porque doña Elvira siempre llevaba la cartera dispuesta a abrirla al menor contratiempo. Así que  Micaela  ingresó en el parvulario sin  traba de ninguna clase, si alguna tuvo preferencia por edad o por  lo que fuese quedó atrás, pues la cartera de doña Elvira mandaba mas que las razones y los mandamientos.
     Como  sabemos y es excusado el  decirlo Natalia era la encargada de todo. Ella la llevaba y la  traía, y las tardes soleadas de  Sevilla que son muchas .Micaela le tomó tal cariño a Natalia, que en lugar de llamarle la tata o la  chacha, como prefería doña Elvira le llamaba mamita, y esta palabra  llenaban de celos y envidias a  doña Elvira.
    Pero no era para menos , porque Natalia la infeliz Natalia era en realidad su madre.
     No vamos otra vez a especificar detalles, porque de sobra sabemos que  era ella la encargada de todo lo que precisaba la niña. Don Ricardo en su despacho estaba siempre muy ocupado y pocas veces se  entretenía con su “hija” por otra parte no es que no la quisiera pero  se sentía un poco decepcionado porque  el lo que hubiese querido era un niño.
     Pasaron los años y Micaela se hizo mujer. Del parvulario de monjas pasó a las mejores escuelas de pago de la capital, y cuando se sacó el bachillerato quiso ser  medico, y estudio la carrera de Hipócrates, saliendo con notas muy  elevadas . Se especializó en ginecología y fue al hospital  Virgen del Rocío de  su  ciudad, unos años después de que Rosa Maria se jubilara de enfermera.
     Se casó con un oficial de aviación, un capitán por mas señas, y tuvieron una hija.
     Doña Elvira falleció de  un maldito cáncer de mama y don Ricardo muy apenado por la perdida de aquella a la que tanto había amado, no tardó en acompañarla. Por lo que  Micaela, o sea Carlota Andolina quedó huérfana de padre y madre, pero con el cariño del capitán de aviación  el de su Elvirita y el de la Chacha Natalia, que a sus  sesenta y picos de año seguías de niñera  en la casa, ahora con su hija El virita
     Y como Elvirita era hija de Carlota Antolina ( Micaela). Y  esta de Antolín Guerrero, hermano de Soledad, la marca del racimo de uvas persistía en el lugar que ya conocemos.
     Natalia a pesar de su edad, y muchas veces con la oposición de Micaela asistía a la niña lo mismo que en otros tiempos  cuidó de ella. Se puede decir que la mujer de la casa que aunque  estuvo   novia con un bigotudo soldado de aviación , nunca llegó a mayores y al licenciarse el  “ aviador” se marchó a su pueblo y de Natalia jamás se acordó. Ella que era sensible y muy buena, sintió que la abandonara así sin mas  incumpliendo las promesas y los juramentos que le prometió, pero el cariño por Micaela y después por su hija Elvirita  disipó aquel dolor de su alma que le causo la traición del soldado.
     Desde entonces se dedicó en cuerpo y alma a sus  amas, y muy especial a la nueva niña a la que la adoraba lo mismo o mas que Micaela. Es sabido que existen casos en que las niñeras  sienten mas amor por sus niñas que las propias madres, y las niñas por ella tanto amor  o mas que las que las trajo al mundo.
     Las niñeras las miman, las cuidad, le compran muchas veces se su dinero cualquier juguete, las besan y le llaman con frecuencia niña mía, o mi niña.
     Natalia era feliz en casa  del matrimonio de Micaela y Clemente, que este era el nombre del capitán aviador. Y ellos querían a Natalia como si fuese de  la familia. No era para menos porque la  mujer era sumisa, limpia trabajadora y cariñosa con todos, era capaz de perder su vida por defender a su Elvirita , inclusive a su Micaela que la había criado  como si su propia hija fuese.
      Como el parque de Maria Luisa era su lugar preferido, porque el aquel bucólico lugar sevillano, conoció sus primeras ilusiones y su desengaño, y como también era  sitio de encuentro entre criadas y niñeras que hablaban de las cosas de sus pueblos y se daban  confianza unas a las otras para hablar bien o mal de sus amas según le fueran, Natalia no faltaba una tarde que estuviese soleada y apacible bien fuese en primavera, verano, otoño e invierno, y entre arriates y palmeras entre los bancos y las fuentes  jugaba con su niña, y cuando se cansaba se sentaba en un banco que estuviese ocupado por mujeres de  su edad mas o menos  para charlar y  aprender o enseñar las labores de ganchillo o punto que casi siempre hacían las  mujeres de aquellos tiempos.

    II

    • Yo, (toma la palabra Nieves) con Rosa Maria, íbamos todas las tardes al parque de Maria Luisa, que como sabemos no nos caía muy lejos de donde vivíamos.  Rosa siempre  llevaba un libro para leer, esas novelas que a ella le gustan tanto. Gorriones sin Nido, El ultimo Beso, Cañas y Barros, en fin la literatura que a ella le gustaba.
      _ Mira Nieves, mira. Ya se ha descubierto quien era su madre_ me dijo un día señalándome un capitulo de una de sus novelas.
       Yo me entristecí porque  aquello me hizo recordar a mi Carlota Antolina, que aunque tenia perdida las esperanzas de que no la encontraría, no se me borraba del pensamiento-
      _ Perdona Nieves. No quería , en fin es lo que viene aquí,
      _ ¡Gracias Rosa!  No te  apenes, te agradezco que me cuentes  la historia, pero es tan parecida a la mía real que me he sentido como esa pobre madre.
       A veces mientras yo hacia ganchillo ella me leía  algún capitulo sentadas en  un banco.
       Aquella tarde era primaveral. Las rosas perfumaban el limpio aire sevillano con un perfume embriagador. Los jilgueros y  ruiseñores alegraban  con sus trinos y cantos la estancia. Los niños jugaban, a la peonza, a las canicas y  las niñas a la rayuela, al diabolo a la comba, el murmullo de las fuentes invitaban a la nostalgia otoñal a pesar de ser primavera. Muchas niñeras empujaban  el cochecito del niño  y a su lado el militar de reemplazo le contaba  mentiras o verdades que ella se lo creía.
       Mirábamos Rosa y yo, todo aquel mundo feliz  y nos contagiamos  en el.
       El banco donde estábamos sentadas, había cabida para otra persona
      Y a el llegó una mujer de unos sesenta años de edad, que custodiaba a una niña de poco mas de tres años.
       Saludó con unas buenas tardes y pidió permiso para sentarse en el lado que  quedaba vacío.
       Yo le dije que si, puesto que el banco era de todo el mundo. Rosa cerró el libro y le emitió una sonrisa.
      _ Sea usted bienvenida mujer. ¿ Porque no se va a sentar en el banco? Tiene el mismo derecho que nosotras.
       No se que sintió mi corazón al ver a aquella niña tan preciosa. No se parecía a mi hijo, pero daba cierto aire a  Antolin y Soledad.
      ¡ Dios mío  así habrá sido mi hija. Y  aunque no se parece mucho a su padre me da la sensación que tiene aire de familia.
       _ Yo me llamo Natalia- nos dijo la mujer, y estoy  sirviendo desde niña en casa de  doña Micaela, antes lo hice con su madre doña Elvira. Me quieren mucho sabe usted. Mi ama es médico en  el hospital del Rocío y su marido es capitán de aviación, aquí en Sevilla
       La mujer tenia ganas de charla y yo le seguía la corriente. Rosa aparco su libro en  el regazo y también  participaba en la conversación.
       _ Pues mira_ intervino Rosa Maria_ , todas las tardes nos podemos reunir aquí ¡ Que bonita es la niña! ¿ Como se llama?
      _ Elvira, como su madre. Pero le llamamos Elvirita.
      ¿ Que edad tiene?
      _ Tres años. Es hija única.
      ¿ Y su madre?
       Creo que sobre treinta. No lo se cierto. Ya no me acuerdo cuando...
      _¿ Cuando que?_ dije  ansiosa. Aquella palabra dejada en el aire por Natalia me  recordó  la edad que podía tener mi hija. ¿ Y porque  dejó la frase en el aire?  Pero la  astuta Natalia  terminó diciendo.
      _ Cuando nació me acuerdo como si fuese ayer.
       Se me desvaneció la ilusión. Total aquello  fue una simple corazonada de las muchas que  muchas veces me tenia acostumbrada mi corazón.
       Pero yo no dejaba de contemplar a la niña. Mientras mas la miraba mas se me antojaba que algo tenia  aquella criatura con mi  dolor.
      Rosa Maria, hablaba con Natalia de labores, aunque  Rosa era mas dada a la lectura que al ganchillo , pero también entendía de  algo de esta labor.
      Yo estaba absorta  mirando a Elvirita cuando...
      _ Mamita, tengo ganas de hacer pipi_ le pedía a su niñera que la llevase a algún sitio para hacerlo.
      _ Pero hija Elvirita. ¿ Donde quieres que te lleve? Los retretes están muy retirados, pero vamos.
      _ Mamita es que no aguanto. Me hago pipi.
       Y la pobre niña que se meaba  sin poderlo evitar,  se le puso la carita  de angustias.
      _ Anda mujer_ dijo Rosa_ , aquí mismo. Es una niña ¿ A quien le va a  molestar que una criatura haga sus necesidades? Además aquí estamos solo las tres.
      _ No te preocupes bonita, que tu tata te pone ahora a hacer pipí
       Y Natalia no se lo pensó mas. Suavemente   cogió a la niña y le bajó sus braguitas blancas como la nieve y limpias como el oro.
       Tuve que ahogar el grito que  quiso salir de mi garganta. Aquella niña, aquel ángel de Dios, llevaba el mismo signo que mi Carlota Antolina,  la misma marca de familia que me dijo Antolin y Soledad. La marca de los Guerreros, que como  un ADN poseía  como identificación de familia.
       Rosa Maria, también se  percató del racimo de uvas Rosado, que nacía  debajo del ombligo hasta el nacimiento del monte de Venus. Por lo que sin alarmarse y con mucha serenidad  le preguntó a Natalia.
      _ Perdone la indiscreción señora, pero... ¿ sabe usted si la madre de la niña lleva también ese racimo de uvas?
       La pobre Natalia no supo que contestar. Creo que sospechaba algo, respondió  atropelladamente.
      _ Eso señoras es cosa muy intima, y yo no puedo saber eso.
      _ ¡Como dijo usted que antes había cuidado a su madre! Es raro que no se haya apercibido de una cosa tan visible.
      _ Si, pero ya no me acuerdo. Creo que no. Esto será un antojo de doña Micaela.
      _ Yo_ aseveró Rosa_ no creo en antojos. Mire señora  he trabajado de enfermera en el mismo hospital  que su ama,, y eso según los médicos es una  falacia. No existen los antojos. Si los genes familiares, que esto puede ser eso. Pero en fin si tiene prohibido hablar no se preocupe. Yo lo averiguaré tengo entrada libre en el hospital y no se me hará difícil hablar con doña Micaela, como usted dice que se llama.
       Natalia se puso nerviosa. Nunca  según  creo pensaba ella debió de desnudar a la niña delante de nosotras. El secreto quedaba al descubierto. El juramento que había hecho mediante algún dinero a doña Elvira no lo había sabido guardar. Es verdad que no dijo nada, pero descubrió lo que la familia le tenia  encargado guardar celosamente.
       Se marchó con un seco hasta mañana. Pero aquel mañana no apareció por el parque, quería  que  aquella indiscreción se disipara como el humo. Era una tontería porque Micaela, no le importaba que supieran la marca que ella llevaba que creía que era un capricho de la naturaleza.
    • :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
       Micaela era buena ginecóloga, y había tomado por enfermera a Jacinta la mujer de mi hijo Juan. Muy solicitada por todas las mujeres que  padecían algún problema de este tipo en la mujer.
       Rosa me dijo que ella hablaría con la tal Micaela, que ahí estaba la punta del hilo que llevaría al ovillo. Así que me  animó  considerablemente decía:
       _ Creo Nieves que vamos a encontrar a tu hija, y seguramente hecha una ginecóloga de fama, porque me da el corazón que esa Micaela  no es Micaela  el nombre que le  puso el cura a instancias tuya y de Soledad, sino el de Carlota Antolina, Si esa marca es un gene familiar no te quepa duda que Micaela lo lleva también.
      _ Si pero ¿como averiguarlo en semejante sitio? _ le respondí desanimada ya que el nombre de Micaela estaría en otro  registro civil , y el nombre de los padres y abuelos del acta de nacimiento serian otros muy diferentes a los  verdaderos.
       Como Rosa me vio alicaída y  dudosa de que  tuviésemos éxito en la empresa me animaba con estas palabras
      _ Otras cosas mas difíciles se han averiguado. No es tan  difícil lo demás si  logramos saber si el racimo de uvas lo tiene también Micaela, aunque sea en otro  lugar del cuerpo. Y de eso me encargo yo, lo demás se averiguará investigando.
      _ Pero Rosa, nosotras no somos policías ni detectives privados para  desenmarañar el asunto.
      _ Tú déjalo de mi cuenta, mañana  sin falta voy a entrevistarme con Micaela.
       Y Llegó el mañana, Rosa se levantó  temprano, preparó el desayuno y me llamó para que me levantara. La cabeza me ardía. Le pedí una aspirina, y la pastilla me calmo un poco el fuerte dolor que padecía.
       Nos  lavamos y peinamos, y nos colocamos las mejores ropas que poseíamos. Decía  mi amiga que había que dar buena impresión a la ginecóloga. ¿ Mi hija? Me temblaban las carnes. Rosa estaba muy optimista. Ya veía en Micaela a la niña que  confié a Soledad aquella tarde-noche en Melilla  cuando el barco rumbo a Almería  zarpó del puerto.
       ¡Que ánimos mas grande me imprimía Rosa Maria!  Aunque fracasásemos en el intento, le debía mucho, a esta mujer, a esta solterona virgen como ella  se hacia llamar confidencialmente  a personas intimas como yo.
       Ella tenia entrada libre en el hospital aquel , bueno en todos porque aun conservaba su credencial de enfermera.
       Nadie se atrevió a prohibirme la entrada porque iba acompañada de  una de las enfermeras de prestigio  que había tenido el Virgen del Rocío.
       Pregunto por Micaela, en el centro donde se reunían los médicos.
      _ Ahora mismo acaba de llegar_ le comunicó la encargada del despacho.
      _ Pues dile que una antigua enfermera del hospital quiere hablar con ella. Es un caso urgente para  ella y para mi.
    • Está bien, se lo diré.
    •   Tomamos asiento en un sillón del despacho y al poco tiempo se presentó la  ginecóloga,
    •  Yo creí desmayarme. Era el vivo retrato de Soledad, la tía la hermana de Antolin. Estuve por abrazarla y decirle ¿ Hija, hija mía por fin te encuentro! Pero fui prudente y me contuve,
    • _ Buenos días_ saludó amablemente. Yo soy Micaela del Rosal, ¿ Precisan de mis servicios?
    • _ Si, pero no  tocante a su profesión _ dijo Rosa_. Verá usted. No se si tendrá tiempo para   atendernos, preferimos hablar sin que nadie  nos oiga, las tres solas.
    • _ Bueno pasemos a mi consulta_ todo lo decía con voz dulce y simpatía.
    • _ Pues verá usted doña Micaela_ empezó como era natural Rosa._ Esta mujer que se llama Nieves Sánchez, perdió a una hija en un accidente de tren en Almería, hace sobre treinta años, y  buscamos a la hija  con mucho afán. Y hemos encontrado una pista, y esa pista nos lleva a usted.
    • _ ¿ Yo? Que interesante. ¿ Cual es la pista y el motivo de fijarse en mi?_ aquí agrió un poco la voz. Creería que a lo mejor se trataba de un chantaje para sacarle dinero.
    • _ No piense mal señora. Nosotras no queremos dinero, si es eso lo que opina. Lo que nos mueve el corazón es encontrar a la hija de esta mujer. Y creemos por una pista  encontrada en su hija Elvirita que  es usted la hija de esta mujer,  es decir de  Nieves.
    •  Cambió de color la ginecóloga y  con su habitual dulzura  preguntó?
    • _ ¿ Y porque yo? Aun no me han dicho las señas que le inducen a tal suposición.
    • _ Pues es un racimo de uvas  desde el ombligo hasta el nacimiento del vello pubico.
    •  Micaela  se puso mas pálida que la cera. Ya comprendimos que era verdad  lo del racimo de uvas . Cuando pudo articular palabras preguntó.
    • _ ¿ Y ustedes como saben que yo tengo eso?
    • _ Muy sencillo, porque se lo hemos visto a su hija, cuando orinaba en el parque. Y es mucha casualidad  los padres, tías y abuela de aquella niña lo tuviera, como marca  impuesta por Dios o la naturalaza. No se trata de un simple antojo en los que no creo es un gene familiar, y usted es de esa familia.
    •  Rosa, con estas palabras puso tan nerviosa a Micaela que rompió a llorar.
    •  Entonces –dijo entre llanto. _ Si, yo llevo esa señal, pero mi madre no la tenia ni mi padre tampoco, sin embargo mi hija si.
    •  Estamos entre mujeres ¿ Le importaría enseñarlo para vez si es igual que los que conozco?_ le pregunté yo atemorizada. Esperando una rotunda negativa. Pero no fue así.
      _ Micaela se levanto la falda, se bajó las bragas y dijo.
      _ Esta es mi señal. ¿ Es igual que la  suya?
      _ No, hija, yo no la llevo. Eso viene por parte de tu padre que fue mi novio y murió en Melilla en una escaramuza, porque era soldado.
       Pero  aunque yo estoy convencida que tu eres mi hija. Quiero otras pruebas, que seguramente  habrá en algún lado, por ejemplo en el juzgado de paz de Melilla estás registrada con el nombre de Carlota Antolina, lo mismo que en la iglesia  donde te bauticé.
      _ Eso no sirve. Porque yo estoy inscrita  en el registro de Sevilla con el nombre de Micaela del Rosal López  hija de Ricardo y Elvira, y lo mismo figura en la catedral donde fui bautizada.
      _ Pero yo se que tu eres mi hija, porque los papeles dirán lo que quieran, pero mi corazón dice que  tu eres hija mía. Por lo tanto dame un abrazo.
       Me fui derecha a ella y la abrace y la besé con todas mis fuerzas, mientras las lágrimas  me salían a raudales de mis ojos.
      ¡ Hija! Hija de mi vida, al fin te encuentro.Ya creía no  volverte a ver jamás. Si no cabe duda , eres tu mi Carlota Antolina, sino me hubieses rechazado y no lo haces, ¿ Verdad que tu sientes lo mismo que yo? El amor de madre no miente, no falla nunca, tu eres la niña que confié a tu tia Soledad, con la intención de ir a por ti a su pueblo, al pueblo de tu padre , un pueblecito en la provincia de Badajoz llamado Aceuchal, pero el destino no quiso que ninguna de las tres volviéramos a ese pueblo que no conozco
      .
       Rosa se limpiaba los ojos con su pañuelo de lunares mientras exclamaba.
      _ Yo sabia que la encontrábamos Nieves, me lo había dicho La Macarena a la que le rezaba todas las noches para que  la encontráramos. Y aquí está.. Aquí la tienes.
       Pero mi hija se mostraba reticente. No se lo quería creer, a ella también le sucedía algo extraño. No sabia si  echarse en mis brazos o rechazarme diciendo que estaba loca; era natural. Había vivido con su  “madre” Elvira, y con su tata Natalia, yo me presentaba como una intrusa. Natalia era la única que sabia la verdad ya que sus padres habían muerto, pero la sirvienta había jurado ante Dios y antes un puñado de pesetas no revelar nunca el secreto, seria muy difícil que rompiera su compromiso mas por temor a Dios que a otra cosa. Y así fue.
       La citamos a que dijera la verdad. Yo le aseguraba que si devolvía una hija a su madre, Dios nunca la podía castigar por romper un juramento que no era cristiano ni legal, pero ella se  aferraba a sus creencias, y no soltaba prenda.. Rosa Maria llegó a mas y la amenazó con  denunciarla al juez si se declaraba la verdad, por haber sido cómplice y encubridora del robo de una niña, un delito muy penado. Pero tampoco esto daba resultado.
       “ Micaela” hablo, diciendo que por el amor de Dios que dijera la verdad, pues iba a salir loca y ella fingiendo  decir la verdad tan bien que hasta yo dudé dijo.
      _ La verdad es que  tu mi niña eres hija de Elvira y Ricardo. Porque yo te vi salir del vientre de tu madre, a las tres horas de aquel hermoso dia de primavera.
      _¿ Que día?-pregunte para  cogerla en mentira.
      _ El día 25 de Abril de 1949.
      ¡ Mentira!- Grité con todas mis fuerzas.
      _ ¡ Verdad!  En casa está la copia de la partida de nacimiento.
       Ya no me cabía duda, de que si era mi hija, cosa  me decía el corazón que si que  la perdería para siempre, ya que los documentos tienen mucha fuerza, mas que los parecidos y las señas naturales.
       En esto que llegó Jacinta, su enfermera la mujer de mi hijo.
       Micaela-le dijo sin reparar en nosotras, seguramente no se fijó_ Es la hora de la consulta, la esperan muchas pacientes.
        “ah”” no me había fijado,  ¿ que hacen aquí? Y han llorado ¿ Que pasa?
      _ Vamos Jacinta.Ya te contaré. – apostillo Micaela” En cuanto a ustedes mañana por la mañana las espero en mi casa. Allí lo aclararemos, quiero recordar que mi madre la otra, escribió un cuaderno con su vida. Y lo guardó en un baúl que no hemos abierto desde que murió. Las espero,  si es que soy su hija mañana se verá y tendrá  mi cariño de hija. Si no dice nada de eso el cuaderno, señora lo siento pero creeré dos cosas; o usted es una  demente o una usurpadora. Ahora  procuren descansar.
       Salí  convencida de que aquel cuaderno re velaría la verdad y recuperaría a mi hija.
      Dormí poco aquella noche, y lo mismo le pasaba a Rosa. Encendíamos la luz para mirar el reloj cada cuarto de hora creyendo que  no tardaría mucho el día en llegar.
       Por fin dieron las siete en el reloj de la iglesia cercana y las dos a un tiempo nos tiramos de la cama.
       Una vez aseadas, desayunamos café con tostadas que  hizo muy bien Rosa.
      _ Vamos_ dijo después que recogimos todos los vasos y paltos, nos vestimos con las mejores ropas y nos encaminamos a casa de mi hija.
       Me suena extraño esto de mi hija, pero yo estaba convencida de que  Micaela era mi Carlota Andolina, una madre en  esto jamás falla porque se lo dicta el corazón y el mío dictaba que en aquellas memorias de  la ladrona de mi hija   estaría escrito toda la verdad.
       Llegamos a casa de Micaela, estaba en una calle de las mas céntricas de Sevilla,  cerca de la calle las Sierpes.
      Tímidamente llamamos a la puerta con  el llamador de oro  simulando una mano con una bola. No se si seria de oro pero dorado si que lo era.
       Nos abrió Natalia. Había cambiado, tenia la cara alegre y nos trato de señoras.
      _ Pasen ustedes señoras, que pronto saldrá  doña Micaela a recibirlas.
       Pasamos a una salita modestamente amueblada. Una mesa camilla redonda, con un tapete  de hilo elaborado a ganchillo, encima un jarrón con flores frescas, rosas y azucenas, y  cuatro sillas tapizadas de  verde en rededor. Un chinero con varias figuritas de porcelana y en las paredes los retratos de su marido vestido de capitán de aviación. Otro suyo, y dos enfrente que  intuí serian el de los “padres”.
       No pasaron ni cinco minutos cuando se presentó Micaela, vestida con sencillez. Se notaba que terminado  todo aquello marcharía al hospital .
       Otra vez mi corazón se aceleró, aun aquel día se parecía mas a Antolin y a Soledad que el día anterior.
       _ Buenos días, ya estoy aquí-hablaba con naturalidad sin emocionarse. Estaba  dispuesta a  que yo fuera su madre, como en realidad lo era si aquel cuaderno   así lo decía.
       Nos ofreció café. Rosa lo rechazó, yo nada dije, y ella la dijo a Natalia que nos preparara dos tazas de café con leche y unas galletas.
      _ Vamos a ver _ empezó diciendo una vez que Natalia nos llevó el café_ Usted se basa en el racimos de uvas para creer que yo soy su hija.
      _ Si, si que lo eres, me lo dice el corazón y el corazón de una madre nunca falla.
      _ Me supongo que  usted me  mostrará en semejante sitio no muy apropiado para  mostrar otro racimo de estas uvas que Dios me ha  dotado, quizás para saber que mi familia no es la que me ha criado.
      _ Si, pero ¿ Es muy difícil?. Los que lo tenían han muerto. Tu padre y tu tía Soledad, esta cuando te llevaba a Aceuchal en el tres que descarriló.
      _  Vamos  bien por ese camino, pero el diario no dice nada del racimos de uvas, Si dice que le fui tomada de los brazos de una mujer bastante joven muerta, y que  otra gorda estaba a su lado también fallecida,
      _ Seria la nodriza la Vaca Lechera como la llamaban pero su nombre era Mónica. Está claro hija mía, todo coincide. ¿ No dice el diario como se llamaba la mujer gruesa?
      _ Si, creo que si. Tu eres mi madre. Ya está todo claro.  Era Mónica y en una libreta  que se salvó y la cogió mi “padre” lo decía.
       Con letras desiguales y muchas faltas de ortografía decía así
      Haora, le estoi dando leche a esta niña que se llama Carlota Antolina, cuando me despida de ella  será otra  de las muchas hermanas de leche de mi Julián tardaremos mucho en despedirnos, y ya no la veré mas porque sabe dio donde caera esa aceuchal donde van.
      -¡¡¡Hija!! Hija mía por fin te encuentro. Dios me ha oído, ya puedo morir feliz.
      _ ¡Madre! No diga eso. ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡ Quien me iba a decir esto?
        Nos abrazamos con efusión, aunque mi hija estaba un poco  retraída. Al abrazo se nos unió Rosa Maria  y las lágrimas de las tres inundó  nuestros rostros.
       Natalia nos miraba estupefacta. Ella fue muy buena con mi hija, es verdad que me la negó pero  había  recibido dinero por guardar el secreto y mas aun había jurado hasta morir no decir la procedencia de la falsa hija de doña Elvira y don Ricardo.

     

    EPILOGO

     El dinero por desgracia lo puede todo, en este caso , mi caso fue gracias a el.
     Como estaba inscrita en dos juzgados eran dos personas en una.  Y una era menester eliminarla, así que lo mismo que fue  inscrita por el falso documento de un médico comprado que certificó  asistir al parto de doña Elvira. Lo mismo fue eliminada del registro civil de Sevilla, quedando  legítimamente  registrada en el de Malilla con su nombre; es decir Carlota Antolina,.
     Ella no quiso  borrarse el nombre de Micaela, decía que fue muy feliz con ese nombre y en memoria a sus padres  que la recogieron del tren sin lo cual quizás hubiese muerto, siguió con  ese nombre, aunque yo siempre la nombraba  por su nombre de pila.
     J7uan estaba muy contento con la hermana encontrada, y Jacinta que como sabemos era su enfermera, la llamaba hermana.
     Quiso que me fuera a vivir con ella. Su marido oficial de aviación militar, así lo queria, lo mismo que mi hijo que ya había ascendido a subteniente, pero Rosa Maria se opuso, y una mujer que también se portó conmigo, no la iba a dejar sola, ahora que mas necesitábamos una de la otra.
     Un día mi hija me anunció que  iban a realizar un viaje a Extremadura, creía conocer a la familia de su padre, saber su procedencia.
    _ Eso hoy está cerca madre,_me decía_ con el ruta de la plata se llega en pocas horas y Aceuchal es un pueblo pequeño, no será difícil encontrar a la familia de mi padre. ¿ Quieres venir?
     Le respondí que no, que  no sabia  la acogida que me dispensaran. Además
    Tus abuelos ya habrán fallecido  ...Si hubiese vivido Soledad...pero ya no tiene sentido. Ves tu y tu marido y al regreso me lo contáis, yo lo que deseo es ir a Melilla a ponerle flores a tu padre.
    _ También madre, también iremos.

    :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: Pasaron los años. Nieves murió con cerca de noventa años. Rosa Maria también falleció. Y  de Micaela nacieron dos retoños, un niño y una niña que llevaban la marca de su madre y sus abuelo; el Rosado racimo de uvas.

    FIN

     

     

     

     

    Guadiana del Caudillo 17-01-2011 -   Juan J. Hormigo Bautista


 
 
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