hormigo

LA FUERZA DEL DESTINO

 

Por Juan José Hormigo Bautista

 

 

LA FUERZA DEL DESTINO

uno

NOVELA DE JUAN HORMIGO BAUTISTA

   Es una historia de ficción muy conmovedora.

Dedicatoria


 
A mis compañeros de mili y a las muchachas que nos alegraron en aquellos difíciles eventos.

       

Capitulo Primero

MÉRIDA AÑO 1.961

 

 Era domingo.Antonio, José y yo nos encontrábamos en el dormitorio del cuartel mas aburridos que ostras. José propuso salir de paseo y los dos aceptamos, nos vestimos de bonito en un instante, o sea con el traje de paseo. Nuestros uniformes eran nuevos, limpios y nos sentaban a ala perfección.
 A los tres nos gustaba mucho vestir el uniforme de artillería, claro que no teníamos otra alternativa; éramos soldados, y en aquellos tiempos no estaba permitido vestir  a la tropa de paisano.
 Mérida la ciudad romana por entonces contaría con  unas cuarenta mil almas, bañada por el río Guardiana.
 La calle principal de la ciudad es la bella calle de Santa Eulalia. Dicha vía de casi un kilómetro  de longitud está siempre muy concurrida, empieza en la llamada puerta de la villa y finaliza en una hermosa y extensa plaza llamada Plaza de España.
 En esta calle y sus aledaños se desarrollaba  casi toda la vida comercial de la ciudad. Si quieres proveerte de una camisa, en ella hallaras buenas camiserías, si un libro existen varias librerías, si precisas un instrumento musical en la calle Santa Eulalia lo encontraras, y todo lo que la vida cotidiana precisa para vivir en la calle Santa Eulalia lo encontrarás.
También en esta populosa calle. Se citan enamorados, tratantes de ganado o cereales, hay busconas, limpiabotas negocios transparentes y  opacos. Obreros buscando trabajo, soldados en  horas de paseo  buscando a la doncella o niñera y ellas   paseando para encontrar al soldado o estudiante que la haga pasar el rato mas agradable posible dentro de la decencia, la costurera, la bordadora, el oficinista el suboficial, el alférez y toda clase de personas civiles  y militares pasean por esta  bella y encantadora arteria de Mérida.
 Un hervidero humano se desarrolla en esta calle, y como aquí se dan todas estas  actividades y se consuman amoríos y otras cosas, como espectáculos teatrales, cines, cafeterías y todo lo cultural y lúdico, fue allí donde nos dirigimos los tres, con la intención de encontrar algunas  muchachas del servicio que nos quisieran acompañar al cine Maria  Luisa o a tomarnos unos refrescos en Casa Benito o en los kioscos de la Plaza de España.
 No éramos los únicos soldados, había muchos mas, todo el cuartel paseaba por allí excepto los arrestados y los que  prestaban servicios y como donde hay soldados hay “marmotas” ( nombre despectivos dado a las criadas). A mi por mi parte no me gustaba llamarlas con ese apelativo, prefería doncellas o muchachas del hogar. Pues estas criadas, bien porque no tenían otra cosa bien por si humilde condición de ser marginadas por ciertos sectores, gustan de pasear y alternar con soldados. Debo de añadir que yo tenia el empleo de cabo, y mi ínfima graduación hacia que las muchachas me prefirieran a los soldados; aquellas pobres criaturas pensarían que el color grana de mis galones era un porvenir en el ejercito, brillante al cabo de los años. Algunos lo lograron yo no.
¡ Pobres!
Antonio José y yo, nos hicimos amigos en la mili. Nos conocimos en  Badajoz el día que nos incorporamos a filas; fue en la Caja de Reclutas.
 Antonio Hidalgo; leyó el sargento que pasaba lista
¡ Presente!-respondió este.
Estábamos formados de tres en fondo de paisanos, aun no nos habían  entregado el uniforme militar. Antonio se encontraba a mi derecha.
 Juan Hormigo; volvió a repetir el suboficial
¡ Presente! Respondí,
José Hurtado
¡ Presente!-dijo el de mi lado izquierdo.
 Los tres  estábamos sombríos extraños. Nuestras almas se hallaban sumergidas en profunda soledad, por haber dejado la familia, el pueblo y a la muchacha que nos hacia ilusión.
 Nuestros padres nos acompañaron hasta la caja de Reclutas, y al despedirse de nosotros nos sumió  una gran melancolía.
 Una  vez que el sargento finalizó la lista, ayudado por dos cabos nos ordenaron con voz recia  potente y autoritaria ; de frente paso de maniobras, y traspasando la puerta principal del establecimiento militar emprendimos el camino de la estación del ferrocarril. Como nos llevaban formados, las personas que pasaban a nuestro lado comentaban.
-¡Pobres, van a la mili! ¿ adonde los llevaran?.
 Nosotros ya sabíamos el destino, era cerca,muy cerca de la ciudad de Mérida.
 Por Puerta de Palmas, paseaban grupos de soldados veteranos, unos solos otros en grupos y otros paseando con la muchacha de turno, paseaban alegres mirando al río,  otros entre las palmeras y abetos de la plaza de los Reyes Católicos.  Se cuadraban y saludaban al paso del suboficial encargado de aquélla columna, mano derecha a la altura del ros, justamente en el botón que se encontraba en el inicio de la visera. Cruzamos el majestuoso puente de Palmas sobre el río Guadiana, el cual llevaba una crecida considerable fruto de las copiosas y frecuentes lluvias del invierno.
 Era el día 19 de Marzo festividad de San José. Llegamos a la estación de trenes y allí nos esperaba un tren compuesto por cuatro vagones de tercera clase, viejos y desvencijados enganchados a una locomotora de vapor tan vieja o mas que los vagones que enganchaba. Frente y en sentido contrario estacionado en la vía segunda se encontraba el expreso de Lisboa, con vagones de primera y segunda clase todos  muy nuevos y lujosos en proporción a los nuestros, con una locomotora mas potente que la española  pero en el tender en lugar de carbón mineral llevaba tacos de leña de encina.
 El sargento y los dos cabos que nos conducían daban órdenes para que subiésemos al tren, y una vez realizado el embarque la locomotora lanzo un estridente silbido seguido del ruido de las bielas y las ruedas sobre la  vía que  ensordeció la estancia al ponerse en movimiento el tren –Hora y media mas tarde nos encontramos en el cuartel de Artillería numero 12 de Mérida, cuando el sol se había ocultado por las sierras del Arroyo de San Servan y las sombras de la noche envolvían la ciudad. A la vez que las farolas y luces de neón tomaban vida en las calles y plazas de la  ciudad romana.

 

CAPITULO II

 

TRES MUCHACHAS DE SERVIR

 

 

 

 A los tres, es decir a Antonio, José y a mi nos destinaron a la misma  batería, al mismo pelotón  y a la misma escuadra, todo gracias a la letra H con que se escribía  nuestro primer apellido y una vez finalizado los tres meses del periodo de instrucción, los tres nos apuntamos al curso de cabo. Aprobé solo yo y no es que fuese mas listo que mis compañeros ni mas inteligente, los tres éramos iguales solo  el cerificado de estudios primarios poseíamos y tanto ellos como yo teníamos  amor al servicio y disciplina y abnegación para el servicio, Yo tuve mas suerte de no cometer ninguna falta de ortografía en el dictado  y contestar bien el articulo 5º del cabo, nada mas, igual podían haber salido ellos.
 Tan amigos nos hicimos que nos  pusieron por mote la trinca de la H, era casualidad que en doscientos hombres solo nuestros apellidos empezaban por la mencionada letra muda.

 

                                              *    *   *
 Aquel domingo en que los tres íbamos juntos con idea de encontrar alguna muchacha para invitarlas a un refresco, pues  poseíamos dinero porque recibieron ellos un giro postal de sus casas, y yo cobré la  paga de cabo que no era mucho dinero pero para ir al cine dos si teníamos o para tomarnos unas cervezas.
 Las encontramos en la calle Santa Eulalia, iban las tres juntas paseando, y acercándonos a ellas le pedimos dar una vuelta: Costumbre que en Extremadura se entiende por dar un paseo.   Al principio se  negaron a ello, pero como insistimos al fin aceptaron  la propuesta. Nos considerábamos afortunados.
 Antonio eligió a Mercedes, A la que se acercó José llevaba el bonito nombre de María, y yo me quede con  Misericordias. Tres muchachas, tres criadas y las tres tenían la inicial M , por lo que  formaban otra trinca, si la nuestra era la trinca la H. Nosotros  le pusimos la trinca de la M, y así empezó el enamoramiento, porque casi todas las tardes nos citábamos a la misma hora en la calle principal de Mérida. Unas veces las llevábamos al cine Maria Luisa, otras a tomar un refresco a  Casa Benito, y pocas a la Plaza de España a uno de los quioscos que existen allí..
 Ningunos de los seis éramos estudiantes, simples soldados, simples criadas, y cada uno de un pueblo diferente, todos y todas de condición humilde de la clase baja de la sociedad, según  se entendía por carecer de dinero no de honradez y buen corazón.
 Nuestras relaciones eran normales, nos uníamos a ellas cuando el servicio lo permitía,. Ellas tenían todas las tardes libres al menos dos o tres horas, por eso cuando alguno no acudía a la cita por servicios, o el capricho de algún mando, la que  le correspondía, se mostraba triste y desilusionada, , y nosotros  la acogíamos en el grupo casi con  ternura y pena, animándola a que al siguiente día. Siguiente o cuando cumpliera el arresto volvería a ella.
 Dicen o al menos se decía por aquellos tiempos que las criadas no gozaban de buena reputación, que eran livianas, feas e incultas, no digo que como en todos los colectivos no las hubiese, pero las tres muchachas que nos tocaron en suerte  afirmo que eran tres doncellas  de lo mas  casto y cariñoso que pueda haber debajo del sol.
 Los frecuentes paseos que dábamos por la calle de Santa Eulalia y por el Parque  y la Plaza dieron su fruto maduro, pues los seis nos hicimos novios, ya no eran simples paseos era amor, cariño e ilusión de matrimonio lo que  sentíamos,
 Y la trinca de la H, se unió a la trinca de la M,  con un cariño limpio y sincero, como la trinca de la M, a la trinca de la H..
 No se si mi pluma será capaz de describir como eran en belleza  y condición.
 Mercedes era la mayor contaba 23 años, era morena no muy alta, algo regordeta, cara redonda nariz recta ojos negros y profundos, boca regular de labios carnosos y sensuales, el pelo también muy negro largo haciendo ondas suaves. Llevaba siempre un cintillo  rojo o azul en la cabeza a modo de diadema , pechos subidos y se le notaban turgentes y poco voluminosos. Vestía casi siempre una falda a cuadros estilo escocesa, una blusa blanca, y en las estaciones frías se tocaba con una rebeca  verde o azul y a veces con un abrigo  barato. Nunca tenia nada que no lo repartiera entre todos, era muy humilde y jamás  renegaba de su suerte y condición de criada, no envidiaba nada y  lo que ganaba lo mandaba a sus padres por correo, ella se quedaba con muy poco para sus gastos.. Era simpática de  voz dulce  y melosa, su pueblo natal era  Los Santos de  Maimona.
 Maria era rubia, alta y acompasada en sus andares, sus  cabellos como los rayos del sol, tan  abundantes y largos como los de Mercedes, cara ovalada, labios finos levemente pintados, siempre estaba sonriendo para (creo yo) mostrar sus dientes pequeñitos iguales y muy blancos, de andares graciosos y movimientos  rítmicos. Vestía con mucha sencillez, trajes que desechaba la señora, y que ella misma arreglaba a su medida, y cuando el frío era muy intenso se colocaba un abrigo  muy limpio pero descolorido, se notaba que lo había  estrenado otra persona..
 Era simpática, chistosa mas lanzada que Mercedes y Misericordias, y jamás se enfadaba por nada, no podía ver desgracias a su alrededor que con el poco dinero que siempre llevaba consigo favorecía a los indigentes que pedían por  calles y plazas. Era huérfana de madre, mas pequeña que sus hermanos, por lo que el dinero que ganaba era casi todo para ella, ya que a su familia para comer no le hacia necesidad. Había venido de Cabeza del Buey y llevaba en Mérida dos años sirviendo a una marquesa.
 En cuanto a Misericordia, la mía, es mas difícil para mi  retratarla en su físico y sentimientos. Pero voy a tratar de  hacerlo.
Su pueblo era Zalamea de la Serena, era seria y melancólica siempre estaba triste o lo parecía aunque conmigo se mostraba tierna y cariñosa. Su tez era morena clara, de ojos  glaucos inexpresivos, pelo castaño hasta los hombros cara redondita algo chatilla, también regordeta, de voluminosos pechos que se le notaban algo flácidos, de 1 metro y 60 centímetros aproximadamente manos regordetas, brazos torneados y piernas un poco curvadas, sonreía poco pero cuado lo hacia  mostraba unos dientes  pequeños menos los incisivos que eran algo anchos, llevaba un anillo en el dedo  anular de la mano izquierda y decía que era de su madre,   fallecida.
 Vestía mas sencilla que las otras dos, una falda ajada de color   negro y blusa del mismo color, aun llevaba luto por su madre, en el pelo un cintillo como las otras pero negro haciendo juego con su indumentaria, solo le faltaba el velo para  llevar  luto riguroso,  creo que no lo llevaba por  estar en la ciudad de haber estado en su pueblo estoy seguro que no se lo hubiese quitado. Trabajaba en una casa rica con una señora exigente y déspota que la trataba peor que a las criadas, decía que si encontrara otra casa se iba a ella.
 Las tres servían como ya se ha dicho, en casas no muy distantes unas de las otras. Misericordias  era la que  estaba mas cerca del río. Hasta allí las casas eran solariegas, bien construidas y fuertes, pero unos metros mas abajo eran casas endebles de tierra mal apretada algunas  no eran ni casas sino chabolas. Los dormitorios de las tres eran los cuartos mas fríos y lóbregos de las casas. Llegaron un día a Mérida  recomendadas por otras  paisanas que bien porque se cansaron de tanto sufrir  y aguantar las impertinencias de las señoritas y sus niños o porque se casaron, dejaron las casas  cediéndoselas a ellas.
 Y como eran de pueblos, la melancolía de lo que dejaron atrás se apoderaba de ellas, le ocurría igual que a nosotros que faltos del amor del hogar aunque nos gustaba aquella vida azarosa pero también a veces nos sentíamos nostálgicos y tristes por lo que  dejamos atrás.
 Por eso nuestro “refugio” cuando  nos dejaban era la calle de Santa Eulalia, porque allí encontrábamos cierta alegría  que nos olvidaba nuestras añoranzas.
 Y ya sabemos que  en esta vía  conocimos a la trinca de la M, Mercedes, Maria y Misericordias, y aquel domingo  que José nos propuso salir de paseo para bien o para mal las conocimos
 Pasado un tiempo nos gustaba ir solos, al cine y a dar paseos por la ciudad. No solo  paseábamos por la calle de Santa Eulalia, también nos encantaba la estación, ver los trenes llegar y partir, el anden abarrotado de viajeros y aquellas cosas tan sencillas como era comprar en los puestos que las mujeres  ponían en la terminación de la escalera pipas de girasol o avellanas, para convidarlas.
 A una hora acordada nos juntábamos de nuevo en la gran calle, la que era punto de reunión y partida y de  allí  nos dirigíamos al parque  López de Ayala, donde nos despedíamos hasta  la siguiente tarde si no  nos nombraban guardias o nos arrestaban por alguna nimiedad.
 Éramos felices dentro de nuestra situación. Tanto Antonio como José, se casaron con Mercedes y María: yo tuve peor suerte como se vera  amigo lector/ra si no te aburre este relato..
 Como todos los novios nuestras charlas eran de amor y también algo picarescas referente al sexo aunque también hablábamos de la situación en que nos encontrábamos. De política nada, ni entendíamos  ni nos interesaba , además estaba prohibido, nosotros a obedecer y trabajar lo demás nada nos importaba.
 A mi me gustaba visitar los rincones mas encantadores y románticos de la ciudad y Misericordias se mostraba muy complaciente conmigo, por eso  nuestros  paseos eran al teatro romano, el templo de Diana y sobretodo la estación del ferrocarril
. No comprendíamos mucho el valor histórico de aquellas piedras ni el histórico  ni el cultural –artístico, ya que a decir verdad nuestra cultura la mía era muy rudimentaria, la de Mercedes nula, ella mal sabia escribir una carta con muchísimas faltas de ortografía, sin regla de puntuación ni sintaxis, que aprendió  leyendo algunas novelas    las palabras  rebuscadas por el autor no las comprendía en absoluto. Yo había asistido algo a la escuela, pero tampoco pude aprender mucho ya que lo que aquellos maestros de posguerra  que mas enseñaban era cantar el cara al sol y rezar el rosario,  y yo  fui uno de los afortunados, porque don Miguel no era adicto al régimen según supe después y pasaba por alto muchas canciones   del régimen, centrando el tiempo en  la geografía , la geometría y la educación.
 Sabia algo mas que  Misericordias, pero tampoco era un erudito en nada.
 No nos importaba si en aquel teatro se representaron obras de Euripedes , ni quien fue Trajano y otros poetas y dramaturgos de  la época romana  En el circo romano  le comentaba que allí le echaban los leones a los cristianos y otras barbaridades que yo había leído y escuchado, pero ella  no prestaba  mucha atención a mis peroratas. Poco nos importaba aquello. El amor que surgió era mas fuerte que aquellas rudimentarias  nociones mal explicadas de la historia de España.
 Nos hacia mas ilusión un rosal cuajado de rosas que encontramos en  un recodo que todas aquellas piedras milenarias que no entendíamos.
_ Mira Misericordias. Que rosas rojas mas preciosas tiene ese rosal. Son tan bonitas como tu, bueno tu eres mas porque  la flor mas hermosa que pasea por Mérida eres tu mi amor.
 Ella se ruborizaba y miraba al suelo; luego levantando la cabeza me miraba con ojos  melosos y con palabras tiernas me decía
-¡Gracias  Juan!, eres muy romántico, pero no creo que yo sea la flor mas bonita de Mérida. En este jardín hay muchas flores bellas.
- Si pudiera cortar una rosa para tu pecho lo haría. Pero el guarda de esto no estará muy lejos y temo que me sorprenda y si da parte me pueden arrestar.
- No te preocupes- dijo con voz dulce y muy bajita-  a mi me da igual las rosas, lo que me importa es tu amor que nunca, nunca te canses de mi y me abandones.
 La mire y le juré que eso nunca pasaría, que antes muerto que  dejar  abandonada a ella. Y aprovechando que en aquellos momentos no  pasaba nadie por el entorno la besé en los labios. Un beso que me supo a miel, la ilusión mía era tan grande como la suya. No puso resistencia sino que se abandonó y rendida cayó en mis brazos.
 Y con estos idílicos  y dulces  arrechuchos transcurría la tarde y nuestras vidas en Mérida. Pero estaría de Dios que  estas ilusiones no se  consumaran en el matrimonio por  razones que mas adelante se verán..
 Mis amigos y compañeros de mili y las amigas de trabajo de Misericordias, éramos  muy  dichosos, pues los seis nos queríamos con unos amores puros y sublime.
 Sabido es que la falta de cariño  que  allí nos faltaba , el cariño del hogar, de las madres y de  la familia, se convertía en compañerismo entre los soldados y si encontrabas una muchacha en la calle eras mas dichoso de lo que pensabas cuando saliste de casa sin esperanzas de  encontrar un amor  que te alegrase la estancia en  lo desconocido.
 Yo no había tenido nunca novia, alguna amiga en el pueblo pero no mas allá de vana ilusión, quizás se debiera a que   era algo cohibido, por lo que la declaración a Misericordias  me abrió las puertas de la felicidad  cuando  ella acepto mi declaración de amor.
 Se han escrito muchas páginas en la historia del compañerismo del soldado, su sacrificio y abnegación, dar la vida por su patria y por salvar al compañero, es cosa  tan gratificante que yo me sentía orgulloso de vestir aquel burdo uniforme color caqui con  las bombetas de artillero en el cuello, y mas en tiempo de guerra o calamidad pública se conocen casos de soldados que han muerto en inundaciones  o incendios por salvar a sus semejantes siendo anónimos en la historia.
También de humildes muchachas se tienen noticias sin pasar a la historia de que han sacrificado su vida en   estas labores, y si acaso son recordadas con alguna sencilla lápida en un nicho de un oscuro cementerio de pueblo o cuidad.
 La incomprensión es grande si se trata de seres humildes, desheredados y oscuros por no tener  en su vida quien las  avale, es decir no tener un padrino que la ensalce en tan nobles causas
 Y se escucha “ Bah es un simple soldado, o una simple criada que se ha encontrado con eso y no ha tenido mas remedio que  estar por azar en ese lugar y encontrar la muerte, sin querer ni esperarla. Otras personas compadeciéndolas o compadeciéndolos exclaman “¡ Pobres, que mala suerte han tenido!.
 En la vida sosegada, en los paseos, en las calles  nadie tiene en cuenta a la pobre  criada , “ Es una  fámula; bah, no vale la pena,  se ven casi despreciadas, por eso en las ciudades donde existe una guarnición, encuentran calor en el soldado y el soldado en ellas.


CAPITULO III

LA  TORMENTA

 No todos los hombres somos iguales, eso es bien sabido.
 En cuestiones de amor  los hay muy sensibles, otros por el contrario son ásperos, y nada les importa hacer desgraciada a una mujer que , ciega se  ha entregado  por amor.
 Nosotros tres éramos de los primeros, de los sensibles. Tampoco todas las mujeres son del mismo pensar; unas son zalameras y embaucadoras, con arte para engañar a los hombres cuando buscan algún provecho para ellas o sus familia. Otras por el contrario son dulces, abnegadas humildes, sin importarles los intereses cuando de verdad quieren a un hombre.
 A este grupo pertenecían las tres criadas que nosotros bautizamos como la trinca de la M. Así éramos los seis. Por lo tanto nos envolvimos en unos amores puros, humildes y apasionados. Pero a veces el destino nos juega malas pasadas y con nosotros la  mala suerte se cebó  bien, o sea mucho..Lo mismo que un gran temporal de viento y agua juegan las olas del mar embravecidos con un gran barco y el timonel no lo puede llevar a buen puerto, así nos  golpeó como  esas olas descriptas golpea los acantilados de la costas mas bravas que aunque se rompen dejan huellas,
 Mi barca nunca llegó ni a buen puerto ni a mal puerto porque naufragó en medio de las aguas.

                                             *    *    *

 Aquel atardecer nos despedimos como de costumbre en la puerta del parque López de Ayala como era  costumbre, pero no sabemos porque, quizás por la tormenta que se avecinaba  nuestras almas estaban tristes  como si presagiaran la catástrofe.
 Aquella tarde  una hora o dos antes paseábamos por las plazas y calles de la ciudad,. No teníamos dinero ni para asistir a una sesión de cine en el Maria Luisa, que era el mas barato, y menos tomar un café en Casa Benito o los quioscos de la Plaza de España,
 Y dábamos vueltas y mas vueltas por la calle de Santa Eulalia y la Rambla. El calor  se hacia insoportable, sofocante como  es en Extremadura el mes de Agosto, un verano completamente seco  que heredó de una primavera de las mismas características.
 Eran sobre las nueve de la tarde y unos nubarrones negros con filamentos plateados iban cubriendo todo el cielo de Mérida, Se levanto un siroco como del desierto, asfixiante que barría las ciudad. Ya nos encontrábamos en el parque muy cerca del cuartel. Los tres bancos que rodeaban una fuente se desocupaban a prisa, huyendo de la que  teníamos encima. Misericordias era la mas nerviosa de todos,  Inquieta  estaba a punto de llorar como si se barruntara algo bastante malo.
- Estoy preocupada, ¿por qué no nos vamos ya?-dijo con voz apagada entrecortada.
- Si, -dije-, vámonos ya esto se pone feo ¿ ¡Que tienes Misericordias? Porque tanto miedo.
 Intente hacerme el valiente, aunque  tenia tanto miedo como ella y la pandilla.
-¡Bah,! no tengas miedo esto van a ser cuatro gotas- le dije para animarla y animarme yo también..
 De pronto se paro y a bocajarro dijo.
-Creo Juan que  nosotros no nos vamos a casar, ni a vernos mas, no se que tengo esta tarde! Me siento muy pesimista y triste.
- Vamos misericordias, no digas bobadas no me hagas reír ¿ Porque dices eso?
-Porque nos queremos mucho y yo siempre he sido muy desgraciada- Nunca me ha salido nada bien. Mi madre murió siendo yo una niña y desde entonces no he hecho mas que sufrir.
 Por lo que me contó supe que su padre se casó en segundas nupcias y a ella la madrastra la trataba muy mal, hasta el punto  que se tuvo que ponerse a servir para  alejarse de aquella casa que se había convertido en un infierno para ella.
Un relámpago con ramificaciones como sarmiento de vid, cruzo todo el cielo de Mérida, seguido de un horrísono trueno que a todos nos asustó y cada  uno nos marchamos a nuestros domicilio, ellas a sus respectivas casas nosotros tres al cuartel.
 Los temores de Misericordias, se me clavaban en el alma. Había comprobado que me quería de verdad igual que yo a ella, y el decirme que tal vez fuese la última vez que  nos viéramos    no me lo podía quitar de encima.

 
Cenamos y  tocaron silencio, se apagaron las luces del
 

 

dos

 
 

dormitorio y solo quedó sin acostarse el imaginaria, que velaba  nuestros sueños, pero los sueños   se despertaron pronto.
 Los relámpagos que se metían por los intercisos de las ventas iluminaban todo, los truenos eran horribles y el agua caía con fuerza, era una noche infernal.
¿ Llegarían las muchachas a sus  cuartos secas y bien? A los tres nos preocupaba. Dormíamos cercas  los tres, en la mili todo se hace por las letras del apellido y las nuestras eran   como sabemos las únicas  que  había en aquella batería.
 Cuchicheábamos despacio para que el imaginaria y el cabo de cuartel no nos oyera, pues podía costarnos un arresto, pero  los tres le rezábamos a Santa Bárbara,  nuestra patrona y  abogada de las tormentas para que cesara  y mas para que nuestras novias estuvieran bien y tranquilas..

 

 Existía por aquellos entonces  un barrio de casas muy frágiles y chabolas que  sin guardar simetría se alineaban en la margen derecha del río. Eran las viviendas de los desheredados, de la clase mas humilde de la ciudad, también existían rateros  , carteristas y algún burdel medio clandestino.
 Unos habían comprado aquellas frágiles  moradas con miles trabajos y adeudándose con  los dueños anteriores, otros  las habían levantado por su cuenta y otros se entraron en ella sin permiso. Aquel terreno era propiedad del río, pero algunos “listos” se apropiarían de el para venderlo   a los  mas necesitados, por  poco dinero.
 No se si pagaban contribución, ni si tenían escrituradas las casitas de adobes y cañas, yo creo que no, aquel barrio estaba  dejado a la mano de Dios, la policía iba poco o nada por allí, y si acaso alguna pareja de la Guardia Civil en servicio rutinario eran los uniformes que  se  adentraban por aquellas callejuelas. Algún soldado  mas osado buscaba  satisfacer sus instintos en alguna de aquellas casas de mujeres ajadas mas por la vida  de sufrimiento y  penalidades que por su edad.
 Existía  un pequeño hospital local, y también una casa de socorro para atender los casos menos graves, ya que los graves  eran desplazados al hospital provincial de Badajoz.
 Acabamos de conciliar el sueño entre relámpagos y truenos, cuando  el corneta de guardia tocó genérala.
 Un  zumbido como de colmena se extendió por todo el cuartel.
 ¿ Que pasara? Cuando tocan a genérala algo grave ocurre. Nos atacaran.  Que va esto es para hacernos la puñeta. Los sargentos metían mas prisa de lo que podíamos para que nos vistiéramos de cualquier manera, había que salir y pronto.
 Las luces se encendieron todas y entonces llegó el teniente.
-¿ Sargento están los hombres listos?- Preguntó atropelladamente. Llevaba cara de sueño, a el también lo habían despertado como a los sargentos y  a la tropa.

  1. Si, mi teniente, todo esta listo.

 Se subió el oficial a una litera  en el momento que se fue la luz.
-¡Vaya lo que faltaba! – dijo  con  voz grave y  de     mala  leche como  suelen decirlo cuando la cosa no  salía como se  deseaba.
 Alguien ordenado por el sargento,  encendió cerillas, se buscaron velas y a la luz mortecina y tenebrosa de dos  velas en el gollete de unas botellas de vino el teniente  dijo.
 -Soldados ha ocurrido  una desgracia. El río se ha desbordado y a alcanzado al barrio  bajo inundando casas y  llevándose  enseres y personas   la riada. Los bomberos no pueden con todo, tampoco la Guardia Civil que llevan  algún tiempo intentando salvar a las personas, entonces han recurrido a nosotros.  Y un soldado siempre está dispuesto no solo a dar la vida por la patria , también por sus semejantes que al fin y al cabo  forma parte de ella. Así que en marcha sin perder mas tiempo.
 Y sin perder un segundo salimos en tropel por las puertas del cuartel,
 La lluvia no había cesado aunque si  había amainado algo. Las calles eran auténticos ríos de agua
 Algunos ni se habían enterado.
¿ Que pasa?- preguntaban alelados.
¡ La tormenta!_ les respondían desde el tropel de soldados a medio vestir.
 ¿ Y que coño tenemos nosotros que ver con la tormenta?- preguntaban los de siempre, los  apáticos los que renegaban de todo.
Dicen que el río se ha salido fuera de madre, y a cogido a las casas  que están cerca de el.
 A ya .la de las putas.
¡Hombre! También son personas, ademas no solo viven esas mujeres hay mas personas que necesitan ayudas.
Pues que vayan los bomberos.
Ya están allí y los civiles también. Se dice que hay muertos.
 Siempre radio macuto  emite bulos aunque en esta ocasión por desgracia  era verdad.
- ¿ Como estarán las muchachas?- me preguntó José
-Bien hombre. Ya sabes  que donde se quedan son casas muy fuertes y alejadas del río es difícil que allí lleguen las aguas.
-No te preocupes José- le dijo Antonio ellas están seguras, además la tormenta ya  va amainando.
 Los camiones se encontraban ya en la puerta del cuartel.
“¡Arriba! Rápidos “ordenaban los sargentos y cabos primeros. Otros  camiones iban cargados con picos y palas, redes y cubos, , para achicar agua de las casas, eso creíamos, pero poco iban a servir las herramientas ante un río embravecido y sin control.
 En el trayecto que salvamos en los camiones hasta llegar a la zona siniestrada no hablaba nadie.  Inquietos temerosos y preocupados íbamos todos o casi todos.
 Absorto con mis pensamientos cerraba los ojos y recordaba las ultimas palabras de Misericordias. “ Yo no tengo suerte en la vida, seguro que  no nos casamos y quizás esta sea la ultima vez que nos veamos”
 Estos pensamientos bullían en mi cerebro. Recordaba lo feliz que me había hecho en el teatro romano, en el cine Maria Luisa, y en la Calle Santa Eulalia, en Casa Benito y en  los quioscos de la Plaza de España.
 Ella me juro quererme hasta el fin de su existencia.  Estaba muy enamorada de mi, quizás que mas que yo de ella, era un ser falto de cariño de amor, en su pueblo, aquel pueblo extremeño que Calderón de la Barca hizo famoso con un Alcalde. A veces yo le hablaba si sabia algo de la historia del Alcalde de Zalamea y ella  me respondía que poca cosa, que la hija de aquel alcalde que mató a un capitán de los Tercios españoles  , lo ajusticio por abusar de su hija Isabel y poco mas. Yo le decía que ya era bastante, mas o menos lo que yo sabia.
 En sus miradas había bondad dulzura y  tristeza, merecía que yo  cumpliera el juramento que le hice de casarme con ella y llevármela a mi pueblo, y así lo hubiese hecho sino se hubiese desencadenado aquella tormenta.
 Cuando nos bajamos del camión un espectáculo dantesco se nos presento a los atónitos ojos con las luces de los faros: Las aguas discurrían mas allá de lo que suponíamos, arrastrando  muebles  mesas viejas camas  desvencijadas y ropas  muy usadas. Los Gritos de ¡¡ Socorro! ¡ Auxilio!  Nos hacia temblar,
 Algunos cadáveres  flotaban en las aguas que se escapaban al intentar cojéalos. Los Bomberos y la Guardia Civil , se empleaban a fondo, pero necesitaban mas medios y sobretodo mas personal, y llegamos nosotros, simples soldados la mayoría de reemplazo aunque también los había voluntarios  para  intentar salvar las vidas de aquellos seres que  el agua del traicionero río segaba y se llevaba hacia   nadie sabia donde. En la oscura noche, sin luna ni estrellas, nos alumbrábamos con linternas y  los faros de los camiones.
 Como siempre estábamos los tres juntos, los amigos inseparables, para lo bueno y lo malo. En el servicio militar se hacen buenos amigos, yo quedo constancia de ello, por si alguien lo pone en duda.
 Íbamos provistos de un pico y una pala, y aunque parezca  una tontería la pala es una herramienta muy eficaz en estos casos, ya que con ella apartábamos el barro que dejaban las aguas y en aquel  pegajoso y repugnante lodo encontrábamos de todo, animales muertos y otros   moribundos, sillas, cómodas y hasta  algún cadáver de niño y  anciano, también intentábamos con la pala alcanzar las aguas que  llevaban  con el ímpetu de la corriente, personas y enseres tratando de salvarlas y algunas  conseguimos  que  no murieran arrastradas por aquella  corriente que todo lo arrasaba.
 En esto  oímos la sirena de una ambulancia de la Cruz Roja que a toda velocidad  llegaba  al río con mujeres enfermeras y otras que no lo eran, eran simples voluntarias que enteradas de la  catástrofe, se prestaron a socorrer y cuidar a las personas damnificadas.
 Bajaban con bastante rapidez, las enfermeras  iban vestidas con su uniforme, pero las voluntarias  vestían con ropas de casa con las suyas.
 No eran obligadas a exponerse  ni a  permanecer en aquellas  ambulancias ni fuera de ellas, tratando de dar consuelo a las personas que el destino  en mala hora se cebó con ellos. No, ellas eran  simples mujeres del pueblo , muchas sirvientas que nada le iba ni venia aquello para  permanecer la noche en vela.
 Estaban allí porque sus corazones eran  hermosos, tiernos y duros a la vez, eran valientes, abnegadas y  humanitarias, si la abnegación y el humanitarismo no es lo mismo.

 

CAPITULO IV

SUBLIMES  ACTOS

 

Y en aquel  lugar de muerte y destrucción, en aquel caos no las encontramos. Las  tres, Mercedes Maria y Misericordias, la trinca de la M, como nosotros los  de la trinca de la H, las bautizamos, aquella tarde primaveral en la alegre calle de Santa Eulalia.
 Al enterarse de  que el río se había desbordado, y que necesitaban personas y ropas y   medicinas y todo lo que fuese útil, se presentaron las tres que aun no se habían acostado y se llamaron una a las otras presentándose en el centro de la Cruz Roja.
- Venimos dijo Mercedes a  colaborar en  lo que podamos, queremos ser enfermeras  voluntarias, algo sabremos hacer. Traemos estas mantas de nuestras camas por  si hacen falta, que estamos seguras que si.
 El director las miró sonriente para decirle que eran unas valientes, y que  cuando todo acabase se les tendría en cuenta,  Fueron otras mas, muchas, y siempre  mujeres sencillas, del pueblo sin títulos ni fortuna, pero allí estaban dando una lección de  altruismo, bondad y  amor al prójimo.
 ¡Pero que gesto mas sublime y humano el de nuestras novias!. La verdad es que nos sentíamos en medio del dolor orgullosos de sus comportamiento. Porque nosotros estábamos allí porque nos obligaron, ellas estaban por su propia voluntad sin mandárselo nadie. Eso tenia el doble de valor.

 ¡ Mamá! Mamá- Gritaba un niño flotando en las aguas. Un niño de unos seis años.  Pero  era un peligro  lanzarse al río a rescatarlo de las aguas, sin correr el peligro de que la corriente  del agua te llevara.
 El niño gritaba que se ahogaba, nadie  sabia donde estaba su madre. El niño se alejaba río abajo, iba  cerca de la orilla pasó cerca de Misericordias, mi novia, la marmota como algunos soldados  calificaban a las muchachas sirvientas.
 No lo pensó dos veces, su corazón se sintió materno y aquel niño  creería ser suyo haber  estado en sus entrañas. Y lo malo es que no sabia nadar,. Se tiró al agua  intentando salvar a la inocente criatura, pero ¡ay! La fuerte corriente se la llevaba igual que a una ramita seca, La infeliz gritaba ¡ Auxilio! ¡Socorro! Salvadme que me ahogo.
 Escuché sus peticiones de auxilio, pues no estaba muy lejos de ella. La vi  hundirse y salir a la superficie de las  turbulentas aguas, no pude  quedarme impávido,  no lo pensé y despojándome de la guerrera me tiré al río intentando salvarla. Era un suicidio, una temeridad pues tampoco yo sabia nadar, aunque de poco me hubiese valido en aquellas impetuosas aguas. La corriente jugaba conmigo como  una  barquichuela en medio un mar bravío. El niño se perdió para siempre a ella a Misericordias la veía cada vez mas lejos, yo me ahogaba  movía los brazos que se me entumecían y las piernas y esto quizás lograra  tenerme en la superficie. Cuando ya creía que la alcanzaba, cuado estuve a punto de agarrarla por su falda, sentí un fuerte golpe en la cabeza y perdí el conocimiento.
 Allí hubiese terminado mi  pasión, mi ilusión por ella, mi orgullo de vestir el uniforme que me gustaba tanto. No se que ocurrió pero al despertarme  estaba en una confortable y mullida cama del Hospital  de Mérida. Junto al lecho, se hallaban Mercedes, María, Antonio y José.

 

CAPITULO   V

¡ADIOS MI AMOR!

 

 

 Miré para los lados, aun me hallaba algo atontecido por el golpe, la cabeza la tenia vendada y me dolía, pero  reaccionaba y estaba consciente. Mercedes y María  se inclinaban hacia mi.
-Ya pasó todo-decían con voz dulce y  animosa. Eso que tiene no es nada, Gracias a Dios, todo paso.
 Antonio y José me animaban.
- ¡Chacho,! que pronto no estas mandando en las guardias,   pronto te darán el alta, luego seguramente te conceden permiso y hala después a jodernos con tus  galones.
 Querían animarme, Gracias amigos, gracias amigas, pero lo hacían  a la fuerza, fingían alegría. Me di cuenta de que Misericordias ni estaba allí ni la mentaban para nada.
 Le cogí las manos a las dos muchachas, se las apretaba con fuerza, y ellas estuvieron a punto de llorar, se estaban descubriendo. Esperaban mi pregunta y no sabían como responderme.
Y Misericordias ¿ donde está? ¿Se ha salvado?_ pregunte con voz trémula.
- Si, se ha salvado. Estate tranquilo- me respondió Maria, pero su tono  entrecortado por el llanto que pugnaba romper comprendí que me mentía. Una mentira piadosa
- ¿ Y donde está?
 Maria no pudo mas y rompió en copioso llanto. Fue Mercedes la que haciendo un gran esfuerzo me dijo que en la sala de las mujeres. Que se hallaba algo enferma pero que le pasaría pronto.
 En esto que llegó la enfermera con  el termómetro. A un ruego suyo, Antonio José y las muchachas desalojaron la habitación. Según la enfermera no podían permanecer mas tiempo yo necesitaba descanso
 Seguro que  la fiebre  volvió, pues me quedé dormido y  soñé cosas horribles. Escuche a un médico y su enfermera decir que estaba delirando.
 Este hombre está grave- decía el médico necesita mucho reposo y tranquilidad,
 Hablaban muy bajo, pero yo percibía algunas palabras sueltas..
 Pasaron los días y mejoré considerablemente.  En las tardes iban a visitarme Mercedes y María, las enfermeras las dejaban toda la tarde conmigo. Era un alivio para mi, porque   lo que yo pedía lo que necesitaba allí estaban las dos   muchachas para complacerme. También cuando podían  iban Antonio y José y  los cincos pasábamos la tarde charlando, solo faltaba Misericordias,  pero me engañaban diciéndome que pronto estaría conmigo pues mejoraba  muy rápida.
 Una tarde   soleada, quise  ir a verla, yo estaba mucho mejor me levantaba y paseaba por la habitación y el pasillo. María se ofreció a   llevarme al jardín a tomar el sol. Yo le dije que podíamos  visitar a mi novia, pero me  decía que allí aun no dejaban entrar a los hombres. Mentira, todo era mentira. Lo único que era verdad es que Misericordias no había muerto todavía. En cuanto tuvieron noticias de lo ocurrido, mi madre , mi padre y mis hermanas fueron a verme, como es lógico. Se lo comunicaron Antonio y José en  conferencia .telefónica , del Regimiento nada le  hicieron   saber, quizás  por no alarmarlos en una herida que aunque grave mejoraba por minutos, gracias a mi salud, pues según los médicos estaba tan sano como una manzana recién cortada del árbol.
 Mi madre vertió algunas lágrimas pero al verme tan restablecido se consoló, Mi padre se sentía orgulloso de mi acción, aunque no sabían que lo hice por amor  mas que por altruismo, y mis hermanas me consideraron un héroe.
Mi padre y mis hermanas se marcharon, tenían que trabajar en el pueblo y cuidar de mi padre, pero mi madre se quedó,  Dormía cuando la echaban del hospital en una  casa de huéspedes no muy lejos de la plaza de España.
 Mercedes y Maria la pusieron al corriente de la catástrofe, de cómo nos habíamos echo novios lo seis y de lo  bueno según ellas que yo era.  Mi madre se alegro muchísimo de todo ello, y quiso conocer a Misericordias Pero  no nos dejaban entrar en la habitación donde se encontraba. Yo que había mejorado considerablemente me ponía en lo peor y  en cierto modo no me equivocaba. Por fin a tanto ruego de mis amigas y mi madre aceptaron a que entrásemos a verla,
 Postrada en la cama, casi no nos conoció. Al cabo de un rato y decirle yo quien era, una sonrisa triste afloró a sus  morados labios. Le cogí las manos, que las tenia heladas y le susurre.
_ Misericordias, amor mío, pronto estarás buena y entonces nos casaremos, nos iremos a vivir a mi pueblo. Yo trabajare en el campo, ¿ no te gusta el campo? Y tu no tendrás que servir mas.
  En la habitación se encontraba la señora, había ido varias veces a visitarla, pero  pasada la hora de visita o antes se marchaba a su casa y quedaba sola al cuidado de las enfermeras. También Maria y Mercedes permanecían  con ella un poco tiempo hasta que las echaban..
 Su padre fue a verla, pero su madrastra no se digno  aunque estaba enterada de lo que había hecho la muchacha,
 Al rato llegó una monja, que también hacia de enfermera y  sin miramiento alguno lo espectó.
- Hija debes de confesarte y tomar comunión, porque de un momento a otro puede ocurrir cualquier cosa . y estas en pecado, ya sabes  las relaciones fuera del matrimonio es un pecado.
¿ Que quería decir  aquella monja con esto? ¿ Le habría dicho ella que mantuvimos relaciones intimas una tarde  en la orilla del río, al salir del cine? Me extrañaba mucho, porque Misericordias era muy recatada y muy buena. Si, lo hicimos pero no por vicio ella por amor, por complacerme a mi que me veía  muy sofocado. No era de las que se entregaban fácilmente ¿ o si? No lo se, solo se que era buena, cariñosa y abnegada, si no era virgen era santa porque lo que hacia era de santa. Muchas veces  compraba  un bocadillo y se lo daba a cualquier chiquillo zarrapastroso que encontrábamos  pidiendo limosna por alguna esquina, o los alrededores del teatro romano..
´
 Pecando de imprudente me encare con la sor y le pregunté.
- ¿ Y usted porqué dice eso ¿ Que sabe si ella está en pecado o no?
 No me respondió airada, pero con una sonrisita maliciosa y con desdén dijo.
- Pregúntelo al médico que la ha reconocido de arriba abajo, el le dirá lo que lleva en su vientre.
 Entonces lo comprendí. todo. Misericordias se hallaba encinta, y en peligro de muerte. No me pude contener y las lagrimas inundaron mis mejillas. No solo iba a perder a ella, también a mi  hijo, porque bien  seguro estaba de que aquel ser que llevaba en sus entrañas era  el fruto de aquella tarde en la orilla del río, entre los arbustos que  nos ocultaban
 A todos nos impresionó la noticia la del embarazo y la otra la mas grave la de no sobrevivir a su estado, porque  no fue solo  el esfuerzo físico ni   que la sacaran medio ahogada es que se le declaró una doble pulmonía muy difícil de curar.
- Embarazada siendo de pocos meses novios. ¡ Vaya!...¡Vaya...!
 Creo que fue mi madre, quien pronunció estas palabras; aunque  con la congoja que tenia no  pude precisar de quien era la voz-.

                                         ***
 A los pocos días de aquello me dieron el alta. La herida cicatrizó y ya me  encontraba completamente restablecido. Quiero dar las gracias a los médicos y  enfermeras, a las monjas y practicantes a Maria y  Mercedes, que tanto me animaron y ayudaron, pero en especial al soldado que me salvo la vida, al  compañero entrañable que no le importó despojarse del uniforme y lanzarse a las  turbulentas aguas a salvarme.
 Al otro compañero que aunque medio muerta consiguió llevar por los cabellos a mi novia a la orilla donde la cogieron las  enfermeras y sus amigas y la llevaron al hospital  practicándole la respiración artificial y otros cuidados.
 Me gustaría  expresarle mi gratitud con otras palabras mas elocuentes, mas entrañables y  emotivas, pero mi  pluma no alcanza a mas, creo que con esto queda suficientemente  probada mi gratitud
  Como no podía ser de otra manera, el salvador de Misericordias fue Antonio  Hidalgo. El otro el que me salvó a mi fue un soldado llamado Jacinto, un héroe que si no hubiese sido por su profesionalidad y arrojo esta historia no se hubiese escrito nunca.
 Dos hombres que merecen  todo mi apoyo y consideración

   Misericordias se hallaba muy mal, muy enferma, la corriente la arrastró mas de cien metros antes de ser rescatada por Antonio. Cuando la llevaron a la ambulancia estaba muy extenuada, había tragado mucho agua, y aunque fue asistida con prontitud, ya  los pulmones estaban bastante tocados y todo su organismo, no pudo  sobreponerse a la neumonía doble..
 Por otro lado el embarazo que aunque solo de  dos meses y medio, (el tiempo que había transcurrido desde que visitamos el teatro romano) estaba el feto muerto dentro de su  vientre, produciéndole  infección en los ovarios, todo a causa del lanzamiento al  río para salvar al niño. Nadie sabíamos nada de su estado ella lo guardo quizás para evitar la vergüenza que en aquella época era  salir encinta de soltera y no tener el consuelo de nadie, ni a nadie a  quien confiara su estado, aunque si fue por eso se equivocaba, porque allí estaba yo, María Mercedes, José y Antonio que la hubiésemos apoyado en todo. Además ella sabia que yo ya jamás la abandonaría, pues le lo juré y  ya me conocía lo bastante para saber que yo no  la defraudaría.
  Todos nos hallábamos aquella tarde en su habitación del hospital, donde mi novia luchaba desesperadamente entre la vida y la muerte: Rodeábamos el lecho donde yacía. Mercedes y Maria desechas en llanto. Las enfermeras que se hallaban presentes disimulaban como podían que las lágrimas no asomaran a sus ojos. En cuanto a mi madre estaba seria muy seria, confusa, preocupada, disimulando  también como las enfermeras las lágrimas que querían brotar de sus ojos. La monja nos invitó a que rezáramos por su alma, no se si alguien le hizo caso. Si, algunas mujeres bisbearon una oración. Llegó el capellán del hospital  y le dio la absolución.
 En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. Nos santiguamos todos, y rezamos. En los últimos momentos de su vida, sus labios pálidos sonreían, sus dulces ojos se le iban poniendo vidriados y su cara sonrosada que fue en  otros días se tornó como la cera
 Le cogí la mano, me miró y  expiró con  su sonrisa en los labios.
-¡ Adiós mi vida! ¡ Adiós mi amor!  Dios no ha querido que  gocemos de nuestro amor, de nuestra dicha - exclame sin poderme contener. La besé en la cara, aun caliente, que ya se empezaba a enfriar. Luego la besó Mercedes y  Maria y a continuación Antonio y José.
 Al entierro asistimos todos los amigos, su padre, su madrastra no acudió) Algunos soldados que pidieron permiso y muchas criadas que se enteraron de su muerte. Un entierro sencillo, llevada a hombros desde   las capilla del hospital hasta el cementerio. Detrás del féretro, su padre y yo como los mas dolientes. Luego José y Antonio,  Mercedes y Maria  llevaban  de la mano  las cintas blancas de la única corona que le compramos.
  El entierro de tercera lo pagó su  señora, o sea su ama como ella decía, y el ayuntamiento le  regaló el nicho en un rincón apartado, cerca de un ciprés. La lápida la costeamos entre   los cinco, y en la inscripción  ponía

                                Aquí  descansan los  restos de Misericordias Sánchez, que murió como una heroína. Su padre y amigos no la olvidan.

 Una  Cruz presidía la lápida. Mientras estuve en Mérida nunca le faltaron flores. Después  de que nos marchamos, Mercedes y Maria se  encargarían de llevárselas.

 

 

 

 

tres



 

CAPITULO VI

LA VIDA SIGUE

 

 

 La muerte de Misericordias cayo en mi alma como una losa, tan pesada que  parecía imposible apartarla,  Con ella se fue mi alegría  la ilusión. Andaba como sonámbulo, distraído, apático. Así transcurría mi vida. Antonio seguía con Mercedes y José con María. Yo casi no salía de paseo y si  salía era para llevar flores a su tumba.
 A veces nos juntábamos en el cementerio y Mercedes me animaba a que me fuera con ellos de paseo, a casa Benito a tomarnos unas copas o al cine Maria Luisa.
 Yo le daba las gracias para decirle que no, que me era imposible que donde mas a gusto me hallaba era en el cuartel, tendido en la litera contemplando la foto que nos hicimos en el parque. aquella tarde de primavera cuando solos paseábamos  por el jardín y un fotógrafo ambulante nos  invitó a perpetuar  aquel paseo, lo aceptamos y los dos  salimos muy favorecido. Yo con mi uniforme de artillero y mis galones de cabo: Ella con su falda azul plisada, su cintillo y su blusa blanca.
 Mi capitán, el teniente y los sargentos, me perdonaban las faltas de atención y a veces de puntualidad cometidas, conciente de  mi pena, ya que estaban enterado de todo por  los  compañeros. Por su parte  los cabos compañeros míos  lo mismo que Antonio y José no dejaban de darme consejos y animarme.
- Mira que te puedes buscar un paquete. Anda hombre, lo que no tiene remedio  no lo tiene. Ella la pobre estará en el Cielo, y tu  tienes que rehacer tu vida porque la vida sigue. Y mujeres no te han de faltar.
Yo seguía igual apenas hablaba  sumido en mi dolor.
 Al verme en este estado   y llegado al oído del Coronel,  me concedió 20 días de permiso: pero en mi casa seguía igual. No se merecían esta actitud mis padres y mis hermanas, en particular mi madre que siempre como casi todas las madres de desvivía por mi.
- Ella ha muerto como una santas- me decía mi hermana al verme tan compungido Dios la tendrá en su gloria, pero  no te vas tu a morir tu también, era novia de pocos meses, se que el amor  de verdad entra muy fuerte.
- Si, hermana es verdad pero... ¡si tu supieras lo que nos queríamos...!
- Me lo figuro, también yo estoy enamorada. Pero por Dios hermano eso ya no tiene remedio. Aquí en el pueblo hay muchachas que se que  están locas porque le digas algo, y tu ni pum. Son buenas muchachas Maria la del señor Pedro por ejemplo, o Rosa la del piconero, muchachas muy  honestas y limpias y tampoco son feas. Decídete, ya veras como  alguna  se alegra y te con suela esa pena.
 Los consejos de mi hermana  me  animaron un poco, pero  nada le dije a ninguna, y así me pase los  19 días  que permanecí en casa.
 El ultimo día cuando en mi habitación hacia la maleta entró mi padre.
- Juan- me dijo en tono grave, tengo que hablarte.
 Mi padre nunca me habló tan serio como aquella vez. Yo para el era un  hijo bueno, un buen muchacho como  decían en el pueblo.,  nunca le desobedecí en nada, y trabajaba desde los quince años en que me  sacó de la escuela, con gran dolor de mi madre de el mismo y del maestro, que decía que yo prometía.
 Deje de hacer la maleta, me puse en pie y  le dije que  me dijera lo que tenia que decirme, todo con mucho respeto y  sumisión.
-Mira hijo no tienes derecho ni a sufrir ni  a hacer sufrir a los que te queremos, en particular a tu madre. Una madre es lo primero y ella sufre viéndote sufrir, así que en consideración a ella mas que a nadie debes de mostrarte  alegre. Ten cuidado que estas en el servicio militar y allí no entienden de penas ni  amoríos, allí el amor que te inculcan es a la patria y de ahí no hay quien los saquen. Así que se digno de esos galones que te has  merecido según carta del coronel que he recibido  poco antes de tu llegar.. Eres muy joven y tienes que pensar en tu futuro se que te ha dicho tu hermana que aquí hay buenas muchachas que beben los vientos por ti, y tu como si nada. Yo también  fui novio y aunque no he tenido la mala suerte que tu, se lo que es el amor primero, pero  la muerte no tiene remedio, y la vida sigue. Así que hazme el favor de cambiar, lo digo por tu bien y el de todos nosotros..
- Está bien padre; tratare de olvidar, y  perdóname si os hago sufrir., no es esa mi intención. Voy a terminar de  preparar la maleta que el tren sale a las  cinco de la tarde y ya son las tres.
 Mi padre sin poderse contener me abrazó. Mi madre y hermana estaban escuchando tras de la puerta  entraron  y me abrazaron .
- Ya veras hijo como  encuentras otro amor que te haga olvidar el anterior y mas  quitarte esa pena que te embarga.

 

CAPITULO VII

A   MELILLA

 

 

 

Terminado los veinte días de permiso, regrese al cuartel. Los consejos y consuelos que en mi casa me habían dado me sirvió para que la pena  se me mitigara bastante. Pensaba que lo que me dijeron mis padres y hermanas era la verdad. Ya  a Misericordias no la iba a sacar de donde estaba, y la vida  que tiene muchos altibajos no  se me terminaría por  un amor que ya no existía, ahora  mi  proyecto era finalizar la mili y luego ya veríamos, aunque la vida militar me gustaba empezó a gustarme aun mas, me sentía militar de vocación, y si tenia suerte y ascendía a cabo 1º no me importaría  firmar un compromiso hasta llegar a suboficial, Luego como se verá  continué siendo militar pero en  cuerpo distinto.
 Cuando llegue al cuartel era anochecido, poco antes de lista, el tren llegó justo a las ocho y media de la tarde.
 La tarde era primaveral a pesar de  ser verano, Un vientecillo fresco  barría la ciudad de  oeste a este haciendo que la tarde fuese muy agradable.
 Nada mas  penetrar por la batería  me esperaba “radio macuto” informándome.
“ Dicen que los moros quieren  que  Franco les de Ceuta y Melilla y que el Caudillo se resiste a la absurda petición, por lo que va a reforzar con tropas las dos ciudades. Se dice que la mitad de este regimiento vamos a marchar allí, aquí se quedaran los voluntarios y elegidores de cuerpo, los de reemplazo  somos los elegidos para partir.”
 Los listillos de siempre aseguraban que la situación era belicosa  y que la Legión y los Regulares ya habían entrado en combate, todo era una mentir pero  las mentes calenturientas y cobardes veían muertos donde solo había rasguños.
 Lo que si era cierto es que al día siguiente se personó en el regimiento un oficial de la Legión pidiendo voluntarios para el tercio de Melilla.
 No lo pensé dos veces, el recuerdo de Misericordias seguía martirizándome el cerebro y el corazón, por mas que lo intentaba no conseguía borrar  su recuerdo, . Quizás y así lo dicen que  el amor es ciego, y ese fue mi primer amor. Quise  irme a la Legión para  olvidar  pero también por el peligro que dicho Cuerpo  conlleva, así si una bala mora me mata  me reuniere con ella en el cielo ,pensaba.
¡- Yo, ni capitán me voy con usted ¡.
- Muy bien valiente. Que el sargento  te tome nota. Eres cabo según veo, pues tus galones también conservaras en la Legión.
  Fui el primero en salir, detrás de mi  se alistaron otros muchos.
 Aunque  el lector ya se lo habrá figurado, no me fui a la Legión por valiente, ni tampoco por   dinero ni medallas, ya lo he dicho me alisté para  poder olvidar a Misericordias o que la muerte me llevara con ella.
 A las diez horas de un día de verano en el que el sol era implacable, subimos en  el tren 60 de mis compañeros. Mis  mas entrañables amigos Antonio y José, se quedaron atrás. No quisieron ir quizás a una muerte segura eso creían y hasta nosotros los voluntarios lo creíamos, pero  de todas formas nos llevarían forzosos , no estábamos  en Mérida voluntarios ni teníamos a nadie que intercediera por nosotros para quedarnos. Así que para  luchar si llegaba el caso  con los moros mejor  en la Legión.
 En el anden de la estación emeritense, se hallaba la Banda de música del Castilla 16, llegada de ex profeso para  despedir a los valientes.
 También  había muchas personas, querían despedirnos, porque la noticia  llegó a todos los rincones de la ciudad y los  mas adictos al ejercito y a los valientes soldados que marchaban a defender la patria querían estar presentes.
 La charanga inicio la marcha militar  de la Bandera cuando los voluntarios subíamos al tren. Los pañuelos  de las novias madres y hermanas nos despedían con lágrimas en los ojos. Muchachas de servir que  nos habían tomado cariño y curiosas que enteradas querían ver a la tropa formada y en marcha para la guerra, según  los rumores que llegaban a nuestros oídos. Finalizado el embarque, la banda  comenzó a tocar el Soldadito, y entonces el tren se puso en movimiento.
_-¡Adiós, hijo!-exclamaban las madres que habían ido a despedirlos. Adiós hermano, adiós mi amor.  Vimos como  una mujer caía en el anden desmayada; por suerte nadie sabia quien era pero los que  sabían que su madre   había ido a despedirlos  estaban preocupados, porque podía ser la madre de uno de ellos.
 El tren tomó velocidad, y  el puente de hierro de la línea de Sevilla lo  pasó a una velocidad ya considerable. Atrás sin parar dejamos Calamonte, Almendralejo y Villafranca de los Barros. En Zafra cambiamos de tren, nadie nos esperaba, poca gente había en los andenes de la estación.
 Hecho el trasbordo salimos para Sevilla, y ya en la capital Hispalense nos , subieron en otro tren que nos condujo a Málaga. Aquel era un tren completamente militar  con los voluntarios de Sevilla, Córdoba y Huelva.
 Ya en Málaga fuimos desde la estación directamente al puerto de mar. En los tinglados pasamos la noche. De un cuartel nos suministraron la cena, y en el suelo  de cemento solo con una manta bajo nuestros cuerpos, mal dormimos. Al día siguiente nos dejaron , deambular por la ciudad, a pesar de no  ir muy limpios y sin afeitar. Las personas que  nos encontrábamos al paso, nos miraban extrañadas de que una tropa tan desaliñada  paseara por  calles y plazas, sobretodo por la calle Larios, la arteria mas  importante de Málaga.
 Comimos  rancho que nos llevaron de algún cuartel, y al oscurecido nos embarcaron en el transatlántico Plus  Ultra
.

                                  
La travesía fue muy tranquila. El mar

cuatro

en calma y una  plateada luna llena   iluminaba la superficie liquida como un gran espejo. Con los primeros rayos del sol de  aquel día de Agosto llegamos a Melilla. En el puerto nos esperaban los legionarios, y en camiones nos trasladaron al cuartel de Cabrerizas Alta. Yo fui destinado a la  segunda Bandera 4ª compañía del primer Tercio Gran Capitán.
 Nada sabían en mi casa de este destino, porque no me atreví a comunicárselo a mis padres y hermanas, después de todo  era igual porque  se tenían que enterar que eligiera la Legión o no a Melilla  me habían  enviado , y cuando recibieron mi primera  carta, explicándole  donde me  encontraba, me contestó mi padre muy enfadado, diciéndome que iba a acabar con la vida de mi madre.” Nunca creí me decía que  una mujer muerta te haya  hecho perder el juicio.
 Luego  en otras me decía que como me iba en la Legión, que no fuese un loco, y que cuando terminase el compromiso no fuera a hacer la  tontería de reengancharme.
 En la Legión la vida era un poco mas dura que en Artillería, pero las mismas rutinas. Diana a las siete, a continuación gimnasia, después el desayuno, bastante mejor y mas abundante que en el regimiento  anterior, guardias, de plaza y  paseo por las tardes si no  te arrestaban. A las  0 horas silencio y vuelta a empezar. Nada de luchas con los moros, nada de escaramuzas. Melilla era como otra ciudad cualquiera de España, con la diferencia de que  existía mas tropa que en  la Península .
 El oficial cumplió lo que me prometió, no me despojaron de los galones de cabo, aunque eso si, con menos mando y menos sueldo que los  veteranos. Fue un alivio, ya que no tenia que fregar las odiosas perolas, ni barrer, ni imaginarias, pero si guardias como los demás cabos.
 En la Legión conocí a verdaderos compañeros, patriotas y otros  que eran  mercenarios. Muchos  altruistas y abnegados y otros unos auténticos sinvergüenzas y mal educados, de todo había en aquella viña de uniformes verdes
 Lo mismo  los  buenos como los malos, tenían una cosa en común, que no les importaba morir en combate,. Algunos eran chulos y buscaban camorra, pero  terminaban casi siempre en el pelotón de castigo..
 Periódicamente recibía cartas de Antonio y José en las que me contaban que en Mérida lo pasaban muy bien, que seguían con Mercedes y María y que estaban deseando  que los licenciaran, para  casarse con ellas., de las que cada día estaban mas enamorados..
 Yo les contestaba a  vuelta de correos, y le decía que  me alegraba mucho de que estuviesen bien, de que las muchachas  estuviesen alegres y contentas, y que  cuando se casaran me  mandaran una fotografía, para recuerdo de tan buenos compañeros, que las pondría junto a  la foto de Misericordias y la mía

 En otra carta me decían, que  iban de cuando en cuando al cementerio y le limpiaban la lápida  a Misericordias  poniéndole en los floreros flores que compraban en  la floristería, Que continuaban  asistiendo al cine Maria Luisa y a Casa Benito, y que  siempre  se acordaban de mi y de la difunta..
 Estas  cartas me  entristecían, y a veces maldecía la hora que se me ocurrió alistarme al tercio, pero luego  viéndome con el uniforme y el compañerismo que existía entre nosotros se me pasaba. Además ya estaba hecho y a lo hecho pecho.  El tiempo pasa pronto, y de guerra nada, de nada.
 Yo deseaba que hubiese un ataque moro, o que atacáramos nosotros, pero nada de eso ocurría. Maniobras , algunas peligrosas porque eran con fuego real, guerrillas y marchas, por Rostro Gordo y la Mar Chica,, A veces nos adentrábamos en territorio marroquí, pero nada de nada.
 
 Cuando tenia paseo,  me iba al parque y allí me  sentaba en algún banco,  repasando mis recuerdos desde que  tuve  uso de razón hasta aquel mismo día.
 Aunque no soy muy aficionado al fútbol, algunas tardes  asistía al campo Álvarez Claro, para presenciar un partido de tercera división, sobretodo cuando  jugaba el Badajoz, o alguno de la región extremeña.
 Todas estas  cosas las hacia para  que se me fuera borrando los malos recuerdos que no querían marcharse de mi  alma, pues a veces  sin que me vieran mis compañeros lloraba a escondidas, y no es que  mis compañeros se extrañaran porque en la Legión llena de tragedias  muchos lloraban  ya que aunque fuertes  por fuera  también los había tiernos por dentro…


 .

CAPITULO  VIII

 

REGRESO AL HOGAR

 

 

Cumplido el compromiso en la Legión, no quise  permanecer mas tiempo en ella, y no porque le tomase miedo ni me dejara de gustar la vida militar. Al contrario, en ella se fortaleció mas mi espíritu militar, el compañerismo y el amor a España, pero mi madre me reclamaba, estaba lejos y con un mar en medio,.Tampoco el sueldo que ganaba de cabo era para  formar una familia, ya que no pase de este empleo, Así que una vez obtenida la licencia, hice la maleta me vestí de paisano y al muelle donde me esperaba  el Virgen de África.
 Me despedí de mis compañeros, que  eran muchos y buenos y otros menos buenos, pero no tan malos como a veces los pintan algunas personas y  novelas.
 El mas amigo fue un cabo negro, era de Senegal y estaba  allí por asuntos  que según me dijo no quería que se lo contara a nadie, y cumpliendo la promesa que le hice tampoco la voy a quebrar aquí.
  Se llamaba igual que yo, pero  en francés , pues según me dijo y esto si  me autorizó a  divulgarlo, su  padre era galo, y su madre senegalesa, el salió a su madre en el color aunque no  tan negro como  los etíopes.
 Aquel día  me nombraron cabo de guardia de plaza y con cuatro legionarios  casi reclutas me toco  en el polvorín de Horcas Coloradas. Yo  lo revele a el, pero si digo la verdad y así quiero hacerla constar, estaba mas pegado que un sello.
 El, perro viejo, curtido por los soles y aires de África, y curado en  la Legión sabia  mas que muchos sargentos veteranos., por lo que aquella guardia para el era  como un paseo por la Avenida.
 Imponía por su gravedad, sus patillas de  bandolero, y su porte marcial. Tengo que aclarar que  yo llevaba solo quince días en la Legión, como dije era perro viejo y nada mas verme  supo que estaba mas verde que el uniforme que llevaba puesto.
- Vamos a ver- me dijo- , por lo que observo tu eres de los nuevos de esos que han reclutado y le han dejado los galones para que  no se deprimieran.
-Bueno yo, hice un buen curso en Artillería y se  todos los artículos del soldado y del cabo.

  1. Eso está bien, pero aquí hay que saber mucho mas. Dirás que: y yo te digo que mucha astucia y algo de mala leche, si no quieres que te coman.

  Le dije que yo no sabia  confeccionar un parte de guardia, pues jamás había desempeñado el cargo de  comandante de una guardia por pequeña que esta fuere.
-  No te preocupes- me dijo, yo te dejaré aquí una copia de la mía, y  solo tienes que copiarla, si hay alguna variación de eso te encargas tu, es muy fácil solo poner  las incidencias que  hayan surgido, y  poner las novedades pertinentes.
“ Otra cosa, se que para vosotros los que no estáis acostumbrados a  tan dura disciplina como aquí en la Legión se respira, es difícil hacerse respetar entre los soldados, mejor dicho legionarios, pero  aplica el articulo quinto del cabo, a mi  me ha dado  buen resultado siempre.
- Muy bien, muchas gracias lo tendré en cuenta.
 Aquellos consejos y  el favor que me hizo de dejarme una copia del parte, me sirvió de mucho, Puedo decir que  aquel cabo negro fue el mejor amigo que tuve en la Legión.
 A veces   en el paseo me lo encontraba, con  algún compañero, o  mujer de las que el conocía,., mujeres “legionarias” y le faltaba tiempo para invitarme a unas copas de vino o ron en el primer bar que encontrábamos,l aunque casi siempre era el  Bar El Caballo por estar mas próximo al parque.
 Fue al puerto a despedirme, me entregó un paquete de tabaco y me dijo que le escribiera contándole cosas de mi tierra y de cómo se vivía en la vida civil. Me dijo que el esperaba el ascenso a cabo primero de un día a otro y que una vez obtenido el empleo de sargento, tenia proyectado de casarse con   Yasmira, una mora que le tenia mucho afecto.
 Nos abrazamos y cuando  subía la pasarela agitó el gorro  gritándome.
 ¡ Adiós pistolo, que tengas mucha suerte en tu nueva vida y no se te olvide escribirme  de vez en cuando!.
 En cubierta, lo vi marcharse solo como había  venido con su aire marcial y su arrogancia  legionaria. Nunca mas lo he vuelto a ver. Cumplí con mi promesa de escribirle, contándole   como me iba la vida, y le dije que tampoco  la vida civil para los pobres es tan buena como  no la pintamos cuando la desesperación nos entra en las garitas. Me contestó y me dijo que ya lo habían ascendido a cabo 1ª,  pero que aun ganaba poco para  liarse con Yasmira, que esperaría otros  pocos  años aunque cuando le llegara el ascenso  le faltaría poco para jubilarse después de treinta años de vestir el uniforme legionario.
 Yo pensaba que como un hombre puede resistir   tanto tiempo aquella  vida tan dura , pero muchos la resistieron.
 En la ultima carta le  informé que pensaba  ingresar en la Guardia Civil,  y que ya había echado la instancia.
 No me respondió. Tal vez la carta no llegara o la respuesta a la mía se perdiera en el trajín de correos, o  no le agradó  lo de la Guardia Civil, aunque  me extraña esto mucho, dado el amor que el le  profesaba al oficio.
                                  
                                               *   *   *

 Cuando llegue a casa, mi madre me abrazó y me inundó el rostro con sus lágrimas. Ni  una palabra de reproche, ni un mal gesto, todo lo contrario, palabras de amor de cariño y de alegría por tenerme a su lado. Así me recibió mi madre, también mis hermanas me  abrazaron  y besaron pero  la mayor me reprochó que con mi actitud  podía haberle costado a  nuestra madre una enfermedad.
 Llevaba razón. Ya que Misericordias había fallecido, que fuerza  me unía a ella para tomar la decisión que tomé de hacerme legionario? No tenia sentido y menos con el poco tiempo que llevaba de novio con ella.
 Mi padre me abrazó y me dijo.
- Ya te has convencido de lo que es  ser  legionario, ya te has dado cuenta de la tontería que  hicistes que con poco te cargas a tu madre..
 Sentí  que las carnes se me ponian de gallina. Era culpable de los sufrimientos que  por mi cabeza loca le di a mi madre y a todos ellos, y sin embargo  en mi cabeza  se fraguaba otra aventura, aunque esta por motivos muy diferentes, que era  ingresar en la Guardia Civil como le comuniqué  a mi amigo legionario
 - Padre. Quizás que no haya obrado bien y pido perdón, pero no es mi intención quedarme aquí, para que me exploten cuatro desaprensivos terratenientes como lo explotan a usted.
 Me miro casi con lástima, sabia que yo llevaba razón, pero...¿ donde ir.?
- Nosotros hijo siempre hemos sido gente honrada, jornaleros y pobres, eso si. tus abuelos trabajaron de sol a sol, fueron buenos segadores, buenos aceituneros y buenos vendimiadores, nunca les faltó el trabajo, porque fueron cumplidores.
- Si padre, y usted también, lo se. Pero yo no estoy dispuesto a que me revienten trabajando por cuatro perras y luego se rían de mi .
- Hijo , aquí no te faltara el trabajo, porque  tus abuelos y yo hemos dejado un buen rastrojo en todos los sitios que hemos trabajado. ¿ Que piensas hacer?. Tu oficio es el mío, no hemos tenido suerte y no hemos estudiado, solo sabemos leer y escribir, las cuatro reglas y algunas nociones de  otras materias, como geografía, geometría y poco mas.
 Mi padre estaba preocupado se le notaba en la cara, El quería que no me marchara  del pueblo, que estuviese  siempre con ellos, lo mismo que deseaba mi madre, que me casara con alguna de aquellas muchachas, formalizara una familia y  a vivir con  la misma esclavitud que vivía el y vivieron mis abuelos,  ser los peones del gran tablero de ajedrez en que se  dividía el pueblo.
- Vamos a ver- me decía tratando de convencerme para que no cometiese otra “locura” como la anterior. que piensas ¿irte a Alemania? ¿ O a Francia? Si ya se que se marchan muchos, pero  el pobre siempre será pobre donde quiera que vaya, y vale mas un pedazo de pan todos juntos que a lo mejor, fíjate lo que digo a lo mejor, una chuleta al mes.
- No padre, no pienso irme a Alemania, no pienso salir de España, en la Legión he aprendido muchas cosas
_ ¿ Que has aprendido? Se ve que te han llenado la cabeza de pájaros. ¿ Quieres volver otra vez? Seguro que te acogen con los brazos abiertos.
-No, padre a la Legión no, pero si quiero seguir siendo militar. Quiero prestar ayudas a los que la necesiten, quiero ser defensor de la justicia y el orden, quiero  ser guardia civil. No quiero que se burlen de mi, que digan que soy un destripaterrones, como usted.
 Se quedó pensativo. Sufría, no sabia por donde salir. Me dio cierta pena verlo de aquella manera. Se que el quería lo mejor para mi, para mis hermanas para mi madre, para todos. El quería una familia unida como había sido  la de sus antecesores , unidos por la pobreza, pero honrados. Levantó la cabeza, ya con bastantes canas donde no lucia la calva y mirándome casi con lágrimas en los ojos me dijo.
- Bueno, ya eres mayor, puedes hacer lo que quieras.
 Mi madre que estaba escuchando la conversación se echo a llorar.
-Madre no llores, porque  siendo guardia civil con algunos años puedo  solicitar el pueblo de al lado y ya sabes que es como si estuviera en casa.
 No se como en los pueblos pequeños corren tan pronto las noticias. Quizás mis hermanas comentaran algo de mis propósitos a las amigas, o alguien estuviera escuchando por las paredes del corral  El caso es que a los pocos días ya lo sabia todo el pueblo y se puede decir que fui la comidilla de todas las comadrees y de mozas , casaderas con o sin novio.
 Una vez escuche una conversación entre dos comadres  en la que no quedaba muy bien  conceptuada la difunta Misericordias . Ni a los muertos respetaban decían.
“ ¿Sabes que Juan quiere irse otra vez del pueblo ¿
 Si, he oído que quiere ser guardia civil
Pues si que le ha dado fuerte esos amores de por ahí.
“Todos hacen lo mismo. Claro es lo que le queda cuando la zorra los deja
“ ¡Por Dios Ángela!- dijo la otra santiguándose- , la que fue novia no se ha largado murió por salvar a un niño, era una santa. No debes hablar así de ella.
“¿ Tu lo vistes?
 “ Yo no, pero todo el mundo  lo dice que fue por eso por lo que se la llevó la corriente del río
“ Bueno, si, seria una santa pero según otras versiones ...!
“¿ Que dicen otras versiones?
“ Pues que en la autopsia resultó  que estaba embarazada.
“ Poco importa eso, si era una buena mujer. Quizás por eso hizo lo de arrojarse al río, para salvar al niño, puede que el que llevaba dentro se lo pidiera.
“ Anda mujer, no digas tonterías.
“Bueno yo soy así. Cada una opine lo que quiera.
 Hubo comentarios para todos los gustos. Yo ya no me encontraba  a gusto en el pueblecito, mas el trabajo tampoco era muy bueno0, jornadas interminables de sol a sol por poco sueldo. Unas veces sembrando algodón, otras  segando arroz o trigo según la época y otras   recogiendo aceitunas.
 Estuve  una temporada trabajando con muchas muchachas, unas con novios y otras mas sin el.
 Trabajábamos en plena recolección del algodón, y aquellas manos frágiles, primorosas pero encallecidas por el duro trabajo eran las encargadas de quitarle la blanca flor a la cápsula algodonosa para llenar los sacos que estaban dispuestos para ello.
 La misión que yo y otros jóvenes teníamos encomendada era trasportar en un carro los referidos sacos, el carro era  de tracción animal, un mulo era el que tiraba de el cuando  ya estaba cargado, para llevarlos al cortijo y de allí  en un camión o remolque de tractor   llevados a la algodonera de  Mérida.
 Las jóvenes muchachas, trabajaban a destajo, es decir según los kilos de algodón que recolectasen así le pagaban.
 Para conocer su saco, le colocaban ellas mismas al suyo sus iniciales, pintadas con hierba fresca que arrancaban de los surcos de la tierra. Otras que no sabían leer ni escribir la seña era una cruz o circulo de según el tamaño así conocían a quien pertenecía. Las mas románticas pintaban un corazón atravesado por una flecha, o una  margarita  con sus pétalos
 Entre estas muchachas había una que aun sabiendo leer y escribir tenia por costumbre pintar en el saco un corazón. con  una espada clavada. Luego supe que  hacia eso para que yo que era el encargado de  seleccionar los sacos me fijara en ella. Pero yo no me enteraba, bueno  mi espíritu estaba aun poseído  con el recuerdo de Misericordias, por lo que no  me enteraba de la insinuación.
 Los campos blancos de los algodonales, eran alegres y bonitos, parecían nieve en  la   extensa campiña extremeña, y los aires se poblaban de los  dulces  cantares de las algodoneras, Al atardecer cuando el astro Rey  estaba en el ocaso, cansadas  por el trabajo regresaban a sus casas, con el rostro  lleno de salud y vida  que producían los aires y el sol campestre. Luego  arregladitas asistían los domingos al baile y al pequeño cine que  había en el pueblecito encantador, y allí se daban los amores  limpios y tiernos de aquellos y aquellas jóvenes campesinas donde la maldad  y la envidia eran desconocidas para  ambos.
 A pesar de la dureza del trabajo, no se estaba mal , pues  eran gente sencillas humildes que su único afán era el trabajo y el amor, exceptuando los comentarios de las comadres pero que no transmitían a la  vida cotidiana de cada uno..
 Me apunte a un curso por correspondencia, yo a pesar de lo escrito arriba no me encontraba bien en aquel lugar como ya  he mencionado y opte aun en contra de la voluntad de mis padres y hermanas de  querer ingresar en la Guardia Civil, cuerpo que de siempre me gustaba.
 Aprobé los exámenes con una nota regular, no fui de los primeros, pero tampoco de los últimos.
 Y tres meses mas tardes en la Academia de Úbeda volví a vestir de verde, aunque este verde era mas  oscuro que el de la Legión.
 Cinco meses estuve en dicha Academia y de allí con un numero alto fui destinado a la  ciudad de Cullera en Valencia. Un año después  me trasladaron a petición propia a la capital del Turia. 

cinco

     

    CAPITULO  IX

    GUARDIA  CIVIL

     En Valencia  cambió mi vida por completo. Mis compañeros eran todos excelentes, pero como ocurre siempre con unos congeniamos mejor que con otros  como mas adelante se verá.
      Muchas noches finalizado el servicio, como casi todos éramos solteros y jóvenes, frecuentábamos los bailes de las barriadas y algunos de no mucho rango.
     Los domingos cuando el servicio lo permitía íbamos a ver alguna función de teatro o alguna película  en los cines mas cercanos de la Comandancia, por aquellas fechas Valencia contaría con unos veinte  cines entre estrenos y de reestreno
     Pero lo que mas nos divertía era el baile. No podíamos vestir de paisano, pero nosotros no las arreglamos de salir y entrar en la Comandancia vestidos de uniforme, luego en casa de la patrona nos cambiábamos y ya de paisanos éramos un ciudadano mas, era muy difícil ser reconocido en una ciudad de  mas de 800.000 habitantes de censo
     Uno de los  bailes que frecuentábamos era el Flamingo situado en la Avenida de La Alameda , En dicho  local de esparcimiento conocí a una “chiqueta” que como no podía ser de otra manera al ser valenciana su nombre era Amparo . La invité a bailar y ella aceptó la invitación, y a pesar de ser yo un pésimo bailador  estuvimos danzando hasta que a ella y a mi nos llegó la hora de marcharnos.  Quedamos en volver al domingo siguiente, y yo le dije que allí estaría, sin  pensar que yo era militar y me debía a mis servicios y a mis superiores.  Y, así ocurrió que  el siguiente domingo no pude  asistir porque me nombraron servicio de escolta de tren .
      Paso bastante tiempo sin asistir a aquel baile, pues me concedieron un permiso que solicite y   una mañana con el pase firmado por el Teniente Coronel, mi maleta de cuero y mi uniforme limpio y planchado  tomé el tren en la estación del norte rumbo a Badajoz.
    ¡ Que bien me recibieron todas las personas de aquel pueblecito! Lo mismo que si yo fuese alguien importante en la vida. Nada mas lejos, yo solo era un  humilde  guardia civil, que se esmeraba en hacer las cosas lo mejor que  podía.
    ¡ Que sencillez y amabilidad me mostraron aquellas personas, curtidas por los soles y los aires del campo!. Nunca lo olvidare, por muchos años que viva.
     El recibimiento de mis padres y hermanas, sobretodo mi madre es imposible describirlo, mi pluma no está facilitada para plasmar aquella emoción, aquella ternura y aquella pena y alegría a la vez que ella me  profesaba.
      Veinticinco días permanecí en el pueblo. En ese tiempo me enamoré de Maria, una muchacha del campo, costurera   hacendosa, virtuosa y  aunque no una belleza extraordinaria si bastante agraciada,
     Nos prometimos y le  juré que en el próximo permiso  que yo pediría nos casaríamos, si ella no  presentaba ningún inconveniente.
     No lo pudo remediar, la emoción y la alegría que embargó a la humilde y sencilla costurera,  no pudo reprimir que unas lagrimas de ternura asomasen a sus negros y  hermosos ojos.
     La atraje hacia mi, ya que estábamos solo y la oscuridad de la noche no nos  delataba y la besé en los labios, rojos sin carmín. Fue un beso largo y apasionado, que ella lo resistió gozosa.
    - Hasta  que vuelva María, guárdate y cuídate bien y no pases pena que yo vuelvo a por ti.
     Me miró con ojos  tiernos sonrisa  melancólica y me dijo,
    - Espero que cumplas tu juramento, y no te burles de esta pobre campesina que desde hace algún tiempo  está enamorada de ti.
    -¿ Y porque no me lo has dicho?
     La pregunta fue tonta. En aquellos tiempos una mujer tenia vetado declararse a un hombre ¡ Que dirían de ella! .. Y yo lo sabia.
     No dijo nada  me abrazó y me  besó  con mas fuerza aun que yo lo hice.
    -Adiós.
    - Adiós Maria. Hasta pronto.
     A la mañana siguiente  antes de la salida del sol tome el tren de regreso a mi destino.
     Atrás  quedaba mi madre llorando, mis hermanas  deseándome   suerte, mi padre ya  orgulloso  al verme vestido  de verde con  el charolado tricornio en la cabeza  ¿ Y Maria ...? como quedaría Maria. Creo que  alegre por un lado, y preocupada por  si no volvía a por ella .
     De vuelta en Valencia, y una vez finalizados los servicios de escoltas de trenes, y de vigilancia en la cárcel de mujeres   y otros servicios propios del Cuerpo, retornamos a las andanzas de gente jóvenes como erramos la mayoría, y ¡ como no!  Volvimos al Flamingo, el baile que tan bien se nos daba a los jóvenes, y como si aun estuviera esperándome  la noche que le prometí  acudir a la cita , allí estaba Amparo; pero estaba resentida y no era para menos, llevaba toda la razón del mundo, no me porte bien con ella; creo que es la única faena mala que le he hecho a una mujer, y además no se lo merecía.-

    -¡¡ Hola Amparo! ¿ Como estas? La saludé  al cruzarme con ella. Ella me volvió la espalda y no me hizo  caso alguno, y se marcho la sala adelante en compañía de una amiga.
     La seguí y le di alcance.
    -¿Es que no me conoces?- le pregunte algo azorado.
    - Si, te conozco de sobra pero ya no me interesas, los hombres deben de tener mas palabra.
     Así me lo espetó de golpe mirándome con sus ojos negros a los míos, yo sostuve la mirada, estaba bastante enojada.
     La verdad que no me importaba ella  un comino, pero sus palabras  me hirieron en el amor propio.
    -¡ Entonces , adiós.!
    - Adiós, que te vaya bien.
     Dimos media vuelta y cada uno se fue para un lado.
     Uno de los que estaban allí, quizás un soldado vestido de paisano, ya que aquel baile era de criadas, viudas soldados y obreros y  también algún estudiante sin dinero y  guardias civiles y policías de nuevo ingreso aunque nadie se conocía y si algunos nos conocíamos  no nos dábamos por aludidos. Pues al que yo por su corte de pelo y  la hora aun temprano  y lo joven que era   pensaba que seria algún soldado de la cercana guarnición  se agarro a ella y empezaron a bailar, un pasodoble que la orquesta  tocaba.. Ella me miraba como retándome y se sonreía sardónicamente. Su pareja no se enteraba de nada. Casi me avergoncé y salí de aquel baile como había entrado, por la puerta grande sin estrenarme aquella  tarde noche.
     Confieso que Valencia con sus bailes, sus teatros, cines y demás lugares de ocio, me iba borrando por completo de la imaginación a la pobre Misericordias- Regularmente me escribía con María, y ella  me ponía que estaba desconfiada, pues  tan lejos y con tantas mujeres como  había por esos mundos de Dios.quizás que  no me acordara de ella.
     Pero yo le escribía cartas de amor sincero y le mandaba de vez en cuando fotografías de uniforme, hechas en laboratorios fotográficos,  el invento de  Daguerre la animaba mucho..
     Cuando mi mente se  llenaba de  los recuerdos de Misericordias y  me ponía triste,  solo me   alegraba diciéndome.
    “ Juan, eso ya no tiene remedio, por lo tanto diviértete todo lo que puedas, que es lo que vas  a sacar en esta vida . Y sabido es que en la ciudad levantina existen lugares para todos los gustos.
     No había vuelto al pueblo  desde que me  prometí con María, y el tren de vida que llevábamos, sin incurrir en delito, no nos  permitía ahorrar ni un céntimo. Pude solicitar permiso  para  casarme como le prometí a mi novia, o sea a Maria, pero  sentía vergüenza de presentarme a ella con las manos vacías.

     Un día pidieron voluntarios, para conducir unos presos hasta la cárcel de Badajoz. Los reos eran de allí, y los reclamaba el Juez de Instrucción,  nuestra misión era conducirlos hasta la cárcel provincial. No lo pensé dos veces, y salí voluntario. Salieron mas guardias, pero yo le rogué que me dejaran    ir  de servicio de conducción con aquellos tres delincuentes, pues así podía visitar a mis padres y a mi novia, ya que el pueblo donde vivían no esta lejos de la capital. Me lo concedieron y conmigo formaba pareja un valenciano y un albaceteño, pues  al teniente coronel le pareció bien dado la peligrosidad de los reos  que en lugar de una pareja fuese un grupo de tres.
     . Eran los dos muy salados y muy buenos compañeros y amigos de farras y jaranas cuando  no teníamos serv icio que no eran muchas veces..
     La conducción se hacia en tren, por entonces no existía el coche celular y todas los conducciones de presos  o bien se realizaban a pie o en ferrocarril. Obvio es que en una distancia tan grande  la conducción se hiciese en tren. Durante el tiempo que duró el viaje que fue de 18 horas hasta la estación de Badajoz, íbamos contentos, los  otros guardias por conocer la tierra extremeña; yo  lógicamente mas  alegre que ellos por besar a mis padres y hermanos y también por si  podía ver a Maria y estrecharla entre mis brazos.
      Llegamos al centro penitenciario y entregamos a los tres reclusos que durante el  transporte no intentaron la fuga ni hubo que llamarles al orden, eran tres  delincuentes pero si digo la verdad  se portaron como tres caballeros a pesar de ir esposados y con la manta entre las manos. También nosotros  con ellos nos portamos muy bien, le dábamos tabaco y  aunque  ellos eran portadores del socorro, uno de nosotros cualquiera  bajábamos en las estaciones de paradas y le  comprábamos bocadillos en las cantinas así como una botella de medio litro de vino para los tres, y todo de nuestro dinero.
     Cuando llevábamos unas horas de viaje intimamos.
     Cada uno en su lugar pero  nos hicimos amigos. Ellos nos comprendían a nosotros y nosotros a ellos, nos contaron sus vidas, quizás  fuese mentira sus relatos pero sobretodo el de uno de ellos el de mayor edad fue tan emocionante que nos enterneció. Se hallaba en prisión por defender el honor  mancillado de su  mujer , y dar muerte al que  quiso abusar de ella, dejando a un niño de corta edad y a su mujer encinta, haciéndose cargo de ella y su hijo los padres de el.
     Eso es lo que  nos contó, porque en el expediente que llevábamos solo decía por homicidio. Los otros dos  dijeron a su manera que habían sido engañados por  los compañeros que se dedicaron al contrabando y ellos  estaban pagando culpas que no habían cometido. sabíamos también por el expediente que era por robo con violencia, pero como permanecían silenciosos sobre su condena , nosotros mutis, nada nos obligaba a saber  lo que su mente fraguaba, lo principal era que no se mostraran agresivos, ni intentaran fugarse, cosa que  materialmente  no  dieron muestras de ello. Lo demás   nada  importaba.
       De allí  marchamos a la Comandancia para dejar el armamento y cambiarnos de ropa, pues ya habían dado la orden de que fuera de servicio  estábamos autorizados a vestir de paisano;  una vez  vestido de  civil, empezamos los tres a recorrer calles de la ciudad.
    _
     Badajoz tiene poco que ver, no tiene muchos monumentos ni estatuas, pero algo tiene. El valenciano decía que a el le gustaba las pequeñas capitales porque  había mas unión y al conocerse casi todo el mundo era mejor la convivencia. El albaceteño  decía que su cuidad era casi igual que Badajoz donde  no se daban grandes acontecimientos como en Madrid o Valencia..
     Una vez que vimos casi todo, incluida la catedral, el parque de Castelar , San Francisco, el parque de la Legión y la calle San Juan, nos tomamos unas copas en  la taberna del n
    Nene,  donde  nos  atracamos de peces del Guadiana. Ya habíamos visto todo, pero el valenciano que era mas pícaro que  el de Albacete y yo, propuso dar una vuelta por el barrio alto, o seas el barrio chino, y allí nos encaminamos. Éramos jóvenes, muy jóvenes y  en aquellos tiempos las mujeres no estaban fáciles, así que el desahogo tenia que efectuarse en una casa de lenocinio  llamadas también burdel
     La calle Encarnación, estaba poblada de mujeres  que vendían su cuerpo por unas pesetas. Nos llamaban al pasar, pero no ofrecían seguridad, en sus ajadas rostros se adivinaba alguna enfermedad venérea o  al menos eso nos parecía a nosotros. Ya  llegamos   una casa próxima a esta calle, donde  en la puerta  estaba una mujer entrada en años. Era guapetona, y  vestía con decencia.
    -Hola mozos nos dijo al llegar a su altura, sin siquiera saludarla
    - ¿ queréis pasar un buen rato?. Tengo a unas casadas  que necesitan dinero y amor, y ellas son discretas, muy limpias y muy guapas. Lo que  exigen es  discreción, y algo de dinero. Pasad, no os arrepentiréis.
     Pasmos al interior. Estaba amueblada la salita de recibimiento con unos sofás  de tela,  una mesita y varias sillas, en un rincón un teléfono. Las paredes con cuadros alegóricos al amor y a la prostitucion.
     La Celestina, nos invito a sentarnos.
    -Esperad un momento; no tardan en venir, y se dirigió al aparato telefónico.
    - Antes de nada os advierto que estas chicas  cuestan mucho dinero, porque lo valen; no vayáis  después de que  vengan a rajaros.
    - Tengo dinero-dije- Y si la chica es guapa nada debes de temer..
     Pasados unos quince minutos se asomó a la puerta de la calle.
    -Ya vienen,- nos anuncio muy ufana,
    - Pero ella os tiene que ver antes sin que vosotros las veáis, y luego dirán si quieren pasar a la habitación con vosotros o no. Ya os he dicho que son mujeres casadas.
     Yo me encontraba algo inquieto, nervioso, la celestina nos hizo pasad tras una cortina roja, en el otro extremo había una ventanilla de cristales  opacos por nuestro lado pero transparente por el otro, de forma que nosotros no las veíamos, pero ellas a nosotros si.
    -Ya estoy aquí ¿ como es?- pregunto una voz dulce y transparente. Me figure que aquella voz la había yo oído en alguna parte, pero no recordaba donde…
    -No están  mal los muchachos, mirad.
    _-¡Ay Dios mío, si a ese lo conozco yo!- escuche decir a una de aquellas desgraciadas con toda claridad. Entonces supe quien era  ya recordaba donde había  escuchado antes aquella  melodiosa voz , aquel dulce acento. Pero dudaba. ¿y si fuese una alucinación.?
    -Entonces Mercedes ¿ que haces? Te vas para atrás o entras con el muchacho, me ha dicho que tiene dinero y no te defraudará, podemos ganar las dos  bien.
     Salí precipitadamente  arrollando la cortina y grité.
    -¿ Mercedes tu  aquí!  No le dio tiempo a reaccionar, allí estaba Mercedes,, aun con su pelo negro largo sujeto por un cintillo rojo como a ella gustaba, me fije que su linda cara estaba algo ajada y algunos surcos se notaban en sus mejillas.
    - ¡ Tu Juan! ¿ Tu aquí?. No, yo estoy soñando. Dios mío que vergüenza: se tapaba la cara con las manos. ¡ - Dios mío mas sufrimiento musitaba.
     Un amargo llanto, seguido de copiosas lágrimas  manaban sus  negros ojos.
     La  Celestina  quiso  calmarla dale ánimos.
    _-Mira, chiquilla. Cálmate, y tu- dirigiéndose a mí- Lárgate y que no vuelva a verte nunca mas. Eso no se hace, si la conocías haberte callado y  marcharte  de esta casa, así ella no  hubiese sufrido como lo está haciendo.
    -¡ No ,. No te vayas Juan,! Escúchame. Pero ahí dentro, pasa.
     Mis compañeros se quedaron sorprendidos, entraron con otras mujeres que  de  nada obviamente conocían.
     Suavemente me empujó hacia la habitación contigua  a la  que se desarrollaba la escena, y dejándose  caer de bruces en la  cama   dio rienda suelta a su llanto.
     Yo no sabia como   calmarla, le decía infinidad de palabras.
    - No te  apures Mercedes, la vida tiene muchas  vicisitudes. Cuando estas aquí tus razones tendrás. Sabes que yo soy tu amigo, tu  gran amigo. No  quiero que sufras si quieres me marcho, y si te hace falta dinero yo te lo doy sin mas. Pero por favor Mercedes levántate de la cama y no llores mas..
     Se levantó y se sentó en el lecho. Me miro avergonzada y  exclamo.
    -¡ Que desgraciada soy Juan. Si tu supieras.
     Iba a decirle que como había caído tan bajo, pero me contuve para que no  volviera a llorar.
    - Escúchame con atención Juan. Luego me juzgas, si quieres me pegas me insultas lo que quieras haces conmigo pero primero escúchame.
    Habla mujer, dime todo lo que quieras   todo, seguro que reñiste con Antonio.
    - No, Juan  no reñí nunca con mi marido. Soy viuda, Antonio murió.
    -¿ Entonces porque el ama dice que sois casadas?
    - Para  levantar mas morbo entre los clientes. Pero por favor escúchame, y dejemos eso.
     “ Mira Juan cuando te marchantes a Melilla. ¿ te acuerdas?

    1. Claro mujer, si me acuerdo.

     Ya se había calmado y hablaba  sin  palabras entrecortadas por la congoja.
     ªPues Antonio y yo, lo mismo que José y Maria, nos veíamos todas las tardes por la calle Santa Eulalia, y lo mismo que cuando tu estabas y vivía la pobre de Misericordias,   asistíamos al cine Maria Luisa, y bebíamos los refrescos en casa Benito. Nos acordábamos mucho de ti y de   Misericordias que  en gloria esté. A veces le llevábamos los cuatro flores al cementerio y éramos todos felices.
     Llegó el día de la licencia, y cuando  fuimos a despedirlos a la estación, nos prometieron  regresar a Mérida a por nosotras y casarnos. Antonio  cumplió su promesa y José también. Nos marchamos los dos a mi pueblo, y allí nos casamos casi sin la aprobación de mis padres, que decían no saber quien era. A pesar de todo nos cedieron una habitación en casa de mis padres, y lo metió a tractorista en  la casa donde  el ,mi padre trabajaba. Como vio que era buen chico, enseguida le cogió aprecio y se paso  el recelo  que  cogieron de el  tanto mi padre como mi madre.
     Hizo una pausa, se limpió los ojos con  la punta de la falda y continuo..
     “ No ganaba mucho pero con su escaso sueldo vivíamos muy felices, pues ya lo he dicho mi padre paso del recelo a la admiración.
     “Quede embarazada y tuve un niño que murió a los pocos meses.
    ¿_ ¿ Un niño has tenido? Eres madre.
     Suspiró hondo y con pena.
    “Si no se me hubiese muerto, seguro no estaría en esta vida. Pero su muerte y la de mi marido, terminó con mis escrúpulos y  recato. Pero escucha, y no me interrumpas. Entonces empezó el calvario, mi calvario. El amo se enamoró de mi. Me abordaba  cuando me veía sola, me decía que podía tener todo el lujo que yo quisiera, que podía ser una señorita y no la mujer de un palurdo Al no  ceder yo a sus deseos, se vengó  plantando a Antonio en la calle, quedándonos en la mayor miseria.
    ¡¡. Yo no le hacia caso, y tampoco  le dije nada a mi marido, no quería formar una guerra, porque si  lo delataba  con la verdad siempre quedaría  en desventaja ya que el  maldito dinero todo lo puede , y yo  apenas tenia  para comer.
    -¡ Canalla!Exclame  abrazándola- Pobre Mercedes y yo sin saber nada.
     Ella continuo.
     Antonio buscaba trabajo y no lo encontraba, se conoce que el “señorito” pagaba o hablaba con los demás propietarios para que le denegaran el trabajar, no es porque fuese mal trabajador, sino por la venganza de no poder  doblegarme. Cansado de buscar por aquí y por allí, decidió marcharse a Barcelona,  porque se decía que  nada mas llegar encontraría trabajo de peón de albañil. Así que  con gran dolor de mi corazón, le prepare la maleta  con la ropa y los  utensilios de aseo y afeitarse , con unas veinticinco pesetas que teníamos ahorradas, tomo el tren y marchó a la ciudad  Condal.
     Me quede sola llorando, no quería separarme de mi marido, las noches se me hacían interminables, apenas  lograba conciliar el sueño, esperaba todos los días impaciente al cartero, no para que me enviara un  giro de dinero  sino para saber como se encontraba en aquella lejana ciudad..
     Tres meses solo tres meses estuvo trabajando en una obra de peón de albañil. Me enviaba  todas las semanas mas de la mitad del sueldo que ganaba, unas  400 pesetas,
     Un aciago día recibí una conferencia telefónica, Me  dijo la telefonista que  me llamaban de la empresa B, era la que el trabajaba, Cuando  me introduje en la cabina telefónica  temblaba, me daba la corazonada que aquella conferencia no me traería nada bueno,
     Antes tengo que decirte que   el día que marchó mi marido a Barcelona me dejo encinta.
     Oí la voz confusa de un hombre decía Señora; tenga resignación, es inevitable, su marido ha sufrido un accidente .
     ·”¡ Ha muerto!. Dios mío mi marido ha muerto. Llévame a mi con el y caí desmayada.
     Efectivamente, mi marido falleció al caerse de un quinto piso que estaban   techando. Creo que murió en el acto.  La empresa se hizo cargo el traslado del cadáver y del entierro, y me dieron de indemnización por la muerte de mi marido solo 100.000 pesetas, alegaban que el había   cometido la imprudencia de  acercarse demasiado al alero  teniéndolo prohibido.
     El dinero me lo comí pues no   había medios de encontrar otro trabajo. Mis suegros me ayudaron un poco, pero no podían, eran pobres, y apenas ganaba mi suegro para cubrir gastos .
     La  viuda de Antonio, me contaba su  historia entre sollozos. Por fin se serenó y continuo si triste  vida.
    “Un día el señoriíto me mando llamar con una criada. Acepte la cita  con el propósito de pedirle algo para comer, ya que empezaba a pasar hambre y el hambre es mala consejera. Tu  Juan no la has pasado y yo me alegro mucho.
    - No Mercedes yo no la he pasado, pero mis padres y abuelos si, y se que es muy malo el no tener que llevarse a la boca
    “ El señoriíto quizás arrepentido de su mala acción le remordía la conciencia y quiso ayudarme. Pensé que me emplearía de criada, o  de recadera o lavandera. No fue así, lo que pretendía era lo de siempre hacerme suya, y ahora que me veía desamparada quiso sacar mas beneficio.
     Me ofreció mil pesetas si me daba un beso en los labios, al principio me resistí. Pero el estomago me chillaba que  le hacia falta pan, y le  propuse.
    “ si quieres darme un beso tienes que darme dos mil pesetas, creyendo yo que no otorgaría a darme esa cantidad por un simple beso en la boca ¡ Pobre de ni! Aceptó al momento, era mucho el dinero que poseía aquel canalla que para el dos mil pesetas era  menos que un céntimo para mi.
     El beso que me estampo en los labios  fue prolongado, yo intentaba  desviarlo pero el  apretaba mi nuca contra su cara y no era  fácil deshacerme de el , cuando me soltó cumplió con lo prometido y sacando la cartera del bolsillo puso en mis manos las dos mil malditas pesetas.
     Ya no era una mujer honrada, caí al dinero, me sentía sucia, me daba asco de mi misma. Me llevo a las caballerizas, yo me dejaba arrastrar por el, me  dio otras dos mil pesetas, pero entonces quería mas, y mas; ya me entiendes Juan. Y allí sucumbí a sus deseos.
     Para mas INRI, nos sorprendió la criada que no se a lo que tuvo que ir al  lugar donde dormían los caballos. Ya sabes lo que ocurre en los pueblos pequeños. Al otro día  sabia todo el pueblo que me había sorprendido con el señorito  en la cuadra haciendo  guarrerias como se decía. No tardo ni dos horas en  enterarse  todo el pueblo que yo era una fulana, según se decía, me cantaban coplas vergonzosas, mis suegros me volvieron  la espalda, con el dinero que   gane con mi deshonra me vine a Badajoz, busque trabajo pero no lo encontraba, con el dinero que poseía  comía en casa del Nene muchos peces y dormía en  pensiones no acreditadas. Se me terminó el dinero y le dije a la dueña de la pensión que  por favor me dejara unos días mas hasta que encontrara trabajo.  ¿ Eso es lo que quieres?, me preguntó, pues  yo te lo busco ahora mismo.
    ¡ Que desilusión! Yo pensaba en un trabajo digno y honrado. Salimos  de la pensión y me llevo a esta casa, nunca pensé que aquella mujer que parecía tan noble y  honesta tuviese relaciones con  la dueña de un burdel. Cuando me di cuenta  del engaño, quise huir pero entre las dos me sujetaron.
    -Mira niña- me decía la dueña  de esta casa, que se llama Carmen-  ¿Donde quieres ir?, La cosa esta muy mala, trabajo hay poco y  que crees que si te pones a servir no  vas a   claudicar?. Los amos son muy sinvergüenzas y si las criadas y mas tu que eres guapa si no entra por el haro, la despiden al momento y  no creas que encuentran otra cosa, ya se las valdrán ellos para  que  no te admitan en ninguna casa mas. Todo aquello  quizás  fuese una  mentira para  que me quedara allí,. ¿ Y que iba a hacer una sin experiencia como yo? Una mujer de pueblo. Le dije que de soltera estuve sirviendo en Mérida y nada de eso ocurría. Si pero Mérida al fin y al cabo es un pueblo, no es igual que Badajoz. Me respondió.

    1. Mira niña. Nadie tiene que saber que tu estas ejerciendo este oficio.

     La mire extrañada y sin dejarme hablar continuo-Tu sigues en la pensión de Emilia, así se llama la posadera. Y cuando ella te llame es que  hay un cliente que que  no te conoce, no obstante, tu entras por la puesta  de al lado  que se comunica con la casa también, mientras el está dentro  yo lo entretengo. Luego miras por esa mirilla que ves aquí y si lo conoces me haces una seña y yo lo largo  con  viento fresco o le  traigo otra muchacha, que las hay así y muchas vienen a ofrecerse.
     Puede que todo fuese mentira lo de que venían a ofrecerse, pero yo no tuve otra alternativa, sin dinero sin familia, y  Emilia que me echaba a la calle si no le pagaba. Es muy fácil cuando se esta protegida, cuando el dinero que todo lo puede  y es descarado, te dice que   ahí está él para sacarte del apuro, pero a mi me faltaba  todo, dinero cariño y protección.. y  las dos supieron embaucarme para  que me quedara ejerciendo esta horrible  profesión, si así se puede llamar.
     Cuando asentí, a Carmen  le brillaron los ojos de  contenta, enseguida comprendí que yo era una fuente de ingresos para ella y para Emilia, es verdad que a mi también me dan dinero pero ellas se quedan con mas. Estoy deseando de  tener algo ahorrado para dejar esto, pero ellas  me manejan a su antojo, parece que estoy hipnotizada  por ellas.
    -¡Pobrecilla!
    “Sácame de aquí Juan; te lo suplico por lo que mas quieras. Búscame un trabajo donde sea, estoy hecha a todo, cualquier trabajo por bajo que sea lo acepto a esto, aunque sea a limpiar retretes, cualquier cosa menos esto.
    - Ya veré. Sabes qué vivo en Valencia? Estoy destinado allí, y es donde puedo ofrecerte algún trabajo, si lo encuentro. De todas formas  te lo comunicare por carta. No pierdas las esperanzas, no puedo ofrecerte  mucho pero si algo  puedo  hacer por ti cuenta con ello. Ahora dame tu dirección.

    1.  Me  apuntó en un papel las señas y  me  lo entregó-

    “Bueno Juan te he entretenido mucho con mi historia, se que has venido a otra cosa, y me has encontrado por casualidad. Dime  , quieres hacer el amor conmigo ¿ verdad? No te de reparo, yo estoy para eso. Nada pienso cobrarte. El dinero que te pida esa bruja de Carmen se lo daré yo de mis ahorros.
     No me dio tiempo a reaccionar cuando  empezó a desnudarse. La verdad que no  tenia mucha ropa que  quitarse. Al instante quedo desnuda del todo.
    “ Venga Juan, desnúdate. No te de vergüenza. Se que me porto como lo que soy, pero ya no tengo remedio, tu no vas a ser menos que otros.

    1. ¡ Vístete Mercedes!- le  suplique mas que le exigí.

    “ ¿ Porque? Ya sabes no soy mas que una puta y tienes tanto derecho como  cualquiera que paga.
    - No, Mercedes no puedo. Ponte la ropa, cúbrete, no  puedo hacerlo contigo. No se porque pero es así. No quiero  profanar la memoria de Antonio, por favor vístete.
     Lentamente se vistió, cuando termino de vestirse  otra vez rompió en llanto. Y mirando al techo con las manos cruzadas decía.
    “ Perdón  Antonio, perdón  Señor. Perdonarme, he sido una pecadora, he sido muy mala.
    - Cálmate Mercedes. Me marcho, no olvidare la promesa que te he hecho. Dame un  beso. Mis compañeros estarán ya esperándome en la Plaza de España.
     Nos besamos como dos hermanos, en las mejillas y otro en la frente. Llamó al ama del burdel y le dijo que  le había pagado yo, y que luego le daría  lo que le correspondía.
    - No, no me ha cobrado nada dije de mal humor.  Ni hemos hecho nada, pero yo le regalo a ella 300 pesetas, que conste que son solo de ella, usted  ya habrá cobrado bastantes veces.
     No le gustó mucho esta expresión a Carmen, pero mordiéndose  el labio  superior dijo-
    - Esta bien. Algo debe de haber entre vosotros, por  hoy como algo especial no quiero  nada, ella se lo ha ganado sola.
     Salí de aquella casa, con el alma herida con un gusto amargo de boca. Mercedes sin importarle ya nada salió a la puerta a despedirme, y llorando me  agito la mano diciéndome adiós.
     Mis compañeros llevaban  en la puerta de la catedral  mas de media hora.
    -¿ Porque has tardado tanto che..?- me preguntó el valenciano.
    - Nada, nada, en el tren os lo contaré. Ahora vamos a por el uniforme, y en el próximo tren que salga para Madrid nos marchamos de aquí.
    -¿ Pues no decías que íbamos a ir a tu pueblo para  ver a tus padres?- Preguntó el albaceteño.

      • Si, pero me he echado otras cuentas, en el tren os contaré todo.

     

    CAPITULO X

    ASI  ME  ENCONTRE   A  MARIA

    Aquella misma tarde, montamos en el expreso de Madrid y durante el viaje le conté a mis compañeros toda la triste historia de Misericordias y de Mercedes, así.
     Quedaron muy afligido con la historia de las dos mujeres, y comprendieron que quisiera regresar lo antes posible al cuartel. Era en el cuartel donde me sentiría  feliz después de tanta desdicha como había experimentado  con misericordias y Mercedes como el encuentro en la casa de lenocinio de  Mercedes,
     Después de otras dieciocho horas de  viaje en el que hubo de todo, hasta  requerirnos el interventor porque un viajero carecía de billete y ni quería pagar  negándose a bajar en las estaciones de parada, hasta que  le obligamos como estaba estipulado a que  dejara el tren en la  parada siguiente. Dormimos a intervalos , fumamos y comimos y por fin a las doce del día siguiente llegamos a la capital del Turia después de una larga  estancia de cerca de dos horas en la estación de Atocha de Madrid.
     Nuestro capitán dos concedió dos días de permiso,   ya que  a su juicio tardamos menos tiempos del calculado. Claro el tiempo que yo calculé y le dije que tardaría para estar en mi casa y que no consumimos.
     Volvimos a la rutina diaria, guardias, escoltas  de trenes hasta Albacete o Cuenca, cuando  estábamos franco de servicio asistíamos al cine o al Flamingo, donde  me tropecé con Amparo, pero ya  yo no pintaba nada  con ella, un sargento artillero, estaba con ella y por lo que pude  observar se habían hecho novios.
     Pero otro  drama  quizás peor que el de mercedes, se iba a interponer en mi trayectoria profesional.
     En Valencia en el paseo de la Pechina, así llamaban a una de las orillas del río Turia, existía un viejo y destartalado caserón que servia de cárcel a las mujeres. No había hombres en aquella  penitenciaria solo mujeres, y éramos nosotros los guardias civiles los encargados de  custodiar a las reclusas que a decir verdad no eran muchas
    . Las guardias se hacían por  semanas, cuatro guardias  componían la vigilancia, mandados por un cabo, pero a veces los cabos escaseaban bien por  permisos u otros servicios y en tonces el guardia 1º era el que hacia de comandante de la guardia.
     Y como no podía ser de otra manera aquella semana me tocó a mi  montar guardia en aquel penal femenino. No había cabos, por lo que yo al tener el galón de primera  me nombraron encargado de aquella guardia  de cuatro hombres. Ninguno de los dos anteriores, o sea ni el valenciano ni el albaceteño  les tocó aquel servicio. Mis subordinados eran dos de Cuenca, uno de Ciudad Real y el otro de Teruel, como todos buenos chicos  tengo que hacer hincapié en el maño que jamás se quejaba  por nada..
     Dos estaban de centinela dos horas. Uno en la puerta principal y otro en la puerta  falsa o de servicio. Después  los relevaba  otras dos horas, y descansábamos todos el mismo tiempo es decir dos por dos, así día y noche durante  siete días.
     Aquella mañana fui con mis hombres a montar la guardia. Se presentaba un buen día, soleado y  agradable, no hacia poniente, ese aire tan molesto y fatigoso que  sopla en verano por levante, que  pone malo a los que  están buenos y mucho peor a los  enfermos. Corría una agradable brisa del  Mediterráneo muy  confortable, se puede decir que  estábamos contentos de que nombraran aquella guardia, ya que al menos estaríamos a la sombra  sin las fatigosas correrías por  la huerta entre naranjos y hortalizas, así  decían mis compañeros.
     Marcando el paso con el  mosquetón al hombro y el charolado tricornio un poco ladeado  monté los centinelas. Desde la puerta principal no se veía el interior de la prisión, ya que  la garita estaba situada junto a la puerta de entrada. El caserón  estaba defendido por una alta y gruesa pared imposible de escalarla y menos frágiles mujeres como  permanecían en la estancia.  El centinela de la puerta principal lo que mas tenia que  vigilar eran las gente que iban a visitar  a las reclusas los días de visita, registrándole las  cestas en que le llevaban comida o libros, o alguna prenda propia de las mujeres, sobretodo interiores , paños y  otros  utensilios necesario para ellas. No existía peligro en aquel  puesto. El mas grande era que llegara un superior y lo encontrara dormido o distraído.
     No se puede decir lo mismo de la puerta  trasera. Allí la muralla  bajaba con intensidad, aunque defendida por una alambrada de espinas, pero  que  cualquiera con unos alicates podía  hacer un boquete y  escaparse, no es que  fuera esto muy frecuente, pero se dieron en tiempos atrás casos. Por lo tanto el centinela de la parte de atrás, tenia que vigilar que nadie se acercase a la alambrada de dentro ni de fuera.
      Las mujeres estaban en el patio, habían desayunado y la directora había ordenado que la que  quisiera  podía ir al patio a tomar el sol y percibir el aire fresco  y dulce con que nos obsequiaba el mar aquella mañana. Cuando ya el centinela estaba en su puesto y al el saliente  le  dije que   me siguiera pero con el ojo avizor, la vi. Si, allí, en aquel patio de  sufrimientos estaba, era ella no podía equivocarme.  ¡ No podía ser otra!, aquella que sentada en el suelo y con las espaldas apoyadas en la pared era Maria, la novia de José, la amiga de Misericordias y Mercedes. ¡Si aquella que conocí en la calle Santa Eulalia de la lejana ciudad de Mérida.! Me dio un vuelco el corazón.
     Le dije al guardia que fuese al cuerpo de guardia a descansar que yo me quedaría un rato  allí contemplando el cielo. Le mentí porque yo lo que quería era hablar con aquella mujer, que aunque ajada por los sufrimientos no perdió su natural belleza.
     -¡ Maria! ¿No se llama usted Maria.?
     Me miro despacio, como extrañada de que un guardia civil que las vigilaban la llamara por su nombre,
    - Si, me llamo Maria ¿ Que quiere usted y como sabe mi nombre?
     Esto de saber su nombre era lo de menos, porque  la directora si se lo pedía el jefe del servicio se lo facilitaba gustosa. Pero aquella vez no fue así.
     Ella no me conocía ¿o es que no quería conocerme? No lo se  pero se levantó despacio sin ganas, y me miró de frente. Entre nosotros solo se interponía  una pared muy baja que no nos llegaba a la cintura, era la divisoria entre ellas  el centinela y la alambrada.
    -Maria! No eres tu Maria, la novia de José, ¿Te acuerdas de Misericordias y Mercedes, te acuerdas de Juan; de la calle Santa Eulalia y del cine Maria Luisa?
     Al oír esto exhaló un grito.
    -Juan. Tu eres Juan, Dios mío! Como puede ser, como estas aquí. ¿ Sabes algo de Mercedes?
    -Si, Maria se mucho. Y yo me preguntó ¿ Que has hecho para  permanecer en este lugar. Tu tan buena, aquí como una criminal..……
     - Es que lo soy Juan. Si supieras, tengo  tantas cosas malas en mi  ser que es imposible contártelas desde aquí.
    -Desde luego Maria este no es sitio para hablar. Mira,  voy a pedir una entrevista contigo. Un día que  no tenga servicio, y sea  día de visita  vengo y en la media hora que  os conceden podemos  hablar, y me cuentas todo si quieres. Yo no te exijo nada .
     Se echó a llorar. No pude  estar mas tiempo, las reclusas nos miraban y si permanecía   con ella por mas tiempo la directora de la cárcel se daría cuenta  y le pediría explicaciones,, porque aunque la mujer no era mala, si era muy cumplidora con el reglamento..
     Así lo acordamos.
     Tuvieron que transcurrir varios días,  porque  mi guardia finalizaba  seis días después y hasta entonces no  tenia ningún día libre para poder entrevistarme con ella.
     Cuando hacia el relevo, miraba hacia el patio pero no la veía, nunca supe si la castigaron o es que ella no  quiso  salir mas al  patio a tomar el sol.
     Los seis días se me hicieron interminables, pero  como todo llega  también  a mi me llegó el día de  poder visitar a María.
      Dos días depues de finalizar mi servicio, era día de visita, y me acerque a la cárcel con  el propósito que ya sabemos. No tuve ningún inconveniente para  visitarla. La directora que me conocía de otras veces se encogió de hombros y dijo.
    -Bueno, usted sabrá porque quiere   visitar a la reclusa Maria,  ¿ es familia suya?.
    -No, pero la conozco de hace muchos años y quisiera  recordar  otros tiempos mejores para ella.
    - Aquí se porta muy bien,-  me aclaró la   uniformada,- pero tengo que decirle por si no lo sabe que es una asesina, asesinó a un hombre.
    - Gracias, pero eso no me importa.

     Total que llegó la hora de la visita y  por gracia especial nos dejaron en un cuarto  cerca del cuerpo de guardia solos.
     Aquella semana le tocaba mandar aquellos guardias un cabo. Era amigo mío, aunque  a decir verdad todos los hombres que  prestábamos servicios en  aquella comandancia nos llevábamos bastante bien.
     Se extrañó que   quisiera mantener una entrevista con una presa  que aunque como dijo la directora se portaba bien, en los expedientes y  los informes  rezaban como asesina.
     Antes de  entrar donde permanecía ella mis pensamientos volaron a Mérida a aquellos años, que aunque no fueron buenos dejaron en mi alma una huella indeleble.
    ¿ Pobres! Que mal se ha portado la vida con aquellas tres muchachitas, humildes, sencillas incautas y semianalfabetas, pero  con buen corazón.   Las tres lo demostraron siempre, pero la vida es cruel y mas para los seres que carecen de  dinero, y fortuna por muy nobles y caritativas que sean. Desde luego la que ¿peor? O mejor suerte tuvo fue Misericordias, porque  aunque perdió la vida, la perdió como una mártir, haciendo el bien, y seguro que  estará gozando de la paz del cielo.  En cambio Mercedes, Dios mío en un prostibulo y Maria aun peor en la cárcel.
      Se me amontonaban los pensamientos, buenos y malos de  cuando estábamos en Mérida, tomando los refrescos en los quioscos de la Plaza o en el Bar Benito, o asistiendo a las sesiones de cine en el teatro María Luisa.
      Un guardia me abrió la puerta del cuartucho donde íbamos a tener la entrevista.
    - SI ocurre algo   tocas la puerta y de momento  estamos aquí.
     Me sonreí a la insinuación de  mi compañero.
    -Anda, vete tranquilo que yo conozco bien a esta mujer. Es mas que amiga.
     Se marcho el centinela y yo penetre en la estancia.

                               
     Sentada en una silla de anea, se hallaba Maria. Se había  aseado, y peinado ( ella como sabemos siempre fue muy limpia) pero ahora se había  retocado con lo que  tenia a su alcance, jabón verde, una barra de labios con los que se los pintó, se perfumó con agua de colonia barata,                            
                               

    pero estaba tan guapa  o al menos así me pareció a mi, que  al verla me emocioné.
     Yo llevaba un ramo de nardos que compré en una floristería cercana.
     - Hola Maria. ¿ Como esta

    1. Bueno... estoy bien.

    Quiso levantarse pero yo la contuve  por el hombro.
    -Dame un beso - le dije- Y ella  me beso en las mejillas, yo se lo devolví, en el mismo sitio.
    -Mira te traigo un ramo de flores, son nardos.
     Me miro con  tristeza, y tomo las flores de mis manos.
    -¡ Muchas gracias Juan!. Lo pondré en  agua, tengo una botella con el cuello muy ancho que  estará muy bien.
    -  Vengo a verte y a animarte, principalmente, pero si no tienes inconvenientes desearía que me contaras tu vida. ¿ Sabes que  Mercedes está en Badajoz?.
     No, hace mucho tiempo que dejamos de escribirnos, la ultima carta no tuve contestación.
    -La pobre se encuentra  en un sitio muy malo.
     Se quedó mirándome como si quisiera adivinar  el pecaminoso lugar, y dijo.
    -¿ Peor que este?
    - No se que decirte Maria, este es muy malo, pero pronto   saldrás, hay reducción de condena por buen comportamiento, amnistías en fin   ¿Quien sabe?
    - Sigues siendo  tan bueno como siempre Juan, pero...
    -Si, ya lo se has matado a una persona,  pero quiero creer que tendrías  buenos motivos para hacerlo y que  lo harías en un arrebato, o en  defensa de tu honra.
    - Tengo veinte años de condena, son muchos y solo llevo cinco  aquí. No se si me trasladaran, yo no quiero, aquí dentro de lo malo  me encuentro bien.
     Escúchame Juan.  Al igual que Mercedes,  José fue a Mérida a por mi, Nos casamos en mi pueblo y José encontró trabajo en una casa rica, el sueldo era escaso pero  ¿ que íbamos a esperar los pobres? Que al menos no nos faltara el pan. Tuvimos un hijo y al poco tiempo se nos murió.
    -Igual que a Mercedes, Maria; ella también tuvo un niño y se le murió , Parecéis dos líneas paralelas.
     No se si te he dicho que el señorito se enamoró de mi. Bueno enamorado no, lo que quería era gozarme, y yo me resistí a sus bajos instintos. Me acosaba, y le plante cara muy seriamente. Fue entonces cuando  me dejó de acosar por una temporada. Como el pueblo donde vivíamos era tan pequeño, y yo me sentía muy sola, me gustaba pasear por el campo, no muy lejos de las últimas casas, y todo ocurrió aquella tarde
     Iba  como te decía por el camino del cementerio., quería visitar la tumba de mi niño , cogí flores silvestres ,pues era el mes de abril y los campos estaban   a rebosar de toda clase de  flores .  Junté un ramo de varias margaritas blancas que es lo que mejor le   pegaba a aquella diminuta tumba en el suelo, porque para un nicho no  teníamos dinero para cómprales otras flores, poco antes de llegar al camposanto se me presentó Jacinto, que así se llamaba aquel truhán.
    -Hoy si que estas guapetona Maria; eres tonta si fueses de otra manera podías tener  mejor vestido. Yo llevaba puesta una falda algo ajada, pero muy limpia y una blusa verde con la pechera adornada con un clavel bordado en rosa. -Estoy muy bien así, y por favor déjeme tranquila, , no ve que voy al cementerio a llevarle flores a mi niño.
     - Yo quiero ir contigo, y juntos le depositaremos ese ramo de margaritas y amapolas tan bonito que has cogido,
    -Muchas gracias pero yo no necesito a nadie. Mi dolor es solo mío, y quiero rezar junto a  su cruz. Una cruz de hierro que  nos regaló, mejor dicho le regalo a mi niño el herrero del pueblo, que  es amigo e José,
     Pero el insistía, con que podía  vivir muy bien, que mi marido  no tenia porque enterarse de nada.
     Aquella tarde no ocurrió nada, porque  al entrar en el camposanto estaba en su interior además del enterrador y su mujer, dos  viudas que le llevaban flores a sus difuntos esposos, y el viendo que no podía hacer nada ni que yo le hacia demasiado caso se marchó, pero me dijo al oído.
    _-Hoy he fracasado pero otro día no va a ocurrir esto
     Dos días después recibí una carta y dentro del sobre  mil pesetas :el papel escrito a maquina era de color rosa, me suplicaba que aceptara el dinero, y que  me esperaba en el camino del molino de Antón.
     Dude un momento. Cuando  se tiene necesidades e  dinero y te cae mil pesetas, que en aquel tiempo era mucho, se  duda un poco. Pero aquel sucio pensamiento de entregarme solo duró unos  instantes. Yo le había jurado a José serle fiel hasta la muerte y lo  cumpliría
     Me guarde una tijeras grande en el bolsillo de la falda, con doble intención. Una  cortar  flores para mi hijo, y la otra (así lo pensé) por si el  pesado del señorito volvía a acosarme asustarlo con la tijera. Me dirigí a donde el me indicó, o sea el camino del molino de Antón, que  era paralelo al del cementerio, pero mucho mas solitario y distante sobre dos kilómetros , las mil pesetas y la esquela las metí en el mismo sobre roto con intención de devolvérselas  advirtiéndole que no volviera a molestarme mas, porque de lo contrario  daría parte  a la Guardia Civil y se lo diría a mi marido. Esto último me figuro que lo tendría sin cuidado, porque si mi marido le plantaba cara, con despedirlo quedaba todo solucionado.
     Total que aquella tarde, un poco borrascosa, ya que hacia viento y nubarrones negros  cubrían el horizonte.
     En el recodo del camino estaba esperándome.
    ¡ Hola Maria, Sabia yo que  vendrías _ pronunciaba las palabras  acompañada de una sarcástica sonrisita, creyendo que me iba a entregar por las mil pesetas que me mando, y aunque le hubiese pedido otras mil pesetas no hubiese dudado en entregármelas.
    -¡ Si, he venido para entregarle su asqueroso dinero!  Aquí lo tiene con su carta, ahora déjeme pasar, que voy  a coger flores, y olvídese de mi para siempre. Soy fiel a mi marido y nada   que me ofrezcas aunque sea la gloria me va a convencer,
     Se me quedó mirando, con ojos inyectados en sangre. Había sido despreciado por una pobre  mujer de un obrero suyo. El que todo lo conseguía  por dinero quedó herido en su amor propio.
    -Esto no va a quedar así- dijo con rabia, y  se abalanzó sobre mi  en un impulso de lujuria y rabia. Yo grité, pero nadie me oyó, aquel lugar distaba  unos tres kilómetros del pueblo, cometí la imprudencia de alejarme hasta allí,  creyendo que en el molino de Antón ya próximo, estaría ese hombre. Me equivoque, o quizás lo pagara para que no fuese testigo de lo que  tenia maquinado, Me besó, al mismo tiempo que sacaba del bolsillo otras mil pesetas.
    - Para ti si  aceptas a copular conmigo, porque esta tarde por las buenas o por las malas  será. Estamos solo y por aquí no pasa nadie, así que te conviene  mejor por las buenas y te llevas dos mil pesetas que creo que estas muy bien pagada, si no me es igual te violo, me he propuesto  hacerlo contigo y  lo hago sea como sea, aquí cerca hay un cobertizo de las ovejas, nadie  hay en el y nadie nos verá.
    - Bueno, vamos, que voy a hacer  He sido una tonta, le dije dulcificando cuanto pude la voz; yo pensaba que seria mas listo, o tal vez el fuego que llevaba dentro, el afán tan grande se que fuera suya no le dejaba ver el engaño. La tijera que llevaba en el bolsillo no se si la vio o no, si  se percató de ella  no le intimidó, pensaría que la llevaba para cortar flores silvestres y llevarlas al cementerio.
     Llegamos al  cobertizo  que estaba a unos 100 metros apartado del camino.
     -¡Ya verás, bonita mía lo bien que lo vamos a pasar los do- me decía, vas a ser una reina, tendrás joyas, criadas, dinero, viajes todo lo que quieras, que para eso  y mucho mas tengo dinero para  mí princesita.
     No se si lo decía de verdad, o era  por el momento de pasión y lujuria que lo envolvía.
     Llegamos al interior del cobertizo, no había nada, hacia tiempo que estaba abandonado,  de las ovejas ni rastro. Solo un montón de paja medio podrida en un rincón.
    -Siento,  Maria que ahora no te pueda ofrecer mejor lecho. Pero  mañana ya te buscaré un sitio digno, como tu te mereces.
    “Mañana, estaré en la cárcel”, pensaba yo porque  de hoy no sales con vida.
     Me, invitó a desnudarme, mientras el  se quitaba la chaqueta y la corbata que como un gran señor siempre llevaba.
    ¡Dios mío.” Me dije, perdóname, pero  mi honra vale para mi mas que la vida de este miserable, y sacando las tijeras que eran bastante grandes, se las clavé en el pecho justo donde tenemos el corazón. La sangre   salió a borbotones y me mancho toda la cara y manos. Vi sus ojos  como se vidriaban, quiso  exclamar algo pero no pudo, cayó a mis pies muerto. Era una asesina, había matado a un hombre. ¿ fue en defensa de mi honor?, no acertaba a coordinar  mies pensamientos.  Salí corriendo sin rumbo fijo, ¿donde voy? Me preguntaba, y andando  andando, llegue al pueblo, el cuartel de la Guardia Civil, se encuentra en ese camino a las afueras, o en este caso a la entrada. Mi cara y manos llevaba el sello del crimen. Penetré en el  edificio, el guardia de puertas que estaba escribiendo, se levantó al verme.
    - ¿ Que le ocurre a usted?- ¿ Y esa sangre?
    - Allí, en el cobertizo está su cuerpo, el del señoriíto, lo he matado con una tijeras la tiene clavada en el pecho. Y  me desmayé.
     Cuando recobre el sentido, estaba en  la cama del consultorio médico. El doctor que me asistió, certificó un ataque de ansiedad, los nervios.  De allí a la cárcel, habían descubierto el cadáver. Las tijeras  estaban  en el cuartel envueltas en un paño. Llegaron los  de policía judicial y examinaron las huellas, no había duda la asesina estaba allí, era yo.
     En el juicio me condenaron a 20 años,  a cumplirlos no se porqué en la cárcel de la Pechina, cárcel de mujeres en la ciudad de Valencia.

     En aquel momento, la celadora dijo que la visita había finalizado. La besé en la frente. Te prometo-le dije- que si algo está de mi parte  haré lo que pueda por ti, al menos vendré de vez en cuando a darte compañía.
     No pudo ser, cuando llegué al cuartel el sargento me comunicó que de orden de la superioridad, me trasladaban a la Comandancia de Badajoz.

     

    CAPITULO XI

    LOS  NIÑOS    PERDIDOS

     

     Todo lo cura el tiempo, las heridas del cuerpo y las del alma, por lo tanto mis heridas ya  casi habían cicatrizadas, aunque como en la piel también en el alma deja una huella indeleble aunque sea invisible.
     Han transcurrido mas de diez años, desde que deje  la Comandancia de Valencia y vine a la de Badajoz. En esos años ocurrieron muchas cosas. Me case  con Maria, no la que estaba en el  penal de Valencia, sino con otra, otra muchachita del pueblo donde estuve viviendo unos años. De aquel matrimonio nacieron cinco hijos, aunque uno de ellos no llegó a cuajarse.
     Mi destino  fue en un pueblecito entre la sierra y el llano y en el  hice buenos amigos. El tiempo transcurría con la rutina habitual, sin grandes acontecimientos. Bueno  por entonces moría Franco , y España volvió a ser monárquica, también murió el presidente del gobierno Luis Carrero Blanco, este antes que Franco, las dos muertes acaecieron en la década de los 70 del pasado siglo XX. Se legalizaron los partidos políticos, y volvieron las manifestaciones que tan prohibidas  estaban cuando el régimen franquista. La transición se realizó no en  la paz completa, las algaradas fueron constantes. En el pueblo donde yo estuve destinada, se notaba menos, pero en poblaciones de mas  entidad de población, si que hubo  bastante algarabía. Huelga de tractores, donde  tuvimos que emplear balas de goma y de fogueo, porque se nos echaron encima lanzándonos piedras y tornillos. Al final de la “contienda” varios heridos entre manifestantes y guardias civiles, amen de las perdidas que se ocasionaron.
     Tomaron por la fuerza una sierra que era coto de caza privado. Invadieron dicha sierra que el nombre no viene al caso mas de 200 personas, entre ellas algunas mujeres. Llegamos una sección al mando de un teniente, y nos plantaron cara, hubo algunas escopetas de caza entre los  manifestantes, que a nuestra presencia cargaron.
     El oficial un  teniente joven, le echó brío a la cosa. Dialogaba con razones y por las buenas , sin bravatas, pro los manifestantes al ser mayoría se envalentonaron.
      Al ver el  teniente la situación tensa , mandó a cargar las armas. Se dispararon varias descargas al aire. Bastó, de momento se dispersaron y la calma  volvió a reinar como días anteriores. 
     
     Se rumoreaba en ciertos círculos, como el casino de los señores y bares de mas o menos categoría que había ruido de sables, Los militares de alta graduación, no estaban conformes con  haber perdido autoridad y protagonismo, Por otro lado la ETA, causaba  muchos muertos entre las fuerzas del orden, y militares, siendo victimas de sus atentados criminales infinidad de guardias civiles, instituto donde mas se cebo, con el tiro en la nuca y a traición, aunque también  miembros de la Policía y el Ejercito fueron asesinados por la criminal banda terrorista,
     Un 23 de febrero de 1981, se produjo un fallido golpe de estado, donde fuerzas de la Guardia Civil, entraron  pistola en mano en el congreso de los diputados cuando se  realizaba la votación para presidente del gobierno. Algunas Capitanías Generales se  echaron a la calle como la de Valencia, pero  el golpe fue parado por el Rey, y la vida siguió su curso, sin grandes acontecimientos, digno de mención,.
     En el puesto donde yo prestaba servicios, apenas notamos nada.. Si ,se recibieron comunicados que  nos ordenaban que permaneciéramos acuartelados y atento  a la radio, que solo emitía música militar, Al fin volvieron las aguas a su cauce y siguió la rutina habitual.
     Pero...  A mi me  tenia el destino, la fuerza del destino otro acontecimiento, Un acontecimiento que nunca  publicó ningún periódico, ni el local, ni emitió la radio local nada, paso desapercibido totalmente. Solo tuvo  reasonancia en los corrillos de los pueblos  de la comarca.

     Entre los numerosos cortijos que existían habitados  en la demarcación, y que visitábamos  donde en unos nos recibían con amabilidad y otros   con indiferencia, existía uno que no llegábamos nunca, porque  se hallaba fuera de nuestro distrito, Allí  irían los del pueblo vecino, pero nosotros los de mi puesto no teníamos ni la menor  idea de que en aquel cortijo Vivian  dos  mujeres con dos hijos. Lo supimos por  una desgracia que ocurrió con final feliz,
     Serian las  nueve de la noche cuando  en el puesto se recibió una llamada, procedía del vecino puesto de H,, Recibió la llamada un guardia auxiliar de los que por entonces hacían el servicio militar en la Guardia Civil. Yo  estaba de encargado del Puesto, pues cabo no había y el sargento estaba de baja por enfermedad. Llegó todo nervioso a mi pabellón diciendo atropelladamente.
    -Hormigo, hay una llamada del sargento de H, y dice que se ponga usted.
    -Gracias Antonio. Pero estate tranquilo hombre, que  estas cosas suceden muy a menudo en esta profesión.
     Era  que en un cortijo de la demarcación del pueblo que hemos   señalado con una H, se habían extraviado  un niño y una niña. Decía el Comandante de Puesto que  había sido jugando, según denuncia de la madre de  la niña. Que seguramente se había internado por el monte y habían perdido el rumbo y corrían  grave peligro, pues por aquellos  montes y sierras aun existían alimañas, lobos , jabalíes y reptiles que le podían causar la muerte, dado que  solo contaban  cuatro y cinco años de edad y la noche se echaba encima.
      Reuní a todas las fuerzas del puesto y  ordené que se ensillaran los caballos, era preciso encontrar a los niños, antes de que fuese mas tarde. Peinaríamos toda la sierra, y si era preciso mandaría a pedir refuerzos a la Comandancia. El sargento, me dijo por teléfono que de eso  era el encargado, primero por estar en la demarcación de su puesto, y lo segundo por  ser  superior a mi cargo que solo era accidental.
     No tuve mas remedio que callarme, el llevaba toda la razón.
     Nunca monte un servicio con mas ahínco y ardor que aquel. Se trataba de encontrar a dos niños, dos niños perdidos en plena montaña, sin mas abrigo que las estrellas, expuestos a ser devorados por los lobos . No conocía a sus padres, pero no hacia falta. Eran dos angelitos del cielo los que había que salvar, y esto estaba por encima de todo.
     Se me vino a la memoria un articulo que ya casi lo he olvidado, pero aun recuerdo que decía. “ El que vea a sus hijos  arrastrados por las corrientes de las aguas lo crea salvado” . Quien sabe si alguno de aquellos dos angelitos fuesen arrastrados por las corrientes de las aguas de algún riachuelo. No había tiempo que perder.
     Me puse al frente de la patrulla, y les arengaba para que fustigase a los caballos. Los animales parecía que  sabían donde iban, porque  aligeraban el paso y a veces hasta trotaban casi sin obligarlos.
      En una hora estábamos en pleno monte. Las estrellas iluminaban las jaras y las retamas, las encinas muy espesas a veces nos impedían caminar como queríamos. Encendimos linternas eléctricas y vociferamos  los nombres de los niños. Según nos comunicaron el niño se llamaba, Agustín, la niña Soledad.
     Toda la sierra se llenaba con  los nombres de los niños que a voces  intentábamos de encontrarlos, pero solo nos respondía el eco de las montañas. Aaaagussstiiin, Sooooleeedaaad. Era las respuestas que nos daban los picachos de aquellos montes poblados de arbustos y  encinas. Las linternas al agotarse las pilas, emitían una tenue luz que solo  alumbraba  nuestros pies.
     A los caballos los dejamos en  el cuartel de H. Pues  la montaña era  mejor rastrearla a pie, al menos íbamos mas libres.
     A veces oímos aullar a algún lobo, o tal vez a perros  cimarrones.  Registrábamos casas abandonadas, cuevas, riachuelos, bajo las retameras y jaras, nada, ni rastro de los niños. Nos desesperábamos, casi lo dábamos todo por perdido. Nadie esperaba encontrar  con vida a los dos angelitos.
     Mi compañero, casi lloraba, el al igual que yo teníamos hijos pequeños como los que buscábamos, sabíamos que los nuestros estaban seguros, estarían durmiendo en sus camitas, y las madres los velarían, como siempre  están las mujeres de la Guardia Civil preocupadas cuando sus maridos se hallan de servicio. Esta noche la preocupación, el temor seria doble, por sus maridos y los niños perdidos en el monte.
     El cansancio empezaba a mostrarse, pero no importaba , teníamos suficiente energías, para seguir buscando. No se si Dios o  ese instinto  natural que nos anima a seguir adelante.  Cuando se trata de salvar a personas, se sobrepone a todo agotamiento, y seguíamos, seguíamos buscando por todos los recovecos de la sierra.
     Ya las luz lechosa del alba  apuntaba por oriente, y los niños sin aparecer. Llorábamos de impotencia. Me parecía mentira que hombres, duros, como  éramos todos, hombres que a veces no  les importaban  dar alguna bofetada a un delincuente, o al que se rebelara contra ellos, lloraran como niños por no encontrar a los inocentes que se habían perdido.
     Empezamos a pensar  en otra cosa. Ya no creíamos que los niños se  hubiesen extraviados al adentrarse solos jugando en el monte. Pensábamos si no eran víctimas de algún secuestro, por venganza, porque aunque no conocíamos a sus padres, teníamos conocimientos de que  por dinero no era, ¿ Que dinero iban a poseer personas que Vivian en el monte, alejados de toda civilización?
     Mi cabeza era un torbellino de ideas y malos presentimientos.
     Habíamos peinado casi toda la sierra. Solo nos faltaba la parte mas occidental, el lugar próximo al cortijo. ¿ Dios mío como estarán esas madres? Pues por información del sargento de aquella demarcación  supe que eran dos mujeres solas con un niño y una niña las que moraban aquel cortijillo, que ellas se encargaron de adecentar.  Se decía que Vivian de sus ahorros y de alguna pequeña paga que  por ser viudas le dejaron sus maridos, y también por trabajos que hacían en tiempos de recolección de aceitunas, pues también en aquellos montes se  criaban olivos y que a veces, trabajaban pintando en alguna casa del pueblo, y otros trabajos dignos que eran contratadas.
     Aquella noche  supe todo eso por los comentarios que hacían, los compañeros del puesto  de aquel paraje. Pero ...

                                          *   *   *

     Ya nos retirábamos, no podíamos  mas. Si no descansábamos,  quedaríamos extenuados, mas de lo que estábamos. Nos  encontrábamos tan cansados que ya parecíamos autómatas. La mañana  era fría y los huesos se entumecían. El Sargento, ordenó que nos retirásemos. Pediría mas refuerzos al Capitán de la compañía, para continuar de día con la búsqueda. Serian  guardias de  refresco y aguantarían todo el día  , era preciso  encontrar a los niños vivos o muerto. En  eso  se  basaba mucho el prestigio del Cuerpo, que  por causas de la política y otros avatares estaba algo deteriorado en aquellas montañas.
     Caminábamos  cabizbajos, para el cuartel,, recoger los caballos y  marcharnos a descansar a nuestro  cuartel cuando...
     _ ¡Hormigo, no has oído el llanto de un niño!_ me dijo mi compañero, con la ilusión de que  habíamos  encontrado a los niños.
     Me pare y aguce el oído. Efectivamente. El llanto de una niña, se oía   algo confuso, como sin fuerzas.
     Nos quedamos parado para cerciorarnos mejor de donde venia el llanto. Me puse la mano  el oído, a modo de audífono para oír mejor aquel llanto, y en efecto era el  llanto de una niña. Sin mediar palabras corrimos al lugar donde  se escuchaban los gemidos. El frío mañanero nos despertó de la modorra  y el cansancio, que soportamos toda la noche. No hizo falta decir nada, corrimos todo lo que nuestras fuerzas podían y llegamos a una mata altísima una retamera,  los cuerpos de los niños  completamente.  Aquella  leguminosa les salvó la vida.
     La niña  se hallaba acostada casi yerta de frío. El niño estaba inconsciente.
    _ Rápido_ dije a mi compañero, . Hagamos una lumbre y mientras  cubrámoslos con las capas .Sobraron mas palabras. Nos desprendimos de las capas y se la  echamos a los niños encima. Al calorcillo que  daban  las prendas, empezaron a reaccionar. La niña nos miraba entre asustada y agradecida. En pocos minutos hicimos una hoguera., leña  existía en abundancia, seca de encinas y  otras plantas leñosas.
     Las llamas alcanzaron, unos metros de altura y a una distancia prudencial  llevamos en brazos a los niños. Yo a la niña lógicamente mi compañero al niño.
      No teníamos nada para darle de comer ni beber, como no fuese agua que llevábamos en una cantimplora, pero eso no los iba a reconfortar del todo. Cuando ya estaban   recuperados, y el entumecimiento  ceso de sus cuerpecitos. Los tomamos en brazos, y dando voces  de que habían aparecido nos dirigimos al cortijo.
     Fue una gran alegría la de todos los compañeros.  ¡ Los niños! Ya han aparecido los niños sanos y salvos. Todos estábamos muy contentos, note como mi compañero con el dorso de la mano, se limpiaba una lágrima_ El humo se me ha metido en los ojos _ dijo para disimular las lágrimas que le salían de la emoción. Yo me sonreí, y lo mire  de reojo, se ruborizó.
    _  No, Jerónimo , no tienes que avergonzarte por que se te escapen las lágrimas eso prueba tu buen corazón.
     Quisieron relevarnos la carga, pero nosotros nos negamos. Quisimos entregárselos  a sus madres.  ¿ No los habíamos encontrado nosotros? Pues lógico es que  lo depositemos en manos de aquellas mujeres, que en mi puesto teníamos unas vagas  referencias de quienes pudieran ser.
     El sargento de H. Si lo sabia,. Bueno sabia por informes recibidos de sus lugares de procedencia, que eran  madres viudas sin maridos, y que sus pasados no habían sido muy ejemplares que digamos. Eso es lo único que me  confidencio el suboficial, al preguntar que  sabia de aquellas dos mujeres.
     No quise profundizar mas, a decir verdad el sargento no era muy comunicativo, y no quería  compartir con nadie sus cometidos. Era  algo egoísta y todos los servicios  extraordinarios,  se los quería apuntar el, de esta forma se congraciaba con los mandos superiores. Por eso no le sentó bien que no le dejáramos llevar uno de los dos niños.
     
                                                 *   *   *

     Amigo/a   que lleváis con paciencia esta historia.  Mi pluma no encuentra palabras para describir el estado de aquellas dos madres. Pálidas demacradas, toda la noche  se las llevaron buscando a sus hijos, por diferentes  lugares de la sierra, y cuando ya no podían mas regresaron exhaustas, agotadas, abrazadas y llorando a su  humilde casita. Luego estuvieron todo el tiempo rezando para que sus hijos aparecieran sanos y salvos. Dios y la Virgen  a quien  ofrecían sus plegarias, las escuchó y parecieron los niños como sabemos.
     Oyeron las voces de los guardias  con la buena noticia de que los niños habían aparecido  con toda su salud aunque algo cansados y  extenuados por el frío de la noche. Y sin importalarles el frío, sin importarles  como estaban   sin lavar ni peinar con las ropas en desorden, por haber estados tendidas en  la cama para recuperar fuerzas y salir de inmediato a la búsqueda de nuevo de sus  queridos retoños, se lanzaron al camino  corriendo  a todo  lo que sus menguadas fuerzas le permitían.
     Llegaron a donde estaban sus hijos y nosotros.
    - ¡ Toma mujer tu hija!- le dije.
     - Aquí tienes  a tu hijo mujer- le dijo mi compañero.
     Y arrebatándonoslo de los brazos  lo colmaron de besos  llenándole de lagrimas   las caritas.
     Ella no se dio cuenta. No se enteró quien se lo había entregado .  La mire y le dije.
    -¿ Tu Mercedes! O es que veo visiones.¡ No!, si la otra es Maria.
     Las dos se quedaron como de piedra. No sabían que decir. No acertaban a articular palabras. Apretaban a sus hijos contra ellas, que gemían los niños  pronunciando la dulce palabra de mamá.
     De pronto rompieron a llorar y se  hincaron de rodillas. Se agarraban a mi capa que ya la había recuperado al entregarle a sus hijos.
    -¿ Gracias Dios mío!- ¡ Gracias Juan! El te ha puesto en nuestro camino otra vez mas para  salvar a nuestros hijos. Somos pecadoras Juan, muy pecadoras, no merecemos que nos miréis pero  por lo que habéis hecho.... Por lo que tu has hecho por mi hija y por mi hijo  musitaron a la vez-, rezaremos  todos los días por vosotros, y especialmente por ti Juan. Me puedes despreciar todo lo que quieras, pero nosotras. Siempre te tendremos como nuestro ángel  protector.
    - Levantaros . Sois madres y no  habéis abandonado a vuestros hijos, aunque hayan sido del pecado, con eso tenéis todo mi afecto y protección en lo que mi humilde persona y cargo pueda.
    - Todos nos miraban atónitos. Sin dar crédito a lo que veían. Por fin el sargento  ordenó.
    - Todos a sus casas, merecéis un descanso. Yo tengo que dar parte de esto al Teniente Capitán y jefe de la Comandancia. Es mi deber.

     

     

EPILOGO

 

 Ellas dos. Mercedes y Maria, permanecieron viviendo en aquel monte en aquella casita modesta y limpia muchos años. Yo cuando disponía de algún día libre que no eran muchos me desplazaba  hasta aquel monte de encinas y jaras a visitarlas y charlar un rato con ellas.
¡ Que agradable compañía! Eran mis amigas, mis antiguas  compañeras de tiempos pasados, de aquella Mérida de antaño, cuando era mas pueblerina que hoy, cuando  las muchachas que paseaban por la calle Santa Eulalia , miraban con ojos picaros unas, y con ojos  tristes otras aquellos estudiantes y a los uniformados oficiales y soldados, que las invitaban a tomar un refresco en Casa Benito, o asistir a una función de cine el cine teatro Maria Luisa.
 Me invitaban a café y entre sorbo y sorbo recordábamos  los felices tiempos y los amargos, que la fuerza del destino nos deparó.
 Mercedes fue sacada del burdel por un buen hombre, que le hizo la hija, pero las presiones familiares y otras  le obligaron a abandonarla cuando aun no había nacido la niña, deambuló de acá para allá, buscando  el sustento para  ella y comprarle la ropita a la que iba a traer al mundo, trabajaba de criada  como en sus buenos tiempos, ya no en Mérida como de joven, ahora  lo hacia en Almendralejo, porque en  Badajoz, en cuanto se enteraban de que había ejercido la prostitución la despedían,
  No se como supo que María  era una reclusa en la cárcel de mujeres valenciana, y le escribió una carta.
 La repuesta que recibió de Maria era desalentadora, también  ella se encontraba embarazada, sin saber como. Le decía que había sido violada por uno de los  carceleros, cosa muy de extrañar porque en aquella penitenciaria, aparte de la guardia que como sabemos era encargada la Guardia Civil, no entraban hombres.  No existían funcionarios eran funcionarias.
. Nadie supo como fue, ella si, pero no quiso revelar ningún nombre , era demasiado buena y no quería destrozar ninguna familia, o ella era la  violadora y consentidora y no quiso  mas  líos de aquel tipo.
 La hija de Mercedes nació en una casa de recogida de Almendralejo, y le pusieron de  nombre Soledad, porque según ella nació muy sola y además le gusta el nombre.
En Cuanto a Maria su hijo nació en la cárcel, en el botiquín, fue asistida por una comadrona llamada de ex profeso para asistir al parto. Aquella buena mujer que en todo momento se  mostró caritativa llevaba el nombre de Agustina, y en su honor pusieron al niño su nombre, o sea Agustín.
 No permaneció muchos mas años María en la cárcel, revisaron su expediente  y  ya había cumplido parte de la condena, el juez no la considero ni  muy grave  ni ella mujer peligrosa ya que   cometió el homicidio en defensa de su honor. También con motivos de la subida al trono del Rey, Juan Carlos I se benefició de un indulto y salió a la calle con un hijo y algunas pesetillas ahorradas de los que le correspondía por  algunos trabajos y las sobras que le pertenecían. Total que   al encontrarse sola en la inmensa ciudad de Valencia, sin tener adonde dirigirse, se  dirigió a la estación y sacó un billete de tren para Almendralejo. En esa ciudad  vivía su amiga de infortunio. Mantuvieron alguna correspondencia, y le anuncio que algún día iría a vivir con ella.
 Al llegar a la estación de la capital de Tierra de Barros, la esperaba Mercedes con su niña, y las dos se fundieron en un fuerte abrazo  bañándose las caras con las lágrimas que   se desprendían de sus ojos,
 Aquella noche durmieron juntas en  la pensión que se hospedaba Mercedes, desde que llego a Almendralejo. 
 A la mañana siguiente, salieron en busca de trabajo. Recorrieron toda la ciudad, y por fin lo encontraron.
 Una buena mujer, le dijo que en un cortijo de la sierra de H, las podía  emplear para la limpieza y  todos los menesteres del cortijo
 Y allí se fueron juntas a vivir.
 Estuvieron una temporada  muy felices, pero alguien descubrió sus anteriores vida, y  mal metió a la mujer dueña del cortijo, que a la vez estaba casada con un gran potentado en ganado y cereales, dueño de muchas fanegas.
 Por don Felipe, que así se llamaba el terrateniente, se hubiesen quedado  en la casa, pero doña Rita, que era la mujer al enterarse que una había ejercido  la prostitución y otra había estado presa  por homicidio, no quiso que estuviesen mas en aquel cortijo. La señora que se mostró caritativa al principio  y era muy cristiana a su manera,  sin tener en cuenta que   eran madres de dos hijos las puso de patitas en la calle.
 Ellas no protestaron, cogieron sus ropitas y sus niños y  salieron, Pero cundo  anduvieron unos 20 metros por el c amino  que conducía al pueblo, lasas llamó don Felipe.
-Mujeres- le dijo con voz  cariñosa- Por mi  os quedabais en el cortijo para siempre, pero  mi mujer no quiere. Le han dicho que una  ha estado en una casa de lenocinio y la otra en la cárcel, y comprenderéis que  si eso se extiende por  los cortijos y el pueblo, nosotros no vamos a quedar muy bien parado. A no ser que demostréis que eso es falso.
¡ No! No es falso- dijo Mercedes  sin alterase. Yo he sido una puta, por circunstancias de la vida y esta señaló a Maria_ ha estado en la cárcel porque un señoríto como usted quiso deshonrarla.
 Don Felipe no supo que responder. Solo le dijo.
 -A unos  doscientos metros de aquí, poseo una casa que  está apta para vivir. Es lo que puedo ofreceros. No  me despreciéis la oferta, lo hago con mucho amor. No os culpo de nada, pero mi mujer está muy metida en... bueno no ve bien que  estéis   bajo el mismo techo que nosotros, por lo tanto  nada os cobraré por habitar  en la casilla, solo con que la cuidéis me conformo.
 ¿ Donde ir? Las desdichadas, no tenían  otro cobijo. Mas por sus hijos que por ellas, y aceptaron irse a vivir juntas a la  casita que don Felipe les  ofreció..
 Lo demás ya lo sabemos. Como se extraviaron los niños, y como los encontramos.
 Yo mientras estuve  en las inmediaciones las visitaba de  vez en cuando. Fuimos  la comidilla de algunas comadres, Hasta que  de allí fui destinado a  Badajoz .
 Tarde algunos años en saber  de ellas,  Hasta que  un día supe que Mercedes  había fallecido, a la edad de 60 años, victima de un cáncer. Maria se juntó con un  guarda rural viudo como ella, un buen hombre que  la hace feliz. Agustín y Soledad, se casaron y viven en Madrid. El  se alisto en el Ejercito, quiso ser guardia civil, pues su madre le  inculcaba que  fue la Guardia Civil quien  los encontró aquella noche  de frío y niebla  que se perdieron. Si hubiese sido hoy tal vez hubiese ingresado, pero hace  quince años aun  perduraba  lo de buena conducta  en los familiares para ingresar en el cuerpo, y su madre aunque buena, tenia dos  manchas. Una ser madre  sin marido  y la peor  haber permanecido ocho años en la cárcel.
 Hasta el día de hoy , se que ostenta el grado de brigada, y que a  Maria  le han dado dos nietos. Una preciosa niña llamada Mercedes y un niño  de nombre Juan .  Ignoro porqué Juan.

 

seis

Y hasta aquí esta fantasía, que solo es una novela de  ficción, pero que pudo ocurrir  en la realidad en un tiempo en que  dos almas buenas, por la fuerza del destino se vieron envueltas en  la mas deshonrosa  y triste vida que nunca  pensaron tener  cuando las conocí en Mérida.

 

F     I     N

 LA FUERZA DEL DESTINO, novela de ficción  por Juan José Hormigo Bautista

 

Guadiana del Caudillo, Mayo de 24 - 5 - 2012  Juan J. Hormigo Bautista