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LA LLAMADA DE LA SANGRE

Por Juan José Hormigo Bautista.

 

 LA LLAMADA DE LA SANGRE

 

Novela por Juan José Hormigo Bautista

                               Dedicada a todas las madres y en especial a las solteras.

CAPITULO I

Una tarde en Melilla

   

 La tarde declinaba y el cielo color de púrpura se incendiaba allá por el horizonte con resplandores dorados de un sol ardiente de las canículas,
 Una animación  nerviosa poblaba las calles y plazas. Había soldados por todos los sitios, los uniformes afloraban con sus colores diferentes, por todas las esquinas formando corros cuchicheando animadamente. Los cafés y tabernas estaban llenos de soldados y mujeres. Un desasosiego se palpaba por todas partes escuchándose
¿ Que habrá pasado..? ¡Tardan mucho hoy la gente!
Otros oteaban a lo lejos por si veían venir las columnas y los grupos de soldados que habían salido de los cuarteles al amanecer.

 A lo lejos se empezaron a divisar las Unidades que parecían procesiones de hormigas. Conforme se acercaban se agrandaban como si de una enorme serpiente multicolor se tratara. Venían alegres y cantando los que habían salido ilesos del “fregado”
-Hemos conquistado el Gurugú-exclamaban  los que  salieron ilesos.
 Detrás,y en camillas venían los otros, los heridos. Aquellos que no tuvieron suerte y las balas no quisieron respetarlos.
 Los carros de “sanidad” llegaban repletos de hombres ensangrentados; los   ayees de dolor se escuchaban sin cesar erizando el vello a los más duros e indolentes, pedían agua a sus madres, esposas o novias. Los uniformes tomaron el color rojo, teñidos de sangre habían perdido su color habitual. El verde de la Legión, el garbanzo de las tropas Regulares y el caqui que caracteriza a los soldados  de las armas y cuerpos de Tierra. Manaban sangre los maltrechos cuerpos como si se tratara de una fontana de rojas aguas.
 Rafael los contemplaba atónito, no daba crédito a lo que veía. El había tenido suerte, no participó en aquella sangrienta batalla, No todos marcharon en busca de la gloria o la muerte; algunos tuvieron que quedar en los cuarteles para  los servicios imprescindibles, tal vez  si se quiere los mas bajos, pero  fueron los que  le salvaron la vida o no  lo sacaron del anonimato.
 Corrían al encuentro de los heridos, por si podían socorrer a algún compañero amigo o paisano, amigos muchos de la infancia, desdichados que la suerte se les trocó adversa.
 Los carros llegaban con los moribundos y graves, mutilados, sanguinolentos, Era un espectáculo dantesco, repulsivo. Uniformes rotos, vendajes improvisados y mal colocados, la sangre salía por las vendas al no estar debidamente apretadas como requiere las heridas de bala y metralla. Como casi siempre los mas graves y mutilados eran los legionarios y los que mas muertos  sufrieron, Llegaron juntos  con otros soldados. Tan sucios y ensangrentados  se hallaban que no se conocían si pertenecían a Infantería Regulares o la Legión. Las insignias medio arrancadas, otros las habían perdido, y las vendas  eran de todos los colores menos blancas, pues muchas fueron hechas de  trozos de  tela de las camisas y guerreras..
 Rafael quedó aun más helado de lo que estaba. Entre los sanguinolentos legionarios había visto a Marcelino, que amarillo como la cera, daba alaridos y de dolor cubierto de polvo y sudor que le ponía la carne de gallina.
 Se acercó a el y se le dispararon las dudas, pues  no estaba del todo seguro si era el o no, pero cuando lo tuvo cerca no  dudó ni un segundo era en efecto Marcelino aquel que engaño a Amelia,  que cuando  en el vientre de la muchacha germinaba una nueva vida, cobardemente la  abandonó, y se casó con una cómica que llegó a Badajoz; una mujer de comedias que según rumores poseía mucho dinero.

“ ¿ Que hace Marcelino en la Legión…?- se preguntaba sin poder dar crédito a lo que veía. Marcelino siempre había odiado todo lo que oliese a disciplina, no le gustaba nada los uniformes, y mucho menos  que eso el ejército. Por eso Rafael  quedó tan  perplejo cuando lo encontró en semejante sitio.
 A pesar de la perdida de sangre y lo herido que se encontraba el legionario  conoció a Rafael. Habían transcurrido dieciocho años, pero los rasgos y facciones en Rafael no habían cambiado, su rostro era el mismo si acaso algo mas moreno, por los aires y soles africanos.
Era jovial, sin vicios acentuados. Seguía igual que cuando  conoció a Marcelino, allá en su Badajoz, de donde eran naturales. Siempre fueron íntimos amigos, cerca de la frontera con Portugal habían jugado, pues Vivian  muy cerca de ella, y hasta  muchas veces  traspasaron la frontera buscando espárragos o setas, hasta que los guardiñas ( Guardia de frontera portuguesa) los  retornaban a España, o se lo entregaban a los carabineros, que al no llevar nada prohibido los dejaban en libertad.
 Amelia también había nacido en la capital extremeña. Era una  guapa y dulce muchachita, muy simpática y graciosa. Morena no muy alta, ojos negros, al igual que su pelo, raíz recta boca sensual y seños algo voluminosos sin llegar a la exageración. Era  la chica ideal para  unos muchachos como ellos. Le llamaba la “Nena” y los dos amigos se enamoraron de ella. Pero ella, la Nena, prefirió a Marcelino que lo encontraba mas guapo con más “labia” para conquistar y  dicharachero, de palabras  bonitas pero falsas enamoró a la Nena.
 En cambio Rafael era más simple, pero  noble y mucho mas caballero que Marcelino, Era tan  bueno y tenia sentimientos tan nobles que era feliz, al saber que Amelia y Marcelino, seria una pareja ideal, pues así  lo parecía.
…………………………………………………………………………………………………

  1. Ra..fa..el..-pudo articular trabajosamente  Marcelino.- Si la ves..di..le..que  ..me ,perdone. Ya..no..la haré…m..as su..frir.. Me..mu…e..ro

Rafael se compadeció al oír estas  palabras angustiosas de arrepentimiento y creyendo que de verdad moriría,  que no se salvaría, quiso animarlo en su hora final y con voz quebrada y  suavizándola  todo lo que supo le  susurró al oído
-¿Quién habla de morirte? Eso que tiene no es nada y en cuanto entres en el hospital estás curado.
- No, Rafa..el. Tu sa..bes que es…toy…muy…mal, por..e..so…qui…ero que tu..le  di..gas..  que…es…to…y  arre..pentido de lo que  le  he  he,,cho..su..frir y quiero su per…dón

  1. ¿ Y de mi hijo. Sa…bes  algo? ¿Cómo  es…ta?

-Muy bien Marcelino. Ahora se encuentra en Málaga. Por si se precisan más hombres. Pero ahora como muchos esta en periodo de instrucción. No te preocupes por el, está muy bien., Con estas escaramuzas han traído a varios contingentes de tropa por si hacen falta, pero  tu hijo es casi un niño no entrará en combate.

Llegaron al hospital, y a Rafael le negaron la entrada. No pudo hablar más con su amigo como era su deseo. El centinela impedía la entrada a toda persona que no fuese sanitario, médico enfermera o monja de la caridad, y al personal destinado en el centro sanitario.

       
   

CAPITULO II

El  amor    de     Amelia.

 Deteniéndose Marcelino Ríos dijo a su novia Amelia Sandoval.
¡Ya estamos aquí cariño, en plena sierra, eres la modista mas guapa de todo Badajoz…!

-Gracias por lo de guapa- respondió ella con dulce sonrisa- Protesta lo que quieras pero yo no subo ni un metro mas.
Entonces…¿almorzamos aquí mismo…? –propuso el novio
-Si, tengo un hambre canina. Además aquí se esta muy bien resguardado del aire.

Era un lugar encantador. A los pies de una sierra surcada por veredas que subían hasta la cumbre rocosa de la montaña. Estaban en una hondonada de jarales en flor, un remanso de paz en la abrupta y brava loma. Limpio el repecho parecía tal que si hubiese sido bordado por el cañamazo gris de la tierra.
Marcelino esta bien esto ¿Verdad?
-Si- Parece que ha habido aquí una tienda de campaña y que al levantarla quedó así de liso este redondel
 Marcelino dejó en el suelo los paquetes donde iba la merienda y Amelia se tendió de espaldas, estirándose
Como una gata al sol.
¡Que bonito es todo esto…! Y que cansada estoy..- le decía a su novio  con  acento picaresco.
-Si, es muy bonito Cariño.. Pero ya hubiésemos estado allá arriba sino tuvieras tanta pereza.
- Es que tu hasta que no me ves rendida por el cansancio no  estas contento. Es demasiado alto ese pico, para mis  cansadas piernas.
-¡¡Bah!! Dos kilómetros mas y llegamos. ¿No decías en Badajoz que daría gusto rodar por la hierba?
- Cariño es que desde Badajoz no parece el pico tal alto.. Ahora lo que me apetece es almorzar.
- Ahora mismo.- le respondió su novio con los ojos brillantes por el deseo
 Vamos a poner la “mesa” ¿Quieres un trago de vino?
-Bueno..Pero poquito que a las mujeres el vino nos pone el ombligo azul.- Y al decir esto, rompió en risa nerviosa, no exenta de  un  inexplicable deseo que no acertaba a comprender, un hormigueo le recorría todo el cuerpo desde los pies hasta la cabeza.
Marcelino descorchó la botella de vino de la tierra y en un vaso de aluminio que llenó hasta los bordes le ofreció a Amelia, el estimulante licor. La muchacha bebió un poco y al recorrerle  el esófago como si fuese fuego la excitó más de lo que ya estaba. Al beber se mojó la comisura de los labios, que estaban rojos apetitosos sensuales, e incorporándose de la postura  en que estaba desde que llegó, se los ofreció a su novio. Este los besó con ardor, recreándose en el placer que les causaba a los dos aquel beso ardiente. El fuego estaba encendido. Pronto ardería cual  lata de gasolina.
 Comieron entre risas y arrumacos amorosos con tanta prisa como perros famélicos que  le tiran un hueso. Amelia viendo como comía a mordiscos un muslo de pollo exclamaba.
¡Chico tienes dientes de lobo…! El se reía con la fortaleza de un animal joven.
El sol había alcanzado el cenit, era su color de oro bañándolos plenamente, recortando la silueta en sombra que se dibujaba en la verde hierba. Todo estaba arrebolado por el Astro Rey,
 A sus espaldas las peñascosas cumbres se divisaban azuladas sin una sola brizna de vegetación. Ante sus ojos la campiña verde llena de tierra, salpicada de olivos y viñas que ya empezaba su floración y sus pámpanos retorcidos querían alcanzar al verde plata de los olivos. Los surcos de los barbechos eran ringleras que semejaban a la pana de cordoncillos múltiples. La sierra  formaba un amplio semicírculo, y el pico que estaba a sus espaldas era el centro de la cordillera que en dirección oeste recorría varios kilómetros. Frente a la feliz pareja las lomas verdes como un mar esmeralda, y los picos se difuminaban por una niebla  gaseosa.
 Una vez saciados, Marcelino peló una naranja ofreciéndole a su amada la mitad.
-¿Quieres nena? Pero tienes que comerla aquí en mis manos.
 Tendido boca  abajo se la ofrecía a Amelia cada vez con más  deseo  lujurioso. Esta se  acostó a su lado y fue a coger el fruto agridulce de las manos de su  novio. Sus dientes pequeñitos, blancos e iguales como granos  verdes de granada se clavaron en la jugosa naranja llenándole la boca de jugo fresco  delicioso y afrodisíaco.
-Ahora muerdo yo donde lo has hecho tu…¡chiquitina mía!
- Comieron así la naranja hasta que sus bocas se volvieron a juntar, bebiéndose Marcelino el néctar húmedo y calido de los labios de la Nena.
-¡¡Loco, loco!! Me has mordido..!!- protesto Amelia con fingido enfado, y rechazándolo reptó un poco para apartarse de aquella boca fuerte que le amordazaba  la lengua. A la muchacha le caía una cascada de pelo negro sobre la frente, y para librarse de la mata que le molestaba en los ojos, echó hacia atrás la cabecita con enérgico y rápido movimiento.
-¡Eres una leona. Tienes gestos de fierecilla indomable.- Le decía acariciándole la mata azabache que le ofrecía la Nena.
- Y tu cara de golfo; la tienes de domador de fieras, pero conmigo no te vale. Yo te devorare primero.-Y reía de gozo y felicidad a la vez que se lanzaba al potente cuello de Marcelino abrazándolo, aplastándole con sus turgentes senos que parecían que iban a estallar, saltando los botones de la rebeca azul con que se vestía. Su brillante pelo se agitaba  y en sus rasgados ojos había un relampaguear tormentoso.
¡ Mi bandido guapo, mi amor, mi vida!- gritaba plena de pasión.
 Marcelino tumbado cara al suelo aguantaba la rociada de besos a la vez que  entreabría los ojos para verla curvada hacia el con el rostro encendido, agitado el pecho con un latir nervioso.
 Sirviendo de apoyo el fuerte y duro seno veía las cumbres próximas, los picos abruptos las paredes rocosas modeladas por el verdor del valle,
-Mira Amelia. Mira los picos redondos de la sierra parecen picos de teta de mujer como los tuyos.- Y se los acariciaba con su vigorosa mano.- Pero estos son mas calidos, suaves y tiernos y mas blancos.
- Marcelino no seas bruto… A que te pego.- y suavemente le golpeaba las encendidas mejillas de su pareja.

Los puntiagudos picos de la sierra elevadas al celo apuntando a alguna nubecilla  que furtiva empañaba el intenso azul del firmamento de aquella maravillosa mañana de primavera. Aquellos picos se asemejaban a los pechos  inhiestos de  una mujer, a los de Amelia en aquellos momentos, erectos por la pasión y el deseo.
 Había nevado, el invierno  fue crudo, es raro el fenómeno de la nieve en Badajoz, pero aquel invierno hizo presencia en las sierras, que  presentaban un bucólico paisaje nórdico ,no tardaría mucho en  derretirse y el agua  que de aquellos  rodales blancos se desprendería, irían al llano, a regar en pleno mes de Mayo las rojizas tierras de olivares y viñedos, era la fértil tierra de Barros. Y aquel  edén que para ellos  era el lugar donde  estaban, les despertaba  a cada momento el apetito sexual.
 Alguien dijo que el amor es como el fuego que cuando prende, cuesta  mucho apagarlo. Y la leña ya estaba  ardiendo, y el demonio soplando. No hubo serpiente, ni prohibición divina ni nadie les impediría  comer la “manzana” que perdió a Eva, e hizo  bajar la cabeza a Adán, cuando Dios le recrimino la desobediencia.

-Y ahora…¿ quien te defiende muñeca?. Sus bocas se buscaban con ese deleite que  produce  la ardiente  pasión. Se besaban sin freno, con  ardor, sus lenguas se introducían y sus labios  eran de fuego, de amor de pasión y deseo, de gozo y ternura y también de lujuria desenfrenada.
 Amelia de un salto se puso en pie, y lo retaba de mentirijillas, empuñando  la cantimplora que llevaron con agua.
-Anda cobarde,¡atrévete ahora! Antes me cogistes a traición pero ahora estoy preparada. Y le amenazaba sonriente con la vasija. Estaba más guapa que nunca, el fuego que  ardía en su sangre la  hacía ser más  apetitosa, con el pelo suelto despeinado apartando los negros mechones con la mano libre,  cualquiera que  hubiese llegado  a la escena en aquel momento hubiese creído que la muchacha se defendía de una violación. Nada mas lejos, ella lo deseaba tanto  o más que su novio, al que se le agolpaba la sangre en las sienes, al ver las  potentes “curvas” de la Nena que se entreveían por  el escote de la blusa blanca, que  le quedaba después de desprenderse de la rebeca azul.
 Sus anchos hombros, su peludo pecho eran como  los de un toro dispuesto a  embestir… Las venas azuladas, se le señalaban  como si le fuesen a estallar bajo la morena piel de su torso.
-¡Vamos…! Atrévete  ahora conmigo traidor- volvía otra ves Amelia a desafiar al fogoso Marcelino, que ya apenas podía resistirse al envite. No aguantó mas, no se pudo controlar ni lo deseaba. Amelia se sintió elevada del suelo por los robustos brazos del coloso que poco a poco la fue tendiendo sobre la mullida y fresca hierba.
-¡Suéltame…! Suéltame- gritaba, parecía haber  reaccionado, pero  nada, -aquello  los incitaba aun mas de lo que estaban.  Marcelino la oprimía, la atraía hacia el. Amelia se desmadejó, se entregó a la ternura y al amo r, al amor que se apoderó de aquel frágil cuerpo que palpitaba en deseo, y  lujuria. Era sangre joven, ardiente pletórica de placer y aquella debilidad de la Nena la aprovechó el  amigo de Rafael. La atraía hacia si, la besaba con ardor y los labios de la Nena se  humedecían con la saliva de el. Luego la lengua  masculina recorrió todo el cuerpo femenino, que temblando de placer perdió la noción del tiempo. Al llegar al monte de Venus, se paró,  Y  la penetró. Ella  dio un grito, y un hilito de sangre caliente inundó sus  ingles. Y entonces ella pedía más y más, y el novio le daba  todo lo que  ella  sin  pudor, le pedía  Y así llegaron al éxtasis. Aquellos cuerpos no tuvieron frenos al placer y quedaron lasos, flojos agotados. Un sueño profundo se iba apoderando de ellos,  y juntos abrazados como Adán y Eva en el paraíso, mas aun porque no tuvieron hojas de parra con que  taparse sus verguenzas¨quedaron dormidos como dos marmotas. Fue el pecado que cometió la Nena. ¡Pobre! Cuanto iba a sufrir por el desatino. Amelia sintió como en sus entrañas se sembraba la semilla caliente y fértil, que nueve meses mas tardes daría  su fruto.¿ Fue deseado? Tal vez no, pero lo quiso con amor de madre y mas de  la madre soltera que encuentra el apoyo en su hijo. Un hijo que  le aguardaban muchas sorpresas en la vida.

                           *    *    *
 Cuando se pasó el idilio, se percató que había pecado y rompió a llorar. Marcelino  la quiso consolar, pero ya en su mente se fraguaba que  nunca se casaría con ella, y si la cosa se  presentaba fea, inventaría alguna mentira, que podía  llegar a la calumnia.
 Amelia regreso a casa llena de vergüenza y preocupación. Creía que el pecado lo llevaba reflejado en el rostro. Hacia poco que había cumplido los dieciocho años y si lo que temía se consumaba, o sea si estaba encinta, muchos problemas le iban a acarrear la  0rgia de la sierra. No solo a ella si no también a sus honrados padres. Badajoz era una ciudad pequeña, más  pueblo que ciudad, donde todos se conocían y sus padres gozaban de mucha consideración prestigio en la  ciudad.
 El padre de la Nena, era un modesto y humilde empleado de un banco dé los dos o tres con que contaba la ciudad, y gozaba del aprecio y consideración de todas las personas de cualquier clase social.
 Su madre era muy religiosa, de misa diaria y comunión dominguera; ernabolaba con orgullo la bandera de la castidad de su hija. A la que no perdía de vista, hasta que como dice el refrán  “casa con dos puertas es difícil de guardar” y Amelia tira la bandera de la castidad, y se salio por la puerta  que estaba menos vigilada. No era  la mujer muy amiga de chismorreos ni criticas de ninguna clase pero a veces  tiraba la toalla y se un ia al grupo de chismosas dando su opinión. Por ejemplo si una chica joven o mayor sin novio  o con el se declaraba embarazada  solía decir.
-Ovejas descarriadas que  deben entrar en el redil bien guardadas y aconsejadas por un buen pastor- se refería a un sacerdote que la  orientara en la vida de sacrificio y  soledad, que asistiera como ella a misa diaria y  no caminase por  lugares no muy recomendables para mujeres, en fin  para ella  debía de  llevar una vida casi monástica.

 Transcurridos dos meses del día del desfloramiento de Amelia, en que la  naturaleza se transformó en celestina para ella, sintió lo que temía, aunque ya en la primera falta la preocupación y la congoja  estaba presente. Pero  a los dos meses era cierto; en sus entrañas germinaba la semilla que  siete meses después saldría el fruto. Estaba encinta no había dudas.
 Lo primero que hizo fue comunicárselo a Marcelino. Sus padres confiando en la honestidad de la hija nada sospechaban del estado en que se encontraba. Pero el novio en vez de animarla y  mimarla, fue todo o contrario. La tierra se le abrió y el miedo al   casamiento se apoderó de su ser. No quería a Amelia, nunca la amó, pero sabían que era de el. Ahora vendrían las dificultades para todos. Ahora las lágrimas estarían presentes en los ojos negros de la Nena. Marcelino se lo dijo sin rodeos, cruel, sin compasión.
-Ese es problema tuyo. Yo soy libre, además será mió o no, pues la mujer que con tanta facilidad se entrega no es de fiar. Sabe Dios… si habrá habido otro y ahora me quieres cargar a mí el mochuelo.

-Eres un canalla. Sabes que soy honrada, que no he conocido a otro hombre  nada mas que a ti ¡Porque señor me confié!. Yo te amaba, lo hice por amor Rafael no me hubiese dejado plantada. Que diferencia…algunas amigas me lo dijeron
 La Nena,, se confió, la labia  falsa  las promesas vanas, la perdieron. A veces  nos equivocamos: Rafael como decía nunca se  hubiese portado tan mal.
 No tuvo m as remedio que confesarles a sus padres toda la verdad. Y su madre que presumía del recato y honradez de su hija se vio en el ridículo mayor de su vida y la  rabia fue mayúscula una rabia sorda y mal contenida.
 Su padre mas sereno  a simple vista recibió la noticia con lágrimas  abundantes y comparó a su hija como una de aquellas que se venden por   cuatro perras junto a las paredes del castillo o del fuerte San Cristóbal.
 Cuando sus amigos se enteraran de la desgracia que se  cernía en aquella familia el pobre hombre seria el hazmerreír de  todos, y hasta lo despreciarían, porque como padre no supo educar a su hija en la honestidad, y el decoro que la sociedad requiere  ¡Una sociedad hipócrita y desconsiderada! Era pobre y no podría  lavar la mancha que el dinero como jabón lava, porque en los ricos eso se  borra, bien  practicando el aborto  lejos de España, o bien  casando a la  embarazada con  cualquier viudo o soltero viejo de su estirpe ávido de dinero. Pero los padres de la Nena, eran unos pobres, el un simple empleado de un baco y ella una corriente ama de casa.
 Ella, Amelia.  Sufriría la vergüenza, de ser rechazada por sus amigas, por aquellas de misa diaria, que no  tenían sensibilidad para  entender que  traer un ser a este mundo es lo mas sublime y hermoso que puede hacer una mujer. Pero aquellas de muchos golpes de pecho, solo veían  pecado y lujuria  en lugar de amor y  ternura.

 Amelia hecha un mar de lágrimas, pedía perdón  y que  ella trabajaría para mantener a su hijo. Así mismo suplicaba que no quería ser  objeto de vergüenza ni rechazo de la sociedad hacia los que le dieron la vida, proponiendo marchase de Badajoz. No lo hizo antes se marcharía su novio y le dejaría el camino expedito a su amigo Rafael
 Y cuando  el novio desapareció, el candido Rafael quiso amparar a la Nena, de la que estuvo enamorado  siempre en silencio.
 Era Rafael muy tímido muy formal y justo y nunca deseaba que  Amelia estuviese en entredichos.
 Cuado Marcelino y el la conocieron en el paseo de San Francisco una tarde verbenera donde en el templete tocaba la banda municipal, la Nena bailaba con una amiga de solo quince años  y ella uno mas; pero ya muy formada como mujer, su cuerpo era como una diosa Venus, llevaba sus cabellos negros muy bien peinados, y sus negros y profundos ojos  miraban  picaros que encandilaban a los mozos, pero  no era liviana,. de cintura estrecha de fácil. risa y por sus andares graciosos le pusieron de sobrenombre  “ La Nena” . Aunque los dos amigos  a lo primero la llamaban muñeca, y al parecerle muy infantil lo cambiaron por nena-
 Y para mal de  Amelia, se enamoro de Marcelino, lo prefirió a Rafael que como sabemos tena mas  decisión, mas labia, mas facilidad de palabras, pero mucho por corazón.
 La madre  de Amelia, que se llamaba Soledad, rezaba y rezaba a la virgen de su nombre, para que aquello se deshiciera, pero la Madre de Dios, no  le hizo caso, iba contra la Ley divina. No mataras dice el quinto mandamiento.

CAPITULO III
El canto  de la sirena

Una noche de tertulia en el casino, de las muchas que Marcelino se pasaba  de juergas y parrandas, una vez  olvidada la Nena conoció a Consuelo López.
 Era esta mujer una cupletista de cafés y cabaret baratos Actuaba en pequeñas ciudades y en pueblos más o menos grandes. Triunfaba siempre ante un público no demasiado exigente ni entendido en la materia. Por aquellos años existía en  Badajoz una taberna donde de vez en cuando celebraba espectáculos de este tipo y en ella para mal de Marcelino fue a aterrizar Consuelo. Había tenido muchos “amores” a lo largo de su “carrera” pero en la actualidad se encontraba completamente libre. Era de esa clase de mujeres que nunca se encuentran satisfechas de nada, pero tenia  el defecto y la facilidad de no entregar su corazón de hielo a nadie, lo mismo  acariciaba a un imberbe como a un  hombre en  el otoño de su vida, pero  tardaba poco en aborrecerlo si no le  cuadraba sus caprichos o este se negaba a dárselos.
  Aunque ya  en el otoño prematuro mas por vicios que por edad todavía se conservaba vistosa y  hermosota,  ayudada por los cosméticos, pinturas y potingues. Era alta y fuerte y en su juventud  debió de ser muy guapa. Los labios siempre los tenía pinado de  rojo  muy acentuado y a pesar de su edad siempre dispuesta al ósculo fingido. Para  los que no  eran muy escrupulosos  era una amante ideal.
A Marcelino se la presentó un amigote de tabernas y los dos se “enamoraron” como ellos  se enamoraban. Pero para Marcelino seria  la puerta de escape para librarse  del todo de las amenazas de la Nena, ya que  alguna vez le amenazó que si no se casaba con ella lo denunciaría por  estupro aconsejada por otras amigas, ya que no había alcanzado la mayoría de edad y fue engañada mediante promesa de matrimonio.
 La Consuelo no sentía amor por nadie, pero ante  el cuerpo  fuerte con músculos de acero y bien parecido de Marcelino, fue el canto de la sirena que lo atrajo, como el imán al hierro.
 Otro de los motivos de que el  seductor de la Nena se prendara de la cómica, es que se rumoreaba por los garitos y tertulias que era muy rica, y Marcelino un pobre listero de una empresa de construcción, sin muchas esperanzas de ascender si acaso bajar a peón de albañil, le cegó la
Avaricia y creyó tener resuelta su vida. Lejos de la Nena y con mucho dinero se  veía un  patriarca  y no tendría que soportar  impertinencias de los  que estaban  por encima de el en la empresa constructora que eran casi todos
 Fue el canto de la sirena. Ya se creía un superhombre.  Cuando se hallara lejos de Badajoz, nada tenia que temer. Amelia que se casara con el tonto de Rafael, que al despreciarla el, casi seguro tenia que  se echaría a sus pies pidiéndole amores,  “seré un padre para tu hijo”- le diría imbecil.  Y con estos  ruines pensamientos tranquilizaba la conciencia, que aunque no lo martirizaba demasiado a veces le reclamaba que fuese un caballero, mas por la  muchacha, por el hijo que  iba a nacer, que seria sangre de su sangre y carne de u carne.
 Seria rico con Consuelo, si se quedaba con la modistilla  que era Amelia, se morirían de hambre y solo seria un paria mas de los que deambulaban por las calles de Badajoz.
 Y la pobre Amelia cada día que pasaba mas hinchado se volvía su vientre y mas vergüenza tenia ante sus padres No salía de casa  por miedo a las burlas  haciendo vida de  monja de clausura, cosía la ropa que su made le llevaba del taller ( menos mal que no le negaron a seguir cosiendo) y tragándose su dolor. Se quedó mas delgada su cara  no era tan  bonita ni alegre, pero su corazón cada vez ganaba mas en ternura hacia el hijo que  llevaba dentro.
 Marcelino y Consuelo, se divirtieron en  Badajoz. Ella  deseosa de un hombre joven y fuerte para saciar sus caprichos y sus instintos carnales que aunque  aun los tenia ya iban languidecido, le propuso que se marchara con  ella. El contrato en la ciudad del Guediana estaba a punto de concluir, y de allí a un pueblo muy cerca de Madrid, a veces también  trabajaba en  Barcelona y Valencia, pero en cabaret y  teatrillos de poco prestigio. Unas veces  la agasajan con  ruidosos aplausos y la mayoría con silbidos y pataleo.
 Por esa mujer no solo Marcelino dejaría  en la desgracia a la que  inocentemente se entrego a el, sino también a su desvalida y viuda madre, sin nadie que  velara por ella y la cuidara.

CAPITULO IV

Un   acto  cruel

Marcelino entró en la habitación donde dormía su madre, se llamaba Dolores la que le dio el ser, que tan mal se lo  pagaría.
La habitación no tenía otra  salida ni comunicación que la puerta de entrada,  que daba al pequeño comedor que también era recibidor y sala de estar.
 En aquella puerta de madera, siempre permanecía la llave en la cerradura, pero jamás  era utilizada porque la puerta siempre  estaba abierta. Dolores no tenía miedo ¿Porque lo iba a tener? Si nunca le hizo mal a nadie y dinero poseía muy poco. Pensaba que a nadie le interesaba  entrar en la pobre alcoba. Pro aquella noche alguien  entró
 Y…fue su hijo, su tesoro, para ella, porque las buenas madres solo ven virtudes en sus hijos, aunque sean como Satanás.
 Encendió sigilosamente la mortecina bombilla eléctrica, única de la casa y sin hacer ruido paso a paso, despacio pisando blando, se dirigió a la vieja cómoda, donde su madre guardaba los pequeñísimos ahorros  para poder comer- Dinero que le sobraba de su  pensión, pues su hijo nada le daba ni para comer  todo  se lo gastaba en juergas y vicios de todo tipo.
 El cajón  estaba con la llave echada, por lo que al abrirlo sonó un clinc, que despertó a su madre, que era mujer de sueño ligero.
-¡Marcelino hijo! ¿Qué haces? ¿Porque andas en el cajón de la cómoda?- extrañada de que su hijo entrase en su habitación a esas horas y registrara  donde guardaba sus cosas, pues entre cartas, retratos de familias y  documentos  tenia  el dinero.
 El nuevo amante de Consuelo al oír a su madre se  puso algo nervioso, incomodo pero no le respondió y, saliendo otra vez al exterior después de apagar la luz, a tientas se fue a la estación del tren, llevándose unos pocos de billetes de banco, y dejando a su madre en  completa  indigencia,
 Para Dolores aquel dinero era  toda una fortuna, para su hijo  solo para un día de juerga y para Consuelo nada. Pero el mal ya estaba hecho.
 La pobre  al darse cuenta de la acción de su hijo gritaba  con voz lastimera llamándolo, pero este ya  estaba  cerca del puente de Palmas rumbo a la estación donde  Consuelo lo esperaba con  su compañía, para  tomar el correo  de Madrid y dejar   sumidas en el martirio y la desgracia a dos  mujeres, su madre y la Nena, dos mujeres inocentes,  dos corazones sencillos, que su único delito había sido amar con pasión a un sinvergüenza. Y peor aun el cometido con su madre, a laque debía la vida y  llegar a ser un hombre, si de hombre se puede catalogar a un canalla
 El anden se hallaba abarrotado de  viajeros y en el se en -contraba Consuelo y  toda la .trouppe.
-¿Como has tardado tanto--¿  El tren esta a punto de salir. Menos mal que  te he sacado el billete. Ya creía que no  venias.
  Después que la Consuelo  pronunciase estas palabras, subieron al vagón de tercera que  ocupaba casi toda la  compañía de la farándula, y apenas  un minuto después el jefe de estación izaba  el  banderín rojo señalando al maquinista que podía  partir. Una nube de vapor  envolvió a los que  quedaban en tierra, mientras la pesada locomotora  emprendía lentamente al  arrancar; luego  cada vez más veloz el camino  hacia la capital del reino.
 Atrás quedó Badajoz, con su puerta de Palmas. Su catedral, su paseo de San Francisco y sus murallas. Y  llorando  la madre y la que fue novia  de aquel que no oso ni mirar  hacia atrás. Dentro de catorce o quince horas, llegaría a Madrid y una nueva vida se presentaría para el.  Es verdad otra vida muy diferente se le avecinaba. Dios es justo y   su castigo implacable. Marcelino  lo recibiría. Su crimen no podía  quedar sin  castigo, tampoco  Consuelo se libraría de el.

                                   *    *    *
 Como salio precipitado, no  cerró la puerta de la calle por lo que los gritos que la in feliz Dolores exhalaba, llegaron hasta los oídos de su vecina Isabel.
 La caritativa  vecina  penetro en la  alcoba y se encontró a la madre de Marcelino tendida en el suelo.
-¡Dolores, Dolores! ¿Que te ha pasado? – y  la levanto del suelo  tendiéndola en el lecho. Le tocó la frente y observó que le ardía,  Dolores tenia fiebre.
-¡ Mi hijo Isabel, me ha matado, se ha llevado el dinero que me quedaba para comer y me ha dejado sola,  no me ha  contestado al preguntarle  que hacia,  y como si huyera de mi ha salido por la puerta dejándola abierta. Al  levantarme  me he caído y estoy mala.

- Si, Dolores, tienes fiebre. Voy a avisar al médico.
 Isabel se vistió en un momento y aviso al médico, después  fue a la comisaría y puso la denuncia ante la policía.
 El medico ordeno que fuese ingresada en el hospital, pues  la enfermedad era mas grave de lo que  a simple vista parecía; y entre los guardias Isabel y su marido la  trasladaron al hospital provincial. Poco tiempo  estuvo en el Centro sanitario. La pena y la neumonía que  se le declaró, mas lo primero que lo segundo terminaron con aquella vida, que viuda solo vivió para su hijo, y este fue tan vil y miserable que la llevó a la tumba.
 Su entierro fue  de pena,  mucho mas de pena que otros, porque aun que en todos haya pena el de Dolores fue tan triste, que solo asistieron  un  cura y un monaguillo, su vecina Isabel y marido, nadie mas. Fue entrrrada de balde en la fosa común  de los  desheredados, el cura  rezó un responso  muy breve, no había dinero y demasiado que la enterraba gratis. La caja  ¿cuantos  cadáveres anónimos habría  transportados al cementerio? Era del ayuntamiento, y  en el borde de la fosa la abrieron y echaron el  pobre cuerpo de Dolores a la fosa común. Dos hombres pagados por el ayuntamiento la cubrieron con  una capa de la madre tierra, y allí quedó hasta el Juicio Final, o por los siglos de los siglos, hasta que sus huesos se convirtieran   en polvo, como de donde había  salido
 Solo la lloro Isabel, y  la caritativa mujer en cargó una misa en la iglesia del  barrio para el eterno descanso de su alma. Quiso pagarla, pero el cura que era otro que no el del entierro no quiso cobrarle. 

                              

Unos meses después de la partida de Marcelino a  Madrid; Amelia dio a luz un precioso niño. Como era costumbre los partos  tenían lugar en  las casas, y como la Nena vivía  encerrada para evitar  burlas y  criticas en   casa de sus padres, una humilde casita muy limpia del barrio  de San Roque.
  El embarazo lo llevó con entereza, pues una vez pasada las primeras críticas  se sintió reconfortada. Es mas  deseaba ser madre, se  hallaba pletorita de  amor maternal. Conforme su vientre tomaba más volumen, mas tranquila y feliz  estaba. Estuvo cosiendo ropa hasta que  el último momento, y cuando no tenia costura o  estaba cansada, leía   novelas que le llevaba su madre, Eran libros, apasionados, de lectura amena y muy confortadora para su estado. Madres que habían sido abandonadas, por un caballero que las sedujo y al no tener linaje la abandonaban, otras eran obreras explotadas y  violadas, en fin , que  no era ella sola en  el mundo la que tuvo la desgracia. Quizás algún mediocre escritor, conociera algún día su  vida, y la llevaría a los papeles, con  otro nombre, o el suyo propio ¿que malo hay en eso?
 Y así  con  estos tiernos pensamientos, con  su costura y sus lecturas llegó el día deseado. Porque ya no temía deseaba conocer el fruto que  germino en sus tiernas  en -trañas.
 Fue en el mes de febrero cuando a la Nena le  llegaron los dolores. El cielo  estaba negro y amenazaba nieve. Nunca nevaba en Badajoz. Pero aquel año   un manto blanco cubrió la ciudad, era  señal de alegría y esperanza. Aquello fue para la Nena, el vestido de pureza que soñó con llevar al altar. Ella no  pudo lucirlo pero su hijo lo llevaría en el bautizo. Por lo pronto era feliz. Más tarde le aguardaría otras cosas  que para toda madre  es dolorosa, como  cuando  al hijo querido se lo llevan a la guerra.

CAPITULO V

A   la   legión

No tardaría mucho tiempo la cupletista, en  cansarse de Marcelino. Ya sabemos que entre los dos nunca existió amor, sino lujuria y avaricia. Ella  lo utilizo como  elemento de placer, pues  gran viciosa. En el hijo de Dolores  vio al  macho ibérico que satisfacerla toda su insaciable lujuria.
  Mujer acostumbrada al placer de los hombres más incansables, aunque en el otoño de su libido, aun quería  ser  como las  jóvenes que  compartían con ella  el  trabajo de cupletista y de revistas que exhiben al mundo masculino  los encantos de que las ha dotado Dios o la naturaleza.
 Los primeros años, mientras que Marcelino “rendía” a los deseos carnales de la Consuelo  marchaba entre ellos todo  bastante bien, pero  cuando  los años pasaban y  el útero de la cupletista  perdía  vigor, empezaron las  discusiones y riñas por cualquier banalidad.
 Juntos recorrieron España. Unas temporadas en Cataluña, otras en Valencia y muchas en Andalucía, hasta su regreso a Madrid. A Extremadura no volvieron, tampoco Marcelino lo deseaba. Pues muerta su madre, nada  le unía  a la tierra que lo vio nacer.
  Llevaría unos meses  la compañía en Madrid,y Marcelino  con Consuelo, cuando  al finalizar  la actuación, un muchacho  quiso entrevistarse con el. Marcelino no servia para  actor, pero  cubría  el escenario  haciendo bulto cuando se trataba de  alguna obra  de teatro donde hicieran falta hombres como ya se ha dicho para  rellenar.
 Al desconocido le dijo el  conserje del teatro, que quien era y solo le dijo que un paisano que tenia que darle una noticia muy importante.
 Una vez finalizada la función. Entro el de  Badajoz en el camerino de Consuelo, donde se encontraba de malhumor con su amante. Ya estaban muy deterioradas las relaciones entre ellos. Las riñas cada vez eran mayores, ella lo insultaba llamándole inútil y gandul. Le echaba en cara que  se había unido a ella para no trabajar, y que ya no valía para nada.
Yo seré un inútil ahora, cuando te daba lo que querías  era un súper-hombre- le respondía el, para añadir  a renglón seguido – Tu eres una hiena, peor aun, no tienes corazón, como si el suyo fuese de manteca.

 Con estos piropos  que se echaban Vivian en una constante zozobra, Se veía venir que aquello terminaría pronto
 El  que pregunto por el era un tal Juan que viajó a Madrid para  solventar unos negocios que en Badajoz, no podía solventar.
 Salieron  a la calle y  se  entraron en una taberna cercana. Juan pidió al camarero una botella de vino y dos vasos y una vez que se echaron  al coleto unos tragos Marcelino le dijo.
-¿ Que es eso tan importante que me tienes que decir?. ¿Como esta Badajoz? ¡Hace tanto tiempo que no voy por allí!
 Juan lo miro a los ojos y le espectó sin rodeos
- Claro a que vas a ir  a Badajoz, como no sea a llevar  flores a la  tumba común de tu madre donde la tienes enterrada, y todo por tu culpa. Tienes un precioso hijo y tampoco lo conoces. Lo tienes abandonado y a una buena mujer has hecho una desgraciada.  Para que quieres ir ¿ eh?, Seres como tu   es una vergüenza que hayan nacido   en cualquier parte del mundo. ¡No, por allí ni te acerques! Te escupirán.
 Marcelino quedó petrificado; no supo que responder. Juan al que conocía muy poco, pero  sabia que era primo de Amelia aunque no carnal ya le había dicho bastante. Un hombre  con corazón se hubiese echado a llorar por la muerte de su madre, el le dijo fríamente  que como había fallecido. Y el pariente de la Nena le  relató lo que ya sabe mos acerca de la muerte de Dolores.
 Por muy malo que sea un hijo, siempre al recibir esta noticia se entristece, su alma se aflige. No sabemos lo que pasó por la de Marcelino, algo se ablando que le preguntó a Juan  después de darle la razón y calificarse como un miserable.
-Es verdad soy un  miserable, no tengo derecho ni a vivir. Ahora me estoy dando cuenta. Pero… La vida se me ha torcido, quizás Dios me este castigado, ¡lo merezco!  Solo te pido que me digas como  es mi hijo y como esta ella. No los veré  nunca porque voy a tomar una decisión.
 - No serás tan cobarde como para suicidarte. Tu hijo es precioso, ya  tiene diez años. Y quiere mucho a su madre. Amelia lo cría como puede pero es feliz. Y tu amigo que es un hombre no tu, esta por ella, y  seguro que encuentra en el  el padre que  tu no ha sido.
 Marcelino se levanto e la silla, quiso pagar, pero ya lo había  hecho Juan y como si  estuviese sonámbulo, como   un muñeco de cuerda que va a la deriva se internó por el laberinto que forman las calles de Madrid.

 Regresó a la fonda donde pernoctaba la compañía. La Consuelo dormía cansada del ajetreo de la  comedia. Como
El conserje lo conocía le entregó la llave  donde su  amante  descansaba y sin apenas hacer  ruido penetro en el.
-Ahora tengo la ocasión- pensó asesinarla, pero desistió en la idea. No era muy valiente para eso, aunque deseos no  le faltaban.
- No quiero hacer más crímenes. Aunque esta zorra bien se merece la muerte. Ella es la causante de todo. Le robare. Esta víbora  no merece menos.
 Ahora se daba cuenta el mal que había causado, sobretodo a su madre y quería descargar su conciencia culpando a la cupletista, que aunque no toda si mucha culpa  era suya.
 Consuelo poseía algunos ahorros en el banco en una cuenta corriente, además de algunos billetes de banco en el bolso que  estaba colgado en el boliche de la cabecera de la cama.
 El exnovio de la Nena con mucha cautela abrió el bolso y de el extrajo el dinero. No era una gran cantidad pero si lo suficiente para largarse al extranjero. Miró la cartilla pero no se atrevió a cogerla- ¿para que?- se preguntara si para nada me puede servir. Los bancos no se la admitirían y estaba  en  peligro de ser detenido por  documentación   falsa.
 De repente se le vino otra idea. Era verdad la libreta no le valdría para sacar dinero del banco, pero la arrojaría a cualquier  albañal, así cuando la arpía notara la falta sufriría mucho, aunque   como era muy lista  enseguida la anularía y la cambiaria por otra en el banco.
 Y con estos “nobles” aunque la  serpiente venenosa no merecía otros pensamientos salio al exterior. Jamás la volveré a ver-pensó.
 El aire frío de la calle le reconfortó,  la cabeza se le despejó de malas ideas. Pero  duró poco, porque al momento un miedo cerval se apoderó de el. La Consuelo notaria la falta del dinero y también la de el, y ahí estaba la clave. No tendría dudas su  inútil amante era el ladrón, iría a la comisaría mas próxima a denunciarlo por robo.
 Miraba a izquierda y derecha. Ya creía que la policía le seguía los talones ¡Que cobarde es un hombre cuando no obra bien! Veía fantasmas por todas partes.
 Desistió de marcharse al extranjero. Para pasar la Aduana necesitaba el pasaporte y este lo expedía la policía, si  se acercaba a la comisaría, como Consuelo   ya  habría formulada la denuncia  lo detendrían sin mas excusas ni pretextos. Además no sabía  idiomas, Francia seria el mejor destino, ya que Portugal era más pequeña y tenía  muy buenas relaciones con la justicia española, Pero ni el portugués hablaba, y eso que se crió en la frontera.
 Se ocultaba de la policía. Si divisaba un guardia civil, se hacia el  desentendido mirando cualquier cosa como un  despistado.  Busco en un arrabal de la capital una posada. Allí nada le pedían. Comía como podía en fisgones y tabernas barriobajeras. Se dejó la barba, y así de acá para allá, estuvo deambulando otro año, hasta que se le termino el dinero.
 Pudo  haber buscado trabajo,, pero  el miedo a ser descubierto  al dar su nombre era  enorme,, aparte de que poco sabia hacer. Fue listero como sabemos pero ya ni para eso servia, se le había olvidado hasta sumar,
 Estaba hecho un desastre, sucio y roto. Como no poseía  dinero nadie le fiaba, al ver el estado calamitoso que presentaba. Dormía en la calle, en los parques  , los bancos eran su cama, y las mantas un cartón o un  harapo que encontraba, Muchas veces comió rancho sobrado de los cuarteles, y ya no tuvo mas remedio que buscar algo, si no quería que se lo encontraran muerto cualquier día en la calle.
  Entro en una taberna, por si se compadecían de el y le socorrían con algo de comida.
 La tasca no era  un dechado de limpieza, pero olía a potaje de garbanzos. Una mujer gruesa atendía a los pocos clientes que a aquella  hora  / sobre las dos de la tarde) se encontraban bebiendo vino.
-Por caridad señora, tengo hambre ¿no me podía dar algo?- Su voz era lastimera, llegaba al alma. Y la mujer no debía de ser mala porque le invitó a sentarse en una silla. Con voz potente le ordenó a una muchacha que estaba en la cocina que  le sirviera un plato  de garbanzos con  tocino y morcilla. Ella  ( la gorda) le llevó un vaso de vino y con un trozo de pan, lo devoró todo en unos pocos minutos.
- Si  no tiene donde ir. Si la vida no le es propicia mira ese cartel.- le  dijo un cliente con cara patibularia y tatuado. Era un antiguo legionario  ya que el emblema de la Legión lo llevaba tatuado muy visible en el brazo,
 Marcelino miro a la pared donde le indicaba el  veterano y  encontró un cartel a color, con una litografía en la que aparecía un soldado  despechado, con patillas al estilo Diego Corrientes y un gorro  verde con roja borla ligeramente inclinado hacia la izquierda. En las manos un fusil y debajo la siguiente leyenda.
 Españoles y extranjeros, la Legión os espera. Si amas la vida de aventuras, si eres un valiente o la  suerte te ha vuelto la espalda ¡Alístate! En la Legión encontraras comprensión, compañerismo, buena y abundante comida. El cuartel será tu casa. Serás un  buen patriota y de paria pasaras a caballero legionario. N o lo pienses mas. Ven a la Legión
  Hasta  ahí leyó, ya  lo tenia resuelto. No pasaría mas hambre ni se ocultaría en  sitios inmundo, con miedo a la policía, que lo andaría buscando. Se alistó.
 Diez años  transcurrieron desde que se fugó con Consuelo y dejó  a Amelia en el  estado que conocemos

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 Salio de la tasca  reconfortado por el alimento de los garbanzos que le sirvió la tabernera, que como sabemos no llevaba dinero para pagarle y la caritativa mujer, sonriente lo despidió deseándole buena suerte-
 Le pidió la  señas al antiguo legionario  en done se apuntaba, y este le indico a la representación que a la vez era banderín de enganche.
 El centinela  mostró repugnancia al verlo. Olía mal y  llevaba  días sin afeitarse
 Llamó al cabo de guardia. Un legionario alto fuerte y  bien parecido. Le preguntó que deseaba y le dijo que quería ser legionario
 El cabo lo condujo ante un  brigada, este  llamó al capitán y realizadas las formulas reglamentarias, quedó enrolado como legionario de segunda.
 Se duchó y le dieron ropa  vieja sin  reglamentar pero  de la legión. Cenó y durmió en una cama de banquillos con jergón de paja y arropado con sabanas y una manta.
 A los dos días   en tren lo llevaron a Málaga, y  en barco a Melilla, donde fue destinado al Tercio Gran Capitán.
 Ya era un legionario. Al menos estaba limpio, vestido con el uniforme reglamentario parecía otro y  el estomago ya no se le retorcía de hambre.
 Firmo un compromiso por cinco años, prorrogable  hasta que por la edad lo jubilaran, si  su comportamiento era  bueno, disciplinado valiente y dispuesto a  morir por la patria, como era el ritual.
 Y ahora dejemos a Marcelino con sus legionarios, hasta nueva orden. Y vayamos a Badajoz, allí nos espera la Nena, que  tampoco lleva la vida fácil

CAPITULO VI

Una buena acción

   Retrocedamos  unos años y situémonos  el tiempo  en que  Amelia  trajo a su hijo a la vida.  Después de dar a luz la Nena tuvo que  regresar al taller de costura. No le quedaba  otra alternativa, Era madre, tenía un hijo y necesitaba alimentos y ropa.
 Quería a su hijo con delirio como toda buena madre, pero como no podía estar todo el tiempo con el por el trabajo, su madre que no se si he  dicho que se llamaba Soledad, se hizo cargo del bebé.
 También era mejor así  por lo pronto la Nena se encontraba mas distraída y relajada con su trabajo, aparte de ganar  para ella y su hijo.
 Pero también  en el obrador encontró detractoras, que la criticaban y repudiaban por ser madre soltera, como si  el ser soltera y madre fuese un delito y no tuviera derecho a vivir relajada y en paz.
 Una de las  modistillas, la que no quería ver la viga que  tapaba su ojo pero veía la mota en el ojo de Amelia, mofándose de ella le  increpaba  con  indirectas que le llegaban al alma. Pero nunca se rebeló, la Nena seguía su trabajo, sin prestarle atención.
-Algunas que presumen  de santas y honradas, vaya  que lista son, parecen mosquitas muertas, que no rompen un plato, y rompen hasta cazuelas de palo.- -Si, si, fíate de las mosquitas muertas, veras por donde salen.
 Estas y otos dardos aun mas hirientes, iban dirigido a la Nena, aunque lo pronunciaban en plural, todas incluida la jefa, sabían que era en singular, y nosotros ya sabemos a quien le tiraban las flechas hirientes.
 Todo lo sufría en silencio, la  única madre soltera que  allí trabajaba. Se  pegaba a su costura, al pedal de la máquina de coser y no hacia caso. No quería enfrentarse a nadie, era feliz con su trabajo  y con su hijo al que adoraba cada día más.
 Eran  peores que ella, y de listas… pues  que le vamos a decir. Si, eran mas listas que Amelia, porque   no quedaban embarazadas, se sabían muy bien los trucos y los métodos, por lo demás, también como se perdió la Nena en la sierra ellas se perdían en otros lugares.
 Nuestra  amiga lo hizo por amor. Otras del obrador, por dinero que es pecado más mortal, según  dicen los curas.
 Aunque  no se daba por aludida mas de una vez rodaron las lágrimas por sus  mejillas, porque  sabiendo  todas en el estado en que se hallaba, ninguna, ni aun la maestra salía en su defensa; si acaso  temiendo que  la muchacha reaccionara a los insultos solapados, violentamente y se  formase un escándalo las mandaba a callar y trabajar mas, En esto terminaba las indirectas que sin compasión  le lanzaban a la madre del niño que  seria bautizado, en la  iglesia del barrio el próximo domingo.

     El bautizo fue muy sencillo, solo  la madre y la abuela que  fue la madrina, y  Rafael, que  se brindó para padrino, y el  padre de la Nena que fue a regañadientes, asistieron a cristianar al niño.
 Le pusieron el nombre de Félix en memoria de un  hermano de doña Soledad que murió ahogado en el rió Guadiana cuando pescaba en una barquichuela. Un pequeño convite para los invitados, que fue unos dulces caseros y una copa de aguardiente  fue lo que hubo. Pero para Rafael y Amelia  fue el comienzo e un  nuevo idilio. Un  idilio  silencioso que no se descubriría hasta   lo menos quince o dieciséis años después del bautizo.
 Rafael y Amelia se amaban en silencio, aunque  Rafael les insinuó  que la amaba ella no se decidía.
 Conocía al muchacho, sabia que era bueno, demasiado bueno; el remordimiento le mordía el alma, ya que le pidió relaciones antes que Marcelino y siempre fue la negativa por respuestas. Sabía que  el muchacho la amaba de corazón, pero… Era tan simple, tan humilde que  todas las chicas de San Francisco se reían de el ¡Que diferencia de uno a otro! Y eran amigos.
 Era tan noble y bueno Rafael que cuando se enteró que Marcelino se fugó con la cupletista se alegró, porque Rafael nunca a pesar de la negativa, dejo de amar a Amelia.
 Una profunda pena sintió por la Nena.  Al estar embarazada,  mas la deseaba y quería. No le hubiese importado en aquellos momentos casarse con la  desgraciada, ampararla y lavar su mancha con su protección y cariño. Pero  no se atrevió a decirle nada, solo que lo sentía mucho y que eso le pasó por  fiarse de un  hombre que no  resultó ser bueno.
-Si alguna  vez me lo tropiezo en la vida, le voy a dar su merecido. Pero no te apures Amelia  ya encontraras a alguien que  acoja a tu hijo como padre, por lo pronto yo quiero ser el padrino de bautismo.
- La Nena se lo agradecía, y cogiéndole las manos  con voz entrecortada por la emoción y el agradecimiento le respondió.
- ¡Eres un Santo Rafael! Que mala he sido contigo, no merezco ni que me hables y, sin embargo te ofreces como padrino de mi hijo. ¡Muchas gracias! Dios te lo pague,

 Se miraban a los ojos, y a los dos se le humedecieron; pero Rafael  por cortedad y creyendo  ofenderla  nada le decía de lo que su alma  sentía hacia aquella mujer, que  hasta su vida era capaz de dar por ella.
 Ella por su parte no se consideraba digna de el. Lo había rechazado varias veces, y se entregó a otro que  solo  lo superaba en labia chulerías y despotismo.
 Y así transcurrían los años. El niño se iba haciendo mayor, era aplicado en la escuela y aprendía con rapidez les lecciones.  Había heredado la elegancia del padre y los sentimientos de la madre.

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Todo llega y todo pasa.  A una pena se le uniría otra, que fue la muerte de los padres.
 Doña Soledad dejó sus tertulias y sus misas, ya que las amigas que tanto decían quererla y apreciarla, al igual que a la hija no cesaban de martillearla con  el “pecado” cometido por la oveja descarriada. Ella lo decía de otras, nunca pensó que la oveja  iba a ser de su rebaño. Y entre esto  el trabajo que le  proporcionaba su nieto para que su hija trabajara, y una enfermedad hereditaria que se le declaró la llevaron a la tumba.
 Su entierro fue de  mucho llanto. Amelia  se deshacía en lágrimas. Había perdido lo mas grande de este mundo, la que le daba aliento en su desgracia, la que le ayudaba, moral y económicamente, quitándoselo ella de la boca ¡Como no! Si era madre, y auque  como mujer algo cotilla, una madre siempre perdona las faltas de sus hijos, es mas  no las ve, las justifica con algo, aunque  sepa que  no ha  ido por el camino recto que ella  quiso siempre para  su hija.
 La enterraron en un sencillo nicho del cementerio de Badajoz, y ella y Rafael que siempre estuvo a su lado en los momentos mas dolorosos le llevaban todos los sábados un ramo de  violetas, que compraban  quitándoselo de sus necesidades. Eran las flores preferidas por doña Soledad.
 No tardó mucho en acompañarla su marido. La pena de verse  sin su mujer a la que la quiso con toda su alma, fue tan grande que no  fue capaz de resistir el dolor y murió  antes del año.
 Otro  golpe malo para la Nena, pero Rafael  lo mismo que estuvo a su lado en el dolor por su madre, también lo estuvo por su padre. Las almas nobles por el mal que le hacen vuelven favores, llegó a decirle un día Amelia, y se emocionó tanto, que sin pensarlo la abrazó y la besó. Estaba sellado el amor. Pero… el destino es cruel y poco tiempo  estarían juntos.

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 No corrían buenos tiempos, para nadie. Hubo una gran crisis, y Rafael que trabajaba en una fábrica de ladrillos, fue despedido. El trabajo escaseaba tanto, que buscó por toda la ciudad se desplazó a los pueblos más alejados buscando trabajo incluso en el campo, pero nada. La respuesta era siempre la misma. “ Lo sentimos pero no hay faena ni para los del pueblo”.
 También el taller  donde trabajaba la Nena, se fue pique. No encargaban trajes para  confeccionar y la dueña  se vio obligada a despedir a todas las empleadas.
 El hambre no tardaría en presentarse. Era el jinete mas malo de los cuatro del Apocalipsis, aunque poco se diferenciaba en  maldad a los otros compañeros.
 Amelia con su hijo  pasaba hambre. Las pocas pesetas que  le quedaban de los pequeños ahorros que  céntimo a céntimo junto cuando trabajaba en la costura se terminaban y el niño que ya  contaba con  doce años cada día  necesitaba más y más.
 Rafael  y su madre  estaban  en situación muy mala, el sin  trabajo y su madre  ya  bastante  entrada en años no  encontraba  tampoco  trabajo  ni para fregar escaleras en las casas  de los señores.
 El hambre  cada día  apretaba más  lacerando los estómagos de los  más desheredados, de los pobres que no contaban con recursos de ninguna clase.
 Rafael visitaba a la Nena y  sufría muchísimo al verla  cada día que pasaba mas delgada, demacrada y con el hambre reflejada en su rostro que a causa de los sufrimientos iba perdiendo su lozanía y belleza.
 Pero el corazón de Rafael no podía más. Si no encontraba trabajo, el su madre  su amor eterno como era Amelia aunque en secreto a pesar del beso perecerían
- Amelia, esto no puede seguir así- le dijo un día que fue a visitarla a su casa. Por cierto  Amelia vivía en  un pisito alquilado, que ya  debía  lo que no podría pagar aunque encontrara trabajo  en muchos meses, el dueño ya le había dado el aviso; o pagaba la deuda o se vería obligado a ponerla con su hijo de patitas en la calle.
- No Rafael, no podemos seguir así. Mi hijo se me va a morir ya no nos dan fiado en ninguna tienda. La panadera  por compasión nos  deja la mitad  del pan que le comprábamos. Estoy desesperada, no se que hacer. Todo los días salgo  en busca de trabajo y siempre la misma repuesta.
 “Hija con esta crisis no podemos.” A veces. ¡Dios mío que vergüenza pienso… no no me hagas caso Rafael, no pienso nada. Voy a volverme loca!
 Pero aunque dejo la palabra en suspenso, el muchacho  supo  lo que fraguaba aquellos pensamientos. Y  le respondió  con la voz  muy afligida  a punto de llorar.
- Eso no Amelia, nunca antes  quiero verte muerta que una pu… , ya  nos las arreglaremos. Te vas a venir a mi casa. A mi madre  le servirás de consuelo y compañía, y tu hijo será para ella como el hijo que se le va a marchar, porque ya lo tengo decidido, antes de morirnos de hambre cualquier cosa. Me voy voluntario al ejército. Es el camino de muchos jóvenes para no  morirse de hambre. Ahora  nos dan paga y la comida  es gratis, claro que me llevaran a África, pero  volveré. Yo  procurare   superarme, y  ganaré  algún dinero que os lo enviare para  que ni mi madre ni tu hijo ni tú os falte al menos una comida. Mientras  os mando algún dinero, podéis arreglaros con los ahorrillos que tengo guardado en una caja de  cartón, mi madre sabe donde; no te preocupes veras como todo se arregla. Es la única vía de escape que tenemos, Antes de que me obliguen por  leva  me voy voluntario, en África existen  muchos modos de vida, y si encuentro una buena posición  ya veremos a lo mejor nos vamos todos, para  morirse de hambre y de pena cualquier sitio es bueno.
 Amelia no pudo contener las lágrimas. ¡Que hombre mas bueno era Rafael y que mal se porto con el!
 Emocionada le tomo las manos entre las suyas y  las besaba inundándolas  con  sus  lágrimas.
 Lo que Rafael hacia por ella y su hijo no lo hubiese hecho ni su padre. No solo  compartía  el poco dinero que le quedaba de sus años de trabajo con ella y su hijo sino que se  iba a la guerra, porque en  África  había guerra  contra España, por eso los soldados cobraban un sueldo y se sacrificaba hasta el punto de perder la vida por ella  y su hijo, el hijo del amigo a quien ella prefirió. Claro que si lo hubiese sabido, ahora seria novia o esposa del hombre mas bueno que había conocido.
 Rafael le retiro las manos de las suyas, pero la abrazó y la besó en las mejillas,  juntándole las lágrimas de ambos
 Ya estaba la suerte echada. Rafael se presentó en  la Caja de Reclutas y pidió ser alistado al ejercito, nada le  exigieron. Y dos días después partió para su nuevo destino, que  seria a Melilla, pero en lugar de la Legión  iría a Regulares, o sea a las tropas indígenas de Melilla.
 La madre de Rafael acogió  a los nuevos moradores con tanto amor y cariño, lo mismo porque más no lo puede hacer una madre  que si fuesen su hija y nieto.
  Todas las noches los tres le rezaban a la Virgen de la Soledad, para que  a su Rafael no le ocurriera nada malo.
 Un mes después recibieron un giro postal con doscientas pesetas. Esto le alegro la vida dentro de la  tristeza plena que sufrían

 CAPITULO VII

Con    solo   quince a ños

Quince años y siete meses  contaba el corneta del Regimiento de las Gravelinas
 Antes de embarcar para las posesiones españolas permanecería un mes en Málaga, para adiestrarse bien en el combate.
 ¿Quien era aquel joven corneta? Pronto lo sabremos.
  Amelia  su hijo y la madre de Rafael malvivían con el dinero que de vez en cuando le mandaba Rafael desde Melilla.
 Ahora  en la ciudad melillense gozaban de una paz  relativa.  El cansancio de  las luchas y  las bajas  obligaron a unos y otros a  hacer un alto el fuego.
 Rafael pidió permiso para  trasladarse  a Badajoz para visitar a su madre y  a su  enamorada, pero no se lo concedieron, ya que esperaban  de un momento a otro un ataque de los moros. Si le otorgaron  ir a Málaga  por 72 horas-
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 Félix con sus quince años se sentía un parasito, no dormía pensando en que  el amigo de su mama allá lejos, estaba en peligro de muerte por causa de ellos, es decir de el y su madre.  Salía de casa por las mañanas temprano y recorría  la ciudad  dos o tres veces, por si en algún taller, imprenta carpintería, fragua en fin  todas las  empresas que obraban en Badajoz, por si necesitaban algún aprendiz. No  necesitaban a nadie, Todos  disponían ya de un chico para  los recados y al mismo tiempo aprender el oficio, y ante la negativa el hijo de la Nena se desesperaba,
 Nada le quedaba  ya  que recorrer.
 Algunas tardes, sobretodo  cuando la banda  militar tocaba en el  templete  de San Francisco, se acercaba para ver a los músicos con sus vistosos uniformes y  deleitarse con aquellos pasacalles, marchas y pasodobles, principales  repertorios de la fanfarria.
-¡Si yo fuera uno de esos…! Ganaría dinero  y mi madre no iría mas a quemarse los ojos cosiendo para que  medio podamos comer. Bueno y al dinero que nos  manda su novio- eran los pensamientos que  se fraguaban en aquella cabecita de niño que en nada  había salido a su padre. El era a pesar de su  corta edad, formal y prometía ser responsable y honrado. Pero las circunstancias no le eran por lo pronto muy favorables. Los tiempos que corrían eran muy  calamitosos para los pobres.
 El muchacho era listo y había descubierto en las miradas y las tiernas palabras que vio y escucho a sus madre y a Rafael que  estaban enamorados, y más cuando  la Nena recibía carta del soldado y  las lágrimas  le corrían por las  ajadas mejillas, y el  muy ufano y gozoso aceptaba estos  amores aun sin declarar. Si, Rafael era un buen hombre y no le importaba  tenerlo como padre, quería que su madre y  el  se unieran en matrimonio.
 Cuando la descubría llorando le preguntaba
-¿Que te pasa madre? ¿Porque lloras? ¿le ha sucedido algo a Rafael? Y le guiñaba  el ojo. Entonces ella se sonreía limpiándose las lágrimas para responderle.
- No, hijo no le pasa nada. ¡Pobre madre si algo le sucediera!- se refería claro está a la madre de Rafael, pero al mismo tiempo se le partía el corazón en pensar que 
 Y el muchacho, ahora más que nunca   comprendía que  si no volviese que seria de ella y su hijo. El hombre que  tan buena acción hizo compartiendo su casa y su escaso pan con ellos, era el  causante  de que su madre vertiera lágrimas de  emoción al recibir  noticias  suyas. Había adivinado que en el corazón de su madre  se encendía la luz de la esperanza y deseaba que  regresara pronto a su lado.

 Como queda  dicho, Félix  iba a  deleitarse  con la música que la  banda  interpretaba en San Francisco. Y cuando  finalizaba la actuación se brindaba para recoger los instrumentos transportar los mas pesados al cuartel, y felicitar al director  que ostentaba el grado de Comandante.
 Le cayó simpático  el muchacho al militar, y lo obsequiaba  con algunas monedas, que sacaba hurgando en el  bolsillo del pantalón.
  Todos los días que había concierto  estaba  allí   derecho como  un palo Félix, y el comandante nada mas que  divisarlo, cuando  no había empezado aun  a tocar lo  llamaba  a que subiera al quiosco, y le preguntaba por la edad, donde vivía  quienes eran sus padres y a que se dedicaba. Félix serenó, circunspecto y en posición de firmes le contaba su vida, y la de su madre.
-¿Entonces no  tienes padre? ¿Y tu madre  es costurera?. Me parece que la vida no te sonríe demasiado. Bueno muchacho para todo hay  remedio y oportunidades, me has caído simpático y te voy a proponer para corneta en el regimiento. Claro eres menor de edad y tiene que ser con el consentimiento de tu madre. Si así es y quieres, puedes ingresar. La vida  no es muy halagüeña y  los tiempos que corren  no son buenos;  te brindo la oportunidad, al principio es duro, pero  luego termina gustándote tanto esta vida que no sabes vivir de otra manera,
 Al hijo de  Marcelino, si le  hubiese tocado la lotería aquel día no  estaría mas  contento. Quiso  besarle las manos al músico y  este las retiro. Era lo que deseaba, de siempre le gustaron los uniforme y la disciplina  que caracterizaba a los  soldados a la orden de cualquier superior.
 Su madre puso  algunas objeciones, como:
 Hijo, ahora la cosa  esta revuelta, puede que te lleven lejos de aquí, lejos de mi, te puede pasar  cualquier  desgracia un accidente. ¡Que se yo!
-Madre donde esta el cuerpo esta el peligro. No encuentro nada, me voy haciendo un hombre y ya es hora que  aporte algo para que  vivamos mejor,
-¡Dios mío!- exclamo la nena- También tu militar, nunca en nuestra familia los hubo y ahora… dejo en el aire  dos  refiriéndose a Rafael. ¡Ay!  Si supiera que también el que la deshonro era militar, pero esto no sabemos si algún día lo sabrá
 hhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
 Félix, era el vivo  retrato de su padre y el uniforme de soldado le sentaba tan bien que la madre cuando lo  veía se sentía muy orgullosa de haberlo parido.
 Con el ingreso del muchacho en filas la situación cambio  para mejor. Era una boca menos que alimentar, y con lo que  Amelia ganaba  en el obrador  (la volvieron  a llamar por ser gran experta en  costura),y el giro que le enviaba Rafael todos los meses para ella y  la madre de su novio   les sobraba para comer y algún dinerillo ahorrar después de los gastos  cotidianos  que guardaban  por si el día de mañana  la situación empeoraba .
 Félix solo  estaba en el cuartel durante  el día, por la noche   dormía en casa, a excepción de  cuando le tocaba guardia.
 Aprendió pronto a tocar la corneta y el comandante que aunque músico era el jefe accidental de aquel pequeño regimiento, lo apreciaba  como si fuese hijo suyo.
  Pero la vida militar es dura y muy disciplinada, y el hijo de la Nena, tampoco se libraría de la dureza del reglamento.
  El muchacho lo llevaba bastante bien, es mas le encantaba la instrucción y toda la disciplina  que se respiraba en el cuartel. Porque el Comandante era bueno, pero  a recto y cumplidor  de su deber  nadie le ganaba, por lo que a sus subordinados les exigía a rajatabla cumplir con  las ordenanzas militares.
 Amelia se acercó un día al cuartel para  conocerlo y darle las gracias por haberse  interesado por su hijo, muy  correctamente y con la deferencia que   los buenos militares muestran por las señoras  fue recibida. La hizo pasar a su despacho y medió entre la  madre  y el protector de Félix este dialogo.
-Usted señor debe perdonarme por mi atrevimiento, pero no  vivía tranquila, sin saber a quien le debo que mi hijo se encuentre  a sus anchas vistiendo el  bonito uniforme que tanta ilusión le causa.
 Amelia se mostraba nerviosa. La seriedad y circunspección de aquel hombre  vestido con su  uniforme impecable donde en la bocamanga lucia la estrella de su cargo, le causaba  rubor. Ella no sabia expresarse  correctamente ante  una persona de categoría, o eso es lo que ella creía. El militar se  dio cuenta del esfuerzo que  estaba realizando para  no  quedar en ridículo, por lo que se limito a tranquilizarla con  palabras sencillas.
 Señora, de nada  tengo que perdonarle, todo lo contrario, usted merece mi elogio y el de toda la familia militar, por haber traído al mundo  a ese hijo que hasta la presente es un modelo de muchacho, obediente, disciplinado y poniendo mucha voluntad en el desempeño de sus funciones, que es tan necesaria y precisa en el ejercito como  la mas alta.
 Su  hijo si sigue como  hasta ahora, a pesar del poco tiempo que lleva, tiene futuro, porque aquí como dijo Calderón de la Barca, lo principal es obedecer, y  la milicia en buena o mala fortuna  es una religión de hombres honrados. Siéntese orgullosa señora de su hijo, como la patria se siente de el.
 No quisiera disgustarla, pero no me gusta engañar a nadie y menos a una madre. Los tiempos que corren no son muy buenos para nuestro país. Los moros, nos atacan sin piedad y este regimiento es uno de los que está  por la superioridad destinado a  marchar a Melilla. ¡Si yo lo pudiera impedir!, ¡como lo haría señora! Pero solo soy un engranaje mas en esta máquina llamada ejercito, maquina  sin la cual ninguna nación por pequeña y pacifica que sea puede
prescindir de el.

-Quiere usted decirme que  ¿ a mi Félix se lo van a llevar a África? -Y al pronunciar la palabra África,  un escalofrió le recorrió el cuerpo de pies a cabeza- Ella no esperaba eso. En Badajoz lo tenia a su lado, lo veía todos los días, lo abrazaba y besaba, y…¡que guapo estaba con el uniforme!. Pero eso de  marchar a la guerra su hijo no era lo mismo.
 El comandante  se percató de la  congoja que se iba apoderando de  ella y  otra vez tomó la palabra.
 -Señora, usted ha dado su consentimiento para que su hijo firme cinco años como corneta. Es verdad que usted no  se ha enterado de cómo marchan aquí las cosas, pues se ha fiado de su hijo. -Un valiente. -Pues bien él  según  he observado está  deseando marchar a Melilla, y aunque no  quisiera ya no hay marcha atrás. Ha firmado con el consentimiento de usted, y es  miembro del ejercito por cinco años, y allí donde se le ordene debe y tiene la obligación  de  presentarse. Existen unas leyes que son diferentes a las civiles, en el ejército no se puede elegir.
- Para tranquilizarle le diré que yo también  voy con todos ellos, nadie se queda  en el regimiento el cuartel se cierra hasta  que regresemos, Aquí soy músico allí un combatiente,. A su hijo lo protegeré todo lo que este de mi parte, pero… vamos a un  sitio beligerante. Rece usted por todos, lo necesitaremos.
 Ya se podrá figurar el lector/ra, como  salio la pobre Amelia del despacho  del comandante. Nunca se pasó por su imaginación que a su niño lo enviaran a la muerte. Eso es lo que pensaba. Ahora los sufrimientos serian mayores.

CAPITULO VIII

Del mismo grupo

Como se recordara en el capitulo primero Marcelino fue ingresado en el hospital Militar de Melilla, por las muchas heridas que le causaron las balas de los rifeños  en la escaramuza del Gurugú, y fue tanta la perdida de sangre que precisaba una transfusión sin la cual la vida le seria imposible.
  Diez años llevaba ya el exnovio de la Nena en la Legión y hasta ese día no  entró en combate. Fueron tiempos de bonanza pero    las circunstancias cambiaron.  Los moros  no estaban conformes con el dominio español.
 Aquel mismo día  llegaron los  nuevos soldados que  relevarían a los cansados veteranos. Félix entre ellos. Nada mas desembarcar los  condujeron al hospital militar, lo primero para ser reconocidos y lo  principal, por si se necesitaba sangre para los heridos.
 Las reservas se agotaron, se necesitaba mas sangre.
 Un capitán los formó en el patio.
 Muchachos- empezó diciendo-  Hay muchos compañeros  a los que se les ha  puesto sangre, las heridas han sido tan  grandes que  por ella se le ha marchado el vital liquido. Así nos entendemos mejor que con palabras  científicas de leocucitos glóbulos y otras zarandajas. Tampoco  tenemos mucho tiempo para perderlo  De casi todo los grupos  hemos  podido suministrar, pero  hay un compañero un valiente legionario que su grupo es difícil de encontrar, según los médicos es B RH- negativo. Y en los análisis que han realizado ha aparecido el de un corneta, recién llegado  que tiene el mismo grupo, ese  muchacho se llama Félix Sandoval, y nadie le obliga pero si es tan valiente y no le importa  donar medio litro, con eso es suficiente se salvara la vida del valiente legionario Marcelino Ríos.
 No hicieron falta mas palabras el hijo de la  Nena  salvaría al padre, aquel que  huyó con la cupletista de segunda o tercera, dejando sumida a  su madre en la mas profunda desesperación con  el en sus entrañas, Todo esto ignoraba Félix pero si lo hubiese sabido  con mas  entusiasmo si cabe  se desprendería de su sangre para dársela a su padre.
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 Vamos a ver que ocurría en Badajoz y concretamente a la madre de Félix a la marcha de su hijo.
 Aquel día era lunes. Un rió humano se encamina a la estación. Querían despedir a los soldados del regimiento que  tantos años  permanecía en la capital, era  tan emblemático en la ciudad como la Puerta de Palmas  la catedral. Era su regimiento, casi todos los soldados eran hijos de Extremadura y  mas de la mitad de  Badajoz capital.
 Muchas mujeres lloraban, se llevaban a sus hijos, y entre aquellas llorosas  mujeres  también ¡como no! Estaba Amelia.
 En la estación un gran gentío invadía los andenes y la sala de espera. Gritaban gesticulaban esperado la llegada de la tropa. El tren esperaba en la primera vía  con la  locomotora  encendida dispuesta a emprender el largo camino hasta  Málaga sino la relevaban  por otra antes por cansancio o calentamiento
¡¡ Ya llegan…!  Ya llegan ¡! – exclamaban la gente, empujándose unos a los otros para  estar en el sitio mas  cerca  para verlos mejor..
  Llegaron  debidamente formados con aire marcial como corresponde a los soldados bien disciplinados y orgullosos de su oficio.
¡¡Viva España!!- gritaban   los mas exaltados patriotas.  ¡¡Vivan los valientes soldados de nuestro regimiento!!
 Se atropellaban y  los aplausos arreciaron  cuando  llegaban a los andenes.
 Amelia con  el pañuelo en las manos  húmedo de las lágrimas derramadas empujaba  y  se colaba entre  la barrera humana para estar mas cerca de su hijo.
 Miles de pañuelos blancos como palomitas de la paz, una paz que  estaba  tocada del ala sobretodo para los que iban a embarcar.
 La Nena  divisó a su hijo. Caminaba erguido, ufano  como si dijera con su aire que el  marchaba orgulloso, contento a defender a su patria.
 Cuando  la locomotora emitió el silbido de despedida, la exnovia del legionario  gritaba como una loca. Se despeino sus gritos eran tan desaforados que llamó la atención de todos.
 Las mujeres  intentaban  calmarla con palabras tranquilizadoras, pero ella no las oía. Se llevaban a su hijo a su  retoño a lo que le quedaba en el mundo, su ilusión por la vida, su vida misma. Se desmayó. Los hombres la  recogieron  del suelo, y llamaron a una ambulancia que la condujo a la casa de socorro. No estaba herida, pero  su  cabeza no pudo  resistir tanto sufrimiento.  Había perdido la razón.

 ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::  La sangre que su hijo  donó a Marcelino fue su salvación. El legionario que  como sabemos era fuerte quedó  como “nuevo”. Era sangre de su sangre la que le inyectaron en sus venas.  
  Félix acudió a la llamada con  tanta decisión  y  deseo  como si supiera que el  que la precisaba fuese algo suyo (lo era pero el lo ignoraba). Era la llamada de la sangre. La sangre que le faltaba a Marcelino le sobraba a su hijo.  La sangre llamaba la sangre, a su sangre,
 Se repuso y le con cedieron  un mes de convalecencia, y ese mes quiso retornar a su ciudad a Badajoz. Hacia  años que no  sabia nada de su ciudad  no conocía la tumba de su madre y también  quería enterarse que había sido de Amelia y su hijo. La conciencia empezaba a remorderle a raíz de la transfusión.
 Antes de partir quiso agradecer al chaval que le  regalo su sangre la buena acción.  Sabia que nadie lo obligó, que el se prestó voluntario a salvarle la vida ( no seria  solo esa vez)
 Y se abrazaron, se dijeron  palabras de  aliento la iba n a necesitar. Pero  a Marcelino aquel  muchachito , aquel corneta de  Badajoz le impresiono, no sabia lo que la sangre le dictaba , si otro cualquiera le hubiese dado su sangre, seguro que no le hubiese causado tata intriga y emoción como  el corneta. Si, lo hubiese abrazado y ofrecido su apoyo y amistad hasta  dar su sangre por el si preciso fuere, pero el corneta  le dejó un no sabia que, algo especial. Y por un  momento pensó.
-¡Dios mió! Será  verdad lo que se me viene a la mente. Pero no,  ella o hubiese autorizado a que su hijo venga a la guerra,, pero se paree tato a mi, y hasta tiene rasgos de ella. En fin ahora marcho a Badajoz, puede que allí se aclare mis presunciones.
 La sangre  llamaba a la sangre, si, era la  misma sangre que se revolvía, la que llamaba  a la sangre  que se había  unido para salvarse.
 Y Marcelino  regresó a su tierra con  la cabeza llena de dudas. Ahora quería saber más de Amelia y su hijo. Rafael le dijo que estaban bien, que  así los dejó cuado salio de la ciudad, eso le dijo ya  casi inconsciente, ahora el tenia la obligación de  saber como estaban y darle su  apoyo, y su  cariño. La Legión le había dado lecciones  buenas, no cabía duda. También  alegrías dentro de las penurias y sufrimientos. Era cabo y podía aspirar a más. Se casaría con la Nena y le daría los apellidos a su hijo. Si,  el estaba convencido que el que le donó la sangre algo tenia de el.
 En la cartera constaba una carta, estaba ajada y rota pero era una prueba que  quizás algún día  tuviera  sus efectos, podía ser mentira o  verdad por eso lo guardaba entesorada.
 Consuelo la cupletista de tercera, la que  lo hizo alistarse a la Legión, aunque ajada por el vicio y las malas noches no había cumplido los cuarenta años, y su útero no se había secado aun,  lo ignoraba pero cuando lo echó de ella estaba encinta. Y también la sangre  le reclamaba un padre para  lo que iba a venir al mundo..
 No sabe como Consuelo se enteró de que estaba en el Tercio.El a nadie se lo dijo. Se alistó por cobardía y por hambre, ahora era un valiente caballero legionario y quizás le  volviera a interesar.
  Cualquier mujer por mala que sea se enternece  cuando en sus entrañas  siente que se está formando una nueva vida, se hace un poco mas humana y hasta se arrepiente de sus maldades. Consuelo iba a ser una de ellas, aunque ya era demasiado tarde.
 El amante repudiado, el causante de los males de Amelia, el padre de Félix tenía otra hija dispersa por esos mundos de Dios.
 El en su cartera conservaba una carta ajada y medio rota que recibió a los pocos meses de  estar en Malilla. La carta decía así.
 Madrid  y una fecha:
 Esta carta que recibirás con estupor, es para comunicarte que me encuentro embarazada de ti. No te pido que vuelvas conmigo nuestras vidas van por caminos opuestos y jamás podremos entendernos. Yo no he sido buena, lo reconozco. Mi próxima maternidad, o sea el embarazo me ha transformado. Viviré para el ser que llevo dentro y nada más. No te pido dinero, se que  un pobre legionario  no puede tenerlo y, si lo tuvieras con razón me lo negarías. Tampoco te pido que le des tu apellido  al niño o la niña si todo sale bien, llevara el de López que es el mío. Lo que te suplico es que me  mandes una fotografía tuya a esta dirección: Consuelo López, Fonda los Tres Claveles, calle Matalanieve número 54 1º Madrid. Le pido perdón a tu madre por haberte  separado de ella y robarle los ahorros que  tenia. Consuelo.
 ¡ Como se enteró Consuelo de que Marcelino se alistó a la Legión y el destino?
 Ella conocía a muchos militares y civiles que  tenían algunos cargos importantes. Esta clase de mujeres son  amigas por los avatares de la vida, por sus relaciones con empresarios que a la vez  son amigos de  los hombres  influyentes del país, y por los favores que ella  en su juventud, en su lozanía proporcionó a muchos, secretos que  casi nunca son desvelados. En fin que  en una tertulia con varios militares, entre ellos   un capitán de la Legión; y entre  copas de manzanilla y vino bueno que regaba  las lonchas de jamón y otros aperitivos gruesos, se hicieron muy amigos. Ella lo era de todos, aquel le gustó.No sabia porque intuía que   su amante se había refugiado en algún  sitio donde no fuese encontrado por la policía y se le vino a la mente la Legión, otro lugar no cabía para  burlar a la justicia. Ella sabia mucho de esto, era de lógica; una mujer de mundo  tiene relaciones con  toda  sociedad y aquellos que la viven  entre  garitos y cuarteles, incluso  conocía a curas calaveras, que dejando la sotana colgada de alguna percha se internaban en el mundo de los vicios y depravación. Pero vamos a como Consuelo supo el paradero de Marcelino.
-Necesito saber el paradero de un hombre que  me robó el dinero que tenia en el bolso y también se llevó mi cartilla de ahorros, aunque esta no le sirvió de nada pues la anule a tiempo. La policía no lo ha encontrado  y ya ha cerrado el caso, ese hombre  o ha muerto cosa  que es improbable, o se ha echado al monte o se ha alistado a le Legión.
 El capitán legionario quería complacer a la cupletista. Era un hombre que  a las mujeres las adoraba y nada de lo que estuviese en sus manos se lo negaba. Aunque esto era difícil, pues como le dijo en la Legión e alistan muchos con nombres falsos, nadie le pide el verdadero. La miró a los ojos le sonrió y le dijo , si, guapa lo averiguaré si puedo. Mañana por la noche aquí ya veremos lo que te traigo de ese galán.
 Ella se limitó a sonreír y nada dijo.
 La noche siguiente estaban otra vez en el  antro donde se hacia de todo  menos rezar, y nadie  se inmutaba. En fin nosotros a  lo nuestro.
-¿Me has averiguado algo  con el nombre que te di?- la Consuelo preguntaba ansiosa, nerviosa  quería saber el paradero de Marcelino a toda costa ¿arrepentida? Bueno ya lo hemos dicho, algo le  había transformado la futura maternidad.
 - Tienes mucho empeño en averiguar donde esta ese hombre. Te lo voy a decir. En  el listado de todos los legionarios, aparece un tal  Marcelino Ríos, que se alistó una mañana en  la representación aquí en Madrid. Según informes  llegó hecho una piltrafa, hambriento, asustado y vestido con harapos. No se alisto con  nombre supuesto, lo hizo con el suyo verdadero. Esta en Melilla Tercio del Gran Capitán

-Gracias capitán, me has hecho un gran favor. Aquí mi mano
-No, tu mano no, esto merece más.- y el legionario la abrazó y  la sobó en el reservado donde  se citaron.
 Y así supo la Consuelo el paradero del que le  iba a proporcionar el mayor gozo, una hija.
 Marcelino ya no temía nada, era caballero legionario y la justicia  lo había olvidado, tampoco el delito fue mayor, habría prescrito con el tiempo.
 No lo dudó. Un buen  fotógrafo le hizo una buena fotografía,  con el uniforme legionario y se lo mandó por correo certificado a la Consuelo.
hhhhhhhhhhh
 Una mañana apareció Marcelino en Badajoz. Llegó en el correo de Sevilla,. Le concedieron dos meses, uno de convalecencia, el otro de permiso.
 Lo primero que hizo fue ir al cementerio a rezar por su madre y pedirle perdón. Buscó por todas las tumbas en tierra ( allí le dijo Juan que la enterraron) pero no encontraba ni unas simples iniciales que atestiguaran donde descansaba el cuerpo de la infeliz Dolores.
 En un rincón del camposanto  existía una fosa común, en ella  habían colocado unas cruces de madera y de hierro, donde se supuso que estaba. Era la de los desheredados de los mendigos e los parias, pero no había  identificación alguna de que allí reposaran los restos de su madre. No obstante se arrodilló hizo la señal de la cruz y rompió a llorar. Ahora le remordía la conciencia. Antes debió de penarlo, pero en fin, los sufrimientos, las fatigas en la legión y el compañerismo  le ablandaron el alma.
 Se tropezó con una mujer, y le preguntó si sabia donde enterraron a su madre. La mujer lo conocía de pequeño y  le reprochaba.
-Ahora te acuerdas de tu madre  truhán,  fuiste tu y aquella zorra los que la enterasteis. Ya me lo dijo su vecina, y ahora al cabo de tantos años vienes a llorarla, cuando no tiene remedio.
- No supo que contestar, se azoro sabia que la mujer llevaba toda la razón, no podía repudiarle nada. Salió del recinto sagrado con la cabeza baja y los ojos empañados., pero le duró poco, había que  ventilar otras cosas, quería saber de Amelia y de su hijo, quería purgar el daño que le causó a los dos, pensaba si ella lo  admitía hasta casarse y darle los apellidos a su hijo. Licenciarse de la legión o, permanecer en ella.   Pronto lo ascendían a sargento, pero como un buen padre y esposo, como un verdadero cabeza de familia. (A buenas horas mangas verde ¡como diría un castizo.) Deseaba volver a ella y  a su hijo,
 Buscó una fonda por la  Plaza Alta, y se dispuso a investigar. Entró en una tasca de  aquel barrio. Disponía de dinero y estaba dispuesto a gastárselo todo en averiguar el paradero de la Nena. Pidió una copa de vino. La taberna estaba desierta, detrás del mostrador  despachaba un hombre grueso, con un mandil de dudosa limpieza, servia en jarras de barro. Pensaba en los cambios que  había realizado la ciudad, aquel Badajoz estaba muy cambiado. En esto que le tocaron en un  hombro, se volvió despacio y conoció al intruso, era un amigo de juergas de aquellos tiempos, envejecido mas que por la edad por el alcohol, pero que le serviría de  orientación.
-¡Hombre  Pepe ¡ ¿ Tu eres?- le tendió la mano que Pepe estrecho con fuerza. Los amigos  aunque sean de farras, no se olvidan y se alegran cuando al cabo del tiempo se vuelven a ver.
Que alegría verte Marcelino, ¿como estas? Ya se que eres un valiente, un legionario de los de Millán Astray
De los de verdad, un héroe.
-Hombre Pepe no exageres.
-No, no exagero se que has sido herido en Melilla y  alguien  que te dio la sangre te ha salvado.
-¿Como lo sabes?
- Esto es un pueblo ¿sabes? Y aquí se sabe todo. Además lo ha publicado el periódico local. Un hijo de Badajoz herido en combate es para publicarlo.
 
 De pronto Marcelino cambió de atiptud y le dijo a su amigo
-Pepe necesito de ti. Eres mi amigo ¿no?

 Bien sabes que si Marcelino, siempre lo he sido, como José Maria, que en paz descanse.
-¿Ha muerto José Maria?
- Si, y Andrés. En fin  la vida es así hoy unos mañana otros…
 - Pero venga en que puedo servirte.
- Vamos a sentarnos y yo pago una jarra de vino.
- Bueno no faltaba más.
 Se sentaron ante una mesa mugrienta, el gordo les sirvió una jarra de vino de   la Fuente del Maestre y  Marcelino  tomando la palabra le dijo muy bajito.
-Pepe, ¿que sabes de Amelia la que fue mi novia? -Tuvo un hijo ¿no?
- Si, Marcelino, la verdad es que no te  portantes con ella muy  bien, mejor dicho mal. Si, tuvo un hijo, o sea lo tiene si no se lo han matado los moros en Melilla.
  Marcelino al oír aquello saltó de la silla, con  el asombro de su amigo y del tabernero
¿Has dicho Melilla?
-Si, eso he dicho. Los recogió Rafael en su casa, pero tanta hambre pasaban que también Rafael se fue a Melilla, decía que se ganaba más, creo que es sargento de Regulares.
- Si, lo he visto cuando  estaba herido ¿Pero dime? Como se fue mi hijo a Melilla?
 Las preguntas le salían atropelladas de la boca, se mostraba  nervioso con ansiedad. Pepe  trató de calmarlo, diciéndole que si no se serenaba no se enteraría bien.
 El amigo conocía la vida de Amelia y su hijo, fue vecino y como suele ocurrir en la vecindad unos la compadecían y otros le echaban estiércol por haberse dejado seducir. Por su parte Pepe aunque  juerguista no poseía mal corazón y era de los que se compadecieron de ella, y hasta intentó ayudarla, lo hizo con algunas limosnas, que se avergonzaba de que fuesen tan  precarias. La Nena las rechazaba pero la madre de Rafael las admitía
 Y este amigo le contó todo lo que ya sanemos acerca de Félix y de su madre
-¡Loca, he oído bien Pepe dices que Amelia esta loca.
-- Si, Marcelino la Nena perdió la razón cuando se llevaron a su hijo a Melilla, decía que se lo llevaban a la guerra al matadero; no lo pudo resistir y  se halla en el manicomio de Mérida.
-Infame, canalla cuanto mal he hecho por ser un  sinvergüenza un mal hijo y mal hombre. Adiós Pepe no espero mas, yo no puedo estar aquí mi hijo  es el que me ha salvado la vida y ahora quizás el este muerto y yo  divirtiéndome
 Y sin esperar mas salio del local como alma que lleva el diablo
 El tabernero  le dijo a Pepe.
¿-¿ Que le pasa a ese?
_Cosas de los lejías, están todos locos. No te  apures yo te pago el vino..
-Pagó en la fonda Marcelino y se dirigió a la estación. Tuvo que esperar dos horas a que saliera el  tren para Sevilla
- Y dos días después se presentó en su unidad al capitán de su compañía. Quería ver a su hijo.

CAPITULO IX

Padre e hijo

Al llegar a su unidad se presento a su capitán. Este se extrañó al verlo, ya que como sabemos no hacia ni una semana que marchó en convalecencia y permiso para la península,
-A la orden de usted mi capitán, se presenta el cabo  Marcelino Ríos, que hallándose en convalecencia  por haber sido herido, y posterior permiso, desea marchar al frente, ya que me encuentro en perfecto estado pero abusando de su benevolencia desearía que el corneta de las Gravelinas, que ya me he enterado que  se está batiendo con los moros en primera línea, fuese relevado y mandado a la retaguardia.
 El oficial lo miro paternalmente, lo conocía y  lo apreciaba. Marcelino a la hora de luchar nunca se echaba para atrás era un  valiente legionario, pero lo que le pedía salía fuera de toda regla y disciplina. El capitán no tenia  facultades para hacer lo que su subordinado le  solicitaba, y menos aun con un soldado de otro regimiento como era  para el Félix.
- Lo que usted me pide cabo es lo mas absurdo que  me han pedido a lo largo de mi vida militar. Yo no puedo hacer eso, pero si puedo  ordenarle que cumpla usted con su deber, en este caso es el de permanecer en convalecencia,  esa facultad  es del médico que lo ha asistido y si no obedece tengo facultad para arrestarle.
 Marcelino conocía bien  los reglamentos y el credo legionario y sabia que una desobediencia  le podía costar años de prisión militar o quizás en consejo de guerra, hasta la muerte, pero  estos casos  se daban en cobardía y lo suyo era todo lo contrario, seria una desobediencia justificada.
 No le cabía duda que Félix era su hijo, si  cuando le donó su sangre  le  dio la corazonada, Pepe  allá en la taberna de la Plaza Alta se lo confirmó.
 El muchacho   se parecía mucho a los dos, y  era valiente que mas pruebas. Pues si  su grupo sanguíneo  tan raro y escaso  B , negativo, era el mismo que el suyo y para corroborar que no había  duda que  era el hijo que  antes de nacer  abandonó, pertenecía al regimiento de las Gravelinas, el mismo que Pepe le  afirmaba que se alistó por hambre..
 No obedeció a su superior y por su cuenta y riesgo aquella noche tomó el fusil y con las cartucheras llenas de  balas se interno en el monte  del Gurugú. Era  donde se libraban los combates los moros  querían tomar la ciudad de Melilla y por ese flanco lo creían mas factibles.
 Marcelino, no buscaba su  Unidad que valientemente se batía, Marcelino buscaba a su hijo para cambiase por el. Le rogaría al Comandante que mandaba  la operación donde  luchaba  el corneta que, lo  enviasen a la retaguardia a la zona de menos peligro, el  cubriría el puesto del muchacho, era un niño, solo  contaba  dieciséis años recién cumplidos, y era presa fácil para los enfurecidos rifeños. El, veterano sabría como atacarles, no era la primera vez que lo hacia.
 Como lo pensó lo hizo. Su hijo como todos sus compañeros libraban una encarnecida lucha  entre los riscos de la sierra que les servia de parapeto.
 Y a lo lejos, el sol con sus rayos hirió el  metal del instrumento que  Félix llevaba colgado del cuello, pero  que  con el fusil en las manos   avanzaba y retrocedía, se ocultaba y reptaba. Unas veces las balas se estrellaban en las piedras donde se resguardaba, otras  silbaban por encima de su cabeza. Y el muchacho valiente no se amedrentaba, apuntaba  al enemigo y a más de un moro lo dejó tendido en la tierra para no moverse jamás.
 Marcelino no  pudo resistir el impulso de  correr al lugar donde  estaba su hijo. Quería protegerlo  con su cuerpo, disparando sin cesar,  llevarlo al sitio menos  batido por las balas enemigas. Otra vez  la llamada de la sangre intervenía; ahora era el padre  el que quería y así se lo exigía la sangre salvar al hijo, antes lo hizo el hijo por el padre como sabemos.
 Ya no  quiso pedir permiso al jefe, ya no veía nada, solo  la sangre de su hijo derramada  y corriendo, reptando en cuclillas  esquivando las balas  llegó adonde estaba Félix. Al lado yacía un compañero muerto. Más  atrás otros  cuantos. Toda la  escuadra había  muerto como valientes, solo quedaba la corneta, que nadie sabe como las balas no lo alcanzaron. Quizás alguien lejos, muy lejos estuviera rezando por el  claro que tonto, su madre que nunca lo apartaba de su mente enferma.
 Marcelino lo  tiró al suelo agarrándolo por el brazo, era el momento en que los moros realizaban una descarga de fusilería. Tendido uno al lado del otro quedaron. El muchacho quiso  incorporarse.
-¡Quieto no te levantes ni te muevas- le gritó el padre sujetándolo. El muchacho sorprendido lo miró, no esperaba que un legionario fuese en su  defensa, esperaba un compañero de su regimiento un soldado de infantería.
 - Permanezcamos así hasta que cese el fuego, la situación es comprometida. Creo que no nos han visto, y cuando  ya no les queden más municiones nos levantamos con mucho cuidado  hasta  regresar a la retaguardia. Aquí nada podemos hacer, ellos son muchos nosotros  solo dos, casi todos  los nuestros han caído.  Te debo la vida y quiero  agradecértelo devolviéndotela.
- No hice nada más que lo que hubiera hecho otro cualquiera, era mi deber como humano y como soldado. 
-Félix es tu nombre ¿no? Y eres de Badajoz.
- Si, así es.
 El fuego   si no cesado perdió intensidad. Quiso el muchacho  incorporarse para  seguir atacando, pero el padre se lo impidió.
-No, quieto no es aun  la hora, hay que esperar. Aquí estamos a salvo, las balas nunca nos llegaran en esta posición. Mas si nos incorporamos somos un blanco seguro. ¿Quien es tu padre? ¿Como se llama tu madre?
 Félix lo miró extrañado, que le formulase aquella pregunta en aquella situación en que se hallaban  y un presentimiento  corrió por su alma.-Dos mío, ¿será este mi padre?-pensó.
- No tengo padre, nunca lo  tuve, abandono a mi madre cuando  estaba encinta, mi madre se llama Amelia.
 A Marcelino se le inyectaron los ojos de sangre, toda se le agolpó en la cabeza. Su hijo,  no era  mentira lo que le decía su corazón, desde el primer momento lo intuyó.
¡Hijo, hijo mío, perdóname. Yo fui el  canalla que abandonó a tu madre por una golfa una mala mujer que  entre los dos llevamos a tu abuela a la tumba. ¡Pero, no, no me perdones yo no tengo perdón de Dios, mátame me lo merezco!
- ¡Padre! Has venido a salvarme. Yo si te perdono, no sufras. Has sido malo, pero se ve  que te arrepientes. -Se que estabas de  permiso, y has venido a salvarme. Esperemos que cese el fuego volvamos  a nuestros cuarteles y después mas tranquilos hablaremos.
- Si, hijo si,  iré a Badajoz y le pediré perdón a tu santa madre y como es tan buena me perdonara. …pero ¿Tu sabes donde esta ahora?
 En casa de la madre de Rafael, creo, allá en San Roque en  la casita junto al Guadiana, donde  los pescadores  llenan sus redes de lampreas y barbos…

¡Pobre muchacho! Ignoraba que su madre  había perdido la razón  y se hallaba interna en el manicomio. Marcelino lo sabia pero no quiso  darle ese disgusto, cuando salieran de allí hablarían. El fuego cesó, Una columna   avanzaba por la ladera, iban a rescatar al corneta y a los que  estaban vivos,y recoger los cadáveres.  La calma había  llegado. Los moros se marchaban en retirada, pero…  ¡Ay! Uno  que se encontraba herido  los localizó cuando se incorporaban, Félix menos  avezado a estas batallas, no lo vio y se levantó, pero el padre lo localizó cuando  con    su  fusila apuntaba al hijo de la Nena. Fue unas décimas de segundo, Marcelino se levantó como impulsado por un resorte y cubrió el cuerpo del muchacho con el suyo, Entonces el moro herido con sonrisa maligna apretó el gatillo y  Marcelino cayo fulminado como si fuese alcanzado por un rayo, le había  dado en el corazón. Expiró con una sonrisa que le dedicó a su hijo. Había cumplido su promesa.
 Minutos después llegaron los refuerzos. Pero antes Félix apunto y disparó, el moro que mató a su padre  ya no dispararía mas.
  Félix se arrodillo ante el cadáver del legionario, hizo la señal de la Santa Cruz, rezó una oración por su alma  y  agarrando la camilla por uno de sus mangos, lo  llevó hasta el  carro de los muertos.
 Una sencilla cruz de hierro con el emblema de la Legión y su nombre  son testigos que en aquella  humilde tumba  descansa  un cabo legionario que murió en combate.

CAPITULO X

Amelia recobra la razón

Dejemos Melilla a  y volvamos a Badajoz  a encontrarnos con  Amelia. Pronto sabremos también de Rafael al que tenemos algo olvidado.
 La ultima vez que nos ocupamos e ella,  había perdido la razón  por haberse  marchado  (mejor dicho) llevado el  gobierno a su hijo a la guerra con Marruecos , y los médicos que la trataron  acordaron que  fuese ingresado en un centro psiquiátrico llamado entones manicomio, para  recobrar  la razón perdida.
 En Extremadura solo existía el de Mérida y en el la internaron.
 Pese  a su enajenación mental no era agresiva,   si obediente y sumisa.  Hacia caso de todas las indicaciones del médico y de las monjas que eran las encargadas de la custodia  y a la vez enfermeras. Nunca hubo que avisar al loquero para  colocarle nada  especial, aquellas camisas de fuerzas que se utilizaban para reprimir los ataques de locura.
 Ayudaba en lo que le mandaban, planchaba, lavaba, y hasta con una regadera de zin regaba las macetas del patio.
 El médico afirmaba que aquella  enajenación mental se curaría pronto, quizás al recibir alguna buena noticia, ya que una mala fue lo que la produjo, la buena acabaría volviéndole la  lucidez pérdida. Como se llevaba muy bien con las monjas, estas la invitaban a pasar con ellas muchas tardes, y donde  las religiosas  tenían su descanso, tomaban café,   le leían el periódico o se lo daban a  leer.
 Le tomaron mucho cariño. Una mañana el periódico local   las lleno a todas de   desbordante alegría. Toda la ciudad estaba alegre, risas cantos y hasta las  campanas de las iglesias sonaban con  un sonido mas  alegre, como si el bronce se sintiera también contento de la noticia.
 Decía el periódico que la guerra entre España y Marruecos había finalizado, y que todos los v alientes soldados que habían  tomado parte en combates, regresaban a sus casas.
 Hacia mención, a  hechos  heroicos, y a casos singulares, y entre estos aparecía la gesta de Marcelino, un poco  exagerada y sensacionalista, decía así.
 Entre los hechos destacados por los valientes soldados españoles, tenemos que resaltar el protagonizado por un legionario que por salvar la vida de su hijo, también soldado que  quedó aislado frente a una compañía de moros,  el legionario rechazó un permiso  muy merecido y sabedor de que su hijo se encontraba en  un peligro inminente de muerte, subió al monte,  y entre padre e hijo  hicieron retroceder a los numerosos moros. Pero una bala que iba destinada al   hijo y el lo adivinó se interpuso entre el cuerpo de su hijo y la bala que  estaba destinada para el muchacho, la paró el padre con su cuerpo, causándole la muerte instantánea. Son casos que solo se dan en la guerra.
 Debajo  habían colocado  una esquela con el nombre  y apellidos de Marcelino. Del hijo de la Nena solo aparecía el nombre.
 No finalizó del todo sor Micaela (que este era el nombre de la monja) cuando Amelia se desplomó cayendo  precipitadamente al suelo. Fue la sensación que le causó  oír el nombre de su antiguo novio y sobretodo el de su hijo.
 Mal muy mal se había portado  Marcelino con ella y su retoño, pero había tenido  la acción mas sublime de toda su vida, gracias a el su hijo vivía
 Cuando recupero el conocimiento yacía en el lecho, las monjas la acostaron y  avisaron al médico, este le suministró un calmante y cuando despertó la reconoció médicamente, miró sonriente a las sores y dijo.
- Esta mujer se ha curado ¿que le habéis hecho? Que noticias ha recibido?
 Sor Micaela informó al doctor de todo y entonces  el médico  comprendió. La buena noticia le devolvió la razón. Aquel cerebro   averiado, estaba completame currado. No era el primer caso  muchos mas  había vivido.
 Tres días después la Nena completamente  cuerda se despedía de todo el personal sanitario y de las  compañeras mas lucidas. Dejaba el manicomio de Mérida y se  iba a su casa de  Badajoz.  A Dios se le debía el  milagro,  aseveraron las religiosas.
        
                                  

 Vamos a ver a Rafael, que  también es un  personaje clave de esta historia y lo tenemos  muy olvidado.
 Sabemos que se marchó a Regulares, por el hambre con el corazón  roto por el amor que sentía por  su  amiga Amelia, a la que  quiso  y quería con toda su alma.
 No vamos a repetir lo que  sabemos, pero diremos que  tuvo suerte. Al poco tiempo de  permanecer en el tabor, lo ascendieron a cabo, y se colocó en  los servicios de entretenimiento y  limpieza del cuartel. No participó en las escaramuzas, y era muy  querido y apreciado de todos, tanto de sus superiores como subordinados.
 No era gastoso, y lo poco que ganaba  lo enviaba a su madre y también a su “novia”, como sabemos. Ascendió a Sargento  y entonces ya se podía enviar más dinero, y así  llegó hasta brigada, cuando ya la guerra finalizó.
 Ahora  se permitía algunos caprichos que no lujos, y enviar mas dinero a Badajoz.
 Conocedor  de que Félix se hallaba en Melilla, uno de los días fue a visitarlo a su cuartel,. Se abrazaron, y en el “hogar del soldado” estuvieron dialogando ante dos cervezas que  pidió el brigada Rafael.
 Ya era mas abierto con  el paso de los años y  el trato con  militares le habían  abierto  el animo, aprendió a comportarse y a  darle a cada uno  lo suyo, aunque Rafael siempre con su  timidez era educado con todos y a todos respetaba, además era un alma cándida incapaz de hacerle mal a nadie.
 Hablaron de la lucha, de  la vida en Melilla del regreso y otras cosas hasta que el “novio” de la Nena   perdiendo un poco la “vergüenza se abrió al muchacho.
- Mira Félix, te lo voy a decir aunque creo que ya lo habrás adivinado. Tu madre y yo fuimos amigos desde niños, al igual que tu padre (Q.E.P.D.) y los dos estuvimos enamorado  e ella. Pero ella prefirió a Marcelino. Pero  yo nunca he perdido mi amor por ella. Estoy enamorado, quizás lo veas algo ridículo a mi edad pero, si nadie se opone cuando  regrese a Badajoz, quiero casarme con ella- Y a propósito de regresar a nuestra ciudad, tengo solicitado  cambio de    unidad, quiero  pasar a Gravelinas, a tu regimiento, y me han cursado la instancia, es de la misma arma de infantería y no creo que tenga  impedimento alguno. ¿Tú te opones a nuestro casamiento?
 Hizo la pregunta  bajando los ojos, a pesar de ser  dieciocho años mayor, se sentía como el niño que  teme una regañina al confesar a su padre una travesura.
 Félix lo miró a hurtadilla y pensaría que  era demasiado   prudente y siendo un buen hombre  lo quería para esposo de su madre y padrastro suyo, pero lo hubiese querido con  mas  carácter, con  mas autoridad y autoestima. Muy bueno sí,  pero a pesar de ser un mando  militar  era muy recatado y remiso. Le respondió
-Yo encantado, se que es usted un buen hombre para  marido de mi madre, creo que la hará feliz,- se sonreía, ante la  timidez extrema del superior-y con eso me conformo. ¡Ojala! Usted le  de la dicha que nunca ha tenido, en cuanto a mi, creo que ya soy bastante hombre, me gusta el ejercito y seguiré en el, firmare otro nuevo compromiso y espero llegar a ser algo, ya me han prometido los gaones de cabo, me buscaré una chica decente y espero  verlos  muchos años felices.
- Estas palabras hicieron saltarle las lagrimas de emoción y dicha a Rafael, intento ocultarlas pero no pudo y disculpándose le dijo.
 -Vaya, no creía que fuera tan blando, me emociono fácilmente, pero ya  voy a cambiar, se burlan de mi hasta los reclutas, pero ya se acabó. Y no me hables de usted, ya somos de familia, bueno mucho mas  yo soy tu padre, porque tu madre en una carta me ha dado el consentimiento de ser mi mujer.
   Aquella noche apenas durmieron los dos, pensando en Amelia, uno  por creerla feliz cuando se unieran en  matrimonio, y el otro por  que su madre   dejase de sufrir con el regreso de ambos. Al fin y al cabo los dos pensaban   lo mismo.

CAPITULO XI

El regreso

Tres días llevaba Amelia en su casa o sea en la casa de Rafael cuando el cartero le  llevó una carta. Se fijó en el matasellos y otra vez le dio un vuelco el corazón, era de Melilla y la letra de su hijo-
 Llorando pero ahora de alegría. Le mostró la carta a la madre de Rafael que no pudo  resistir abrazarla y llamarle hija. Luego  corriendo fue a casa de una buena vecina llamada Rocío y le mostró la carta manchada por la tinta que al mojar las lágrimas se había corrido.
-¡Ay!! Rocío de mi  alma, la virgen de la Soledad me ha escuchado y se  ha compadecido de mi, viene mi hijo sano y salvo, viene a Badajoz y me dice—lee,lee-  y al decir esto le  metía el papel por los ojos. Rocío, sonería y picarona le  preguntaba.
- ¿Con quien viene? A mi me ha dicho un pajarito que  con el regresa  tu… o sea Rafael. Esto también te alegrara ¿no?- y la pobre infeliz se puso roja al ver que aquellas palabras llevaba segundas intenciones.
  Rocío era buena vecina, muy servicial y en más de una ocasión les ayudó en las necesidades mas  graves. Le prestaba dinero  cuando  no llegaban a fin de mes con lo que  Rafael y Félix les enviaba ¡era tan precaria la paga…! Amelia   en cuanto recibía los giros  postales o se hacia de algún dinero  cosiendo ropa se los devolvía, pero Rocío no lo tomaba hasta  ver que de verdad no lo necesitaba y otras veces  se ofendía cuando la Nena insistía en  devolvérselo. Les ayudaba en las faenas de la casa, les animaba a seguir adelante, y hasta se ofreció de celestina  para que los amores entre  Rafael y la madre de Félix no  se enfriaran, cosa que estaba muy lejos de ocurrir, pues lo mismo Rafael que Amelia estaban mas enamorados que nunca a pesar de la distancia. Aquellas cartas que ya se atrevió a escribirle el soldado  a la madre soltera, estaban preñadas de ternura, de amor sublime y dulzura.  Hay personas que oralmente no saben  conquistar a una mujer, las palabras se le  atragantan o no le salen de la lengua, pero luego con la pluma son verdaderos artífices  en  plasmar sobre el papel   frases tan bellas y enternecedoras que  la fémina no puede resistirse a sus lisonjas y termina enamorándome locamente de él. Tampoco hacia falta tanto, porque  ya ellos estaban enamorados desde  que Rafael la llevó a su casa, o quizás antes, por lo tanto el ofrecimiento celestinesco de Roció holgaba
¡ -¡Vienen en tren Roció, vienen los dos si, y estoy muy contenta. Si antes me volví loca de dolor ahora temo volverme de alegría.
-Calma Amelia, no seas tan impulsiva a ver si vas a decaer otra vez, y entonces si que  vas a hacer a dos hombres desgraciado. ¿Cuando llega ese tren?
 -Según la carta mañana al anochecido. Hoy  al amanecer llegan a Almería, y luego  en tren hasta  la hora que te he dicho.
-Bueno  me alegro muchísimo, y ya sabes aquí me tienes para todo lo que  te haga falta.
 - Muchas gracias Rocío, muchas gracias. Es tanto lo que te debo…!
 Entre Amelia, la madre de Rafael, que a pesar de su avanzada edad y estar ya  sin fuerzas puso  mucha voluntad y Rocío, prepararon las camas, con las ropas  limpias  y si no nuevas muy bien conservadas para el caso. Hicieron dulces, y compraron  vino. Querían celebrar la vuelta de aquellos héroes al hogar. Pues si, héroes fueron, al menos para ellas. Sabemos que Rafael no participo en la lucha, pero  fue un héroe en marcharse para  que a su madre y a su amada no les faltase el pan. Ya era  un suboficial, le habían concedido el traslado a su pueblo  se casaría con la que siempre quiso, adoptaría a Félix como hijo y vivirían felices el resto de su vida. Así pensaba  el bueno de Rafael.
 Basta decir que Amelia era muy feliz con la noticia Se  puso mas guapa, los colores de manzana  volvieron a su cara y la sonrisa a sus labios. Sus treinta y cinco años y  rejuvenecida, hacían  que fuese  tan apetitosa y encantadora como cuando se entregó a Marcelino en la sierra.
                                

  Pocas horas  quedaban ya para que aquel  tren militar arribara a la estación de Badajoz. Pero antes  tuvieron que estar mucho tiempo en la estación de Zafra. La vía  estaba en reparación y además de eso  otros trenes  tenían más preferencia que aquel de soldados que regresaban a sus hogares. Como si  los que lucharon por España no tuvieran más  derecho a llegar a casa que los señoriítos que viajaban en tren de lujo. ..En fin  así es y así ha sido siempre-
 Mientras  esperaban al tren que  tenia preferencia para salir el suyo, Rafael invitó a Félix a tomas algo en el  restaurante  de la estación. Más que restaurante era una cafetería  moderna.
 Cerca de allí   una gitana con un canasto de flores  pregonaba su mercancía.
-Mira  Félix, aquella  gitana que flores mas bonitas  vende. Le voy a comprar dos ramos, uno para tu m adre y otro para la mía.- Y sin esperar mas llamó a la cíngara que sonriente se acercó a la mesa donde estaban tomando  una taza de humeante café.
-¿ Que vale ese ramo de  violetas?, y ese de claveles?- la gitana  fijo un precio abusivo, pero como eran para su madre y su novia a las que estaba ansioso por abrazarlas pago  lo que le dijo y contento  se  sentó  de nuevo  en la mesa. Félix no quiso ser menos y también le  compro otros dos ramos de olorosas flores, este ramo  eran margaritas y rosas. La gitana se deshacía en  lisonjas hacia los dos militares.
¡ Muchas grasias cabayeros, veréis que contentas se ponen sus  mujeres, que sin verlas se que son guapísimas. Os va a dar un beso que vos  va atraspasar el cogote… bueno buen viaje y  que  la encontréis como la dejaistes. ..¡La florista…!-  pregonando con voz aguardentosas salio por la puerta de la fonda ofreciendo sus flores.
 Rafael le  suplicó que le apeara el tratamiento, y el cabo Sandoval le hablaba de tu, ya que como decía  el novio de su madre, pronto seremos mas que amigos, y es preciso dejar tratamientos que de nada  sirven  mas que para  distanciarse  de la realidad, pues todos somos hombres y todos valemos para algo, es mas unos sin los otros no somos   nadie.
 Como sucede cuando se incustra la disciplina en la epidermis, de tanto  usarla, le costó trabajo adaptarse pero  como  veía que la confianza era mucha y de corazón Félix aceptó y ya  no eran inferior ni superior eran  dos amigos, aun que con diferencia de edad.
¿Como estarán las mujeres?- preguntaba el bisoño al veterano. Este le sonreía y le animaba con palabras optimistas. Félix también  sonreía y  ambos  se  animaban recíprocamente.
 -Que ganas tengo de llegar, de abrazar a mi madre y a la tuya, vivir en paz en  nuestro Badajoz, pasear por San Juan y San  Francisco, y asistir a alguna función de teatro en  el López. Olvidar  el tiempo que hemos permanecido en Melilla que  ha sido muy malo y sobretodo besar y acariciar nuestras madres y…  dejó la palabra en el aire, pero Félix la cogió al vuelo, y sonríen- dole  le  espetó.
- A tu novia. -Yo no la tengo pero en cuanto  llegue me  busco una que sea guapa y  cariñosa, ya soy un hombre y como tal preciso una mujer.
- Si, Félix todo hombre   necesita una  mujer, porque un   hombre sin  mujer es un a desgracia en pie., los dos quedaron  de acuerdo.
 El tren que sin parada en ninguna estación intermedia  los devolvia a casa,  estaba  para salir, después de haberle dado paso a dos más. Subieron  todos los licenciados y   militares que seguían en activo como nuestros dos amigos.

                              Entre dos luces llegó el convoy a la estación pacense, Se hallaba abarrotada de  gente. Madres llorosas que esperaban a sus hijos, novias con regalos, hermanos, padres, amigos y militares. La pareja de la Guardia Civil ponía orden en lo que podía, y aunque le ayudaban los  guardias urbanos, no lograban que las gentes se no arrimasen a la vía con el  inminente peligro de ser arrollados por la máquina.
 La banda municipal de musuca, lanzaba al viento marchas militares, y la gente gritaba. ¡Viva España! Vivan los valientes soldados. “ La Banderita, y soldadito español” salían de los instrumentos musicales sin cesar. Todo era  enardecido patriotismo, alegría sin fin, y nerviosismo, sobretodo en las madres que esperaban ver a sus hijos sanos y salvos tras la lucha que habían sostenido con  los moros.
 ¡Como no! Allí impacientes, nerviosas con los pañuelos en las manos estaban Amelia, Roció y la madre de Rafael, de entre toda la muchedumbre, destacabanse con sus  voces de bienvenida  y  queriendo ser las primeras en llegar al vagón. La fuerza pública las  rechazó hacia atrás, varias veces, pero ellas  hacían caso omiso a la advertencia de los guardias para evitar  el peligro que corrían si se acercaban demasiado al tren…
-Ya están aquí, ya han llegado ¡Hijos míos! Que alegría y que pena a la vez… ¡Aquí Félix hijo aquí estoy, no me dejan llegar hasta ti. Ya te veo, ven a abrazar a tu madre,  ya estoy mejor, he estado muy malita pensando en ti mi niño.
- Y la pobre Nena estuvo otra vez  al límite de perder la razón ahora de alegría.  Detrás de su hijo  bajaba Rafael, y un escalofrió recorrió su cuerpo.
- Se arrepentirá  cuando sepa que he estado loca? Yo lo quiero, siempre lo quise,  ¡que mal me porte con el  eligiendo al otro. Ha muerto por salvar a su hijo, eso  ya purifica su alma de las penas y sufrimientos que nos causó – Pensamientos que pasaron   unos instantes por su cerebro  atormentado.
 Mi pluma no  esta capacitada para describir lo que sintió aquella madre, y enamorada  mujer cuando  abrazó primero a su hijo del que tuvieron que apartarla, ya que se pegó a el como una lapa a la piedra, como la madera cuando  la sueldan con cola.
 Rafael  abrazó a su madre y le limpiaba las lágrimas que resbalaban por su cara. Luego esperó a que Amelia soltara a su hijo, y cuando la tuvo  cerca de el no pudo reprimir el impulso, de abrazarla y besarla delante de todos. Ella se ruborizó, pero  feliz y dichosa le susurró al oído
-Si tu no te arrepientes cuando sepas algo de mi, seré tu esposa como me has prometido, pero hay una sombra que debes de  difuminar de tu mente, y es que he estado en el manicomio, soy una loca curada..
 El por toda respuesta la estrecho otra vez entre sus brazos  con  más ímpetu, y el beso fue más profundo y prolongado que el anterior bajo las sonrientes miradas de su hijo y su futura suegra.

CAPITULO XII

En casa

Llegaron a casa cuando las luces de la calle  estaban encendidas. Entraron  en la humilde morada.  Rafael y Félix cambiaron el uniforme  por el traje de paisano, mas holgado y cómodo y se sentaron  junto a  las mujeres; de forma que Amelia estaba entre los dos amores   mas grande de su vida (el mas grande que tuvo ya no existía, ahora lo reemplazaba Rafael), así que entre este y su hijo tomó asiento. A su lado la madre de su  prometido,  la pobre mujer que nuca la nombramos por su nombre  de pila, ya que solo la conocemos por la madre de Rafael , se llamaba  Elvira, y estaba  tan llena de amor y ternura que hasta  las arrugas  de su cara  le habían desaparecido, tanta era la dicha  que  rejuveneció aquel rostro ajado y  marchito por el paso del tiempo y los sufrimientos que le acarreo la vida.
Viuda desde muy  temprana edad, afrontó las dificultades de la escasez de dinero para  salir adelante con  su hijo de  pocos años trabajando por  un escaso jornal en las duras faenas del campo unas veces, acarreando agua  de la fuente de Puerta Palmas para las vecinas otras, fregando suelos  lavando y realizando  los mas penosos trabajos que en aquella época  existían, sacó adelante a su hijo que cuando cumplió la edad de quince años, dejó la escuela con el  pesar de maestros y cuantos le conocían , porque el muchacho prometía, y se fue a trabajar  con un hortelano a una de las huertas que  aun existen en la ribera del Guadiana, próximo a la  barriada  de Cuatro Caminos . El dueño era un verdugo y lo exponía a trabajos  durísimos de sol a sol, hasta que  no pudo más. Luego trabajó en  la construcción de casas, y así Elvira pudo respirar un poco.  Ya sabemos que su casa la tenía donde hoy, están todos reunidos, y lo demás no lo vamos a repetir, porque   lo tenemos narrado en anteriores  capítulos.

 Frente a la feliz familia se hallaba la picarona y  no menos feliz por el regreso de los  vecinos y los amores  que ya no era secreto para nadie Rocío,
-¿Para cuando  la boda? Porque eso esta claro que boda  tenemos.
  Los novios se sonrojaron con el descaro de Rocío y bajaron la cabeza. Así eran de recatados, y más delante de su hijo y madre respectivamente. Ellos nada dijeron pero Elvira salio al paso para  que el azoramiento de aquellos dos seres se difuminara.
-Cuando quieran ellos Rocío, se merecen ser felices, los pobres ya han sufrido bastante, ahora  llega la felicidad. Yo no me opongo en nada, al  contrario  estoy deseando que  Dios los una para siempre.- y terminada la última frase se levantó de la silla y los abrazó,una ,   furtiva lágrima rodaba por su arrugada mejilla. Entonces Rocío y Félix se pusieron en pie  y  aplaudieron, pidiendo los dulces que habían  elaborado  para celebrar su  vuelta a casa y el vino y dijo  hijo de Amelia.
 - Hoy, no solo es un  día grande porque hemos retornado de la guerra. Lo es también porque ahora mismo vamos a celebrar  una despedida de solteros. Yo  fijo el día de la boda, ¿os parece bien el domingo?  Yo me brindo de padrino, y la señora Elvira de madrina, y de invitada tu Rocío, solamente hace falta que el cura otorgue  sin  amonestaciones.
- En eso no hay problemas. El  sacerdote  de esta barriada  es muy complaciente y además es  amigo mío- Yo hablare con  el mañana  temprano. Las amonestaciones las corren en un día, ya veréis.
 Y diciendo esto Rocío, Amelia y Elvira llevaron dulces y vino, bebieron casi hasta embriagarse todos de la alegría, dando vivas a los novios y a la madre que los parió, así como a los soldados de España. Todo lo mezclaban, aplausos y canciones hasta mas de media noche, hasta que ya cansados se fueron a dormir. Amelia pudo  haberse acostado con Rafael, pero  se lo impidió su recato y honestidad, no era virgen pero aun así  no quiso  hasta no recibir las bendiciones  volver a pecar.
  Ni Elvira ni Félix ni Roció y mucho menos Rafael lo cuestionaban. Ella  fue la que  no otorgó a la  complacencia de todos

                           
 Y..…llegó el día  tan feliz para todos. Era un día esplendido, un  día de otoño pero parecía de primavera, El sol resplandecía con  sus dorados rayos  reverberando en  los tejados y minaretes de la ciudad. Un vientecillo agradable perfumaba con olores  de   nenúfares y  juncos de las riberas del río  la tarde. La pequeña iglesia, la había adornado Rocío y Elvira con flores silvestres, que cogieron  del campo. Y el bueno del sacerdote, hombre  viejo pero santo varón, puso el mejor paño que poseía en el altar. Colocó dos sillas de anea para los novios y un ramo de rosas  rojas,  en un extremo del altar.
 A las cinco e la tarde se celebraba la ceremonia. Ella Amelia daba el brazo a su hijo y padrino, caso poco frecuente o  único en la vida en que el hijo sea padrino de boda de su madre. Vestía uniforme de  infantería, con sus galones de cabo bien ganados en las mangas, ufano orgulloso y sonriéndole a su madre caminaba despacio por la calle, la gente los miraba y  un murmullo como enjambre de abejas  se  extendía a su paso. Unos comentarios   les eran favorables  otros  injuriosos. Las  excompañeras del taller eran las que peores  críticas hacían de la  feliz novia, pero ella marchaba erguida y con la cara alta. Vestía de negro con el velo cubriéndole el rostro, sin ramo de azahar, no lo quiso, no era merecedora de el  , la virginidad no existía llevarlo seria un  fraude a la sociedad y sobretodo un pecado   a las leyes divinas. Así pensaba ella, quiso casarse de noche, pero se lo  quitaron del pensamiento tanto su hijo como su  futuro marido y también Rocío y Elvira. El lector/ra, opinara que que boda mas triste, pues ya sabemos que solo los acompañaba Rocío, pero  no, era una boda alegre, porque predominaba el amor  sobretodos las cosas,  y ese amor que  los corazones de todos los que la celebraban era tan grande que no existe en el mundo   alegría mas inmensas y sublime  que derramaban aquellas humildes almas.
 No tendrían  un gran banquete, ni música ni  viajes de novios, ni siquiera ella conservaba el himen, pero no importa, todo,  todo se pasa por alto cuando  existe el amor firme y verdadero. Amor ante todo, es lo que hace feliz a los matrimonios, y también el amor a los hijos, el sacrificio, y la comprensión mutua del uno hacia el otro, esta es la  verdadera boda, el enlace sublime, en que perdura hasta la muerte y aun después de ella.
Para los creyentes, para mi, que  creo en otra vida mas justa  que la terrenal  creo que también  allí existe el  verdadero amor de los esposos que se han  sacrificado , respetado y  comprendido. Y lo mismo  pensaban nuestros amigos, los protagonistas e esta  historia.
 Rafael, también vestía de uniforme dando el brazo a su madre que con  lágrimas de emoción caminaba despacio con  su falda  negra, la que tenía reservada para algún acontecimiento como aquel.
Y detrás la  revoltosa pero  con un corazón de oro Rocío, que contenta como unas castañuelas iba  cantando y tocando palmas, sin avergonzarse, sin timidez y cuando alguna  hacia algún comentario  desagradable que llegaban a sus oídos, le con testaba.
 No digas a otra lo que tú eres envidiosa.
 La ceremonia religiosa fue de lo más sencillo que se pueda imaginar. El cura  ofició la misa de matrimonio sin mucha retórica le dio unos consejos y terminó con: Lo que Dios ha unido que no lo rompa el hombre.
 El si, lo dijeron  serenos con voz alta y fuerte que  sorprendió hasta el cura acostumbrado al silencio en que se hallaba siempre sumida la iglesia-
 Los anillos  eran de aluminio, comprados en una joyería barata y las arras trece monedas de diez céntimos de curso legal en aquellos tiempos.
  Salieron del templo mas contentos que si les hubiese tocado la lotería que falta les hacia ( la lotería), Cenaron los  cinco un pollo de corral, dulces y vino. Félix, se fue al cuartel aquella noche a dormir, y Elvira  con Rocío. Los dejaron solos, no querían entorpecer una noche como aquella y ellos solos sin nadie que les importunase se echaron en brazos y  fue la noche más dulce emocional y  sublime que tuvieron en toda su vida.
 La cama era no era de estreno, era de la madre de Rafael, pero para ellos fue el lecho nupcial mejor que el de la princesa de Asturias.
 Y tod@s vivían feliz. La Nena y el Brigada, se trasladaron al cuartel, ya que a el le concedieron un “pabellón” oficial, donde instalaron su nido de amor.
Compraron a plazos  algunos muebles, los precisos para iniciar una nueva vida. Félix unas noches dormía en el  dormitorio de los soldados y otras en casa de sus padres, hasta  que tuviese edad para  ser ascendido a suboficial, pues aun era menor de edad y no podía  ejercer ese cargo. Elvira no quiso salir de su casa, pero  la visitaban con mucha frecuencia y además  tenia a Rocío que nunca quiso casarse  y era como la hija que  no le concedió Dios aunque se lo pidió  constantemente cuan vivía su marido.
  Y así transcurría  el tiempo hasta que una tarde de primavera Félix   se  en contraria con una gran sorpresa en el paseo de San Francisco. En el próximo  y último capitulo lo sabremos.

CAPITULO XIII

Consuelito

Félix, por las tardes cuando  salía de paseo como todos los soldados de Badajoz, tenían la costumbre de irse al paseo de San Francisco; la emblemática plaza era como el descanso del guerrero en la extremeña guarnición.
 Allí se daban cita antaño todos los soldados y criadas.  Paseaban  y se sentaban en los típicos bancos  de ladrillos y cerámicas con alusiones  la conquista de América por  aquellos extremeños que en su día fueron los  dioses  que colmarían de oro y plata el imperio de  Carlos I.
 Las doncellas con su uniforme negro y blanco con  la cofia en la cabeza eran muy solicitadas por los  militares sin graduación o de graduación muy baja, como cabos y sargentos. Y también las nurses con los cochecitos y el rorro de la señorita o bien con el niño  de la mano esperaban impacientes la salida de la tropa de los cuarteles.
  La Plaza de San Francisco era un mosaico de colores.  L@s vendedor@s ambulantes pregonaba con estridentes voces sus mercancías.  La heladera  con su carro y sus cucuruchos de metal blanco  tapadera de las tarras de  helados hacían la delicia de las muchachas, que  esperaban ser convidadas por el  pretendiente de turno para refrescarse  el paladar. El  de los pirulíes con su caña  alta donde  en unos agujerillos  los pinchaba,  con  los colores del arco iris que los envolvía, que una vez desliados  se quedaba en nada  pues todo era papel y un poco de azúcar fundida. En otoño la castañera entre humo pregonaba las castañas calentitas de Galaroza o Marvao. Otros y otras con una gran cesta bajo el brazo pregonaba pipas y caramelos, cigarrillos y  piedras de mecheros  toda la mercancía que aquellas industrias del  pobre le proporcionaban las ganancias diarias para seguir adelante y, todo porque  la Plaza de San Francisco era el  lugar donde  se daban citas los mozos y mozas que añoraban el calor del dulce hogar que unos por ser movilizados  a la fuerza o voluntarios  como  la historia que  contamos, y otras porque  de sus pueblos  salieron buscando  el pan que en ellos no tenían, se consolaban unos a otros en aquel bucólico paseo, bajo las palmeras y plátanos de jardín que  cobijaban a miles de gorriones  piantes al ocaso.
 Los sábados y festivos  unas veces la banda municipal de música y otras veces la del regimiento de las Gravelinas, deleitaban a los paseantes y a los niños mayores o hacían verter lágrimas a los  bebes del cochecito, con el consiguiente enfado de su guardadora al interpretar los metales de los uniformados músicos, sus  actuaciones. Cuando eran  piezas bailables, se veían algunos soldados y  doncellas  danzad en torno al kiosco, muchas veces saltándose el reglamento que a ellos le costaba un arresto.
 Pues también Félix, muchacho joven y  ardiente por  su edad, (la sangre joven  siempre  caliente y  dispuesta a todo) como hemos dicho se  iba al paseo buscando a la  muchachita  que quisiera  acompañarle  a sus idas y venidas, o sentarse en  un banco a contarle historias  de su vida, muchas veces exageradas y otras  inciertas, pero que  las enamoradizas doncellas se deleitaban con  los relatos.
 Una de aquellas tardes en uno de los bancos, el que  representaba a la conquista de Méjico con Hernán Cortes el  conquistador de Medellín a la cabeza, se encontraba una muchachita que mecía  el cochecito que alojaba a un niño.
 El hijo de Marcelino, pasó cerca de ella, iba braceando un poco vanidoso, cosa de la juventud para que sus rojos galones lo  observaran  las  criadas y niñeras, era un imberbe y estos galones  a los ojos de ellas le hacían un personaje importante.
 Aquella muchachita que no  era muy conocida en el  recinto soldadil y doncellil, representaba la misma edad que el, o quizás un poco mas joven. El muchacho se quedó mirándola y  escuchando la canción que entonaba.
- Dicen que los legionarios/ tienen la vida en un hilo/ legionario fue mi padre/ y yo sigo el mismo camino.
 Un escalofrió recorrió  la espina dorsal de Félix al escuchar aquella cancioncilla que muy bien y con voz  dulce entonaba la niñera. La miró a los ojos y ella le sostuvo la mirada.
-¡Dios mío; lo que se parece a mi padre  esta muchacha.! No se lo que siento por ella, y el caso es que nunca la he visto y me parece que la conozco de toda la vida
 Al bisoño cabo le decía el corazón que la jovencita   hija de legionario  según cantaba, le cambiaria la vida. Las corazonadas a veces son tan  certeras que  han pronosticado el rumbo de las personas. Nada mas verla sintió una simpatía y una admiración  difícil de comprender. La muchacha también lo miró fijamente y una sonrisa melancólica afloraron en sus  pálidos labios.
 No era muy guapa aunque no fea, era alta y  gruesa el pelo negro  bien peinado  y sus morenas manos mecía con salero el cochecito del bebé. Vestía el uniforme que  caracterizaba  su  empleo.
 El joven cabo le pidió permiso para sentarse junto a ella. Y ella muy  complaciente se lo concedió.
 Iría muy de prisa, pero le interesaba saber la procedencia de la  niñera, se lo dictaba el corazón se lo decía la sangre.
-Buenas tardes señorita- saludó cortésmente Félix, saludo que fue  correspondido amablemente por la joven.
- Buenas tardes soldado, ¿desea alguna cosa?
- Me gusta la canción esa del legionario ¿Es verdad que lo fue su padre?
- Si, soldado así es según me contó mi madre murió por salvar a un muchacho en una refriega en Melilla, fue muy valiente yo no tuve la dicha de conocerlo  murió estando yo en el vientre de mi madre.
- Ah  una desgracia, es no conocer a su padre. Yo tampoco conocí al mió, por cierto también fue legionario y también falleció en un combate con los moros, ya tenemos algo en común.
 Los dos temblaron al escucharse. Otra vez la llamada de la sangre estaba en acción. Félix pensó en Marcelino, era casualidad o ironía del destino, nunca le escuchó  nada a su madre de que  su padre  tuviera otro hijo. Si había oído no sabia cuando ni a quien que  se fugó con una cupletista dejando a su madre en el desamparo  más grande, pero de  hija nada había  escuchado.
 Por su parte a  la muchacha también su sangre le  decía algo de aquel muchacho, se parecía a su padre,  al retrato que ella guardaba de el, que le entregó su madre antes de  morir, pero tampoco ella (la cupletista) le reveló a la hija ningún secreto
 La providencia divina estaba presente. ¿Como aquellos dos seres tenían una causa tan similar en común? O eran hermanos o  la vida  tiene  gustos para confundir, pero no; vamos a ver que sale de  este encuentro. Los vamos a dejar que se expliquen  sin interrumpirlos.
- Ya que parece que tenemos  mucho en común  ¿me dices cual es tu nombre?
- Yo me llamo Consuelo López, pero todo el mundo me llama Consuelito, llevo el mismo nombre y apellido de mi madre.
- Pues yo me llamo Félix Sandoval y también llevo los apellidos de mi madre. Ella me tuvo de soltera, era muy joven casi una niña cuando la engaño un hombre.
- Pues a mi me dijo mi madre, que fue cupletista que se encariño con un hombre, las mujeres somos muy tontas y no vemos  que los hombres y perdona son unos  sinvergüenzas.
- No todos Consuelito. A veces los hombres caen en  redes que le tienden las mujeres malas, que también las hay.
- Si, claro. Lo dices por mi madre porque fue mujer de revistas.
- No, lo digo porque es así pero dime. ¿Donde murió tu madre y como  conoció a tu padre?
-La historia es triste y larga. Mi madre la verdad no fue buena. Se encaprichó con u hombre de aquí de Badajoz y se fue con ella por los  escenarios de toda España. El le robó dinero en Madrid, y al verse perseguido Por la policía se alistó en la Legión, mi madre siguió  por esos mundos de Dios, y   nací yo en Valencia, allí las cosas no le iban bien, cada vez  decaía mas. El empresario la abandonó,  al verse despreciada y sin dinero se emborrachaba constantemente. Pudo  haberme abortado, pero no lo hizo. Vivíamos en una casucha en el Cabañal que era de  mi tía, su hermana, que nos recogió por lástima. Ella   ejercía la prostitución barata por el puerto, lo hacia con los cargadores de barcos, los marineros extranjeros, y gente de paso. Con eso vivíamos.
 Un día  me entregó una foto, que aquí la guardo y me dijo.
- Mira Consuelito este es el cabrón de tu padre que está en el otro barrio, se lo merece. Como si ella fuese una santa. Y un día borracha  se metió debajo de un tranvía Y ahí finalizó su vida; murió como había vivido en pecado mortal.
 Mi tía al principio me quería mucho, pro cuando me hice mayor, me explotaba me puso a servir, pero me despedian, decían que no valía que no  terminaba bien las faenas. Así que enterada de que mi padre era de aquí, me saco un billete en un coche de tercera y me  envió a donde estoy.
 Por todo equipaje  traje poca ropa y el retrato de mi  padre, para así localizar a su familia y que me recogiesen.
 -Me puedes enseñar esa foto. Le pidió tembloroso, nervioso  Félix, al que el corazón le latía con ritmo  acelerado por la intriga.
 - Espera ya termino. Cuando llegué a Badajoz no sabia donde dirigirme, le ensañaba la foto a la gente diciéndole si conocían a ese hombre, me decían que no otros se reían y   me hacían muecas de burlas. Sucia harapienta, comía de lo que me daban, dormía en  los bancos de los parques en las aceras, donde me  cogia la noche, hasta que Dios se apiadó de mi y un cura me encontró casi  desmayada de hambre y frío en el pórtico de una iglesia. Me dio de comer en su casa, me duche  en su ducha y me llevó a casa de  los señores. El se hizo responsable de mis actos. Me  hacen trabajar mucho, pero me han vestido  me dan cama blanda y bien de comer, después de las faena saco al niño de paseo. Los primeros días me vigilaban,unas veces la señora y otra el marido y a veces el cura, no  se fiaban de mi. Pero luego como ves me dejan sola.
  Cuando terminó  Consuelito su historia  se metió la mano en el bolsillo del delantal y sacó una foto amarillenta, pero muy nítida que presentaba a un legionario guapo, alto fuerte moreno con  bigote. Se la mostró a Félix diciendo.
 -Este, es mi padre. Mira que guapo era, y se parece a ti.
 El hijo de la Nena lo tomó y un vuelco del corazón casi lo  derriba. Las lágrimas asomaron a sus ojos, abrazó a Consuelito con gran sorpresa de esta y tartamudeando exclamó.
¡Hermana! ¡Hermana de mi alma! Ya me lo dijo la sangre  al verte, esa muchacha lleva algo tuyo. Si Consuelito, tu padre es mi padre. El murió por salvarme, se portó mal con mi madre, pero al final fue un caballero.
-¡Yo…Yo tu hermana! Dios mío es verdad, tengo familia en Badajoz como me decía mi tía.
- Si, y desde ahora mismo te vienes a vivir con nosotros. Entregas al niño a su madre, coges tu ropa y a mi casa.
- No puedo por dos cosas. La primera ¿me aceptará tu madre como hija sabiendo   que mi padre la  engaño? Y la otra ahora no puedo dejar plantada a mi señora ni al cura..Han sido tan buenos conmigo ..
- Por lo de mi madre hermana, no te preocupes  es tan buena, que se alegrara tenerte como hija, mas sabiendo  que eres de mi  misma sangre, también mi padrastro se alegrará no tiene hijos y nosotros los colmaremos de felicidad. Por lo de tu ama  dile que busque a otra,  mientras la encuentra nada difícil tu cuidas del niño, y si le has tomado cariño al  bebé lo puedes visitar todos los días ,ya vez que Badajoz es pequeño, no como Madrid o Valencia que todo esta muy retirado.
 Se lo diré a mi madre y mañana Consuelito  hermana mía a mi casa.
 Se hizo de noche, las luces tomaron vida Y, los dos hermanos se despidieron  con un fuerte beso que  horrorizó a todos los  transeúntes, creían que era otra  cosa vetada en aquellos tiempos.

EPILOGO

 Tanto  Amelia como Rafael acogieron a  Consuelito con el mismo cariño que si fuese su propia hija. Decían que Dios los había bendecido con  lo que siempre desearon.

                                *  *  *
 Pasaron los años. Félix fue ascendiendo hasta Capitán, se caso con una bella señorita  que le dio dos hijos, Marcelino y Amelia le pusieron de nombre en honor a sus padres. Reino la paz en aquella casa hasta  1936 que se iniciaría otra  cruenta guerra en España, pero entonces ya  Rafael que  llegó a subteniente había fallecido, y  cinco años mas tarde Amelia lo acompañaría
 Consuelito se casó también con un funcionario de correos, y vivieron felices con su  escaso sueldo.  Dos hijos  los llenaron de dicha.
  Y el tiempo  inexorable transcurría. Consuelito  ya luce hebras de plata en su cabeza. Y  Félix ha perdido el pelo.  Todos los años  visitan la tumba de sus padres que  descansan en una  sencilla tumba  del cementerio e Badajoz
  Una inscripción en la lápida de mármol  los recuerda.
 Aquí  descansan los restos de Amelia Sandoval y Rafael  Guerrero esposos, sus hijos y nietos no los olvidan.
 
 Félix y su esposa, y Consuelito y su marido, con sus hijos respectivamente, se juntan todos los años el día 2 de Noviembre ante la tumba de sus padres y abuelos portando ramos de flores que depositan en  el frío mármol
 El hijo de la Nena le dice a su hermana la hija de Consuelo.
 -Hermana, al año que viene  vamos a ir a Melilla, para llevar flores a la tumba de nuestro padre  al siguiente a Valencia, se las pondremos a tu madre. Fueran lo que fueran  ellos nos dieron la vida y  llevamos su sangre.
 -Lo que tú  desees hermano.
 Y todos se fundieron en un abrazo.
 Y vivieron muchos años, tuvieron  mucha descendencia, que como  militares y funcionarios se  expendieron por toda España.

  Que bella es la vida/ cuando bien se ama/ Se perdona todo/ si es buena el alma/ y cuando el  destino/ nos llega al ocaso/ Vivimos de recuerdos de años pasados/ de seres queridos/ que se nos marcharon/ esperando verlos cuando  ya muramos.

 

 

       F I N

 

 

Guadiana del Caudillo Junio septiembre de 2009-09-09  Juan J. Hormigo Bautista