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RELATOS CORTOS

(Todas las narraciones cortas del Sr. Hormigo, vendran en este apartado)

Por Juan José Hormigo Bautista

 

Esta narración corta nos la ha enviado el Sr, Hormigo. 29-08-13

EL MANIQUÍ DEL SOMBRERERO

                          Relato corto, de Juan Hormigo

  A fines de los años cuarenta, cuando un toro mató a Manolote en Linares, y un polvorín militar explosionaba en Cádiz, causando muchos muertos, que la prensa de la época ocultó con la muerte de Manolete, llenando  paginas y mas paginas con el fallecimiento del torero, contaba yo 8 años. Era una edad muy  inocente para comprender ciertas cosas, pero  como siempre  fui un niño perspicaz, y ya sabia leer,  en la barbería donde me cortaban el pelo al  cero, o al rape,  me entretenía  viendo el 7 fechas ( semanario de entonces)  y el ABC, diario que no faltaba en el casino de los señoritos y ciertas barberías. No en todas –

 Y con aquellas lecturas y grabados de aquel tiempo, iba  moldeando mi  tierno ser, así como con algunas novelas de temas sociales y dramáticas que  guardaba mi abuela en un viejo arca. Los domingos cuando  juntaba  cincuenta céntimos solía asistir al cine, cuando las películas, eran toleradas para menores y el cura párroco no ponía en la puerta de la iglesia un papelito con el nombre de la película y luego 3 R que indicaba según el, que era altamente peligrosa, solo porque se exhibían algunos besos que  a veces era interceptados por la mano  de mi tio Lorenzo que era el operador, colocándola en el objetivo a petición del empresario. Así las películas que podíamos ver, eran La Señora de Fátima, Bernadette, Marcelino Pan y Vino y pocas mas que nos dejaban pasar a la sala cuando  según ellos la moralidad lo permitía.

 Yo tenia amigos, mas pudientes que yo. No eran ricos, pero sus padres estaban bien colocados en el ayuntamiento, la  Hermandad de Labradores o el Banco Hispano Americano. Algunos  son hoy buenos médicos, profesores de secundaria y empleados de banca, muchos como yo ya retirados por  edad.

 En la calle principal, existían varios  establecimientos de tejidos, dulcerías, joyerías, ferretería droguerías y otros. También el casino de los ricos, el baile de las columnas y el teatro cine salón Modelo : pero lo que mas gracias nos  hacia era un maniquí en la sombrereria, que era un muñeco con una cabeza descomunal para mostrar los sombreros y gorras, el cuerpo era muy pequeño, vestido con traje y corbata y el la diminuta mano un paraguas por supuesto todo de yeso  menos las prendas de cabeza.
 
Cuando no sacábamos para ir al cine, porque nuestras abuelas no nos daban los veinticinco céntimos que  sumaban cincuenta entre las dos abuelas y alguna tita para asistir al gallinero ( la platea y las butacas eran para los ricos) entonces nos íbamos al escaparate de la  sombrereria a ver que le habían colocado en la cabeza al  muñeco  sonriente del  sombrerero. Unas veces era un sombrero con un  insultante letrero que decía “ Los rojos no usaban sombrero” otras veces era una gorra  de visera con un botón en lo alto, o una boina negra con el rabito, y a veces una gorra de plato  de jefe de los municipales, o del director de la banda de música. Estas prendas no llevaban ningún letrero.
 
 Pegado al cristal del escaparate, un niño de unos  doce años, famélico, andrajoso y descalzo contemplaba el referido muñeco. Era huérfano de padre, pues unos “señores” con camisa azul, se encargaron  una noche en las tapias del cementerio de dejarlo huérfano de padre, ¿ El motivo? Solamente haber pertenecido al partido socialista, sin mas.

 Su madre salió loca del sobresalto, y la internaron en el manicomio de Mérida, por lo que el niño que su nombre era Alfonso, se vio en el mayor desamparo  imaginable. Comía en el comedor de Auxilio Social ( Al menos no le negaron la comida) y por la noche, un  fraile franciscano, le daba del rancho que ellos comían.

 Dormía en  una casa abandonada, y otras veces bajo los  portales del ayuntamiento.

 Se dedicaba a ayudar a la gente, acarreando agua de la fuente, otras veces poniendo y quitando las sillas y veladores de las terrazas y otras ayudando a poner y quitar las sillas de tijeras de un cine de verano.

 En invierno cuando los fríos eran glaciales, se iba a los hornos de la cal, que casi siempre uno estaba encendido y allí calientito pasaba la noche

 Apenas tenia amigos, y las muchachas huían de el porque decían que tenia piojos. , parásitos que por aquellas fechas abundaban en casi todas las cabezas

 El no se quejaba nunca. Vestía de los desechos que le daban algunas madres o de lo que tiraban a la basura que era mas bien poco, pero el se conformaba con menos.

 Pero  a pesar de todo era un chico inteligente.  Los frailes se apiadaron de el y  lo tomaron como  aguador. Ya vestía mejor, comía  todos los días sin necesidad de  acudir al comedor de auxilio social y dormía en el convento

 Cuando le daban paseo se iba al escaparate de la sombrereria y  contemplaba el maniquí  mucho tiempo, casi una hora y murmuraba  palabras que no entendíamos. Sobretodo cuando  le ponían el sombrero y el letrero.

 Y así  pasaban los días. Alguien  dijo que le oyó comentar,

 “ Algún día volveré aquí con sombrero y corbata como tu, pero  jamás despreciaré a nadie como tu lo haces. Y pocos días después desapareció del pueblo, sin saber nadie ni los frailes  donde se había marchado.

 Nadie se molestó en buscarlo, nadie se preocupó de el. Era un paria, el hijo de un fusilado, no merecía la pena

 Y así pasaron los años . Todo el pueblo se olvidó de el, y como la familia era muy lejana y nunca quiso saber nada de Alfonso ni siquiera pusieron denuncia de su desaparición

  Cuarenta años después, la sombrereria  cerró sus puertas. Ya la gente no usaban prenda de cabeza apenas y el maniquí  dejó el escaparate. que  se convirtió en  la exhibición de relojes y teléfonos móviles.

   Mas de sesenta años después, un coche  bastante bueno llegó al pueblo con una pareja, un hombre y una mujer. El hombre de unos   setenta y algo años de edad, la mujer mas joven. Se hospedaron en el único hotel del pueblo  y paseaban diariamente por las calles   completamente transformadas.

 Y... llegó al escaparate de la sombrereria, creyendo encontrar  al maniquí  con  sombrero, con  traje  de rico  y paraguas. No lo encontró. El, si, llevaba un sombrero y un traje muy bueno, y la mujer un vestido  lujoso.

 Nadie los conocía,. ¡ Eran muchos los años transcurridos! y preguntó donde  habían trasladado la sombrereria y si aun existía el maniquí.

 Solo los mas viejos del  pueblo,  lo pusieron al corriente de que aquello hacia años que desapareció, y su dueño había muerto, pero que seguramente  sus hijos poseerían el muñeco como recuerdo.

 Preguntando encontró al hijo del sombrerero que  ya viejo y  achacoso  estaba en una mecedora en su  casa. Entonces Alfonso le preguntó por el maniquí

 _ Si, yo lo conservo pero  ya esta muy deteriorado. No tiene sombrero ni gorra ni boina nada. Lo tengo en el trastero, le falta una oreja y si no lo he tirado a la basura es porqué mi padre le profesaba gran estima.

 ¿ Es usted de  aquí?

 _Claro, sino a santo de que  me interesaría por el maniquí.

_ ¿ Y de que familia?

_ Usted no la va a conocer.  Hace  cerca de  75 años que unos “buenos “ vecinos  fusilaron a mi padre en las tapias del cementerio, y mi madre del impacto salió loca, creo que murió en el manicomio de Mérida. Yo me crié en el arroyo, Pero no en la calle Arroyo si no en las calles, hasta que me recogieron los frailes. Por cierto¿ ya no están?

_ No, no, se fueron. El convento esta vacío.

 Pues yo  era ese niño, olvidado, marginado. Todo el mundo me daba de lado. Era el hijo de un rojo, de un fusilado y no tenia derecho a nada, solo a un plato de bazofia que me daban el auxilio social, mas bien por cubrir las apariencias que por caridad.  Cuando todo el pueblo, o  casi todo  me miraban como a un perro vagabundo, cuando, las muchachas huían de mi, porque decían que le pegaba los piojos ¡ Como si ellas estuviesen limpias de estos parásitos! , me pegaba al escaparate y  hablaba con el maniquí. El sonreía, pero cuando  le ponían un sombrero elegante también le colocaban un  letrero  injuriante “ Los rojos no usaban sombreros”  Y uno de aquellos días me separaba triste y lloroso. “ Alguna vez yo también traeré sombrero y corbata dije; y aquí estoy, ¿ Puedo ver el maniquí?

_ Si, si, ¡como no! pero va a llevar una decepción-

_ No importa.

 Y el hijo del sombrerero llevó al matrimonio al cuarto trastero. Y entre mesas y sillas desvencijadas, cajas de cartón y telarañas se hallaba el  maniquí que tan elegante fue en otros tiempos.

 Alfonso lo miró con pena. Lo cogió entre sus  robustos brazos y le dijo.

 _ Amigo, siento pena  de ti, como cambian los tiempos. Ya no te ponen el infamante letrero. Solo eres una piltrafa como yo era cuando te visitaba. De verdad que siento lástima de ti. Soy médico, pero mi ciencia no alcanza a curarte.  Después de tanto  orgullo, ahora  estas tirado como un vulgar saco en un cuartucho obscuro y maloliente; nadie se acuerda de ti, ¡ Como cambia la vida! Lo mismo que  tu pasta de yeso, así también cambia la carne de los hombres. Nada somos en el mundo por mucho que aparentemos ser. El tiempo y los avatares de la vida todo lo derrumba

_ Mi padre- se disculpaba el pobre viejo,-_ no quería colocar el letrero, pero  eran tiempos de miedo y si no lo ponía  la gente rica no compraban, se iban a comprarlo al pueblo de al lado.  prácticamente le obligaban a colocarlo. Igual que obligaban a ir a misa  con velo a las mujeres, que los niños de los rojos  estuviesen aparte en cualquier  sitio de los hijos de los vencedores. Que en el cine no se mezclase la gente obrera con los señoritos, ni tuviesen acceso   al  casino. Los pobres  era otro mundo , un mundo de miseria y temor.

_ Si, y los hijos de los rojos también  de otro mundo. Un mundo cruel que hemos  fabricado los hombre. Sabe usted. Yo emigre a Rusia. Tuve dificultades hasta llegar, y no pocas allí, porque la Unión Soviética, tampoco era lo que aquí se creía y lo que pregonaban la radio en boca de  Dolores Ibarruri. Allí también existía el  racismo y la tiranía, tanto como aquí. Yo tuve suerte fui de los privilegiados, se interesaron por mi, y me pagaron la carrera de médico. En Moscú  monte una clínica, me case con esta mujer moscovita. Y ya cuando mi cabeza se ha  cubierto de hilos de plata, he querido enseñarle a mi mujer el pueblo donde nací, y el muñeco  donde tantas veces mataba el tiempo y el hambre hablando con el.

 Ahora me lo encuentro  como una  cosa inservible. Igual como yo era. Por cierto ¡ Se lo compro!

_ No puedo aunque quisiera. Mi padre me  encargó en el lecho de muerte, que no lo vendiera ni me deshiciera de el, Lo he conservado muy bien, hasta que ya no   tengo ganas de nada, estoy enfermo y viejo. Y los nietos...  para que hablar, nada quieren saber de tienda, sombreros ni otros tiempos. Solo quieren  saben de cubatas y otras cosas, lo han tirado al trastero  diciendo que eso es un estorbo , que no vale para nada. Pero mientras yo  viva, ahí estará y al menos una vez al día lo  veo.

 _ Es verdad que me indignó muchas veces, pero otras me alegraba la vida con su sonrisa, su boina y su gorra de visera

 Dentro de poco marcho para Moscú, solo le pido que  me autorice a fotografiarme con el.

- ¡Como no! Todo los que usted quiera.

 Y Alfonso y la rusa se fotografiaron, no una sino muchas veces con aquel muñeco,  que  cuando no teníamos  cincuenta céntimos para el cine, nos acercábamos al escaparate para reírnos de el.

 Murió el hijo del sombrerero, y los nietos vendieron el local.  Para levantar un bloque de pisos. Todo lo del trastero fue arrojado a un vertedero y con los  cachivaches viejos el maniquí.

 Unos muchachos lo descubrieron, y jugaron con el  al blanco tarándoles piedras, hasta que lo destrozaron. Sus restos  fueron  trozos de “tizas” que las niñas usaban para rayar en el pavimento el juego de la rayuela. Nadie, nadie se acordaba del maniquí, que le colocaban un sombrero con el  infamante letrero de “ Los rojos no usaban sombrero” Miento. Lejos muy lejos , y cerca de la Plaza Roja, un anciano achacoso en el ocaso de su vida, mira unas fotos y murmura.

“Los rojos no usaban sombrero.”

                                           FIN       JHB

 

 

               Esta narración corta nos la ha enviado el Sr, Hormigo. 18-01-13

Retazos  Literarios

En La  Viña

 A la salida del pueblo, por un camino  pedregoso, desigual y tortuoso se llegaba a la viña.

 A la derecha la Sierra, a la izquierda un mar de viñas y olivares, y al frente la cúpula   piramidal de la torre de  una ciudad.

 Distaba la viña del pueblo unos ocho kilómetros y el trayecto lo salvábamos  en una burra, muy noble, que todos los años nos premiaba a pesar de su esfuerzo en llevarnos y traernos, con una bonita cría, unas veces un  burrito blanco, y otras una burrita rucia..
 Cinco kilómetros  antes de llegar a la mencionada viña, ya divisábamos  dos casitas blancas,  con sus tejados ocres y su chimenea  cuadrada. Y avanzando  se podía observar  una empalizada en la puerta que en verano se cubría de hojas frescas   donde nos sentábamos en un poyete de piedra a contar cuentos de Caperucita Roja y Blanca nieves y los  Siete Enanitos.

 Aquellas casitas, limpias y diminutas como las de los cuentos del bosque, se hallaban en medio de la viña. Un Paraíso, porque en aquella viña no solo  se criaban uvas para vino, también  había  hermosos manzanos, que nos proporcionaban  dulces manzanas, higueras de  higos negros y blancos, almendros, perales enanos, nísperos, granados, olivos y parras de todas las variedades.  Cada casita poseía un huerto que se regaba con las aguas cristalinas transparentes y dulces de un riachuelo que era muy agradecido ya que nunca se secaba por mucho calor que el Astro Rey enviara a la tierra rojiza de provisión.
 
En medio del verdor esmeralda de las vides y el plateado de los olivos, se veían  cuadrados y rectángulos como blancas sabanas.   Era el   trigo y cebada, que  allí donde las viñas no habían llegado  nos obsequiaban con  sus  dulces espigas y rastrojos donde la burra se saciaba de  comida sana y abundante.

 Todo era paz, todo quietud. Aunque a veces esa paz y esa quietud era rota por el runruneo de los motores de los aviones  que cruzaban el azul cielo  nadie sabe donde iban.
 Aseguraban los viejos, los guardas y los pastores que eran   ingleses que  cruzaban la península desde Gibraltar  para bombardear a los alemanes que  en Gan Bretaña o en Normandia lazaban  las mortíferas bombas sobre  la indefensa población civil.

 Quizás no le faltase razón, a aquellos hombres pacíficos, que odiaban la guerra, pues habían sufrido una cruenta y salvaje  en sus carnes, y ahora como si los hombres no  estuvieran ya saciados de sangre,  declararon la segunda guerra mundial.

 Eran los años de 1944 de un mes  primaveral, cuando granan las espigas, cuando las frutas empiezan a madurar, y cuando el sol es tan suave como las caricias de una madre.
 ¿Qué feliz yo me encontraba, en aquel edén que el Ser Supremo había colocado sobre la tierra arcillosa y fértil. Correteaba entre las parras y en mi tierno magín me sentía como un Adán en aquel paraíso de ilusiones, y para que no  estuviese solo Dios me mando a Eva.
 Eva no era su nombre, pero si su hermosura, sus  cabellos de oro le caían en cascada sobre los hombros blancos de armiño. Su cara era lo más parecido a la Eva de  un cuadro  pintado por un famoso pintor, y sus ojos eran tan azules como el cielo que  teníamos encima de la cabeza. ¿Y que decir de su cuerpo? Era una escultura de mármol  esculpida por un Salzillo. Su nombre era el más hermoso del mundo  cristiano. María, solo María, sin más composición.
 
 Había llegado a aquel  Vergel encantado dos días después que yo. Con sus tíos se instaló en la otra casita encantada  lindera con la que  mis padres, mis hermanos y yo ocupábamos. Su edad la misma que la mía, día más o día menos, rozando los seis años. No tenia padre, si, madre, pero esta que era soltera huyendo de la vergüenza, que suponía este estado en una pequeña ciudad se traslado a Madrid, y a Maria la  adoptaron, o mejor la ampararon sus tíos.

 No tardamos ni dos horas en comprendernos. Nuestras almas estaban moldeadas para el amor. Un amor puro, tierno y sin maldad. Amor de adolescentes, amor de niños. Ella asistía  a un colegio religioso, de monjas en su ciudad,  Yo en mi pueblo  a otro  de franciscanos, y  a los dos nos inculcaron, el amor puro, amor de amores. La llevó  a mi edén, el destino ¿o fue Dios? Estábamos en periodo de vacaciones.

 Nuestros tutores no nos ponían ningún impedimento, para  que  jugáramos a los juegos infantiles entre parras, olivos y demás frutales. Tampoco nos prohibían que fuésemos al riachuelo de aguas cristalinas, donde  algunas veces nos bañábamos, desnudos, y entonces si éramos Adán y Eva en el paraíso, pero   nuestra inocencia  no se fijaban en otros  detalles que refrescarnos en la corriente  clara y fresca de aquel  reguero de dichas y bienestar. Por eso nunca comimos la manzana del bien y del mal.

 Y jugábamos, a las casitas, nos contábamos los cuentos que habíamos leído de Caperucita Roja y el Lobo, de Antoñita la Fantástica, Blanca Nieves y algún otro  como Florita y Lupita.

 Y también rezábamos cuando nos acostábamos, en una manta que  tendíamos en el zaguán de su diminuta casita.

 Jesusito de mi vida, eres niño como  yo por eso te quiero tanto, y te doy mi corazón. ¡Tómalo, Tuyo es mío no!
 Cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro angelitos  me acompañan; dos a los pies, dos a la cabecera, y la Virgen Maria mi compañera.

 Y con estas infantiles oraciones nos  quedábamos dormidos.

 Mirábamos a los pajarillos, y a las aves mayores surcando el cielo, y nos sentimos  libres como ellas.
“Yo quisiera ser como la golondrina decía María, que vuela muy rápida y le  quito las espinas a la corona del Señor.

“Pues a mi me gustaría ser  como la paloma, que vuela muy alta y es mensajera, para llevar mensajes de amor y de paz” le respondía yo.
 Y así  con estas frases  nos  sentíamos  dichosos, alegres y  agradecidos al Creador.
                                                                                                                                                                       
 Pero a veces volaban otras aves. Otros pájaros de mal agüero                                                                                                                                     , con un ruido infernal. Eran los Junker, esos que los mayores decían que llevaban bombas para lanzarlas a las personas, en las ciudades, bombas que todo lo destruían. Y nos causaba mucho miedo, cerrábamos los ojos para no verlos, y también nos tapábamos los oídos para no escucharlos.

 Una vez Maria trajo una novela que le  cogió a su tía. Y en nuestra casita, la de ella y mía que era la sombra de un olivo, empezamos a leerla. Pablo y Virginia era el titulo. ¡Que tierna y que bonita. Que amores mas bellos, y que  belleza de paisajes. Algunas veces en el transcurso de la lectura, se nos escapaban algunas lágrimas. La leímos entera, Y ya nos identificamos con aquellos dos  enamorados. Yo era Pablo; Maria Virginia. Y hasta plantamos dos arbolitos como ellos en la orilla del riachuelo. No brotaron,  no nos gustó, porque  lo plantamos con amor, y nos produjo mucho desasosiego.
 Otra vez lleve yo a nuestra casita. Gorriones sin Nido, y también la leímos. Entonces Maria quiso ser Carabonita, yo era Perragorda, y nos gustó mucho, también  las lágrimas afloraban  con algunos capítulos. Pero  el final fue más bello que el de Pablo y Virginia, porque Perragorda y Carabonita, a pesar de las muchas fatigas y penalidades que  sufrieron, se casaron y fueron felices.

 Y así con aquellas lecturas, a veces  no consentidas por nuestros mayores,  se  formo  en nuestra tierna adolescencia, un alma  plena de amor  y ternura. Que derrochaba felicidad y alegría emocional.

 Un día Maria, me llevó un periódico. Me dijo que su tío ya lo habia leído, lo trajo un mozo de mulas de la ciudad, y yo  observe que las primeras letras que figuraban en la portada eran las primeras del abecedario ABC, Fundado en 1903 por don Torcuato Luca de Tena, y lo abrí para ver  que cosas  habia en sus páginas. Esperábamos, historias  bonitas, historias como la de Perragorda y Carabonita. Como Pablo y Virginia, o como el libro que me  prestaron los frailes CORAZON, pero ¡Oh! Desilusión. Nada mas abrirlo apareció, un mapa, quizás que fuese Alemania, Francia o  Inglaterra.Encima aviones, muchos aviones, lanzando bombas que caían y explotaban, en una ciudad, quizás Berlín, Londres o Paris. Gente corriendo  y madres con niños en los brazos.
 Cerramos el periódico, ya no  nos interesaba  otra cosa de aquel rotativo. No queríamos que estropeara nuestra  felicidad. Una felicidad, sin ambición de dinero, sin lujuria, sin envidia ni egoísmo, una felicidad  plena de amor, y de inocencia.

   Cuatro años más  gozamos de nuestro paraíso, ya contábamos diez años, y el amor era mas profundo, nos prometimos ser uno para el otro. Nos besamos con mas pasión, aunque la inocencia no se habia roto. Ya no éramos Palo y Virginia, ni Perragorda y Carabonita. Éramos Maria García  y Juan. Su tía   se mostraba complacida, pero observamos que nos vigilaba más. No nos dejaba ir solos al riachuelo, ni tampoco que nos acostáramos juntos en la misma manta.

 A Maria empezaron a salirle unas prominencias en el pecho, y un día me dijo, que ya era casi una mujer. Y yo le acariciaba su pelo rubio, más rubio que los dorados rayos del sol.

 Y... llego el día de su marcha. Septiembre habia llegado sin enterarnos. Las primeras lluvias  precursoras del otoño  cayeron de un cielo nublado, de color oscuro de panza burra como decían los pastores. Termino las vacaciones y ella marchó a su ciudad, yo a mi pueblo. Ella  a la escuela de las monjas, pero yo  fui a guardar cabras a la sierra.

 Y al año siguiente, Maria no se presentó en la viña. En nuestro paraíso.  Los pajarillos, las golondrinas volvieron, las palomas también, los pajarracos metálicos con sus cargas mortíferas dejaros de cruzar el azul del cielo, y la  viña me parecía mas fea mas vulgar. Seguía siendo un pequeño edén, pero faltaba Eva, y Adán estaba triste. Los olivos se tornaron más sombríos, y las parras  menos frondosa. El agua del riachuelo fangosa y el cielo gris.

 Y llegó, el mozo de mulas con el ABC. Y lo abrí y lo leí

Accidente mortal en Madrid. Una joven que  sus iniciales son MG, ha sido atropellada por un tranvía. Ha muerto en el acto. La policía cree que se trata de un suicidio.

 Nos miramos el mozo de mula y yo.

“Si dijo, el mulero. Era ella, era Maria García. La sobrina de Nicolás. Su madre, su verdadera madre se la llevó a la capital para que estudiara, no se que. Pero algo no iba bien.Alguna cosa no le gustaba, o quizás se acordara mucho de esta viña, de estos parajes, y ha preferido  la muerte.

 Lloré y solo dije: Ángel de la guarda, dulce compañía, no la abandones ni de noche ni de día 

   Juan Hormigo Bautista

 
Esta narración corta nos la ha enviado el Sr, Hormigo. .3-07-12

 

  LA  CANTINERA

            
                Relato  corto por Juan Hormigo Bautista

 

 El año 1921, fue uno de los años mas nefastos para el ejercito español y para España.

 El cabecilla rifeño Abd el Krin, derrotó a las tropas españolas en la localidad de Annual, conociéndose en la historia de España como el Desastre del Annual.

 Aquel sangriento dia 23 de Junio, murieron mas de 8000, soldados, ocho mil españoles que como ocurre siempre fueron llevados al matadero por  la  cabezonería de un rey, la venalidad de los políticos, y la incompetencia de los generales.

  Abandonados a su suerte, regaron  Dar Drius a el Batel y Monte Arruit, con su sangre.

 No me voy a meter en mas, porque lo primero que hay que estar muy bien documentado, para escribir sobre aquella gran matanza que los rifeños  con Abd el Krin a la cabeza, derrotaron aquellos ejércitos, que hasta entonces habían sido invencibles, y yo no lo estoy. Lo que si quiero relatar  aquí es un episodio  heroico y humano que me contó mi abuelo, cuando en el camino de su viña, con el iba a cavar  alrededor de las cepas, o a desmamonar los sarmientos para que  la uva fuese mas dulce y gordos los racimos, ( aquí se dice entresacar).

  Por aquella época, con los regimientos iban una o mas mujeres, que denominaban las Cantineras. Estas mujeres que nadie sabia de donde procedían, ni su pasado anterior, eran  para los soldados verdaderas madres, enfermeras y amantes. Querían a sus regimientos y a sus soldados, como si  fuese algo que hubiese salido de sus entrañas, y así debía de ser.

 Ellas, en tiempo de paz, le lavaban la ropa, le cosían los rotos del uniforme, le pegaban botones y corchetes, los obsequiaban con algunos besos, y los animaban en todo lo que  sus instintos maternales  les dictaban.

 Pero donde  su valor y coraje era reconocido por todos era en la guerra.

Ellas con sus cantimploras, llenas de vino o agua, resfrescaban las gargantas de los sedientos soldados, por las montañas del Rif, y en las trincheras. Muchas veces hacían de enfermeras, sin tener mucho conocimiento de ello vendaban heridas, hacían torniquetes, suministraban coñac a los heridos y sobretodo los animaban a que pronto serian recogidos por los camilleros para llevarlos al hospital, en este caso al de Melilla, que era la capitanía del distrito donde  los moros ya no podían ensañarse con los heridos españoles.

 Cuando las provisiones individuales sanitarias del soldado se agotaban, bien por la gravedad e intensidad de las heridas, o bien porque habían sido  olvidadas o para curar a otro soldado y el herido no tenia, ellas las cantineras  se las ingeniaban para sacar vendas y compresas de cualquier sitio, las camisas de los soldados hechas vendas y apositos, pañuelos, trozos de las guerreras, y cuando esto no era suficiente o simplemente la tela no era apta para  vendar las heridas, ellas, las cantineras, no dudaban un momento de hacer tiras sus corpiños, sus refajos, e incluso su camisa casi siempre  la de un soldado que se la había regalado y hasta sus faldas, para sacar vendas de ellas con que poder curar a sus hombres.

 Por regla general eran mujeres mayores en relación a la tropa, de mas de  treinta y cuarenta años, para ellas  decían que su amor era su regimiento, su regimiento al que  nadie sabe como habían llegado. Unas por algún desengaño amoroso, otras  para ganarse la vida con la venta de cigarrillos y bebidas, y otras adoptadas  por la tropa como  madrina de guerra, que algún soldado la solicitó.

 A pesar de ser reacias a las caricias, ellas  decían que solo eran cantineras, muy distintas a las  barraganas, que seguían a las tropas  para vender su cuerpo y desahogo de los  soldados, muchas  de estas mujeres contratadas por los mismos jefes y oficiales para aliviar  el instinto que la lujuria impone, tanto en hombres como en mujeres.

 Pero las cantineras eran también mujeres, y el amor  muchas veces hacia presencia en sus corazones. Amor de madre, amor de madrina, pero para algunos  muchachitos  era un amor distinto, era el amor de enamorada el amor de  Eros, y Cupido  tiraba su flecha de amor y deseo y se clavaba en el corazón de la cantinera y el muchachito tembloroso y  nostálgico de su hogar, aquel hogar que dejó en la península cargado de ilusiones y esperanzas.

                     *    *    *

 La Cantinera de aquel regimiento, se llamaba  Juana, contaba cerca de cuarenta años, era morena, aunque  su cara era agraciada, las fatigas  y los avatares de la guerra la hicieron algo mas fea, pues algunas arrugas empezaron a surcar su  rostro  muy moreno, de los aires y soles del Rif. No era muy alta  aunque no baja, su pelo era abundante, sus mamas sino flácidas, tampoco muy turgentes, cintura estrecha y piernas torneadas, sus pies iban calzados con gruesas botas militares. Su camisa color garbanzos, y alguien le  entregó unos galones de soldado de primera, no oficial, pero que ella lucia con orgullo en las hombreras y ningún jefe ni oficial se molestó por ello.

 A decir verdad Juana, la cantinera era la madre de todos, la musa donde los soldados poetas y hasta  sargentos y oficiales, le dedicaban poemas maternales, que ella agradecía   y premiaba con una sonrisa. Estos poemas los escribían, en los ratos de descanso, en sus tiendas, y se los leían en la tienda o chabola que ella ocupaba individual.

 Pero mira por donde entre aquellos bisoños, había un cabo de reemplazo valiente  y muy romántico, que se enamoró de Juana, de la cantinera del regimiento.

 Ella al principio cuando le entregaba algún poema de amor, se mofaba de el con una sonrisa casi burlona.

 -¡Vaya!-decía- El soldado  enamorado de la cantinera. Ja ja. Ja. Pero  algunas poesías eran tan bellas que a la mujer le llegaron al alma, como por ejemplo esta.

 

                   Cuando al combate marchamos
     Apenados y contritos
           Por si la bala de un moro
               Mis carnes  muerde  mi sino
     Allí tenemos a Juana
               Con su cantimplora y su tino
           Alegrando nuestras penas
              
Cuando nos da el trago de vino.

    Ella con sonrisa fácil
con sus manos primorosas
Va sacando los vendajes
Y taponando la boca
De aquella herida maldita
Que la sangre se derrama
Y riega la tierra inhóspita
Donde tantos españoles
Dan su vida por la patria..

 Luego de leérsela porque Juana apenas sabia leer se la regalaba, para que ella  la deletreara y así deleitarse con la oda. Pero la que a Juana mas le gustó, la que  hizo que su corazón se volcara a favor de aquel muchachito que lucia sus galones recién estrenados era la siguiente.

                     En el campamento Arrut
                     Hay una roja amapola
                    Que nos alegra las penas
                    Con sus pétalos y corola.

                  ¡  Todos la queremos
                    Y por ella vivimos
                   Y yo personalmente
                  Le doy mi cariño
                  Ella es mi madre
                  Que guía mi destino
                 Pero yo quisiera
                 Que sus suaves manos
                 Me acariciaran
                 Con esa ternura
                 De enamorados
                 Porque  yo quisiera
                Juana de mi vida
                Que fueses mi esposa
                En esta y en la otra vida.!

 Y cuándo a la cantinera  el joven cabo le leyó esta poesía, su corazón le palpitaba tanto ,que en la blusa militar  subía y bajaba como  un jadeo amoroso.

 Diego era el nombre del cabo enamorado y Juana sin saber como, sin meditarlo, sin darse cuenta también se enamoró del bisoño.

 Es verdad lo que se dice, que el amor no tiene edad es cierto. Ella una mujer madura llena de avatares de la vida, y cantinera de tropa a sus cuarenta años, se enamoraba de un  joven que  podía ser su hijo,

-¿ Que le pasa a mi corazón?-se preguntaba- Yo que he conocido a tantos hombres, yo que he hecho de todo en la vida...¡Pero no, si es un crío! Un crío que  hoy esta lleno de vida a pesar de los sufrimientos de esta maldita guerra, pero mañana, o dentro de  unas horas puede ser un muerto, un cadáver mas  por la bala de un rifeño, por un secuaz de  Abd el Krim.¡ Pero Dios mío! ¿como puedo vencer   este estúpido amor  que se apodera de mi, sin que logre  quitármelo de encima?, como  el  dolor que se apodera de mi alma cuando veo caer a un valiente soldado y no puedo socorrerlo.

 Y Diego, se había enamorado de aquella mujer, aquella madre del regimiento, con un complejo de Edipo.

-¡La amo-decía- y ojalá ella se de cuenta de que lo que  siente mi alma es un amor verdadero, un amor de esposo no de hijo.Un  amor para siempre.! Pronto acabará esta maldita guerra, y si ella me quiere como yo la quiero, se lo diré nos casaremos y marcharemos lejos de aquí a mi Galicia, y allí viviremos  en mi aldea con mis vaquiñas y mis prados,¡ Y aun quien sabe!, me puede dar algún hijo, pues todavía  presiento que  no se le ha retirado.

 Nadie sabe lo que tiene el  ser humano de sentimentalismo y hasta de estúpido, pero así es. Aquellos dos seres que  los separaba un abismo, por la edad y las circunstancias del destino, se enamoraron como una modistilla y un cadete .

 No se declararon su amor verbalmente, ninguno de los dos se atrevía, por ese razonamiento al ridículo, o al rechazo, pero se comprendían con los ojos, con las sonrisas que se dedicaban. El con sus poemas insinuantes, y ella con sus atenciones especiales y dulces de toda clase hacia el bisoño cabo. Fue la muerte la que los declaro, amantes para siempre en le eternidad.

                             *   *   *

 El regimiento, iba dándose cuenta de los halagos de Juana a Diego, y de las sonrisas y miradas lánguidas de Diego a Juana, pero todos se encogían de hombros. Juana cumplía con todos  como siempre, y muchos lo tomaron como un amor maternal.

 Ocurrió, el día 23 de Junio de 1921, víspera de la onomástica de Juana. Las  harkas de Abd el Krim,  acosaron a la columna,   que intentaban escapar a Melilla, después de una sangrienta batalla que  tiñó de sangre las laderas del Monte Arruit. Desmoralizada la tropa, pues jefes y oficiales huyeron dejándolas a un incierto destino, aquello era ¡Sálvense quien pueda!   Y Juana con su cantimplora  vacía y abollada, su camisa rota , tomó un fusil de las manos de un soldado agonizante, y se unió a Diego, que parapetado tras una roca disparaba  con su fusil a la avalancha de moros que se le venían encima.

-¡Huye Juana ¡, Vete con la columna, podéis llegar a Melilla y entonces estarás a salvo.

 -¡ No! Jamás sin ti Diego, moriremos juntos, abrazados. Si, Diego abrazados como dos novios, porque eso hemos sido, sin pronunciarlo nuestras bocas; dos enamorados. ¿ O crees que no me he dado cuenta?. Yo también te quiero a ti. Mira, poco tiempo nos queda de vida, pero te digo que  en mi caminar ha habido muchos hombres, pero  a ninguno he  amado con un amor tan  intenso  fuerte y sublime como a ti.

-Juana que feliz me haces. Nos queda pocos minutos de vida, pero abrázame, besémonos . Unamos nuestros labios y nuestros corazones en el ultimo momento. Vida mía amor mío. Si existe otra vida en ella estaremos juntos amándonos  en la eternidad.

Los rifeños los rodearon cuando  en un fuerte abrazo unieron sus labios, y asi, asi extasiados en un arrebato de amor profundo, un moro los atravesó con la bayoneta de  su fusil.

 Un borbotón de sangre, como una fuente brotó de aquellos amorosos pechos, mezclándose en un dulce y apasionado amor de muerte. Aun le dio tiempo a Juana de  exclamar.

- Diego mi vida. Nos vamos de este mundo, pero presiento que otro mas justo nos espera.

     Y él, en el ultimo hálito de su vida , apretó a Juana con mas fuerzas.
 Se les nublaron los ojos, y cayeron en un sueño profundo, muy profundo, el sueño eterno.

 Cuando dieron la tregua para recoger a los muertos, los dos. La Cantinera y el Cabo, estaban unidos  , por la siniestra bayoneta que el moro no pudo  recuperar. Unidos para siempre, pues así los enterraron.

 En el bolsillo  roto de Él un poema de amor. En el de ella  un retrato de cuando era moza que  Diego nunca pudo contemplar la hermosura de su amor.

 El poema decía.

                      Juana de mi vida
                     Mi único amor
                    Si muero en campaña
                    Guarda mis poemas
                   En tu corazón.

                  Tu eres mi dicha
                  Y mi corazón
                 Será solo tuyo
                Para siempre amor.

 El retrato de Juana estaba teñido de rojo.  El camillero que lo recogió, se lo guardó en el bolsillo, pronunciando una oración.
 
 En  primavera, floreció una  mata de amapolas, tan rojas como la sangre de Juana y de Diego.

                            F I N

                                           Juan Hormigo

 
Esta narración corta nos la ha enviado el Sr, Hormigo. .24-12-11

   La Muñeca  Rota ( cuento de Reyes)

            
                Relato  corto por Juan Hormigo Bautista

 Antoñita contaba 8 añitos de edad, era huérfana de padre. Este murió en la batalla del Ebro de la estúpida y cruel guerra civil española. No importa el bando ya que poco tenían que echarse en cara ninguno de los dos.
 La madre de Antoñita  lavaba ropa en el arroyo de aguas cristalinas, la ropa de las señoras del lugar, de eso Vivian..
 Como Catalina que así se llamaba su madre, permanecía casi todo el día en el lavadero, dándole a la ropa en la piedra de restregar, dejando la ropa sucia mas limpia que la patena, Antoñita se quedaba en caso  barriendo y fregando pese a su corta edad.
 Era tiempo de Navidad y los Reyes Magos estaban próximos a llegar. La niña cuando su madre regresaba del arroyo de lavar la ropa encomendada, salía a pasear con las amiguitas de su edad embelesándose mirando los escaparates que en ellos los Magos de Oriente ( eso se decía) habían colocado en ellos los juguetes para llevárselos a los niños buenos la noche del cinco de enero
  Todos los niños y niñas habían mandado una carta a  Sus Majestades pidiéndole el juguete que mas le gastaba.
 Antoñita les pidió una muñeca pero su madre le dijo que, los Reyes magos no pasarían por su casa, porque vivían en un puntal del pueblo y su calle no tenia nombre ni su casa número,
_ ¡ No vendrán! Hija, porque somos muy pobres y los Reyes no nos conocen ni saben venir por estos barrios tan alejados del centro. Y Antoñita se acostó con mucha pena, porque los magos que le llevaban a todos los niños juguetes  de ella no se acordarían..
 Pero su madre no se acostó aquella noche y, cuando la niña estaba profundamente dormida salió a la calle y  fue a casa de una señora muy buena que ella le lavaba la ropa. Y que su hija había desechado una muñeca porque estaba sucia y tenia un bracito roto.
Llamó a la puerta y le abrió la criada.
_ ¿Esta doña Amelia?
_ Si_ respondió la criada_ pero a estas horas no se si la recibirá ¿ Ocurre algo?
_ No nada. Dile que ha bebida Catalina
 Y doña Amelia la hizo pasar a su  sala donde veía la televisión
_ Doña Amelia perdone usted que la moleste a estas horas de la noche, vengo a pedirle la muñeca rota que su hija ya no quiere. Como usted sabe mañana es el día de los Reyes y mi Antoñita no tiene juguetes y esa muñeca la pondrá muy contenta,
_ ¡ Pero catalina si está rota y muy sucia.
_ No importa señora yo la lavare y la arreglare esta noche.
_ Bueno llévatela.
 Y Catalina salió mas contenta de casa de doña Amelia que si le hubiese tocado la lotería.
 Toda la noche se la paso lavando a la mutilada muñeca, le hizo con desechos de tela un trajecito pero ¡ay! El bracito no pudo arreglarlo. En toda la noche durmió y eso que al día siguiente el de Reyes tenia que ir a lavar al arroyo.
 Cuando ya la muñeca estaba presentable aunque con el bracita roto la coloco en una zapatilla de Antoñita y se marchó al arroyo. El día ya clareaba.
 Le dio un beso a su hija y le dijo.
_ Mira hija hoy es fiesta, no hagas nada en la casa, cuando yo venga lo haré, tu te vas a jugar con tus amiguitas.
_ Mamá si no traen nada los Reyes para que voy a ir- dijo la niña con pena.
_ No se mi niña, he oído pasos esta noche en el zaguán, alguien ha estrado esta noche en casa, puede que  sean los Reyes a lo mejor  han averiguado donde vivimos,_ y diciendo esto se fue
 Antoñita se levantó sin ganas y muy triste ya que  sabia que los Reyes Magos difícilmente pasarían por su casa cuando fue a ponerse las zapatillas exclamó llena de jubilo y sorpresa.
_¡ Una muñeca. Me han traído los Reyes una muñeca!
 Y loca de contenta se vistió, hizo la cama y se marchó al parque con su muñequita manca.
 Los niños y niñas tenían muchos juguetes. Muñecas que hablaban y andaban coches que corrían, pero ningún juguete era tan bonito como la muñequita manca de Antoñita, muchas niñas se la quisieron cambiar por la suya; pero Antoñita dec8ia_ No, me la han traído los Reyes para mi , y a la pobrecita le falta un bracito yo te cuidare con mucho cariño, como hace mi mamá conmigo.
 Jugó con ella y se divirtió tanto que  si se la hubiesen  comprado nueva.
 Han pasado los años y la muñeca de Antoñita preside la casa que  ahora tiene.
 Se ha casado y tiene una hija, que como a ella la muñeca manquita le hace mas ilusión que las que le compran nuevas,

  F I N

                                       Juan Hormigo Bautista

 
Esta narración corta nos la ha enviado el Sr, Hormigo. .06-12-11

EN LA SIERRA (Cuento de Navidad)

            
                Relato  corto por Juan Hormigo Bautista

La tarde era gris. Nubes blancas de filamentos  dorados cubrían el cielo de la campiña marrón verdoso . Color de el bosque de encina que se perdía en el horizonte.
 Las ovejas  balaban aquí y allá buscando una brizna de hierba para llevarse al estomago. Había  nevado la noche antes, y un tapiz blanco inmaculado cubría  toda la dehesa como si de las blancas sábanas de una cama nupcial se tratara.
 Las cabras con sus agilidades y desvergüenza lo tenían mejor, porque se subían a las encinas y a los acebuches que acá y allá salpicaban  de blnqui-verde  el entorno y comían. De nada servia que el cabrerillo le tirase piedras, ellas a lo suyo y no le molestaban los proyectiles que  el zagal les lanzaba con la honda
  A tiro de piedra se hallaba la sierra. Pero no querían subir por temor a los bandidos.
 En las largas noches  diciembrinas, al amor de la lumbre que  calentaba la cocina con los troncos de encina viejos, se contaban muchas historias, y una era que  por los montes cercanos, por aquellos picos y quebradas   había partidas de bandoleros.

.
 El Latero ejerció ese oficio desaparecido que consistía en arreglar, platos de  cinc, cantaros de lata, sartenes y otros  utensilios de cocina.
 Vivía en un casucho a las afueras del pueblo, pero su espíritu no era pacifico, le gustaba la vida azarosa, los robos que se cometían en pequeña escala eran  hechos por el, . La Guardia Civil, lo llamaba al cuartelillo, y le apretaba las clavijas para que  confesara quien le había robado las gallinas a la señora Maria,  el borrego al señor Carlos, y la cabra al señor Frasco.
 El  lo negaba todo, pero  el sargento sabia que  había sido el. Estaba fichado y no era la primera vez que lo hacia.
 Siempre terminaba cantando,
_ Si, mi sargento he sido yo, pero es que  el oficio no da para mucho, y ahora  además de mi madre que está medio  podrida, me he echado novia y necesita también vestir y comer, y  también nos gusta ir de vez en cuando al cine.
 Total que  quince o vente días en la cárcel del partido, por orden del juez, y a la calle, muchas veces sin recuperar el dueño lo  hurtado.
 Pero aquella vez se metió en mucha “jondura” Robó la Iglesia principal y amigo Sancho con la Iglesia hemos topado como diría D. Quijote.
 Lo cogieron y lo llevaban  detenido ante el juez con un saco de coronas, cálices patenas candelabros y otras reliquias de oro y plata.
 El sabia que ahora no serian 20 días de cárcel, serian años, y no vería a su madre que moriría  mientras el purgaba el robo. Tampoco  sentiria las caricias de su novia, una jovencita que había aterrizado por el pueblo procedente de nadie  sabia  donde.
 Llegó en unas voladoras, y allí se quedó con el latero, que  la cortejó y se hicieron novios.
 Cuando  los civiles lo llevaban a la cárcel, les agredió con las manos esposadas, y logró huir. Los de la Benemérita dispararon al aire para intimidarle pero cuan do se dieron cuenta, ya se había perdido en el laberinto de callejuelas que conducían a las afueras del pueblo. Cerca estaba la sierra y allí se internó.
 María su novia se hallaba encinta, casi fuera de cuentas, y residía en la casa donde  moraba su madre.
 El latero por mediación de unos pastores que  se hallaban en el monte, fue liberado de  las esposas y   lo alojaron en una choza que había servido para  guardar   el burro las noches frías como aquella.
 Pero El Latero  no se resignaba a estar sin su Maria, mas sabiendo que  estaba a punto de ser madre, y jugándose el todo por el todo, aparejó el burro de los pastores y fue a por su novia.
 Tuvo suerte porque el  campo estaba libre. Eran las  siete de la tarde, y los civiles andaban por la sierra buscándolo. Era una pareja a caballo,. Otros diferentes a los que el Latero agredió.
 Cogió a su Maria, le dio un beso a su madre y otra vez al monte. No pensaba volver a la majada de pastores; pero Maria no podía mas, los dolores del parto la hacían retorcerse de dolor, gemía. El no tuvo mas remedio que  volver a la majada donde  había hurtado el asno.
  Ana era la pastora, Joaquín el pastor, y al presentarse el Latero con Maria en aquella choza,  exclamaron.
_ ¡Dios mío,!! Hoy es nochebuena, y esta mujer viene a punto de dar a luz.
 _ Hay que ir al pueblo y avisar a un médico.
_ ¡ No! Un médico no, por favor,_ dijo el Latero_ me persiguen y si llaman a un medico avisará a la Guardia Civil y me llevarán a la cárcel. Yo le prometo que para no comprometerlos, mañana nos vamos a otra parte, pero esta noche necesitamos pasarla aquí. Quizás Maria para, si así es yo me iré y la dejaré a ella a su cuidado,: Ella no ha hecho nada y  la dejaran libre aquí con ustedes.
  Eran buenas personas y caritativas los pastores y compadecidos por aquellos dos seres y mas por lo que se adivinaba que vendría aquella noche, les preparó una cama hecha de juncos y pieles de  carneros en el  suelo de la choza. Allí  muy cerquita, en otra  se encontraba la borriquita y una vaca que poseían para hacer queso y vender los terneros. Estaban tan cerca unos del otro que el aliento de los animales llegaba hasta el chozo donde  aposentaron a María.
 Los aires llevaban el jolgorio del pueblo,. Villancicos y panderetas se  oían  tan claro como si estuviese a  veinte metros de distancia aunque  estaban a mas de cinco o seis kilómetros,  amparado por la barrera de  picachos y  cañadas.
 Ana había preparado un cordero, para la cena de los dos. Pues sus hijos se fueron al pueblo a celebrar la navidad.
_Comeremos pronto. Por si  esta mujer  le da por parir_ dijo Joaquín a su mujer.
_ Bueno invitaremos a ellos, los pobres seguro que tendrán hambre,
_ Maria, no dejaba de dar alaridos, Los dolores se le iban y venían.
_ Total que decidieron  trasladarse todos al chozo donde  yacía la parturienta.
 Y allí los cuatro, mejor dicho los tres empezaron a cenar. Esa cena especial de la Nochebuena que desde el Palacio Real hasta la mas humilde cabaña esa noche  hay algo especial para  celebrar la  venida del Niño Jesús a la  Tierra.
  María ya no podía mas, la cena la dejaron a medias.  Ana  tenia alguna experiencia sobre partos y mandó a los hombres a calentar agua. Luego  con sus sábanas  hizo unos pañales improvisados rompiendo y doblando.
 Eran ya las doce de la noche. Las campanadas del reloj de la torre del pueblo, se oyeron claramente. Una, dos, tres...iba contando El Latero , así hasta doce.
 Ciando  oyeron  los cascos de  los caballos.
_ ¡ Ya están aquí!- Exclamo despavorido el  futuro padre.
 Efectivamente llegó la Guardia Civil. Llegaron sus perseguidores.
 Bajaron del caballo, y  al oír los gritos de María entraron en la choza sin mas. En trances de esta índole no  necesitan mandamiento judicial
 No intentó el latero huir. Estaba su hijo en camino, y su María en situación delicada.
_ Ya ven ustedes señores guardias, quizás no hayamos hecho bien, amparando a estas dos personas, pero la pobre está dando a luz ¿ Que íbamos a hacer?-suplicaba Joaquín
_ Silvestre_ dijo el veterano. Esto también entra en el reglamento. Dará auxilio a  TODA persona que vea en peligro o desgracia, por lo tanto manos a la obra.
 Señora ¿ Que hay que hacer?
_ Algo, animarla, sujetarla  y luego  limpiarla, cortar el cordón umbilical al niño, en fin muchas cosas.
 _ Pues aquí estamos dos mas. En cuanto a ti Latero, esta noche es especial, nada haremos contigo. Vas a  ser padre y eso es lo mas grande de un hombre. Todo  se perdona. Es nochebuena,  y es noche de paz y amor. Si todo sale bien, aquí cenaremos todos juntos lo poco o mucho que traemos..
 Pero fíjate bien... Nosotros nos iremos, pero mañana volveremos a perseguirte, vendremos a por ti, y ya no es nochebuena. Cumpliremos con otro articulo.
 Perseguirán sin descanso a todo ladrón, prófugo o cualquier delito penado por la Ley.
 Al sonar la ultima campanada de la repetición de las doce Maria  dio un  grito  muy fuerte, y en ese momento el llanto de un niño  hizo llorar a todos, hasta los caballos  atados en la puerta de la choza relincharon. La vaca mugió  echando mas aliento y la boriquita hizo lo mismo.
 Ha nacido el mismo día y a la misma hora que Jesús. Alabado sea Dios y su Santa Madre- dijeron todos persignándose.
_ Vamos a celebrarlo.   Al parecer todo ha salido bien.
 Comieron y bebieron de  lo que llevaba la pareja y también del cordero que preparó Ana.
_ Ya lo sabes Latero. Mañana venimos a por ti, y puedes huir, pero aunque te ocultes en las entrañas de la Tierra te encontraremos.
  Se marcharon cuando ya clareaba, y la nieve  otra vez tapizaba de blanco los picos de la sierra y la campiña salpicada de encinas y acebuches.

                                         F I N

                                       Juan Hormigo Bautista

 

 
Esta narración corta nos la ha enviado el Sr, Hormigo. .06-12-11

           AQUEL VIEJO COMPAÑERO

            
                Relato  corto por Juan Hormigo Bautista

He realizado un viaje a Valencia, para ver a mi madre. Gracias a Dios  a sus 95 años aunque imposibilitada para andar, razona con bastante normalidad.
 Como todos mis viajes largos los efectúo en tren, y este último  viaje ha sido toda una odisea.
 Monté en Montijo a las  siete y media de la mañana, y al llegar a  Puerto -llano , a la una de la tarde, no se presentó el maquinista que tenía que conducir la maquina hasta su destino- Dimes y diretes, amenaza de los viajeros con denunciar ¡ no hay derecho! Exclamábamos indignado; no era para menos. En fin viendo la grave situación la  RENFE optó por mandarnos en un AVE a   Madrid, y en otro Ave de Madrid a la ciudad de las artes y las ciencias es decir a Valencia. Maravilloso viaje en AVE, velocidad de 320  kilómetros por hora, lo sé porque lo marcaba una pantallita dentro del vagón, sin  ruido con una musiquita de fondo o el telediario, que en Ave no es video es la primera cadena la que se sintoniza, en fin para que  cansar mas en poca más de una hora cubrió el trayecto de 350 kilómetros que es lo que separan a la capital de España con la ciudad del Turia.
 Estación nueva moderna al cien por cien de nombre Joaquín Soraya como el insigne pintor valenciano.
 Y pasándome algunas cosas por alto quiero decir que me llevé una gran sorpresa.
 Sentado en uno de los asientos de la  amplia sala de espera, estaba con la mirada perdida en los trenes, al lado un cayado o bastón, como hacia un poco de frío llevaba puesto un abrigo largo, de los que ya no se usan  por los pueblos, en la cabeza una gorra de visera nueva y en los pies sus zapatos  negros brillantes como le gustaba llevarlos siempre.
 ¡Mira! me dije sorprendido,  ¿será Esteban? Se parece mucho a él. Y sin más me acerque a él.
_ Perdone señor ¿usted ha sido guardia civil por casualidad?
 Me miro para responderme.
_ Por casualidad no por  vocación. Pero... si  es Hormigo, ¿qué haces aquí? ¿Tú no te marchastes a tu tierra? Hace ya más de treinta años?

Si compañero así es. Pero como sabes aquí vive mi madre y he venido a verla.
_ ¿Tu madre vive aun?

Si, Esteban con 95 años
 Se quedo pensativo. –Tienes mucha prisa- Me dijo.
_¡ Hombre estoy deseando ver a mi madre! Ahora tomaré un taxi hasta el barrio de Torrefiel donde vive.
 Ya, en la otra punta de Valencia
_ Exacto-dije  Pero podemos tomarnos unas cervezas en el restaurante de la estación.
_ Vamos, que no todos los días se encuentra un antiguo compañero.
 Entramos en el restaurante y nos sentamos en dos sillas  con su mesa. Al momento se presentó una linda camarera  diciéndonos que  queríamos  tomar.
_ Yo cerveza sin alcohol.
_ Lo mismo yo.
 Antes dos  cañas de cervezas empezamos a recordar nuestras andanzas por la huerta valenciana.
 Recuerdas Hormigo- me decía- aquella joven Amparo que vivía en una barraca junto al camino de Meliana.

Sí, que te la echaste de novia.
 Movía la cabeza pensativo dubitativo. Pues me case con ella, tuvimos hijos tres, pero ella ya no está en este mundo.
¿murió?
- Si hormigo hace diez años que soy viudo. Menos mal que mis  hijos ya eran  mayores. Mi hija Amparo trabaja en la FE de enfermera, y mis hijos los dos son guardias civiles como yo.
_ Yo Esteban  también tengo un hijo que ha cogido nuestro camino, está en un pueblecito de Badajoz de Comandante de Puesto, es sargento.  Otro esta aquí en un pueblo de la serranía, y mis dos hijas  viven en dos pueblos distintos de la provincia de Badajoz
-¡Qué tiempos aquellos Hormigo! ¿lo recuerdas?
- Si, Esteban. Los recuerdos. Dime sabes algo del Sargento Adolfo, y de Medina, y del cabo Domingo, y de Cañizares y Dueñas.
- Espera, espera Hormigo.
 Mira  el sargento Adolfo ascendió a capitán, y se lo cargaron en el  País Vasco
- ¿Lo mataron?
- No lo destituyeron por pegarla a un ETARRA. ¡ Que poca vergüenza! cuando aquel criminal se  ha cargado a tres de los nuestros y  hasta una niña  con una bomba que puso en un cuartel. De los otros te digo que el cabo Domingo murió, de Cañizares no sé nada, marchó a Ciudad Real.
 Pero hablemos de nosotros. Recuerdas los servicios, por las sierras de Cullera,  ¿Y la playa? Donde me la dejas. Aquellas noches interminables, con frío  y lluvia, envueltos en las capas y con el agua chorreando del tricornio por los ojos, las barcas del contrabando que apresamos con tabaco de Gibraltar,  y otras cosas. Drogas no, eso no existía en grandes cantidades como hoy, luego  en la cantina de la Fina, ¿te acuerdas de la Fina?
-Hombre como no me voy a acordar-le dije  con nostalgia. Qué buena era, y adicta al cuerpo.
- Como que su abuelo había sido carabinero. Lo llevaba en la sangre.
 Y de las inundaciones del Barranco El Carraixet. Cuando  sacábamos a las mujeres y niños llorando y abrazados a nosotros de aquellas casuchas que estaban junto al barranco.  Y las noches patrullando por la ciudad,  y del tiroteo de la gasolinera Ripoll, que no sé como  salimos ilesos, yo sentí una bala silbar  cerca de mi oreja.
¡  Que compañerismo había,  mucha disciplina, pero también mucha seguridad a pesar de los tiempos.
 Recuerdo –dije  yo- Una mañana que aun no había amanecido, cuando iba de recogida a mi casa, que como sabes vivía en el barrio de Barona, donde había de todo, mas malo que bueno, y al pasar por un balcón me tiraron un paquete  de hojas subversivas del partido comunista, y yo me agache a cogerlas cuando se presento Prada el sereno  que como sabes vestía de uniforme  con pistola, y  agarrándome del brazo me dio un fuerte tirón que me desplazó y me cayó al suelo, al tiempo que sonaba un tiro de pistola. Me salvó la vida. ¡Que buen compañerete a pesar de  vestir otro uniforme era Prada!
 - También ha muerto ya.
 Pero no recordemos solo cosas tristes. Recuerdas  las Patronas. ¡Que bonitas eran¿ Todos vestidos de gala, con nuestros correajes amarillos y el tricornio galoneado asistíamos a misa en  la catedral, luego cantábamos el himno, y después  el vino de honor. Cuantas jóvenes  doncellas  invitábamos, y más de un soltero salió enamorado y enamorada. Medina ¿Recuerdas? Que se casó con la telefonista.  Los dos  se fueron para siempre, están uno al lado del otro en  la necrópolis de Valencia, Y los bailes. Recuerdas cuando  cantó la hija de Concha Piquer, gratis para los guardias. Y otro año María Jesús y su acordeón, con sus pajaritos.
 Es verdad Esteban, ¡Como pasa el tiempo! Ya viejos, nadie se acuerda de nosotros.
- No digas eso Hormigo. Yo asisto todos los años a la Patrona, me invitan y  cuando le cuento esas cosas a los jóvenes se ríen. Otros lo toman en serio y dicen “Aquello si era la Guardia Civil autentica” ¿ Tu no asistes a las patronas?
- Si Esteban, me invita mi hijo todos los años, y este hasta me he vestido de uniforme con ellos. Fíjate todos jóvenes y yo con 72 años  entremedio. Me decían- usted es guardia civil de los de antes.- Si hijo-le decía yo, pero ahora estáis mejor, que no vuelvan aquellos tiempos es mejor para todos.
 - Me voy Esteban se me hace tarde y estoy deseando ver a mi madre. Si en otra ocasión nos encontramos ya evocaremos más de  aquellos tiempos.
- Espera un poco vamos a tomarnos otra cerveza. Los taxis no faltan de esta estación.
 Pidió otra cerveza que nos sirvió la linda camarera sonriente.
 - Esa muchacha también es nieta del Cuerpo-dijo Esteban con énfasis para continuar- tu también conociste a su abuelo, ¿recuerdas a Filiberto?
- Si, Esteban; aunque estuve poco tiempo con él. Era muy mayor cuando yo fui destinado a la Comandancia
- Claro Hormigo, contaba más de 56 años, al poco tiempo de retirarse murió. Estaba quemado, su campaña fue muy dura casi todo el tiempo se llevó en las sierras de Teruel luchando contra el maquis
 Llegó la linda camarera con otras dos cañas de cervezas, y un plato de calamares fritos que había pedido Esteban.
- Me tengo que marchar Esteban, pronto se hace de noche. Las luces de Valencia ya tomaban vida.
- Mira esta es nieta de Filiberto ¿verdad chica?
 La muchacha se quedó mirándonos un rato para balbucir.
_ Sí, mi abuelo fue guardia civil. Muy bueno murió joven a los cincuenta y ocho años ¿Usted lo conoció?
 Asentí con  la cabeza y dije- si, algo era alto y delgado y le sentaba muy bien el uniforme
- Me quería mucho. Lástima de hombre. ¡cuántas cosas me contaba de su vida, sobre todo  de las fatigas pasadas en la Guardia Civil.
- Encantado señorita de conocerla. Es usted muy simpática.
- Y guapa- agregó Esteban.
 - Muchas gracias. Quedan ustedes invitados por la casa.
- No, hija –decía Esteban- no consiento que caiga a tu costa esta invitación ,
- No se preocupe.
¿- ¡ Cual es su nombre?- dije yo,
- Araceli, me pusieron en la pila del bautismo de la iglesia de San Dionisio del  Cabañal-
- Muchas gracias Araceli, bonito nombre
 Se marchó a su cometido. Yo me levante, llegó otro Ave de Madrid, se hizo de noche. Los  luminosos de la ciudad parpadeaban.
- ¡Adiós Esteban! Me he emocionado al verte, de verdad me alegro verte tan bien.
- No lo creas Hormigo, tengo mis achaques. Vivo cerca de aquí y me gustan  ver los trenes. Me recuerdan las escoltas que hicimos desde la estación del norte a Albacete donde nos relevaba  la pareja del Móvil de Madrid-
- Si me acuerdo. Cuantas cosas nos pasaban en aquellos trenes, lentos con aquellas máquinas de carbón. Pero lo siento Esteban, no puedo perder más tiempo.
- Te acompaño al taxi.
-Bueno
 En la explanada  había muchos taxis, tome el primero como era  el reglamento de los taxistas.
- Un abrazo Hormigo
-¡Hasta  siempre Esteban.
 Y unas lágrimas brotaron de los ojos de ambos.
 Cuando llegue a casa de mi hermana mi madre con 95 años me esperaba con  los brazos abiertos.

                                                                   Juan J. Hormigo Bautista

 
Esta narración corta nos la ha enviado el Sr, Hormigo. .02-06-11

            A LA SOMBRA DE LOS CIPRESES

            
                Relato  corto por Juan Hormigo Bautista

________________________________________________________ Trinidad era una hermosa mujer que vivía en un pueblo de nuestra provincia, un pueblo cualquiera de la inmensa provincia de Badajoz, lo mismo podía ser en Cabeza del Buey, que en Monesterio o Jerez de los Caballeros u otro pueblo cualquiera de nuestra  Comarca. Usted lector/ra,  elige el que quiera, pudo ser el suyo, o el mío o el de cualquier amigo o amiga, lo cierto es que este relato  tiene mucho de realidad y algo de fantasía.
 Como digo Trinidad era una bella y hermosa mujer, rubia escultural que nada tenia que envidiar a las  famosas mises que  la televisión presenta todos los años a concurso para ser la mas guapa de España.
 Pero por entonces no existía la televisión, ni ella se presentaría jamás a esta clase de evento.
 Se caso joven con 18 años y un crío en su vientre, es decir  cuando el cura le daba la bendición  en el altar mayor de la iglesia de su pueblo , estaba encinta.
 Su marido  de nombre Simón, fue siempre un pobre hombre, que trabajaba de jornalero del campo en casa de un hacendado del pueblo. El hombre no  era muy largo en el trabajo, es decir que aunque se esforzaba y sudaba no rendía lo suficiente para el amo, pero... Como Trinidad era guapa, lo tenia mas bien por amparar aquella belleza de la que se había enamorado.
El pobre  Simón  lo sabia, pero no se quería enterar por no perder el jornal que D. Leopoldo le regalaba diariamente.
 Ella  cerraba los ojos a los requiebros del señorito, y solo decía. No puede ser lo que usted pretende soy mujer de principios, honrada y casada , así que no siga por ese camino.
 Creo que el camino que don Leopoldo  quería con la bella Trinidad no hace falta de  exponerlo
 Don Leopoldo era casado, con una señora de la alta sociedad del pueblo, mas fea que Picio y muy avara y exigente, pero era tal la discreción de don Leopoldo y de Trinidad que no llego nunca a enterarse de  los devaneos de su esposo, que a decir verdad no fueron mas que  eso, piropos y proposiciones deshonesta que Trini rechazaba constantemente.
 A l cumplir los diecinueve años  Dios quiso  premiar a Trini y a  Simón con un precioso niño que fue el orgullo del feliz matrimonio, le pusieron en la pila del bautismo de nombre Andrés, en recuerdo de la abuela paterna que  había fallecido hacia  dos años.
 Y no muy lejos de la humilde casa de Trinidad y Simón, vivía otro matrimonio humilde, que  tenían una hija seis meses menor que Andrés. Estaba compuesto por José y Micaela, y la niña se llamaba  Rosa María.
 Eran las dos familias muy amigas, pero con esa amistad sana de nada es tuyo ni mío sino de los dos, o sea que como vulgarmente se dices estaban a partir un piñón.
  Micaela y Trinidad mas que vecinas y amigas eran como dos hermanas, con ese amor fraterno que a veces existe entre las personas de bien sin saber como ha venido.
 También  Simón y José eran íntimos amigos, los dos trabajan para el mismo dueño en los campos de  cereales, por un sueldo no muy elevado.
 Ni que decir tiene que Andrés y Rosa Maria  se criaron juntos, como si de hermanos se tratara, hasta la edad de 13 años, en que  Dios quiso llevarse a mejor vida a Micaela. Una maligna enfermedad la llevó a la tumba, no por eso quedó Rosa Maria desamparada; Trinidad la acogió como a la hija que le faltaba, se podía decir que la buena mujer ya tenia su parejita Andrés el niño y Rosa Maria  su hija, ella junto a  su hijo la cuidaba y mimaba cual si la hubiese parido. Rosa Maria aunque echaba en falta a su madre, no lo era tanto ya que con otra madre quiso premiarla el destino.
 José miraba a Trinidad con   ojos de agradecimiento y hasta soltaba una lágrima cuando veía  con que amor y dulzura su vecina  trataba a su hija.
 Simón, el marido de Trinidad, se mostraba con la hija de Micaela muy complaciente, y le decía a su amigo José “ Dios se ha llevado a tu mujer, pero nos ha  dejado a una hija que es  nuestra también.
 Y José se la agradecía no con palabras sino con hechos.
 Los niños crecían , y todos los domingos le llevaban flores a Micaela que reposaba en una modesta tumba a  bajo un  hermoso ciprés. Los acompañaba José Trinidad y Simón.
 Pero la suerte que a veces es cruel e impía quiso llevarse  al poco tiempo también a Simón, y Andrés quedó huérfano de padre. Ya eran los dos huérfanos, Rosa Maria de madre y Andrés de padre. Trinidad viuda y José viudo.
 Y los niños que ya eran mayorcitos, no solo iban los domingos a llevar flores a las tumbas de su padre y su madre, también iban los  Jueves y con ellos Trinidad y José, y en aquellas dos tumbas bajo los cipreses  que no  estaban lejos una de la otra, regaban  las flores con sus lágrimas Trinidad y José; Andrés y Rosa María
 Luego al regreso  cogidos  de la mano  por el camino iban José y Trinidad, y los dos hijos, sin ser hermanos.
 Así todos los domingos. Trinidad y José, fueron un día solos ha llevar las  flores a las tumbas de sus  respectivos difuntos. , y cuando  las pusieron y  rezaron una oración Trinidad hincada de rodillas , lloraba y entrecortada la voz por la pena exclamaba
_ ¡ Que solita me has dejado Simón! Porque no me llevaste contigo.
 Entonces José emocionado le  susurro al oído.
_ Mira Trinidad, en lo que no tiene remedio no hay que lamentarse. Tu  no estas sola, tienes a tu hijo Andrés, a  mi hija Rosa Maria y si quieres  aquí estoy yo para darte el amor que la muerte te arrebató. No es pecado es amor porque yo te  amo desde hace mucho tiempo, y lo mismo mi  difunta Micaela como tu querido Simón, se que desde el cielo se alegrará de que nosotros nos amparemos. Ya me lo dijo  un día. “ Si yo falto José ampara a Trini, cásate con ella si ella  te acepta, así  también opinaba Micaela “ Si yo falto  dale una madre a nuestra hija” Y que mejor madre que tu, que ya lo has demostrado. Así Trini que aquí delante de las tumbas de nuestros seres mas querido que nos han dejado te  ofrezco mi amor de atrás y te digo ¿ Quieres casarte conmigo?
 Trini levanto la cabeza que la tenia inclinada  besando  el retrato de su difunto marido y dijo.
_ Si, José, si quiero casarte contigo, pero con una condición, bueno con dos.
_ Tu dirás amor mío.
 _ Pues que aunque estemos casado que no dejemos de venir a  traerles  las flores a nuestros difuntos, y que la fotografía de mi boda este siempre presente en  nuestra sala.
_Así, será como también la mía y la de Micaela.
 _ Que así sea, ¿ Y nuestros hijos que dirán?
_ Hablaremos con ellos_ dijo José_ y le  diremos que nos queremos, que hemos resuelto por amor rehacer nuestras vidas, y ya verás como ellos lo comprenden y aceptan nuestra decisión.
 Y un hermoso domingo de primavera, cuando los cuatro  cumplían con el deber y la costumbre de llevar las flores a las tumbas fue Trini la que  les propuso hablar con ellos.
 Delante de la tumba de Micaela dijo así.
 _ Rosa Maria, aquí delante de la tumba donde tu madre reposa quiero hacerte saber que tu padre y yo, hemos decidid casarnos, y lo hacemos por amor.  Yo no quiero ser tu madrastra, ese nombre que tan mal suena, quiero ser tu madre tu segunda madre, por eso pongo a Dios por testigo ante ella que te querré y te adoraré al igual que te quiso y te adoró ella, la que una vez me dijo que si faltaba  te amparara como si fuese  ella misma ¿ Que dic es?
 Rosa Maria por toda repuesta le echó los brazos al cuello y con la voz rota por la emoción  le respondió.
_ Madre, es el regalo mas grande que me podéis dar, casaros los dos, pero tengo que deciros otra cosa que vosotros ignoráis.
_ ¿ Que es?-dijo Trini sorprendida. Que nosotros  , o sea tu hijo y yo también estamos enamorados, y es nuestro deseo casarnos pronto.
_ ¿ Lo aprobáis?
 Trinidad miro a José y luego a Andrés. José se reía de gozo, y  Andrés  besando a su madre le dijo.

Papá se alegrara de estos amores que han surgido bajo la sombra de los cipreses, porque el verdadero amor  surge en cualquier lugar, estos amores nuestros  han surgido en este remanso de paz, donde reposan nuestros dos seres mas queridos, por eso  tienen que ser  unos amores profundos y duraderos.

 Unos meses después se celebrara una boda. Si en la capilla del cementerio. Allí en aquel sagrado lugar tuvo lugar los enlaces de José y Trinidad  y de Andrés y Rosa Maria, el mismo día y a la misma hora,
Ellos con traje de chaqueta  camisa blanca y corbata negra. Ellas, la madre con un traje  negro y velo en sus manos un ramo de flores silvestres cogidas por José en el campo, no le pertenecía ramo de azar como es natural.
 La hija de  Con traje sencillo blanco y velo, en sus manos el ramo de la pureza, a ella si le pertenecía.
 Lo que Dios ha unido que no los separe el hombre, dijo el cura
  De allí fueron a las tumbas y  Trinidad depositó su ramo de flores en la tumba de su  amado. Rosa Maria lo depositó en la de su madre.
 Y del camposanto salieron con lágrimas en los ojos, pero muy felices.
 Vivieron muchos años. Trinidad no tuvo mas familia, pero Rosa Maria les  dio dos preciosos nietos, niña y niño que hicieron la  completa felicidad de aquellos sublimes seres.
 Las flores no faltaron nunca en las tumbas de Simón y Micaela, porque cuando ya  se hicieron muy viejos, que apenas podían caminar. Otra Trinidad y otro Simón fueron los encargados de que no faltaran flores en las  tumbas de sus antepasados.

                                             FIN
                                                         Juan Hormigo Bautista

 

 

Esta narración corta nos la ha enviado el Sr, Hormigo. .22-08-10

NTE LA NATALIDAD HAY QUE QUITARSE EL SOMBRERO.

ante la natalidad

 Una fantasía de Juan Hormigo Bautista, que te deleitara de principio a fin.  Escrita  muy sencilla, sin palabras  rebuscadas  para que todo el mundo lo entienda

  

OR el año 1965, concretamente el día  1º de Agosto, salí de la Academia de Úbeda como guardia civil y me destinaron a petición propia a Cullera en la provincia de Valencia, pero no permanecí mucho tiempo en esa bonita ciudad turística, un escrito de la Comandancia se recibió en el Puesto que el guardia  2º Juan Hormigo Bautista, era trasladado por orden de la superioridad a Valencia, capital. No a la Comandancia  sino al Puesto de  Benimaclet, una barriada obrera de la ciudad, donde había de todo.
 La orden llegó con el permiso  solicitado para contraer matrimonio,  el pase y el billete de tren gratuito para trasladarme de Valencia  a Alcazaba, dependiente del ayuntamiento y  Comandancia de Badajoz, Puesto de Guadiana del Caudillo con licencia de 20 días para contraer matrimonio ha la estación de este pueblo llegaba el billete de tren firmado por la superioridad. El pase decía, que  una vez  contraído matrimonio, regresara lo mas pronto posible por el mismo  medio de transporte al Puesto, para lo que  la Comandancia de Badajoz me extendería el correspondiente  billete, solo para mi, la esposa si me la llevaba tenia que abonar el importe que  estableciera la RENFE.

 Y así lo hice. Llegue a Valencia a los  20 días después, sin bagajes, sin dinero y con una mujer. Cuando me presenté en el Puesto, el Comandante de Puesto que era un Sargento me dijo.
“ Mañana por la noche tienes servicio. Lo digo para que descanses.
 Esta fue la  enhorabuena.
 Le pregunté por la vivienda, y se echo a reír para aclararme. “ Aquí no hay viviendas tienes que buscársela   por su cuenta

 A mi mujer y a mi se nos cayó el alma al suelo. Sin conocer a nadie, en una gran ciudad sin dinero ni vivienda, estuvimos a punto de llorar

 El sargento se percató de nuestra congoja y llamó a un guardia.
“ Casas-este era el apellido del guardia- ,tu que conoces mejor el barrio,  vete con esta pareja y haber si encuentras  un piso barato para ellos.  Ya sabes como está esto, ni porque lo han trasladado a este puesto.....
 Quedo la frase en  el aire, nunca supe que quiso decir.
 El guardia Casas,  se colocó la pistola y el tricornio y dijo.
 ¡ Vamos! No os apuréis conozco a una viuda  que  quiere alquilar una habitación amueblada, con derecho a cocina y lavabo., veré si se la saco por poco dinero, es muy quisquillosa pero en el fondo no es mala, es viuda de un  capitán del ejercito,  y con la paga de viuda no tiene suficiente para  ella y una hija casada con un sin vergüenza que no da golpe y exige buen plato y dinero para sus  vicios.Es de lo “mejorcito” que tenemos en el barrio.

_ Pero ¿no vivirá en la misma casa?-le preguntó mi mujer.
_ No, ella vive sola, y necesita compañía, esta muy sola, la hija solo la visita para sacarle dinero.

 Total, que  el piso era un tercero sin ascensor, no muy grande pero allí  estaríamos bien.  según el guardia Casas y según la viuda.

 Y en aquella lóbrega calle,  en una habitación  amueblada con  una cama,  dos sillones ,  una percha y un ropero, todo muy viejo nos instalamos pagando  100 pesetas mensuales.

  Tuvimos suerte. La mujer que se llamaba Felicidad era manchega, y enseguida congenió con mi mujer.

  n cuanto a los servicios que yo realizaba eran casi todos de noche                                                  
                                         
  Salía de casa al ocaso y no regresaba hasta el orto

 Felicidad, se portó muy bien con nosotros, mejor dicho con mi mujer, porque  a mi poco me veía, de noche nunca y de día estaba dormido  cuando me dejaban.

 Con ella  hizo jerseys de punto, pantalones, ganchillo y otras labores. En verano se sentaban al fresco en una especie de terracita que había en la puerta de la calle, y permanecían  hasta la una o las dos. ( en aquella época se podía estar tranquilo en la calle a deshora, hoy en el barrio no). Además  conocía al sereno, y le encargue que se diera una vuelta de vez en cuando por aquel lugar, por si alguien  molestaba a las mujeres.

 El sereno, hombre  muy activo y simpático,  adicto al Cuerpo,  dijo que no pasase apuros que allí estaba el, para defenderlas de cualquier desaprensivo. No hizo falta, porque nadie se  oso molestarlas en lo mas mínimo. Eso si, el sereno  cargaba la vigilancia sobre aquella calle.

 Y así transcurría el tiempo. Uno de los servicios preferente de aquel puesto eran las escoltas de trenes. Era rara la noche que no  montábamos  este servicio, desde la estación norte  valenciana  hasta Alcázar de San Juan, que éramos relevados por otra pareja de Madrid., donde finalizaba el tren.

 Por aquellos años  el ferrocarril era el rey del transporte,
La carretera estaba muy por debajo, y gentes de toda  condición y posición viajaban en el tren. Existían vagones de primera, segunda y tercera. La pareja  de escolta teníamos reservado dos asientos en un coche de tercera, el mas próximo a la locomotora.  Nuestra misión era recorrer todo el convoy varias veces en el trayecto. Vigilar a los viajeros  por si llevaban artículos de contrabando, evitar riñas, prestar ayudas a los que loa precisaran y, auxiliar al revisor.

 Me gustaba este servicio,, porque en el trayecto  conocíamos a gente de toda clase, en las paradas largas hablábamos con el maquinista y fogonero.( Las máquinas eran de vapor) y bebíamos agua en el tiznado botijo blanco de los hombres  de la máquina.

 Era también nuestra obligación, bajarnos al anden para   saber la clase de viajeros que  subían a los coches

  Como es lógico mi mujer quedo encinta, como todas las recién casadas en aquellos tiempos, y como  en aquellos tiempos también, era mimada no solo por mi  también por Felicidad y alguna compañera que de vez en cuando la visitaba

                                          

 omo la época no era muy boyante y el sueldo bastante escaso suministrábamos en los economatos. El nuestro era el de la Guardia Civil, pero  caía muy lejos de donde vivíamos,.. Pero cerca  había un cuartel de Ingenieros que también lo tenia, y  no muy lejos el de la Policía Armada. Como mi mujer se puso muy pesada con el embarazo, y tenia que coger dos o tres tranvías para llegar a la Comandancia, hablé con el encargado del de Ingenieros que era un capitán, y me dijo que no me preocupara, que  fuese cuando quisiera, ella y un familiar o amiga, a suministrar allí, que el  ordenaría a los soldados  a que no le pusieran trabas ninguna para entrar en el cuartel y  comprar a precio de ellos  los comestibles que  había. Le extendió un vale con su nombre y el mío, . Rebosábamos de felicidad. ¡ Con que poco nos conformábamos para ser felices!
  Cuando yo llegaba por las mañana de servicio, cansado y entumecido muerto de sueño, me tendía a su lado, le  besaba y acariciaba su barriguita, y notaba como nuestro hijo, le daba pataditas y se le señalaba  sus pececitos. A veces llorábamos de  emoción. Ella me decía que no fuese malo con los pobres que  tenían que  robar para comer  ¡Que... fácil  es decirlo!, pero cuando por  hacer la vista gorda o no cumplir con tu obligación, está en peligro el pan de  tu mujer y el de tus hijos, ya  no se piensa igual. De todas formas, nunca  me extralimité de mis reglamentos y ordenanzas.

  Algunas tardes cuando ya había dormido,  antes de prestar nuevo servicio nos íbamos a un parque cercano,  donde paseaban enamorados, y nosotros como dos novios mas nos sentábamos en un banco y allí nos acariciamos y nos reíamos. ¡Que felices éramos a pesar de nuestra  poca fortuna ¡ Felicidad la patrona nos miraba con ojos tiernos y suspiraba- ¡Hay!-decía_  si siempre fuera así... Yo hijos también fui muy feliz con mi  Filiberto, hasta que estallo la escaramuza de Ifni.  ¡Mujeres de militares y guardias civiles, siempre en zozobra, siempre mirando el reloj, por si  vienen pronto y siempre rezando a la virgen para que no le ocurra nada malo.!

 Así hijos es nuestra vida. Mi marido se fue voluntario, quería ascender, ganar mas, para que su hija fuese una señorita y yo una señora, coronela o genérala. No llegó ni a comandante, me lo mataron en una emboscada. Y sacando un blanco pañuelo del bolsillo se enjugaba  una lágrima.

 Nunca hablaba de su desaprensivo yerno, solo suspiraba de vez en cuando  para decir. ¡ Pobre hija mía! ¡Mi pobre Amparo si tu padre te viera...!

 Estos relatos entristecían a mi mujer, pero luego la viuda la animaba con otras historietas mas alegres.

  Y... ya estaba fuera de cuenta. Pero hasta que no diera a luz yo no podía dejar el servicio. A Felicidad le  encomendé que si la veía  que se ponía de parto avisara al hospital militar, y una ambulancia  fuera a recogerla y llevarla a paritorios lo antes posible..

  1. Yo como usted sabe Felicidad, esto noche tengo escolta de tren, desde Valencia hasta  Alcázar de San Juan. Llegaré mañana  a las diez en el  correo de  vuelta, si no existe novedad.
  1. No te preocupes , que Maria  queda en  manos de una viuda pero con cojones. –Nunca le escuche semejante palabreja..

 

  A mi mujer le di un beso en la boca y otro a nuestro hijo, o sea a su barriga. Me puse el uniforme, completo con la pistola  reglamentaria y el  “naranjero” (especie de fusil) .Así había que prestar todos los servicios,y  me encaminé al Puesto.  En la calle dirigí la vista hacia el  balcón mas alto del edificio. y allí asomadas estaban las dos. Me decían adiós  agitando la mano. Yo les devolví el saludo, y tomé el primer tranvía que me llevaría al Puesto distante unos tres kilómetros.
 Hacia un poco de frío, el otoño estaba muy avanzado y el invierno se  preveía  crudo. En Valencia no suelen ser los inviernos muy  duros, pero así y todo hay años que también nieva en las montañas  cercanas y el aire  gélido barre las calles de la ciudad.
 En el puesto tenia la capa, y como  en Alcázar hace frío, la  echamos por si el correo de Madrid  que nos  retornaría  otra vez a Valencia se retrasaba. Además, el coche nuestro  casi nunca llevaba buena calefacción.
 En el puesto me esperaba el compañero. Era mas moderno que yo, por lo que  la orden de servicio  estaba como jefe de la escolta del tren numero 346 correo de Valencia a Madrid, siendo relevados por otra pareja de la Comandancia de la capital de España,
 Caso de no  estar en el punto de relevo por  lo que fuese,  la pareja de relevo , la de inicio  tenia que continuar  hasta  que el tren llegara a su destino.
 Tomé la papeleta y la metí en la carpeta y luego en la cartera de camino.

  1. Vamos Cañizares- a ver  si hacemos una buena escolta. Si no hay  novedad, dormiremos por turno en el asiento y así llegaremos mas descansados.
  2. - Como tu quieras- me respondió el auxiliar- y en otro tranvía  nos  fuimos a la estación.

 Media hora antes de la salida del tren era la obligación de estar en la estación, para recorrer el anden y   comprobar mentalmente que  personas subían

.
     aunque era un tren rápido poca gente montó aquella noche.                                            . En el de primera tres o cuatro, “señores” encorbatados y con gabardinas y  algunas señoras, con bolso y abrigo de  astracan, . En el de segunda, ya mas gentes.  Sencillamente vestidos, con bolsos y maletas de cuero. Algunos niños y  varias mujeres, una  por cierto en avanzado estado de gestación... Pero no le dimos la menor importancia, ¡ tantas  veíamos en tercera en el mismo estado, en anteriores escoltas que  no nos llamó la atención. Además eran las que menos  problemas nos daban, aunque la picaresca española también existía, en estas mujeres ya que algunas  se fingían embarazadas y  el “niño” era contrabando de tabaco o  de otras mercancías  con derecho a arancel, colándose de rositas ante la mirada  atónita de la pareja de escolta que  creían que la mujer estaba demasiado avanzada para  el viaje. Pero  la de aquella noche, no fingía , realmente  estaba embarazada, y bien embarazada.

 No era la primera escolta, ya había realizado otras anteriormente y  tenia experiencias, pero excepto una todas fueron sin novedad.

  Aquella la realizaba de día, y era el expreso de Barcelona. Llegábamos hasta Reus, y al salir de la estación el tren atropelló a un hombre mayor, como no  era para menos falleció en el acto, pero como  estaba  en la población se  avisó al Juez e Instrucción y el juzgado se hizo cargo de las diligencias y del levantamiento del cadáver, o de lo que quedó  de aquel cuerpo  completamente deshecho . Yo no tuve mas que hacer un sencillo parte, para  comunicarlo a mis superiores y otro para la dirección general de Seguridad. La RENFE se hizo cargo de todo los demás tramites
.
 La noche  que nos ocupa fue mas distinta, y con mas  problemas para mi, a pesar de ser una cosa tan bella como un nacimiento.

 Salimos de la estación de Valencia con cinco minutos de retraso. Todo iba bien. Recorrimos el convoy por dentro vagón a vagón y nada  observamos de  particular ni extraño. El revisor  nos dijo que  si queríamos nos fuésemos a nuestros asientos, y podíamos  echar un sueño, que ya había  picado los billetes y hasta Játiva, no había parada ni movimiento. Nos   acomodamos en nuestro vagón de tercera, en nuestro departamento, y el interventor se fue a un asiento de primera  libre que era mas cómodo.

 Le dije al  compañero que si quería podía  dormir un poco, yo quedaría despierto  porque  los dos no era de recibo echarnos a dormir. Me contestó que no tenia sueño, que me  durmiera yo y después  el. ya que se le daba peor velar  mas tarde.
- Bueno- dije-así lo haremos pero ojo, no nos vayan a sorprender dormido a los dos. Es muy mala imagen, y si viene algún jefe camuflado o los de la policía el correctivo es seguro.
 A veces en los trenes nos juntábamos  dos parejas de vigilancia, la Guardia Civil y la BIC  (policía secreta) que era la encargada de  pedir el DNL., aunque también nosotros estábamos autorizados a  pedirlo y comprobar  la veracidad del mismo. En fin que me puse a dormir un poco, y el compañero a  mirar  por los coches, mas para no dormirse que otra cosa.
  Y...soñé. Soñé con mi pueblo, con  mi Fuente del Maestre, con Alcazaba y con mi mujer. ¿?

 . Soñaba que  había tenido dos niños, que  no le había dado tiempo  a Felicidad de avisar al Hospital Militar, y que los niños  preciosos estaban  encima e su madre muerta. Desperté  con un sobresalto. Miré al compañero que había regresado de  dar la vuelta,  “Todos durmiendo” –me dijo- no hay novedad, duérmete otra vez que es temprano. Y me  volví a dormir. Estaba cansado, eran muchas noches de servicios seguidas, y de día  que si la  academia diaria que si informes, apenas dormía. Por las tardes   sacaba a mi mujer un rato de paseo, en contra su voluntad que quería que descansara para la noche siguiente. Pero, también ella tenia derecho a respirar el aire  de los parques y jardines menos contaminado que el de las calles. Y  la llevaba a la Alameda, a los Viveros al botánico, poco tiempo. solo una hora  pues entre ir y venir se  nos hacia tarde para preparar el bocadillo,    vestirme de uniforme ( en la capital bajo cuerda vestíamos de paisano) Y otra vez soñé, con  los paseos, con la barriguita  que ya estaba muy abultada, con las miradas de los curiosos y algún piropo de  los albañiles  en el andamio, algo  grosero pero que nos hacia reír.
 Pensábamos con el tiempo retornar a Badajoz, a nuestra tierra, pero lo veíamos muy  remoto, muy lejano, quizás pasen años muchos años, sin concedernos  algún pueblo de Badajoz. Es una Comandancia de veteranos y yo era novato, muy novato.  Tenia mi mujer miedo de que me  mandaran al País Vasco, ya la ETA había hecho de las suyas, los atentados  eran frecuentes. Luego  otro delincuente  surgió de nadie sabia donde. que muchos años después un político lo hizo  abogado. Decían que andaba por los trenes, y que  había dejado Salamanca y Extremadura para  trasladarse a Valencia, que era muy peligroso  y estaba armado. Mi mujer sufría con estas noticias que le  llevaba alguna compañera, cuando se  juntaban en el economato o en el cuartel  al llevarme la comida en una cesta de mimbres cuando estaba de puertas..

 Y soñaba...y soñaba con el traqueteo del tren cosas raras. Que el  “asaltarenes” la había secuestrado,  y que a cambio pedía mi cabeza. Que ella lloraba, y   los crios también  en su vientre. Unas pesadillas enormes.
El tren paró habíamos llegamos a Almansa, era la segunda parada.de la de  Játiva ni me enteré
 Ya no tenia sueño y le dije al  auxiliar que se durmiera que eran ya las dos.

 Arrancó el tren lento pausado. La noche era negra como alas de golondrinas. Se había nublado y amenazaba tormenta. A veces relámpagos lejanos iluminaban el vagón fugazmente
 Mi compañero se durmió. Yo a la mortecina luz del departamento  leía  la historia de dos guardias civiles en conducción de presos. La novela se titulaba “ Cuerda de Presos de Tomás Salvador. Me gustaba y estaba  inmerso en la lectura. A veces mi pensamiento  se revelaba y marchaba a Valencia, a la habitación donde estaba durmiendo mi mujer, eso creía yo.  ¿soñaría conmigo?  ¿ estaría despierta? O.. Felicidad había tenido que llamar  a la ambulancia del hospital militar. Menos mal que  tenia teléfono, era un alivio. Aun recuerdo el número eran  seis dígitos. 235698 que siempre llevaba en mi cartera personal escrito con bonita caligrafía.
 ¡ Ay! Si el tren llevara teléfono. Pero aquellos trenes  no lo llevaban y los móviles  aun no se habían inventado. Íbamos aislados del mundo exterior..

 El tren corría  a mas de 80 kilómetros por hora, y la noche también corría para  dar paso a un  nuevo dia. Tronó y algunas gotas  de agua se resbalaron por el cristal de la ventanilla, pero la tormenta se  disipó, o se marchó a los picos de las sierras  que dejamos atrás.

 La novela estaba a punto de finalizar. Los guardias Silvestre y Serapio habían llegado a Vitoria con el Sacamantecas, y nosotros habíamos rebasado Albacete cuando...

 Guardias, guardias venid al coche de segunda, que una señora se ha puesto enferma.—oí gritar una voz femenina que corra en busca nuestra.

 Desperté al compañero .- Cañizares, ya tenemos novedad. Una mujer se ha puesto mala.

  1. Y nosotros que vamos a hacer, ¿somos médicos acaso?

 Llevaba razón Cañizares. Que entendíamos nosotros de medicina. Nada de nada. Podían llamar a un médico si alguno viajaba en el tren,. Pero nuestra obligación es acudir a donde nos llaman. Algo haríamos, aunque fuera suministras un okal que  llevábamos para  nosotros.
 -Deja la capa en el portamantas y vamos a ver que sucede. La mujer gritaba, y yo  creyendo lo peor  atravesé el fuelle del vagón  llegando en un segundo donde estaba la enferma.
 Me lo auguraba. Rodeada de mujeres, tendida en los asientos  se hallaba, gimiendo la embarazada. A su lado la madre nerviosa le limpiaba el sudor de la frente.

  1. ¿ Que ocurre?-pregunte. Tengo que aclarar que  al  verla  casi desnuda   puse  también muy nervioso. Aquello nunca se me había pasado ni por la imaginación.
  1. ¡ Por dios guardia mi hija  no llega a Madrid, le ha venido el parto!. ¿Por qué no paran el tren?

 

  1.  Es  difícil señora-le respondí pero voy a buscar al revisor eso es cosa de el.´. También buscaré por todo el tren  un médico si lo hay. Nosotros estamos pegados en esto.
  1.  La mujer me lo agradeció. Cañizares se quedó en la puerta del compartimiento, y yo voceaba por el tren buscando un médico. Al fin un chaval de unos 19 o 20 años, me salió al encuentro.

 

  1.  Yo guardia , no soy médico todavía pero estudio medicina y voy bastante bien, algo entiendo.
  1.  Gracias a Dios!- dije- pues vamos al coche de segunda que hay una mujer de parto.

 

  1.  Observé como el  aprendiz de “matasanos” se puso mas nervioso que estaba yo, y ya es decir. Pero  bajó de la rejilla un maletín y dijo- vamos allá haré lo que pueda. La verdad que esto no lo he practicado.
  1. ¡Vaya papeleta la que se nos presentaba.!

 

  1.  El revisor dijo que podía parar el tren, nada mas  accionar el aparato de alarma pero para que.  Estábamos en un descampado a mas de 40 kilómetros de una ciudad con  clínicas y médicos, lo demás eran villorrios donde no paraba el tren Y para que.  Por allí no había nada. No se puede comunicar, a ningún sitio. El tren carece de teléfono y las estaciones de los villorrios están cerradas y muchas no tienen ninguna conexión solo las señales de la vía que eso para nada nos vale.

 El tren seguía su marcha,el niño  empujando  la parturienta gritando, el aprendiz de médico temblando, la madre rezando y yo sudando.

 

                                                
 nte aquel  cuadro, y sabiendo que me estorbaría  para ayudar en lo que  pudiera encima de una maleta que había en la rejilla de los equipajes el tricornio. Le entregue el “naranjero” a mi compañero y me dispuse a ayudar en lo  que me mandaran.
 Desalojamos el departamento, y quedamos solo el futuro médico, la madre  y yo, para asistir aquel parto. En esto que llegó una mujer  pidiendo entrar.
¿ Usted entiende algo de esto?-le pregunté, viendo casi solucionado el problema,

  1. Si, algo entiendo. No soy comadrona titulada, pero he nacido en un pueblo, muy pequeño, y yo era la que recogía a todos los niños. Por eso quiero ayudar en lo que  pueda, tengo mucha experiencia en estos casos.

Era verdad.
  La miró el aprendiz de medicina y se le alegró el rostro. había escuchado lo que la mujer  me dijo en la puerta.
 Contaría unos sesenta años de edad, gordezuela, con el pelo negro donde  iban apareciendo algunas canas. Examinó a la parturienta y le dijo a la madre que se dejara de rezos, que aquello venia muy bien.

  1. - Está dilatada y lo va a tener sin complicaciones. Le toco la cabecita. Pero... este cacharro ( se refería al tren) tiene que parar. Cuando nazca el niño que no va a tardar ni diez minutos, se necesita agua caliente, para lavarlo y lavar a la madre, hilo para  atar el cordón umbilical y unas tijeras.
  2. - Por eso no se preocupe señora-le dije- , yo llevo hilo colorado una aguja y una pequeña tijeras.
  3.  Se extrañaron de que un guardia llevara esas cosas mas propias de una mujer que de un  bigotudo guardia civil. También  usted lector se extrañara pero voy a explicarlo con breves palabras.  La Guardia Civil siempre ha sido muy tradicional, y cuando  el duque de Ahumada la creó  no existían las grapadoras. Entonces los atestados instruidos que  constaban de dos folios o mas, se cosían con hilo rojo,  de forma que quedaran encuadernados, y así seguía entonces a pesar de existir las grapadoras. Hoy eso ha  quedado en el recuerdo.
  4. -  Bueno- dijo la  improvisada matrona, hilo y tijeras ya tenemos, pero.. ¿ y agua caliente? Toalla tengo yo para secar al niño y a la madre.
  5.  -Bueno. Nosotros llevamos dos capas, que le pueden servir de abrigo. Lo mismo a el neófito como a la  madre.
  6.  Entonces la  señora madre, se echó a llorar, y nos daba las gracias. Temblorosa y con voz entrecortada.
  7.   Le dije al revisor lo que pasaba, y entonces en hombre accionó el aparato de alarma, la máquina silbó y  a unos cincuenta metros paró.
  8.  Me baje junto al revisor. El maquinista  bajó de la locomotora y con una linterna eléctrica  se dirigió  hacia el vagón donde  nos encontrábamos a la puerta.
  9. ¿ Que ocurre?- preguntó el hombre. El fogonero no bajó pero estaba asomado a la portezuela. Tiznados y con cara de sueño.
  10.  En pocas palabras le contamos lo que  sucedía en el coche de segunda.
  11. -¡ Vaya por Dios! Con el retraso que llevamos. Pero  ¿qué hago yo en esto?
  12.  Coja agua caliente de la máquina, pero que no queme, en el cubo que lleváis para lavaros y refrescaros, nos va hacer mucha falta.
  13. - Pero el cubo está tiznado es viejo y oxidado.
  14. - No importa –dijo el revisor. Hay que salir de esto como sea. Cuando lleguemos a Villarrobledo. Que telefonee el jefe de estación al  centro médico y que vengan a por la madre y el hijo. No puede llegar hasta Madrid en esas condiciones.
  15.  Así se hizo. El maquinista  nos llevó un cubo de agua  caliente, y se retiró a su máquina.
  16. - Cuando haya  pasado todo, avisarme. Ya es imposible llegar a Madrid a la hora. El retraso va   a ser de historia, como de historia va a ser esto.
  17.  Y.…ya todo preparado. La parturienta lanzó un gran grito. Agarrada al respaldo del asiento lo doblo con sus fuerzas. La  “comadrona” hizo muy bien su trabajo. No lo decía por darse importancia, sabia muy bien lo que hacia. Era verdad. No era la primera vez que ayudaba a traer crios al mundo. Cuando salió del claustro materno lo agarró por los pies, y le dio dos  golpecitos en el culito. Entonces  vimos que no era un niño. Era... era.. ¡ Hombre eso. si no era niño  que iba a ser . una preciosa niña, que nos lleno a todos de alegría  y emoción.

 La abuela estaba atónita. Yo  extraje de la cartera, el hilo rojo de los atestados y mis tijeras y se los entregue a la experta  viajera- Cortó  el cordón que unía a su madre, ató con el hilo el apéndice, y lavó a la niña. La secó con su toalla y con mi capa la envolvimos. El liquido   sangre y  placenta, rodaron por todo el vagón hasta que salió por la puerta.

  1. Tira.-dijo el revisor  al maquinista. Y  exhalando un silbido que fue de alegría se puso en marcha. Llevaba mas de  dos horas de retraso.

 La madre y la niña . la acomodamos  debidamente. La capa de mi compañero sirvió para cubrir el cuerpo de la parturienta. Que supimos por su madre que se llamaba   Amparo.
 Al llegar a Villarrobledo, estaban en la estación  el jefe y el Teniente Jefe de la Línea.  Bajé del tren y le di la novedad.

  1. A sus órdenes mi teniente, hemos tenido un parto a bordo de ahí el retraso del tren.
  2.  Me miro, con cara de circunstancias y me  increpó
  3. - Desde cuando se dan las novedades sin el sombrero.
  4.  Era verdad , no lo llevaba puesto. Se me olvidó cogerlo de la rejilla de equipajes , pero no me  corté y le respondí.
  1. Mi teniente. Ante la NATALIDAD HAY QUE QUITARSE EL SOMBRERO-

 

  1. - Muy bien. Habéis hecho un buen servicio. Os felicito.

 De la estación avisaron a una ambulancia, en ella  llegaron un médico y dos enfermeras. Bajamos con sumo cuidado a la  nueva madre. A la recién nacida la  bajó la abuela envuelta en mi capa. La acomodaron en la ambulancia llevándose a las tres. A la nueva madre, a la niña y a su abuela. Pero antes de partir, la madre y abuela, nos  quiso dar  dinero. También al estudiante de medicina y a la  partera sin titulo. Lógicamente todos lo rechazamos. En lo que a nosotros nos tocaba le dije.

  1. Señora, la Guardia Civil no hace mas que cumplir con su deber y si algo  acepta a las personas favorecidas es solo un recuerdo de gratitud.
  2.  La mujer me entregó una tarjeta, con su dirección. No obstante quiso saber mi nombre y se lo  di escrito en un trozo de papel, con las señas del Puesto, advirtiéndole que no se le ocurriera enviarnos ni un céntimo que le seria devuelto en el acto.

Subió a la ambulancia y me dijo. Gracias otra vez. Gracias a todos. Tendréis noticias mías.
 Arranco el tren y en la estación de Socuéllamos se cruzó con el  expreso  procedente de Madrid. Era el nuestro, era el que teníamos que  tomar para el regreso. No paró y  al llegar a Alcázar de San Juan, no  había pareja de relevo. Si el teniente jefe de aquella línea. Le di la novedad. Se fijó que no  llevaba el sombrero.

  1. Las novedades se dan  cubierto  ¿ no lo sabe usted?
  1. Si mi teniente, voy a por el, lo he dejado en la rejilla mientras ayudaba al parto.

 

  1.  El oficial ya estaba enterado de todo.- Ya lo sé  Ante la natalidad hay que quitarse el sombrero- me espectó, sonriente
  1. . Quedé atónito, ¿ Como  lo sabia el? Sencillo, el teniente de Villarrobledo había informado a la línea de Alcázar y a la estación, los motivos del retraso.

 

  1. - Mi teniente, me permite usted que  vaya a por el sombrero.
  1. Me dijo que si. Y me  dirigí al lugar del  compartimiento paritorio. Estaba vacío  y sucio. Sorteando lo que la  nueva mamá había dejado allí. Me asome al portaequipaje. Me quedé de piedra, el tricornio había desaparecido. Lo busqué por  todos los  compartimientos, molestando a veces a los viajeros. No lo encontré. Se lo dije al teniente . pues ya sabe lo que vale, al llegar a Madrid se compra  uno nuevo. Me dijo.

 

  1. ¿ A Madrid?
  1. - Si, a Madrid. Tienen que continuar con la escolta, no hay relevo, porque los guardias que tenían que relevarlos aquí  han tenido que continuar  el servicio hasta Valencia. No  se puede dejar un tren de esta clase sin escolta.

 

 Lo comprendí en Alcázar  era el punto de relevo, pero al  no llegar a la hora el tren nuestro, el  de Madrid no  pudo esperar y  siguió su marcha. A Valencia. Los de Madrid  tenían que haber bajado en la estación de Alcázar y  tomar nosotros ese tren de regreso. Lo mismo que ellos el nuestro. Todo  fue por ¿culpa?  de la  embarazada que se le antojó dar a luz en una noche tormentosa, pero  aquel servicio es uno de los que mas me ha  llenado de satisfacción.
 Llegamos a Madrid-Atocha.  Al filo de la madrugada. Desayunamos en el bar , y  por orden especifica, transmitida por teléfono al jefe de estación, regresamos a Valencia en un  regional vía Cuenca.

                                                  

  penas comimos aquel día, excepto el desayuno cuando arribamos a la estación de Valencia a las  seis de la tarde. Le di la novedad al Comandante e Puesto. Estaba enterado de todo, se lo habían comunicado telefónicamente de la Comandancia. Como no llevaba el  tricornio, me dijo  con el semblante alegre. “Ante la Natalidad hay que quitarse el sombrero. Corre al hospital militar,  y no te pongas el sombrero, que  te aguarda  otra natalidad. Tu mujer acaba de dar a luz un niño. Me lo han comunicado del Centro hace menos de una hora.
Me lo temía. Mi sargento no me paro, hay dejo la papeleta.
 ¡Corre y coge un taxi, no esperes  al tranvía. entre todos lo abonaremos.

 Llegue. El portero  me  dejó el paso libre. Busque  la sala, y allí estaba mi mujer con mi hijo a su lado. Allí junto a ella estaba Felicidad.  Besé a mi mujer, y las lágrimas se unieron en nuestras caras. Felicidad también lloraba de alegría. Al rato llegó una enfermera, llevaba un biberón en las manos.

  1. Para el niño. Es precioso ¿ Es usted el padre?
  2. - ¡Creo que si!

 -Tonito-exclamó mi mujer. Vaya pinta que traes. ¿ Ahora regresas del servicio?

  1. ¡! Mira que niño mas bonito te he dado!
  2.  - ¿ Has sufrido mucho?
  3. Un poco. Pero  todo ha ido muy bien

La  bese de nuevo en los labios, y luego a nuestro hijo que se despertó-
 Felicidad se despidió, tenia que marcharse , quiso  prepararme  el bocadillo para el próximo servicio. No me lo nombro el sargento,  justifico con dos servicios  mecánico que no presté. Me dijo por teléfono.
 No vengas al puesto y quédate con tu mujer y tu  hijo, ya  te  justificare como pueda. El teniente ya lo sabe, y está de acuerdo conmigo. El servicio de armas  lo prestaré yo por ti, y otro el cabo. Ya  lo desquitaras.

¡ Que alegría, que felicidad me entró en el alma! Dos días sin servicio, dos días junto a mi mujer.  Las enfermeras eran muy buenas y  me dejaban estar junto a ella, en la sala. Solo me  iba cuando  llegaba la visita del médico, y por las noches. No podía estar allí porque  era sala de mujeres, como se  comprenderá. Pero  nada mas llegar la hora de poder entrar allí estaba como un clavo, al lado de mi mujer y mi niño.
 Y..ella que  feliz era con los dos  a su vera. Al segundo día se levantó y sentada ella en un  sillón y yo en una silla, pasamos  todo el día. La comida se la llevaban a ella, a mi no, pero no me importaba. Ya al atardecer, cuando estaba a punto de finalizar la estancia  a los familiares. Una  enfermera me llevó un bocadillo de jamón. Sabia por mi mujer que no había comido en  todo el día. Me afeite y me duche en  la sala de los suboficiales, que disponía de ducha. Le pedí prestada la brocha el jabón y la maquinilla a un  sargento del ejercito que estaba ingresado por un accidente. El hombre me lo proporcionó con agrado, cuando le dije  en las circunstancia que me encontraba.
 Ya limpio afeitado y aseado parecía otra persona. Felicidad que iba  todos los días a visitar a mi mujer, me llevó ropa limpia de paisano y aquello me confortó , era otro hombre, . La maternidad  me hizo ser mas hombre, mas humano y a la vez mas  tierno. Nunca he sido demasiado duro, pero  aquellos dos partos me transformaron

 Le conté a mi mujer, las peripecias del servicio. Aquella natalidad que se nos presentó  en el tren. Le conté  como había perdido el tricornio, y le dije también como había  prestado mi capa, esta esperaba recuperarla ya que  la buena  mujer se encargaría de entregarla en el cuartel de Villarrobledo, y en otra escolta  me la  entregarían.
 No se lo creía. Pensaba que eran fantasías mías, para compensar la alegría que sentíamos los dos con  nuestro hijo, pero se lo juré ante el crucifijo que estaba en la pared y entonces se lo creyó. Me sonreía feliz, y yo le cogía sus manos, mirábamos al niño de vez en cuando y le hacíamos carantoñas. Cuanta felicidad, sin dinero. ¿ Para que?. Teníamos el tesoro mas grande de la tierra un hijo.

 En la cama contigua a la de mi mujer se hallaba la mujer de un sargento legionario. Habían venido con permiso desde Melilla expresamente a dar a luz en aquel hospital. Ella era valenciana, el  nadie sabia de donde, pues nunca lo dijo, pero no era español, yo intuía que era  francés aunque hablaba correctamente el español , tenia acento  extranjero. Nos saludamos y nos dimos la enhorabuena. Aquel hombre  quizás fuese un  militar recto, duro sin   inmisericorde para los legionarios, pero ante   la natalidad era mas tierno que un cordero. Besaba a su mujer con la misma pasión que yo y a su hijita. El día que se me  acabó la gracia de permanecer junto a mi mujer me estrechó la mano y me dijo.
  Un amigo. Soy  Jean  ( el apellido no me lo  revelo), sargento del Tercio Gran Capitán primero de la Legión en Melilla,  ; allí encontraras  no solo a un amigo, también a un caballero legionario, que es como si fueras un hermano de la gran familia legionaria.
 Yo le di las gracias y le brinde mi casa.
 En su fantasía legionaria me  contó muchas cosas, unas verdad y otras quizá no, pero terminó con estas palabras.
 Puede que algún día, ¡ quien sabe! Nos volvamos a encontrar en una boda, y mirando a los dos niños terminó. Podemos ser consuegros, estos dos niños pueden ser marido y mujer, quien sabe. Otras cosas mas difíciles he visto.
 Nos despedimos, y hasta  ahora. ¡Nunca mas  he vuelto a saber de el.!

 También mi mujer se hizo amiga de la  “legionaria” y se contaron sus vidas. Le reveló a mi mujer  que en  un desfile  que  se celebró  con motivo del 18 de julio conoció a su marido. A la terminación de la parada militar , los suboficiales  tuvieron un refresco en el  bar donde ella trabajaba de camarera. El  llevaba puestas  sus medallas y era muy guapo, ella  se enamoró como una colegiala, entonces se acercó a el  que estaba en una mesa con otros legionarios llevaba una jarra de cerveza para otra mesa pero imprudente le  dijo.
¿Quiere usted mas cerveza.?. Todos se extrañaron de que  se dirigiera al sargento, porque en la sala había otros mas elegantes y guapos que él y con mas graduación. Pero  - agregó la legionaria- seria un flechazo, no se que paso por mi cuerpo, no se que cosa me entró en mi alma  que no me despegaba de su lado. Me riño el jefe- Venga Carmen que  hay mas hombres a los que servir, pero yo no hice caso. Entonces  viendo  que no cumplía con mi deber, me despidió allí mismo. Yo desperté de mi  letargo, aquel hombre me había embrujado, me eche a llorar cuando el  dueño me dijo que me pasara por  su despacho soltara el delantal y me buscara otro empleo. El se percató y se encaró con el jefe. Este le  insultó, y estuvieron a punto de llegar a las manos, No llegaron a mas porque  un subteniente  hizo valer su autoridad, .  Mi jefe quiso llamar a la policía, pero entonces  le dijo   mi marido. No hace falta,  quédese con su  dinero y busca a quien mas le convenga desgraciado. Tu(dirigiéndose a mi),  vente conmigo, nos casamos y nos vamos a Melilla, o mejor nos casamos  allí.
 La verdad que mi vida no había sido muy buena, tuve que abandonar mi casa y buscarme la vida en los sitios mas bajos de Valencia, porque el hambre  que tenia era mucha. Mi padre fue, siempre un borrachín, mis hermanos  se fueron de casa, y mi madre  harta de pasar calamidades y de aguantar palizas se amancebó con un  maestro de obras. Yo no quise aguantar mas, porque  cuando se amancebó solo vivía para   su nuevo “amor” desentendiéndose de mi., muchos días no comía,  tuve que ejercer la mendicidad para poder  llevarme un trozo de pan a la boca.
 Trabajé de sirvienta, de camarera en los bares mas  repugnantes del barrio  chino, hasta que encontré   uno  mejor, donde los militares se reunían nadie sabe para qué. Y allí ocurrió lo de  te he contado. Me marché con el a Melilla, y sin conocerlo  de nada me  uní a él. Buscamos una casa de alquiler y nos casamos, quede embarazada,  yo quería que lo que diera a luz fuese de mi  tierra, porque Melilla me resultaba extraña, como si no fuese  tierra española, y en realidad no lo es . Aprendí a coser y bordar y hacer punto y ganchillo .Entre las vecinas  me hice muy amiga de Victoria, que era mujer de un cabo negro, ella es mulata y me enseñó todas las cosas que se.
 Y eso es mi vida. Mi marido pidió licencia para venir a Valencia,   sabíamos que el parto nos cogería aquí, y como mujer de militar no tuve inconvenientes para  parir en este hospital, y esa es mi vida.

 Mi mujer le tomó cariño y a los tres días  se marcharon las dos del hospital,  . Apuntaron sus señas, y se escribieron algunas cartas, pero el tiempo inexorable  fue borrando poco a poco aquel la amistad, de dolor y alegría. Dolor del parto y alegría por ser madres,.

                                           *   *   *
 Después de aquella escolta de tren, llegaron mas, pero ya sin novedades, los trenes llegaban regularmente y regresábamos a la hora prevenida, mas o menos minutos de demora.
 De casa de Felicidad nos trasladamos a otra vivienda, ya un piso para nosotros solos, pequeñito pero  acogedor. El traslado a Badajoz se preveía  pronto.

 Aquel día estaba yo de puertas, y el guardia Cañizares de  oficio y cuartel, este servicio era para llevar y traer  la correspondencia oficial a la administración de correos, pero también  el encargado nos  daba las cartas particulares que   en la dirección figurara Cuartel de la Guardia Civil.

 Entre la mucha correspondencia que llegaba a diario , llegó aquel día una carta para mi. Me extrañé porque  el correo particular lo enviaban a mi domicilio , o sea a mi casa. Miré el matasello y era de Madrid. No caí al pronto, pero luego  se me vino a la memoria el parto acaecido la noche tormentosa de escolta en el expreso de Madrid. Y precipitado  rasgue el sobre. ¡ Que sorpresa! El sobre contenía un folio escrito con diminuta letra femenina, y al suelo se cayó una fotografía ( en aquella época en blanco y negro) ; me agache y la cogí,  ¿ Que emoción mas grande sentí. Una  alegría y a la vez una  no se como explicarlo recorrió mi cuerpo de pies a cabeza, porque   en aquella cartulina, oliendo a laboratorio fotográfico de reciente creación  estaba la  niña del tren en brazos de su madre.¡ Que linda era la criatura! ¡ Y que guapa la madre!. La niña  se le adivinaba unos  9 meses, exactamente el tiempo que había transcurrido  la noche que perdí el tricornio. Era rubia de ojos claros y manitas gordezuelas, era un querubín de los que pintaba Velásquez, con su vestidito rosa  y sus zapatitos blancos, la boquita no se le apreciaba  al estar oculta por el chupete  con el que la engañaban. En cuanto a la madre, no la conocía. ¡ Que diferente a la noche del parto! Se adivinaba rubia esbelta,  muy elegante, tenia en brazos a su hija y le sonreía.  Estaba sentada en una silla, y al lado una mesa, y encima de la mesa  como si fuese una maceta  o un florero se hallaba mi tricornio   como fiel testigo de un gran servicio humanitario. Me emocione tanto que  se me quebró la voz cuando llame a Cañizares para  enseñarle la carta  y el retrato.
 Quedó Cañizares petrificado. – No esperaba esto- dijo ya lo tenia casi olvidado.Era natural  habíamos  hecho tantos servicios que aquel quedó  en tiempo pasado como muchos.

 La carta decía así

Madrid 27 de  Marzo de 1966.
 Queridos guardias civiles. No se como daros las gracias por la gran ayuda que me prestaron en el alumbramiento de mi hija. Se que también hubo otras personas: que me ayudaron mucho, como el estudiante de médico y sobretodo la señora que recogió a mi hija, pero quisiera dar las gracias a todos los viajeros del tren, y al revisor al maquinista y al fogonero, que pararon el tren y  facilitaron todo lo que pudieron en estos casos.
 Me dirijo a vosotros guardias civiles, especialmente al jefe de servicio porque según mi madre, fue el que  primero acudió al  compartimiento donde me encontraba aquejada de fuertes dolores. Fue una imprudencia  emprender ese viaje, pero no había otro remedio. Es una historia muy larga  que no puedo revelar. Se que fue usted quien  buscó por todo el tren a un médico, quien  dio la voz de alarma, quien desalojó a los viajeros  de mi estancia y los  situó en otro  sitio, se que ayudó todo lo que pudo, animándome, colaborando en lo que le  decía el médico y “la comadrona”. Su capa  fueron los primeros pañales de mi hija, a pesar del burdo paño¿ Quien llevaba ropita para un bebé? Nadie, ni yo porque no esperaba tan gran acontecimiento. Estaría equivocada, y creía llegar a Madrid antes, no lo quiso Dios, pero allí estaba la guardia civil. Su hilo rojo  fue providencial para  que mi hija no se desangrara, su colaboración fue importantísima.
Yo le doy las gracias mas sublimes, y en nombre de mi hija que no puede hablar, también. Cuando sea mayor  yo le contaré todo.
 Mi madre también le está profundamente agradecida. ¡Perdónale! Porque fue ella y no otra la que le “robó” el tricornio, y lo hizo para recuerdo sublime del alumbramiento de su  primer nieta. Yo quiero abonarle la prenda de cabeza, pero esta que tengo aquí jamás la soltaré, es el  testimonio de la labor encomiable de unos hombres, que no solo están para mantener el orden y la paz. Sino también para  prestar su desinteresado en  labores tan humanitarias y cristianas como ayudar en los  lugares mas  inverosímiles a traer hijos al mundo.
 Ahora me es imposible  viajar a mi ciudad para darle las gracias, algún día  está seguro que lo haré.
 Circunstancias  de la vida me hacen permanecer en la sombras, en el anonimato. 
 En mi mundo, en mi sociedad, egoísta e hipócrita no se perdona un desliz en la mujer. De ahí huir de mi mundo de mi tierra.
 A  mi hija la hemos bautizado , y atendiendo a la colaboración  especial y principal de ustedes le hemos puesto por nombre Pilar, yo quise  ponerle Benemérita, pero no pudo ser, primero porque  ese  bello nombre no existe en el santoral católico, y segundo porque mi madre no lo veía bien. Perdónela otra vez, ella es  buena pero autoritaria, y de una sociedad equivocada
 Nada mas, deseando conocerlos pronto. Se despide de vosotros una madre desdichada.  A.Ll.G.
Si me escriben  esta es la dirección C/ Alcalá nº 238 Madrid.

 Le entregué la carta a mi compañero. Yo quiero una copia de ella y de la foto-me dijo.
 Vale, la tendrás. Fuimos a un laboratorio fotográfico, y  el fotógrafo nos hizo una copia exactamente igual , luego la carta se la copie a máquina y se la entregue, , La dobló cuidadosamente y junto a la foto la guardó en su cartera. Este  será un testimonio de lo que es la guardia civil- dijo-
 La foto original y la carta, la conservé hasta no hace mucho, con los avatares de traslados y la limpieza y otras vicisitudes de la vida, se me han extraviado, pero  aquel  sublime servicio quedó en mi  memoria hasta  el fin de mis días.

 

EPILOGO                         

                             

asaron  los  años y me llegó el traslado a Badajoz, un pueblo de la provincia fue  el nuevo destino. Dos hijos  traíamos de Valencia, y unos cuantos muebles que compramos a plazo en  una casa  que se fiaba de nosotros.  Facturados  en ferrocarril  nos tardaron diez días en llegar,  como carecíamos de todo, mi mujer y mis hijos se fueron a casa de  su padre. Yo me quedé en el puesto durmiendo como podía, casi siempre en  la cama del de puertas, y el de puertas se  acostaba en su casa. Pero esa es otra historia que ya no viene a cuento.

 Como mis  padres y hermanos marcharon a la capital del Turia, yo no dejaba de visitarlos al menos una vez al año. Los primeros años,  iba al cuartel y saludaba a mis compañeros, los que quedaban porque muchos eran nuevos y los viejos se marchaban  hoy uno y mañana otro a sus respectivas provincias, Albacete y Cuenca  predominantemente, pero también los hubo de Guadalajara y Teruel.
 El punto de reunión era el bar de la Comandancia, como es natural y entre copa y copa de vino o cerveza evocábamos  los tiempos pasados.  Toda la Comandancia  sabia lo del tricornio, por lo que  los que me conocían al saludarme  me recordaban la  anécdota del sombrero. “Mi teniente ante la natalidad hay que quitarse el sombrero”

   año tras año. Viajaba  a Valencia, pero ya  eran otros tiempo Todo se  transformó, el cuartel lo derribaron para levantar  las dependencias de la zona, el tercio y el destacamento de trafico. Los guardias  eran  nuevos, con otras mentalidades y otro uniforme, el sombrero prácticamente había desaparecido, dando paso a la teresiana, como los oficiales legionarios.  Los que no estaban jubilados , se marcharon para siempre a la eterna morada. Mi sargento ascendió hasta capitán y fue trasladado a Gerona, eso me contaron los nuevos guardias hasta que al siguiente año....
 Estando en  el bar de la Comandancia, tomándome una cerveza sin alcohol, completamente calvo, la cara arrugada y con 71 años a mi espalda, se me acercó uno de los que estaban sentado en  una de las mesas. Era mayor que yo. Me tocó la espalda y  dijo.
 “Mi teniente ante la maternidad hay que quitarse el sombrero”
 
me quede mirándolo fijamente, y  ¡ Que alegría! Era mi comandante de Puesto, el sargento  que me nombraba las escoltas.

  1. “ ¡Mi sargento, cuanto me alegro verle!

 Al lado  nuestro estaba un teniente joven y me  increpo. “ Mi sargento no, mi capitán. Porque está usted hablando con un capitán de la Guardia civil, aunque esté retirado.

  1. Iba a pedir perdón, pero  el  capitán  le dijo amablemente.
  2.  Para usted teniente soy capitán, para este guardia soy su sargento. Vamos siéntate hablaremos.

Tome asiento en la mesa donde  estaba  con el teniente. Este ( el teniente) pidió disculpas a mi sargento, y pidió permiso para retirarse ( así era la disciplina del Cuerpo) Una vez solo, me invitó a lo que quisiera tomar. Una cerveza sin alcohol mi capitán-dije.
 Me miró severo y rectificó.

  1. Para ti  sargento, y tu para mi  el guardia que ante la natalidad hay que quitarse el sombrero, estamos.
  2.  Si mi sargento.
  3. Si quieres puedes tutearme. Ya ninguno de los dos llevamos el uniforme.

 Y recordamos los tiempos, en que llegue asustado al puesto, sin vivienda, y con una mujer recién casada. Casas había muerto, Cañizares se marchó a su tierra y nada  mas supo de el. El cabo también falleció, y los guardias se habían ido con sus hijos a sus pueblos o al destino que tenían, otros habían muerto.
 En esto que llegó un viejo, asmático, con la cara  marcada por las huellas del alcohol. Se acercó a nosotros.

  1. Que hay capitán-saludó- Mira francés aquí te presento a un  antiguo guardia civil, de mis tiempos de sargento. Quise conocer al recién llegado,  Mira “pierde sombrero”-dijo  con chanza. Un teniente legionario, buena persona pero muy borracho. Aquí nos juntamos todas las mediodias a tomarnos la ración.
  2.  Al estrecharle la mano. Se me quedó mirando.
  3.  ¡Tu!
  4. ¿Y0!- Era el sargento que se casó con la  camarera valenciana, y que  dio a luz en el hospital militar junto a mi mujer.
  5.  Nos abrazamos, y me contó que su mujer había muerto, victima del maldito cáncer. Que se retiró de la legión  de teniente. Que su hija, aquella que nació cuando mi niño, lo había abandonado y para que decir mas.
  6.  Lo comprendí- Mi sargento me guiño un ojo.
  7.  Allí en la calle,  X se encontraba ejerciendo el  oficio mas antiguo del mundo.
  8.  Y yo –concluyó-me tire al vicio de la beba, y aquí me tienes. Aquí solo bebo unas copitas, porque sino los civiles no me dejan entrar, pero  todos los días vengo a echar un trago con mi amigo, el capitán de los picoletos
  9. Tengo que marcharme-dije-
  10. Bueno, como quieras-pero  ven mañana , aquí te esperamos.
  11. - No lo se mi sargento.  He venido a visitar a la familia. No tengo mucho tiempo. Pasado mañana me voy en tren para Badajoz.
  12. - Bueno, pues entonces toma.
  13.  Abrió la cartera y me entregó 125 Euros.

 -¿
¿ De que ese dinero mi sargento?

  1. Se que no vendrás mañana al bar, y seguramente ya no nos veremos mas. Somos viejos y achacosos y estamos muy distantes, pero escucha.
  2.  Tres años después de marcharte se presentó, en el puesto una guapa mujer; llevaba una niña  muy linda, rubia como ella, la niña  dijo que se llamaba Pilar, y ella Amparo. Preguntó por el guardia que la noche  de  Santiago, prestaba servicio en el tren de Valencia a Madrid. Y entonces  supe quien era.
  3. ¿ Usted es la señora que  se le antojó traer a la niña en el tren?
  4. - Si, señora no  madre soltera para siempre.  Vengo a conocer y saludar, y darle mil gracias a la pareja de aquella noche.
  5. - Pues lo siento señorita-le dije- Esa pareja no se encuentra ya aquí. El que hacia de jefe marchó hace tiempo a Badajoz, y el otro a Jaén, de donde son oriundos.
  6. - ¡ Que pena!. Están muy lejos de Valencia, pero a lo mejor voy algún día, sobretodo a Badajoz. ¿ Me da su dirección?
  7. -No señorita-le dije-Lo primero que no la se, porque está en un pueblo, perdido, y lo segundo que  no puedo, es secreto profesional.
  8. ¡ Ya! Pues  envíele este dinero  si puede, es el precio del sombrero, ya lo he preguntado en efectos militares el importe, y es ese.
  9.  Y dígale que el suyo, aun sudado lo conservaremos hasta  que Dios quiera. Pasara de mi a mi hija, y ella que haga lo que mejor le convenga.
  10.  Así que este dinero es tuyo. PORQUE ANTE LA NATALIDAD HAY QUE PERDER EL SOMBRERO
  11.  No Mi sargento, perderlo no ; HAY QUE QUITARSE EL SOMBRERO.

  Nunca mas lo vi. Ni tampoco a Pilar ni a Amparo ¿ Donde andarán? Que yo sepa nunca  se desplazaron a Badajoz.

                              
       F   I  N                                     

 

Esta narración corta nos la ha enviado el Sr, Hormigo. .27-07-10

LA SINGER

  (relato corto, por Juan Hormigo Bautista)

  Me contaron una vez, que por el año 1920 vivía en  mi pueblo una huérfana de padre y madre. Como la ciencia médica no estaba lo adelantada que hoy, los padres  fallecieron de una  enfermedad tan simple como la apendicitis el padre, llamado por entonces cólico miserere y de  un catarro  complicado con anemia la madre.

 La muchacha contaba 17 años cuando quedó completamente huérfana y vivía en una casita muy modesta cerca de las primeras estribaciones de la sierra San Jorge. Era morena, mas bien bajita, de cara redondita, algo chatilla, con los senos muy exuberantes, gordezuela, y un lunar en el carrillo derecho que le deba cierta gracia. Su léxico y “deje” era gracioso, pero jamás soltaba tacos ni palabras malsonantes,  ni siquiera  la palabra coño tan  usual en el pueblo se le oyó nunca. Vestía de  luto ¡como no! De  pies  a cabeza, y  llevaba por nombre Misericordias, puesto en honor del patrón del pueblo el Santísimo Cristo de las Misericordias. .

 Era hacendosa y limpia. Vivía de la sierra, es decir de lo que se criaba en el monte. Espárragos, tagarninas,  alcachofas, anís, madroños,  flor del espino blanco  y otras hierbas comestibles y medicinales que se criaban por aquellas laderas y picachos.  Las vendía en la plaza y algunas hierba como  yerba luisa, hinojos  raíz de lazollas, flor del espino blanco y otras  de cualidades curativas se las compraba una de las tres  “boticas” del pueblo. Y de ahí  podía  hacer una comida diaria y   de cuando en cuando una fugaz cena con las hierbas que no vendía.

   Sabia  algo de costura, la que su madre le enseñó. En aquellos tiempos no existía la confección y la ropa se la hacían en casa, puntada a puntada con aguja , tijera y dedal
 Cuando regresaba del monte, y preparaba la venta, arreglaba la casucha, que no tenia mucho que esmerarse pues los suelos eran de tierra apisonada, dos  míseras habitaciones, con su camastro, la cocina comedor ..¡bueno..! lo de comedor es un decir. Con una mesa baja  rustica y hecha por un aprendiz de carpintero, cuatro sillas de anea desvencijadas  cuatro platos de  barro cocido desportillados, una olla, una sartén y una calabaza para el aceite. Se alumbraba con un candil  de hierro suministrado por  aceite, y las  rajas de las puertas de las ventanas las taponaba con papel de periódicos viejos que le daban para que no penetrase ni el aire ni el sol ni  miradas de  curiosos.  Y así vivía la pobre Misericordias.

 Existía en el pueblo, un sastre bastante mayor que ella., soltero, que  cosía bastante bien, pero solo, sin oficialas ni aprendizas ni ayudantas. El  cortaba, media cosía y planchaba. Eso si, poseía una vieja máquina  de coser marca SINGER, que la daba muy buen resultado. El hombre era un pedazo de pan, algo afeminado en sus gestos y andares, que no quiere decir que no fuera hombre, pero esto ya  era suficiente para que en el pueblo dijeran que era  m... o sarasa.
 A veces  le llevaban mucha faena, otras pocas, porque no estaba solo  en su oficio, existían tres o cuatro talleres mas, en el pueblo que lo  regentaban mujeres, y  , las mujeres  se entienden muy bien  entre ellas.

 Se llamaba Modesto, y cuando  el trabajo escaseaba o los domingos no tenia ganas de coser, se iba a la sierra a contemplar la naturaleza, a respirar aire puro y a  coger algunas hierbas comestibles como las tagarninas que mucho le gustaban. Huelga decir que vivía solo, ya que  sus padres fallecieron por edad, y una hermana que tenia  vivía en el vecino pueblo de Villafranca y nada quería saber de él, o al menos no se preocupaba. La casa  donde vivía si la comparamos con la e Misericordias, era un autentico palacio, y el  la llevaba, muy limpia. Constaba de tres habitaciones, una para  el  obrador, otra para dormitorio y otra para  las visitas. Los muebles eran sencillos, pero nuevos y muy cuidados, sillas  con asiento de cuero y respaldo del mismo material, contaba una docena. Mesa alargada con patas  torneadas, perchas,  y alguna revista y periódicos atrasados encima de la mesa para los clientes, por entonces  la revista Blanco y Negro y el diario ABC, eran los reyes de la prensa nacional, y estos  estaban presente en casa de Modesto., y lo mejor es que  poseía luz eléctrica, recientemente instalada del transformador comarcal de Villafranca de los Barros, llevada en una línea trifásica de alta tensión Vestía con elegancia  un traje a negro a rayas finísimas blancas y corbata. En casa  se quitaba la corbata y chaqueta y trabajaba en camisa, muy blanca pero con pantalón  negro a rayas y zapatos. Cocinaba muy bien en una cocina  modesta pero limpia y con suficientes vasijas para un hombre solo.

 Cuando iba a la sierra, el atuendo era mas rústico, pantalón de pana, camisa de dril caqui, botas  bastas, y un sombrero negro de fieltro. En la mano una vara, de olivo, la navaja en el bolsillo y un saco para los espárragos y tagarninas.

 Y..…aquel domingo se tropezó con Misericordias en plena sierra. Esta  llevaba el saco lleno hasta los bordes de la hierba que tanto  apreciaba Modesto. Es decir tagarninas, y el pobre, apenas llevaba una y lacia. No es que no hubiera, pero como era hombre de pueblo y no de campo, no las veía, además  marchaba siguiendo el rastro de otros que ya las habían  cogido entre ellas la huérfana.

 Se saludaron con un buenos días, y Modesto le dijo.

-¿ Como se te da tan bien  a ti las tagarninas y yo no las veo? 

  1. Pues será costumbre o  suerte. O a lo mejor el Cristo  como sabe que soy tan pobre, me las guarda a mi.

 

  1. Bueno eso es verdad, lo de pobre digo, pero  podías buscarte otra cosa. No está bien que una moza  guapa como tú y con esa edad vaya sola por  la sierra, ya sabes que hay muchos desaprensivos, que andan a la caza de... ya me entiendes ¿o no?.
  1. Si, si lo entiendo. Pero Misericordias, lleva esto para el que se meta con ella.- y le mostró una navaja cabritera con la que cortaba las hierbas .

 

  1. Aun así si te  asaltan unos cuantos fuertes, ¿ que tienes tu que hacer  débil mujer.?
  1. -Inténtelo usted.

 

  1. - ¡Yoo! Dios me libre. No soy esa clase de personas.
  1.  Misericordia sabia la fama que se le  daba en el pueblo, pero no dijo nada a esto y, cambió de conversación.

 

  1. - Mire  como usted no lleva  nada en el morral, y yo lo llevo a rebosar le voy a dar unas cuantas, porque he oído decir que le gustan mucho con huevo y que sabe  cocinarlas muy bien
  1.  

 

  1.  ¡ Muchas gracias Misericordias1 ¿ quien te ha dicho eso de que me gustan mucho?
  2. -   Buaah...! En los pueblos todo se sabe. ,también dicen que usted cose muy bien a la máquina—y suspirando agregó-, si yo supiera coser a la máquina y poseer una, seria como usted,  bueno yo una señorita, usted es,,, bueno como diría yo.

- Eso, dilo no me importa . Eso que dice la gente, dilo, dilo no me asusto. No lo soy, pero  así son los pueblos, por mi oficio y mis modales  amanerados lo se, dicen que soy un sarasa.

 Misericordias no pretendía decir eso. Se le puso la cara roja y pudo balbucir.

  1. Yo no he pensado nada de eso señor, quiero decir que seria una buena costurera como es usted sastre, Si le he ofendido perdóneme.

 

 Entonces Modesto que  no solo le doblaba la edad sino que se la triplicaba, le cogió la mano.  sintió como la tenia encallecida, las uñas rotas y gastadas y con voz aun mas  afeminada de la habitual le dijo.

  1. Misericordias, se que  está en lo ultimo de la pobreza. Yo también soy pobre pero me defiendo. Te propongo que dejes esta vida  que no te beneficia nada. No te digo mas, solo que  si quieres te enseño a coser, la “singer” está a tu disposición. Podemos formar una sociedad, y pondremos en la puerta de mi casa. Sastrería M & M.  Misericordias y Modesto, y verás como  tenemos  faena.
  1.  
  2.  Si, pero...¿ que dirán de mi. La niña de la sierra, se ha arrebujado con  Modesto el...

 

  1. Si, hija completa la frase Modesto el maricón. Déjalo, mientras  nosotros  vivamos bien, que digan lo que quieran. Bueno puedo ser hasta tu abuelo,  y además sarasa ¿ que van a decir?. Anda  acepta vente de aprendiza conmigo, ya verás como te alegras.

 Se quedó Misericordias confusa y pensativa. Pero enseguida reaccionó y dijo.

  1. Bueno,  si ,acepto Pero a dormir a mi casa.

 -Vale.

  Misericordias, empezó a trabajar con Modesto en la costura. Le enseño lo que sabia, y a manejar la máquina.
 Misericordias, sabia algo como sabemos, y con pocas lecciones aprendió  rápidamente  a cortar y   se perfeccionó en la aguja. La maquina era su delio, le daba al pedal con gracia; adelantaba en el trabajo y en pocos meses se hizo una sastra de las buenas del pueblo.

  Cuando se   encontraba a alguien, mujeres de su  barrio, empezó a decir que ella sabia coser muy bien con la SINGER, que si tenían que  confeccionar algún traje, lo mismo de señora como de caballero, podían llevarla a la sastrería M&M, que ella con la Singer se lo  hacia en pocos días. Total que  como los pueblos son de esa manera, tanto nombró la marca alemana de la máquina de coser, que le  pusieron de mote ...LA SINGER

 Y la  Singer,  regaló mas que vendió su casucha, y se fue a vivir con Modesto.
  Ella lo intuía,¡  Fueron la comidilla del pueblo mucho tiempo. La Singer, estaba en boca de  comadres en las puertas. La Singer, estaba en las barberías, en los comercios, en las fuentes donde  iban las mujeres a por agua con los cántaros,  , en el paseo y hasta en las negras fraguas. La Singer se hizo popular, pero la Singer y Modesto, le quitaron mucha clientela a las demás sastras y modistas, porque cosían bien y rápidos,

 Y un  domingo en la iglesia, todas las beatas y no beatas, miraron hacia atrás cuando el cura en el púlpito  sermoneaba. Había entrado la Singer y el sarasa  con el que estaba  liada la Singer. en la iglesia. Se arrodillaron y rezaron al Cristo de las Misericordias. Cuando el sacerdote finalizó la misa, y la iglesia se quedó vacía. La Singer y Modesto fueron a la sacristía, pidieron permiso, y el cura   joven y comprensible les  concedió la  audiencia.

Padre—empezó diciendo Modesto. –Misericordias y yo, queremos la bendición. Queremos casarnos ahora mismo.

 El cura los miró con cara de circunstancias y Modesto asintió. Misericordias se tapó la cara con la mano a pesar del velo.

--Bueno hijos.  Los caminos de Dios son inescrutables. El solo sabe los motivos. Yo os caso ahora. Esperad un momento, mientras busco el libro de   bodas.

 Se alegraron los dos. Mucho. Y mientras el sacerdote  buscaba lo que  precisaba. Ella le dijo.

  1. ¿ Que nombre le vamos a poner?

 -  El que tu quieras, pero si es niña Misericordias, en honor a  ese que tenemos enfrente—se referia al crucificado del altar. Y si es niño...
- Modesto como tu-atajó ella.

  1. ¡No! ,si es niño  Cristo, también como Él, y así nos protegerá de malos entendidos.

- Como tu quieras mi amor.

 El cura, sonriente. los casó. Solos sin  acompañamiento. Sin flores, pero   para que fuese mas alegre la ceremonia, mandó al sacristán que sabia tocar el órgano, que  hiciera sonar el aleluya.

  1. Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre. Ya sois marido y mujer. Las monedas  os las podéis  quedar , es mi regalo.-  ,les dijo el cura, que al no llevar las arras le prestó trece  perras chicas con la efigie de Alfonso XIII.

 

  1. ¡Ah, y en cuanto nazca el niño, me dais cuenta. Quiero bendecidlo, luego bautizarlo.!

 

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 La Singer dio a luz no uno sino dos,  a Misericordias y a Cristo.
 O a Cristo y Misericordias. Allí en aquella casa  estaba el patrón de la Fuente. en un cuadro pintado por un pintor local, pero también estaba el Cristo de las Misericordias, en los hijos de la Singer y Modesto.

  Vivieron algunos años felices, hasta que Modesto murió por vejez. Y Misericordias  con sus hijos  que los enseñó el oficio pusieron  a la sastrería  LA SINGER, en el rotulo   de la puerta, pintada  había una máquina de coser de la referida marca.

  Misericordias también falleció. Es ley de vida. Los hijos se casaron y se marcharon del pueblo.  Cristo a la vecina ciudad de Almendralejo, que prometía mas  ingresos,
 .Misericordias a la vecina Zafra. Pero  la Singer y  Modesto, vivieron en  la mente de los vecinos hasta hace poco.
 El Cristo de las Misericordias, nunca abandonará el pueblo y en lo alto de su camarín extiende sus brazos  clavados en la cruz, amparando  no solo a los que se llaman Cristo y Misericordias, sino a todo los vecinos de dentro y fuera que lo veneran, sea cualquiera que sea la denominación, porque Cristo solo  fue uno, el que crucificaron por  querer que todos los hombres y mujeres, se amaran como hermanos. O como  se amaron Modesto y Misericordias, porque el amor verdadero no tiene edad, ni entiende de posición   razas, religión ni ideologías..

                                                    F  I  N

                                                                                                       Juan Hormigo Bautista

 

Esta narración corta nos la ha enviado el Sr, Hormigo. .20-06-10

EL  HUSAR

Un relato de amor y ternura. Por Juan J. Hormigo.

Era  un pueblo muy pequeño, rodeado de montañas por los tres puntos cardinales, y digo por los tres, porque por el sur, que completa los cuatro, era una planicie de tierras  de sembradura, pero que no se sembraban, porque su propietario era un señor de la ciudad, un marqués o conde, es igual, lo cierto es que todo era suyo.

 Los pocos vecinos  de aquella aldea  se dedicaban al carbón, la leña y la caza,   mal Vivian, y Vivian mal porque siempre andaban  escondiéndose de los guardas forestales que los perseguían tenazmente.

 Una docena de mozos y mozas, es decir seis o siete hombres y el resto  hasta completar la docena, eran mujeres. Muchachas sencillas semianalfabetas que tenían por bandera, ser virgen  hasta llegar al matrimonio. Eran otros tiempos, era otra época, en que la mujer no había sido liberada, y su meta era casarse con un hombre honrado y trabajador que la quisiera, le diera muchos hijos y ella fuese la reina del hogar

¡Claro en aquella aldea perdida entre montañas, que  iban a desear...! Pero no había suficiente hombres para todas las mujeres, tal vez me haya equivocado en las cifras., y fuesen alguna más de media docena. Lo que estoy seguro es que  los varones solteros y jóvenes eran los contados, o sea seis.

 Para todo hace falta suerte, y dada los pocos mozos,  no le costaba mucho esfuerzo  escoger a la moza que mas le gustara.

 Entre las vacantes se encontraba  Rosa, no tenia suerte y ningún mozo le dijo  ¿“Chica te quieres casar conmigo”? Y no es que Rosa fuera fea, era tan bonita como la flor que  lleva su nombre.  Su cuerpo era escultural, como la Venus de  Milo, sus pechos uniformes tersos e inhiestos, de cara redondita, labios  finos como corales y pelo exuberante, y tan rubio como los rayos del sol

 Pero... Era hija de madre soltera. ¡ Que “baldón” más injusto,  llevaba la  pobre Rosa!.
  Y es que en aquellos tiempos, y en una aldea perdida, esto no se perdonaba, y cosa mas absurda, no se podía  imaginar, que  en la hija recayese el desliz de la madre, o la traición del padre.

 Y por aquella “afrenta” que en el pueblo  señalaban con el dedo, la infortunada Rosa  se quedaría para vestir santos, en la pequeña iglesia.

 Ella lo llevaba con resignación y nada le reprochaba a su madre, ante lo contrario, la abrazaba y la  besaba cuando la veía  alicaída, echándose la culpa de que su adorada Rosa se quedaría soltera.

 De niña tenia algunas amigas de escuela, única que una vieja maestra impartía entre las alumnas, algunas lecciones  de las que no había olvidado, ya que las neuronas no respondían, en aquella cabecita, que se había vuelto de nieve por  el paso el tiempo.

 Pero cuando  llegó a la edad  en que  la niña se siente mujer, y la naturaleza le avisa de que  necesita ser amada por un hombre, las amigas le dieron la espalda...
¡ Puff! Cualquiera, se hacia  su amiga, con lo que  hablaban de su madre. ¡Que yo no me entere que sales con esa! –les advertían las madres. Así que la pobre Rosa, apenas tenia amigas, solo una, Pilar, desoyendo las memeces de las viejas y de su madre, y sabiendo que Rosa era tan honrada o mas que  las otras no le volvió la espalda, y con ella salía los domingos al paseo, y al  baile en el “salón” de  Curro, que a la vez era bar, y fonda...

 Ellas bailaban  solas, ningún mozo se atrevía a pedirle  un baile por temor a represalias y reprimenda de sus padres y hermanos mayores.

 Y así con el tiempo todas las mozas, se pusieron novias –menos ella- con  los  leñadores y furtivos y algún que otro pequeño labrador de la escondida aldea que no  rebasaba los doscientos habitantes entre niños viejos,   mozos y mozas.

  Y,a Rosa se le pasaba el tiempo Ya había cumplido casi los treinta. Muchas se casaron, y malvivían con el marido, que algunas temporadas  pasaba en la cárcel del partido por alguna infracción o delito cometido en  el furtivismo o hurto, para poder subsistir. Otras  se marcharon a otro lugar con su esposo, buscando horizontes  más claros, y así  las de su edad se “colocaron” y se llenaron de hijos, como era costumbre en la clase humilde de aquellos tiempos ya lejanos.

      Las tierras del señor marqués o conde, al no estar cultivadas, la hierba   estaba verde y fresca, loor a la primavera que fue generosa en lluvias. Algunas cabras y ovejas, pastaban en aquellos pagos del señor de la capital, y como nadie   se preocupaba de aquella finca de mas de trescientas hectáreas, pues  en el criaban sus ganados  los  pequeños ganaderos y,  con la leche hacían queso y  con la lana  mantas, o las vendían  a los  buhoneros   y traficantes que de vez en cuando aparecían por el lugar con ánimo de ganarse buenos reales.

  Un buen día para  Rosa,  llegaron a aquellos terrenos  unos soldados, que  se hacían llamar húsares. No eran más de seis, al mando de un sargento  auxiliado por un cabo., y su misión era  custodiar y asistir a seis hermosos caballos sementales,  propiedad del Estado. El marqués había cedido la finca, para  que los caballos se alimentaran de la fresca y verde hierba y después de los pastos. Eran donados al Regimiento de húsares.

 Y así llegaron a aquella aldea perdida, donde nunca  pasaba nada, donde  cada uno vivía como podía, y donde el único honor que se tenía en cuenta era que la mujer llegase virgen al altar, o al menos lo pareciera.
 Se instalaron en una vieja casa que les cedió un vecino, por unos pocos reales, pero estaba tan mal que los soldados se tuvieron que emplear a fondo para adecentarla  y poder vivir en ella...

 Y allí pusieron su  cuartel. Hasta la oriflama de la bandera nacional ondeaba en el balcón del piso alto...
 ¡Que cambio había dado la aldea! Tenía hasta  soldados, como la capital, como Madrid, como la capital de la provincia.  El pueblo  de al lado que distaba 30 kilómetros  tenia cuartel de la Guardia Civil, aquel siendo tan pequeñito habían puesto un cuartel de soldados.

 Y como suele suceder, hubo quien los acogió con  entusiasmo, y hubo quien  aquello seria un estorbo para sus planes. Ya no podrían pastar las cabras ni las ovejas en la finca grande, porque la hierba y el pasto estaba reservada a los caballos del rey, y estaría vigilada la finca por soldados, y  la guardia civil se presentaría, para vigilar  a los  que antes no vigilaban, los dueños de la pequeña cabaña.

 Pero no ocurrió nada. La finca era grande y  cabían todos, para seis caballos le sobraba  pradera. Además solo estarían seis meses, en el invierno volverían a su cuartel y las cabras y ovejas seguían pastando y nadie  se metía con ellos y todos contentos.

 No tardaron en familiarizarse aquella  pequeña tropa con  los vecinos del lugar, y en el “casino” de Curro, se tomaban sus copas de vino y asistían a tertulias y bailes  los domingos. Baile que un aficionado a la música con una vieja  acordeón  amenizaba con algún pasodoble fácil de tocar, y  después  “forraje” que ni el mismo sabia lo que tocaba, pero  los mozos y mozas  se divertían.

 Todos eran solteros, hasta el sargento, un bigotudo  húsar delgado y alto  que por su marcialidad al andar, se notaba  que había comido muchos chuscos y desde muy pequeño su hogar había sido el cuartel. Los demás eran todos de reemplazo-

  Aquel hombre no era malo, y trataba a sus subordinados como  si fuesen iguales. Un  poco se diferenciaba, por eso de los galones el cabo, pero  nadie lo echaba  en cuenta.

 A las pocas semanas, ya  intimaron con aquella sencilla gente, y eran seis vecinos mas los que tenia la aldea,

 Allí no existían diferencias de clase, todos eran  iguales. Bueno  el alcalde y el juez de paz tenían un poco mas de  distinción, pero en resumidas cuentas todos iguales, eran los labradores que poseían algunas fanegas de tierra, que les había cedido el señor marqués o conde de su  extensa dehesa, Se las vendió por un precio simbólico, no eran muy extensas unas 20 fanegas aproximadas para cada uno, y de  eso vivían

  El cura, también formaba parte de las personas distinguidas, y ya eran tres, y a estos se unió el sargento de los húsares.

 Vestían el uniforme de cuartel, aunque también  tenían guardado el de paseo, con todos sus alamares y el  vistoso dormán y el penacho en el gorro de piel. Era azul el uniforme, y se lo pondrían el día de la fiesta del patrón del pueblo, para dar mas realce a la fiesta.                                                                                                                                                              

 Muchas tardes se  unían los cuatro en el “casino” de Curro, y hablaban entre copa y copa de vino, de los acontecimientos nacionales, que el cartero rural  les llevaba  en  los correos recibidos o  el único periódico  provinciano que llegaba al ayuntamiento, y que  leía primero un escribiente que hacia de secretario.

 Que si el Rey no deja de mandar tropas al Rif, que si están los soldados cayendo como chinches, que si  Primo de Rivera, ha tomado el mando de la Nación, que si el pueblo  ahora  está mas  contento, pues el trabajo no falta etc ete, Eran las charlas de los cuatros representantes  Clero, Política  Justicia,  y Ejercito, en aquella escondida aldea.

 Y cuando  se hartaban de hablar, jugaban unas partidas al tute o al dominó,  sentados en sillas de anea y una mugrienta mesa de madera cuadrada, con un dominó amarillento y una baraja mugrienta por el uso.

 Y mientras, los húsares que no tenían servicio  de cuadra, cortejaban a las muchachas que  cegadas por el vistoso uniforme,   no rehusaban los requiebros y paseos que les  solicitaban.

 Entre aquellos  fogosos  muchachos, estaba el húsar de primera Carlos Era un tímido muchacho de la serranía de Cuenca, que por suerte le toco servir en tan vistoso cuerpo.

 Carlos era alto, moreno, de pelo endrino, carota ancha y cuerpo esbelto. Media mas de 180 centímetros, y llevaba el uniforme con orgullo.

 Le aconsejaba a sus compañeros que  no consintieran a las incautas aldeanas, si no tenían  la intención sana de  volver a por ellas o casarse y enterrarse en aquel  apartado lugar, porque  las olvidadas sufrirían y se las desearían para encontrar otro novio, el pueblo en esto era escrupuloso, y los mozos las  rechazarían y hasta las calumniarían.

 Pero todos  incluido el cabo, se reían de el, y le llamaban padre consejo.

 Llegó la fiesta del patrón, y toda la aldea se vistió con las mejores galas. Aquel año hasta había llegado un circo al aire libre, un  fotógrafo ambulante, y el ayuntamiento haciendo un esfuerzo, contrató del vecino pueblo una orquesta de música. Eran  aquel año las mejores fiestas  que se  dieron en toda la vida.

 Y... como no iba a ser menos, los húsares, se vistieron con sus trajes de gala.
 Los seis caballos, quedaron  a la custodia de  Carlos. A el le daba igual, no era el muchacho muy dado a las fiestas y menos a engañar a nadie. Así que voluntario se ofreció para  asistir y cuidar a los equinos

 Asistieron todos a misa las miradas  eran dirigidas a aquellos hombres de elegante uniforme-Los dormanes en el hombro derecho como marcaba el reglamento y el sable curvado al cinto.

 Después de la misa, todos al casino,  donde vino y las tapas de jabalí y ciervo, cazados el día anterior en los montes. Ese día los forestales hacían la vista gorda. Era para la fiesta del pueblo y no era   cuestión de amargarla. El monte era propiedad del estado, y subastaban los puestos de caza para el mejor postor.

 Las botellas se vaciaban, y un camarero ayudado por una mujer de mediana edad,  trabajaban de lo lindo para llevar  botellas vasos y platos a las mesas.

 La orquesta tocaba pasodobles taurinos, y en honor de los húsares  alguna sencilla marcha militar.

 La alegría se desbordaba. Esa alegría eufórica que produce el vino y la música,  así como la docena de jóvenes que unas del lugar y otras venidas de pueblos cercanos, adornaban con sus  vestidos de colores el rustico salón

 Solamente  faltaban a la fiesta dos personas. El húsar de primera Carlos. Y Rosa, la treintañera hija de padre desconocido.

 Y ya sabemos porque. El militar en el campo cuidando los caballos. La hija de madre soltera, por no verse despreciada en aquella vorágine de vino y música.

 Pero... Rosa, se ahogaba  en casa, salía poco. Había oído decir que soldados habían llegado a la aldea, a ella le daba igual, solo salía  para comprar  el sustento diario. Poco, porque  lo que ganaba  fregando suelos en el ayuntamiento, y la escuela le daba para comer  sin manjares  a ella y a su madre

 Eran sobre las dos de la tarde. Casi todos se encontraban ebrios, y las mujeres se retiraron a sus domicilios hasta la tarde, que asistirían al circo y luego otra vez al baile en el “salón” de Curro.

 Carlos estaba sentado a la sombra de un olivo. El más  frondoso de los  veinte o treinta  que anárquicamente crecieron por el pago. Leía un libro, una novela  de amor y guerra, posiblemente Guerra y Paz. Vestía el uniforme de faena, y el gorro de cuartel, sin los alamares ni adornos que tiene el de paseo- Al lado en el suelo  el sable, en prevención de algo. Era el responsable de los seis hermosos animales.

 Sintió unos pasos suaves. Pasos de mujer, que  la hierba  seca delataban. Alzó la vista y la vio.
 Si, era una mujer. Portaba una cesta de  mimbre y caminaba sola. Miraba  a los lados, y algo buscaba entre la hierba.
 ¿Que buscaba?  Los espárragos que  por allí eran abundantes, pero ya  había pocos, porque el tiempo, los hombres y el ganado, se encargaron de eliminarlos.
 

 Se incorporó el húsar. Cerró el libro y se acercó a la  mujer, que sorprendida, se paró  en el lugar que  estaba.
 
-¡Hola!-buenas tardes- saludó Carlos tranquilo, relajado.

 Rosa estuvo a punto de echar a correr, pero algo  la paralizó. Algo le anunció su corazón que aquel hombre no  la humillaría como los del pueblo.

 - No le gusta la fiesta?- le interrogo Carlos extrañado
 Nunca había visto a la  mujer por el pueblo, ni en el casino y tienda de Curro. No habría coincidido.
 Tampoco Rosa tenia conocimiento de el. Ya sabemos porqué.

- No, no me gusta. Prefiero  tomar el aire del campo, al bullicio de la fiesta.

¿Casada?

 

-¡No!

¡Comprometida?—

 

         -Tampoco, y pregunta usted mucho, para  no conocernos de nada.

¡Perdón si la he molestado!- dijo Carlos llevándose la mano al gorro y saludándola a lo militar dándole a entender que se podía marchar cuando quisiera. Pero Rosa, bajando los ojos le dijo.

 

No tengo que perdonarle de nada. Es más bien yo la que necesito el perdón. Pero mi vida es muy  triste. . No tengo novio, ni lo tendré nunca. En el pueblo  me señalan con el dedo. Las amigas que de niña tuve me han vuelto la espalda, y los hombres se ríen de mí. Nadie me quiere. Todas las de mi edad se han casado, y yo aquí estoy  con treinta años cumplidos, y ningún hombre  me ha dicho nunca  que ojos mas lindos tienes.

 Carlos, se atrevió a levantarle la cara  tocándole la barbilla, que la tenia mirando para el suelo, y mirándola fija a los ojos, le susurró muy bajito.

Los pueblos son muy malos, yo también soy de pueblo  chico, allá en las montañas de Cuenca, y  solo porque una muchacha ha estado novia, y luego  abandonada, ya no hay nadie quien la quiera.  Yo conocía a una bastante mayor que yo, yo solo era un niño cuando ella se fue de mi pueblo, y se fue porque los mozos la despreciaban, y las comadres la criticaban. Estuvo novio con un sin vergüenza cinco años y nadie sabe porque rompió con ella.  Una depresión estuvo a punto de llevársela, pero  gracias a una amiga, que le buscó trabajo en Madrid, salió adelante, y en la capital se casó con un  hombre bueno y trabajador. A veces  va al pueblo con sus hijos y su marido, y los que antes la repudiaban ahora la saludan  con aspavientos, deseándole  mucha felicidad; pero todo es falso. Usted es muy guapa, y me gusta como está vestida.

 

 Rosa llevaba una falda larga que le  llegaba hasta los pies, y de cintura para arriba una  blusa roja, con el justillo un poco flojo, donde e adivinaban sus hermosos bustos. En la cabeza un cintillo azul que le sujetaba el peinado, del aire que se empeñaba en  deshacérselo.. Estaba muy guapa.

Gracias soldado-le respondió, ya mas confiada.

 

Usted también hoy ha tenido mala suerte ¿no? ¡Porque mira que tocarle guardia con los caballos, cuando  según he oído al salir de casa, todos sus compañeros están en la fiesta vestidos de gala.No me quejo. Además yo he pedido voluntario, este servicio. Tampoco me gustan las fiestas, aquí estoy mejor. Y mira, Dios me ha premiado  aunque sea por unas horas, con tan  dulce y grata compañía como es la suya...

 

 Rosa, no supo que contestar. Se notaba que aquel muchacho, diez años menor que ella se estaba enamorando, o tal vez estuviese enamorado ya de su persona.
 Se sonrió y pensó” ¡Pobre e en cuanto sepa quien es mi madre, seguro que desiste!”  En su empeño de piropearme.
 Ella pensó que era un buen partido. De nada lo conocía, pero  ella nada tenia que hacer ya, un hombre joven y educado como se adivinaba al húsar seria el que la sacaría del tormento  a la que la tenían sometida en la aldea... También ella estaba enamorándose del soldado.

-¿ Porque no nos sentamos  a la sombra del olivo?-propuso Carlos... y nos contamos la vida si no tiene inconvenientes. Aquí lejos del hogar se añora mucho el pueblo, la familia, y aunque tengo buenos compañeros, me falta  el calor de un a mujer, una voz femenina.Siempre  he sentido predilección por  las mujeres, que me alegran la vida. Y mira, estoy sorprendido de mi mismo, porque soy tímido y nunca creí que estas palabras me saldrían  con tanta facilidad  ante una hermosura como usted.

 Aceptó Rosa a la invitación, y la pareja, se contaron su vida bajo la sombra  fresca y tupida del olivo. Ya conocemos la historia de Rosa, no la vamos a repetir. En cuanto a Carlos, no era muy interesante. Un muchacho  tímido, educado y humilde. Trabajaba en su pueblecito de carpintero, mejor dicho de aprendiz, aunque ya sabia  trabajar la madera y moldearla, aun le  quedaba algún  tiempo para ser un gran carpintero. Su padre labrador  poseía unas  fanegas de viñas y olivos en tierra no muy fértil, y su madre una sencilla ama de casa. Una hermana mayor, trabajaba en la única  sastrería que existía, a las órdenes de la sastresa, con dos compañeras más.

 Cuando le llegó la hora del servicio militar, por suerte le tocó a l regimiento de húsares, uno de los tres que  en  vías de extinción quedaban en España. Era educado, y como era alto, y bien formado, lo nombraron gastador, por lo que le concedieron el galón rojo de soldado de primera clase.

 Esto se lo contó a Rosa, a la vez que le decía venciendo su timidez.

 -Si usted quiere, nos casamos y me la llevo a mi pueblo, seguro que a mi hermana y a mi s padres le va a gustar mucho, porque adivino que  es usted  más buena que guapa, y guapa  es mucho

 Rosa, estaba alucinada. Creía estar soñando. Nunca nadie le había hablado con tanta dulzura, con tanta sencillez ni con tanta pasión como aquel hombre que acababa de conocer. Aquel niño que casi podía ser su hijo. Sintió pena de el y de ella. “cuando se entere” cambiará de opinión” se dijo.

Ha ido usted muy deprisa, no nos conocemos apenas y ya me ha  pedido que me case con usted. Cuando le cuente  quien soy cambiará de parecer.

 

¿Es usted una bruja? ¿u otra cosa peor? , señorita 

- Rosa, mi nombre es Rosa.

-Muy bonito.

- No soy bruja, ni soy nada malo. Soy...soy... hija de... de una mujer soltera. No tengo apellidos, y por eso me desprecian y me señalan con el dedo.
 
 Esto lo pronunció  tapándose el rostro con las manos. Lloraba.

 Carlos se las retiró, y sin pensarlo, sin importarle nada, sin saber la reacción de Rosa, le estampó un beso  en los labios a la vez que se bebía las lágrimas que manaban los  bellos ojos de la repudiada  aldeana-

 Le gustó a Rosa el beso. Era el primero que recibía de amor. El primero que le daba un hombre, creía estar en otro planeta. Sentía mucha ternura ¡aquel muchacho la llevó con sus caricias y sus palabras a la dicha que tanto deseaba.

- ¡Como ya somos novios- le dijo el húsar—nos podemos tutear.  No temas a nadie, yo te defenderé del baldón que in justamente llevas. No tengas miedo ni remordimiento. Me iré con mis compañeros cuando transcurran seis meses, pero quiero llevarte conmigo. Aquí nos podemos casar. Yo vestiré mi traje de gala, y tú el que llevas, me gusta mucho, esta preciosa.

 ¡Gracias...! Eres el hombre  mas bueno que he conocido Carlos. Pero...cuando se enteren los tuyos que mi madre fue una pecadora ¿qué dirán?Nada. Soy yo quien lo tiene que decir. Ellos no van a repudiarte, pero si lo hicieran, jamás te olvidaré y nos iremos a otro lugar. Soy carpintero y ese Oficio promete.

 

     Otro beso apasionado. Aquel beso selló el amor que brotó entre la aldeana y el militar.

 Pero... la felicidad, nunca es completa. Ellos que tan felices era, una  nube negra iba a empañar aquel idilio azul  en que estaban inmersos.
 Cuando mas felices eran, se oyó un tropel de caballos... A la aldea nunca llegaron, pero se rumoreaba que por aquellas serranía    merodeaba una partida de bandoleros asaltaban cortijos, arrieros y las diligencias que  llevaban mensajerias y dineros
 Era verdad. La Guardia Civil los perseguía constantemente, pero conocedores del terreno se ocultaban en sitios que los hombres de Ahumada desconocían.

 Carlos se puso en pié de un salto. Creía que algún superior  lo venia a vigilar si estaba en su puesto, o había abandonado la guardia para asistir a la fiesta.

                                                        
¡Ojala! Hubiera sido eso. Pero no...  Al poco, cuatro hombres montados en dos caballos y con la cara tapada por un disfraz y  trabucos apuntando, sorprendieron a la pareja.

 Carlos tomó su sable curvo. Sabía que no traían buenas intenciones-
 
-Melitroncho. Necesitamos dos caballos, y nos los vamos a llevar. Te han dejado tus compañeros  con esta, mientras  ellos se divierten en el baile, así que lo sentimos, pero tu solo nada puedes hacer; mejor es que  te estés quieto y digas que se han perdido, de todas formas te espera el calabozo, ¡si lo sabré yo!

¡Eso nunca!  Antes  tendréis que matarme. Mi deber es defender estos animales  aun a costa de mi vida. Si sois valientes y caballeros,  mirad, solo tengo este sable, sois cuatro contra uno y no llevo armas de fuego.

 

¡Caballeros nosotros! Anda déjate de honor y pamplinas y quieras o no nos llevamos los caballos.

 Entonces Carlos  le tiró con el sable un golpe que fue a dar en el brazo del cabecilla, manando sangre., no pudo hacer más. Le dispararon  un trabucazo y cayó  al suelo herido.

-¡¡Canallas!! Cobarde!!- gritaba Rosa con todas sus fuerzas. Pero nadie la oía, el jolgorio de la fiesta era tal, que  sus gritos se perdían, entre los del bullicio
.
-
  Los  bandidos, se llevaron los dos mejores caballos, asidos por el ronzal, mientras Carlos se desangraba.

 

 Entonces, viendo que su amado podía morir, armándose de valor. Ese valor y coraje que  saca la mujer del fondo de su ser cuando alguno de los suyos esta en peligro  lo  tendió en lo mas mullido del terreno, un poco retirado del olivo.

 -¡Carlos mi vida!- le  susurraba al oído. —Mi amor ¿Estás vivo?

 Carlos, lo estaba. Sangraba por un hombro, el trabucazo casi lo deja  seco, pero se desvió  el tiro que iba dirigido al corazón y fue a impactar al hombro derecho.

 El joven húsar, le sonrió, y entonces ella se animó. Tenia que taponar aquella herida, aunque no era mortal, si  continuaba la sangre podía serlo. Y sin  más dilaciones, se desprendió del justillo, se quitó la  blusa,  quedando al descubierto sus  redondos y blancos pechos, con su areola rosada y sus pezones  dormidos.
 Hizo tiras la blusa, y taponó como pudo la herida.  Luego la vendó, apretando la tela todo lo que podía. Gemía Carlos al apretarle.

-
-Te hago daño mi vida- le decía  mimosa la  enamorada Rosa.

No, mi amor. Gracias, cariño, eres una mujer entera. Una gran mujer. Mira, vete corriendo a la aldea, busca al sargento, que estará en la fiesta con los otros, y cuéntale lo que ha sucedido aquí. También  que venga el médico. Creo que no es grave la herida, pero se me puede infectar. La sangre  parece que ha dejado de fluir. Anda no pierdas tiempo.

 

 Rosa,  se encontraba en el trance mas comprometido de su vida.  Sin ropas de cintura para arriba, en el campo y con un hombre herido, las especulaciones serian de lo mas  escabroso de su vida. Si antes la despreciaban, ¿qué  seria ahora?  ¿Como se presentaba así ante  la aldea? ¿Y como iba a dejar  morirse a su amor? Aunque no lo fuese, era un ser humano era un hombre joven y su conciencia no le dictaba  abandonarlo a sus suerte por las criticas malsanas de las comadres...

 Con todas las fuerzas  que le daban sus piernas, se presentó en el casino de Curro, donde  mas gente  había, se puede decir que allí estaban todos, bailando y bebiendo, riendo y cantando. Mozos y mozas, viejos y niños, y allí llegó ella sofocada, semidesnuda, gritando

-¡¡ El sargento!! ¿Donde está el sargento?

 Los comentarios fueron para todos los gustos. Unas decían que era una puta de las más grandes. De casta le viene, aseguraban otras, Las más moderadas, creían que a lo mejor fue violada por el húsar  que cuidaba los caballos, y quería denunciarlo al sargento. Cada uno  opinaba a su manera, pero ninguna opinión era buena.

Esa ya se puede largar de este pueblo-  decían las mas “honradas” a simple vista.- Si no se va la echamos del pueblo. Aquí no queremos zorras 

 El sargento, estaba  sentado con el alcalde y el juez. Los muchachos bailaban con las mozas, Se levantó de la silla. Algo auguraba que no iba bien, y cuando vio a Rosa, se echó las manos a la cabeza. Pensaba que algo gordo había  sucedido.

¿ -¡Que pasa muchacha?- preguntó acelerado...nervioso

 Rosa se tapaba las mamas con las manos. El sargento no se fijaba en nada, quería que  hablara pronto. 

¡Vayan todos, al prado. Carlos está herido. Los bandoleros, se han llevado caballos. Yo voy a buscar al médico.

 

 El suboficial, los reunió a todos. Y daba órdenes  de marcha.

Cabo  vete con dos hombres armados  a ver si encuentras los caballos. Esta mujer dice la verdad, rastread todo el monte. Yo voy  con López  a  ver  que tiene Carlos. ¡De prisa! con ese  traje no  hay tiempo que perder.

 

 Y sin preguntar nada, todos se  marcharon a cumplir con lo ordenado.

 El sargento, se temía lo peor... Si  el húsar Carlos moría, a el le caerían varios años de castillo, y la expulsión del cuerpo. Había confiado en que nada sucedía, y solo  un hombre había  puesto de  guardia, cuando lo reglamentado eran como mínimo tres. Si no moría, Dios quiera que no, también el arresto seria grande. Había perdido dos caballos, por falta de celo, y eso se paga. El ejército es duro
 Los húsares quedarían sin castigo, a excepción del cabo, que como  mando también sufriría el arresto  que con proporción a su grado le correspondía
 Sudaba  el jefe del destacamento, no era un cobarde, era un hombre curtido por los aires y los soles de muchas campañas.  No le importaba  el arresto, no tenia familias ni nadie que lo llorara, pero su honor por ser bueno, quedaría en entredicho, y para un buen militar el honor es lo principal.

 Llegó donde se hallaba Carlos. Estaba mejor, al taponarle Rosa la herida, la sangre se detuvo y  el  dolor era menos.

¡¡ Que ha sucedido Carlos! ¿Puedes hablar? 

- Si, mi sargento. Me atacaron  cuatro bandoleros, herí a uno con el sablee otro me disparó con un  trabuco, y estoy herido. Gracias a la  mujer más buena  del mundo estoy vivo. Ella sin importarle el que dirán, ella me ha vendado con su blusa, y yo la he mandado a que  le diga lo que ha pasado.  

- Tranquilo. No te esfuerces, lo se todo, ella me lo ha contado. Pronto llegará el médico y un carro, para llevarte al  consultorio.  Posiblemente pases al hospital militar de la provincia. ¡ Mira ya esta aquí en médico

 

Efectivamente, llegó el médico acompañado de Rosa, que ya iba vestida, pues se pasó por su casa y  se puso otra blusa, También el alcalde, el juez y el cura.

 El medico, quitó la improvisada venda, y le hizo una cura de rigor. Desinfectó la herida con alcohol, y con gasas hidrófilas vendó.
 
 Todos lo miraban interrogantes. El médico se dirigió al suboficial de húsares.

No hay peligro, salvo complicaciones, la bala ha atravesado el hombro  con rotura  del omoplato. Puede quedar inútil para el servicio de armas, pero no para  otros. Lo mejor es trasladarlo al hospital. Allí  mis compañeros lo curaran tienen experiencias y medios. y  el herido se encontrara más reconfortable.

- ¿Es preciso avisar a la familia?  

-  No, no corre ningún peligro, y la familia se puede asustar mucho.  Cuando  este en el hospital, que dispongan los superiores lo que crean conveniente.,

 

 Y Carlos, Fue  llevado en una ambulancia de campaña a la ciudad, que distaba unos cien kilómetros. Como por aquellos tiempos  aun no  existían los   vehículos a motor, fue  en una ambulancia tirada por caballos, empleando mas de siete horas  a todo galopar -

 Y atrás, en el pueblo quedó Rosa llorando  desconsolada. Por su amor, amor de un día, pero  aquel hombre la hizo sentirse mujer dichosa. Nada le importaba las murmuraciones, nada le importaba l os desprecios, nada la importaba que la tratasen como a una cualquiera... lo que sentía era que Carlos, su amado Carlos no volviera, para  abrazarla y llevársela con el, a donde fuera., mientras mas lejos mejor de aquel maldito lugar.

 La Guardia Civil, y  soldados, rastrearon toda la serranía, y tras  encarnizada lucha capturaron a los bandidos. El cabecilla y un soldado. Resultaron muertos, Recuperaron los caballos y fueron felicitados.

 El sargento de húsares, fue arrestado a dos años en un castillo por negligencia en el mando, pero siguió en el regimiento con su graduación. El cabo  sufrió un mes de arresto en el calabozo, y perdió los galones. Los húsares  fueron al regimiento, y aquel destacamento,  llegaron otros húsares que ya no se fiaban de nadie.

 Rosa, perdió todas las esperanzas,  de que Carlos cumpliera con su palabra de hacerla su mujer. Ella lo comprendía, le llevaba al muchacho diez años, y eso eran muchos años para un hombre.

 Siguió en la aldea ¿dónde ir? Fregando el ayuntamiento y la escuela, aunque con  el descontento de  casi todos. Menos mal que el alcalde el juez y el cura, decían que  si cumplía en su trabajo, lo demás eran cosas secundarias. Además aseveraba el cura, Jesús perdonó a la adultera ¿Porque no a ella?  Tampoco estaban probado que hubiese pecado. Si se desnudó fue para salvar a un hombre, que gracias a ella estará en algún lugar viviendo  con  su mujer o con sus padres.

 Así transcurría la vida  en la aldea,

 Había pasado un año, los recuerdos del suceso estaban casi desvanecido, menos para Rosa que  estaba cada dia mas apenada. Su madre  se puso enferma y el médico no le dio muchas esperanzas de vida.

 Murió un mal diade invierno, al entierro  fueron  casi toda la aldea. Así era la gente, las repudiaban y luego  cuando no había remedio, todos  lo lamentaban y compadecían a la hija de la pecadora.Pero eso era  momentáneamente, luego otra vez volvían a los desprecios y murmuraciones.

 Llegó la primavera, las flores embriagaban con su aroma el  limpio aire de los montes. Las golondrinas y gorriones, fabricaron sus nidos en árboles y cornisas. El sol brillaba radiante, y la gente  se sentía mas alegre. También  Rosa   estaba más optimista.

 El correo le llevó una carta. Leyó el remite y casi se desmaya de la sorpresa era de Carlos. Nerviosa  rasgó el sobre y en su interior una fotografía en traje de gala y estas líneas.

 Mi amor. No pienses que te he olvidado. Si no te he escrito antes han sido por las circunstancias que se me han presentado. Quizás ya  tu me hayas olvidado, y si no es mejor que lo hagas. Me operaron en el hospital militar, pero la operación no salió bien. Me volvieron a operar y fue mucho peor. Tanto que he perdido el brazo, el derecho. Gracias Rosa por salvarme la vida. Ahora te pido que me olvides. Soy un inválido, un inútil. El ejército me ha  asignado una pensión insignificante. Ya no puedo trabajar en nada. Adiós mi oficio, mi carpintería que  iba a montar. Adiós todo, y adiós a. Siempre estarás en mi recuerdo- Tu amigo Carlos.

 Rosa miró la fotografía, hasta entonces no se  fijo en que la manga de la casaca  estaba vacía.  No lo pudo resistir. Besaba con ardor la cartulina, lloraba y las lágrimas caían sobre el papel, emborronado las líneas De pronto, se calmó. Fue a su habitación. Desde la muerta de su madre vivía sola y recluida en su casa. Tomó pluma y tintero, y en un papel rayado escribió.

 Mi amor, mi dicha, mi bien. Ahora te quiero más que antes. No te preocupes, y ven a por mí. O dime donde te encuentras, que vaya yo a buscarte. Se que  mas que nunca me necesitas y yo te necesito a ti. Me he quedado sin madre, estoy sola en el mundo y despreciada por todos. No te aflijas, un brazo no es nada,  tenemos nuestro amor que es lo que importa. Con la pensión tuya, y  mi trabajo saldremos adelante,   Yo te quiero y te querré  aunque estés inválido. Todo te lo daré. Ven a por mi amor, o dime donde estas.
 Muchos besos, de esta que nunca te olvidará y lo que mas desea es estar  contigo tu Rosa.

 La cerró y se la entregó al cartero.

Por Dios, que esta carta no se pierda-le suplicó. El cartero la miró y sintió lástima de ella.

 

No, yo llevo todas a la estafeta de  M..., pero ya que me lo pides con tanta pena, la voy a certificar. No, no me des nada yo pagare la franquicia.

 Rosa quiso besarle las manos, pero el cartero rehusó.

 

 Y...   Un mes  más tarde, llegó en la diligencia un húsar manco, pero vestido con su  vistoso uniforme. No tuvo que preguntar, se fue  directo a la casa de Rosa.

Mi amor, mi cielo. Ya estoy aquí. Nadie ni nada nos separará.

 Rosa se abrazó, y colgándose de su cuello lloro pero de alegría. Carlos también lloraba, y sus lágrimas se unieron en una felicidad que se merecían y la tenían ganada.

  Se casarón y  se quedaron viviendo en la casa de Rosa. Desde entonces fue la señora del manco, la mujer del húsar. Todo el pueblo la saludaba, y cuando tuvieron hijos, fueron a la escuela, y eran los  niños de Rosa la mujer del húsar, el único militar que vivía en el pueblo.  Rosa, la muchacha repudiada por no tener el apellido de su padre, era ahora una señora ¡Que cosas tiene la vida!

 Carlos de vez en cuando  visitaba el destacamento, que ya no era de húsares sino de dragones de caballería.
 Y así vivieron muchos años, felices y contentos. Hasta que Dios se llevó a Rosa. Entonces Carlos, no quiso vivir mas., y pocos meses después se fue con su querida Rosa.

 Dejaron a dos hijos, varón y hembra, El, apuesto como  su padre y ella tan guapa como su madre.  El, quiso ser  como su padre, No, húsar no, carpintero. Aprendió el oficio y puso un taller que marchaba viento en popa. Ella se hizo modista y puso un obrador. Se casaron y. Aquí finaliza esta historia, inventada por el autor, ningún personaje tuvo vida real                            
                                        

 F    I   N
                                                                Juan Hormigo Bautista

 

 

Esta narración corta nos la ha enviado el Sr, Hormigo. .28-05-10

Mi nombre es el de Lucía

 A la memoria de mi hermana, por Juan Hormigo.

Mi nombre es el de Lucia, me lo pusieron por una bisabuela, hermana de mi abuelo el padre de mi madre. En los tiempos que  estuve en esta mundo, porque ya hace muchos años cerca de veinte, que Santa Lucia, me quiso llevar con ella, y ahora me hallo en el  Paraíso Celestial; como decía, en  mis años en la tierra, era costumbre  al menos en mi pueblo y creo que en todos los de la tierra, ponerle al hijo que nacía el nombre de sus abuelos, o de algún familiar que se había marchado como yo, bastante joven.

 Mi nombre me gusta, porque es bonito y viene de tradición familiar. Le oía decir a mi abuelo, que a su madre le pusieron Lucia, por su abuela, y a su abuela por  su bisabuela y tatarabuela, hasta ahí recordaba, pero hubo en mi familia muchas Lucias que quedaron en el recuerdo de los tiempos.

 Y me alegro mucho, aquí arriba cuando miro  a la tierra, y veo a otras Lucias, una nieta y dos sobrinas. Gracias Hija, gracias hermano y gracias hermana. Ya se que no os olvidáis de mi, ni del bonito nombre que nos  precede.  Lucía, ¡mi nombre! Nuestro nombre. Lástima que mi sobrina haya  tenido un niño. Lástima no, al revés alegría, pero si en vez de niño hubiera nacido niña, también le hubiese puesto el nombre de Lucia, porque desde aquí arriba se lo escuché infinidad de veces cuando estaba embarazada. Pudo  ponerle Lucio, pero ya no suena bien. Lucia si, pero Lucio suena a nombre de pez, y además la tradición viene de las hembras no de los varones.

 Pero me encuentro feliz, muy feliz y así se lo hago saber a  mis compañeras del taller, porque yo, soy costurera, aprendí a coser en un taller de mi pueblo, por cierto  mira que casualidad, también la maestra que me enseño llevaba el mismo nombre es decir Lucia. Pero temo que  se termine la tradición  y desaparezca  ni nombre en las generaciones venideras.  ¿ Mi nieta le va a poner su nombre a su hija? Puede pero hoy ya se  están terminando los nombres de santos, y la tradición. El extranjerismo entra en las casas mas humildes y  donde había de tradición Maria, bonito y celestial nombre, mas que  el de Lucía, pero las mamás modernas optan por nombres modernos que nunca se han oído, porque  no se si vendrán en el santoral cristiano, aunque me temo que no.

 Ainoa, Elisanda,  Selena, Elena si, pero  ¡Selena! será de la luna. A otras le dan por los nombres de actrices de cine y televisión, nombres que nada dicen a nosotros, pero en fin. Allá cada cual con su gusto.

 Bueno, aquí mi nombre, ahora mi corta vida en la tierra, porque me marche  a los 54 años. Ya me lo anunció Santa Lucía.
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 En mi niñez era una niña, aplicada, a la costura y al bordado mas que a las letras, pero en las  escuelas de mi pueblo aprendí a leer, escribir, algo de cuentas poco, y mucho rezar. El rosario me lo sabia sin pasar las cuentas, y la letanía  sin mirar el catecismo.

 Mi hermano Juan y yo, leímos y leímos, muchos libros. N o nos enterábamos muchas veces, bueno yo, el si, siempre le gustó mas que a m i los libros.

 Mi ilusión era la costura, y cuando llegue a la edad de trece años, ¡ ah! el numero 13, día de Santa Lucia, día que empecé a sentirme enferma y día en que mi santa empezó a llamarme con ella.

 Bueno pues me fui de aprendiza al taller de Lucía, y  agredí a coser, cortar y zurcir. Éramos mas de 15 y todas salimos unas mas y otras menos apta para  hacer trajes de caballeros, pues aquel obrador era sastrería de caballeros.

 Y en medio de hambre, lutos y  llantos transcurrió mi niñez y parte de mi juventud. Llantos de mi abuela, que le mataron dos hijos en la guerra, y no podía mirar sus retratos enmarcados y colgados de la pared, sin derramar un río de lágrimas. Yo  pasaba muchos días enteros en casa de mi abuela, y por las noches me acostaba  en la cama estrecha que  había en un cuarto  pequeño pero limpio y bien ventilado con una ventana a la calle  por la que sentía pasar los carros y las caballerías, coches  solo existían dos o tres, y  no pasaban por aquella calle estrecha.

A los catorce años se me despertó el amor, como a todas las muchachas, ya era mujer. Mi hermano me miraba y decía. “Anda , si ya tienes tetas
Cerdo,- le respondía yo.- Eso es en lo que os fijáis” Todos  en lo mismo

 Y ruborizada me encerraba en mi cuarto. Esto lo  me lo decía cuando estábamos solos.

 Tengo que decir que mi hermano, fue siempre mi mejor amigo, mi confidente. A el le  contaba mis secretos, y el me aconsejaba, si estaba bien o mal las decisiones a tomar.

 Por aquellos tiempos llegaron al pueblo gente nueva. Eran mozos a la vendimia, y se quedaban al raso, en el templete de la música y en el parque bajo los árboles. No se donde comían, muchos no tenían ni mantas., se tapaban con sacos rotos. Los pantalones y las camisas manchadas de mosto, olían mal, porque apenas se lavaban de cansados que llegaban de vendimiar. El agua la cogían de la fuente, o el pilar que era generoso en ofrecer el preciado liquido,  por  cinco. caños, y de esa agua bebían y se lavaban la cara. A veces en el pilón donde bebían las bestias. Daban penas verlos y eso que el tiempo era apacible. Yo pedí permiso a mi madre para llevarle  café cuando regresaran del trabajo, no pareció estar muy conforme. Me dijo que eran muchos, que no los conocíamos de nada, que venían de muy lejos...en fin propuestas. Me desazoné, pero brillo mi luz de esperanza y se lo consulte a mi hermano. Me dijo que estaba loca ¿ Cuantos cafés se precisas? Además esto es un pueblo, y ya sabes como son los pueblos, y mas en los tiempos que corren, que están deseando ver cualquier cosa para criticarlo y aumentarlo mas del doble.

 Era verdad, muchas jóvenes andaban de boca en boca, por una tontería que hoy causa risa,! Un beso en el cine, y ser descubiertas por el acomodador. Perderse en los trigales con el novio el día de la romería!¡ Y quería yo llevarle café a una cuadrilla de hombres  hambriento de sexo y deseoso de mujeres.!  Mi hermano tampoco lo aprobó y me causó mucha pena.. Santa Lucia sabe que  lo que me impulsaba era compasión por aquellos  vendimiadores, que atrás dejaron sus casas y sus mujeres o padres para pasar penalidades a cambio de llevar un dinero ahorrado.

 Aquello me lo quitaron e la cabeza, pero sentí mucha pena.

 Un día estaba yo sola en casa. Mi padre  se había ido al campo, mi hermano a jugar y mi madre a la plaza del mercado a comprar. Eran las diez y media  mas o menos, la olla la quedó mi madre en la hornilla cociendo los garbanzos. Aquel día  tenían tocino y morcilla. Estaba en toda su ebullición, cuando llamó un mendigo a la puerta. Demacrado, roto sucio, con un saco y un palo. Me asusté, quise llamar a la vecina, pero cerró la puerta y  colocándose el dedo en los labios me  conminó a que me callara. “ Nada te voy hacer niña” ¿ Vive aquí   XXX y me dijo el nombre de mi padre.

- Si, aquí vive, pero está en el campo.

-¿ Y tu madre..?

-En la plaza

-¿ Estas tu sola.?

-Si, y si no se va, aquí cerca vive  un municipal,  grito y se lo llevará a la cárcel

 Me miró con pena y me dijo- Te llamas Lucia ¿no?.

-¿Cómo sabe usted mi nombre?

- Me lo ha dicho tu padre.

-¡Mentira--¡

-Si ,niña es verdad juntos estuvimos cuajados de piojos, pasando sed hambre y sueño, y las balas nos  llovían por doquier. Muchos murieron  pero a nosotros nos respetaron las balas

- Y ¿Qué...?

  1. Nada. Quiero comer, nada mas. Tu padre sabe quien soy. Un degenerado, un sinvergüenza. Yo también tengo una hija Lucia, porque venimos del mismo tronco. Soy  primo de tu madre, y en el frente ya  prometimos si teníamos una hija ponerle ese bonito nombre, el de mi bisabuela, mi tatarabuela y mas atrás  Cuado  la guerra con el francés también hubo otra Lucia, que fue asaltada y violada por las hordas de Napoleón de aquella violación nació un niño, y de ese niño vengo yo, por lo tanto llevo sangre francesa y española.pero ahora solo quiero comer.

  2. - ¿Y su hija?

  3. -No lo se

  4.   -Voy a darle un trozo de pan, y algo de chorizo si encuentro y váyase ya.

  5.  Aun no había terminado la frase cuando se fijó en la olla que cocía en la hornilla. La destapó, metió los dedos que eran como garfios y sacó el tocino caliente, ardiendo se lo comió. Luego volvió a meter la mano, sacó la morcilla y la envolvió en un papel de periódico que llevaba y se lo guardó en el bolsillo.

  6.  Yo estaba anonadada, como hipnotizada, quería< gritar y  la voz  no  traspasaba mi garganta.

  7. ¡Váyase ya!- fue lo que me salió muy quedamente. Y el mendigo sonriéndome se fue.
  8. - Adiós niña, dile a tu padre que a estado aquí Anselmo ZX-

 Respiré cuando se marchó. Aquel día mi madre tardó algo mas,  había pasado con otras vecinas. por la iglesia.

Se lo conté cuando llegó, y tiró los garbanzos  ya cocidos, aquel día comimos huevos fritos. Mi padre al enterarse, movió la cabeza y dijo. “ Siempre fue un bala, y, sigue igual. Sabia que  llegaría a eso. Me hubiese gustado  verlo.

 Era verdad lo que me contó.,

  Se pararon en la iglesia a pedir pan, Un cura joven  repartía trozos, a los pobres. Mi madre, Antonia y Eloisa que eran las vecinas, no lo pedían para ellas, eso lo sabia el cura, era para una familia, dos hermanas y un varón que Vivian cerca de nosotros, pasaban mucha hambre porque Vivian de la caridad. No iban a pedir al  cura, porque no creían , eran ateos y le tenían in quina a los de las sotanas y hábitos, decían que ellos  y ellas (por las monjas) eran los culpables de que España estuviese tan mal.

         Me emocionaba por cualquier cosa, un  niño llorando  a lágrima viva,  seguido de su madre y hermanas y demás familia, cuando salía el  ataúd sin pintar propiedad del Ayuntamiento con el cadáver de su padre, me ponía enferma.

 Un día  entre todas las amigas ( ya contábamos  los 16 años), juntamos comida, de casa, una cesta de caña grande la llenamos y nos dirigimos al asilo de los desamparados. Tiramos de la cadena de la campanilla, y nos abrió una monja  no muy vieja, de unos cincuenta años le calculaba yo. “ Ave Maria Purísima”- contestamos todas-Sin pecado concebida.

¿Qué traéis niñas?-nos pregunto mirando sin disimulo la cesta.

-Esto. Hermana para  los ancianitos desamparados, nos invitó a pasar  a la portería, en un banco de madera nos dijo que nos sentáramos, cogió la cesta y se internó por el corredor Volvió al cuarto de hora.con la cesta vacía y unas estampitas en la mano.

-La madre superiora, Sor Lucia, me ha dado estas estampitas para vosotras que os proteja, a la vez que os da las gracias. Mirad,  Santa Gema, Santa Rita y Santa Lucia.

-Para mi la de Santa Lucia-lo dije  alto casi  a gritos. La monja  se puso el dedo en la boca pidiendo silencio, me dio vergüenza.

-Yo también la quiero de Santa Lucia- dijo, mi tocaya mi amiga de siempre. la otra Lucia

 ¿ Y porque?- Santa Rita, y Santa Gema, también son muy milagrosas.

 Es que hermana, las dos nos llámanos Lucía, y tenemos  mas fe en  nuestra santa.-dijo mi amiga.

-Bueno, bueno, esperad. Se va a poner sor Lucia muy contenta, cuando os conozca. Creo que vendrá.

-Si fue, y nos  trajo a cada una , una estampita de la  virgen ciega. También la otra que se llamaba Mercedes quiso a santa Lucia. Nos  dio a besar un  gran crucifijo que llevaba colgando de la cintura, y nos  invitó a que fuésemos cuando quisiéramos, pero si llevábamos  comida o ropa  para los ancianitos mejor

 Y  por causas  que no vienen a cuento, abandoné el pueblo, con lágrimas en los ojos. Era mi pueblo, mi amado pueblo que me vio nacer. Donde en su gran  templo gótico me bautizaron.donde aprendí a coser y bordar, a leer y escribir y a hacer el bien que podía,. Y también porque no decirlo, me enamoré de un chico que era amigo de mi hermano, pero el nunca lo supo. Me llevaron a un pueblo de colonización. ¡ Cuantas lágrimas derramé!. Santa Lucía me había abandonado?.¡ Mira!.., descubrí que  una de las calles de aquel pueblo también  se la dedicaron a Santa Lucia, estaba a las traseras de la iglesia, pero en ella no existía ninguna imagen de la cieguecita. La de mi pueblo llevaba ( creo que todas) los ojos que le quitaron en un plato que sostenía con  las manos. No encontré a ninguna Lucia en el pueblo para hacerme amiga de ella. Si, Dolores, Ana, Josefa y otras. Me entere que  en la calle Santa Lucia vivía  una Lucia, pero era mayor, casada, y al poco tiempo murió.

 El tiempo todo lo cura. A mi me curó la nostalgia del pueblo, no del todo pero me la palio mucho.  Un chico me pidió relaciones y yo las acepté. Estuve en mi pueblo enamoriscada de un amigo de mi hermano, pero nunca se decidió, así que con este chico del nuevo pueblo, me hice novia. Nos casamos, y fuimos felices. Tuve mi primer hijo, luego otro. La vida se nos torció y emigramos a levante, en un pueblo de la provincia de  Valencia, nos asentamos. Y allí nació la niña Lucia? No,  le pusimos de nombre Inmaculada.

 En aquel pueblo entre naranjos y arrozales,  Santa Lucía, me dio el primer aviso. Parece que me dijo. Te vas a venir con nosotros al cielo, pero te voy a dejar que  termines de criar a tus hijos. Si, me los dejó criar, pero con  fatiga. Compramos un  piso muy bonito, antes vivíamos en alquiler. Me emocioné. Mi marido trabajaba en una fabrica y ganaba bien el dinero. La vida era otra. En aquel pueblo todos éramos ricos, no había ni hambre ni paro. Era un  pueblo feliz, alegre luminoso, a tiro de piedra de la capital.

 Pero...mi corazón  fallaba. Los médicos lo contenían con pastillas y  cápsulas, algo remediaba, pero no. No funcionaba ya bien.  Me dejó que casara un hijo, a los demás ya no quiso que asistiera aquí abajo a su boda. Si, los vi desde aquí arriba, llorando de gozo.

 Y un día en que me en contraba sola con mi marido le dije me  marcho cariño, os dejo, cuida bien de nuestros niños, me llaman allá arriba. Santa Lucia, la virgen María todos me llaman. Mi marido pensó que me había vuelto loca, pero no. . aquí estoy, desde  hace cerca de 20 años. A los 54 me vine para el cielo, me llamaron.

 Ahora veo a mi nieta Lucia, a mis sobrinas Lucias, y vivo con todas las Lucias de  mi anterior  saga. También  me  mece en su regazo la violada por un soldado francés, que llora por si tataranieto, que es un bala perdía, ya pronto dejará la tierra, Dios  lo juzgará,

 Y espero, que algún familiar  venidero, recuerde a las Lucias  actuales, las que viven en la tierra, y  recordando, recordando  se acuerde de ponerle a una niña el bonito nombre de Lucía.

Juan hormigo Bautista

 

Esta narración corta nos la ha enviado el Sr, Hormigo. .21-05-10

diego y mercedes

Dieguito y Merceditas


        Cuento para niños y niñas  de diez   a  doce  años, por Juan J, hormigo


Merceditas y Dieguito, eran dos niños que  ambos  no rebasan la edad de once años. El es un año mayor que ella, por lo que  Merceditas cuenta con cinco añitos y Dieguito seis.

 Los dos  niños viven en la misma calle uno frente al otro, y desde que tenían  tres y cuatro añitos eran amiguitos.

 Un día sus mamas, que también eran muy amiguitas, decidieron apuntarlos a la escuela, y cogiendo  las dos mamás a sus respectivos niños se encaminaron al Colegio público del pueblo, que por  ese tiempo se llamaban escuelas nacionales.

 Mercedita  cuando  entró en la clase de niñas, porque también en aquellos tiempos  las niñas estaban separadas de los niños,  en la puerta grande se despidieron.

 Dieguito  la miró con mucha tristeza porque creía que  estaría muchas horas sin  jugar con su amiguita.

  Los dos en sus respectivas escuelas  estaban distraídos, y hasta  las lágrimas querían  salir en sus ojos  acordándose uno del otro.

 La maestra al verla tan  acongojada le preguntaba que porque estaba triste si pronto su mamá iría a por ella, ya que  solo  permanecían desde las nueve hasta la una, y  a las doce le daba  media hora de recreo, y podía jugar con las niñas a la comba, a las muñecas al diabolo y a la rayuela, pero Merceditas pensaba en Dieguito, con el si  que  le gustaría jugar a contar cuentos, pero ya sabia que no podía ser, los niños tenían su recreo  separado del de las niñas por una verja  de hierro que sus  barrotes cilíndricos terminaban en punta de lanza.

 Y con mucha pena en el recreo  se acercaba al impenetrable muro que los separaba; pero en cuanto la maestra la veía mirar a través de los hierros le reñía.

 -Niña, fuera de ahí eso no lo hacen las niñas buenas, las niñas tienen que estar con las niñas, los niños no os importa.

 Y la pobre Merceditas, haciendo pucheros se apartaba de la verja para  llorar en un rincón sola.
 
 Dieguito, se  resignaba mas y pensaba que  cuando llegase la una, otra vez estaría  con su amiguita, y jugaba en el recreo  a la pelota, a las canicas y a la peonza, que eran los juegos preferidos por los niños,

 Ellos no sabían que  durante la media hora del recreo tenían diez minutos  que  los maestros y maestras de aquel enorme colegio de seis aulas, tres de niños y tres de niñas, les concedían diez minutos para que  todos en el patio de recreo de las niñas, vieran pasar el coche correos; una delicia  que  todos y todas experimentaban con aquel  cacharro que andaba sin caballos ni mulas, y que echaba mucho humo , que  cuando llegaba frente adonde se encontraban los niños y las niñas con la frente  pegada a los hierros de la verja el “Chauffer” apretaba la perilla del claxon ..Toc…toc…toc,, y los saludaba. Entonces todos los niños  agitaban  sus manitas y las niñas con sus pañuelitos blancos que se sacaban del bolsillo de la faldita de uniforme azul los movían  en señal de saludo, y también los  dos  o  tres viajeros  le decían adiós a través de las ventanillas.

 En ese corto espacio de tiempo, Dieguito buscaba  a Merceditas y  ¡que alegría sentían los dos al verse  de nuevo!

 Luego cuando sus mamás iban a recogerlos, ellos se agarraban de las manitas y caminaban despacio detrás de sus mamás que  enfrascadas en sus conversaciones los dejaban caminar a su libre albedrío.

 Y se contaban  como lo pasaban en la escuela, Merceditas decía que mal, porque  se acordaba mucho de él, pero que ya se estaba acostumbrando. También le contaba que ya sabia  hacer la o, y se sabia  el a e i o u  y  el 1 2 3 5 8. Entonces Dieguito le corregía,- No Merceditas, así no es  se cuenta así 1234567890, y abcdefghijklmnñopqrstuvy z. Y la niña se quedaba con la boca abierta, al escuchar a Dieguito que sabia mucho.

 Y así pasaron los años, Dieguito  era muy aplicado y pronto  aprendió a leer y escribir muy bien sin faltas de ortografías, las cuatro reglas de  aritmética y problemas, los ríos y los montes, las capitales de España, los mares y también las capitales de las naciones europeas y de América.

 Merceditas estaba encantada, Ella no sabia tanto, pero  aprendió  a rezar recitar versos y bordar, las lecciones se le daban muy mal pero sabia ya leer y escribir, Y  decían las mamás que para una mujer le sobraba, ya había llegado a los nueve años y  su mamá la enseñaría a coser, cocinar y hacer las labores de la casa, para cuando  fuese mayor y se casara, tener contento a su marido. Y  Merceditas no  asistió por mas tiempo a la escuela.

 Dieguito estuvo un año más, pero como sus padres eran muy pobres y tenia  dos hermanitos mas pequeños que el, también lo sacaron de la escuela y  lo pusieron de aprendiz de zapatero para entrar algunas pesetillas en casa.

 Uno y otro ya trabajaban con tan tierna edad, porque Merceditas también la  colocó su madre de aprendiza en un taller de modistas.

 Todas las mañanas iban juntos a sus trabajos, ya que  los dos obradores estaban en la misma calle, y caminando se  contaban cuentos, pero ya no eran de  Caperucita y el Lobo ni de Blanca Nieves y los siete enanitos, eran  cuentos de princesas y  príncipes, de muchachas  encerradas en castillos, y el  muchacho que la quería, asaltaba el castillo y la rescataba, montados los dos en un caballo blanco muy veloz  burlaban a la guardia que la tenia custodiada, y corrían por los campos  hasta que llegaron a un  delicioso  valle con muchas flores y se casaron, y Vivian felices y  tuvieron muchos hijos-
 
Una tarde que sus papas y sus mamas se fueron de paseo, ellos se quedaron en casa de Merceditas, y  buscaron  por todos sitios algo para leer, y en un baúl encontraron un libro muy gordo que era de su papá, y leyeron y leyeron ,  Era un libro  romántico, de amores  infinitos, de  dos seres como ellos, una mujer y un hombre, que se querían, pero  tenían muchas dificultades, para casarse porque  había una bruja que  lo estropeaba todo, hasta que  no quisieron  estar mas tiempo separados y una noche huyeron los dos del hogar, porque aquella bruja era mandada por el padre de la novia para que estropeara los amores.

 Y al llegar a este párrafo, Dieguito le  dijo a Merceditas, Yo hace muchos años que te quiero, mas aun  de lo que se quieren los de la novela, desde que   nos apuntaron a la escuela.

 Y yo, también- dijo Merceditas- , pero nosotros no tenemos que fugarnos, porque no  hay bruja que se oponga a nuestro amor.

- Te quieres casar conmigo-le preguntó  Dieguito y le dio un beso en la cara

-Claro tonto ¿no te lo he dado a entender?

 Y desde entonces fueron novios. Y se amaron con un amor puro ,limpio y sin maldad.

Y se enteraron sus padres, y a ellos también se les alegró el alma, porque  era lo que querían que los niños fueran  felices juntitos como ellos lo eran.

 Y pasaron los años, Merceditas ya es Mercedes y Dieguito Diego, Ella una excelente modista que tiene  un taller con muchas ofícialas y Diego un gran zapatero con muchos  aprendices.

  Y se casaron y tuvieron muchos niños, y como en todos los cuentos fueron muy felices y comieron perdices.

                                         FIN



 

Esta narración corta nos la ha enviado el Sr, Hormigo. .16-05-10

Primero tu Honra. . . . . . . . .(Relato corto) 

 

Lucinda no paseaba aquella tarde con sus amigas por la carretera que de su pueblo iba al  vecino. Era costumbre muy arraigada en la villa, por la primavera cuando las tardes lagudecen y una brisa suave y dulce barre los campos de trigo, con aromas serrano que  se desprenden de las sierras próximas y el viento los esparce por  los campos y calles. Entonces las  mozas (pocas) porque el pueblo es muy pequeñito, se citan  para pasear por las dos hileras de acacias, que ya  están como la nieve de blancas, porque sus flores en racimos han  abierto para  deleite de  caminantes y lugareños.

 Era Lucinda, una joven, guapa de cabello rubio como los trigos que ya empezaban a amarillear, su tez blanca sin llegar a ser albina, esbelta de ojos azules como el cielo  de su tierra, y boca fresca sensual, con  dos filas de perlas blancas y diminutas, que  aprecias con su sonrisa ancha y fresca. Busto exuberante, y cintura  de avispa, con unos brazos torneados  y unas piernas bien formadas y fuertes. No era la mas guapa del lugar, pero si la mas vistosa. Su simpatía era tal que todo el mundo la apreciaba, no guardaba rencor a nadie, y siempre  se hallaba dispuesta para hacer favores a cualquier persona que se lo pidiese, y esto entiéndase  como  servicial, altruista y  educada.

 Sus padres eran labradores, y no tenían mas hijos que ella. Por lo cual era la reina del hogar, el ojito derecho de su padre y la  mano derecha de su madre, porque  a trabajadora y hacendosa no la ganaba nadie.

 Era modista, y trabajaba en el único taller que existía en el pueblecito. No tendría sentido un taller de modistas en aquel lugar si no fuera porque, en los alrededores nadie sabia coser y todas las madres  encargaban los vestidos de novias y comunión al  obrador donde trabajaba Lucinda.

 Llegó la guerra, las malditas contienda que tantas vidas siega y a tantas mujeres  hace desgraciadas.

 Una vez tomado el pueblo por los ganadores, los mandos establecieron que en aquel pueblo permaneciera un destacamento, era cosa absurda porque los temerosos  vecinos nada  iban a intentar contra nadie...¡Si ni siquiera pusieron resistencia cuando entraron las tropas, que se limitaron a colocar sabanas blancas en los balcones y ventanas y  colocarse brazaletes blancos en las mangas  como señal de paz. Pero... Así lo ordenaron  y las ordenes  superiores  no se discuten.

 No era una gran cosa la fuerza que dejaron acampada  allí. Un  Sargento jefe, y dos cabos auxiliares, al mando de unos 15 0 16 soldados,

 El puesto de mando lo instalaron en una casa medio abandonada propiedad del ayuntamiento que  la requisaron. Y en ella  se quedó a vivir el sargento, una vez  limpia y reformada, por los albañiles a cuenta del ayuntamiento que ya era de los vencedores. El suboficial casado, se llevó a vivir con el a su mujer y dos hijas que tenia, por lo que ningún soldado o cabo  cabían ya en la casa, que a modo de cuartel colocó en el balcón la bandera de Francia.

 Ahora los soldados. Podían haberlos acampados en la escuela, pero  estorbaban para las clases de los niños, no podía ser, así que decidieron repartirlos por las casas mas pudientes y que tuvieran  locales  suficientes para el alojamiento. En algunas casas grandes podían pernoctar hasta dos. De la comida se encargaba el ayuntamiento, que  como un comedor comunitario de los tiempos, preparaban  mujeres  la comida para la tropa. Los gastos  ya se las entenderían entre el ayuntamiento y el ejercito.

  Como no podía ser menos, ya que la casa de Lucinda, era grande, por orden gubernativa decidieron que uno e los cabos, se quedase a pernoctar en ella. Y así  se estableció toda la tropa.

 No permanecería mas  cuatro meses allí los soldados, pues cosas de los gobiernos, vieron que aquello no tenia sentido, porque  no pasaban ni carreteras importantes ni siquiera una línea férrea de vía estrecha. Pero  ya habían dejado  los soldados, su sello de permanencia, y de todas las muchachas que  fueron seducidas o violadas que de todo hubo,  la que peor  librada  salió fue la dulce y encantadora Lucinda

 Nunca se supo  en el pueblo si fue con su anuencia, nadie  se enteraría hasta después de cometer el infanticidio. , alguien dijo que la violaron, otros que no hubo tal lo cierto es que  cuando apareció el cadáver de la niña  en un nicho del cementerio viejo, ella no se encontraba en el pueblo., eso se comentaba.

  El cabo, por cierto  un muchacho formal, jamás se negó al matrimonio con Lucinda. Aunque otras lenguas afirmaban que le vino muy bien el levantamiento de las tropas para  olvidarse de todo aquello.. Todos eran especulaciones  de pueblos pequeños.

 El  caso es que Lucinda enfermaba, y se le hinchaba su vientre. Los padres creían que se trataría de alguna enfermedad, ...¿”querían engañarse a si mismo o realmente lo creían?” la cosa es que cuando el médico del pueblo la reconoció. Miró fijo a sus padres y delante de ella que fingía l que aquellos era algo que  había comido en malas condiciones y le hizo daño. Les espectó

 La niña no tiene nada y tiene mucho

¿Que le ocurre doctor a mi niña?- preguntó la madre sospechando lo que le iba a decir

 Nada mujer, nada. Que la va a hacer abuela.

¡¡¡Queee!!!....¡¡Como!!!!

 Eso mujer eso que Lucinda va a ser madre, que se encuentra encinta...

A partir de aquel día  la bella Lucinda desapareció como por ate de magia.

 Las amigas le preguntaban a su madre y esta decía que estaba en Paris en casa de unos parientes. Pero las amigas no  se convencían. ¿Por qué se fue sin despedirse? ¿Por qué no le escribió a ninguna, o le mandó una postal de Madrid, que  a ellas las haría mas feliz.  Nadie quería recordar la permanencia de los soldados, pues  las mujeres no salieron muy bien paradas. Algunas se enamoraron pero fueron abandonadas en cuanto se levantó el destacamento.

 Un día llegó a casa de Lucinda el cabo, llegó vestido de uniforme y con el galón de cabo 1º, lo habían ascendido.

  1. Vengo a casarme con su hija-le dijo a los padres de  Lucinda, porque  no soy un desalmado, lo he hecho y quiero pagarlo, además yo la amo y ella a mi también.

Pero lo despidieron con cajas destempladas.- “ Mi hija no está aquí, y nada queremos saber de ti. Así que largo de esta casa.

 Señora, se que su hija va a ser madre, y yo soy el padre de esa criatura que va a nacer. Tengo derecho a casarme con ella.

 -Mentira, ella  es muy honrada, y si no se va aviso los gendarmes que  te  echen de aquí y  te denuncien por calumnia.
 El militar insistió pero viendo lo imposible, se fue y nunca mas volvió.

 Todo lo llevaba la madre. Y todo según ella lo hacia porque la honra de su hija y su familia estaba antes que nada.

 Al medico le ofrecieron mucho dinero para que interrumpiera aquel indeseado embarazo. Le rogaban que  si su hija daba a luz, no solo seria deshonrada, sino que el hijo era hijo del pecado porque  la habían violado. Y podía ser otro rufián como el padre.
 El medico  se negó rotundamente a los proyectos de la madre de Lucinda, y es mas-le dijo-“ El juramento que todos los médicos hacemos como Hipócrates, nos prohíbe a hacer tal crimen, y mi conciencia también señora. No vaya usted por esos derroteros, y procure no llevar a cabo la acción, porque yo  la delataría y me constituiría en juez y fiscal acusador”.

 No fue violada la joven, como declararía, se entregó voluntaria  porque  se enamoró perdidamente del militar y el de ella. Pro no pudo exponer estas razones porque  la encerraron bajo siete llaves como se suele decir en el sótano de la casa, donde nada se oía y nada salía al exterior. Y allí permaneció hasta el día del alumbramiento

 La obsesión de la madre...era la honra de la familia a cualquier precio.

El nombre de los Gueicocheau -  de origen español y Niecep (estos eran sus apellidos), no seria  objeto de criticas ni burlas. A su hija no le había ocurrido nada, y pasado el tiempo regresaría de Paris( donde le decía a sus amigas que había  ido con su tía regresaría  tan pura y virgen como marchó.

 Aquella cabeza  “pensante” maquinaba  una cosa atroz, mas que un asesinato, porque en los adultos  cabe la esperanza de defenderse, en una criatura  indefensa...ya me dirán.

 No entró nadie en aquel sótano húmedo y maloliente donde Lucinda purgaba su ligereza que  su madre quería hacer creer al doctor que había sido violada.

 El médico también se creyó lo del viaje a la capital y por lo mismo no se preocupó mas de la  muchacha. Pensaba “ En Paris hay para todo, abortará seguramente, o dejara a la criatura en cualquier lugar. Mi deber es impedirlo pero... ¡Paris es tan grande, y nada voy a conseguir preguntando”

 Si el  discípulo de Hipócrates hubiera sabido donde  tenían prisionera a Lucinda, el infanticidio no se hubiese llevado a cabo; pero el  destino  lo dispuso así.

 Lucinda dio a luz en el sótano-prisión. En una vieja cama arrumbada, eso si con las mejores sabanas de su ajuar. Ni una mala aficionada asistió al parto. No convenía que nadie se enterase. Ella sola y la madre, estuvieron en el sublime momento. Y...nadie oyó sus desgarradores gritos, mas que por el dolor  porque ya se lo anunció su pérfida madre. “ Tu honra lo primero”

 “ Mamá por Dios no haga eso. Es mi hijo tu nieto, nuestra sangre. ¡ No, no ¡ Eso no, yo me iré de aquí y me lo llevare a donde sea a  Lyón a  Marsella a  Nantes, a cualquier lado donde  nadie sepa nada, pero no lo mate por Dios mamá no haga eso.

“ Calla, desgraciada. Has perdido la honra y hay que recuperarla. Tu honra lo primero”

 Y vino al mundo una preciosa niña. Un angelito que  seria enviado al cielo por la “Honrada” abuela,  Los medios que usó para quitarle la vida, fue no amarrarle el cordón umbilical y por  el se desangró la recién nacida.

 El marido no lo aprobaba pero...¿quién le llevaba la contraria?. Estaba todo  planeado.

 “Ahora te toca a ti, hacer lo demás”-le ordenaba  aquella diabólica mujer a su marido. “  Ya está muerta, metela en la cesta vieja. Tápala con la sabana manchado y llévala donde nadie la encuentre”.

 Al oír esto la desdichada Lucinda  exhalo un grito de desesperación. Y aquel grito enorme si traspasó los muros y fue a los oídos de un  jornalero que  se dirigía al tajo. Era temprano, el hombre nada dijo. Pero aquel grito se le grabó en el cerebro. ¿ Que habrá pasado? Se preguntaba.

 El marido temblando envolvió el  cadáver de la recién nacida y cuidadosamente lo  metió en la cesta luego tapada con cartones y trapos la ató con una cuerda de esparto y salió al despuntar el día con el burro y el serón donde  llevaba a la malograda hija de Lucinda .

 A nadie se encontró por las calles, no sabia que hacer. Y a la salida del pueblo, a menos de un kilómetro, estaba el cementerio viejo. Un cementerio clausurado, hacia muchos años que  no enterraban a nadie, para eso construyeron uno nuevo. Pero aun existían algunos niños vacíos donde los contrabandistas y  rateros, escondían  sus artículos,   para  ocultarlos a la vista de gendarmes y  delatores. La puerta había desaparecido, fue en sus tiempos una cancela de hierro y  alguien la vendió  a la chatarra y la colocó en algún  cercado o corral. El acceso estaba libre.

 Y  allí, en aquel recinto que aun era sagrado  dejó la cesta en uno de los nichos, y remordiéndole la conciencia se fue al campo.

                                                 *   *   *

 Dos días después, unos niños  fueron a jugar al cementerio. En los  desocupados niños se escondían, y alegremente  jugaban donde  un día era tristeza y  oración, ahora era jolgorio de niños traviesos y refugio de  contrabandistas y delincuentes.

 Un niño  de doce años descubrió la cesta. “ Mira chacho ¿ Lo abrimos”?- Si  venga a lo mejor hay arroz o garbanzos o chorizo, porque  dice mi padre que aquí esconden las cosas los contrabandistas.-¡ Pues venga!
  Con una navaja que uno llevaba cortaron la cuerda. “  ¡ uf!.. como huele! Esto está estropeado.”

 Y al quitar la cuerda  apareció la sabana ensangrentada, la apartaron y  el susto que se llevaron fue  como se comprenderá de muerte. Salieron corriendo como alma que lleva el demonio, y  todos  con voz entrecortada contaron en casa el descubrimiento.

 Fueron los padres y ante la  realidad, no tocaron nada. Dieron cuenta en la gendarmería, en el juzgado al alcalde. A  las autoridades del pueblo. Y todos se personaran, con el médico y el cura.

 El galeno, que no era tonto  pensaba.”¡ La han liado! la han liado.!” Pero no lo exteriorizó.

 Avisaron al juez de Instrucción del partido, y empezaron las investigaciones.

 Pero estaba muy claro. La sabana en que fue envuelto el cadáver estaba bordada en letras de oro con el nombre de Lucinda. Tan lista la madre no cayó en este detalle. Aunque no hubiera hecho falta porque...

 Aquella tarde  Lucinda se tiró del lecho, y aprovechando un descuido de la  infanticida madre salió a la calle. Iba despeinada, descalza y en camisón. Parecía una loca. Gritaba, y gritaba.

 Era por la tarde, por la primavera, cuando sus amigas paseaban entre las florecidas acacias.

 ¡¡¡Ella , la  ha matado¡¡ Ella asesina.  Ha sido ella, yo no quería   ahora es cuando no tengo honra.  ¡ asesina. Canalla!

 Aquella dulce y simpática muchacha, se trasformó en una fiera. Las amigas  no podían con ella. Avisaron y  entre unos hombres que pasaban y ellas la  redujeron.

 Todo estaba aclarado. El hombre que  escuchó el grito, declaró que ese día   oyó al pasar por la casa de los Gueicocheau un grito desgarrador.  La sábana con el nombre bordado en  oro, y la locura de Lucinda. No había   duda. La infanticida era la abuela

 El medico  también declaró que  había reconocido a la muchacha, diagnosticó embarazo, nada dijo  por secreto profesional.

 Fue condenada por infanticida, a doce años de cárcel, con la atenuante se  salvar la honra de su hija. Su marido a  cinco años por cómplice y encubridor. Lucinda quedó  libre, no había participado en el crimen. Así lo consideró el juez  y así realmente fue. .La internaron en un sanatorio en un sanatorio.

  Pasaron algunos años. El cabo 1º  que  quiso  casarse con Lucinda. Ascendió a sargento, pero aun permanecía soltero. Y fue como muchos hombres solteros  buscando a una mujer.  Era en Toulouse, una casa de lenocinio de las mas lujosas.  Y..

 Su sorpresa fue  enorme, creía estar soñando, pero no estaba despierto muy despierto. Aquella mujer era su exnovia. Un poca mas ajada y  menos simpática pero aun bella y sonriente.

 “ Si soy yo Lucinda, la que abandonastes cuando  me dejastes embarazada-le reprochaba.

¡No  Lucinda, yo fui a casarme a por nuestro hijo tenia derecho a el, pero tu madre me echó me amenazó con denunciarme, y nada supe de ti. Decía que allí no estabas.

 Lucinda se  echo en sus brazos, y llorando le contó al militar todo los que nosotros sabemos.

 Y este limpiándole las lágrimas con su pañuelo le dijo sonriente,

 Todavía estamos a tiempo. Sal de este infierno y vente conmigo. Tendremos otra niña  y ya nadie no la matará.

 

                                                     F  I  N

 

 Esta narración corta, nos la ha enviado el Sr. Hormigo el 04-05-10

el olivo

EL OLIVO

Nací en tierras de olivares, no crean que fue en Jaén fue mucho mas cerca, porque no solo Jaén y Andalucía, es tierra de olivos, también lo es Castilla la Mancha Extremadura y Levante, Yo nací en Extremadura en la comarca que mas olivos tiene en la Tierra de Barros, y quizás por  haberme criado entre ellos, es por lo que siento una predilección especial a este árbol.

 Voy a escribir una breve semblanza del origen del olivo.

  Son muchas las propiedades que se le da a este vegetal, una de ellas  es que el aceite de oliva es  un remedio  eficaz contra las enfermedades  de tipo vasculares. Dicen que protege contra el  cáncer, que es analgésico, y muchas otras cosas entre ellas que  baja la hipertensión.
 Según la historia, el origen se pierde en la noche de los tiempos.

 Es un árbol sagrado, está presente en muchos parajes de la Biblia.

Una leyenda medieval cuenta, que cuando murió Adán, Eva plantó un olivo en  su tumba, y que el olivo fue recibido del arcángel San Miguel como signo de perdón por sus culpas. Que de ese olivo procedía el ramo que la paloma llevó a Noé en su pico para anunciarle que el diluvio había cesado.

 Cuando entró Jesús en Jerusalén montado en una borriquilla, la muchedumbre lo aclamaba portando ramas de olivo, de ahí el Domingo de Ramos.

  También Jesús fue a orar antes de que lo crucificaran al Monte de los Olivos y que la cruz en la que fue crucificado  la hicieron con madera de este árbol y de cedro.

  La mitología griega dice que hubo una disputa entre Palas Atenea y Poseidón con un golpe del tridente hizo brotar el caballo, fuerte rápido y ágil, mientras que PalasAtenea ,de una lanza hizo brotar el olivo, del que no sólo sus frutos serian buenos para comer sino para aliviar sus heridas y dar fuerza a su organismo, capaz de dar llama para iluminar las noches.

 Estos son leyendas que pueden ser verdad o no, pero lo que si es verdad que el olivo salvó a mucha gente (en mi pueblo) de morir de hambre.

 En aquellos nefastos años de la década del cuarenta y parte de la del cincuenta, cuando el hambre asolaba a media España (mi pueblo fue uno de ellos) los muchos olivares de su término  proporcionó medios a los pobres para al menos no morirse de hambre. En la recolección, que duraba un mes aproximadamente, todos los obreros del campo y algunos que no lo eran encontraban el jornal,  bien vareando o recogiendo aceitunas (apañando), y cuando terminaba la recolección entraba el rebusco, o la rebusca,donde hombres, mujeres y niños iban a los olivares a por las que habían dejado atrás los recolectores, luego eran vendida en las almazaras o molinos de aceite, y con lo que sacaban compraban al menos pan y aceite, con  eso ya paliaban el martirio del hambre que  corroía los estómagos.

 Terminada la rebusca, los hombres  iban a los olivares y de los ramilletes que  se habían desprendido con las varas, hacían haces de leña que vendían, en las tahonas, en hornos de cal y tejares.

 Cuando  la poda muchos buenos podadores  solo por la leña podaban los olivos a los dueños, leña que vendían a las industrias antes citadas.
 Las mujeres muchas iban a los olivares y del tronco con un hacha sacaban astillas que vendían para las cocinas (entonces no existía el gas). Y también hay que decirlo porque  no es delito de hurto cuando el hambre aprieta a niños y mayores, ir los mas osados en noches de luna  o sin ella a por aceitunas a los olivares, para macharlas o llenar las tinajas para todo el año.

 Y si todo esto fuera poco. En los desagües de las almazaras durante la molienda, se las ingeniaban  para  recoger el aceite que se escapaba  entre el agua. Y también  hacían aceite del “calcetín”, no se como pero la  fabricaban en casa de noche, y siempre pendiente de que no los viera nadie por las delaciones.

 Había auténticos rebusquemos que  cuando ya casi nadie encontraba aceitunas en los olivos, ellos las veían y sacaban unas pesetas vendiéndolas o se las comían en el caso de no encontrar quien las comprara.

 Uno de estos hombres fue mi abuelo materno, que tenia fama en el pueblo de leñador, podador de olivos y rebúsquelo. Gracias a estas cualidades más de una vez  pudimos comer.

 También está este árbol presente en parques y jardines y en las plazas de pueblos y ciudades. Por ejemplo en la Plaza del Ayuntamiento de Valencia, existen dos hermosos olivos.

 Para mi es el árbol preferido.

                                                                              Juan J. Hormigo

 

Esta narración corta, nos la ha enviado el Sr. Hormigo el 21-04-10

relato

La Viuda Maria (relatos cortos)

 En  un pueblo  cuyo nombre no recuerdo. En una fecha que no quiero recordar, vivía María con su hija de  unos 14 años  de edad aproximadamente. Maria era viuda, su marido murió en una guerra de las muchas  que ha sufrido el mundo, por  el egoísmo y la  falta de humanidad de los hombres, y la medalla que  le entregaron a la pobre viuda, por  haberse batido en las trincheras su esposo fue la que ella le  puso al cuello el día que marchó al lugar donde estaba citado para vestir el uniforme militar y  embarcarse para el suplicio ( Que eso es la guerra, un suplicio  que se imponen los hombres unos a otros).

 Aquella medalla, no se lucirían en el pecho con cintajos de colores en trajes de gala cuando se celebraban los vistosos desfiles, que tanto enardecen a los militares y mucho mas a los que ostentan estrellas y galones. No, aquella medalla era  muy insignificante, era  del santo Patrón de su pueblo, que no tuvo en cuenta  las suplicas de María y se lo llevó una tarde en uno de los tiroteos mas absurdos de la guerra (absurdos son todos) pero en aquel nada se  libraba, solo  tirar por no aburrirse, porque así lo dispuso el Sr. Comandante que mandaba las compañías, y  aunque en contra de su voluntad el soldado tiene que obedecer a sus jefes, aunque sus jefes sean  unos  energúmenos  sin saber donde andan. Es la vida militar.

  Una mañana que esperaba carta de su marido, la ultima, porque en la anterior le comunicaba que la guerra estaba  a punto de finalizar, porque  los grandes del mundo  firmarían en breve el armisticio. Claro si, fue la última, no le mintió el soldado,  aunque  en muchas otras la verdad  brillaba por su ausencia, pero  mentir es bueno, al menos en la guerra, son mentiras piadosas, para que no sufran los familiares de la retaguardia.
  Aunque a la larga las mentiras se declaran. Pero  en la última decía la verdad –esta carta ya es la ultima que te escribo,” Pero a continuación  venia la mentira. Dentro de pocos días  te podré abrazar a ti y a nuestra niña ¡Cuanto me acuerdo de las dos! (esto era verdad)

 El sobre que le entregó el cartero de su pueblo, llevaba el sello del ejército y decía
 “ Para Doña Maria XX”  ..¡Nunca nadie, le  dio ningún titulo, ahora el ejercito  le daba el de doña, aunque fuese por escrito.
 
 No le gustaba aquel sobre. ¿Por qué esta carta con este membrete?-se preguntaba antes de abrirla. Noto al cartero sombrío, sin ganas de  hablar  con lo hablador que el era, solo le dijo “Adiós Maria, mucha suerte voy que hoy llevo prisa”- y se marchó  a paso ligero.
 El cartero tenía experiencia, y sabia que aquel  sobre nada bueno encerraba. No era  el primera que repartía.

Al rasgar el sobre se cayó la medalla y la cadena que  el soldado llevó al cuello desde el día que se marchó al frente, y al fijarse la desdichada  la primera línea de la misiva. Lanzó un grito y cayó desmayada al suelo.

 Decía así: Señora,  mi deber, con todo el dolor de mi corazón y el de todo el Ejército es comunicarle que su marido el soldado FGC, ha muerto en combate. Es un orgullo para  toda la nación tener a héroes que saben morir por su patria y por los valores que ella encierra.
 Afectuosamente   GMV. General de división...
 Días después  el cartero le entregó  su cartera con la foto de ella, su hija de nueve años que se la hizo el fotógrafo del pueblo y estaba muy mona, y  veinticinco  monedas de curso legal. Era todo lo que poseía. El dinero seria de la paga que le asignaban a ellos, porque  ella nunca recibió  dinero alguno  por el, aunque se batía  hasta morir defendiendo los intereses de la patria, ¡Que palabras mas bellas!  ..Si, palabras y palabras, pero con las bellas palabras no  comería ni ella ni su hija.
 Otro día recibió otra carta de un compañero de su marido que le decía que había sido un gran compañero, un buen hombre, humano y caritativo con todo el mundo. Que cuando entraban en los pueblos como vencedores, no solamente respetaba a las mujeres y  las casas, que también se oponía a que otros desalmados lo hicieran, desafiándose con los que no  tenían sentimientos ni honor. Que lo habían enterrado en el cementerio militar de Las Cruces, con el número 3.455, que figuraba en su cruz.

 Maria quiso ir, y depositar  en su tumba un ramo de flores, pero…no disponía de dinero para un viaje al extranjero y,  nadie se lo podía prestar... ¡Eran todos los vecinos tan pobres…! Y con los ricos no había que contar. Esos  se olvidaban de los pobres. Su vida era el casino, los caballos y el teatro. Sus fincas y el precio del trigo, cuanto mas caro mejor, y los jornales cuanto mas bajos también mejor.

 No encontró  en nadie protección, y se pasaba las noches llorando y hablando a su marido. En la cabecera de la cama tenía una foto  ampliada, y en el marco  depositaba flores silvestres que  traía del campo porque María para sobrevivir ella y su hija todos los días   marchaba al campo, a la sierra, porque era la sierra con su aire puro sus breñas y hondonadas, la que se apiadó de ella, la que le daba de comer  al menos una vez al día; a ella y a su hija.
 

 La niña contaba  doce años ya,  y era la encargada de  las tareas domesticas y  ella al amanecer al monte. Le daba la sierra, madroños, tagarninas, cardillos romazas, setas y caracoles entre otras cosas, Ella, María los limpiaba y los  preparaba y en una cesta de  mimbre los vendía casa por casa. Las mujeres le compraban toda la mercancía. Unas por  lástima y otras porque le gustaba el  producto. También las hubo que aprovechando la situación tan precaria  de la viuda quiso aprovecharse, comprándolas a precios  irrisorios, pero nunca accedió a semejantes abusos.

 María era guapa, fresca y  vistosa,  motivos más que suficientes para  dejar aquella vida de penalidades y sufrimientos, porque  hay que  decir que cuando llovía se mojaba, cuando hacia mucho calor se achicharraba y cuando  soplaba la ventisca muchas veces la tiraba a tierra. Todo esto se lo podía evitar, pues  su belleza exótica era deseada por muchos ricos del pueblo. Su mata de pelo negro hasta los hombros, sus labios rojos sensuales, su nariz  graciosa  su barbilla redonda y sus ojos como el carbón, a pesar de que nunca se arreglaba,  que no quiere decir que fuese una   “guarra” ( la expresión no es muy acertada, pero así lo decimos en Extremadura a la mujer que descuida su cuerpo) Ella no lo descuidaba, se lavaba y peinaba  diariamente antes de ir al monte, y al regreso del mismo pero no usaba  afeites, coloretes ni barra de labios, su belleza era natural, salvaje esa belleza que  Dios o natura coloca en ciertas mujeres, ella fue una agraciada por  quien fuera.
 Pero Maria era demasiado honrada. Nadie, iba a ocupar el lugar de su marido, nadie acariciaría su pelo, aquel pelo que tantas veces se enredó en los gruesos dedos de su amor. No, antes muerta que  manchar   el cariño de aquel muerto, que un día se lo llevaron a la fuerza  a matar hombres, cosa que el detestaba profundamente.
 No, ella pasaría fatigas, se mojaría, se pincharía con espinas hirientes de cardos, se le abrasarían los pies por los pedregosos caminos de la sierra, pero  nunca se avergonzaría ni su hija tampoco de haberse entregado por dinero al primer señorito calavera del pueblo que se lo propuso  hacerla rica. ..
Y Maria pasaba hambre, recosia y recosia su falda, y las fatigas eran diarias. Nunca supo lo que era un teatro ni un cine, para ella  esa vida no existía.  En lo que se esmeraba era en que su hija fuese mejor vestida que ella. También la niña era guapa basta con decir que era el puro retrato de ella, y carne mas fresca, por lo que los señoriítos la codiciaban ya, mas que a Maria.

 Llegó el invierno y la sierra  se heló, las plantas que le daban de comer  se hallaban dormidas, sin jugo y sin tallos, aun faltaba mucho para la primavera. Y el invierno se presentaba crudo, lluvioso y frío.
 Aquel pueblo rodeado de sierras, tenía una salida al llano, un fértil llano donde los olivos eran los dueños y señores de la paramera. Pero solo era un olivar, es decir  que  el amo era único, el  marques del Papel Carbón, La recogida de la aceituna la  realizaba con obreros y obreras del pueblo. Ellos vareaban los olivos y ellas recogían la aceituna que caía al suelo,
. La jornada era desde antes de amanecer hasta que el sol se perdía por  los picos de la montaña, y el sueldo  cada una lo que  sus manos recogían en kilos, muy poco, pero al menos comían y juntaban algún dinero para una semana o dos.

 María y su hija también  fueron admitidas por el señor Marques a la recolección. Y con lo que sacaban ahorraban algún dinero, se encontraban muy felices. Ya realizaban tres comidas diarias, se compraron ropa nueva y dormían  las horas  de la noche. Juntas en el lecho nupcial, que llevó cuando se casó con el soldado.

 Todo iba bien… ¡Con que poco se conforma un pobre…!  Aquellos dos míseros jornales le devolvieron la felicidad que  desde que  cayó el hombre de la casa en una estupida guerra habían perdido.
 La recolección terminó pero la   “benevolencia” del Marqués para con los pobres era mucha, así que permitió que todos los pobres fueran a rebuscar a su finca, ya como sabemos  levantada toda la cosecha

 Y Maria y su hija, también participaban de esta “benevolencia”. No era mucho lo que le pagaban por lo que rebuscaban, pues  los encargados se preocuparon de que no quedasen muchas aceitunas para los pobres.  La almazara donde se la recogían  tampoco la pagaba como la de cosecha, sino mucho menos, pero  en fin  sacaban para comer,

 Se agotó y los rebúsqueros y rebúsqueras dejaron de ir a la finca, pero Maria y su hija con su paciencia heredada de la miseria siguieron acudiendo al rebusco.  …Que iban  hacer? La sierra aun no ofrecía sus plantas comestibles y medicinales, hasta  al menos dos meses y ya los recursos se terminaron. Poco sacaban de la rebusca, pero aunque fuese para el pan llevaban a casa.

 Y aquella mañana  fría nebulosa, que blanqueaban los surcos debido a la escarcha que premió la noche a la tierra, juntaron ramas  e hicieron una hoguera. No ardía muy bien la leña  y la columna de humo las delató. Cuando se estaban calentando las manos,  fueron sorprendidas por el marques y su  administrador. El hombre de confianza, el celestino y encubridor del “noble”. Ellas se asustaron y quisieron marcharse, pero el señor marques las detuvo
- Quietas-dijo apeándose del caballo- Nada os va a pasar, no os asustéis.  Si accedéis a lo que deseamos-
- Nosotras no queremos nada mas que marcharnos de aquí-dijo Maria compujida- Y si los hemos molestados pedimos perdón.

 Los dos  granujas emitieron una malévola sonrisa que no pasó inadvertida de Maria.
-No seáis tontas. No queremos haceros daño, solo que accedáis a nuestras pretensiones. Y yo os aseguro que no tendréis que ir mas a la sierra a recoger hierbajos para comer, ni a rebusca ni pasar soles ni lluvias.en definitiva seréis dos Princesas en casa.

-No,  queremos marcharnos. Vamonos hija- y Maria  asió por el brazo a la niña para apartarla de aquel lugar, que ya  sabia  las intenciones de los dos “caballeros”, aunque eso si., iban a caballo. Pero ¡ay! No lograron dar ni dos pasos. El marques se abalanzó hacia la niña, y el otro a Maria. Chillaron patalearon se defendían con uñas y dientes imploraban lloraban, pedían caridad, pero nadie acudía en su auxilio.

Gritad, gritad decía el principal, que  tenia en el frío suelo tendida a la infeliz criatura y le  entraba la mano entre la raída falda, La pobre no podía, el violador era fuerte, bien comido y bien bebido, la dominaba, con sus fuerzas  la infeliz criatura no podía mas
-Mamá  mamá—clamaba la infeliz, y su madre la oía con tono de desesperación, pero también estaba apresada por el administrador. No podía ir en socorro de su querida niña.

 En esto que tuvo una idea. Quizás el Todopoderoso la ilumino. Aunque  Dios no quiere  que nadie se tome la justicia por su mano. Aunque tampoco debió de consentir el atropello de sus hijas. Pero fuere lo que fuere, María cambió de atictud y fingiendo la voz lo mas dulce que pudo le dijo al sinvergüenza.
-No me fuerces mas he pensado que si que yo acepto vuestras ideas.  Además llevo mucho tiempo sin acostarme con un hombre y hoy se me ha despertado la libido.
- El administrador creyendo que era verdad lo que decía, se levantó,  la asió de la mano y dijo.
-Allí en el chozo es mejor. Hay paja y está el suelo menos frió-apostillaba el energúmeno.
 Y llegaron.- Desnúdate-le conmino ella. Y el se empezó a quitar los pantalones.. Cuando los tenía entre las piernas le dijo Maria.

 

¡Quieto yo te los saco. Me gusta eso. Así lo hacíamos mi marido y yo.El creyéndoselo se paralizó
 Entonces  María se metió la mano en el bolsillo de la falda. El lujurioso no se percató del movimiento, y sacó una navaja que usaba para cortar las hierbas en la sierra. La abrió y el  cobarde  al ver el  gesto amenazante de la  mujer quiso abalanzarse a ella y quitársela, pero no pudo, los pantalones se lo impidieron, estaba amarrado  por los pies, su obcecación por poseerla  fue tan ciega que se amarró el mismo.
Ocurrió lo que  nunca esperaba.; Maria le clavó la cabritera navaja una y otra vez en el corazón con tanta saña que no pudo ni exhalar un suspiro. Cayó a tierra, la tierra que se iba bebiendo la sangre, maldita  de aquel cuerpo inerte..

 Con toda las fuerzas que le daban las piernas, se dirigió donde su hija estaba siendo violada. No pudo evitar la penetración del canalla, pero seria la última. Porque todo el mundo sabia que  había  violado y desflorado a muchas jóvenes poseído por el maldito dinero.
 La niña se hallaba desmadejada nada hacia. Nada podía hacer, un hilito de sangre salía de su  honesto sexo. El canalla no se percató de la llegada de la madre, tan obcecado estaba en la violación. Y Maria levantó la mano  hasta la altura de la cabeza y con saña y fuerza descargo la navaja en la espalda del señor marques. Navaja manchada de sangre del otro. Sangre roja que se mezclo con la sangre azul de un caballero cubierto ante el rey de aquel país. Murió también al instante, y también su sangre (azul) mancho  las ropas y la tierra de rojo.

  La policía  rural y urbana trabajó, para el esclarecimiento de las muertes. Y por las huellas y otros indicios fue encontrada la  que defendió su honra y sobretodo la de su hija, aunque está quedó empañada.
Maria era una asesina, todos los ojos que la vieran la señalarían con el dedo.

 No negó las muertes se declaró culpable. Explico los motivos, pero la sala no la creyó. Alegaron que era para robarles la cartera. Sabían que era mentira, sabían que el marqués era un mujeriego pervertido pero…..¡ Era el señor Marqués,! y ella una desgraciada viuda que andaba de salto en mata por la sierra y los campos. Así justificaron  a aquellos violadores, para no desacreditar su  rango.   Le echaron todo el lodo a la infeliz María.

  Ingreso en prisión y su hija fue internada en un  reformatorio.  En nada había participado, pero las muertes  había que justificarlas.
 No hemos dicho el nombre de la joven, pues se llamaba  Juanita, y Juanita se aplicó, estudió y trabajó. No eran malas las monjas del reformatorio y  pudo sacar la carrera de leyes. Quería defender a las mujeres  maltratadas violadas y  escarnecidas por los  sin almas.
 Conoció a un buen  muchacho que estudiaba leyes como ella, y se enamoraron. Juanita le contó todo lo sucedido que sabemos; así como que su madre  cumplía 20 años injustos de prisión. Se conocieron en la universidad y el iba al reformatorio a verla todos los días. Pasó el tiempo y fueron mayores de edad. Acabaron la carrera y se casaron.
 La familia de el no opuso ninguna traba, aun sabiendo que era hija de una rea.
 Era el padre de Joaquín, nombre del muchacho un excelente abogado. Y le pidió el hijo que  revocara la sentencia de Maria. Se le concedieron, y ahora si tenia defensores. Ella, dijo la verdad, no había pruebas convincentes, unas pisadas de alpargatas es poca cosa podían ser de otra persona. Pero Maria  no quería que  aquellas muertes se la  cargasen a nadie. Ella había sido, por defender la honra  primero la de su hija, después la suya.
  No se arrepentía de nada, porque le dijo a la sala lo que El Alcalde de Zalamea  al Rey Felipe II Al rey la vida y la hacienda se le puede dar, pero el honor es patrimonio del alma y el alma solo es de Dios
  Convencidos los jueces. Ordenaron la puesta en libertad inmediata de la presa Maria XX
 Pero   aunque la abolieron de los delitos de asesinato, permaneció cinco años en prisión. Años que le marcarían la vida para siempre..

 Ya era vieja. Tenía dos nietos Maria y Juan, y  con la paga de la hija y el yerno se defendía. Aunque a veces iba a la sierra, aquella sierra que muchas veces le quitó el hambre no la podía olvidar.

 Mamá vamos a ir al extranjero- le comunicó un día Juanita.
-¿ Al extranjero!-respondió extraña- ¿ Para que?
-No se te habrá olvidado que en un país de centro Europa, en un cementerio militar  reposan los restos de tu marido. Tú querías llevarle flores.
 Maria se puso triste y las lágrimas rodaron por sus mejillas.
- Si, claro que quiero ir. Es lo que he deseado desde que  el se marchó para no volver.
- Pues el lunes salimos. Ya mi marido ha sacado los pasajes, para los  cincos, nos llevamos también a los niños.

 

 Y el martes  se perdían en un laberinto de cruces, lapidas y nombres, algunas  en lugar de nombres tenían números. Ella lo sabía, se lo comunicaron en la carta que le mandó el ejército con la medalla  que le puso al cuello el día de la partida, era el 3455.
 -Aquí está- dijo Juanita después de buscarlo filas por filas. Tenia flores  alguna alma buena se las puso y a parte del número le habían colocado en la cruz el casco.
 Maria tomo el casco  descolorido, y lo abrazó y lo  besó, miró por dentro y  empezó a llorar copiosamente. Allí en el forro pegado estaba la fotografía de su hija, la foto de Juanita. Todos se fundieron en un abrazo. Todos lloraban, ante las miradas conmiserativas de los asistentes.
 No pudieron llevarse  los restos a su país, aquel gobierno lo impedía, lo que si le concedieron era autorización  para cada vez que quisieran ir a visitarlo y ponerle flores.
 Maria depositó al pie de las que tenia un hermosa ramo de rosas rojas. Nunca supieron de quien eran las otras flores, que cada año que   visitaban la tumba estaban frescas y lozanas. Eran del color de la bandera de su país.

 

                                                F   I   N

                                                                                                    Juan Hormigo Bautista

 
Esta narración corta, nos la ha enviado el Sr. Hormigo el 8-04-10

fotozafra

LA FERIA DE ZAFRA (Narración corta)

Aquella noche no dormí. Mi padre me prometió llevarme a la feria de  Zafra, y como nunca había salido del pueblo, eso para mi era traspasar la frontera de lo infinito.

 Mucho había oído hablar de esa feria a los niños que antes que yo tuvieron la fortuna de visitarla.

-Chacho- me decían” ¡Cuantos caballos, y burros y también bueyes…Y ovejas, cabras bueno de todo. ¿No ves los animales que pasan por la carretera de Zafra, pues eso es nada comparado con lo que allí hay.

 - Pues este año voy yo-les respondía ufano-  me lleva mi padre que va a vender un burrillo que ha tenido mi rucia, y yo le he pedido que me lleve a ver el tren, porque como sabéis  por aquí no pasa.

-¡Buhaa, y eso te gusta ver el tren, eso dicen que da miedo. Una maquina que echa mucho humo y detrás los vagones por la vía, eso no es importante.

- ¿Entonces que es?-pregunte ingenuo-

- Si vieras las niñas que se ven por allí, y los circos medio en pelote las cómicas y eso que mi padre no quiso que entráramos en un teatro que se llama Manolita Chen. No niño eso solo es para mayores, y me dio rabia, aunque creo que mas rabia tenia el por no poder entrar  por mi culpa, pero el tren buah, eso es una tontería.

-También-continué yo- mi padre me ha prometido  que cuando venda el burrito, se queda a cuidar  la burra el señor Pedro Pachón y el me lleva a la calle Sevilla. Dicen que hay muchos comercios y librerías y  salones de cine y otro en la esquina que hacen los hombres trato. A mi me gusta porque dice que en una librería que se llama Guerra, me va a comprar el Quijote, si es que hacemos buena venta.

¿Y no te  va a llevar donde están los cacharritos? Ahí si que se esta bien, ¡cuanta gente! Cuantas muchachas Lo demás  no vale nada.

 Y me marche pensando en lo que me dijo mi amigo Guillermo; “lo demás no vale nada”

 Pero todo no se puede ver en el día, - me dijo mi padre cundo le conté que  Guillermo me dijo que lo bonito estaba  en donde ponían los cacharritos y los circos.

 Está bien- dijo mi padre-, si quieres vamos a donde están los cacharritos, y los circos y los puestos de turrón, y todo lo demás, pero tienes que renunciar a ver el tren y la calle Sevilla.

 Lo estuve pensando toda la noche. Me gustaría verlo todo, pero. El tren me fascinaba. Por fin me decidí.

 Papa, quiero ver mejor el tren y la calle Sevilla y que me compres el Quijote,  porque los cacharritos los veo aquí en el pueblo.

Mi padre  me miró y ante mi  ingenuidad dijo- ; Hombre no se puede comparar lo que hay en Zafra a lo que viene aquí, esto es una milésima parte de aquello. ¿Que  decides?

 Ya lo tengo claro, quiero mejor ver el tren, y la calle Sevilla para que me compres el libro

 Eso está bien. Verdad Catalina

Y mi madre le respondió.- este niño no es como otros, le gusta cosas de mayores, serias. Mira que preferir el tren a los cacharritos con su música, sus luces y coloridos y las muchachas que por allí se ven, y los juguetes que hay, y prefiere el libro y el tren; bueno lo que el quiera.
 
 Salimos a las seis de la mañana por el camino para evitar los coches y aglomeraciones. De la carretera. La burra era tranquila pero su cría  joven era revoltosa y para evitar accidentes mi padre  emprendió el camino tranquilo, por los cerros y arroyos. Llegamos a una cantina  de juncos que estaba instalada por unos vecinos de Los Santos de Maimona, y allí paramos para almorzar. Pidió mi padre algo de comer y una mujer que era la esposa del cantinero nos dijo que deseábamos.

 Yo pedí una tostada con aceite y un vaso de leche de cabra, de las que abundaban por allí  que le suministraban la leche tibia y fresca. Lo de fresca es por estar recién ordeñada Leche de jaras y cantuesos, leche buena. Mi padre pidió  migas con un vaso de vino. Y una vez repuestos   emprendimos el camino que faltaba    (8  kilómetro)

  Legamos  a las 8 y media, yo algo cansado y eso que  casi todo el camino fui montado, sin embargo mi padre se hizo todos los 17  kilómetros andando.

 Nos fuimos directos al rodeo. Un ruido como de enjambre de abeja se oía por todas partes. Muchos gitanos y gitanas con varas se arrimaban a los portadores de ganado, especialmente de burros.

-¿Cuanto quiere el payo por el burranco?- le preguntó uno con sombrero  calañes, blusa ancha y vara de  olivo

- No intentes engañarme-le contestó mi padre, que ya os conozco.

¡Ay, vargame Dios! Yo no engaño a naide. Es que la burrilla parece bonita, y me gusta pero sin abusar.

 Al lado la gitana morena, despeinada con un churumbel en brazos, apoyaba a su marido.

 ¡Ay como quiere usted que lo engañe, semos nosotros unos gitanos mu honraos.

 Bueno cuanto me das por el burrito.

- No se, dos mil reales y está muy bien pagao

- Por menos de cuatro mil no hay trato- le dijo mi padre- y el calé con la mujer se fueron  relatando en caló sabe dios que.

 Al poco tiempo llegó otro, seguramente mandado por el primero, y lo mismo, Este subió a dos mil quinientos.

 Nada, mi padre no tragaba.

 En esto que una pareja de la guardia civil a caballo con sables, se acercaba por allí. , y dejaron a mi padre con la palabra en la boca.

 Le oí decir a un guardia,” el fulano está por aquí”, y al divisarlo corriendo pican espuelas a los caballos y lo alcanzaron. Luego supimos que  el y otros tenían por costumbre tantear a los  burros y darle una vuelta para ver como  caminaban pero no volvían ni ellos ni el burro. Aquella vez no volvió porque la pareja se los llevó al cuartel, los burros estarían en algún sitio.

 Tuvimos suerte si se llevan al burrito, ¡Adiós! Hubiese desaparecido por  birli birloque.

 Luego  vendió mi padre el animal por cuatro mil reales, desde luego a un payo sin mediar gitanos.

 Hago aquí una inserción.  No tengo nada contra la raza caló, es mas los admiro y digo muy orgulloso que la primera mujer que me tuvo en sus brazos  cuando me parió mi madre fue una gitana, Si algún cale lee esto  le ruego no se enoje, fue verdad, después los he conocido muy honrados y también amigos míos)

 Con el dinero de la venta nos fuimos a la calle Sevilla. Un río de gente subía y bajaba por la hermosa calle, en una ventana vendían entradas para los toros. Un banderín rojo  era la señal de que allí se vendía  los boletos y un cartel con una mujer de peineta y abanico, anunciaba a los toreros. Antonio Ordóñez, Antonio Bienvenida y Antoñete, era la corrida de los tres Antonios.

 No he sido nunca aficionado a los toros, en eso no he salido a mi abuelo, por lo que  aquel cartel me era indiferente. Había  una cola regular para sacar las entradas.

 Llegamos a la librería Guerra, y en el escaparate había  libros de la época. Enciclopedia grado preparatorio medio y superior de Álvarez, el Quijote de Saturnino Calleja, y entre los religiosos el catecismo Ripalda, la Biblia y el antiguo y nuevo testamento, separados.

 Otros como Ama Rosa, historia de dos ciudades, Genoveva de  Brabante y mas que no recuerdo.

 Yo quería el Quijote, pues el maestro  tenia uno para todos los alumnos y estaba sucio roto y manchado de tinta, de tantas manos como habían pasado por sus páginas.

-Vamos  a comprar el libro, luego te compraré un repión y si quieres vamos a los toros. Hemos vendido muy bien el burrito. ( Al cuidado de la  burra se quedó el  señor Pedro) que no quiso  ir al pueblo, pues en el rodeo  una cantina  provisional de un paisano nuestro, y se quedó bebiendo y hablando con los del pueblo).

 Entramos en la librería y mi padre pidió el libro, un dependiente joven sacó el  mencionado libro no lo mostró a los dos.

-¿Es para el chico?-dijo sonriente.

- Si, es para el – afirmo mi padre. Y lo envolvió en un papel de con inscripciones y dibujos alegóricos a la librería. Cuando lo tuvo envuelto dijo el precio.

¡Vale dos pesetas!-. Mucho era, pero mi padre nada dijo. Sacó la cartera del bolsillo de la chaqueta y le entregó al  sonriente muchacho un billete de cinco pesetas, con  el huecograbado de Cristóbal colón en el reverso y la reina Isabel la Católica en el anverso. El dependiente dándole las gracias le devolvió tres pesetas en  monedas de papel,  con el dibujo del escudo de España, el águila de San Juan y el lema de  Una grande Libre.
 Iba muy contento, y quise ver el libro por lo que rasgue el papel que lo envolvía y empecé a hojearlo. En la primera página se hallaba al  autor, el manco de Lepanto, D. Miguel de Cervantes y Saavedra y  hojeando, ojeando iban saliendo los  grabados. Rocinante flaco como su amo, y el galgo corredor, igual  a los que el maestro, había colocado en la pared de la escuela.

Sancho Panza y su rucio, Dulcinea, la Mari tornes, Teresa Panza, Sanchica, Sansón Carrasco. El cura, el barbero, el ama y la sobrina, pasaron  al momento por mis ojos de niño no muy avispado. Se dice o se decía que el hombre tiene tres fechas inolvidables. Que marcan un hito en su vida. Una  cuando se licencia del servicio militar, otra la noche de bodas y la otra cuando le nace el primer hijo. Pues yo aquel día con el quijote, Zafra y el tren  no sentí menos alegría que cuando llegue a hombre y también me licencie, me case y me nació el primer hijo.

¡Que cosas mas sencillas hacían a un niño sentirse transportado al paraíso de la felicidad! Ya había visto la feria, y tenia el Quijote, ahora sólo faltaba ver el tren, y lo iba a ver como ¡no!

 Sacó mi padre el reloj de bolsillo, por cierto con una maquina de tren en la esfera, un Rocco- pateen (mi hermano lo tiene), y mirando dijo.

-Tenemos tiempo, es la una y media, hasta las dos no tiene la llegada el de Sevilla, así que vamos  despacio para la estación.

- Y paseando nos adentramos en la Avenida de la estación. Era una avenida con dos hileras de frondosos olmos que partía desde la plaza de toros.  Al llegar frente a las paredes del coso taurino, observe a dos chavales de no mas de 18 años, sentado en el suelo, sucios y rotos con una gorrilla de visera, a sus pies un trapo rojo y un cartón escrito con letras desiguales pero de molde que decía.

“Darnos una oportunidad tenemos valor para ser toreros” Se estaban comiendo un trozo de pan con  chorizo que algún alma caritativa y compasiva les  regaló.

¿Esos son toreros papa?-que ignorante estábamos entonces, pero que  poca maldad teníamos!

-No hijo, aspiran a ello, pero ahora solo son dos pobres muchachos que  no sabemos que drama tendrán. Solo son dos maletillas, como te diría yo, dos desgraciados pero quizás algún día  sean famosos y tengan millones, o  los mate algún toro en alguna dehesa, sino  los matan a palos los vaqueros y encargados, que es lo más  probable

  No pregunté mas, aquellas palabras  de mi padre me apenaron. “Sino los mata un toro o los vaqueros que es lo mas probable” se repetía en mi cerebro constantemente.

 Se me borró de la mente al llegar frente a la fábrica de caramelos. Un vasto edificio pintado de azul en medio de la avenida. El la fachada  una  Virgen, rodeada de angelitos en cerámica también azul y una leyenda “ Fabrica de caramelos y chocolates La Reina de los Ángeles”

 Miraba aquella inscripción y dibujo como si fuera una obra de Murillo o Velázquez, a algún pintor se debía la obra pero no sabia a quien, ni mi padre tampoco, quizás alguno local y poco conocido aunque la pintura era muy bella.,

 Yo miraba los edificios, unos bonitos, otros feos y otros simples tapias que ocultaban un corral o huerto, pero aquella avenida  era para mí el boulevard más hermoso de Paris.

 Y por fin llegamos a la estación. Aun faltaban diez minutos para la llegada del tren, pero se prolongó casi hasta la media, era la puntualidad de los trenes de época, siempre con  retraso.

 La estación estaba abarrotada. De aquella estación partían dos líneas, una la de Mérida Sevilla, la otra  Zafra- Huelva, por lo que  había viajeros para todos los pueblos de Extremadura y parte de Andalucía, Gente sentada en el suelo, otros acostados y acostadas en la sala de espera  con una manta bajo el cuerpo, muchos gitanos y gitanas, y algunos  ricos que esperaban el tren en la cantina sentados en   veladores con vino o cerveza en las mesas. El zumbido era si cabe más intenso que el del rodeo. Unas gitanas discutían, y los gitanos las mandaban a callar. Otra pareja de la Guardia Civil, daban vueltas por los andenes y la sala de espera, armados con fusiles,  correajes y tricornios.

 Por rutina o aburrimiento, pedían la documentación a quienes le caían sospechosos. La leían, consultaban el libro de requisitorias y devolvían los papeles.

 Algún problema  surgió entre gitanos. Mi padre me retiró de allí a la otra punta del anden, pero escuche a un gitano decir “Una mujer de nuestra raza no hace eso” eso es cosa de payas”. Gritaban  la discusión era entre una mujer y un hombre. Acudió la pareja y  los mando a callar. No se mas de lo que ocurriría. En  esos momentos se oyó el agudo silbido de la locomotora, el tren entra en agujas-dijo mi padre.

 Me quede boquiabierto  con aquel coloso de hierro, un penacho de humo negro salía de la  corta chimenea de la locomotora, fue  aminorando marcha, hasta que paró justo enfrente de nosotros. Atrás una ristra de más de diez vagones  chirriaron sus frenos al detenerse.

 La gente de apelotonaba en las puertas, “Por favor dejen bajar antes” decían los  de dentro del vagón. Otra vez allí la pareja de guardias para poner orden. Pero yo estaba absorto mirando a la locomotora. Las palancas, las válvulas los “relojes” y aquellos dos hombres tiznados desde los pies hasta la boina que llevaban en la cabeza. Uno echaba paletadas de carbón a la boca de la caldera por donde salían llamas.

- ¡Papa mira, está ardiendo!

- Claro hijo, por eso anda. El fuego calienta el agua  y  el vapor pasa a un embolo que mueve las bielas, que son esas que están pegadas a las ruedas.

 El maquinista, asomado a la ventanilla se reía y me miraba, luego miró al jefe de la estación, uniformado con un traje azul y una gorra  roja, como la de los soldados franceses., en la mano llevaba un banderín enrollado rojo y en la boca un pito.

 - Aver si montan todos-dijo al maquinista quitándose el pito.

 Y por fin despejadas las puertas, subió el palo pitó y un silbido que me  estremeció lanzó la locomotora. Vi. accionar al hombre una palanca y lentamente las ruedas empezaron a moverse, luego fue tomando velocidad, y la locomotora  con un Chom-Chom- y boconadas de humo se fue alejando. Los vagones repletos  de personas, decían adiós, agitaban las manos, algunos soldados con el gorro de borla en la mano saludaban, y yo contemplaba aquella serpiente de fuego y de hierro hasta que se perdió en la curva dirección a Los Santos de Mamona. Ya había logrado mi objetivo, ya había visto el tren. ¡Como  lo iban a envidiar mis amigos! Muchos no habían salido del pueblo, y por el pueblo no pasaba el tren.

 Mi padre  observo mi alegría. ¿ Contento”- Si, papa mucho.

Me alegro hijo. Yo lo he visto muchísimas veces y he hecho muchos kilómetros en el. Dios quiera y  tú si los haces, sea para divertirte y no para sufrir como yo.

 Supe por otras  conversaciones en casa que se refería a la guerra.

- Bueno ya has visto el tren, llevas el Quijote, también la calle Sevilla, y el rodeo, ahora nos vamos que el señor Pedro Pacheco, ya querrá marcharse al pueblo.

 De vuelta vi. a muchas chicas, que bajaron del tren iban acompañadas de sus padres otras con otras muchachas.  No hacia falta  los cacharritos para ver niñas, también en la estación las había. Al llegar de nuevo a la plaza de toros, seguían pidiendo una oportunidad los maletillas.

Las puertas ya estaban abiertas, y vendedores de gorras almohadillas y carteles taurinos rodeaban la plaza, los mas tempraneros empezaban a entrar en ella para ver a los tres matadores,  matar  seis toros. (Respeto a los aficionados, pero a mi no me  llena ese espectáculo).
 

 Y…llegamos a la cantina del paisano, donde algo alegre nos aguardaba Pedro Pachón con  los animales del ronzal. “Vamos a tomar otra copa”- le dijo a mi padre, y  mientras se tomaban las copas de vino, se presentó una chiquilla. Era algo menor que yo, pero no mucho si acaso dos años menos, peinada con trenzas y en las puntas dos lacitos, un vestido de color lila y una rebeca roja. No era muy guapa, pero si graciosa y con unos ojos negros  como luceros; con voz agradable y dulce se dirigió al cantinero.

- Dice mi papa, que si le sobra alguna garrafa de vino para repasársela, que el vendrá a por ella.

 Era la hija de otro cantinero, de un pueblo muy cercano a Zafra, que se le agotó el vino, porque  tenia mas clientes que el de mi pueblo debido a que  como he dicho era de un pueblo muy cerca y lo conocían más gente.

 La chiquilla, me miraba y se reia,no decía nada, pero  fruncía muecas con los labios, y cuando se marchó me sacó la lengua graciosilla en  señal de despedida.

 Mi paisano le repasó la damajuana de vino, pero no  fue ella  sino su padre, a por el encargo, y nosotros emprendimos el camino hacia nuestras casas. Cuando llegamos al pueblo, el sol se había ocultado por la sierra, y las luces de las calles tomaban vida.

 Cuando le conté a mi madre abuelos y hermanas lo que me había divertido, todos se alegraron; les enseñe el Quijote, y aquella noche dormí  muy bien, soñé con el tren, con  el libro, y con la niña que me sacó la lengua.

Pasaron los años. Me harte de libro y de tren y hasta de barco. Hice muchas escoltas, y me sucedieron cosas. Tuve  novias, y el destino quiso que  no se cuajaran aquellos amores. Hasta que en un pequeño pueblo, encontré a la mujer de mi vida.

 Una noche, contando nuestras vidas  de niños, ya que  somos de distintas poblaciones, le redacte, mi primera salida del pueblo, que fue a Zafra, la ciudad a la que mi pueblo pertenece en comarca y judicialmente, como la suya. Le conté lo del tren, y lo del libro, y ella se reía.

-Siempre con  tus cosas, desde niño con la machaca de los libros y los viajes en tren (la verdad que para viajar  lo prefiero a otros medios de transportes)

- Si pero escucha, había en el rodeo la hija de  un cantinero, que fue a pedirle  una garrafa de vino, a otro cantinero de mi pueblo, porque  lo vendió todo, y estaba la cantina llena  gente de todos los pueblos, hombres y mujeres que comían allí.

 Se quedó suspensa y me preguntó.

-¿Sabes que año fue y que día?.

- No lo recuerdo bien, pero seria el año 1949 o 50 y el día el más grande de la feria, cuando  es la  principal corrida de toros.

¡Será posible Virgencita mía!

-Que será posible-dije yo al  oír la expresión con tanto misterio-

- Pues es posible si, lo es. ¿Recuerdas como iba vestida aquella niña?

   -Si, con un vestido lila y una rebeca colorada.

 ¿Y con trenzas?

 Si, y un lacito rosa en las puntas.

Pues esa niña que te sacó la lengua  es hoy tu mujer. Porque soy yo. Y ahora comprendo tu timidez, aquel muchacho claro, eres tú.

 Fue el destino, fue  una casualidad de la vida, o es la divina providencia la que nos ha juntado sin saber nada  uno del otro hasta  14 años después, estando viviendo en el mismo pueblecito!

FIN

  Juan J. Hormigo Bautista