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REGINA

Por Juan José Hormigo Bautista.

 

REGINA

 

Novela por Juan José Hormigo Bautista

                           

A las mujeres que me comprenden

CAPITULO I

¡Sin Pan!

Sonaron las seis campanadas en el reloj que había adosado a la pared de la oficina, marcando el final de la jornada.
  Jacinto tiró la pluma sobre la mesa y colocando los papeles los introdujo en el cajón destinado para ellos. El lunes  emprendería otra nueva jornada, eso es lo que  tenía previsto.
 Jacinto era administrativo, entro en aquella empresa  a la edad de 15 años como listero, y ya cumplido los veinte, muy pronto seria llamado a filas para cumplir el servicio militar obligatorio. Después una vez licenciado del ejército se casaría con la mujer de su vida, su Regina que contaba un año menos que él.

 Conoció a su novia desde que juntos iban a la escuela. Vecinos de toda la vida: habían jugado a los mismos juegos y compartido la misma merienda y cena infinidad de veces.
  A la edad de doce años ya eran novios y lo mismo Jacinto que Regina a esa tierna edad se prometieron amor eterno, ser el uno para el otro o no ser para nadie.

 La muchacha también trabajaba en la misma empresa que su novio; una factoría textil ubicada en el celebre barrio valenciano del Cabañal.
 Jacinto como queda dicho era administrativo. Regina trabajaba en la sección de embalajes.

 Todos los sábados al salir del trabajo caminaban enlazados por la cintura camino de sus respectivas casas, ubicadas en la misma calle len el barrio obrero de Ruzafa.

 A veces tomaban el tranvía, pero casi siempre efectuaban el camino a pié, andando mas de tres kilómetros musitándose palabras de amor.

_ Buenas tardes don Germán- saludó Jacinto al Jefe principal de la fábrica encargado de pagar a los obreros y obreras,
_¡Hola Jacinto!¿ Vienes a cobrar?
 El muchacho le notó algo extraño en la pregunta. Don Germán era elocuente y simpático, pero aquella vez se le notaba  preocupado por algo.

_ Así es don Germán. Ya han dado0 las seis con lo que finaliza la hora del trabajo, y hoy como usted bien sabe don Germán es sábado, ya hasta el lunes. Así que págueme usted que me espera mi Regina en la puerta para  marcharnos a nuestro humilde barrio. Hoy no tomamos el tranvía vamos a pié es más saludable.
 Don Germán se mostraba inquieto, no sabía por donde empezar. Se limpio con  su pañuelo el sudor que se le caía de la frente. Conocía a Jacinto desde niño, lo había visto nacer como  quien dice, siempre había vivido en la misma calle que él., gran amigo de su padre hasta que se fue de este mundo. El don Germán lo habla colocado de listero en la empresa de los Lozanos & García S.A., para que no pasaran muchas fatigas y hambre el y su madre, y a su hermanita de diez años al faltar el cabeza de familia. La niña se llamaba Isabel pero todo el mundo la conocía por el diminutivo de Lita o Isabelita..
 Desde la muerte de su padre don Germán había sido el protector de la familia, y muchas veces le había paliado el hambre aunque no se las quitase del todo. Hizo todo lo que estaba de su parte para colocarlo, y después sabiendo que Regina era novia suya y tampoco gozaba de muy buena posición  por mediación de él antro la muchacha a trabajar. Primero barriendo y fregando los suelos de las grandes naves donde estaba la maquinaria , y mas tarde en el embalaje.
 Con el tiempo esperaban  entrar en maquinas cuando se produjera una vacante, ya que  aunque se trabajaba mas también el sueldo era mayor. Todo se lo debían a don German, pero la suerte le volvería la espalda como se verá.

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Don Wenceslao era el dueño de la fábrica. Había fallecido meses atrás y la dirección de la dirección de la misma, se encargó su hijo Enrique. Enriquito en plan de mofa le llamaba el personal menos relevante, es decir los obreros y encargados de personal.
 Todo lo caballero que había sido su padre lo tenia el hijo de calavera, déspota y mujeriego y tirano para los obraros. Poseído por los millones que de su padre heredó se creía con derecho a todo, a decir de él .Así como también abusar de la debilidad de los trabajadores y en especial de las mujeres que las acosaba constantemente para sus  propósitos lujuriosos
 En una de las inspecciones que hizo por la fábrica, conoció a Regina. Se hallaba esta embalando piezas de tela para su  posterior carga en los carros que serian llevados a la estación del ferrocarril donde el tren las llevara a toda España, Francia y Portugal que se la demandaban.

 La belleza de Regina, era extraordinaria, sus ojos negros, sus brazas ágiles y torneados, sus piernas rectas acompasadas a su hermoso cuerpo, dientes de perlas, sonrisa constante, sus pechos no muy voluminosos, pero su erguidos y redondos iguales, algo chatilla y  una mata de pelo negro sedoso que le llegaba a media espalda. Era como una belleza exótica caribeña. Su abuelo durante el desastre estivo en Cuba y en aquella isla se casó con una nativa que e4ra Regina el vivo retrato de ella.

 Enriquito no podía perder aquella belleza. Quería catar las mieles del placer con Regina. No era amor lo que sentía el señorito  por la obrera, era lujuria pura, y aquel paria de Jacinto no se iba a comer aquel bombón antes que él.

 Por desgracia el dinero casi siempre todo lo consigue, y aquel sinvergüenza estaba convencido de ello.
 El hambre no es buena consejera, y el sabia que muchas muchachas y ella trabajaban allí para no pasarla y para mantener a su familia, muchas huérfanas de padre como lo era Regina.
Por eso Jacinto le estorbaba. Sin él el camino para la canallada lo tendría mas expedito.
 Aquel tonto de don Germán siempre con la honradez en la boca, toda su vida estuvo en la pagaduría de la empresa, y ya con 70 años seguía trabajando, sin coger del dueño ni cinco céntimos que no le pertenecieran en su dilatado empleo. Así opinaba el cínico de Enriquito, en vez de agradecérselo lo ponía de tonto por su honradez.

¡Hola chica! Le saludó Enriquito a la novia de Jacinto una vez que terminó su faena
 La pobre quedó asombrada, confusa y aturdida, solo con verlo le causaba pánico, mas al dirigirse a ella.
_ ¿que desea usted de mi?_ la pregunta estaba preñada de temor, nada bueno podía esperar de aquel  déspota. Creyó la infeliz  haber cometido alguna imprudencia, alguna falta o que a juicio de él no rindiera lo suficiente y la pusiera de patitas en la calle. Temblaba. Desde el fallecimiento de don Wenceslao a los obreros se le trataba sin compasión ni conciencia por parte de los encargados, que temiéndole al amo  obligaban hasta el agotamiento.
 Al vela en ese estafo de nerviosismo y  pánico trató de serenarla.
_ No te aflijas muchacha que nada malo te va a suceder si aceptas lo que te  voy a proponer, que va a ser una cosa muy buena para ti.
_ ¿Y que cosa es don Enrique?- dijo Regina mas calmada y echándose para atrás un mechón de su lindo pelo que le caía  en los ojos tapándole la visión. Ella estaba con la mosca detrás de la oreja, ya sabia como era don Enrique y nada bueno  esperaba de el.
_ Paste por mi oficina y allí hablaremos más tranquilos
Regina estaba confusa. Enriquito había dulcificado el tono autoritario de su voz que parecía otro.
“Que querrá de mi”_pensaba la inocente novia de Jacinto.
_ ¿Da usted su permiso?_ d8ijo  en la puerta de la oficina donde ya estaba sentado el déspota.
 Muy cohibida, muy azorada. Ella era hija del pueblo llano y nunca había hablado con personas de “categoría”. Tan tímida era que no le levantaba la voz ni a don Germán, al que creía un ser superior a ella.
_ Pasa...hija...pasa. No te de miedo entrar; yo no me como a nadie.
Regina paso al interior y se plantó delante de Enriquito, retorciéndose las manos y colorada de vergüenza.
_Siéntate Regina- la invitó mirándola de frente a los ojos que ella bajó.
 Fue a sentarse en un sillón que se hallaba algo distante de la mesa.
_ Acércate.
 Así lo hizo y cuando estuvo  más cerca este la miraba cada vez con más insistencia.
_ Usted dirá don Enrique. ¿He hecho algo mal?
_ Bueno, niña. Así me gusta que me mires a la cara y no temas. Te he hecho venir para decirte que estoy muy contento con tu trabajo, pero pienso que es un puesto muy duro para una joven tan linda y delicada como tu eres; por eso quiero darte algo mejor...mucho mejor.
 Regina se puso en guardia, aquellos ojos brillantes de la calavera no le decían nada bueno aunque le prometiera otra cosa mejor con la boca.
_ ¿Y en que consiste eso mejor don Enrique? Yo estoy bien donde estoy no quiero otro trabajo mejor
 _ Así me gusta Regina que no andemos  con rodeos.
 La muchacha iba comprendiendo. Ya se figuraba lo que de ella deseaba.
_ Lo que tengo que decirte es que me he enamorado de ti._ y al decir esto sacó un pitillo de una petaca de plata y lo encendió con un encendedor del mismo metal- y si aceptas el compromiso serás mi ayudanta, dejaras el embalaje y pasaras conmigo a la oficina. Esto para empezar, luego serás mi  querida, te pondré un piso de los mejores de Valencia y vivirás como una reina, solo por aceptarme en mis caprichos. Una belleza como tú que menos puede esperar.
_ ¡Gracias!
 Regina esperaba esta proposición. Ya tenia conocimiento de otras que le había prometido lo mismo y cuando se cansaba de ella las abandonaba a su suerte.
 La cosa era que no  le convenía mostradse arisca con el. No ganaba mucho en la fábrica pero si la despedía quedaría en la más solemne de la miseria.
 Era época mala, España estaba atravesando una crisis y el trabajo escaseaba notablemente, todo el que estaba colocado aguantaba mas de lo que su cuerpo le permitía, pero... ¿qué iba a hacer?
¡Pobre Regina! Su belleza y honradez la iban a sumir en la desesperación.
_ ¡Que cosas tiene usted don Enrique. Proponerme a mí que sea su novia cuando usted tiene mujeres de su categoría mucho mas finas y guapas que yo. Yo solo soy una obrera zafia de los barrios marginales de Valencia.
_ Eso no me importa Regina.
 Al verla sonreírse creía que ya estaba todo hecho, se equivocaría_ Tu me gustas mas que todas esas cursis y ricas señoritas, de mi estúpido linaje que solo saben cotillear y asistir al teatro vestidas de percal y con abanicos de los mas caros.
_ Si, don Enrique pero... yo no puedo aceptar su noble  proposición. Yo lo que quiero es que usted me deje ir al trabajo que tengo, le prometo esforzarme todos lo que pueda, así que déjeme marchar a mi trabajo.-¿ Porque?...Es que desconfías de mi. No me llames señorito ni don Enrique, me llamas Enrique a secas Enriquito;   ¿no es así como me conocéis entre vosotras?

 La pobre Regina no sabía  que camino tomar, en aquellos momentos deseaba que se la tragase la tierra, aturdida, desconfiada sin saber que contestar. Ella no conocía a fondo la maldad de los hombres, no salía jamás de su barrio, si alguna vez iba al centro de la ciudad era acompañada de una amiga como ella de sencilla y humilde, daban una vuelta o compraban alguna baratija y otra vez para atrás, a su casa a su barrio. Solamente conocía el cine de su barrio de butacas desvencijadas e incomodas, donde con un proyector viejo  proyectaban películas de desecho.
 Los teatros y cines de estreno solo tenia noticias de ellos, cuando leía en las fachadas de los edificios el titulo de la comedia o de la película a estrenar.
 Sus amistades era de lo mas sencillo, muchachas de servir, obreras de fabricas y hasta campesinas de la huerta que Vivian en barracas.
 Por lo que en presencia de aquel hombre  era como si hubiese aterrizado en un nuevo mundo.
_ Pues verá usted don Enrique yo no puedo ser su novia porque  no se si sabrá que tengo novio, y me espera todas las tardes en la puerta de la fabrica para macharnos a casa. Amo al señor y aunque a usted lo aprecio mucho no seria nunca feliz conmigo porque  no puedo amarle.
 Enriquito empezó a impacientarse,  se rascaba la oreja y encendió otro cigarrillo
¿Y quien es ese  novio, porque creo que si la espera en la puerta de la fabrica trabajara  aquí en mi factoría
_ Si, lo conoce muy bien. Es Jacinto Casas, escribiente de su oficina a las órdenes de don Germán
 De los labios del déspota  floreció una sonrisa sarcástica, burlona despreciativa,
_ Ese mamarracho es tu novio? Pues vaya hija el gusto que tienes.
_ No debía usted de insultarlo; es un buen muchacho y nos queremos desde niño.
 Enriquito veía que nada tenia que hacer con aquella muchacha que  era tan pura y casta que despreciaba el bienestar por el amor de su hombre
 No supo ya que contestar, sabia que había metido la pata, que nada lograría  de momento de aquella muchacha, mas adelante cuando el hambre  llamara a su morada  veremos - se decía.
 Por lo pronto Regina seguiría en la sección de embalajes, permanecer callada era  de buena educación. Aquel tipo era capaz de despedir a los dos al verse despreciado por la  obrerita.
 Cuando  la novia de Jacinto se marchó a cumplir con su trabajo, el canalla se fue a la oficina de don Germán.
 Con el ceño fruncido y la cara agria le dijo al administrador.
_ Germán. Cuando venga a cobrar ese tal Jacinto le  pagas  otra semana mas, es la de despido ya no lo necesitamos

 El buen administrador no daba crédito a lo que oía, creía estar soñando, cuando salió de su asombro pregunto.
_ ¿Porque hace eso don Enrique. Jacinto cumple con su deber y  yo solo no puedo llevarlo todo.
_ Es asunto mío. Usted limítese a obedecer mis órdenes. Se lo que me hago.
_ Bien, bien don Enrique. Espero que no tenga que arrepentirse algún día de esta actitud.
Sonrió con sonrisa maligna el sinvergüenza mientras murmuraba entre dientes.
 Ya está dado el primer paso. Ahora a esperar. Y abandonó el despacho sin decirle adiós al bueno de don Germán

 

       
   

CAPITULO II

Buscando trabajo

 Don Germán no encontraba la  manera de comunicarle a su protegido la nefasta noticia que  tenia que darle. El pobre hombre no quería herir el alma de aquel al que vio nacer como se suele decir por fin se decidió... ¡que remedio...!
_ ¡Mira Jacinto _ empezó diciéndole_ La vida a veces nos trae sinsabores que hay que saber afrontar, y a ti te ha tocado ahora ese trance!
_ ¿Que quiere decirme con eso don Germán?
_ ¡Que don Enrique me ha encargado que con la paga de esta semana te de también la de la semana siguiente. Y...lo siento mucho Jacinto pero quedas despedido! Dice que tu trabajo ya no es necesario.
_ ¡Pero...! ¿Que es lo que he hecho de malo, siempre he cumplido lo mejor posible en el trabajo... ¿porque me despide? Usted debe saber los motivos. Aquí hay un mal entendido, una equivocación. Precisamente ahora cuando más falta me hace el sueldo. Mi hermana precisa estudiar, mi madre no se encuentra muy bien y mi Regina  está juntando para cuando venga de la mili casarnos. Si me despide y no encuentro otra cosa que va a ser de nosotros.
 Don Germán estaba irritado, confuso, aquella acción era la canallada más grande que veía don el hijo de aquel gran caballero que fue don Wenceslao, si este viviera eso estaba seguro que no ocurriría, Pero el señorito calavera era obstinado rebelde nada se podía hacer.
_ Hable usted con el don Germán, por Dios se lo pido a usted tiene que hacerle caso lleva muchos años en la fabrica y  es como si fuese  uno de los dueños.
_ Mejor hijo que hables tú. A mi no me hace caso ya he intentado convencerle pero no lo logro. . Habla ponte de rodillas, a ver si se le mueve el corazón, yo no consigo nada...habla, hala tu con el. En tal caso yo te apoyaré.
_ No, don Germán ese hombre no tiene corazón y nadie  tiene porque rebajarse a una hiena. Se burlaría de mí, inventaría alguna calumnia para justificar su cobarde acción. Pero  quisiera don Germán pedirle el favor de que  se enterase las causas de mi despido, porque si es  lo que me figuro lo mato.
 Don Germán como  Jacinto se auguraba
¡Que en todo esto  andaba sin quererlo la pobre Regina. Era demasiado guapa para no codiciarla el  mujeriego calavera, que  todo lo tenia menos caballero y hombre de bien.
-¡Que poco se parece a su padre!
_ Si_ le decía  Jacinto a don Germán_ no se parece en nada, pero por lo tanto  no puedo consentir que ese canalla quiera  de mi novia lo que  de otras desgraciadas a obtenido para luego abandonarlas. Que no don Germán, que lo mato, aunque vaya a la cárcel para toda mi vida.
_ No, Jacinto. Eso no. No te pierdas por  un ser ruin. No creo que se atreva con Regina. Conozco a ella muy bien y se que no aceptaría ninguna proposición  indecente, en eso confía.
_ Si pero la despedirá también, sin tener presente su precaria situación.

                                      *   *   *
 Media hora después  del diálogo entre  don Germán y Jacinto, salio Regina de la fábrica. Jacinto la esperaba en la puerta, con el sueldo y el del despido en la cartera junto a la fotografía de su padre y de ella. Regina nada mas verle la cara  supo que algo grave le ocurría.
 Con el mísero sueldo que después de  más de ocho horas trabajando ganaban mantenían a sus familias y aunque poco ahorraban algunas monedas para  dentro e dos años poderse casar.
 Sabemos que Jacinto tenía a su cargo que como buena valenciana se llamaba Amparo y a su hermana Lita. Sentía el despido por ellas dos más que  por el, el era joven y  resistiría bien  el hambre hasta que encontrara otro nuevo trabajo.
 Regina también era huérfana de padre, no tenía hermanos pero su madre no estaba muy bien de salud, se llamaba Josefina.
¡Que desilusión se iba a llevar Lita cuando supiera que su hermano ya no llevaría mas dinero a casa. Quería estudiar valía para eso según le dijo la maestra y su ilusión era ser maestra de escuela, porque los niños le gustaban mucho. Y al pensar en esto  las lágrimas acudían a sus ojos.
No quiso  causarle disgusto de momento y pensó en ocultarles a la madre y a la hermana  el despido.
 También pensó ocultárselo a Regina, pero eso era imposible, ya que  se le notaba en la cara  aunque tratarse de  disimularlo, además trabajaban en la misma factoría y ella le echaría de menos en cuanto faltase un solo día, ya que el nunca por nada  dejó de ir a la oficina. Se esperaban  por la tarde para irse juntos a casa, bien  a pié o bien en el tranvía esperándose cuando tomaban este medio de transporte en la parada cercana. Imposible ocultárselo

 Regina se dirigió a su novio que ya impaciente la esperaba  hacia media hora. Ella también estaba triste y preocupada, por lo que ya sabemos había sucedido con ella y el déspota de don Enrique (don Enrique por dinero porque ni bachiller poseía)
 No era el primero que se aprovechaba de estas circunstancias de penuria  entre las muchachas trabajadoras. Estaba recién finalizada la guerra civil  española y otra guerra se cernía  por toda Europa, por lo que  los potentados tenían las riendas del poder. Un obrero no era nada a veces no se consideraba ni persona humana. Las mujeres  estaban sometidas al varón, y a las exigencias de los patronos. A muchas  criadas y obreras le sucedió, o aceptas las vilezas del jefe o de patitas a la calle, y los tiempos no estaban para perder así como así un empleo por  escaso que fuera el sueldo. Era una vergüenza. Aunque tampoco hoy se pueda decir que es una balsa de aceite el mundo en estos  casos. Por eso muchas sucumbieron, sin embargos otras se resistieron y guardaron su honra casi hasta la muerte o hasta  la misma muerte. .
__ ¿Que te sucede mi amor que traes esa cara?_preguntó Regina al afligido novio

_ iban caminando entre frondosos naranjales y verdes arrozales, por la vereda que  por la huerta conducía a su barrio. Era el mes de abril cuando las rosas están en toso su apogeo. Jacinto cortó una rosa roja de un rosal que se había criado al borde  de la vereda y se la colocó en el pelo a su novia. Lo premió  esta con una dulce sonrisa.
_ Todo se ha venido abajo mi amor. Te lo voy a decir sin rodeos el canalla de Enriquito me ha puesto en la calle y aun no se los motivos por que don Germán tampoco lo sabe.
 Regina ya se lo suponía. Ella si lo sabía. Ella conocía los motivos del despido. Pero para no apenarlo más no quiso contarle la sucia e indecente oferta del  hijo de don Wenceslao.
 Apenas hablaba Jacinto iba pensativo caminando cabizbajo. Ella lo miraba y el alma se le ablandaba. Por su culpa habían despedido a su novio, con la falta que le hacia el jornal para su madre y hermana.
 Se acongojó tanto que no pudo reprimir el llanto.
_ ¿Porque lloras mi vida?- le preguntaba  el enamorado Jacinto sacando un pañuelo para limpiarle las lágrimas. No te preocupes pronto encontraré otro empleo.
 Quiso tranquilizarla a sabiendas que los empleos estaban muy difíciles.
 Esta misma tarde, o mejor ya mañana me dedicaré a buscar empleo, tengo un amigo que me puede echar una mano, ya verás como el me lo proporciona en la fabrica donde trabaja; es muy apreciado por su jefe espero que me eche una mano. O si no de peón de albañil, en la huerta donde sea tengo que encantarlo. Todos l0s oficios honrados son dignos, y quizás que gane más dinero.
 Todo lo decía para consolar a su novia, pero el no se engañaba. Sabia que el trabajo escaseaba y  además el solo había trabajado en oficinas, le seria muy duro  el trabajo de albañil del campo u otro que  necesitase  fuerza y costumbre desde pequeño.
 _ Esos dos luceros que tienes por ojos no quiero verlos empañados por las lágrimas, quiero verlos claros y brillantes tal como son.
 _ Gracias_ dijo Regina a la vez que lo premiaba con una simpática y dulce sonrisa.
_ Si tú quieres dejo de ir a la fábrica, para vengarme de lo que te han hecho a ti.
_ No, eso no Regina. Tú tienes que mantener a tu madre, que como la mía no anda muy buena y un disgusto la mataría. Mira esto por el momento quiero ocultárselo a mi madre y mi hermana, espero que sepas guardar el secreto.
 Regina guardó silencio. ¡Ay! Si supiera su novio lo que bullía en su cabeza. Pero no. Sufriría en silencio la canallada. Si le contaba a su novio, la  causa de su despido, era capaz porque agallas tenia para ello de desafiarlo a muerte y uno de los dos moriría. Ella no quería que por su culpa, por ser guapa  muriese un hombre. Ella seguiría en la fábrica  capeando el temporal a sabiendas de que Enriquito la iba a acosar cada vez más.
 Por un momento olvidaron la tragedia que se les venia encima y hablaron de amor. Aquel amor que nació de niños y que se mantenía firmes cada día más. El la besaba cuando nadie los veía y ella le correspondía con el beso.
 -_Quiero mi amor ir pura al altar_ le decía cuando el se propasaba, mas por amor que por lujuria_ Quiero ir como me trajo mi madre al mundo pura y entera. Ya tendremos tiempo de  tener niños. A mi los niños me gustan y quiero tener al menos  cuatro.
Y así con estos diálogos de enamorados llegaron a su barrio. Al pasar delante de la gente los saludaban, pero ellos absortos en sus ilusiones muchas veces cometían la falta de no responder al saludo y no lo hacían porque si, lo hacían porque tan ensimismado estaban en sus promesas que no se daban ni cuenta de que los saludaban.
 Cuando llegaron a sus casas se despidieron con un “Hasta mañana mi vida” hasta mañana mi amor” y mirándose a los ojos se cogían las manos. Manos finas de el porque la pluma no causa callos. En cambio la de Regina eran callosas y ásperas por las cuerdas del embalaje.

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Aquella misma noche Jacinto se lanzó a la calle en busca del ansiado empleo. Y para ello se dirigió a casa de  un íntimo amigo que era administrativo de otra gran empresa
 Su amigo  estaba muy bien conceptuado por sus superiores, y por mediación de él Jacinto  creía que lo emplearía en su factoría.
 Este joven tenía su domicilio en la calle de Sagunto, donde finalizaba el tranvía número 6. O sea en la otra punta de la ciudad hacia el norte, Jacinto vivía en el sur
 El novio de Regina no quería hacer gastos, el dinero de las dos semanas que le pagó don Germán quería expansionarlo al máximo. Por eso no tomó el tranvía y se  fue andando a casa de su amigo, que como sabemos tenia que atravesar la ciudad de un extremo a otro.
 El tranvía tenia  el final justamente en la casa que vivía  Miguel, que este es el nombre de su amigo, pero ida y vuelta valía dos pesetas y ese dinero se lo ahorraría yendo a pie. Aquella noche recorrería 16 kilómetros entre  ida y vuelta
 Al pasar por la plaza del Caudillo, aun las floristas no habían cerrado sus puestos de flores. Se fijó en un precioso ramo de rosas blancas que se hallaba dentro de un cubo de agua. Ganas le dieron de comprarlas para su novia, pero no podía gastarse el dinero en regalos.
Con  dolor de su corazón dejó las rosas don de estaban pensando “¡Como le hubiesen alegrado el alma a su Regina! En fin otra vez será” y aligeró el paso.
 La calle de San Vicente estaba  casi desierta, los transeúntes eran poco a pesar de ser la tarde –noche bastante agradable., en tres zancada llegó a la plaza de la Reina, pasó rozando el Miguelete y se puso en la plaza de la Virgen, las tres plazas  mas bonitas de Valencia en aquel tiempo.
 En la plaza de la virgen un mendigo le pidió una limosna. Su gran corazón le empujó a registrarse los bolsillos, encontró una moneda de diez céntimos y se la dio. No era mucho pero juntando otras  cinco más tendría para un bocadillo de tortilla en una de las tascas del barrio del Carmen.

 En las Torres de serrano el tranvía lo dejó atrás, paso el puente y se adentró en la calle Sagunto caminaba a pasa de gacela dando grandes zancadas quería  coger a su amigo antes de irse a la cama.
 Llamó a la puerta con el llamador que representaba una mano con una bola.
 Su amigo le abrió la puerta y asustado le preguntó.
_ ¿Ocurre algo Jacinto? ¿ Como de tan lejos vienes a estas horas?.
 Jacinto notó que  su amigo estaba azorado al verlo,  y lo tranquilizó.
_ No ocurre nada Miguel, al menos de enfermedades ni otras cosas pero me ocurre una gran desdicha.
_ ¿Que te ocurre amigo? Que vienes desde la otra punta y tan sofocado,  vamos entra y siéntate.
 Entró Jacinto en la sala de la casa  donde había una mesa redonda con cuatro sillas. La madre de Miguel ya estaba en la cama.
_ ¿Que ocurre Miguel? ¿Quién ha venido a estas horas?
_Es mi amigo Jacinto madre. Ahora me dirá que le ocurre.
 La señora no volvió a preguntar, se dormiría o estaría escuchando la conversación. Miguel volvió a preguntar.
_¡ Me intrigas Jacinto ¿ Que te ocurre dímelo ya?
_ Lo que me ocurre es que me han despedido de la fabrica o sea que ya no trabajo mas con los Lozanos & García S.A.
_ ¿por qué...? ¿Que has hecho?
_ Eso es lo que yo quería saber Miguel, pero nada me han aclarado. Ayer al ir a cobrar la semana me han pagado otra de despido, y solo me han dicho que ya no hago falta en la oficina.
 Miguel se llevó las manos a la cabeza dubitativo  le respectó.
_ Es incomprensible que no hagas falta en la oficina con la cantidad de papeleo que existe, y también es incomprensible que te hayan despedido por nada. ¿Me dices la verdad?
_ ¿No lo crees...?
_ Si, pero... ¿que puedo hacer yo? ¿Qué quieres de mí?
 Jacinto lo miró con escepticismo para asestarle.
_ Nada, no quiero nada.¡ Creí tener un amigo!

_ Y lo tienes Jacinto_ le respondió Miguel incomodado por la palabra._ perdóname si te he ofendido. Pero no me has dicho lo que quieres.
 Jacinto dulcificó el rostro lo había recibido no con mucha simpatía, pero rectificó.
_ Miguel te dije que no hay motivos para ponerme de patitas en la calle, pero yo sospecho algo.
_ Aclárame Jacinto esas sospechas. Soy tu amigo y te escucho, creo que  vienes para que te  emplee en mi trabajo. La cosa está muy mal pero veremos que se puede hacer.
_ Intuyo Miguel que el canalla de Enriquito me ha despedido porque le estorbo, sabes porque?
_ No, como lo voy a saber si no me lo dices.
_ Pues porque quiere  algo con Regina. Tú me entiendes ¿no? Ya sabes que mi novia es guapa y el sinvergüenza está acostumbrado a presionar para  lograr  a cualquier muchacha que le guste  al precio y a la canallada que sea.
¡Infame! Exclamó Miguel. Cuando cambiar esto.
_ ¡Nunca Miguel; nunca!

Y he venido a verte  por si como dices puedes  emplearme en lo que sea, aunque sea lo mas bajo de la fábrica. Mi hermana y mi madre no saben nada, no quiero darle mas disgusto, de otra forma algo tendré que hacer si no  encuentro faena, robare y si voy a la cárcel ellas se quedan desamparadas al igual que mi Regina a merced del canalla de los Lozano & García.
_ Haré lo que pueda Jacinto, te lo juro, pero los tiempos que corren son muy difíciles, y lo veo mal que te admitan en la empresa donde, que a decirte verdad tampoco son unos ángeles.
_ Ya lo se amigo...ya lo se.
_ En fin Jacinto vete tranquilo que lo que esté de mi parte, lo haré, ahora vete y toma el tranvía 6, yo te lo pago, está bastante lejos tu casa y vas a llegar muy tarde.
 Jacinto sintió pena de si mismo. Había hecho el camino a pié, y ahora su amigo le brindaba el importe del tranvía  hasta su casa
 No paso desapercibida esta circunstancia por Miguel y le dijo.
_Te encuentro muy alicaído Jacinto. ¡Anímate hombre, Dios aprieta pero no ahoga.
_ Es que Miguel, no pienso coger el tranvía. Hace frío y voy mejor andando_ ¿Eres o no amigo mío Jacinto?

_Sabes que si, Miguel. Amigo, amigo.
_Entonces acéptame estas dos pesetas para el tranvía, no me las desprecie. Se que no lo pasas muy bien.
 Jacinto se puso rojo de vergüenza. Miguel había adivinado que el no tomar el transporte público era por falta de dinero.
_ Gracias, Miguel muchas gracias, pero aun puedo caminar.
_ No seas tonto y vete en el tranvía.
 Y al decir esto sacó la cartera y le entregó cinco pesetas
_ Gracias amigo, algún día te las devolveré aumentadas,
_ Anda Jacinto no pienses en eso. Y  ya sabes procurare que entres a trabajar en la fábrica
Y se despidieron con un apretón de mano.
      
                             *     *     *

 Todos los esfuerzos de Miguel, y la influencia que  tenía ante sus jefes en la fábrica de cerámica  en que trabajaba fueron inútiles. No había trabajo para el; sobraban obreros. Eso es lo que le decía el Jefe de personal y el dueño.
 Con dolor de su corazón se lo comunicó a Jacinto, y este lo comprendió.
 Miguel hizo todo lo que pudo, eso tenía que agradecerle.
 Recorrió el novio de Regina, todas las obras, todos los talleres y fábricas pateo la huerta, en todas partes  le decían los mismo “No tenemos faena” nos sobran obreros.
 Tampoco en las oficinas, a pesar de demostrarle que entendía
 de contabilidad y sabia llevar una  oficina tuvo suerte. La palabra nos sobran oficinistas, la llevaba metida en la cabeza.
 El muchacho desesperaba, porque la semana  se iba volando y si no encontraba  trabajo, tenia que decirle la verdad a su madre y hermana, y no quería disgustarla. Bastante tenían ya con sus problemas.
 Se armó de valor y le contó a su hermana todo lo que ya sabemos.
 Lita, la pobre muchacha lo tomó con resignación, solo dijo.
_ No te apures hermano. Yo tengo una amiga que trabaja en un obrador de costura, entraré de aprendiza, ya veras y algo ganaré.
 Aquellas ingenuas palabras de su hermana le llenaron los ojos de agua y para disimular se marcho a su habitación.
Pero no, Lita debía de seguir estudiando y era él, el que  debía encontrar trabajo, el era el cabeza de familia y por tanto le correspondía llevar el sustento a casa.
 Su madre aun no sabia nada. Lita estaba alertada por el y no quisieron darle un gran disgusto.
 El muchacho se desesperaba.  El tiempo transcurría  y el dinero  se agotaba.
 Se acercó al puerto por si llegaba algún barco de carga y necesitaban descargadores o cargadores paro otro que zarpara, pero llegaban pocos barcos del extranjero. España estaba bloqueada y las naciones no querían  contacto con el gobierno dictador. Si no encontraba trabajo estaba dispuesto a robar aunque fuese un delito, mas delito era dejarse morir de hambre a su madre y a su hermana
 Caminando de acá para allá pensaba en otros tiempos. Cuando era niño y asistía a la escuela, en sus amigos de infancia y así le vino a la memoria Eduardo un hijo de militar que se sentaban  juntos en la misma mesa escolar.
 Eduardo era teniente de Infantería y su padre Coronel del Regimiento que estaba ubicado el paseo de la Alameda.
 Eduardo no era gran militar por obedecer a su padre se fue a la academia de Toledo y de allí pasó con el grado de teniente  al mismo Regimiento de su padre. No hace falta decir  como, bueno si por recomendación, un coronel pesa bastante en el ejercito de entonces.
 Y... cuando su amigo Eduardo ingresó en la  Academia de Infantería, el  entró de listero en la fábrica textil de Lozanos & García S.A.
Pensaba “Quizás mi amigo tenga un puesto en el cuartel para mi” Era una idea descabellada, pero cuando la necesidad aprieta hay que entrar la cabeza por cualquier agujero. Y se dirigió al cuartel.
Recordaba algunas vivencias de su niñez. Y se le vino a la memoria una conversación que tuvo con su amigo en el recreo de la escuela.-decía Eduardo.
_ Mira Jacinto, a mi no me gusta mucho ser militar, pero mi padre que es Comandante se empeña en que lo sea dice que en el ejercito es donde los hombres se hacen mas fuerte y mas nobles, dice que es donde se dan los hechos mas sublimes y a los que mueren por la patria los recoge la inmortalidad. Tonterías de mi padre, el que muere para siempre, pero se ha empeñado y también mi madre en que tengo que  continuar la carrera de las armas y no quiero decepcionarle, así, que cuando finalice el bachillerato me iré a la Academia de Infantería, que es donde el quiere.
_ Pues mi padre opina de diferente manera _ le respondía Jacinto_ dice que si no hubiese ejércitos no habría guerras y las guerras solo traen destrucción y muerte y con esto  llantos y lutos.
_ Bueno tampoco es eso Jacinto, hay hechos humanitarios, muchas veces el ejercito a colaborado y mejor que  nadie en salvar a personas en inundaciones y otras catástrofes junto a la Guardia Civil, eso  se puede leer en algunos libros.
 Y esto unido a la necesidad fue lo que le hizo dirigirse al cuartel  iba a sentar plaza de soldado, al menos algo ganaría y algo podría llevar a su casa, mejor que dando vueltas  a la capital y escuchando el “No tenemos trabajo” los que estamos sobramos”.
 Próximo a la puerta oyó que el centinela le  daba el alto, a la vez que le colocaba el fusil en el pecho.
 Aunque no había realizado el servicio militar no se asustó pues  sabia que nada le podía hacer sin permiso de los superiores. Puso las manos en alto. El centinela le dijo.
_ Espere que venga el cabo de guardia y vociferó “Cabo guardia” Cabo guardia.

Cuado se presentó el cabo de guardia lo salido militarmente a la vez que le preguntada.
_ ¿Qué se le ofrece?
_Necesito ver al teniente Guerrero, Eduardo Guerrero.
_ Don Eduardo, mejor.
_ Bueno don Eduardo  si así lo desa-replicó Jacinto que observó que el cabo lo miraba  no con mucha simpatía.
Aguarde un momento.
 Estuvo más de media hora  esperando a su amigo Eduardo. Ya estaba cansado, pensaba_ Este  ya con estrellas nada quiere sabe de mi, un pobre oficinista  sin trabajo
Por fin llegó el teniente. Se alegró de veras al verlo, pero a la vez se extrañó que Jacinto pisara sin ser llamado un establecimiento militar, conocía la aversión que e sentía por todo uniforme.
 _ ¡Hombre Jacinto; tu por aquí! Y le tendió la mana. Jacinto la estrechó con fuerzas.
_ ¿Que se te ha perdido en este lugar.
_ Si Eduardo yo por aquí. Veo que  tenéis mucha disciplina, con poco mas me mata el centinela.
_ No hombre, no, no es para tanto. Pero vamos a la cantina y charlamos un rato de nuestros tiempos.  Hoy estoy casi libre, bueno tengo que  instruir a los soldados, pero ya he delegado eso en el sargento, así que tengo todo el tiempo para ti.
_ Gracias Eduardo, pero...
_ Nada hombre, nada yo pago los gastos, tu vienes al cuartel invitado.
 En la cantina de tropa se sentaron ante una mesa. El teniente pidió al camarero dos cervezas que se las llevó  enseguida.
_ Vamos habla. Cuéntame algo de ti vida Jacinto, hace tiempo que no nos vemos ¿sigues de oficinista en la fabrica?
 Jacinto  bajó la cabeza. No sabía como emperezar. Eduardo notó la congoja.
_ Mira Jacinto. O somos amigos de verdad o solo somos amigos de paso. Cuantíame lo que te ocurre, porque se que algo te ocurre, tu no eres así. Esa cara me lo dice.Asi que adelante.
 Jacinto  le dio un sorbo al vaso de cerveza alzo la cara y  dijo.
_ Me hallo en un gran apuro Eduardo, y vengo a ver si puedes solucionarme  el problema.
_ Adelante cuéntame.
_ Me ha despedido de la fábrica y no encuentro trabajo. Me queda un año para ingresar  como soldado de replazo en el ejercito, y no se gana nada. He recorrido Valencia de norte a sur y de este a oeste buscando trabajo y  como si nada estoy desesperado.
_ Ya comprendo. ¿ Quieres ingresar  como voluntario, y me pides .Consejo  o recomendación?
_ Las dos  cosas Eduardo.
_ Veremos, veremos lo que yo puedo hacer.
_ Tu padre es el coronel, si tu quieres puedo ingresar sin ninguna pega.
_ La verdad que si, pero con mi padre la verdad no me llevo muy bien. Es demasiado exigente, un militar  de los antiguos ordeno y mando sin esperar razones.

Entonces amigo. Adiós!.
_ No hombre no. Espera, yo si puedo  meterte aquí, pero esto es duro y más para un soldado. Veré dada la precariedad en que te encuentras si puedo meterte en el almacén de intendencia, y así  algo podrás llevar a casa. Todos lo hacen, no es legal pero...
_ Es que yo no quisiera caer en falta,
_ Bueno si se tiene vista no pasa nada. La comida no te faltará y con lo que ganes y algo que puedas apañar, tu madre y hermana pueden al menos comer..
 A pesar de no llevarse muy bien con su padre, intercedió para que Jacinto entrara como soldado voluntario en aquel Regimiento y  al día siguiente era ya un soldado más.
 Paradojas de la vida. Odiaba la guerra y a los ejércitos y en el  iba a solucionar el problema del hambre.
Cuando doña Amparo supo que su hijo había entrado como soldado voluntario, por que un canalla lo despidió de su trabajo, estuvo a punto de que le diera un ataque de histerismo, pero el llanto la desahogó y pudo recuperarse decía.
_ Prefería hijo haber pasado hambre ha que te hayas alistado en el ejército... ¡Sabe Dios donde te mandaran con lo revuelto que anda el mundo...!
_ Si, madre pero eso no es aquí. En España  no tenemos guerra. Eso ya pasó ahora tenemos paz y no hay ningún peligro.
_ Si pero están los maquis en la sierra ¿Crees que no lo se? Y muchos soldados van a combatirlos.
_ Pocos madre, para eso está la Guardia Civil, es verdad que van algunos pero no todos la mayoría se quedan en los cuarteles. Además madre he buscado trabajo y no lo he encontrado por parte alguna, he firmado tres años y la comida está asegurada, luego veremos  si continúo o encuentro otra cosa mejor. Tres años pasan pronto.

 

CAPITULO III

Raptada

 

 Regina al día siguiente del despido de su novio y la proposición indecente que le hizo Enriquito, como todos los días fue a trabajar a la factoría a su puesto de embaladora. La infeliz creía que el sinvergüenza había desistido de sus propósitos de hacerla suya. No fue así. El gavilán acechaba a la paloma.
“Un arrebato de lujuria lo padece cualquier hombre”- se decía para si la novia del reciente soldado- ya se la habrá pasado y me dejará en paz.¡ con las mujeres que hay se ha tenido que fijar en mi.
 Y se entregó a su trabajo con ahínco como siempre.
 En la empresa trabajaba entre otras muchas mujeres Carmen. Contaba esta mujer sobre unos 37 años, era hermosa y de buen ver aunque no muy guapa. Muy amiga de Enriquito.
 Regina y Carmen se conocían del trabajo, sin más. Pocas veces entablaron conversaciones  más allá de lo  esencialmente necesario para entenderse en el trabajo.
 Ya conocemos como era Regina, una pobre ingenua sin ninguna clase de maldad, todo lo contrario de Carmen, porque carmen era aun peor que  don Enrique y esta le iba a servir de celestina, o eso al menos trataban los dos compinches para  lograr sus propósitos el amo.
 Y un día Carmen invitó a Regina a su casa a tomar café.
 Como era tan ingenua aceptó creyendo  que  aquella invitación era una deferncia que le hacia la pérfida Carmen a ella por simpatía,
_Vamos muchas, casi todas las empleadas. Cumplo años y tengo ese gusto. Tu Regina vienes conmigo, las otras residen cerca, irán cuando todo este dispuesto para el convite.
 Regina se mostraba remisa, pues hacia días que no veía a su novio, y tener que arreglar su casa, porque ya sabemos que su madre enferma y  vieja no hacia nada en casa.
Pero era fácil de convencer. Y Carmen con miles argucias la convenció.
Por cierto_  le decía y apenas nos conocemos. Y eso que trabajamos en la misma sección. Hoy tenemos el honor de conocernos a fondo, ya verás como te acuerdas de mi_ y al decir esto una sonrisa maligna se dibujó en sus finos y blanquecinas labios.
 Regina que  no hace falta decir que era muy cándida, se dejó atrapar por la sonrisa de la celestina Carmen.
 Y antes de marchar a su casa, se agarraron del brazo y se encaminaron a casa de Carmen.
_ ¡Siéntate en ese sillón. Mientras yo preparo el café y unas pastas de dulces que he comprado, lo vamos a celebrar por todo lo alto.
_¡No, yo te ayudo. No está bien que mientras tú trabajas yo permanezca sentada.
 Las almas nobles son tan confiadas que nada sospechaba, claro que tampoco tenia motivos para sospechar. Sabia que carmen era preferida de don Enrique, pero no  para ser cómplice de sus fechorías.
-No hablar del asunto. Tú eres una invitada y no está bien que trabajes. Las otras vendrán mas tardes, mientras nosotras tomaremos café.
 Lo tenía todo muy bien planeado. Nadie iría a tomar café aquella tarde, cayó en la trampa como un  pajarillo.
 El dinero es malo, por dinero se hacen todas las fechorías del mundo, se mata, se engaña y se viola sin importarnos la victima. Regina iba a ser una victima de la maldad de un hombre y una mujer; esta por dinero.
_ Yo asumo toda la responsabilidad_le prometió a Carmen al ver como esta se mostraba reacia a la canallada que le propuso.

 La casa de Carmen era un pisito en la calle de los Zapadores, no muy lejos donde Regina  vivía.
  Mientras preparaba el café en la diminuta cocina, entretenía a la  ingenua  novia de Jacinto con estas palabras.
_ Mira Regina aunque yo me llevo bien con don Enrique, no dejo de comprender que es un déspota, un negrero un verdugo q7ue al igual que todas detesto.
 Cuando vuelva la tortilla, porque no te quepa duda esto tiene que dar la vuelta se van a enterar estos verdugos.
 Regina, se mostraba inquieta no le gustaba la conversación su Carmen. Ella sabia que eso era imposible, por otra parte llevándose tan bien con  el amo ¿Porque hablaba así de el?
_ Eso Carmen nunca llegará, los pobres seremos siempre los esclavos y los ricos los  opresores. El pez grande se come al chico. Pero. Mejor es hablar de otra cosa,
_ Es verdad Regina dejemos eso y vayamos a lo nuestro.

Carmen se marchó a la cocina, y Regina se quedó en la salita, esperando a que llegaran las otras empleadas de la fábrica. Pero el tiempo pasaba y no llegaban, por lo que Regina objetó.
¿Tardan mucho? Ya es tiempo suficiente de que hayan llegado.
 La pérfida Carmen sonrió para ella y se dijo
_ Ni han llegado ni llegaran. Ahora bébete el café.
 Y acto seguido le llevó una humeante taza que desprendía un olor muy  agradable.
¿-¡ Que amable eres Carmen. ¿No está bien que yo sea la primera.
_ Anda Regina, sabe Dios cuando vendrán, a lo mejor le han salido otra cosa y  tardan  o no vienen. Anda bébetelo, no hagas ese desaire de no tómatelo.
 Y la confiada novia de Jacinto, se bebió la taza, sorbo a sorbo. Notó algo raro al paladar, pero no creía que fuese nada malo contra ella, y porno hacer el desprecio nada dijo.
 La pérfida carmen había echado en la taza un narcótico,  que Enriquito le dio para  que perdido el conocimiento pudiese ser trasladada a un cortijo de la sierra, sin darse cuenta de ello.
 No tardó en quedar profundamente dormida  nuestra  amiga, por los efectos del  beleño, y entonces Carmen se asomó al balcón que daba a la calle, y le hizo señas a los  ocupantes de un “Ford” estacionado en la calzada, justo frente a la fachada de la casa de carmen.
 De el bajaron dos hombres, uno era Enriquito, el otro el chofer.
 Subieron las escaleras a zancadas. Ya había oscurecido, y la calle no disponía.de más luz que unas mortecinas  bombillas en los extremos de la calle. Todo  a pedir de boca para la canallada.
 Ya dentro  Carmen le dijo.
 _Ya está la niña dormida. Ahora vosotros hacer vuestro trabajo; yo ya he hecho el mío.

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Taparon a la infeliz con una manta como si fuera un mueble que transportaran y la metieron en el coche. Por suerte para los tres, nadie  pasaba por la calle. Hacia algo de frió y la gente estaban en sus casas resguardadas. Tampoco era un lugar muy concurrido, así que todo le salió a pedir de boca a los  desalmados raptores. Ya hemos dicho que hacia frío, y un aire soplaba de la serranía  haciendo  muy desagradable la noche. .
 No tardaron mucho en atravesar toda la ciudad. El tráfico era escaso, y el chofer muy experimentado sabia  llevarlo a velocidad adecuada y  escurriéndose por los sitio que no había vigilancia policial.
 Tomaron la carretera del Rincón de Ademuz y llegaron a la sierra no muy lejos de Chelva, pero en un lugar   donde no  subían ni los lobos. Allí en una casa que  se hallaba en un picacho la llevarían para que acced8iera a las exigencias del señorito. Tuvieron que abandonar el coche  en un valle, ya que hasta la cima del monte donde  se hallaba el casucho no podía  acceder el vehículo. Entre los dos hombres la subieron, y aun no había despertado del fuerte narcótico.
 Iba en los asientos traseros. Hacia un frío intenso, una noche no muy corriente en Valencia; el aire soplaba de las sierras de Teruel cortaba como un cuchillo. Por las calles habían pocos transeúntes, se hallaban casi desiertas. A veces se paraban al ver la patrulla de la policía, y simulaban una avería. Los Guardias se acercaban por si necesitaban  ayuda, pero ellos decían que no que ya estaba  solucionado, era un cable que se había soltado de la dinamo pero que ya la habían colocado.
 Cuando los guardias se marcharon no encontraron dificultades y maniobran a sus anchas. Así atravesaron toda la cuidad, se internaron por la carretera de Ademuz y  llegaron a la serranía.
 Profundamente dormida a causa del beleño de nada se daba cuenta ya que su sentido y sus músculos se encontraban completamente dormidos, caída en un sopor  grandísimo.
 Llegaron a un sitio donde el vehículo no podía subir más. El camino hasta la  el casucho donde la iban a secuestrar era transitable solo para cabras y liebres, así que abandonaron el coche y entre los dos hombres la llevaron al sitio mas difícil de llegar de toda la serranía. Se hallaba la casa en un pico rodeado de barrancos, y oculto por exuberante vegetación de retamas muy altas y algunas encinas y algarrobos. Nadie subía a aquel lugar, ni aun la Guardia Civil conocedora del terreno conocía aquella cueva-casa.
 Cuando los efectos del narcótico se fueron evaporando, volvió en si,  se hallaba tendida en un camastro sin sabanas, vestida y tapada con una manta. La oscuridad era absoluta
_ ¡Dios mío donde estoy...! ¡Carmen...Carmen! ¿Donde estas?
 A los desaforados gritos de auxilio acudió una vieja portando una palmatoria de barro cocido con una torcida o cabo de vela que proyectaba sobre las desnudas paredes sombras siniestras.
 La vieja que era de carácter agrio y antipático, de voz aguardentosa, nariz picuda y ojos de lechuza como las brujas de los cuentos de hadas. Entro recriminándola por haberla despertado a las cuatro de la mañana. Pero al rato cambió y dulcificó la voz.
¿Qué te sucede preciosa? Le interrogó acercándole la palmatoria a su bello rostro.
 Regina al ver aquella siniestra  figura, quiso emprender la huida. Pero ¡ay! No veía la puerta. La poca luz y  la mente todavía embotada por el narcótico no acertaba a verla.
_ ¿Quien es usted? ¿Donde me encuentro...? ¡Carmen...! ¿Donde está Carmen?
 Las palabras le salían  atropelladas, presa por el miedo  que aquella repugnante  mujer le causaba.
_ No se aflija señorita_ respondía la “bruja”con fingida sonrisa que  su boca desdentada  y horrible emitía, estas en un lugar muy agradable y sano. Tampoco va a permanecer aquí mucho tiempo. Según me han dicho, solo hasta que el  señorito don Enrique venga de Valencia y disponga lo que he de hacer contigo. Otra cosa no se decirle, pues ni lo se ni tampoco me importa.
 La desdichada llamaba a voces a Carmen y otra veces a su novio, pero solo  el silencia le respondía. Hasta que se dio cuenta que allí estaba secuestrada por mandato de Enriquito.
_ ¿Porque no me deja usted marchar? Que mal le he hecho yo señora.
_ Mira niña yo obedezco ordenes y le voy a decir porque no la dejo escapar.
 Primero si te suelto, don Enrique me mata y me tira a un barranco, nadie me echaría en falta porque estoy aquí porque la justicia me reclama por una cosa que no te importa.
 Y lo segundo si te dejo marchar no llegarías ni  a encontrar la vereda que conduce a este lugar rodeado de abismos, caerías en un barranco y adiós, o te comerían los lobos que estos contornos están poblado de ellos. ¿Quieres saber más?
 La novia de Jacinto comprendió que de allí no tenia fácil  librarse del acoso de Enriquito y rompió en un amargo llanto. Aquello que le ofreció en la oficina, todo era mentira un engaño para que aceptara a su vil deseo. Por eso despidió a su novio para que no le estorbara. Ahora la estaría buscando por todas partes sin encontrarla, y la falsa Carmen estaba en compinche con él,  ¡Que incauta he sido!
 No pudo dormir, hasta que las claras de un nuevo día  penetró por un ventanuco enrejado estuvo sollozando.
                                          *    *    *
España por motivo de la reciente guerra que sufrió pasaba por un mal momento.
 Había hambre y miseria odios y venganzas. Las ciudades y los campos quedaron arrasados, los únicos que medio Vivian eran los vencedores, que envalentonados con la victoria a veces cometían toda clase de vejaciones y atropellos sobre los vencidos.
 Los rojos estaban muy mal vistos, ser de izquierdas en aquellos tiempos era una mancha para los derechistas.
 En Francia se organizaba el derrotado ejército de la Republica, aquellos derrotados ávidos de  revancha formaron guerrillas para derrocar al régimen del vencedor Franco.
 A estos le llamaban “maquis”, huidos o bandoleros.
  Muchos de estos hombres  y algunas mujeres atravesaron los Pirineos, ya que estaban refugiados en Francia y con otros que estaban por el monte organizaron la guerrilla.
 Aquellos hombres invadieron todos los montes de  España e incluso algunos se internaros en Portugal.
 Los huidos esperaban la derrota de Hitler, por los aliados y hacerse con el gobierno de España.
 No fue así Franco  siguió en el poder muchos años después hasta 1975 que falleció,
 En el cuartel donde prestaba servicios Jacinto había revuelo. Los maquis operaban por la sierras de Chelva, calles y Domeño y por todos los montes Valenciano.
 La Guardia Civil les perseguía y le  declaraban la guerra, pero eran insuficientes para eliminarlo al principio,  aunque posteriormente fueron eliminados por ellos.
 Caían los guardias bajo la metralla de los maquis y los maquis bajo las balas de los guardias civiles. Aquello era otra guerra de guerrillas si no tan  cruel como la  guerra  pasada otra guerra encubierta  en los picachos de las sierras españolas.
  El gobierno considero acertado enviar tropas del ejército a combatir a los maquis, y uno de los regimientos asignados fue en el que prestaba sus servicios el novio de Regina.
 Y un día de primavera, cuando los brotes de los árboles  apuntan en las ramas, cuando la hierba y el matorral florecen Jacinto  bajo el mando del coronel Guerrero fue a combatir a los bandoleros no muy lejos de donde estaba secuestrada su adorada Regina´

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  Regina indefensa  y cansada quiso dormir, pero le fue imposible, la vieja la dejo sola en el cuartucho de paredes sucias y desnudas, ni un mal calendario existía en las paredes.
 Ya de día claro se presentó la bruja ante ella, que si repugnante era de noche mucho mas lo era a la luz del día.
 La coaccionaba para que aceptara los deseos del señorito, por su bien, que no fuera tonta que con el viviría mucho mejor, y si no  quería complacer a don Enrique difícilmente  tenia salida de aquellas montañas. Nadie la  protegería, por allí nada más que estaba ella en más de  6 leguas a la redonda. La bruja sonreía con  risa maligna. Le llevó unas tostadas de pan y un vaso de agua, se los dejó encima de una desvencijada mesa y  salió del cuartucho.
 Tenía hambre y se comió la tostada, que estaba bien condimentada con ajo y aceite. A la arpía  se notaba que alguien de un pueblo le suministraba pan y alimentos. El agua era de un profundo pozo excavado en la roca a la salida del tugurio.
 Cuando terminó de comer se asomó al ventanuco por si tenía posibilidades de escapar por allí. ¡Desilusión! El ventanuco era muy estrecho y con gruesos barrotes, parecía que lo habían hecho a conciencia para prisión. Luego daba a un profundo barranco, era imposible escapar por aquel lugar. Se dio cuenta que  o cedía a las exigencias lujuriosas del jefe de la fábrica de tejidos o nadie sabría jamás de ella. La matarían y la arrojarían al barranco donde las alimañas se darían un buen festín con su bello cuerpo.
¡Que falaz es le mundo! Cuanto engaño y atropellos se cometen bajo la capa del poder...! Y todo por el maldito dinero.
 Regina estaba sumida en una gran tristeza cuando de nuevo sintió que la cerradura de la puerta chirriaba y la puerta se abría
 En el marco se dibujó la vieja que otra vez  le llevaba comida, ahora en una bandeja de latón donde había café con leche y un dulce.
_ Niña aquí te traigo para que comas, tienes que estar guapa para el señorito, así no seas tonta y come. Mañana viene, me lo ha dicho una palomita por si lo quieres saber.
 La novia de Jacinto la miró de arriba abajo con los ojos arrasados en lágrimas y dijo.
_¿No le da a usted vergüenza ni teme a Dios, ser la cómplice de un canalla que me quiere lograr por la fuerza?
_ Mire señorita Regina ¿no es ese su nombre?- Pues aquí no me vengas con monserga, yo por una cosa que no te incumbe y tu por que has enamorado al jefe la salida la tenemos muy difícil. Tú al menos si  te avienes a sus deseos saldrás y te pondrá un piso en la ciudad. Yo, sin embargo si salgo de aquí me espera el garrote, así preciosa que tu tienes todas las de ganar. No seas tonta que un revolcón más o menos te puede salvar la vida.
 Agripina que este era el nombre de la bruja, al ver que ni se tomaba  lo que le  había llevado ni le contestaba, se marchó de allí  cerrando la puerta con la oxidada llave.
 Nuestra amiga se volvió a tender en el camastro, esperando  a que sus secuestradores llegaran para  abalanzarse a el y sacarle los ojos.
 Cavilaba  y no dormía, cavilaba la forma de salir de allí. La puesta no debía de dar a ningún barranco, hasta allí llegaría la vereda de otra forma hubiese sido imposible penetrar en aquella  casucha.
 Así era hasta la puerta llegaba la vereda que  entre dos abismos llegaba  a un camino mas ancho aunque también  entre picos y barrancos, casi cubierto por la vegetación. No era fácil  salir de allí  sin conocer aquellos andurriales. Si era fácil caer en el precipicio o perderse entre los montes y ser atacada por lobos y otras alimañas hambrientas.
 De pronto le asaltó una idea, cuando llegase Enriquito, lo primero que le propondría era acostarse con ella, eso estaba claro, no para otro fin la había llevado a aquel inhóspito lugar.
 Ella aceptaría. Pero a cambio  exigiría hacerlo en otra habitación y otra cama mas confortable, ya que en aquel lugar le traerla malos recuerdos y no llegaría al éxtasis completo restándole a el placer.
 Esto ;pensó después no seria posible, pues en aquel tugurio solo existía ese camastro y el de la repugnante Agripina, y allí  el se negaría , cosa que es lo que deseaba  Regina._ pensó que mejor era en pleno campo, entre tomillos y romeros, resultando así mucho mas excitante y agradable.
 Cuando una persona ve que su vida  corre peligro, cuando está acorralada sin salida, presa sin motivo y teniendo a su alcance la lib ertad aunque sea a costa de su honor, piensa  de muchas maneras. La vida es lo primero, luego Dios dirá.
 Ya no lloraba se hizo mas dura, su cabeza daba vueltas al modo de salir de aquel encierro, y  deseaba que llegara Enriquito para elaborar su plan. El canalla seguro que accedería a sus exigencias, a el le daria igual, mejor en el monte al aire libre  la desnudaria y el gozo seria  colosal.- Así pensaba ella. Luego...
 La trama ya la tenia estudia, veremos  mas adelante como le saldría.
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Mientras esto  le sucedía en la sierra a la desdichada Regina, en Valencia, es decir  doña Amparo y doña Pepita la madre de Jacinto y de Regina, y también de Lita la hermana de  Jacinto  las dos madres estaban  muy apenadas.
 Jamás su hija había faltado ninguna noche de casa. Jamás había regresado a deshoras de la noche, y ya faltaba dos días con sus noches. La pobre doña Pepita no sabia que hacer ni que partido tomar ante la desaparición de su hija.
 Lita propuso dar cuenta a la policía de la desaparición de su futura cuñada, para que investigaran por todas partes aquella ausencia.
¡Ves tu hija...! Ves tu y da cuenta de esta extraña desaparición le decía  la madre con el alma rota. Yo Lita no puedo ni tampoco se expresarme como vosotras las jóvenes.
 Isabelita a pesar de su juventud, casi una niña se personó en la comisaría del distrito y puso en conocimiento del comisario el caso que nos ocupa.
 La jovencísima muchacha, también pensaba que  lo debía saber su hermano, que como sabemos se hallaba en el cuartel de infantería ubicado en el paseo de la Alameda.
 La hermana de Jacinto  trabajaba en un taller de costura, y con lo poco que ella ganaba y lo que  le daban a jacinto y podía apañar en la cocina del cuartel, iban  viviendo.
 Quería mucho a su cuñada, pues la  jovencita Lita la conoció cuando ella era una niña, y hasta había jugado con ella, aunque Regina le llevaba  cinco años. No  podía pensar que  harta de pasar miseria se largarse con el primero que se lo propuso y dejar abandonada a su madre y a su novio, como ya empezaban a murmurar las lenguas viperinas del barrio.
 Algunas veces cuando  tardaba Jacinto en regresar por maniobras o guardias,  su hermana por encargo de su madre iba a visitarlo, por lo que ya la conocían algunos soldados y cabos. Pero aquel día cuando llegó al cuerpo de guardia estaba un cabo viejo que ella nunca había visto. El uniforme que vestía  se encontraba descolorido y ajado por el paso del tiempo. Eran soldaos reenganchados que llevaban muchos años en el  cuartel, pero que estaban colocados en cocina, intendencia , vestuario y de ordenanzas, la mayoría de las veces vestían de paisano y por lo tanto no se dejaban ver por el patio del cuartel ni el cuerpo de guardia. Por eso a Lita le extrañó aquella figura.
_ ¿Que deseas niña?_ le preguntó con indiferencia.
_ Quero ver a mi hermano, tengo que darle una noticia- lo dijo como hablaba ella con dulzura y educación
_ ¿Y quien es tu hermano hija?- con la misma dulzura el veterano le preguntó.
_ Mi hermano se llama Jacinto, no lleva mucho tiempo, está en intendencia pero también hace guardias.
Quedó el veterano cabo pensativo, movió dibutatibamente la cabeza y le espetó.
_Hija lo siento, no me gustaría darte esta noticia pero así es. Los jóvenes  soldados de este regimiento han salido para la sierra a combatir al maquis, que cada vez hay más y están infectando todos los montes de España. ¿Tu no lo sabias?
 A lita le cayó una jarra de agua fría encima. Ella que iba  a saber. Su hermano hacia dos días que no  aparecía por casa. Ya no era Solo Regina la que faltaba, también su hermano estaba por  la sierra sin saber si regresaría vivo o  muerto
 ¡Pobre Lita! ¡Pobre doña Amparo!, como le daba  esa noticia a su madre. Y ¿Regina? Será verdad que cansada de sufrir miserias se haya largado con otro, si así es ¡Pobre Rafael!- pensaba la  hermana del soldado. Y los ojos se le llenaron de lágrimas amargas.
 Por lo pronto no le diría nada a su madre  ni a doña Pepita. Esperaría acontecimientos. Se fue a la iglesia y le puso dos velas a la Virgen de los desamparados con el poco dinero que llevaba. Se arrodilló y rezó, por Regina por su hermano y por las dos madres, para que  nada le oc urriese a ningunos.

 

CAPITULO IV

 

Con los maquis

 

 Regina en el cuartucho esperaba impaciente la llegada de su raptor. Pero no dejaba de darle vueltas y mas vueltas a la cabeza pensando en lo que iba a hacer._ Si la treta me sale bien _ pensaba_ ¿como salir de este laberinto de montañas y valles ¿Donde dirigirme?
 Ni conocía la sierra ni jamás había estado en lugares tan abruptos como aquel. ¿ Seria ca0paz de dar algún paso por aquellas veredas de cabras? Bordeadas de precipicios horribles, y con temor a ser devorada por las alimañas.
¿Pero que alimaña era peor la de las sierra o  Enriquito. Tenia que jugárselas toda si quería salir con vida y  pura de aquel  laberinto.

 La entrada de Agripina suspendió sus cavilaciones.
_ Niña, preciosa ya está aquí el señoriíto, y ha llegado con unas ganas enormes de verte. Se le ve a la legua que está loco por ti. Así que por ti bien complácelo.
_ Muy bien señora, que pase.-dijo Regina con naturalidad.
Agripina se extrañó del cambio radical de la joven, y con risa triunfal como diciendo ya cayó, ha cambiado de opinión.
_ Ya veras preciosa que bien lo vas a pasar, el señorito es muy bueno y quiere hacerte feliz.
 Un minuto  después penetraba Enriquito en el  aposento donde yacía Regina en el camastro.
¡Hola Regina!_ -Saludó. A la bruja no hubo que decirle que se marchara,  se sabía muy bien la lección y nada mas entrar el  jefe, ella salio sigilosamente.
_ Mira muchacha, a lo mejor crees que no me porto bien contigo y es verdad, pero tu tienes la culpa. Estoy loco por ti  y te deseo con toda mi alma. No me puedo resistir a perder el amor que por ti siento.
 Se que no me  comporto como un caballero pero estoy dispuesto ha hacerte mi esposa ante Dios y ante los hombres.
 Que falso. Y se atrevía a poner a Dios por testigo, ¡ante Dios! Cuando lo que  pensaba era gozarla y  abandonarla como había hecho con muchas, lo que pasaba era que Regina se le resistió otras pobres debido a su situación económica  y ante la amenaza del hambre sucumbieron.
_ Lo he pensado bien don Enrique, y estoy dispuesta a darle  lo que de mi quiere. He sido una tonta, haga de mi lo que quiera, solo le pongo una condición.
_ Tú dirás...
_ Que lo hagamos a pleno campo, es tan romántico bajo el cielo azul, oliendo a jaras y tomillos, y las maripositas blancas revoloteando alrededor. Teniendo por lecho la hierva fresca de la primavera. Veo por el ventanuco que hace un día primaveral, maravilloso, yo nunca he salido de Valencia solo alguna vez al campo a la dehesa y me maravilla el olor a vegetación. Eso es lo que le pido.
 Quedó   anonadado el señorito. ¿Cómo iba a esperar un cambio tan repentino? Será miedo, o será deseo_ se preguntaba, pero el canalla no  se figuraba lo que la  infeliz tenía proyectado.
_ Bueno, estamos de acuerdo. Esto es solitario y nadie nos va a estropear nuestro idilio. Acepto tu condición. Pero vayamos algo retirado de la casa, no sea que Agripina meta la pata._
 Esa mujer no es buena ¿Verdad?
_ Bueno. A mi me interesa tenerla en mi cortijo.  Siempre me sirve de algo.
_ Ya como ahora ¿no?
_ Déjalo Regina, y vayamos a lo nuestro. Tu vas a salir de aquí hoy mismo y ya verás como de  sucia obrera te voy a convertir en una gran señora.
 Reía por dentro la novia de Jacinto_ ¡Una gran señora ¡  Eso lo va a ver el pronto lo gran señora que voy a ser.
 Salieron del casucho, Enriquito la agarro de la mano.
_ ¡Cuidado Regina! La casa está situada entre precipicios, solo la vereda  conduce al camino real y hay lo menos legua  y media. Agarrante a mi, yo conozco estos andurriales.
 Con repugnancia pero  el instinto de conservación hizo que la muchacha  agarrase la mano del lujurioso don Enrique. Este se la apretaba con fuerzas. Los zapatos que llevaba  puesto Regina no eran para esas veredas de cabras, ya que cuando fue al convite de Carmen se los cambió por los únicos que tenia, lo otro eran zapatillas.  Caminaba con miedo. Un resbalón, un tropiezo en cualquier piedra oculta  podía despeñarse por  los barrancos que flanqueaban la  senda.
 Por fin salieron de los precipicios, y llegaron a una llanura. No era muy grande pero si para lo que el señor amo  se proponía. Estaba cubierta de tierna hierba y florecillas  blancas y azules. Cerca  crecían las jaras y el malvavisco. Era un sitio ideal para  dos enamorados, pero ella no lo estaba, ni el tampoco.
 No muy lejos  se hallaba el camino real.
_ ¿te gusta este lugar Regina? Es maravilloso para hacer el amor.
_No mejor mas adelante, habrá otros sitios tan bucólicos como este o más.
 La novia de Jacinto quería ganar terreno, estar cerca del camino  siempre pasaría alguien y  cuando  notara alguna caballería algún carro o automóvil, gritar con todas sus fuerzas, de esta forma el “valiente” emprendería la huida. Era  uno de los pensamientos de la joven.
 Enriquito iba ciego, no sospechaba nada y aceptó la idea de Regina.
 Habían llegado muy cerca del camino, cansada pero con ánimos. Al lado  una floresta, y otros árboles. Allí la conducía  el jefe.
_ Mira Regina, ese sitio. Es precioso y oculto, allí vamos a amarnos  y gozar de nuestro amor. Porque... ¿Veras que ya me quieres?
_ Si, Enrique, yo también lo deseo.
 Lo decía con tanta naturalidad que el bobo  se lo creía.
¡Ay Si supieran los dos que muy cerca de allí estaba Jacinto con  una escuadra de soldados!
¿Pobre Regina! Que ajena  estaba de lo que le iba a suceder. El destino es a veces tan cruel que nos juega malas pasadas. Un minuto más y el calavera se hubiese caído con todo el equipo, como vulgarmente se dice. Pero...Ironías del destino.
¿ Dios mío que voy hacer!_ y la desdichada le pedía perdón a Dios interiormente por lo que le iba  a suceder a su  seductor.
_ Ya no puedo más Regina. Ahora aquí mismo tiene que ser.
_ Espera Enrique no me aprietes tanto me haces daño. Las cosas hay que hacerlas bien.
_ Es verdad cariño. Como tú quieras.
 Empezaron a desnudarse, y fueron tendiendo la ropa en la mullida y verde hierba. El sol empezaba a calentar pero los castaños  le daban sombra.
 Por un momento Regina dudó, se hallaba indecisa a lo que iba  a hacer. Se sentía culpable de inutilizar a un hombre aunque este fuese un bandido. O le echaba valor, o la haría una desgraciada para  siempre. Las nauseas se le acumulaban en su garganta, pero se las contenía.
 Nadie la defendería si la cosa le salía mal. Había mucha soledad, creía encontrarse lejos de toda  persona honrada.
 Temblaba su cuerpo que era blanco amasado de rosa y leche. Sus turgentes pechos estaban al sol, redondos erguidos iguales bellos como los de la hermosa Venus.
_ _ Mas, mas desnúdate mas! Quítate todo_ exclamaba el señorito dominado por la lujuria.
 Se desabotonaba la falda, estaba roja de vergüenza, pero ya  había dado el primer paso.
 El cínico no pudo aguantar más y se abalanzó sobre la pobre Regina.
 Fue en una décima de segundo. A Regina se le nubló el cerebro. O lo hacia ahora o adiós a Jacinto. Su honra estaba en peligro, la mancha sería in lavable. Con el pensamiento hizo la señal de la cruz. Luego se dijo “Por ti lo hago Jacinto mi vida” Aun estaban de pié, ella se apartó  un poco de el, aun llevaba los zapatos puestos. El canalla ya se había  despojado del pantalón, no se   esperaba la reacción de la joven, que con todas sus fuerzas le  propinó una patada donde mas le duele al  hombre, ahí, si  hay donde usted amigo lector/ lectora esta pensando.
 Un gran grito de dolor se extendió por todo el campo, mientras Enriquito se llevaba sus manos a la parte dolorida.
_ ¡¡ Zorra!! ¡Puta! me las pagaras-decía  lleno de rabia y dolor.
 Pero Regina no se amilanó ni tuvo compasión de el. Otra patada entra las manos fue la respuesta. O lo eliminaba o era mujer muerta. Así que sin poder el reacciona lo dejó fuera de combate sin conocimiento.
 Se encomendó a Dios y pidió perdón al Altísimo por lo que había hecho.
 Estaba salvada, pero al mismo tiempo perdida. ¿Como salir de aquel laberinto de picos y barrancos? ¿Dónde dirigirse? A la casa desde luego que no, porque Agripina la mataría si se enteraba lo que había hecho.
 Empezó a caminar. Lo hacia despacio, sin ganas cansada.
Cuanta maldad había en el mundo _ pensaba: Ella que no le había hecho mal a nadie, solo por  ser guapa y   por la maldad de  Carmen y Enriquito estaba perdida, en plena serranía, sin nadie  que pudiera protegerla, expuesta a caerse por un precipicio o que un lobo la atacase para darse un festín con su  apetitoso cuerpo. Luego sus pensamientos fueron para Jacinto... ¿Que hará...? La estaría buscando locamente? O era ajeno a su situación. Quizás pensara que lo había olvidado que se había marchado  a conciencia con don Enrique, sabe Dios.
 Pensamientos que la atormentaban. ¿Y su madre?  Estaría como loca sin saber ya dos días de su hija ni aparecer por parte alguna.
¿ Dios mío! ¡Dios mío sálvame!
 Y subía un cerro y divisaba otro, y otro, y aquello no tenia fin.
 La desdichada mientras   más  caminaba mas se internaba en la enmarañada sierra. Más de dos horas  subiendo y bajando picachos. Ya no podía mas iba a caer extenuada  rendida, se abandonó a su suerte. Desfallecida rezaba encomendando su alma a Dios. No tenia mas fuerzas, sin apenas comer ni dormir  allí en plena sierra seria  el plato de las alimañas. Oyó una voz masculina que decía.
¡¿Alto ahí! No des un paso mas. Pero no sintió mas en aquel momento le faltaron las fuerzas y cayó desmayada.

                        *     *     *

Jacinto con su compañía bajo el mando del teniente Eduardo Guerrero, su amigo del alma batían la sierra.
 Iban en patrulla, buscando a los maquis. Ellos por un lado la Guardia Civil por otro.
 Algunos dueños de caseríos y cortijos, habían denunciado atropellos y robos en sus haciendas y ganado, y algún cortijero o guarda que  le opusieron resistencia, amanecieron colgados de un algarrobo o un olivo silvestre de aquellos andurriales. Por lo tanto el gobernador civil de Valencia, pidió fuerzas del ejército para combatir a los   causantes de tales fechorías.

 No había transcurrido más de cuatro horas y la patrulla en la que iba Jacinto al mando de un cabo, escucharon quejidos y lamentos que surgían de un boquete de castaños.
 Los batidores tomaron precauciones por si  eran envueltos en una emboscada o trampa.
 El cabo ordenó a los seis hombres dispersarse y ocultarse tras los troncos de los árboles. Tres por la izquierda y tres por la derecha, el batirla por el centro. Jacinto casas iría cerca del cabo por orden suya, pues el muchacho era excelente tirador  demostrado en los ejercicios de tiro.
_ Un disparo mío ordenaba el cabo, es la señal  de si hay que disparar. Mientras ello no lo hagan nosotros quietos, a lo mejor no es lo que creemos.
 Así lo hicieron y Jacinto y el Cabo se internaron en la floresta de castaños. Y a unos veinte metros, encontraron a Enriquito, lívido y con el rostro contraído de dolor y como sabemos medio desnudo.
 El novio de Regina creía estar soñando. Encontrarse en aquel insólito paisaje a su rival parecía cosa de un sueño.
¿Que ironía era aquella des destino?
 ¿Que hará este aquí? Creía que había sido victima de los maquis, que después de haberle robado le dieron una paliza  que lo dejaron en aquel lamentable estado.
¡Pobre Jacinto...! Si supiera la canallada que  intentó hacer con su novia...! Pero no pensaba en eso, ni podía tomar venganza de lo que le había hecho, estaba bajo las órdenes superiores, no debía ni podía tomarse la justicia por su mano. Tampoco el lo pensó.
¿Que le ha ocurrido? le preguntó el cabo ¿Por qué esta aquí y en este lamentable estado?
 El cabo le dio la mano para que se levantara, y el “valiente” don Enrique  se levantó  con trabajo-
 El tampoco creía ver lo que estaba viendo, a su antiguo empleado armado con un fusil y vestido de soldado..
 No podía mas que inventarse una mentira, sabia que la verdad no la podía decir, pues  seria hombre muerto por las balas del fusil de Jacinto.
_ Estaba dando un paseo, cuando me han atacado una partida de
 bandoleros. Eran muchos, pero no pude evitar que me robaran  y me  pegaran, luego se marcharon por ahí. Temblaba de miedo  de que fuera descubierto y encontraran a Regina y contara toda la verdad. Miraba a Jacinto con recelo, este no decía nada.

 El cabo ordenó a un soldado que fuese a buscar al teniente Guerrero, y cuando llegó le informó del hallazgo de aquel hombre en el lamentable estado que estaba, culpando a los  maquis de la tropelía.
 Guerrero lo interrogó y dijo lo mismo que al cabo de la patrulla, identificándose como el dueño de la fábrica textil Lozano & García S.A.
 Pero el canalla  tenia miedo se le notaba en los gestos. También empezó a remorderle la conciencia, pero no podía dar marcha atrás es obvio que tenia que mantener el embuste.
 Por vez primera en su vida en su vida tuvo  un rasgo de conciencia, pensaba en que habría sido de Regina en aquellos motes, donde les seria tan penoso caminar y don de los lobos y  otros animales feroces podían acabar con su vida.
 Había obrado mal y ahora se arrepentía cuando ya no tenia remedio, pero no quería delatarse así mismo, le temía  a la cárcel y si contaba  el episodio el teniente Guerrero lo pondría a disposición de la justicia, eso es si Jacinto en un arrebato de cólera no lo mataba allí mismo.
 Si apareciera Regina inventaría una mentira, siempre echándoles la culpa a los maquis. Por lo pronto mejor era guardar silencio.
 En el puesto de mando, le dieron comida y el médico militar lo reconoció, nada grave solo unos hematomas y unos rasguños, con vergüenza confesó que le habían dado unas patadas en los testículos, pero no tenia la menor importancia, aparte del fuerte dolor,
_ No han sido muy  fuerte los puntapiés_ dijo el médico_, de haberlo sido  te hubieren matado.
 La noticia nadie sabe como  se difundió pero al otro día el periódico local un exagerado articulo, diciendo que un hombre solo llamado Enrique Lozano, había puesto en fuga a una partida de maquis en plena sierra del Espadan. Todo era mentira, pero Enriquito ya libre conocía a un amigo periodista y le contó  la “aventura”
 Mientras Jacinto y los suyos otra vez en el monte, buscaban sin encofrarlos a los temibles bandoleros que  En riquito había puesto el solito en fuga, según escribió su amigo el periodista en la  Voz de Levante.
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 Lita fue la encargada de denunciar la desaparición de Regina, y la descripción que de ella hizo fue  pasada mediante radio a los cuarteles de la Guardia Civil de toda la provincia y limítrofes por si se había fugado al campo o con algún amante. Por lo que todas las parejas y patrullas llevaban en su cartera de caminos el nombre y la descripción  que mejor pudo hacer Lita de su persona.
 Es fácil adivinar que los hombres de Ahumada, estaban  inmerso en otros menesteres, pero si veían a alguna mejer también su deber era interrogarla por si  correspondía su nombre al que llevaban en requisitorias.
 Recordaremos que antes de caer desmayada por el cansancio y la falta de energías, vio a un hombre con una metralleta que le daba el alto.
 A la voz del maquis que la descubrió acudió toda la partida con sus armas en posición de disparo, eran seis hombres, sucios barbudos y desaliñados. Todos quedaron asombrados de que una belleza como aquella se presentara  a sus ojos en un lugar don de  no veían mas que lagartos y culebras y algún que otro gato montes, aparte de los lobos y las raposas.
 Estaban ya acostumbrados a la rudeza de la vida, pues llevaban mas de un año  por aquellas sierras, ocultándose de los civiles y de los soldados, y a veces  cruzando el fuego  de sus armas con la de sus perseguidores. . Las mujeres que veían era alguna campesina vieja o una pastora  a la que le pedían un cordero o  unos quesos para subsistir en el monte, por regla general sucias y desgreñadas, por eso al ver a aquella Virginia creían que Pablo no estaría muy lejos. Aquellos  “adanes” tenían mejores sentimiento que el culto de Enriquito, y quisieron levantarla del suelo, todos a la vez. La levantaron dos de los más fuertes pero con una delicadeza y suavidad impropia de  aquellos rústicos  bandoleros, y con mucho cuidado la llevaron a su guarida.
 Esta era una casa vieja y  semiderruida en un paraje tan abruto y escarpado como  la casa donde estuvo secuestrada  por el “caballero” y l carcelera Agripina. Tampoco allí llegaban con facilidad la Guardia Civil ni los soldados, ya que era de difícil acceso y oculta por los arbustos. En aquellos montes existían muchos escondites así, vestigios de otras partidas  anteriores que se dedicaban al saqueo y asaltos de diligencias por los caminos que conducían a Valencia y Teruel.
 Con la misma delicadeza que la llevaron a su guarida, la tendieron en  uno de los camastros y la taparon  para que no pasase frío con una descolorida y deshilachada manta militar.
 Colgada en las desnudas paredes con clavos improvisados de madera, se podían ver unas aguaderas, seis alforjas, algunas guerreras de militares y ropa de mujer ajada y sucia. Esto era del producto de sus robos, los trajes de mujer  lo adquirían en los asaltos a cortijos y masias, y los guardaban para recrearse con ellos a falta de una dueña que los llevara puestos.
 Ya sabemos que  a Regina la  sorprendieron medio desnuda pues el miedo le hizo que no se parara a coger la ropa que ante el señoriíto se había desprendido de ella. Aquella ropa de mujer le serviría  para cubrir sus desnudas y blancas carnes que los maquis respetarían como si fuese su hermana.
También colgaban de la pared cuatro escopetas de caza de dos cañones y dos metralletas llamadas naranjeros.
 En el suelo se podían ver dos cataros llenos de agua, y en un poyete platos y ollas a medio limpias.
 No muy lejos de aquel lugar discurría un arroyuelo de frescas y cristalinas agua que no se agostaba durante el estío, de donde se suministraban para beber hacer la comida y lavarse ellos y la ropa, sin jabón muchas veces..

 Regina se despertaba de su sopor y con débil voz preguntaba donde se encontraba.
_ No se asuste señora _ le respondió el   que a veces tomaba las decisiones porque jefe o capitán allí no existía o eran todos_ La hemos encontrado no muy lejos de aquí desmayada.
_¿ De quien huía, porque parecía eso que estaba huyendo de alguien, ¿ Quizás de otra partida...?..
 Regina temerosa rompió a llorar. Pensaba que  había salido de  Pilatos para encontrarse con Barrabás. Había escuchado historias de sanguinarios  delincuentes que se tiraban a la sierra huyendo de la justicia, y ahora ella se encontraba según   veía en medio de estos hombres. La violarían, la torturarían y la matarían para tirarla a un barranco. Estos terribles pensamientos pasaron fugazmente por su cabeza, pero  se desvanecieron al oír.
_ La vemos muy angustiada, miedosa, no tema señorita, nosotros no somos tan crueles como nos pintan.
_ Somos hijos, esposos novios y algunos padres, por lo tanto tenemos madre, esposa, e hijos, a los que queremos. Estamos en la sierra por una causa que creemos justa, y combatimos a un régimen opresor y fascista que esperamos no tarde mucho en caer. Por otra parte no nos metemos con mujeres, siempre que pedimos algo no lo dan, y si no es entonces  cuando nos volvemos malo, porque hay que vivir
Queremos una España democrática, como Francia Inglaterra, o los Estados Unidos, donde haya libertad. Ya a Franco le queda poco, los aliados avanzan y prento  conquistaran toda Europa.
 Regina no sabia de política, pero aquellas palabras de uno de los maquis la tranquilizó. Al menos no parecía que se meterían con ella como hizo  Enriquito ¿Respetarían su  virginidad? Aquellos hombres sedientos de  sexo.
 Esto es lo que mas le preocupaba. Si,  había salido indemne de Enriquito, pero no  las tenia todas consigo.
 El maquis que tomó la palabra seguía su perorata.
_ Franco nos manda a la Guardia Civil y al ejercito suyo para acabar con nosotros, pero somos fuertes y llevamos la razón, ¡venceremos señorita1 ya lo verá y luego viviremos en paz democracia y libertad.
 Ella nada entendía de aquella monserga, pero adivinaba que aquellos hombres no eran malos y nada harían con ella. Si, es verdad que robaban era para vivir, aunque ¿Porque tenían trajes de mujeres colgados  en un clavo de la pared?
 Ella intentaba taparse sus desnudas carnes, y ojeaba los vestidos.
 Mas tranquila ya, pidió si podía cubrirse con uno de aquellos vestidos, pues tenia frío, (esto era una propuesta porque frío no hacia). El maquis le fijo que si, que estaban a su disposición. Decían habérselo robado a una marquesa en el cortijo que asaltaron para  hacerle la puñeta, pues ninguna mujer de su clase se en contraria a gusto con aquellas ropas.
 Regina se los colocó tapan do con ellos su desnudez, y se en- contró rara, nunca pensó vestirse de marquesa y mira por donde unos forajidos le habían regalado un  traje de  la nobleza, aunque fuera en aquellos riscos.
 Luego  pidió algo de comer, tenía hambre,  el más joven de ellos, sacó pan y queso de su alforja y se lo tendió.
_ Toma guapa, es lo que tenemos. Mañana  te proporcionaremos  garbanzos y tocino para que nos hagas un buen cocido. ¿Tú sabes  Verdad?
 Regina asintió con  la cabeza. Le convenía no contradecir a aquellos hombres. Hasta el momento fueron más caballeros con ella que  el señorito Enrique.
 Se lo comió con avidez, estaba desmayada.
_ ¡Gracias! Son ustedes muy amables.
 Luego  preguntó
¿_¿También los soldados los buscan?
_ Si, también. Ellos son mandados. No pueden hacer otra cosa,  si no obedecen le forman consejo de guerra y al paredón
 Regina en su confusión comprendía que no se hallaba segura  con aquellos hombres, pues si eran capturados la cogerían a ella como  una de ellos que le ayudaba a sobrevivir. Si  había tiros, ella tendría que estar entre ellos y le darían un arma para disparar.
Ignoraba que su novio estuviese buscando por aquellos montes a los maquis. Ignoraba hasta que era soldado. No le dio tiempo para  decirle que había ingresado en infantería. Aquel mismo día la secuestraron, aunque algo le anunció Jacinto cuando no encontraba trabajo. Y en su cabeza bullían miles pensamientos. Tal vez su novio fuera soldado y  pudiera ser que estuviera buscando en aquella enmarañada sierra a la partida que  la habían salvado de una muerte segura.¡ Dios mío no lo permitas que él este buscando a estos hombres! Ya me liberaran, pues no parecen malos y pienso pedirles, rogarles que me dejen en un camino  seguro que conduzca a un pueblo. Yo le jurare que jamás los delatare a la Guardia Civil ni a ninguna autoridad.
Entonces a algunas preguntas que le hicieron los maquis, con tú Regina todo lo que le había pasado desde que Enriquito la solicitó en su oficina, sin omitirle , la traición de Carmen, la desesperación de su novio al no encontrar trabajo y la idea de alistarse al ejercito. Lo que sucedió en la casucha de Agripina y  los motivos por  que fue encontrada semi- desnuda y desmayada.
_ Otra victima del capitalismo-se lamentó uno de ellos_¡Malditos sean todos!
 Otro le dijo.
_ En mala situación te hallas compañera, si te cogen con nosotros no te van a valer razones ni lloros, ellos no razonan ni tienen compasión.
 -Dejaste vivo a tu enemigo, y el habrá contado  las mentiras  que haya surgido de su cabeza para defenderse. Notaran la falta  y ya estará la denuncia por todas las comisarías y cuarteles, así que ahora no solo buscaran a nosotros, también te buscaran a ti. Mala cosa si nos encuentran,
Mira, ¿ Como era tu nombre?
_ Regina.
_ Pues mira Regina, si podemos te pòn- dremos a salvo, dejándote en algún lugar seguro. Creo que no nos delataras y si lo haces es igual, aquí es difícil encontradnos.
 Se emocionaban los rudos hombres al verla tan guapa, con el vestido de marquesa. Hizo un buen cocido como le había enseñado su madre, y aquellos hombres la admiraban y la respetaban como si fuese el hada salvadora  que alguien mandó para que  estuvieran mejor.
-¡No lucharemos solo por salvar nuestras vidas y devolver a España la democracia, desde ahora lucharemos también por ti, para ponerte en brazos de tu novio. Todos te respetaremos hemos hecho esa promesa, porque todos te queremos y te adoramos como a una Virgen, aunque nosotros no creemos en eso, pero si en la dignidad de la mujer.
No odia evitar emocionarse. Aquellos rudos bandoleros como le decían al escuchar su relato parecían mas  caballeros y lo demostraron diciendo.
_Desde ahora lleváramos dos  lechas una contra los de Franco la otra ponerte a sano y salvo en tu hogar. Y Regina  lloraba en silencio al ser tratada con tanta cortesía y deferencia por  aquellos hombres que cada uno atrás debía de tener su historia y no muy halagüeña precisamente. Eran unos valientes de gran corazón.
 Ninguno era del mismo pueblo,  el exilio los había unido en Francia y atravesaron  los Pirineos creyendo   vencer al dictador y  crear una vida mas justa para todos.
 Dos eran de la provincia de Teruel,uno de la Puebla de Valverde y otro de Albarraicin, uno se llamaba Julián el otro Marcelo, habían sido labradores, militantes del partido socialista, lucharon por la Republica y cuando las tropas de franco tomaron Teruel, huyeron a Valencia y de allí pasaron a Francia. En el campamento conocieron a Francisco el Extremeño nacido en un pueblo de la provincia de Badajoz, de nombre Fuente del Maestre que también huyendo de los fascistas llegó a Francia en una caravana . En cuanto a los otros Luis  Domingo y Andrés, eran catalanes de Gerona, Barcelona y Lérida, eran casi unos niños. Allí todos se unieron al maquis y por  Huesca  cruzaron la frontera hasta la sierra del Espadan y la serranía de Valencia por donde actuaban.
 Y  para  mejorar su condición de vida, cayó como sabemos entre ello nuestra  querida protagonista, que se encargaba en la cueva casa de la comida, lavar  adecentar la guarida. Era la reina de la serranía. Aquella paloma cayó entre gavilanes, pero  no tan malos como  el “prestigioso Enriquito  en boca de su sociedad.

                   *           *          *

 Ahora vamos a dejar a Regina en la sierra con sus bandoleros y nos vamos a la capital, o sea a valencia
  Como es de suponer la desaparición de la hija Pepita causó gran  consternación entre los familiares, Lita y doña Amparo. Las dos ancianas no cesaban de llorar tanto su madre como su suegra rezaban horas y horas a la virgen de los desamparados para que la hija apareciera; pero la Virgen no le hacia en esta ocasión mucho caso. Los días pasaban y de Regina no sabían nada en absoluto.
 Jacinto como sabemos, se encontraba también en la serranía pero...¡ En que distinta manera...! No tenia muy lejos a su novia, pero esto el lo ignoraba por completo!.
 Quisieron ocultárselo, pero un día le llegó una carta de su hermana  contándole toda la verdad sobre  la desaparición de su prometida,
 Se puso como loco, y pensaba como otras muchas personas que se había fugado con el canalla de don Enrique.
 La policía interrogó a Carmen y a algunas obreras de la fábrica, pero el resultado fue  negativo. Nadie conocía su desaparición, y la que la conocía lógico que fuese una tumba.
 Jacinto le presento la carta a su amigo Guerrero, y este le dio licencia para marchar al cuartel y que desde allí investigara lo que pudiera para esclarecer la desaparición de su novia y encontrarla.
 Una vez en casa, lo primero que hizo después de visitar a su madre y hermana fue  entrevistarse con Enriquito.
 El déspota sin entrañas se llevó una gran sorpresa, no esperaba a Jacinto allí en su despacho, se anunció con un nombre falso y el  señoriíto picó.
  Como era de esperar Enriquito al ver a su antiguo empleado y rival en amores lo echó con cajas destempladas de su despecho; pero jacinto lo retó si era hombre a verse las caras aquella noche en una calleja del pueblo.
 Aunque  en primavera la noche estaba como boca de lobo, la luna estaba en menguante y unos nubarrones cubrían el firmamento, tampoco el alumbrado público era muy  brillante en aquel lugar.
_ Vengo _ dijo  Jacinto con tono altanero_ a que me digas que has hecho con mi novia, tu sabes donde esta.
¿Yo?..Búscala tu, yo no se bada, además déjame tranquilo para eso me has citado. Yo nada se de ella, has visto que estaba en la sierra herido por los maquis ¡que voy a saber yo! Y ahora déjame marchar con tigo no quiero saber nada con gente de tu ralea tan baja.
 No pudo contenerse el novio de Regina ante estas insultantes palabras y su puño derecho impactó con el rostro de Enriquito, a la vez que decía con rabia.
_Tu si que eres de clase baja y mala, eres un canalla con todo tu dinero y ahora escucha. Bien; si has participado en la desaparición de Regina cosa que no dudo date por muerto, porque te buscare aunque te escondas bajo tierra,-. No te mataron los maquis, pero te mato yo, demasiado bueno fueron que te perdonaron la vida.
¡Pobre Jacinto! Si supiera donde se encontraba su Estrella de la mañana como le decía cuando paseaban por los caminos de la huerta a sus casas...
 No quiso Enriquito dar parte a las autoridades de la agresión de Jacinto, no le convenía airear  la cosa, le apretarían y a lo mejor para Jacinto y Regina cantaba y seria  condenado por detención ilegal y rapto, por eso se tragó la sangre y el dolor y se marchó a casa sin mas preámbulos.
 Pasaban los días y nada se sabía, la policía después de investigar  con más o menos  intensidad cerró el sumario, desaparecida sin dejar rastro. Si hay pistas otra vez  empezarían las investigaciones, pero ahora de momento  aquello se suspendió la policía tenia otras cosas  de importancia y  una desaparición mas o menos no la traía de cabeza.
 _ ¡La he perdido Lita...la he perdido para siempre!-  le  lloraba a su hermana. Sin consuelo el pobre enamorado
_ ¿Pero por Dios, donde se habrá ido? Nadie sabe nada de ella, es como si se la hubiese tragado la tierra- lloraba Lita abrazada a su hermano.
 Al no  haber noticias se pusieron en lo peor, creían que la  Regina había muerto.
_ Tal vez la hayan matado y no se encuentre jamás su cuerpo.
 Y al pensar en esto madres novio y cuñadas lloraban amargamente, sin tener consuelo.
  A veces se sienten premoniciones, corazonadas y a Jacinto le vino  cuando  ya la creía muerta. ¿Y si estuviera en la sierra? ¿No se la llevaría el granuja y los bandoleros cuando lo sorprendieron estaría abusando de ella y se la llevaron como  botín.
 No quería ni pensarlo, si los bandidos la tenían, era mejor que hubiese muerto, la violarían todos y la obligarían a trabajos y actos indignos.  En aquella cabeza bullían miles de cosas y ninguna buena, por eso pidió volver a la sierra, si aparecía por el barrio ya lo avisarían, si no  la encontraba prefería la muerte, y mejor era morir luchando por ella o en la creencia de encontrarla que morir de tristeza en casa o en el cuartel.
 Y al día siguiente, otra vez  estaba con su escuadra peinando la sierra, en busca de maquis, pero el lo que mas le interesaba era encontrar a su novia. Estaba cierto que se encontraba en aquellos andurriales.

 

CAPITULO V

  Detenida

 Las dificultadas para que los bandoleros condujeran a Regina fuera de la sierra eran enormes.
 Cada día eran mayores los refuerzos que el gobierno mandaba a combatirlos, lo mismo del ejercito que de la guardia Civil. También entre estos hombres iban paisanos, o sea civiles que  se llamaban somatenes y eran tan temido por los maquis como los guardias y soldados, o quizás que mas pues el procedimiento era inhumano si eran atrapados.
 Los maquis atacaban poco, se limitaban a defenderse si eran sorprendidos pero no les interesaba ya atacar, iban disminuyendo considerablemente. Los gobiernos aliados nada hacían por invadir España, como creían para derrocar al gobierno de Franco.
 Para aquellos hombres Regina no era una mujer cualquiera, no era la mujer encontrada en la sierra. Regina era la musa, la madre la hermana y la prima de todos ellos; era la mas querida y apreciada que  mujer alguna se  premiada de serlo.
 Ella los transformó, de ser unos seres despreciables a ser  unos caballeros. Ella con su buen hacer los mantenía limpios, bien alimentados, porque era excelente cocinera y  buena ama de casa. Todo en la guarida estaba en orden y las camas bien hechas y limpias. Regina cayó del cielo, eso decían ellos. La querían, la adoraban y la respetaban como al ser m as querido de cada uno. Ya llevaba entre los maquis dos meses, y no habían podido sacarla de aquellos  picachos al mundo de la civilización como le prometieron y no precisamente por ganas, que ganas si tenían a la vez que sentían  que los abandonase.
 Llevaban un tiempo que apenas salían de su escondite pues todos los caminos y veredas se hallaban vigilados de día y de noche por los tricornios y los gorros de borla y las boinas de los somatenes, imposible salir de allí.. No  le llegaban ni periódicos ni correspondencia alguna y como carecían de radio, pues nada sabían de los acontecimientos que ocurrían en el mundo.
 Mal lo tenía Regina para volver con su  familia y su novio, mal de verdad estaban acorralados y  solo unos metros se desviaban de la casucha, y siempre con el temor de ser descubiertos.
 No tenían enlaces con las otras partidas, muchas ya habían sucumbido o muerto en enfrentamientos con las fuerzas del orden.
 Y allí llevaban ya mas de dos meses...y los alimentos se terminaban. Quizás que los perseguidores lo sabían pero  preferían que  se entregaran acuciados por el hambre o pereciesen de inanición dentro de la guarida.
 Pero no  podían  dar gusto a los  contrarios, había que salir de allí y hacerse de comida donde fuera, mas por Regina que por ellos. Si se entregaban o los cogían a ellos los fusilarían, o irían a la cárcel para toda su vida que no seria muy larga, pero a la muchacha nada le harían, ella no había participado en nada, así lo creían ellos.
 No les gustaban matar pero algunas veces lo habían hecho para librarse de ser capturados por un soplo o por verse amenazados por una carabina de algún guarda que erró el tiro.
 Se armaron de más valor del que tenían y una noche salieron en busca de alimentos.  Irían todos, menos dos que quedarían al cuidado de Regina.
 Quizás que tardaran algunos días en regresar, ya que  tendrían que desplazarse lejos quizás a las huertas mas próximas, o  a alguna granja de gallinas, a los cortijos y masias era imposible, ellos sabían por experiencia que estaban fuertemente vigilados por los falangistas y  somatenes, mas temibles que la misma guardia civil.

 Sus propósitos eran  llevar a la cueva las alforjas repletas de  patatas, y tomates y algunos conejos y gallos, o lo que se les pusiera por delante.

 A la custodia de las muchachas se quedaron los más jóvenes, Luis y Francisco.  Luis más que maquis si era bandolero pues se tiró al monte al ser  acusado de ladrón por robar unas gallinas y más por prófugo por  no querer ir al ejército de Franco.
 Francisco era el extremeño y era serio, estuvo en la guerra con el ejército de la republica y ya sabemos porque estaba en la sierra. Era muy activo, siempre estaba haciendo algo y jamás se le veía cruzado de brazos.
 El día amaneció radiante un día de autentica primavera del mes de mayo, el sol asomó limpio por las montañas en un cielo azul turquesa sin que una minúscula nube lo empañara. Regina con un hatillo de ropa  se fue al arroyo a lavarla, y cuando estaba lavando se le presentó Luis de improviso.
_ ¡Hola Regina! Que buen día hace-saludó con mucha cortesía.
 La novia de jacinto, tomó el saludo como  cosa habitual, mas creyó que iba a  ampararla de algún ataque  enemigo-
_ Buen día hace hoy_ volvió a recalcar Luis, deseando entrar en charla con ella.
_ Si, Luis hace un día espléndido por lo tanto lo aprovecho para lavar la ropa.
 Regina había adquirido sana confianza con todos, y la verdad que todos la respetaban como ya en otras ocasiones he dicho..
 Luis no anduvo con rodeos y le espetó.
_ Mira Regina. Yo...yo he venido...para...para... para que me des esperanza e ilusión en estos riscos. Yo te amo desde el primer día que te vi. Me he enamorado de ti ciegamente. Porque estoy  convencido que eres la mujer mas buena que existe en la Tierra. Se que la situación en que vivimos es harto difícil, pero nos podemos marchar tu y yo de estos malditos andurriales. Si  hace lo haces yo me entrego . me condenaran si, pero mas tarde o temprano esto cambiará. España no puede seguir muchos años así, y luego  obtendré la libertad cuando  derroquen a Franco y nos podemos casar, yo se trabajar y viviremos de mi trabajo. Mientras  podemos buscarnos otro sitio, o mejor huir juntos a Francia y de ahí pasar a  Méjico o a otro país democrático donde no me persigan. Además yo no tengo las manos manchadas de sangre poco pueden hacerme si me  entrego. Yo estoy aquí por otra cosa diferente a la política, si, como te he dicho estaré algunos años en la cárcel pero saldré pronto. ¡Te quiero Regina! Te amo como nunca he querido a nadie! Amor mío.
  Regina escuchaba petrificada, aturdida. Jamás  hubiese imaginado eso de Luis, tan joven y educado. ¿Como aceptar? Eso era imposible, Jamás traicionaría a su Jacinto. Cuando terminó su declaración de amor lu8is se hincó de rodilla a sus pies y le cogió las manos.
 Regina las rechazó con estas palabras.
_ Lo siento Luis. Nunca esperaba esa declaración de ti. Yo soy una hermana, y como hermana me puedes pedir lo que quieras menos eso. Sabes que me debo a otro hombre que estará loco buscándome por todos sitio0s. Mi corazón hace años que tiene dueño, y a mi no me pertenece es de el. Por lo tanto Luis no vayas por ese camino, prefiero la muerte a ser de otro que  no sea mi Jacinto-Y ahora  déjame lavar, y no lo tomes en cuenta. Yo no te desprecio, porque gracias a todos vosotros estoy viva, y espero recuperar a mi novio. Lo siento de verdad Luis, eso que me pides es imposible Luis se sintió avergonzado, se puso rojo como una amapola y Regina al verlo tan azorado le animó.
 No me has ofendido en absoluto, el amor no puede mantenerse oculto y tu lo has hecho patente, pero a veces es amargo. Esa decisión  de declararte a mi, te honra y yo te lo agradezco, pero no puede ser. Si  hubiese estado mi corazón libre si te hubiese aceptado, y si por casualidad la vida me trae malos  preceptos, aquí me tienes pero  por lo de ahora hay otro hombre a quien pertenezco.
_ Perdóname Regina, ha sido un arrebato de amor, un amor puro y limpio que  se apoderó de mi ser desde que te vi. Perdóname, se que no puedes ser para mi, pero yo te llevaré siempre en el corazón. Y ahora adiós, cuídate y si me necesitas estoy a  tu entera disposición sin  condición de clase alguna.
 Pero Regina no sabia que hacer, ella también apreciaba al chico.¡ ¡Era tan guapo y joven y muy educado! La verdad que si no estuviese enamorada de jacinto le hubiese dado  su palabra de consentimiento. También pensaba que como se iba a ir con Luis y dejar a los otros, si los cogían los abrigarían a cantar y tendrían que delatarlos, sabían los medios que la justicia empleaba para hacer declarar y no solo era la muerte  que al fin y al cabo era lo de menos sino los sufrimientos.
 Luego se arrepentía de estos pensamientos, pues con ellos creía haber faltado  en su honor a su Jacinto de su alma. Aquel que le decía Lucerito de la mañana y que  tantas palabras de amor y promesas se habían jurado en el  camino de la huerta entre barracas  regresaba de casa.
 Al finalizar el día Regina había lavado toda la ropa y el sol se encargó de secarla. Luís regresaba cabizbajo, pesaroso de haberle pedido relaciones a la muchacha, mas  porque sabia que ella estaba enamorada de otro-
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::Los compañeros de Luis  Y Francisco, permanecieron toda la noche entre la sierra y la huerta. Aquí hurtaban una cosa, mas allá otra. Asaltaron un establecimiento en una aldea y llenaron las alforjas de latas de conservas, también en otro establecimiento robaron embutidos, y aquí tuvieron que amenazar con las armas al dueño que los sorprendió. Pero no hubo sangre, el comerciante  viendo que le peligraba la vida, los dejó escapar con el botín.
 Conocían bien los caminos y veredas, y cortando por aquí un atajo por allá. Llegaron a la guarida sin novedad.
 La noche siguiente volvieron a la misma operación, y entraron en un comercio con la misma idea que en los otros, había que  acaparar alimentos por si de veían rodeados de tropas y no los dejaban salir.
 En este establecimiento, el dueño los recibió amablemente.
_ Yo soy republicano hasta el hueso_ les decía el tendero y me alegro que hayan venido a mi tienda. Podéis coger todo lo que necesitéis.  A ver si termináis pronto con esa canalla de fascistas y entran los nuestros.
 Luego llevándose el  índice a los labios   hizo ¡CHISSS! Con la boca, pueden oírnos.
 Una vez llenas las alforjas quisieron pagar  con algún dinero_poco_que  llevaban entre todos, pero el tendero le respondió que todo lo hacia por la Republica, por lo que estaban en paz.
 Asegurados  de que por las oscuras calles nadie podía verlos, ya que nadie transitaba a aquellas horas se internaron por un laberinto de callejuelas que iban todas a dar a las primeras estribaciones de la sierra y después de cuatro horas de camino llegaron a la guarida donde ansiosos loes espetaban Francisco, Luís y Regina.
 Pero habían caído en la trampa, aquel sujeto ni era republicano ni nada, se hizo pasar por  eso para que no lo mataran, porque nada más salir los maquis del establecimiento dio aviso a la Guardia Civil, y les indicó el camino que habían seguido espiando a distancia por la oscuridad reinante.
 Inmediatamente se montó una patrulla de diez hombres entre soldados y  guardias civiles, y siguiendo el rastro como perros sabuesos, los siguieron  ocultos en el matorral. Iban los maquis cargados y no podían avanzar lo ligero que  deseaban pues las piernas cansadas y con el peso del botín  se lo impedían
 Jacinto el novio de Regina, era uno de los soldados que iban con la Guardia Civil, rastreaban veredas y cañadas, barrancos y chozas casas y majadas, y toda edificación mineral o vegetal que pudiera ser refugio de los bandoleros.
Y al atardecer cuando el sol declinaba, de aquel día  de principios de verano. Cuando los picachos de la serranía  se vestían de púrpura y se alargaban en la sombra  que el sol en el ocaso producía con  sus sombras llegó la tragedia.
 Uno de ellos vigilaba desde una roca que estaba próxima a la cueva. Desde allí se divisaban los cuatro puntos cardinales, y creyendo que por lo inaccesible del terreno, por estar camuflada la casa de arbustos y matorrales y algunas chumberas, jamás los encontrarían se dedicaron a  las diferentes actividades como limpiar las armas o recoger el botín de la noche cuando oyeron la voz del centinela que descompuesto decía.
_¡¡ Alerta...Alerta!! Los soldados.
 Todos dejaron sus actividades y se apresuraron a tomar las armas una vez que estuvieron armados de metralletas y escopetas tomaron posiciones,
_Vienen muchos casi una compañía, gritaba el  centinela que no era otro que Luís con las fuerzas de sus vigorosos pulmones.. También entre los gorros se divisan algunos tricornios. Vienen hacia aquí. No hay duda nos han descubierto.
 Y así era. La columna compuesta de soldados y guardias civiles avanzaban imparables rodeando la casa donde estaban los bandoleros y con ellos la novia de una de aquellos soldados que  iban al mando del teniente Guerrero, no tenemos que decir que era Jacinto, porque ya lo abran adivinado los lectores.
 Algo extraño  le avisaba su conciencia. Algo que no descifraba a comprender pero que  la corazonada le decía que allí había algo que tenia que ver con su persona.  Hacia mucho tiempo que nada sabia de su novia., pero no descartaba la idea de que el señorito se la había llevado a la sierra para abusar de ella. ¿Y si estuviera con los maquis? ¡Dios mío! la habrán  violado maltratado sabe Dios que. Pero si así es me vengare_ pensaba mientras avanzaba con el fusil en posición de disparo.
 Regina rezaba ¡Que ajena estaba que su Jacinto iba a luchar contra sus salvadores!
_ Prepara vendas, rompe camisas lo que sea vamos a tener heridos y nos van a hacer falta_ le decían. Y ella rezando se puso a realizar lo que le mandaron.
 La intención de aquellos hombres no era entregarse, sino presentar pelea hasta morir, porque vencer  ya sabían que era difícil.
 _ De aquí  o vivos o muertos- decía el que había tomado el mando que era Andrés_ nuestro destino está marcado. Es mejor morir matando que no que nos capturen, porque de todas formas vamos a morir. No tenemos cuartel.
 Y dirigiéndose a Regina que imploraba a Dios le dijo.
_ Tú muchacha no has hecho nada, no estas fichada. Sal con los brazos en alto y entrégate. No dispararan sobre una mujer.
 Pero Regina siempre compasiva y agradecida dijo que no. Que una mujer siempre es necesaria en todos los casos.
_ Puedo curar a heridos y animaros y rezar por vosotros. Disparar no se  y eso no haré aunque lo sepa, no haría mas que agravar la situación. Ellos son hombres y vosotros también. Yo no soy de nadie. Ya os anuncie que ni entiendo ni me importa la política ni quien tenga razón o no. Pero estoy entre vosotros, vosotros me habéis salvado la vida no os dejaré. Moriremos todos. Hizo la señal de la cruz para  murmurar a continuación_ Que Dios me perdone si hago mal.
 Luis la mitraba con ojos  enamorados a la vez que le decía.
 Ole la madre que te parió. Eres toda una mujer.
 Cuando oyeron al teniente Guerrero vociferar.
_ ¡Alto a la Guardia Civil. Estáis rodeados. Depongan las armas y entregaos!
_Ahí llevas la respuesta- Gritaron todos a la vez  y una descarga de escopetas y metralletas atronó la tarde crepuscular.
 Las fuerzas del teniente Guerrero, repelieron la agresión y un tiroteo atronador se escuchó por todo el monte siendo  aumentado por el eco que  de las montañas-
 Corrían liebres y conejos despavoridos huyendo de la locura de los hombres que no sabían entenderse con el dialogo.
 Los animales no razonan. Pero su instinto es más equilibrado que el de los humanos, pues no  atacan sin motivos ni matan a no ser para comer y nunca a los de su especie, porque en ellos no existe la venganza; en cambio el hombre mata por odio, por envidia e intereses.
 No tardaron en caer heridos, u muertos algún componente de los gubernamentales, y esto enardeció mas  a los compañeros que se  emplearon en una lucha sin cuartel.
 Jacinto era un valiente, luchaba con bravura para vengar a sus compañeros muertos y heridos. Mientras su novia  dando muestras de gran valor hacia vendas de los trapos y camisas que poco antes había lavado. “Si no sirven para unos pueden servir para los otros_ se decía mientras rasgaba los tejidos.
 También  Luis y Andrés resultaron heridos. No tenían mucho carecían hasta de alcohol, y las heridas la desinfectaba con aguardiente y vino.
 La superioridad de los  hombres  de uniforme era mucho más que la de los maquis y estos se agotaban. Las municiones se le terminaban, y los hombres del teniente Guerrero parapetados tras las rocas, ya no eran victimas de las escopetas ni metralleta de los maquis.
 Francisco cayó herido, atravesado su brazo por una bala de fusil, fue desinfectado con vino y vendado con su propia camisa por  Regina, que  daba muestras de gran enfermera.
 Las balas rebotaban en las piedras, se clavaban el la pared de la casucha que era de tierra y algunas se colaban por los estrechos ventanucos, sin puertas ni cristales.
 Los maquis se defendían como tigres acosados, pero ¡Ay! Las fuerzas gubernamentales eran muy superior, nada tenían que hacer, resistir era morir, pero así aun aguantaban.
Francisco vendado volvió a empuñar la escopeta y parapetarse tras de una ventana, pero estaba escrito, de allí no saldría vivo y una bala que entró por una ventana le atravesó el pecho, murió en el acto. Nunca mas volvería a su Extremadura, en su pueblo Fuente del Maestre, solo un vago recuerdo  tuvieron de el los amigos, nadie quería comprometerse, salvo su madre que  la noticia de la muerte de su hijo en un lugar tan lejos de su pueblo y no poder ir a por su cadáver la trastornó para terminar en el manicomio de Mérida.
Otro de las muertes fue el enamorado Luis. Suplicaba herido de muerte que Regina lo atendiera, que quisiera morir en sus brazos.
 Acudió nuestra heroína a sus suplicas, y al verlo en la agonía no pudo reprimir que se le saltaran las lágrimas.
¡ No me dejes solo Regina_decia con la voz quebrada por la emoción y la fatiga- N...o  me...de...je...s  so...lo...mi...vid...a., a...mor...mío.
 Luego llamaba a su madre.
 Ma...dre... madre...adi...os   para si...em...pre--balbuceaba el infeliz.
 Y apretaba las manos de Regina con fuerza, pidiéndole un beso.
 No pudo negárselo, no podía dejarlo morir  así. Era la última voluntad de un moribundo, y  aplicó sus labios a los de Luís y lo besó, pero como  un ritual, como lo que era la ultima voluntad de un muerto.
_ ¿Gra...ci...as... Re...gina. Besa...me  o...otra  vez.
 Y atendiendo a sus deseos la  caritativa Regina volvió a besarlo en la boca, cuando un tropel de hombres  uniformados con gorros de borlas y tricornios  penetró en la estancia.
_ ¡¡Puta!! Así me guardas el amor que me prometiste. Así quieres a tu Jacinto_ oyó  ha su novio, que frente a ella estaba con el fusil en la mano.
 Soltó el cuerpo ya  muerto de Luís poco a poco  depositándolo en el suelo y dijo.
_ ¡Jacinto? .Tu aquí. Escucha, óyeme. No es lo que te figuras. Por el amor de Dios no lo tomes a mal, era un beso de hermano, un beso de ultima voluntad. ¡Escúchame Jacinto!
_ ¿Un beso de última voluntad en la boda? Y aun maquis
 Hemos terminado puta. Después de todo me alegro que vayas a la cárcel por estar cómplice con ellos.

 No escuchó más. Cayo desmayada  al lado de Luis.
 El teniente Guerrero ordenó que desarmaran a los  tres que sobrevivieron y le pusieran los grilletes, también a Regina. Protestó Jacinto, pues pasado el arrebato no quería ver a su novia esposada como una criminal, pero  Guerrero le objetó
_ El deber esta por encima de todo Jacinto. Tu novia a estado ayudando a los maquis, es otra enemiga de la patria, tiene que ser juzgada como estos, el juez militar decidirá lo que tiene que hacer con ella.
 Jacinto no pudo resistirlo y se echó a llorar como un niño.

                                      *
                                   *     *
 No hubo perdón para los maquis. Los  tres que sobrevivieron a la lucha fueron condenados a muerte. Un juicio rápido, sin apenas darle tiempo a defenderse de nada, el fiscal pidió la pena de muerte por auxilio a la rebelión y el juez militar los sentenció. Fueron fusilados un amanecer en  el patio de la cárcel y enterrados en una fosa común del cementerio civil.
 En cuanto a Regina, seria  juzgada por  el código penal ordinario, del caso se aria cargo un juez civi
l.

 

CAPITULO VI

En la carcel

 

En aquella misma cárcel, donde Jacinto hizo guardias alguna vez fue encerrada Regina. No la incomunicaron contra pronóstico que ella creía.
Compartía celda con otras dos reclusas.
 Eran dos mujeres jóvenes acusada de robo una y de contrabando y resistencia a la Autoridad la otra
 La primera llevaba por nombre Estrella y la segunda Rosario, y las tres eran preventivas en espera de juicio.
 Sus nuevas compañeras esperaban abandonar pronto aquel triste edificio, porque los delitos comunes tenían penas menores que los políticos.
Como Regina estaba por motivos políticos, si nadie le echaba una mano y acreditaba que ella estuvo con los maquis por puro azar, podía ser ejecutada lo mismo que fueron sus salvadores.
 La pobre Regina lloró en soledad la muerte de aquellos hombres que la quisieron y respetaron el tiempo que estuvo con ellos en la sierra.

Intimó con la dos reclusas que con ella compartían celda. Nuestra  desdichada amiga era la más limpia y ordenada de las tres, pero no tardaron en las compañeras de infortunio de imitarla en todas sus cosas.
 La dura y monótona vida carcelaria dentro de lo que cabe la llevaba bien con sus compañeras, o era lo que aparentaba.
 Aquellas lánguidas y doradas tardes del recién entrado otoño, salían. A veces le lanzaba un bonito piropo exponiéndose a un arresto, pero  el centinela joven no podía reprimir  un requiebro a aquella mujer tan guapa que le tocaba vigilar, al patio cuando la dirección del penal lo autorizaba bajo la mirada vigilante y hasta compasiva del centinela, que no se hacia una idea que una joven tan bella estuviese en aquel lugar de purgas.
 Nunca en aquella jaula humana habían entrado macetas. En la celda de las tres por deseo de Regina plantaron geranios y claveles en latas de conservas vacías que las mujeres con la tierra y la semilla solicitaron, y por gracia especial la dirección le concedió.
 No estaba permitido ningún objeto cortante ni pinchante, pero hay un refrán que dice que quien hizo la ley hizo la trampa, y por simpatía de las tres mujeres o por favores realizados por alguna o fuese como fuese  tenían un cuchillo, y con el limpiaban las malas hierbas que crecían en las latas de los geranios y los claveles.
 Le con cedieron agujas e hilo y telas que compraban y entre las tres  cosiendo y deshaciendo fabricaban prendas que   una funcionaria amable se encargaba de  colocárselas en algún comercio de Valencia.
 Una tarde las visitó el capellán de la prisión.  Había pasado el verano  y con el otoño aparecieron los primeros fríos. Las macetas se marchitaron a pesar del cuidado de las  Estrella, Rosario y Regina. Tampoco  le compraban ya las prendas que confeccionaban y la pena las invadía.
El cura  con sus consejos y sus palabras de  aliento y con el siempre perdón en la boca, y que rezaran mucho a la Virgen para que pronto  le llegara la libertad, conseguía levantarles el animo.
 A Regina nadie la visitaba. Era la mas apenada nunca  recibía visitas, ni de su Jacinto, ni de su madre ni de Lita la dulce cuñadita que tanto dijo que la quería.
¿Que pensarían de ella cuando no recibía visitas? ¿O que ocurriría para tanto silencio y misterio?

 Las últimas palabras que escuchó de boca de Jacinto  le martilleaban la cabeza .Puta.Puta. le repetía una voz interna , que no era capaz de  desasidse de ella. Era la última palabra que le dirigió su novio.
 Si Jacinto supiera que aquel beso, no significaba nada. Si supiera que lo hizo para que  un joven muchacho se fuese al otro mundo con  la ilusión que no pudo ser  antes en vida. Entonces Jacinto la perdonaría, pero si no iba a visitarla si no hablaba con el jamás sabría la verdad. Quizás que la condenaran a cadena perpetua, o a la pena capital y el  su Jacinto, la repudiaría hasta después de muerta. ¡Que triste era su vida allí entre reja! Si triste se puede decir tras la tristeza.
_¡ Dios mío, Virgencita ampárame...Tu sabes que no soy culpable ni pecadora...Tened piedad de mi!
 En otra visita que le hizo el representante de Dios, quiso quedarse a solas con ella. Por lo que  Estrella y Rosario, salieron al patio autorizadas por la dirección.
_ Hija mía_ dijo el cura. _hoy vengo a darte una noticia que no me gustaría dártela  pero es mi deber como sacerdote y como hombre.
 Dios escribe derecho con renglones torcidos, y sus caminos son inescrutables.
_ Dígame lo que sea padre. A mi ya nada me espanta_ respondió Regina con entereza. Ya estaba también cansada de sufrir y viendo que no tenía  otra alternativa su alma se le encalló. Ya no se preocupaba por nada. Había perdido a su madre, a su Jacinto a Lita y a doña Amparo los seres mas queridos, todo por culpa de un  miserable que andaba suelto por los centros mas importantes de Valencia.
_ ¡Ojalá hija sea así! Que nada te asuste eso demuestra que tienes fe en Dios y  confías en el.
_ Pues hija ten mucho valor. Tu madre ha muerto. Dios la tiene en su santo seno.
 Regina quedó anonadada, se le nubló la mente y fue tal la mala noticia que sus ojos quedaron abiertos inmóviles como si de una estatua se tratara. Tanto que el capellán se asustó, creyendo que  de allí no saldría con vida
_ ¡Regina...Regina!!_ exclamaba_ despierta. Por favor despierta. ¿Que te pasa Regina?
 Pero la muchacha estaba tan apenada tan absorta por la noticia que no despegaba los labios.
Se dirigió a su lecho con vacilantes pasos y echándose de bruces soltó las riendas de las lágrimas mojando las limpias sabanas con su llanto.
 Aquellas amargas lágrimas la volvieron a su estado anterior, es decir a su estado natural.
 El cura hizo la cruz  en el aire y se marchó.
 Poco después las dos compañeras de desdichas entraron y la encontraron, lívida demacrada mirando a un punto fijo del techo.
Entraron con el propósito de gastarle una broma acerca del cura pero al verla en aquel estado la abrazaron y la besaron diciéndole.
_ ¿Que te ocurre hermana?
Entonces con la voz rota y bañada en lágrimas, le dijo lo que le había dicho el capellán y que nosotros ya sabemos.

_ ¡Perdón madre!_decía la infortunada. Perdón  por el daño que te he hecho, al no saber nada de mí. ¡Perdón por todo y espérame en el cielo.

                                 

 

 Jacinto después del brillante servicio que realizó con sus compañeros en capturar a los maquis y dar muerte a otros (aunque su arma no disparó nunca al blanco) lo nombraron cabo y poco después sargento. Ya era un profesional en la milicia. A otros les concedieron la licencia. Pero el no la quiso ¿Donde ir? Con la exigua paga podía mantener a su madre, y a su hermana aunque Lita trabajaba en un obrador  cosiendo ropa de hombres.
 Le dolía en el alma que aquella “zorra”  de Regina se liara con un maquís, y también por encontrarla, en aquella situación
Ella que siempre le había jurado muerta que ser de otro,  la hallo en brazos de otro hombre y mas un enemigo, aunque el no quisiera en aquellos momentos era enemigo.
 Podía haber encontrado otra mujer, pero no quiso. El alma la tenia rota, se la rompió la pérfida Regina.
 Todo el barrio se enteró de que se hallaba en la cárcel por haber conspirado con los hombres de la sierra.
 Doña Pepita la madre de Jacinto no se lo creía que aquella muchachita hija de su amiga Amparo, tan modosita y servicial, buena y abnegada  fuese capaz de traicionar a su hijo.
_ ¿Y si la obligaros?_ decía ¿ Y si la forzaron y ella no pudo defenderse. _ objetaba_ l tratando de quitarle la pena que le devoraba el alma a su hijo.
 Esos hombres de la sierra son capaces de todo hijo, lo que no se es como ha podido caer en semejante lugar.
_ Fue engañada madre: eso si lo se engañada por el sinvergüenza de   Enriquito, pues  a el lo  vimos herido en la sierra, muy cerca de una casucha donde había una vieja  llamada Agripina que era cómplice suya. Hasta ahí fue una mártir. Lo que yo vi con mis propios ojos es lo que no  logro quítame la herida del corazón. Ella besando en la boca a un maquis,  moribundo. No, y no. No fue obligada ni forzada, lo hacia de corazón, no la vi aterrada ni  asustada lo mas mínimo al contrario, gozosa de besar a aquel muchacho que murió en sus brazos.
 Pero Lita la hermana de Jacinto, que conocía a Regina desde niña, que habían jugado  juntas a los mismos juegos y compartido el mismo pan no la creía culpable. Era la única que se desmelenaba  defendiendo su inocencia.
 La muchacha que aprendió  muy bien el oficio y ganaba bastante bien el dinero con su trabajo le propuso a su hermano visitarla en la cárcel.
_ Vamos a ir tu y  yo, a hacerle una visita a la cárcel; quizás  nos  cuente el porque aquel beso que tanto te hace padecer. A lo mejor es inocente. Tu  Jacinto no puedes juzgarla hasta que no sepas la verdad porque hablar no hablaste con ella ¿verdad?
_ No Lita no hable ni media palabra, no pude pero lo que vieron mis ojos bastaba para saber que me traicionaba.
_ Y si no es así. Tenemos que hacer una visita a la cárcel, ahora que se ha quedado sola en el mundo, sola y en prisión ¡No te da pena de ella!
 El buen corazón de Lita era  elocuente.
 Y como Jacinto se mostraba dubitativo, seguía  invitándole a visitar a la desdichada Regina.
_ Se que estas deseando ir a la cárcel a verla, lo noto en tus ojos así que no lo pienses mas, mañana sin falta pedimos un VIS a VIS y la visitamos.
_ Para que quieras que vaya Lita, para que me cuente alguna mentira, ya he visto bastante.
_ Bueno hermano como quieras. Pero si tu no quieres no vayas, yo voy mañana que  no trabajo en el taller ya que es domingo.
_ ¡Bueno vayamos!_ aceptó Jacinto la invitación.
 Lita había ganado. La muchacha creía firmemente en la inocencia de Regina.

                                                * *  *
No  había recibido Regina visita alguna desde que le  metieron en la cárcel, y  tenia perdida las esperanzas. Creía que su novio había terminado con  su amor. Si pudiera hablar con el y contarle toda la verdad, tal vez el se convencería que nunca fue mala, que  ningún hombre la había poseído que aquel beso fue un beso de caridad de consuelo a un moribundo para que su sufrimiento fuese mas llevadero los pocos minutos que le restaban de vida.
 Cuando la funcionaria le llevó la noticia de que tenia visita, ni se alegró ni se entristeció, la noticia la recibió con indiferencia.
_ Sabe usted quien la visita_ preguntó sin ganas.
_ Si respondió la celadora. Es una muchachita de unos veinte años y un hombre algo mayor, se anuncian como Lita su amiga y su hermano Jacinto.
 Regina quedó estupefacta. Su Jacinto iba a verla.
_¡Que vergüenza Dios mío! ¡Que vergüenza! Verme en este lugar siendo inocente. Ellos fueron privados de la vida quizás injustamente, pero al menos tenían sus ideales. Quizás mataron. Robar si que robaron, existía un motivo o muchos motivos, pero yo... ¿ que he hecho yo, nada. Una victima de un canalla o la ironía del destino que quiso ponerme en manos de aquellos hombres, a los que quizás le deba la vida. Yo nada he hecho estoy aquí como una criminal esperando un juicio que de no tener quien me defienda, me enviaran  con ellos, con mi madre o quizás algo peor encarcelada para toda mi vida.
 Y con estos pensamientos llegó a la sala de visita, escoltada por dos guardianes
_ Jacinto al verla a través de los gruesos cristales y conducida por dos guardias le dio un vuelco el corazón. La veía más ajada, demacrada había envejecido al menos dos años aunque los rasgos de su hermosura no los perdió. . La saludó fríamente.
_ ¡Hola Regina! ¿Como estás?
 A Lita le asomaron las lágrimas a sus maravillosos ojos negros
_ Estoy bien, gracias, y gracias Lita por haber venido, ya creía que nadie vendría a  consolarme o quizás a darme mas dolor.
 La hermana de Rafael avergonzada por no haber ido antes y ante las palabras de Regina se puso encarnada.
_ Te encuentro más delgada Regina.
_ Es que me da poco el sol, y con estas palabras quiso retirarse al notar la frialdad de su novio.
_ Espera Regina por favor. Quiero hablarte- dijo Jacinto
_ ¿Que quieres de mí? Si me vas a llamar otra vez puta, es mejor que me dejes tranquila aquí con mis compañeras.
_ No, Regina no vengo a martirizarte. He venido a que me des una explicaciónLa necesito y tengo derecho a ella.
_ Tenemos poco tiempo _ dijo con desdén la reclusa. Pero si no me cortas  el dialogo te diré todo lo que me ha sucedido, y te juro por la gloria de mi madre que es la pura verdad. Comprenderás que no merezco esas ruines palabras con las que me has tratado en la casucha  que me sirvió de refugio durante cuatro meses.
 Sabes Jacinto que el único hombre que ha existido en mi vida has sido tú. Sabes que soy virgen total, pura y limpia.
Si, interrumpió Jacinto_ entonces me vas a decir que es mentira lo que vi. ¿Porque besabas en los labios aquel hombre? ¿Eso es una traición Regina? Eso no lo hace una mujer honrada.
_ Yo jamás te he traicionado. Lo que vistes es muy diferente a lo que crees.
 Pronunciaba las palabras con dificultad embargada por la congoja
_ ¿Entonces explícame que era aquello?_ Jacinto volvió a la carga, no se compadecía de las lágrimas de su novia. Se estaba mostrando cruel con ella.
_ Ya te dije que no me cortaras en  la explicación, que me dejaras hablar tenemos poco tiempo.
 Tomo aliento pues estaba casi agotada por el sufrimiento y continuó su relato.
 Mientras la buena Lita, no dudó  de la inocencia de su amiga y cuñada. Miraba a su hermano con reproche por cortar la palabra de Regina.
 Regina continuó
 Y le explicó a su novio todo lo que ya sabemos desde que Carmen la invitó a café y la narcotizó, el intento de abuso de Enriquito, como fue  salvada por los maquis, la vida en la sierra hasta  el beso que le dio a Luis cuando agonizaba.
_ Si te creo-afirmó Jacinto a las palabras llorosas de Regina, lo que no acabo de entender es porque lo besastes.
_ Ya te lo he dicho. El estaba enamorado de mi, en cambio yo no , pero quise que no se fuera de este mundo  sin  el consuelo de un beso, yo fingí amarlo para que  su muerte fuese mas dulce, fue una mentira piadosa y un beso  falso, sin importancia, sólo para el tuvo aquel beso un instante de felicidad en las puertas de la muerte
 Entonces  quien lloraba era Jacinto.
¡¡ Perdón Regina! ¡Perdón mi amor por haber dudado de ti! Todo lo olvidaré  y cuando salgas de aquí nos casaremos. Ya soy sargento y con mi paga aunque muy modesta podemos vivir. No te preocupes tu no has hecho, cuando salga el juicio serás libre, y entonces te llevaré al altar. Otra vez te pido perdón.
 Arrimó los labios al cristal para besar los de Regina que conmovida también  arrimó los suyos al cristal justo en el lugar opuesto a donde estaban los de jacinto.
_ Te perdono de corazón Jacinto. Sabía que me creerías. Todo lo que te he contado es la verdad, la pura verdad. Pero... no se cuando saldré de aquí y si saldré algún día. Estoy acusada de auxiliar a los maquis y eso e n esta época es un delito muy grande. Si  me condenan a cadena perpetua, quiero mejor morir.
_ No, no te condenaran. Yo pondré los medios.
_ Solo Dios y tu  que digas la verdad de lo que te he contado pueden salvarme, no hay nadie mas.
 Llegó la hora de  finalizar la visita
_ “Desalojen la sala”- dijo un guardián con no muy amables maneras- “La visita ha finalizado.
 Y Lita enjugándose las lágrimas exclamó.
_ ¡Hasta pronto hermana! Tengo novio pero no me casaré hasta que tu salgas de aquí. Quiero celebrar las dos bodas juntas!
 Regina se fue para su celda limpiándose las lágrimas y lo mismo  hicieron Lita y Jacinto al retirarse de la sala de visitas.

 

 CAPITULO VII

El juicio

Por fin después de más de cuatro meses en la cárcel fue llamada a juicio.
 Había pasado el otoño y el invierno se presentó en valencia muy frío. Mucho frío tuvo que soportar en aquellas cuatro paredes de las celdas, solo una hora cuando había  sol, le desentumecían los huesos.
 Estrella y Rosario fueron puestas en libertad, habían cumplido su condena.
 Otras dos reclusas ocuparon sus vacíos. Nunca faltaban inquilinos en las celdas carcelarias, y lo mismo que fueron Estrella y Rosario amigas de infortunio también Juana y maría las dos nuevas se hicieron amigas de Regina.
 Las dos estaban por delito de robo. Las dos eran madre de  familia numerosa, una viuda la otra con el marido en paro no tuvieron mas remedio que robar en el campo, si no querían que sus hijos perecieran de inanición. Ahora en la cárcel  la familia se había hecho cargo de los niños. Dramas del infortunio.
 Aquel frió día de invierno fue conducida por la guardia civil al palacio de Justicia.
 A las puertas del edificio donde se iba a celebrar el juicio, había un grupo de hombres que querían presencias el  juicio.
También  estaban allí Lita y algunas compañeras del taller y también ¡como no! Estaban sus amigas de penas Estrella y Rosario
 Regina llegó al palacio de justicia escoltada por una pareja de la Benemérita, no iba esposada el Jefe de pareja no  creyó posible una fuga en una persona tan sumisa y guapa con aquella cara de bondad que la caracterizaba.
_ ¡Animo Regina!-le gritaban sus compañeras nada mas bajar del tranvía donde había sido conducida.
 Regina  supo por el timbre de voz que aquella  que le daba ánimos era Estrella, su fiel compañera de celda.
 Aquellas desgraciadas, olvidadas de la hipócrita sociedad, aprendieron en la celda la caridad y la solaridad.
 Rosario antes de dejar la celda le regaló una cadena de plata, que para Regina tenía más valor que todos los tesoros del mundo.

                                        *   *   *
 Sentada en el banquillo de los acusados, escoltada por una pareja de policías, se hallaba sumida en un letargo imponente. Mentira le parecía que ella, la que jamás se metió con nadie ni hurtó ni una naranja de los frondosos naranjos estuviese allí como una vulgar ladrona.
 El alguacil anuncio audiencia pública y las puertas de la audiencia se abrieron para dar paso a cuantas personas querían ver el juicio.
 Allí estaba Jacinto que dirigió una mirada a su novia. Estaba de paisano y con los ojos la animaba a que estuviera tranquila. El no podía hacer nada, pero si le preguntaban algo diría que era inocente total que fue  retenida por los maquis en contra su voluntad, que se hallaba en la sierra por culpa de Enriquito que  trató de abusar de ella  mediante un complot con una empleada de la fábrica llamada Carmen que le suministró un narcótico. Estaba tan arrepentido de haber juzgado mal a su novia que estaba dispuesto a todo por salvarla.
 El juez le preguntó si llevaba abogado defensor, a lo que Regina negó con la cabeza sin levantar la vista del suelo.
_ Diga si o no a lo que se le pregunte_ le conmino el Juez
_ No señoría no traigo a nadie que me defienda.
_Le nombraremos uno de oficio.
 Regina se encogió de hombros como diciendo que le daba igual, que  ella era inocente a lo que se le acusaba, y que  la defensa nada podía alegar en su favor de lo que dijera ella.

_ Acérquese.

La acusada se acercó al estrado.
 El tribunal prosiguió.
_ Levante la mano derecha.
 Regina la levantó
_
 El Juez tomó un crucifijo y dijo.
_ Jura decir la verdad, toda la verdad y nada mas que la verdad.
_ Si, lo juro
¿Se creería el Juez su declaración. ¿No precisaría  abogado de oficio?
 Ella contó todo lo que ya sabemos, pero el juez quería pruebas algún testigo que certificara los  dicho por ella.
 En aquel momento se abrió la puerta y se oyó.
_ Yo lo certifico y lo ratifico que todo lo que ha dicho es verdad,
 Todos los ojos se volvieron hacia donde había salido aquella voz
Y vieron a Enriquito, a la señorita don Enrique, con gabardina y guantes marrones, el sombrero en la mano que concluía estas palabras.
_ Ella no es culpable de nada. Yo soy el culpable de todas sus desgracias, por querer hacerla mía. Todo no es verdad porque no ha dicho  que la tuve secuestrada  a cargo de una bruja que  estaba oculta por un delito de sangre en una cabaña en la sierra. Contra ella no se puede hacer nada, ya Dios la habrá juzgado, pero si contra mi y contra carmen, los verdaderos culpables de la desgracia de esta pobre mujer.
 Y al decir esto señaló con el dedo a Regina.
 Un murmullo  recorría toda la sala. Jacinto y Lita estaban anonadados, creían soñar. El miserable había tenido un rasgo de caballerosidad, no se lo podían creer.
 Quizás la caballerosidad de don Wenceslao, su padre  desde arriba se la presto para no hacer otra canallada de las muchas que hizo a lo largo de su vida. Continuó.
_ Todo lo que declaré al teniente Guerrero cundo me recogieron herido en la floresta de los castaños, era mentira. Ningún maquis me atacó, y ni siquiera los vi.
 Los dolores y las heridas que tenia me las hizo ella, y con mucha razón. Es tan honesta  y digna que sabiendo que su vida peligraba, o si accedía a mis propósitos le iba a ir mejor, que  renunció a los lujos y a mejor vida por conservar su virginidad para entregársela a su novio, que por cierto fue uno de los que me recogió en el monte.
 Se que no me he portado bien. Despedí a su novio de la fabrica sin ningún motivo, solo por celos, ni por ellos siquiera solo por poseerla a ella ya que me encapriché ciegamente con Regina.
 Yo, y nadie más que yo soy el culpable. Si a ella la han protegido los maquis, tampoco es culpa suya ¿que iba hacer en una partida de lobos una gacela? Aceptad sus condiciones.
¡No!_ gritó la joven   poniéndose  en pié del banquillo donde estaba sentada_ Ellos no me forzaron a nada, ya están todos muertos y quiero respetar su memoria, lo que puedo decir es que fueron conmigo unos caballeros. Yo   me ofrecí a  cuidarlos y tenerlos limpios, a cambio ellos me prometieron liberarme, ponerme en casa, lo que sucedió es que  le  estrecharon el cerco y no pudieron lograr sus propósitos.
 Ya todo estaba aclarado. Por lo tanto no cometió ningún delito, ni  se unió a los maquis, estaba hasta que la liberaran, no quería seguir con ellos ¿que podía hacer?..
 El Juez ordenó que  detuvieran a don Enrique, por detención ilegal y rapto. Ahora era el que se iba a enfrentar a  unos cuantos años de prisión. Pero tuvo un rasgo de caballerosidad y compasión hacia Regina. ¿Lo hizo por  bondad o estaba realmente enamorado de la joven obrera?
 No encontramos respuesta. El lo  sabría.

 Regina como sabemos poseía un corazón grande y tierno, y no vio bien que el que se culpó de todo por salvar a ella fuese a la cárcel  o a  la muerte.
Ella quiso salvarlo. Era verdad que se portó muy mal con  ella y su novio,  que la hizo sufrir mucho, pero al final se arrepintió y la salvó de la cárcel o de la muerte. Ahora era ella la que estaba en deuda,
 con el.
 A la pregunta del Juez que  quería para el, por los delitos de intento de violación, rapto  y detención ilegal, aparte de otros delitos menores, como dejarla abandonada en mitad del bosque, ella dijo que por su parte no quería nada, que lo perdonaba; favor por favor.
 El Juez al no querer nada ella y ser un delito privado, también lo dejó en libertad.
 Así son las almas buenas, siempre están dispuestas a perdonar.

 

CAPITULO VIII

 La gran sorpresa

El tiempo que nunca  para, pasó  corriendo como un tren expreso en vía libre.
 Había transcurrido un año desde los últimos acontecimientos que hemos narrado, y Regina por voluntad de la madre de Jacinto había  fijado su residencia en su casa, es decir en casa de su novio, que avergonzado por haberla calumniado no cesaba de pedirle perdón.
 Nuestra  querida Regina al quedar huérfana, ya no tuvo casa don de refugiarse, porque el piso  donde vivía con su madre era alquilado y muerta doña Amparo perdió  la vivienda por falta de pago..
 Lita, la hermana de Jacinto, nunca dudó de su honradez la quería como una hermana, y al quedar sola en el mundo ella fue la que convenció a su madre para que recogieran a su amiga.

_ Con lo que yo gano en el taller de costura y la paga de mi hermano, podemos vivir los cuatro muy bien. Decía la buena hermana de Jacinto
 Lita ya no era una tímida aprendiza, llegó a oficiala y era una costurera de fama.. por lo tanto ganaba bien los dineros.
Doña Pepita estaba encantada con Regina. Aunque la conocía de antes pero hasta que no la tuvo viviendo con ella no se dio cuenta que era como una hija.
¡Perdóname mi vida!_ Le decía Jacinto  arrepentido._ Perdóname por lo torpe que he sido al dudar de tu honradez. Es que el cerebro se me nublo al ver como besabas a aquel hombre y creía que me traicionabas.
 Regina le decía que no hablase más de perdón, que  de nada tenia que perdonarlo._ Tal vez si yo te hubiese  sorprendido en brazos de otra hubiese pensado lo mismo. Enterremos eso y  sigamos nuestra felicidad, porque yo soy muy feliz ¿y tu?
_ No me lo notas, no  ves lo feliz que soy a tu lado!
Pues entonces olvidemos el pasado y miremos hacia delante  Jacinto. Ahora a pensar en nuestra boda.
_ Es verdad mi amor, es verdad. Olvidemos el pasado

                                    
                                        
                                              *
                                           *     *

 
Retrocedamos unos años atrás y escuchemos el dialogo que tuvieron doña Pepita la madre de Jacinto y doña Amparo la madre de Regina.
 Aquella fría tarde del mes de Diciembre, doña Amparo le dijo a  doña Pepita que tenia que contarle un secreto.
 Por aquella época contaba Regina un año de edad; eras una niña hermosa y dulce, a la que su madre miraba con lástima, acostada en una sencillísima cuna de madrera hecha por un carpintero del barrio. Sentadas en torno a una mesa redonda donde se consumía un brasero de picón, doña Amparo le contaba a doña Pepita la siguiente  historia.
_Tu sabes Pepita que no soy casada y te pido que si me ocurre algo seas tu como yo para ella una madre.
_ Pierde cuidado Amparo. En eso puedes estar muy segura. Pero... ¿ A que hablar de muerte ahora?
_ Quien sabe Pepita, la vida cambia de un momento a otro. Y mira mi historia que triste es. ¿Escucha, escucha...!
_ Yo, trabajaba en la misma fábrica que mi madre en la de don Wenceslao  Lozano & García S.L., cuando no era mas que un simple telar, pero que ya iba viento en popa y día a día se agrandaba mas, gracias a las obreras y obreros que en ella trabajábamos.
 Don Wenceslao era casado. Su mujer era fea y antipática y de no muy buenos sentimientos.
 Pero empecemos desde lo primero.
 Hizo una pausa exhaló un suspiro y continuó, mientras su amiga la escuchaba con atención.

 Mis padres vinieron a Valencia procedentes de un pueblecito de la provincia de Albacete y montaron una tienda de tejidos en la calle de Sagunto.
 El genero se lo suministraba la fábrica de don Wenceslao, y en esa fabrica me emplearon al no ir la tienda muy bien.
 Mi padre se enamoró de una linda dependienta que tenia a sueldo desentendiéndose del negocio completamente, dejando todo en manos de aquella mujer
 Mi madre enterada de la traición de su marido al que amaba con delirio, perdió la razón y tuvieron que internarla en un manicomio.
 A partir de entonces todo se fue al traste.
 Mi padre se  pervirtió con la bebida y todos los días estaba borracho, así quiso redimir su traición y fracaso. Y la tienda sin una buena dirección terminó por sucumbir.
 Los clientes se perdieron y quedamos en la ruina total, casi en la indigencia-
 Yo ya estaba en edad de enamorar pues entre unas cosas y otras transcurrieron unos doce años.
 Entonces el dueño de la fábrica suministradora de nuestra tienda don Wenceslao  García Lozano  y don Germán que era aun  muy joven, fui admitida me entraron a trabajar como obrera aprendiz de telares.

 La amante de mi padre cuando la pobreza llegó a mi casa lo abandonó, y el al verse despreciado y las deudas  acumuladas que no podía pagar optó por quitarse la vida arrojándose a  la vía cuando pasaba un tren.
 De mi se decía que no estaba mal, que era guapa y simpática, y a pesar de  los sufrimientos, decían que era elegante y que gustaba a los hombres.
 Don Wenceslao quería un hijo, lo  necesitaba para depositar en el su confianza y que fuese su heredero.
 Se me olvidó decir que el nombre de su mujer era Rufina, que poco o  ningún cariño le daba a su esposo.
 Aquel hombre por sus negocios viajaba constantemente por todas las provincias españolas, y de Barcelona trajo un ni9ño el que seria su heredero. Le pusieron de nombre Enrique, pues Rufina no sabemos porque no quedaba embarazada. Y más de una vez lo saqué de paseo por la ciudadela.
 Aquel niño seria hijo de alguna amante de don Wenceslao o yo no se de donde lo sacaría, el caso es que lo inscribió en el registro civil de Valencia como hijo legitimo del matrimonio.
 Doña Rufina el niño no le  cayó muy bien. Mas sabiendo  que lo trajo su marido, y a los reproches que esta le hacia la respuesta de don Wenceslao siempre era misma.
_ Necesito un heredero y como tu no me lo das, lo he buscado por otro sitio,  y de ahí no había forma de sacarlo.
 El trabajo que yo realizaba nada le importaba, le tenía advertido a los encargados y capataces que no se metieran conmigo para nada, y estos cumplían con las órdenes del patrón.
 Yo no es que no trabajara mucho, desempeñaba bien mi cometido, pero no estaba sujeta a las exigencias de los capataces y me ponía a trabajar donde me daba la gana.
 Un día cuando finalizó la faena  y me disponía a marcharme a casa, me dijo que me pasara por su despacho antes de marcharme, y así lo hice.
 Su alma atormentada por  los desprecios de su mujer necesitaba un poco de comprensión y cariño.
 Yo pasaba hambre en mi casa, ya que el sueldo que ganaba era muy corto.
 Al día siguiente para mi sorpresa ya me estaba esperando a la entrada de la fabrica, nada mas verme me hizo señas para que me acercara a el, y entonces con una amplia sonrisa de felicidad me dijo que fuera para su oficina..
 Nadie sospechaba de las intenciones de don Wenceslao.
_Me dijo que si estaba decidida a ganar mas dinero del que ganaba en aquel trabajo. Yo le respondí que si, que me hacia falta. Entonces se tornó nervioso, lo noté que las palabras le salían atropelladas no sabia por donde empezar. Por fin se decidió,
_ Mira, si no quieres no pasa nada, te vas a tu trabajo y ya está. Lo único que quiero es que no me montes un espectáculo. No quieres tan amigos como siempre y en paz.
_ Yo  enseguida capte  la idea. Quería acostarse conmigo, que yo le diera el calor que su mujer no le daba.
¿ Que es lo que quiere usted de mi don Wenceslao?
_ Quiero que me des cariño, y amor eso que no me da mi mujer. Se que soy mucho mas mayor que tu, pero tu puedes ser todo, la amante que me falta, la hija que no puedo acariciar, en fin la mujer que me hace falta para darme felicidad.
Aceptas mi propuesta. No te pesará,
_ La verdad  Pepita que no se lo que me entró por el cuerpo, aquella mirada me hipnotizó igual que queda el pajarillo hinoptizado por la lengua de la serpiente. No se porque paso, a veces trato de explicármelo y no llego a comprender que me ocurrió lo cierto es que le dije que si, que estaba dispuesta a que hiciera conmigo lo que le apeteciera.
 Su alegría no tuvo límite, se levantó del sillón donde estaba sentado y aprovechando que la puerta estaba cerrada me estampo un prolongado beso en la boca que terminó por sugestionarme.
  Me encontraba solo, mi madre en el sanatorio de los dementes, mi padre había muerto, no tenia a nadie así que  acepté, tal vez hice mal en echarme en brazos de aquel hombre, pero ya estaba hecho y a lo hecho como se suele decir pecho.
 Me convertí en la mantenida de don Wenceslao en la  amante del señorito. Si no hubiese estado casado nada me hubiese importado pero  doña Rufina se interponía en mi mente   acusándome de adultera y mala mujer.  Adultera no era pues no tenia marido, aunque  eso si es verdad entre los dos cometíamos adulterio.
 Cuando le dije que estaba encinta, su alegría se desbordó, y me prometió que todo lo que el poseía  seria para  el niño que venia de camino.
 Todo no, le interrumpí yo.  La mutad para mi hija (yo estaba convencida  de que lo que se  germinaba en mis entrañas era una niña. Una corazonada mas que se cumplió) la otra mitad para Enriquito  ¿No es hijo tuyo? Me aventuré a preguntar imprudentemente.
 Me miro y dijo.
_ ¿Tu que crees?
_ Que si.
_ Pues has acertado. Es hijo mío de una obrera de  mi fabrica, que está en Barcelona. Entonces tiene el mismo derecho que mi hija.
 Me abrazó y me beso con efusión, y así vivimos felices hasta quue.
 Estando saboreando las mieles de la felicidad llamaron a la puerta.
 Yo quede indecisa si abrir o no, estaba Wenceslao y nadie sabia que yo era su amante, aunque en el barrio se rumoreaba algo, pero  el piso que me alquiló estaba en el otro extremo de la ciudad. Por entonces Valencia tampoco era muy grande y  algunas noticias corrían como reguero de pólvora entre la gente  del pueblo llano.
 Mi sorpresa fue impresionante, tuve que sujetarme en el marco de la puerta para no caer. Aquella mujer que estaba ante mi, no era otra que Rufina la mujer de don Wenceslao.
_ ¿Eres tu la dueña de la casa?_ me preguntó con sorna.
 No supe que contestarle. Me dirigí a don Wenceslao.
_ Wenceslao ¡Sálvame vida mía!
_ Con que vida mía ¡eh!. Ya te ajustaré yo cuentas puta!, sal de esta casa in mediatamente, no tienes derecho ha permanecer en ella, roba maridos, asquerosa.
 Wenceslao nada decía se quedó petrificado. No me defendió.
 Viendo que ni me miraba, pues había sido sorprendido por su mujer, en flagrante adulterio se sentó en el sofá y se tapó la cara con las manos. Era un caballero, pero conmigo se portó en aquel instante como un cobarde.
 Salí cabizbaja, llorando. Virgen mia_decia yo_ ¿Por qué  he hecho esto. Y me fui a casa donde mi madre había vuelto del manicomio.
 Di a luz una preciosa niña, que ha sido tan desgraciada como yo. Fue fruto del pecado y como si tuviese ella la culpa de mi debilidad 
 Don Wenceslao me pasaba una pensión a espaldas de su mujer hasta que falleció.
 Cuando mi hija  llegó a la edad de 16 años, don Germán que sabia que Regina era hija de don Wenceslao la entró en la fábrica, ocultando siempre la verdad hasta que  tu hijo se enamoró de ella.
 Lo demás ya todo lo sabes. Hemos vivido con estrécheles, pero  yo solo  quería el bienestar de mi hija.
 Nada podía  hacer  para lograr la fortuna que le pertenecía, porque no estaba registrada como  hija legitima de don Wenceslao, sus apellidos son los míos. Y hasta aquí mi vida  Pepita. Júzgueme como quieras.
 Doña Pepita, no lo tomo en cuanta la historia y como Regina era buena, no puso impedimento  en que su hijo se casara con la desdichada hija de doña Amparo.

 

CAPITULO IX

           La caballerosidad de un tirano

No dejaba en paz la conciencia a Enriquito. Es verdad que había hecho una buena acción salvando a Regina, y culpándose el.
 Fue a la cárcel, pero como por desgracia el dinero todo lo puede, puso una gran fianza y al poco tiempo estaba en la calle
Pero su conciencia no cesaba de remorderle. Quizás la sangre  le decía que lo que intentó hacer con su hermana, aunque el  no lo sabia; era un hecho de los mas canallescos y horripilantes que un hombre pueda hacer.
 Quiso readmitirla en su fábrica y dale un buen puesto  en las oficinas, o el que ella eligiese pero la novia de Jacinto lo rechazó.
 En el despacho de su padre encontró una carátula vieja, empolvada que estaba casi olvidada.
 Un día  Enriquito. Quiso saber lo que contenía aquel legajo, y desatando las cintas extrajo un folio que decía

       MI ÚLTIMA VOLUNTAD
SIENDO HIJA MIA TAMBIEN REGINA  LA HIJA DE AMPARO LÓPEZ, DECLARO QUE A MI MUERTE SE LE CONCEDA LA MITAD DE LA FABRICA Y CUANTOS BIENES POSEO, SIENDO LA OTRA MITAD PARA MI HIJO ENRIQUE, QUE SON LOS DOS MIS HIJOS Y POR LO TANTO HERMANOS.
 Fdo: Wenceslao.

 Como si un mazazo le  hubieran dado en la cabeza, así de aturdido quedó Enrique al leer aquel documento. No sabia que partido tomar. Si antes le remordía la conciencia, ahora  no lo dejaba vivir. Había  raptado a su hermana, quiso abusar de ella ¡Dios mío!-exclamaba, porque no lo supe antes. Porque mi padre lo tuvo en secreto y tampoco mi madre me dijo nunca nada.
¡ ay si vivieran uno de los dos para aclararme este misterio!
Pero los dos estaban muerto el único que le podía aclarar algo era don Germán.
 Luego pensó este papel lo puedo destruir, pues seguro que no está registrado en ninguna parte; pero no, la conciencia  no me dejará vivir en mi vida.
Llamo a don Germán.
 Entró el buen hombre y Enriquito le mostró el papel.
-¿Que sabe usted de esto?
_ Todo lo que ahí dice es verdad don Enrique. Su padre me lo confesó. He sido un cobarde al no revelarlo antes, pero temía  que su reacción no fuese buena. Lo conozco muy bien  don Enrique; usted no es como su padre.
_ ¿Y mi madre?
_ Siento decírselo, su madre no era la esposa de su padre-
_ ¿como dice?
_Lo que oye don Germán. Usted es hijo de una pobre obrera de la fábrica que su padre tenia en Barcelona. Su madre no podía tener familia.
 Enriquito lo miraba con los ojos muy abiertos, sorprendido.
_ Mire usted,  su padre tuvo varios amores, no estaba muy enamorado de su mujer, y se le acentuó mas el desamor cuando no pudo darle un hijo. El quería un heredero, y como su madre no se lo podía dar, lo buscó en otros amores, o caprichos. Y a usted lo trajo de Barcelona, haciéndome jurar que nunca le dijera la verdad. Pero ya no importa, hemos  llegado muy lejos. Su hermana es Regina.
_ ¡Dios mío! Regina hermana mía. No puedo creerlo.
_ Pues créalo. Bien claro lo dice tu padre en ese papel
_ Don Germán vaya usted ahora mismo en busca de un notario. Y que se persone aquí. Hay que arreglar esto.
_ ¿Que va usted hacer?- le preguntó don Germán-
 _ Lo que tengo que hacer. Poner todo el capital a nombre de Regina. A mí ya no me va a hacer falta.
 Don Germán lo miró incrédulo. ¿Como se iba a quedar el sin capital? _ estaré soñando se decía
 Pero hizo el encargo que le mandó Enriquito y  una hora después  estaba en aquel despacho  un notario de la ciudad.
_ Don Guillermo Sánchez- notario  colegiado del ilustre Colegio de esta capital_ se presento el mismo- ¿A que se me ha hecho venir.
 Don Enrique dijo.
 Siéntese y escriba en papel sellado lo siguiente.
 “Yo Enrique Lozano y  García hijo de Wenceslao y Rufina, nacido en Valencia, soltero mayor de edad, con domicilio en la calle San Vicente número: de esta ciudad de Valencia declaro.
 Que todo el capital que me ha dejado mi padre, pasa a ser propiedad de mi hermana de padre Regina  F  G, y una parte del mismo a mi administrador don Germán Luque. De lo que doy fe ante  el notario aquí presente.
 El notario lo firmó  lo rubrico y selló  quedándose con una copia. Otra seria entregada a  Regina y otra a don Germán que firmó como testigo.
_ Ahora deseo que me dejen solo- suplicó.
 Salieron sé  el notario su ayudante y don germán  y cuando iban llegando a la puesta  oyeron una detonación.
 Don Germán que no las tenía todas consigo, fue corriendo a ver lo que pasaba, le siguieron el notario y su ayudante.
 Se encontraron con Enriquto caído de espaldas, por la sien derecha manaba abundante sangre, y en la mano derecha  aun empuñaba una pistola. Se había suicidado.

                                          *
                                       *     *
 Como es de suponer, ni Regina, ni Jacinto, ni Lita se creían  la noticia que don Germán le llevó junto con la escritura que el notario  había firmado por orden del difunto hermano de Regina.
_ ¡Pobre madre mía_ se lamentaba Regina. Ha debido de sufrir más que yo.
 Todos quedaron abstraídos por aquella noticia. Regina, la obrera, la embaladota, rica y además hija de don Wenceslao. Paradojas de la vida o ironías del destino, era lo mismo, ¿ que hacer ella con tanto capital! Y Jacinto que opinaría.
 Le pidió consejos a su novio y este le dijo.
 Lo repartiremos entre los obreros de la fábrica, y nos quedaremos con una mínima parte. Yo he ascendido a teniente, con mi paga y la pequeña  porción de capital tenemos suficiente. Para Lita  también dejaremos una pequeña parte para que vivan desahogadazo.
 Es lo mejor que podemos hacer,
_ Es verdad mi amor. Pobre hemos sido, y ahora somos ricos, yo no me acostumbrarla a esa vida de derroche y opulencia mientras miles pasan hambre, es lo mejor que podemos hacer.
 _ No esperaba menos de ti mi vida. Perdóname por  haber dudados de ti.
_ Eso Jacinto mío pertenece al pasado. No hablemos más de ello.
                                      

 

CAPITULO X

 Dos bodas

Y...llegó el día deseado. No solo para Regina y Jacinto,  también para Lita y Miguel, que como se recordará era el amigo de Jacinto al que le fue a pedir  que lo colocara en su fábrica, y no pudo hacerlo. Pues este muchacho de noble corazón era el novio de Isabel la hermana de Jacinto, o sea de Lita o Isabelita como la nombraban con el diminutivo de su nombre.
 Esta pareja a estado muy alejada de nuestro relato pero ahora viene a colación porque los cuatros se casaron juntos, el mismo día  a la misma hora y en la misma iglesia.
 Hagamos un breve resumen de sus vidas.
 Lita aprendió a la perfección toda clase de costuras, a la joven le encantaba el oficio y en vista de ello la dueña del obrador donde aprendió a coser le traspasó el costurero.
 Aquella mujer ya en la edad madura no  quiso que su taller  desapareciera, pues gozaba de mucho prestigio en Valencia y  sus pueblos limítrofes, y como sabia  que la hermana de Jacinto era capaz de llevarlo con soltura, no tuvo inconveniente en cedérselo a la novia de Miguel por una justa cantidad de dinero.
Aunque el taller seguía siendo propiedad de la anciana, Lita  disponía de todo como si fuese suyo.
 Contaba  con más de  diecinueve años y como en toda moza Cupido que no puede estarse quieto lanzó una flecha que hirió a la simpática Lita
 Miguel era algo mayor que ella, pero como el amor no entiende de edad se enamoraron perdidamente. Tampoco es que le doblara la edad, pero algo mayor si que lo era.
 Ya conocemos a Miguel, era el amigo intimo de Jacinto, aquel que cuando fue despedido de la fabrica no pudo emplearlo en la que el trabajaba.
 Miguel frecuentaba bastante la casa de Jacinto, para charlar con su amigo y, de esa  frecuencia nacieron los amores entre el y la hermana de su amigo
 Lita era una excelente mujercita en todos los aspectos y factores de la vida, hizo más de lo que podía  por conseguir la paz y que volviera el amor entre su amiga Regina y su hermano, ya que desde el primer momento estuve convencida de la honradez de  su cuñada     .
 En fin que aquellas dos parejas enamoradísimas como era Jacinto y  Regina y Lita y Miguel estaban en tramites de conseguir la felicidad que merecían.
 Todas las tardes que el teniente Jacinto disponía libres sus preferencias era pasear por el parque en compañía de Regina, a los que acompañaba Isabel y Miguel.
 Los guardas de parques y jardines los conocía a la perfección y todas las tardes le saludaban mostrando una sonrisa de complicidad,
_ Buenas tardes parejas, llevándose la mano al sombrero efectuando el saludo militar.
 A veces Jacinto y Miguel cortaban una flor y se las prendían en el pecho a sus amadas con una horquilla que le quitaban del pelo.
 Eran los cuatro muy felices.
.
 Y así  llegó el día de la boda.
Lita seguía con su costura, Jacinto en el cuartel, Miguel de  administrativo en  la fábrica, y Regina ama de casa. Era su ilusión, no deseaba otro cargo, para ella la casa era lo primordial de toda mujer.
 A veces muchas veces, visitaba a las obreras de la fábrica  que cedió a sus empleadas y hablaba con ellas.
_ Yo no soy ni el ama ni la señorita, el ama sois vosotras, y soy Regina la embaladora, y charlaba con ellas animándolas.
_ Que buena que es_decian- casi todo el capital lo ha cedido para que vivamos mejor, ella dice que con la paga de su marido le sobra.
 Y estos eran los comentarios cuando  iba a visitar a sus antiguas compañeras, que formaron una empresa  entre todas a la que pusieron  Fábrica de Tejidos Regina  Compañía S.A.
 Los empleados la premiaban con sonrisas y palabras de elogio, y con esto Regina se sentía orgullosa de su forma de proceder.

 Lita seguía con su costura. El obrador era de los más importantes de Valencia, y cosía para las gentes más importantes de la ciudad. También  aprendió a confeccionar trajes militares y de luces para toreros, ganando  mucho dinero con su trabajo del que se sentía muy orgullosa.
 Jacinto pudo dejar el ejercito y dedicarse a la fabrica que  cedieron a los obreros, pero  le gustaba su profesión y siguió en el hasta...
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 El altar  de  la iglesia de Santa Catalina, se hallaba engalanado con rosas y margaritas y un paño blanco y sencillo  cubría los asientos de los contrayentes.
 Era la boda de Regina y Jacinto; era la boda de Isabel y Miguel. Los cuatro  serian bendecidos por el párroco de aquella iglesia. Nada de catedral nada de obispo,  dos bodas sencillas como correspondían a ellos.
 Aquella tarde de otoño donde el sol valenciano, doraba la cúpula de la torre, al sonar las seis campanadas en el reloj, que coronaba la torre, entraban  los novios de brazos de sus padrinos y madrinas. Las dos novias vestían de blanco con sencillez, un velo y una rosa en el pecho, dando el brazo al comandante Guerrero que era su padrino, Isabel  se lo daba a don Germán que era el suyo.
 Los militares vestían traje de gran gala, y  Miguel lo hacia de frac, dando el brazo a su madre y Jacinto a doña Pepita.
 A los acordes de la marcha triunfal llegaron al altar.
 El sacerdote bendijo aquellas uniones y, finalizando con los anillos y las arras, las 13 depositadas en la misma bandeja y  dando cada  novio las suyas a la novia.
_Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre_ aseveró el sacerdote. Y salieron del templo a los victorees de ¡Vivan los novios! Por los invitados que fueron los obreros y obreras de la fabrica y  las empleadas de Lita.
 La cena y el refresco se celebró en un hotel de las afueras de valencia junto a la playa de la Malvarrosa.
 Todo se hizo con sencillez.
 Aquella noche los cuatro partieron de luna de miel para  Roma, donde estarían alojados en un hotel una semana.

 

EPILOGO

 

Han transcurrido los años. El tiempo que  es lo que mas corre, pues nunca para.
 Don Germán murió como  vivió  trabajando toda su vida.
 También doña Pepita  fue a acompañar a su amiga doña Amparo a la eternidad.
 Regina e Isabel, tuvieron tres hijos, niños y niñas, y fueron muchos años felices.
 Jacinto cariñosamente le llamaba la bandolera por el tiempo que estuvo con ellos. En las noches de invierno al brasero de una camilla, la  esposa de Jacinto le contaba su vida a sus hijos que fueron dos niños y una preciosa niña, a la vez que lo  plasmaba en una libreta escolar con un bolígrafo. En espera de ser publicada.
 Los domingos y festivos iban al cine. Luego llegó la televisión, y ya hoy peinan canas. Salen poco de casa, y evocan sus vivencias pasadas.
 Sus hijos estudian en la Universidad y son buenos estudiantes, y la fabrica sigue en pie, aunque algo mas decaída por crisis y otras competencias.
Lita siguió con el obrador muchos años, hasta que ya  con el pelo completamente blanco, se hizo cargo de el su hija la mayor. Ella tuvo dos hijas, le pequeña  estudió enfermería y trabaja en la FE, de Valencia

 

 Y hasta aquí esta novela, sacada de un relato que escuche   una noche de lluvia al hogar de la lumbre, en un cortijo de una dehesa extremeña cuando contaba 15 años de edad.

 

       F I N

 

 

Guadiana del Caudillo, 6 de Mayo de 2.011 Juan J. Hormigo Bautista