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UNA MARTIR

(Es un relato emotivo y verídico)

Por Juan José Hormigo Bautista

 

  

 En el barrio de Santiago, y en casi toda la ciudad era conocida por la “Siñá” Josefa la del Pajar porque  adosada a la casa donde vivía  en tiempos remotos existió un almacén  para la paja,

 Nació el día de Santa Bárbara (4 de Diciembre de 1884), su padre se llamaba Juan y su madre María. Nunca asistió a la escuela y sola aprendió a leer y escribir correctamente. Su  padre era labrador, poseía algunas tierras de sembradura, y con  lo que sacaba e ellas  y los jornales que por entonces  había trabajando en el campo de sol a sol, iban tirando. Su madre  era costurera  de aguja y dedal, pues las máquinas de coser  costaban mucho dinero, y el capital  era muy precario. Ella aprendió  de las enseñanzas de  su madre, a lavar, cocinar y todas las clases de trabajos del hogar que en aquellos tiempos existían.

  Cuando entró el siglo XX. Contaba 16 años, y se enamoró de ella José dos años mayor.

 Fue el primer y único amor de su vida. Se casaron jóvenes a los 19 o 20 años y tuvieron  a lo largo de sus dilatadas vidas ocho hijos, que no fueron muchos para los tiempos que corrían.

 Me contaba que con el nuevo siglo llegó la luz eléctrica al pueblo, que de Doña Maria Cristina la Reina Regente le  concedió el titulo de ciudad. Fue un acontecimiento  porque  el primer año del siglo  prodigio para Fuente del Maestre  llegó la luz eléctrica  y también le instalaron el teléfono, telégrafos y estafeta de correos, contando por aquellas fechas con nueve mil vecinos.

 No todo el  pueblo instaló  el invento de Edisón, unos porque  les daba miedo, consideraban a la electricidad como  cosa de brujería, y otros porque no podían alcanzar  tal lujo con el mísero sueldo que ganaban, pero el centro del pueblo se ilumino  con mortecinas bombillas  que el ayuntamiento colocó en las esquinas de las principales calles. En casa de la  “ Siñá” Josefa la  del Pajar si la instalaron, y su marido que era hijo de un maestro de escuela sabia leer y escribir bastante bien, la perfeccionó en las largas noches del invierno en la escritura y la lectura.

 Ella le hacia la ropa asus hijos, las gorras y  todo las prendas que buenamente podía elaborar con telas que compraba en los dos únicos comercios  que existían. Hacia pan con la harina que le daban a su marido, en la maquila, pues el   hasta que murió  estuvo a cargo de las cuadrillas de trabajadores de una casa de labor de muchas fincas de, olivares, viñedos tierras de cereal y  ganado ovino y porcino.

  Por el año 12 cuado le nació uno de los hijos, edificaron un teatro  e instalaron el cine mudo, pero ella nunca asistió a ninguna función. No  tenia tiempo, los hijos estaban antes que nada, y como acababa muy cansada  la noche  era para dormir, no sin antes leer un capitulo de  su obras preferida. En su biblioteca que era un baúl  guardaba la Biblia, entre otras de Emilio Zola, Luís del Val y otros escritores de la época .Muy cristiana  asistía a misa los domingos y festivos a la ermita del barrio, pocas veces se desplazaba al centro, para  la misa que se celebraba en la iglesia matriz o en una de aquellas otras del convento de los Franciscanos, o las  Monjas de clausura o del Asilo. Ella que era muy devota de Santa Rita, oía misa en su diminuta ermita,  situada en las primeras estribaciones de la sierra, adonde llegaban las últimas casas.

     Todo iba bien, el marido  hubiese sido un marido  excelente sino  hubiera sido por el vicio del vino. No es que fuese un borracho empedernido, pero al ser manigero de una casa grande que  trabajaban muchos braceros, el era el encargado de abonarle el mísero jornal que el  administrador le confiaba, y el sitio era una tasca llamada taberna que estaba situada en  una de las plazas mayores  llamada del Pilar. Y uno les invitaba un vaso de vino, otro  le invitaba  otro vaso,  y vaso a vaso ingería más de un litro diario de vino. Así que  todas las noches llegaba   borracho a casa.  No era agresivo, pero si muy cansino,
 

hasta que se le pasaba la ingesta de alcohol. Aparte de eso era muy trabajador, y amante de su mujer e hijos. Hasta ahí todo bien, y cosa normal y corriente en muchas familias de aquellos tiempos pero…

 Llegó el año 1918, la guerra europea  había tocado su fin, y como España se mostró neutral no  hubo  ningún vecino el pueblo que tuviera que lamentar  pérdidas.

 Otra cosa  destruiría en parte a aquella familia, y ya como una cadena desgastada los eslabones se iban sucediendo en romperse. Fue la gripe española. Se llevó a su hija Catalina, a su hijo Gonzalo y nació otra niña que no pudieron ponerle nombre porque  Dios o quien fuera se la llevó a los dos días.

 Mucho le rezaba  la Siñá Josefa a Santa Rita y al Santísimo Cristo de las Misericordias el patrón de la ciudad, pero  o no la escucharon, o quisieron que sufriera sin motivos conocidos, quizás Dios los tuviera, pero a la vista no estaban.

 Cuando la Guerra de Melilla, llamada  así por librarse en la  ciudad rifeña  sangrientos combates,  el hijo mayor fue destinado a Regulares, y ahí si la escuchó Dios, regresó a casa sano y salvo.

  Luego  vinieron años de hambre, golpes de estado y la incertidumbre y el miedo   abarcaba a todos los españoles, especialmente a la clase obrera.

 Hasta que se instaló la II Republica.  Los cuatro hijos que le quedaron eran simpatizantes del partido socialista, por creer que era el que  defendía y se preocupaba por los más débiles. A pesar de eso todos eran creyentes con más o menos intensidad,
 Otro hijo tuvo que prestar servicio militar en Madrid, Artillería a Caballo, y los otros uno ya la había hecho y los otros eran pequeños.

 Estalló la guerra, y a  José María se lo llevaron al frente con los nacionales, o sea con el ejercito de Franco. Mientras los otros seguían simpatizando con los republicanos.

 Nunca hicieron nada, ni se metieron en nada, pero cuando las tropas de Yagüe tomaron el pueblo, no tuvieron en cuenta, que su madre  tenia un  hijo luchando en las trincheras a favor de ellos, y acusaron a los dos hijos que estaban en el pueblo de  rojos, uno era menor solo 17 años, el otro fue el que estuvo en  Melilla. Alertados de que iban los falangistas a por ellos, para fusilarlos en las tapias del cementerio, huyeron a la sierra, pero fueron perseguidos y capturados por  escuadras falangistas y corrieron la misma suerte que muchos inocentes, fueron fusilados sin contemplaciones. Ella  la Siña Josefa, nunca supo que a un hijo lo dejaron mal herido y estuvo toda la noche (porque los asesinatos, no ejecuciones como ellos decían los realizaban de noche) y toda la noche estuvo  quejándose y pidiendo auxilio, nadie fue a socorrerlo, tanto era el miedo, hasta que desangrado expiró. Era para  volverse loca, un hijo luchando a favor de aquellos criminales que  mataron a sus hijos, ya de los ocho sólo le quedaban dos y uno  sin saber si volvería de la guerra.. Desde entonces vistió de negro hasta que murió a los 100 años y tres meses.

 Su hijo volvió sano y salvo de la guerra. Se podian contar muchas cosas, pero seria muy largo. Solo citare que  regreso porque un compañero un soldado le salvó la vida después de muerto ¿? Si estaba muerto y bien muerto, la granada explosionó entre los dos, su hijo José Maria, se echo hacia un lado y la onda expansiva no lo alcanzó, en cambio si a su compañero y amigo dejándole muerto en el acto. Entonces José Maria se lo cargó a las espaldas, para llevarlo al puesto de mando y que tuviera un entierro digno, fue caminando con el  muerto  a sus espaldas, y una ráfaga de ametralladora le impactó, todos los tiros  el cuerpo de su amigo, gracias a eso pudo volver a casa, su amigo y gran compañero de guerra le salvó la vida, Siempre lo recordaba, y el cinto de aquel caído lo llevo puesto muchos años con el número de su regimiento en la chapa de la hebilla. Tampoco esto lo supo su madre.

 

 

Al siño José lo metieron en la cárcel del partido, años después de finalizada la contienda, por si fuera poco. Lo acusaron de hablar mal de Franco, cosa que no se pudo probar, pero como las cosas estaban así permaneció una semana en Zafra y dos meses en la provincial de Badajoz. Su mujer la Siñá Josefa, se temía lo peor, pues eran tiempos que solo con decir en Rusia se vive mejor que en España, ya eran suficientes motivos para  llevarte al paredón o en el mejor de los casos al campo de Castuela o al Canal de Montijo. No ocurrió nada, aparte de que nada le pudieron probar, el Patrón aquel terrateniente  se mostró como un caballero, y puso la cara por su manigero, revolvió  todo lo preciso y lo dejaron en libertad.

 Y por si todo esto fuera poco, sus hijos los dos que le dejaron vivos las epidemias y la maldita guerra, emigraron del pueblo, pues el trabajo escaseaba y el hambre era mucha.

 Luego con su nieta Lucia, a la que quería mas que a todos los nietos, estuvo viviendo algunos años  de tranquilidad, pero también su nieta tuvo que marchar con sus padres (  No se si Santa Rita o el Cristo de las Misericordias, las tendrán juntas, en unión de sus hijos allá en el Paraíso Eterno, pero si eso existe, no me cabe la menor duda que allí se encuentran sus almas. Ya que sus cuerpos  están por muchos sitios, La Fuente, Valencia Tabernas Blanquees y quizás en alguna cuneta del camino del cementerio de su ciudad  este descansando alguno de sus hijos.

  No sigo mas, se me empañan las gafas, porque la SiñáJosefa, fue mi madrina en el bautizo, y me llevó a la iglesia de San Juan, antigua sinagoga judía envuelto en un mantón negro de riguroso luto, solo ella  fue a mi bautizo, me puso Juan por el hijo que fusilaron, y José por su marido en la cárcel.

 Se alegró mucho cuando  le comuniqué que me habían aprobado para  la Guardia Civil.

  1. Nunca lo esperaba- fueron sus palabras, la verdad no se a que se refería.

  2.  Aquella mujer ya se lo habrá figurado el lector fue mi abuela, que falleció en el mes de marzo del año 1984 un siglo  de vida, lleno de sufrimientos, sin estar jamás hospitalizada ni tomarse una simple tableta de OKAL.  Creo que fue una  mártir de la vida. A su  tumba no le faltan las flores. Tus hijos  y nietos no te olvidan esta  escrito en la lápida, no es mentira

                                                                          Juan J. Hormigo Bautista