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CARMELA

 

Por Vicenta Prado Rodríguez.

 

 

Dedicado a todas

   Las madres de la Guerra Civil

 

  

Carmela, nació por el 1898 en un pueblo eminentemente agrícola, de hombres y mujeres fornidos y curtidos por la tierra, a la vez que muy nobles; un pueblo con llanuras y cabezos y circundados por hermosas ermitas y cruzado por una ribera, un pueblo empedrado en el que en las horas cuando más brilla el sol, las herraduras de las mulas hacen saltar chispas sobre el empedrado, un pueblo muy marcado por las diferentes clases sociales: grandes latifundios, jornaleros(braceros) y otra clase más pobre, contrastando casas humildes de materiales baja calidad de techos de cañizos y suelos de barro, con las casas señoriales con enormes fachadas con macizos llamadores de oro en las puertas.

      Los padres Carmela se llamaban: Domingo y Carolina, tuvieron varios hijos: Manuel, Juan, Emilio, Juana, Victoria, Catalina, Benito y Antonio; Catalina murió de pequeña, al ser un pueblo con costumbres de brujería, decían que había muerto de “mal de ojos”.

      El  resto de los hermanos que vivieron eran pastores algunos, lo mismo que los maridos de sus hermanas, y otros tenían una pequeña huerta.

   Corrían los tiempos de la Dictadura de Dº Miguel Primo De Rivera, no eran malos tiempos a pesar de que era una dictadura que se llamó popularmente “dicta blanda”. (1923).

   Carmela crece y como una joven más sale y acude a los bailes en los que se bailaba al ritmo del acordeón se casa con Antonio. En 1919 tienen un hijo, un niño muy despierto e inteligente. Pasados unos cinco años escasos, nace un nuevo hijo, en este caso una niña, al hijo le puso por nombre Manuel y a la hija Magdalena, pero la felicidad dura poco en este hogar y es cuando empieza el sufrimiento para Carmela, muere su marido en  la Guerra de Marruecos (Rif), por el año 1923 , a los quince días de dar a luz a su hija, ahora sí que no sabe qué hacer ya que el trabajo escaseaba, pero Carmela era una mujer joven con sólo veintisiete años, guapa esbelta y con carácter y tenía que sacar a sus hijos adelante; por fin encuentra algo a unos sesenta kilómetros de su pueblo, cosa que en aquella época se ve mal que una mujer saliera fuera y más para Carmela, que con todo el dolor por la pérdida de su marido y la pena de dejar atrás a su hija con su hermana, tuvo la valentía de aceptar el trabajo, que consistía en dar el pecho a una niña de unos señores muy ricos,(como siempre, los pobres tienen que dar lo mejor de lo suyo a los ricos, en este caso amantar a su hija). Lo primero que le exigieron a Carmela fue que se quitara el luto, alegando que era perjudicial para la niña; así es como se convirtió Carmela en “ama de cría” de la niña Anita, a l que la pequeña le llamaba “amita”, esta niña tenía otra hermana que se llamaba Lucía, pero Carmela las quería a las dos por igual, ella estaba bien, la trataban con cariño, incluso disponía hasta de una chica a su servicio, pero echaba mucho de menos a su hija. ¿Pero qué iba a hacer con su hijo Manuel?,! que también lo quedó al cargo de su hermana¡, pues como toda madre, tenerlo cerca y se lo llevó con ella, el pobre niño, estaba de lo que llamaban de “rapa”, es decir para los recados en el campo, el niño tenía que atravesar por fincas de toros bravos y ríos crecidos.

    Pasa el tiempo y la niña Anita va creciendo, Carmela es muy querida en la finca, cuando a la niña le sale el primer diente a Carmela le regalan unos hermosos pendientes de oro, que los llevará puesto durante toda su vida; en etapa nuestra protagonista sufre otro golpe, el cabeza de familia se suicida, probablemente porque su mujer le era infiel, ella sigue allí y el cariño que le dan las niñas es muy grande.

    Criada la niña, Carmela vuelve a su pueblo, vive con sus hijos y con su hermano Antonio que está soltero, a la vez que cuida de su madre que ya está muy anciana y trabaja como cocinera en una casa de ricos, que tenían un rango que se llamaba entonces, “caballero cubierto delante del Rey”, tenían muchos niños, otra vez Carmela está rodeada de niños a los que les da un gran cariño y se ocupa de ellos, sobre todo siente un gran amor por el más pequeño y se divierte mucho con sus gracias.

     Mientras tanto su hijo aún pequeño, se busca la vida para ayudar en casa, a la vez que asiste a la escuela, busca por el campo todo lo que puede aportar para casa, leña, espárragos, el trigo de los hormigueros, al mismo tiempo que destaca en la escuela, siendo el primero de la clase, el maestro lo quiere mucho, pero pronto tiene que dejar la escuela, el maestro se que llorando cuando se marcha. Muere la madre de Carmela.

     Pasa el tiempo y Carmela cambia de trabajo, esta vez es mejor, va de “ama de llaves” a la Casa Grande, el señorito Dº José, es viudo, la casa es inmensa, pero todas las habitaciones están cerradas por la muerte de la Señora, las paredes de la habitaciones están forradas con terciopelo, hay piano, escaleras de mármol, los exteriores tienen unas extensiones enormes, con unas fincas de infinitas hectáreas, mulas, carros, miles de ovejas, cerdos; en las bodegas se apilan: quesos, tinajas de aceite, jamones, garbanzos ,jabón. Carmela vive en un anexo de la casa que comparte con pastores, mozos de cuadra, manigero, allí Carmela vive rodeada de lujo y no escasea de nada, viven con ellas sus hijos y una sobrina que le ayuda en la limpieza de la enorme casa, Carmela mujer bella esbelta y elegante, parece una gran señora, Dº José va a la casa muy pocas veces ya que vive en otro pueblo cercano. Allí, verá por primera vez el teléfono, leerá el periódico y se dedicará al cuidado de sus macetas y a coser, la vida transcurre tranquila , sólo se altera y se acrecienta el trabajo en época de esquila de las ovejas y matanzas, Carmela busca a hombres y mujeres para estos menesteres, por estas épocas aparece “El señorito con su coche y su chófer, Carmela cómo fiel sirviente está a las órdenes de “señor”, tal como es la forma de la época y repite constantemente” mande usted señor”. Su hijo Manuel hace la Primera Comunión, muy pobremente, unos vecinos muy ricos lo invitan a tomar chocolate.

     Pasan los años y estamos en mil novecientos treinta y uno y se proclama la Segunda República, todo el pueblo lo recibe con mucha alegría. Hay un mejor nivel de vida, se reparten tierras, los obreros gozan de más derechos y se disponen a sembrar las tierras

Pero esta época de bienestar dura poco, pues años más tarde, estalló l Guerra Civil, Carmela vuelve a sufrir cómo todo el pueblo, pero ella más, ya que es una mujer viuda y su único amparo es su hijo, que con apenas dieciocho años cumplidos se lo llevan al frente, estamos en 1937, Carmela no se lo puede creer y dice que no hay derecho, que es hijo de viuda, el mayor y único varón, ella pasa unos años de sufrimiento, sin saber si su hijo va a volver sano, enfermo o morirá en el frente, ella tiene las noticias que dan y se da la circunstancias que su hijo, además de estar en otros sitios está en el frente del Ebro, uno de los más encarnizados de la contienda; a ella le llegan noticias de que su hijo se ha encontrado con su tío Benito, que era del bando republicano y lo habían hecho prisionero. Su hijo estará en Teruel, Valencia, pasando todas las penurias que conlleva una guerra: hambre, frío, miseria, heridas………, por fin termina la guerra y Manuel vuelve sano., es 1939

     Carmela estará tranquila por un tiempo, su hijo trabaja con el mismo señorito, pero no muy a gusto, no le gusta la sumisión y es que al señorito le hubiese gustado que Manuel se hubiese ido al seminario y que hubiese sido cura, Manuel se saldrá de la casa y trabajará en el campo con distintos amos, es un gran trabajador, es un joven sano, fuerte, con mucha alegría y amor propio.
   

     Pero una guerra siempre trae consecuencias  e inevitablemente una posguerra que viene acompañada principalmente de hambre, ya que al no sembrarse los campos, no producen, había un hambre atroz, hombre s hechos y derechos se agachaban al suelo para coger cáscaras de naranjas, se ponen en marcha las cartillas de racionamiento y los comedores de “Auxilio Social”, los pobres se acercan a las puertas de los ricos para pedir la  comida que le echan a los perros; hay mucho estraperlo”. Carmela y sus hijos no llegan a pasar hambre, ya que en la casa del señorito había demasiados alimentos almacenados; sin embargo vivirían otros sufrimientos, en las carnes de sus amigos y familiares, cómo torturas, encarcelamientos, fusilamientos de mujeres embarazadas, también vio cómo el novio de una prima lo trajeron muerto del Frente en una caja de cinc.; de todo esto lo que más a ella le rebeló fue el que pelaran a las mujeres y las pasearan por el pueblo con un lazo en la cabeza. Esto era humillante, aquellas mujeres no habían hecho nada, simplemente tener ideas distintas, poco a poco su carácter se iba endureciendo.

     Como había tanta hambre, la sobrina de Carmela, que se llamaba Eulalia y tenía muchos hijos, lo estaba pasando muy mal, iba a casa de su tía para que esta la socorriera, ya que en la casa se disponía de alimentos, Eulalia le cuenta cómo la Guardia Civil le ha pegado a su marido, por “rojo” y a uno de sus hijos por ir a rebuscar aceitunas, tanto la tía y la sobrina , se funden en un mar de lágrimas, Carmela sigue la vida sin alegría, sólo se entretiene con sus macetas a las que cuida con gran esmero; estando en estos menesteres llaman a la puerta y le traen una notificación de que su hijo se tiene que incorporar al ejército, ella se queda sin palabras y alega que ella es viuda y que su hijo ya ha estado en la guerra, el agente de la autoridad le responde que se tiene que ir, intente hacer gestiones para ver si se puede librar, pero todo resulta inútil y a Manuel lo destinan  a Mallorca, su hijo ya no es ese adolescente inexperto de cuando la guerra, empieza a rebelarse, ya es otro hombre curtido por la guerra, Manuel se incorpora, pero es él mismo el que lucha por su madre, y cómo él es de la pocas personas que sabían escribir  y leer muy bien en esa época, ya que al ser un niño muy inteligente, pues el poco tiempo que estuvo en la escuela, aprendió bastante; en el cuartel, lo destinaron al Observatorio Meteorológico, él era el que le escribía las cartas a los soldados para sus familiares, Manuel escribe al General de Baleares exponiéndole la situación de su familia y más tarde lo consiguió, los  mandos le aconsejaron  que se quedase e hiciera carrera militar, pero él se marchó con su madre, Carmela se siente muy contenta y a la vez muy orgullosa de su hijo, y va a dar las gracias a su Virgen del Carmen, patrona de su pueblo, que está en una bonita ermita .

  Estos años fueron los más oscuros de la tiranía con persecuciones despiadadas y despojados de todos los logros conseguidos en la Segunda República, para Carmela llegaría uno de los golpes más duros de su vida que jamás borraría  de su mente de lo que le quedaba por vivir, es cuando se presentan en su casa preguntando por su hermano Antonio, que los acompañara, que sólo iban a hacerle unas preguntas y volvería enseguida, pero fue la traición y el engaño que jamás se ha visto, a casa de Carmela sólo llegaron el reloj y la chaqueta de Antonio, Antonio, su hermano menor, bueno, culto, que su único delito cometido era leer el periódico, ella se revolvía de dolor , impotencia y desesperación, sólo les dijo a los que le devolvieron el reloj y la chaqueta :”canallas, que sois unos canallas”, ella ya no volvería a ver más a su hermano; enlutada había estado siempre pero ahora se colocó un pañuelo negro a la cabeza y sólo la acompañaban su pena y su dolor, ya había sido golpeada muchas veces, guardaba la chaqueta de su hermano cómo una reliquia, cómo estas muertes se produjeron muchas en el pueblo, sobre los vecinos planeaba una sombra de pena  dolor y miedo, y eso que había dicho Franco.: “ en la España nacional no cabrán los que tengan las manos llenas de sangre”.

     Unos años más tarde se casa su hijo, con una mujer buenísima, que se llama Lola, una mujer pequeña y frágil, pero de una gran bondad, enseguida tienen una hija, que le ponen por nombre Carmela, por su abuela, esta niña pone una nota de alegría en la familia y sobre todo en Carmela que será su madrina y será a la nieta que más querrá de todos, más tarde nace otra niña que le ponen por nombre Pilar, esta niña moriría a los seis meses de nacer, no se sabe a consecuencia de qué, los síntomas que presenta , son vómitos, en aquellos años morían muchos, sobre todo en verano; Manuel se rebela mucho y culpa al médico, Lola sufre en silencio y Carmela con resignación cómo consuelo, pone toda su ilusión en la niña Carmina , esta niña será muy delgadita y Carmela estará muy pendiente para que no le falte de nada.

    Su hija, Magdalena, es ya una joven y se echa novio que no es del gusto de su madre, la pretende un muchacho que es carpintero que se llama Vicente, pero Magdalena se enamora de Alfonso, Carmela no lo quiere porque no es muy trabajador y siempre está muy arreglado, se casan pero la vida les va mal, tal como su madre había supuesto, porque él no trabajaba, las relaciones entre yerno y suegra son muy tensas y llegarían a ser nulas, Carmela sufre mucho por esto, a pesar de que su preferido es Manuel, “su hija es su hija”, aunque Magdalena es muy distinta a Manuel en cualidades, no quiere decir que sea mala, es que Manuel es más formal y cariñoso con su madre, Magdalena tiene un hijo que le pondrá por nombre Manuel, después tendrá una hija que le llamarán por nombre Carmelita, cómo su abuela, pasado un tiempo  Magdalena se traslada a vivir a un pueblo cercano, a Carmela le queda una espina en el corazón, a pesar de que su hija se va, la visita en las fiestas y le lleva a sus nietos, el contacto se enfría, aunque no el cariño por parte de Carmela.

   Pasados los años, su hijo Manuel le comunica que no le va bien con el trabajo que tiene en el pueblo ya que él no quiere depender de ningún amo y se va a instalar cómo independiente en otra zona, es el año 1952; Carmela , con toda su pena, porque le arranca un pedazo, le dice que si es lo mejor para él, que ella lo llevará con gusto, pero que no deje de ir a verla y que les mande a las niñas por temporadas en los veranos (el matrimonio tiene ya otra hija, después de morir Pilar). Carmela se queda en la Casa Grande, que cada vez parece más grande con su sobrina Isabelita.

     La vida discurre monótona para estas dos mujeres, una enlutada, apenada, dolorida, y desilusionada de la vida, con la única esperanza de que algún día la visiten sus hijos y nietos, pero mantiene su entereza, fortaleza y valor; su sobrina muy joven, cose, sale con sus amigas y va al cine; juntan ríen a veces tía y sobrina contando las andanzas y cotilleos que les lleva Isabelita, de vez en cuando las visita su sobrina Eulalia y ella en algunas ocasiones va a la casa de esta, pues sólo tiene que atravesar la finca, alguna vez más que otra van a misa, la iglesia la tienen enfrente; un día su sobrina llega muy asombrada y le dice:” tía en el pueblo se oye que Dº Enrique, el cura se ha tirado a un pozo,” Carmela mueve la cabeza asintiendo y piensa para ella misma que son los remordimientos………., por lo menos esa era la idea que ella tenía y sospechaban quienes eran los asesinos de su hermano.

   Al hogar de su hijo llega una nueva niña, Carmela recibe la noticia con gran alegría, aunque su hijo Manuel desea tener un hijo varón, ella se presta para ser la madrina, viajará hasta donde vive su hijo, bautiza a la pequeña, que le pone por nombre Lucía, y regresa otra vez a su pueblo más animada y contenta y volverá otra vez a su rutina.

    El señorito Dº José, está muy enfermo, Dº José, que es un hombre débil de constitución, algo encorvado , que parece que siempre tiene frío, empeora por momentos, Carmela se empieza a preguntar : ¿Qué donde va a ir ella, si muere Dº José, y así es , Dº José muere, Carmela queda en situación de desamparo, ya que el señorito lo la tiene ni dada de alta en la Seguridad Social; inmediatamente a la muerte de Dº José acuden los herederos, los sobrinos de la Señora, pero él casi no les deja nada y Carmela menos, a pesar de haberle defendido el capital, a los sobrinos les queda una finca, el dinero pasa a distintas instituciones, las casas para hospitales y capillas, las joyas son llevadas con escoltas a un monasterio, Carmela recogen con gran decepción los múltiples estuches vacios de las joyas, la Casa Grande no se la deja a nadie, con el tiempo se irá derrumbando, pero hasta el día de hoy los muros permanece en el mismos sitio.

     Carmela  se va a vivir a una pequeña casita que tenía de sus padres, su hijo está indignado porque no le han dejado ni tan siquiera una pensión y después de mucho indagar le conceden doscientas pesetas mensuales de paga, ella vive sola, pero cómo es muy buena, tiene por vecinas a una familia que la quieren, esta familia, tiene una hija joven que se llama Cecilia, su madre está enferma y muere, Carmela será el consuelo para ella, y ve  cómo la vida golpea, está resignada, nuestra protagonista se da cuenta cómo a pesar de todo está andando su camino.

       Carmela se siente mayor y va a casa de su hijo Manuel a principio de los sesentas, que es muy bien acogida por su hijo, su nuera y sus nietos, para entonces su hijo tiene ya nuevo hijo, en este caso varón, que le pone por nombre Manolito. A veces Carmela siente nostalgia  de su pueblo y va a “ dar una vuelta a su casa”. Carmela se instala definitivamente con su hijo, allí será la misma mujer trabajadora, muy limpia, que le saca brillo a la cocina, muy servicial para las vecinas, les cuida los niños ,les echa piezas en las ropas,(que ella sabe hacer muy bien), les limpia el pescado , barre la puerta con mucho salero y es muy feliz, imparte cariño a todos por igual, hasta para una sobrina de la mujer de su hijo, que pasa largas temporadas con la familia, que se llama Rosa la quiere igual o más que a sus nietas , bien porque esta muchacha vive en el pueblo que ella dejó y le trae recuerdos , o porque ella es así; la joven le corresponde con igual cariño; Carmela está ya “encallada” de tantos golpes, a pesar de esto muestra su carácter más alegre y enérgico, hasta canta con mucha gracia y se pone una flor en la solapa. Vienen a visitarla sus sobrinos de vez en cuando y es la mayor alegría para ella, Carmela se siente a gusto, pero le falta algo, a ella le ha gustado mucho trabajar, es lo que ha hecho toda su vida. Un día se presenta un señorito de su pueblo, por más señas era hijo  de un hermano de su anterior señorito, que lo tuvo con una criada de la Casa, cosa que  a veces ocurría en aquella época, por el régimen dominante, pues este señor le propone que se vaya a Madrid a trabajar a su casa y cuidar de sus niños, Carmela no lo piensa, y a pesar de que su hijo se opone , ella que tiene fuerte personalidad y orgullo y se siente con fuerzas para trabajar, se marcha a pesar de sus años; Carmela se viene de Madrid, porque ella es libre y cuando no le convienen las cosas pues las deja, pero Carmela no está dispuesta a pararse y no sé cómo se da a conocer, con otro de su pueblo, que es Comandante, que era hijo de un Señor rico, este le dice que necesita una cocinera mayor en su casa, su hijo intenta quitarle la idea, pero al final cede y otorga porque donde se marcha está muy cerca de su localidad donde vive ahora con su hijo, su hijo le repite una y otra vez ,que él puede mantenerla, además ella ya tiene una pensión de mayor cuantía, ella a pesar de esto se marcha, cuando vuelve, viene muy contenta, es Navidad y aquella familia le han hecho muchos regalos, y es que Carmela es apreciada en todas partes, por su limpieza, honradez, trabajo , simpatía y educación.
    Pasa unos años con hijo, pero todavía haría un viaje más y largo, Carmela tiene ya ochenta años, se va a Barcelona en un tren a la boda de su primer nieto, el hijo de su hija, allí es recibida con mucho cariño, hace el viaje para allá y para acá sola, y es que tiene un poderío y una resistencia increíble Carmela vive con su hijo, una buenísima nuera, sus nietos y bisnietos que la miman , y ella cuenta orgullosa sus alegrías y sus penas, ayuda en las tareas de la casa, recita poesías a los niños , lee el periódico; es una anciana elegante, quizás por cuna o por haber vivido siempre entre señores, siempre vestida de negro, con sus hermosos pendientes de oro que le hacen recordar aquella época de crianza de la niña Anita, que le escribe de vez en cuando y la invita a su casa en Madrid y le dice que se ha casado con un piloto y que vive en el mejor barrio de Madrid; su pelo blanco recogido en un moño  perfectamente hacho y su tez blanca, le dan una imagen de fortaleza y a la vez ternura, bondad y abatimiento, que todo junto le dan a la vez un aspecto de majestuosidad ; estará siempre recordando a su hermano Antonio y recitará para sí misma “España cómo te ves por causa de quién te manda, así se tendrán que ver , los hijos de tus entrañas

   Carmela, nunca estuvo enferma, ni en cama, pero su vida acabó un otoño a los noventa años, el día de la Virgen del Rosario. Descanse en paz.

Vicenta Prado Rodríguez